En 2003, Esperanza Aguirre se convirtió en presidenta de la Comunidad de Madrid después de uno de los escándalos más grandes que ha habido en la política española en las últimas décadas. Y ha habido unos cuantos. Pero ninguno como el tamayazo. Eso de que desaparezcan dos diputados socialistas imprescindibles para la investidura de un presidente es algo que no sucedió antes y seguramente no sucederá más. Eso de que todavía no sepamos por qué esos dos diputados decidieron arruinar la posibilidad, ganada en las urnas (con otra anomalía, eso sí, la de que pueda gobernar alguien que no es el más votado), de que Rafael Simancas se convirtiera en presidente madrileño con los votos de PSOE e IU es algo que me tiene todavía perplejo. Hubo una comisión de investigación que Aguirre y su partido, ya en el Gobierno regional después de la repetición de las elecciones, dejó en nada para vergüenza de la democracia aunque a casi nadie le importara aquello.
Sé que habrá gente que lo pensará, pero para mí no era cuestión de partidos. No debieron repetirse esas elecciones. Si de verdad fue una pelea interna, Aguirre y el PP tendrían que haber mostrado grandeza y garantizar la investidura del único candidato absteniéndose en la votación, y lo hubiera dicho igual en caso inverso. Así se habría respetado lo que votó el pueblo. Pero no. Además, llamadme malpensado, pero tengo grabadas en la memoria aquellas declaraciones que ahora, con esta dimisión y el repaso a su carrera política, recuerdan algunos medios de comunicación, aquellas que hizo días antes de la investidura (en la que, y eso sí lo digo de memoria y sin total seguridad, ella no se presentó como candidata alternativa) en las que afirmaba que aún no daba por perdida la presidencia de la Comunidad de Madrid.
Desde entonces, y por una cuestión de creencias e ideales, ni mucho menos por una de color político, tengo un desapego absoluto por la política madrileña. Y ese desapego ha ido creciendo según se producían acontecimientos que lo aconsejaban por higiene mental y democrática. Comenzó Aguirre con aquella promesa de dimitir si había algún enfermo en la lista de espera para ser operado durante más de 30 días. Simplemente, cambió los criterios para entrar en esas listas para que no pudiera darse ese caso, y a correr. Como ahora ha cambiado del "más IVA no" y recoger firmas contra el Gobierno central del PSOE a callar cuando lo ha subido el del PP más aún. Luego llegó Gurtel, otro turbio asunto del que en realidad parece que sabemos mucho menos de lo que hay por detrás de las imágenes de la boda de la hija de José María Aznar y Ana Botella.
Y luego, para completar el cuadro de la anomalía democrática en la que se ha convertido Madrid, precisamente Ana Botella se convirtió en alcaldesa de Madrid sin que el pueblo la haya votado. Eso, evidentemente, no es una anomalía del sistema democrático madrileño, sino nacional, porque en toda España votamos listas cerradas y no candidatos a la Presidencia de las instituciones o siquiera por listas abiertas para cada escaño. Pero con esta situación de doble elección por parte de un poder político sin pasar por las urnas del pueblo, Madrid, la capital del Estado, es paradigma de lo mal hecho que está el modelo en algunas cosas. Ni su primer edil ni su presidente autonómico encabezaron ninguna lista en las recientes elecciones. No estuvieron en los carteles. No se votó pensando en ellos. El ciudadano en Madrid ya no pinta nada, votan ellos y punto.
Ahora Esperanza Aguirre dimite y deja la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Como sus explicaciones no han sido todo lo claras que creo que tendrían que haber sido para disipar las dudas, y teniendo en cuenta su historial de declaraciones, se abre la puerta de la especulación de par en par y sin posibilidad de ser cerrada con motivo. Yo no voy a entrar en ese juego, pues nada sé. Si son cuestiones médicas y personales las que le llevan a abandonar el cargo político para el que fue elegida hace año y medio, no tengo nada que decir. Solo mostrar mi más absoluto respeto y desearle que sea feliz con su vida, que ya pasa al terreno de la indiferencia pues sus decisiones no afectarán ya más a la mía. Pero veo muchos agujeros en las explicaciones y en el calendario. Y las dudas no aclaradas son las que alientan siempre los peores pensamientos sobre las razones que hay detrás de una dimisión de semejante relevancia política y mediática.
