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domingo, junio 10, 2012

Rajoy podrá ver a Nadal, ¡otro éxito para Rajoy!


Por un vez, los franceses nos han echado un cable en algo que merece la pena. El cielo francés, por lo menos. Mariano Rajoy andaba tan, tan, tan preocupado por perderse la final de Roland Garros que, mira, se ha puesto a llover y los franceses han decidido suspender el partido hasta mañana. Todo perfecto para nuestro presidente del Gobierno, ese que en un fin de semana en el que España ha recibido el resc... perdón, el préstamos en condiciones beneficiosas, sólo tenía una entrada en su agenda que, hay que fastidiarse, encima le impedía ver a Nadal. No era una reunión del G-8, no era una Eurocumbre, ni siquiera era una reunión del Consejo de Ministros o una comparecencia parlamentaria. Era el primer partido de España en la Eurocopa. Vaya... Pero como no era justo que Rajoy no pudiera ver a Nadal, fíjate tú por donde, ya puede verlo.

Seguramente, los defensores de Rajoy (me empieza a asombrar que le queda alguno) pensarán que esto es demagogia. Serán los mismos que pusieron a caldo a Zapatero por ir a la final (nótese en todo caso la diferencia entre la final y el primer partido) de la Eurocopa de hace cuatro años. Pero, en todo caso, aceptemos esa definición de la situación. A mí es que en realidad no me preocupa que el presidente del Gobierno se vaya al fútbol los domingos por la tarde, como bien reza la canción. A mí lo que me preocupa es que eso sea lo que ha condicionado su agenda. Me molesta sobremanera que en el fin de semana que hemos tenido, la única actividad conocida de antemano en la agenda del presidente del Gobierno fuera ese viaje (al que, por cierto, imagino que habrá viajado acompañado de unos cuantos asesores, por ejemplo un tal Jorge Moragas que también está ahí en la foto, pegando saltos...). ¿Pero sabéis que me preocupa más? Esa inverosímil e imperdonable actitud de mandar siempre a los demás a dar explicaciones.
Al final, no queda más remedio que entenderlo, porque escuchas a Rajoy dando explicaciones y es para echarse a llorar. Es tristísimo no sólo que acabe convirtiendo el resc... perdón, el préstamo en condiciones beneficiosas es una espléndida noticia para España (digo yo que algo habremos hecho mal para necesitar esa cantidad de dinero, ¿no?), sino que además lo haga adoptando la actitud del Marca, esa de "como habíamos adelantado" que utiliza ese periódico deportivo para justificar que acierta en uno de los 37 fichajes que anuncia todos los veranos para el Real Madrid. Resulta que el presidente del Gobierno está convencido de que ésto que ha pasado ahora nos lo había anticipado en la sesión en la que fue investido presidente. Con un par. Alabado sea el Señor, el mismo que dicta su política económica, no lo olvidemos, por permitirnos el uso de las hemerotecas y de las videotecas.



Más claro, agua. Y con los cinco primeros minutos del vídeo, basta y sobra. En cualquier caso, es bochornoso que el presidente del Gobierno no haya dado la cara ni por la reforma laboral, ni por las dos reformas del sistema financiero, ni por el resc... beno, por esto, sea lo que sea. Sin embargo, él sí se hizo la foto con Nadal al comienzo de su legislatura, sí se hizo la foto con la selección española cuando se marchó a la Eurocopa y sí se ha ido ahora a verlos debutar. Y ahora, a seguir con la agenda del Gobierno. Esa en la que, para este fin de semana, sólo había otro acto programado, la presencia del ministro de Cultura en Francia para ver la final de Roland Garros. Imagino que Wert se habrá quedado por allí. ¿Le da tiempo a Rajoy a ir a ver el último set del partido...? Seguro que sí, y así se quita el disgusto de habérselo perdido hoy. Que lo importante es lo importante, eso está claro...

martes, septiembre 14, 2010

No es un buen tenista

¿Sabéis qué? En mis conversaciones deportivas todavía escucho a alguien decir que Nadal no es un buen tenista. Que el bueno de verdad es Federer. Que Nadal es sólo físico. Que gana por aburrimiento. Que es muy parecido a quien aquí se rebautizó como Frontón Sánchez Vicario (por Arantxa, claro). Tiene que haber de todo en esta vida. Conste que respeto todas las opiniones, que en la diferencia está la gracia de cualquier debate. Pero uno también tiene derecho a asombrarse por algunas opiniones.

