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viernes, abril 26, 2013

Gobierno dimisión, ya

Hoy es el día en que, alto y claro, se tiene que exigir ya la dimisión del Gobierno y la convocatoria de elecciones cuanto antes. La rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros de hoy, en la que su presidente, Mariano Rajoy, ha demostrado una vez su cobardía política y personal con su ausencia, ha sido la manifestación de su incapacidad para resolver los problemas y la culminación de todo un programa de mentiras y falsedades que, de seguir adelante, pueden provocar que España se suma en unas catacumbas de las que nunca podrá salir. Ya me da igual Gürtel, Barcenas, lo pintoresco de algunas declaraciones de ministros, sus cortinas de humo o las continuas trolas que han soltado a todos los españoles y que tendrían que sentar todavía peor a quienes le dieron el voto aunque lo impida en demasiados casos el hooliganismo que se ha instalado en la política. Lo que me preocupa es el dato del paro, verdadero indicador de la crisis, el que el PP fijó como su gran prioridad, el que no sólo no sabe cómo atajar sino que agrava día tras día con sus decisiones.

Hoy, en esa rueda de prensa del Consejo de Ministros, el Gobierno ha dado sus previsiones de paro para lo que queda de legislatura. Según prevé, alcanzará el 27,1 de la población activa a finales de este 2013, lo que supone 6,2 millones de personas sin empleo, más o menos lo que ya tenemos ahora. Para 2015, esa previsión es del 25,8 por ciento. En 2015 se acabará la actual legislatura, si es que el actual Gobierno mantiene todavía en pie al país como para agotarla. Y ese Gobierno, que hizo del paro su ficticia bandera para engañar a tantos votantes, habrá fracasado en su principal objetivo, porque cuando llegó al poder el porcentaje de desempleo estaba en el 22,8 por ciento. Dado que todas las previsiones que ha hecho el Ejecutivo desde que las urnas le entregaron La Moncloa y una devastadora mayoría absoluta han ido cayendo una a una, podemos pensar que el escenario en 2015 será todavía peor. A mí no me sorprende lo de ahora, y no me sorprenderá esa nueva mentira en 2015.

Mienten cada vez que se les pregunta por el tema del empleo, mienten en sus previsiones, mienten en los objetivos y logros (¿logros?) de la reforma laboral, y si mienten sólo hay dos opciones para explicarlo. La primera es que intenten ganar tiempo para ver si la solución aparece por sí sola, un poco lo que hizo José Luis Rodríguez Zapatero con tantos aspectos de la crisis económica pero superando todos sus registros de mezquindad y empobreciendo a la sociedad en muchos sentidos con sus "reformas". La segunda es que todo esto les dé absolutamente igual, que estén preocupados por la mejora de los indicadores macroeconómicos que les den algo de aire, que justifiquen esas "reformas" que amenazan el futuro de todos los españoles por corta que sea su edad en estos momentos (y si no, al tiempo), y que el drama humano que se esconde detrás de las cifras de paro no tenga incidencia alguna en el mantenimiento de su sillón. Puede que las dos razones sean verdad al mismo tiempo.

Lo que es obvio y evidente es la mentira con la que esta gente ha contaminado el debate político y social desde hace ya demasiado tiempo. El "esto lo arreglamos en dos años", el "con el PP la economía siempre va bien", el "Zapatero es la prima de riesgo" y demás gilipolleces (sí, gilipolleces, no se me ocurre un calificativo mejor; ¡viva la riqueza del español!) eran una mentira electoral que demasiada gente se creyó y que algunos, a los que se nos decía que éramos parciales, no tragamos en su momento. Siempre se dice aquello de que "todos los políticos son iguales", aquello de que Zapatero hizo una campaña "por el pleno empleo" (se obvia, por cierto, que aquella campaña se sustentó en la tasa de paro más baja de la historia de la democracia española, que fue con él en el Gobierno; sobre un falso crecimiento que no supo anticipar ni detener, por supuesto, pero ahí queda el dato), pero hay que analizar más. Y la culpabilidad de los medios de comunicación que abanderan la derecha y que pidieron el cambio por el cambio, sin pensar en lo que venía o en la capacidad de quienes tendrían que sacarnos de ésta, es igual de alta que la de sus responsables.

El Gobierno no da la cara, pero la prensa tampoco. Y ya está bien. ¿Queréis saber por qué el periodismo está tan mal valorado? ¿Por qué las cabeceras de papel pierden lectores a pasos agigantados? ¿Por qué los políticos campan a sus anchas con sus decisiones corruptas, ilegales e inmorales? Porque la prensa ya no ejerce de cuarto poder. Porque se toleran primeras páginas como éstas que acompañan a mi lamento. Porque ahora el periodista vive de lo cercano que está al poder y no de su control. Porque el trasvase de periodistas políticos a gabinetes de prensa de partidos y ministros, cuando no directamente a escaños, está a la orden del día. Porque tienen que sacar por fuerza algo de su apoyo incondicional y desmedido. Porque salen rumores publicados de que los sobres de Barcenas llegan a sus voceros de la prensa y no pasa nada. Porque se descubre que el PP envía correos electrónicos a sus líderes de opinión mediática dictándoles lo que tienen que decir y parece lo más normal del mundo. Y no puede ser. No podemos seguir así. Hace falta un periodismo nuevo, pero también una política nueva. Un Gobierno nuevo, sin duda. Dimisión ya. Si ellos mismos reconocen que no van a hacer aquello para que lo fueron elegidos, es la única salida digna. La que, por supuesto, no se va a producir.

jueves, octubre 25, 2012

El discurso del Rey

Suelo prestar atención al Rey en su mensaje navideño. Sí, sí, ya sé, soy uno de los pocos que lo hace junto con algunos dirigentes de partidos nacionalistas, deseosos de reaccionar a cámara al día siguiente. Suelo prestarle atención porque es el jefe del Estado y en algo tendría que contar esa condición. Pero cuando el jefe del Estado pierde la perspectiva de la situación del Estado en el que ejerce la jefatura se está ganando que nadie le haga caso. Entre su justificación tras saberse de su accidente de caza, los disgustos que le está dando la familia y su creciente adhesión a las políticas del Gobierno actual, algo que no forma parte de sus atribuciones constitucionales y obligaciones sociales con su pueblo, está sumando muchos puntos para que las ideas republicanas cuajen con fuerza en España. Y lo digo sin tener demasiado apego ni desafecto por la monarquía constitucional o por la instauración de una nueva república. Veo pros y contras en todos los sistemas políticos y no soy entusiasta de ninguno. Raro que es uno en este mundo frentista.

El caso es que hoy el Rey ha dicho en Bombay que "las serias medidas de política económica" ya han "comenzado a dar sus frutos". Vale. Como respuesta a esa afirmación, no voy a entrar siquiera en la contestación social que hay a esas medidas ni voy a juzgar si es o no mayoritaria. Simplemente voy a abrir un par de periódicos digitales de hoy en busca de esos primeros frutos de los que habla. El mejor ejemplo de que las palabras del Rey, por muy obligadas que sean para que fuera se crean el mensaje y traigan inversiones a España, no están muy cerca de la realidad lo da el suceso más triste del día. Un hombre se ha suicidado pocos minutos antes de que le embargaran su casa en Granada. A eso es a lo que nos está abocando la forma de responder a esta crisis. A estas soluciones deshumanizadas en las que el banco gana y la persona pierde. Lo pierde todo.Y al mismo tiempo no pasa nada. Todo parece normal. A este hombre no le importan ya las medidas económicas, por muy serias que sean o muchos frutos que estén dando.

Y mientras los jueces denuncian los evidentes abusos legales en este terreno, pero eso no parece urgente de reformar, porque importan más los bancos que las personas, los números que la dignidad de las vidas. Lo que sí es importante regular, como han dicho varios cargos políticos en las últimas semanas, es el derecho de manifestación. No para atender lo que dice Amnistía Internacional sobre el uso excesivo de la fuerza en algunos casos o la impunidad absoluta de quienes se exceden en el uso de la porra con un uniforme y un casco, no. Para proteger a esos que confunden la Ley con la represión. Que serán uno o dos, porque yo no voy a hacer un alegato contra la Policía, pero que, por muy policías que sean, tendrán que responder ante la Justicia como cualquier otro. Porque si hay que protestar contra la financiación ilegal de un partido político o contra la privatización encubierta de la sanidad, tantas veces denunciada como desmentida, para favorecer a amiguetes con dinero público, se hace. Sería mejor que las administraciones paguen los servicios esenciales, porque en Cataluña las farmacias están de huelga por eso. Para otros gastos hay dinero, para medicinas no.

España ofrece mucho más en un día en el que su Rey ve frutos en las medidas económicas, un día como el de hoy, sí. Hasta las cosas más absurdas, vistas desde luego desde el prisma colocado en las alturas. Si no tienes dinero para pagar el uniforme, te pueden expulsar del colegio. Esas cosas suceden, sí. Lo importante no es que un niño esté escolarizado, que ya ha habido noticias de sobra sobre este tema en días anteriores como para que hoy también estén entre los titulares, sino el dinero que tiene. Ojalá fuera eso todo lo grave que sucede en la educación, pero estamos contentos, que para eso Wert dijo con informes de 2010 (gobernaba él entonces, claro) que es mentira que se haya recortado en Educación. Lo de la educación digo yo que alguna importancia tendrá, cada vez menos, eso sí, pero leo que hay un millón de personas sin estudios está en paro, cuando en 2007 eran 400.000. Supongo que ellos tampoco están viendo los resultados de las medidas económicas.

Y resultados tiene, ya lo creo. Los que se veían venir y que todos los meses se concretan en las estadísticas de paro. Así, concretamente y en el día de hoy hemos sabido que desde que se aprobó la reforma laboral, una de esas "serias medidas" de las que habla el Rey, se han disparado los ERE llevados a cabo en España. Gente sin trabajo. En la calle. Sin dinero. Puede que sin futuro. Y sin nada de eso, podemos volver al tema de las hipotecas o de la educación. O a lo de los impuestos, que ya hay propuestas en las que se habla de retirar toda ayuda a la compra de vivienda, incluso con carácter retroactivo o incluir muchos más productos en el IVA normal (el que ahora está en el 21 por ciento), porque si no, y eso se da casi como un hecho que hay que asumir, habrá que congelar las pensiones.

