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lunes, diciembre 02, 2013

Premio Liebster

No me dan los días y tengo abandonado Un mundo peculiar. Tenía que pasar con una agenda tan repleta como la mía, pero en el fondo no quiero. Así que aprovecho la excusa que me da Doctora (de El día de la espectadora y Paso de Twitter) para quitar las telarañas que había ya por aquí. Esta amiga bloggera, a la que he venido siguiendo desde hace ya algunos años y por varios blogs anterior a los dos que tiene ahora y a la que deberíais leer si queréis reíros un rato, me da el Premio Liebster, que se supone que sirve para dar a conocer nuevos blogs. Como tengo esa faceta de búsqueda, lectura y seguimiento algo abandonada, me voy a saltar la tercera de las normas del premio, la de nominar, pero sí voy a plantear esas once nuevas preguntas para que quien quiera pueda hacerlo en sus blogs o en los comentarios.

Las normas, como decía, son éstas:
1. Nombrar, agradecer y seguir al blog que te nominó.
2. Responder a las once preguntas que te han planteado.
3. Nominar a 11 blogs con menos de 100 seguidores y dárselo a conocer.
4. Plantear 11 nuevas preguntas.

Y las preguntas que plantea Doctora, con sus correspondientes respuestas son las siguientes:

1. Si tuvieras que cambiarle el nombre a tu blog, ¿cuál le pondrías?
Puf, pues la verdad es que ni la más remota idea. Lo de poner nombres se me da fatal. Me cuesta mucho y le doy incontables vueltas para al final ni siquiera acabar satisfecho con lo que elijo. Por eso todos mis blogs tienen nombres a los que no termino de verles la gracia, no me parecen redondos ni tan carismáticos como tendrían que ser, pero como son míos les acabo cogiendo cariño. De verdad que ni idea. Así que me seguiré quedando con Un mundo peculiar sólo por no tener que volver a pensarlo.

2. Conoces a tu pareja ideal, te enamoras y el sentimiento es mutuo, pero de pronto un día te dice que en su opinión todos los que escriben blogs son unos gilipollas, ¿qué haces?
Pues, con todo el cariño del mundo, reírme de ella primero y, espero, con ella después. Porque dado que mi identidad bloggera es pública, firmo con mi nombre y apellidos reales y le dedico tanto tiempo a esta tarea, me resultaría imposible que mi pareja ideal no supiera de la existencia de este y mis otros rincones de la blogsfera. Ahora, si me dices que no tiene ni idea y que cree de verdad que todos somos gilipollas... no sé yo si sería mi pareja ideal, ¿no?

3. Entre no volver a escribir un blog nunca o no volver a tener sexo oral nunca, ¿qué elegirías?
Pues como servidor se tiene por un caballero y no habla de ciertas cosas, voy a esquivar muy sutilmente la pregunta. Lo único que se me ocurre decir, para que cada cual interprete y haga las elucubraciones que quiera (que alguien me enseñó una vez que eso del misterio tiene su gracia), sólo diría que la necesidad de escribir nace antes que la del sexo oral y a día de hoy estoy bastante seguro de que también muere después (si es que llega a morir alguna vez).

4. A partir del mes que viene la única forma de escribir un blog es pagar una mensualidad, ¿cuánto es el máximo que estarías dispuesto a pagar?
A día de hoy, cero. La gracia de los blogs está precisamente en su accesibilidad. Y ya hay opciones de pago para quien quiere sacar más de este mundo. Pero puestos a pagar por un blog, para eso prefiero comprar un dominio y montar una página web a lo grande.

5. Aparece un nuevo comentarista en tu blog, parece muy majo y educado, pero acaba todos sus comentarios diciente "Viva España, viva el rey, viva el orden y la ley", ¿qué haces?
Investigo, voy a su blog o busco otros comentarios suyos, veo si es una coña hacia mí, hacia el mundo entero, o si va en serio. Y si va en serio, me preocupo levemente, porque realmente no sé qué ve una persona en mi blog para pensar que ese comentario puede ser adecuado. Pero todo de forma discreta, porque cada cual es muy libre de pensar y/o escribir lo que quiera. Es una de las cosas más bonitas de la libertad. Y no por no estar de acuerdo le voy a impedir escribir a nadie nada mientras lo haga con respeto hacia los demás.

6. Si tu blog empezase a hablarte, ¿irías al psiquiatra o lo aceptarías como un amigo más?
He tenido amigos, y sobre todo conocidos, mucho más raros que mi blog, que cualquier de mis blogs en realidad. Así que lo aceptaría como un amigo. ¿Al psiquiatra? Si no he ido a preguntarle si soy yo el loco viendo lo que han hecho algunas personas a mi alrededor, no voy a ir por algo tan sencillo como que mi blog se ponga a hablar...

7. Se planta en tu casa un inspector de hacienda y te pregunta si tienes un blog, ¿le dices la verdad o lo niegas para quitarte de líos?
Si se planta en mi casa un inspector de hacienda no creo que venga a saludarme, a felicitarme por mi trabajo o por cualquier otro motivo lúdico-festivo. Con lo cual, y con toda la educación del mundo, le preguntaría que por qué motivo le importa algo que está fuera de sus competencias. ¿O acaso este maravilloso gobierno liberal que tenemos ya ha legislado sobre esto también para acabar con otro espacio de libertad más en su triste legislatura de expolios y recortes sin fin?

8. Descubres que tu blogero favorito es en realidad Ana Botella, ¿qué haces?
Lo del psiquiatra de la pregunta 6 sería una opción más que probable. Seguir a Ana Botella sin saber que es ella es motivo indudable para ir a una revisión psicológica, psiquiátrica e incluso espiritual. Una persona tan mediocre no tendría que ser capaz de esconder ni uno solo de sus defectos con una personalidad bloggera secreta. Y si lo intentara y me lo tragara, me sentiría realmente mal conmigo mismo.

9. ¿Si te pagasen 20.000 euros te tatuarías el símbolo de Blogger en el cuello?
No me gustan nada los tatuajes, no me gustan nada las iniciativas publicitarias desesperadas, no me gusta poner precio a las acciones humanas. Así que creo que la respuesta sólo puede ser no.

10. De pronto un día se te aparece la Virgen María, te mira fijamente, te dice "Tu blog es una mierda, colega" y desaparece sin más, ¿qué haces?
Una entrada sobre esa aparición. Porque como ha desaparecido sin más no me ha dado tiempo a decirle que las opiniones son libres y que si cree que mi blog es una mierda lo mejor que puede hacer es dejar de leerlo. Anda que no hay blogs como para perder el tiempo en uno que no se disfruta leyendo, ¿no?

11. Crees que en la blogsfera hay demasiados blogs que hablan sobre...
Nunca hay demasiados blogs sobre nada. Que haya oferta, que haya siempre gente dispuesta a compartir sus ideas, sus pensamientos, sus reflexiones y hasta sus idas de olla, me parece algo terriblemente positivo.

Y vamos con las once preguntas que tengo que plantear, y que entiendo que han que tener alguna relación directa o indirecta con esto de los blogs...
1. ¿Por qué decidiste que tu identidad como bloggero fuera pública o secreta?
2. ¿A quién no le has contado que tienes un blog y te sientes terriblemente culpable por no hacerlo?
3. ¿De qué iba esa entrada que has escrito y no te atreviste a publicar? ¿La tienes todavía en borradores o la borraste para siempre?
4. Te llaman por teléfono para decirte que tu blog les encanta y que están dispuestos a comprártelo. ¿Qué precio le pondrías?
5. Tienes ganas de abrir otro blog. ¿Sobre qué quieres escribir en él?
6. ¿Crees que un blog personal es una forma de desahogo, una forma de encontrar gente afín o ninguna de las dos cosas?
7. ¿Te ha salido mal alguna experiencia de desvirtualizar a un bloggero y conocerle en el mundo real?
8. ¿En qué has cambiado desde que escribiste la primera entrada en tu blog hasta el día en el que has escrito la última?
9. ¿Qué crees que tendría que pasarte para que cerraras tu blog y nunca más volvieras a escribir en él?
10. ¿Qué gadget/herramienta/contenido/tontería añadirías a tu blog que no has podido añadir hasta ahora por la razón que sea?
11. Y para acabar de forma positiva, ¿qué es lo mejor que te ha pasado gracias a tu blog?

Como decía, quien quiera contestar, que se sienta libre de hacerlo.

miércoles, agosto 28, 2013

Cómic para todos

No sé si mucha gente mira en la columna de la derecha, pero ahí tengo un enlace a Suite 101, una página en la que subía artículos principalmente sobre cómic. Pues bien, Suite 101, al menos en su versión en español, decidió de buenas a primeras que no aceptaba más artículos y armó un pequeño follón informático, con lo que se acabó la colaboración. ¿Y qué hace un culo inquieto como el mío cuando le dicen que una puerta está cerrada? Fácil, abrir otra. En este caso, un nuevo blog sobre el noveno arte (cómo me gusta referirme al cómic como el noveno arte, sí...). Así nace Cómic para todos. ¿Y qué es Cómic para todos? Pues un sitio en el que habrá reseñas y artículos sobre cómic y sobre lo que tenga que ver con el mundo de las viñetas, textos siempre propios, nada de notas de prensa. También entrevistas. Y sorteos, porque de alguna forma hay que premiar la fidelidad (ya he organizado uno y dentro de nada, ya en septiembre, voy a subir otro). Eso que hay aquí arriba es el logo. Dentro de mi modestia, no va mal la cosa, ya he convencido a 151 personas en Twitter, otras tantas en Facebook y en poco más de un mes casi 1.800 veces alguien ha entrado en la página

En Cómic para todos actúo de hombre orquesta. Lo hago todo. Leo y veo todo aquello sobre lo que escribo. Consigo y corrijo las entrevistas. Gestiono los sorteos. Creo que ya ha pasado la etapa de depender de gente que no conozco. Y es un proyecto sin ánimo de lucro. En otras palabras, no gano un euro con este trabajo. Ni uno. Claro que me gustaría ser millonario escribiendo sobre cómic, pero sé en qué mundo vivo. ¿Y sabéis qué? No me importa. Porque es mi rincón. Y porque lo único que pretendo con él, por mucho trabajo que me dé (y os aseguro que me lo da), es promocionar el cómic. Adoro este arte, esta industria, este entretenimiento. Llamadlo como queráis. Pero el caso es que lo adoro. Me pierdo entre viñetas y me pongo a soñar, y me gusta compartir esas sensaciones. Me gusta hablar de cómic y de todo lo que le rodea. Porque en Cómic para todos sacaré hueco para los libros, las películas, las series, los fan films basados en personajes de la historieta. Cualquier cosa que se me ocurra. ¿He dicho ya que hay sorteos? Que eso suele atraer visitas en otros sitios... Y subo tres entradas cada día. Variadas, con títulos de distintas editoriales, metiendo siempre que puedo alguna adaptación a otro medio. Los viernes, cine, por supuesto.

