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martes, agosto 07, 2012

Una limpia ideológica siempre es una mala noticia

Con el cese de Ana Pastor, el asunto ha cobrado relevancia y ha llegado a los titulares, pero esto venía gestándose ya desde hace tiempo. TVE vuelve a ser el coto privado del PP, ahora dominado por Julio Somoano, un periodista que abrazó públicamente el lado oscuro en Telemadrid y que ahora se cobra la recompensa de tantos años de esfuerzo. Ana Pastor es el rostro de la limpia ideológica que hace el partido en el Gobierno en la televisión pública, pero no es el único. Es, quizá, el más simbólico, por ser el más esperado. No en vano varios dirigentes del PP ya alardearon de lo poquito que le faltaba a la periodista en el Ente Público una vez que su partido ganara las elecciones de finales del pasado año. Como con todo lo que está haciendo este Gobierno, lo de TVE tampoco me ha supuesto sorpresa alguna. Si acaso, por lo mucho que han tardado en devolvernos a la caverna más oscura del periodismo público, esa que, pese a quien pese, se comenzó a olvidar en las dos últimas legislaturas.

Comentaba este tema con unos amigos hace un par de días. "Eso lo hacen todos", me dijeron. Es verdad, TVE siempre ha sido un juguetito en manos de Moncloa. Ganar unas elecciones implicaba colocar a periodistas afines en los centros de poder de la radiotelevisión pública y que sus mensajes comenzaran desde las elecciones a esquinarse en el espectro político de una forma tan sesgada como evidente. ¿Lo convierto eso en algo menos censurable? No. Pero en todo caso hay diferencias entre estos y "todos" los demás, porque además el momento en que esto llega multiplica su efecto. Supongo que habrá que asumir el pago de alguna que otra indemnización en los despidos que lleguen. O que se dupliquen sueldos al colocar a amigos que sustituyan a profesionales que ahora irán a pasillos o a galeras. Eso, dado que me suena que seguimos en un momento en el que el Gobierno recorta servicios básicos pero parecen no importarle estas cosas, ya huele mal.

Pero huele peor si lo miramos desde el punto de vista del periodismo, esa noble profesión cada vez más hundida en el fango y la podredumbre que pierde credibilidad a pasos agigantados y yo no sé si podrá recuperarla alguna vez. Insisto, le duela a quien le duela y no sin dificultades, TVE había conseguido readquirir una cierta aureola de independencia y calidad en los últimos siete años, desde que Zapatero llegó a la Moncloa. No soy un ferviente fan del periodismo actual, ni siquiera del de TVE. Soy, en cambio, de los que se lleva las manos a la cabeza con lo fácil que parece hoy en día editar y emitir un informativo y lo asumibles que son errores de calado y de simple anecdotario sin que haya consecuencias. Pero habíamos avanzado. Ojo, que veníamos de la negra etapa en la que Alfredo Urdaci se convirtió en el primero director de informativos de TVE condenado por manipulación (aquel histórico y vergonzoso momento de "ce ce o o" al leer el propio Urdaci la sentencia con la que manchó a la televisión pública, entonces más de partido que nunca), y aún así el Ente Público había remontado el vuelo y recuperado algo de reputación.

Hace años entrevisté a Ana Pastor y me dejó alguna frase que ahora cobra más sentido que nunca. Soy un ingenuo para muchas cosas pero para esto no. Sabía que iba a suceder. Y lo sabía porque el PP y sus afines ya aprovecharon el buen momento de TVE para dejar su sello. Ana Pastor vivió en sus propias carnes algunos de los episodios más sonados, por ejemplo cuando la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, lamentó en directo, en Los Desayunos, una falta de pluralidad de TVE que no se sostiene con ningún dato. Pero lo dijo, y algo quedó entre los suyos, por supuesto. También recuerdo en 59 segundos a Miguel Ángel Rodríguez, portavoz del Gobierno en la primera legislatura de José María Aznar, llamando "nazi" repetidas veces y con un gesto de odio al doctor Montes, ya absuelto por la Justicia. Episodios más o menos anecdóticos que confirmaron una triste realidad. TVE es un juguete para el PP, un juguete que se puede romper si están en la oposición y un vehículo de propaganda si están en el poder. Aunque se haga siempre, es triste que lo asumamos y no nos rebelemos. Yo, desde ya, veto los Informativos de TVE como en su día veté a los de Telemadrid por su caza de brujas ideológica y su partidismo descarado. No quiero volver a vivir otro "ce ce o o".

martes, septiembre 27, 2011

Escándalo en RTVE. ¿Y por qué tanto escándalo...?

Días convulsos en torno a RTVE. El escándalo que se ha montado en torno a la pretensión de los miembros del Consejo de Administración del Ente Público de garantizarse la posibilidad del acceso y control previo de la información está más que justificado. Nunca se aclarará este asunto del todo, de eso estoy convencido, porque nadie se ha hecho responsable. Ni los consejeros, que se retractaron, dejando el asunto en una polémica de las que pronto se olvidan. Ni el PP, que negó todo conocimiento del hecho a pesar del voto todos a uno de sus designados en favor de la iniciativa que presentaron. Ni el resto de los partidos y sindicatos cuyos miembros decidieron abstenerse en la primera votación de este asunto. Nadie sabe nada, nadie dice nada. Casi nadie dimite, porque sí hay un consejero que ha decidido marcharse, el designado por parte de CC OO (qué fina ironía tiene la historia reciente de la la manipulación informativa en RTVE; estoy seguro de que Alfredo Urdaci estaría de acuerdo conmigo viendo que esta sigla es la única de la que se ha hablado tras el escándalo).

