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jueves, octubre 20, 2011

Zapatero, tras el comunicado de ETA

Junto a otras en las que sé que hay consenso (porque son negativas y en eso nos unimos todos con mucha facilidad casi siempre), tengo varias opiniones referidas a Zapatero que no son populares ni compartidas por el común de los españoles. No ahondaré aquí en ellas, porque no es el momento ni el lugar. Pero sí hablaré sobre una, sobre la que atañe a la lucha contra el terrorismo. Tengo que decir que desde que he escuchado la noticia, el comunicado de ETA en el que anuncia el fin del terrorismo, en quien pensaba es en él. Por supuesto, siempre que hablamos de terrorismo, pienso en la Policía, en la Guardia Civil, en quien ha sufrido un atentado, una amenaza o una extorsión de estos criminales sin razón de ser. Siempre. Pero hoy pensaba en Zapatero. Siempre he creído que es el presidente del Gobierno de la democracia española que con más ahínco ha trabajado por el final del terrorismo. No por ganar la batalla, no por detener terroristas, sino por el final del terrorismo. Puede parecer lo mismo, pero para mí no lo es. Es parte de la cuestión, pero no el todo. Para que llegara el final del terrorismo tenían que darse muchas condiciones sociales y políticas que sólo deteniendo terroristas no se podían conseguir.

Zapatero puso empeño y se jugó su propio prestigio personal y política. Durante años ha sido objeto de burlas, insultos y vejaciones de todo tipo por este asunto, se le han convocado manifestaciones y se le han hecho centenares de preguntas parlamentarias sobre el tema, ya desde antes de ser presidente del Gobierno, y no vale la pena recordar hoy cómo ni quiénes protagonizaron las campañas contra él, porque todos lo sabemos. Se le ha dicho de todo y él lo ha aguantado estoicamente. Hoy es la crisis económica el motivo central de las críticas y desprecios a Zapatero (estos mucho más argumentados y justificados en buena medida), pero hasta hace nada el principal argumento de acoso y derribo al presidente del Gobierno ha sido ETA. Convendría que no lo olvidáramos, aunque sé que vivimos en un mundo y especialmente en un país en el que la memoria es selectiva y sólo se usa para lo que es conveniente en cada momento y por cada interés particular. Y a pesar de ello, el empeño de Zapatero siempre ha sido el final del terrorismo. Siempre. Nunca llegaré a aplaudirle lo bastante por ello. Creo en el sentido de Estado. Creo en que todo dirigente político con responsabilidad debe tenerlo. Y ejercitarlo. Zapatero, en la lucha contra el terrorismo, siempre lo ha tenido.

Hoy Zapatero ha salido a la sala de prensa de La Moncloa a valorar un comunicado de ETA en el que la banda terrorista anuncia el final de lo que ellos llaman la lucha armada, una noticia sin precedentes y de capital importancia (una de esas, aunque esa es otra historia, que me hacen añorar la redacción en la que tantos años trabajé). No dudo en absoluto de que se han cometido errores en la estrategia a seguir con los terroristas en los años de Gobierno de Zapatero. Pero siempre he creído firmemente en su empeño, que siempre he visto por encima de cualquier voluntad de ganar votos con ello. Hoy Zapatero ha sido generoso y ha reconocido el mérito de todos los presidentes del Gobierno y de todos los ministros del Interior de la democracia. De todos. Eso incluye a gentes que nunca han mostrado la más mínima generosidad hacia él, como José María Aznar, Jaime Mayor Oreja o Mariano Rajoy. Irónicamente, el propio Rajoy ha reconocido, no sé si sin querer o por culpa de ese subconsciente traicionero que todos tenemos, que la estrategia contra Zapatero en estos ocho últimos años se ha basado en falsedades. "Se ha producido sin ningún tipo de concesión política", ha dicho Rajoy de este esperado (y ojalá duradero) fin del terrorismo, contradiciendo lo que en su propio partido se ha dicho hasta ayer mismo.

Sinceramente, y sé, insisto, que no será una opinión popular, creo que Zapatero se merecía una noticia como ésta antes de dejar La Moncloa. Creo que hace justicia con su esfuerzo en esta materia. Con este anuncio arranca un tiempo difícil, en el que siempre va a haber grupos que no van a estar contentos con el desarrollo de los acontecimientos. Pero lo más difícil ya está hecho. Los terroristas han dicho públicamente que se acaban los asesinatos. Los libros de historia recogerán lo que ha sucedido hoy, sobre todo si los hechos de las últimas horas encuentran continuidad en los próximos meses y años. Y esos mismos libros tendrán que recoger, irremediablemente, que el presidente del Gobierno entonces se llamaba José Luis Rodríguez Zapatero. Es lo que siento y así lo digo.

miércoles, octubre 20, 2010

Yo improviso, tú improvisas, él improvisa

Gráfico: El País
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Crisis de Gobierno. Y de las buenas, que para eso nos hemos cargado a un puñado de ministros, y a un par de ministerios. Después de que todos hayan hecho ya sus sesudos análisis sobre lo que significa cada relevo y cada entrada, no seré yo quien siga dando la lata con las más variadas interpretaciones sobre lo que ha hecho Zapatero con este movimiento, si hace guiños al socialismo vasco tras el acuerdo en los Presupuestos con el PNV, si prepara a Rubalcaba como su sucesor o si saca a Pajín del partido porque no se ajunta con Pepiño Blanco. Realmente, de lo analizado por los que se supone que saben más que nadie, me tengo que quedar con la supresión de los dos ministerios. Igualdad fue un gran error. Es una Secretaría de Estado, no un Ministerio. Vivienda no fue un error, pero no tiene demasiadas competencias ni interés de las comunidades autónomas en colaborar con quien ostentara esta cartera, y así no vale para demasiado.

En lo que sí me detengo es en un detalle que no he visto comentado por ningún lado. Hace apenas un par de semanas, Trinidad Jiménez era la candidata del propio Zapatero para superar en las primarias madrileñas a Tomás Gómez y enfrentarse en las elecciones autonómicas del año que viene a Esperanza Aguirre. Jiménez perdió esas primarias. Por tanto, tenía vía libre para continuar al frente del Ministerio de Sanidad. Sin embargo, en esta remodelación (que hace sólo un par de semanas Zapatero negó que fuera a ser más profunda que la sustitución ya anunciada del ministro de Trabajo) le ha caído un premio importante a Jiménez: la cartera de Asuntos Exteriores. Y, claro, como hace un par de semana Zapatero veía a su entonces ministra de Sanidad luchando en 2011 con Aguirre por la Presidencia de la Comunidad de Madrid, ¿no es una absoluta improvisación colocarla de ministra de Asuntos Exteriores?

Zapatero podrá ser muchas cosas, buenas y malas, pero seguro que pitoniso no es una de ellas. Él no sabía cuál iba a ser el resultado de las primarias porque nadie lo sabía. Pronósticos ganadores tenían los dos candidatos. Encuestas favorables, también. Sólo caben entonces dos posibilidades. La primera, que Zapatero ya tuviera pensado premiar a Jiménez con la cartera de Exteriores si perdía las primarias. La segunda, que no tuviera esos planes, que haya sido una decisión tomada en la última semana. De ser sí, hay otros dos escenarios posibles, que Zapatero tuviera ya decidido relevar a Moratinos o que, por el contrario, le haya tocado la china para hacerle hueco a Jiménez. Y como negó en público esta amplia crisis de Gobierno, también cabe preguntarse si ya la tenía decidida y jugó al despiste o si la ha decidido, pongamos, anteayer. ¿Conclusión? Que todo esto me parece, al final, una improvisación que no responde a un plan determinado sino a un movimiento de fichas que hace que el común de los mortales, en este caso yo, tenga la tentación de pensar que ser ministro o cualquier otro movimiento político depende de una decisión que tiene como último sustento el mérito de una persona para desempeñar un cargo.

No es ésta una crítica sólo hacia Zapatero, no. Me acuerdo de Aznar presumiendo de que nadie conocía lo que figuraba en su famoso cuaderno azul. Es, en realidad, la sensación de que la política española funciona así. De que seguirá funcionando así aunque haya un cambio de partido en La Moncloa. De que esto afecta también a comunidades autónomas y ayuntamientos. De que el ciudadano importa mucho menos que la correcta colocación de las piezas en los sillones de poder. Y así, el desapego por la política no sólo continúa, sino que crece.

miércoles, octubre 13, 2010

Los abucheos de unos y los abucheos de otros

Desfile de la fiesta nacional y los ya típicos abucheos al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero (sí, sigue siendo él). Es deporte nacional lo de insultar al político rival a la mínima ocasión, así que tampoco cabe sorprenderse. Me confieso cansado de tener que criticar a Zapatero para dejar claro que no estoy de acuerdo con él en algunas cosas, o que no soy su agente de prensa (no, sigo sin serlo ni lo seré), así que me vais a perdonar que esta vez me salte esa parte. Quien esté más cerca de los extremos igual interpreta lo que escribo como una enconada defensa de la política económica, social, y hasta deportiva del actual presidente del Gobierno. No lo es, pero ya no insistiré en ello. A lo que iba, que pierdo el hilo. Lo que yo quería decir es que no termino de entender que se utilicen actos de esta naturaleza para dar rienda suelta a la ira política que uno lleva dentro.

Es decir, se trata de la fiesta nacional (recalco lo de fiesta, aunque igual algunos celebran fiestas con insultos y cabreos, no sé), luego el objetivo es celebrar una identidad común en torno a una bandera y unos símbolos. El símbolo que se pasea año tras año por el madrileño Paseo de la Castellana es el Ejército. Yo no me siento nacionalista (de ningún nacionalismo), así que no es algo que me llene de furor, pero entiendo que haya gente que sí lo sienta. La libertad va sobre esto, vaya. Sin duda, uno de los momentos señalados de este desfile es el homenaje a los caídos. No se puede decir que que los que quisieron abuchear a Zapatero escogieran este momento para hacerlo, porque se hicieron notar en muchos otros momentos, pero ahí también se les escuchó. A mí me parece una absoluta falta de respeto y un signo de muy mala educación. Sobradas son las intervenciones públicas de Zapatero en las que es él el centro de atención. Ahí los silbidos serían más entendibles y razonables. En un homenaje como el del 12 de octubre, para mí no lo son.

Lo curioso siempre es comprobar las reacciones de unos y de otros cuando acontecen estas cosas. Más que nada por tener claro de qué pie cojea cada uno, que al fin y al cabo es la lección más importante que siempre dejan estos episodios. Hoy en día es muy fácil insultar a Zapatero, sí (¿lo ha sido siempre?). Quizá incluso hasta merecido, ¿por qué no? Ni que hubiera límites en la crítica política, ¿verdad? La respuesta de Zapatero fue estoica. Incluso comprensiva con quienes le abuchearon. No está de más recordar lo que hizo el anterior presidente del Gobierno cuando fue abucheado en un acto que poco tenía que ver con un homenaje nacional. Lo que hizo fue una peineta a quienes le insultaron. No me gustó que trataran de reventar un acto de Aznar, como tampoco me gustó lo del desfile. La conclusión de todo esto viene a ser que también se puede abuchear y criticar sin necesidad de alterar el orden público o faltar al respeto al auténtico protagonista que debiera ser de unidad, por mucha razón que se pueda tener (y que se puede perder fácilmente cuando se equivocan las formas).