Y es que no me parece ni medio normal que tres días después del debate sobre el estado de la región, protagonizado obviamente por la presidenta, ésta presente una dimisión que, dice, lleva meditando mucho tiempo. Porque entonces, ¿para qué sirve ese debate? ¿Y para qué sirve la Asamblea de Madrid? En realidad tampoco me parece normal que dimita año y medio después de las elecciones, porque soy un firme convencido de que el mandato de las urnas tendría que ser sagrado salvo causa de fuerza mayor, pero las dudas sobre si achacar su marcha plenamente a su estado de salud hacen que ese argumento quede en suspenso. Lo que no me parece de recibo en ese caso es que no se convoquen elecciones. Porque, de haberse anunciado hace unas semanas, se podrían haber convocado junto a las vascas y a las gallegas. Pero Madrid, como Spain, debe ser different.
Todas estas dudas vienen dadas porque no se retira de la vida pública, sino de la primera línea política. Dice que va a pedir su reintegro al puesto como técnica de Información y Turismo. Es decir, quiere seguir trabajando. ¿Luego hay razones políticas y/o económicas para dejar su cargo que no se quieran hacer públicas? ¿Tienen algo que ver la precipitada convocatoria de la rueda de prensa en la que anuncio su dimisión (dos horas antes) con el contenido de la reunión previa con Rajoy en la que le comunicó su marcha? Porque, hasta hoy, Esperanza Aguirre había hablado de muchas cosas y la mayoría para oponerse al Gobierno. El caso Bolinaga o la ley antitabaco (por lo de Eurovegas) han sido los dos últimos ejemplos de una larga lista, pero evidentemente la situación económica y la realidad económica de la Comunidad de Madrid se ponen directamente sobre la mesa. Porque sigo sin ver a alguien que hace poco tiempo amagó con ser alternativa a Rajoy en el liderazgo de su partido o que siempre haya dicho que quería ser alcaldesa de Madrid anunciando una dimisión y una retirada así como así.
Tengo la sensación de que hay muchas cosas que no se han contado y una sensación aún más clara de que, por desgracia, nunca las vamos a conocer a ciencia cierta. Como con el tamayazo. Y como entonces, sólo podremos especular con lo que vaya sucediendo a partir de ahora. Pero al menos sí se puede decir abiertamente, con tanta rotundidad como pesar, que Madrid es una anomalía democrática por tener un presidente, en breve, y una alcaldesa que no se presentaron a unas elecciones como cabezas de lista. Cuánta falta hace la reforma de la ley electoral y qué poco interés parecen tener en reformarla los únicos que tienen la capacidad para hacerlo.
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lunes, septiembre 17, 2012
martes, agosto 21, 2012
Se hace camino al andar
Me gusta caminar. Viviendo en una gran ciudad, capital del reino que dirían algunos, lo de caminar es algo que casi parece raro, bizarro y rocambolesco, pero me gusta. Si el trayecto es de hasta una hora a pie y dispongo del tiempo necesario para hacerlo, me calzo mis deportivas y ando, sin pensármelo dos veces. Siempre he creído que andar es muy saludable. Constituye, de hecho, un elevadísimo porcentaje (nótese el sutil eufemismo) del ejercicio que hago cada semana. Y lo hago con gusto, me sienta bien.
A la hora de andar, suelo toparme con un problema, y es que cada vez resulta más difícil encontrar gente dispuesta a ir a los sitios andando. Sacarse el carnet de conducir y disponer de coche tiene un efecto maquiavélico que todo conductor niega vehementemente a priori y que después cumple a rajatabla muy a su pesar: si tienes coche, ya no andas. Incluso los trayectos cortos los hacen con el volante entre las manos y los pies en los pedales. Andar es, para ellos, una pérdida de tiempo, porque con el coche en cinco minutos se llega a cualquier sitio.
