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martes, septiembre 14, 2010

No es un buen tenista

¿Sabéis qué? En mis conversaciones deportivas todavía escucho a alguien decir que Nadal no es un buen tenista. Que el bueno de verdad es Federer. Que Nadal es sólo físico. Que gana por aburrimiento. Que es muy parecido a quien aquí se rebautizó como Frontón Sánchez Vicario (por Arantxa, claro). Tiene que haber de todo en esta vida. Conste que respeto todas las opiniones, que en la diferencia está la gracia de cualquier debate. Pero uno también tiene derecho a asombrarse por algunas opiniones.

Hasta ayer, nunca había trasnochado por ver un partido de tenis. Creo que ni siquiera en Juegos Olímpicos, que es la cita que cuando se la llevan al otro lado del mundo más madrugadas deportivas me ha hecho vivir. No me suele entretener tanto un duelo de raquetas que se prolongue durante tantas horas, aunque me maraville la plasticidad de puntos concretos. Ayer me fui a dormir a las cuatro y cuarto de la madrugada. Y no vi sólo puntos concrentos. Vi un partidazo antológico. Qué golpes. Qué carreras. Qué saques. Qué voleas. Qué carácter. Qué bestia. Qué maravilla. Y eso que no es buen tenista.

viernes, mayo 14, 2010

Una noche en el tenis (2)

Dos años y medio después de la primera vez, de nuevo en el tenis. Y casi todo ha cambiado. Ya no es el Masters Series de Madrid, sino el Madrid Open. Ya no se juega en superficie sintética, sino en tierra batida (aunque la pista estaba mucho más rápida de lo que esperaba, igual porque la lluvia había obligado a cerrar la cubierta). Ya no se disputa en el Telefónica Arena, sino en la Caja Mágica. Ya no se celebra en octubre, sino en mayo. Lo que no cambia es el atraco sistemático al que se somete al espectador. Y no me refiero al precio de las entradas, que eso va al margen, sino de la inaceptable (pero socialmente aceptada) costumbre de impedir a la gente introducir comida o bebida en un recinto sólo para que tengan que comprarse las viandas precisas en los establecimientos interiores.

¿Qué significa eso? Que si quieres una Coca-Cola, pagas religiosamente tres euros. Que si quieres un triste sandwich de esos de máquina, van a ser cinco euros. ¿Un café con leche? 2,50. Por un paquete de M&M, te soplan tres eurazos también. Y como te apetezca un bocadillo, lo llevas claro: siete euritos. Puestos hay muchísimos, todos con los mismos precios. Vergüenza ajena daba ver a un guardia de seguridad impedir a una mujer la entrada porque llevaba... ¡una bolsa de quicos! ¿Hasta cuándo aguantaremos estos atropellos? Quién sabe. Por el momento, por entrar el baño no te cobran, no, y a lo mejor ahí está la frontera del pasotismo. Pero como quieras darle al crío (si vas con uno) el capricho de la pelota gigante, que sepas que te cuesta diez euros. Al menos hay varios escenarios para hartarte de ver tenis.

Partido estrella de la noche en la pista central, Roger Federer contra Stanislas Wawrinka (aunque se oían más gritos de ánimo y buen ambiente en las pistas en las que estaban jugando David Ferrer y Feliciano López). Dos suizos, pero sin color alguno. El número 1 del mundo (al que también vi hace dos años y medio. Es lo que tiene no escoger personalmente el día o la hora de las entradas, que todavía no he podido ver en directo a Nadal) no tuvo problema alguno para ganar el partido a su compatriota. Wawrinka empezó con fuerza rompiendo el primer saque de Federer, pero en cuanto éste le devolvió la rotura de saque en el siguiente juego se acabó el partido. Una pena, porque ver un partido de tenis resuelto casi desde el principio, y ya sin la emoción del resultado, limita el disfrute a los buenos puntos que quieran ofrecer los dos jugadores. Alguno hubo, pero para mí estuvo demasiado descafeinado todo.