El caso es que hay alguna cuestión que no se ha tocado demasiado con respecto a este asunto. Sí ha habido muchas respuestas dignas. Todo el mundo, desde la política y desde el periodismo, se ha posicionado en contra de la censura. Todo el mundo ha pedido cerrar la puerta que se abría con esta decisión afortunadamente no consumada por la marcha atrás de sus autores. ¿Pero entonces por qué votaron a favor de la iniciativa los consejeros del PP (los que la presentaron) y el de CiU? ¿Por qué se abstuvieron los de PSOE, ERC y CC OO? No puede ser considerado sólo como un error y aquí paz y después gloria. La idea tenía una razón de ser ¿Cuál? Que la digan. Porque no me termino de creer que tuviera un buen fin y que, ingenuamente, no tuvieran en cuenta la posibilidad de que se desatara semejante escándalo. Y ya que estamos. ¿Por qué no se destaca como merece y ya parece haberse olvidado de dónde salió la propuesta? De los consejeros del PP. Con el PP en el Gobierno, los Informativos de TVE, los de Alfredo Urdaci (¿veis lo que decía de la ironía?) recibieron su primera y única condena por manipulación. Unamos cabos. Que igual es verdad eso que dicen de que las coincidencias no existen.

Pero dicho esto, tengo que reconocer que me ha causado cierto estupor el escándalo que se ha montado. Vale que RTVE es el único medio que hoy en día se puede considerar medianamente neutro (a pesar de lo que diga, oh, sorpresa, precisamente el PP), ¿pero acaso no estamos acostumbrados a burdos y probados ejemplos de manipulación informativa? ¿No hemos visto ejemplos sobrados de censura política previa como la que podría haberse producido en RTVE con esta puerta abierta? Telemadrid ha montado vídeos de actos públicos de Esperanza Aguirre para hacer como que las protestas y abucheos no existieran. Canal 9 jamás informó del caso Gürtel. Son sólo dos ejemplos de los muchísimos que se producen día tras día, especialmente en los medios públicos, concretamente en los autonómicos. Es lo mismo que podría suceder en RTVE de haberse aprobado esta medida. Exactamente lo mismo. Y todo lo anterior se pasa por alto. Bueno, no es que se pase por alto, es que nos rasgamos las vestiduras de vez en cuando durante cinto minutos y luego continuamos hasta la siguiente polémica. Y es aburrido estar así, la verdad.

Si hablamos de libertad e independencia, RTVE ha sufrido una inmensa mejora desde que el PSOE llegó al poder en 2004. Creo que eso es bastante innegable, y no tiene nada que ver con una visión política del asunto. Aunque el que se hace hoy en día en todas partes, también en RTVE, no sea el tipo de periodismo en el que creo, ahora los tiempos están repartidos con más justicia. No existe el ataque gratuito al contrario que había antes. Temo por lo que pueda quedar de todo esto a partir de las elecciones del 20-N, porque una mayoría absoluta, un nombramiento imposible de contestar desde la minoría parlamentaria, y el regreso de actitudes que nunca desaparecerán, sólo cambiarán de ámbito de poder, podría llevarse por delante el trabajo de años. Habrá que estar atentos a los bailes de nombres que, no me cabe la menor duda, vamos a ver ya desde el tramo final de este 2011. Muy atentos.

martes, abril 26, 2011

La imparcialidad de TVE


Qué cosas tiene María Dolores de Cospedal. Hoy se ha plantado en TVE y ha dicho que los informativos de TVE no son imparciales. Lo que para sus enfervorizados seguidores será un rasgo de valentía, para quien quiera ver la realidad será en cambio un gesto de insensatez. Primero, por lo que dice. Dice que TVE no es imparcial como debiera serlo una televisión pública. Curiosa declaración, cuando proviene de la secretaria general del PP, un partido que maneja a su antojo, de forma descarada y despreocupada, las televisiones autonómicas que tiene a su cargo (Telemadrid pone anagramas de ETA en el rostro de Zapatero, Canal 9 no informa de Gurtel) y que, estando en La Moncloa, provocó la única condena por manipulación de la historia para los servicios informativos de TVE (con el nunca bien ponderado Alfredo Urdaci como su director). Eso, aviso a navegantes, no quiere decir que otros no hagan lo mismo. Quiere decir que ellos lo hacen. Segundo, por ante quién lo dice. Ana Pastor lleva años entrevistando por igual a dirigentes de uno y otro partido y garantizando la presencia de colaboradores de uno y otro espectro político, tanto en Los desayunos de TVE como en 59 segundos.

Tercero, porque resulta curioso que una parte acuse de parcialidad. Es un principio muy básico del debate político. ¿Cómo creer a quien usa el mismo argumento que aquellos que cuestionan la parcialidad de las televisiones autonómicas dirigidas por el PP? Muy sencillo: no se puede. En un mitín, dado el estado de decrepitud en que se encuentra la política (y el periodismo) la cosa puede encajar. En un programa de televisión, no. María Dolores de Cospedal, en todo caso, es experta en esto de hacer imposible que se crea algo de lo que dice. Es quien acusó al Gobierno sin pruebas de ningún tipo de un espionaje a sus dirigentes que sólo existe en las mentes de personas con paranoia o manía persecutoria. Es quien exigió al Gobierno que haga ahora con el etarra Troitiño lo que el PP no hizo en el Gobierno con el también etarra Josu Ternera (Mariano Rajoy, que era entonces el ministro portavoz del Ejecutivo, ahora guarda silencio porque sus palabras de antaño son casi idénticas a las pronuncias por Alfredo Pérez Rubalcaba para explicar el problema actual). Es, en definitiva, quien personifica la política del no. No a todo. Aunque yo lo haga en mi ámbito de poder, aunque lo hiciera cuando tenía el poder que ahora tienen otros.