Menos mal que nuestros concienciados gobiernos no dejan de pensar en nosotros y trabajar para mejorar nuestros hábitos. ¿Que usamos mucho el coche? Pues subimos la gasolina y listo. Les decimos a los consumidores que ha subido el petróleo, que, total, nadie se fija en esas cosas, y la cosa cuela. Cuando baja el petróleo, la gasolina no lo hace, pero qué más da, si alguien lo preguntara les soltamos alguna cortina de humo y listo. Para que no usen tanto el coche luego les decimos que utilicen el transporte público. Que si está muy bien, que si contaminamos menos, que si es barato...
Una vez que ya tenemos convencido al personal de que el transporte público es bueno, bonito y barato, una vez que presumimos de tener la mejor red de comunicaciones del mundo, entonces subimos el precio. Así, a pelo y sin anestesia. Habrá quien se pregunte por qué, si cada vez lo utilizaba más gente y, por tanto, tendría que ser más rentable, pero no es cuestión de ser quisquillosos. Se sube para mantener la calidad del servicio. Sí, siempre hay algún alborotador, sobre todo algún socialista de esos, pero en general la gente traga porque la decisión la toma gente muy, muy, muy capaz y preparada.
El siguiente paso es evidente. Recortar prestaciones. Que si menor frecuencia de paso de los autobuses, que si cierra antes el Metro, que si las escaleras mecánicas dejan de funcionar sospechosamente... Es decir, que ahora pagamos más recibiendo un peor servicio. ¿Que nos queda después de eso? Volver a subir el precio, por supuesto. ¿Y cuál es la jugada maestra? Esconder la subida en la decisión de otro responsable político. Que el Gobierno central sube el IVA, pues yo me apunto el carro y lo subo todo. Incluyendo el transporte que acabo de subir ya por mi cuenta.
Si no fuera por el inmenso desprecio que siento hacia su trabajo político allá por donde haya pasado, casi podría pensar que la excelsa presidenta de la Comunidad de Madrid es mucho más inteligente que lo que su guiñol y Caiga quien caiga nos hicieron pensar durante años... Porque ahí está, ahí está viendo pasar el tiempo y no es precisamente la Puerta de Alcalá... Yo le tengo que agradecer que me anime en mi propósito de hacer camino al andar. Porque cada vez voy a andar más y a pagar menos abonos, menos metrobuses y menos billetes de transporte. Cada vez menos. Hasta que me acabe yendo andando a Alcobendas o a Getafe. Tiempo al tiempo...
A la hora de andar, suelo toparme con un problema, y es que cada vez resulta más difícil encontrar gente dispuesta a ir a los sitios andando. Sacarse el carnet de conducir y disponer de coche tiene un efecto maquiavélico que todo conductor niega vehementemente a priori y que después cumple a rajatabla muy a su pesar: si tienes coche, ya no andas. Incluso los trayectos cortos los hacen con el volante entre las manos y los pies en los pedales. Andar es, para ellos, una pérdida de tiempo, porque con el coche en cinco minutos se llega a cualquier sitio.
Menos mal que nuestros concienciados gobiernos no dejan de pensar en nosotros y trabajar para mejorar nuestros hábitos. ¿Que usamos mucho el coche? Pues subimos la gasolina y listo. Les decimos a los consumidores que ha subido el petróleo, que, total, nadie se fija en esas cosas, y la cosa cuela. Cuando baja el petróleo, la gasolina no lo hace, pero qué más da, si alguien lo preguntara les soltamos alguna cortina de humo y listo. Para que no usen tanto el coche luego les decimos que utilicen el transporte público. Que si está muy bien, que si contaminamos menos, que si es barato...
Una vez que ya tenemos convencido al personal de que el transporte público es bueno, bonito y barato, una vez que presumimos de tener la mejor red de comunicaciones del mundo, entonces subimos el precio. Así, a pelo y sin anestesia. Habrá quien se pregunte por qué, si cada vez lo utilizaba más gente y, por tanto, tendría que ser más rentable, pero no es cuestión de ser quisquillosos. Se sube para mantener la calidad del servicio. Sí, siempre hay algún alborotador, sobre todo algún socialista de esos, pero en general la gente traga porque la decisión la toma gente muy, muy, muy capaz y preparada.