Sé que los amantes del cómic somos una honrosa minoría en este país, que hay páginas web en España con más gente dedicada a crear un contenido interesante sobre la materia y que tengo el problema de partir prácticamente de cero en un mundo cerrado. Pero me sigue dando igual. Cómic para todos viene a ser mi grito de reivindicación, mi deseo de pediros que leáis con el mismo espíritu con el que devoráis libros, que busquéis vuestros títulos (o que me preguntéis, que yo encantado de ayudar) e incluso vuestros superhéroes. Porque, sí, se puede encontrar un superhéroe aunque sea un género que no le guste a priori a todo el mundo. Eso es Cómic para todos. Y esta entrada es una humilde petición de ayuda. Necesito visitas, seguidores, lectores y amigos. Me gustaría que entrarais en el blog, que le dierais al Me gusta en Facebook, que me sigáis en Twitter. Sobre todo me gustaría que lo hicierais porque os interesa algo de lo que escribo. O por ver si consigo despertar vuestra curiosidad por el cómic. Quién sabe. Igual os convierto en lectores habituales. ¿Os venís? Porque, no sé si lo había dicho, el cómic es para todos.

domingo, agosto 11, 2013

Otra de premios con cuestionario

Si es gratis, ponme dos es el blog de Celia. Hace unos días dejó uno de esos diabólicos cuestionarios que en el fondo tanto me gusta contestar, por simples que sean, y me atrapó con un sencillo chantaje emocional, al recomendar La Sala de Cine, otro de mis blogs que dedico, obviamente, al séptimo arte. Y en realidad yo debería estar hablando de lo que se ha dejado de hablar de Barcenas, de las mentiras demostradas del presidente del Gobierno, de lo lamentable que es todo el follón que se ha montado con Gibraltar o, qué demonios, de que un ministro veranee por segundo año consecutivo en un hotel ilegal cuando el año pasado se lo dijeron y se excuso en que no suele pedir las licencias de los hoteles que visita. Pero hoy vamos a pasar un rato del pataleo y vamos a dar las gracias a Celia haciendo este cuestionario adjunto a su Premio al Feedback por contestar los comentarios, algo que siempre intento hacer cuando subo la siguiente entrada. Vamos allá...

1. ¿Hay algún libro que no seas capaz de terminar?
Tengo cierta cabezonería para los libros, como para las películas, y me cuesta muchísimo abandonar alguno cuando ya lo he empezado. Siempre recordaré uno al que me siento obligado a darle una segunda oportunidad algún día, A sangre fría, de Truman Capote. La culpa la tiene la intensa manía que le cogí al profesor que nos mandó leerla en la universidad, el típico que presume de pillar a quien no se lee los libros que manda y que luego pone sobresalientes a compañeros que no se los leen. No sé si leer las dos primeras páginas de El péndulo de Foucault, de Umberto Eco, cuenta como libro que he sido capaz de terminar, pero no pasé de ahí...


2. ¿Cuál es tu género literario favorito? La verdad es que en cuanto a novela suelo leer casi de todo, tanto me da que sea un buen drama, una muestra de género negro, ciencia ficción, aventura, histórica... Y en no ficción sí que me suelo decantar ya por temas que me atraigan. Últimamente, y por necesidades del guión, estoy leyendo muchísimo ensayo sobre cómic, cine o televisión.

3. ¿Cuál es tu novela favoritísima del mundo mundial? Pues creo que no me atrevería a decir un título... No soy de los que suelen releer libros, y son muchos los que me han causado impacto. Pero para que no se diga, voy a citar uno poco habitual, o eso creo, en este tipo de preguntas: La tregua, de Mario Benedetti.

4. ¿Y esa peli que no te cansas de ver? Docenas. Desde las que figuran en cualquier lista de las mejores de la historia del cine hasta las mayores frikadas. Lo fácil sería citar cualquiera de Star Wars, pero ahora me es inevitable citar Cantando bajo la lluvia, la película que mejor buen rollo transmite de toda la vida. No sé cuántas veces me habrá emocionado ver a Gene Kelly bailando en la calle o cuántas veces me habrán enamorado las lágrimas de Debbie Reynolds.


5. ¿Por qué te hiciste un blog? Después de una larga etapa en un medio de comunicación grande, era para mí la mejor manera de poder escribir lo que quería, cuando quisiera y de la forma en que considerara correcta. Mis blogs empezaron siendo muy periodísticos, aunque este es el que, aunque poco, ha ido incluyendo más temas personales como esta entrada.


6. ¿Cuál es tu novela distópica favorita? Ahí, con un espacio tan acotado, tengo dudas. Me podría que dar con 1984, de George Orwell, o con Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. Ambas me parecen maravillosas y con unos mundos tan opresivos que duelen.

7. ¿Verano o invierno? Invierno. Sin ninguna duda. Para mí, pasar de 30 grados equivale a estar sufriendo por el calor. El sol es para mí como la kryptonita. Dadme una temperatura baja y una manta, que sobrevivo a lo que sea.

8. ¿Te gusta la lluvia? Mezclada con viento, no, porque hay pocas sensaciones que me resulten más odiosas que la imposible pelea por gobernar un paraguas sin que se tuerza o se rompa. Pero cada vez me gusta más una buena tarde de lluvia. No soy de los que se entristecen con los cielos grises.

9. Tus mejores vacaciones: Voy a soltar el topicazo del siglo: están por llegar. Y si son dos semanas en Nueva York en la mejor compañía posible, tienen todas las papeletas de convertirse en las mejores y que nada pueda desbancarlas. Buenos viajes, unos cuantos, pero vacaciones tal y como las suele entender la mayoría de la gente, una semana o dos fuera de casa, no he hecho demasiados. Salvo a sitios especiales, me gusta más ir poco tiempo a un sitio y disfrutarlo a tope, sin llegar a cansarme.

10. Dulce o salado: No tengo mal paladar, así que no le hago ascos a ninguno de los dos conceptos. Pero soy goloso, sí.

11. Escritor favorito: Me pasa como con los libros favoritos, pero aquí con más motivo. La falta de tiempo con tantos escritores que descubrir y títulos que leer hace que no haya caído en mis manos tanto de alguno en concreto como para darle esa calificación sin dudas.


No hay normas, así que quien quiera recoger el cuestionario que se sienta libre de hacerlo. Yo, encantado de leerlo en otros sitios...

jueves, junio 27, 2013

Ser crítico de cine

Después de la anterior entrada, en la que me quejaba de los inconvenientes que uno se puede encontrar en un photocall, y aún a riesgo de parecer que el mundo de la información está lleno de crápulas, toca habla del crítico de cine. Vaya por delante la advertencia: en este mundo, como en cualquier otro, hay profesionales como la copa de un pino. No pretendo aquí demonizar una profesión, censurar a unos compañeros trabajadores (cobren o no por ello, que a mí eso me da igual), ni generalizar hacia lo negativo la experiencia. Y es que ser crítico de cine mola y está lleno de ventajas. Cine gratis, pensarán algunos. Y sí, es cierto, el crítico de cine no paga por ver las películas que después evalúa. ¿Soy crítico de cine por no pagar? En absoluto. Llevo ya casi siete años escribiendo sobre cine en mi blog, La Sala de Cine, y de vez en cuando también lo hago en Suite 101 y lo hago porque no entiendo mi vida sin el séptimo arte. Desde crío ha sido parte de mi experiencia vital. Idolatro la sensación de sentarme en una sala y ver una película.

Por eso no doy crédito al comportamiento de algunas personas que se dedican a lo mismo que yo, algunos de ellos incluso ganando un buen dinero por ello. Insisto, va en las siguientes líneas lo peor del gremio. Porque ¿de qué otra forma puedo calificar a alguien que va a los pases de prensa a dormir? Si nos ponemos a bromear, me diréis que seguro que la película era malísima. Pero, claro, viene a darme un poco igual la calidad de la película que estemos viendo. Dormirse no es una opción aquí, como no lo es en cualquier trabajo. ¿Cómo me vas a contar qué puedo esperar de un filme si no lo has visto en su totalidad? Dado que desconozco la vida, los esfuerzos y las circunstancias de la gente que me rodea en un pase, puedo llegar a entender un caso puntual. Pasa a ser algo inexcusable cuando se repite o cuando incluso se bromea sobre esa posibilidad antes de un pase con otro compañero ("si ronco puedes darme un codazo"; y sí, ronca y bien alto) y de que se haga realidad, claro.

Pongamos un pase cualquiera, que podría haber sido hoy, hace dos días o la semana pasada. Hasta cinco compañeros han entrado tarde en la película. Una de ellos... una hora tarde. Siempre he entendido la puntualidad como algo esencial y este caso, obviamente, no es una excepción. Al contrario, me parece un requisito. Sé que no sucederá nunca, pero soy un firme defensor de que el cine cierre sus puertas en el momento en que empiece la proyección y nadie pueda entrar. ¿Pero una hora tarde? ¿Para qué entras entonces si ya te has perdido la mitad de la película que venías a ver? Igual pensaba que ver un ratito basta para hacer una crítica. Al menos al entrar en la sala esta compañera decidió agacharse al cruzar la pantalla. Y lo digo porque alguno de los otros cuatro no lo hizo. ¿Que molesta a los demás? Pues no nos queda más remedio que aguantarnos.