En cualquier caso, su simple presencia en TVE es un síntoma de que esta etapa es la más imparcial de la historia del medio en democracia. Le moleste a quien le moleste, es así, porque hasta hace no mucho tiempo la diferencia de trato entre el partido en el poder y el principal en la oposición era abismal. La historia, si la escribiera alguien ajeno a las partes, escribiría que el ente público ha estado durante años dominado por el Gobierno de turno. Lo sabe José María Aznar tan bien como Felipe González (chapeau para Ana Pastor, que eso es precisamente lo que le recuerda a María Dolores de Cospedal, ansiosa como seguro estaba de añadir una muesca más a la manía persecutoria que explica tan a menudo). Y escribiría que, sin llegar al ideal puro de imparcialidad (¿es eso posible en una televisión pública o un gigante del tamaño de TVE?), ha sido con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero cuando se ha alcanzado ese estado de libertad. Porque libertad es, insisto, le moleste a quien le moleste. Pero, claro, como estamos en este momento histórico en el que Zapatero tiene la culpa de todo lo que sucede, pues achacarle la parcialidad de TVE será el menor de los males para quien todavía es el presidente del Gobierno.

La afirmación de María Dolores de Cospedal llega, por cierto, un día después de que la imparcialidad de esta etapa y la que propugna Ana Pastor con su trabajo (líbreme quien sea de echarle la culpa a ella), le haya salido cara a TVE. Miguel Ángel Rodríguez, portavoz del Gobierno de José María Aznar, aprovechó la plataforma pública para llamar "nazi" en repetidas ocasiones al doctor Luis Montes. Después reincidió en la privada Telecinco. Ahora, ambas cadenas tendrán que pagar 30.000 euros al injuriado, porque el juez entiende que el mencionado Miguel Ángel Rodríguez cometió un delito al expresar lo que, según él, no era un insulto. Sentencias así son las que devuelven la ilusión a quienes creemos en unos medios plurales, informativos, formativos y respetuosos. No todo vale y la Justicia, afortunadamente, piensa lo mismo. En ese mundo ideal con el que sueño de vez en cuando, costaría creer que quien se encargó de la comunicación del Gobierno de España utilice los medios de comunicación, y especialmente la televisión pública, para soltar todo tipo de improperios sin freno alguno. Costaría más creer que su argumentación fuera que había que animar el debate. El debate se anima con argumentos, pero está claro que a algunos les renta más usar insultos en lugar de argumentos.

Si la pluralidad y la imparcialidad de TVE están en entredicho o al menos en peligro es precisamente por culpa de personas como Miguel Ángel Rodríguez y María Dolores de Cospedal, quienes no dudan en anteponer intereses propios a los del medio o, si se me permite la licencia de pura ingenuidad, los del espectador. El primero, visto lo visto, no sale económicamente rentable, porque tenerle en un programa aumenta el riesgo de querellas y de condenas. La segunda, directamente, no es fiable como fuente de información porque en demasiadas ocasiones ha realizado afirmaciones que no se sostienen ni en hechos, ni en pruebas, ni tan siquiera en opiniones (por ejemplo, el espionaje existe o no, sobre eso no hay opinión posible). La condena por el caso del ex portavoz del Gobierno abre muchos debates y todos positivos. Para empezar, espero que lleve a los medios a reflexionar sobre la calaña de los colaboradores a los que les da un sitio en pantalla. Es su responsabilidad, y por eso veo razonable que paguen por ello. Esto prolonga el camino, el que ya se abrió con las condenas a Federico Jiménez Losantos, que tiene que llevar a un periodismo respetuoso y plural. ¿Será tarde para conseguirlo?

miércoles, abril 01, 2009

Dichos y hechos

Creo que puedo decir con total rotundidad que Mariano Rajoy es una de las mayores decepciones políticas que me he llevado en los últimos años. Cuando Aznar le designó como su sucesor, fue todo un alivio porque no creo que el PP, la política y España hubieran sobrevivido a que el escogido fuera Jaime Mayor Oreja. Rodrigo Rato hubiera hecho las cosas mucho mejor, sin duda, pero no sé hasta qué punto hubiera calado en el electorado del PP. Con sus pros y sus contras, y teniendo en cuenta que no compartimos ideología, la elección de Rajoy no parecía mala. Un tipo, en apariencia, más sosegado que Aznar (dicho sea de paso, tampoco es que eso parezca una tarea demasiado compleja), con experiencia en el Gobierno (vicepresidente, portavoz y ministro de Educación y de Interior) y con más dotes parlamentarias que su entonces jefe. Pero de todo eso no hay, no hubo y seguramente no habrá nada de nada.

Su aparición el lunes en el programa de TVE Tengo una pregunta para usted vino a confirmarme lo que ya sabía, que Rajoy tan pronto puede decir una cosa como la contaria, tan pronto puede aplicar un principio como ignorarlo, tan pronto puede hacer una promesa como incumplirla. No es una novedad, por supuesto; esa y no otra es la trayectoria que ha seguido Mariano Rajoy durante los cinco años que lleva dirigiendo el PP, con o sin sombra de Aznar, que para el caso eso ya da igual. Que le defiendan sus correligionarios me parece entendible, que para eso es su jefe y los triunfos de Rajoy serán los suyos propios, pero me asombra que encuentre respaldo más allá. Las encuestas del CIS vienen dejando claro desde el principio que el PP tiene mucho mayor respaldo electoral que él mismo valoración entre los ciudadanos. Y cada vez que actúa (o no actúa) deja claro el porqué.

