Mostrando entradas con la etiqueta Política. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Política. Mostrar todas las entradas

domingo, septiembre 08, 2013

Reflexiones sobre Madrid 2020

Se me amontonan los pensamientos sobre el fracaso de Madrid 2020. El primero es que, de acuerdo con el sentir expresado en las encuestas oficiales que no me creo (las que hablaban del 91 por ciento de apoyo popular) y en contra de las opiniones que al parecer fueron mayoritarias en las redes sociales a lo largo de la jornada de ayer, yo sí quería esos Juegos Olímpicos, como quise los de 2016 o los de 2012 con el mismo resultado. Y son tantos los detalles a analizar, en contra del criterio de nuestro incapaz presidente del Gobierno ("hacer análisis no sirve de nada", dijo), que probablemente necesitaría un suplemento dominical para que cupieran todas. Pero como no tengo ese espacio, me conformaré con volcar aquí una serie de ideas desordenadas con las que intentar que se mitigue la decepción que siento al no poder convertirme en un fan olímpico total en la ciudad en la que vivo.

· Me resulta inevitable la sensación de que el lastre de la candidatura española estuvo en la política y en el nulo manejo de los políticos españoles en esas situaciones. Aunque algunos se quieran dar cuenta ahora de que el COI no es una organización que brille por su transparencia (¿se quejó alguien de eso cuando Barcelona superó así a París, Brisbane, Belgrado, Birmingham y Ámsterdam en 1985 para celebrar los Juegos de 1992?), la única clave para ganar reside en comprar votos, y comprarlos con más garantías que las de las candidaturas rivales. Por supuesto, hay que tener un buen proyecto. ¿Pero es que acaso se llega a la votación final sin ese proyecto?

· La importancia del inglés es capital, por utilizar uno de esos términos que tanto gasta Rajoy en sus discursos. Hoy en día se piden idiomas hasta para trabajar de dependiente. ¿Cómo puede ser admisible que la alcaldesa de la capital de un país haga semejante ridículo en el idioma de Shakespeare o que el presidente del Gobierno sea la nota discordante de toda una delegación al ser el único en hablar en español? Es la mayor utopía de todas, pero es necesario ya crear una serie de condiciones de formación para acceder a cargos de semejante responsabilidad. En el caso de Ana Botella, su suspenso no se limitaría al inglés. Su bochornosa actuación no estuvo sólo en su bajísimo nivel de inglés, que seguro dejó perplejo a más de un miembro del COI, sino en su vacío mensaje o en su tono idiotizante.

· A mi juicio, si hay una responsabilidad clara que se puede achacar a la delegación española, está especialmente en el turno de preguntas y, especialmente, en las dos cuestiones que se nos hicieron sobre el dopaje, porque evidenció que el "todo vale" que se gasta en España para cualquier situación nos pesa después en otros ámbitos. Los inquisidores fueron muy benevolentes con sus preguntas, podrían haber ido a degüello contra la candidatura por motivos sobradamente conocidos (crisis económica, corrupción) y las cuestiones fueron bastante light. Pero las respuestas fueron difusas. Ni sobre el dopaje ni sobre el nuevo modelo se escucharon frases contundentes y creíbles. Nos pusieron la alfombra roja para convencer y Madrid 2020 respondió con un enorme grado de improvisación e irrealidad. Encima cerrábamos las intervenciones. Podríamos haber ido a degüello sin pensar en que las otras dos candidaturas nos la pudieran devolver. Y no lo hicimos.

· España sigue siendo un país especial. No importa la magnitud del fracaso o de la incompetencia, nunca pasa nada. Presidir el Comité Olímpico Español que ha fracasado durante doce años en el intento de lograr unos Juegos para la única gran capital europea que no los ha tenido tiene que tener un coste. Bochornosas actuaciones personales como la de Ana Botella tienen que tener un coste. Pero ahí estuvo al quite el mayor estratega de esta técnica de tirar hacia adelante sin importar la cantidad o importancia de los fracasos, Mariano Rajoy, para decir que no iba a haber consecuencias de ningún tipo. El tipo que llegó a La Moncloa después de perder y perder elecciones generales hace de esa técnica un modelo de actuación al parecer irreprochable. "Así es la vida", dijo. Efectivamente, es así. Dimitir. El verbo existe, viene en el diccionario de la RAE. Pero igual habría que pedir la eliminación del término por caer en desuso.

· Dejemos de considerar periodismo a lo que no lo es. Todos saldremos ganando. Si La Razón decide que el titular de lo acontecido en este asunto es "Tongo olímpico" y se permite el lujo de decir, como se ha publicitado con toda la sorna que merece en las redes sociales, que "la sorpresa agradable provino de Ana Botella, natural, inglés fluido y relajada", hay que colocar este periódico en los quioscos en otro lugar, junto a las publicaciones de humor. Y que me perdonen éstas, porque sin duda su calidad será mucho mayor que la de La Razón. Información y análisis. Eso es lo que hay que exigir al periodismo. Lo demás sobra o tendría que estar en otro ámbito.

· Nos falta respeto personal y social para entendernos. Veo insultante que se menospreciara con simplismo patriotero o ideológico a quien argumentaba con razones que no quería estos Juegos Olímpicos, a quienes pensaban que el país no estaba para sostener esta aventura o los que creían que unos Juegos entran dentro de una lista de prioridades en la que nunca podrían ocupar uno de los primeros lugares. Los ha habido y sus opiniones eran edificantes. Pero tampoco entiendo a la gente que se ha burlado de las ilusiones de tantas personas por vivir unos Juegos en casa. Se puede estar en contra de algo sin reírse de los demás. Y sí, hay personas que han disfrutado riéndose de los demás por este hecho. Allá ellos con sus resquemores personales. Pero el caso es que, en general, no tenemos respeto ni empatía y así hablar, debatir, conversar o compartir opiniones es algo absolutamente imposible.

· Y nos sobra cara dura para aprovecharnos del gasto público. Leo por ahí que la delegación española era la más numerosa. ¿Cuál ha sido el trabajo en Buenos Aires de todos y cada uno de los integrantes de la delegación? ¿Han hecho algo para conseguir votos? ¿O simplemente se han aprovechado de un viaje gratis? Muy sonado ha sido el caso de Amaia Salamanca. ¿Me explica alguien qué hace allí una actriz, con perdón de sus fans, desconocida en el panorama internacional? Una cosa es hacer un vídeo con profesionales conocidos en todo el mundo como Plácido Domingo, Antonio Banderas o Alejandro Sanz y otra muy distinta plagar una delegación olímpica de personas que no se sabe muy bien qué hacen allí. ¿Y periodistas invitados por la candidatura? Los buenos, imagino, ¿no? Menos mal que alguno hay que aclara que, por coherencia personal, no aceptó esa invitación. Y aún con la que está cayendo, cómo le sigue costando a la gente resistirse a los canapés gratis...

· ¿Hay culpables de que no nos den los Juegos? Lo digo porque en 2005 hubo quien se apresuró a apuntar uno: José Luis Rodríguez Zapatero. Fue portada en bastantes medios y señalado, oh, casualidades de la vida, por quien hoy está en sus zapatos de presidente del Gobierno y dice que "no pasa nada". Mariano Rajoy no aparece hoy en la portada de ningún medio de comunicación, no se habla de su papel en el fracaso, ni del de la "Marca España" en esta decepción, ni de la nula influencia internacional de su Gobierno como causa de que Madrid se cayera en la primera votación. Por mucho que se desmienta o se rebata su existencia, otro ejemplo más de la fuerza propagandística que hay en España para culpar siempre de todo a los de un lado del espectro político y tratar de salvar a los del otro.

· Decían muchos por las redes sociales que la derrota de Madrid 2020 tendría que llevar el dinero que se pretendía dedicar a los Juegos a cuestiones básicas como la Educación o la Sanidad. Mira que yo soy ingenuo, pero en esa no caigo. Ese dinero se escapará por otros sitios. Los Juegos no habrían sido más que una fuente más de corrupción y problemas económicos. Ni la principal, ni la peor. Y en contra de lo que sí sucede en otros ámbitos, algunos de los cuales siguen siendo social, política y mediáticamente aplaudidos incluso en el marco de la crisis, habría tenido muchas consecuencias positivas. En cambio, no tener estos Juegos no va a redundar en nada bueno por sí mismo y hace que se pierden oportunidades de imagen, comercio, turismo y deporte. Creo que hemos perdido mucho más de lo que algunos creen que hemos ganado. Obviamente, eso nunca será cuantificado.

lunes, junio 10, 2013

Sin redefinir la política, todo lo demás es imposible

Pío García Escudero es hoy el presidente del Senado, cámara en la que ocupa un escaño desde 1995. En el año 2000 pidió a su partido un préstamo de 24.000 euros para realizar obras en su vivienda, dañada en un atentado de ETA. García Escudero devolvió el préstamo entregando talones en mano. Ante el juez confesó que nunca declaró ese dinero a Hacienda. Según le dijo al magistrado, porque no sabía que tenía que hacerlo. Lo repito por si ha impactado mucho: el presidente del Senado no sabe que un dinero que le ha prestado el partido y que devuelve con talones hay que declararlo a Hacienda. Al PP todo esto le parece normal, no le importa el origen del dinero e incluso asegura que, de haberlo declarado, García Escudero habría pagado menos en su declaración.

