domingo, agosto 12, 2012

Londres 2012, algunas reflexiones

Londres 2012 está a punto de ser historia. Han sido unos Juegos Olímpicos grandiosos, unas semanas de deporte de altísimo nivel, de pulsaciones disparadas, de emociones a flor de piel, de competición noble y apasionante. No hay nada como unos Juegos Olímpicos. Nada. Y éstos, los terceros de Londres, han dejado un puñado de momentos memorables a nivel deportivo. Phelps convirtiéndose en el atleta con más medallas de la historia, Bolt siendo el primero en conseguir el oro en 100 y 200 en dos Juegos consecutivos, el interminable Federer - Del Potro, la final de baloncesto y el nuevo casi de España ante Estados Unidos... Instantes inolvidables, éxitos y fracasos, deporte en estado puro. Y una gozada incomparable para los que disfrutamos con el atletismo, el tenis, la gimnasia artística, el waterpolo, el hockey hierba o el piragüismo. Dentro de cuatro años, Río. Y, al menos delante del televisor, ahí estaremos para disfrutar con un nuevo episodio de la leyenda olímpica.
Quedan esas imágenes memorables y otras muchas más, pero también detalles un tanto incomprensibles que deslucen, siquiera en el detalle que pasará desapercibido para la mayoría y sin ocupar las líneas que estos Juegos tendrán en los libros de historia, la importancia de la más grande cita deportiva. Quizá son cuestiones menores en unos Juegos que han estado a una altura brillante en cuanto a su organización, y que han contado con el respaldo masivo del aficionado británico y del internacional, con una villa olímpica abarrotada y unos recintos deportivos siempre llenos de público. Pero para el deporte yo soy un clásico, un romántico. Y por eso creo Londres ha fallado en el simbolismo. Falló en no escoger a un deportista para que fuera el último relevista de la llama olímpica. Falló con un pebetero que no se podía ver desde fuera del estadio para iluminar el espíritu olímpico del mundo y que desde dentro tampoco impresionaba. Falló al arrebatar a marchadores y maratonianos la gloria de entrar en el estadio olímpico y recibir el aplauso de sus miles de espectadores como premio a su descomunal esfuerzo. Falló en todo eso y no entiendo muy bien por qué, porque parecen cuestiones muy básicas.
España ha fallado también en algo muy simbólico. En estos Juegos de las mujeres por muchos motivos, ha perdido una ocasión de oro para nombrar abanderada en la clausura a una mujer. Craviotto se merece la bandera, eso es indudable, pero habría sido otra imagen para el recuerdo. Londres también ha fallado en algo de lo que no se quiere hablar en el entorno del deporte y sigo sin entender por qué. Siguiendo sólo con atención la actuación de los deportistas españoles, y no creo que haya una conspiración internacional contra nuestro país, ha habido muchas decisiones arbitrales incomprensibles. No por equivocadas, ojo, sino por premeditadas, inexplicables o irresponsables. A mí no me inquieta que un gol de España ante Croacia en Waterpolo haya entrado o no, sino que el juez de línea dé gol y el principal, peor colocado pero con más poder, diga que no ha sido. No me preocupa que un árbitro de hockey hierba no pite penalti corner en dos ocasiones a favor de España en el último minuto de partido, pero sí que ese mismo árbitro se retracte cuando le protestan en masa los jugadores de la selección anfitriona. No me genera malestar que Estados Unidos derrote a España en la final de baloncesto, pero sí que lo haga con una continua injusticia en la señalización de personales a uno y otro equipo y perdonando continuamente los pasos de los americanos.
Dicen algunos que hablar de los árbitros o los jueces es de mal perdedor (eso sólo te lo dicen cuando pierdes, pero no cuando haces notar la catástrofe arbitral, auténtica lacra del deporte moderno, cuando ganas y se dice igualmente), pero yo no lo veo así en absoluto. Los árbitros forman parte del deporte. Su actuación puede ser tan decisiva en ocasiones como la de los deportistas que compiten y como tal hay que juzgarla. Expulsar de los Juegos al árbitro de aquel partido de waterpolo cuenta, pero no es suficiente porque el daño queda hecho. La mayoría de la gente, dirigentes, analistas, espectadores y aficionados prefieren mirar a otro lado, cabrearse cuando les perjudica y callarse cuando les beneficia esta perpetua anomalía deportiva. A mí me ilusiona el taekwondo, que ha introducido sensores en los petos para acabar con la conocida y denunciada arbitrariedad de los jueces a la hora de marcar los puntos. Si tenemos los medios para acabar con las injusticias y garantizar que los mejores ganan en sus deportes, ¿por qué no se emplean? Y si todos vemos que hay arbitrariedad o injusticia en algunos jueces, ¿por qué se toleran estas mafias en las que siempre salen beneficiados los mismos? Me encantaría acabar con la sensación de que España es un país perjudicado en waterpolo o balonmano, pero estos Juegos la ha ratificado.
La prensa tiene parte de culpa en este asunto, precisamente por eso de que sólo alza la voz cuando ve perjudicados los intereses de los suyos. Pasa en el fútbol, en este binomio insufrible Madrid-Barça en el que nos quieren atrapar a todos los demás y hay una extrapolación a todos los deportes. El forofismo se ha instalado en el debate y en la información, y eso no puede ser bueno. No lo es, de hecho, y estos Juegos lo han demostrado. En la primera semana de Londres 2012, muchos sentenciaron que España estaba haciendo un ridículo sin precedentes. El único motivo para esa afirmación era que no se había sumado ninguna medalla (y, probablemente, el efecto contagio del, éste sí, fracaso del fútbol). No se tuvo en cuenta el calendario, las opciones de medalla que quedaban por entrar en liza o deportes que han culminado estos Juegos con éxitos rotundos (pleno de medallas en el taekwondo y natación sincronizada, y de finalistas en el piragüismo, dos oros en vela o, por citar algo más modesto, un espléndido y muy meritorio cuarto lugar en gimnasia rítmica). En la primera semana de Juegos no fracasa nadie, pero el desconocimiento y la necesidad de que todo el mundo opine sobre todo, a pesar de la ignorancia, lleva a juicios equivocados.
Obviamente, yo no soy un especialista en todos los deportes. Por eso agradezco el trabajo de periodistas profesionales como Paco Grande o Valentín Requena, que han sabido transmitir reglamentos, sensaciones y posibilidades de deportes minoritarios (que es como habría que llamar en España a todos menos al fútbol) o de comentaristas como las a veces tan criticadas Gemma Mengual o Almudena Cid (que serán todo lo coloquiales que se quiera pero aportan muchas cosas a las retransmisiones) o Miriam Blasco (lo que puede aprender de judo un espectador escuchando lo que decía durante los combates). Y por eso rechazo las crónicas que se hacen con lugares comunes, citando la garra, la ilusión, el corazón, en las que se prescinden de comentarios técnicos y explicaciones auténticamente deportivas. O en esas entrevistas que no cuentan en absoluto el desarrollo de las pruebas, el porqué de los triunfos y las derrotas y preguntan a qué sabe la medalla o se basan en felicitar a los atletas. De eso ha habido bastante en estos Juegos. Nos quieren futbolizar (a un futbolero como yo le duele tener que usar esa expresión, pero creo que es terriblemente adecuada) y no hay que permitirlo. No lo van a conseguir porque los Juegos son los Juegos. Y eso es algo tan grande que sólo se puede vivir cada cuatro años.

martes, agosto 07, 2012

Una limpia ideológica siempre es una mala noticia

Con el cese de Ana Pastor, el asunto ha cobrado relevancia y ha llegado a los titulares, pero esto venía gestándose ya desde hace tiempo. TVE vuelve a ser el coto privado del PP, ahora dominado por Julio Somoano, un periodista que abrazó públicamente el lado oscuro en Telemadrid y que ahora se cobra la recompensa de tantos años de esfuerzo. Ana Pastor es el rostro de la limpia ideológica que hace el partido en el Gobierno en la televisión pública, pero no es el único. Es, quizá, el más simbólico, por ser el más esperado. No en vano varios dirigentes del PP ya alardearon de lo poquito que le faltaba a la periodista en el Ente Público una vez que su partido ganara las elecciones de finales del pasado año. Como con todo lo que está haciendo este Gobierno, lo de TVE tampoco me ha supuesto sorpresa alguna. Si acaso, por lo mucho que han tardado en devolvernos a la caverna más oscura del periodismo público, esa que, pese a quien pese, se comenzó a olvidar en las dos últimas legislaturas.

Comentaba este tema con unos amigos hace un par de días. "Eso lo hacen todos", me dijeron. Es verdad, TVE siempre ha sido un juguetito en manos de Moncloa. Ganar unas elecciones implicaba colocar a periodistas afines en los centros de poder de la radiotelevisión pública y que sus mensajes comenzaran desde las elecciones a esquinarse en el espectro político de una forma tan sesgada como evidente. ¿Lo convierto eso en algo menos censurable? No. Pero en todo caso hay diferencias entre estos y "todos" los demás, porque además el momento en que esto llega multiplica su efecto. Supongo que habrá que asumir el pago de alguna que otra indemnización en los despidos que lleguen. O que se dupliquen sueldos al colocar a amigos que sustituyan a profesionales que ahora irán a pasillos o a galeras. Eso, dado que me suena que seguimos en un momento en el que el Gobierno recorta servicios básicos pero parecen no importarle estas cosas, ya huele mal.

Pero huele peor si lo miramos desde el punto de vista del periodismo, esa noble profesión cada vez más hundida en el fango y la podredumbre que pierde credibilidad a pasos agigantados y yo no sé si podrá recuperarla alguna vez. Insisto, le duela a quien le duela y no sin dificultades, TVE había conseguido readquirir una cierta aureola de independencia y calidad en los últimos siete años, desde que Zapatero llegó a la Moncloa. No soy un ferviente fan del periodismo actual, ni siquiera del de TVE. Soy, en cambio, de los que se lleva las manos a la cabeza con lo fácil que parece hoy en día editar y emitir un informativo y lo asumibles que son errores de calado y de simple anecdotario sin que haya consecuencias. Pero habíamos avanzado. Ojo, que veníamos de la negra etapa en la que Alfredo Urdaci se convirtió en el primero director de informativos de TVE condenado por manipulación (aquel histórico y vergonzoso momento de "ce ce o o" al leer el propio Urdaci la sentencia con la que manchó a la televisión pública, entonces más de partido que nunca), y aún así el Ente Público había remontado el vuelo y recuperado algo de reputación.