Uno tiende a pensar que un pase de prensa tiene que ser diferente de una proyección usual. Que tiene que haber un respeto mayor entre la audiencia precisamente por el hecho de esta trabajando. Suele darse, sí, pero por ejemplo los móviles son tan enemigos del disfrute de un pase de prensa como lo es en una visita cualquier al cine. Lo raro sigue siendo el pase en el que no suene uno. Y lo siento pero me sigue asombrando. Me asombra esa falta de respeto de la gente en general, pero mucho más de profesionales. La explicación benevolente es que son llamadas que tienen que atender estén donde estén. De trabajo, de familia, de lo que sea... Perfecto, eso lo entiendo. ¿Pero tan difícil es hacerlo de una forma en la que no moleste a nadie más? Llamadme sibarita si queréis pero, al margen de no silenciarlo, cuando tengo la atención puesta en la película me parece una molestia más que evitable estar viendo la pantalla del teléfono a quien se sienta a mi lado o en la fila anterior. Por desgracia, el hecho de ser profesionales no altera esa conducta en muchas personas.

En vista de que el spoiler se ha puesto a la orden del día y forma parte del trabajo cotidiano (de eso ya me quejé aquí; qué le vamos a hacer, estoy últimamente muy quejica...), suelo ir a los pases de prensa con la menor información posible, la imprescindible para poder hacer bien mi trabajo. En ocasiones, hay compañeros que ni eso y no deja de sorprenderme. Una muestra con títulos: Monstruos University. La película tiene una broma final después de los títulos de crédito. Forma parte de nuestro trabajo saber que Pixar suele incluir guiños durante o al final de los créditos de sus películas. No era, por tanto, algo inesperado. Pues bien, de todos los periodistas presentes en el pase en el que yo estuve sólo dos nos quedamos a verla. Recuerdo una desbandada parecida cuando vimos Capitán América, película en la que era algo más que previsible que hubiera una escena al final, como la hay en todas las películas que forman parte de la producción de Marvel Studios que desembocó en Los Vengadores. Aquel día la mitad de la sala también se la perdió.

Claro que podría ser peor. Pongamos que en una película cualquiera, sin poner su título ni ubicar la fecha de su pase precisamente para no caer en la trampa del spoiler de la que me quejaba, acontece la muerte de uno de los personajes principales. Ya sabéis, una de esas escenas clásicas en las que el héroe caído consigue despedirse de su amigo/amada/alumno/mentor con un enorme dramatismo. Ahora pongamos que eres un crítico conocido. No de esos cuyo todo el nombre conoce (de los que hay pocos, la verdad), pero sí con un currículum largo en medios importantes. Pongamos ahora que ese crítico se marcha de la sala instantes antes de esa escena y vuelve a aparecer en su interior apenas unos segundos después. Poco tiempo pero suficiente para perderse la escena en cuestión. ¿Qué clase de crítica escribirá ese afamado crítico sobre la película si le falta semejante instante para poder evaluarla? Supongo que la respuesta es que da igual. La moraleja es que viene a ser imprescindible ver toda la película para poder evaluarla, ¿no?

Lo dicho, estoy en plan quejica. Pero como valoro la profesión son cuestiones que de vez en cuando no viene mal soltar.

sábado, abril 06, 2013

Entradas populares

Si es que no se puede estar en todos los sitios y tengo Un Mundo Peculiar algo abandonado. Mea culpa, indudablemente, aunque hay explicaciones en las que tampoco voy a entrar para no aburrir a nadie. Lo que sí está claro es que no llego a las cosas por las que abrí este blog. La idea era seguir hablando un poco de aquello a lo que me dediqué durante seis años largos (unos más largos que otros), la información política, pero la actualidad me arrolla con facilidad. Desde que tenemos de presidente a don Mariano Rajoy Brey siento la tentación de gritar algo todos los días, pero cuando saco tiempo ya es un tema agotado o superado por la siguiente genialidad que acontece en España, un lugar en el que todo vale, todos mienten y casi nada pasa. Paseos en yates de narcos, infantas procesadas y no procesadas, presidentes que no tienen en mente medidas para favorecer a la Casa Real y de repente llevan dos meses trabajando en ellas, un periodista que dice que ha visto pruebas de sobres de los que nadie quiere hablar, alcaldesas y presidentes que creen que recibir 300 horas de clases de golf gratis es normal... Eso es de hoy. Y así hasta el infinito.

Pero lo de "entradas populares" del título no iba por ahí, porque, como digo, no llego y si llegara estaría todo el día aquí despotricando. Me refiero en realidad a que he añadido ahí, en la columna de la derecha, ese gadget que te destaca las entradas populares de este blog. Y, qué cosas, ninguna de ellas versa sobre política. Igual es una lección que me da este inagotable mundo de Internet o igual es que aquí llega mucha gente por alguna palabra absurda que se cuela entre mis textos y se marcha a la misma velocidad a la que comprueba que no es lo que está buscando. A saber. Pero miras mis diez entradas más populares y encuentras una sobre deporte femenino, otra sobre el Monopoly, otras sobre amores y San Valentín, alguna sobre tenis, otra acerca de Superman, e incluso otra sobre el pequeño oso del parque de Cabarceno que seguro que ya no es tan pequeño ni entrañable. Y vas a las estadísticas del blog y resulta que la más vista, la mencionada del deporte femenino, la han visitado más de 9.100 personas desde octubre de 2010 que la publiqué.

Intentaré de aquí en adelante tener más vivo también este blog, si el tiempo y la informática me lo permiten. Lo malo es que La Sala de Cine y Corazón Txuri Urdin obligan a seguir un ritmo, el de los estrenos y el de la jornada, y mi actividad en Suite 101 no baja, además de otras historietas que tengo en marcha, pero buscaré rincones en mi agenda. Y, ya puestos, intentaré que los temas se acerquen más a eso que parece que le gusta más a la gente que, aunque sea sin querer, cae entre mis líneas. No dudéis en darme vuestra opinión y sugerirme temas o decirme si os aburro con alguna cosa. Porque es verdad, o al menos así lo veo yo, que cuando uno escribe lo hace para satisfacer necesidades propias, pero también lo es que no hay nada más bonito de escribir que abrir así debates, recibir comentarios e historias de otras personas y fomentar relaciones que enriquezcan a quien escribe y a quien lee.

lunes, enero 07, 2013

Cosas que echo de menos del fútbol de antes

Dicen que cualquier tiempo pasado siempre fue mejor. No me lo creo en casi ningún aspecto de la vida, pero últimamente me he dado cuenta de que no paro de decirlo cuando hablo sobre fútbol. Cuando la gente no cesa de maravillarse con los récords de Messi y Cristiano y con la desesperante omnipresencia de Barcelona y Real Madrid, que parece que el fútbol se inventó ayer y con estos únicos protagonistas, el caso es que a mí este deporte me aburre cada vez más (lo cual, siento ser tan incongruente con cuestiones ya arraigadas en el corazón, no implica que vea menos o siga menos a los míos). Pero, veréis, es que hay aspectos que echo de menos del fútbol de antes. Cosas que han cambiado, se supone que para mejorar el espectáculo o simplemente por comodidad y que a mí me aburren. No las quiero así. Quiero recuperar esto del fútbol de antes. 
Y lo primero que reclamo, llamadme quisquilloso si queréis, es que la foto del equipo se haga como está mandado, con los jugadores de abajo de cuclillas. ¿Qué demonios es eso de agacharse solo un poquito? De cuclillas, así es como hay que ponerse y no hay más discusión que valga. Porque así es como nos hemos puesto todos alguna vez en el colegio. Como nos hemos colocado en fotos de grupo de cualquier evento social pensando que, efectivamente, éramos el delantero centro de nuestro equipo. Qué chorrada, ¿verdad? Pues no, no lo es. Veo la forma en la que el equipo posa ahora para la foto y veo más desgana que otra cosa. Y si hay una foto que siempre me ha gustado tener de un partido de fútbol es la de su alineación. Así que si transmite desgana, mal vamos...
Otra cosa. Está muy bien esto del respeto y que se saluden todos antes de empezar, jugadores, árbitros y público y todo eso. ¿Pero qué tiene de malo que la gente pueda aplaudir a los suyos cuando saltan al terreno de juego y silbar al contrario? ¿Por qué nos han privado de esa posibilidad haciendo que todos salten a la vez y cumpliendo este absurdo ritual de darse la mano antes de empezar? ¿Qué le voy a desear al rival antes del partido? ¿Suerte? ¡Si lo que quiero es ganarle y, si puedo, macharcarle! Vamos a ver, los jugadores que se conocen y los que se llevan bien, se saludan antes de salir al campo. Los que quieran, se puede saludar después y cambiarse la camiseta si quieren. E incluso si hay razones para ello, que salgan juntos los que quieran. Pero yo echo de menos esos momentos en los que teníamos la capacidad de apabullar al rival desde el inicio con la ovación a los nuestros. O con una pitada monumental al rival si era uno que se la mereciese. Detesto la corrección política que nos han impuesto a todos.
Sigo. Las celebraciones absurdas. Vale, sí, hay algunas que pueden tener cierta gracia y que son marca de un jugador en concreto (¡ah, el bailecito del camerunés Roger Milla en el Mundial de 1990 sí que fue grande!). ¿Pero en serio se puede celebrar un gol tumbándose boca arriba y haciendo como que eres una cucachara dada la vuelta? ¿O emulando a un perro que orina sobre la línea de fondo? ¿O con los bailecitos de moda? ¿En serio? Si yo entiendo que cuando un jugador marca está deseando celebrarlo con los suyos, ¿pero no cansa ya un poco tanto beso al anillo, tanto corazoncito con las manos y tanto balón debajo de la camiseta para las mujeres/novias/parejas embarazadas? Cuando uno marca un gol, se vuelve loco. Corre, grita, salta, levanta el puño, se abraza a sus compañeros, pega una voltereta si sabe hacerla. Pero estos gestitos cada vez me parecen más artificiales y despegados del aficionado, que al final es quien de verdad celebra el gol en su corazón. Luego que hagan lo que quieran, pero primero hay que gritar, correr y saltar. Como se ha hecho toda la vida.
Y lo que más detesto de todo. El gilicorner. Cualquier entrenador me desmentirá, pero para mí hay cuatro formas de sacar un córner: al primer palo, al segundo, al centro del área o directamente a puerta, eso que se conoce como córner olímpico. Y punto. ¿Quién diantres inventó el gilicórner? ¿Quién pensó que es efectivo sacar un córner en corto a un jugador que está a medio metro? ¿Es que acaso no se dan cuenta de que el lanzamiento de un córner como está mandado es una de las acciones más plásticas y hermosas del fútbol? Tú junto al banderín, el resto de tus compañeros dentro del área, todo el equipo contrario defendiendo y toque de corneta en cuanto el balón vuela en dirección al lío. Que sí, que alguna vez se marca algún gol de gilicórner. ¿Pero cuántos se marcan cuando se pone un córner como se debe hacer? Docenas. Y qué golazos. Un buen cabezazo entrando desde atrás. Imparable. Y precioso.