El presidente del Senado es la tercera autoridad del Estado, pero no sabe que cuando uno recibe un préstamo hay que declararlo. La gente pide préstamos y se juega su futuro con ello, en ocasiones hasta su vida. Si no los declara, Hacienda actúa y les pega tal palo que deja tiritando. Si no los devuelve, lo pierde todo. Pero con el hoy presidente del Senado no pasa nada. Ni Hacienda ha dicho que vaya a hacer nada para reclamar el dinero y los atrasos, ni la Fiscalía General del Estado va a perseguir a quien ha cometido un de esos calificados presuntos delitos contra la Hacienda Pública. Ni siquiera él tiene la dignidad suficiente como para reconocer su incapacidad más absoluta para ser la tercera autoridad del Estado o para desempeñar un cargo público de cierto nivel cuando tiene una ignorante de semejante nivel. No pasa nada.

Esteban González Pons es diputado del PP por Valencia. Como tal, su presencia de lunes a viernes en el Congreso de los Diputados es habitual. Y como tal, cobra una compensación de más de 1.800 euros a cargo del contribuyente por trabajar en Madrid teniendo su residencia fuera de la capital. Pero el PP, partido que funciona entre otras cosas con el dinero que cobra del erario público, resulta que le está pagando un piso en Madrid, que casualmente alquila a una empresa vinculada a la trama corrupta de Gürtel. Al PP todo esto le parece normal, hasta el punto de que no es el único piso que tiene alquilado para sus dirigentes, sin aclarar quiénes se están beneficiando de esta práctica. González Pons, por tanto, se embolsa el dinero de compensación por tener que residir en Madrid sin destinarlo a una vivienda.

Menuda sorpresa, tampoco pasa nada en este segundo caso. Al partido no le parece perverso, derrochador y hasta malversador gastar el dinero que cobra de subvenciones públicas en el mantenimiento del status privilegiado de sus dirigentes mientras obliga (que no pide) a que el resto de los ciudadanos vean mermados sus derechos, sus vidas y sus ahorros. Lo suyo no se recorta. La sanidad, la educación y los servicios a los ciudadanos sí. A él no le importa seguir chupando del bote, aunque a los demás, esos que forman la plebe, tengan que buscar entre los botes de la basura. Con esto tampoco pasa nada. Ni la Justicia investiga, ni el partido pone freno a estas prácticas cuando han sido descubiertas. Ofrece oscurantismo y probablemente mentiras que tendrán que tapar con otras mentiras cuando se descubra lo siguiente.

Ya está claro. Ya lo estaba, pero estos dos casos tendría que abrir los ojos de quien los tuviera cerrados. La política española es una cloaca de vividores, de gente que no tiene formación alguna ni sentido común para conocer el funcionamiento elemental de la sociedad en la que viven. Sí, los dos casos son del PP. Y tengo la convicción, avalada en lo que la hemeroteca ofrece día tras día, de que su cloaca es más sucia que la de los demás. Que Gürtel eran tres trajes, sí, eso se decía. Y que eran incompatibles con la corrupción. O con los Jaguars que aparecen en sus garajes o con las tramas que pagan confeti en fiestas de cumpleaños o la iluminación de una boda. Que ahora tenga un poder absoluto en España hace que la situación sea todavía más grave, porque quiere decir que si la política no actuaría nunca para regenerarse, mucho menos lo hará en esta situación.

Sin redefinir la política y todo lo que la rodea, todo lo demás es imposible. Y como los políticos jamás accederán a redefinir la política, todo es, efectivamente, imposible. La gente seguirá sufriendo y ellos viviendo tan a gusto como siempre. Y nos venderán mentiras con sus falsas sonrisas, con sus promesas incumplidas, con sus mentiras demostradas. Y la gente le seguirá votando, les defenderá, les justificará. Incluso les comprenderá. Los medios seguirán escuchando sus absurdos argumentos y sus periodistas no se atreverán a hacerlas preguntas necesarias, o no les dejarán. Ellos seguirán gastándose el dinero que nunca llegará a los demás y su poltrona estará sucia pero seguirá siendo suya. Qué asco da leer casos como los de Pío García Escudero y Esteban González Pons. Pero más asco da pillarles, exponer públicamente cómo sangran al país cuya bandera luego se apropian, y que no pase nada.

viernes, abril 26, 2013

Gobierno dimisión, ya

Hoy es el día en que, alto y claro, se tiene que exigir ya la dimisión del Gobierno y la convocatoria de elecciones cuanto antes. La rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros de hoy, en la que su presidente, Mariano Rajoy, ha demostrado una vez su cobardía política y personal con su ausencia, ha sido la manifestación de su incapacidad para resolver los problemas y la culminación de todo un programa de mentiras y falsedades que, de seguir adelante, pueden provocar que España se suma en unas catacumbas de las que nunca podrá salir. Ya me da igual Gürtel, Barcenas, lo pintoresco de algunas declaraciones de ministros, sus cortinas de humo o las continuas trolas que han soltado a todos los españoles y que tendrían que sentar todavía peor a quienes le dieron el voto aunque lo impida en demasiados casos el hooliganismo que se ha instalado en la política. Lo que me preocupa es el dato del paro, verdadero indicador de la crisis, el que el PP fijó como su gran prioridad, el que no sólo no sabe cómo atajar sino que agrava día tras día con sus decisiones.

Hoy, en esa rueda de prensa del Consejo de Ministros, el Gobierno ha dado sus previsiones de paro para lo que queda de legislatura. Según prevé, alcanzará el 27,1 de la población activa a finales de este 2013, lo que supone 6,2 millones de personas sin empleo, más o menos lo que ya tenemos ahora. Para 2015, esa previsión es del 25,8 por ciento. En 2015 se acabará la actual legislatura, si es que el actual Gobierno mantiene todavía en pie al país como para agotarla. Y ese Gobierno, que hizo del paro su ficticia bandera para engañar a tantos votantes, habrá fracasado en su principal objetivo, porque cuando llegó al poder el porcentaje de desempleo estaba en el 22,8 por ciento. Dado que todas las previsiones que ha hecho el Ejecutivo desde que las urnas le entregaron La Moncloa y una devastadora mayoría absoluta han ido cayendo una a una, podemos pensar que el escenario en 2015 será todavía peor. A mí no me sorprende lo de ahora, y no me sorprenderá esa nueva mentira en 2015.

Mienten cada vez que se les pregunta por el tema del empleo, mienten en sus previsiones, mienten en los objetivos y logros (¿logros?) de la reforma laboral, y si mienten sólo hay dos opciones para explicarlo. La primera es que intenten ganar tiempo para ver si la solución aparece por sí sola, un poco lo que hizo José Luis Rodríguez Zapatero con tantos aspectos de la crisis económica pero superando todos sus registros de mezquindad y empobreciendo a la sociedad en muchos sentidos con sus "reformas". La segunda es que todo esto les dé absolutamente igual, que estén preocupados por la mejora de los indicadores macroeconómicos que les den algo de aire, que justifiquen esas "reformas" que amenazan el futuro de todos los españoles por corta que sea su edad en estos momentos (y si no, al tiempo), y que el drama humano que se esconde detrás de las cifras de paro no tenga incidencia alguna en el mantenimiento de su sillón. Puede que las dos razones sean verdad al mismo tiempo.

Lo que es obvio y evidente es la mentira con la que esta gente ha contaminado el debate político y social desde hace ya demasiado tiempo. El "esto lo arreglamos en dos años", el "con el PP la economía siempre va bien", el "Zapatero es la prima de riesgo" y demás gilipolleces (sí, gilipolleces, no se me ocurre un calificativo mejor; ¡viva la riqueza del español!) eran una mentira electoral que demasiada gente se creyó y que algunos, a los que se nos decía que éramos parciales, no tragamos en su momento. Siempre se dice aquello de que "todos los políticos son iguales", aquello de que Zapatero hizo una campaña "por el pleno empleo" (se obvia, por cierto, que aquella campaña se sustentó en la tasa de paro más baja de la historia de la democracia española, que fue con él en el Gobierno; sobre un falso crecimiento que no supo anticipar ni detener, por supuesto, pero ahí queda el dato), pero hay que analizar más. Y la culpabilidad de los medios de comunicación que abanderan la derecha y que pidieron el cambio por el cambio, sin pensar en lo que venía o en la capacidad de quienes tendrían que sacarnos de ésta, es igual de alta que la de sus responsables.

