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jueves, junio 27, 2013

Ser crítico de cine

Después de la anterior entrada, en la que me quejaba de los inconvenientes que uno se puede encontrar en un photocall, y aún a riesgo de parecer que el mundo de la información está lleno de crápulas, toca habla del crítico de cine. Vaya por delante la advertencia: en este mundo, como en cualquier otro, hay profesionales como la copa de un pino. No pretendo aquí demonizar una profesión, censurar a unos compañeros trabajadores (cobren o no por ello, que a mí eso me da igual), ni generalizar hacia lo negativo la experiencia. Y es que ser crítico de cine mola y está lleno de ventajas. Cine gratis, pensarán algunos. Y sí, es cierto, el crítico de cine no paga por ver las películas que después evalúa. ¿Soy crítico de cine por no pagar? En absoluto. Llevo ya casi siete años escribiendo sobre cine en mi blog, La Sala de Cine, y de vez en cuando también lo hago en Suite 101 y lo hago porque no entiendo mi vida sin el séptimo arte. Desde crío ha sido parte de mi experiencia vital. Idolatro la sensación de sentarme en una sala y ver una película.

Por eso no doy crédito al comportamiento de algunas personas que se dedican a lo mismo que yo, algunos de ellos incluso ganando un buen dinero por ello. Insisto, va en las siguientes líneas lo peor del gremio. Porque ¿de qué otra forma puedo calificar a alguien que va a los pases de prensa a dormir? Si nos ponemos a bromear, me diréis que seguro que la película era malísima. Pero, claro, viene a darme un poco igual la calidad de la película que estemos viendo. Dormirse no es una opción aquí, como no lo es en cualquier trabajo. ¿Cómo me vas a contar qué puedo esperar de un filme si no lo has visto en su totalidad? Dado que desconozco la vida, los esfuerzos y las circunstancias de la gente que me rodea en un pase, puedo llegar a entender un caso puntual. Pasa a ser algo inexcusable cuando se repite o cuando incluso se bromea sobre esa posibilidad antes de un pase con otro compañero ("si ronco puedes darme un codazo"; y sí, ronca y bien alto) y de que se haga realidad, claro.

Pongamos un pase cualquiera, que podría haber sido hoy, hace dos días o la semana pasada. Hasta cinco compañeros han entrado tarde en la película. Una de ellos... una hora tarde. Siempre he entendido la puntualidad como algo esencial y este caso, obviamente, no es una excepción. Al contrario, me parece un requisito. Sé que no sucederá nunca, pero soy un firme defensor de que el cine cierre sus puertas en el momento en que empiece la proyección y nadie pueda entrar. ¿Pero una hora tarde? ¿Para qué entras entonces si ya te has perdido la mitad de la película que venías a ver? Igual pensaba que ver un ratito basta para hacer una crítica. Al menos al entrar en la sala esta compañera decidió agacharse al cruzar la pantalla. Y lo digo porque alguno de los otros cuatro no lo hizo. ¿Que molesta a los demás? Pues no nos queda más remedio que aguantarnos.

Uno tiende a pensar que un pase de prensa tiene que ser diferente de una proyección usual. Que tiene que haber un respeto mayor entre la audiencia precisamente por el hecho de esta trabajando. Suele darse, sí, pero por ejemplo los móviles son tan enemigos del disfrute de un pase de prensa como lo es en una visita cualquier al cine. Lo raro sigue siendo el pase en el que no suene uno. Y lo siento pero me sigue asombrando. Me asombra esa falta de respeto de la gente en general, pero mucho más de profesionales. La explicación benevolente es que son llamadas que tienen que atender estén donde estén. De trabajo, de familia, de lo que sea... Perfecto, eso lo entiendo. ¿Pero tan difícil es hacerlo de una forma en la que no moleste a nadie más? Llamadme sibarita si queréis pero, al margen de no silenciarlo, cuando tengo la atención puesta en la película me parece una molestia más que evitable estar viendo la pantalla del teléfono a quien se sienta a mi lado o en la fila anterior. Por desgracia, el hecho de ser profesionales no altera esa conducta en muchas personas.

En vista de que el spoiler se ha puesto a la orden del día y forma parte del trabajo cotidiano (de eso ya me quejé aquí; qué le vamos a hacer, estoy últimamente muy quejica...), suelo ir a los pases de prensa con la menor información posible, la imprescindible para poder hacer bien mi trabajo. En ocasiones, hay compañeros que ni eso y no deja de sorprenderme. Una muestra con títulos: Monstruos University. La película tiene una broma final después de los títulos de crédito. Forma parte de nuestro trabajo saber que Pixar suele incluir guiños durante o al final de los créditos de sus películas. No era, por tanto, algo inesperado. Pues bien, de todos los periodistas presentes en el pase en el que yo estuve sólo dos nos quedamos a verla. Recuerdo una desbandada parecida cuando vimos Capitán América, película en la que era algo más que previsible que hubiera una escena al final, como la hay en todas las películas que forman parte de la producción de Marvel Studios que desembocó en Los Vengadores. Aquel día la mitad de la sala también se la perdió.

Claro que podría ser peor. Pongamos que en una película cualquiera, sin poner su título ni ubicar la fecha de su pase precisamente para no caer en la trampa del spoiler de la que me quejaba, acontece la muerte de uno de los personajes principales. Ya sabéis, una de esas escenas clásicas en las que el héroe caído consigue despedirse de su amigo/amada/alumno/mentor con un enorme dramatismo. Ahora pongamos que eres un crítico conocido. No de esos cuyo todo el nombre conoce (de los que hay pocos, la verdad), pero sí con un currículum largo en medios importantes. Pongamos ahora que ese crítico se marcha de la sala instantes antes de esa escena y vuelve a aparecer en su interior apenas unos segundos después. Poco tiempo pero suficiente para perderse la escena en cuestión. ¿Qué clase de crítica escribirá ese afamado crítico sobre la película si le falta semejante instante para poder evaluarla? Supongo que la respuesta es que da igual. La moraleja es que viene a ser imprescindible ver toda la película para poder evaluarla, ¿no?

Lo dicho, estoy en plan quejica. Pero como valoro la profesión son cuestiones que de vez en cuando no viene mal soltar.

miércoles, mayo 15, 2013

Spoilers

Detesto los spoilers. Me cabrea que la promoción de una película (esencialmente una película, pero todo esto es igualmente aplicable a la literatura, el cómic o la televisión) se base en relatar todo lo que uno se va a encontrar durante lo que tendría que ser una experiencia única. Allá cada cual, pero no comprendo que haya páginas web dedicadas a colgar spoiler tras spoiler del próximo estreno como si fuera algo imprescindible y vital para ver una película. Y, por supuesto, comprendo menos que nada que quienes tienen que vender la película en cuestión, es decir, las distribuidoras, lo hagan destripando prácticamente todo lo que acontece en su metraje. Si ya lo sabemos casi todo antes de ver una película, ¿qué sentido tiene ver la propia película? ¿El final? ¿Es eso lo único que nos queda? ¿Y qué hay de la experiencia completa?

Me viene a la memoria Parque Jurásico. España fue uno de los últimos países en los que se estrenó, el 30 de septiembre de 1993, cuando en Estados Unidos se pudo ver el 11 de junio. Obviamente, Internet estaba en pañales y no, no estaba la película disponible para su descarga (creo que eso no llegó a suceder con un gran estreno hasta el Episodio I de Star Wars, en 1999). Antes de sentarme en la sala, no había visto ni un solo dinosaurio. Ni uno. Y eso que en esos meses de diferencia entre el estreno norteamericano y el español vi en incontables ocasiones un vídeo musical con el tema principal de la película (¡enorme el maestro John Williams!) en el que de los dinosaurios se veían garras, hocicos, pisadas... pero nunca uno al completo. Así que cuando vi la película, en el instante que vi el primer dinosaurio me recorrió la espalda un escalofrío. Estaba viendo un dinosaurio de verdad. Y lo estaba viendo como había que verlo, en pantalla grande y conservando la frescura de la sorpresa. Tengo muchos recuerdos así de impagables en el cine. Muchísimos. Y los adoro. Pero esa sensación es hoy prácticamente imposible de revivir.

Quien habla de cine, y hablo de mayorías y tendencias, parecer sentirse obligado a destripar las películas en todos sus extremos. Incluso en los finales. Y no como análisis, sino incluso antes de verlas. No hay control ni medida, ni tampoco responsabilidad para respetar la importancia de la experiencia personal. Recuerdo más de un reportaje en el que aparece el plano final de El planeta de los simios original, ¡incluso un anuncio comercial que lo parodiaba! La pasada semana, el genio que monta las promos de Antena 3 decidió incluir la frase que revienta La isla, de Michael Bay (vale, la película se merece que la revienten, pero eso es otra historia). Los trailers se han convertido en resúmenes de las películas que simplemente esconden los diez minutos finales... y a veces ni eso. Y es que de un estreno de hace un par de semanas (no digo cuál), una de las fotografías promocionales enviadas por la propia distribuidora... ¡era el final de la película!