El lunes, en el plató de TVE, Rajoy aseguró una vez más que no hay que tener miedo a contarle la verdad a la gente. Se refería a la crisis económica. Y es verdad que durante mucho tiempo se minimizó lo que iba a ser esta crisis (otra cosa es que las consecuencias fueran bastante imprevisibles en algunos casos), pero roza lo ridículo que esa afirmación salga de quien dijo que del hundido Prestige salían "hilillos de plastilina", de quien respaldó la existencia de armas de destrucción masiva en Irak o de quien proclamó el 13 de marzo de 2004 que tenía "la convicción moral" de que ETA estaba detras de los atentados del 11-M. Miedo sí debió de tener Rajoy cuando no se atrevió a decirle a la cara a un inmigrante ilegal que su partido defiende la expulsión inmediata del país de todo aquel extranjero que llegue España de forma irregular. Como ese inmigrante que hizo la pregunta. ¿Y acaso es relevante que prometa en su programa electoral equiparar el sueldo de policías y guardias civiles con el resto de agentes de seguridad autonómicos cuando eso mismo prometió siendo ministro del Interior y no lo cumplió? Será que no.

También hay una gran diferencia entre lo que dice y lo que hace cuando se le pregunta por la corrupción o por las dimisiones de cargos políticos implicados en algún asunto turbio. Primero dice, hablando de corrupción, que "las personas que tengan comportamientos inaceptables deben dejar la vida política". Cuando luego se le pregunta por qué no ha cesado a Trillo, por qué alguien que actuó como él lo hizo con las familias de los militares fallecidos es el portavoz del PP en la Comisión de Justicia (¡qué ironía más deplorable!) en el Congreso de los Diputados, dijo que "no se puede inhabilitar a una persona eternamente" por un error político. Hablando en plata, que a los demás les exigiré (nunca pediré, sino que exigiré) sus dimisiones cuando le venga en gana pero para los suyos, hombrepordios, cómo se nos ocurre decirle algo así. Menos mal que todavía Garzón no había apuntado el nombre del tesorero del partido, porque a ver cómo explica que no aparta de las cuentas del PP a quien puede haberse enriquecido con dinero de una trama corrupta. Bueno, lo explica como lo ha hecho hoy: sin contestar a las preguntas de la prensa.

En este mismo terreno, proclamó que no es partidario de tomar decisiones drásticas sin pruebas o decisiones judiciales definitivas, porque luego a ver quién restituye el honor del condenado públicamente por error. Ese rasero ya sabemos que no lo aplica cuando los acusados son de otro partido (¿os acordáis del doctor Montes? ¿Ese al que Esperanza Aguirre iba a restituir en su cargo si se probaba que no había homocidio alguno en el Severo Ochoa de Leganés?). A Bermejo, claro, no pasaba nada por acusarle de connivencia con un juez. Cuando se le pregunta por el Yak-42, a Trillo hay que respetarle y aceptar sus disculpas (las de Bermejo, como está mandado, no). Y el mismo respeto hay que tener con las decisiones que adopte un juez. Pero sólo si ese juez no es Garzón, que entonces es un prevaricador peligroso y "socialista" al que no deberían dejar salir a la calle. Y si es Gómez Bermúdez, sólo estamos de acuerdo sí conviene. Es decir, estamos con él cuando decide no llamar a declarar a Trillo pero rechazamos todo lo que hace cuando se trata del 11-M. Porque sí, amigos míos, este es el mismo juez que instruyó la investigación de los atentados de Madrid, una instrucción que el PP defendió que se desechara y se comenzara de cero.

Cuando le recordaron que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, se ponía medallas cuando el empleo crecía en dicha comunidad más que la media nacional pero que ahora critica al Gobierno cuando se está destruyendo más empleo que en ningún otro sitio, Rajoy dice que el grueso de las políticas económicas son nacionales (en las oficionas del INEM figuran los escudos autonómicos, así que algo tendrán que decir, en lo bueno y en lo malo). Y cuando le insisten, Rajoy se defiende asegurando que no conoce esas declaraciones. Como tampoco debe conocer las de otros portavoces de su propio partido, puesto que en el programa de TVE garantizó que los ahorros de los españoles estaban asegurados y apostó por la fortaleza del sistema financiero español, a pesar de que horas antes (y, por supuesto, horas después) de que otros dirigentes populares como Cristóbal Montoro o María Dolores de Cospedal auguraran la ruina económica del país por culpa de Zapatero a raíz de la intervención del Banco de España a Caja Castilla-La Mancha. Será que quien le hace el resumen de prensa en Génova le recorta las páginas que no le gustará leer cada mañana a Rajoy.

El líder del PP culpa a Zapatero de que uno de los motivos causantes de la precaria situación de las pymes sea el impago a estas empresas por parte de las administraciones (¡la que está liando Zapatero!, que diría un amigo mío...), pero desde luego no da orden a las comunidades autónomas y ayuntamientos gobernados por el PP para que liquiden esas deudas y ayuden a frenar el aumento del paro. Tampoco moviliza a sus comunidades autónomas para ayudar a Canarias en materia de inmigración porque, lógicamente, es más fácil quedarse de brazos cruzados y culpar al Gobierno de Zapatero. ¿Para qué explicar con claridad las competencias que tiene cada uno en cada materia y ofrecer ayuda a quien tiene problemas? Es mucho mejor culpar al Gobierno de todo tenga o no parte de responsabilidad (y en muchos asuntos ya lo creo que la tiene). Y si alguien me recuerda que lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible, niego la mayor.