Entramos ahora en las valoraciones políticas. Sin palabras me he quedado al leer un fragmento de la información que publica El País sobre lo acontecido en el desfile, que reproduzco en dos partes. "El PP guardó silencio. Ni su presidente, Mariano Rajoy, ni su portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, presentes en el acto, criticaron en público a los alborotadores". Pensaréis que, claro, son del PP y cómo van a criticar algo que les viene bien para arañar otro puñado de votos. Alberto Ruiz-Gallardón lo hizo hace un año. Hoy la cosa cambia. Zapatero "se lo merece", ha dicho Vicente Martínez Pujalte. "Los políticos tenemos que respetar la libertad de expresión de los ciudadanos, aunque hay algunos como los socialistas (nota mía: como Aznar, por lo visto) que la respetan siempre que no suponga demostrar un descontento con el Gobierno", dice Francisco Granados. "En otros sitios hay abucheos, mientras que aquí ha habido aplausos", sentencia María Dolores de Cospedal en otro acto. Pues eso.

Segunda parte. "Y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, pareció incluso justificar su conducta cuando subaryó que Defensa había dispuesto menos tribunas para el público y más alejadas de las autoridades para evitar abucheos a Zapatero. La esposa del presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla, relató que, cuando ella se quejó en voz alta por los abucheos, Aguirre le respondió: 'Pero si a ti no te va a pasar nada. Es libertad de expresión'". Aguirre dijo hoy que no tenía "ni idea" de a qué se refería. Revilla lo ha explicado con más detalle por si acaso. En cualquier caso, Aguirre bien sabe de qué va esto de los abucheos y también, cómo no, lo de la libertad de expresión. Cuando es ella la abucheada, responde con sonrisa cínica, con enfrentamientos directo y con movimientos en los despachos. Lo podéis leer aquí. Sí, mamporreros hay en todos los partidos. Pero los abucheos de unos y los abucheos de otros no encuentran la misma respuesta en uno y otro partido.

Ahora me venía a la memoria otro abucheo singular, el que padeció el Rey (con el silencio censor y culpable de TVE) en la final de la Copa del Rey que enfrentó hace año y medio a Barcelona y Athletic de Bilbao. Entonces, Mariano Rajoy le quitó importancia al hecho y dijo que "a veces la noticia son unos pocos y efectivamente fueron unos pocos". Jaime Mayor Oreja dijo que le producía "una enorme pena y tristeza". Y sentenciaba con algo con lo que, pese a todo, tengo que estar de acuerdo. "Aunque sea fútbol, no deberíamos no darle importancia a lo de ayer. Es un síntoma (...). No hay que dramatizarlo, pero es evidente que no hay que despreciarlo". Evidentemente. Si la gente protesta, hay que saber por qué. Pero que la protesta de la gente esté justificada no impide que se pueda decir de esa misma protesta que se ha llevado a cabo en un entorno en el que no encaja y, por tanto es susceptible de ser considerada como un error y un gesto de terrible mala educación. Por cierto, el único abucheo que cuenta de verdad es el voto.

viernes, febrero 05, 2010

Zapatero esto, Zapatero lo otro, Zapatero lo de más allá...

Cada vez tengo menos motivos para hablar bien de la gestión de Zapatero al frente del Gobierno. Son muchos los errores y las posteriores correcciones, las políticas discutibles, las frases suyas y de sus ministros mal escogidas. No ha sabido hacer frente a la crisis y está optando por medidas que huelen tanto a la improvisación como a la desesperación, medidas que además no están dando resultado y que sobre el papel no parecen encajar en el ideario de su partido o de sus votantes. Ya está dicho. Y nada más comenzar estas letras, no vaya a ser que alguien me acuse de estar defendiendo lo indefendible (y lo indefendible, claro, es Zapatero). Pero es que lo que realmente quiero decir es que estoy cansado de que el mundo acabe y empiece en Zapatero, que todo lo malo que sucede sea culpa de Zapatero, que cada error de los demás sea disculpado con un "ya, pero mira lo que está haciendo Zapatero" y que lo que hace Zapatero está siempre mal pero cuando lo hacen otros está bien. Estoy cansado, sí, muy cansado.

No hay una gota que colme el vaso, porque el vaso está desbordado desde hace tiempo (el de los reproches al Gobierno, el del asombro de que eso oculte para tantos de sus críticos otras muchos cosas), pero esto viene a cuento del Desayuno Nacional de la Oración. El cónclave en el que Zapatero ha leído la Biblia ante Obama y unos cuantos muchachos más. Para empezar, un matiz. El invitado no es Zapatero. El invitado es el presidente del Gobierno de España. Y España, según esa Constitución que tantas palabras, elogios y discursos ocupa, dice que "se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades" y que "ninguna confesión tendrá carácter estatal". Lo digo porque de vez en cuando viene bien recordar quiénes somos y de dónde venimos, y porque eso es la base de que los crucifijos no tengan razón de ser en un aula, no una diabólica animadversión de Zapatero a los curas, no.

Parece que molesta mucho que Zapatero lea la Biblia. Insisto en que más que Zapatero es el presidente del Gobierno español quien la ha leído, pero aún así no deja de asombrarme la falta de tolerancia de quienes se proclaman tolerantes, la hipocresía y lo fácil que se habla sin conocimientos que sustanten las palabras. Hace dos días escuché en un informativo a un tipo, siento decir que no me quedé con su nombre o con su cargo pero aparecía como un experto norteamericano en estas cuestiones, decir que si Zapatero hubiera rechazado la invitación hubiera sido como si Obama hubiera rechazado el Nobel de la Paz. En otras palabras, es un honor y una cortesía. A mí no me duele que un católico invite al presidente del Gobierno español. A otros parece que sí. También me hubiera gustado que Bono, el cantante de U2, hubiera escuchado los mismos reproches de determinados líderes políticos y de opinión españoles cuando fue invitado a una de estas reuniones hace años. Bono no tiene mucho de católico y lo primero que dijo cuando cogió el micrófono es que se preguntaba qué hacía allí.

Pero no pasa nada, que tenemos crítica para todo. Se le hubiera criticado de no haber ido, se le ha criticado por haber ido. Lo mismo da. Si es lo de siempre. Hace unos días, José María Aznar dijo de Zapatero y de su papel en la crisis económica que nunca nadie había hecho tanto daño en tan poco tiempo. No supe si indignarme o si reírme. Ahora resulta que Zapatero es el artífice, responsable, causante y creador único de la crisis. Y voy yo y me lo creo. ¿Que no sabe lo que hace? Igual no. Pero tener a Zapatero como muñeco al que pegar golpes y olvidarse del daño que han hecho bancos, constructores y empresarios me parece sencillamente indigno. Y es lo que se está haciendo. ¿Díaz Ferrán y sus parados? Una anécdota de un par de días en los informativos. Como todos los EREs, como todos los empresarios que no paran de enriquecerse a costa de nuestro nivel de vida, con o sin crisis. Como Aznar y su impulso a la burbuja del ladrillo, cuya explosión sí que es una causa importante de que España siga en crisis. Qué bonito es quejarte en el bar de que el banco no te da la hipoteca y luego decir que la culpa es única y exclusivamente de Zapatero.

Porque Zapatero es el que sube impuestos, claro. Y será el único. ¿Cuántos chascarrillos hemos oído en los medios de comunicación sobre los impuestos absurdos que han instaurado o aumentado los ayuntamientos en los últimos meses? Porque son eso, chascarrillos. Si ya tenemos a Zapatero para hacer de malo. ¿Por qué tengo que ver que en Madrid se diga de todo sobre Zapatero y no se hable de que el precio del metrobús ha pasado de 7,40 a 9 euros por obra y gracia de nuestra presidenta autonómica y lideresa? ¿O del impuestazo que ha perpetrado el alcalde para las basuras o el IBI? ¿Eso no es subir impuestos? Todos lo hacen. Zapatero es el que más manda, sí, pero no es el único e igual no es el que más efecto tiene sobre algunas personas, no seamos hipócritas por cuestiones partidistas absurdas que, además, no tendrían que importarnos mucho a quienes no nos jugamos un asiento en un carga público si los nuestros ganan las elecciones.

La pregunta para mí es evidente y llevo tiempo haciándomela. ¿Qué va a hacer toda esa gente que no sabe vivir sin Zapatero cuando Zapatero ya no sea el presidente del Gobierno? Vayan pensándolo, que en unos dos añitos lo más probable es que ya no esté en La Moncloa. Ya que no vamos a abrir los ojos porque parece que no nos interesa, a ver si todos somos tan valientes en nuestros juicios como lo somos ahora cuando el Gobierno cambie de manos. Creo que por ver los juegos de malabares que van a hacer algunos, casi estoy deseando que pierda ya las elecciones. Pero sólo casi.

miércoles, enero 06, 2010

Solución pionera anti-crisis

Ya está, lo hemos conseguido. Ni grandes planes, ni subvenciones a tutiplen, ni subidas de impuestos, ni dinero a los bancos, ni nada de eso, que son soluciones para principiantes. Ya hemos encontrado la mejor forma para que España salga de la crisis: trucar las apuestas. Mira que era sencillo y no nos habíamos dado cuenta hasta ahora. Una pena que ya se nos haya pasado el Gordo de Navidad, pero al menos el Gobierno de España (todos juntos: ¡¡¡Es-pa-ña!!!; lo digo más que nada porque es año de Mundial de fútbol y habrá que animar en condiciones, que para eso somos los campeones de Europa...) ha reaccionado a tiempo para el sorteo del Niño. De los 120 millones de euros que podía repartir el primer premio, Hacienda se va a quedar 106. Nada menos. Estos que derrochan cava y champan en los informativos sólo han comprado siete de las 60 series disponibles. ¡Pobres ilusos!

Porque esto es cosa del Gobierno, que nadie lo dude. Desde Moncloa se ha trucado el sorteo para que salga un número que se había vendido poquito y así quedarse la mayor parte del premio. Y una vez abierta la veda, la cosa es fácil. Ni la ONCE, ni la Lotería, ni mucho menos el Gordo de Navidad del año que viene. Tocarán pero poquito, que Hacienda somos todos y estamos en crisis. ¿La quiniela de fútbol? Yo creo que es el momento de hacer perder partidos al mismo tiempo a Barcelona, Real Madrid, Sevilla, Valencia y Mallorca, que así no acierta nadie y ganamos más pasta. Total, si ya se compran partidos en la Liga española y a nadie le importa... ¡Pues esto es por el bien de las arcas nacionales, así que nadie podrá rechistar! Y como España tiene la Presidencia de turno de la UE, espero que pueda meter mano también en los Euromillones y llevarnos algunos euros franceses, italianos o alemanes. Ahí la cosa está más difícil porque, si no hay acertantes, se genera un bote que no para de crecer, pero espero que Zapatero calcule qué nos sale más rentable.