Hace años entrevisté a Ana Pastor y me dejó alguna frase que ahora cobra más sentido que nunca. Soy un ingenuo para muchas cosas pero para esto no. Sabía que iba a suceder. Y lo sabía porque el PP y sus afines ya aprovecharon el buen momento de TVE para dejar su sello. Ana Pastor vivió en sus propias carnes algunos de los episodios más sonados, por ejemplo cuando la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, lamentó en directo, en Los Desayunos, una falta de pluralidad de TVE que no se sostiene con ningún dato. Pero lo dijo, y algo quedó entre los suyos, por supuesto. También recuerdo en 59 segundos a Miguel Ángel Rodríguez, portavoz del Gobierno en la primera legislatura de José María Aznar, llamando "nazi" repetidas veces y con un gesto de odio al doctor Montes, ya absuelto por la Justicia. Episodios más o menos anecdóticos que confirmaron una triste realidad. TVE es un juguete para el PP, un juguete que se puede romper si están en la oposición y un vehículo de propaganda si están en el poder. Aunque se haga siempre, es triste que lo asumamos y no nos rebelemos. Yo, desde ya, veto los Informativos de TVE como en su día veté a los de Telemadrid por su caza de brujas ideológica y su partidismo descarado. No quiero volver a vivir otro "ce ce o o".

jueves, agosto 02, 2012

Deportes olímpicos más allá de los Juegos: cuestión de valentía

No hay nada más grande que unos Juegos Olímpicos. Discúlpenme quienes no disfruten de este evento, que siempre pueden limitar mi afirmación vinculándola sólo al ámbito deportivo. Yo voy más lejos y lo coloco entre las grandes citas de la sociedad mundial, pero dejémoslo ahí, en que es lo más grande que hay en el deporte. Yo llevo ya una semana saltando de Teledeporte a La 1, mirando resultados en Internet, pensando en el calendario del día y disfrutando con todo lo que puedo. Tenis de mesa, judo, ciclismo, tiro, voley playa, piragüismo, baloncesto, balonmano, waterpolo... y fútbol. Sí, fútbol también. Ahora la cuestión que se debate es si el fútbol debe ser olímpico, pero es un debate artificial, alentado por el fracaso de la selección española en esta competición. Y el caso es que, una vez más, creo que equivocamos el debate y su enfoque.

Se equivocan quienes han disparado las valoraciones de fiasco español en Londres 2012 debido a la eliminación del combinado de fútbol. Se equivocan quienes quieren que todo gire en torno al fútbol y, todavía más concretamente, al Madrid y al Barça, incluso publicitando qué atletas de disciplinas que nada tienen que ver con este deporte siguen a uno u otro equipo. Los Juegos Olímpicos son mucho más que fútbol, e incluso los Juegos son al fútbol la competición menos importante que existe. Evidentemente, si la selección de fútbol hubiera arrasado en la primera fase, las cosas serían distintas. ¿Pero por qué no aprovechar este fracaso puntual, y ahora tan atípico en esta época de éxitos balompédicos, para relanzar el resto de deportes? Si no lo hacemos aprovechando el tirón de unos Juegos, ¿cuándo lo vamos a hacer?

Al final, como siempre se sospecha, muchas veces se dice pero casi nunca se corrobora ni se mantiene en el tiempo, es sólo una cuestión de valentía de quienes deciden qué vendernos. El deporte en España, todo menos el fútbol (si acaso el baloncesto y grandes figuras como Nadal o Alonso), es minoritario porque no recibe la atención de los medios de comunicación, en especial de la televisión. Pero cuando llegan unos Juegos, todos nos hacemos expertos en cuantiosas disciplinas... que no volveremos a ver en cuatro años. Y salen datos de audiencia de Londres 2012 que llaman la atención. Es verdad que dos de los tres eventos más vistos hasta ahora de estos Juegos han sido partidos de la selección española de fútbol, sólo por detrás de un previsible éxito de audiencia como es la ceremonia de inauguración. Pero los demás deportes, considerando el absoluto desconocimiento del común de los seguidores, se defienden con solvencia.

Seguro que a muchos les parece asombroso que un España - Corea de balonmano femenino disputado a las doce y cuarto de la mañana congregara a 873.000 personas delante del televisor, un 16,2 por ciento de la audiencia, que uno de los combates de judo de Sugoi Uriarte, celebrado a las 16.17 horas, llamara la atención de casi 1.900.000 espectadores, un 16,3 por ciento de share, o que el partido de voley playa masculino entre la pareja española que forman Pablo Herrera y Adrián Gavira y la norteamericana, jugado a las 22.25 horas, reuniera a casi un millón de personas en torno a la emisión de Teledeporte. A mí no me sorprende. Porque cuando a la gente le das algo interesante, emocionante, digno y de calidad, lo acaba aceptando. ¿Cuál es el problema? Que ninguno de nosotros veremos otras pruebas que no sean los Juegos Olímpicos de judo, balonmano femenino o voley playa. Y es que los medios no les prestan atención. No hay más.

Michael Phelps se convirtió en el atleta que más medallas ha conseguido en los Juegos Olímpicos, algo histórico y descomunal, y al día siguiente sólo uno de los cuatro diarios deportivos más vendidos de España convertía esa noticia en el tema más importante de su primera plana. Los mourinhos y vilanovas del fútbol tienen más importancia mediática, incluso cuando el fútbol no ha empezado todavía su competición oficial en España. Eso, indudablemente, es para hacérnoslo mirar. Porque luego llegan los Juegos y todo el mundo exige (no pide, exige) un carro de medallas. Evidentemente, hay de todo y en eso caben atletas que fracasan o que van de paseo. Pero yo, qué queréis que os diga, estoy orgullosísimo de gente que va a unos Juegos Olímpicos a dar todo lo que tiene, a luchar por unas medallas que no son fáciles de conseguir y representando a un país en el que el deporte, si no eres futbolista, no basta para vivir de su práctica. Son muchas horas de entrenamiento, son muchos sacrificios. Y eso merece, al menos, un respeto.

Yo a los atletas españoles les doy aún más que mi respeto. No es mucho, pero también les doy mi apoyo incondicional. Les ofrezco mi ilusión durante su competición. Les aseguro que empujo por ellos como si conociera sus trayectorias, sus capacidades y sus sufrimientos diarios. Y les garantizo que tengo ganas de que alguien les haga caso cuando todavía se está a tiempo de ayudarles a conseguir una medalla. No sólo para hacerse las fotos cuando ganan o para ponerles a parir cuando pierden. Porque eso es el deporte, ganar y perder. Y cuando se hace todo lo posible, y a veces incluso parte de lo imposible, a mí me da igual el resultado final. Pero sí quiero que seamos valientes de una vez y les prestemos la atención que su esfuerzo merece, más allá de esta ocasión especial que acontece cada cuatro años. Porque es eso, cuestión de valentía para prestarles atención.

miércoles, julio 25, 2012

La matanza del cine de Denver: reacciones y culpables equivocados

El pasado viernes un asesino acabó con las vidas de una docena de personas en un cine de Denver. Que lo hiciera aprovechando el estreno de la última película de Batman, El Caballero Oscuro. La leyenda renace, ha servido de coartada para lo que sólo puedo calificar de despropósitos periodísticos, sociales y culturales. Todo con el morbo como punto de partida. Casi todo con la hipocresía como base. Siempre he defendido que cuando un asesino mata, el único culpable es él. Pero resulta que cuando un asesino mata basándose en una historia de ficción popular hay que empezar a buscar otros culpables, otras explicaciones, otras causas que se podrían haber evitado. Y yo, ingenuo de mí, no dejo de asombrarme por estas cosas. Soy así, qué le voy a hacer a estas alturas de la película...

En el mundo del cómic, DC ha anunciado que retrasa la publicación del número 3 de la serie Batman Inc., porque "contiene situaciones que podrían ser consideradas material sensible a la luz de los recientes eventos". Al menos es sólo un retraso y no una modificación, porque hay cosas peores. Y es que aún más estupor me ha provocado la noticia de que Warner ha decidido eliminar la secuencia final de uno de sus próximos estrenos, Gangster Squad, porque era un tiroteo en un cine. Como tengamos que suprimir todas las escenas violentas de la historia del cine porque tengan cierta similitud con otra tragedia real, nos vamos a quedar sin películas. Por fortuna, esta moda sólo es cuestión de oportunidad, de márketing, de que se hable de un estreno sin importar que nos estemos cargando el trabajo de años de un equipo y de un cineasta. Es hipocresía, es una autocensura que no tiene razón de ser.

Pero no es algo nuevo. Es de sobra conocido, y muy emblemático, lo que sucedió con Spider-Man, de Sam Raimi. Su primer trailer, maravilloso, culminaba con un helicóptero lleno de ladrones de bancos que el héroe atrapaba con su tela de araña entre las Torres Gemelas, pero llegó el 11-S, el trailer desapareció y la escena se borró casi completamente de la película (los rascacielos se atisban en un breve plano en el reflejo de los ojos de la máscara de Spiderman). Todavía recuerdo con admiración como la misma Warner Bros no sucumbió a la tentación de modificar el final de V de Vendetta, a pesar de que también tenía similitudes con un terrible acontecimiento que sucedió en aquellas fechas (no lo desvelaré para no arruinar el final a quienes no hayan visto el filme o leído el cómic en que se basa). O cómo me entusiasmó que Steven Spielberg no tuviera reparos en colocar un accidente de avión en su versión de La guerra de los mundos, de 2005, junto a otras películas post 11-S que no dudaron en ser fieles a sí mismas.

El Washington Examiner publicó una información con el siguiente titular: "¿Se basó el tiroteo de la película de Batman en un cómic de 1986?". Efectivamente, en El regreso del Caballero Oscuro hay una escena en la que un tipo dispara contra una multitud congregada en un cine. Que sus motivos sean radicalmente opuestos a los del asesino de Denver no importa. Lo que importa para el Washington Examiner es que aquel cómic, "escrito y dibujado por Frank Miller, fue una influencia clave en las películas de Batman de Chris Nolan". "¿Estaba el asesino imitando esta escena del cómic? Puede ser, aunque en la escena el asesino está inspirado por el rechazo que le provoca la pornografía y la música heavy metal. La investigación de la policía sin duda revelará más próximamente", añade. Vamos, que no tiene nada que ver pero aquí lo dejamos para ver si cuela.

En España, ABC tituló su información del pasado domingo de la siguiente manera: "El asesino de Denver: 'Soy el Joker, enemigo de Batman'. Holmes se tiñó el pelo de rojo para parecerse más a un villano de película". El texto de la información tiene once párrafos. La referencia a Batman sólo aparece en dos de ellos. En los titulares, parece más importante la vinculación con esa historia de ficción que el hecho de que matara a doce personas. En el texto, no. En el texto lo que importa es el retrato psicológico del asesino y cómo perpetró la matanza. Pero el titular llama la atención, claro. Como el del Washington Examiner. Y se trata de eso. ¿Que por el camino criminalizamos, o al menos así lo parece, a quien no debemos, al creador de ficción? Da igual. Ya tenemos atrapado al lector. Por cierto, el Joker tiene el pelo verde y no aparece en esta tercera película en la que el asesino decidió matar a doce personas. Pero también da igual.