La salsa de este torneo hace años la puso Manolo Santana, su director, al tomar la decisión de que modelos actuaran como recogepelotas. Con la que se montó hace unos años y ahora ya nadie habla de ello. Qué fácil es que nos acostumbremos a todo, incluso a aquello con lo que no estamos de acuerdo. Con no hacer caso a las críticas y capear el temporal durante un tiempo, uno puede hacer lo que quiera en este país (¿en todos?). A mí me sigue pareciendo absurdo que se le robe la oportunidad a un chaval apasionado del tenis de compartir un partido con sus ídolos por hacer que mande la imagen y el marketing. A las chicas se les nota mucho la falta de habilidad para manejar una pelota de tenis con las manos. Para compensar, en el torneo femenino hay modelos masculinos. ¡Viva la igualdad! Y una duda existencial... Mirad la primera foto. Las dos modelos que están junto a la red están en cuclillas. Cuando cambió su vestuario en el último set y llevaban una sudadera en lugar de tirantes, estaban de pie. Todo eso está entrenado, claro. ¿Acierto si pienso mal...?

Antes del Federer-Wawrinca, la pista central del torneo (llamada Manolo Santana; hay que fastidiarse con las casualidades de la vida, sin restar un ápice de importancia a ese nombre en la historia del tenis español) acogió un encuentro del torneo femenino, la española Anabel Medina contra la serbia Jelena Jankovic. Tampoco hubo color. El partido duró un par de minutos más que el masculino, poco más de una hora, pero aquí la española tuvo menos opciones todavía de ganar que Wawrinca. La verdad es que no veo al tenis femenino en un buen momento. Prima la fuerza sobre la técnica. Con un buen saque, están ganado casi todos los puntos. Y con buenos músculos se ganan más que con buena técnica. Jankovic es la número cuatro del mundo y tampoco es que me entusiasmara. Algún malpensado seguro que me dice que tuve mala suerte de que Jankovic eliminara en la ronda previa a Anna Ivanovic. ¿Al tenis no se iba a ver tenis...? Lo único que tengo claro es que no se puede ir con quicos...

lunes, febrero 02, 2009

Los nuevos ídolos son humanos

Los ídolos siempre tienen algo de inalcanzable. A veces casi todo. Pero los nuevos ídolos tienen mucho de cercano, de humano. Rafa Nadal es uno de esos ídolos. Tiene que serlo. Por lo que hace en las pistas de tenis, que es maravilloso, y por lo que hace cuando los partidos acaban. Me maravilló la semifinal contra Verdasco. Me impresionó la final contra Federer. Pero me gustaron todavía más los pequeños detalles. Que tras enfrentarse a su amigo madrileño saltara la red para abrazarse con él después de la épica que da un partido de más de cinco horas. Que estuviera con su compañero Federer, consolándole tras la derrota. Esa es la medida de un gran campeón. Sus éxitos deportivos y también los personales. Es un ídolo. Es grande.

Y lo mejor de todo es que, con todo lo que ya hemos vivido con Nadal, tantas horas de tenis y de emociones (Roland Garros, Copa Davis, la prodigiosa final de Wimbledon, el oro olímpico, ahora el Open de Australia...), nos quedan muchísimas cosas por verle todavía. Muchísimas. Lo que está claro, y no sé si todo el mundo es consciente de lo que eso supone, es que estamos viendo Historia del tenis según acontece. Eso no es fácil de presenciar y muchas veces ni siquiera se valora. Algún día (muy lejano, espero) Rafa Nadal dejará de ganar. Cuando eso suceda, se hará balance y nos daremos cuenta de todo lo que habrá hecho para entonces. Y va a ser todavía más grande. Pero hoy saboreo haber visto un pedazo de Historia en una mañana de domingo. Grande. Muy grande.