Con lo fácil que era salir de la crisis y aquí nosotros dejando que los empresarios tengan sin trabajo a casi cuatro millones de personas...

martes, septiembre 29, 2009

Subiendo impuestos

La crisis ha conseguido algo que, lo reconozco, me parecía absolutamente imposible: que todo el mundo hable de economía como si realmente tuviera la absoluta certeza y convicción de saber de lo que está hablando. También tengo que admitir, como hago casi siempre que me acerco a estos temas, que mis conocimientos económicos siguen siendo tan poco destacables como antes de esta crisis. El exceso de información, en este caso, no me ha reportado grandes conocimientos ni una mayor comprensión de los sucesos que han hecho tambalearse a todo el mundo. Ahora de lo que se habla es de la anunciada subida de impuestos, y (¿absolutamente?) todo el mundo está en contra. Por motivos ideológicos, no se considera posible que un Gobierno de izquierdas apueste por subir tasas. Por motivos económicos, se apunta que la medida tendrá un efecto contrario al que se busca.

A mí, y perdonadme que insista en que no soy ni mucho menos un avezado economista, la medida no me convence en absoluto. La veo como uno de los muchos bandazos que está dando este Gobierno en esta materia y, además, una medida bastante impopular y muy mal explicada (claro que afecta a las rentas medias, como acaba de reconocer la vicepresidenta económica). Además, con el ambiente político, periodístico y social en el que nos movemos, lo más normal era lo que ya está empezando a suceder, que se creara un estado de alarma generalizada en todos los sectores. Alarma, por cierto, que no comparto en absoluto. Será que no me van las alarmas. No me voy a detener en banalidades como la de un tipo que pretende ser presidente del Gobierno (y que ya tiene la parejita, porque a la famosa niña del debate electoral suma ahora al niño de las chuches; para que luego critiquen a Bibiana Aído, ¡viva la igualdad!), sino en la que parece ser la percepción general.

Se dice que la subida del IVA afectará al consumo. Pero yo no lo acabo de ver tan claro en este caso y menos tal y como se está explicando. En primer lugar, el aumento de los impuestos no tiene por qué repercutir directamente en el bolsillo del ciudadano. Para mí el problema en los precios (además de su relación con los salarios) no está en los impuestos que pagamos y que ya están incluídos en la cantidad final que desembolsamos, sino en el margen de beneficio. Hay empresarios que viven con la soga al cuello, que apenas pueden ganar dinero con su trabajo, atrapados en una interminable cadena de intermediarios o en un abusivo precio de las materias primas. Todo mi respeto para ellos, porque son los que de verdad intentan ayudar. Pero hay otros que viven en la abundancia de unos margenes de beneficio asombrosamente alto y que, además, o no se han visto muy mermados por la crisis o directamente han crecido. Ejemplos hay muchos si se buscan. Un empresario puede decidir libremente bajar el precio de su producto para que al consumidor le cueste lo mismo a pesar de la subida del IVA.

Por otro lado, está la percepción de la gente. Lo dice Javier Ruiz en esta entrada de su blog (que ya me ha convertido en seguidor por la sencillez con la que explica temas que yo no domino en absoluto). Al pagar un producto, la gente no es consciente de que cantidad de su dinero se va a un empresario, a un distribuidor o al Gobierno en forma de impuestos. Ayer ya me vino a la cabeza un ejemplo perfecto para ilustrar esta idea, reforzado ahora por la explicación de Javier Ruiz: la llegada del euro. Creo que todos fuimos y somos conscientes de que, a pesar de que el IPC de la época dijera lo contrario, los precios subieron cuando dejamos la peseta y abrazamos la moneda única. Todos conocemos sobrados ejemplos de bienes y servicios que en su precio sólo añadieron una coma (de 150 pesetas a 1,50 euros).

¿Dejamos por eso de consumir? No, mantuvimos el mismo comportamiento que hasta la fecha, buscando el mejor producto al precio más barato. Como creo que va a suceder cuando suba el IVA. En las pequeñas compras, la diferencia va a ser mínima. Nadie deja de comprar una falda, unos pantalones, un DVD o dos kilos de carne porque en lugar de 30 euros nos cueste 31. Del mismo modo que nadie dejó de comprar en las tiendas de todo a cien a pesar de que pasaran a ser tiendas de todo a 166 con el cambio al euro. Sí estoy seguro de que afectará y se notará con mucha más claridad en las compras más grandes, porque ahí la diferencia por los impuestos sí va a ser fácilmente cuantificable. Pero, claro, entramos en otra dinámica que justificaría la (dudosa) afirmación del Gobierno de que los más ricos pagarán más. Porque quien tiene un millón de euros para pagar un piso enorme en una zona exclusiva puede que tampoco se vaya a sentir demasiado cohibido porque le cueste 200.000 euros más...

Sí me preocupan los pequeños y medianos empresarios, porque a ellos sí veo con claridad cómo les puede afectar esta subida de impuestos. Ellos sí van a notar que sus facturas van a aumentar sin la contrapartida de un mayor beneficio y, además, no van a tener mucho margen para reducir sus precios. Y digo que me preocupan porque las pymes son las grandes generadoras de empleo en España y, como de sobra sabemos todos, el empleo es precisamente el principal problema que tenemos en esta crisis. Es por eso por lo que no comparto la subida de impuestos y donde temo que el Gobierno no haya sido capaz de calibrar sus efectos futuros. Pero habrá que esperar, claro. Primero porque aunque muchos hablen de la subida de impuestos como algo ya instaurado (o se agarren a lamentables argumentos de autoridad como que Alemania los ha bajado, cuando 1) es una promesa electoral de alguien que no tiene mayoría absoluta para gobernar y 2) no se aplicará hasta 2011, cuando se espera que la crisis sea agua pasada), esto no llegará hasta julio de 2010. Y primero hay que aprobar los presupuestos en el Parlamento.

miércoles, mayo 13, 2009

Cuando se pierde el respeto, se acaba la conversación

Empiezo a pensar si procede ya entonar un requiem por la política española. La situación actual es para llorar y el Debate sobre el estado de la Nación lo confirma. En primer lugar, porque parece que no había muchos políticos en él dispuestos a debatir con seriedad sobre el asunto del debate, "el estado de la Nación". En segundo lugar, porque parece que la mente de algunos estaba más en hacerse fotos en los leones del Congreso de los Diputados con la camiseta, bufanda y bandera de su equipo de fútbol horas antes de la final de la Copa del Rey, que en escuchar lo que se decía en el hemiciclo. En tercer lugar, porque vivimos atrapados en un modelo parlamentario en el que nadie parece creer. Si no, ¿cómo se explica que nadie siga las intervenciones de los partidos mayoritarios y se abandone masivamente el hemiciclo tras el cara a cara entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición? Y en cuarto lugar, porque cuando se pierde el respeto la conversación deja de merecer la pena.

Como las tres primeras percepciones ya encuentran un reflejo más o menos desarrollado en los medios de comunicación, me voy a centrar en el cuarto punto, del que apenas se ha hablado hoy. Llevo mucho tiempo diciendo que Rajoy ha sido para mí una gran decepción. Cuando Aznar hizo su elección a dedo del sucesor, y aunque ya le conocía de su paso por diferentes ministerios, esperaba un tipo decente, un orador competente y un político al menos responsable. Y no lo ha sido. Por eso, cinco años después de que asumiera el mando del PP, lo mejor que puedo decir de él, lo más amable, es que me ha decepcionado. Ayer le escuché en el Congreso un par de perlas (más) que, desde mi humilde punto de vista, le invalidan para actuar en representación de diez millones de personas, las que en las pasadas elecciones generales depositaron en las urnas la papeleta del PP. Insisto en lo que decía antes: cuando se pierde el respeto por tu interlocutor y por las personas que representa, se acaba la conversación. Si no, es la ley de la selva, y que gane el que diga la mayor animalada del mundo.

Al poco de iniciar su primera intervención en el Congreso, pasadas las cuatro de la tarde, Rajoy contestó a algún grito que le lanzaron desde las bancadas socialistas (curioso comportamiento el de sus señorías, por cierto; ¿alguien ha pensado en realizar los debates a puerta cerrada, sin parlamentarios, sólo con los portavoces...?) asegurando que a esos mismos socialistas "no les importa que haya cuatro millones de parados". En los últimos años hemos visto que desde el PP primero se quisieron apropiar de la Constitución. Después de las víctimas del terrorismo y la lucha contra ETA. Después, directamente y sin rodeos, de España, de su idea y de su unidad. Ahora, los cuatro millones de parados son suyos. El debate me confirmó que si Zapatero sólo puede tener razón en una cosa es esta: el PP trabaja para servirse de la crisis, y no tanto para resolverla. Si no es con esta premisa, no se puede explicar que alguien quiera apropiarse así de la defensa en exclusiva de los parados. Los parados son de todos y todos debemos trabajar para frenar el aumento de su número. Lo demás son estupideces. Me cansa ver las sonrisitas de algunos a cada dato económico negativo. Me cansa. Y por eso le doy la razón a Zapatero en esto.

Mi asombro con esta afirmación del líder del PP fue grande, porque no la esperaba ni en este ambiente ni en esta cita, pero se quedó pequeño con lo que sucedió a continuación. Cuando Rajoy se puso a hablar del plan anti-crisis de su partido, se montó un pequeño revuelo en el hemiciclo. "¡Pero si ustedes no saben leer!", dijo Rajoy en dirección a los socialistas, me imagino que contestando a alguien que le pidió que le diera por escrito sus propuestas para hacer frente a la actual situación económica. "¡Qué gente!", añadió después Rajoy mientras se partía de la risa y miraba a los suyos, cual niño travieso que busca la complicidad de sus amigos cuando ha hecho alguna trastada. Aquello de que no insulta quien quiere sino quien puede es totalmente cierto. Yo no me di por aludido ante la barbaridad que el líder de la oposición soltó en la casa de la soberanía popular, la acusación más estúpida, gratuita y banal que jamás he oído ahí. Pero fue una falta de respeto inmensa hacia los diputados socialistas y hacia quienes les hemos votado. Así lo entendí y así lo juzgo.

Zapatero ha cometido numerosos errores en la gestión de esta crisis y en su acción de gobierno. Algunas de las propuestas que hizo en el debate me gustaron (en especial me gustó su explicación sobre lsa efectos que tuvo la gestión del PP en materia inmobiliaria, nunca había oído a alguien con responsabilidad política explicarlo así y se lo agradezco), otras no tanto. Ojalá la política española llegara a un escenario en el que se evaluara con más detenimiento eso y no otra cosa. Pero para eso hace falta una oposición seria y rigurosa, capaz de sentarse a buscar consensos en materias fundamentales para la buena marcha del Estado y cuyas críticas sean sensatas y, sobre todo respetuosas. Si hasta la prensa de derechas reconoce que el presidente del Gobierno ha salido vivo de un Debate sobre el estado de la Nación que se produce en medio de una crisis económica y con cuatro millones de parados, es que el líder de la oposición no fue capaz ni de hacerle sombra. Ni de llegarle a la altura de los zapatos.