Hasta ayer, nunca había trasnochado por ver un partido de tenis. Creo que ni siquiera en Juegos Olímpicos, que es la cita que cuando se la llevan al otro lado del mundo más madrugadas deportivas me ha hecho vivir. No me suele entretener tanto un duelo de raquetas que se prolongue durante tantas horas, aunque me maraville la plasticidad de puntos concretos. Ayer me fui a dormir a las cuatro y cuarto de la madrugada. Y no vi sólo puntos concrentos. Vi un partidazo antológico. Qué golpes. Qué carreras. Qué saques. Qué voleas. Qué carácter. Qué bestia. Qué maravilla. Y eso que no es buen tenista.

lunes, febrero 02, 2009

Los nuevos ídolos son humanos

Los ídolos siempre tienen algo de inalcanzable. A veces casi todo. Pero los nuevos ídolos tienen mucho de cercano, de humano. Rafa Nadal es uno de esos ídolos. Tiene que serlo. Por lo que hace en las pistas de tenis, que es maravilloso, y por lo que hace cuando los partidos acaban. Me maravilló la semifinal contra Verdasco. Me impresionó la final contra Federer. Pero me gustaron todavía más los pequeños detalles. Que tras enfrentarse a su amigo madrileño saltara la red para abrazarse con él después de la épica que da un partido de más de cinco horas. Que estuviera con su compañero Federer, consolándole tras la derrota. Esa es la medida de un gran campeón. Sus éxitos deportivos y también los personales. Es un ídolo. Es grande.

Y lo mejor de todo es que, con todo lo que ya hemos vivido con Nadal, tantas horas de tenis y de emociones (Roland Garros, Copa Davis, la prodigiosa final de Wimbledon, el oro olímpico, ahora el Open de Australia...), nos quedan muchísimas cosas por verle todavía. Muchísimas. Lo que está claro, y no sé si todo el mundo es consciente de lo que eso supone, es que estamos viendo Historia del tenis según acontece. Eso no es fácil de presenciar y muchas veces ni siquiera se valora. Algún día (muy lejano, espero) Rafa Nadal dejará de ganar. Cuando eso suceda, se hará balance y nos daremos cuenta de todo lo que habrá hecho para entonces. Y va a ser todavía más grande. Pero hoy saboreo haber visto un pedazo de Historia en una mañana de domingo. Grande. Muy grande.

jueves, septiembre 04, 2008

Felicidades, Rafa

Las felicitaciones, cuando son excesivas, corren el riesgo de no ser sinceras. Me imagino que a Rafa Nadal le debe doler la muñeca y no precisamente por hacer lo que mejor sabe, jugar al tenis, sino de recibir apretones de manos. No deja de ser gracioso porque tengo el recuerdo de que, al final de la temporada pasada, al que Nadal llegó algo fundido físicamente, los medios de comunicación apostaban más por la competencia de Djokovic por el número 2 que por arrebatarle el número 1 a Federer. Hoy todo son felicitaciones, palmadas en la espalda y fotos con el tenista. No es que me sorprenda, pero...

El caso es que hoy tengo que felicitar a Rafa Nadal. No por la medalla de oro conseguida en los Juegos Olímpicos. No por haber ganado ya dos torneos del Grand Slam (y estar en semifinales del tercero). No por haber conseguido ese número 1 arrebatándoselo a uno de los mejores tenistas de la historia. No, hoy tengo que felicitar a Nadal por ser un tipo sensato. Lo que ha dicho al conocer que le han concedido el Premio Príncipe de Asturias del Deporte es, sencillamente, para quitarse el sombrero. "Es una satisfacción y quizás es un premio a una carrera muy buena que he tenido, aunque no sé si a los 22 años es muy pronto para conseguir un premio tan importante", ha dicho.

Y tiene roda la razón. La web de la Fundación Príncipe de Asturias dice que este premio "será concedido a aquella persona o personas, o institución que, además de la ejemplaridad de su vida y obra, haya conseguido nuevas metas en la lucha del hombre por superarse a sí mismo y contribuido con su esfuerzo, de manera extraordinaria, al perfeccionamiento, cultivo, promoción o difusión de los deportes". Y, claro, darle un premio con esas bases a un deportista de 22 años que tiene tantísimo margen todavía de mejora. Si ahora le da por ganar cuatro Rolanda Garros más, un par de Wimbledons, otras tantas Copas David y, qué demonios, otra medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 2012, ¿qué le vamos a dar?

Parece que como lo ha ganado Nadal, es políticamente incorrecto criticar la concesión y a los propios Premios, pero a mí no me ha gustado nada de nada. Tampoco me gustó, por ejemplo, la concesión del galardón a Fernando Alonso, y eso que siento mucha admiración por el piloto, o, echando la vista atrás, el que le dieron a Arantxa Sánchez-Vicario. Tengo la sensación de que estos premios se han convertido en un escaparate del oportunismo. Deportista que triunfa, premio concedido. Al instante, para tener una preciosa foto. Y no es eso. Es fácil dárselo a un deportista que hoy está en los medios. Pero es mucho más merecido acordarse de tipos que verdaderamente han marcado la diferencia. Nadal será uno de ellos, pero dentro de unos años. Lamento, por ejemplo, que Ángel Nieto no tenga este premio. O Paco Fernández Ochoa.