Para mí, el asesino es el único culpable. Sé que es fácil recurrir a las inspiraciones del mundo de la cultura, pero yo en eso no entro ni caigo. Yo llevo tres décadas leyendo cómics y no me ha dado por ir disparando a la gente por los cines. Llevo toda la vida desde que tengo uso de razón viendo películas con escenas duras y macabras y no me ha dado por imitarlas. He leído docenas de libros con contenidos truculento, morboso y violento que jamás me he planteado llevar a la vida real para experimentarlas como protagonista. Y, sí, peligroso de mí, también he jugado al rol en más de una ocasión. Los asesinos, los psicópatas, los violentos encuentran caminos para revelarse como lo que son. Y yo no voy a apoyar censuras, prohibiciones, alternaciones o cambios en el trabajo de un profesional o de un artista, en el modo de disfrutar la cultura popular, sólo porque un loco haya encontrado en esa obra un motivo de inspiración. Me da igual que sea un cómic, una película, un tipo de música, un deporte o una pintura. La reacción me parece equivocada, tanto como la búsqueda de culpables donde no los hay para satisfacer una fobia hacia una parte del mundo del entretenimiento con la que no se comulga.

lunes, julio 23, 2012

¿Qué es "salir de la crisis"?

Salir de la crisis. Salir de la crisis. Salir de la crisis. No sé cuántas veces habré escuchado ya esa expresión en boca de nuestros políticos, muy profusamente en la mesa de la sala de prensa de La Moncloa tras las reuniones del Consejo de Ministros y especialmente en boca de nuestra vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y nuestro ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Salir de la crisis. ¿Y qué demonios es salir de la crisis? Porque creo que ahí está la clave para entender este embrollo que tenemos montado y del que tan poco nos informa adecuadamente nuestro Gobierno. Con el resultado de las últimas elecciones, yo estaba convencido de dos cosas. Por un lado, hay que ver lo ingenuo que puedo llegar a ser, pensaba que este Gobierno presidido por Mariano Rajoy, arreglaría de alguna manera las grandes cifras económicas. Lo de la primera de riesgo, el déficit y esas cosas de las que la mayoría no tenemos ni idea cómo funcionan pero que inundan titulares e informaciones. En esto, desde luego, no estoy acertando mucho, no.

Pero de lo que sí estaba convencido, y el tiempo sí me ha dado la razón aquí, es de cómo se iba a intentar salir de la crisis. Por mucho que el programa electoral del PP fuera un galimatías de buenas intenciones y frases bonitas que eran imposible de cumplir, su absoluta carencia de compromisos concretos invitaba a pensar lo peor. Para mí era evidente que había un plan oculto, eso sí, de principios y sin detallar. Era obvio que se iban a recortar derechos, que el dinero se iba a ahorrar del y no en el bolsillo del ciudadano, que los servicios se iban a ver mermados, que todas las medidas pasarían por reducir gasto sin atender siquiera a si es necesario que ese gasto lo preste la administración o no. Con los precios subiendo y los sueldos bajando, las ayudas desapareciendo y los servicios públicos malviviendo, al PP le han bastado siete meses de gobierno para superar la más triste de mis expectativas y demostrar que salir de la crisis es para ellos mantener su asiento a toda costa y que la prensa publique cuatro cifras halagüeñas.

¿Con eso saldremos de la crisis? Yo diría que no, pero creo que ahí llegamos al punto central de este debate. ¿Qué es salir de la crisis? O, dicho de otra forma, ¿qué es necesario para que la vicepresidenta del Gobierno se siente un día en la sala de prensa de La Moncloa y pueda decir que la crisis ha pasado? ¿Basta con que la prima de riesgo y el déficit alcancen unos niveles más aceptables? ¿Qué nivel de paro es admisible para dar por solventada esta caótica y dramática situación? Porque igual algún día lo de la prima de riesgo disparada sin control es cosa del pasado y conseguimos (¡ja!) que las administraciones actúen de forma responsable y no se gasten el dinero en chorradas a su mayor gloria y sí en mejorar los servicios públicos. ¿Con eso habremos salido de la crisis? Yo, desde luego, no lo creo, porque es evidente que lo que el Gobierno consideraría salir de la crisis no tiene nada que ver con lo que pienso yo. Sin ofender a quienes se dedican a ello, a mí la macroeconomía siempre me ha parecido que tiene un toque de ciencia ficción. Yo la crisis la mido con el hombre de la calle.

Teniendo en cuenta ese baremo, yo no creo que hayamos salido de la crisis si los sueldos son menores que nunca. Si bomberos, médicos y policías tienen menos medios que nunca para hacer su trabajo. Si el número de desahucios deja de aumentar porque ya no quede gente a la que desahuciar. Si los bancos no dan créditos a emprendedores porque se lo gastan en sueldos multimillonarios a sus directivos. Si en las clases hay cada vez más alumnos y con eso se deteriora la educación. Si cada vez se paga más por los medicamentos. Si la paga extra de Navidad es un vestigio del pasado. Si las pensiones no bastan para vivir. Si los parados no reciben ayuda del Estado. Si la única política para ganar dinero es subir los precios. Si sigue habiendo tanta gente pidiendo en las esquinas, en los vagones de metro y en los parques. Si tenemos que pagar por bienes necesarios precios de artículos de lujo. Si un contrato de trabajo da cada vez menos derechos y protección al trabajador. El bienestar del ciudadano es lo que marca el fin de la crisis. Y eso no va a pasar cuando dejemos de hablar de la prima de riesgo porque todo lo que se ha decidido en estos siete meses lo va a impedir. Que lo de la crisis era una estafa estaba ya claro. Que salir de la crisis se convierta en otra estafa lo veremos algún día.

martes, julio 17, 2012

"¡Que se jodan!"

Un "¡qué se jodan!" como el pronunciado por Andrea Fabra exige más una reflexión sosegada que una visceral y en caliente. No seré yo quien diga que está mal que cada cual se desahogue en las redes sociales como lo necesite en un momento dado, eso está claro. Es, además, un ejercicio muy sano y relajante. Pero más allá del ruido mediático, creo que sería interesante ver qué supone lanzar un grito así en el hemiciclo del Congreso de los Diputados. "Nada" sería la primera y más lógica respuesta. Gracias a Andrea Fabra y a todos sus superiores por consentirlo como algo que no tiene importancia, la política se desploma otro peldaño más en su loca carrera hacia el precipicio y el más absoluto desprestigio social. Poco importa que fuera una respuesta o un visceral exabrupto de la diputada popular, el caso es que las pruebas están ahí y son incuestionables. Andrea Fabra no merece ser diputada. Sólo este episodio, sin más consideraciones sobre lo que se dice o se sabe de ella, demuestra que no da la talla.

Pero no hay consecuencias, algo que sucede en campos tan reducidos como éste y en los grandes, como evidencian nombres de la vida pública actual como Iñaki Urdangarín o Gerardo Díaz Ferrán. Un paripé en forma de amonestación en el despacho del presidente del Congreso, una regañina cargada de un "y tú más" dirigido al principal partido de la oposición a cargo de la pluriempleada secretaria general del PP y a correr. ¿Consecuencias? Ninguna. No ha pasado nada. Ya nos podemos indignar los demás todo lo que queramos, que no va a pasar nada. No va a dimitir. No la van a cesar. Insultar en el Congreso de los Diputados sale gratis. Dedicarse a la política de esta forma está permitido. En el Congreso popular (esos no se recortan, no) de su tierra del pasado fin de semana, vimos a algunos militantes del PP responder a las protestas con peinetas. Eso, inevitablemente, me ha recordado que su ex presidente, igualmente ex presidente del Gobierno, ya les enseñó que esa era la mejor respuesta al discrepante, así que, en realidad, no cabe esperar otro comportamiento. Eso también vale, por lo visto.
El caso es que me hace gracia la explicación/justificación para el ya famoso grito de guerra. Decía Andrea Fabra que, en contra de lo que se dio a entender en su momento (según ella por una conspiración socialista manipuladora... Quizá tendría que pasarse por Twitter...), su "¡que se jodan!" no iba dirigido a los parados a los que se va quitar dinero a partir de ahora, sino a los socialistas presentes en el hemiciclo. ¡Ah, bueno, si es a los socialistas, entonces que se jodan! Que eso está bien. A los parados no se les puede decir "¡que se jodan!", evidentemente, pero a los socialistas sí. No, no, si está claro que es una explicación muy lógica y razonable, faltaría más. Casi tanto como la que Miguel Ángel Rodríguez, ex secretario de Estado de Comunicación portavoz del Gobierno en la época del de la peineta de ahí arriba, da para los ceses que la nueva dirección de RTVE ha decidido ya como parte de una limpia que, tengo que reconocer, ha tardado más de lo que esperaba en iniciarse.
Claro que si Miguel Ángel Rodríguez ha sido durante más dos años el encargado de la Comunicación del Gobierno, uno puede entender muchas cosas presentes y pasadas. Lo que todavía no me ha quedado claro si el "¡que se jodan!" iba a los parados, a los socialistas o a los parados socialistas. Igual Miguel Ángel Rodríguez me lo puede explicar. No dudaré en escucharle cuando tenga un programa propio en TVE. Igual podría presentar Los desayunos si Ana Pastor es la siguiente en la lista de los que ahora mandan... Fuera por quien fuera la dichosa expresión, jodernos, nos jodemos, esto está claro.

miércoles, julio 11, 2012

Ricos, pobres y mentirosos

Las crisis hacen que los ricos sean más ricos, los pobres más pobres y los mentirosos más mentirosos. Esta, desde luego, lo está demostrando. Y España, una vez más, demuestra ser un país diferente a tantos otros. Empecemos por lo de los mentirosos, que es lo que más gracia tiene de todo esto. Y no nos equivoquemos de conversación, porque no se trata de comparar a los políticos de un partido con los de otro. No se trata de tomar partido por unos o por otros. Se trata de mirar a la realidad, de evaluar el comportamiento de quienes ahora tiene el control de todas las herramientas que sirven al poder. Se trata de saber quiénes son y qué hacen. Ya sé que el Gobierno anterior no lo hizo precisamente bien. Y, francamente, no me importa si su labor de oposición actual es buena o mala porque en un Estado gobernado por tantas mayorías absolutas eso es absolutamente irrelevante.