Ya me contará donde están los frutos. Porque yo leo el periódico y hoy no los veo. Si cogiera titulares de ayer creo que tampoco los vería. Y estoy seguro de que con los de mañana seguiré sin verlos. Quizá convendría que el Jefe del Estado abandonara sus discursos escritos por no sé qué asesor, mirara a los ojos a cualquier de los afectados por estas noticias y les dijera que todo lo que acabo de citar no tiene importancia, que es verdad que hay ya unos primeros frutos. Y si no puede o no quiere sacarnos de nuestra ignorancia, porque supongo que seguirá viviendo a cuerpo de rey (¿quién inventaría esa expresión y por qué...?), no creo que sea el único que le agradecería que no pronunciara frases más apropiadas para uno de esos políticos de medio pelo que han provocado la desafección de tantos ciudadanos hacia la política. Porque si eso lo hubiera dicho el portavoz adjunto de no sé qué partido que gobierne en cualquier lugar habría conseguido el titular de prensa que buscaba. Pero creo que el jefe del Estado está para otras cosas. Voy a mirar la Constitución que tengo aquí al lado, en mi estantería, para ver qué dice sobre esto.

sábado, septiembre 01, 2012

Cine + IVA

Siempre les he tenido cariño, pero los cines que están cerca de mi casa no son muy allá. Son pequeños, nunca han sido los más cuidados de la ciudad, y en algunas de sus salas se podían oír las explosiones de la película de la sala de al lado sin demasiado problema. Pero son los que están cerca de casa, así que he ido a ellos en incontables ocasiones. Les tengo cariño, sí. Es donde me acostumbré a ir solo al cine ya desde adolescente, porque nadie quería aprovechar las sesiones de precio reducido que siempre tuvo (era mejor salir a muerte y emborracharse, cosas de la edad del pavo que yo pasé de otra manera) o porque así veía películas que nadie quería compartir conmigo. Tengo muchas anécdotas en esos cines. Desde el día que me repitieron la escena de la estampida de El rey león hasta descubrir por un fallo de sonido que recordábamos los dos que estuve en la misma sesión del Drácula de Bram Stoker que un amigo que conocí años después, pasando por un preestreno de Independence Day, la reunión de los compañeros de trabajo para ver el final de la saga de Star Wars, la última vez que me invitaron al cine para ver Intocable o incluso un plantón para ver Los puentes de Madison. El cine para mí es eso, recuerdos, sensaciones, momentos que se quedan en mi memoria. Y cultura.

Ahora el cine ya no es cultura. Lo dicen los que mandan. Es entretenimiento. Como tantas otras cosas. El teatro, la lectura, la educación... Todo eso es entretenimiento. Por eso he empezado describiendo anécdotas. Podría haberos dicho cuánto me han enseñado el cine, sobre la historia, sobre la vida o sobre la realidad. Pero os he contado anécdotas. Entretenimiento. Todo sea por mostrarme acorde con los tiempos en los que vivimos. El entretenimiento pasa a ser un bien de lujo con la subida del IVA que rige desde hoy, sábado 1 de septiembre, una medida que va a arruinar a mucha gente, que va a frenar el consumo y que va a generar despidos y el cierre de empresas y locales. Estoy tan seguro de eso como lo estaba de que quienes se dedicaron a recoger firmas en contra de la anterior subida del IVA no tendrían pudor alguno en defender ésta. La anterior fue un error, ésta una completa calamidad, porque viene a sumarse al castigo de la anterior (y a otros tantos castigos que han decretado los que mandan) y porque es imposible argumentar algunas de las decisiones que se han tomado al respecto. Los que firmaban eran éstos, por cierto.
En esos mismos cines de los que os hablaba, hace menos de nueve años yo pagaba por una entrada 4,30 euros. Estos eran los precios que tenía ayer, día 31 de agosto. Un simple cálculo puede demostrar que el cine no ha subido precisamente lo mismo que el IPC anual o que los sueldos que se cobraban allá por 2003.
Pero siempre hay motivos para añadir indignación a la sociedad en la que vivimos. Estos son los precios que tienen esos mismos cines desde hoy.
Hoy es más cara la entrada con la tarifa reducida que la normal de ayer. La subida es de 1,30 euros en la entrada normal y de 1,10 en la reducida, de 7 euros en el bono de diez sesiones (que supongo que seguirá sin poder utilizarse en fines de semana, ya ni lo miro porque soltar 32,50 euros así de golpe es un lujo impensable para algo que no sea la lista de comida a comprar en el supermercado). A un desempleado se le cobra 7,60 euros por una entrada de cine. Si el desempleado quiere ver una película, mejor que no tenga pareja ni hijos y viva su miseria en soledad.

Damas y caballeros, hoy, día 1 de septiembre de 2012, es el día del inicio de la defunción definitiva del cine como espectáculo de masas. Gran medida contra la piratería la subida del IVA, sí señor. Ahora España va bien. Como solía.

viernes, agosto 24, 2012

Recortes y recortes

Situación 1. Hay unos 60 diputados que tiene declarada la posesión de una vivienda en la Comunidad de Madrid que cobran un complemento de 1.838 euros como indemnización por sus gastos de alojamiento en la capital. En el escenario de crisis económica en el que vivimos y con la constante guillotina de los recortes y las subidas de precios para el ciudadano común, esto no se ha recortado. Situación 2. La Generalitat de Cataluña ha decidido retirar a una mujer de más de 70 años la pensión de 104 euros que le pagaba mensualmente aduciendo que esta mujer se encuentra en el hospital recuperándose de un ictus, recibiendo así atenciones y comida pagadas con dinero público, y, por tanto, no precisa de ese dinero para sobrevivir. Ahí sí se recorta. A lo bestia y sin pudor, encima, porque la Generalitat le pide además que devuelva las dos últimas mensualidades que cobró, 208 euros, porque ese es el tiempo que lleva hospitalizada.

Le deshumanización, crueldad, estupidez y sinsentido que desprende la coexistencia de estas dos situaciones es fácil de ver. Lo que encima suena a farsa, a burla y a insulto es que te la quieran explicar. Un señor llamado Francisco Márquez, diputado del PP por Ceuta para más señas, ha decidido explicárnoslo. La parte que le toca, por supuesto, porque la que no le toca ya la ha explicado la Generalitat, un ente sin rostro y sin corazón al que apelar, aduciendo que sólo cumple con una ley de 2006. Que ellos no querían y que nos les queda más remedio que hacer cumplir la citada ley. Que la ley sea una bazofia que no tiene en cuenta las vidas de las personas es un pequeño detalle sin importancia. Pero no nos despistemos, volvamos a las explicaciones del señor Márquez. Dice que es "absurdo" considerar que diputados que tienen vivienda en Madrid no tengan derecho a percibir esos más de 1.800 euros.

"La indemnización no está condicionada a que su importe vaya destinada a un hotel, a un apartahotel o a un alquiler porque está pensada para contribuir a los gastos de quien, elegido por una circunscripción que no es la de Madrid, tiene para el desempeño de sus funciones", explica, convencido de que tienen "el mismo derecho" a cobrar ese dinero los diputados que no tienen vivienda en Madrid como los que, "aportando parte del capital que han ganado con el desarrollo legítimo de sus actividades profesionales", se han comprado esa casa. Y sentencia: "Esta polémica aporta muy poco al debate político actual". He ahí, en esa última frase, el quid de la cuestión, en que hablar de eso no aporta nada al debate. No quieren debatir las alternativas a los brutales recortes que sufrimos por si acaso les toca. Eso es. No hay más.

Resulta que ya no hay líneas rojas por cruzar, que se puede recortar de absolutamente todas las partidas presupuestarias de las administraciones públicas (quedan las pensiones, aunque por lo que se cuenta en los medios de comunicación será lo siguiente en recortar), pero los complementos de los políticos no se pueden tocar. Tienen derecho a ellos, dice. En primer lugar, es una salvajada que ese complemento sea de 1.800 euros, porque se puede residir en Madrid, y muy aceptablemente, por mucho menos de ese dinero, que además está libre de impuestos (¿Hacienda somos todos?). En segundo lugar, si se tiene que recortar, se recorta como en todo. ¿No dice la Constitución que todos somos iguales? Pues a sufrirlo. ¿Acaso un político electo en una circunscripción ajena a Madrid necesita más esos 1.800 euros que la mujer protagonista de la otra historia sus 104 euros? ¿No nos estaremos equivocando al decidir qué cantidad recortar o suprimir?

Sigo diciendo que esto de la crisis económica encierra demasiados bulos, engaños y embustes. Que somos presos de un sistema tan bueno como cualquier otro pero viciado por personas como el señor Francisco Márquez. Lástima que la mujer afectada por el primer caso que describía no viva en Ceuta, porque me pregunto qué le habría contado este diputado elegido en su circunscripción en el caso de que le explicara lo que le sucede. ¿Tendría la desfachatez de decirle que él sí tiene derecho a percibir 1.838 euros y que ella no lo tiene para cobrar 104? Presumo que no, pero también que no le temblaría la mano al firmar un decreto que lo garantizara. No puedo sentir aprecio por un mundo en el que la arrogancia clasista es capaz de justificar pagos públicos superfluos y, al mismo tiempo, se escuda en la Ley para dejar morir de hambre a personas, con vidas, con sentimientos,con ilusiones y con problemas, que necesitan un dinero que les quita puede que legalmente pero desde luego con una inmoralidad que traspasa las líneas de lo vomitivo.

lunes, julio 23, 2012

¿Qué es "salir de la crisis"?