Ya tienen una preciosa foto, porque Nadal, por descontado, irá a recoger el premio a Oviedo. Pero lo que el tenista ha dicho es cierto. Es joven para ser distinguido con este galardón. Eso sí, nadie lo va a decir, claro, porque... ¿quién se arriesga a que sus palabras puedan ser entendidas como una crítica a Nadal?

lunes, agosto 18, 2008

La familia no es la noticia

No soporto esta moda de ver en los informativos la celebración de la familia de un deportista. De verdad que no lo aguanto. No entiendo dónde está la noticia. No comprenderé jamás que eso sustituya a un buen análisis deportivo sobre un campeón. Bueno, no lo comparto, no lo haría jamás, pero sí lo entiendo. Es lo más fácil para estos devaluados medios de comunicación de hoy en día. ¿Para qué molestarme en analizar algo si basta con poner una cámara delante de unas decenas de personas pegando saltos? ¿A quién le importa explicar cómo y por qué ganó Nadal en la final de los Juegos si podemos enchufar el vídeo de Manacor?

¿Qué me aporta que una señora de Manacor me diga que reza antes de cada partido de Nadal para que gane? ¿O que un señor me cuente que es el mejor? En algún informativo (y no quiero señalar a La Sexta...), no pusieron más que un punto de toda la final. Uno. El último. Creo que ni siquiera dijeron el resultado del partido, más allá de la obviedad de que Nadal era campeón olímpico, y eso que estuvieron diez minutos hablando de este triunfo en particular. En otras palabras: no hay información. Nada de lo que dicen aporta absolutamente nada. Que si Nadal es grande, que si es incansable, que si tiene una descomunal fuerza de voluntad. Ya, si eso ya lo sé yo, no me lo tiene que contar nadie. Son frases vacías de contenidos. Loas de aficionado. Del periodista hay que esperar algo más. Bueno, hay que desear algo más, porque esperar ya espero poco.

Nadie cuenta que el chileno González dominaba los puntos cortos, los saques directos y los saque-volea (sobre todo en un buen segundo set), mientras que Nadal hacía suyo el partido cada vez que el intercambio de pelotas se alargaba. Nadie cuenta que el segundo set fue más agónico que los otros dos y que llegó al tie break, siendo el momento clave del partido. Nadie habla del juego. El resultado... y a veces ni eso, porque importa más la celebración. Y más incluso la de la familia que la del propio deportista. Antes nos ceñíamos a las fiestas organzadas o a la familia más directa, padres, conuyges e hijos. Pero ya ni eso. Ayer vi a ¡los tíos! de Iker Martínez, medalla de plata en vela, brindando ante la cámara. Estoy deseando que se dé un paso más y ver así la imprescindible celebración en vivo de los vecinos del pueblo en el que veraneaba alguno de nuestros campeones.

La noticia es ésta. Rafa Nadal, campeón olímpico. De eso es de lo que me gustaría que se hablara. Pero de tenis no ha hablado casi nadie. Y si no se hace cuando se tiene al campeón de Roland Garros, Wimbledon y Juegos Olímpicos, y desde hoy merecidísimo número uno mundial, ¿cuándo se va a hacer...? Menos mal que en estos Juegos la prensa escrita se está salvando en alguna medida de este desastre de la televisión y hay resquicios en los que refugiarse, pero qué pena...
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Y mientras tanto se me agolpan las cosas que decir sobre estos Juegos...
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Qué rabia me ha dado el atraco a Xabi e Iker en Vela (¿dónde estaban los elementos de presión deportiva o política que podrían habernos dado el oro ante semejante y flagrante ilegalidad?; ¿dónde estaba Lissavetzky? Ah, claro, haciéndose fotos con Nadal...) o que Marta Domínguez se cayera cuando acariciaba una merecidísima medalla en 3.000 obstáculos.
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Qué alegrones me siguen dando las medallas anónimas con las que nuestros expertos, esos que hace sólo cuatro días vaticinaban ya un fracaso (me guardo algunas frases que recordaré cuando acaben los Juegos), ni siquiera cuentan, como la de Leire Olaberria.
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Qué tristes algunos (bastantes) aspectos de la organización de los Juegos, como la caótica agenda del tenis (que terminaba de madrugada y con las pistas vacías, obligando a grandísimos e innecesarios esfuerzos a los tenistas) o las medallas que los jueces están dando a China en las competiciones que en que la puntuación de un jurado decide las medallas, una cifra desmedida incluso para un organizador.
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Qué gozada ver al monstruo de Michael Phelps ganar ocho medallas de oro y convertirse en la mayor leyenda olímpica de la historia (no sé si todo el mundo es consciente de que ha ganado ¡¡¡ocho medallas de oro!!! batiendo ¡¡¡siete récords mundiales!!!) o a Usain Bolt correr como nunca lo había hecho el ser humano en la prueba más grande que existe, los 100 metros, y batiendo un récord que destrozará seguro en próxima fechas.
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Qué lástima la cobertura de los Juegos de TVE, dando más importancia a la presencia de miembros de la Familia Real que a algunos deportistas, emitiendo cinco minutos en diferido la primera participación de nuestro abanderado, David Cal, por una entrevista intemporal con Samaranch que sí se podía haber retrasado o adelantado, o incluso no emitiendo en directo por ninguno de sus canales la medalla ganada por Olaberria.
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Y este bellísimo espectáculo sigue...