Hoy no entraríamos a ver El Imperio contraataca, El planeta de los simios, Seven, El sexto sentido, Los otros, La vida es bella, Psicosis (Hitchock venía a implorar en el cartel "no me revienten en el final, ¡no tengo otro!"), La niebla o Mystic River de la forma en la que lo hicimos en su día... y eso que algunas (estoy pensando sobre todo en Los otros) ya llegaron demasiado contaminadas. Hoy Internet se ha convertido en un hervidero de noticias, avances, spoilers, fotografías, escenas completas y hasta descripciones de los finales de todas las películas habidas y por haber, mucho más si son películas con un grupo de aficionados elevado, como puedan ser las de Star Trek, Star Wars, personajes de cómic o grandes franquicias. Y me parece un terrible error del que no soy partícipe nunca (o casi nunca, que todos cometemos errores). Nos estamos cargando la experiencia cinematográfica. Por muchas razones, pero también por ésta.

domingo, marzo 17, 2013

Fernando Trueba y la norma del desprecio

Leo unas fascinantes declaraciones de Fernando Trueba en las que arremete contra el cine de acción y contra los superhéroes, los califica de "imbecilidad" y coloca detrás de nombres como los de James Bond o Spiderman el término "gilipollas". Dicho eso, asumo que queda claro que lo de "fascinantes" para referirse a lo que ha soltado Trueba va con una ironía de la que el grueso lenguaje de Trueba no ha hecho gala precisamente. Cualquiera que me conozca un poquito o que haya leído algo de que he escrito aquí o en esos otros sitios que enlazo en la columna de la derecha sabe que, por decirlo de una manera suave, no comparto el punto de vista de Fernando Trueba. Podría recordarle la gran cantidad de autores, creadores y, sí, artistas, que han trabajado con esos personajes que él considera "gilipollas", en el cine y en tantos otros medios de expresión. O podría decirle que el negocio en el que él trabaja se sustenta en parte gracias a la gente que paga entradas por ver lo que él tacha de "imbecilidad".

Pero si seguimos leyendo lo que ha dicho este insigne director español encontramos la más que probable causa de que su mensaje sea tan arisco, agresivo y desagradable para  una notable parte de la industria que le da de comer y otras que dan de comer a otros muchos profesionales, que a priori tendrían que merecerle el mismo respeto que asumo que proclamara ante cualquiera evaluación de su trabajo, y, aún mejor, proporcionan horas de diversión y entretenimiento a millones de personas en todo el mundo. Dice que está escribiendo la secuela (¿eso de hacer secuelas no era de mediocres y gente sin ideas?) de La niña de tus ojos y que todavía no tiene financiación para rodarla. ¡Acabáramos! Si todo era eso, podía haberlo dicho antes. Que como no hay un duro para hacer cine en España (y eso es otro tema del que podríamos hablary mucho), hay que llamar la atención de alguna manera para que el nombre del personaje en cuestión aparezca en los titulares, los aficionados del cine de acción y de superhéroes armen un poco de jaleillo, las élites intelectuales se pongan del lado de Trueba y haya alguien que le dé unos milloncejos para hacer su película.

Genial estrategia. Porque ¿para qué va a poner uno en valor nuestro propio trabajo si podemos insultar y despreciar el de los demás? ¿Por qué vamos a defender los valores del cine propio si podemos arremeter contra el ajeno? No es que me sorprenda, porque viene a ser la forma de vida de mucha gente. De demasiada. No importa qué esté pasando en el mundo, siempre va a haber alguien que lo menosprecia. Twitter es una herramienta fabulosa para entender el odio que encierra la gente en su interior y que deja salir desbocado, por supuesto con el gran amparo del anonimato o la distancia, cuando se topa con algo que no le gusta. Da igual que sea el cónclave para elegir papa, un partido de fútbol, la carrera de Fórmula 1 o el programa de televisión de turno. Por lo visto, no hay que desperdiciar ninguna ocasión para mostrarse intelectual, personal y moralmente superior a los demás, pobres incultos ignorantes que pierden el tiempo con cosas que nosotros sabemos (no creemos, no pensamos, SABEMOS) que son una auténtica basura, para juzgarles con dureza por rebajarse a niveles que consideramos deleznables. Qué bien iría el mundo si respetáramos a los demás. A ellos y a sus gustos.

No sé cuántas películas de acción o de superhéroes habrá visto Fernando Trueba para lanzar semejante juicio de valor (hace poco que me han regalado tres de ellas en blu-ray; ¿en qué me convierte eso a mí a sus ojos?). La verdad es que tampoco me importa, porque su forma de opinar sobre ellas le descalifica sin llegar a entrar en si tiene o no razón. Alguien que se dedica precisamente al mundo del arte y del entretenimiento tendría que saber que hay incontables formas de llegar al éxito, de encontrar un público, de alcanzar el corazón de su audiencia. Y ahí hay dos opciones. O no lo sabe y es, por tanto, mucho más ignorante que las personas a las que ha querido menospreciar con sus palabras, o sí lo sabe y entonces es simplemente un aprovechado al que no le importa pisotear a los demás con tal de conseguir su objetivo. En ambos casos, me parece una persona que se merece todo mi desprecio como espectador y como consumidor de lo que intenta venderme. Súmese a este desprecio el que me produce toda aquella manifestación que insulta a quien simplemente quiere disfrutar con algo, por mucho que a mí no me guste. Porque si no me gusta, no lo veo. Pero, desde luego, no voy a ir por ahí sintiéndome tan endiosadamente superior a los demás.

martes, febrero 26, 2013

El 11-M según González Pons

Oculta por el ruido del Debate sobre el estado de la Nación quedó una perla mediático-política pronunciada por Esteban González Pons el pasado día 20. Tengo debilidad por este hombre, tengo que reconocerlo. Es, a mis ojos, el prototipo de político español moderno. No, tranquilos, eso no es un elogio. Porque el político español moderno es uno que sabe que tiene un mensaje que comunicar y que ni parpadea al pensar que lo que está diciendo es falso, tergiversado u oportunista. Le da igual defender una cosa o la contraria, y sobre el sujeto de estas líneas ejemplos hay de sobra en las hemerotecas (podéis sustituir esa palabra casi en desuso por "Youtube"). No importa cuánto cinismo, resquemor o teatralidad haya que aplicar a su discurso, sabe cómo hacerlo. La política hoy, por desgracia, es tal y como la ejerce Esteban González Pons. Y por eso, a nadie le puede sorprender que los políticos sean el tercer problema más importante para los españoles según las encuestas del CIS, por detrás del paro y los problemas económicos.

Y como en su categoría es un grande (por mucho que se quedara sin el Ministerio por el que tanto luchó desde la oposición y ahora reaparezca quizá pensando que hay una crisis de gobierno más o menos cercana y a ver si le cae algo), me siento en la obligación de saludar con el entusiasmo que se merece su última perla. Lo mejor, sin duda, es que la veáis:


Sí, amigos míos. La prueba irrefutable de que no había terrorista islámico alguno en el 11-M es que no aparece en una película. Por lo tanto, en las Fallas se queman santos como vimos en Misión imposible 2, el plano de Madrid es tal y como se ve en La fría luz del día (la Ciudad Universitaria y el Retiro están juntitos) y los encierros de San Fermín son como se vieron en Noche y día. Espero que en la videoteca de Génova no haya una copia de Superman, filme que se vendió con el eslógan de "creerás que un hombre puede volar", porque igual González Pons culpa al Gobierno de Zapatero de no regular el vuelo sin motor para acciones superheroicas en las ciudades españolas. Ya hablando de películas históricas, también espero que González Pons no le pida a Wert que incluya 300 en los planes de estudios para cuando toque la batalla de las Termópilas. González Pons es, sin duda, quien mejor podría explicarme con qué película me tengo que quedar, si con Cristóbal Colón. El descrubrimiento o con 1492. La conquista del paraíso, el que nos puede decir qué Robin Hood es el más cierto, si el de Kevin Costner o el de Russell Crowe. Y me gustaría saber si considera adecuada la visión sobre el esclavismo que hizo Quentin Tarantino en Django desencadenado.

Ya que estamos, por qué limitar esta conversación, me gustaría saber qué teoría defiende González Pons sobre el asesinato de Kennedy, por saber si me tengo que ceñir a los que explicaba Oliver Stone en JFK. Antes de responder esa pregunta, que alguien le recuerde a González Pons que Stone también dirigió el documental Comandante, sobre Fidel Castro, que seguro que su opinión depende de ese segundo detalle. Y, por venirnos arriba con temas patrios, si Lobo es una explicación realista sobre cómo es la lucha antiterrorista en España o si Salvador cuenta de verdad lo que sucedió en tiempos del franquismo. Ah, no, que de eso no podemos hablar si no lo hacemos desde su punto de vista, porque es "reabrir heridas". González Pons sí puede hablar sobre el 11-M pero los demás no podemos hablar de otras cosas. Se me olvidaba, torpe de mí. Política moderna, vaya. De verdad, me encanta escuchar este hombre. Si no fuera porque detesto lo que representa, de mayor querría ser como él.

miércoles, octubre 31, 2012

En una galaxia muy lejana...

