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martes, abril 16, 2013

La Ley de Godwin

En 1989, Mike Godwin dijo lo siguiente: "Se puede deducir que una discusión en USENET caduca cuando uno de los participantes menciona a Hitler y/o a los nazis". Un año después, esa frase le sirvió para formular una ley que toma su nombre: "A medida que una discusión online se alarga, la probabilidad que aparezca una comparación en a que se mencione a Hitler o a los nazis, tiende a uno". Se entiende que cuando alguien menta a la bicha, ha perdido la discusión. Pues bien, esa norma que se puede usar en Internet ha dado el salto a la vida real. Y no precisamente en tertulias de bar, que imagino que ahí se llevará poniendo en práctica desde hace mucho tiempo, sino en la vida política y social. Porque ahora resulta que son los que tendrían que marcar la diferencia los que caen en el barro más sucio.

Me acuerdo de aquellos gritos de "nazi" que Miguel Ángel Rodríguez, nada menos que ex portavoz del Gobierno con rango de secretario de Estado, dedicó en un programa de la televisión pública al doctor Montes (fue condenado después por ello en los tribunales), pero sobre todo veo ahora a María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP, tachando de prácticas nazis las protestas por los desahucios que ya se conocen como escraches. Es moda. Si eres del PP y quieres ser guay, tienes que llamar "nazi" a quien protesta por los desahucios. Seguro que está en los idearios. Pero hay más. Resulta que Toni Cantó, ese diputado que tiene como mérito previo a su carrera política una como actor y que le encanta meterse en berenjenales dialécticos sin ningún motivo, ahora tacha de "nazi" al presidente de la Generalitat catalana, Artur Mas. Y antes había hecho lo mismo contra el mismo destinatario catalán Juan Carlos Rodríguez Ibarra, aquel ex presidente de la Junta de Extremadura que nunca ha tenido como virtud la contención verbal, y que seguramente por eso alguna vez dijo algo interesante.

Así que nada, vamos a llamarnos nazis los unos a los otros y tan contentos. ¿Que no hay relación alguna? ¡Qué más da! No sé, para mí los nazis eran aquellos que invadían países, forzaban guerras mundiales y enviaban judíos a campos de concentración primero y a cámaras de gas después. Y miro por todas partes, pero en España no acabo yo de ver cosas así, aunque haya algunos que quieran verse como herederos de su estética y su pensamiento que lo que necesitan es viajar un poco y conocer otros mundos para desintoxicar sus cerebros. Igual me equivoco y esos viejos amigos de los que hace tiempo que no sé nada, esos que tenemos todos, han sido víctima de tanto nazi como parece campar a sus anchas por España. O igual es simplemente que usamos el término con una ligereza insultante y pretenciosa, achacable sin duda alguna a la ignorancia tanto de la Historia como de la realidad. Así que aplico la ley de Godwin y la llevo a sus últimas consecuencias. No es que cada vez que uno de estos tipejos llame "nazi" a otro pierda la conversación. Es que pierde automáticamente mi respeto y mi atención. ¿Por qué diablos tendría que perder el tiempo escuchando a ignorantes que no saben lo que dicen? Lástima que estos pensamientos tan poco iluminados sigan teniendo eco en los medios.

domingo, marzo 17, 2013

Fernando Trueba y la norma del desprecio

Leo unas fascinantes declaraciones de Fernando Trueba en las que arremete contra el cine de acción y contra los superhéroes, los califica de "imbecilidad" y coloca detrás de nombres como los de James Bond o Spiderman el término "gilipollas". Dicho eso, asumo que queda claro que lo de "fascinantes" para referirse a lo que ha soltado Trueba va con una ironía de la que el grueso lenguaje de Trueba no ha hecho gala precisamente. Cualquiera que me conozca un poquito o que haya leído algo de que he escrito aquí o en esos otros sitios que enlazo en la columna de la derecha sabe que, por decirlo de una manera suave, no comparto el punto de vista de Fernando Trueba. Podría recordarle la gran cantidad de autores, creadores y, sí, artistas, que han trabajado con esos personajes que él considera "gilipollas", en el cine y en tantos otros medios de expresión. O podría decirle que el negocio en el que él trabaja se sustenta en parte gracias a la gente que paga entradas por ver lo que él tacha de "imbecilidad".

Pero si seguimos leyendo lo que ha dicho este insigne director español encontramos la más que probable causa de que su mensaje sea tan arisco, agresivo y desagradable para  una notable parte de la industria que le da de comer y otras que dan de comer a otros muchos profesionales, que a priori tendrían que merecerle el mismo respeto que asumo que proclamara ante cualquiera evaluación de su trabajo, y, aún mejor, proporcionan horas de diversión y entretenimiento a millones de personas en todo el mundo. Dice que está escribiendo la secuela (¿eso de hacer secuelas no era de mediocres y gente sin ideas?) de La niña de tus ojos y que todavía no tiene financiación para rodarla. ¡Acabáramos! Si todo era eso, podía haberlo dicho antes. Que como no hay un duro para hacer cine en España (y eso es otro tema del que podríamos hablary mucho), hay que llamar la atención de alguna manera para que el nombre del personaje en cuestión aparezca en los titulares, los aficionados del cine de acción y de superhéroes armen un poco de jaleillo, las élites intelectuales se pongan del lado de Trueba y haya alguien que le dé unos milloncejos para hacer su película.

Genial estrategia. Porque ¿para qué va a poner uno en valor nuestro propio trabajo si podemos insultar y despreciar el de los demás? ¿Por qué vamos a defender los valores del cine propio si podemos arremeter contra el ajeno? No es que me sorprenda, porque viene a ser la forma de vida de mucha gente. De demasiada. No importa qué esté pasando en el mundo, siempre va a haber alguien que lo menosprecia. Twitter es una herramienta fabulosa para entender el odio que encierra la gente en su interior y que deja salir desbocado, por supuesto con el gran amparo del anonimato o la distancia, cuando se topa con algo que no le gusta. Da igual que sea el cónclave para elegir papa, un partido de fútbol, la carrera de Fórmula 1 o el programa de televisión de turno. Por lo visto, no hay que desperdiciar ninguna ocasión para mostrarse intelectual, personal y moralmente superior a los demás, pobres incultos ignorantes que pierden el tiempo con cosas que nosotros sabemos (no creemos, no pensamos, SABEMOS) que son una auténtica basura, para juzgarles con dureza por rebajarse a niveles que consideramos deleznables. Qué bien iría el mundo si respetáramos a los demás. A ellos y a sus gustos.

No sé cuántas películas de acción o de superhéroes habrá visto Fernando Trueba para lanzar semejante juicio de valor (hace poco que me han regalado tres de ellas en blu-ray; ¿en qué me convierte eso a mí a sus ojos?). La verdad es que tampoco me importa, porque su forma de opinar sobre ellas le descalifica sin llegar a entrar en si tiene o no razón. Alguien que se dedica precisamente al mundo del arte y del entretenimiento tendría que saber que hay incontables formas de llegar al éxito, de encontrar un público, de alcanzar el corazón de su audiencia. Y ahí hay dos opciones. O no lo sabe y es, por tanto, mucho más ignorante que las personas a las que ha querido menospreciar con sus palabras, o sí lo sabe y entonces es simplemente un aprovechado al que no le importa pisotear a los demás con tal de conseguir su objetivo. En ambos casos, me parece una persona que se merece todo mi desprecio como espectador y como consumidor de lo que intenta venderme. Súmese a este desprecio el que me produce toda aquella manifestación que insulta a quien simplemente quiere disfrutar con algo, por mucho que a mí no me guste. Porque si no me gusta, no lo veo. Pero, desde luego, no voy a ir por ahí sintiéndome tan endiosadamente superior a los demás.

viernes, marzo 01, 2013

Y a 40 segundos del final, nos vamos

Ayer me invitaron a ver el Real Madrid - Brose Baskets de la Euroliga de baloncesto. No soy seguidor ni de uno ni de otro equipo, pero, además de pasar un espléndido rato en muy buena compañía, no me puedo resistir a ver espectáculos deportivos de todo tipo (y es que en los últimos años he visto en vivo fútbol, baloncesto, balonmano, tenis, hockey sobre hierba, una prueba automovilística y hasta un entrenamiento de voley playa) y probar así mis dudosas habilidades como fotógrafo con las limitaciones además de ejercer como tal desde la grada y no desde zonas acotadas para los profesionales. El Madrid iba primero de su grupo y el equipo alemán, último. Con esos números, parecía un partido fácil, ¿no? Pues no. Resulta que el Brose dio guerra hasta el final y el partido no se resolvió hasta la última jugada, a la que ambos equipos llegaron empatados a 73 puntos y los blancos colocaron un triple sobre la bocina que puso el 76-73 final. Emocionante, ¿verdad? Para mí, la salsa del baloncesto, un deporte que no termina de engancharme pero que con finales así es indiscutiblemente precioso.

Pues hubo gente que se lo perdió porque se marchó del pabellón sin ver los últimos instantes. ¿Por qué hicieron eso? No tengo ni la más remota idea, pero viene a demostrar que hay mucha gente que va a estas cosas a pasar el rato sin importarle lo más mínimo lo que está viendo. En cualquier campo de fútbol, el desfile de cantidades importantes de espectadores antes de que el árbitro señale el final del partido es una costumbre. Yo no la entiendo, pero sí, mucha gente se marcha sin ver el final. Que sí, que luego salir con todo el mundo es una lata porque tardas más tiempo, que si pillas atascos o transportes públicos abarrotados, y que con 3-0 está ya todo resuelto. ¿Pero ir a un partido de fútbol y perderte el final, sobre todo si hay un gol de diferencia o un empate en el marcador? Eso ya me parece absurdo, pero en un choque de baloncesto alcanza la ridiculez. Y más en uno como el de ayer, que se resolvió literalmente en el último instante. Pues había gente marchándose del Palacio de los Deportes... cuando faltaban 40 segundos para el final. En serio. 40 segundos. Prefiero esperar cinco minutos más en el cajero del párking (de hecho, los esperamos) antes que perderme una canasta ganadora sobre la bocina.