El Gobierno no da la cara, pero la prensa tampoco. Y ya está bien. ¿Queréis saber por qué el periodismo está tan mal valorado? ¿Por qué las cabeceras de papel pierden lectores a pasos agigantados? ¿Por qué los políticos campan a sus anchas con sus decisiones corruptas, ilegales e inmorales? Porque la prensa ya no ejerce de cuarto poder. Porque se toleran primeras páginas como éstas que acompañan a mi lamento. Porque ahora el periodista vive de lo cercano que está al poder y no de su control. Porque el trasvase de periodistas políticos a gabinetes de prensa de partidos y ministros, cuando no directamente a escaños, está a la orden del día. Porque tienen que sacar por fuerza algo de su apoyo incondicional y desmedido. Porque salen rumores publicados de que los sobres de Barcenas llegan a sus voceros de la prensa y no pasa nada. Porque se descubre que el PP envía correos electrónicos a sus líderes de opinión mediática dictándoles lo que tienen que decir y parece lo más normal del mundo. Y no puede ser. No podemos seguir así. Hace falta un periodismo nuevo, pero también una política nueva. Un Gobierno nuevo, sin duda. Dimisión ya. Si ellos mismos reconocen que no van a hacer aquello para que lo fueron elegidos, es la única salida digna. La que, por supuesto, no se va a producir.

martes, abril 16, 2013

La Ley de Godwin

En 1989, Mike Godwin dijo lo siguiente: "Se puede deducir que una discusión en USENET caduca cuando uno de los participantes menciona a Hitler y/o a los nazis". Un año después, esa frase le sirvió para formular una ley que toma su nombre: "A medida que una discusión online se alarga, la probabilidad que aparezca una comparación en a que se mencione a Hitler o a los nazis, tiende a uno". Se entiende que cuando alguien menta a la bicha, ha perdido la discusión. Pues bien, esa norma que se puede usar en Internet ha dado el salto a la vida real. Y no precisamente en tertulias de bar, que imagino que ahí se llevará poniendo en práctica desde hace mucho tiempo, sino en la vida política y social. Porque ahora resulta que son los que tendrían que marcar la diferencia los que caen en el barro más sucio.

Me acuerdo de aquellos gritos de "nazi" que Miguel Ángel Rodríguez, nada menos que ex portavoz del Gobierno con rango de secretario de Estado, dedicó en un programa de la televisión pública al doctor Montes (fue condenado después por ello en los tribunales), pero sobre todo veo ahora a María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP, tachando de prácticas nazis las protestas por los desahucios que ya se conocen como escraches. Es moda. Si eres del PP y quieres ser guay, tienes que llamar "nazi" a quien protesta por los desahucios. Seguro que está en los idearios. Pero hay más. Resulta que Toni Cantó, ese diputado que tiene como mérito previo a su carrera política una como actor y que le encanta meterse en berenjenales dialécticos sin ningún motivo, ahora tacha de "nazi" al presidente de la Generalitat catalana, Artur Mas. Y antes había hecho lo mismo contra el mismo destinatario catalán Juan Carlos Rodríguez Ibarra, aquel ex presidente de la Junta de Extremadura que nunca ha tenido como virtud la contención verbal, y que seguramente por eso alguna vez dijo algo interesante.

Así que nada, vamos a llamarnos nazis los unos a los otros y tan contentos. ¿Que no hay relación alguna? ¡Qué más da! No sé, para mí los nazis eran aquellos que invadían países, forzaban guerras mundiales y enviaban judíos a campos de concentración primero y a cámaras de gas después. Y miro por todas partes, pero en España no acabo yo de ver cosas así, aunque haya algunos que quieran verse como herederos de su estética y su pensamiento que lo que necesitan es viajar un poco y conocer otros mundos para desintoxicar sus cerebros. Igual me equivoco y esos viejos amigos de los que hace tiempo que no sé nada, esos que tenemos todos, han sido víctima de tanto nazi como parece campar a sus anchas por España. O igual es simplemente que usamos el término con una ligereza insultante y pretenciosa, achacable sin duda alguna a la ignorancia tanto de la Historia como de la realidad. Así que aplico la ley de Godwin y la llevo a sus últimas consecuencias. No es que cada vez que uno de estos tipejos llame "nazi" a otro pierda la conversación. Es que pierde automáticamente mi respeto y mi atención. ¿Por qué diablos tendría que perder el tiempo escuchando a ignorantes que no saben lo que dicen? Lástima que estos pensamientos tan poco iluminados sigan teniendo eco en los medios.

martes, febrero 26, 2013

El 11-M según González Pons

Oculta por el ruido del Debate sobre el estado de la Nación quedó una perla mediático-política pronunciada por Esteban González Pons el pasado día 20. Tengo debilidad por este hombre, tengo que reconocerlo. Es, a mis ojos, el prototipo de político español moderno. No, tranquilos, eso no es un elogio. Porque el político español moderno es uno que sabe que tiene un mensaje que comunicar y que ni parpadea al pensar que lo que está diciendo es falso, tergiversado u oportunista. Le da igual defender una cosa o la contraria, y sobre el sujeto de estas líneas ejemplos hay de sobra en las hemerotecas (podéis sustituir esa palabra casi en desuso por "Youtube"). No importa cuánto cinismo, resquemor o teatralidad haya que aplicar a su discurso, sabe cómo hacerlo. La política hoy, por desgracia, es tal y como la ejerce Esteban González Pons. Y por eso, a nadie le puede sorprender que los políticos sean el tercer problema más importante para los españoles según las encuestas del CIS, por detrás del paro y los problemas económicos.

Y como en su categoría es un grande (por mucho que se quedara sin el Ministerio por el que tanto luchó desde la oposición y ahora reaparezca quizá pensando que hay una crisis de gobierno más o menos cercana y a ver si le cae algo), me siento en la obligación de saludar con el entusiasmo que se merece su última perla. Lo mejor, sin duda, es que la veáis:


Sí, amigos míos. La prueba irrefutable de que no había terrorista islámico alguno en el 11-M es que no aparece en una película. Por lo tanto, en las Fallas se queman santos como vimos en Misión imposible 2, el plano de Madrid es tal y como se ve en La fría luz del día (la Ciudad Universitaria y el Retiro están juntitos) y los encierros de San Fermín son como se vieron en Noche y día. Espero que en la videoteca de Génova no haya una copia de Superman, filme que se vendió con el eslógan de "creerás que un hombre puede volar", porque igual González Pons culpa al Gobierno de Zapatero de no regular el vuelo sin motor para acciones superheroicas en las ciudades españolas. Ya hablando de películas históricas, también espero que González Pons no le pida a Wert que incluya 300 en los planes de estudios para cuando toque la batalla de las Termópilas. González Pons es, sin duda, quien mejor podría explicarme con qué película me tengo que quedar, si con Cristóbal Colón. El descrubrimiento o con 1492. La conquista del paraíso, el que nos puede decir qué Robin Hood es el más cierto, si el de Kevin Costner o el de Russell Crowe. Y me gustaría saber si considera adecuada la visión sobre el esclavismo que hizo Quentin Tarantino en Django desencadenado.

Ya que estamos, por qué limitar esta conversación, me gustaría saber qué teoría defiende González Pons sobre el asesinato de Kennedy, por saber si me tengo que ceñir a los que explicaba Oliver Stone en JFK. Antes de responder esa pregunta, que alguien le recuerde a González Pons que Stone también dirigió el documental Comandante, sobre Fidel Castro, que seguro que su opinión depende de ese segundo detalle. Y, por venirnos arriba con temas patrios, si Lobo es una explicación realista sobre cómo es la lucha antiterrorista en España o si Salvador cuenta de verdad lo que sucedió en tiempos del franquismo. Ah, no, que de eso no podemos hablar si no lo hacemos desde su punto de vista, porque es "reabrir heridas". González Pons sí puede hablar sobre el 11-M pero los demás no podemos hablar de otras cosas. Se me olvidaba, torpe de mí. Política moderna, vaya. De verdad, me encanta escuchar este hombre. Si no fuera porque detesto lo que representa, de mayor querría ser como él.

jueves, febrero 21, 2013

¿Qué aplaudimos?

Yo era uno de los entusiastas del Debate sobre el estado de la Nación. Bueno, antes de eso habría que decir que yo soy, creo que sigo siendo, un entusiasta de la política. Creo firmemente que todo es política, que no hay foro en el que no merezca la pena debatir sobre los problemas y las cuestiones que afectan a la gente. Porque la política es justo eso, es localizar qué funciona mal y arreglarlo. Y para eso hay muchas armas. El debate es una de ellas. Pero es el arma que los políticos actuales no quieren utilizar porque están ocupados en sus propias cuestiones, en sus egos, en sus sueldos y en sus sobres, tengan la forma que tengan estos. Por eso, el Debate sobre el estado de la Nación que ha terminado hace unas horas (aunque su segundo día y las últimas horas no haya interesado a nadie... ni siquiera entre esa política que copa los titulares) ha sido el más superfluo e inútil de los últimos años. Quizá de toda la historia de la democracia. ¿Por qué? Fundamentalmente porque el presidente del Gobierno ha acudido para examinarse él solito y para recibir el aplauso de los suyos, y no para hablar de la nación. Y de los nacionales ya ni hablamos.

Ha hablado de una nación, pero no de ésta en la que vivimos los mortales. Ha dibujado un escenario impresionantemente bonito, en el que la crisis, palabra que ya hemos desgastado y cuyo significado se ha rebajado y hasta dulcificado de tanto usarla, es algo del pasado. Y lo es gracias a él, al hombre, al presidente, al líder, al mesías. Todo es inevitable. Tenía que hacerlo porque si no, oh, pobres de nosotros, habríamos ardido en las tinieblas. Y ha recibido el entusiasta aplauso de los suyos. Antes, durante y después de sus intervenciones. Sí, ya sé que desde la otra bancada también han aplaudido a Rubalcaba, ya. Pero eso no importa por dos motivos. En primer lugar porque aborrezco evaluar este Debate como un examen de líderes, no voy a caer en ese juego. Y segundo porque el que gobierna es Rajoy. No lo olvidemos. Hoy es irrelevante lo que diga Rubalcaba... o cualquier otro líder político que no sea el presidente del Gobierno. ¿Por qué (de nuevo esa maldita pregunta)? Sencillo, porque Rajoy gobierna con mayoría absoluta. Esa es la forma de hacer que nada más tenga relevancia, por mucho que se quiera insistir en lo contrario.