Ayer me dio un subidón de adrenalina de estos que me producen las noticias sobre los temas que me apasionan cuando leí que Disney compraba Lucasfilm y, de paso, anunciaba una nueva película de Star Wars para el año 2015. ¡¡¡Una nueva película de Star Wars!!! Aquellos que me conocen, saben lo que es Star Wars para mí. Para aquellos que no, simplemente les diré que allá por el mes de mayo de 2005 estaba yo sentado en un cine viendo el pase de prensa del Episodio III, La venganza de los Sith, y, muy cerca del final, en un instante que no voy a desvelar por si acaso, no pude evitar que se me escapara una lágrima porque estaba viendo el final, para siempre y definitivo, de una saga que ha estado conmigo literalmente todo mi vida, y es que nací después de que se estrenara la primera de las seis películas y desde siempre hubo muñequitos de Star Wars en mi casa. Sí, volviendo un par de frases más atrás, derramé una lágrima hacia el final. Qué le voy a hacer. Soy un sentimental, y además un sentimental friki.

Y el caso es que después del subidón de adrenalina, me entró la duda de no saber qué pensar. Por un lado, es Star Wars. ¡Y si es Star Wars no hay discusión posible! Pero por otro lado, me siento un poco estafado, como cada vez que George Lucas sacaba una nueva edición que había que comprar porque tenía 35 segundos nuevos, porque yo soy de los que se creyó el discurso que Lucas mantuvo durante años que la saga cinematográfica era la historia de Darth Vader, y que estaba más que cerrada con esas seis películas. Pero, claro, las posibilidades de un universo tan amplio como éste... ¡son ilimitadas!, y se pueden hacer tantas películas como se quiera con montones de tramas y personajes diferentes. Eso sí, habría que hacerlas siguiendo los códigos de la saga. Pero muchos piensan, y, aviso, yo no estoy entre ellos, que Lucas se los cargó con la segunda trilogía. Y, claro, me entra el pánico de que le den esto a gente como Michael Bay. ¡¡¡Pero como se lo den a Joss Whedon y monte una como Los Vengadores, a J. J. Abrams y haga algo más grande que su Star Trek, o a Spielberg... y que haga lo que quiera, me vuelvo loco!!!

Vale, vale, ya paro, que el friki que hay en mí se desboca. Pero es que es Star Wars. Sé que ahora está de moda darle palos a esta saga (como en su día, por lo menos en España, se solventaba la universal contraposición entre los seguidores de Star Wars y Star Trek con palos a Spock y los suyos); que la crítica disfruta despedazando cada una de las películas de la segunda trilogía, que el favor que tenía este título en nuestra niñez y adolescencia, casualmente cuando dejaron de hacer estas películas, ha ido pasando a otros títulos y sagas (contra las que, por cierto, parece que eres un sacrílego si sueltas alguna mínima crítica). Y yo no, yo sigo siendo fiel. Para mí Star Wars es lo más grande cuando hablamos de cine. Sí, Jar Jar es un petardo para niños. Sí, no hay dios que se crea el repentino enamoramiento de la reina Amidala. Totalmente de acuerdo, hay escenas que parecen pensadas para lucir efectos especiales y poco más. Por supuesto, me parece una tontería que haya androides de combate que hablen de una forma tan poco carismática. Y el Boba Fett niño es insoportable. Ah, y los midiclorianos. Sí, eso también es una estupidez.

Pero me da igual. Star Wars es Star Wars. Y yo soy un friki. Así que ya estoy pensando dónde estaré allá por el año 2015 cuando la pantalla se quede un mágico segundo en silencio después de leer aquello de "hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana" (¡maldita sea, acabo de darme cuenta de que ya no sonará la melodía de la 20th Century Fox! Ya me han hundido en la miseria poniendo el castillo de Disney en ese momento memorable...), estalle en la pantalla el logotipo amarillo de Star Wars sobre el estrellado fondo negro y resuene otra vez en todo su esplendor la mejor fanfarria jamás escrita para el cine. ¿Se viene alguien a compartir ese momento... y todo lo que venga después?

sábado, septiembre 01, 2012

Cine + IVA

Siempre les he tenido cariño, pero los cines que están cerca de mi casa no son muy allá. Son pequeños, nunca han sido los más cuidados de la ciudad, y en algunas de sus salas se podían oír las explosiones de la película de la sala de al lado sin demasiado problema. Pero son los que están cerca de casa, así que he ido a ellos en incontables ocasiones. Les tengo cariño, sí. Es donde me acostumbré a ir solo al cine ya desde adolescente, porque nadie quería aprovechar las sesiones de precio reducido que siempre tuvo (era mejor salir a muerte y emborracharse, cosas de la edad del pavo que yo pasé de otra manera) o porque así veía películas que nadie quería compartir conmigo. Tengo muchas anécdotas en esos cines. Desde el día que me repitieron la escena de la estampida de El rey león hasta descubrir por un fallo de sonido que recordábamos los dos que estuve en la misma sesión del Drácula de Bram Stoker que un amigo que conocí años después, pasando por un preestreno de Independence Day, la reunión de los compañeros de trabajo para ver el final de la saga de Star Wars, la última vez que me invitaron al cine para ver Intocable o incluso un plantón para ver Los puentes de Madison. El cine para mí es eso, recuerdos, sensaciones, momentos que se quedan en mi memoria. Y cultura.

Ahora el cine ya no es cultura. Lo dicen los que mandan. Es entretenimiento. Como tantas otras cosas. El teatro, la lectura, la educación... Todo eso es entretenimiento. Por eso he empezado describiendo anécdotas. Podría haberos dicho cuánto me han enseñado el cine, sobre la historia, sobre la vida o sobre la realidad. Pero os he contado anécdotas. Entretenimiento. Todo sea por mostrarme acorde con los tiempos en los que vivimos. El entretenimiento pasa a ser un bien de lujo con la subida del IVA que rige desde hoy, sábado 1 de septiembre, una medida que va a arruinar a mucha gente, que va a frenar el consumo y que va a generar despidos y el cierre de empresas y locales. Estoy tan seguro de eso como lo estaba de que quienes se dedicaron a recoger firmas en contra de la anterior subida del IVA no tendrían pudor alguno en defender ésta. La anterior fue un error, ésta una completa calamidad, porque viene a sumarse al castigo de la anterior (y a otros tantos castigos que han decretado los que mandan) y porque es imposible argumentar algunas de las decisiones que se han tomado al respecto. Los que firmaban eran éstos, por cierto.
En esos mismos cines de los que os hablaba, hace menos de nueve años yo pagaba por una entrada 4,30 euros. Estos eran los precios que tenía ayer, día 31 de agosto. Un simple cálculo puede demostrar que el cine no ha subido precisamente lo mismo que el IPC anual o que los sueldos que se cobraban allá por 2003.
Pero siempre hay motivos para añadir indignación a la sociedad en la que vivimos. Estos son los precios que tienen esos mismos cines desde hoy.
Hoy es más cara la entrada con la tarifa reducida que la normal de ayer. La subida es de 1,30 euros en la entrada normal y de 1,10 en la reducida, de 7 euros en el bono de diez sesiones (que supongo que seguirá sin poder utilizarse en fines de semana, ya ni lo miro porque soltar 32,50 euros así de golpe es un lujo impensable para algo que no sea la lista de comida a comprar en el supermercado). A un desempleado se le cobra 7,60 euros por una entrada de cine. Si el desempleado quiere ver una película, mejor que no tenga pareja ni hijos y viva su miseria en soledad.

Damas y caballeros, hoy, día 1 de septiembre de 2012, es el día del inicio de la defunción definitiva del cine como espectáculo de masas. Gran medida contra la piratería la subida del IVA, sí señor. Ahora España va bien. Como solía.

jueves, abril 26, 2012

Modo friki on

Soy un friki atípico. Friki, desde luego, porque entre mis cuantiosas aficiones está el cómic, el cine, la fantasía... Da igual que venga en formato de película, de libro o de cómic Esas cosas que les gustan a los frikis, vaya. Pero soy un friki atípico porque, por ejemplo, yo no iría a ver Los Vengadores como fueron estos muchachos de la foto. Tampoco soy de los que está deseando que llegue el día del estreno para ir a la típica sesión abarrotada del viernes por la noche. Sí por ver la película cuanto antes (¿en serio queda tanto para que se estrene el próximo Batman de Christopher Nolan?), pero es que en el cine lo que me gusta es ver la película con tranquilidad, sin que nadie me moleste. Estaréis conmigo en que, cuanta más gente haya en una sala, más probabilidades hay de que alguien se dedique a fastidiar la película, sea con un móvil sonando, sea levantándose todo el rato, sea molestándote desde el asiento de delante (¿tan difícil es percatarse de si molestas al de atrás?) o desde el de atrás (¿por qué hay gente empeñada en dar patadas continuamente al asiento?).