Tengo claro es que no se puede debatir con quien descalifica de una forma tan gratuita. Es más, creo que José Bono perdió una ocasión espléndida de llamar al orden a Mariano Rajoy. Probablemente no se atrevió porque sabe que eso, de haberse producido, habría centrado toda la atención mediática de lo sucedido ayer en el Debate. Habría sido un detalle probablemente histórico y sin precedentes en un debate como éste. Pero debió hacerlo. Estoy cansado del todo vale. Incluso con una política de tan bajo nivel como la que tenemos hoy en día, todo no puede valer. Y que el líder de la oposición se plante en el Congreso para insultar a unos cientos de diputados tendría que formar parte de esa categoría. ¿El Debate? ¿De verdad alguien quiere hablar de lo que pasó en el Debate...? ¿No...? Pues nada, vámonos a ver la final de la Copa del Rey, que Nadal ya ha ganado fácil en su debut en Madrid...

martes, enero 27, 2009

Las preguntas para el presidente

Otra vez, todo el mundo habla hoy del programa Tengo una pregunta para usted, el srgundo en el que el protagonista es el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Punto a favor de TVE, sin duda, porque consiguió una audiencia muy elevado y el seguimiento de todos los medios de comunicación. Pero, aún a riesgo de colocarme frente a toda la opinión pública, no termino de ver las bondades de este formato. Me explico. Que un medio de comunicación delegue en los ciudadanos su misión de entrevistar a todo un presidente del Gobierno supone la asunción de un cierto fracaso. Colocar al presidente del Gobierno frente a un centenar de ciudadanos supone pensar que las respuestas de Zapatero van a aportar en este formato un valor distinto al que ofrecerían si las preguntas las hicieran los periodistas. O dicho de otra forma: el papel del periodista acaba por ser irrelevante, porque cualquiera puede plantear preguntas a un presidente del Gobierno con la habilidad suficiente como para que sean objeto de debate.

Y es verdad que algunos hacen buenas preguntas (supongo que ahí radica el valor de este programa), pero se pierde la esencia de la entrevista. En un cara a cara de este tipo, el objetivo tiene que ser uno: que el entrevistador dirija al entrevistado hacia donde él quiere llegar, nunca deja que el entrevistado se escape a su terreno. Eso, con este formato, es absolutamente imposible, porque apenas hay réplica. Valoremos las preguntas a Zapatero de una en una. ¿Cuántas cuestiones directas dejó sin contestar? Bastantes. E hizo bien (unas porque no le corresponde, otras porque no tiene los datos concretos, y otras, por qué no decirlo, porque las quiere eludir), que nadie piense que con ello estoy criticando la habilidad del político para solventar una pregunta con evasivas. Entre otras cosas porque muchas de las preguntas no tenían una respuesta que pudiera darles el presidente del Gobierno. La de si piensa que un feto o un embrión son seres humanos no me parece una pregunta para él, porque no puede darle una respuesta personal. No se trata de creencias, se trata de legalidad.

De lo que hizo Zapatero, tengo que lamentar su cada vez más inverosímil uso de la gramática. Como he tenido la suerte de ejercer de periodista desde unos meses antes de que el ahora presidente del Gobierno saltara a la primera línea política, puedo decir que le he escuchado en casi toda su carrera política. Y al principio Zapatero era un orador brillante, inteligente y coherente. Sigo recordando su primer Debate sobre el estado de la Nación, un debate magnífico por su parte, que protagonizó sin papeles que leer. Aunque la entonces controladísima (por Moncloa) prensa le dio la victoria inmediata a Aznar en aquel Debate, lo cierto es que las encuestas dos semanas después, sobre todo la del CIS demostraron que la gente vio vencedor a Zapatero. Yo vi vencedor a Zapatero y me alegró enormemente que los ciudadanos hubieran visto lo mismo que yo. Me reafirmó en mi vocación periodística. Pero hoy Zapatero se ha olvidado de hablar. Ya no sabe hacerlo. Y a mí, por eso, me ha periddo un poco.

Eso sí, el presidente dejó algunas cosas interesantes. Al margen de la polémica que algunos quieren montar ahora con lo de las armas vendidas a Israel (¿buscamos en los archivos para ver a quién vendía armas el Gobierno del PP...? Mira que si nos llevamos alguna sorpresa...), su presencia en el programa demostró que los mensajes no suelen llegar efectivamente al público. Hasta dos veces tuvo que aclarar que no se ha regalado dinero a los bancos. Otra más tuvo que negar que se haya mostrado en contra del plan de Bolonia. Y creo que otras dos veces tuvo que recordar que el eslogan del pleno empleo no pudo ser jamás una promesa (porque, entre otras cosas, Zapatero no firma contratos ni nóminas). Los mensajes no llegan. Me encantaría saber qué parte de culpa tienen (tenemos) los periodistas y comunicadores. Y, sobre todo, me encantaría saber qué porcentaje obedece a un trabajo mal hecho (algo que siempre se puede corregir si se conocen las causas) y qué porcentaje se debe a la manipulación de frases, cifras y noticias.

No voy a entrar en la diferencia de agendas y preocupaciones que tienen ciudadanos y medios de comunicación porque me parece un debate estéril y muy tramposo. Es obvio que al españolito de a pie en el fondo le da igual la financiación autonómica, quién gobierna una u otra comunidad autónoma o que en el PP anden espiándose o contraespiándose. Lo que le preocupo es el sueldo, la hipoteca y poder comer todos los días. Lógico. Pero los medios de comunicación no pueden informar sólo de eso, el espectro es y debe seguir siendo mucho más amplio. Si no se informara de todas esas cuestiones, estaríamos dejando al poder un marco de impunidad enorme.

viernes, julio 11, 2008

La palabra no era el problema

Ya se ve que en la vida real, a diferencia de los cuentos, no vale esto de las palabras mágicas... Mira que ya hace unos días que Zapatero dijo la palabra "crisis" en la entrevista de Antena 3 (¿os habéis fijado en la reacción de sus entrevistadores?; como niños pequeños: "ha dicho crisis, ha dicho crisis, na, na, na-na, na..."), y las cosas parecen que no han cambiado nada de nada... A ver si decir la dichosa palabreja no iba a ser la solución... Decir "crisis" ha tenido el mismo efecto que decir "abracadabra", "shazam" o cualquier otra palabra mágica... Y eso que ya casi me había creído que iba a funcionar, porque como lo que se le exigía a Zapatero era que dijera el término y se dejara de tonterías... Y no es que no tengan parte de razón quienes critican, no, pero es que a veces uno oye cada argumento absurdo...

Una vez más, el debate ideológico nos oculta el bosque de la realidad. Una vez más, llamar las cosas de una forma u otra centra más atención que el problema de fondo, el único problema en realidad. Ya pasó, por ejemplo, con el para unos pacto con los terroristas y para otros proceso de paz. ¿Importaba que los terroristas dejaran de matar? Por lo visto no, lo importante era cómo se refería cada uno a la cuestión. Ahora lo mismo. Y ni siquiera cuando debatimos sobre este debate, merced a las invenciones de la ministra de Igualdad, nos damos cuenta de la tontería en la que estamos cayendo. No hay forma de que aprendamos, no... Vale, el presidente del Gobierno ya ha dicho "crisis". ¿Y ahora qué? La mitad de los que le criticaban ya no saben qué decir. La palabra no era el problema y ahora tienen ahora que buscar nuevos argumentos para seguir criticando mecánica y metódicamente. Suerte, muchachos.

Ahora bien, llamadme demagogo, pero hay una frase que dijo Zapatero en esa entrevista con la que estoy plenamente de acuerdo. "En esta crisis hay mucha gente que no va a tener ninguna dificultad", dijo. Y, claro, veo colas enormes en la Gran Vía madrileña de gente a punto de gastarse 350 euros en el iPhone, veo a gente gastándose entre 1.300 y 3.500 euros en un día para ver a España ganando la Eurocopa, veo las carreteras llenas en los días señalados de la operación salida de tráfico, veo los bares llenos a todas horas... ¿Crisis? Pues seguro que sí, pero no para todos ni de la misma forma. Digo yo...

miércoles, abril 16, 2008

Ni tanto, ni tan poco

A raíz del nuevo Gobierno de Zapatero, llevo unos días quejándome del error que cometen aquellos que piensan que ser mujer (o ser hombre, que para el caso a mí me da igual...) es un mérito en sí mismo. Me quejo de que la única valoración que se haga de alguien que llega a un Consejo de Ministros sea "mujer, catalana y embarazada", como se está diciendo de la nueva titular de Defensa, Carme Chacón. Nadie mira el currículum o sus méritos profesionales. Pero si me quejo de aquellos que aplauden con las orejas la llegada de las mujeres sin preocuparse de si son válidas o no (único criterio que debiera contar a la hora de hacer cualquier nombramiento, en cualquier esfera de la vida), me quejo también de lo contrario. Ni tanto, ni tan poco. ¿Tanto cuesta hacer críticas razonadas del trabajo de un político?

Pues parece que sí, porque lo que se está oyendo estos días en algunos medios de comunicación para criticar a algunas de las ministras es sencillamente aberrante. El incomparable Federico Jiménez Losantos sigue utilizando la emisora de los obispos para propagar el odio y, sin conocerla de nada, sin darle esos cien días de cortesía que suelen otorgar a quien llega a un Ministerio, ya ha catalogado muy negativamente a la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, a quien no ve méritos para haber llegado ahí. "Como no haya ganado algún torneo de peteneras", dice. También tiene palabras para la nueva ministra de Defensa, quien, según Jiménez Losantos, dirige ahora "el ejército de Carmencita Pepis".

ABC, después de haber sufrido un cambio de director que me abstengo de valorar por cuestiones personales que no sé si sería capaz de evitar, también ataca. En sus páginas, Juan Manuel de Prada dice que "para abastecer su gabinete de tías, Zapatero ha buscado debajo de las piedras" (quizá porque en su partido hay muchas "tías" y algunas de las que los profetas periodísticos apostaban que llegarían a un Ministerio, como Trinidad Jiménez, se han quedado por el camino).

En las líneas del mismo periódico, Antonio Burgos asegura de Chacón que "no pone el menor ardor guerrero cuando tenga que gritar un '¡Viva España!' que se le nota a chorros que le da asco". Y quien no haya visto o no recuerde el mítico anuncio del Scatergoris, no entenderá la gracieta del autor de estos artículos de opinión al afirmar que acepta a la nueva ministra de Defensa "como animal de compañía, de batallón, de regimiento, de brigada y de división". Para qué darle más vueltas a la evaluación de los méritos o deméritos de la ministra en cuestión si David Gistau, en las páginas de El Mundo, ya ha encontrado la mejor forma de definirla: "Carmen, la del bombo". Con un par.

Y llegamos a La Razón, ¡ese gran bastión ideológico de la prensa española! En este diario, Iñaki Ezkerra dice que "nombrar a Aído parece del Gran Hermano, no sé bien si orwelliano o televisivo". Javier G. Ferrari, también en La Razón, se preguntaba "si Chacón va a coleccionar soldaditos de plomo para su retoño". Cristina López Schilichting, gran nombre de la COPE por otra parte, escribe en este mismo diario que "entra en un cosmético Ministerio de Igualdad una chica de 31 años cuyo mayor mérito es haber fomentado el flamenco en Andalucía... y hay que callarse porque es mujer". Si aplicáramos la doctrina Schilichting, podríamos decir lo mismo en muchos campos de la vida con absoluta seguridad...