El siguiente paso es evidente. Recortar prestaciones. Que si menor frecuencia de paso de los autobuses, que si cierra antes el Metro, que si las escaleras mecánicas dejan de funcionar sospechosamente... Es decir, que ahora pagamos más recibiendo un peor servicio. ¿Que nos queda después de eso? Volver a subir el precio, por supuesto. ¿Y cuál es la jugada maestra? Esconder la subida en la decisión de otro responsable político. Que el Gobierno central sube el IVA, pues yo me apunto el carro y lo subo todo. Incluyendo el transporte que acabo de subir ya por mi cuenta.
Si no fuera por el inmenso desprecio que siento hacia su trabajo político allá por donde haya pasado, casi podría pensar que la excelsa presidenta de la Comunidad de Madrid es mucho más inteligente que lo que su guiñol y Caiga quien caiga nos hicieron pensar durante años... Porque ahí está, ahí está viendo pasar el tiempo y no es precisamente la Puerta de Alcalá... Yo le tengo que agradecer que me anime en mi propósito de hacer camino al andar. Porque cada vez voy a andar más y a pagar menos abonos, menos metrobuses y menos billetes de transporte. Cada vez menos. Hasta que me acabe yendo andando a Alcobendas o a Getafe. Tiempo al tiempo...
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miércoles, mayo 23, 2012
Unos silbidos más justificados
Hay quien piensa que la peregrina idea de Esperanza Aguirre de suspender la final de la Copa del Rey si se producen, que sevan a producir, silbidos contra el himno de España o contra el Príncipe de Asturias, que por lo que dicen sustituirá al Rey en esta tarea por primera vez, es una cortina de humo. Que la presidenta de la Comunidad de Madrid quiere que se hable de otras cosas y no de lo de Bankia, de lo del déficit regional que de repente ha crecido, o la más que interesante situación de la educación o la sanidad. Y como buena cortina de humo, hay quien cree que no se debería de hablar de ello, sino que lo ideal sería dejar caer en el olvido una idea hoy en día imposible de llevar a la práctica. ¿Pero sabéis qué? Creo que es bueno que se hable de esto. No seguramente como se está haciendo, pero sí creo que es importante evaluar lo que significan declaraciones como las de Aguirre. Y eso no quiere decir que dejemos de hablar de otras cosas, que tiempo y espacio hay para todo en un mundo tan fácil de cubrir informativamente como es el actual.
No creo que haya que ser un gran estratega político o social para saber que, si ya estaba en marcha una protesta para los prolegómenos de ese Barça - Athletic de Copa, las palabras de Aguirre no han hecho más que darle un incentivo. Es decir, que habrá ese día todavía más afirmación nacionalista gracias a la presidenta de la Comunidad de Madrid. Podría haber elogiado ese plan que también he visto por Internet de recordar a Aitor Zabaleta (¿dónde fue asesinado? Ah, sí, en Madrid...), pero ella prefiere la bronca, la confrontación, la generación de malestar entre aquellos que no piensan como ella. Y las críticas que recibe por sus palabras son para ella un refuerzo, claro. La continuación en sus declaraciones es que hay que respetar también su libertad de expresión. Y, sí, es cierto. Respeto que la presidenta madrileña diga lo que quiera, igual que ella tiene que respetar que a mí me parezca una absoluta memez impracticable. Hasta ahí acaban los únicos puntos de acuerdo que podemos tener la protagonista de la historia y un servidor.
El fútbol, por desgracia, se usa en España para manifestaciones de todo tipo. A mí no me gusta. No me gusta que se use la final de la Copa para abuchear al jefe del Estado, o a su heredero, o a la bandera. Como tampoco me gusta que se utilice el Día de la Hispanidad o el de la Fuerzas Armadas para abuchear al presidente del Gobierno. El otro, claro, el innombrable, ese que lo hacía todo mal y no como el de ahora, que hace las cosas como Dios manda. Pero eso a Aguirre sí le debía de gustar. Supongo que los insultos y los silbidos son lógicos o razonables en función de a quién le caigan. Yo, desde luego, no opino así. Al contrario, creo que hay actos que tendrían que estar por encima de las protestas, por respeto a sus protagonistas. Pero si no lo son unos, otros corren el riesgo de dejar de serlo también.