Mariano Rajoy lleva muchos años mintiendo y las hemerotecas, esos lugares que ahora sirven para montar vídeos que subir a Youtube pero que durante tanto tiempo hemos ignorado, lo demuestran. Mintió sobre el Prestige cuando era vicepresidente del Gobierno. Mintió sobre el 11-M cuando era candidato a la Presidencia del Gobierno. Mintió sobre ETA cuando era el líder de la oposición. Y de economía. Es su tema preferido para mentir ahora que es presidente del Gobierno, pero miente sobre todo, y no le importa en absoluto hacerlo incluso en el Congreso de los Diputados, el símbolo de una soberanía nacional que ya importa bien poco porque lo han emponzoñado entre todos. Rajoy se presentó a estas últimas elecciones con un programa que él ya sabía que era mentira. Toda su acción de gobierno se mueve al margen de lo que su partido y su equipo plasmaron en el programa electoral. Con Rajoy, mienten sin rubor los suyos, los que han convertido la política en una acción despreciable, dedicada sólo a la consecución de poder y ganancia personal, y no en el servicio a los ciudadanos que por naturaleza tendría que ser.
Es ya a estas alturas tristemente evidente que Rajoy no tenía ningún plan. Que no tenía ni la más remota idea de cómo salir de la crisis, a pesar de que desde su partido se proclamaba tal cosa a bombo y platillo. Pero es que ni siquiera había trabajado para trazarlo, porque muchas de las cosas que ahora se saben, como el déficit de las comunidades autónomas o el agujero bancario, se las podían haber dicho compañeros suyos de partido o amiguetes colocados en consejos de administración. Pero no hay trabajo. Ni plan, ni trabajo. Es evidente, y hoy mismo lo ha reconocido de aquella manera el presidente del Gobierno en su intervención en el Congreso, que está adoptando medidas dictadas por otros. Está bastante claro que España ha perdido su soberanía, que es un país intervenido y, por tanto, obligado a adoptar medidas como las que hemos escuchado hoy. Medidas todas ellas desmentidas, incluso hace apenas pocos días, por el presidente del Gobierno o sus ministros. Por mucho que se quiera vender un desánimo social a la hora de votar, no es cierto. Mucha gente fue a votar creyendo el mensaje del PP. Muchos creyeron de verdad que el único problema que tenía España se llamaba José Luis Rodríguez Zapatero. Muchos creyeron esa mentira.
Vamos con los pobres. Mariano Rajoy, como punta de lanza de un sistema social fallido y decadente, nos ha demostrado que los pobres tienen que seguir siendo pobres para que unos cuantos sigan viviendo de maravilla. Todos los llamados recortes no son otra cosa que atentados a la dignidad del ciudadano. ¿De dónde se está recortando de forma concreta? Los presupuestos de Sanidad y Educación, las prestaciones de desempleo, el sueldo de los funcionarios (y de los no funcionarios), las ayudas a los jóvenes o a la vivienda, el transporte público. ¿Qué precios aumentan? Los de los servicios, los de las prestaciones, los de los bienes de consumo. ¿A quién afecta todo esto? Al ciudadano común. Al pobre. Al trabajador. Luego hay que soportar encima comentarios vergonzosos como el del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, quien dice que el IVA se paga poco y por eso hay que subirlo. No, no, no. El trabajo del ministro de Hacienda es obligar al defraudador a que pague lo que debe al Estado, pero este Gobierno, con su amnistía fiscal, lo que ha hecho es perdonárselo a cambio de una pequeña limosna. Y lo que es peor, ha lanzado el mensaje de que compensa ser un chorizo y se penaliza ser una persona que cumple con la ley. Hay miles de pobres que han llegado a Madrid pidiendo ayuda. Pero de los mineros el Gobierno no ha dicho hoy ni una palabra. Un ejemplo perfecto.
Y ahora vamos con los ricos. Hoy mismo se ha conocido, al mismo tiempo que el presidente del Gobierno anunciaba la más salvaje batería de recortes, que las empresas del IBEX 35 pagan más a sus consejeros que hace un año. ¿Quién tiene que apretarse el cinturón? ¿Los ricos? ¿Los que viven bien? No. Sobre esos no hay nunca medidas. En 2010, al tiempo que comenzaron a aplicarse recortes que siempre han afectado a las clases más desfavorecidas, ya se supo que había más ricos. Dos años después, nos contaron que el número de ricos había bajado. Buscar la comparación de este dato con el del incremento de la pobreza es sencillamente descorazonados.Y lo verdaderamente triste es que hoy, en España, cuando se han adoptado medidas que van a hacer más pobres a los pobres, algo más de la mitad del Congreso de los Diputados se ha levantado y ha aplaudido. Han aplaudido la ruina de las familias. La desgracia de las personas. La ausencia de futuro de niños y jóvenes. La quiebra de un modo de vida. Lo han aplaudido. Y dormirán muy bien esta noche. No sé si serán ricos, pero sin duda sí son privilegiados. Cobran mucho dinero por un trabajo que no saben hacer y no hacen. Tienen ventajas que los demás no tenemos. Y aplauden. Fantástico.
Ese gesto, gratuito y ofensivo a partes iguales, que nada tiene que ver con las imágenes de otros países cuando han tenido que tomar medidas drásticas como las anunciadas por Rajoy, evidencia que vivimos en una sociedad en la que ya sólo importan los números. No importan las caras, las personas, las historias, las familias. Importa cuadrar no sé qué indicadores que no sé ni para qué sirven ni quién los inventó. Por mí podría irse al infierno la prima de riesgo si con ello conseguimos que no haya en este país y en este mundo una sola familia que pase hambre. Pero no. Nos hemos instalado en un mundo totalmente diferente, uno en el que los ricos son más ricos, los pobres más pobres y los mentirosos más mentirosos. Es evidente que eso último es lo de menos. Pero como los mentirosos son los que sí salen por la tele es lo que más escuece en el momento del calentón. Hasta el punto de que sólo quería acordarme sutilmente de las familias del presidente del Gobierno y sus adláteres y he acabado dándome cuenta de que España en particular y el mundo en general son lugares inhóspitos y terribles en los que cada vez es más difícil vivir con esperanza.

sábado, julio 07, 2012

Leyendo ayer la prensa...

Qué divertido es leer la prensa. Cojamos, por ejemplo, El País de ayer.

"Malestar con el juez y preocupación en el PP por la imputación de Rato". Por los accionistas de Caja Madrid y Bankia que han perdido su dinero, por las personas que no tienen nada, por los que ven su vida deshecha por no tener ese dinero que habían ganado a lo largo de su vida, por todos esos no hay preocupación. Hay preocupación por un tipo que podría haber cobrado una indemnización de 1,2 millones de euros, que no tiene pinta de estar muy necesitado, que dejó a España vendida al renunciar a su cargo en el Fondo Monetario Internacional y al que ahora el juez investiga por los delitos de estafa, apropiación indebida, administración desleal, falsificación de las cuentas anuales y maquinación para alterar el precio de las cosas. Sin duda hay que estar preocupado por él. Y defenderle, como han hecho varios ministros. A los otros no.

"La brecha en el Poder Judicial se ahonda ante el relevo de Divar. Maniobras para colocar un presidente conservador en el pleno del martes". Vamos, que hay que colocar a uno de los nuestros para asegurarnos de que si alguien recurre a la Justicia por algo de lo que hagamos tenga claro que el veredicto le va a ser desfavorable. Que la Justicia sea más Política que nunca. Que los jueces sepan lo que tienen que decidir.

"El rastreo informático de los correos demuestra que la ministra de Empleo filtró el documento de una de sus colaboradores sobre el ERE de los socialistas". ¿Y qué? ¿Pasa algo? La persona a la que hemos colocado al frente de Trabajo por su amplia experiencia en la materia (recordemos, nunca ha trabajado para una empresa privada, pero ¿acaso importa?) dedica su tiempo a prácticas políticas barriobajeras. A ver si alguien habían pensado que la prioridad de la ministra de Trabajo era crear empleo o garantizar que los más de seis millones de parados de este país, España, puedan sobrevivir a la solución como Dios manda que nos prometieron para esta crisis.

"Los bancos son ya la sexta preocupación de los españoles". Por eso, el Gobierno sí se preocupa de que los bancos sean rescatados con ingentes cantidades de dinero y nula responsabilidad empresarial o penal por sus despilfarros y demás actos innobles y puede que ilegales. A las personas no. A las personas hay que desahuciarlas, embargarlas, arruinarlas y hacer que su vida sea imposible.

"El PP catalán avala el euro por receta que Rajoy rechaza". Varias formas de asimilar esta noticia. Por un lado, al garete todo eso de que el PP tiene una sola voz, su firme voluntad de que no haya 17 españas o eso que popularizaron hace tantos años del guirigay socialista. Por otro, que la crisis la sigue pagando el ciudadano. ¿Que no tiene para pagarlo? Como si nos importara...

"Las tasas universitarias (de Madrid) subirán 5,8 euros de media por crédito". Esto supone más de 300 euros por estudiante y curso. Bienvenidos a este maravilloso país donde estudiar va a ser de nuevo una cuestión de ricos.

"Otro plan de ahorro en Metro (de Madrid)". Van a ahorrar, dicen, 12 millones de euros anuales eliminando "gastos superfluos". Y digo yo... Si son supérfluos, ¿por qué no hay una investigación que determine quién es el responsable de haber despilfarrado 12 millones de euros anuales con esos gastos? Ya me respondo yo, porque es de los nuestros. Pero voy a poner en duda la bondad y el buen hacer que se desprende de semejante ahorro. Porque primero me subieron el billete y después me redujeron servicios. Ayer, diez de la noche de un viernes, once minutos de espera por un tren. "Metro de Madrid, vuela", que decía su publicidad.

"La Audiencia declara nulo un despido colectivo por esperar a la reforma laboral". Si un empresario espera a que se aprueba la reforma laboral para despedir masivamente... ¿no será que esta reforma facilita y beneficia el despido y que no es la panacea para crear empleo que nuestros queridos gobernantes nos dijeron?

"El copago farmacéutico se calcula con datos desfasados del paciente. Pensionistas recientes denuncian que les cobran como si estuvieran aún en activo". Pues claro, puestos a recaudar mejor hacerlo con el supuesto que más dinero nos ofrezca. Y si ese criterio es mentira, ¿qué más da? Que reclame quien se entere y a ese se lo devolveremos. Y lo de los que no reclamen, nos lo quedaremos. Como hacen las empresas de gas, de luz, de telefonía y de banca, por ejemplo, que nos pasan comisiones, cargos aproximados y nuevos planes más caros y que no hemos pedido para ver si cuela. Y si no cuela, la molestia para el ciudadano, que tendrá que llamar a un 902, escuchar una cancioncilla interminable por teléfono antes de que alguien le atienda, prefiriblemente alguien con una jerga ininteligible que no nos facilite en absoluto la tarea de defender nuestros derechos.