Salir de la crisis. Salir de la crisis. Salir de la crisis. No sé cuántas veces habré escuchado ya esa expresión en boca de nuestros políticos, muy profusamente en la mesa de la sala de prensa de La Moncloa tras las reuniones del Consejo de Ministros y especialmente en boca de nuestra vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y nuestro ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Salir de la crisis. ¿Y qué demonios es salir de la crisis? Porque creo que ahí está la clave para entender este embrollo que tenemos montado y del que tan poco nos informa adecuadamente nuestro Gobierno. Con el resultado de las últimas elecciones, yo estaba convencido de dos cosas. Por un lado, hay que ver lo ingenuo que puedo llegar a ser, pensaba que este Gobierno presidido por Mariano Rajoy, arreglaría de alguna manera las grandes cifras económicas. Lo de la primera de riesgo, el déficit y esas cosas de las que la mayoría no tenemos ni idea cómo funcionan pero que inundan titulares e informaciones. En esto, desde luego, no estoy acertando mucho, no.

Pero de lo que sí estaba convencido, y el tiempo sí me ha dado la razón aquí, es de cómo se iba a intentar salir de la crisis. Por mucho que el programa electoral del PP fuera un galimatías de buenas intenciones y frases bonitas que eran imposible de cumplir, su absoluta carencia de compromisos concretos invitaba a pensar lo peor. Para mí era evidente que había un plan oculto, eso sí, de principios y sin detallar. Era obvio que se iban a recortar derechos, que el dinero se iba a ahorrar del y no en el bolsillo del ciudadano, que los servicios se iban a ver mermados, que todas las medidas pasarían por reducir gasto sin atender siquiera a si es necesario que ese gasto lo preste la administración o no. Con los precios subiendo y los sueldos bajando, las ayudas desapareciendo y los servicios públicos malviviendo, al PP le han bastado siete meses de gobierno para superar la más triste de mis expectativas y demostrar que salir de la crisis es para ellos mantener su asiento a toda costa y que la prensa publique cuatro cifras halagüeñas.

¿Con eso saldremos de la crisis? Yo diría que no, pero creo que ahí llegamos al punto central de este debate. ¿Qué es salir de la crisis? O, dicho de otra forma, ¿qué es necesario para que la vicepresidenta del Gobierno se siente un día en la sala de prensa de La Moncloa y pueda decir que la crisis ha pasado? ¿Basta con que la prima de riesgo y el déficit alcancen unos niveles más aceptables? ¿Qué nivel de paro es admisible para dar por solventada esta caótica y dramática situación? Porque igual algún día lo de la prima de riesgo disparada sin control es cosa del pasado y conseguimos (¡ja!) que las administraciones actúen de forma responsable y no se gasten el dinero en chorradas a su mayor gloria y sí en mejorar los servicios públicos. ¿Con eso habremos salido de la crisis? Yo, desde luego, no lo creo, porque es evidente que lo que el Gobierno consideraría salir de la crisis no tiene nada que ver con lo que pienso yo. Sin ofender a quienes se dedican a ello, a mí la macroeconomía siempre me ha parecido que tiene un toque de ciencia ficción. Yo la crisis la mido con el hombre de la calle.

Teniendo en cuenta ese baremo, yo no creo que hayamos salido de la crisis si los sueldos son menores que nunca. Si bomberos, médicos y policías tienen menos medios que nunca para hacer su trabajo. Si el número de desahucios deja de aumentar porque ya no quede gente a la que desahuciar. Si los bancos no dan créditos a emprendedores porque se lo gastan en sueldos multimillonarios a sus directivos. Si en las clases hay cada vez más alumnos y con eso se deteriora la educación. Si cada vez se paga más por los medicamentos. Si la paga extra de Navidad es un vestigio del pasado. Si las pensiones no bastan para vivir. Si los parados no reciben ayuda del Estado. Si la única política para ganar dinero es subir los precios. Si sigue habiendo tanta gente pidiendo en las esquinas, en los vagones de metro y en los parques. Si tenemos que pagar por bienes necesarios precios de artículos de lujo. Si un contrato de trabajo da cada vez menos derechos y protección al trabajador. El bienestar del ciudadano es lo que marca el fin de la crisis. Y eso no va a pasar cuando dejemos de hablar de la prima de riesgo porque todo lo que se ha decidido en estos siete meses lo va a impedir. Que lo de la crisis era una estafa estaba ya claro. Que salir de la crisis se convierta en otra estafa lo veremos algún día.

miércoles, julio 11, 2012

Ricos, pobres y mentirosos

Las crisis hacen que los ricos sean más ricos, los pobres más pobres y los mentirosos más mentirosos. Esta, desde luego, lo está demostrando. Y España, una vez más, demuestra ser un país diferente a tantos otros. Empecemos por lo de los mentirosos, que es lo que más gracia tiene de todo esto. Y no nos equivoquemos de conversación, porque no se trata de comparar a los políticos de un partido con los de otro. No se trata de tomar partido por unos o por otros. Se trata de mirar a la realidad, de evaluar el comportamiento de quienes ahora tiene el control de todas las herramientas que sirven al poder. Se trata de saber quiénes son y qué hacen. Ya sé que el Gobierno anterior no lo hizo precisamente bien. Y, francamente, no me importa si su labor de oposición actual es buena o mala porque en un Estado gobernado por tantas mayorías absolutas eso es absolutamente irrelevante.


Mariano Rajoy lleva muchos años mintiendo y las hemerotecas, esos lugares que ahora sirven para montar vídeos que subir a Youtube pero que durante tanto tiempo hemos ignorado, lo demuestran. Mintió sobre el Prestige cuando era vicepresidente del Gobierno. Mintió sobre el 11-M cuando era candidato a la Presidencia del Gobierno. Mintió sobre ETA cuando era el líder de la oposición. Y de economía. Es su tema preferido para mentir ahora que es presidente del Gobierno, pero miente sobre todo, y no le importa en absoluto hacerlo incluso en el Congreso de los Diputados, el símbolo de una soberanía nacional que ya importa bien poco porque lo han emponzoñado entre todos. Rajoy se presentó a estas últimas elecciones con un programa que él ya sabía que era mentira. Toda su acción de gobierno se mueve al margen de lo que su partido y su equipo plasmaron en el programa electoral. Con Rajoy, mienten sin rubor los suyos, los que han convertido la política en una acción despreciable, dedicada sólo a la consecución de poder y ganancia personal, y no en el servicio a los ciudadanos que por naturaleza tendría que ser.
Es ya a estas alturas tristemente evidente que Rajoy no tenía ningún plan. Que no tenía ni la más remota idea de cómo salir de la crisis, a pesar de que desde su partido se proclamaba tal cosa a bombo y platillo. Pero es que ni siquiera había trabajado para trazarlo, porque muchas de las cosas que ahora se saben, como el déficit de las comunidades autónomas o el agujero bancario, se las podían haber dicho compañeros suyos de partido o amiguetes colocados en consejos de administración. Pero no hay trabajo. Ni plan, ni trabajo. Es evidente, y hoy mismo lo ha reconocido de aquella manera el presidente del Gobierno en su intervención en el Congreso, que está adoptando medidas dictadas por otros. Está bastante claro que España ha perdido su soberanía, que es un país intervenido y, por tanto, obligado a adoptar medidas como las que hemos escuchado hoy. Medidas todas ellas desmentidas, incluso hace apenas pocos días, por el presidente del Gobierno o sus ministros. Por mucho que se quiera vender un desánimo social a la hora de votar, no es cierto. Mucha gente fue a votar creyendo el mensaje del PP. Muchos creyeron de verdad que el único problema que tenía España se llamaba José Luis Rodríguez Zapatero. Muchos creyeron esa mentira.
Vamos con los pobres. Mariano Rajoy, como punta de lanza de un sistema social fallido y decadente, nos ha demostrado que los pobres tienen que seguir siendo pobres para que unos cuantos sigan viviendo de maravilla. Todos los llamados recortes no son otra cosa que atentados a la dignidad del ciudadano. ¿De dónde se está recortando de forma concreta? Los presupuestos de Sanidad y Educación, las prestaciones de desempleo, el sueldo de los funcionarios (y de los no funcionarios), las ayudas a los jóvenes o a la vivienda, el transporte público. ¿Qué precios aumentan? Los de los servicios, los de las prestaciones, los de los bienes de consumo. ¿A quién afecta todo esto? Al ciudadano común. Al pobre. Al trabajador. Luego hay que soportar encima comentarios vergonzosos como el del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, quien dice que el IVA se paga poco y por eso hay que subirlo. No, no, no. El trabajo del ministro de Hacienda es obligar al defraudador a que pague lo que debe al Estado, pero este Gobierno, con su amnistía fiscal, lo que ha hecho es perdonárselo a cambio de una pequeña limosna. Y lo que es peor, ha lanzado el mensaje de que compensa ser un chorizo y se penaliza ser una persona que cumple con la ley. Hay miles de pobres que han llegado a Madrid pidiendo ayuda. Pero de los mineros el Gobierno no ha dicho hoy ni una palabra. Un ejemplo perfecto.
Y ahora vamos con los ricos. Hoy mismo se ha conocido, al mismo tiempo que el presidente del Gobierno anunciaba la más salvaje batería de recortes, que las empresas del IBEX 35 pagan más a sus consejeros que hace un año. ¿Quién tiene que apretarse el cinturón? ¿Los ricos? ¿Los que viven bien? No. Sobre esos no hay nunca medidas. En 2010, al tiempo que comenzaron a aplicarse recortes que siempre han afectado a las clases más desfavorecidas, ya se supo que había más ricos. Dos años después, nos contaron que el número de ricos había bajado. Buscar la comparación de este dato con el del incremento de la pobreza es sencillamente descorazonados.Y lo verdaderamente triste es que hoy, en España, cuando se han adoptado medidas que van a hacer más pobres a los pobres, algo más de la mitad del Congreso de los Diputados se ha levantado y ha aplaudido. Han aplaudido la ruina de las familias. La desgracia de las personas. La ausencia de futuro de niños y jóvenes. La quiebra de un modo de vida. Lo han aplaudido. Y dormirán muy bien esta noche. No sé si serán ricos, pero sin duda sí son privilegiados. Cobran mucho dinero por un trabajo que no saben hacer y no hacen. Tienen ventajas que los demás no tenemos. Y aplauden. Fantástico.
Ese gesto, gratuito y ofensivo a partes iguales, que nada tiene que ver con las imágenes de otros países cuando han tenido que tomar medidas drásticas como las anunciadas por Rajoy, evidencia que vivimos en una sociedad en la que ya sólo importan los números. No importan las caras, las personas, las historias, las familias. Importa cuadrar no sé qué indicadores que no sé ni para qué sirven ni quién los inventó. Por mí podría irse al infierno la prima de riesgo si con ello conseguimos que no haya en este país y en este mundo una sola familia que pase hambre. Pero no. Nos hemos instalado en un mundo totalmente diferente, uno en el que los ricos son más ricos, los pobres más pobres y los mentirosos más mentirosos. Es evidente que eso último es lo de menos. Pero como los mentirosos son los que sí salen por la tele es lo que más escuece en el momento del calentón. Hasta el punto de que sólo quería acordarme sutilmente de las familias del presidente del Gobierno y sus adláteres y he acabado dándome cuenta de que España en particular y el mundo en general son lugares inhóspitos y terribles en los que cada vez es más difícil vivir con esperanza.