Y por seguir con el tema futbolístico, resulta que yo soy seguidor de un equipo vasco. Del otro, no del que juega la final y que a veces parece que es el único vasco del mundo (perdón por la deriva forofa, pero es que la cosa también tiene tela por ese lado...).Y resulta que en Madrid, la Comunidad que preside Esperanza Aguirre, son continuos los insultos y vejaciones que tengo que escuchar en algunos campos, desde hace incontables años, así como la presencia de símbolos franquistas y nazis (cada vez menos, afortunadamente). Y Esperanza Aguirre jamás ha dicho nada. Ni se ha planteado suspender partidos, ni los demás le hemos importado lo más mínimo. Es más. Lo que dice Esperanza Aguirre espoleará las manifestaciones nacionalistas de Cataluña y Euskadi, y eso seguramente alentará a los nacionalistas españoles que usan el fútbol en Madrid para que gente como yo no pueda ir a un estadio con su camiseta. Gracias, presidenta.
¿Qué me dice esto de quién es Esperanza Aguirre? Pues algo que ya sabía y que, creo, mucha gente se resiste a admitir, y es que la presidenta de la Comunidad de Madrid sólo vive, trabaja y gobierna para aquellos que están de acuerdo con ella. Repasar sus declaraciones desde hace algunos años lleva a esa conclusión irrebatible. La hemos visto encarándose con prepotencia a personal sanitario de un hospital que protestaba contra ella, y riéndose luego de sus reivindicaciones (justas o no, su trabajo es estudiarlas). La hemos visto riéndose de aquellos que tienen sueldos bajos, que son la inmensa mayoría de sus ciudadanos, al decir que ella no llegaba a fin de mes con su aparentemente exiguo sueldo. La hemos escuchado hablando con poca responsabilidad de los recortes que está aplicando, con lo de las "partidas maravillosas" que tiene para reducir, sin pensar en el daño o el perjuicio que puede hacer en las vidas de la gente. Y así podríamos seguir hasta mañana. O pasado. O la semana que viene. Aguirre gusta de juzgar el comportamiento de los demás, pero le disgusta muchísimo que hagamos lo mismo con el suyo.
¿Que quiere suspender la final de Copa? Yo quiero suspender su Gobierno. Quiero que las cosas que me cuentan en los hospitales no se hagan realidad. Quiero que deje de subir tasas. Quiero que me dé cifras reales de déficit en lugar de usarlas para cargarse la imagen del Gobierno de Zapatero fuera de España y luego descubramos su parte de responsabilidad en ese tema. Quiero que deje de decir cosas como que no hay recortes en Educación cuando se barajan cifras de despidos de profesores. Quiero que deje de subir el sueldo de sus altos cargos mientras reduce el de sus funcionarios. Y quiero tantas cosas que afectan a su gestión como presidenta de la Comunidad de Madrid y a sus ideas como dirigente del partido que casi tiene un poder absoluto en España en estos momentos, que no tiene sentido que siga martirizándome escribiéndolas aquí. Yo cambiaría los silbidos contra el Príncipe o contra el himno nacional por una cacerolada contra la presidenta de la Comunidad de Madrid. Lo veo mucho, pero mucho, más justificado que lo otro. Pero cada cual silba a quien quiere y donde quiere, ¿no?
No creo que haya que ser un gran estratega político o social para saber que, si ya estaba en marcha una protesta para los prolegómenos de ese Barça - Athletic de Copa, las palabras de Aguirre no han hecho más que darle un incentivo. Es decir, que habrá ese día todavía más afirmación nacionalista gracias a la presidenta de la Comunidad de Madrid. Podría haber elogiado ese plan que también he visto por Internet de recordar a Aitor Zabaleta (¿dónde fue asesinado? Ah, sí, en Madrid...), pero ella prefiere la bronca, la confrontación, la generación de malestar entre aquellos que no piensan como ella. Y las críticas que recibe por sus palabras son para ella un refuerzo, claro. La continuación en sus declaraciones es que hay que respetar también su libertad de expresión. Y, sí, es cierto. Respeto que la presidenta madrileña diga lo que quiera, igual que ella tiene que respetar que a mí me parezca una absoluta memez impracticable. Hasta ahí acaban los únicos puntos de acuerdo que podemos tener la protagonista de la historia y un servidor.