Esto es periodismo, señores. Al menos lo que algunos entienden como periodismo. Valorar los méritos profesionales de los nuevos ministros no está en la agenda de estos periodistas. Lo importante es entrar en la carrera por decir la tontería más inmensa, más sonora y más ingeniosa que se les ocurra, sentados delante de su ordenador o de su micrófono, tan lejos del mundo real que empieza a asustar. Incluso en el caso de que tuvieran razón y las ministras hagan méritos con su trabajo para ser criticadas, la forma en la que lo han hecho, sin esperar siquiera en algunos casos a conocer de ellas más que su nombre, edad y procedencia, les descalifica como profesionales de la comunicación. Por supuesto, van a seguir a lo suyo. Porque es lo único que saben hacer. Yo lo seguiré lamentando porque eso, para mí, no es periodismo y nunca lo será.

Pero, claro, si esto es lo que nos dejan los supuestos profesionales de los medios de comunicación, recurrir a la política para encontrar valoraciones inteligentes es imposible. No, en realidad es para llorar. El inigualable (nótese el tono irónico en el adjetivo...) Silvio Berlusconi ve al Gobierno de Zapatero "demasiado rosa". Y, lo que es peor, es capaz de explicarlo. "¡Nueve mujeres! ¡Él solo se lo ha buscado. Le costará dominarlas", añadió el próximo primer ministro italiano. Pobres italianos, de nuevo bajo su mandato... En España, el presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, ese que lleva no sé cuánto tiempo sin convocar una rueda de prensa para someterse al control del cuarto poder, hace un sesudo análisis de los méritos de la ministra de Igualdad. "Le mola mucho ser ecopacifista, le mola". Y añade: "Va con una guitarra". Lo dicho, un sesudo análisis.

Me imagino que todas estas estupideces se califican por sí solas. Yo, desde luego, no voy a buscarles adjetivos. Bastante he hecho con perder unos minutos de mi tiempo para reproducir sus ocurrencias, tan faltas de talento como de gracia, que no hacen sino manchar una profesión tan hermosa como es la del periodista.

sábado, abril 12, 2008

Luces y sombras del nuevo Gobierno

Ya conocemos al nuevo Gobierno. Por supuesto, no se respetarán los cien días de cortesía (es más, se han escuchado críticas incluso antes de que José Luis Rodríguez Zapatero diera a conocer los nombres oficialmente; qué país, de verdad, qué país...) y es inútil pedirlos a estas alturas de la película. Lo que sí es de alabar es que no haya habido filtraciones. El grueso de los nombres se han confirmado, más allá de las certezas que podían tener algunos de sus integrantes (como los dos vicepresidentes), apenas unas horas antes de que el presidente del Gobierno se asomara a la sala de prensa del Palacio de la Moncloa. Y eso, que para muchos será un detalle irrelevante, tiene más importante de lo que se cree. Que la función de la prensa sea de control y no de presión es fundamental para todo gobierno (y todo partido de la oposición; parece que Mariano Rajoy ya lo ha aprendido, y que le dure).
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A mi juicio, el gabinete con el que Zapatero comienza su segunda legislatura, presenta luces y sombras. Lo primero que todo el mundo destaca (empezando por el propio presidente del Gobierno), es que será el primer Ejecutivo de la historia en el que hay más mujeres que hombres. ¿Positivo? Pues tengo mis dudas de que tenga que considerar se positivo de por sí ese dato. Evidentemente, es una novedad. Evidentemente, es un paso más hacia la igualdad real de hombres y mujeres. Pero si las mujeres nombradas no responden a las expectativas, su mayoría será al final un paso atrás. Serán una cuota. No tienen una exigencia mayor, no tienen que demostrar nada más que sus compañeros de gabinete. Sólo tienen que hacer bien su trabajo. Y punto. Lo demás no deja de ser cierta retórica.
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También veo cierta retórica en la creación de un Ministerio de la Igualdad. Quizá me equivoque, pero creo que será una cartera con tan poco valor real de actuación como el que tuvo la de Vivienda en la pasada legislatura. Sí, tendrá gancho social, pero dudo de su efectividad en la vida diaria. Y lo cierto es que no le veo entidad a este asunto como para constituir un Ministerio. Tampoco se la veía al Ministerio de la Familia que quería crear Rajoy de haber ganado las elecciones. Creo que se puede defender la igualdad (y la familia, por seguir con estos casos concretos) sin la necesidad de crear una nueva cartera. Veremos con el paso de los meses si tiene efectos reales o no.
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Dicen algunos de los críticos (empezando por el propio Rajoy) que es un Gobierno continuista. Normal. Zapatero ganó las elecciones gracias a la política de los últimos cuatro años. Es lógico que apueste por una misma línea, y creo que sus detractores debieran entenderlo, aunque no les guste la política de Zapatero. En esa línea continuista, me parece una gran noticia que De la Vega (aunque ha ido de más a menos en los últimos cuatro años, ojalá recupere el pulso con el que inicio su andadura en el Gobierno) y Solbes (tiemblo de pensar que la alternativa del PP era un tipo que ahora sienta en la quinta fila de sus diputados en el Congreso) mantengan las dos vicepresidencias. Y también que siga Rubalcaba al frente de Interior. Siempre he visto a Rubalcaba, por mal que pueda caer en algunos sectores, como uno de los políticos más capaces de este país.
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Me gusta la apuesta por Carme Chacón. Nunca ha tenido una auténtica responsabilidad política (no veo como tal la vicepresidencia de la Mesa del Congreso el Ministerio de Vivienda que ocupó sólo unos meses), más por su edad que por su capacidad, y ahora tendrá que lidiar con el Ministerio de Defensa. Creo que lo puede sacar adelante con nota. Me gusta también que Mariano Fernández Bermejo siga al frente de Justicia, pero el nivel de exigencia para con él debe ser mayor a partir de ahora. Bermejo llegó mediada la legislatura a un Ministerio en el que el contenido político suele devorar a la iniciativa de modernización. Es hora de dejar la presencia mediática a un lado y acometer, de una vez por todas, la necesaria operación para que la Justicia deje de ser un dolor de cabeza para los españoles. Eso determinará, y no lo visto hasta ahora, si es un buen ministro.
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Y como digo lo que me gusta, también tengo que decir lo que no me gusta. Lo esencial, la continuidad de dos ministros: Magdalena Álvarez y Miguel Ángel Moratinos. Me encanta la apuesta por las infraestructuras de este Gobierno para crear una red y no un mapa radial, pero creo que Álvarez no ha cumplido. Demasiados problemas, demasiadas polémicas, demasiados retrasos. En el caso de Moratinos, siempre he dicho que ha sido una de las sorpresas negativas del Gobierno Zapatero. La política internacional ha sido uno de los puntos más negros de la pasada legislatura, y en eso tiene responsabilidad tanto el ministro como el presidente del Gobierno. Aquí no me gusta el continuismo. Necesitamos un impulso mayor que el que dio Moratinos. Ojalá esa cartera hubiera recaído en un Manuel Marín al que ya echo de menos.
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A los nuevos, la mayoría muy desconocidos para el gran público, habrá que dejarles trabajar. Por sus hechos les conoceréis. Pero sí hay una incorporación al Gobierno que me sorprende: la de Miguel Sebastián. Sebastián fracasó con rotundidad en su intento de recuperar para el PSOE la Alcaldía de Madrid. Fue un nombramiento personal de Zapatero. Y tras perder con estrépito las elecciones, dejó su acta de concejal y regresó a la universidad. Ahora vuelve a la política. ¿Por qué no se quedó entonces en el Ayuntamiento de Madrid? El salto hubiera sido mucho más natural. Ahora se confirma el engaño al que sometió el PSOE a sus votantes con Sebastián como candidato por Madrid. Nunca se pensó en ganar esas elecciones. Sólo en encontrar a alguien que pusiera su cabeza en una bandeja a cambio de un premio futuro. Mal nombramiento éste, un juicio al que sólo Sebastián con su trabajo puede dar la vuelta.
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Con luces y sombras, suerte al nuevo Gobierno. Tiene una tarea complicada y apasionante. Tiene que conseguir que esta legislatura tenga mucha menos crispación que la anterior. No dependerá sólo de ellos, claro, pero su cintura para lidiar con el PP será determinante. Como también que sean capaces de sacar adelante retos como la modernización de la Justicia y de otras administraciones del Estado, resolver el problema de vivienda que tiene España, minimizar los efectos de la crisis económica mundial, recuperar para este país un papel importante en la esfera internacional, luchar contra la lacra terrorista y, en definitiva, resolver los problemas que afectan a los ciudadanos.

lunes, marzo 10, 2008

"Talante 2 - Mentira y Crispación 0"