viernes, junio 01, 2012

"Buenos días"


Salía el otro día Mariano Rajoy, presidente del Gobierno por si alguien lo ha olvidado, y le preguntaban rápidamente, sin que se detuviera para escuchar la cuestión, por cuánto tiempo podría aguantar España con datos económicos como los actuales y con la prima de riesgo (aunque ahora todos parezcamos expertos, ¿quién había oído hablar de esta dichosa prima hasta hace nada?). La respuesta de Mariano Rajoy, insisto, presidente del Gobierno, fue la siguiente: "Buenos días". Y se montó en su coche oficial para largarse de allí cuanto antes y sin dar una respuesta a la pregunta. Buenos días. Y ya. Reconozco que mi reacción fue una sonora e incontrolable carcajada. Me hizo gracia, qué le vamos a hacer. Habrá que encontrarle el lado positivo a las cosas ya que no me lo cuenta quien tiene capacidad de decisión.

No seré yo quien defienda a un Gobierno, actual o pasado. No se lo han ganado. Al contrario, se merecen una reprobación contundente y a todos los niveles. Pero me sigo resistiendo a pensar que todos son iguales. Y cada día que pasa tengo más claro, pero mucho más claro, meridianamente más claro, que hay un partido en el que la irresponsabilidad está sencillamente desatada desde hace ya demasiados años en su insaciable persecución del poder. A mí me parece maravilloso que la concepción actual de la política sea la de una maquinaria de ganar elecciones y ocupar sillones de poder. Maravilloso, de verdad. Pero que no se me ofendan cuando se les dice abiertamente, cuando se les pilla en sus mentiras o cuando se les afea este comportamiento. Y hay un partido que, en eso, gana por goleada. No hay marcador para recoger la irresponsabilidad con la que han tratado la situación económica.


Siento verdadero desprecio por aquellos políticos que sólo saben ponerse delante de un micrófono o una cámara para decir frases bonitas, grandilocuentes y sencillamente mentirosas sin medir las consecuencias que tiene lo que dicen. Hoy en el Gobierno del Estado y en el Gobierno de muchas comunidades autónomas están formados por muchas de esas personas, que no dudan en decir que la pitada de la Copa del Rey afecta a la prima de riesgo pero que jamás se miran al ombligo. Llevan años instalados en una situación de acoso y derribo de sus enemigos políticos, sin miramientos, sin detenerse a pensar. Y lo han conseguido, disponen hoy de un poder casi absoluto en España, por lo que supongo que habrá que darles la enhorabuena. Seguro que alguien me dirá que se pueden hacer vídeos parecidos a los que incluyo aquí con dirigentes del PSOE. Seguro. Lo que pasa es que ahora gobierna quien gobierna. Y creo que esos políticos ahora gobernantes se han dado cuenta, de una forma bastante lamentable y desesperada, que sus frases bonitas y traicioneras no bastan para arreglar nada.

Seis meses después de que cambiara el Gobierno, el paro sigue subiendo, la prima de riesgo está disparada, hay más pobres, el despido es más sencillo, la sanidad y la educación viven continuos recortes, el sueldo de los funcionarios está congelado y supeditado a nuevas bajadas, hay una imparable fuga de capitales de España, la vivienda sigue en precios inasumibles, los desahucios crecen sin control, se suceden los escándalos financieros como el de Bankia... Y digo yo... ¿Quién gobierna ahora? El otro día escuché a Felipe González hablar de unidad para salir de esta situación. Que alguien me diga un solo dirigente del PP, uno solo, el que sea, que lanzara un mensaje parecido cuando el PSOE estaba en el Gobierno. Uno. Con un vídeo, con un enlace a una noticia publicada en uno medio de comunicación. Uno. Con eso seré feliz y mantendré la esperanza en la raza humana. Incluso será contrapeso de todo lo que Rajoy, Montoro, González Pons, Sáez de Santaría, De Cospedal, Aguirre y compañía llevan diciendo durante años. Uno solo. ¿No? Vaya... La humanidad está perdida. Pero "buenos días" para todos.

lunes, mayo 07, 2012

Así es el fut... digo, la política


Ya lo he entendido todo. Si es que en el fondo era mucho más sencillo de lo que yo pensaba. Ha tenido que dejar La Moncloa el inútil ese de ZP y venir Mariano para explicarnos cómo funcionan las cosas. ¡Menos mal, qué alivio! Por un momento, un momento de debilidad sin duda, había pensado que cuando habla alguien que es o quiere ser presidente del Gobierno es para decir lo que va a hacer. ¡Hombre, ya, qué ingenuo he sido hasta ahora! Menos mal que Mariano es un presidente del Gobierno como Dios manda y me lo acaba de aclarar. Que dice, por si no lo habéis escuchado, que hará lo que sea necesario para que España salga de la crisis aunque eso incluya cosas que haya dicho previamente que eso no lo iba a hacer. Así como aquello de donde dije digo digo diego o algo de eso...

De verdad que es un alivio, ¿eh? Porque yo pensaba que lo que se decía en el Congreso de los Diputados, en los debates electorales o en las entrevistas (en los mítines no, que una cosa es ser ingenuo y otra ser gilipollas...) era lo que en realidad pensaba el autor de las frases. Pero, claro, ahí está la clave de la película. ¿Que dice algo el presidente del Gobierno? Por supuesto, hay que creerle. Y recitar sus frases en dos modos a elegir, bien cual eslóganes publicitarios o bien como versos de una oración. Ya que estamos, lo podemos recitar de las dos formas. Pero a gusto del consumidor, no se vayan a creer que no hay libertad en este país. Si luego cambia el viento y el mencionado presidente del Gobierno no sólo cambia de opinión sino que perpetra justo lo contrario de lo que había dicho antes, almas cándidas, es que está haciendo lo que tiene que hacer, sí señor. Y si alzáis la voz contra ese pensamiento único, es que no estáis por el pacto, so rencorosos.

Si el presidente del Gobierno, cuando todavía no lo era, dice que "no piensa dar un solo euro de dinero público a los bancos" es un principio ético elogiable que merece el voto para desalojar el crápula que gobernaba. Cuando, siendo ya presidente del Gobierno, decide hacer justo lo contrario es que está haciendo "cualquier cosa" por nosotros, pobrecillos seres humanos que no somos capaces de entender los mecanismos de la política. Y es que pasa lo mismo con la banca politizada, claro. Rodrigo Rato dimite de Bankia dejando un pequeño agujero que es lo que va a tapar el dinero público que Rajoy no daría si mandan los socialistas y que da mandando él. Y se va a ir con una indemnización multimillonaria y cobrando la pensión que le da el Congreso. Si yo dimito de mi puesto de trabajo, aunque lo haya hecho maravillosamente requetebién, me voy sin indemnización y sin derecho a paro. Y si tengo una cuenta en Caja Madrid que no llega a los 1.000 euros de saldo me pegan un sablazo en comisiones mes tras mes porque de algo tendrán que vivir los bancos, digo yo.

Pero todo está pensado para el pueblo, no penséis lo contrario, rojos peligrosos. Porque ha quedado claro que el principal problema de España es el paro, ¿no? Pues por eso Rajoy tiene ahora 82 asesores directos, 27 más de los que tenía el inútil del Zapatero ese. Como lo del dinero a los bancos, eso estaba mal cuando gobernaba el PSOE, pero es una de esas "cualquier cosa"s que Rajoy hace en nuestro beneficio. Fijaos, 27 personas menos en el paro que hay gracias a este presidente del Gobierno y que deben de ser además las que le dicen que lo que decía cuando no mandaba eran una sarta de chorradas irrealizables y oportunistas que ahora que tiene el poder ya no tiene por qué mantener. Y si no da ruedas de prensa es justo por eso, hombre por Dios. Imagínate que un periodista, si es que queda alguno, le pregunta por eso y tiene que decir que nos intenta engañar a todos como si fuéramos idiotas. Qué mal rato, ¿no? Nada, nada, mejor lo evitamos y listo. Y que no le llame a declarar un juez, que algún idiota puso en el Código Penal no sé qué de perjurio para estos casos y la podemos liar...

Porque el fút... digo, la política, es así. La nueva política. La de esta España grande en la que vivimos. En la que no importan ni las palabras ni los hechos. Los de los buenos, claro.

viernes, abril 20, 2012

Unos pocos euros al mes


Dice el presidente del Gobierno que la subida de las tasas universitarias o el incremento del pago en los medicamentos es un esfuerzo necesario de "unos pocos euros al mes". Unos pocos euros al mes. Mucho se mofaron los sectores que todos sabemos del anterior presidente del Gobierno cuando no atinó con el precio de un simple café. Aquello fue un asunto de trascendencia mundial, una evidencia de que no estaba capacitado para gobernar sobre los españoles, un drama de proporciones épicas que demostraba que los únicos caminos como Dios manda son los de la derecha. El hoy presidente del Gobierno, que por si alguien no lo ha notado no es ya la misma persona que antes, habla de "unos pocos euros. Y, sí, claro, no le falta razón. Lo de las tasas universitarias o los medicamentos son unos pocos euros al mes.

