Si hay algo que me encanta cuando alguien mete la pata (queriendo o no), es esa curiosa habilidad que tenemos casi todos para empeorarlo cuando se intenta arreglar el desaguisado en cuestión. Resulta que el obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, habló de curar a los homosexuales de no sé muy bien qué. La reacción de la gente en general fue de indignación, al ver que un obispo tachaba de enfermos a aquellos que tienen un comportamiento sexual, por lo visto, inaceptable. Y ahora sale el Obispado de Alcalá de Henares y saca una nota en la que para negar que Reig Pla llamara "enfermos" a los homosexuales, afirma que éste "ha manifestado reiteradamente su cariño, respeto y comprensión para las personas con AMS, así como su firme decisión de quererlas y ayudarlas a la luz del Magisterio de la Iglesia". ¿AMS? ¿Qué demonios es eso de la AMS?
Pues resulta que esas siglas se refieren a las personas con Atracción a las personas del Mismo Sexo. Con un par. Ahora resulta que necesitamos siglas para definirlos. Pues nada, si esta es la doctrina del Obispado de Alcalá de Henares, sólo cabe preguntarme si a mí, que no soy gay, se referirían como un ASO, es decir, una persona con Atracción a las personas del Sexo Opuesto. Yo iba a poner AOS (...del Otro Sexo), pero ayer me convencieron mis amigos que ASO suena mejor. Que al fin y al cabo se trata de eso, ¿no?, de que suene bien y estemos todos a gusto con la dichosa etiqueta. Y yo que pensaba que todos éramos criaturas de Dios... En el fondo hasta me repatea hablar de estos temas, porque al final siempre tengo la sensación de que le seguimos el juego a quienes crean las polémicas (sí, como lo de los silbidos de la Copa del Rey o tantas otras cosas...), pero también me da rabia no contestar a quienes tratan de aprovecharse de la gente para darse a conocer en estas polémicas, estudiadas campañas de marketing en tantas ocasiones.
Esa misma sensación de ser presa del marketing la he tenido esta semana con respecto al uso oportunista y descarado de la homosexualidad que han hecho las dos grandes editoriales de cómics americanas. Resulta que Marvel ha decidido, en el año 2012 nada menos, plasmar por primera vez una boda gay con uno de sus superhéroes como protagonistas. No es uno de los personajes punteros, pero uno tiene un recuerdo importante de Estrella del Norte de los Alpha Flight, el grupo canadiense por excelencia del Universo Marvel, que John Byrne escribió y dibujó en los años 80. La boda ya publicada será un hito, quién lo puede negar siendo la primera entre dos hombres, pero en el fondo veo más un intento de ganar dinero fácil más que un auténtico progreso social. Pero, claro, la cosa llega ya a nivel de enfado cuando veo la respuesta de la competencia. Resulta que el mismo día que Marvel publica el número en el que se produce la primera boda homosexual, DC anuncia que en breve revelará el nombre de un personaje puntero de su editorial que será reinventado como gay. Tranquilos todos, no es Batman. Ni Robin (Dr. Wertham, puede usted seguir en el olvido más merecido, no se preocupe por el tema).
Vale. Resulta que seguimos en el año 2012 y ser gay tiene que ser noticia. No creo que eso hable demasiado bien de la sociedad en la que vivimos. Como tampoco que a la gente le tengamos que poner etiquetas con siglas en función de su sexo, su orientación sexual, su ideología política, su equipo de fútbol, su lugar de nacimiento o cosas así para saber si está bien o mal lo que hacen. Ayer debió de ser un gran día para los creadores de las etiquetas y los fomentadores indiscriminados del odio. No creo que sea posible cruzar más insultos en las redes sociales entre independistas, nacionalistas, vascos, catalanes, españoles, españolistas (que no es lo mismo), fascistas, rojos, franquistas, futboleros, afutboleros, madrileños y demás enseres. Que sigan disfrutando con esa forma de vivir la vida, siempre generando crispación, enfrentamiento y violencia. Yo paso y, aunque los demás griten más y tengan mejores altavoces, seguiré defendiendo la libertad de pensamiento mientras no sea un elemento que dañe a los demás.
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sábado, mayo 26, 2012
viernes, noviembre 27, 2009
No sé de qué hablar
Supongo que a muchos de vosotros os habrá pasado alguna vez. Tener ganas de hablar de muchas cosas, que se desborden las ideas, que las frases vayan cobrando forma en tu cabeza... y que ese ánimo vaya diluyéndose poco a poco hasta que al final no sientes la misma necesidad de escribirlo. Pues bien, así estoy yo. Veo los informativos, leo la prensa, salgo a la calle y encuentro mil cosas de las que hablar... pero luego me enfrento a la pantalla en blanco y me doy cuenta de que no encuentro las palabras necesarias, no alcanzo un motivo real para decir lo que pienso o pienso que lo que voy a decir es tan radical y políticamente incorrecto que no lo va a entender nadie.Aunque con el suceder de los acontecimientos me apatecía hablar sobre el Alakrana, ya dije que al final no quería hacerlo. Y no quiero hablar porque si hablo tengo que empezar diciendo que todo esto nace de una irresponsabilidad de los marineros que se fueron a pescar lejos de la protección militar que habían solicitado, y me duele que no se esté diciendo. Como no se está diciendo que hay trece barcos secuestrados. O tendría que decir que rechazo por completo el pago de rescate a piratas porque de esta forma envalentonamos a cualquier criminal (o terrorista, ya que estamos...) a pedirnos dinero por cualquier animalada. O que me sorprende que algunos sepan tanto ahora de tareas diplomáticas o tácticas militares. O que me parece descorazonador que el Gobierno tenga una política de comunicación tan horrible.