"Talante 2 - Mentira y Crispación 0". Eso es lo que decía una de las pancartas que se pudo ver anoche en Ferraz, en la celebración del PSOE. Me gusta el simil, pero me gusta mucho más el resultado, contundente a favor de aquellos a quienes voté hace cuatro años y a quienes voté este domingo. Aquellos que se han ganado mi confianza con tanta fuerza como la han perdido los de enfrente. Y es que desde el principio he tenido claro que ése era el partido. Por un lado talante, por otro lado mentira y crispación. Por un lado, el PSOE, con todos sus errores de marcaje y de estrategia que se quieran, pero que practica el juego limpio y de toque. Por otro lado, el PP, un equipo marrullero y resultadista, que piensa más en un juego defensivo que ofensivo y que, a pesar de la enorme fidelidad de su hinchada, pasa por uno de sus peores momentos. El resultado, 2-0. Claro y contundente. Pero el juego abre muchas incógnitas. Y las abre en los dos equipos.
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El PSOE de Zapatero ha triunfado en el marcador y, al final, es lo que todo el mundo recuerda. Puedes jugar todo lo bien que quieras, que si no ganas la gente lo olvidará. Dos partidos para Zapatero, dos victorias, en ambas con Rajoy como rival, que cosecha sus dos derrotas. Zapatero ha triunfado en el respaldo electoral, que ha subido desde hace cuatro años, tanto en votos como en escaños. Pero su victoria no ha parecido tan rotunda como señalan estas cifras. No hay más que ver que la presencia de los ministros como cabezas de lista en provincias que no eran las suyas no han servido para mucho. Los jugadores titulares de este equipo no cuentan con el reconocimiento de los aficionados. Tocan muy bien el balón, sí, elaboran muy bien la estrategia, pero les falta la pasión que deja huella en la grada.
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El PP ha perdido. No lo reconocen, como tampoco lo hicieron hace cuatro años, pero han perdido. Encararon la temporada con el título como único objetivo. El juego no les importa, ni tampoco engañar al árbitro o desesperar a la grada rival con sus trucos para arañar tiempo. Tenían el apoyo incondicional de los suyos para ganar de cualquier manera y han hecho uso de ese aval hasta el último minuto del partido. Han logrado más apoyo que hace cuatro años. Pero han perdido. Si un resultadista no consigue resultados, lo suyo es replantearse la estrategia. ¿Lo hará? Para eso habría que cesar al entrenador... y a la junta directiva, claro, que para eso ellos son los que toman decisiones.
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El símil futbolístico sería perfecto si este fuera un sistema bipartidista. Pero hoy, al menos hoy, no lo es. Claro que los dos grandes partidos han arrasado y arrinconado a los partidos minoritarios en el Congreso (cada resultado tiene un análisis diferente, en todo caso), pero no lo es. Y por eso hay muchos más datos que debieran interesar de la victoria socialista y la derrota popular. La mayoría de las reflexiones me surgen del bando del PP. Ese partido necesita una renovación ya. Rajoy no puede ser el candidato que se exponga a perder tres elecciones. Pero con él tendrían que irse Acebes, Zaplana, Astarloa, García-Escudero, Pujalte y algunos otros más. Y si la solución pasa por Esperanza Aguirre (según ella misma y dicho antes de la derrota electoral, muchos en el PP la veían como "la lideresa" del partido) entonces nada habrá cambiado. Gane o pierda.
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Y es que la principal reflexión que me dejan estas elecciones es precisamene esa. Que el resultado electoral no ha sido el que, desde mi humilde punto de vista, se merecía el PP. Cuatro años de crispación, de insidias, de tergiversación, de ataques desmedidos, de frases malsonantes. Una política muy dura, muy desleal en materias esenciales para el Estado que no ha tenido un castigo en las urnas. El PP ha logrado en estas elecciones cinco escaños y medio millón de votos más. Esa es su victoria. Pírrica, pero victoria al fin y al cabo. Los populares han sacado lo peor que llevaban dentro estos cuatro años y han conseguido más respaldo social. Y eso es, precisamente, lo que les puede llevar a continuar con su estrategia, nefasta para España pero, al parecer, positiva para el PP.
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La noche electoral me dejó detalles que no me gustaron en el bando popular. No me gustó que Rajoy tardara tanto en aparecer, rompiendo la costumbre de que sea el candidato ganador el último en salir ante sus fieles. No me gustó que el candidato popular no reconociera la victoria de Zapatero (sólo dijo que le llamó para desearle "suerte por el bien de España). No me gustó el olvido de la última víctima de ETA en los discursos públicos de los dirigentes del PP. No me gustó que los populares que se concentraron en la calle Génova gritaran cosas como "A por ellos" (¿a por quiénes? ¿por qué?) o "Zapatero, embustero". ¡Si hasta pidieron la dimisión de Zapatero, que todavía no ha tomado posesión del cargo! Me pareció muy dramático que ese sea el talente con el que encajan una derrota, otra derrota más, y eso me hace pensar que nada va a cambiar en los próximos cuatro años. Ojalá me equivoque, pero veo más crispación social en el horizonte.
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Pese a todo, estoy contento. Lo estoy porque la estrategia del PP no les ha devuelto a La Moncloa. Lo estoy porque Zapatero ha ganado las elecciones con bastante claridad, superando todo lo que le han echado los populares en estos cuatro años. Decían que era el peor presidente de la democracia, el hombre que rompía España, negociaba con terroristas, cedía a los independentistas, entregaba Navarra, nos llevaba a la ruina económica, no tenía ni idea de nada y cerraba peligrosas alianzas internacionales. A todo eso ha sobrevivido Zapatero y ha conseguido muchos más apoyos que hace cuatro años. No es poco con los tiempos que corren. Y, además, tiene mayor margen de gobierno y menor nivel de dependencia en las fuerzas minoritarias, pero sin llegar a la temida mayoría absoluta que, visto el panorama, ahora mismo no quisiera para ningún partido (aunque veo a este PSOE con mayor capacidad para administrarla que a este PP).
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Hay otro triunfo del PSOE (lo derrota del PP, según se mire) que se ha silenciado bastante: el Senado. Los populares siguen siendo la fuerza mayoritaria, pero de estar al borde de la mayoría absoluta han pasado a perder un escaño. El PSOE, por contra, ha conseguido ocho señadores más que hace cuatro años. Cuando las encuestas a pie de urna daban casi mayoría absoluta en el Congreso a los socialistas, desde la sede del PP se agarraban, entre otras cosas, a su presencia en el Senado. La victoria aquí también es bastante pírrica para los populares. El golpe, muy duro, es en todo caso para PNV (que pasa de seis a dos senadores) y Coalición Canaria (pierde toda representación en el Senado, además de un diputado en el Congreso).
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¿Y qué pasa con los minoritarios en este escenario bipartidista...? Pues que los únicos que salen airosos son CiU y PNV. Los primeros parecen identificarse ya por completo con el nacionalismo catalán. Los segundos tendrán más problemas en el futuro. Sí, son el partido nacionalista vasco por excelencia (EA desaparece del Congreso), pero en estas elecciones han conseguido menos respaldo que los socialistas. Ese dato es esencial, importantísimo e histórico. El PSE ha sido el partido más votado en las tres provincias vascas. ¿Se avecina un cambio de ciclo en Euskadi, uno que tendrá cabida en los libros de historia? Para valorarlo en su justa medida, hay que apuntar que en Euskadi hubo una abstención del 25 por ciento (diez puntos por encima de la media total) y un voto nulo casi del ocho por ciento (siete puntos por encima del total). ¿Voto a las listas ilegalizadas o miedo a votar? Qué difícil de decir con la compleja situación vasca que vivimos...
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Las elecciones, además del PP, dejan dos claros perdedores: IU y ERC. IU es víctima del bipartidismo, sí, pero también de una Ley Electoral injusta. Con casi un uno por ciento más de voto que CiU tendrá nada menos que nueve diputados menos. Pero también hay que recordar que con esta injusta Ley Electoral IU ha tenido resultados muchísimo mejores. Gaspar Llamazares lo sabe y por eso arroja la toalla. IU no ha sabido mantener su sitio y el voto útil está devorando a la formación de izquierdas. Hace no mucho pensé y dije que le quedaban tres elecciones antes de desaparecer del Congreso. A lo mejor ya sólo les queda otra, a tenor del descenso...
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Esquerra ha perdido muchísimo apoyo. Demasiado. Las pasadas elecciones no mostraban la realidad del independentismo republicano catalán y ahora se ha demostrado. O eso, o a sus votantes de entonces no les ha gustado su gestión de la reforma del Estatuto y de su actuación en Madrid para con el Gobierno de Zapatero, que de todo habrá. ¿Aprenderán de esta lección o querrán seguir condicionando la política española como si los intereses de ERC fueran los únicos a tener en cuenta a la hora de gobernar y legislar? Me da que no van a aprender, pero al menos su fuerza ahora es menor.
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Además del PSOE, sólo hay otro partido que se pueda considerar ganador de estas elecciones: UPD. La formación de Rosa Díez ha conseguido un escaño, para ella, y también se ha visto perjudicada por la Ley Electoral. No me cae bien Rosa Díez, no me cae bien alguno de los que iba en su lista (Mikel Buesa, por ejemplo), pero hay que reconocer que han tenido bastante mérito. Sin medios, sin apoyo de los bancos (¿por qué será que al poder sólo le gusta el poder...?), han conseguido meterse en el Congreso de los Diputados. Creo que Rosa Díez se ha equivocado en muchas cosas en sus últimos tiempos en el PSOE. Veremos qué hace en el Congreso bajo otras siglas.
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Pero quedan cuatro años de legislatura todavía, mucho tiempo y muchas cosas por pasar...

martes, marzo 04, 2008

Negando la realidad... y sin propuestas para cambiarla

Yo empecé a tener pensamientos más o menos claros y preocupados sobre la política cuando el presidente del Gobierno era, desde hacía poco tiempo, José María Aznar. Eran los peores momentos del socialismo desde que Felipe González ganara sus primeras elecciones en la democracia. La famosa bicefalia Almunia-Borrell comenzaba a gobernar (es un decir) en el PSOE y la debacle electoral no estaba demasiado lejana. Eran días en que el PSOE tenía una estrategia que, en cierto modo aunque desde muy lejos, era muy similar a la que hoy emplea el PP. Decían entonces los socialistas, como hoy los populares, que todo se hacía mal, que el Gobierno mostraba una incompetencia supina en todos los asuntos de la vida pública, que todas las propuestas eran nefastas para el futuro del país.

En mi inocencia adolescente, yo no salía de mi asombro. Me parecía absolutamente imposible que todo, todo, todo lo que hiciera un políticom un partido o un gobierno estuviera mal por definición. Y eso que Aznar nunca fue santo de mi devoción. Pero pensaba que, aunque fuera por casualidad, algo tenía que hacer bien. Nunca he entendido la política del NO a todo. Ayer Mariano Rajoy culminó una nefasta estrategia de oposición, la que ha llevado a cabo durante los últimos cuatro años, con un mal debate. Para él, todo está mal. Y de todo tiene la culpa el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Todo, absolutamente todo, es nefasto. Rajoy no admite ni siquiera la casualidad de un mínimo acierto. Ninguna inercia positiva de años anteriores (salvo la económica). La noble disciplina de la estadística no cuenta en estas valoraciones.

"La situación de las familias es peor que hace cuatro años"; "la inmigración no está controlada"; "crece la delincuencia"; "el precio de la vivienda ha subido un 43 por ciento"; "somos el quinto país de la Unión Europea que menos crece en renta per cápita"; "la inflación en febrero fue del 4,4 por ciento y la cogieron con el 2,1 por ciento"; "el vencedor de la elecciones se tiene que pasar cuatro años poniendo orden en el estropicio de España"; "la diferencia entre los más ricos y los más pobres es mayor en España"; "hizo usted muchas negociaciones políticas (con ETA)". Y así todo lo que dijo Rajoy. Ni un dato positivo. Ni un elemento esperanzador. Ni un punto de optimismo más que si gana su partido. Pintó un panorama de España absolutamente desolador, el de un país que, como poco, debe estar al borde de la quiebra en todos los aspectos. Por supuesto que hay problemas, sólo faltaba, pero defender ese catastrofismo es negar muchas realidades.

Pero, como dije hace una semana, vamos a darle a Rajoy el beneplácito de la duda. Supongamos, y ya es mucho suponer, que ha sido capaz de convencer a los españoles de que viven en un país sumido en la desgracia, en la miseria, en la ruina y rodeados de problemas provocados por Zapatero. ¿Qué va a hacer Mariano Rajoy para solucionar esa situación? Propuestas concretas lanzó muy poquitas. Sólo habló de rebajar los impuestos (esa propuesta fiscal que todavía no ha detallado en su campaña) y de llamar a ese PSOE que tanto ha destrozado España para firmar no sé cuántos pactos. ¿Qué motivos dio para votar al PP más allá de "firmeza" y "mérito"? Más bien pocos. No ha conseguido explicar que el PP tenga un proyecto más allá de un par de promesas difusas. Ni en el debate, ni en la campaña, ni en cuatro años de oposición.

La visión catastrofista no basta. No puede bastar. No creo que vaya a bastar. Creo que Rajoy ha cavado su propia fosa política y creo que a partir del próximo lunes el PP va a tener que pensar en un nuevo líder. Y esta conclusión me parece obvia sin entrar a valorar momentos absolutamente delirantes del debate, como cuando Rajoy acusó a Zapatero de ¡¡¡apoyar la guerra de Irak!!! Nada menos... Sencillamente dramático y, por encima de todo, otro síntoma de la realidad alternativa en que ha vivido el PP y su candidato durante esta legislatura. Porque ese, y no otro, es el mal que les hizo perder las elecciones de 2004 y el mal que, confío, les hará perder las de 2008.