El pase de Los Vengadores en el que tuve la suerte de estar, hace ya dos semanas, tenía toda la pinta de ser justo lo que no me entusiasma. Un par de cientos de tipos que iban a comentar cada momento de la película, una sala llena, un patio de butacas antiguo y, por tanto, que no tenía esa disposición de graderío que tantas molestias nos a ahorrado a los cinéfilos en los últimos años. Y, sí, ese pase de Los Vengadores fue justo eso. La chica que estaba sentada en la butada de delante no dejó de gesticular en toda la película y de comentarla con su amiga de la izquierda. Todo el público, todo sin excepción, no paró de aplaudir cada vez que pasaba algo que lo merecía, desde la primera aparición de Iron Man hasta el mejor de los chistes que tiene la película, pasando por el cameo de Stan Lee o la memorable irrupción de Hulk en la batalla final (porque, ¿sabéis...? Hulk aplasta...). Hubo gente que no paró de salir de la sala por motivos que no soy capaz de comprender, incluyendo una mujer que se levantó hasta en tres ocasiones durante los 141 minutos que dura la película. ¿Pero sabéis qué? Creo que nunca había disfrutado tanto de una visita al cine como de ésta. Modo friki on y todo solucionado.

Y es que yo era uno de esos que no paró de aplaudir, de gritar, de vitorear cada momento inolvidable de una película que, aún a riesgo de que haya gente que piense que me he vuelto loco, considero irrepetible. Llevaba tiempo soñando con que fuera "la frikada padre". Lo entrecomillo porque esa es la expresión que he usado desde hace ya unos cuantos meses. Tenía fe en Los Vengadores, pero la comunión que se formó entre lo que pasaba en la pantalla y en el patio de butacas elevó la experiencia a niveles que no me podía ni imaginar. Durante toda la película. Y el momento brutal en el que todos descubrimos el epílogo fue memorable. En unas horas se estrena oficialmente la película en España. Y volveré a verla, claro. Es lo que tiene ser friki. Que cuando llega a los cines una de Star Wars, de El Señor de los Anillos, de Batman o, como ahora, de los grandes de Marvel, no sólo no te importa volver a verla, sino que lo estás deseando. Y estoy deseando el foro de debate posterior. Y después estaré desando volver a verla. No tendré el modo friki tan claramente on, pero, qué le voy a hacer. Soy friki. Creo que eso ya lo había dicho, ¿verdad?

Crítica de Los Vengadores en Suite 101, aquí. En La Sala de Cine, aquí. Y el resto de las fotos de los tipos que fueron a ver la película disfrazados, en A través del Objetivo, aquí. ¿La película? Donde vosotros queráis, pero creo que queda claro que yo la recomiendo a todo friki que ande suelto por el mundo, al friki de la condición que sea y a todo aquel que quiera disfrutar con algo más de dos horas de puro escapismo cinematográfico.

miércoles, enero 25, 2012

(Casi) 20 años no son nada


Esta es Kate Beckinsale cuando tenía 20 años, junto a Emma Thompson, con quien participó en Mucho ruido y pocas nueces, una de las muchas adaptaciones de textos de Shakespeare que hizo Kenneth Branagh en los comienzos de su carrera como director. No creo que sea una grandísima actriz, pero sí pienso que tiene una simpatía especial. Me lo pareció entonces, hace ya casi 20 años, cuando vi esa película. Por aquel entonces Hollywood no debía de estar de acuerdo conmigo, porque esa chiquilla de veintipocos años apenas consiguió papeles importantes hasta que ya tenía veintimuchos, que es precisamente cuando el cine americano ya empieza a devorar actrices en busca de caras (y cuerpos) mucho más jóvenes. Cosas de Hollywood que nunca entenderé. Ni de la sociedad en general, que no ve más belleza que la juventud.

Esta es Kate Beckinsale hoy. Ha estado en Madrid, promocionando su última película. No sé si esos casi 20 años que han pasado entre esta foto y las que he tomado hoy no son nada o sí son mucho, pero creo que las fotos hablan por sí solas. Kate Beckinsale tiene hoy 37 años, rozando esa edad en la que Hollywood tira actrices a la basura. Leyendo algo sobre ella, descubro que con quince años tuvo un episodio de anorexia que achacó a la temprana muerte de su padre. Aplaudo su valentía para hacerle frente. Leo también que está en contra de la cirugía estética. Bien por ella y por las que no se dejan seducir por la red de engaño quirúrgico que nutre de bellezas eternamente jóvenes al mundo del espectáculo Y yo, además de eso, tengo que decir que me parece infinitamente más hermosa que muchas de esas jovencitas que hoy deslumbran al mundo.

lunes, agosto 22, 2011

Charlot y la visión de Charlot

Una de las leyendas urbanas más interesantes que he leído en mi vida es aquella que habla de que Charles Chaplin se presentó una vez, de forma anónima, a un concurso de imitadores de Charlot, el entrañable vagabundo que creó para el cine. Buscaban al mejor Charlot posible, el que más se acercara a las señas de identidad del personaje. Cuentan que Chaplin, a pesar de su directo conocimiento del personaje a imitar, pues fue él mismo quien le dio vida y el único que sabía lo que pensaba cuando lo creó, no ganó ese concurso. Unos dicen que quedó en segunda posición. Otros que fue tercero. Algunos más que ni siquiera llegó a la final de este particular evento. No sé si esto llegó a suceder en realidad o si simplemente es una bonita historia que nunca llegará a confirmarse del todo. Supongo que nunca se tendrá la certeza absoluta. El caso es que la leyenda tiene implicaciones interesantes.

Imaginad las caras de aquellos que actuaron como jurados de aquel concurso al saber que no supieron reconocer al auténtico Charlot, que pensaron que un imitador era mejor Charlot que el propio Chaplin. Todo el mundo conocía a Charlot porque le habían visto en sus películas, seguro que todos los que presenciaron hubieran jurado que sí, que sabrían identificar sus rasgos a la perfección. Pero a la hora de ver lo que hacía de Charlot lo que era, estas personas no acertaron. Le conocían, pero no supieron reconocer a Charlot. Vieron sus características en otra persona que nada tenía que ver con Charlot. La imagen que tenían de él no era la que se correspondía con la realidad, aunque ellos creían que sí y nadie podría haberles sacado de su error. Su Charlot, el que habitaba en sus mentes, no era el Charlot real. O, al menos, no era el Charlot de Chaplin. Era una versión, idealizada o tergiversada, del personaje.

Pero, por muy intensamente que pensaran lo contrario, ese que tenían en sus mentes no era Charlot. Es curioso cómo, sin quererlo, tenemos esa capacidad de modificar la realidad. Y lo más probable es que mucha gente no se dé cuenta de que su visión no es real ni aunque tengan la prueba delante de sus propios ojos. Y es que no basta con mirar, hay que ver. Igual que no basta con oír, hay que escuchar. Porque, de lo contrario, corremos el riesgo de pensar que Charlot es como nosotros nos lo hemos imaginado y no como es en realidad.

domingo, julio 17, 2011

Los sueños, sueños son

- Cariño, tú crees que te llamarán del Today Show para ficharte desde los ocho años, y eso no va a pasar.


- Eso sí, eso ya lo sé, tienes razón.


- En parte la culpa es mía. Dejé que tu padre te diera esperanzas. Él no era una persona feliz, esa es la verdad. Cuando vio que apuntabas tan alto empezó a sentirse mejor, así que no le dije nada.


- ¿Qué insinúas?


- Tenías un sueño, ¿no? ¡Genial! Cuando tenías ocho años era encantador. A los 18 era inspirador. A los 28 es realmente vergonzoso. Y quiero que pares antes de que lleguemos a desgarrador.


Morning Glory (Roger Michell, 2010)




Detesto a la gente que piensa así. Cada día que pasa detesto más a quien fija una determinada edad o un momento concreto de la vida como el indicado para dejar de soñar. Y detesto aún más a quienes se creen con derecho de decir a los demás qué, cuándo y cómo pueden soñar. Los sueños son libres, y no importa que tengas 18 o 33 años, que seas hombre o mujer, que tu sueño parezca inalcanzable o que esté al alcance de la mano, que dependa de ti o de otras personas, que sea algo trivial o que por el contrario sea algo trascendente en tu vida. Todos los sueños valen precisamente porque son sueños. ¿Y sabéis qué? A veces los sueños se cumplen. Y a veces no, pero no por ello hay que dejar de soñar mil sueños que se puedan convertir en realidades. Y los sueños, sueños son. Sí, detesto a quienes no quieren que soñemos, a quienes creen que soñar es algo negativo.

sábado, junio 04, 2011

Du, du-du, dum

Du, du-du, dum, du, du-du-du-du-du-du. Con eso basta. Suenan esas pequeñas notas, mal garabateadas aquí por mi parte siendo alguien que de música sólo sabe lo que le emociona y lo que no, y salto como un resorte. Si cualquier canal está poniendo Cantando bajo la lluvia, lo sé. Siempre, no me preguntéis cómo, aparece la famosa escena que da título a la película en mi televisión aunque yo esté haciendo cualquier otra cosa. Aparece la escena y yo me coloco delante del televisor Matemático. Con una sonrisa en la boca. Por mucho mal humor que arrastre. No sé cuántas veces habré visto ya esa escena, cuántas habrá tarareado la canción, toscamente que las musicales no forman parte de mis habilidades naturales. El otro día fue la última... por ahora. Y ya he perdido la cuenta la de veces que me ha puesto esa sonrisa en la boca. Como toda la película, pero con esa escena basta. Suena y salgo a verla. No falla. ¿Qué tendrá? No lo sé. Supongo que es la magia del cine.