jueves, septiembre 04, 2008

Felicidades, Rafa

Las felicitaciones, cuando son excesivas, corren el riesgo de no ser sinceras. Me imagino que a Rafa Nadal le debe doler la muñeca y no precisamente por hacer lo que mejor sabe, jugar al tenis, sino de recibir apretones de manos. No deja de ser gracioso porque tengo el recuerdo de que, al final de la temporada pasada, al que Nadal llegó algo fundido físicamente, los medios de comunicación apostaban más por la competencia de Djokovic por el número 2 que por arrebatarle el número 1 a Federer. Hoy todo son felicitaciones, palmadas en la espalda y fotos con el tenista. No es que me sorprenda, pero...

El caso es que hoy tengo que felicitar a Rafa Nadal. No por la medalla de oro conseguida en los Juegos Olímpicos. No por haber ganado ya dos torneos del Grand Slam (y estar en semifinales del tercero). No por haber conseguido ese número 1 arrebatándoselo a uno de los mejores tenistas de la historia. No, hoy tengo que felicitar a Nadal por ser un tipo sensato. Lo que ha dicho al conocer que le han concedido el Premio Príncipe de Asturias del Deporte es, sencillamente, para quitarse el sombrero. "Es una satisfacción y quizás es un premio a una carrera muy buena que he tenido, aunque no sé si a los 22 años es muy pronto para conseguir un premio tan importante", ha dicho.

Y tiene roda la razón. La web de la Fundación Príncipe de Asturias dice que este premio "será concedido a aquella persona o personas, o institución que, además de la ejemplaridad de su vida y obra, haya conseguido nuevas metas en la lucha del hombre por superarse a sí mismo y contribuido con su esfuerzo, de manera extraordinaria, al perfeccionamiento, cultivo, promoción o difusión de los deportes". Y, claro, darle un premio con esas bases a un deportista de 22 años que tiene tantísimo margen todavía de mejora. Si ahora le da por ganar cuatro Rolanda Garros más, un par de Wimbledons, otras tantas Copas David y, qué demonios, otra medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 2012, ¿qué le vamos a dar?

Parece que como lo ha ganado Nadal, es políticamente incorrecto criticar la concesión y a los propios Premios, pero a mí no me ha gustado nada de nada. Tampoco me gustó, por ejemplo, la concesión del galardón a Fernando Alonso, y eso que siento mucha admiración por el piloto, o, echando la vista atrás, el que le dieron a Arantxa Sánchez-Vicario. Tengo la sensación de que estos premios se han convertido en un escaparate del oportunismo. Deportista que triunfa, premio concedido. Al instante, para tener una preciosa foto. Y no es eso. Es fácil dárselo a un deportista que hoy está en los medios. Pero es mucho más merecido acordarse de tipos que verdaderamente han marcado la diferencia. Nadal será uno de ellos, pero dentro de unos años. Lamento, por ejemplo, que Ángel Nieto no tenga este premio. O Paco Fernández Ochoa.

Ya tienen una preciosa foto, porque Nadal, por descontado, irá a recoger el premio a Oviedo. Pero lo que el tenista ha dicho es cierto. Es joven para ser distinguido con este galardón. Eso sí, nadie lo va a decir, claro, porque... ¿quién se arriesga a que sus palabras puedan ser entendidas como una crítica a Nadal?

lunes, agosto 18, 2008

La familia no es la noticia

No soporto esta moda de ver en los informativos la celebración de la familia de un deportista. De verdad que no lo aguanto. No entiendo dónde está la noticia. No comprenderé jamás que eso sustituya a un buen análisis deportivo sobre un campeón. Bueno, no lo comparto, no lo haría jamás, pero sí lo entiendo. Es lo más fácil para estos devaluados medios de comunicación de hoy en día. ¿Para qué molestarme en analizar algo si basta con poner una cámara delante de unas decenas de personas pegando saltos? ¿A quién le importa explicar cómo y por qué ganó Nadal en la final de los Juegos si podemos enchufar el vídeo de Manacor?

