Me despierto hoy leyendo una entrevista magnífica y preciosa en
El País. Leo el titular y ya me ha capturad, no me queda más remedio que seguir leyendo con enorme interés.
"El fundamento del periodismo es buscar la verdad y contarla", dice Ben Bradlee, director del
The Washingont Post que publicó las famosas informaciones del
caso Watergate. Me apunto el nombre de este insigne periodista para buscar y devorar sus libros. Me pregunto cómo es posible que nadie en toda la carrera mencionara su nombre, pero me recuerdo a mí mismo lo que me dijeron el primer día que trabajé de periodista en un medio: "¿Sabes todo lo que has aprendido en la facultad? Pues ahora te vas a olvidar de casi todo y vas a aprender a ser periodista?".

Me acuerdo de todo esto cuando paso al siguiente periódico.
El Mundo. En su información sobre las consecuencias de la nevada y el temporal de esta semana, el diario que dirige Pedro J. Ramírez incluye un recuadro titulado
La 'explicación' de Álvarez. Se trata de entrecomillados, frases de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez. No encuentro enlace en su web, así que cogo el diario en papel y transcribo exactamente lo que dice. El primer párrafo sólo. Porque continúa mucho más en el mismo estilo. "Cuando pasa un incdidente de este tipo, de esta naturaleza o de esta magnitud, normalmente no hay un fallo, hay muchos fallos, y por lo tanto, eeeh, podemos analizar, pues, una larga cadena, desde, eeeh, en qué momento se conoce cuál es la previsión meteorológica cierta, eeeh, hasta, eeeh, cuál es todas las... aquellos aspectos que se tuvieron en cuenta, si se han podido tener en este sentido".
¿"Eeeh"? ¿Cómo que "eeeh"? Ahora volvemos a eso de la esencia del periodismo. Para publicar una noticia, no hay periodista en el mundo (el planeta, que no el diario por lo visto) que no retoque lo que dice el sujeto de la información. Por supuesto, no se cambian sus frases, ni el sentido ni las palabras, pero se omiten las interjecciones, las pausas, los latiguillos. Se le da coherencia a las frases y, por ejemplo, no se transcribe el comienzo de una frase si a medio camino quien la pronuncia comienza otra más acertada. No se publican frases en las que haya un sujeto en singular y un verbo en prlural por mucho que lo haya pronunciado el sujeto en cuestión. En definitiva, se hace todo legible para el lector. Y para ello no hay mejor herramiento que el sentido común, no hacen falta normas escritas a las que atenerse.
Lo que
El Mundo con estos entrecomillados de la ministra hace no es periodismo. Es una burla hacia su persona. Y, para mí, una vergüenza. Es comparable a esa estupidez que pronunció ayer Monserrat Nebrera, dirigente del PP catalán, que lo que le achacó a Álvarez es "que tiene un acento que parece un chiste". "Tiene un problema de comunicación, que se aturulla y se hace un lío", añade. ¿Que quieren burlarse de la ministra? Estupendo. Pero en el caso de
El Mundo me lo hacen pasar por información cuando no lo es. ¿O acaso a dirigentes del PP les transcriben sus frases tal y como las pronuncian. Sin ir más lejos, ayer, escuchando a ese nuevo genio de los monólogos que es Mariano Rajoy (provocando risas en su auditorio cuando hablaba de este caos... Insólito), le escuché pronunciar el nombre de la ministra erróneamente. Dijo "Madalena" en lugar de "Magdalena", sin que en El Mundo hayan tenido en cuenta ese pequeño error. Y eso sin tener en cuenta los constantes "eh" con los que habla Rajoy. Viendo la oposición de Pedro J. al líder de la oposición, lo mismo me acepta la sugerencia y todo y comienza a ridiculizar también a Rajoy... En el caso de la política catalana, me lo hace pasar como una legítima respuesta de oposición cuando no es más que un triste ataque personal que desacredita por completo a la persona que la pronuncia de esta forma.

Y al hilo de esta estupidez de Nebrera, conviene enlazar este vergonzoso dislate periodístico, que atenta contra el fundamento de la profesión del que habla Bradlee, con lo que sucedió en el panorama político a cuenta del caos por las nevadas. Porque la gente habla con demasiada ligereza de las cosas y a veces es bueno saber más antes de hablar (me incluyo, por supuesto). No tengo ni idea de qué porcentaje de culpa tiene la ministra (y por extensión su Ministerio, el de Fomento) del caos que provocó la nevada. Pero creo que todos podemos estar de acuerdo en que Fomento no es el único organismo público que tuvo parte en la prevención y solución de los problemas derivados de la nevada. Si hablamos de Madrid, Comunidad y Ayuntamiento también tendrán su parcela de responsabilidad.
Me acuerdo de una anécdota que viví en una ocasión en mi ambulatorio. Ante el continuo retraso que sufren las consultas, había una mujer mayor despotricando contra Zapatero. La sanidad es una competencia transferida, así que el objeto de su queja debió ser Esperanza Aguirre. Pero se fue a lo fácil, a lo que se ajustaba a su creencia ideológica y política, a lo que dicen sus medios afines, a lo que se comenta en sus entornos, sin duda de derechas. Creo que en este caso ha pasado más o menos lo mismo. ¿Eres de derechas? A por Magdalena Álvarez, que además hay experiencia. ¿Eres de izquierdas? A defender a Magdalena Álvarez y a buscar otros culpables. Espe, te las ganado, que Gallardón tuvo la gran ocurrencia de no cobrar el estacionamiento regulado en la capital ni el viernes ni el sábado y con eso se ha adelantado a las hipotéticas críticas desde la izquierda...
Si miramos en lo más profundo de la política, lo sucedido es de chiste. Mientras miles de ciudadanos tenían problemas, un representante del PP ya había registrado a media mañana la petición de comparecencia de la ministra, recordándome a aquel prodigioso ministro portavoz del Gobierno que a las ocho y media de la mañana ya aseguraba sin rubor que una huelga general había sido un fracaso. Importa más el linchamiento al rival político que la solución de las calamidades que sufre el españolito de a pie. Todos desvían ahora las responsabilidades, con lo que los problemas no se resolverán y cuando se produzca otra nevada como la de esta semana habrá otro caos exactamente igual al que hemos vivido. Claro que hay responsables de los fallos, pero nadie los va a buscar porque es más cómodo, en público, echar la culpa al oponente político y, en privado, no trabajar con responsabilidad. El tipo que está esperando en Barajas no quiero escuchar las explicaciones de la ministra dentro de dos semanas, quiere embarcar en el avión que necesita coger. El tipo que se pasó toda la mañana del viernes en un atasco quería llegar a su trabajo, no oír chorradas de los políticos.
El fundamento de la política no debe ser otro que solucionar los problemas de la gente y este caso, como tantos otros, demuestra que en España el fundamento no tiene nada que ver ya con la política. En otros países europeos, en los que los temporales son más frecuentes, se cierran aeropuertos y autopistas por cuestiones de seguridad y nadie monta los guirigays que se montan en España. ¿Por qué? ¿Acaso tienen el sentido político más desarrollado que nosotros? ¿Será que viven menos crispados? Pues no lo sé, pero tengo claro que aquí fallan demasiadas cosas. En el periodismo y en la política. Y ambas me producen vergüenza e indignación a partes iguales.