Ese es Rajoy. Alguien que ha convertido en arte la distancia no ya entre lo que se dice y lo que se hace, que ya tendría mérito, sino entre lo que dice en una ocasión y lo que dice en otra. Será que Rajoy es tan revolucionario (pero de derechas, que nadie se confunda...) que yo no soy capaz de entenderle...

martes, enero 27, 2009

Las preguntas para el presidente

Otra vez, todo el mundo habla hoy del programa Tengo una pregunta para usted, el srgundo en el que el protagonista es el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Punto a favor de TVE, sin duda, porque consiguió una audiencia muy elevado y el seguimiento de todos los medios de comunicación. Pero, aún a riesgo de colocarme frente a toda la opinión pública, no termino de ver las bondades de este formato. Me explico. Que un medio de comunicación delegue en los ciudadanos su misión de entrevistar a todo un presidente del Gobierno supone la asunción de un cierto fracaso. Colocar al presidente del Gobierno frente a un centenar de ciudadanos supone pensar que las respuestas de Zapatero van a aportar en este formato un valor distinto al que ofrecerían si las preguntas las hicieran los periodistas. O dicho de otra forma: el papel del periodista acaba por ser irrelevante, porque cualquiera puede plantear preguntas a un presidente del Gobierno con la habilidad suficiente como para que sean objeto de debate.

Y es verdad que algunos hacen buenas preguntas (supongo que ahí radica el valor de este programa), pero se pierde la esencia de la entrevista. En un cara a cara de este tipo, el objetivo tiene que ser uno: que el entrevistador dirija al entrevistado hacia donde él quiere llegar, nunca deja que el entrevistado se escape a su terreno. Eso, con este formato, es absolutamente imposible, porque apenas hay réplica. Valoremos las preguntas a Zapatero de una en una. ¿Cuántas cuestiones directas dejó sin contestar? Bastantes. E hizo bien (unas porque no le corresponde, otras porque no tiene los datos concretos, y otras, por qué no decirlo, porque las quiere eludir), que nadie piense que con ello estoy criticando la habilidad del político para solventar una pregunta con evasivas. Entre otras cosas porque muchas de las preguntas no tenían una respuesta que pudiera darles el presidente del Gobierno. La de si piensa que un feto o un embrión son seres humanos no me parece una pregunta para él, porque no puede darle una respuesta personal. No se trata de creencias, se trata de legalidad.

De lo que hizo Zapatero, tengo que lamentar su cada vez más inverosímil uso de la gramática. Como he tenido la suerte de ejercer de periodista desde unos meses antes de que el ahora presidente del Gobierno saltara a la primera línea política, puedo decir que le he escuchado en casi toda su carrera política. Y al principio Zapatero era un orador brillante, inteligente y coherente. Sigo recordando su primer Debate sobre el estado de la Nación, un debate magnífico por su parte, que protagonizó sin papeles que leer. Aunque la entonces controladísima (por Moncloa) prensa le dio la victoria inmediata a Aznar en aquel Debate, lo cierto es que las encuestas dos semanas después, sobre todo la del CIS demostraron que la gente vio vencedor a Zapatero. Yo vi vencedor a Zapatero y me alegró enormemente que los ciudadanos hubieran visto lo mismo que yo. Me reafirmó en mi vocación periodística. Pero hoy Zapatero se ha olvidado de hablar. Ya no sabe hacerlo. Y a mí, por eso, me ha periddo un poco.

Eso sí, el presidente dejó algunas cosas interesantes. Al margen de la polémica que algunos quieren montar ahora con lo de las armas vendidas a Israel (¿buscamos en los archivos para ver a quién vendía armas el Gobierno del PP...? Mira que si nos llevamos alguna sorpresa...), su presencia en el programa demostró que los mensajes no suelen llegar efectivamente al público. Hasta dos veces tuvo que aclarar que no se ha regalado dinero a los bancos. Otra más tuvo que negar que se haya mostrado en contra del plan de Bolonia. Y creo que otras dos veces tuvo que recordar que el eslogan del pleno empleo no pudo ser jamás una promesa (porque, entre otras cosas, Zapatero no firma contratos ni nóminas). Los mensajes no llegan. Me encantaría saber qué parte de culpa tienen (tenemos) los periodistas y comunicadores. Y, sobre todo, me encantaría saber qué porcentaje obedece a un trabajo mal hecho (algo que siempre se puede corregir si se conocen las causas) y qué porcentaje se debe a la manipulación de frases, cifras y noticias.

No voy a entrar en la diferencia de agendas y preocupaciones que tienen ciudadanos y medios de comunicación porque me parece un debate estéril y muy tramposo. Es obvio que al españolito de a pie en el fondo le da igual la financiación autonómica, quién gobierna una u otra comunidad autónoma o que en el PP anden espiándose o contraespiándose. Lo que le preocupo es el sueldo, la hipoteca y poder comer todos los días. Lógico. Pero los medios de comunicación no pueden informar sólo de eso, el espectro es y debe seguir siendo mucho más amplio. Si no se informara de todas esas cuestiones, estaríamos dejando al poder un marco de impunidad enorme.

jueves, octubre 16, 2008

¿Y a éstos quién les hace caso...?