¿Qué me aporta que una señora de Manacor me diga que reza antes de cada partido de Nadal para que gane? ¿O que un señor me cuente que es el mejor? En algún informativo (y no quiero señalar a La Sexta...), no pusieron más que un punto de toda la final. Uno. El último. Creo que ni siquiera dijeron el resultado del partido, más allá de la obviedad de que Nadal era campeón olímpico, y eso que estuvieron diez minutos hablando de este triunfo en particular. En otras palabras: no hay información. Nada de lo que dicen aporta absolutamente nada. Que si Nadal es grande, que si es incansable, que si tiene una descomunal fuerza de voluntad. Ya, si eso ya lo sé yo, no me lo tiene que contar nadie. Son frases vacías de contenidos. Loas de aficionado. Del periodista hay que esperar algo más. Bueno, hay que desear algo más, porque esperar ya espero poco.

Nadie cuenta que el chileno González dominaba los puntos cortos, los saques directos y los saque-volea (sobre todo en un buen segundo set), mientras que Nadal hacía suyo el partido cada vez que el intercambio de pelotas se alargaba. Nadie cuenta que el segundo set fue más agónico que los otros dos y que llegó al tie break, siendo el momento clave del partido. Nadie habla del juego. El resultado... y a veces ni eso, porque importa más la celebración. Y más incluso la de la familia que la del propio deportista. Antes nos ceñíamos a las fiestas organzadas o a la familia más directa, padres, conuyges e hijos. Pero ya ni eso. Ayer vi a ¡los tíos! de Iker Martínez, medalla de plata en vela, brindando ante la cámara. Estoy deseando que se dé un paso más y ver así la imprescindible celebración en vivo de los vecinos del pueblo en el que veraneaba alguno de nuestros campeones.

La noticia es ésta. Rafa Nadal, campeón olímpico. De eso es de lo que me gustaría que se hablara. Pero de tenis no ha hablado casi nadie. Y si no se hace cuando se tiene al campeón de Roland Garros, Wimbledon y Juegos Olímpicos, y desde hoy merecidísimo número uno mundial, ¿cuándo se va a hacer...? Menos mal que en estos Juegos la prensa escrita se está salvando en alguna medida de este desastre de la televisión y hay resquicios en los que refugiarse, pero qué pena...
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Y mientras tanto se me agolpan las cosas que decir sobre estos Juegos...
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Qué rabia me ha dado el atraco a Xabi e Iker en Vela (¿dónde estaban los elementos de presión deportiva o política que podrían habernos dado el oro ante semejante y flagrante ilegalidad?; ¿dónde estaba Lissavetzky? Ah, claro, haciéndose fotos con Nadal...) o que Marta Domínguez se cayera cuando acariciaba una merecidísima medalla en 3.000 obstáculos.
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Qué alegrones me siguen dando las medallas anónimas con las que nuestros expertos, esos que hace sólo cuatro días vaticinaban ya un fracaso (me guardo algunas frases que recordaré cuando acaben los Juegos), ni siquiera cuentan, como la de Leire Olaberria.
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Qué tristes algunos (bastantes) aspectos de la organización de los Juegos, como la caótica agenda del tenis (que terminaba de madrugada y con las pistas vacías, obligando a grandísimos e innecesarios esfuerzos a los tenistas) o las medallas que los jueces están dando a China en las competiciones que en que la puntuación de un jurado decide las medallas, una cifra desmedida incluso para un organizador.
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Qué gozada ver al monstruo de Michael Phelps ganar ocho medallas de oro y convertirse en la mayor leyenda olímpica de la historia (no sé si todo el mundo es consciente de que ha ganado ¡¡¡ocho medallas de oro!!! batiendo ¡¡¡siete récords mundiales!!!) o a Usain Bolt correr como nunca lo había hecho el ser humano en la prueba más grande que existe, los 100 metros, y batiendo un récord que destrozará seguro en próxima fechas.
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Qué lástima la cobertura de los Juegos de TVE, dando más importancia a la presencia de miembros de la Familia Real que a algunos deportistas, emitiendo cinco minutos en diferido la primera participación de nuestro abanderado, David Cal, por una entrevista intemporal con Samaranch que sí se podía haber retrasado o adelantado, o incluso no emitiendo en directo por ninguno de sus canales la medalla ganada por Olaberria.
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Y este bellísimo espectáculo sigue...