Pero, claro, una vez descartado que a esa gente le importe ver el desenlace del partido, es que tampoco hay demasiado interés por parte de algunos en seguir su desarrollo. La cantidad de gente que entra en las gradas con el partido ya iniciado. Incluso con la segunda mitad ya iniciada. Y saludando, como si estuviéramos en el calentamiento o comiéndonos el bocadillo en el descanso Habrá quien no pueda ir antes, desde luego, y más en un día laborable como el de ayer, eso es perfectamente comprensible, pero no cuela para muchas otras personas. Sobre todo porque el trasiego más evidente se registra... en los asientos VIP. Esos que no pagan, o que son enchufados, o que van a que se les vea. Qué cantidad de movimiento hay en esas filas, oiga. Sobra decir que yo llegué con tiempo y me quedé hasta el final. Y disfrute del partido completo. En el tenis sólo se puede acceder a la grada en el descanso entre juegos y ahí se ve cuánta gente llega tarde. El día que se cierren las puertas con el comienzo de cualquier espectáculo deportivo, cultural o social, no sé lo que va a pasar. Igual la gente se convierte en puntual.

miércoles, octubre 10, 2012

Los abusones y lo diferente

¿Puede una mujer de 37 años con sobrepeso presentar un informativo en televisión? Obviamente, no le veo el problema. Un espectador del informativo matinal de la norteamericana WBKT considera que sí. Entiende que Jennifer Livingston, que así se llama la mujer protagonista de este caso, es un mal ejemplo para la comunidad, en especial para las chicas jóvenes, porque, a su juicio, lo que muestra apareciendo en pantalla es "una de las peores elecciones que una persona puede adoptar y uno de los hábitos más peligrosos que mantener", la obesidad. Jennifer Livingston decidió responder en directo al e-mail que recibió de este espectador cabreado, el vídeo ha cogido una fama creciente, nombres destacados del mundo del entretenimiento norteamericano han salido en su defensa y el vídeo ha recibido tropecientas mil visitas en Youtube. Vamos a contribuir con alguna más, aquí tenéis el mencionado vídeo, siento decir que en inglés y sin subtítulos, aunque después adjunto traducción de buena parte del mismo.



"No sabes nada de mí y soy mucho más que un número en una escala. (...) Las palabras de ese hombre no significan nada para mí. Pero lo que realmente me enfada sobre esto es que hay niños a los que sí, que reciben e-mails tan críticos como el que yo he recibido y en muchos casos incluso peores día tras día. Internet se ha convertido en un arma, nuestros colegios en un campo de batalla, y este comportamiento se imita, pasa de gente como la que me ha escrito este e-mail. Si estás en casa y hablas de la "mujer gorda de las noticias", adivina, tus niños probablemente van a ir al colegio y llamar "gordo" a alguien. Necesitamos enseñar a nuestros niños a ser agradables, no críticos, y es necesario hacerlo con el ejemplo. (...) Y me marcho con este mensaje. A todos los niños que os sentís perdidos ahí afuera, que batalláis con vuestro peso, con el color de vuestra piel, con vuestras preferencias sexuales o con vuestras discapacidades, incluso con el acné en vuestra piel, no dejéis que los abusones desafíen lo que valéis. Aprended de mi experiencia que las palabras crueles de uno no son nada en comparación con los gritos de muchos".

La respuesta me parece brillante y creo que pone el foco en lo verdaderamente importante de este asunto. En esta sociedad nos sentimos demasiado libres y con derecho para censurar el aspecto, el comportamiento o los problemas de los que nos rodean con una facilidad que da pavor. Y lo hacemos sin pensar en las consecuencias, en cómo pueden afectar nuestras palabras o nuestras burlas a la autoestima de los demás. Es tan fácil dar un empujón para derribar como para impulsar, y optar por uno o por otro define cómo somos. No parece sencillo que una mujer casada y con tres hijos como Jennifer Livingston haga de lo que piensan sus espectadores sobre su aspecto un pilar fundamental de su felicidad, pero podría haber sido el caso. Y, como explica ella, el abusón, acosador o simple gracioso de turno podría haber escogido una víctima que no tenga su entereza, una madurez que le haga ver que se trata de un ataque gratuito o un entorno que le ayude a sobrellevar unas críticas banales como las de este tipo que escribió el mail que desencadena la historia.

El mensaje de Jennifer Livingstone me parece inspirador. Supongo que será verdad eso de que la televisión puede ser algo más que una herramienta de manipulación. Supongo también que tendría que ser normal que una mujer con el aspecto físico que tiene ella puede presentar un informativo, aunque en España la tendencia es obviamente la contraria (y en caso de que se rompiera, sin duda sería una excepción, algo llamativo, una cuota, no el reconocimiento del talento de esa persona en cuestión). Y supongo que también tendría que ser normal que ante un impresentable que manda un mensaje ofensivo nadie se haya preguntando cuál es la línea editorial de la WBKT, si es un medio demócrata o republicano, si es conversador o progresista, a la hora de salir en defensa de la persona agredida. Igual es que todavía tenemos mucho que aprender.

sábado, septiembre 01, 2012

Cine + IVA

Siempre les he tenido cariño, pero los cines que están cerca de mi casa no son muy allá. Son pequeños, nunca han sido los más cuidados de la ciudad, y en algunas de sus salas se podían oír las explosiones de la película de la sala de al lado sin demasiado problema. Pero son los que están cerca de casa, así que he ido a ellos en incontables ocasiones. Les tengo cariño, sí. Es donde me acostumbré a ir solo al cine ya desde adolescente, porque nadie quería aprovechar las sesiones de precio reducido que siempre tuvo (era mejor salir a muerte y emborracharse, cosas de la edad del pavo que yo pasé de otra manera) o porque así veía películas que nadie quería compartir conmigo. Tengo muchas anécdotas en esos cines. Desde el día que me repitieron la escena de la estampida de El rey león hasta descubrir por un fallo de sonido que recordábamos los dos que estuve en la misma sesión del Drácula de Bram Stoker que un amigo que conocí años después, pasando por un preestreno de Independence Day, la reunión de los compañeros de trabajo para ver el final de la saga de Star Wars, la última vez que me invitaron al cine para ver Intocable o incluso un plantón para ver Los puentes de Madison. El cine para mí es eso, recuerdos, sensaciones, momentos que se quedan en mi memoria. Y cultura.

Ahora el cine ya no es cultura. Lo dicen los que mandan. Es entretenimiento. Como tantas otras cosas. El teatro, la lectura, la educación... Todo eso es entretenimiento. Por eso he empezado describiendo anécdotas. Podría haberos dicho cuánto me han enseñado el cine, sobre la historia, sobre la vida o sobre la realidad. Pero os he contado anécdotas. Entretenimiento. Todo sea por mostrarme acorde con los tiempos en los que vivimos. El entretenimiento pasa a ser un bien de lujo con la subida del IVA que rige desde hoy, sábado 1 de septiembre, una medida que va a arruinar a mucha gente, que va a frenar el consumo y que va a generar despidos y el cierre de empresas y locales. Estoy tan seguro de eso como lo estaba de que quienes se dedicaron a recoger firmas en contra de la anterior subida del IVA no tendrían pudor alguno en defender ésta. La anterior fue un error, ésta una completa calamidad, porque viene a sumarse al castigo de la anterior (y a otros tantos castigos que han decretado los que mandan) y porque es imposible argumentar algunas de las decisiones que se han tomado al respecto. Los que firmaban eran éstos, por cierto.
En esos mismos cines de los que os hablaba, hace menos de nueve años yo pagaba por una entrada 4,30 euros. Estos eran los precios que tenía ayer, día 31 de agosto. Un simple cálculo puede demostrar que el cine no ha subido precisamente lo mismo que el IPC anual o que los sueldos que se cobraban allá por 2003.
Pero siempre hay motivos para añadir indignación a la sociedad en la que vivimos. Estos son los precios que tienen esos mismos cines desde hoy.
Hoy es más cara la entrada con la tarifa reducida que la normal de ayer. La subida es de 1,30 euros en la entrada normal y de 1,10 en la reducida, de 7 euros en el bono de diez sesiones (que supongo que seguirá sin poder utilizarse en fines de semana, ya ni lo miro porque soltar 32,50 euros así de golpe es un lujo impensable para algo que no sea la lista de comida a comprar en el supermercado). A un desempleado se le cobra 7,60 euros por una entrada de cine. Si el desempleado quiere ver una película, mejor que no tenga pareja ni hijos y viva su miseria en soledad.