Comienza el Telediario-2, el de las 21.00 horas, el que presenta Lorenzo Milá. En los titulares, la noticia de deportes es el share del Bélgica-España de ayer miércoles. Pasadas las 21.30 horas, comienza el bloque de deportes, dirigido por María Escario. Fútbol, fútbol, fútbol, más fútbol, Nadal en el Masters Series de Madrid, Motociclismo y, finalmente, fútbol sala. La menudencia de haber eliminado a Italia en las semifinales del Mundial y de clasificarse para jugar la tercera final consecutiva de un Campeonato del Mundo, insisto, la tercera, apenas mereció unos breves segundos, narrados por la propia Escario, ni tan siquiera un vídeo propio que excediera el breve. ¿Quién hace caso a estos deportistas ejemplares?

La selección española de fútbol sala es, sencillamente, la mejor que ha habido en los deportes de equipo (excepción hecha de la de hockey sobre patines, que tienen nada menos que 13 mundiales, aunque estos se disputan desde 1936, y el de fútbol sala apenas desde 1989). Desde 1996 ha ganado dos de los tres mundiales celebrados (el otro lo perdió en la final frente a Brasil) y cuatro de los seis campeonatos de Europa disputados (en otro fue subcampeón y en otro tercero). Vamos, que lleva doce años sin bajar de semifinales en una gran cita. Y, pese a todo, la noticia más destacada del Telediario ha sido el share del Bélgica-España, un partido un tanto alejado de la semifinal, un partido que no era más que el cuarto de una fase de clasificación para el Mundial de 2010. El de fútbol. Sin sala que valga. Que de eso ni sabemos ni nos importa.

Es sencillamente lamentable ver cómo se están ninguneado grandísimos éxitos de nuestros deportistas. Es tristísimo que no se dé información sobre deporte, sino únicamente sobre fútbol. No es nuevo, pero de vez en cuando uno se encuentra con ejemplos así, que hacen que explote la indignación más sincera. Muchas veces el ninguneo se debe a esa poco razonable excusa de no tener los derechos sobre un acontecimiento deportivo en cuestión (¿importa más eso que el hecho de que algo sea noticia?; así nos va, desde luego...), ¡pero es que en esta ocasión es TVE quien tiene los derechos de este Mundial!

Despreciar todo lo que no sea fútbol, uno de los males del periodismo deportivo, es algo demasiado habitual en los informativos de televisión. La cadena que mejor ejerce día tras día ese desconocimiento del resto del universo deportivo es La Sexta. Pero, francamente, para ver el trato que le ha dado TVE a la semifinal de fútbol sala, casi mejor era no haber dicho nada. Porque, claro, uno se echa a temblar cuando piensa en la final, el domingo a las 15.30 horas. Es la ocasión de igualar los tres títulos mundiales de Brasil (¡¡¡a por ellos!!!; ganarles sería aún más impresionante, porque encima el campeonato se está jugando allí), pero el domingo, además de la Liga de fútbol y la resaca del Atlético-Real Madrid, hay motociclismo. Y ya sabemos de los monográficos que se gasta la televisión pública con esto de las motos precisamente por tener los derechos...

Y todo ésto sucede mientras Severiano Ballesteros está jugando, me vais a perdonar el tópico, el partido de su vida. No es España un país que sepa reconocer los méritos de esos hombres y mujeres que hicieron del deporte algo popular cuando casi nadie lo practicaba, las hazañas de aquellos pioneros que alcanzaron la cima en lo suyo contra viento y marea, sin medios y con categoría. Todavía recuerdo cuando fui a Dublín a comienzos de los 90 y vi una estantería llena de libros dedicados a Seve ("Sevi", lo pronunciaban por allí). En tierras anglosajonas, el golfista español era un ídolo. Aquí nos habíamos olvidado de él. Lo mismo que le sucedió, por ejemplo, a Paquito Fernández Ochoa. Ojalá no tengamos que ver pronto programas homenaje y los medios sigan olvidándose de forma injusta de Seve. Eso significará que sigue vivo.

sábado, noviembre 10, 2007

Soy periodista, votante de izquierdas y proclamo mi hartazgo

Ahora soy yo el que va a decir basta. Las respuestas a lo sucedido en la última edición de 59 segundos han colmado mi paciencia. Suele ser bastante respetuoso, dentro de la discrepacia política e ideológica, con los periodistas profesionales que uno lee y escucha en televisión, radio, prensa o Internet. Bastante mal está la profesión, y llevo mucho tiempo denunciándolo, como para que nosotros mismos nos dediquemos a guerras fratricidas inútiles. Pero estoy verdaderamente harto de manipulaciones, de tergiversaciones, de campañas proselitistas. Estoy harto de buscar culpables donde no los hay y conspiraciones donde es imposible que las haya. Estoy harto de que la prensa haya perdido toda credibilidad, y no hay más que preguntarle a la gente que nos lee o escucha, por culpa de estas actitudes.

Los medios y periodistas alineados con la derecha política ya han encontrado un culpable a lo sucedido en 59 segundos. Ya sé que no va a ser una sorpresa, porque es el mismo que tienen para todo. Es el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Llega un momento en que uno piensa si es posible en esta vida que suceda algo malo, negativo, deleznable o perverso en este mundo sin que Zapatero tenga la culpa. Pues también la tiene de la discusión entre José Mari Calleja e Isabel San Sebastián, por si alguien tenía alguna duda. Agapito Maestre en Libertad Digital: "Zapatero y los separatistas (...) son los amos y persiguen a todo aquel que pretenda reconstruir una sola calle, cualquier espacio común, que pudiera servir para detener o rescatar algo de esa urbanización en ruina".