Digo que con esa escena basta, pero no es verdad. Una vez he visto esa escena, tengo que ver otra. Tengo que ver el final. Pero no por el final. No. No por reírme de la humillación del personaje de Jean Hagen. Ni siquiera por seguir riéndome con Donald O'Connor y sus inagotables momentos cómicos. Qué va. Lo que necesito ver es esta cara de Debbie Reynolds. En el cine nunca he visto a una mujer más adorable que ella. En el cine. Las he visto más hermosas, más seductoras, más elegantes, más altas, más rubias. Más lo que queráis. Más adorables, ninguna. Y mira que busco, pero no hay manera de superar esa lágrima que derrama, esa sonrisa que brota a continuación. Será que soy un romántico. O será, otra vez, la magia del cine. En cualquier caso, es algo superior a mí. Me llaman esas notas esas notas para cantar con Gene Kelly (bailar desde luego que no, porque nadie, absolutamente nadie, ha bailado como Gene Kelly) y me conmueven una lágrima, una mirada y una sonrisa. Hasta el punto de que yo también querría cantar bajo la lluvia. Maldita sea que no me gusten los paraguas...

domingo, marzo 06, 2011

Exposyfy en Madrid

La Real Fábrica de Tapices de Madrid acoge hasta el próximo domingo día 13 de marzo una pequeña, muy pequeña, exposición de objetos relacionados con el cine fantástico. La muestra, denomina Exposyfy, se puede visitar de forma gratuita de lunes a sábado de 11.00 a 21.30 horas y el domingo de 11.00 a 13.30. Aunque insisto en que es una colección bastante reducida, será del gusto de cualquier aficionado a este tipo de cine, porque se pueden ver reproducciones de Iron Man, varias cabezas, el brazo y el exoesqueleto de Terminator, un casco de Darth Vader recubierto de cristales, el osito de A.I. Inteligencia artificial, el bastón de Yoda en El Imperio contraataca, el de Biff Tannen en Regreso al futuro, bocetos de películas de Tim Burton como Eduardo Manostijeras y Batman vuelve, la cabeza de Tom Cruise en Entrevista con el vampiro, algunos diseños de X-Men o Depredador, la matriz de Transformers, uno de los trajes de Damien en La profecía y algún objeto interesante más. Las sombras en las fotos no son culpa mía, las hice todas sin flash, pero la iluminación del lugar no estaba pensaba para el lucimiento fotográfico. A pesar de la modestia de la colección, sin duda merece la pena.

viernes, febrero 11, 2011

Dictaduras y otras ligerezas del lenguaje común


"Esos judíos... Siempre sacan más dinero. (...)Trabajé muy duro para ese ascenso y se lo dan a un judío cualquiera. ¡Maldita sea, qué más quieren, si son los dueños de todo! (...) ¿Arabes? ¿Qué diablos es eso? Un negro envuelto en una sábana? (...) Voy a deciros una cosa. No se lo que pasa en este país, pero cada vez es más difícil ganarse la vida. ¿Y sabéis por qué? Os diré por qué. Por culpa de los judíos, por los negros, por los orientales...".

En los límites de la realidad (1983, segmento de John Landis).

Este primer relato de la película que Steven Spielberg produjo basada en la clásica serie de televisión The Twilight Zone se hizo famoso por un accidente durante el rodaje que le costó la vida a tres personajes, incluyendo al actor Vic Morrow, y eso limitó el alcance de lo que realmente contaba. Es la historia de un americano racista y de mal humor porque le han dado un ascenso que esperaba a un judío. Como en el bar en el que se encuentra con dos amigos empieza a demostrar que sufre de incontinencia verbal para expresar sus ideas a los cuatro vientos y esas incluyen ofensas hacia todo el que no es como él, un negro se levanta y le dice que si no se calla habrá problemas. Cuando el tipo sale del bar, ha cruzado los límites de la realidad y se encuentra en medio de la Alemania nazi. Y él es el perseguido por los soldados alemanes. Él es entonces el judio.

Siempre me acuerdo de esta película cuando escucho a alguien que habla con mucha ligereza de dictaduras, nazis, fascistas y terroristas. Cuando me topo con gente que habla con una total despreocupación de cosas que no sabe lo que significan o lo que representan. Soy de una generación que ha vivido siempre en libertad, que no ha padecido guerras o regímenes totalitarios. Que los ha visto sólo en películas o libros de historias. Ese, por desgracia, parece ser un rasgo de quienes idolatran a dictadores caídos o muertos o de quienes utilizan estos términos para referirse a personas que nada tienen que ver con aquello con lo que se les quiere equiparar. Eso se ha visto en algún que otro politiquillo actual, que cree que llamando nazi o terrorista a otro dirigente político está ganando votos. Y a lo mejor es verdad, pero al mismo tiempo está demostrando su estupidez. Por si alguien de verdad no lo sabe, desde 1975 no hay ningún régimen dictatorial en España. Los terroristas son los que matan, coaccionan o extorsionan en nombre de unas pretendidas ideas políticas. Los demás no somos ni defensores de una cosa ni practicantes de la otra. Por mucho que haya gente que se llene la boca con grandes palabras.

Y entonces escucho a un tipo que se llama José Eugenio Arias-Camisón. Es dueño de un restaurante en Marbella. Y el 2 de enero decidió que quería saltarse a la torera la nueva ley anti-tabaco que entraba en vigor ese día. En poco más de un mes, se lo ha pasado bomba dando declaraciones a todos los medios de comunicación que han querido darle cancha y su caso ha saltado a la fama porque había colocado unos carteles en los que anunciaba que, en contra de lo que dicta la ley, en su restaurante sí se puede fumar. Sí, José Eugenio Arias-Camisón es uno de esos tipos que hacen que me acuerde de ese segmento de En los límites de la realidad. Por supuesto, tras más de un mes de incumplimiento reiterado de la ley le han clausurado el local y pesa sobre él una amenaza de multa de 145.000 euros. Parte de su respuesta es ésta: "Esto es un atropello, una dictadura asquerosa que no había ni en los tiempos de Franco. (El Gobierno es) dictatorial, rojo, marxista y terrorista. No pueden hacer lo que quieren, son unos ladrones. Tienen dos caminos, o me matan o me meten en la cárcel".

Veamos. Estamos ante un señor que se salta la ley, pero eso le parece bien. Dice que el Gobierno es "ladrón", "terrorista" y "dictatorial", y decir eso le parece igualmente bien. Compara esos términos con "rojo" y "marxista", y ya no sé si es que eso le parece bien o es simplemente una evidencia de incultura e ignorancia. Y nos ofrece dos alternativas que sí son propias del régimen en el que se cree vivir, eso sí. Lo malo es que, para su decepción, no son las alternativas que le ofrece la vida real. Porque, afortunadamente, la Ley sirve para evitar que tipos con esas ideas nos digan lo que tenemos que hacer. Si uno se salta un texto legal, sea el que sea, hay previstas unas sanciones. Y eso, nada más y nada menos que eso, es lo que le va a pasar a este buen señor. Es curioso que una de las respuestas que anuncia este señor es que, si le obligan, cerrará su local y despedirá a las 16 personas que emplea en estos momentos. Y yo que pensaba que los hosteleros rebeldes estaban preocupados precisamente por sus empleados cuando decían que la ley anti-tabaco iba a menguar su volumen de negocio. Va a ser que no.

A partir de ahí, yo creo que ya va siendo hora de que los medios de comunicación hagan examen de conciencia y dejen de dar voz a gente que lo único que sabe es descalificar, gratuita e injustificadamente, a todo el que no piensa como él. Démosle voz si lo que quiere es defender sus ideas, pero no cuando lo único que sale de su boca es el insulto permanente. Hay muchísimas formas de luchar contra una ley que creemos injusta, y negarse a su cumplimiento con premeditación y publicidad no es una de ellas. Un tipo que se permite el lujo de insultar a todos los que no le respaldan (somos, dice, unos cobardes) o a un gobierno que, le guste o no, ha sido elegido democráticamente, un tipo que viola simplemente porque no le gusta una decisión adoptada por los representantes de la sobernía popular, pierde el derecho a ser escuchado. Y, ya que estamos, podríamos dejar de utilizar términos como "rebelde" para definir a este señor. No es rebelde quien no paga impuestos, quien roba un banco, quien se salta los límites de velocidad o quien le parte la cara al primer tipo que pasa por la calle. Tampoco quien se salta esta ley. ¿O es que hay leyes vinculantes y leyes no vinculantes?