Damas y caballeros, hoy, día 1 de septiembre de 2012, es el día del inicio de la defunción definitiva del cine como espectáculo de masas. Gran medida contra la piratería la subida del IVA, sí señor. Ahora España va bien. Como solía.

viernes, agosto 24, 2012

Recortes y recortes

Situación 1. Hay unos 60 diputados que tiene declarada la posesión de una vivienda en la Comunidad de Madrid que cobran un complemento de 1.838 euros como indemnización por sus gastos de alojamiento en la capital. En el escenario de crisis económica en el que vivimos y con la constante guillotina de los recortes y las subidas de precios para el ciudadano común, esto no se ha recortado. Situación 2. La Generalitat de Cataluña ha decidido retirar a una mujer de más de 70 años la pensión de 104 euros que le pagaba mensualmente aduciendo que esta mujer se encuentra en el hospital recuperándose de un ictus, recibiendo así atenciones y comida pagadas con dinero público, y, por tanto, no precisa de ese dinero para sobrevivir. Ahí sí se recorta. A lo bestia y sin pudor, encima, porque la Generalitat le pide además que devuelva las dos últimas mensualidades que cobró, 208 euros, porque ese es el tiempo que lleva hospitalizada.

Le deshumanización, crueldad, estupidez y sinsentido que desprende la coexistencia de estas dos situaciones es fácil de ver. Lo que encima suena a farsa, a burla y a insulto es que te la quieran explicar. Un señor llamado Francisco Márquez, diputado del PP por Ceuta para más señas, ha decidido explicárnoslo. La parte que le toca, por supuesto, porque la que no le toca ya la ha explicado la Generalitat, un ente sin rostro y sin corazón al que apelar, aduciendo que sólo cumple con una ley de 2006. Que ellos no querían y que nos les queda más remedio que hacer cumplir la citada ley. Que la ley sea una bazofia que no tiene en cuenta las vidas de las personas es un pequeño detalle sin importancia. Pero no nos despistemos, volvamos a las explicaciones del señor Márquez. Dice que es "absurdo" considerar que diputados que tienen vivienda en Madrid no tengan derecho a percibir esos más de 1.800 euros.

"La indemnización no está condicionada a que su importe vaya destinada a un hotel, a un apartahotel o a un alquiler porque está pensada para contribuir a los gastos de quien, elegido por una circunscripción que no es la de Madrid, tiene para el desempeño de sus funciones", explica, convencido de que tienen "el mismo derecho" a cobrar ese dinero los diputados que no tienen vivienda en Madrid como los que, "aportando parte del capital que han ganado con el desarrollo legítimo de sus actividades profesionales", se han comprado esa casa. Y sentencia: "Esta polémica aporta muy poco al debate político actual". He ahí, en esa última frase, el quid de la cuestión, en que hablar de eso no aporta nada al debate. No quieren debatir las alternativas a los brutales recortes que sufrimos por si acaso les toca. Eso es. No hay más.

Resulta que ya no hay líneas rojas por cruzar, que se puede recortar de absolutamente todas las partidas presupuestarias de las administraciones públicas (quedan las pensiones, aunque por lo que se cuenta en los medios de comunicación será lo siguiente en recortar), pero los complementos de los políticos no se pueden tocar. Tienen derecho a ellos, dice. En primer lugar, es una salvajada que ese complemento sea de 1.800 euros, porque se puede residir en Madrid, y muy aceptablemente, por mucho menos de ese dinero, que además está libre de impuestos (¿Hacienda somos todos?). En segundo lugar, si se tiene que recortar, se recorta como en todo. ¿No dice la Constitución que todos somos iguales? Pues a sufrirlo. ¿Acaso un político electo en una circunscripción ajena a Madrid necesita más esos 1.800 euros que la mujer protagonista de la otra historia sus 104 euros? ¿No nos estaremos equivocando al decidir qué cantidad recortar o suprimir?

Sigo diciendo que esto de la crisis económica encierra demasiados bulos, engaños y embustes. Que somos presos de un sistema tan bueno como cualquier otro pero viciado por personas como el señor Francisco Márquez. Lástima que la mujer afectada por el primer caso que describía no viva en Ceuta, porque me pregunto qué le habría contado este diputado elegido en su circunscripción en el caso de que le explicara lo que le sucede. ¿Tendría la desfachatez de decirle que él sí tiene derecho a percibir 1.838 euros y que ella no lo tiene para cobrar 104? Presumo que no, pero también que no le temblaría la mano al firmar un decreto que lo garantizara. No puedo sentir aprecio por un mundo en el que la arrogancia clasista es capaz de justificar pagos públicos superfluos y, al mismo tiempo, se escuda en la Ley para dejar morir de hambre a personas, con vidas, con sentimientos,con ilusiones y con problemas, que necesitan un dinero que les quita puede que legalmente pero desde luego con una inmoralidad que traspasa las líneas de lo vomitivo.

miércoles, julio 25, 2012

La matanza del cine de Denver: reacciones y culpables equivocados

El pasado viernes un asesino acabó con las vidas de una docena de personas en un cine de Denver. Que lo hiciera aprovechando el estreno de la última película de Batman, El Caballero Oscuro. La leyenda renace, ha servido de coartada para lo que sólo puedo calificar de despropósitos periodísticos, sociales y culturales. Todo con el morbo como punto de partida. Casi todo con la hipocresía como base. Siempre he defendido que cuando un asesino mata, el único culpable es él. Pero resulta que cuando un asesino mata basándose en una historia de ficción popular hay que empezar a buscar otros culpables, otras explicaciones, otras causas que se podrían haber evitado. Y yo, ingenuo de mí, no dejo de asombrarme por estas cosas. Soy así, qué le voy a hacer a estas alturas de la película...

En el mundo del cómic, DC ha anunciado que retrasa la publicación del número 3 de la serie Batman Inc., porque "contiene situaciones que podrían ser consideradas material sensible a la luz de los recientes eventos". Al menos es sólo un retraso y no una modificación, porque hay cosas peores. Y es que aún más estupor me ha provocado la noticia de que Warner ha decidido eliminar la secuencia final de uno de sus próximos estrenos, Gangster Squad, porque era un tiroteo en un cine. Como tengamos que suprimir todas las escenas violentas de la historia del cine porque tengan cierta similitud con otra tragedia real, nos vamos a quedar sin películas. Por fortuna, esta moda sólo es cuestión de oportunidad, de márketing, de que se hable de un estreno sin importar que nos estemos cargando el trabajo de años de un equipo y de un cineasta. Es hipocresía, es una autocensura que no tiene razón de ser.

Pero no es algo nuevo. Es de sobra conocido, y muy emblemático, lo que sucedió con Spider-Man, de Sam Raimi. Su primer trailer, maravilloso, culminaba con un helicóptero lleno de ladrones de bancos que el héroe atrapaba con su tela de araña entre las Torres Gemelas, pero llegó el 11-S, el trailer desapareció y la escena se borró casi completamente de la película (los rascacielos se atisban en un breve plano en el reflejo de los ojos de la máscara de Spiderman). Todavía recuerdo con admiración como la misma Warner Bros no sucumbió a la tentación de modificar el final de V de Vendetta, a pesar de que también tenía similitudes con un terrible acontecimiento que sucedió en aquellas fechas (no lo desvelaré para no arruinar el final a quienes no hayan visto el filme o leído el cómic en que se basa). O cómo me entusiasmó que Steven Spielberg no tuviera reparos en colocar un accidente de avión en su versión de La guerra de los mundos, de 2005, junto a otras películas post 11-S que no dudaron en ser fieles a sí mismas.

El Washington Examiner publicó una información con el siguiente titular: "¿Se basó el tiroteo de la película de Batman en un cómic de 1986?". Efectivamente, en El regreso del Caballero Oscuro hay una escena en la que un tipo dispara contra una multitud congregada en un cine. Que sus motivos sean radicalmente opuestos a los del asesino de Denver no importa. Lo que importa para el Washington Examiner es que aquel cómic, "escrito y dibujado por Frank Miller, fue una influencia clave en las películas de Batman de Chris Nolan". "¿Estaba el asesino imitando esta escena del cómic? Puede ser, aunque en la escena el asesino está inspirado por el rechazo que le provoca la pornografía y la música heavy metal. La investigación de la policía sin duda revelará más próximamente", añade. Vamos, que no tiene nada que ver pero aquí lo dejamos para ver si cuela.

En España, ABC tituló su información del pasado domingo de la siguiente manera: "El asesino de Denver: 'Soy el Joker, enemigo de Batman'. Holmes se tiñó el pelo de rojo para parecerse más a un villano de película". El texto de la información tiene once párrafos. La referencia a Batman sólo aparece en dos de ellos. En los titulares, parece más importante la vinculación con esa historia de ficción que el hecho de que matara a doce personas. En el texto, no. En el texto lo que importa es el retrato psicológico del asesino y cómo perpetró la matanza. Pero el titular llama la atención, claro. Como el del Washington Examiner. Y se trata de eso. ¿Que por el camino criminalizamos, o al menos así lo parece, a quien no debemos, al creador de ficción? Da igual. Ya tenemos atrapado al lector. Por cierto, el Joker tiene el pelo verde y no aparece en esta tercera película en la que el asesino decidió matar a doce personas. Pero también da igual.

Para mí, el asesino es el único culpable. Sé que es fácil recurrir a las inspiraciones del mundo de la cultura, pero yo en eso no entro ni caigo. Yo llevo tres décadas leyendo cómics y no me ha dado por ir disparando a la gente por los cines. Llevo toda la vida desde que tengo uso de razón viendo películas con escenas duras y macabras y no me ha dado por imitarlas. He leído docenas de libros con contenidos truculento, morboso y violento que jamás me he planteado llevar a la vida real para experimentarlas como protagonista. Y, sí, peligroso de mí, también he jugado al rol en más de una ocasión. Los asesinos, los psicópatas, los violentos encuentran caminos para revelarse como lo que son. Y yo no voy a apoyar censuras, prohibiciones, alternaciones o cambios en el trabajo de un profesional o de un artista, en el modo de disfrutar la cultura popular, sólo porque un loco haya encontrado en esa obra un motivo de inspiración. Me da igual que sea un cómic, una película, un tipo de música, un deporte o una pintura. La reacción me parece equivocada, tanto como la búsqueda de culpables donde no los hay para satisfacer una fobia hacia una parte del mundo del entretenimiento con la que no se comulga.

sábado, julio 07, 2012

Leyendo ayer la prensa...