"El Gobierno dejará de cotizar por las cuidadoras de la Dependencia. Unas 178.000 personas completaban así una futura pensión de jubilación. Se plantea rebajar la cantidad máxima que recibe el asistente familiar". Porque lo importante, insisto, es ahorrar. Las personas que nos llevemos por delante no nos importan. Nadie valora si ese dinero que se paga es justo o no, si es necesario o no. El caso es recortarlo. Pero recortarlo de donde no nos moleste mucho. De los viajes oficiales no, claro, que mira que si España gana la Eurocopa y el presidente del Gobierno no puede cumplir con su "obligación" de estar allí presente...

Y eso que ayer fue un día espléndido en la prensa, porque no se hablaba de la subida del IVA, de la reforma de RTVE ya reclamada al Constitucional, de las espantadas del presidente del Gobierno para huir de los periodistas pero no de los fotógrafos, de por qué no había tantos bomberos profesionales como se requerían en el incendio de Valencia... Hoy puede ser un gran día, que decía Serrat. Y mañana. Y el lunes. Y cualquiera. Coger un periódico es una dura prueba diaria a la que se enfrenta una persona. Ahí seguiremos.

martes, julio 03, 2012

Leyenda

El mundo necesita héroes. Los héroes modernos están en la ficción. Pero de vez en cuando alguno aparece en la realidad. El deporte es una de esas actividades que lo tiene todo para ofrecer héroes al mundo. Los míos hoy visten de rojo y las razones están en esas tres imágenes que se han producido con dos años de diferencia. Recuerdo perfectamente haber dicho en una ocasión, hace algunos años, que mi yo futbolero consciente, ese que se generó cuando el niño futbolero empezó a ser consciente de que no se gana sólo con desearlo, daría lo que fuera simplemente por ver una semifinal de un Mundial o de una Eurocopa. Por saber qué se sentía. Era lo que ese yo le debía al niño que llevo dentro, ese que siempre soñaba con ser campeón y que apenas recordaba ya aquella Eurocopa de 1984 en la que España jugó la final. Una semifinal. Daba entonces cualquier cosa por una semifinal. Y de repente me he encontrado con tres. Con tres semifinales. Con tres finales. Con tres títulos.

El mundo no es perfecto y los héroes tampoco lo son. No lo son ni siquiera en la ficción, mucho menos lo van a ser en la realidad. Pero siempre estarán ahí y ojalá nunca nos falten. La selección española hizo realidad el sueño de muchos niños, la mayoría de ellos ya adultos, en 2008. Sólo con aquel título europeo. Pero es que ha sumado dos más. Otro europeo y otro mundial. Se ha llevado por delante a las mejores selecciones jugadores del Viejo Continente. Cada competición se convierte en un reto más, y lo acaban superando. Por azares de los sorteos, nos queda por superar Argentina. Y Brasil. La siguiente Copa del Mundo es en territorio carioca. Quiero un maracanazo propio. Y entonces creo que mi yo futbolístico de selecciones no podrá pedir nunca nada más. Pero ya son héroes. Con sus imperfecciones y en su reducido ámbito de felicidad que sin duda no sirve para curar los males del mundo. Nadie ha hecho lo que ellos han conseguido. Y, por eso, son leyenda.

jueves, junio 28, 2012

Subidón futbolístico

Ayer por la tarde estuve hablando con una amiga que está ahora mismo a unos cuantos kilómetros de distancia. Estaba aburrida porque todo el mundo estaba ya pendiente del fútbol y no tenía con quien hacer nada ayer. Y cuando hablé con ella le dije que yo también estaba a punto de irme a casa de un amigo a ver el partido de España. Seguro que se le pasaron por la mente cuatro o cinco palabras malsonantes que dedicarme con cariño en ese momento, seguro. Es que, veréis, ella no es nada futbolera. Pero nada. Le dije en broma que igual ayer era el día para que se acercara un poquito a esto del fútbol. Por supuesto, declinó la oferta. Aún así, charlamos un ratito y nos contamos qué tal van nuestras vidas. Me encanta hablar con ella de cualquier cosa. Pero de fútbol ya sé que no debo porque no está entre sus intereses. Me escucha, claro, pero es mejor encontrar otra cosa de qué hablar. Pero esto hoy, después del subidón futbolístico de ayer, va irremediablemente sobre fútbol. Y aún así empiezo acordándome de esa conversación de ayer al escribir.

Sin esos kilómetros de distancia, le habría ofrecido que se viniera a ver el partido con nosotros. No creáis, que ya he intentado en alguna ocasión que se venga a un partido. Si ayer hubiera sido por fin ese día, habría visto por qué es tan bonito el fútbol para algunos. Seguramente seguiría pensando que estamos chalados, que son sólo dos equipos de once tíos que van detrás de una pelota y que no arreglan el mundo. Eso no lo dudo. Pero no sé, igual al ver los nervios, la ilusión, la alegría, las sensaciones y todo lo que desbordamos en los penaltis, nos hubiera comprendido un poco más. Que sepas que no me rindo. Que algún día tienes que ver a este pobre loco aficionado al fútbol vivir un partido con la intensidad habitual, con su camiseta puesta y cantando un gol con toda la ilusión del mundo.
Aunque en el fondo siempre he sido un solitario para esto del fútbol y me he recorrido sin compañía los campos de España para ver a los míos, en realidad no hay nada mejor que vivirlo con gente. Con gente de esa estupenda con las que has pasado muchas cosas en la vida. Con la que compartes lo bueno y lo malo. Ayer, cuando Cesc marcó el quinto penalti, lo celebramos con un abrazo futboleros de esos que coronan una gran noche. Sí, insisto, ayer la crisis no se acabó, el mundo no dejó de girar y hoy seguimos teniendo los mismos problemas y preocupaciones que antes de pasar a la final de la Eurocopa. Pero un instante de felicidad, surja de donde surja irremediablemente tiene que merecer la pena. Como tener la piel de gallina con el inolvidable penalti de Sergio Ramos. Como el salto que pegué cuando Iker Casillas detuvo el primer penalti de Portugal, pensando entre gritos por qué demonios no le dan ya el Balón de Oro a este pedazo de portero. O el subidón de adrenalina cuando Cesc metió ese quinto y definitivo penalti.

Salir a la calle después del partido fue encontrarse en la carretera y en la ciudad con más gente que nunca un miércoles a medianoche. Sobre todo, chavales. Todos con su camiseta de la selección, con algo rojo al menos. Con una bandera española. Y lo primero que se me viene a la cabeza es que ellos no han vivido y no conscientes de todo lo que hemos pasado para llegar a tres finales consecutivas en Eurocopas y Mundiales. Ellos no saben nada del gol de Cardeñosa, del fiasco de nuestro Mundial de Naranjito, del fallo de Arconada, del gol fantasma de Michel, del penalti de Eloy, de Michel sin saltar en la barrera, del error de Salinas, del penalti de Raúl, seguramente casi ni de Al Ghandour. Ellos han visto siempre una España campeona o, al menos, han olvidado los días más negros. Yo no. Yo los tengo presente. Me gusta tener la historia en la cabeza para explicar por qué el presente es tan bonito. Al menos, futbolísticamente hablando, que sigo de subidón. A ver el domingo.

lunes, junio 25, 2012

Gracias, Sara

Sara Carbonero, trending topic. Que levante la mano el que se sienta sorprendido. Nadie, ¿verdad? Yo, desde luego, no lo estoy. Era más que previsible. Ocurrió hace dos años en el Mundial de Sudáfrica y tenía que suceder de nuevo en la Eurocopa de Polonia y Ucrania. Twitter ha magnificado la situación, como hace con casi todo, con lo bueno y con lo malo, pero es un tema como poco curioso. No sé qué pensara la propia Sara Carbonero de lo que ha sucedido hasta hoy, pero si de verdad es lo que ha escrito en Marca (lo que reproduce La Libreta de Van Gaal) creo que tenemos un problema de difícil solución. Una de las peores reacciones que uno puede tener ante las críticas es el síndrome de la persecución y eludir cualquier nivel de autocrítica, y eso es justo lo que demuestra la protagonista de esta historia con sus líneas.

Dice que las críticas que recibe son envidiosas y anónimas. La mía no es ninguna de las dos cosas. Y la de otras muchas personas tampoco. ¿Envidia? No, gracias. Ni la belleza ni los logros profesionales me despiertan envidia. Admiración y alegría cuando son merecidos, insatisfacción y pena cuando no lo son. Eso sí. E Internet es anónimo para quien quiera utilizarlo así, pero otros muchos tenemos una presencia clara e identificable en la Red. Meter todo en el mismo saco es un error siempre. ¿Que habrá gente que sienta envidia de Sara Carbonero? Sin duda. ¿Que algunos se escudarán en ese anonimato para lanzar barbaridades que de otro modo no dirían? Evidente. Pero eso es tan real como las críticas razonadas y justificadas a la labor y la presencia de esta periodista.

Sara Carbonero forma parte, quién sabe si quizá al principio sin quererlo, de una costumbre tan practicada a lo largo de la historia como todavía demasiado extendida en cualquier profesión en la que la imagen sirva para algo. El periodismo, sin duda, sigue teniendo ese halo de machismo y de florerismo a ambos lados de la trinchera. Por un lado, el periodista sigue hablando con machismo. El pasado fin de semana leí dos artículos. En uno hablaban de una piloto de coches. En otro, de una ministra griega. En las primeras líneas de ambos aparecía la palabra "guapa" para referirse a sus protagonistas. Y lo serán, quién soy yo para dudarlo, pero que alguien me explique en qué ayuda la belleza para desempeñar el trabajo de piloto o de ministro, sea hombre o mujer quien lo desempeñe, o qué valor tiene para destacar los logros profesionales de estas dos mujeres.

Que los medios de comunicación audiovisuales usan mujeres hermosas, siendo esa belleza el principal argumento para que trabajen en su puesto, está fuera de toda duda. ¿Decirlo es machismo? ¿O el machismo estará en utilizar ese concepto? No creo que sea machista quien lo critica, sino quien lo emplea por sistema. Machismo es que precisamente ella sea la única periodista de todos los que cubren la Eurocopa para Mediaset España que no tiene que llevar la camiseta de una marca deportiva por la que seguro hay mucho dinero sobre la mesa. Ella tiene que lucir de otra forma y por otros motivos. Y tan machista me ha parecido siempre tomar decisiones con la idea de colocar una belleza en la pantalla como acceder a ello. Conozco unas cuantas periodistas que profesionales como la copa de un pino, que son también auténticas preciosidades y que no basan su trabajo en eso o que no lo utilizan como argumento para progresar. Y conozco otras que, sin tener medidas esculturales o un rostro perfecto que no necesitan para saber de lo suyo, hacen un trabajo sencillamente excepcional.