Yo creo que ha llegado el momento de dejar de hablar de este asunto, porque al final da la impresión de que se glorifica a quien busca sus cinco minutos de gloria. Es un hecho que la ley anti-tabaco la cumple la mayoría de la gente. Creo, porque nadie ha informado de lo contrario y todos los sectores profesionales son muy dados a quejarse cuando las cosas les van mal y no cuando se están enriqueciendo, que los miedos de que la hostelería se iba a resentir eran falsos (yo, desde luego, no he visto menos gente en locales en los que hace sólo un par de meses me ahogaba con el humo). Creo que la amplísima mayoría de los fumadores ha entendido la nueva situación y, como hacemos todos en cada ocasión, ha buscado fórmulas para hacer de forma legal lo que realmente quiere hacer, porque el que quiere fumar puede seguir haciéndolo. Y creo que el día que dejemos de hablar de estas cosas con la singularidad que le estamos dando ahora, tipos como José Eugenio Arias-Camisón dejarán de salir en los medios.

lunes, abril 19, 2010

Unas bromas de cine en el cómic

Hace ya algunos años, Marvel decidió reinventar su universo, crear unas nuevas y actualizadas versiones de sus héroes. Así nació el universo Ultimate, nombrecito que serviría también para rebautizar a los Vengadores como los Ultimates. En el número cuatro de su serie, The Ultimates, sus creadores, Mark Millar a los guiones y Brian Hitch al dibujo, introdujeron unas cuantas alusiones cinematográficas, bromas privadas y conversaciones que cualquier friki del mundo podría tener. Me encantan estos pequeños detalles y guiños, cosas que al final enriquecen mucho la lectura de un cómic de aventuras superheróicas.

Hulk es aquí una bestia gris (como en los primeros números allás por los años 60) y no verde, como casi todo el mundo conoce al personaje. Se cabrea cada vez que ve a su ex novia, Betty, queda con otro hombre. Y resulta que el tipo con el que sale en este número es Freddie Pinze Junior, protagonista de Scooby-Doo. Resulta que Freddie, cuyo rostro no aparece en el cómic porque no dio tiempo a conseguir su autorización antes de que se publicara, está casado en la vida real con Sarah Michelle Gellar, protagonista de la serie Buffy, cazavampiros. Dicha serie la creó Joss Whedon, quien, además de ser el probable director de la adaptación cinematográfica de Los Vengadores (prevista para 2012), pensó que sería un regalo ideal para la pareja la viñeta original en la que Hulk grita que quiere matar a Freddie Prinze Junior. Una forma cualquier otra de decir "tío, que suerte tienes de casarte con ella".

En otro momento de dicho número, los héroes se ponen a hablar sobre una posible película con ellos como protagonistas. Pero fallan en casi todas sus premoniciones sobre las adaptaciones que se hicieron después de la publicación del cómic. Hablan de Brad Pitt como el Capitán América, cuando en realidad lo va a interpretar Chris Evans, el mismo que dio vida a la Antorcha Humana en Los 4 Fantásticos. Nick Furia está convencido de que el mejor actor para interpretar a Tony Stark, alias Iron Man, es Johnny Depp. Craso error el suyo, Robert Downey Jr. ha demostrado ser la elección perfecta. Hank Pym, el Hombre Gigante en esta versión de los héroes (Furia sugiere para él a Matthew McConnaughey), tiene al perfecto Bruce Banner, alias Hulk: Steve Buscemi. No tiene mala pinta, no, pero es alguien un poco alejado de los dos actores que le han dado vida ya en el cine, Eric Bana y Edward Norton.
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Pero sí aciertan en uno. El propio Furia tiene muy claro quien podría darle vida. "Mister Samuel L. Jackson, por supuesto. Eso ni siquiera está abierto a debate", dice. De hecho, ese actor fue el modelo que escogieron los creadores del universo Ultimate para el personaje. Y, no podía ser de otro modo, es el intérprete que puso cara y voz a Nick Furia en las películas en las que ya ha aparecido (las dos entregas de Iron Man y El increíble Hulk) y en las que harán en el futuro, incluída Los Vengadores. Por cierto que el original Nick Furia del cómic no era negro (pocos generales negros había en el ejército norteamericano en los años 60), ese fue uno de los cambios adoptados en el universo Ultimate.

La primera viñeta de ese número cuatro de The Ultimates es ésta. Tony Stark, en una de sus excentricidades, se monta una cita en el espacio con la actriz Shannon Elizabeth, a la que algunos la habrán visto en American Pie, American Pie 2 o Scream. El guionista confiesa que pensó en ella porque, al parecer, tanto Shannon como su novio son grandes aficionados al mundo del cómic. "En realidad, sólo esperábamos que fuera una buena excusa para conocerla en persona", explica Millar en el volumen recopilatorio de los 13 primeros números que se ha publicado en España. No es mala excusa para cenar un día con una actriz de Hollywood, no... Aunque tenga novio...

lunes, marzo 22, 2010

Star Wars in Concert

Pienso en los sueños que tenía de niño. Los sueños de niño, quiero decir, no los del adulto en que se convertiría ese niño. Cuando no existía Internet, cuando el DVD era pura ciencia ficción, cuando vivíamos con el VHS y el cassette, cuando los sueños imposibles parecían de verdad imposibles. Y me acuerdo de uno de esos sueños: ver a una orquesta tocar los temas de Star Wars, la prodigiosa e inolvidable música de John Williams. Un sueño hecho realidad el sábado por la noche. El espectáculo Star Wars in Concert llegó a Madrid para un único día de función. Y un gran amigo se acordó de este sueño. Quizá no sabía que era, en realidad, un sueño tan anhelado. Pero sabía que era un sueño, sabía lo mucho que iba a disfrutarlo. Cuando consiguió las entradas, hace ya meses, me dijo que no hiciera planes para el sábado pasado. No me dijo por qué. No hacía falta. Un sueño hecho realidad, sí.

Dirk Brossé dirigó a la Royal Philarmonic Concert Orchestra a lo largo de casi dos horas, separadas por un descanso de veinte minutos. No sé si se puede llegar a disfrutar en un espectáculo de cualquier tipo tanto como yo lo hice el sábado con éste. Y aún así, el fanático que llevo dentro, hecho de menos dos cosas. La primera, escuchar a un gran coro entonar alguna de las melodías como el Duel of the fates del Episodio I, La amenza fantasma. La segunda, que no apareciera el que, para mí, es el corte musical más hermoso de toda la saga, el que acompaña al duelo de sables de luz entre Luke y Darth Vader en el Episodio VI, El retorno del Jedi. Bueno, y faltó también la presencia del inigualable John Williams, un genio absoluto al que me hubiera encantado poder aplaudir en vivo. ¿Pero qué son estos pequeños inconvenientes al lado de dos horas de pura felicidad?

El espectáculo lo condujo Anthony Daniels, un actor que, dentro de la carcasa de C-3PO, ha aparecido en las seis películas de la saga. Sólo por él ya hubiera merecido la pena estar allí. Muy de agradecer ese pequeño detalle de ofrecer el saludo y la despedida en un forzado castellano. Muy divertidos los momentos en los que se metía de lleno en la piel del androide de protocolo más famoso de la galaxia (y que hicieron reír a todo el auditorio). Yo no paraba de pensar la suerte que tiene este hombre, la que tuvo cuando allá por los años 70 George Lucas decidió escogerle para dar vida a este personaje. Ahora es un emblema de lo que significa Star Wars. Y cómo se lo debe de pasar el tío en espectáculos como el del sábado, con el aplauso y el cariño de la gente.

Durante la primera mitad del espectáculo, me entró cierto miedo. Temía que la nueva trilogía ganara en minutos a la clásica. La música de las tres primeras películas es legendaria, maravillosa. Es Historia pura del cine, porque, además de su gran calidad, cambió la concepción de la música cinematográfica para siempre. Son temas que muchos llevamos en la cabeza y en el corazón desde hace décadas. La nueva trilogía tiene muy buena música, a ratos excepcional, pero en esto no hay color. Mi temor, en todo caso, era infundado. Fue una fusión magnífica de los temas de ambas trilogías, de los personajes de todas las películas, de las imágenes de toda una vida. Y todo contado en orden cronológico, pero de la cronología de la galaxia. Anakin primero fue un niño esclavo, después aprendiz y caballero Jedi y, finalmente y antes de su redención, Lord Sith. Y así nos lo fueron enseñando en el espectáculo.

Darth Vader es, para mí, el más grande villano de la ficción cinematográfica. Su tema musical, la Marcha Imperial, una gozada difícil de igualar. Estos cuatro minutos de este espectáculo forman ya parte de mis recuerdos más hermosos. Cuatro minutos con los que acabó la primera parte del espectáculo, un subidón de adrenalina, de recuerdos, de imágenes y de sonidos. Una maravilla. Cuando acabó, el pensamiento era lógico: con esto tiene que acabar el concierto. Y con eso acabó. La Marcha Imperial fue la respuesta de la maravillosa orquesta a una salva de aplausos de un público puesto en pie. Anthony Daniels nos pidió un momento de silencio y, con marcadísimo acento británico, nos preguntó. "¿otro?". Y otro nos dieron. Otra Marcha Imperial. Otro momento de gloria, aderezado además por el momento más divertido de la noche: un primer plano en la pantalla gigante de la artista que tocaba el triángulo. Un preciso y precioso toque, sólo uno. Qué maravilla.

Al maravilloso sonido del Palacio de los Deportes (tan maravilloso como absurdo el comportamiento de su departamento de prensa, que, al parecer, si no llegas de parte de un gran medio de comunicación, ni siquiera se digna a contestar a tus correos pidiendo información; y eso no sólo lo digo por no haber recibido respuesta a dos correos sobre este espectáculo, sino a otras experiencias que ya me han contado), hubo que añadir un buen espectáculo visual. La selección de las imágenes, muy buena, como no podía ser de otro modo. El tono de luz para cada pieza, magnígfico. Los haces de luz con los que comenzó la segunda mitad del concierto casi parecían sables de luz. Daban ganas de alargar la mano para cogerlos y seguir disfrutando de una experiencia única.