Y Rajoy confirmó lo que ya imaginaba yo de él antes de las elecciones que le llevaron al poder. Siempre me mostré convencido de que acabará arreglando el país... pero como él entiende arreglar el país. Porque en eso no estamos de acuerdo. Para él, arreglar el país supone dar unas cuantas cifras de conceptos que no entiendo y sobre los que no voy a intentar averiguar nada porque siempre se pueden ver desde diferentes puntos de vista. Para mí, es algo muy distinto. Y en un país (España, ni Oz ni el de las Maravillas) que tiene seis millones de parados, una pobreza creciente, desahucios, despidos, sueldos cada vez más bajos, una sanidad cada vez más imposible, una educación cada vez más deficiente, huelgas de todos los colectivos, recortes en todas las partidas sociales, emigración de personas preparadas e impuestos en alza, a mí sólo se me ocurre una pregunta. ¿Qué aplaudimos exactamente? Esa es la pregunta que nadie le hará ni a Rajoy ni a los que salen en esa foto, porque ya todos hemos entrado en su juego perverso. Aquel en el que el Debate es un duelo entre dos pistoleros, la elección del delegado de clase, un uno contra uno de un partido de fútbol. Pero ya no es debatir sobre el estado de la Nación y de quienes la habitamos.

jueves, enero 24, 2013

Dar la cara es vital

Hace no mucho leí que el Gobierno pedía ideas para regenerar la labor del político y que ésta fuera mejor recibida entre la ciudadanía. ¿Queréis una? Dad la cara. Es vital. Y lo de hoy, la mayor de la cobardías democráticas. El mismo día en el que la Encuesta de Población Activa bate un récord histórico, negativo, por supuesto, y coloca a España al borde de los seis millones de parados (cifra que no se ha alcanzado por la cantidad de gente que, desesperada, ha dejado de buscar trabajo o se ha ido al extranjeros en busca de una vida que España no le puede dar), sólo ha comparecido un miembro del Gobierno. Ha sido, y una emisora de radio, la Cadena SER, el ministro de Agricultura y no sé qué más porque en el fondo me da igual la nominación, Miguel Arias Cañete. ¿Y sabéis lo que ha dicho? Que la reforma laboral ya está dando sus primeros frutos, que se está deteniendo la destrucción de empleo.

Mariano Rajoy es el presidente del Gobierno que no dudó en buscar votos para serlo fotografiándose en una oficina del INEM con cara compungida. El mismo que dijo, en grandes titulares a cinco columnas, que cuando él gobernara el paro bajaría. No es que importan ya las promesas del Gobierno que más ha incumplido en toda la historia de la democracia, y eso que sólo lleva un año. Pero, al menos, hay que exigir que dé la cara. No lo ha hecho nunca, y hay ejemplos señalados, pero igual ya va siendo tiempo de que lo haga, que para eso consideró el problema del paro como la prioridad de su mandato cuando le sirvió para que muchos creyeran que el "cambio" era imprescindible para que el empleo creciera. Como soy poco exigente, me habría conformado con que apareciera la ministra de Trabajo, Fátima Báñez, esa desaparecida mujer que no está para valorar los datos de desempleo ni tampoco para ir a las cumbres sobre la materia que se celebran en Bruselas. Me pregunto entonces para que está, pero recordando su récord publicado en Twitter en un juego de bolitas igual ya tengo la respuesta.

El hecho de que el ministro de Agricultura sea la única voz del Consejo de Ministros en respuesta inmediata a estos datos es una tomadura de pelo que se explica por sí sola. "Conscientes de que es una cifra preocupante, que habíamos anticipado, hemos hecho las reformas para que 2013 sea un año mejor pese a todos los augurios", dijo Cañete. Bla, bla, bla de argumentario tóxico que se rebate en dos pinceladas. La primera: Federico Jiménez Latorre, secretario de Estado de Empleo y encargado del marrón de valorar los datos de hoy a falta de un presidente, vicepresidenta o ministro que se gane el jugoso sueldo que cobra, aseguró que "hasta finales de este año o principios de 2014 (...) no es esperable que aumente el empleo", lo que dificulta que, como dice Cañete, 2013 sea un año mejor. La segunda: "Espero que no", dijo la ministra de Empleo, Fátima Báñez, cuando al aprobar la ya mencionada reforma laboral le preguntaron si sería la ministra de los seis millones de parados, eso que Cañete dice que su Gobienro ya anticipaba.

Rajoy y sus ministros no es ya que no arreglen un problema que, espero que ya nos hayamos dado cuenta todos, no saben cómo arreglar sin la ayuda de la divina providencia. Pero es que ni dan la cara en este asuntillo de nada que es el paro en España. Bienvenidos a otro de los inmensos beneficios de la mayoría absoluta, que empiezo a pensar que tendría que estar prohibida por Ley.

jueves, noviembre 15, 2012

Perdimos todos... pero hay que ver lo importante

Ayer hubo huelga general. Sí, ya sé que llego tarde. Es que todavía estoy asimilando lo que pasó. Así, más o menos por orden, la huelga comenzó con los piquetes, las amenazas de siempre a quienes quisieron trabajar, la "normalidad" proclamada por el Gobierno y el "éxito" defendido por la oposición. Siguió con los detalles que unos y otros esgrimen sin piedad para mostrarse con más razón que nadie. Las redes sociales se inundaron de hechos más o menos graves que, se supone, debían demostrar que el otro estaba equivocado. Los más conservadores colgaban fotos y vídeos de gente insultando a comerciantes, de piquetes y huelguistas sobrepasando los límites de lo legal y de lo ético. Los más progresistas buscaban imágenes en las que la Policía se sobrepasara en su actuación, titulares reaccionarios y provocadores de los medios de derechas y falsedades en las cifras oficiales del seguimiento.

¿Y sabéis qué? Yo estoy convencido de que perdimos todos. La perspectiva se ha perdido. Ya no importa lo que se haga, sino quién lo haga. Ya no importan las razones, sino quién las esgrima. Y no vemos lo importante. En primer lugar, no nos damos cuenta de que la huelga ha dejado de ser un derecho. La gente no elige libremente si quiere sumarse. Algunos privilegiados sí, la mayoría no. Por supuesto, algunos piquetes coaccionan y hubo personas que tuvieron que cerrar sus comercios o no entrar en sus lugares de trabajo por miedo. Eso es grave. Pero eso se ve en las imágenes. Lo que no se ve es igualmente importante. No se ve, salvo que un jefe se vanaglorie de ello en las redes sociales, cuando un trabajador está abiertamente coaccionado por sus superiores para no sumarse o que tras tantos recortes no pueda permitirse el lujo de hacer huelga porque necesita cada céntimo que gana. ¿Hizo huelga todo el mundo que quería hacerla? No lo creo. La prueba está en que las manifestaciones, a decir de todo el mundo, fueron un éxito mayor que el paro.
Para mí es importante que quien se pase de la raya pague por ello. Ha habido muchos detenidos (para mí eso no es "normalidad", no sé por qué tiene que serlo), y me imagino que pagarán por ello. Pero también hay mucha impunidad. Y me refiero a quienes se supone que tienen que velar por la seguridad de todos. Parece que cuando hay una manifestación, las normas se olvidan. Es demasiada casualidad que en todas estas últimas concentraciones haya habido heridos de tanta consideración o casos de violencia alevosa e injustificable. Pero lo peor de todo es que, efectivamente, se justifique. Antes de saber que había un vídeo con un mosso golpeando en la cabeza a un crío de trece años, se hablaba de mala suerte. Yo lo que veo en el vídeo es un tipo repartiendo a diestro y siniestro, a la altura de la cabeza, con ganas de conseguir lo que consiguió de la víctima equivocada: sangre. He llegado a leer en redes sociales que el chaval se buscó el golpe por estar donde no debía. Con un par.