Con eso, ya son dos "unos pocos euros al mes". Pero también son unos pocos euros al mes lo que hay que pagar ahora por la luz. O lo del gas. Lo del transporte son unos pocos euros al mes. Lo del IRPF son también unos pocos euros al mes. ¿Lo del IBI?, unos pocos euros al mes. La tasa de basuras, unos pocos euros al mes. Todo son unos pocos euros al mes. Pero unos cuantos pocos euros, conjugados además con un recorte en todo lo que recibimos por esos pocos euros de más que pagamos junto con los que ya pagábamos, al mes acaban siendo muchos euros al mes. Claro que como Mariano Rajoy, cuando no era presidente del Gobierno, no sabía muy bien cuánto ganaba y sólo se atrevía a decir que era "mucho más" que los 300 euros que le dijo una pensionista que cobraba, ahora que tiene que sumar el sueldo de presidente del Gobierno lo más normal es que haya perdido toda noción de lo significan tantos números.

Igual por eso al ciudadano de a pie le pide tantos esfuerzos de "unos pocos euros al mes" y seguimos con la estrategia de colocación masiva de tipos a los que debemos favores, a pesar de haber prometido lo contrario en la pasada legislatura y en la campaña electoral. Como si eso de las promesas sirviera para algo, vaya... Lo que hay que hacer es lo que ha hecho el alcalde de la localidad madrileña de Tres Cantos. Un crack el tío. Que dice que se sube el sueldo para ganar más que un ministro porque el regidor de Colmenar Viejo gana más que él. Pero nos avisa que, tranquilos todos, no le va a costar ni un euro más al ciudadano. No, claro, simplemente recortamos todos los servicios sociales para que el colega gane más porque él lo vale, cual modelo de anuncio de champú. Y si no os gusta, pues ya sabéis, "unos pocos euros al mes" y con eso lo arreglamos todo. Aquí, hablando de la crisis y resulta que la solución era así de sencilla. ¿Cómo no se nos habrá ocurrido antes...?

viernes, abril 06, 2012

Económicamente viable

Siempre he sido un admirador de Un día de furia. De la película pero, sobre todo y en realidad, de su protagonista. Sí, ya sé, está un poco chalado, tiene tendencias un tanto violentas y algunas sus reacciones son poco menos que inaplicables en la vida real. Al menos si quieres seguir pareciendo el bueno de la película. Pero su ambigüedad me intrigó. Me atrajo la idea de un tipo que, por muy mentalmente desequilibrado que se le vea, va por ahí luchando contra las injusticias de la vida cotidiana, esas pequeñas cosas que a todos nos cabrean y con las que tragamos y tragamos sin poner nunca un punto final a nuestro aguante. Y dentro de esa película, no sé si lo suficientemente valorada o recordada tantos años después de su estreno (es de 1993 y, para mí, el mejor trabajo como director de Joel Schumacher), hay una escena que me llamó poderosamente la atención, la del tipo que no era "económicamente viable".



Cuando uno tiene quince años normalmente no se para a pensar en esas cosas. Pocos con esa edad están pensando en el futuro o son verdaderamente consciente de la necesidad de manejar dinero para poder sobrevivir en esta vida. E incido en lo de sobrevivir. No creo que entendiera aquella escena del todo cuando la vi por primera vez. Todo lo que implicaba. El porqué de la desesperación de aquel tipo que pegaba gritos pancarta en mano. Lo que escondía detrás de su reclamación pública. La clase de mundo del que estaba hablando, hace ya veinte años, un mundo en el que las personas nos hemos convertido en números, en balances, en gráficas, en estadísticas. Ya no somos personas. No para demasiada gente que tiene poder de decisión sobre nosotros y nuestras vidas. Ahora entiendo ese "no me olvides" con el que ese hombre se despide el carismático personaje de Michael Douglas.

Y ahora leo, veo y asumo que no sólo no hemos mejorado, sino que hemos empeorado. Si hace veinte años las personas ya eran números, ahora son menos que eso. No me gusta ese mundo. No me gusta este mundo. No lo entiendo. Los números dejaron de gustarme por culpa de una profesora de instituto que estaba más pendiente de los números que de que sus alumnos aprendieran algo. Y así me hice de letras. Sigo siéndolo, claro. Y por eso sólo me quedan las palabras para lamentar que se estén difuminando cada vez más las historias que esconden los números. Las personas que hay detrás de una cifra. Las vidas que se pierden, se malogran o se malgastan detrás de una estadística. Ese "no me olvides" se refería a esto precisamente. A que en el momento en que no le pongamos rostro a una cifra estaremos cayendo en la negrura del olvido. Y estamos en ese camino, ya lo creo que estamos en él. Si no nos detenemos, llegará un momento en el que casi todos dejaremos de ser económicamente viables. ¿Y entonces qué?

jueves, marzo 15, 2012

Las deudas de los poderosos

Salen estos días las cifras del dinero que el mundo del fútbol adeuda a Hacienda (752 millones entre 14 equipos de Primera, no se sabe cuántos de Segunda y de divisiones inferiores) y a la Seguridad Social (10,6 millones más), demostrando el incremento que se ha producido en los últimos cuatro años (el fútbol debía 150 millones menos al comienzo de la pasada legislatura). No pretendo caer en ejercicios de demagogia ni en lanzar argumentos a favor o en contra del fútbol, como deporte, como espectáculo de masas o como pan y circo de distracción para el ciudadano. Pero sí me parece evidente que el fútbol, visto desde este prisma económico, es el ejemplo de todo lo que funciona mal en esta sociedad que hemos construido durante tanto tiempo, en la que los irresponsables campan a sus anchas y son precisamente los más beneficiados del sistema.

El caso es que me muevo entre dos aguas, porque soy un ferviente defensor del deporte profesional. Creo que es un motor de la economía (turismo, hostelería, transportes, ropa deportiva, entradas...), que es uno de los mejores y más accesibles espectáculos a los que uno puede asistir hoy en día (a pesar de los desorbitados precios que adquieren las entradas en algunos casos), que fomenta valores que ni siquiera los cafres que se infiltran entre los aficionados (o la actuación de la prensa más perniciosa, que se empeña en generar enfrentamientos y polémica donde no las hay y somete al ostracismo a todos menos a dos equipos que todos saben ya cuáles son) pueden socavar. Y, sí, soy un apasionado aficionado que disfruta con el fútbol como uno de esos entrenenimientos que le ayuda a llevar el día a día.

Pero, al mismo tiempo, eso no me cierra los ojos y veo con claridad que el funcionamiento del fútbol es lamentable y cuenta con unos beneficios que no le corresponden. Durante años, muchos clubes se han movido entre el perdón de sus deudas y el injustificable sustento, sobre todo por exagerado, de las administraciones públicas. No hay más que mirar fotografías de temporadas anteriores para ver en las camisetas el exagerado patrocinio institucional que tenían muchos equipos de Primera. El dinero público llega de forma incontrolada a algunos clubes, en primer lugar generando unas desigualdades que adulteran la competición y lo que en cualquier otro sector llamarían libre mercado. El único freno a esta situación ha venido por la ruina económica de las administraciones. No por un improbable ejercicio de responsabilidad, no por la madurez empresarial de los clubes, no. Simplemente porque no se les puede dar más dinero.

Y ahí entran las deudas. Va un ejemplo. Según un informe publicado por El Confidencial, de los 752 millones que debe el mundo del fútbol a Hacienda, de los 490 millones que adeudan los 14 clubes de Primera División que tienen que pagar dinero a esa entidad que dicen que somos todos, 120 corresponden a un solo equipo, el Atlético de Madrid. Que no se me molesten los colchoneros, que nada tiene que ver mi argumento con lo que piense o deje de pensar de su equipo, pero ¿es razonable que a un equipo que debe 120 millones de euros se le consienta afrontar un fichaje (Falcao) por 40 millones de euros? No caeré en la trampa (acertada, pero demagógica) de decir que a un ciudadano normal se le embargarían de inmediato las cuentas si tuviera una cantidad pendiente de pago a Hacienda, pero sí es pertinente decir que el propio fútbol tendría que tomar medidas. Si no hay dinero, no puede haber fichajes.

Ahí entraría la Federación Española de Fútbol o la Liga de Fútbol Profesional. Bueno, entrar no entran, porque si entraran tendríamos un fútbol diferente desde hace muchos años, pero creo que eso es discusión ya para acometer entre aficionados a este deporte. Ya que no lo hace el fútbol, tendría que hacerlo la administración, pero tampoco lo hace, y me temo que el motivo está en la mala prensa que eso le provocaría entre los aficionados (no hay que olvidar las masivas manifestaciones de hace casi dos décadas cuando se decretó el descenso administrativo de Sevilla y Celta; ¿quién protestó contra aquellos dirigentes deportivos que no hicieron bien su trabajo y provocaron que sus equipos perdieran la categoría que después recuperaron por decisión política?).

Y el caso es que no creo que el mundo del fútbol sea una excepción, en todo caso uno de los picos más pronunciados de una situación que afecta a demasiados sectores. Ejemplo de que no hay nada mejor que tener algo de poder para que nadie te pueda toser. Si eres un don nadie, no habrá banco, institución o acreedor que te perdone el pago de un solo euro durante un día. Si tienes nombre, herencia o mando, puedes abusar de forma ilimitada del dinero de todos. Demagogias al margen, ¿a nadie más le parece eso terrible?

lunes, diciembre 05, 2011

Dos caminos

Lo habitual cuando uno toma una decisión es que haya al menos otro camino posible, cuando no muchos más. Pero uno siempre hay, más allá del que hayamos elegido. Dos caminos y una elección, la que tenemos que tomar siempre que alcanzamos un cruce de caminos. Y esa elección, sumada a todas las que todos nosotros adoptamos, los movimientos conscientes o inconscientes de todos los que convivimos en una sociedad, son lo que marca nuestras vidas. Muchas veces es la sociedad la que nos arrastra a seguir un camino concreto. Y a fuerza de repetir que ese camino es bueno, es bonito, es beneficioso, es necesario o es, simplemente, el mejor, acabamos creyendo que ese, el que escoge la sociedad mayoritariamente, es el camino correcto. Incluso quienes no lo creen así, pueden acabar arrastrados por el poder de la masa y claudicar ante esa avalancha. Pero de vez en cuando surgen esos hermosos ejemplos que evidencian que la sociedad se puede equivocar, que la mayoría no tiene por qué tener razón, que hay otras alternativas posibles.