lunes, julio 07, 2008

¡Vamos, Rafa!

Hace una semana España ganó la Eurocopa de fútbol, y ayer Rafa Nadal gana Wimbledon. El deporte español, ya inmerso en el Tour de Francia (a pesar de que el campeón no pueda defender su título...) y un mes de empezar los Juegos Olímpicos de Pekín, no deja de dar alegrías. Y no calmarán la desaceleración/crisis/etapa complicada económica, no solucionarán los problemas de nadie, no aportarán ningún plus al crecimiento de España, no. Pero lo a gusto que se queda uno siguiendo las andanzas de estos héroes modenos cuando te dan alegrías como ésta, hace que todo se olvide siquiera por unas horas...

Ayer Rafa Nadal me hizo disfrutar como un enano. Como a casi todos, me imagino (y digo casi porque sé que no a todos...). Y eso que no soy muy dado a ver partidos enteros de tenis. Demasiado largos, demasiado poco decisivos en su desarrollo, hasta que llegan esas bolas finales, esos puntos de set y de partido que, esos sí, son de auténtico infarto. Pero ayer me tuvo colgado de la televisión desde las tres y media (bendita lluvia en ese momento, porque me dejó ver hasta el final la Fórmula 1 en Silverstone y sufrir con el lento Renault de Fernando Alonso...) hasta las diez de la noche. Siete horas para algo más de cuatro horas de partido, con dos parones por el agua caída del cielo londinense. Toda una tarde de nervios, de emociones, de sufrimiento, de diversión por unos golpes increíbles y, al final, de alegría incontenible cuando esa última bola de Roger Federer se estrelló contra la red.

Y es que era Wimbledon, la catedral del tenis, el lugar en el que todo profesional de este deporte, como decía Rafa Nadal, sueña con jugar algún día. Si sólo jugar en la pista central es inolvidable, ganar allí ya debe ser algo indescriptible. Y ganarle a un fenómeno como Federer no tiene nombre. Porque quizá hay algunos que no son conscientes de esto, y por eso conviene recordarlo: las victorias son más importantes y hermosas cuanto más grande es el adversario al que derrotas. Sí, al final sólo quedará en el cuadro de vencedores de Wimbledon que Nadal ganó en 2008 (¿Y en 2009...? ¿Cuántas veces más?) y llegará un momento en que nadie se acuerde de nada más, pero los que vimos la final sabemos todos que presenciamos un duelo de gigantes entre dos tenistas únicos. Pero Alonso fue grande no sólo por ganar, sino por ganar a Schumacher. Lo mismo que Nadal es grande por vencer a Federer y ser el único tenista que ha ganado más que perdido frente al monstruo suizo.

La hierba de Wimbledon siempre tuvo algo especial (aunque lo de los jueces de línea fue increíble durante todo el torneo y especialmente en la final; no había visto nunca fallar tanto a unos jueces de tenis y ser corregidos por el famoso ojo de halcón...). Y ahora que ha ganado Nadal, será todavía más especial. Lo grande de Nadal no es sólo que gane, sino también cómo gana, durante y después de los partidos. El español dijo en su discurso de agradecimiento que lo de Federer era increíble, que era un tenista impresionante, el mejor de la historia, elegante tanto en la victoria como en la derrota. Que dijera todo eso cuando acababa de ganar Wimbledon le eleva todavía más en este olimpo deportivo. Porque no todo el mundo sabe gestionar una victoria. Nadal sí. Y por eso es grande, muy grande.