Qué divertido es leer la prensa. Cojamos, por ejemplo, El País de ayer.

"Malestar con el juez y preocupación en el PP por la imputación de Rato". Por los accionistas de Caja Madrid y Bankia que han perdido su dinero, por las personas que no tienen nada, por los que ven su vida deshecha por no tener ese dinero que habían ganado a lo largo de su vida, por todos esos no hay preocupación. Hay preocupación por un tipo que podría haber cobrado una indemnización de 1,2 millones de euros, que no tiene pinta de estar muy necesitado, que dejó a España vendida al renunciar a su cargo en el Fondo Monetario Internacional y al que ahora el juez investiga por los delitos de estafa, apropiación indebida, administración desleal, falsificación de las cuentas anuales y maquinación para alterar el precio de las cosas. Sin duda hay que estar preocupado por él. Y defenderle, como han hecho varios ministros. A los otros no.

"La brecha en el Poder Judicial se ahonda ante el relevo de Divar. Maniobras para colocar un presidente conservador en el pleno del martes". Vamos, que hay que colocar a uno de los nuestros para asegurarnos de que si alguien recurre a la Justicia por algo de lo que hagamos tenga claro que el veredicto le va a ser desfavorable. Que la Justicia sea más Política que nunca. Que los jueces sepan lo que tienen que decidir.

"El rastreo informático de los correos demuestra que la ministra de Empleo filtró el documento de una de sus colaboradores sobre el ERE de los socialistas". ¿Y qué? ¿Pasa algo? La persona a la que hemos colocado al frente de Trabajo por su amplia experiencia en la materia (recordemos, nunca ha trabajado para una empresa privada, pero ¿acaso importa?) dedica su tiempo a prácticas políticas barriobajeras. A ver si alguien habían pensado que la prioridad de la ministra de Trabajo era crear empleo o garantizar que los más de seis millones de parados de este país, España, puedan sobrevivir a la solución como Dios manda que nos prometieron para esta crisis.

"Los bancos son ya la sexta preocupación de los españoles". Por eso, el Gobierno sí se preocupa de que los bancos sean rescatados con ingentes cantidades de dinero y nula responsabilidad empresarial o penal por sus despilfarros y demás actos innobles y puede que ilegales. A las personas no. A las personas hay que desahuciarlas, embargarlas, arruinarlas y hacer que su vida sea imposible.

"El PP catalán avala el euro por receta que Rajoy rechaza". Varias formas de asimilar esta noticia. Por un lado, al garete todo eso de que el PP tiene una sola voz, su firme voluntad de que no haya 17 españas o eso que popularizaron hace tantos años del guirigay socialista. Por otro, que la crisis la sigue pagando el ciudadano. ¿Que no tiene para pagarlo? Como si nos importara...

"Las tasas universitarias (de Madrid) subirán 5,8 euros de media por crédito". Esto supone más de 300 euros por estudiante y curso. Bienvenidos a este maravilloso país donde estudiar va a ser de nuevo una cuestión de ricos.

"Otro plan de ahorro en Metro (de Madrid)". Van a ahorrar, dicen, 12 millones de euros anuales eliminando "gastos superfluos". Y digo yo... Si son supérfluos, ¿por qué no hay una investigación que determine quién es el responsable de haber despilfarrado 12 millones de euros anuales con esos gastos? Ya me respondo yo, porque es de los nuestros. Pero voy a poner en duda la bondad y el buen hacer que se desprende de semejante ahorro. Porque primero me subieron el billete y después me redujeron servicios. Ayer, diez de la noche de un viernes, once minutos de espera por un tren. "Metro de Madrid, vuela", que decía su publicidad.

"La Audiencia declara nulo un despido colectivo por esperar a la reforma laboral". Si un empresario espera a que se aprueba la reforma laboral para despedir masivamente... ¿no será que esta reforma facilita y beneficia el despido y que no es la panacea para crear empleo que nuestros queridos gobernantes nos dijeron?

"El copago farmacéutico se calcula con datos desfasados del paciente. Pensionistas recientes denuncian que les cobran como si estuvieran aún en activo". Pues claro, puestos a recaudar mejor hacerlo con el supuesto que más dinero nos ofrezca. Y si ese criterio es mentira, ¿qué más da? Que reclame quien se entere y a ese se lo devolveremos. Y lo de los que no reclamen, nos lo quedaremos. Como hacen las empresas de gas, de luz, de telefonía y de banca, por ejemplo, que nos pasan comisiones, cargos aproximados y nuevos planes más caros y que no hemos pedido para ver si cuela. Y si no cuela, la molestia para el ciudadano, que tendrá que llamar a un 902, escuchar una cancioncilla interminable por teléfono antes de que alguien le atienda, prefiriblemente alguien con una jerga ininteligible que no nos facilite en absoluto la tarea de defender nuestros derechos.

"El Gobierno dejará de cotizar por las cuidadoras de la Dependencia. Unas 178.000 personas completaban así una futura pensión de jubilación. Se plantea rebajar la cantidad máxima que recibe el asistente familiar". Porque lo importante, insisto, es ahorrar. Las personas que nos llevemos por delante no nos importan. Nadie valora si ese dinero que se paga es justo o no, si es necesario o no. El caso es recortarlo. Pero recortarlo de donde no nos moleste mucho. De los viajes oficiales no, claro, que mira que si España gana la Eurocopa y el presidente del Gobierno no puede cumplir con su "obligación" de estar allí presente...

Y eso que ayer fue un día espléndido en la prensa, porque no se hablaba de la subida del IVA, de la reforma de RTVE ya reclamada al Constitucional, de las espantadas del presidente del Gobierno para huir de los periodistas pero no de los fotógrafos, de por qué no había tantos bomberos profesionales como se requerían en el incendio de Valencia... Hoy puede ser un gran día, que decía Serrat. Y mañana. Y el lunes. Y cualquiera. Coger un periódico es una dura prueba diaria a la que se enfrenta una persona. Ahí seguiremos.

sábado, junio 09, 2012

Anti-futboleros

No falla. Cada vez que hay algún acontecimiento relevante que tiene que ver co el fútbol, proliferan las opiniones contrarias a este deporte o, directamente, el menosprecio a los que disfrutamos de su visión. Es que no falla. Y me parece un fenómeno de lo más curioso porque no se da en otros ámbitos de la vida. No creo que quienes van a conciertos y festivales, quienes se sientan en la butaca de un cine o un teatro, quienes coleccionan sellos o mariposas, quienes leen poesía o teatro clásico, quienes hacen senderismo o alpinismo, se encuentren con una oposición tan cerrada o despreciativa. Los aficionados al fútbol sí. Cuando se juega un Mundial o, como en este caso, una Eurocopa, somos los culpables de los males del universo y estamos colaborando con un maquiavélico plan que amenaza con destruir el mundo.

Molesta, por lo visto, que lo televisen, como si no hubiera otros doscientos canales en los que ver otros contenidos, al igual que otros medios y dispositivos con los que disfrutar de otra cultura audiovisual. Irrita que los futbolistas ganen dinero con su trabajo (que será mucho o poco, pero es un trabajo) en contraposición con la existencia de problemas en el mundo que, dicen, se podría solucionar con ese dinero. Inquieta que los futboleros hablemos de fútbol, como si eso fuera un delito, como si eso nos impidiera hablar del rescate financiero, de los recortes en Sanidad o Educación, o de Shakespeare si es preciso, porque al parecer inundamos las redes sociales con nuestros pensamientos impuros e inútiles. ¿Se estará hundiendo la economía por nuestra culpa? ¿El hambre en África se solucionaría sin fútbol? ¿El paro en España bajaría si no viéramos la Eurocopa? Si alguien contesta que sí, creo que tenemos una seria discrepancia entre manos...

Lo curioso es que muchos de los que adoptan este discurso anti-futboleros (ya casi no es anti-fútbol, sino anti-futboleros) serían felices de disfrutar de esa condición con sus propias aficiones, y reivindican una mayor atención porque, si la tiene el fútbol, por qué lo que ellos adoran. Entonces, en ese caso, serían personas molestas con quienes les criticaran, reivindicarían su derecho a disfrutar de su tiempo como buenamente quisieran, convencidos de que es posible tener ratos de ocio y al mismo tiempo trabajar para solucionar los problemas de la sociedad. Y digo yo... ¿No sería más fácil respetar las aficiones, gustos y empleo del tiempo de todos? ¿No estaríamos todos más felices si fuéramos capaces de explicar las excelencias de aquello que nos gusta y nos conmueve sin necesidad de encontrar una oposición feroz?

¿Y tan difícil es que, si no os gusta el fútbol, habléis conmigo de otras cosas? Porque estoy firmemente convencido de que la mayoría de los futboleros también podemos hablar de otras cosas. Igual nos véis como unos brutos descerebrados. Si es así, siento desilusionaros. Yo, desde luego, no le impongo el fútbol a nadie, sino que intento encontrarle un hueco en mi vida, compatible con otras miles de cosas, con otras personas, con otros debates y con muchas más inquietudes. ¿Que me gusta el fútbol? Sí, así es. Y no pienso pedir perdón. Eso sí, con vuestro permiso, hoy veré otros dos partidos más de la Eurocopa, porque los de ayer me ofrecieron cuatro horas de espléndida diversión. Luego ya me leeré lo del rescate financiero a España, que tiempo habrá. ¿Pero sabéis qué? Si tiene que haber rescate, se producirá igual. Con o sin fútbol. Por si acaso pensáis que lo del fútbol lo anula todo...

sábado, mayo 26, 2012

...y yo seré entonces una persona con ASO, ¿no...?