Que sí, que luego hay muchas cosas bonitas en el fútbol moderno, mejoras que han funcionado y detalles que nunca podrán dejar de ser tan hermosos como lo eran cuando el fútbol nos alcanzó de lleno siendo niños. Pero, en serio, el fútbol que tenía estas cosas, el de los años 80 por ejemplo, era genial. Y estoy seguro de que el de antes también.

miércoles, diciembre 26, 2012

Liebster Award

Vale, confieso que soy presa fácil. Cuando veo un cuestionario de estos que abundan por Internet, caigo con sencillez. Y BkindZanks ya ha conseguido que haga de forma consecutiva dos que ha publicado en su blog... sin necesidad siquiera de nominarme. Aquí el enlace a su blog, Uno de estos días, y aquí a esa entrada en concreto por si quiere leerla alguien que no frecuente su más que recomendable espacio, que desde hace ya algún tiempo es para mí cita imprescindible.

Estas con las normas del premio en cuestión. Las pongo para que consten, pero, claro, como casi siempre me salto la mitad. No voy a nominar, que lo coja quien quiera contarnos algo de su vida.
1. Cada persona debe escribir once cosas sobre sí misma.
2. Debe responder a las once preguntas que le ha enviado quien le nomina.
3. Ha de crear once preguntas nuevas que le enviará a quienes nomine.
4. Tiene que elegir a once bloggers con menos de 200 seguidores para premiarlos.
5. Esos bloggers deberán contestar a las preguntas.
6. No se puede enviar una nominación de vuelta.

Ahí van, pues, esas once cosas sobre mí. Intentaré ser original y no repetir cosas que ya he dicho o casi todo el mundo que me conoce sabe...

1. Mi frikismo coleccionista no es tendente, por ahora, a artículos caros. Soy gastoso pero no derrochador. A mí alma friki le satisface con la misma intensidad tener la colección de latas de Pepsi que se vendieron coincidiendo con el Episodio I de Star Wars que una estatua de Darth Vader de 800 euros. Recordad que he dicho por ahora. Algún día haré un dispendio.

2. Ando mucho. Y lo hago por tres razones. En primer lugar, porque tengo tiempo para hacerlo sin necesidad de ir corriendo a todas partes. En segundo lugar, porque es un ejercicio sanísimo que no requiere grandes esfuerzos ni equipamiento adicional. Y en tercer lugar porque estoy harto de que el Gobierno de la Comunidad de Madrid me time con subidas abusivas de los precios combinadas con una alarmante reducción de la calidad y frecuencia del servicio.

3. Cada día que pasa, detesto más el tabaco. Y a muchos fumadores. No os deis por aludidos los fumadores que sois conscientes de que los demás no tienen por qué respirar el humo de vuestro tabaco. Los demás, sí, daros por aludidos porque me arruináis el día cada vez que no puedo evitar tragármelo. Lo siento, pero es así. Alabado sea el político (y sé quien es, pero no lo digo, que está mal visto...) que impulsó la Ley anti tabaco. Sobra decir que en mi vida ha dado una calada a un cigarrillo o similar.

4. No me importa que esté mal visto, que la gente me mire mal o que en algunos sitios nocturnos no me dejen pasar, mi calzado predilecto es un buen par de zapatillas deportivas. Obviamente, para las ocasiones que lo requieren, los zapatos caen, pero nunca estoy a gusto con ellos. Ni con una corbata. ¿Quién inventaría ese inútil trozo de tela y su endemoniado nudo...?

5. Me arrepiento enormemente de no haber guardado una redacción que hice con diez años en el colegio. Todos los lunes escribíamos un texto libre y la profesora escogía uno cada semana que después pasaba a un periódico que hacíamos sacando copias con gelatina o algo parecido. No sé si aquella la escogió, probablemente no, pero la recuerdo como si fuera ayer. Escribí sobre un partido de la Real en el Bernabéu que ganamos 0-4. Y recuerdo que el dibujo que acompañaba a aquel texto era el del cuarto gol, una maravilla de Bakero tirándose en plancha. Como si fuera ayer...

6. Cuando hago una entrevista o cubro una rueda de prensa, dependo en exceso de la tecnología. Me fío absolutamente de mi grabadora y apenas tomo notas. Mal hecho por mi parte, porque los accidentes suceden (solo recuerdo que me haya pasado una vez, y fue fácilmente subsanable), pero me sostengo en la grabación para poder prestar atención a quien habla, a lo que dice y a cómo lo dice. Me parece que eso también forma parte de sus palabras y es importante verlo.

7. Me pone de mal humor cuando alguien con quien estoy debatiendo tergiversa adrede mis palabras o mis argumentos. Ese es el momento en el que ya sé que la conversación está acabada, aunque sigamos hablando mucho tiempo después de eso. Para mí, hay pocas cosas peores en un debate que no querer entender lo que alguien quiere decir.

8. Tengo prohibido en las conversaciones con personas que valen la pena que ellas mismas se autoinsulten, infravaloren o se echen la culpa de lo que les sucede por circunstancias de la vida. Si vales la pena y sabes que lo pienso, no lo hagas. Porque no te dejaré.

9. No tengo ningún recuerdo memorable de profesor alguno más allá de quinto de la desaparecida EGB. En ese año y los dos anteriores tuve una maravillosa, pero a partir de ahí los he tenido mejores y peores, como personas y como profesores, pero nada que se haya quedado en mi memoria con especial reconocimiento de sus méritos. Ni en el colegio, ni en el instituto. El clásico maestro no forma parte de mi memoria.

10. Sigo disfrutando a día de hoy con cosas que me entretenían de niño. Releo los cómics que leí entonces, vuelvo a ver las series de dibujos animados que echaban entonces por televisión. Y me parecen hoy, como hace tantos años, entretenimientos tan dignos como los que he ido descubriendo según cumplía años. En su contexto, porque el contexto es importante.

11. No soy capaz de entender que la gente escriba mal a propósito. Ni falta de espacio en Twitter o SMSs, ni rapidez a la hora de escribir en Whatsapp. No me sirve como excusa. ¿Qué tiene la gente en contra del signo de interrogación o admiración de apertura? ¿Por qué nadie parece saber para qué sirve cada preposición y las usan indistintamente? ¿Tan difícil es saber qué se escribe con b y qué con v? Y ya cuando la "gente" es el "periodista", la hemos liado pero bien... Ver una falta de ortografía en un medio de comunicación es algo que tendría que ser intolerable. Pero, claro, sé por experiencia que los filtros no funcionan como deberían, así que...

Estas son las preguntas que incluyó BkindZanks para los insensatos, como yo, que decidiéramos recoger el guante, con sus correspondientes respuestas:

1. ¿Qué harías si te quedases una noche dentro de un centro comercial cerrado?
Al cine. De cabeza. ¿Quién no ha tenido ganas de trastear con un proyector? Vale, ya sé que eso es antiguo y que ahora va todo en formato digital. Pero mirar la sala desde una cabina de proyección es un pequeño sueño que algún día habría que cumplir... Como el de tener una sala entera para mí solito... Y de noche en un centro comercial me da tiempo a ver cuatro películas por lo menos...

2. ¿Si tuvieras que elegir tener un poder sobrenatural, en plan superhéroe, cuál sería?
Teniendo en cuenta que una de mis pasiones son precisamente los superhéroes y por tanto he leído historias de centenares de ellos con poderes completamente diferentes entre sí, es una pregunta realmente difícil... Y la verdad es que no creo que haya mejores secuencias en las historias de un superhéroe que cuando vuela por primera vez. Eso tiene que ser realmente impresionante.

3. ¿Qué canción pondrías ahora mismo?
Ahora mismo creo que me pondría cualquiera de los cuatro o cinco temas memorables que hay en la banda sonora de Conan el bárbaro, de Basil Poledouris. Siendo un compositor que no tiene tantas obras grandes, esta es sencillamente perfecta. Pero perfecta de verdad.

4. ¿Cuál es la mentira que no volverías a decir?
No soy una persona que diga mentiras, aunque algunos no quisieran creerme cuando lo proclamaba. Se me nota tanto, que me parece absurdo hacerlo. Puedo evitar una respuesta, pero no dar una falsa. Así que no se me ocurre ninguna mentira que no repetiría... Simplemente, es que no mentiría.

5. Descuelgas el teléfono, te ha sucedido algo, ¿a quién llamas?
Lo más normal es que fuera a mis padres. A menos que ese algo que me suceda lo pueda solucionar otra persona. Suelo ser pragmático para esas cosas.