Y entonces me sale el editorial conjunto de doce periódicos catalanes. Y me muero de ganas por decir lo que pienso, pero al final caigo en el desánimo, devorado por la situación actual y pierdo el interés. Porque tendría que decir que los editoriales son un signo distintivo de cada medio y precisamente por eso no entiendo que haya una unanimidad tan grande en este tema entre esos doce periódicos. Como tampoco entiendo que los medios tengan tanta arrogancia como para hablar en nombre de todo (¿todo?) un pueblo. O que se extienda a "todo el pueblo catalán" la defensa de un Estatuto respaldado en una votación que contó con tan poca participación. O que el respaldo, respeto o presión a los jueces por parte de políticos y periodistas sea siempre a conveniencia. O que la Justicia no para de asombrarme. Muchas cosas que me cansan, vaya...
Pero, claro, ¿cómo no hablar de la reforma de la Ley del Aborto que estudia el Congreso de los Diputados? No, lo dejo, porque entonces piso arenas movedizas. No tengo una posición clara y tajante, y eso me convierte en enemigo de ambos bandos (¿hay dos bandos?). Tendría que recordar la contradicción que nadie quiere tocar y que se manifiesta, por ejemplo, en que una menor de 16 años se pueda poner silicona en los pechos, casarse o tener hijos sin consentimiento de sus padres pero no abortar. O poner el grito en el cielo las presiones inmorales de algunos grupos y personas antiabortistas que se dedican a mandar cartas a los domicilios personales de los políticos
También podría hablar de una variante de este asunto, la manipuladora amenaza de la Iglesia de negar la comunión al político que no se oponga a esa ley. Porque por lo visto no les vale ya con la confesión para purgar el pecado, sino que además tienen que decir públicamente que se arrepienten de ese voto. Y, claro, me hace gracia teniendo en cuenta que el clero tiene el privilegio del secreto de confesión. Y me hace más gracia todavía cuando leo casos como el de Irlanda, en el que la Iglesia, con la connivencia del Estado, ocultó no sé cuántos casos de violaciones de menores a manos de curas. Y ante semejante incongruencia y falta de vergüenza, renuncio también a hablar de esto...
Pienso entonces en hablar de algo ligerito, del Barça-Madrid. ¿Cómo no voy a hablar del Barça-Madrid si todo el mundo habla del partido en cuestión? Pero, claro, resulta que ni soy del Barça ni soy del Madrid, así que en este fanatizado mundo (¿sólo del deporte?) en el que vivimos lo más normal es que los fanáticos me digan que les deje en paz y me vaya a ver a mi equipo. Pues nada, eso haré, que ya que me juega la Real en Madrid, en el campo del Rayo, no vamos a perder la ocasión. Lo mismo después de eso recupero las ganas de hablar de algo. ¿O ya lo he hecho sin darme cuenta...? Vaya, es que cómo son las cosas del lenguaje, que uno empieza a divargar y resulta que dice más de lo que le gustaría...
jueves, marzo 26, 2009
Terror sagrado
Allá por 1991, DC Comics editó este curioso cómic titulado Batman: Terror sagrado. Era la primera historia dentro del sello Elseworlds, en la que se coloca a los héroes en universos y tiempos alternativos. Concretamente, aquí Batman vive en un mundo dominado por la Iglesia. Los policías son inquisidores, se declaran guerras contra regímenes "corruptos y paganos", el apoyo a pornógrafos judíos se paga con el ahorcamiento, las mujeres no tienen el mismo derecho al voto que el hombre y las "razas no blancas" sólo tienen derecho a medio voto y tanto el aborto como la homosexualidad son delitos perseguidos y castigados con la muerte. Los metahumanos, seres con poderes sobrehumanos, son también proscritos, pero el mando eclesial-gubernamental, no duda en utilizarlos para sus propios propósitos.Al final de la historia (no revelo demasiado y no estropeo la lectura de este cómic escrito por Alan Grant y dibujado por Norm Breyfogle; altamente recomendable, por cierto, a pesar de que pase sólo de puntillas por un gran tema que podría haber utilizado: ¿es Superman reflejo de Dios o incluso un Dios en sí mismo...?), acepta el destino que había escogido como sacerdote antes de conocer los motivos de la tragedia que aconteció en su niñez, pero luchando contra la corrupción del poder como Batman. "Dios no es el Estado y el Estado no es Dios. Desafiar a los autoproclamados intérpretes de Dios no es renegar de él. Le serviré a mi manera. Durante el día con las sagradas vestiduras y de noche con otras vestiduras... de un color más oscuro", proclama Batman en ese cómic.