Si hay algo que me encanta cuando alguien mete la pata (queriendo o no), es esa curiosa habilidad que tenemos casi todos para empeorarlo cuando se intenta arreglar el desaguisado en cuestión. Resulta que el obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, habló de curar a los homosexuales de no sé muy bien qué. La reacción de la gente en general fue de indignación, al ver que un obispo tachaba de enfermos a aquellos que tienen un comportamiento sexual, por lo visto, inaceptable. Y ahora sale el Obispado de Alcalá de Henares y saca una nota en la que para negar que Reig Pla llamara "enfermos" a los homosexuales, afirma que éste "ha manifestado reiteradamente su cariño, respeto y comprensión para las personas con AMS, así como su firme decisión de quererlas y ayudarlas a la luz del Magisterio de la Iglesia". ¿AMS? ¿Qué demonios es eso de la AMS?

Pues resulta que esas siglas se refieren a las personas con Atracción a las personas del Mismo Sexo. Con un par. Ahora resulta que necesitamos siglas para definirlos. Pues nada, si esta es la doctrina del Obispado de Alcalá de Henares, sólo cabe preguntarme si a mí, que no soy gay, se referirían como un ASO, es decir, una persona con Atracción a las personas del Sexo Opuesto. Yo iba a poner AOS (...del Otro Sexo), pero ayer me convencieron mis amigos que ASO suena mejor. Que al fin y al cabo se trata de eso, ¿no?, de que suene bien y estemos todos a gusto con la dichosa etiqueta. Y yo que pensaba que todos éramos criaturas de Dios... En el fondo hasta me repatea hablar de estos temas, porque al final siempre tengo la sensación de que le seguimos el juego a quienes crean las polémicas (sí, como lo de los silbidos de la Copa del Rey o tantas otras cosas...), pero también me da rabia no contestar a quienes tratan de aprovecharse de la gente para darse a conocer en estas polémicas, estudiadas campañas de marketing en tantas ocasiones.

Esa misma sensación de ser presa del marketing la he tenido esta semana con respecto al uso oportunista y descarado de la homosexualidad que han hecho las dos grandes editoriales de cómics americanas. Resulta que Marvel ha decidido, en el año 2012 nada menos, plasmar por primera vez una boda gay con uno de sus superhéroes como protagonistas. No es uno de los personajes punteros, pero uno tiene un recuerdo importante de Estrella del Norte de los Alpha Flight, el grupo canadiense por excelencia del Universo Marvel, que John Byrne escribió y dibujó en los años 80. La boda ya publicada será un hito, quién lo puede negar siendo la primera entre dos hombres, pero en el fondo veo más un intento de ganar dinero fácil más que un auténtico progreso social. Pero, claro, la cosa llega ya a nivel de enfado cuando veo la respuesta de la competencia. Resulta que el mismo día que Marvel publica el número en el que se produce la primera boda homosexual, DC anuncia que en breve revelará el nombre de un personaje puntero de su editorial que será reinventado como gay. Tranquilos todos, no es Batman. Ni Robin (Dr. Wertham, puede usted seguir en el olvido más merecido, no se preocupe por el tema).

Vale. Resulta que seguimos en el año 2012 y ser gay tiene que ser noticia. No creo que eso hable demasiado bien de la sociedad en la que vivimos. Como tampoco que a la gente le tengamos que poner etiquetas con siglas en función de su sexo, su orientación sexual, su ideología política, su equipo de fútbol, su lugar de nacimiento o cosas así para saber si está bien o mal lo que hacen. Ayer debió de ser un gran día para los creadores de las etiquetas y los fomentadores indiscriminados del odio. No creo que sea posible cruzar más insultos en las redes sociales entre independistas, nacionalistas, vascos, catalanes, españoles, españolistas (que no es lo mismo), fascistas, rojos, franquistas, futboleros, afutboleros, madrileños y demás enseres. Que sigan disfrutando con esa forma de vivir la vida, siempre generando crispación, enfrentamiento y violencia. Yo paso y, aunque los demás griten más y tengan mejores altavoces, seguiré defendiendo la libertad de pensamiento mientras no sea un elemento que dañe a los demás.

viernes, abril 06, 2012

Económicamente viable

Siempre he sido un admirador de Un día de furia. De la película pero, sobre todo y en realidad, de su protagonista. Sí, ya sé, está un poco chalado, tiene tendencias un tanto violentas y algunas sus reacciones son poco menos que inaplicables en la vida real. Al menos si quieres seguir pareciendo el bueno de la película. Pero su ambigüedad me intrigó. Me atrajo la idea de un tipo que, por muy mentalmente desequilibrado que se le vea, va por ahí luchando contra las injusticias de la vida cotidiana, esas pequeñas cosas que a todos nos cabrean y con las que tragamos y tragamos sin poner nunca un punto final a nuestro aguante. Y dentro de esa película, no sé si lo suficientemente valorada o recordada tantos años después de su estreno (es de 1993 y, para mí, el mejor trabajo como director de Joel Schumacher), hay una escena que me llamó poderosamente la atención, la del tipo que no era "económicamente viable".



Cuando uno tiene quince años normalmente no se para a pensar en esas cosas. Pocos con esa edad están pensando en el futuro o son verdaderamente consciente de la necesidad de manejar dinero para poder sobrevivir en esta vida. E incido en lo de sobrevivir. No creo que entendiera aquella escena del todo cuando la vi por primera vez. Todo lo que implicaba. El porqué de la desesperación de aquel tipo que pegaba gritos pancarta en mano. Lo que escondía detrás de su reclamación pública. La clase de mundo del que estaba hablando, hace ya veinte años, un mundo en el que las personas nos hemos convertido en números, en balances, en gráficas, en estadísticas. Ya no somos personas. No para demasiada gente que tiene poder de decisión sobre nosotros y nuestras vidas. Ahora entiendo ese "no me olvides" con el que ese hombre se despide el carismático personaje de Michael Douglas.

Y ahora leo, veo y asumo que no sólo no hemos mejorado, sino que hemos empeorado. Si hace veinte años las personas ya eran números, ahora son menos que eso. No me gusta ese mundo. No me gusta este mundo. No lo entiendo. Los números dejaron de gustarme por culpa de una profesora de instituto que estaba más pendiente de los números que de que sus alumnos aprendieran algo. Y así me hice de letras. Sigo siéndolo, claro. Y por eso sólo me quedan las palabras para lamentar que se estén difuminando cada vez más las historias que esconden los números. Las personas que hay detrás de una cifra. Las vidas que se pierden, se malogran o se malgastan detrás de una estadística. Ese "no me olvides" se refería a esto precisamente. A que en el momento en que no le pongamos rostro a una cifra estaremos cayendo en la negrura del olvido. Y estamos en ese camino, ya lo creo que estamos en él. Si no nos detenemos, llegará un momento en el que casi todos dejaremos de ser económicamente viables. ¿Y entonces qué?

lunes, febrero 27, 2012

Iñaki Urdangarín: el daño de la codicia y la creación de ídolos de barro

Todo lo que hay ahora mismo alrededor de la figura de Iñaki Urdangarían me chirría. Absolutamente todo. No seré yo quien afirme con rotunidad a estas alturas del proceso que es culpable de ningún delito, pero todas las informaciones periodísticas aparecidas hasta ahora, además de su maratoniana declaración ante el juez, no le ponen en una situación esperanzadora. Si realmente ha aprovechado su posición para llevarse dinero en cantidades sonrojantes, es como para pensar mucho en qué efectos tiene la codicia en algunas personas. Un tipo que tiene la vida resuelta, y una buena vida, pone en peligro su libertad, su imagen, su fortuna, la relación con su esposa, familia y amigos, e incluso el prestigio de la institución que ampara al Jefe del Estado... ¿por dinero? Si ya lo tenía. Triste existencia la de aquellos irresponsables que, no por tener algo sino por tener más, son capaces de llevar al abismo más negro de la vida a aquellas personas a las que quieren o a aquellas que han confiado en uno.

Supongo que no es más que el reflejo de la irresponsabilidad manifiesta que hay en tantos estratos de la sociedad (¿en todos?). Y esto también me lleva a pensar que hablamos de las personas que aparecen en la televisión o en las revistas con demasiada facilidad y con un desconocimiento mucho mayor del que nos gusta reconocer. Es posible que ahí esté la razón de que no crea demasiado en aquello de tener ídolos. La admiración se profesa hacia personas de las que lo sabes casi todo. Y creemos que de las personas que hay en la esfera pública tenemos ese conocimiento, pero es una ilusión falsa. A la espera, insisto, de que esté certificada su culpabilidad (porque, ingenuo de mí, uno sigue creyendo en la presunción de inocencia y en la injusticia de los juicios paralelos y populistas), Iñaki Urdangarín pasó durante años por el yerno ideal. Se le contrapuso al entonces marido de la otra infanta, Jaime de Marichalar, y a Urdagarín le tocaron todos los parabienes. La gente hablaba de Iñaki Urdangarin como si fuera parte de su propia familia. Qué majo, qué guapo, qué educado. Y ahora resulta que no es así. O no queremos que sea así.