Otro ejemplo más de esa negación de la realidad en la que vive instalado el PP. Todas las encuestas proclamaron ganador del primer debate a Zapatero. Da igual. El PP celebró la victoria de Rajoy. Si no hubo victoria según los ciudadanos, pensarán los más inocentes, ¿cómo pudieron celebrarla? Negación de la realidad por encima de todo, que lo mismo alguien se lo cree. Y ahora todas las encuestas dan a Zapatero como triunfador del segundo debate, aun por más ventaja que en la primera cita. ¡Qué más da! Se recibe a Rajoy en Génova con un nuevo akelarre político tan propio de estos días de campaña y sale Ángel Acebes (recuperado junto con Aznar para dar un tono más duro a la última semana de campaña) con una sonrisa de oreja a oreja diciendo que han ganado. La realidad dice una cosa, el PP otra. Lo mismo que con Irak, lo mismo que con el Prestige, lo mismo que con el 11-M... Negar la realidad.

Zapatero estuvo correcto, a ratos bien, a ratos regular. Bien, en definitiva. No es tan mal presidente del Gobierno como se pinta desde la derecha, pero tampoco es el mejor presidente del Gobierno que hemos tenido como quiere pintar la izquierda. Maneja bien las cifras y el discurso, aunque se le nota mucho cuando no controla demasiado un tema. Nunca he visto en él al demonio que retrata el PP, para qué nos vamos a engañar, pero la superioridad formal y de fondo con respecto a Rajoy me parece difícil de negar, incluso entre quienes puedan darr su voto al candidato popular. Zapatero ganó el debate porque fue mejor, pero también porque el rival fue flojito, flojito, sin duda la mayor decepción política de la legislatura.

En las elecciones no bastará con esa superioridad porque la bolsa de votantes del PP seguirá ahí por mal que lo haga Rajoy (igual que la bolsa socialista, por mal que lo haga Zapatero). La victoria en dos debates no basta para ganar unas elecciones. Eso lo decidimos los ciudadanos con nuestro voto, aunque Rajoy siga menospreciándolo y entienda que la victoria de Zapatero fue por el 11-M y por Irak. Otra negación más de la realidad. Zapatero es presidente del Gobierno porque fuimos más los españoles que le votamos que los que decidieron votar a Rajoy. Cuando en su análisis posterior Miguel Ángel Rodríguez, ex portavoz del Gobierno con Aznar, dijo que la victoria del PSOE dependía de que "dos millones de radicales" votaran a los socialistas, dejó muy claro lo que piensan algunos populares de la democracia. Los votantes se dividen para algunos del PP entre personas normales (los que apoyan a Rajoy) y personas radicales (los que apoyan a Zapatero). Para mí, todos los votos son igual de válidos y respetables. Y para Zapatero también.

Y por si a alguien le interesa a estas alturas, en este enlace (http://www.elmundo.es/papel/2004/05/13/espana/1635988.html) está la crónica que hizo El Mundo de la primera sesión de control al Gobierno que vivió Zapatero en el Congreso. No veo yo la temática económica de la pregunta de Rajoy por ningún lado, pero en fin...

martes, febrero 26, 2008

Decepcionado

Pues ya hemos visto el debate... y admito que llevo horas sin saber muy bien cómo escribir sobre él. El motivo es que no me ha gustado nada todo lo que he visto alrededor del cara a cara. Nada. Ni lo previo ni lo posterior. Ni el papel de los medios de comunicación ni el de los partidos políticos. Soy un firme partidario de los debates y hoy, por encima de cualquier otra cosa, me siento decepcionado. Veo que el debate no ha servido para nada y creo que la culpa la tiene la realidad que creamos entre todos, empeñada en tragarse todo lo que realmente importa para detenerse en cuestiones como poco irrelavantes.

Llevamos meses hablando del debate. Ya dije que me parecía absurdo debatir sobre el debate. Pero el absurdo se ha convertido en una vergüenza y en una ridiculez que no sé si se da en otros países. Los medios, con sus programas previos al debate, convirtieron en noticia exclusiva haber averiguado el color de la corbata de Manuel Campo Vidal, moderador del cara a cara. Era importante saber que la mesa estaba 72 centímetros por encima del suelo. El hallazgo más espectacular de la noche fue informar de que Rajoy iba a acudir al debate no con cuatro asesores, sino con cinco. Pero todo esto nos lo cuentan en serio. De verdad. Como si tuviera alguna importancia real.

Los medios de comunicación están fracasando estrepitosamente. Están dejando que los partidos políticos le marquen la agenda, en las cuestiones de información y también en las de opinión, pero a eso último vuelvo luego. Nadie ha informado de todas las imbecilidades que han tenido que pactar PSOE y PP para que este debate se pueda celebrar como lo que son, auténticas imbecilidades. ¿Lo importante del debate era la llegada de los candidatos como si fueran los equipos de fútbol antes de un partido? ¿Lo importante era lo que iban a comer los periodistas antes del debate en el lugar en el que se celebró? ¿Lo importante es proclamar al candidato al que más cercanía ideológica tiene cada periodista o cada medio de comunicación? Cada día tengo más claro que se ha perdido por completo la noción de lo que es noticia y de lo que no lo es.

Vamos al debate. La conclusión es que, en realidad, no ha servido para mucho. Cada candidato sólo habrá convencido a los suyos. No ha sido un debate, sino un episodio más de la confrontación parlamentaria. Uno dice una cosa, el otro contesta lo que quiere. Ni uno ni otro fueron capaces de responder a las preguntas que abiertamente le formuló su adversario. Vimos dos mítines en uno. A los dos candidatos decir básicamente lo mismo que dirían a un auditorio de fieles, con unas gotitas del habitual enfrentamiento de los miércoles en el Congreso de los Diputados. No hubo novedades, sorpresas o cuestiones que animaran a decantar la balanza del voto hacia uno u otro lado. Por lo menos, nada que no supiéramos antes de ayer.

Y en eso que llegamos a la cuestión trascendente hoy para todos los medios: ¿quién ganó el debate? Y esto es lo malo de verdad de la situación. Las reacciones estaban ya previstas de antemano, sucediera lo que sucediera en el debate. Los periodistas de derechas iban a dar como ganador a Rajoy (algo que hacen con muchísima vehemencia) y los de izquierdas a Zapatero. ¿Entonces para qué ha servido el debate? Se hacen encuestas, y todas han dado como ganador a Zapatero. Pero sale la derecha mediática y dice que eso no sirve porque todos los nacionalistas, radicales y comunistas prefieren a Zapatero antes que a Rajoy y adulteran la extrapolación al resultado de las urnas. Como dijo Sentís en 59 segundos, "hay mentiras, cochinas mentiras y encuestas". ¿Entonces para qué se hacen las encuestas?

Con este panorama, ¿qué pienso yo del fondo del debate? Vayamos por candidatos. Zapatero peca de una visión demasiado bonita de la realidad. Entiendo que su papel es el de trasladar que hay un proyecto de presente que funciona y que el futuro puede ser aún mejor, pero muchas veces da la sensación de que le sobra la autocrítica y el reconocimiento de algunos problemas. Y eso que es el presidente del Gobierno que más capacidad ha tenido para pedir disculpas y asumir errores en muchas ocasiones. Pero no transmite esa sensación con facilidad. Del presidente del Gobierno me gustó su tono, expositivo y lleno de datos oficiales irrebatibles.

Rajoy, tan agresivo como durante toda la legislatura, tuvo un serio problema en el debate. No hizo ni una sola propuesta. No aportó nada de lo que hará si es el próximo presidente del Gobierno. En el mejor de los escenarios posibles para él, del que en todo caso creo que se quedó muy lejos, habrá demostrado que Zapatero no merece ser votado. ¿Pero dio algún motivo para votar al PP antes que a cualquier otro partido? Ni uno solo. Teniendo en cuenta que Rajoy ha centrado su oposición durante cuatro años en atacar al Gobierno, el líder popular ha perdido una ocasión inmejorable para dar un paso más y ofrecer algo nuevo. ¿Será que es que no hay nada más...?

De lo que dijeron ambos, hay poco novedoso que rescatar, no hay muchos titulares. Pero hay dos cuestiones que surgieron al final del debate y que decantan mi elección hacia Zapatero. Rajoy afirmó que el presidente del Gobierno "ha agredido a las víctimas del terrorismo". Seguimos en una escalada verbal que tendrá consecuencias, de eso cada día estoy más seguro. Eso, por mucho que la corte mediática del PP lo quiera negar, es crispar. Y de eso, por desgracia, Rajoy ha empleado mucho durante la legislatura.

La segunda cuestión fue una frase que ha pasado desapercibida para casi todo el mundo, pero que para mí es definitiva para entender el carácter de Rajoy y de su partido. Dijo que no estaba en juego su derrota, sino la derrota de España. En otras palabras, que todos los que no votamos al PP estamos contribuyendo a esa derrota de España. Jamás votaré a alguien con un pensamiento tan equivocado de la democracia. En unas elecciones, siempre gana la democracia. Gane el PSOE, el PP, CiU, el PNV o el que sea. Y Rajoy no lo entiende. Como no entendió que su derrota en 2004 se produjo porque más ciudadanos que votamos al PSOE que al PP.

Llegamos a las reacciones de los partidos. Sobra decir que para el PSOE ganó Zapatero y para el PP lo hizo Rajoy. Pero hay que analizar más este aspecto. Es tan evidente que las reacciones estaban escritas de antemano que da vergüenza ajena. Y da vergüenza que los medios lo sigan considerando noticia, hasta el punto de interrumpir sus emisiones para dar ambas ruedas de prensa en directo. Y como muestra del nulo valor informativo de ambas comparecencias, la primera pregunta al portavoz del PP, Pío García Escudero. Le dijeron que Rajoy no había hecho ninguna propuesta y respondió que quien no las había hecho era Zapatero, que Rajoy había hecho montones de propuestas... La realidad no importa. Ni a los políticos, ni a los medios.