Pero es casi peor lo de la chiquilla de 16 años a la que agreden después. Ni les insulta, ni les amenaza, ni supone un riesgo para su integridad. Pero dos agentes, dos, le propinan un empujón y tres golpes con la porra ¿Una adolescente grita a un policía y la respuesta policial es la violencia? ¿Es eso admisible en un Estado de Derecho y en una democracia? ¿Lo es que un responsable policial lo justifique? ¿Significa eso que si pasa un delincuente a mi lado entonces estoy en peligro de recibir una cobarde agresión policial que quedará impune? No voy a generalizar. Yo valoro a la Policía. Muchísimo. Pero precisamente por la responsabilidad que tienen son los primeros que no pueden sobrepasar ciertas líneas. Algunos las están sobrepasando. Y lo que es peor, con la justificación (¿con las órdenes?) de sus superiores y con la comprensión de quienes no comparten las protestas. Eso es una fractura social brutal.
Como la que provocan los políticos. Olvidémonos por un momento de las razones de la protesta. Es decir, no condicionemos nuestra opinión en base al acuerdo o rechazo que sentimos por sus motivos. Todos tendríamos que estar de acuerdo en que la huelga y la protesta en la calle son derechos. Todos tendríamos que velar por su cumplimiento. No tendríamos que tolerar la mofa o el desprecio hacia quienes protestan, sea del signo que sea su protesta. Y sin embargo lo hacemos. Con estas protestas surgen términos como "perroflautas". Pero, aún más, asumimos sin más que se menosprecie su protesta. Indigna que la Delegación del Gobierno hable de 35.000 personas. Es un mal endémico aquello de que el Gobierno de turno falsee las cifras de asistentes a un acto o protesta. Pero en algún momento hay que decir basta. Ojalá hubieran contado con la misma precisión los asistentes a la famosa fiesta de Halloween en el Madrid Arena. Y basta ya de mensajes de "sí, pueden protestar pero voy a hacer lo que me da la gana". Ese era el peligro de la mayoría absoluta. Y eso es importante.
Lo es también el papel de los medios de comunicación. Una manipulación, una falacia, un insulto o un menosprecio a quien ejerce su derecho a la huelga, por el motivo que sea, tendría que tener una condena unánime precisamente porque es un derecho democrático. Portadas como la de La Razón tendría que conllevar una severa reprimenda del colectivo periodístico y, también, de la propia sociedad. Recibirla con forofismo solo conduce a una fractura social inevitable. "Fracasados", dice. Es un titular calculado para ofender a todo aquel que hizo huelga o la defiende, pero circunscrito a los líderes sindicales de la portada para que nadie le pueda decir que insultaba a los manifestantes (lo que recuerda a aquel argumento de Andrea Fabra y su famoso "que se jodan" que fue o no fue para los parados). Explicaba hoy Francisco Marhuenda, director de La Razón, que el titular era impecable, porque quien fracasa es un fracasado. En ese caso, supongo que aceptará que quienes piensen que La Razón es un panfleto que fracasa en su objetivo de informar y hacer periodismo, le llamen fracasado a él como director de dicho periódico.

Y luego está Hermann Tersch, que en una muestra de que el periodismo en España es ya una basura infumable e injustificable, grabó su evaluación sobre la huelga... antes de que la huelga tuviera lugar. Pensadlo fríamente. Un periodista hizo un artículo de opinión sobre un hecho antes de que el hecho sucediera. Le daba igual lo que sucediera porque su opinión vale más que el hecho. ¿Es lícito eso en el periodismo? No tendría que serlo. Pero lo es. La prensa de derechas ha convertido a Tersch en una especie de ídolo por su forma de oponerse a la huelga, cuando en realidad es aplaudido por voceros ideológicos a los que el periodismo no les importa lo más mínimo. Y ahora nos preguntamos porque el periodismo es la profesión con más paro y una de las peor valoradas por los ciudadanos. Por cosas como ésta. Porque la credibilidad es cosa del pasado. Porque Tersch jamás se saldrá de lo que se espera de él. Y puede que eso pase en todos los espectros ideológicos, que ya sabíamos que los sindicatos y su prensa afín venderían la huelga como un éxito, pero hasta que no veamos quienes son los que realmente abusan de estas reprobables prácticas no podremos solucionar el problema.

Ayer hubo huelga. Y la sensación que tengo yo hoy es que vivo en un país cada día más cercano al abismo social. Y me refiero a los motivos por los que se convocó la huelga, sí, pero también al hecho de que ninguno de sus actores, a nivel político, sindical, periodístico, policial y social actuó movido por el bien común. Qué mal vamos. Mal de verdad.

jueves, octubre 25, 2012

El discurso del Rey

Suelo prestar atención al Rey en su mensaje navideño. Sí, sí, ya sé, soy uno de los pocos que lo hace junto con algunos dirigentes de partidos nacionalistas, deseosos de reaccionar a cámara al día siguiente. Suelo prestarle atención porque es el jefe del Estado y en algo tendría que contar esa condición. Pero cuando el jefe del Estado pierde la perspectiva de la situación del Estado en el que ejerce la jefatura se está ganando que nadie le haga caso. Entre su justificación tras saberse de su accidente de caza, los disgustos que le está dando la familia y su creciente adhesión a las políticas del Gobierno actual, algo que no forma parte de sus atribuciones constitucionales y obligaciones sociales con su pueblo, está sumando muchos puntos para que las ideas republicanas cuajen con fuerza en España. Y lo digo sin tener demasiado apego ni desafecto por la monarquía constitucional o por la instauración de una nueva república. Veo pros y contras en todos los sistemas políticos y no soy entusiasta de ninguno. Raro que es uno en este mundo frentista.

El caso es que hoy el Rey ha dicho en Bombay que "las serias medidas de política económica" ya han "comenzado a dar sus frutos". Vale. Como respuesta a esa afirmación, no voy a entrar siquiera en la contestación social que hay a esas medidas ni voy a juzgar si es o no mayoritaria. Simplemente voy a abrir un par de periódicos digitales de hoy en busca de esos primeros frutos de los que habla. El mejor ejemplo de que las palabras del Rey, por muy obligadas que sean para que fuera se crean el mensaje y traigan inversiones a España, no están muy cerca de la realidad lo da el suceso más triste del día. Un hombre se ha suicidado pocos minutos antes de que le embargaran su casa en Granada. A eso es a lo que nos está abocando la forma de responder a esta crisis. A estas soluciones deshumanizadas en las que el banco gana y la persona pierde. Lo pierde todo.Y al mismo tiempo no pasa nada. Todo parece normal. A este hombre no le importan ya las medidas económicas, por muy serias que sean o muchos frutos que estén dando.

Y mientras los jueces denuncian los evidentes abusos legales en este terreno, pero eso no parece urgente de reformar, porque importan más los bancos que las personas, los números que la dignidad de las vidas. Lo que sí es importante regular, como han dicho varios cargos políticos en las últimas semanas, es el derecho de manifestación. No para atender lo que dice Amnistía Internacional sobre el uso excesivo de la fuerza en algunos casos o la impunidad absoluta de quienes se exceden en el uso de la porra con un uniforme y un casco, no. Para proteger a esos que confunden la Ley con la represión. Que serán uno o dos, porque yo no voy a hacer un alegato contra la Policía, pero que, por muy policías que sean, tendrán que responder ante la Justicia como cualquier otro. Porque si hay que protestar contra la financiación ilegal de un partido político o contra la privatización encubierta de la sanidad, tantas veces denunciada como desmentida, para favorecer a amiguetes con dinero público, se hace. Sería mejor que las administraciones paguen los servicios esenciales, porque en Cataluña las farmacias están de huelga por eso. Para otros gastos hay dinero, para medicinas no.

España ofrece mucho más en un día en el que su Rey ve frutos en las medidas económicas, un día como el de hoy, sí. Hasta las cosas más absurdas, vistas desde luego desde el prisma colocado en las alturas. Si no tienes dinero para pagar el uniforme, te pueden expulsar del colegio. Esas cosas suceden, sí. Lo importante no es que un niño esté escolarizado, que ya ha habido noticias de sobra sobre este tema en días anteriores como para que hoy también estén entre los titulares, sino el dinero que tiene. Ojalá fuera eso todo lo grave que sucede en la educación, pero estamos contentos, que para eso Wert dijo con informes de 2010 (gobernaba él entonces, claro) que es mentira que se haya recortado en Educación. Lo de la educación digo yo que alguna importancia tendrá, cada vez menos, eso sí, pero leo que hay un millón de personas sin estudios está en paro, cuando en 2007 eran 400.000. Supongo que ellos tampoco están viendo los resultados de las medidas económicas.

Y resultados tiene, ya lo creo. Los que se veían venir y que todos los meses se concretan en las estadísticas de paro. Así, concretamente y en el día de hoy hemos sabido que desde que se aprobó la reforma laboral, una de esas "serias medidas" de las que habla el Rey, se han disparado los ERE llevados a cabo en España. Gente sin trabajo. En la calle. Sin dinero. Puede que sin futuro. Y sin nada de eso, podemos volver al tema de las hipotecas o de la educación. O a lo de los impuestos, que ya hay propuestas en las que se habla de retirar toda ayuda a la compra de vivienda, incluso con carácter retroactivo o incluir muchos más productos en el IVA normal (el que ahora está en el 21 por ciento), porque si no, y eso se da casi como un hecho que hay que asumir, habrá que congelar las pensiones.