Pero llegamos al centro de lo que tendría que ser el debate, si es que este tema en realidad merece tanto debate y tantas líneas escritas. ¿Es bueno el trabajo de Sara Carbonero? Sinceramente, no creo que el espectador pueda calificarlo así. Y antes de que alguien me califique de machista por decir eso, intento explicarme. Me es imposible saber si es buena compañera, si intenta hacer su trabajo lo mejor que sabe, si es dedicada, si cumple con las órdenes que le dan sus jefes. No la conozco. Jamás he trabajado con ella. Pero además de periodista soy espectador. Y desde ese ámbito sí puedo decir con claridad que Sara Carbonero no aporta nada útil a la retransmisión de un partido. Ella es responsable de eso, por supuesto, pero también lo son sus superiores, que han decidido darle un papel ingrato en el que el morbo es más útil que la información.

Lo que no acabo de entender es que Sara Carbonero, una persona que ha querido explotar su situación como más le ha interesado (con su puesto de trabajo, con sus anuncios, con su presencia en revistas del corazón), se sienta perseguida por una especie de Inquisición en Internet. Lo siento, pero no. Estamos en una situación en la que miles de periodistas están perdiendo su puesto de trabajo, independientemente de su categoría profesional y de sus conocimientos sobre sus ámbitos de trabajo. Incluso independientemente de su belleza, si queremos entrar en este juego de machismo. Hasta quien escribe un pequeño blog está abierto a las críticas de compañeros y espectadores. No voy a comprender nunca a quien se sitúa por encima de algo tan normal como la evaluación razonada de un trabajo, que además en este caso llega a tanta gente. O a quien equipara las burlas injustificadas con las críticas. O a quien evita la autocrítica, el mejor baremo que tenemos todos para saber si estamos haciendo las cosas bien o mal.

Siempre he sido bastante crítico con Sara Carbonero, con ella y con la situación que hay a su alrededor porque he encontrado motivos para ello. No porque fuera guapa, que eso me da igual. Pero también sentía cierta empatía con quien, de alguna manera, vive en un torbellino que no siempre busca. Con su explicación, quedan solventadas todas mis dudas. Gracias, Sara.

viernes, junio 15, 2012

Más rejones de muerte al periodismo

Estaba yo paseando por Madrid hace unos días cuando me topé con una protesta a las puertas de los juzgados de Plaza de Castilla. Sus trabajadores hacían público, visible y manifiesto su malestar por los recortes en su área que está haciendo la Comunidad de Madrid y, de paso, protestaban por el recién aprobado rescate europeo del que se va a beneficiar la banca pero no el ciudadano. Como llevaba la cámara (¿cuándo no la llevo...?), me salió la vena de reportero y me puse a hacer fotos. ¿Para qué en realidad? En realidad ya no trabajo como periodista, no formo parte de la plantilla de ningún medio de comunicación. Las fotos las hice por hobby. Porque tengo un blog de fotografía en el que las puedo mostrar. Y porque periodista se es aunque no se ejerza.

Al verme sacando fotos como si me fuera la vida en ello, con carreras para buscar ángulos y tantas ganas como le he puesto siempre a cualquier cosa a la que me haya dedicado, el hombre de la izquierda en la foto que encabeza esta entrada se acercó a mí y me preguntó si era periodista. No sabía muy bien qué responderle. ¿Lo soy? De corazón, sí. De profesión, no. Lo que estáis leyendo y viendo no me da dinero. Ni un céntimo. Y no me quejo. Lo hago porque quiero. Escribo porque lo necesito y porque, en el fondo, creo que puede ser útil. Me gusta ofrecer puntos de vista a la gente que los quiera escuchar, mis razones y mis argumentos. Y, al mismo tiempo, escuchar eso mismo de otras personas, porque eso enriquece mucho, sin importar que estemos de acuerdo. Todo eso no se lo podía decir a este trabajador de los juzgados, claro. "Soy amateur más bien", le dije. "Y venderás las fotos a quien más te pague, ¿no?", me contestó. "No creo, no creo", le repliqué.

Así que ahora me veo como un periodista (en aquel caso, fotoperiodista) amateur. Supongo que esa es la conclusión lógica de no ganar dinero con ello. Amateurismo opuesto a profesionalismo. El caso es que no me siento menos periodista por ello o menos legitimado para seguir escribiendo sobre los temas de los que creo saber algo. Y resulta que el amateurismo es casi el único reducto que le va quedando al periodismo, con Internet como la mejor forma de darle salida. El Mundo está despidiendo a gente. A mucha gente, con la que me solidarizo. La cadena SER ya tiene en marcha su ERE, y no será el último en el gremio. Los periódicos en papel se están convirtiendo en un negocio ruinoso de dudosa viabilidad. El periodismo en las televisiones brilla cada vez más por su ausencia. Sí, hay alguna luz que destaca entre tanta oscuridad, eso no lo dudo. Pero la oscuridad es cada vez más acuciante. El poder no admite preguntas y cuando se hacen no suelen ser las adecuadas. El poder abusa de su posición y el periodismo no actúa como contrapoder, como ese cuarto poder que se ganó el derecho a ser con su trabajo.

Y luego está La Razón, capaz de dejar sin palabras a cualquier que se acerque a sus portadas y, de paso, matando un poco más la credibilidad que la gente pueda tener en el periodismo (¿todavía hay algo que crea en él?) y, de paso, contaminando otros ámbitos de la vida. El periodismo está herido por un rejón de muerte. Por más de uno. Y, sinceramente, yo ya no tengo claro que sea capaz de sobrevivir. Al menos no como profesión, aunque algunos aún cobren por ello. Aún. Ese es el matiz.

domingo, junio 10, 2012

Rajoy podrá ver a Nadal, ¡otro éxito para Rajoy!


Por un vez, los franceses nos han echado un cable en algo que merece la pena. El cielo francés, por lo menos. Mariano Rajoy andaba tan, tan, tan preocupado por perderse la final de Roland Garros que, mira, se ha puesto a llover y los franceses han decidido suspender el partido hasta mañana. Todo perfecto para nuestro presidente del Gobierno, ese que en un fin de semana en el que España ha recibido el resc... perdón, el préstamos en condiciones beneficiosas, sólo tenía una entrada en su agenda que, hay que fastidiarse, encima le impedía ver a Nadal. No era una reunión del G-8, no era una Eurocumbre, ni siquiera era una reunión del Consejo de Ministros o una comparecencia parlamentaria. Era el primer partido de España en la Eurocopa. Vaya... Pero como no era justo que Rajoy no pudiera ver a Nadal, fíjate tú por donde, ya puede verlo.

Seguramente, los defensores de Rajoy (me empieza a asombrar que le queda alguno) pensarán que esto es demagogia. Serán los mismos que pusieron a caldo a Zapatero por ir a la final (nótese en todo caso la diferencia entre la final y el primer partido) de la Eurocopa de hace cuatro años. Pero, en todo caso, aceptemos esa definición de la situación. A mí es que en realidad no me preocupa que el presidente del Gobierno se vaya al fútbol los domingos por la tarde, como bien reza la canción. A mí lo que me preocupa es que eso sea lo que ha condicionado su agenda. Me molesta sobremanera que en el fin de semana que hemos tenido, la única actividad conocida de antemano en la agenda del presidente del Gobierno fuera ese viaje (al que, por cierto, imagino que habrá viajado acompañado de unos cuantos asesores, por ejemplo un tal Jorge Moragas que también está ahí en la foto, pegando saltos...). ¿Pero sabéis que me preocupa más? Esa inverosímil e imperdonable actitud de mandar siempre a los demás a dar explicaciones.
Al final, no queda más remedio que entenderlo, porque escuchas a Rajoy dando explicaciones y es para echarse a llorar. Es tristísimo no sólo que acabe convirtiendo el resc... perdón, el préstamo en condiciones beneficiosas es una espléndida noticia para España (digo yo que algo habremos hecho mal para necesitar esa cantidad de dinero, ¿no?), sino que además lo haga adoptando la actitud del Marca, esa de "como habíamos adelantado" que utiliza ese periódico deportivo para justificar que acierta en uno de los 37 fichajes que anuncia todos los veranos para el Real Madrid. Resulta que el presidente del Gobierno está convencido de que ésto que ha pasado ahora nos lo había anticipado en la sesión en la que fue investido presidente. Con un par. Alabado sea el Señor, el mismo que dicta su política económica, no lo olvidemos, por permitirnos el uso de las hemerotecas y de las videotecas.



Más claro, agua. Y con los cinco primeros minutos del vídeo, basta y sobra. En cualquier caso, es bochornoso que el presidente del Gobierno no haya dado la cara ni por la reforma laboral, ni por las dos reformas del sistema financiero, ni por el resc... beno, por esto, sea lo que sea. Sin embargo, él sí se hizo la foto con Nadal al comienzo de su legislatura, sí se hizo la foto con la selección española cuando se marchó a la Eurocopa y sí se ha ido ahora a verlos debutar. Y ahora, a seguir con la agenda del Gobierno. Esa en la que, para este fin de semana, sólo había otro acto programado, la presencia del ministro de Cultura en Francia para ver la final de Roland Garros. Imagino que Wert se habrá quedado por allí. ¿Le da tiempo a Rajoy a ir a ver el último set del partido...? Seguro que sí, y así se quita el disgusto de habérselo perdido hoy. Que lo importante es lo importante, eso está claro...

sábado, junio 09, 2012

Anti-futboleros

No falla. Cada vez que hay algún acontecimiento relevante que tiene que ver co el fútbol, proliferan las opiniones contrarias a este deporte o, directamente, el menosprecio a los que disfrutamos de su visión. Es que no falla. Y me parece un fenómeno de lo más curioso porque no se da en otros ámbitos de la vida. No creo que quienes van a conciertos y festivales, quienes se sientan en la butaca de un cine o un teatro, quienes coleccionan sellos o mariposas, quienes leen poesía o teatro clásico, quienes hacen senderismo o alpinismo, se encuentren con una oposición tan cerrada o despreciativa. Los aficionados al fútbol sí. Cuando se juega un Mundial o, como en este caso, una Eurocopa, somos los culpables de los males del universo y estamos colaborando con un maquiavélico plan que amenaza con destruir el mundo.