¡Vamos, Rafa!

miércoles, noviembre 07, 2007

¿Ídolos caídos?

La semana pasada se conoció que Martina Hingis dejaba el tenis. La decisión la toma después de ser informada de que dio positivo por cocaína en el último Wimbledon. Recuerdo que una de las primeras entradas que escribí en este blog fue para congratularme del regreso de Martina a las pistas. Siempre me encantó su tenis, sigo a esta deportista desde que empezó, desde que comenzó a deslumbrar con 16 añitos, plantándole cara a la todopoderosa Steffi Graf. Y por eso la noticia me ha dejado algo desconcertado.
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Siempre he creído que un deportista, y más del nivel de Martina (43 títulos individuales, cinco de ellos del Grand Slam), tiene la responsabilidad añadida de ser un modelo para sus seguidores. Consumir drogas, desde luego, no forma parte de ese modelo de conducta, y mucho menos en los momentos previos a la competición. Ella dice que es inocente, que un segundo control privado (y por tanto no válido ante las autoridades deportivas) dio negativo, pero sabe que la batalla legal puede durar años. Dice que por eso se retira ahora del tenis, por el tiempo que puede durar este asunto y porque ya tiene 27 años, una edad que ya empieza a ser alta para este deporte profesional.
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No voy a caer en la demagogia y en el forofismo de decir que Martina tiene que ser inocente, por mucho que quiera que lo sea, sólo porque me encantaba su tenis. No tengo ni la más remota idea de si ha consumido cocaína, si el análisis es un error o si hay algo más. Pero sí confieso que me entristecería muchísimo que al final de todo este proceso se supiera sin lugar a dudas que Martina consumió drogas. "Personalmente me aterraría consumir drogas. Cuando me informaron me quedé impactada", ha dicho la ya ex tenista en la rueda de prensa en la que anunció, entre lágrimas, su adiós al deporte profesional. Ojalá sea así, de verdad. Si no, Martina será un ídolo caído más, uno de los ya demasiados que pueblan el deporte de élite.
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Corren malos tiempos para el deporte. El ciclismo anda metido en escándalos continuos de dopaje. El tenis vive ahora esta noticia y las informaciones sobre amaño de partidos. Árbitros de la NBA han sido sancionados por apostar. La Fórmula 1 está viciada entre espionajes y decisiones de la FIA. Italia vivió hace no tanto un enorme escándalo de compra de partidos de fútbol, el escándalo que dio con los huevos de la todopoderosa Juve en la Serie B del Calcio. Y podríamos seguir. No es que éste sea un fenómeno nuevo, que los que siempre hemos tenido ilusión por el deporte podemos hablar de aquel dopaje de Ben Johnson en los juegos de Seul de 1988, hace ya casi 20 años. Pero no deja de ser triste que el deporte se convierta en un cementerio de ídolos caídos.

miércoles, octubre 17, 2007

Una noche en el tenis

Ayer lunes estuve en el Telefónica Arena viendo dos partidos del Masters Series de Tenis de Madrid. Nunca había ido a ver un partido de tenis en directo (con lo que me gusta este mundo del deporte, me chocaba ayer pensar que sólo he visto cuatro deportes de élite en directo: fútbol, baloncesto, hockey sobre hierba y ahora tenis), y la verdad es que una experiencia interesante. Cambia bastante con respecto a la televisión, aunque sólo sea por la ubicación que nos tocó, en un lateral, acostumbrados como estamos a verlo en la pequeña pantalla desde un fondo. Admito que me cuesta bastante ver un partido de tenis completo por televisión, pero en la cancha, in situ, lo disfruté muchísimo. La lástima es que los precios suelen ser algo prohibitivos, porque si no seguro que iría más a eventos como éste...