lunes, julio 07, 2008

¡Vamos, Rafa!

Hace una semana España ganó la Eurocopa de fútbol, y ayer Rafa Nadal gana Wimbledon. El deporte español, ya inmerso en el Tour de Francia (a pesar de que el campeón no pueda defender su título...) y un mes de empezar los Juegos Olímpicos de Pekín, no deja de dar alegrías. Y no calmarán la desaceleración/crisis/etapa complicada económica, no solucionarán los problemas de nadie, no aportarán ningún plus al crecimiento de España, no. Pero lo a gusto que se queda uno siguiendo las andanzas de estos héroes modenos cuando te dan alegrías como ésta, hace que todo se olvide siquiera por unas horas...

Ayer Rafa Nadal me hizo disfrutar como un enano. Como a casi todos, me imagino (y digo casi porque sé que no a todos...). Y eso que no soy muy dado a ver partidos enteros de tenis. Demasiado largos, demasiado poco decisivos en su desarrollo, hasta que llegan esas bolas finales, esos puntos de set y de partido que, esos sí, son de auténtico infarto. Pero ayer me tuvo colgado de la televisión desde las tres y media (bendita lluvia en ese momento, porque me dejó ver hasta el final la Fórmula 1 en Silverstone y sufrir con el lento Renault de Fernando Alonso...) hasta las diez de la noche. Siete horas para algo más de cuatro horas de partido, con dos parones por el agua caída del cielo londinense. Toda una tarde de nervios, de emociones, de sufrimiento, de diversión por unos golpes increíbles y, al final, de alegría incontenible cuando esa última bola de Roger Federer se estrelló contra la red.

Y es que era Wimbledon, la catedral del tenis, el lugar en el que todo profesional de este deporte, como decía Rafa Nadal, sueña con jugar algún día. Si sólo jugar en la pista central es inolvidable, ganar allí ya debe ser algo indescriptible. Y ganarle a un fenómeno como Federer no tiene nombre. Porque quizá hay algunos que no son conscientes de esto, y por eso conviene recordarlo: las victorias son más importantes y hermosas cuanto más grande es el adversario al que derrotas. Sí, al final sólo quedará en el cuadro de vencedores de Wimbledon que Nadal ganó en 2008 (¿Y en 2009...? ¿Cuántas veces más?) y llegará un momento en que nadie se acuerde de nada más, pero los que vimos la final sabemos todos que presenciamos un duelo de gigantes entre dos tenistas únicos. Pero Alonso fue grande no sólo por ganar, sino por ganar a Schumacher. Lo mismo que Nadal es grande por vencer a Federer y ser el único tenista que ha ganado más que perdido frente al monstruo suizo.

La hierba de Wimbledon siempre tuvo algo especial (aunque lo de los jueces de línea fue increíble durante todo el torneo y especialmente en la final; no había visto nunca fallar tanto a unos jueces de tenis y ser corregidos por el famoso ojo de halcón...). Y ahora que ha ganado Nadal, será todavía más especial. Lo grande de Nadal no es sólo que gane, sino también cómo gana, durante y después de los partidos. El español dijo en su discurso de agradecimiento que lo de Federer era increíble, que era un tenista impresionante, el mejor de la historia, elegante tanto en la victoria como en la derrota. Que dijera todo eso cuando acababa de ganar Wimbledon le eleva todavía más en este olimpo deportivo. Porque no todo el mundo sabe gestionar una victoria. Nadal sí. Y por eso es grande, muy grande.

¡Vamos, Rafa!