Al final, estuvo todo lo que tenía que estar. Los grandes temas de la trilogía original (Yoda, la Fuerza, Luke y Leia, la Marcha Imperial, el campo de asteroides de El Imperio contraataca, Leia, la cantina...). Todo, absolutamente todo. Incluso momentos de disfrute muy personal, como el prodigioso final de la música de la batalla de Endor, unos segundos que adoro. El aplauso fue genuino por parte de un público muy diverso. Había gente joven, había gente no tan joven ya, había adultos. Nuevos y viejos aficionados. Esa es la magia de Star Wars, que apela a gente de todas las edades y condiciones. Siempre he pensado que la mayor fuerza de esta saga es su poder para generar sueños, ilusiones y entretenimiento. Lo del sábado no fue más que una confirmación más de eso. Bueno, fue mucho más que eso. Fue un sueño hecho realidad, y hecho realidad en muy buena compañía. La Fuerza sigue siendo poderosa. Ya lo creo que sí.

No puedo terminar esta entrada sin referirme a este hombre, que rápidamente se convirtió en el ídolo de cuantos le rodeábamos. En la entrada para el evento aparece la siguiente advertencia: "Queda prohibido cualquier filmación, grabación o reproducción en el interior del recinto salvo autorización expresa del Organizador. Al efecto, se prohíbe la entrada de cámaras de fotos, vídeo y/o aparatos de grabación de cualquier tipo". Yo quería hacer fotos. Y llevé mi cámara pese a la advertencia. Metí el cuerpo de dicha cámara en el bolsillo de mi chaqueta y el objetivo en el bolsillo interior. Al entrar, una guardia de seguridad me preguntó qué llevaba en el bolsillo. "Una cámara", le contesté. "¿Qué tipo de cámara?". Ahí no supe qué decir y me dispuse a mostrársela para que saliera de dudas. Antes incluso de que asomara más que un lateral de la cámara, ya me dejó pasar. Me quedé con la duda de saber qué tipo de cámara no se podía pasar.
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En el interior, todo el mundo estaba haciendo fotos. Pero es que fue llegar al patio de butacas y conocimos a este hombre. Llegó solo, mochila al hombro y se sentó en nuestra fila de delante. Abrió su mochila. Sacó su cámara de vídeo. Sacó después un trípode. Colocó el trípode. Después la cámara sobre el trípode. Y una vez completó la operación, pulsó el botón "REC" y grabó la totalidad del concierto. Como decía, mi ídolo. Hasta tuvo tiempo de hacer alguna que otra fotografía con otra cámara mientras trabajaba su cámara de vídeo. Estuve tentado de pedirle una forma de contacto para que me pasara una copia. Pero no, en realidad no hace falta...

viernes, marzo 12, 2010

Superhéroes

Creo que puedo afirmar sin temor a equivocarme que este número 285 de Fantastic Four, publicado en Estados Unidos en diciembre de 1985, es el cómic que me hizo pensar que el cómic, y en concreto el cómic de superhéroes, podía ser mucho más que una colección de dibujos de personajes imaginarios de buen corazón luchando contra los malos. Entonces no había Internet y el proceso de traducción y edición hacía que la demora de la publicación de los cómics en España fuera mayor que ahora. No sé cuándo lo leí. Quizá en 1987. Con nueve años. Y recuerdo todavía la huella que dejó en mí.

Espero que os suene la Antorcha Humana. Os cuento quién es, de todos modos. Es un superhéroe, miembro de los 4 Fantásticos. Es un chico algo alocado, feliz, algo irresponsable. Es el más joven del grupo, o debería decir de la familia, porque de eso se trata con los 4 Fantásticos, de familia. Sus poderes, obvios: es capaz de cubrir todo su cuerpo con llamas, manipularlas, y hasta volar. En esta historia, una doctora le busca para llevarle al hospital. Quiere que vea a un niño que tiene a la Antorcha Humana como su ídolo. En el mundo real, los críos tienen como ídolos a actores, cantantes o deportistas. En un mundo lleno de superhéroes, ¿a quién vas a tener como ídolo?

El chaval se está muriendo porque quiso ser como su ídolo. Lleno de esa inconsciencia que a veces tienen los niños, pensó que rociando su cuerpo con gasolina y encendiendo una cerilla podía ser como su ídolo. A la Antorcha Humana le afecta. No, mejor aún. A Johnny Storm le afecta. Porque, además de superhéroe, Johnny es un ser humano. Y uno de los buenos. Piensa que si un niño ha llegado hasta ese punto para imitarle, quizá no merezca la pena seguir siendo la Antorcha Humana. No os voy a contar el final de la Historia. Quizá alguien tenga interés por saber cómo acaba y por qué.

Ese número, escrito y dibujado por el mejor John Byrne, uno de los artistas que mejor ha sabido entender a los 4 Fantásticos, me enseñó que un superhéroe es algo más que un traje vistoso, unos superpoderes atractivos o un mundo de fantasía. Esta historia me enseñó que el cómic es también literatura. Igual aquello no era Shakespeare, Cervantes o, qué mejor día para decirlo y así hacerle un homenaje, Delibes. Pero podía serlo. Podía ser que un cómic tocara aquello que llevamos dentro, apelara a la sensibilidad y al corazón tanto como a los sentidos y a la vista. Aquel cómic me abrió la puerta a un mundo nuevo, lleno de posibilidades y de arte. El superhéroe era mucho más de lo que me había imaginado hasta entonces.
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Si Vicente Molina Foix ya me demostró el año pasado lo osado que se puede ser dentro de la ignorancia, Fernando Trueba ha decidido seguir su ejemplo. Para criticar En tierra hostil, película que a mí no me gusta y que no tengo precisamente motivos para a defender, Trueba no ha tenido más ocurrencia que calificarla como una película "de superhéroes". Pero ahí no queda la cosa. Resulta que en una entrevista en La Vanguardia, Trueba nos apunta lo que para él es un superhéroe: "un imbécil vestido de forma estrafalaria, un fracaso de la ficción". Luego ahonda en su más que particular visión, la que le revela como un hombre ignorante de lo que habla. Y parece que a mucha honra.
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No es que no entienda o no quiera entender lo que es un superhéroe, algo que me parece de lo más legítimo. Es que disfruta despreciándolos. Hace de la ignorancia el camino, porque evidencia con sus palabras que no ha tenido experiencias con el mundo de los superhéroes, y del insulto la herramienta para expresar sus gustos. En la primera de las entrevistas que cito, Trueba lamentaba que la gente no tuviera un espíritu más crítico. Que bueno sería que gente así supiera aplicarse sus propios consejos.
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Ya sé que he caído en la trampa, que hablo de alguien que sólo buscaba que se hablara de él, como ya me pasó con Vicente Molina Foix. Pero espero que el ejemplo que he puesto para expresar que el cómic de superhéroes es mucho más de lo que piensa Fernando Trueba sirva para que la gente no cometa el error de seguir a este director de cine sin al menos haber visitado el mundo de los superhéroes.

viernes, febrero 26, 2010

De líderes de opinión y estadísticas varias

Mira que veo poco la televisión, pero justo he dado con los dos momentos cumbres de la historia catódica (aunque ahora ya habría que decir digital, que nos quedan poco más de diez días para el apagón analógico...) de la pasada semana. Por un lado, vi la exhibición de testosterona de John Cobra en el programa en el que se escogió la canción que representará a España en Eurovisión. Y de eso prefiero no hacer comentarios, vaya... Por otro, vi el momento dorado de MQB (siglas que ya no sé si representan Mira quien baila, Más que baile o Madre, qué barbaridad). Este segundo ha pasado desapercibido, aunque a mí me ha llamado más la atención. Boris Izaguirre, excelso miembro del jurado de este programa, al calificar el baile de Belén Esteban, dijo de ella que es "una líder de opinión" de la que esperamos que todo lo haga bien. Una líder de opinión, me repito a mí mismo. Ya lo de "la voz del pueblo" me sonaba duro. Líder de opinión. Ahí ya me quedé sin aliento.