Y termino con la anécdota. Con una sonrisa de sorpresa y desconocimiento, Rajoy preguntó que era un bonobús cuando Zapatero le recordó que ese era uno de los requisitos con los que, como ministro del Interior, permitió regularizaciones de inmigrantes. Para mí no es más que una anécdota sin especial importancia. ¿Pero os acordáis de la que armó la corte mediática y política del PP con lo del precio del café que dio el presidente del Gobierno en el programa Tengo una pregunta para usted de TVE? A mí ese juego no me interesa, aunque haya mucho seguidor de esa práctica de utilizar lo que conviene aunque antes se haya dicho lo contario. Se llama coherencia y la tengo como un valor muy presente. A mí lo que me interesa es lo que proponen y lo que van a hacer. Las anécdotas, para el anecdotario, pero no para los titulares a cinco columnas.

domingo, enero 27, 2008

Estos líderes, aquellos lodos

Bienvenidos a la precampaña electoral. Esa que ha empezado hace cosa de unos cuatro años. Hay que acostumbrarse a que todos los días que restan de aquí al 9 de marzo vamos a tener ideas de los dos líderes que aspiran a presidir este país. Será en mítines, en reuniones o en entrevistas. Aburridos como siempre. Pero si uno de ellos sale, el otro también tiene que salir. Es lo que tiene el márketing político y electoral. Y en esa línea, tanto Zapatero como Rajoy se han propuesto asombrarnos día tras día con lo que dicen o hacen. Seguro que antes de las elecciones habrá un día en que me muestre más sorprendido que hoy. Seguro. Tienen esa capacidad. Pero lo de hoy es de traca y me tiene asombrado.
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Zapatero (le tocaba mitin) ha lanzado hoy una revolucionaria propuesta electoral, que, cierto es, ningún Gobierno anterior ha llevdo a la práctica en toda la historia de España. Si el PSOE gana, el Gobierno devolverá 400 euros a todos y cada uno de los 13 millones de declarantes del IRPF. Para hacer realidad esta medida, destinará la nada despreciable cantidad de 5.000 millones de euros. El objetivo es, según explicó el presidente del Gobierno, estimular la economía y ayudar a las familias con rentas más bajas y con más dificultades. En la práctica, la medida supondrá que los mileuristas, ese extensísimo grupo de españoles, jóvenes en su mayoría, no tendrán que pagar nada a Hacienda.
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Y me surge la duda sobre la medida, el punto en el que se despierta mi asombro. Si todos los contribuyentes van a recibir 400 euros, independientemente de su renta, quiere decir que Emilio Botín va a recibir lo mismo que alguien que tiene un sueldo mensual de 850 euros. Y me asombro, sí, me asombro. Si la idea es reactivar la economía y ayudar a las familias con rentas más bajas, ¿por qué no se destina íntegramente esa cantidad de 5.000 millones de euros a quien verdaderamente lo necesita con ese fin? ¿Por qué siempre los ricos consiguen los mismos benenficios que los más pobres?
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Hace muy poquito, el Gobierno escuchó muchas críticas por sus ayudas a los jóvenes con menos poder adquisitivo para poder alquilar una vivienda. Aquella medida me gustó. No porque fuera a arreglarle la vida a nadie, desde luego, pero sí porque era una ayuda para gente que la puede necesitar. Rentas bajas, gente joven. Esta medida ayuda a estos colectivos, sí, pero también da un beneficio económico a gente que NO lo necesita. Y eso me fastidia profundamente. No creo que Botín (o cualquier otro que se le acerque en renta, que alguno más hay) contribuya mucho a reactivar la economía por tener 400 euros más. No veo la necesidad de dárselos. Y me apena que alguien en el PSOE haya podido tener la idea de que comprar un voto puede costar 400 euros.
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Rajoy no se ha quedado atrás (le ha tocado entrevista en El Mundo), pero no con propuestas, sino con declaraciones. De todo lo que ha dicho, hay dos asuntos que me han encantado. La primera ha despertado al periodista que soy y me ha puesto en situación de haber querido estar en esa entrevista. Dice Rajoy que "es difícil penetrar en los pensamientos más íntimos de alguien, pero la impresión que yo he tenido es que el señor Rodríguez Zapatero muchas veces me oculta parte de la verdad". Si hubiera estado allí le habría preguntado si eso era una "convicción moral" como aquella que confesó en la jornada de reflexión, justo antes de las pasadas elecciones generales. Según aquella "convicción moral", ETA estaba detrás del 11-M. Pero no estaba allí y no se lo pude preguntar. Una pena.
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La segunda cuestión de la entrevista de Rajoy me lleva a la guerra de Irak (país en el que, por si alguien lo ha olvidado, siguen produciéndose secuelas de aquella desastrosa intervención militar). Dice Rajoy que "es evidente que se cometió un error porque si hubiéramos sabido que no había armas de destrucción masiva no habríamos apoyado la intervención". Vaya... Si es tan evidente el error, ¿porque ha tardado más de cuatro años en reconocerlo? Según el líder del PP, "toda la comunidad internacional creía que esas armas de destrucción masiva existían, entre otras razones porque Sadam las había usado en el pasado. La única discrepancia que había era si había que intervenir ya o dejar más tiempo para que las inspecciones". ¿Y los millones de personas que nos manifestamos en la calle también teníamos esa creencia? ¿Francia y Alemania tenían esa creencia? ¿Y Hans Blix, inspector de la ONU, también tenía esa creencia? ¿Quién es entonces "toda la comunidad internacional"?
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Como enseñanzas de cara al futuro tras el desastre interminable en Irak, señala "que los servicios de inteligencia deben ser mucho más eficaces y que hay que trabajar hasta la extenuación para conseguir consensos internacionales". Si la primera frase es una tomadura de pelo, la segunda puede serlo aún mayor. Cuando Bush se citó con Aznar antes ir a las Azores, ya le dijo que, con o sin acuerdo en la ONU, atacaría Irak. Y con o sin ese acuerdo, Aznar le iba a apoyar, como hizo, tratando de vender esta guerra en España como "una misión humanitaria". ¿Y ahora me habla Rajoy de "conseguir consensos internacionales"? Por favor, que intento más triste de tomarnos por estúpidos...
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Estos son los líderes que tenemos. Y los lodos que seguimos teniendo. Me aburren cada día más. Pero ¿de qué hablaríamos si no nos sorprendieron tanto y tan a menudo...?

viernes, enero 18, 2008

Mentiras y mentiras

Hay mentiras y mentiras. Todas son censurables, pero hay distintos grados. Estos días, como quedó de manifiesto en el programa de 59 segundos del pasado miércoles, espléndido debate preelectoral entre los directores de los principales diarios (¿piensa El País explicar su injustificada ausencia?), se está relacionando el conjunto de mentiras que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero sobre la negociación con ETA con el conjunto de mentiras que lanzó el Gobierno de José María Aznar después del 11-M. Mentiras ambas, y ambas criticables, insisto. Pero no son equiparables.

El Gobierno Aznar mintió con un fin muy concreto y muy egoísta. Había unas elecciones tres días después y la sensación, explicada además por dirigentes de ese Gobierno de que el PP ganaría por mayoría absoluta si ETA era la autora del 11-M y de que la victoria peligraba si era un atentado islamista. Se habló de dos líneas de investigación cuando ya se habían detenido islamistas. Se convocó una manifestación de forma unitaria en defensa de la Constitución, como si eso les importara a los autores de la masacre. Se provocó que la ONU mencionara a ETA en su comunicado de condena.

Aznar personalmente llamó a los periódicos para decir que había sido ETA. Se instó a las embajadas a aprovechar cualquier ocasión para decir que ETA era la autora. Y Rajoy se saltó la jornada de reflexión con una entrevista en El Mundo diciendo que tenía esa convicción moral. Aquella mentira sólo tenía un fin. Ganar las elecciones. Luego ya se vería cómo arreglar ese desaguisado.

El Gobierno Zapatero mintió sobre el fin de los contactos después del atentado de la T4 de Barajas, mintió sobre los contactos con la ilegal Batasuna. Mintió también sobre las condiciones para ese diálogo, la ausencia absoluta de violencia nunca fue un requisito indispensable. Mintió al no decir la verdad al PP sobre cómo iban algunos asuntos, en especial por los contactos del PSE con el mundo abertzale radical.

Al margen de las razones de seguridad del Estado y de intento sincero de que la negociación fructificara sin interferencias, que ni dudo ni afirmo porque no tengo datos verdaderamente fiables para hacerlo, lo hizo, obviamente, para no verse muy perjudicado en las encuestas. Pero nótese el matiz. Encuestas aquí, elecciones allá. El valor no es el mismo. La inmediatez tampoco. Y la relevancia real en el futuro político de España ni siquiera se parece en un caso y otro. En absoluto estoy diciendo que haya que pasar por alto estas mentiras. Pero no valen lo mismo que las anteriores. Así lo pienso, y así lo digo.

lunes, enero 14, 2008

Engaño estéril y estúpido

El engaño, en realidad un secreto a voces, se ha confirmado de la forma más inverosímil posible. Todo el mundo sabía que no se contaban o abiertamente se engañaba sobre muchas cosas que estaban pasando en torno a la negociación con ETA. No sobre muchas de las que se han dicho (y creo que la esencial es Navarra, que estoy seguro que nunca estuvo sobre la mesa, y menos de la forma en que algunos alarmistas lo decían), aunque sí sobre otros (se podrían citar con poco temor a equivocarse los casos de De Juana Chaos y ANV) Pero lo curioso es que ha sido el propio presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, quien lo ha confirmado. Y lo inverosímil es que lo ha hecho en una entrevista concedida al director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, que es quien más cera le ha dado a su Gobierno por este engaño estéril y estúpido.

Estas revelaciones tienen mucho que analizar, aunque para mí lo fundamental sigue estando en un terreno, el de la comunicación. Yo tengo muy claro que la negociación con ETA no fue un error, sino un legítimo intento de acabar con este severo problema que arrastramos. Todos los presidentes del Gobierno anteriores tuvieron ese derecho y todos los que vengan en el futuro lo tendrán, decidan ejercerlo o no, opten por esta o por otra estrategia. Pero la comunicación sobre este asunto ha sido nefasta. Lo más sensato hubiera sido decir que no se iba a comentar absolutamente nada sobre la negociación mientras estuviera en curso. Nadie hubiera podido acusar al Gobierno de mentir o engañar sobre este tema y se hubiera podido amparar en las consabidas razones de "seguridad del Estado". El PP no habría tenido tanto que reprochar sobre este asunto.

Pero no. Demasiada gente ha querido tener protagonismo, demasiada gente hablaba, demasiada gente metía la pata y quien salía a arreglarlo lo complicaba aún más. Zapatero mismo se equivocó en demasiadas ocasiones (insisto, a la hora de comunicar lo que estaba pasando, no lo que estaba haciendo), y pasará a la historia más triste de su mandato su versión optimista horas antes de la explosión de la T4 de Barajas. Y creo que también se equivoca ahora, porque quiere decir cosas pero deja demasiado espacio a la ambigüedad. No sabemos lo que pasó en estas negociaciones con ETA, como tampoco sabemos lo que pasó en Argel o en Zurich. Tampoco creo que sea bueno saberlo con todo lujo de detalles. A menos, claro está, que queramos seguir tirándonos los trastos a la cabeza por este tema. Yo no lo quiero, así que no voy a seguir por ese camino.

En el resto de la entrevista, Zapatero enseña dos caras. Por un lado, el político que tanto me convenció antes de las elecciones generales de 2004, el que se empeñaba en dialogar sobre todo sin imponer nada, en buscar acuerdos con todo el mundo por difíciles que fueran (desde la oposición firmó tres con Aznar, así que casi todo es posible...), el de las buenas formas, el del estilo democrático, el del talante (¿os acordáis de todo lo que se reía la gente con esto del talante...?). Por otro, está el presidente del Gobierno que, ejerciendo como tal y para dar una visión demasiado optimista, se aleja un poco de la realidad (sobre todo en cuanto a la economía). El que presenta escenarios muy buenos cuando no lo son tanto, el que trata de contentar a demasiada gente al mismo tiempo y por eso al final se queda corto en su acción de gobierno (política lingüística, letra del himno, ley de banderas).

Muchas veces uno no sabe si pensar que estas entrevistas, al final, sirven para algo, porque se da la impresión de que en ellas hoy se dice una cosa y mañana se puede decir la contraria. Pero como soy periodista, aunque muy crítico con el periodismo actual, tendré que seguir creyendo en el poder de los medios de comunicación para contar la VERDAD.