Los medios de comunicación y los periodistas (esos que no queremos ser conscientes de la degradación de nuestro trabajo a todos los niveles; un recuerdo para los compañeros del diario Público tras el cierre de su edición en papel) tenemos parte de culpa. No existe el análisis, no hay investigación real, asumimos demasiadas censuras o autocensuras. Y cuando los asuntos estallan, obligamos a elegir bandos. Nos obligamos a nosotros mismos y obligamos al resto de la sociedad. Con Iñaki Urdangarín, todo estaba pintado de rosa. Ahora está en negro. Antes era un tipo ejemplar. Ahora es un ser despreciable. Tenemos más interés en saber si va a entrar en los juzgados a pie o en coche y en saber dónde se va a sentar y durante cuánto tiempo va a declarar en lugar de hacernos preguntas más profundas (que, afortunadamente, en este caso parece que sí se están haciendo desde algunos ámbitos). Nos importa más la foto del momento que el momento de la foto. Y creo que nos equivocamos tanto en la forma de encarar estas cosas que al final equivocamos también a todo el que nos ve o lee.

¿Aprenderemos? No, seguro que no. Seguiremos creando ídolos de barro y figuras ideales que en realidad desconocemos, de la nada y sin preguntarnos qué hay detrás.

lunes, diciembre 05, 2011

Dos caminos

Lo habitual cuando uno toma una decisión es que haya al menos otro camino posible, cuando no muchos más. Pero uno siempre hay, más allá del que hayamos elegido. Dos caminos y una elección, la que tenemos que tomar siempre que alcanzamos un cruce de caminos. Y esa elección, sumada a todas las que todos nosotros adoptamos, los movimientos conscientes o inconscientes de todos los que convivimos en una sociedad, son lo que marca nuestras vidas. Muchas veces es la sociedad la que nos arrastra a seguir un camino concreto. Y a fuerza de repetir que ese camino es bueno, es bonito, es beneficioso, es necesario o es, simplemente, el mejor, acabamos creyendo que ese, el que escoge la sociedad mayoritariamente, es el camino correcto. Incluso quienes no lo creen así, pueden acabar arrastrados por el poder de la masa y claudicar ante esa avalancha. Pero de vez en cuando surgen esos hermosos ejemplos que evidencian que la sociedad se puede equivocar, que la mayoría no tiene por qué tener razón, que hay otras alternativas posibles.

En Italia se publicó hace unos días una noticia que llamó mucho mi atención. Por motivos en realidad desconocidos y que tampoco influyen en la cuestión, un empresario llamado Enzo Rossi decidió hacer un experimento que consistió en tratar de vivir un mes con 1.000 euros de salario, algo más incluso de lo que paga a sus empleados. Y el día 20 se quedó sin dinero. Como consecuencia de haber averiguado de una forma tan directa cómo viven quienes trabajar para él, decidió subir el sueldo de sus empleados en 200 euros mensuales. Siempre he dicho que lo que gana un trabajador normal es la base, no sé si la única pero sí una importante, de los actuales problemas sociales y económicos. Los de verdad, no los de los grandes estudios o las cifras macroeconómicas. Si el sueldo fuera una recompensa real a nuestro trabajo, habría más ahorro, habría más gasto, habría más satisfacción con el modelo económico y laboral que hemos escogido. Habría más vida. Pero no. La tendencia obliga ahora a bajar los sueldos. Que estamos en crisis, dicen como explicación. Y más crisis habrá si cada vez ganamos menos. Otro camino es posible.

En España hubo otra noticia que, en las elecciones generales del pasado 20 de noviembre, se quedó en una anécdota o, casi, en una breve anotación. IU consiguió un escaño por la provincia de Málaga. El número uno de la candidatura de la formación de izquierdas se llama Alberto Garzón, ex portavoz del movimiento 15-M. Decían que las protestas de los llamados indignados no podían acoplarse en el sistema porque precisamente luchaban contra ese sistema. Decían que el movimiento no podía tener portavoces visibles porque iba en contra del espíritu del movimiento. Decían que lo importante era la protesta, y no la valía de sus cabezas visibles. Alberto Garzón ha dado la cara, ha entrado en el sistema, se ha demostrado portavoz eficaz y sabemos que se licenció en Economía, que tiene un máster de Economía Internacional y Desarrollo y otras muchas más cosas de su extenso currículum. El paso de Alberto Garzón es decidido, es el que consideraba necesario para el desarrollo real del 15-M y sus ideas. Hace unos meses, muchos me dijeron con virulencia, aquí mismo en este blog, que estaba equivocado cuando sugerí algo así. Yo, desde luego, veré con mucha atención lo que haga este valiente y comprometido diputado. Y seguiré su camino.

viernes, septiembre 16, 2011

Policías

Anonymous ha publicado en Internet datos de 30 agentes de policías adscritos al servicio de escolta de Presidencia del Gobierno, con el evidente riesgo que supone para su vida y para su profesión que se pueda conocer su identidad. Los enfrentamientos en que acabaron algunas manifestaciones del 15-M provocaron numerosas y contundentes críticas hacia la Policía. Se hablaba de brutalidad policial y de actuaciones desmedidas, se evocaba a los grises (me vais a disculpar la interrupción asombrada, pero ¡como si la actual situación política tuviera que ver con aquella!) e incluso, en las opiniones más extremistas, a regímenes totalitarios y fascistas. Hace unas cuantas fechas recuerdo que en el barrio madrileño de Lavapiés también hubo enfrentamientos con la Policía, en los que llegaron a pedir (en serio) que se marcharan del barrio. Seguro que me estoy dejando muchos ejemplos, pero creo que estos son suficientes para dejar clara la animadversión creciente que mucha gente tiene hacia la Policía. Y es algo que no sólo me llama la atención, sino que también me preocupa.

No seré yo quien niegue las acusaciones concretas que puedan hacerse. Pero sí me voy a atrever a negar la mayor y a rechazar el tópico. Da la sensación de que mucha gente se queda la mar de contenta apostando por la generalización, presumiendo de que cuando ve un policía cruza de acera por si acaso, difundiendo que la culpa de todo enfrentamiento con las fuerzas de seguridad es sólo por su culpa, entendiendo los comportamientos negligentes de uno, dos o cuantos policías sean a todo un cuerpo, a toda una profesión. Me llama la atención, sí. ¿Sabéis por qué? Porque los policías son personas. Como yo. Como tú que estás leyendo estas líneas. Y los hay que son unos auténticos cafres y los hay que derrochan profesionalidad y buena educación. Como en mi profesión. Como en la tuya. Funcionarios, periodistas, médicos, informáticos, telefonistas, barrenderos, mecánicos... En todas partes hay grandes trabajadores y grandes impresentables. Es evidente que un policía tiene un poder que no tienen otros profesionales. ¿Pero no se puede pensar eso de los médicos? ¿O de los jueces? ¿O de cualquier otra profesión que tenga nuestras vidas o nuestros derechos sobre la mesa?

¿Por qué parece que a algunos colectivos les interesa tanto difundir una imagen tan negativa de la Policía? O, quizá, habría que decir en algunos momentos. Quiero decir que todos nos alegramos de que la Policía esté de nuestro lado cuando nos toca vivir una tragedia en nuestras vidas con un delito de fondo. Ante un asesinato, un robo, una violación o lo que sea. Ahí sí nos quejamos de que no hay suficiente policía. También les felicitamos ante cualquier operación antiterrorista o cuando nos enteramos de que los delitos bajaron un 6 por ciento en 2010. Pero qué bien parece venir un policía cuando hay que buscar un malo, un chivo expiatorio, un argumento con el que reforzar nuestras posiciones, sean las que sean. Habrá un policía concreto que sea un cabrón. Ese que da palos en las manifestaciones sin justificación alguna y que lo disfruta. Uno. Dos. Los que sean. Pero no son todos. Habrá un mando policial que sea un cafre y dé ordenes abusivas. O dos. O los que queráis. ¿Todos? Lo dudo. Pero parece que generalizar no importa cuando uno le viene bien esa generalización.

¿Cómo os sentaría a vosotros que se generalizara de forma despectiva e insultante hacia todos los que formáis parte de una profesión? A mí no me gustan las generalizaciones. Nunca me han gustado. En el caso de la Policía, reconozco que me parece una generalización preocupante. Igual vuelvo a ser un facha por decirlo. Pero es que los policías son también personas. Conozco a algunos. Y, qué queréis que os diga, son gente fabulosa. No son de los que irían por ahí dando porrazos a chavales inocentes sólo porque les apetezca. De hecho, me han contado cosas muy diferentes a las que más difusión han obtenido por la red. Cosas que contradicen esa visión fascista y violenta de lo que siguen siendo los cuerpos de seguridad del Estado. Me viene a la cabeza una imagen, de esas que alumbran esperanza aunque luego no sean para tanto. Cuando Miguel Ángel Blanco estaba secuestrado, recuerdo a agentes de la Ertzaintza quitándose los casos, las máscaras y los pasamontañas. Recuerdo que la gente les abrazaba. Recuerdo que me pareció una de las cosas más bonitas e inspiradoras de aquellos días.