6. Caminando por la calle, ves venir de frente a una persona de tu pasado, ¿quién te gustaría que fuese y en qué situación te gustaría que te encontrase?
Esta es buena... Hace no mucho se me pasó por la cabeza una compañera del instituto que me caía muy bien aunque tampoco tuvimos una relación muy estrecha, que no volví a ver desde que salimos de allí y de la que me gustaría saber algo... Sin pensar en situaciones especiales, simplemente por saber de ella. Y no, no he conseguido dar con ella a través de las redes sociales.

7. ¿Te han detenido alguna vez o similares?
¿A quién? ¿A mí? Con lo bueno que soy... Creo que el castigo más grande que he sufrido fue cuando tenía seis o siete años y me pusieron en el colegio contra la pared... Y creo que la causa era que estaba hablando en clase. Y, claro, ya se sabe que con esa edad los niños tienen que estar callados para escuchar las clases magistrales de sus profesores, imprescindibles a esas alturas para sacarse el doctorado...

8. ¿Cuál crees que es la solución para salir de la situación económica que angustia a este país?
Una solución doble. En primer lugar, un batallón de inspectores que acabara con todos los fraudes y gastos innecesarios. Eso sí sería ahorrar y permitiría no tocar las líneas rojas de lo que tiene que afrontar un Estado, además de que desenmascararía esos recortes "imprescindibles" que nos cuentan ahora mismo nuestros adorables gobernantes. En segundo lugar, equiparar de una maldita vez lo que ganan los ciudadanos y lo que le cuesta vivir en este país. Porque con el desfase actual me parece imposible salir de ninguna crisis.

9. Si pudieras corregir uno de tus defectos asumidos, ¿cuál sería?
Debida a mi resistencia a decir "no" cuando no tengo otra tarea apuntada en la agenda, mi excesiva disponibilidad para todo el mundo, y eso incluye a gente que no lo merece. Pero ya lo estoy corrigiendo. Poco a poco. Aunque sigo pensando que si puedo ayudar a alguien, ¿por qué no lo voy a hacer...?

10. ¿En qué película te gustaría vivir durante una semana?
Esta pregunta podría tener una respuesta diferente cada vez que alguien me la hiciera. Pero pensando en que hablamos de una semana, y dado que muchas de las películas que me venían ahora a la cabeza no abarcan tanto tiempo en su historia, me voy a quedar con siete días a bordo del Suprise, bajo el mando del capitán Jack Aubrey y con el doctor Stephen Maturin. La película, Master and Commander.

11. ¿Cuál es esa pregunta que siempre te hacen y nunca contestas?
No tengo una pregunta recurrente que no conteste por sistema. Y tampoco suelo evitar tipos de preguntas. No sé, probadme, preguntad y lo descubrís...

Y estas son las once preguntas que dejo por si alguien las quiere contestar, en los comentarios o en sus propios blogs...
1. Un personaje de ficción (película, libro, cómic, serie...) te ha enamorado para siempre, sin remedio y por encima de todos los demás. ¿Quién es?
2. ¿A quién y por qué has mandado a freír espárragos (o cualquier expresión análoga, reproducible o no) con mayor contundencia en toda tu vida?
3. ¿Qué no has hecho nunca que te gustaría probar en algún momento más o menos cercano?
4. Dejando al margen felicitaciones navideñas o de cumpleaños, ¿cuándo fue la última vez que enviaste una carta personal por correo físico y no por e-mail?
5. ¿Engañas mucho al escribir o dejas ver la persona que realmente eres?
6. ¿Cuál ha sido el mejor momento de tu vida que tenga que ver con el deporte?
7. Una manía que no hayas sido capaz de corregir a pesar de que todo el mundo te dice que tienes que hacerlo.
8. ¿Cuál es la última película que dejaste de ver y por qué?
9. Te toca un millón de euros en cualquier lotería. ¿Cuál es el primer gasto que haces con ese dinero?
10. ¿Crees en las casualidades?
11. ¿Cuál crees que es la principal razón por la que ahora mismo estás como estás en tu vida, sea bien o sea mal?

viernes, diciembre 21, 2012

Felices fiestas

Pues así como quien no quiere la cosa, resulta que nos hemos vuelto a plantar en los diez últimos días de diciembre y, obviamente, del año. 2012 se va y entramos en el peligroso terreno en el que, se celebren o no, todo el mundo se dedica a felicitar al prójimo por estas fiestas. Bueno, no, vale, no todo el mundo, que uno no tiene más que cruzarse con algunos de sus vecinos para comprobar que ni las Navidades les impide ser tan siesos. En el fondo da un poco igual. Los motivos por los que hay gente que adora la Navidad son tan comprensibles como los que tienen los que la detestan, aunque con estos últimos soy más comprensivo porque viven en un mundo sobrecargado de luces, felicitaciones y mensajes consumistas que no quieren.. Ni en uno ni en otro extremo, yo simplemente uso la Navidad como excusa para mandar buenos deseos a todo el mundo. Eso, desde luego, no hace daño, se sea creyente o no, se sea consumista o no, se sea feliz en estas fechas o no.

Esta que encabeza la entrada, con una de las miles de luces que adorna Madrid en estas fechas, es la felicitación que he mandado por correo electrónico a, creo, todo el mundo que tenía que recibirla. Igual se me ha pasado alguien porque ahora mismo el orden que hay en la libreta de direcciones de mi e-mail es, por decirte de forma eufemística, un auténtico desastre. Algunos de los que pueden pasar por aquí la tendrán ya en su bandeja de entrada, pero, como se trata de mandar buenos deseos para el próximo año que comienza en apenas diez días, la reiteración nunca está de más. Que paséis todos unos días muy felices y que 2013 os traiga todo lo que soñáis que puede suceder en los próximos doce meses. ¿Veis? Se puede decir sin siquiera pronunciar la palabra "Navidad". Y quien quiera me puede responder con un "paparruchas" que, aún siendo una palabra preciosa, la rebatiré lo mejor que pueda.

lunes, diciembre 10, 2012

De Kevin Bacon y otros recuerdos laborales

Ha sido leer este post de Aliena y que me asalten de la manera más tonta unos cuantos recuerdos laborales. Veréis, cuando trabajaba donde trabajaba había que encontrar las formas más absurdas de convertir todo lo negativo que tenía aquel trabajo, tantas cosas que casi se merecen un libro, en algo bonito de vivir. No era fácil, no. Pero lo hacíamos, durante mucho tiempo logramos ese objetivo, porque de lo contrarios habríamos sido carne de psiquiátrico. Eramos un poblado irreductible de galos ante el asedio de esos locos romanos que nos rodeaban. Porque si nos parábamos a pensar en el raquítico sueldo que en otros ámbitos sería considerado bono basura, en la suciedad del lugar que amenazaba con devorarnos, en el escasísimo aprecio que tenía el resto de la redacción y las altas esferas hacia nuestro trabajo (porque no lo conocían) o en las nulas posibilidades de progresar en trabajo o salario, la cosa habría sido como para cortarse las venas. Y entonces, entre otras muchas cosas que nos buscábamos para entretenernos, se nos apareció Kevin Bacon. No literalmente, no, pero ahí estaba el actor en todo caso.

Encontramos una página web con una casilla en blanco en la que, introduciendo el nombre de cualquier actor que apareciera en el ingente y exhaustivo listado de IMDB (por si no lo sabéis a estas alturas de la película, toda una biblia de consulta sobre cine), te lo relacionaba con Kevin Bacon en seis pasos o menos. Es decir, tú escribías, por ejemplo el nombre de Chiquito de la Calzada y esta página en cuestión te contaba, así, para dejarte boquiabierto, que Chiquito ha trabajado con Leslie Nielsen en Spanish Movie, que a su vez ha trabajado con David Alan Grier en An American Carol, que a su vez ha trabajado en El leñador... con Kevin Bacon. Tres pasos entre Chiquito y Kevin Bacon. Impresionante. Después habrá hecho muchas películas, pero nuestra pesadilla era Mi perro Skip. Todo el mundo parecía haber trabajado en esa película o con alguien que haya salido en ella. Y sí, vale, venga, aquí tenéis el enlace para que jugueteéis con las relaciones de Kevin Bacon. Ya podéis divertiros poniendo los nombres más absurdos de actores. Y si llegáis a cinco pasos, por favor, decidme con quién lo habéis hecho.

Y ya que me he acordado de esto de Kevin Bacon, me he acordado también de la quiniela que echábamos todas las semanas y que pagaba el que menos acertara. Me he acordado de nuestro Desafío total particular, nuestra lucha por el aire (acondicionado) contra nuestros particulares Cohagen y Ironside. Me he acordado de esas brutales comidas en el desaparecido Actor's (que nunca tuvo a Robert De Niro en su decoración por mucho que lo pidiéramos). Me he acordado de los profiteroles, de la lasaña, de las hamburguesas y del helado de chocolate de las comidas. Me he acordado de los consejos de ministros, del cegepejota (qué forma tan bonita de abreviar Consejo General del Poder Judicial), de aquel narco que nos traía (sobre todo a mi mejor compañero de estos años) por la calle de la amargura... Me he acordado de las cenas de Navidad que al día siguiente tenían su particular crónica, escrita por un servidor como si fuera una de nuestras informaciones periodísticas. Me he acordado de las batallas de bolas de papel que organizábamos de vez en cuando entre crónica y crónica. No sé, me ha han venido tantos recuerdos laborales... De lo poco que sirvieron algunos y de lo mucho que sirvieron otros...

domingo, diciembre 02, 2012

Expocómic 2012: ¡Qué grande es ser friki!