En Italia se publicó hace unos días una noticia que llamó mucho mi atención. Por motivos en realidad desconocidos y que tampoco influyen en la cuestión, un empresario llamado Enzo Rossi decidió hacer un experimento que consistió en tratar de vivir un mes con 1.000 euros de salario, algo más incluso de lo que paga a sus empleados. Y el día 20 se quedó sin dinero. Como consecuencia de haber averiguado de una forma tan directa cómo viven quienes trabajar para él, decidió subir el sueldo de sus empleados en 200 euros mensuales. Siempre he dicho que lo que gana un trabajador normal es la base, no sé si la única pero sí una importante, de los actuales problemas sociales y económicos. Los de verdad, no los de los grandes estudios o las cifras macroeconómicas. Si el sueldo fuera una recompensa real a nuestro trabajo, habría más ahorro, habría más gasto, habría más satisfacción con el modelo económico y laboral que hemos escogido. Habría más vida. Pero no. La tendencia obliga ahora a bajar los sueldos. Que estamos en crisis, dicen como explicación. Y más crisis habrá si cada vez ganamos menos. Otro camino es posible.

En España hubo otra noticia que, en las elecciones generales del pasado 20 de noviembre, se quedó en una anécdota o, casi, en una breve anotación. IU consiguió un escaño por la provincia de Málaga. El número uno de la candidatura de la formación de izquierdas se llama Alberto Garzón, ex portavoz del movimiento 15-M. Decían que las protestas de los llamados indignados no podían acoplarse en el sistema porque precisamente luchaban contra ese sistema. Decían que el movimiento no podía tener portavoces visibles porque iba en contra del espíritu del movimiento. Decían que lo importante era la protesta, y no la valía de sus cabezas visibles. Alberto Garzón ha dado la cara, ha entrado en el sistema, se ha demostrado portavoz eficaz y sabemos que se licenció en Economía, que tiene un máster de Economía Internacional y Desarrollo y otras muchas más cosas de su extenso currículum. El paso de Alberto Garzón es decidido, es el que consideraba necesario para el desarrollo real del 15-M y sus ideas. Hace unos meses, muchos me dijeron con virulencia, aquí mismo en este blog, que estaba equivocado cuando sugerí algo así. Yo, desde luego, veré con mucha atención lo que haga este valiente y comprometido diputado. Y seguiré su camino.

viernes, octubre 07, 2011

Sueldos públicos

Desde mis limitadísimos conocimientos sobre economía, siempre he pensado que el principal problema de España, quizá de todo el mundo pero sobre todo de España, estaba en los sueldos. Siempre me ha parecido insostenible que personas que han dedicado cinco, seis o diez años de su vida a formarse más allá de la educación obligatoria cobren sueldos que no llegan, a veces ni se acercan, a los mil euros. Porque entonces no compensa tanto trabajo. Y eso lo pensaba ya hace años, así que imaginad lo que tengo en mente ahora con la que está cayendo, con el encarecimiento del coste de la vida, la subida anual del en los precios (ah, y el euro, que no se me olvide el redondeo del euro) y los despidos masivos que las grandes empresas están acometiendo para mantener sus beneficios. Pero esto de los sueldos llega a extremos indignantes cuando hablamos de personas que trabajan para entidades públicas. Hemos llegado a un punto en el que hay cierta obsesión, justificada, por conocer cuánto gana y cuánto tiene cada político de este país, y de ahí que en los últimos tiempos se hayan conocido sueldos de diputados, senadores y gobernantes autonómicos.

La cosa se agrava aún más leyendo noticias como ésta, en la que se dan a conocer, aunque no de forma pública y sí mediante una filtración, los sueldos de los dirigentes de una televisión autonómica, Telemadrid en este caso. Esta noticia da una base documental a lo que para mí viene siendo evidente desde hace mucho tiempo, y es que hay gente que gana un dinero que 1) no se merece y 2) no debería permitirse en un Estado de Derecho. No hay derecho a que el director de una televisión autonómica, designado a dedo por un presidente autonómico, gane más dinero que ese presidente autonómico. Simplemente, no hay derecho. Cuando digo que no se lo merece, no pretendo infravalorar la dedicación, el trabajo y la responsabilidad de alguien que dirige una televisión, pero sí entiendo que el sector público está obligado a regirse por unas premisas que en España no se cumplen. Telemadrid es el perfecto ejemplo de actualidad. ¿Que no les gusta? Ahí está el sector privado. Pero el público necesita de otras normas para regirse.

Cuando la sociedad no es capaz de autoregularse, es cuando creo que deben actuar las instituciones. Eso incluye también a la clase política y a quienes depende de ella. Y si la clase política no es capaz de regularse tampoco, es cuando los ciudadanos tenemos que exigir más. Cada vez estoy más convencido de que en España tendría que haber una ley que regulara los sueldos de cargos públicos, incluyendo los de empresas públicas. En la esfera política, no es posible que un presidente autonómico gane más que el presidente del Gobierno, porque nadie tiene más responsabilidad que quien ocupa el puesto de jefe del Ejecutivo. No es posible que un consejero autonómico o un diputado general gane más que un ministro, es cuestión de rango y responsabilidad. Quizá sea el momento de elaborar tablar que coloquen a cada uno en su sitio. Y eso tendría que incluir a quienes trabajan para organismos públicos, como son las televisiones, sea RTVE o las autonómicas, y sobre todo a quienes ocupan un cargo de designación política.

Es evidente que es una utopía, de esa que son realizables pero no en la coyuntura actual. Cuando la regulación de los políticos depende de ellos mismos, la experiencia dice que no se va a cambiar nada que pueda limitar sus beneficios. El único acuerdo unánime que solía haber en el Congreso, al comienzo de cada legislatura, era la aprobación de la subida salarial de los diputados, con lo que menos aún se van a poner los dirigentes autonómicos a recortar los beneficios de quien colocan precisamente para que se hable bien de ellos en sus televisiones. Lo que está claro es que la única forma de conseguir algo es insistir en ello. Y yo, desde luego, tengo claro que hay que seguir insistiendo en que la gente tiene que cobrar un sueldo que le permita vivir (sin necesidad de lujos, pero vivir, porque eso es lo que le permitirá trabajar a pleno rendimiento) y que es denigrante que no haya un mayor control sobre las grandes fortunas (que eso es lo que cobran los altos cargos en comparación con el sueldo medio) que dependen de la designación política. Regulación ya.

miércoles, agosto 03, 2011

Monopoly

Nunca he tenido un Monopoly, pero sí tuve El Palé. Es prácticamente el mismo juego, pero este segundo con los nombres de las calles de Madrid y comercializado desde siempre en España. Dice Wikipedia que este juego se vendió aquí entre los años 30 y 60, pero espero que fuera durante algunos años más porque si no es imposible que cayera en mis manos cuando yo era niño. No, no soy tan viejo como Wikipedia me quiere hacer creer. El caso es que como el que conoce todo el mundo es el Monopoly, hablaremos de Monopoly. Porque, no sé si seré el único, pero cuando escucho noticias económicas de un tiempo a esta parte, de un largo tiempo a esta parte, tengo la sensación de que estamos jugando a un gran Monopoly. Incido en lo de "jugando". Bueno, yo no juego. Yo, como mucho, sería una ficha. Algo es algo, tampoco podría quejarme. Pero es que en realidad tengo una sensación diferente y mucho más inquietante al leer informaciones sobre la Bolsa, la prima de riesgo, los bonos basura, los rescates financieros y demás palabrajes macro y micro económicas. Entonces me siento como el dado. Doy vueltas y vueltas para caer en una posición absolutamente aleatoria y que nadie puede prever.

Y que yo me sienta así no debiera ser tan grave. Al fin y al cabo, mi ignorancia económica tendría que colocarme en el vagón de los que nos dejamos llevar en la confianza de que tiene que haber gente que sepa mucho más que uno sobre este tema. Tiene que haberla. Tiene que haberla. Me lo repito constantemente en un ejercicio de fe. Como el de Dorothy de apretar los talones de sus zapatos de charol rojo para regresar de Oz a Kansas. ¿Pero qué pasa cuando la gente que se supone que sabe, y por muchas palabras rimbombantes que utilice, da la sensación de que tiene al menos la misma idea que yo? Pues que más nos vale tener una de esas tarjetas del Monopoly que nos libraba de la cárcel. O confiar en la suerte de los dobles al tirar los dos dados, que así también dejaba uno atrás la prisión en el tablero. Igual también es que hay clases entre los jugadores del Monopoly y hemos tenido la mala suerte de que a nosotros nos haya tocado el que de jugar sólo conoce las reglas. Esas que dicen cuándo hay que tirar los datos, lo que pasa en cada casilla en la que caes y las posibilidades que tienes de comprar, vender o hipotecar antes de que te pase el turno.

¿Lo malo de todo esto? Que eso de las normas está muy bien, pero la gente no les suele hacer ni caso. Sobre todo los malos. A la norma de cómo evitar la cárcel sí, esa la tienen todos muy bien aprendida, pero los malos, esos que por definición se oponen a los buenos pero que uno ya no sabe dónde localizar, se las saben todas, no sólo esa. Porque si esta crisis económica que dicen que vivimos, con la cuota de culpa en sus efectos que tienen los jueguecitos de algunos y la irresponsabilidad de otros, no ha supuesto ya el encarcelamiento de un buen puñado de tipos con traje y corbata, no sé qué puede dar con sus huesos en prisión. Especuladores, usureros y mangantes varios campan por este Monopoly en el que se ha convertido el mundo real como si estuvieran realmente jugando a Los Sims. Y yo a veces fantaseo con lo que daría porque todos esos tipejos estuvieran en realidad en World of Warcarft, donde al primer atisbo de que eres el enemigo ya tienes a docenas de bichos, guerreros y magos lanzádose a tu yugular para acabar contigo. No, si está claro que no hay nada que no arregle una buena jugada virtual... Lástima que en este otro Monopoly no se apliquen las mismas normas.

viernes, septiembre 17, 2010

Una dudosa huelga general

No termino de ver clara la huelga general del próximo día 29. Y hay muchos motivos que me llevan a dudar de que esta iniciativa tenga algún tipo de trascendencia. Partimos de la misma convocatoria, que se hizo hace meses. ¿Por qué no se hizo la huelga general entonces? No entiendo este receso al que nos han obligado los sindicatos. No sé si ellos mismos lo entienden. Si esto es una huelga contra la reforma laboral impulsada por el Gobierno y ya aprobada en el Congreso hace unos días, la presión podría haber sido efectiva antes de que dicho plan finalizara su trámite parlamentario. Ya no tiene ningún poder. Hacemos huelga. ¿Y qué? Ya no es más que un pataleo. Cuando se convocó la huelga contra el decretazo del Gobierno Aznar se consiguió que diera marcha atrás porque la reforma no había sido aprobada definitivamente. Ahora no sirve de nada. Bueno, sí, para que a todos los trabajadores nos den de baja por un día de la Seguridad Social y nos descuenten una cantidad de dinero de nuestros exiguos salarios.