Y ahora la Policía vuelve a ser el malo de la película. Para mí, no. Un policía, vale. La Policía, no. Y me parece preocupante que las masas vean admisibles todo tipo de ataques, algunos delictivos como el de Anonymous, contra quienes se supone que tienen que velar por nuestra seguridad. Preocupante y peligroso.

viernes, septiembre 09, 2011

Principios

En uno de esos arranques de genialidad que llenan páginas y páginas de frases célebres, Groucho Marx dijo en una ocasión: "Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros". Parece una frase cómica, una pincelada del humor irónico y algo cínico del que siempre hacía gala Groucho, el único hermano Marx que de verdad me hacía reír siempre. Pero en realidad no es un chiste. Ojalá lo fuera, pero no lo es. Es una realidad. Una triste realidad. Vivimos en un mundo en el que los principios son de quita y pon. Valen unos y los contrarios. No importa lo alto que se grite una proclama, la vehemencia con la que se acorrale a quien piensa lo contrario, los límites que uno está dispuesto a traspasar en defensa del lema de una pancarta, que el comportamiento de ese mismo sujeto tan aparentemente convencido de lo que hace seguramente irá en contradicción con sus ardientes palabras. Y me da pena. Me da mucha pena. Siempre he creído en los principios, siempre he creído en la palabra. Y siempre defenderé a quien actúa por lo que cree, aunque mi pensamiento sea el contrario. Pero cada vez tienen menos valor porque vivimos en una sociedad que se empeña en despreciar los principios.

No importa con cuanta fuerza pidas que se no se vote a los políticos de turno, que en las siguientes elecciones se batirá el récord de participación. Si proclamas a gritos que hay que cuidar el medio ambiente, lo más probable es que tengas en el garaje de tu casa dos coches y que recicle el vecino porque es un coñazo tener tres cubos de basura en casa. Cuando exiges a alguien que haga su trabajo para no complicarte la vida, seguro que te estás olvidando de todas las veces que tú mismo no has cumplido tu cometido con la eficacia que le exiges a los demás. Es injusto que haya tanto joven sin poder acceder a una casa, pero mi segunda residencia que no me la quite nadie. Racista no soy, pero los moros esos de la calle de al lado podían irse a su país. Soy de derechas, pero me lo callo. Soy de izquierdas, pero reniego de ello. ¿Los bancos? Unos ladrones contra los que está moralmente permitida cualquier acción, pero por supuesto que me presten unos cuantos kilos para comprar mi chalecito. Tomemos el espacio público, pero que se callen a partir de las doce de la noche que tengo que dormir. ¡Hay que acabar con los empresarios explotadores! Pero firmo un contrato que no contempla las horas extras por el que percibo poco más de 800 euros a final de mes.

Al final, la conclusión es que no sirve de nada tener principios. La sociedad lo penaliza, los individuos lo castigan. Lo que funciona es no ser competente en el trabajo. No tener ideales que sean acordes con el comportamiento. Decir una cosa pensando en el qué dirán, en la imagen, en lo políticamente correcto y después hacer lo que uno realmente quiera. Mis principios, que queden claros desde el principio. Pero si no gustan, siempre habrá otros con los que uno quede mejor ante otras personas. Qué pena.

lunes, agosto 22, 2011

Charlot y la visión de Charlot

Una de las leyendas urbanas más interesantes que he leído en mi vida es aquella que habla de que Charles Chaplin se presentó una vez, de forma anónima, a un concurso de imitadores de Charlot, el entrañable vagabundo que creó para el cine. Buscaban al mejor Charlot posible, el que más se acercara a las señas de identidad del personaje. Cuentan que Chaplin, a pesar de su directo conocimiento del personaje a imitar, pues fue él mismo quien le dio vida y el único que sabía lo que pensaba cuando lo creó, no ganó ese concurso. Unos dicen que quedó en segunda posición. Otros que fue tercero. Algunos más que ni siquiera llegó a la final de este particular evento. No sé si esto llegó a suceder en realidad o si simplemente es una bonita historia que nunca llegará a confirmarse del todo. Supongo que nunca se tendrá la certeza absoluta. El caso es que la leyenda tiene implicaciones interesantes.

Imaginad las caras de aquellos que actuaron como jurados de aquel concurso al saber que no supieron reconocer al auténtico Charlot, que pensaron que un imitador era mejor Charlot que el propio Chaplin. Todo el mundo conocía a Charlot porque le habían visto en sus películas, seguro que todos los que presenciaron hubieran jurado que sí, que sabrían identificar sus rasgos a la perfección. Pero a la hora de ver lo que hacía de Charlot lo que era, estas personas no acertaron. Le conocían, pero no supieron reconocer a Charlot. Vieron sus características en otra persona que nada tenía que ver con Charlot. La imagen que tenían de él no era la que se correspondía con la realidad, aunque ellos creían que sí y nadie podría haberles sacado de su error. Su Charlot, el que habitaba en sus mentes, no era el Charlot real. O, al menos, no era el Charlot de Chaplin. Era una versión, idealizada o tergiversada, del personaje.

Pero, por muy intensamente que pensaran lo contrario, ese que tenían en sus mentes no era Charlot. Es curioso cómo, sin quererlo, tenemos esa capacidad de modificar la realidad. Y lo más probable es que mucha gente no se dé cuenta de que su visión no es real ni aunque tengan la prueba delante de sus propios ojos. Y es que no basta con mirar, hay que ver. Igual que no basta con oír, hay que escuchar. Porque, de lo contrario, corremos el riesgo de pensar que Charlot es como nosotros nos lo hemos imaginado y no como es en realidad.

jueves, agosto 18, 2011

Buscando grises

Busco espacios grises. Necesito lugares en los que no me etiqueten necesariamente como miembro de un bando u otro. Deseo encontrar lugares en los que se pueda hablar de todo sin necesidad de que los de cada bando me demonice. Y no los encuentro. Los busco. Todos los días. Pero no los encuentro, cada vez me resulta más difícil encontrarlos. No sé si hace falta decirlo, pero me parece un problema grave. Grave porque estamos limitando de una forma insospechado la libertad de expresión. Y la de pensamiento. Grave porque miramos mal a quien no piensa necesariamente como nosotros. Grave porque eso, no puede ser de otra forma, acaba en enfrentamiento. Lo peor es que es una sensación tan extendida que alcanza ya a todos los terrenos posibles. Y si en esa refriega acaban la política (no voy incidir más en el 15-M, porque ya traté ese tema días atrás en dos ocasiones), la religión y el fútbol, el extremismo está más que asegurado.

Por cuestión de moral, de creencia y de pensmiento, estoy en las antípodas de lo que pretenden las Jornadas Mundiales de la Juventud que se celebran en Madrid. No tengo puntos de encuentro con una Iglesia que vive ajena a la sociedad actual, no entiendo la reiteración de mensajes hacia quienes no sentimos como ellos o el juicio moral continuo hacia nosotros. Pero es que, además, no entiendo, no comparto y jamás apoyaré los privilegios de los que está gozando el peregrino que ha venido hasta Madrid a ver al Papa. Privilegios que yo no tengo cuando acometo cualquier aventrua o experiencia en otra ciudad o país, ni mucho menos en mi vida cotidiana. Privilegios que van desde la apertura de edificios públicos para que sean utilizados como albergues, un abono transporte a precio ínfimo que en Madrid no disfrutan por citar dos ejemplos ni parados ni jóvenes, o incluso que no se les cobre por la asistencia sanitaria (aunque cuando se trate de linchar al rival político este sea un tema muy demandado).

Con este planteamiento, sería fácil caer en la tentación de ponerme en el otro extremo, pero me es imposible. Imposible porque el objeto de mis iras no puede ser nunca el creyente. Si alguien quiere creer, está en su derecho, por mucho que a mí no me guste. Las proclamas que he escuchado, aunque los convocantes de las iniciativas intenten que sean críticas a la subvención pública de estos eventos, van contra la Iglesia por ser Iglesia y contra sus fieles por lo que sienten y piensan. Usan argumentos demagógicos y simplistas, en los que en realidad no creerán pero que quedan muy bonitos en eslóganes. Y buscan el enfrentamiento, con lo que, al igual que me sucede con el 15-M, el primer mensaje que me llega es el de la confrontación, el del follón, el de la falta de respeto, y no el de las ideas, el de los proyectos, el de las iniciativas constructivas. Unos y otros querrían en su bando a cuantas más personas mejor pero sin escuchar lo que tienen que decir. Y así yo no quiero entrar en ninguno de los dos.

Busco también grises en este duelo inagotable entre el Barcelona y el Real Madrid, pero no los encuentro. Quisiera hablar de fútbol, porque sobre el césped despliegan a algunos de los mejores jugadores del momento, pero no quieren que hable de fútbol, que disfrute con la forma de jugar, tan divergente como entretenida, de cada uno de los dos equipos. No me dejan. Veo malos ganadores y veo malos perdedores. Veo un espectáculo poco edificante al que, a diferencia de lo que he sentido siempre, no me gustaría que se acercaran los niños. Veo a dos bandos culpables, cada uno con su elevadísima cuota de responsabilidad, pero que no son capaces de darse cuenta de los errores que estamos cometiendo y de la parte que tienen en el follón desatado y ya sin control en que se han convertido sus partidos.

Lo fácil es tirar contra Mourinho. Fácil y justo, por cierto. El portugués no es santo de mi devoción. Nunca lo ha sido. Su actitud es nefasta gane o pierda y estoy seguro de que está detrás de muchas de las cosas que han sucedido. Como de las acciones violentas de Marcelo o Pepe, que rozan la provocación y la tarjeta roja en cada entrada que hacen. Pero miro al otro lado y tampoco me gusta lo que veo. Detesto ver a Piqué con su mano levantada con los cinco dedos, burlándose de su rival. O a Xavi dando lecciones después del partido. O a Busquets tirándose. O a Messi desplazando el balón. O al banquillo del Barça saltando como loco buscando esa confrontación que tanto debiéramos evitar. Y al final, me da igual quien gane. Me da igual cómo jueguen. El fútbol pierde todo su valor porque sólo veo dos uniformes de guerra y una cruenta batalla en la que lo importante es destrozar al rival. Antes, durante y después de los partidos. Así, tampoco puedo entrar.