Expocómic 2012 ha cerrado ya sus puertas después de cuatro días frenéticos de firmas, charlas, visitas de autores, puestos de cómics y exposiciones. Pero me van a perdonar los profesionales, tengo que empezar hablando de los aficionados. En primer lugar, da gusto que cuando el salón madrileño del cómic tuvo que cambiar de ubicación por el cierre de los espacios municipales tras la tragedia del Madrid Arena (evitable, vergonzosa y muestra de cómo es este país... y una parte muy concreta de su clase política, pero eso es otra historia), la respuesta ha sido extraordinaria. La ingente cantidad de aficionados al noveno arte que abarrotaron el pabellón de Matadero Madrid que ocupó Expocómic ha sido una espléndida noticia. Sobre todo el sábado, la marea humana y las colas para entrar al recinto fueron considerable. Gentes de todas las edades y con gustos muy dispares, unidas por la afición a las viñetas y la defensa de un ámbito cultural que todavía sigue sin tener el mismo respeto que otras. Magnífico.
Si la presencia de gente da vida a un evento como este, que los aficionados acudan disfrazados (el famoso cosplay) es algo fascinante. Ellos se merecen un aplauso porque aportan colorido, cariño y entusiasmo a una cita que no solo va de vender cómics, sino de expresar el amor que algunos sentimos por ellos, por sus historias y por sus personajes. Es un lujo dar con gente tan abierta y simpática, charlar con una chica que llevó un disfraz diferente en cada día de Expocómic, y todos logradísimos; con otra que, vestida de Locura (de los Eternos del gran Sandman de Neil Gaiman, resignada por el hecho de que Muerte, su compañera de cosplay, sea más conocida pero no por ello menos encantadora que su compañera), me regaló un pez de papel (es la Locura, no lo olvidéis) porque fui uno de los seis primeros en reconocerla. O simplemente ver el entusiasmo que le pone la gente para hacer sus propios disfraces, independientemente de los fallos que tengan en su factura o de que no se acerquen sus dueños al imposible físico de los personajes del mundo del cómic, el cine o el videojuego. Grandes todos ellos. En este enlace podéis ver una galería de casi medio centenar de fotos de los cosplayers que han amenizado esta edición de Expocómic.

La organización, a cargo de la Asociación Española de Amigos del Cómic, se merece un gran aplauso. Cuando a tan poco tiempo del arranque se quedaron sin sede, que hasta ahora venía siendo el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo, se temió que el salón tuviera que cancelarse o, al menos, retrasarse. Nada de eso. Y se han levantado de tan duro golpe en tiempo récord. Es verdad que ha habido imprecisiones, actividades que no han terminado de funcionar y detalles de los que siempre se queja el aficionado (la temperatura, la iluminación, el espacio...), que para eso paga religiosamente por su entrada, pero los organizadores se han ganado una mirada amable y un merecido aplauso. Sobre todo, además, por la enorme amabilidad y gran disposición de todo el staff que poblaba los pasillos del recinto para ayudar a profesionales y aficionados. Han estado de diez. Quizá lo más criticable haya estado en el siempre espinoso asunto de las firmas, muy difícil de manejar pero todavía a la espera de una fórmula que satisfaga a todos y evite problemas.

Y vamos con los autores, que es lo que da un toque personal a Expocómic para cada visitante. Junto a la convivencia entre aficionados (da gusto encontrar compañeros que se centran en difundir las bondades de Superman, tipos que quieren hacer cortos o simplemente lectores de cómic que, sin conocerse de nada, se ayudan o inician conversaciones sobre maravilloso y amplísimo mundo), los autores vienen a ser la salsa de este tipo de reuniones. Y ha habido de todo. La verdad es que no me voy a detener mucho en lo que no me ha gustado, pero procede lamentar la actitud de Simon Bisley, al menos el último día de firmas. Con síntomas evidentes de no haber llegado al domingo por la mañana en la mejor de las formas, decidió solventar con displicencia su sesión de firmas anunciando que no haría dibujos y que se limitaría a estampar un garabato en volúmenes realizados por él. Peor para él. Es muy bueno, pero no puede actuar así y no denunciarlo sería injusto. Tampoco me gustó mucho que Luis y Rómulo Royo pusieran pegas a dibujar en láminas y no solo en libros, porque la decisión la adoptaron a mitad de la sesión después de hacer algunas láminas, y que se marcharan los primeros y antes de que acabara el horario fijado para esta sesión. De nuevo, allá ellos. Así pierden seguidores, por muy buenos que sean.
En el otro lado de la balanza se situó el otro gran artista internacional, junto a Herb Trimpe (con el que no tuve la suerte de coincidir, y cuyo vuelo se retrasó, imposibilitando su presencia en la sesión de firmas del día inaugural del salón), que estuvo en el Expocómic, Tom Lyle (en la foto que encabeza este párrafo). Cierto que no muchos aficionados pudieron marcharse del salón con su dibujo por su dedicación, probablemente excesiva, a cada uno de los originales que hizo. En su primera sesión, apenas dibujó seis. Pero a todos los dio un trabajo de calidad, honesto y muy conseguido. Y les ofreció su charla y sus conocimientos, no solo a los que tuvieron la suerte de llevarse un original, sino también a los que solo pudo darles su firma en un cómic. Para mí siempre será el autor de las dos primeras miniseries de Tim Drake como Robin y fue una gozada compartir impresiones con él, por breves que fueran, sobre aquella aventura profesional. Se divirtió con los demás autores y con los aficionados. Hacía fotos de sus dibujos y se dejaba fotografiar por todos. Tom Lyle estuvo de diez y se ganó el cariño de todos.
En los stands de editoriales y tiendas también hubo muchas sesiones de firmas. El jueves y el viernes fueron días mucho más accesible que el sábado, e incluso en muchas casos el domingo, en los que la asistencia fue muy superior, pero hubo muchas y muy diversas opciones en este Expocómic. Se cayeron autores como Santiago Valenzuela o Florent Maudoux, pero a cambio aparecieron otros. Entre los más activos por días y por diferentes stands en que se le pudo ver estuvo José Miguel Fonollosa (en la foto anterior, a la izquierda). Y fue, de largo, el más puntual en acudir a todas sus citas. Tantas veces se falta al respeto al aficionado y su tiempo, que a veces se nos olvida agradecer esa disponibilidad. A Sergio Bleda (a la derecha de la misma foto) hay que agradecerle el detalle de los originales que dibujó, de entre los mejores acabados de todo este Expocómic. Y siempre dispuesto a conversar, como Víctor Santos, que mantuvo amenas tertulias con los aficionados sobre sus cómics y sobre series.
Para mí, los nombres de este Expocómic, lejos del listado de autores con los que se atrajo al aficionado con sus firmas en el escenario, fueron El Torres (en la foto superior firmando junto a uno de los brutales dibujos que me hizo su ilustrador) y Gabriel Hernández. No solo soy un entusiasta apasionado de su obra conjunta (El velo, El bosque de los suicidas; obras que recomendé a otros lectores en las esperas para las firmas), sino también de la de Torres con otros dibujantes (Tambores, Nancy in Hell). A Hernández, que me dio un original con acuarela hecho con un mimo exquisito, aún no le he visto nada sin El Torres. Pero caerá. Con ellos tuve la conversación más amena, sincera y agradable de los cuatro días de Expocómic y El Torres le puso el broche de oro con un detalle de los que hacen afición. Como también es de agradecer que Mortimer se comportara como un auténtico profesional, respetuoso con el aficionado con cuidadas ilustraciones de regalo y dándole algo que solo se le puede dar al lector en un salón del cómic. Llegó con su propio papel para dibujar y entregó a los fans chapas, pegatinas y un vistazo a bocetos de sus próximos trabajos. Así es, insisto, como se hace afición. A mí, desde luego, ya me tiene a la espera de nuevos trabajos gracias a su accesibilidad.
Con Uli Oesterle tuvo una muy agradable conversación sobre los  toques autobiográficos que esconde la psicodélica Hector Umbra. El alemán, que se comunicaba en un inglés muy fluido, pidió no una sino dos cervezas para pasar la hora de firmas y no dudó en pedirme que le hiciera llegar las fotografías que hice de los momentos en los que me estaba ilustrando el original que me llevé conmigo. En breve, en cuanto estén retocadas, las tendrá. Es grande la comunicación entre el autor y el lector. No puede faltar en un Expocómic el paso de un clásico como Azpiri, que siempre está dispuesto a hablar de proyectos futuros. Fue también una delicia tener unos minutos para ver trabajar a José Villarrubia o Daniel Sampere, dos dibujantes españoles ya consolidados en la industria norteamericana. Del segundo, por cierto, hay que decir que llegó tarde a sus últimas firmas, las del domingo por la mañana, pero retrasó también su hora de comer hasta que todos los aficionados que habían esperado su llegada se marcharan con su original. Y por apresurados que fueran, o incluso dibujando con una mano mientras hablaba por el móvil con la otra, su Joker, su Superman, su Batgirl o su Supergirl fueron sublimes.
No quiero olvidarme de dos autores más. En primer lugar, Rubén del Rincón (arriba). El autor de la magnífica Entretelas llegó tarde al horario de su firma en el stand de la tienda Comic Hunter. Uno de sus encargados (mil gracias por el trato, porque no todo el mundo se porta así) me ofreció amablemente que le dejara los volúmenes para que me los firmara, pues tenía hora en el escenario con otro autor. Cuando volví, ambos ejemplares estaban firmados y dedicados, y aunque estaba ya cercano el final de su hora de firma, Del Rincón se detuvo a hacer varios dibujos más que, encima, nada tenían que ver con su obra. A mí me regaló un Batman sin que yo le indicara nada. Telepatía, es sin duda mi superhéroe favorito. Y detrás cayeron un Joker y un Superman. Nos dijo que si veíamos por los pasillos al editor de DC le enseñáramos los dibujos. Sin duda, yo apuesto por un Batman de Rubén del Rincón, amigos de DC. El segundo autor en el que me quería detener es Jorge de Juan. Ha publicado hace no mucho Otra puta novela gráfica, que aún no he podido leer. Para mí es el dibujante de su primer trabajo, Moscas y dragones. Le hizo una ilusión tremenda ver el libro. Y más que le dijera que, honestamente, me había encantado aquel trabajo que hizo con Juan Luis Iglesias sobre el maltrato. Me encantó su cercanía y su honestidad. No paró de dar las gracias por mis palabras cuando somos los lectores los que tendríamos que dárselas a quienes nos entretienen con su buen trabajo.