Cuando uno escucha las palabras del Papa sobre el sida con motivo de su viaje a África, cuando uno lo que un colegio religioso entiende por educación no partidista, o cuando escucha cómo se valora una película como Camino (en próximos días escribiré algo yo en mi blog), la sensación que queda es que habría gente feliz en un mundo como el que se describe en Terror sagrado. Respeto las creencias, pero jamás las imposiciones, el "conmigo o contra mí" o el desprecio a los demás. Y hay mucho de todo eso en esos tres ejemplos, y en otros muchos.
lunes, marzo 16, 2009
¡¡¡Zapatero se comerá a vuestros hijos!!!
Tras llamar vuestra atención con ese irónico, satírico y llamativo titular, que por otro lado no creo que llegue nunca a hacerse realidad, entro en materia. Esta es la nueva campaña de la Conferencia Episcopal para mostrar su rechazo al aborto y las modificaciones legales que quiere introducir el Gobierno. No soy religioso, por lo que lo que diga la Iglesia no me atañe; no es un club del que forme parte y no tengo por qué seguir sus reglas morales. Pero las respeto, igual que respeto a quien sí quiere llevar su vida en base a principios religiosos. Tampoco tengo una opinión definitiva ni clara sobre el aborto, con lo que una postura más o menos extremista de uno u otro lado no tiene por qué afectarme. Pero la campaña me ha cabreado, para qué engañaros... El motivo no tiene nada que ver con el tema objeto de debate, no (no tendría sentido porque, al no tener clara una posición, no puedo darme por aludido), sino que tiene que ver con la forma en que la Conferencia Episcopal lanza sus mensajes.Empiezo a estar bastante harto de que cada vez que alguien quiere defender una postura lo haga atacando al que no piensa como él. Y la Conferencia Episcopal Española se maneja de maravilla en ese terreno. No defiende su postura, sino que censura y vilipendia la contraria. Y ya cansa tener que escuchar mensajes así. A mí esta campaña lo que me sugiere es que quien defiende o acepta el aborto debe ser tachado como un asesino de niños. Ni más, ni menos. Eso es lo que dice esta campaña publicitaria. O, como digo en el título de la entrada, que Zapatero se comerá a vuestros hijos, que es lo que parece que tiene ganas de proclamar a los cuatro vientos la Conferencia Episcopal pero no termina de atreverse a hacer. Y yo, sintiéndolo mucho, no me voy a sentir como un asesino de niños por no rechazar el aborto.
Como ya he dicho antes, no tengo una opinión clara sobre el aborto. No conozco a nadie de mi entorno que haya pasado por semejante trance (o si lo ha hecho, a mí no me lo ha contado), ni tengo los conocimientos médicos necesarios para saber cuándo se puede hablar de vida con cierta propiedad (y aquí sí tengo claro que la ciencia tiene mucho más que decir que la religión; es mi forma de pensar, como otros tendrán la suya). Por eso, y porque no acabo de entender cómo es posible que la única institución que prescinde en su experiencia vital de la familia no hace más que hablar sobre ella, no hago mucho caso de este tipo de mensajes. Pero me fastidia, y mucho, que todos los debates se quieran hacer desde posiciones adoctrinadoras y con un claro aire de superioridad. La Iglesia tiene una postura. Una. Nunca LA postura. Y el respeto a lo que piensen los demás es un primer paso imprescindible para poder debatir.
Si la Iglesia quiere hablar de la cuestión de fondo, podemos hacerlo. Yo encantado, como lo estoy al debatir cualquier otro tema. Pero si lo hacemos, tiene que ser con todas las consecuencias. Porque si llevamos la postura de respeto a la vida a todos los terrenos, no sé cómo me va a explicar la Iglesia su rechazo al uso del preservativo, que tantas muertes por sida podría evitar en el Tercer Mundo, o su negativa a la investigación con embriones, una vía que ya hemos visto que tiene una capacidad enorme de salvar vidas. Lo que no puede ser es que se salven sólo las vidas que quiera la Iglesia y como quiera la Iglesia. Lo que esta campaña termina de confirmar es que no quieren formar parte del debate. Quieren dirigirlo e imponer las conclusiones. Lo que piensen los demás no les importa y no lo respetan.
La prueba la ha dado hoy el portavoz de la Conferencia Episcopal, José Antonio Martínez Camino, al rechazar abiertamente ese debate. En la rueda de prensa en la que ha presentado la campaña, se le ha preguntado por estas aparentes contradicciones, pero no ha querido responder. Según dijo, entrar en ello podría "distorsionar" el objetivo de su campaña. Estaba claro que no iba a responder a la pregunta. Lo que sí que no me esperaba de la Iglesia es que llamara a la insumisión. "Una ley que no proteja el derecho a la vida es una ley injusta y que incluso no tiene caracter de ley", ha dicho Martínez Camino. Lo que no me ha aclarado es si se refería sólo a esta Ley, sólo a las leyes que no le gusten a la Iglesia o a todas en general. Porque seguro que hay gente que querrá saltarse otras muchas leyes ahora que ya sabe que tiene el amparo divino al hacerlo...
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