El sitio en el que se celebra el Masters no me acaba de gustar. El Telefónica Arena ya lo conocí el año pasado, en un partido de la selección española de baloncesto y no me entusiasmo. De hecho, para el Masters de 2009 se anuncia ya una reforma del recinto. Antes de saltar a la cancha principal, hay un recinto montado con los stands de los patrocinadores y alguna que otra actividad (imprescindible jugar al tenis en la Wii...). Lo peor, que sólo te dejaban pasar una hora antes del comienzo del primer partido, con lo que en realidad no da tiempo a ver todo lo que hay, ver la cancha secundaria (estaba jugándose un partido de dobles; esta cancha tiene una grada mínima y encima está junto a otras dos canchas de entrenamiento) y visitar el bar para tomar un refrigerio antes del tenis.

Estando allí uno descubre que la puntualidad no es el fuerte de los españoles. Media hora después de empezar el primer partido, todavía seguía entrando gente, en especial todo el personal que acudía por el morro a los palcos privados, claro. Menos mal que el tenis es un deporte civilizado y, para no molestar a los jugadores, no se permite entrar a la gente a sus asientos hasta que el juego está detenido. Luego, claro, está el eterno problema de los móviles, y alguno que otro sonó durante el partido.

Tampoco acabo de ver clara la organización. La verdad es que es un poco triste ver cómo más de la mitad del aforo se marcha después del partido estrella, en este caso el de Federer, y deja las gradas semidesiertas para ver el segundo partido del horario de noche, ayer lunes el que enfrentó a Chela (un fiasco; jugaba realmente muy atrasado y cedió fácilmente el partido) y a Murray (dio bastantes buenos golpes, aunque se le vio un poco cansado en el segundo set y fallando golpes facilísimos). Y es una pena que no sea un acontecimiento más barato y que pueda llenar mejor las gradas. La verdad es que esto desluce un poco el torneo.

Este es el amigo Federer. Número uno del mundo, por si alguien hay por ahí algún despistado que no lo sabe. Aunque tiendo a disfrutar de la resistencia que se le opone en los deportes a los más grandes (me gusta animar a los pequeños en busca de grandes hazañas deportivas, qué se le va a hacer...), no queda más remedio que admitir que el tipo tiene una clase extraordinaria. Jugando a medio gas, nos dejó una cuantas jugadas maravillosas. Es elegante hasta para quejarse cuando sabe que no le ha dado bien a una bola (sí, sí, alguna hubo; Federer también es humano aunque a veces parezca que no...). A ver si aquí en Madrid también toca una final Nadal-Federer y sale uno de esos partidos que da gusto ver y que enganchan a este deporte. Iré con Nadal, claro, aunque eso no quita para reconocer que Federer es hoy por hoy más tenista que el mallorquín.

Este es Ginepri. La verdad es que en el primer set le opuso bastante resistencia a Federer e hizo unos cuantos juegos muy notables. Pero después de perder el primer set en el tie break bajó bastante. No sé si le pesó el haber jugado otro partido, y además de tres sets, el día anterior o sólo ir por debajo ante el número uno del mundo, pero empezó a fallar bolas realmente fáciles. Y si se falla eso con Federer, no hay absolutamente nada que hacer... Pero este tenista me dejó buena impresión (a pesar de que el típico listo desde la grada le gritó algo así como que "a España se viene a luchar"). Se llevó una cerrada ovación, bien merecida además, que Ginepri respondió con amabilidad.

Y no es por insistir, pero, claro, si uno va al partido estrella de la jornada del Masters Series de Madrid, uno tiene que referirse a las modelos recogepelotas... Después de haber visto a estas chicas en acción en el Federer-Ginepri y los chavales que después estuvieron en el Chela-Murray, lo tengo aún más claro. Los chavales hacen este trabajo mucho mejor y, además, me parece mucho más positivo darle la ilusión a un crío de estar en un partido con Federer que la estúpida moda de ceder al márketing y a la imagen.