Expocómic es uno de esos sitios que merecen la pena y al que lamento no haberme acercado antes. Tiene por supuesto sus fallos, pero es una cita que tiene que convertirse en imprescindible. En algún stand escuché que este salón es como los Goya y que el de Barcelona es como los Oscars. Por lo que dicen, y a la espera de que algún año me pasa por la Ciudad Condal para verlo, la comparación parece acertadísima. Así que nos toca trabajar desde la capital para que Expocómic sea cada día más grande, para que las editoriales quieran estar ahí y para que los aficionados tengan cada vez más un lugar de encuentro más bonito. Que por difusión no sea. Y, sí, ¡qué grande es ser friki!

lunes, noviembre 26, 2012

Sobrinos postizos

Hace ya algunos años -muchos, cómo pasa el tiempo-, un tablón de anuncios en la facultad tuvo la culpa de que conociera a un tipo que es hoy, y ha sido desde hace también muchos años, un amigo de los de verdad. Porque a lo largo de la vida uno se va encontrando amigos -¿por qué la gramática no obligará a que ese Amigos vaya con mayúscula inicial?- y esos que se dicen amigos pero que en realidad nunca lo han sido o en un momento dado han querido dejar de serlo, de esos con los que te cruzas en el metro o en la calle y no tienes ganas ni de cruzar un "hola". Este amigo, que son "esos amigos" porque ha tenido la inmensa suerte de dar con otra persona excepcional y son una pareja alucinante de esas que me dan una envidia descomunal, hace algunos meses nos dio la noticia de que se iban a convertir en "esa familia". Ya lo son. Y hoy ha sido el día en el que he conocido a su recién nacido. Mi sobrino postizo, que así es como llamo yo a estos críos que traen al mundo personas especiales para mí. Porque no es mi sobrino, no somos familia, no tenemos eso que llaman vínculos de sangre. Pero eso me da igual, lo que importa es el cariño y ese se gana por otros motivos.

Le tenía hoy en brazos -¡sus padres son unos valientes confiándomelo aunque solo haya sido durante unos minutos- y, antes de quedarse dormido otra vez después de lo que les ha costado despertarle, me miraba con sus ojillos entreabiertos. No sé qué estaría pensando. Igual "quién es el tipo este que me tiene en brazos". O "por qué me estará hablando como si le entendiera, si yo lo único que quiero es dormir". O igual es que ya se ha acostumbrado a nuestras voces, como decía hoy otro amigo de este brutal grupo en el que todavía no sé muy bien cómo he ido a caer -¿y eso cómo se agradece?-, y por eso está tan tranquilo ante semejante panda de tíos postizos raros. A saber qué le pasa por la cabeza a una criaturita que no tiene ni dos días de vida. Pero tengo muchas ganas de que me lo cuente.

Me acuerdo de mi primera sobrina postiza acordándose del autobús que yo cogía para volver a casa aunque nunca ha llegado a verme marchándome en él. O cuando esa misma chiquilla le preguntaba después a su madre qué le iban a traer los Reyes Magos si yo ya le había llevado un regalo antes. O cuando otro de mis sobrinos postizos me pedía que le leyera un cuento antes de irse a la cama y me decía que se lo leyera más despacio, que iba demasiado deprisa. O cuando este mismo se me ha puesto al teléfono y me ha contado algo sobre unas bolas de Navidad que no he sido capaz de entenderle y después me ha preguntado cuándo voy a ir a verle. Me acuerdo de cuando les he conocido a todos ellos, siempre en el hospital, porque no soy capaz de aguantar sin verles por primera vez en cuanto sé que ya están aquí. Y les vea más o les vea menos, siempre me acuerdo de ellos. Son mis sobrinos postizos, qué queréis.

lunes, noviembre 12, 2012

Sunshine Award

La pereza y la falta de tiempo son malos consejeros a la hora de llevar un blog. Al menos no es una pereza por escribir (porque no paro), pero sí de escribir aquí. Esos temas políticos que tanto me gustan cada vez me parecen más deprimentes y sin solución, así que llevo unos días más volcado en mis otros rincones de la blogsfera y del mundo 2.0. Pero como he visto por ahí uno de esos premios que, en realidad, son excusas para hablar de cosas de las que normalmente no hablaría, pues he decidido apropiármelo y contestar a esas preguntas. Digo que me lo apropio porque del blog de donde lo he cogido no salieron nominados. Pero lo hago porque empieza a haber confianza entre la autora de dicho blog y yo, que ya llevamos un tiempo leyéndonos, y además me consta que no le importa que recoja el contenido de esta entrada desde su blog, porque para eso lo ha dicho ella en sus comentarios.

Por lo visto hay cinco normas.
1. Incluir el logo del premio en un post en tu blog.
2. Contestar a 10 preguntas.
3. Nominar otros 10 blogs.
4. Poner un link a tus nominados y comunicarles a través de sus blogs que han ganado.
5. Haz link a quien te haya nominado.

Me voy a saltar lo de nominar a otros diez blogs, que reine la libertad en la propuesta y que lo coja quien quiera. Lo del logo no, porque si no queda una entrada muy sosa con tanto texto. Y lo del link, obviamente, tampoco lo puedo pasar por alto, porque el lugar al que os lleva merece mucho la pena. Lo he cogido de Uno de estos días, de BkindZanks. No me seáis insensatos y pasaos por allí, que la muchacha sabe lo que escribe y a mí me alegra el día cada vez que sube algo a su rincón en Internet. He dicho. Y tras esta introducción, paso a contestar las preguntas de las que se compone este cuestionario:

¿Cuál es tu color preferido o con el que te sientes más favorecido?
Será que le tenía poco miedo a las supersticiones, pero de niño mi color favorito era el amarillo. Con los años me fui haciendo más sensato y provocaba menos a la mala suerte, por lo que me quedé con el azul. Sigo pensado que la culpa la tiene la camiseta de la Real, para qué engañaros. La segunda parte de la pregunta me lleva a pensar que esto, en realidad, no era una elección de color, sino de color de ropa. Y ahí la verdad es que tampoco tengo muchas preferencias. Para casi todo me suelen gustar los colores oscuros, pero no, no soy un gótico que va siempre de negro.

Si pudieras aparecer como por arte de magia en otro país, ¿en cuál sería?

El país en el que está el lugar en el que querría aparecer es demasiado grande, así que no empiezo diciéndolo, no vaya a ser que de verdad exista la magia suficiente como para mandarme para allá y, en realidad, aparezca a centenares de kilómetros de donde quisiera estar. Nueva York. Quiero ir a Nueva York. Sueño con ir a Nueva York. Y estoy seguro de que la palabra "magia" tiene otro significado desde allí. ¿Veis por qué no podía decir Estados Unidos? Mira que si me mandan... qué sé yo... a un pueblo perdido de Texas...

¿Cuál es tu película/serie preferida?

Soy y seré siempre un adorador de Star Wars. Es una parte inmensa de mi vida como espectador cinéfilo, un título que me hizo soñar, reír, llorar, emocionarme, disfrutar y tantas otras cosas positivas que si tengo que decir una película siempre diré esa. Y eso que siempre he dicho que para mí la película más perfecta que existe, se ría quien se quiera reír de mí, es E.T. El extraterrestre. En cuanto a series, tengo que decir Friends. Digo tantas veces que "todo está en Friends" (todo lo que te sucede en la vida entre los veintitantos y los treintaytantos) que no podría decir otra. Pero de nuevo me hago trampas jugando al solitario y menciono dos más, la serie que más me impactó de niño y la que más lo hizo de adulto. La primera es Canción triste de Hill Street (ya he pasado por la sensación de sentirme muy, muy, muy mayor al decirle ese título en una conversación a una amiga de 21 años) y la segunda es Battlestar Galactica. La moderna. Que el encanto de los 70 era grande, pero no tanto...

¿Con qué diseñador de moda o firma te encantaría trabajar?

Creo que esta pregunta no es adecuada para un tipo como yo y evidencia que el cuestionario estaba pensado para otro tipo de público... Pero si la entrevista es interesante y cuenta como "trabajar con", me apunto a lo que sea, que en el fondo sigo siendo periodista.

¿Tonos flúor o pastel?
Esta pregunta me recuerda estas maravillosas conversaciones en las que tengo que admitir que mi vida se rige a través de los colores primarios... Que no se me ofendan los expertos en moda ni los apasionados de los tonos flúor o pastel, por favor...

¿Prefieres el campo o la playa?
Soy urbanita, me temo, pero entre estas dos opciones tengo claro que el campo. Da más libertad, se pueden hacer más cosas, los paisajes son más variados... La playa siempre, siempre, siempre me ha cansado. Me refiero al concepto tradicional de playa, ese de pasar todo el día al sol, en la arena o bajo una sombrilla. La playa la adoro para pasear. Descalzo si el tiempo lo permite, aunque luego me esté acordando de cada uno de los granos de arena que no he conseguido quitarme de los pies. Pero es que me fascina eso de recorrer una hermosa plata paseando, sin mirar a ningún sitio en particular y escuchando el ruido de las olas.

Algo que te encantaría hacer pero por el momento no has podido:
¿Solo una cosa? Imposible. Hay tantas cosas que quiero hacer en la vida... La mayoría de ellas me las callaría por un motivo muy sencillo: son mías, personales e intransferibles, y de ser escuchadas tendría que ser por oídos muy, muy selectos. Esto es como los deseos cuando se soplan las velas de la tarta de cumpleaños o cuando pasa una estrella fugaz (por cierto, la del verano pasado en Torrevieja no me ha cumplido todavía el deseo que pedí...), se estropea si se cuenta. El hecho de firmar con nombre y apellidos también hace que la prudencia me impida contestar a esta pregunta. Que no se sabe quién puede estar leyendo...