Ya me contará donde están los frutos. Porque yo leo el periódico y hoy no los veo. Si cogiera titulares de ayer creo que tampoco los vería. Y estoy seguro de que con los de mañana seguiré sin verlos. Quizá convendría que el Jefe del Estado abandonara sus discursos escritos por no sé qué asesor, mirara a los ojos a cualquier de los afectados por estas noticias y les dijera que todo lo que acabo de citar no tiene importancia, que es verdad que hay ya unos primeros frutos. Y si no puede o no quiere sacarnos de nuestra ignorancia, porque supongo que seguirá viviendo a cuerpo de rey (¿quién inventaría esa expresión y por qué...?), no creo que sea el único que le agradecería que no pronunciara frases más apropiadas para uno de esos políticos de medio pelo que han provocado la desafección de tantos ciudadanos hacia la política. Porque si eso lo hubiera dicho el portavoz adjunto de no sé qué partido que gobierne en cualquier lugar habría conseguido el titular de prensa que buscaba. Pero creo que el jefe del Estado está para otras cosas. Voy a mirar la Constitución que tengo aquí al lado, en mi estantería, para ver qué dice sobre esto.

martes, octubre 16, 2012

Batasunizados

"En el País Vasco estamos padeciendo las consecuencias de grupos como Nunca Máis. Lo que estamos padeciendo es la batasunización de la sociedad por parte de ETA. Su estrategia siempre ha sido crear estructuras sociales que, sin llamarse ETA, estaban al servicio de ETA". La frases de Jaime Mayor Oreja y la pronunció el 12 de febrero de 2003.
"Yo cuando iba al instituto, las huelgas las organizaban los de Batasuna. En Vitoria, había muchas huelgas, las huelgas los organizaban los de Batasuna, nunca las organizaban los padres y yo por eso creo que por eso los representantes de la CEAPA tienen que pensar si realmente están representando en este caso o no a los padres". La frase es de Alfonso Alonso y la pronunció hoy.

Todos los que no estamos de acuerdo con ellos estamos batasunizados. Somos todos unos radicales. Unos indeseables. Por supuesto, no tenemos razón. Es más, estamos en contra de la razón. Da igual que protestemos por los recortes, por las ayudas a los bancos, por la precariedad de la educación, por la muerte lenta de la sanidad pública y universal, por la insostenible situación de la justicia, por tener que pagar más medicamentos que nunca, por el trato a los inmigrantes, porque los culpables de la crisis no sean juzgados o por el mayor desastre medioambiental de la historia en forma de hilitos de plastinina. Y, sí, estamos batasunizados. Somos como la izquierda abertzale más violenta. Quizá incluso peores. Al menos no somos terroristas. No somos etarras. Todavía. Démosles tiempo, que con sus imbecilidades oratorias se lo merecen. Semejantes estupideces solo pueden mejorar cuando se está tan convencido de que la gente es idiota y no se da cuenta de que nos gobiernan con esta mentalidad retrógrada y tan poco democrática.

lunes, septiembre 17, 2012

Madrid, esa anomalía democrática

En 2003, Esperanza Aguirre se convirtió en presidenta de la Comunidad de Madrid después de uno de los escándalos más grandes que ha habido en la política española en las últimas décadas. Y ha habido unos cuantos. Pero ninguno como el tamayazo. Eso de que desaparezcan dos diputados socialistas imprescindibles para la investidura de un presidente es algo que no sucedió antes y seguramente no sucederá más. Eso de que todavía no sepamos por qué esos dos diputados decidieron arruinar la posibilidad, ganada en las urnas (con otra anomalía, eso sí, la de que pueda gobernar alguien que no es el más votado), de que Rafael Simancas se convirtiera en presidente madrileño con los votos de PSOE e IU es algo que me tiene todavía perplejo. Hubo una comisión de investigación que Aguirre y su partido, ya en el Gobierno regional después de la repetición de las elecciones, dejó en nada para vergüenza de la democracia aunque a casi nadie le importara aquello.

Sé que habrá gente que lo pensará, pero para mí no era cuestión de partidos. No debieron repetirse esas elecciones. Si de verdad fue una pelea interna, Aguirre y el PP tendrían que haber mostrado grandeza y garantizar la investidura del único candidato absteniéndose en la votación, y lo hubiera dicho igual en caso inverso. Así se habría respetado lo que votó el pueblo. Pero no. Además, llamadme malpensado, pero tengo grabadas en la memoria aquellas declaraciones que ahora, con esta dimisión y el repaso a su carrera política, recuerdan algunos medios de comunicación, aquellas que hizo días antes de la investidura (en la que, y eso sí lo digo de memoria y sin total seguridad, ella no se presentó como candidata alternativa) en las que afirmaba que aún no daba por perdida la presidencia de la Comunidad de Madrid.

Desde entonces, y por una cuestión de creencias e ideales, ni mucho menos por una de color político, tengo un desapego absoluto por la política madrileña. Y ese desapego ha ido creciendo según se producían acontecimientos que lo aconsejaban por higiene mental y democrática. Comenzó Aguirre con aquella promesa de dimitir si había algún enfermo en la lista de espera para ser operado durante más de 30 días. Simplemente, cambió los criterios para entrar en esas listas para que no pudiera darse ese caso, y a correr. Como ahora ha cambiado del "más IVA no" y recoger firmas contra el Gobierno central del PSOE a callar cuando lo ha subido el del PP más aún. Luego llegó Gurtel, otro turbio asunto del que en realidad parece que sabemos mucho menos de lo que hay por detrás de las imágenes de la boda de la hija de José María Aznar y Ana Botella.

Y luego, para completar el cuadro de la anomalía democrática en la que se ha convertido Madrid, precisamente Ana Botella se convirtió en alcaldesa de Madrid sin que el pueblo la haya votado. Eso, evidentemente, no es una anomalía del sistema democrático madrileño, sino nacional, porque en toda España votamos listas cerradas y no candidatos a la Presidencia de las instituciones o siquiera por listas abiertas para cada escaño. Pero con esta situación de doble elección por parte de un poder político sin pasar por las urnas del pueblo, Madrid, la capital del Estado, es paradigma de lo mal hecho que está el modelo en algunas cosas. Ni su primer edil ni su presidente autonómico encabezaron ninguna lista en las recientes elecciones. No estuvieron en los carteles. No se votó pensando en ellos. El ciudadano en Madrid ya no pinta nada, votan ellos y punto.

Ahora Esperanza Aguirre dimite y deja la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Como sus explicaciones no han sido todo lo claras que creo que tendrían que haber sido para disipar las dudas, y teniendo en cuenta su historial de declaraciones, se abre la puerta de la especulación de par en par y sin posibilidad de ser cerrada con motivo. Yo no voy a entrar en ese juego, pues nada sé. Si son cuestiones médicas y personales las que le llevan a abandonar el cargo político para el que fue elegida hace año y medio, no tengo nada que decir. Solo mostrar mi más absoluto respeto y desearle que sea feliz con su vida, que ya pasa al terreno de la indiferencia pues sus decisiones no afectarán ya más a la mía. Pero veo muchos agujeros en las explicaciones y en el calendario. Y las dudas no aclaradas son las que alientan siempre los peores pensamientos sobre las razones que hay detrás de una dimisión de semejante relevancia política y mediática.

Y es que no me parece ni medio normal que tres días después del debate sobre el estado de la región, protagonizado obviamente por la presidenta, ésta presente una dimisión que, dice, lleva meditando mucho tiempo. Porque entonces, ¿para qué sirve ese debate? ¿Y para qué sirve la Asamblea de Madrid? En realidad tampoco me parece normal que dimita año y medio después de las elecciones, porque soy un firme convencido de que el mandato de las urnas tendría que ser sagrado salvo causa de fuerza mayor, pero las dudas sobre si achacar su marcha plenamente a su estado de salud hacen que ese argumento quede en suspenso. Lo que no me parece de recibo en ese caso es que no se convoquen elecciones. Porque, de haberse anunciado hace unas semanas, se podrían haber convocado junto a las vascas y a las gallegas. Pero Madrid, como Spain, debe ser different.

Todas estas dudas vienen dadas porque no se retira de la vida pública, sino de la primera línea política. Dice que va a pedir su reintegro al puesto como técnica de Información y Turismo. Es decir, quiere seguir trabajando. ¿Luego hay razones políticas y/o económicas para dejar su cargo que no se quieran hacer públicas? ¿Tienen algo que ver la precipitada convocatoria de la rueda de prensa en la que anuncio su dimisión (dos horas antes) con el contenido de la reunión previa con Rajoy en la que le comunicó su marcha? Porque, hasta hoy, Esperanza Aguirre había hablado de muchas cosas y la mayoría para oponerse al Gobierno. El caso Bolinaga o la ley antitabaco (por lo de Eurovegas) han sido los dos últimos ejemplos de una larga lista, pero evidentemente la situación económica y la realidad económica de la Comunidad de Madrid se ponen directamente sobre la mesa. Porque sigo sin ver a alguien que hace poco tiempo amagó con ser alternativa a Rajoy en el liderazgo de su partido o que siempre haya dicho que quería ser alcaldesa de Madrid anunciando una dimisión y una retirada así como así.

Tengo la sensación de que hay muchas cosas que no se han contado y una sensación aún más clara de que, por desgracia, nunca las vamos a conocer a ciencia cierta. Como con el tamayazo. Y como entonces, sólo podremos especular con lo que vaya sucediendo a partir de ahora. Pero al menos sí se puede decir abiertamente, con tanta rotundidad como pesar, que Madrid es una anomalía democrática por tener un presidente, en breve, y una alcaldesa que no se presentaron a unas elecciones como cabezas de lista. Cuánta falta hace la reforma de la ley electoral y qué poco interés parecen tener en reformarla los únicos que tienen la capacidad para hacerlo.

martes, agosto 21, 2012

Se hace camino al andar

Me gusta caminar. Viviendo en una gran ciudad, capital del reino que dirían algunos, lo de caminar es algo que casi parece raro, bizarro y rocambolesco, pero me gusta. Si el trayecto es de hasta una hora a pie y dispongo del tiempo necesario para hacerlo, me calzo mis deportivas y ando, sin pensármelo dos veces. Siempre he creído que andar es muy saludable. Constituye, de hecho, un elevadísimo porcentaje (nótese el sutil eufemismo) del ejercicio que hago cada semana. Y lo hago con gusto, me sienta bien.