Continúa Libertad Digital en un editorial diciendo que "zafiedad, calumnia y destrucción personal, estas son las consignas que la izquierda mediática parece haber recibido de alguien y que reproduce de forma cada vez más obsesiva y compulsiva". Añade que este comportamiento de la izquierda y de los nacionalistas es "más afín a las prácticas de la Komintern y al estilo de la fenecida prensa falangista que al respeto que cabe esperar en una sociedad democrática". En Diario Siglo XXI Miguel Massanet habla de "la nueva Inquisición, manejada por Zapatero, para acallar a la poca prensa que le es hostil" y afirma que el concepto de democracia del presidente del Gobierno, "por lo visto, se reduce a hacernos tragar a los españoles, como ocurre con las ocas, su pienso especial a base de las recetas comunistas de siempre: totalitarismo, opresión y pérdida de la libertad".

No os vayáis a creer que Zapatero es el único culpable, no. Zapatero tiene a su cargo una serie de meidos y periodistas que le hacen caso en esta deriva totalitaria. Un ejército mediático, por cierto, del que es posible que forme parte yo mismo sin saberlo y sin cobrar por ello, a tenor de los calificativos que leo. "Dice Z que por fin Televisión Española es la televisión de todos. En efecto lo es. De todos los nuestros", nos explica Pablo Molina también en Libertad Digital. La propia Isabel San Sebastián ha exigido que TVE se disculpe, o de lo contrario no volverá a 59 segundos: "Sólo lamentan (TVE y sus directivos) la situación que provocó Calleja y no cómo actuó la moderadora y los responsables del programa, que debían haberle obligado a rectificar. Aquí la insultada y agraviada soy yo. Se han traspasado unos límites intolerables y estoy pensando la posibilidad de emprender acciones legales".

¡Lo que me faltaba, la culpa es de Ana Pastor! Y de 59 segundos, claro, una tertulia en la que periodistas de todas las ideologías confrontan sus posiciones políticas. ¿A quién se le ocurre pensar que eso es pluralidad? Nos lo deja clarísimo Pablo Molina: "Isabel San Sebastián tiene el prestigio suficiente como para no tener que someterse a las vejaciones de un programa preparado para destrozar a quien no piensa como Pepiño Blanco. Yo es que cuando escucho la palabra pluralismo echo mano al revólver que no tengo. Pluralismo no es reunir en torno a una mesa a unos cuantos hooligans zapateristas y un par de periodistas desafectos como nota de exotismo ideológico para que los primeros les azoten, sino la existencia de medios diferenciados en los que quienes comparten ideas y filosofía puedan expresarse libremente".

Así que lo que parece es que se trata de un problema de respeto. La prensa afecta a la derecha política cree que se le ha faltado al respeto a Isabel San Sebastián y pide que no se actúe así, claro. Copio a continuación un extracto de una información publicada en Libertad Digital, que comienza con unas declaraciones de Calleja en El Plural (periódico digital que se autodefine como "progresista", dirigido por Enric Sopena) explicando lo que sucedió en 59 segundos y continúa con una valoración del medio: "'Ella te puede insultar pero no se la puede describir porque entonces se enfada', declara Calleja a una web de agitación e intoxicación pro-gubernamental en la que colaboran otros conocidos tertulianos de 59 Segundos, igual de sectarios en su apoyo al Gobierno que Calleja".

Sí señor, eso es el respeto que piden. Pero hay, gracias a esta polémica, más muestras de ese respeto habitual. Según Pablo Molina, Calleja es un "antaño valeroso defensor de los que sufren el terror nacionalista en el País Vasco, hogaño cómodo asalariado de una de las cadenas del grupo PRISA, desde la que, con fervor típico del neoconverso que vuelve al redil de la secta, se dedica a escarnecer a los que defienden lo que él mismo compartía hace tan sólo unos meses". Jesús Salamanca, en Diario Siglo XXI, habla de "la estupidez profesional llevada a cabo por el prosocialista, José Mª Calleja", y añade que "ya no hay vuelta de hoja: ahora la mediocridad y la falta de ingenio tienen nombre de tertuliano". Vamos, respeto en estado puro, el mismo que, por ejemplo, tuvo Federico Jiménez Losantos hace pocas fechas insultando sin piedad a Ernesto Ekaizer. Os pido disculpas, Google tiene que estar funcionando mal, porque no encuentro respuestas críticas con Jiménez Losantos por todo esto, ni siquiera, ahora que está tan de moda esto de luchar contra el racismo, por sus burlas al origen argentino de Ekaizer...

Federico Quevedo, en El Confidencial, es quien mejor plasma la situación en la que vivimos hoy en día, una situación que, de ser el ciudadano "normal" que el PP quisiera que yo mismo fuera, me tendría que llevar a plantearse salir del país...: "A Ignacio Villa lo manipularon, a la COPE la amenazan, y a Isabel San Sebastián la insultan sin piedad. Ese es el estilo que ha impuesto Rodríguez, que ha impuesto una izquierda decidida a no perder el poder, y si para eso tiene que practicar la Ley de la Mordaza, lo va a hacer sin tapujos. Malos tiempos para la prensa crítica. Y si gana Rodríguez, vendrán peores". Amenazados quedamos todos, en especial los ignorantes como yo que se nos ocurrió un triste día de nuestra vida votar al PSOE, de lo que puede pasar si Zapatero gana otra vez las elecciones...