Vamos ahora a los convocantes. Los sindicatos. Es obvio que se trata de organizaciones que han dicho palabras muy importantes en la historia de las relaciones laborales y que sin ellos no estaríamos aquí. Pero aunque habrá de todo en el mundo, no lo dudo, no conozco a nadie que me haya contado que un sindicato haya hecho algo realmente valioso por él. Mi experiencia laboral habla de que teníamos más poder los compañeros unidos (poder que, al fin y al cabo, era mínimo) que si acudíamos a nuestro enlace sindical (que vivía maravillosamente bien con la seguridad de que jamás sería despedido y sin preocuparse de que su trabajo, escaso, tuviera el nivel mínimo aceptable para seguir en su puesto). No me inspiran mucha confianza los sindicatos, por noticias que uno ve de vez en cuando como ésta, pero también por su financiación y por el desfase que hay entre su modo de vida y el de que aquellos que dicen proteger (y que, sintiéndolo mucho, no veo que protejan).

Sigamos en parte con los sindicatos para hablar de los bandos de esta huelga. En las informaciones que uno lee sobre los actos que están convocando los sindicatos para calentar el ambiente antes del día 29, los gritos que se oyen son "Zapatero, dimisión". Y aunque es Zapatero quien está detrás de la reforma, lo cierto es que no me quito de encima la sensación de que este huelga es mucho más política que económica o social. Me da la impresión de que hay muchos políticos haciendo cola para apuntarse el tanto de esta huelga general, aprovechándose de muchos que creerán que están luchando por sus derechos y por mucho que no suponga cambio alguno en el mercado laboral o en la situación económica de los trabajadores. Y si encima leo que la huelga para los políticos va a ser casi como aquellas huelgas de cachondeo que hacíamos en el instituto y que no eran más que novillos encubiertos de reivindicaciones (los políticos huelguistas sí van a cobrar el día aunque no lo trabajen), se me siguen quitando las ganas de apoyar la convocatoria.

Y llegamos a otro punto clave: el enemigo. ¿Contra quién se convoca esta huelga general? Después de lo dicho anteriormente y de lo que se habla desde fuentes políticas y sindicales, está claro que la huelga es contra Zapatero y su Gobierno. No es por el trabajador, es contra el Gobierno. Y no me parece lo mismo aunque muchos lo vean así. No me gustan las medidas adoptadas en la reforma laboral de Zapatero, eso está claro (aunque habría que valorar cuántas medidas nos han venido impuestas con más o menos fuerza desde Europa). ¿Pero está ahí el problema de la crisis? Yo lo sigo viendo en el mismo lugar de siempre. En los salarios, en los escasísimos salarios que perciben trabajadores que han pasado muchos años de su vida formándose y que ganan menos que personal no cualificado de otros sectores. En los bancos, esos que no dejan de presentar beneficios millonarios y que se lanzan a grandes aventuras de compra de otras entidades o de patrocinio de eventos deportivos, pero al mismo tiempo lloran dinero a los estados y ahogan al cliente que menos tiene a base de cobrar comisiones y denegar créditos. En los empresarios que con tal de ahorrarse unos pocos euros deciden aprovecharse de sus trabajadores, en cuanto a horarios, en cuanto a salarios y en cuanto a condiciones laborales.

¿Tiene de eso la culpa Zapatero? Igual sí por no meter mano en el asunto como debería, pero a mí me ha hecho más daño siempre mi jefe que el presidente del Gobierno. Quizá tendríamos que pasar más tiempo pensando en la situación del trabajador y en la actitud del empleador que en la crítica al poder político. Y no digo que ésta no se haga, ni mucho menos, pero sinceramente la crítica no va a mejorar las condiciones laborales de nadie, especialmente si la respuesta en la calle llega, como decía al principio, después de que las medidas se hayan adoptado y tras dejar un enorme e incomprensible plazo de tiempo. Además, ya ha habido una huelga, la de funcionarios, y tuvo escaso seguimiento, a pesar de que este colectivo es uno de los más afectados por los recortes del Gobierno.

Y un detalle más que afectará sólo a algunos sectores. Muchos trabajan día a día y sus labores se van renovando en cada jornada. Pero otros muchos trabajan con plazos y objetivos. La huelga no va a afectar esos objetivos, con lo que el daño al empresario tirano con el paro del día 29 va a ser nulo. Simplemente, cada trabajador tendrá que trabajar un poquito más en los días siguientes o anteriores para llegar a tiempo a los plazos, hará horas extraordinarias que tampoco le pagarán o incrementará su tiempo de trabajo en la jornada, perpetuando el mito (con mucho de realidad) de la escasa productividad en España, el mito de que el tiempo que pasamos en el trabajo no lo pasamos necesariamente trabajando. O quizá, en otros sectores, sólo provoque que quien no haga huelga ese día tenga que hacer su trabajo y el de algunos compañeros. Esto quizá es el aspecto más nimio y anecdótico de la huelga en terminos de trascendencia general, pero seguramente también el más cercano a la realidad de muchos trabajadores.

¿Huelga general? Es un derecho de cada uno. Para mí es una convocatoria muy dudosa. Por usar un eufemismo. Yo no la apoyo.

viernes, febrero 05, 2010

Zapatero esto, Zapatero lo otro, Zapatero lo de más allá...

Cada vez tengo menos motivos para hablar bien de la gestión de Zapatero al frente del Gobierno. Son muchos los errores y las posteriores correcciones, las políticas discutibles, las frases suyas y de sus ministros mal escogidas. No ha sabido hacer frente a la crisis y está optando por medidas que huelen tanto a la improvisación como a la desesperación, medidas que además no están dando resultado y que sobre el papel no parecen encajar en el ideario de su partido o de sus votantes. Ya está dicho. Y nada más comenzar estas letras, no vaya a ser que alguien me acuse de estar defendiendo lo indefendible (y lo indefendible, claro, es Zapatero). Pero es que lo que realmente quiero decir es que estoy cansado de que el mundo acabe y empiece en Zapatero, que todo lo malo que sucede sea culpa de Zapatero, que cada error de los demás sea disculpado con un "ya, pero mira lo que está haciendo Zapatero" y que lo que hace Zapatero está siempre mal pero cuando lo hacen otros está bien. Estoy cansado, sí, muy cansado.

No hay una gota que colme el vaso, porque el vaso está desbordado desde hace tiempo (el de los reproches al Gobierno, el del asombro de que eso oculte para tantos de sus críticos otras muchos cosas), pero esto viene a cuento del Desayuno Nacional de la Oración. El cónclave en el que Zapatero ha leído la Biblia ante Obama y unos cuantos muchachos más. Para empezar, un matiz. El invitado no es Zapatero. El invitado es el presidente del Gobierno de España. Y España, según esa Constitución que tantas palabras, elogios y discursos ocupa, dice que "se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades" y que "ninguna confesión tendrá carácter estatal". Lo digo porque de vez en cuando viene bien recordar quiénes somos y de dónde venimos, y porque eso es la base de que los crucifijos no tengan razón de ser en un aula, no una diabólica animadversión de Zapatero a los curas, no.

Parece que molesta mucho que Zapatero lea la Biblia. Insisto en que más que Zapatero es el presidente del Gobierno español quien la ha leído, pero aún así no deja de asombrarme la falta de tolerancia de quienes se proclaman tolerantes, la hipocresía y lo fácil que se habla sin conocimientos que sustanten las palabras. Hace dos días escuché en un informativo a un tipo, siento decir que no me quedé con su nombre o con su cargo pero aparecía como un experto norteamericano en estas cuestiones, decir que si Zapatero hubiera rechazado la invitación hubiera sido como si Obama hubiera rechazado el Nobel de la Paz. En otras palabras, es un honor y una cortesía. A mí no me duele que un católico invite al presidente del Gobierno español. A otros parece que sí. También me hubiera gustado que Bono, el cantante de U2, hubiera escuchado los mismos reproches de determinados líderes políticos y de opinión españoles cuando fue invitado a una de estas reuniones hace años. Bono no tiene mucho de católico y lo primero que dijo cuando cogió el micrófono es que se preguntaba qué hacía allí.

Pero no pasa nada, que tenemos crítica para todo. Se le hubiera criticado de no haber ido, se le ha criticado por haber ido. Lo mismo da. Si es lo de siempre. Hace unos días, José María Aznar dijo de Zapatero y de su papel en la crisis económica que nunca nadie había hecho tanto daño en tan poco tiempo. No supe si indignarme o si reírme. Ahora resulta que Zapatero es el artífice, responsable, causante y creador único de la crisis. Y voy yo y me lo creo. ¿Que no sabe lo que hace? Igual no. Pero tener a Zapatero como muñeco al que pegar golpes y olvidarse del daño que han hecho bancos, constructores y empresarios me parece sencillamente indigno. Y es lo que se está haciendo. ¿Díaz Ferrán y sus parados? Una anécdota de un par de días en los informativos. Como todos los EREs, como todos los empresarios que no paran de enriquecerse a costa de nuestro nivel de vida, con o sin crisis. Como Aznar y su impulso a la burbuja del ladrillo, cuya explosión sí que es una causa importante de que España siga en crisis. Qué bonito es quejarte en el bar de que el banco no te da la hipoteca y luego decir que la culpa es única y exclusivamente de Zapatero.