A la hora de andar, suelo toparme con un problema, y es que cada vez resulta más difícil encontrar gente dispuesta a ir a los sitios andando. Sacarse el carnet de conducir y disponer de coche tiene un efecto maquiavélico que todo conductor niega vehementemente a priori y que después cumple a rajatabla muy a su pesar: si tienes coche, ya no andas. Incluso los trayectos cortos los hacen con el volante entre las manos y los pies en los pedales. Andar es, para ellos, una pérdida de tiempo, porque con el coche en cinco minutos se llega a cualquier sitio.

Menos mal que nuestros concienciados gobiernos no dejan de pensar en nosotros y trabajar para mejorar nuestros hábitos. ¿Que usamos mucho el coche? Pues subimos la gasolina y listo. Les decimos a los consumidores que ha subido el petróleo, que, total, nadie se fija en esas cosas, y la cosa cuela. Cuando baja el petróleo, la gasolina no lo hace, pero qué más da, si alguien lo preguntara les soltamos alguna cortina de humo y listo. Para que no usen tanto el coche luego les decimos que utilicen el transporte público. Que si está muy bien, que si contaminamos menos, que si es barato...

Una vez que ya tenemos convencido al personal de que el transporte público es bueno, bonito y barato, una vez que presumimos de tener la mejor red de comunicaciones del mundo, entonces subimos el precio. Así, a pelo y sin anestesia. Habrá quien se pregunte por qué, si cada vez lo utilizaba más gente y, por tanto, tendría que ser más rentable, pero no es cuestión de ser quisquillosos. Se sube para mantener la calidad del servicio. Sí, siempre hay algún alborotador, sobre todo algún socialista de esos, pero en general la gente traga porque la decisión la toma gente muy, muy, muy capaz y preparada.

El siguiente paso es evidente. Recortar prestaciones. Que si menor frecuencia de paso de los autobuses, que si cierra antes el Metro, que si las escaleras mecánicas dejan de funcionar sospechosamente... Es decir, que ahora pagamos más recibiendo un peor servicio. ¿Que nos queda después de eso? Volver a subir el precio, por supuesto. ¿Y cuál es la jugada maestra? Esconder la subida en la decisión de otro responsable político. Que el Gobierno central sube el IVA, pues yo me apunto el carro y lo subo todo. Incluyendo el transporte que acabo de subir ya por mi cuenta.

Si no fuera por el inmenso desprecio que siento hacia su trabajo político allá por donde haya pasado, casi podría pensar que la excelsa presidenta de la Comunidad de Madrid es mucho más inteligente que lo que su guiñol y Caiga quien caiga nos hicieron pensar durante años... Porque ahí está, ahí está viendo pasar el tiempo y no es precisamente la Puerta de Alcalá... Yo le tengo que agradecer que me anime en mi propósito de hacer camino al andar. Porque cada vez voy a andar más y a pagar menos abonos, menos metrobuses y menos billetes de transporte. Cada vez menos. Hasta que me acabe yendo andando a Alcobendas o a Getafe. Tiempo al tiempo...

lunes, julio 23, 2012

¿Qué es "salir de la crisis"?

Salir de la crisis. Salir de la crisis. Salir de la crisis. No sé cuántas veces habré escuchado ya esa expresión en boca de nuestros políticos, muy profusamente en la mesa de la sala de prensa de La Moncloa tras las reuniones del Consejo de Ministros y especialmente en boca de nuestra vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y nuestro ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Salir de la crisis. ¿Y qué demonios es salir de la crisis? Porque creo que ahí está la clave para entender este embrollo que tenemos montado y del que tan poco nos informa adecuadamente nuestro Gobierno. Con el resultado de las últimas elecciones, yo estaba convencido de dos cosas. Por un lado, hay que ver lo ingenuo que puedo llegar a ser, pensaba que este Gobierno presidido por Mariano Rajoy, arreglaría de alguna manera las grandes cifras económicas. Lo de la primera de riesgo, el déficit y esas cosas de las que la mayoría no tenemos ni idea cómo funcionan pero que inundan titulares e informaciones. En esto, desde luego, no estoy acertando mucho, no.

Pero de lo que sí estaba convencido, y el tiempo sí me ha dado la razón aquí, es de cómo se iba a intentar salir de la crisis. Por mucho que el programa electoral del PP fuera un galimatías de buenas intenciones y frases bonitas que eran imposible de cumplir, su absoluta carencia de compromisos concretos invitaba a pensar lo peor. Para mí era evidente que había un plan oculto, eso sí, de principios y sin detallar. Era obvio que se iban a recortar derechos, que el dinero se iba a ahorrar del y no en el bolsillo del ciudadano, que los servicios se iban a ver mermados, que todas las medidas pasarían por reducir gasto sin atender siquiera a si es necesario que ese gasto lo preste la administración o no. Con los precios subiendo y los sueldos bajando, las ayudas desapareciendo y los servicios públicos malviviendo, al PP le han bastado siete meses de gobierno para superar la más triste de mis expectativas y demostrar que salir de la crisis es para ellos mantener su asiento a toda costa y que la prensa publique cuatro cifras halagüeñas.

¿Con eso saldremos de la crisis? Yo diría que no, pero creo que ahí llegamos al punto central de este debate. ¿Qué es salir de la crisis? O, dicho de otra forma, ¿qué es necesario para que la vicepresidenta del Gobierno se siente un día en la sala de prensa de La Moncloa y pueda decir que la crisis ha pasado? ¿Basta con que la prima de riesgo y el déficit alcancen unos niveles más aceptables? ¿Qué nivel de paro es admisible para dar por solventada esta caótica y dramática situación? Porque igual algún día lo de la prima de riesgo disparada sin control es cosa del pasado y conseguimos (¡ja!) que las administraciones actúen de forma responsable y no se gasten el dinero en chorradas a su mayor gloria y sí en mejorar los servicios públicos. ¿Con eso habremos salido de la crisis? Yo, desde luego, no lo creo, porque es evidente que lo que el Gobierno consideraría salir de la crisis no tiene nada que ver con lo que pienso yo. Sin ofender a quienes se dedican a ello, a mí la macroeconomía siempre me ha parecido que tiene un toque de ciencia ficción. Yo la crisis la mido con el hombre de la calle.

Teniendo en cuenta ese baremo, yo no creo que hayamos salido de la crisis si los sueldos son menores que nunca. Si bomberos, médicos y policías tienen menos medios que nunca para hacer su trabajo. Si el número de desahucios deja de aumentar porque ya no quede gente a la que desahuciar. Si los bancos no dan créditos a emprendedores porque se lo gastan en sueldos multimillonarios a sus directivos. Si en las clases hay cada vez más alumnos y con eso se deteriora la educación. Si cada vez se paga más por los medicamentos. Si la paga extra de Navidad es un vestigio del pasado. Si las pensiones no bastan para vivir. Si los parados no reciben ayuda del Estado. Si la única política para ganar dinero es subir los precios. Si sigue habiendo tanta gente pidiendo en las esquinas, en los vagones de metro y en los parques. Si tenemos que pagar por bienes necesarios precios de artículos de lujo. Si un contrato de trabajo da cada vez menos derechos y protección al trabajador. El bienestar del ciudadano es lo que marca el fin de la crisis. Y eso no va a pasar cuando dejemos de hablar de la prima de riesgo porque todo lo que se ha decidido en estos siete meses lo va a impedir. Que lo de la crisis era una estafa estaba ya claro. Que salir de la crisis se convierta en otra estafa lo veremos algún día.

martes, julio 17, 2012

"¡Que se jodan!"

Un "¡qué se jodan!" como el pronunciado por Andrea Fabra exige más una reflexión sosegada que una visceral y en caliente. No seré yo quien diga que está mal que cada cual se desahogue en las redes sociales como lo necesite en un momento dado, eso está claro. Es, además, un ejercicio muy sano y relajante. Pero más allá del ruido mediático, creo que sería interesante ver qué supone lanzar un grito así en el hemiciclo del Congreso de los Diputados. "Nada" sería la primera y más lógica respuesta. Gracias a Andrea Fabra y a todos sus superiores por consentirlo como algo que no tiene importancia, la política se desploma otro peldaño más en su loca carrera hacia el precipicio y el más absoluto desprestigio social. Poco importa que fuera una respuesta o un visceral exabrupto de la diputada popular, el caso es que las pruebas están ahí y son incuestionables. Andrea Fabra no merece ser diputada. Sólo este episodio, sin más consideraciones sobre lo que se dice o se sabe de ella, demuestra que no da la talla.