Busco grises. Desesperadamente. El blanco y el negro cada vez me son más insoportables. ¿Se viene alguien en mi búsqueda? Me iré solo si es preciso, pero me gustaría encontrar compañeros de viaje que valoren el respeto por encima de todas las cosas. Que admitan que los caminos del contrario son tan libres como el nuestro, aunque no lo compartamos. Que sepan expresar sus quejas sin necesidad de apabullar al otro. Que quieran entender que el mundo no puede moverse en una única dirección y que es posible trazar líneas paralelas y también que se crucen. Que no hace falta ir siempre en contra de todo lo demás. Que podemos dejar vivir al resto, crean o no lo mismo que nosotros. Los grises, vaya. Esos lugares en los que no existen verdades absolutas que haya que imponer a toda la humanidad.

martes, agosto 16, 2011

10.000 euros, un toro y un muerto

Cuando digo que no termino de creerme muchas cosas de esta crisis es por casos como éste. Por muchas más cosas, vaya, pero esto me reafirma en mis ideas. El pasado domingo, un toro llamado Ratón mató a una persona en Xàtiva. El toro en cuestión le costó al Ayuntamiento la friolera de 10.000 euros. No tenemos dinero para medicamentos, para sanidad, para educación y para no sé cuántos servicios básicos más, pero los toros que no falten. Y que no falten, además, pagando por encima del precio de mercado, porque dicen en muchas informaciones que ronda los 2.000 euros el coste normal de un toro para estos festejos veraniegos en los que se sumerge España entera con o sin crisis. Ojo, que no es cosa sólo de las administraciones, que también he leído que las entradas por ver a este toro son más caras que las de otros eventos sin él. ¿Y por qué pagar más por Ratón? Dicen que por su larguísimo historial de cogidas y por contabilizar ya dos muertos.

Es decir, que se trae a este toro a las fiestas patronales porque va a generar situaciones de riesgo. Embestidas. Cogidas. Cornadas. ¿Por qué no muertes? Si en el fondo es el morbo lo que nos mueve, ¿por qué una muerte tendría que echarnos para atrás? Más bien al contrario. Esa parece ser la grotesca filosofía, y así lo deja claro que al ganadero propietario de Ratón le ofrezcan cantidades ingentes de dinero o lo que dice la publicidad de dichos festejos, en las que se incide en el carácter sanguinario del animal para atraer a la gente (ya que estamos, si a un perro se le sacrifica cuando protagoniza un episodio violento, ¿por qué a un toro no?). Y funciona, claro que funciona. Por supuesto, cuando una muerte se produce todo el mundo parece llevarse las manos a la cabeza. Que si cómo se paga esto con dinero público. Que si por qué se trae a un animal así. Que si quién ha permitido que alguien con más alcohol de la cuenta se enfrente al toro. Todo esto llega tarde y se apagará pronto. Dentro de nada dejaremos de hablar de este tema... hasta la siguiente muerte.

Mientras tanto, seguiremos celebrando fiestas. Pagando dinero público. Y si no pasa nada más, si no hay más muertes en estas asombrosas luchas contra los toros, es porque la suerte o la providencia no quieren. A nadie parece importarle que, año tras año, centenares de pueblos celebren encierros con unas medidas de seguridad lamentables, y nadie pide cuentas a los políticos por ello... a menos que pase algo. A nadie le preocupa que el morbo y la posibilidad de ver un incidente serio y grave sean los motivos que arrastran a la gente a ver estos espectáculos... lo que nos convierte en protagonistas mucho más rastreros que un toro que, en el fondo, lo que hace es defenderse. A nadie le importa el dinero público que se gasta y malgasta en estos eventos... cuando no faltan críticas a gastos en otras partidas, de cualquier tipo. Lo importante es la fiesta. Siempre la fiesta. El precio es lo de menos, parece que incluso cuando se paga en forma de una vida.

Nunca me han gustado los toros. Nada en absoluto. Pero si alguien quiere jugarse la vida delante de un animal como ése por el dinero que le pagan, está en su derecho. Es un trabajo como cualquier otro, me guste a mí o no. Cuando saltan a la arena, saben el riesgo que corren y cobran por él. ¿Los encierros y entretenimientos similares? Eso sí que escapa por completo a mi comprensión. No sé qué puede motivar a una persona a jugarse la vida de esa forma. Me dirán que es por la emoción, por la adrenalina, por la experiencia sin igual. Me dirán cualquier cosa, pero yo no la entenderé. Y tampoco entiendo el morbo que mueve al espectador. Jamás se me ocurriría ir a ver un espectáculo en el que sé que gente normal puede morir. Igual tenía razón un hombre que entrevistaron a raíz de este suceso. Igual merece la pena sacar leones en lugar de toros, que así la cosa tendría más gracia. ¿Cuánto cuesta un león? Que igual el sangriento espectáculo nos sale así más barato.

jueves, julio 28, 2011

Móviles

Empieza a ser ya una certeza incontestable, que ni siquiera un científico podría demostrar tan sólidamente. Cuando uno se sienta en un cine a ver una película, siempre habrá un teléfono móvil que suene. Incontestable, oiga. No falla. La modalidad de la sintonía es la más compartida en las experiencias cinematográficas, es decir, simplemente que el móvil suene. La vergüenza (o el improperio de otro espectador) suele llevar al dueño del aparatito a colgar inmediatemente. Pero ahí no acaba la cosa, no. También hay ocasiones en las que alguien se pasa toda la película mirando la pantalla de su móvil. ¿Por qué demonios pagar una cantidad bastante respetable de euros si lo que te apetece es chatear con la novia o consultar el correo electrónico? Intrigante cuestión, desde luego, que se escapa a mi comprensión. Algún día, si me encuentro de humor, igual hago una encuesta.

Pero, dentro de estas experiencias, para mí el ser despreciable por excelencia es aquel que entra al cine, que no apaga su teléfono, ni siquiera lo pone en silencio, recibe una llamada, lo coge y le empieza a contar a su interlocutor que está en el cine y que por ese motivo no puede hablar, que luego le llama y hablan tranquilamente. Para mí es irremediable pensar, dígamoslo eufemísticamente, de forma negativa de semejante vecino de butaca. Pero es que si además el momento llamada se produce no una sino dos veces, y en ambas ocasiones escucho la misma conversación, ya me falta poco para el improperio público. Hoy estaba dispuesto a armar un pollo si el teléfono sonaba una tercera vez y el individuo que estaba sentado en la fila de atrás lo cogía por tercera vez para protagoniza esa conversación. Y una de dos, o ha habido suerte (para él y para mí) o las vibraciones negativas dejan a los móviles sin cobertura. De esto no tengo una certeza científica absoluta, no sé decir qué es lo que ha sucedido.

Lo confieso. Mi fantasía violenta irrealizable, aunque sólo sea por el respeto al prójimo que uno tiene (un sentido que ya sé que le falta al egoísta común de los mortales), es coger el teléfono móvil de ese imbécil que no sólo decide no apagarlo sino que además se permite el lujo de cogerlo y mantener una conversación, tirarlo al suelo y pisotearlo con todas mis ganas. Y si su dueño protesta, coger los restos... y mejor paro, que esto va a parecer una película de Tarantino y no es plan. Que Tarantino me gusta tan poco como los impresentables que van al cine creyéndose que están en el salón de su casa. Claro que en su casa no se permiten el lujo de comportarse como cerdos y poner el suelo hecho un asco de restos de palomitas, refrescos, nachos con queso y demás enseres por los que, pásmense, pagan antes de sentarse en su butaca cantidades tanto o más elevadas que las que desembolsan por la entrada para ver la película. Y luego dicen que hay crisis...

domingo, julio 17, 2011

Los sueños, sueños son

- Cariño, tú crees que te llamarán del Today Show para ficharte desde los ocho años, y eso no va a pasar.


- Eso sí, eso ya lo sé, tienes razón.


- En parte la culpa es mía. Dejé que tu padre te diera esperanzas. Él no era una persona feliz, esa es la verdad. Cuando vio que apuntabas tan alto empezó a sentirse mejor, así que no le dije nada.


- ¿Qué insinúas?


- Tenías un sueño, ¿no? ¡Genial! Cuando tenías ocho años era encantador. A los 18 era inspirador. A los 28 es realmente vergonzoso. Y quiero que pares antes de que lleguemos a desgarrador.


Morning Glory (Roger Michell, 2010)




Detesto a la gente que piensa así. Cada día que pasa detesto más a quien fija una determinada edad o un momento concreto de la vida como el indicado para dejar de soñar. Y detesto aún más a quienes se creen con derecho de decir a los demás qué, cuándo y cómo pueden soñar. Los sueños son libres, y no importa que tengas 18 o 33 años, que seas hombre o mujer, que tu sueño parezca inalcanzable o que esté al alcance de la mano, que dependa de ti o de otras personas, que sea algo trivial o que por el contrario sea algo trascendente en tu vida. Todos los sueños valen precisamente porque son sueños. ¿Y sabéis qué? A veces los sueños se cumplen. Y a veces no, pero no por ello hay que dejar de soñar mil sueños que se puedan convertir en realidades. Y los sueños, sueños son. Sí, detesto a quienes no quieren que soñemos, a quienes creen que soñar es algo negativo.