Y, claro, uno se pone a pensar en esto de los líderes de opinión. ¿Qué hace falta para convertirse en ello? ¿Qué obligaciones trae consigo para quien adquiere semejenate título? ¿Quién tiene la legítima potestad de nombrar a una persona como tal? No es que yo quiera serlo, no. No creo siquiera que las 48.786 visitas que ha recibido este blog desde noviembre de 2006 me califiquen en un puesto remótamente cercano al de un líder de opinión. Pero me pregunto cuándo una persona deja de ser un personaje público para ser un líder de opinión. Y visto que esta etiqueta sólo parecen dársela a quien grita mucho, a quien crispa más, a quien divide a las masas entre partidarios y detractores, casi mejor que paso de los líderes de opinión, que no he encontrado yo todavía a nadie que me haga seguirle de forma ciega en casi todo lo que diga.
Con esto de los líderes, no obstante, me he puesto a pensar en estadísticas que, si bien no guardan relación directa con este asunto, sí que me las tomo como argumentos de autoridad, como baremos que miden quién puede decir algo con criterio sobre la materia de la que hablemos. Así, me he acordado de una entrevista que vi hace ya algunos años con un director de cine al que no trago demasiado y al que no voy a mencionar por si acaso mi memoria es traicionera en los detalles de esta anécdota (como hace tanto de aquello, Google no ha podido ayudarme). Él, que presume de ser muy culto, comentó en aquella entrevista que había visto mucho cine a lo largo de su vida. Nada menos que 3.000 películas. Aquel día me picó la curiosidad y me pregunté cuántas había podido ver yo a lo largo de mi vida. Y nada más preguntármelo, estaba ya haciendo una lista para solucionar mi duda.
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Tomando como base mi videoteca de entonces y algún que otro libro enciclopédico sobre cine, comenzó la ingente tarea que llegó a buen puerto, para mi sorpresa, con bastante rapidez. Desde entonces, guardo un documento en mi ordenador al que voy añadiendo religiosamente cada título que veo. Contando con la que he visto antes de ponerme a escribir aquí, acumulo 1.914 películas (si esto fuera el Un, dos, tres y ahora una azafata multiplicara, seguro que me llevaba un buen pellizco económico...). Teniendo en cuenta que cuando ese director que pronunció esa frase ya me sacaba algo menos de tres décadas de vida y que yo no me dedico profesionalmente a esto del cine, tengo que confesar que estoy muy contento con mi cifra. Cifra, por cierto, que no incluye las repeticiones. Porque si tengo que contar las veces que he visto, por ejemplo, Star Wars, es posible hasta que supere ya a este prestigioso cineasta.

Esta portada de Mundo Deportivo, en su edición guipuzcoana, aporta la segunda estadística. Este caballero, del que desconozco la edad, pero que también aparenta bastantes años más que los que yo tengo, hará este fin de semana su viaje 193 para seguir a la Real. Me quito el sombrero ante él, porque tengo la misma visión sobre esta afición y porque hay mucho realista (y seguidor de otro equipo) de boquilla que no tiene estos desvelos por sus colores. Y he pensado lo mismo, cuántos viajes habré hecho yo ya para seguir a este mi equipo de fútbol. Como conservo estadísticas muy precisas y como el número es bastante inferior al de las películas que he visto, confieso que elaborar esta lista no me ha llevado más que diez minutos de mi tiempo.
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Viajo para ver a la Real desde el año 1997 (hay que añadir unos pocos viajes más realizados en familia antes de esa fecha), y desde entonces he cogido un tren o un autocar en 47 ocasiones. En ellos cuento, obviamente y a pesar de que ahí la Real juega como local, los viajes a San Sebastián (29), que para mí son largos y costosos pero terriblemente placenteros. He pasado por otras doce localidades españolas, por algunas en dos ocasiones, desde Vigo a Valencia, pasando por Sevilla, Barcelona, Zaragoza, Salamanca o el pequeño Almendralejo. El récord lo tengo en la temporada 2007-2008, la de nuestro regreso a la Segunda División, en la que me hice nada menos que diez desplazamientos. Sería para mitigar el sufrimiento... En Madrid, además, he visto en directo, dentro de un campo (ya sea Bernabéu, Calderón, Vallecas o Getafe), otros 34 partidos. No me quejo tampoco de esta cifra, porque mi intención sigue siendo la de recorrer todo el país viendo a la Real y, por descontado, visitar todas las temporadas mi San Sebastián natal.
No soy un líder de opinión en nada, pero cómo pasa el tiempo y qué experiencia me va dando ya...

miércoles, febrero 17, 2010

"No mereces tanta suerte..."

"- Supongo que no va a estrangular a un hombre esposado...

- No mereces tanta suerte, morirías demasiado pronto. Conozco a un viejo al que le gustaría darte una muerte lenta, a la manera de los indios. También yo te haré morir, lentamente, pero a la manera de los blancos. Primero, el juicio. Eso lleva tiempo y van a hacerte sufrir. Luego, la sentencia. Nunca vi a nadie que no palideciera al oír una sentencia como la que a ti te corresponderá. Después te llevarán a una celda donde pasarás tal vez meses con la angustia de saber lo que te aguarda. Y una fría mañana irán a buscarte, poco antes del amanecer. Te atarán los brazos a la espalda. Temblando de miedo, gritarás pidiendo ayuda. Pero no te servirá de nada. Te llevarán a rastras hasta el patio, te harán subir al patíbulo, te pondrán una cuerda alrededor del cuello, un capuchón negro para taparte los ojos y te dejarán solo. ¿Sabes lo último que oirás? La sacudida de tu cuerpo al caer por el hueco cuando abran la escotilla. Quedarás colgado de la cuerda como un saco de patatas, sin punto de apoyo. Notarás un fuego horrible abrasándote el cuello y cómo se te rompe la nuez. Pugnarás por respirar. Pero todo será en vano. Empezarás a debatirte furiosamente, pretendiendo chillar. Y no te oirá nadie. Sólo tú podrás oírte, pero nadie más. Luego quedarás balanceándote, muerto."

El último tren de Gun Hill (John Sturges)

Si a mí Kirk Douglas me dice eso, con esa mirada, me muero de miedo. Qué grande es el Hollywood clásico...

viernes, octubre 23, 2009

"Diversión inofensiva"

Éstas son tres viñetas del número cuatro de la serie de Power Girl que está editando ahora mismo DC Comics. La heroína (la rubia), en su identidad civil secreta, va al cine con una amiga menor de edad (la morena). A la salida, mantienen este diálogo.

"- No me ha gustado. Para nada. Era muy sangrienta y violenta, y había chicas desnudas por ahí corriendo. ¿Por qué no escogiste una peli romántica?
- Me encantan las pelis de terror, especialmente las pelis de terror más duras, no las que edulcoran para la audiencia adolescente.
- ¿Ésa era edulcorada?
- Sí, no puedo llevarte a una peli que tenga la calificación "R"... Bueno, sí podría pero he preferido no hacerlo.
- Me alegro. Creo que cosas como esa sólo animan a las personas a comportarse de forma violenta las unas con las otras.
- Creo que piensas demasiado. Todo era falso y diversión inofensiva... Te lo he dicho, miembros de goma y jarabe como sangre".

En España le acaban de dar la calificación "X" a la sexta entrega de Saw. "X" es más restrictiva que la "R" americana, ya que impide que se exhiba la película así calificada en salas convencionales. Vi la primera película de Saw hace ya algunos años y no me gustó, pero no precisamente por su violencia. Sobra decir que no he visto las cuatro siguientes entregas y que Saw VI no estaba en mis planes tampoco. Pero de ahí a entender que se le dé la calificación "X" va un trecho largo. No lo entiendo porque no soy capaz de entender esa clase encubierta de censura, la misma por la que tardaron décadas en ver El exorcista en el Reino Unido. La que trata al espectador como si fuera un autómata que va a repetir en la vida real lo peor de lo que ve en la pantalla.

Se entiende de la prohibición que Saw VI hace apología de la violencia. ¿Las cinco anteriores entregas no la hacían? ¿Qué ha cambiado desde el estreno de las anteriores además de la ministra de Cultura y el director del Instituto de Cine? Si se entiende que en Saw VI se hace apología de la violencia, ¿no sería lo mismo en otras películas de psicópatas y asesinos en serie? ¿Tarantino no hace apología de la violencia en sus películas? ¿Qué tiene de diferente Estados Unidos para que entiendan estas películas como "diversión inofensiva", como se dice en los bocadillos de estas viñetas, y pongan su fe, más que en la restricción absoluta, en el sistema de calificación y en la inteligencia del personal para ver o no ver aquello que uno quiera (o que los padres decidan)?

Al organismo encargado de calificar las películas para su exhibición en España, el Instituto de Cine, dependiente del Ministerio de Cultura, habría que recordarle un par de detalles interesantes. Dicen que la gente no va al cine. Pues a los 800.000 espectadores que ha tenido de media esa saga en España les han privado de su opción preferida para este fin de semana... con lo que muchos se la terminarán descargando de Internet (y lo llamarán piratería). Dicen que la industria del cine (y espero que con eso no sólo se refieran a las películas españolas, sino a todo el conjunto de distribuidoras y exhibidores) está en peligro. Pues le acaban de cercenar cuatro millones de euros de recaudación que podría haber conseguido esta película.

Y para terminar de rematar la jugada maestra del Ministerio, resulta que tienen un mes para estudiar el recurso que ha presentado la distribuidora. Un mes. A Clint Eastwood, con lo rápido que trabaja, casi le daría tiempo en ese mes a rodar otra película para estrenarla en lugar de Saw VI. ¿Quién tiene que estudiar ese recurso? ¿A qué va a dedicar esa o esas personas el próximo mes de su vida laboral? ¿De verdad que no van a tener tiempo de estudiar el recurso? ¿Se creen que somos idiotas? Vale, obviad esa última pregunta, sí creen que somos idiotas. Y bienvenidos al maravilloso entremado burocrático que hace la vida un poco más difícil a todo el mundo.