Pero no hay consecuencias, algo que sucede en campos tan reducidos como éste y en los grandes, como evidencian nombres de la vida pública actual como Iñaki Urdangarín o Gerardo Díaz Ferrán. Un paripé en forma de amonestación en el despacho del presidente del Congreso, una regañina cargada de un "y tú más" dirigido al principal partido de la oposición a cargo de la pluriempleada secretaria general del PP y a correr. ¿Consecuencias? Ninguna. No ha pasado nada. Ya nos podemos indignar los demás todo lo que queramos, que no va a pasar nada. No va a dimitir. No la van a cesar. Insultar en el Congreso de los Diputados sale gratis. Dedicarse a la política de esta forma está permitido. En el Congreso popular (esos no se recortan, no) de su tierra del pasado fin de semana, vimos a algunos militantes del PP responder a las protestas con peinetas. Eso, inevitablemente, me ha recordado que su ex presidente, igualmente ex presidente del Gobierno, ya les enseñó que esa era la mejor respuesta al discrepante, así que, en realidad, no cabe esperar otro comportamiento. Eso también vale, por lo visto.
El caso es que me hace gracia la explicación/justificación para el ya famoso grito de guerra. Decía Andrea Fabra que, en contra de lo que se dio a entender en su momento (según ella por una conspiración socialista manipuladora... Quizá tendría que pasarse por Twitter...), su "¡que se jodan!" no iba dirigido a los parados a los que se va quitar dinero a partir de ahora, sino a los socialistas presentes en el hemiciclo. ¡Ah, bueno, si es a los socialistas, entonces que se jodan! Que eso está bien. A los parados no se les puede decir "¡que se jodan!", evidentemente, pero a los socialistas sí. No, no, si está claro que es una explicación muy lógica y razonable, faltaría más. Casi tanto como la que Miguel Ángel Rodríguez, ex secretario de Estado de Comunicación portavoz del Gobierno en la época del de la peineta de ahí arriba, da para los ceses que la nueva dirección de RTVE ha decidido ya como parte de una limpia que, tengo que reconocer, ha tardado más de lo que esperaba en iniciarse.
Claro que si Miguel Ángel Rodríguez ha sido durante más dos años el encargado de la Comunicación del Gobierno, uno puede entender muchas cosas presentes y pasadas. Lo que todavía no me ha quedado claro si el "¡que se jodan!" iba a los parados, a los socialistas o a los parados socialistas. Igual Miguel Ángel Rodríguez me lo puede explicar. No dudaré en escucharle cuando tenga un programa propio en TVE. Igual podría presentar Los desayunos si Ana Pastor es la siguiente en la lista de los que ahora mandan... Fuera por quien fuera la dichosa expresión, jodernos, nos jodemos, esto está claro.

miércoles, julio 11, 2012

Ricos, pobres y mentirosos

Las crisis hacen que los ricos sean más ricos, los pobres más pobres y los mentirosos más mentirosos. Esta, desde luego, lo está demostrando. Y España, una vez más, demuestra ser un país diferente a tantos otros. Empecemos por lo de los mentirosos, que es lo que más gracia tiene de todo esto. Y no nos equivoquemos de conversación, porque no se trata de comparar a los políticos de un partido con los de otro. No se trata de tomar partido por unos o por otros. Se trata de mirar a la realidad, de evaluar el comportamiento de quienes ahora tiene el control de todas las herramientas que sirven al poder. Se trata de saber quiénes son y qué hacen. Ya sé que el Gobierno anterior no lo hizo precisamente bien. Y, francamente, no me importa si su labor de oposición actual es buena o mala porque en un Estado gobernado por tantas mayorías absolutas eso es absolutamente irrelevante.


Mariano Rajoy lleva muchos años mintiendo y las hemerotecas, esos lugares que ahora sirven para montar vídeos que subir a Youtube pero que durante tanto tiempo hemos ignorado, lo demuestran. Mintió sobre el Prestige cuando era vicepresidente del Gobierno. Mintió sobre el 11-M cuando era candidato a la Presidencia del Gobierno. Mintió sobre ETA cuando era el líder de la oposición. Y de economía. Es su tema preferido para mentir ahora que es presidente del Gobierno, pero miente sobre todo, y no le importa en absoluto hacerlo incluso en el Congreso de los Diputados, el símbolo de una soberanía nacional que ya importa bien poco porque lo han emponzoñado entre todos. Rajoy se presentó a estas últimas elecciones con un programa que él ya sabía que era mentira. Toda su acción de gobierno se mueve al margen de lo que su partido y su equipo plasmaron en el programa electoral. Con Rajoy, mienten sin rubor los suyos, los que han convertido la política en una acción despreciable, dedicada sólo a la consecución de poder y ganancia personal, y no en el servicio a los ciudadanos que por naturaleza tendría que ser.
Es ya a estas alturas tristemente evidente que Rajoy no tenía ningún plan. Que no tenía ni la más remota idea de cómo salir de la crisis, a pesar de que desde su partido se proclamaba tal cosa a bombo y platillo. Pero es que ni siquiera había trabajado para trazarlo, porque muchas de las cosas que ahora se saben, como el déficit de las comunidades autónomas o el agujero bancario, se las podían haber dicho compañeros suyos de partido o amiguetes colocados en consejos de administración. Pero no hay trabajo. Ni plan, ni trabajo. Es evidente, y hoy mismo lo ha reconocido de aquella manera el presidente del Gobierno en su intervención en el Congreso, que está adoptando medidas dictadas por otros. Está bastante claro que España ha perdido su soberanía, que es un país intervenido y, por tanto, obligado a adoptar medidas como las que hemos escuchado hoy. Medidas todas ellas desmentidas, incluso hace apenas pocos días, por el presidente del Gobierno o sus ministros. Por mucho que se quiera vender un desánimo social a la hora de votar, no es cierto. Mucha gente fue a votar creyendo el mensaje del PP. Muchos creyeron de verdad que el único problema que tenía España se llamaba José Luis Rodríguez Zapatero. Muchos creyeron esa mentira.
Vamos con los pobres. Mariano Rajoy, como punta de lanza de un sistema social fallido y decadente, nos ha demostrado que los pobres tienen que seguir siendo pobres para que unos cuantos sigan viviendo de maravilla. Todos los llamados recortes no son otra cosa que atentados a la dignidad del ciudadano. ¿De dónde se está recortando de forma concreta? Los presupuestos de Sanidad y Educación, las prestaciones de desempleo, el sueldo de los funcionarios (y de los no funcionarios), las ayudas a los jóvenes o a la vivienda, el transporte público. ¿Qué precios aumentan? Los de los servicios, los de las prestaciones, los de los bienes de consumo. ¿A quién afecta todo esto? Al ciudadano común. Al pobre. Al trabajador. Luego hay que soportar encima comentarios vergonzosos como el del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, quien dice que el IVA se paga poco y por eso hay que subirlo. No, no, no. El trabajo del ministro de Hacienda es obligar al defraudador a que pague lo que debe al Estado, pero este Gobierno, con su amnistía fiscal, lo que ha hecho es perdonárselo a cambio de una pequeña limosna. Y lo que es peor, ha lanzado el mensaje de que compensa ser un chorizo y se penaliza ser una persona que cumple con la ley. Hay miles de pobres que han llegado a Madrid pidiendo ayuda. Pero de los mineros el Gobierno no ha dicho hoy ni una palabra. Un ejemplo perfecto.
Y ahora vamos con los ricos. Hoy mismo se ha conocido, al mismo tiempo que el presidente del Gobierno anunciaba la más salvaje batería de recortes, que las empresas del IBEX 35 pagan más a sus consejeros que hace un año. ¿Quién tiene que apretarse el cinturón? ¿Los ricos? ¿Los que viven bien? No. Sobre esos no hay nunca medidas. En 2010, al tiempo que comenzaron a aplicarse recortes que siempre han afectado a las clases más desfavorecidas, ya se supo que había más ricos. Dos años después, nos contaron que el número de ricos había bajado. Buscar la comparación de este dato con el del incremento de la pobreza es sencillamente descorazonados.Y lo verdaderamente triste es que hoy, en España, cuando se han adoptado medidas que van a hacer más pobres a los pobres, algo más de la mitad del Congreso de los Diputados se ha levantado y ha aplaudido. Han aplaudido la ruina de las familias. La desgracia de las personas. La ausencia de futuro de niños y jóvenes. La quiebra de un modo de vida. Lo han aplaudido. Y dormirán muy bien esta noche. No sé si serán ricos, pero sin duda sí son privilegiados. Cobran mucho dinero por un trabajo que no saben hacer y no hacen. Tienen ventajas que los demás no tenemos. Y aplauden. Fantástico.
Ese gesto, gratuito y ofensivo a partes iguales, que nada tiene que ver con las imágenes de otros países cuando han tenido que tomar medidas drásticas como las anunciadas por Rajoy, evidencia que vivimos en una sociedad en la que ya sólo importan los números. No importan las caras, las personas, las historias, las familias. Importa cuadrar no sé qué indicadores que no sé ni para qué sirven ni quién los inventó. Por mí podría irse al infierno la prima de riesgo si con ello conseguimos que no haya en este país y en este mundo una sola familia que pase hambre. Pero no. Nos hemos instalado en un mundo totalmente diferente, uno en el que los ricos son más ricos, los pobres más pobres y los mentirosos más mentirosos. Es evidente que eso último es lo de menos. Pero como los mentirosos son los que sí salen por la tele es lo que más escuece en el momento del calentón. Hasta el punto de que sólo quería acordarme sutilmente de las familias del presidente del Gobierno y sus adláteres y he acabado dándome cuenta de que España en particular y el mundo en general son lugares inhóspitos y terribles en los que cada vez es más difícil vivir con esperanza.