Molesta, por lo visto, que lo televisen, como si no hubiera otros doscientos canales en los que ver otros contenidos, al igual que otros medios y dispositivos con los que disfrutar de otra cultura audiovisual. Irrita que los futbolistas ganen dinero con su trabajo (que será mucho o poco, pero es un trabajo) en contraposición con la existencia de problemas en el mundo que, dicen, se podría solucionar con ese dinero. Inquieta que los futboleros hablemos de fútbol, como si eso fuera un delito, como si eso nos impidiera hablar del rescate financiero, de los recortes en Sanidad o Educación, o de Shakespeare si es preciso, porque al parecer inundamos las redes sociales con nuestros pensamientos impuros e inútiles. ¿Se estará hundiendo la economía por nuestra culpa? ¿El hambre en África se solucionaría sin fútbol? ¿El paro en España bajaría si no viéramos la Eurocopa? Si alguien contesta que sí, creo que tenemos una seria discrepancia entre manos...

Lo curioso es que muchos de los que adoptan este discurso anti-futboleros (ya casi no es anti-fútbol, sino anti-futboleros) serían felices de disfrutar de esa condición con sus propias aficiones, y reivindican una mayor atención porque, si la tiene el fútbol, por qué lo que ellos adoran. Entonces, en ese caso, serían personas molestas con quienes les criticaran, reivindicarían su derecho a disfrutar de su tiempo como buenamente quisieran, convencidos de que es posible tener ratos de ocio y al mismo tiempo trabajar para solucionar los problemas de la sociedad. Y digo yo... ¿No sería más fácil respetar las aficiones, gustos y empleo del tiempo de todos? ¿No estaríamos todos más felices si fuéramos capaces de explicar las excelencias de aquello que nos gusta y nos conmueve sin necesidad de encontrar una oposición feroz?

¿Y tan difícil es que, si no os gusta el fútbol, habléis conmigo de otras cosas? Porque estoy firmemente convencido de que la mayoría de los futboleros también podemos hablar de otras cosas. Igual nos véis como unos brutos descerebrados. Si es así, siento desilusionaros. Yo, desde luego, no le impongo el fútbol a nadie, sino que intento encontrarle un hueco en mi vida, compatible con otras miles de cosas, con otras personas, con otros debates y con muchas más inquietudes. ¿Que me gusta el fútbol? Sí, así es. Y no pienso pedir perdón. Eso sí, con vuestro permiso, hoy veré otros dos partidos más de la Eurocopa, porque los de ayer me ofrecieron cuatro horas de espléndida diversión. Luego ya me leeré lo del rescate financiero a España, que tiempo habrá. ¿Pero sabéis qué? Si tiene que haber rescate, se producirá igual. Con o sin fútbol. Por si acaso pensáis que lo del fútbol lo anula todo...

viernes, junio 01, 2012

"Buenos días"


Salía el otro día Mariano Rajoy, presidente del Gobierno por si alguien lo ha olvidado, y le preguntaban rápidamente, sin que se detuviera para escuchar la cuestión, por cuánto tiempo podría aguantar España con datos económicos como los actuales y con la prima de riesgo (aunque ahora todos parezcamos expertos, ¿quién había oído hablar de esta dichosa prima hasta hace nada?). La respuesta de Mariano Rajoy, insisto, presidente del Gobierno, fue la siguiente: "Buenos días". Y se montó en su coche oficial para largarse de allí cuanto antes y sin dar una respuesta a la pregunta. Buenos días. Y ya. Reconozco que mi reacción fue una sonora e incontrolable carcajada. Me hizo gracia, qué le vamos a hacer. Habrá que encontrarle el lado positivo a las cosas ya que no me lo cuenta quien tiene capacidad de decisión.

No seré yo quien defienda a un Gobierno, actual o pasado. No se lo han ganado. Al contrario, se merecen una reprobación contundente y a todos los niveles. Pero me sigo resistiendo a pensar que todos son iguales. Y cada día que pasa tengo más claro, pero mucho más claro, meridianamente más claro, que hay un partido en el que la irresponsabilidad está sencillamente desatada desde hace ya demasiados años en su insaciable persecución del poder. A mí me parece maravilloso que la concepción actual de la política sea la de una maquinaria de ganar elecciones y ocupar sillones de poder. Maravilloso, de verdad. Pero que no se me ofendan cuando se les dice abiertamente, cuando se les pilla en sus mentiras o cuando se les afea este comportamiento. Y hay un partido que, en eso, gana por goleada. No hay marcador para recoger la irresponsabilidad con la que han tratado la situación económica.


Siento verdadero desprecio por aquellos políticos que sólo saben ponerse delante de un micrófono o una cámara para decir frases bonitas, grandilocuentes y sencillamente mentirosas sin medir las consecuencias que tiene lo que dicen. Hoy en el Gobierno del Estado y en el Gobierno de muchas comunidades autónomas están formados por muchas de esas personas, que no dudan en decir que la pitada de la Copa del Rey afecta a la prima de riesgo pero que jamás se miran al ombligo. Llevan años instalados en una situación de acoso y derribo de sus enemigos políticos, sin miramientos, sin detenerse a pensar. Y lo han conseguido, disponen hoy de un poder casi absoluto en España, por lo que supongo que habrá que darles la enhorabuena. Seguro que alguien me dirá que se pueden hacer vídeos parecidos a los que incluyo aquí con dirigentes del PSOE. Seguro. Lo que pasa es que ahora gobierna quien gobierna. Y creo que esos políticos ahora gobernantes se han dado cuenta, de una forma bastante lamentable y desesperada, que sus frases bonitas y traicioneras no bastan para arreglar nada.

Seis meses después de que cambiara el Gobierno, el paro sigue subiendo, la prima de riesgo está disparada, hay más pobres, el despido es más sencillo, la sanidad y la educación viven continuos recortes, el sueldo de los funcionarios está congelado y supeditado a nuevas bajadas, hay una imparable fuga de capitales de España, la vivienda sigue en precios inasumibles, los desahucios crecen sin control, se suceden los escándalos financieros como el de Bankia... Y digo yo... ¿Quién gobierna ahora? El otro día escuché a Felipe González hablar de unidad para salir de esta situación. Que alguien me diga un solo dirigente del PP, uno solo, el que sea, que lanzara un mensaje parecido cuando el PSOE estaba en el Gobierno. Uno. Con un vídeo, con un enlace a una noticia publicada en uno medio de comunicación. Uno. Con eso seré feliz y mantendré la esperanza en la raza humana. Incluso será contrapeso de todo lo que Rajoy, Montoro, González Pons, Sáez de Santaría, De Cospedal, Aguirre y compañía llevan diciendo durante años. Uno solo. ¿No? Vaya... La humanidad está perdida. Pero "buenos días" para todos.

sábado, mayo 26, 2012

...y yo seré entonces una persona con ASO, ¿no...?

Si hay algo que me encanta cuando alguien mete la pata (queriendo o no), es esa curiosa habilidad que tenemos casi todos para empeorarlo cuando se intenta arreglar el desaguisado en cuestión. Resulta que el obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, habló de curar a los homosexuales de no sé muy bien qué. La reacción de la gente en general fue de indignación, al ver que un obispo tachaba de enfermos a aquellos que tienen un comportamiento sexual, por lo visto, inaceptable. Y ahora sale el Obispado de Alcalá de Henares y saca una nota en la que para negar que Reig Pla llamara "enfermos" a los homosexuales, afirma que éste "ha manifestado reiteradamente su cariño, respeto y comprensión para las personas con AMS, así como su firme decisión de quererlas y ayudarlas a la luz del Magisterio de la Iglesia". ¿AMS? ¿Qué demonios es eso de la AMS?

Pues resulta que esas siglas se refieren a las personas con Atracción a las personas del Mismo Sexo. Con un par. Ahora resulta que necesitamos siglas para definirlos. Pues nada, si esta es la doctrina del Obispado de Alcalá de Henares, sólo cabe preguntarme si a mí, que no soy gay, se referirían como un ASO, es decir, una persona con Atracción a las personas del Sexo Opuesto. Yo iba a poner AOS (...del Otro Sexo), pero ayer me convencieron mis amigos que ASO suena mejor. Que al fin y al cabo se trata de eso, ¿no?, de que suene bien y estemos todos a gusto con la dichosa etiqueta. Y yo que pensaba que todos éramos criaturas de Dios... En el fondo hasta me repatea hablar de estos temas, porque al final siempre tengo la sensación de que le seguimos el juego a quienes crean las polémicas (sí, como lo de los silbidos de la Copa del Rey o tantas otras cosas...), pero también me da rabia no contestar a quienes tratan de aprovecharse de la gente para darse a conocer en estas polémicas, estudiadas campañas de marketing en tantas ocasiones.

Esa misma sensación de ser presa del marketing la he tenido esta semana con respecto al uso oportunista y descarado de la homosexualidad que han hecho las dos grandes editoriales de cómics americanas. Resulta que Marvel ha decidido, en el año 2012 nada menos, plasmar por primera vez una boda gay con uno de sus superhéroes como protagonistas. No es uno de los personajes punteros, pero uno tiene un recuerdo importante de Estrella del Norte de los Alpha Flight, el grupo canadiense por excelencia del Universo Marvel, que John Byrne escribió y dibujó en los años 80. La boda ya publicada será un hito, quién lo puede negar siendo la primera entre dos hombres, pero en el fondo veo más un intento de ganar dinero fácil más que un auténtico progreso social. Pero, claro, la cosa llega ya a nivel de enfado cuando veo la respuesta de la competencia. Resulta que el mismo día que Marvel publica el número en el que se produce la primera boda homosexual, DC anuncia que en breve revelará el nombre de un personaje puntero de su editorial que será reinventado como gay. Tranquilos todos, no es Batman. Ni Robin (Dr. Wertham, puede usted seguir en el olvido más merecido, no se preocupe por el tema).