Algún personaje histórico que te encante...

Hace algún tiempo me cayó otro meme en el que había que escoger al personaje histórico al que más se admirase. Y ya entonces no supe qué contestar, porque me falta información. Puedo admirar la imagen, las acciones o la trascendencia de un personaje, pero al personaje en sí mismo no lo creo. Me falta mucha información y todos tenemos cadáveres en el armario. Y creo que de estudiante me enseñaron tan mal la historia que no he sido capaz de encapricharme de nadie. Aunque, puestos a decir uno, me quedo con el Cid. Y es que impone eso de ganar batallas después de muerto...

¿Chocolate o fresa?
¿Hace falta responder a esa pregunta? Chocolate. Sin duda. Casi de cualquier manera, negro, blanco, con leche...pero le tengo cierta manía al chocolate con fruta (y mira que a la gente le encanta ese chocolate con naranja, oye...) y al chocolate con licor (abstemio que es uno, qué le vamos a hacer...). Y me gustan las fresas, que conste. Hace años las tomaba siempre con nata, pero no nata montada, sino nata helada, que siempre me ha gustado mucho más, pero ahora me he acostumbrado a tomarlas solas.

Alguien en quien inspirarte...

Creo que esta es la pregunta más difícil de todas... No creo que ahora mismo haya una sola persona en mi vida que se pueda llevar todo el crédito de mis inspiraciones. Cojo un poco de cada una de las personas que me han demostrado que son importantes y que me dedican unos minutos de su vida para que lo pueda entender.

Y esto es todo. Quien lo quiera coger, que se sienta libre de hacerlo...

miércoles, octubre 31, 2012

En una galaxia muy lejana...

Ayer me dio un subidón de adrenalina de estos que me producen las noticias sobre los temas que me apasionan cuando leí que Disney compraba Lucasfilm y, de paso, anunciaba una nueva película de Star Wars para el año 2015. ¡¡¡Una nueva película de Star Wars!!! Aquellos que me conocen, saben lo que es Star Wars para mí. Para aquellos que no, simplemente les diré que allá por el mes de mayo de 2005 estaba yo sentado en un cine viendo el pase de prensa del Episodio III, La venganza de los Sith, y, muy cerca del final, en un instante que no voy a desvelar por si acaso, no pude evitar que se me escapara una lágrima porque estaba viendo el final, para siempre y definitivo, de una saga que ha estado conmigo literalmente todo mi vida, y es que nací después de que se estrenara la primera de las seis películas y desde siempre hubo muñequitos de Star Wars en mi casa. Sí, volviendo un par de frases más atrás, derramé una lágrima hacia el final. Qué le voy a hacer. Soy un sentimental, y además un sentimental friki.

Y el caso es que después del subidón de adrenalina, me entró la duda de no saber qué pensar. Por un lado, es Star Wars. ¡Y si es Star Wars no hay discusión posible! Pero por otro lado, me siento un poco estafado, como cada vez que George Lucas sacaba una nueva edición que había que comprar porque tenía 35 segundos nuevos, porque yo soy de los que se creyó el discurso que Lucas mantuvo durante años que la saga cinematográfica era la historia de Darth Vader, y que estaba más que cerrada con esas seis películas. Pero, claro, las posibilidades de un universo tan amplio como éste... ¡son ilimitadas!, y se pueden hacer tantas películas como se quiera con montones de tramas y personajes diferentes. Eso sí, habría que hacerlas siguiendo los códigos de la saga. Pero muchos piensan, y, aviso, yo no estoy entre ellos, que Lucas se los cargó con la segunda trilogía. Y, claro, me entra el pánico de que le den esto a gente como Michael Bay. ¡¡¡Pero como se lo den a Joss Whedon y monte una como Los Vengadores, a J. J. Abrams y haga algo más grande que su Star Trek, o a Spielberg... y que haga lo que quiera, me vuelvo loco!!!

Vale, vale, ya paro, que el friki que hay en mí se desboca. Pero es que es Star Wars. Sé que ahora está de moda darle palos a esta saga (como en su día, por lo menos en España, se solventaba la universal contraposición entre los seguidores de Star Wars y Star Trek con palos a Spock y los suyos); que la crítica disfruta despedazando cada una de las películas de la segunda trilogía, que el favor que tenía este título en nuestra niñez y adolescencia, casualmente cuando dejaron de hacer estas películas, ha ido pasando a otros títulos y sagas (contra las que, por cierto, parece que eres un sacrílego si sueltas alguna mínima crítica). Y yo no, yo sigo siendo fiel. Para mí Star Wars es lo más grande cuando hablamos de cine. Sí, Jar Jar es un petardo para niños. Sí, no hay dios que se crea el repentino enamoramiento de la reina Amidala. Totalmente de acuerdo, hay escenas que parecen pensadas para lucir efectos especiales y poco más. Por supuesto, me parece una tontería que haya androides de combate que hablen de una forma tan poco carismática. Y el Boba Fett niño es insoportable. Ah, y los midiclorianos. Sí, eso también es una estupidez.

Pero me da igual. Star Wars es Star Wars. Y yo soy un friki. Así que ya estoy pensando dónde estaré allá por el año 2015 cuando la pantalla se quede un mágico segundo en silencio después de leer aquello de "hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana" (¡maldita sea, acabo de darme cuenta de que ya no sonará la melodía de la 20th Century Fox! Ya me han hundido en la miseria poniendo el castillo de Disney en ese momento memorable...), estalle en la pantalla el logotipo amarillo de Star Wars sobre el estrellado fondo negro y resuene otra vez en todo su esplendor la mejor fanfarria jamás escrita para el cine. ¿Se viene alguien a compartir ese momento... y todo lo que venga después?

domingo, septiembre 09, 2012

El vicio de la hemeroteca

No creo que, en su día, fuera un estudiante típico de Periodismo. No me refiero a las notas o a los exámenes, no. Hablo de que mis ratos de ocio en torno a la carrera no los pasaba, como el común de los aspirantes a periodista, en la cafetería. Ese era, indudablemente, el centro neurálgico de la Facultad. El sitio donde sucedían todas las cosas. El lugar al que había que ir si no estabas, insensato de ti, en clase. Creo que en todos mis años de carrera pisé la cafetería en tres ocasiones. Tres contadas. No traté de ligarme allí a ninguna compañera. No me saltaba la primera clase del día para tomarme allí un café. No pasé en ese lugar incontables horas jugando al mus, deporte universitario por excelencia al parecer y del que mi conocimiento es prácticamente nulo. Y mira que por la puerta pasaba mucho, porque reprografia estaba justo al lado. Pero no. Yo gastaba mi tiempo en la Facultad en la hemeroteca.

Mi fascinación siempre ha sido la prensa escrita, mucho más que la televisión o la radio, adoro la sensación de coger un pesado volumen que incluya todos los ejemplares editados por una cabecera a lo largo de un mes cualquiera de un año de hace muchos. Me encanta abrirlo y percibir el olor añejo del papel de periódico antiguo. Tocarlo. Pasar las páginas. La satisfacción de encontrar lo que estoy buscando, pero al mismo tiempo ir descubriendo lo que sucedió de forma simultánea a lo que centraba mi interés. Saber qué se publicaba. Cómo. De qué manera. La forma en que se escribía o se titulaba. Eso no te lo enseñan en una clase de ninguna facultad. Eso hay que verlo en el papel. En la hemeroteca. Por eso me fascinaba tanto, porque era un conocimiento que no formaba parte de los planes de estudio. Y por eso me asombraba tanto que la gente apenas se pasara por allí. Algunos había buscando los periódicos más recientes. Prácticamente nadie buceando entre los microfilmes de décadas atrás.
Hace algunos meses estaba yo en una de esas maravillosas hemerotecas buscando información y datos sobre cosas que sucedieron hace 25 años. Y coincidí con un grupo de chavales de instituto acompañados por su profesor. Curioso lugar para una excursión, una hemeroteca. Al parecer, les había propuesto un ejercicio de campo. Los chicos, supongo que de unos 16 o 17 años, tenían que encontrar un periódico del día en que nacieron, de la cabecera que más les gustara, y ver de qué se hablaba en la época, qué había cambiado en esos años, también comprobar cómo habían evolucionado los medios de comunicación y comparar lo que veían con la prensa de hoy en día. Sonreí. Me hizo ilusión ver algo así porque a veces parece que la hemeroteca es un lugar en el que pasa el rato gente que no tiene nada que hacer. Nos olvidamos de que todo lo que se publica hoy, podrá ser consultado dentro de diez, veinte o treinta años. O cien. O doscientos. Y que no hay nada más fácil de recolectar y conservar que lo que se publica en papel.

Hago ese mismo ejercicio y, aprovechando que las hemerotecas tienen ya parte de sus fondos digitalizados y online, busco un periódico concreto de ese día en el que nací. Y justo detrás de su primera plana (qué dos palabras tan bonitas y tan en desuso, gracias Billy Wilder por dejarlas plasmadas en el título de una película, y además en el de una tan formidable), me encuentro esto:
Sí, yo tenía que ser periodista. Si ese se publicó el mismo día en el que yo nací, es que yo tenía que probar el gusanillo del periodismo y ahora, tantos años después, pelearme precisamente contra la degradación de la prensa que no dejo de ver día tras día. No deja de ser curioso que muchos de los males que se denuncian en esas líneas sigan plenamente vigentes. Si el periodismo (que no la comunicación, eso existirá siempre y la pueda hacer cualquiera) tiene que morir, espero que no pero en esto cada día que pasa soy más pesimista, su muerte va a ser lenta, eso está claro. Pero, insisto, si de verdad el periodismo tiene que morir, al menos siempre nos quedarán las hemerotecas. Siempre y cuando haya locos como yo que disfruten tanto buceando entre volúmenes de periódicos y, ahora, entre archivos en PDF.