Porque Zapatero es el que sube impuestos, claro. Y será el único. ¿Cuántos chascarrillos hemos oído en los medios de comunicación sobre los impuestos absurdos que han instaurado o aumentado los ayuntamientos en los últimos meses? Porque son eso, chascarrillos. Si ya tenemos a Zapatero para hacer de malo. ¿Por qué tengo que ver que en Madrid se diga de todo sobre Zapatero y no se hable de que el precio del metrobús ha pasado de 7,40 a 9 euros por obra y gracia de nuestra presidenta autonómica y lideresa? ¿O del impuestazo que ha perpetrado el alcalde para las basuras o el IBI? ¿Eso no es subir impuestos? Todos lo hacen. Zapatero es el que más manda, sí, pero no es el único e igual no es el que más efecto tiene sobre algunas personas, no seamos hipócritas por cuestiones partidistas absurdas que, además, no tendrían que importarnos mucho a quienes no nos jugamos un asiento en un carga público si los nuestros ganan las elecciones.

La pregunta para mí es evidente y llevo tiempo haciándomela. ¿Qué va a hacer toda esa gente que no sabe vivir sin Zapatero cuando Zapatero ya no sea el presidente del Gobierno? Vayan pensándolo, que en unos dos añitos lo más probable es que ya no esté en La Moncloa. Ya que no vamos a abrir los ojos porque parece que no nos interesa, a ver si todos somos tan valientes en nuestros juicios como lo somos ahora cuando el Gobierno cambie de manos. Creo que por ver los juegos de malabares que van a hacer algunos, casi estoy deseando que pierda ya las elecciones. Pero sólo casi.

martes, septiembre 29, 2009

Subiendo impuestos

La crisis ha conseguido algo que, lo reconozco, me parecía absolutamente imposible: que todo el mundo hable de economía como si realmente tuviera la absoluta certeza y convicción de saber de lo que está hablando. También tengo que admitir, como hago casi siempre que me acerco a estos temas, que mis conocimientos económicos siguen siendo tan poco destacables como antes de esta crisis. El exceso de información, en este caso, no me ha reportado grandes conocimientos ni una mayor comprensión de los sucesos que han hecho tambalearse a todo el mundo. Ahora de lo que se habla es de la anunciada subida de impuestos, y (¿absolutamente?) todo el mundo está en contra. Por motivos ideológicos, no se considera posible que un Gobierno de izquierdas apueste por subir tasas. Por motivos económicos, se apunta que la medida tendrá un efecto contrario al que se busca.

A mí, y perdonadme que insista en que no soy ni mucho menos un avezado economista, la medida no me convence en absoluto. La veo como uno de los muchos bandazos que está dando este Gobierno en esta materia y, además, una medida bastante impopular y muy mal explicada (claro que afecta a las rentas medias, como acaba de reconocer la vicepresidenta económica). Además, con el ambiente político, periodístico y social en el que nos movemos, lo más normal era lo que ya está empezando a suceder, que se creara un estado de alarma generalizada en todos los sectores. Alarma, por cierto, que no comparto en absoluto. Será que no me van las alarmas. No me voy a detener en banalidades como la de un tipo que pretende ser presidente del Gobierno (y que ya tiene la parejita, porque a la famosa niña del debate electoral suma ahora al niño de las chuches; para que luego critiquen a Bibiana Aído, ¡viva la igualdad!), sino en la que parece ser la percepción general.

Se dice que la subida del IVA afectará al consumo. Pero yo no lo acabo de ver tan claro en este caso y menos tal y como se está explicando. En primer lugar, el aumento de los impuestos no tiene por qué repercutir directamente en el bolsillo del ciudadano. Para mí el problema en los precios (además de su relación con los salarios) no está en los impuestos que pagamos y que ya están incluídos en la cantidad final que desembolsamos, sino en el margen de beneficio. Hay empresarios que viven con la soga al cuello, que apenas pueden ganar dinero con su trabajo, atrapados en una interminable cadena de intermediarios o en un abusivo precio de las materias primas. Todo mi respeto para ellos, porque son los que de verdad intentan ayudar. Pero hay otros que viven en la abundancia de unos margenes de beneficio asombrosamente alto y que, además, o no se han visto muy mermados por la crisis o directamente han crecido. Ejemplos hay muchos si se buscan. Un empresario puede decidir libremente bajar el precio de su producto para que al consumidor le cueste lo mismo a pesar de la subida del IVA.

Por otro lado, está la percepción de la gente. Lo dice Javier Ruiz en esta entrada de su blog (que ya me ha convertido en seguidor por la sencillez con la que explica temas que yo no domino en absoluto). Al pagar un producto, la gente no es consciente de que cantidad de su dinero se va a un empresario, a un distribuidor o al Gobierno en forma de impuestos. Ayer ya me vino a la cabeza un ejemplo perfecto para ilustrar esta idea, reforzado ahora por la explicación de Javier Ruiz: la llegada del euro. Creo que todos fuimos y somos conscientes de que, a pesar de que el IPC de la época dijera lo contrario, los precios subieron cuando dejamos la peseta y abrazamos la moneda única. Todos conocemos sobrados ejemplos de bienes y servicios que en su precio sólo añadieron una coma (de 150 pesetas a 1,50 euros).

¿Dejamos por eso de consumir? No, mantuvimos el mismo comportamiento que hasta la fecha, buscando el mejor producto al precio más barato. Como creo que va a suceder cuando suba el IVA. En las pequeñas compras, la diferencia va a ser mínima. Nadie deja de comprar una falda, unos pantalones, un DVD o dos kilos de carne porque en lugar de 30 euros nos cueste 31. Del mismo modo que nadie dejó de comprar en las tiendas de todo a cien a pesar de que pasaran a ser tiendas de todo a 166 con el cambio al euro. Sí estoy seguro de que afectará y se notará con mucha más claridad en las compras más grandes, porque ahí la diferencia por los impuestos sí va a ser fácilmente cuantificable. Pero, claro, entramos en otra dinámica que justificaría la (dudosa) afirmación del Gobierno de que los más ricos pagarán más. Porque quien tiene un millón de euros para pagar un piso enorme en una zona exclusiva puede que tampoco se vaya a sentir demasiado cohibido porque le cueste 200.000 euros más...

Sí me preocupan los pequeños y medianos empresarios, porque a ellos sí veo con claridad cómo les puede afectar esta subida de impuestos. Ellos sí van a notar que sus facturas van a aumentar sin la contrapartida de un mayor beneficio y, además, no van a tener mucho margen para reducir sus precios. Y digo que me preocupan porque las pymes son las grandes generadoras de empleo en España y, como de sobra sabemos todos, el empleo es precisamente el principal problema que tenemos en esta crisis. Es por eso por lo que no comparto la subida de impuestos y donde temo que el Gobierno no haya sido capaz de calibrar sus efectos futuros. Pero habrá que esperar, claro. Primero porque aunque muchos hablen de la subida de impuestos como algo ya instaurado (o se agarren a lamentables argumentos de autoridad como que Alemania los ha bajado, cuando 1) es una promesa electoral de alguien que no tiene mayoría absoluta para gobernar y 2) no se aplicará hasta 2011, cuando se espera que la crisis sea agua pasada), esto no llegará hasta julio de 2010. Y primero hay que aprobar los presupuestos en el Parlamento.

lunes, abril 27, 2009

"Su sociedad está mucho más evolucionada"

"- Eso era un platillo volante que te saludaba. Hace dos semanas en México vimos unos 40, volando en formación. Tienen bases por todo el mundo, ¿sabes? Están viniendo desde 1946 cuando los científicos empezaron a llegar con el radar hasta la luna. Y han estado viviendo y trabajando entre nosotros en gran número desde entonces. Los gobiernos están informados.
- ¿Pero qué dices, tío?
- Bueno, tú acabas de ver uno, ¿no?
- Hombre, yo he visto uno ahí arriba, pero no trabajando aquí, a ver si me explico...
- Pues porque son personas como nosotros, de nuestro mismo sistema solar, solo que su sociedad está mucho más evolucionada. Ellos no tienen guerras, no tienen sistema monetario y no tienen líderes, porque cada hombre es su propio líder. Allí, cada hombre por su tecnología se puede alimentar, vestir, alojar, transportar a sí mismo, y todo sin ningçún esfuerzo.
- Uau... ¿Pues sabes lo que te digo...? Pues que eso son gilipolleces. ¿Qué te parece, eh?, que no son más que gilipolleces... Porque si son tan estupendos, ¿porque no se presentan claramente y se dejan de mariconadas?
- No se presentan claramente porque si lo hicieran en todo el planeta cundiría el pánico. En serio, porque nosotros tenemos líderes y nos fiamos de la información que nos dan. Y los líderes han decidido limitar la información por el shock que causaría a nuestros anticuados sistemas. Y el resultado de esto es que los venusinos han contactado con personas de todo el escalafón social. (...) Sería un duro golpe para nuestros anticuados sistemas. Por eso los venusinos se han mezclado con personas de todo el escalafón social en calidad de asesores. Alguna vez el hombre tendrá control absoluto sobre su destino, tendrá la ocasión de trascender y evolucionar con igualdad para todo el mundo."

Easy Rider (Dennis Hopper, 1969)

No toméis en serio la conversación que acabo de transcribir. Al fin y al cabo, la sostienen dos personas (el que defiende la existencia de platillos volantes es Jack Nicholson; el que flipa con ello es Dennis Hopper, también director y coguionista de la película) que llevan un pedal importante en una película mítica de un modo de vida muy particular. Pero esta conversación me ha recordado que un amigo mío dice que si algún día los alienígenas nos invaden, él tiene claro qué bando va a escoger. El nuestro no, por si alguien tenía alguna duda. Yo tan claro no lo tengo (...todavía...), pero empiezo a tener dos razones de peso para apoyarle (y a nuestros invasores). En primer lugar, que mi fe en el ser humano cae en picado y a pasos agigantados. Y en segundo lugar, aunque para ello tenga que dar credibilidad a la conversación que genera esta entrada, que los venusinos no tienen sistema monetario. Seguro que así no tienen crisis económica alguna para amargarnos la vida...