Vale. Resulta que seguimos en el año 2012 y ser gay tiene que ser noticia. No creo que eso hable demasiado bien de la sociedad en la que vivimos. Como tampoco que a la gente le tengamos que poner etiquetas con siglas en función de su sexo, su orientación sexual, su ideología política, su equipo de fútbol, su lugar de nacimiento o cosas así para saber si está bien o mal lo que hacen. Ayer debió de ser un gran día para los creadores de las etiquetas y los fomentadores indiscriminados del odio. No creo que sea posible cruzar más insultos en las redes sociales entre independistas, nacionalistas, vascos, catalanes, españoles, españolistas (que no es lo mismo), fascistas, rojos, franquistas, futboleros, afutboleros, madrileños y demás enseres. Que sigan disfrutando con esa forma de vivir la vida, siempre generando crispación, enfrentamiento y violencia. Yo paso y, aunque los demás griten más y tengan mejores altavoces, seguiré defendiendo la libertad de pensamiento mientras no sea un elemento que dañe a los demás.

miércoles, mayo 23, 2012

Unos silbidos más justificados

Hay quien piensa que la peregrina idea de Esperanza Aguirre de suspender la final de la Copa del Rey si se producen, que sevan a producir, silbidos contra el himno de España o contra el Príncipe de Asturias, que por lo que dicen sustituirá al Rey en esta tarea por primera vez, es una cortina de humo. Que la presidenta de la Comunidad de Madrid quiere que se hable de otras cosas y no de lo de Bankia, de lo del déficit regional que de repente ha crecido, o la más que interesante situación de la educación o la sanidad. Y como buena cortina de humo, hay quien cree que no se debería de hablar de ello, sino que lo ideal sería dejar caer en el olvido una idea hoy en día imposible de llevar a la práctica. ¿Pero sabéis qué? Creo que es bueno que se hable de esto. No seguramente como se está haciendo, pero sí creo que es importante evaluar lo que significan declaraciones como las de Aguirre. Y eso no quiere decir que dejemos de hablar de otras cosas, que tiempo y espacio hay para todo en un mundo tan fácil de cubrir informativamente como es el actual.

No creo que haya que ser un gran estratega político o social para saber que, si ya estaba en marcha una protesta para los prolegómenos de ese Barça - Athletic de Copa, las palabras de Aguirre no han hecho más que darle un incentivo. Es decir, que habrá ese día todavía más afirmación nacionalista gracias a la presidenta de la Comunidad de Madrid. Podría haber elogiado ese plan que también he visto por Internet de recordar a Aitor Zabaleta (¿dónde fue asesinado? Ah, sí, en Madrid...), pero ella prefiere la bronca, la confrontación, la generación de malestar entre aquellos que no piensan como ella. Y las críticas que recibe por sus palabras son para ella un refuerzo, claro. La continuación en sus declaraciones es que hay que respetar también su libertad de expresión. Y, sí, es cierto. Respeto que la presidenta madrileña diga lo que quiera, igual que ella tiene que respetar que a mí me parezca una absoluta memez impracticable. Hasta ahí acaban los únicos puntos de acuerdo que podemos tener la protagonista de la historia y un servidor.

El fútbol, por desgracia, se usa en España para manifestaciones de todo tipo. A mí no me gusta. No me gusta que se use la final de la Copa para abuchear al jefe del Estado, o a su heredero, o a la bandera. Como tampoco me gusta que se utilice el Día de la Hispanidad o el de la Fuerzas Armadas para abuchear al presidente del Gobierno. El otro, claro, el innombrable, ese que lo hacía todo mal y no como el de ahora, que hace las cosas como Dios manda. Pero eso a Aguirre sí le debía de gustar. Supongo que los insultos y los silbidos son lógicos o razonables en función de a quién le caigan. Yo, desde luego, no opino así. Al contrario, creo que hay actos que tendrían que estar por encima de las protestas, por respeto a sus protagonistas. Pero si no lo son unos, otros corren el riesgo de dejar de serlo también.

Y por seguir con el tema futbolístico, resulta que yo soy seguidor de un equipo vasco. Del otro, no del que juega la final y que a veces parece que es el único vasco del mundo (perdón por la deriva forofa, pero es que la cosa también tiene tela por ese lado...).Y resulta que en Madrid, la Comunidad que preside Esperanza Aguirre, son continuos los insultos y vejaciones que tengo que escuchar en algunos campos, desde hace incontables años, así como la presencia de símbolos franquistas y nazis (cada vez menos, afortunadamente). Y Esperanza Aguirre jamás ha dicho nada. Ni se ha planteado suspender partidos, ni los demás le hemos importado lo más mínimo. Es más. Lo que dice Esperanza Aguirre espoleará las manifestaciones nacionalistas de Cataluña y Euskadi, y eso seguramente alentará a los nacionalistas españoles que usan el fútbol en Madrid para que gente como yo no pueda ir a un estadio con su camiseta. Gracias, presidenta.

¿Qué me dice esto de quién es Esperanza Aguirre? Pues algo que ya sabía y que, creo, mucha gente se resiste a admitir, y es que la presidenta de la Comunidad de Madrid sólo vive, trabaja y gobierna para aquellos que están de acuerdo con ella. Repasar sus declaraciones desde hace algunos años lleva a esa conclusión irrebatible. La hemos visto encarándose con prepotencia a personal sanitario de un hospital que protestaba contra ella, y riéndose luego de sus reivindicaciones (justas o no, su trabajo es estudiarlas). La hemos visto riéndose de aquellos que tienen sueldos bajos, que son la inmensa mayoría de sus ciudadanos, al decir que ella no llegaba a fin de mes con su aparentemente exiguo sueldo. La hemos escuchado hablando con poca responsabilidad de los recortes que está aplicando, con lo de las "partidas maravillosas" que tiene para reducir, sin pensar en el daño o el perjuicio que puede hacer en las vidas de la gente. Y así podríamos seguir hasta mañana. O pasado. O la semana que viene. Aguirre gusta de juzgar el comportamiento de los demás, pero le disgusta muchísimo que hagamos lo mismo con el suyo.

¿Que quiere suspender la final de Copa? Yo quiero suspender su Gobierno. Quiero que las cosas que me cuentan en los hospitales no se hagan realidad. Quiero que deje de subir tasas. Quiero que me dé cifras reales de déficit en lugar de usarlas para cargarse la imagen del Gobierno de Zapatero fuera de España y luego descubramos su parte de responsabilidad en ese tema. Quiero que deje de decir cosas como que no hay recortes en Educación cuando se barajan cifras de despidos de profesores. Quiero que deje de subir el sueldo de sus altos cargos mientras reduce el de sus funcionarios. Y quiero tantas cosas que afectan a su gestión como presidenta de la Comunidad de Madrid y a sus ideas como dirigente del partido que casi tiene un poder absoluto en España en estos momentos, que no tiene sentido que siga martirizándome escribiéndolas aquí. Yo cambiaría los silbidos contra el Príncipe o contra el himno nacional por una cacerolada contra la presidenta de la Comunidad de Madrid. Lo veo mucho, pero mucho, más justificado que lo otro. Pero cada cual silba a quien quiere y donde quiere, ¿no?

lunes, mayo 07, 2012

Así es el fut... digo, la política


Ya lo he entendido todo. Si es que en el fondo era mucho más sencillo de lo que yo pensaba. Ha tenido que dejar La Moncloa el inútil ese de ZP y venir Mariano para explicarnos cómo funcionan las cosas. ¡Menos mal, qué alivio! Por un momento, un momento de debilidad sin duda, había pensado que cuando habla alguien que es o quiere ser presidente del Gobierno es para decir lo que va a hacer. ¡Hombre, ya, qué ingenuo he sido hasta ahora! Menos mal que Mariano es un presidente del Gobierno como Dios manda y me lo acaba de aclarar. Que dice, por si no lo habéis escuchado, que hará lo que sea necesario para que España salga de la crisis aunque eso incluya cosas que haya dicho previamente que eso no lo iba a hacer. Así como aquello de donde dije digo digo diego o algo de eso...

De verdad que es un alivio, ¿eh? Porque yo pensaba que lo que se decía en el Congreso de los Diputados, en los debates electorales o en las entrevistas (en los mítines no, que una cosa es ser ingenuo y otra ser gilipollas...) era lo que en realidad pensaba el autor de las frases. Pero, claro, ahí está la clave de la película. ¿Que dice algo el presidente del Gobierno? Por supuesto, hay que creerle. Y recitar sus frases en dos modos a elegir, bien cual eslóganes publicitarios o bien como versos de una oración. Ya que estamos, lo podemos recitar de las dos formas. Pero a gusto del consumidor, no se vayan a creer que no hay libertad en este país. Si luego cambia el viento y el mencionado presidente del Gobierno no sólo cambia de opinión sino que perpetra justo lo contrario de lo que había dicho antes, almas cándidas, es que está haciendo lo que tiene que hacer, sí señor. Y si alzáis la voz contra ese pensamiento único, es que no estáis por el pacto, so rencorosos.

Si el presidente del Gobierno, cuando todavía no lo era, dice que "no piensa dar un solo euro de dinero público a los bancos" es un principio ético elogiable que merece el voto para desalojar el crápula que gobernaba. Cuando, siendo ya presidente del Gobierno, decide hacer justo lo contrario es que está haciendo "cualquier cosa" por nosotros, pobrecillos seres humanos que no somos capaces de entender los mecanismos de la política. Y es que pasa lo mismo con la banca politizada, claro. Rodrigo Rato dimite de Bankia dejando un pequeño agujero que es lo que va a tapar el dinero público que Rajoy no daría si mandan los socialistas y que da mandando él. Y se va a ir con una indemnización multimillonaria y cobrando la pensión que le da el Congreso. Si yo dimito de mi puesto de trabajo, aunque lo haya hecho maravillosamente requetebién, me voy sin indemnización y sin derecho a paro. Y si tengo una cuenta en Caja Madrid que no llega a los 1.000 euros de saldo me pegan un sablazo en comisiones mes tras mes porque de algo tendrán que vivir los bancos, digo yo.

Pero todo está pensado para el pueblo, no penséis lo contrario, rojos peligrosos. Porque ha quedado claro que el principal problema de España es el paro, ¿no? Pues por eso Rajoy tiene ahora 82 asesores directos, 27 más de los que tenía el inútil del Zapatero ese. Como lo del dinero a los bancos, eso estaba mal cuando gobernaba el PSOE, pero es una de esas "cualquier cosa"s que Rajoy hace en nuestro beneficio. Fijaos, 27 personas menos en el paro que hay gracias a este presidente del Gobierno y que deben de ser además las que le dicen que lo que decía cuando no mandaba eran una sarta de chorradas irrealizables y oportunistas que ahora que tiene el poder ya no tiene por qué mantener. Y si no da ruedas de prensa es justo por eso, hombre por Dios. Imagínate que un periodista, si es que queda alguno, le pregunta por eso y tiene que decir que nos intenta engañar a todos como si fuéramos idiotas. Qué mal rato, ¿no? Nada, nada, mejor lo evitamos y listo. Y que no le llame a declarar un juez, que algún idiota puso en el Código Penal no sé qué de perjurio para estos casos y la podemos liar...

Porque el fút... digo, la política, es así. La nueva política. La de esta España grande en la que vivimos. En la que no importan ni las palabras ni los hechos. Los de los buenos, claro.