¿Y por qué estoy harto? Porque toda esta gente esconde que los dos principales portavoz de los Gobierno de Aznar, Miguel Ángel Rodríguez (amenazas a Prisa) y Pío Cabanillas (que llegó a conseguir que El Mundo publicara una información falsa sobre un viaje de Felipe González a Marruecos), tuvieron sus trifulquillas con la prensa. Porque se les olvida mencionar que en los medios que controla la derecha no es que se levanten los contertulios que no están de acuerdo, es que les echan (incluso a los de derechas, como a Germán Yanke en Telemadrid). Porque se les olvida que nunca hubo ni podría haber habido un programa como 59 segundos en la TVE gobernada por la derecha, que, por cierto, encontró en Alfredo Urdaci al primer y único director de informativos del ente público que tuvo que leer una condena por manipulación informativa.

Porque llevamos años aguantando informaciones falsas (¿Se ha negociado con Marruecos por Ceuta y Melilla? ¿Se ha entregado Navarra a ETA? ¿Es Cataluña la comunidad autónoma beneficiada económicamente por el Gobierno? ¿Fue el 11-M una conspiración etarra-socialista? ¿Se manipuló la mochila que no estalló en los trenes? ¿Había armas de destrucción masiva en Irak...?) publicadas por medios de comunicación que nunca publican rectificaciones que se sí apresuran a pedir a los medios de la cuerda ideológica contraria cuando dicen falsedades. Porque hay periodistas que se dedican a insultar, incluso al Rey y encuentran la defensa de la presidenta de la Comunidad de Madrid, mientras que no respaldar a Isabel San Sebastián es, para Libertad Digital, una "cobarde indiferencia" por parte del resto de periodistas presentes.

Ya basta. Lo dije en mi última entrada y lo mantengo: hay demasiados periodistas, y los veo sobre todo en la derecha, que tienen en su modo de trabajar una loa permanente al PP y una crítica continua al Gobierno. Digo esto desde la independencia que tengo, proclamando que hoy soy votante de izquierdas y recordando, y para eso está el archivo de mi blog, que también sé criticar a un Gobierno de izquierdas cuando se lo merece. Y eso no es periodismo. Eso es sectarismo y dependencia absoluta del poder (y no siempre del poder ejecutivo, como se está viendo). Yo me niego a caer en eso.

Termino esta larga entrada (disculpadme la longitud del texto, os agradezco que hayáis llegado hasta aquí), con dos frases de Edward R. Murrow, uno de los periodistas norteamericanos que más abiertamente se enfrentó al senador McCarthy, ideólogo de la caza de brujas, y que aparece reflejado en la magnífica película Buenas noches, y buena suerte. Son frases muy adecuadas a esta discusión y perfectamente aplicables a la realidad de nuestros días. Y no sólo a la de Estados Unidos.

“Es maravilloso contemplar la velocidad de la comunicación. Pero también es verdad que la velocidad acelera la distribución de la información que sabemos que es falsa”.
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“No podemos confundir discrepancia con deslealtad. Si la oposición leal muere, el alma de América morirá con ella”.

domingo, noviembre 04, 2007

...Y casi llego tarde

Aunque parezca mentira, ayer estuve a punto de llegar tarde a una cena que tenía a las 21.00 horas por culpa de un partido de fútbol que se disputó a las 13.45 horas... Bueno, por culpa del partido no, por culpa de la caótica organización de TVE en sus emisiones deportivas, una muestra más de que en el Ente Público no se suelen hacer bien las cosas. Voy al relato de los hechos.
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Leo en la prensa por la mañana, y ya me llevo el primer cabreo, que TVE no va a ofrecer en directo el partido entre Arsenal y Manchester United, primero y segundo de la Premier League inglesa, los dos únicos equipos que hasta ahora han ganado sus tres encuentros de Champions. Me cabreo porque pienso que ya que han pagado una millonada por los derechos lo normal es dar en directo los mejores partidos, ¿no? Pues no, se anuncia el partido en diferido a las 16.00 horas por Teledeporte.
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Pongo Teledeporte a las 15.55 horas y me encuentro con que están poniendo el partido de Rafa Nadal en el Master Series de París. Me paso a La 2... y me encuentro con que también están poniendo el partido de Nadal. ¿Por qué demonios ofrecen lo mismo en los dos canales? A las 16.15, Juan Carlos Rivero corta el tenis en La 2 para conectar en directo con Cheste para dar los resultados de los entrenamientos de motociclismo... que habían terminado más de una hora antes. Y regresamos al tenis en mitad de un juego. Pensando en el partido de tenis, podrían haber ofrecido el fútbol en directo, porque se acabó unos diez minutos antes de que empezara Rafa. O podían haberlo puesto en La 2 o en Teledeporte mientras jugaba Nadal, sin entorpecer la retransmisión en directo de la segunda semifinal. Pues no. El Arsenal-Manchester lo iban a poner a las 17.30 horas.
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Pero, claro, como Nadal nos suele jugar partidos de tres sets (a ver si hoy gana a Nalbandian), pues los minutos van cayendo y pasamos ampliamente de las 17.30 horas. Al final la retransmisión del partido comenzó a las 18.05. ¿Se puede hacer peor? Sí, se puede. SIn dar el partido en directo, a las 15.35 Sergio Sauca da en el Telediario el resultado del partido, destrozando la ilusión del falso directo a quienes queríamos verlo. ¡Y encima dijo mal el resultado y tuvo que rectificar dos minutos después! Un desastre, vamos... El fútbol televisado acabó a las 20.05, seis horas y 20 minutos después de la hora de comienzo real del partido, tiempo suficiente para arreglarme y poner rumbo a casa de los amigos que nos invitaron a cenar.
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Por cierto, el partido acabó 2-2 y lo disfruté un montón, porque sigo creyendo que la Premier es una Liga bastante mejor que la sobrevalorada española. Y la cena fue un gustazo tremendo. Comimos de fábula y tuve una compañía y unos anfitriones de auténtico lujo.