El fútbol, por desgracia, se usa en España para manifestaciones de todo tipo. A mí no me gusta. No me gusta que se use la final de la Copa para abuchear al jefe del Estado, o a su heredero, o a la bandera. Como tampoco me gusta que se utilice el Día de la Hispanidad o el de la Fuerzas Armadas para abuchear al presidente del Gobierno. El otro, claro, el innombrable, ese que lo hacía todo mal y no como el de ahora, que hace las cosas como Dios manda. Pero eso a Aguirre sí le debía de gustar. Supongo que los insultos y los silbidos son lógicos o razonables en función de a quién le caigan. Yo, desde luego, no opino así. Al contrario, creo que hay actos que tendrían que estar por encima de las protestas, por respeto a sus protagonistas. Pero si no lo son unos, otros corren el riesgo de dejar de serlo también.
Y por seguir con el tema futbolístico, resulta que yo soy seguidor de un equipo vasco. Del otro, no del que juega la final y que a veces parece que es el único vasco del mundo (perdón por la deriva forofa, pero es que la cosa también tiene tela por ese lado...).Y resulta que en Madrid, la Comunidad que preside Esperanza Aguirre, son continuos los insultos y vejaciones que tengo que escuchar en algunos campos, desde hace incontables años, así como la presencia de símbolos franquistas y nazis (cada vez menos, afortunadamente). Y Esperanza Aguirre jamás ha dicho nada. Ni se ha planteado suspender partidos, ni los demás le hemos importado lo más mínimo. Es más. Lo que dice Esperanza Aguirre espoleará las manifestaciones nacionalistas de Cataluña y Euskadi, y eso seguramente alentará a los nacionalistas españoles que usan el fútbol en Madrid para que gente como yo no pueda ir a un estadio con su camiseta. Gracias, presidenta.
¿Qué me dice esto de quién es Esperanza Aguirre? Pues algo que ya sabía y que, creo, mucha gente se resiste a admitir, y es que la presidenta de la Comunidad de Madrid sólo vive, trabaja y gobierna para aquellos que están de acuerdo con ella. Repasar sus declaraciones desde hace algunos años lleva a esa conclusión irrebatible. La hemos visto encarándose con prepotencia a personal sanitario de un hospital que protestaba contra ella, y riéndose luego de sus reivindicaciones (justas o no, su trabajo es estudiarlas). La hemos visto riéndose de aquellos que tienen sueldos bajos, que son la inmensa mayoría de sus ciudadanos, al decir que ella no llegaba a fin de mes con su aparentemente exiguo sueldo. La hemos escuchado hablando con poca responsabilidad de los recortes que está aplicando, con lo de las "partidas maravillosas" que tiene para reducir, sin pensar en el daño o el perjuicio que puede hacer en las vidas de la gente. Y así podríamos seguir hasta mañana. O pasado. O la semana que viene. Aguirre gusta de juzgar el comportamiento de los demás, pero le disgusta muchísimo que hagamos lo mismo con el suyo.
¿Que quiere suspender la final de Copa? Yo quiero suspender su Gobierno. Quiero que las cosas que me cuentan en los hospitales no se hagan realidad. Quiero que deje de subir tasas. Quiero que me dé cifras reales de déficit en lugar de usarlas para cargarse la imagen del Gobierno de Zapatero fuera de España y luego descubramos su parte de responsabilidad en ese tema. Quiero que deje de decir cosas como que no hay recortes en Educación cuando se barajan cifras de despidos de profesores. Quiero que deje de subir el sueldo de sus altos cargos mientras reduce el de sus funcionarios. Y quiero tantas cosas que afectan a su gestión como presidenta de la Comunidad de Madrid y a sus ideas como dirigente del partido que casi tiene un poder absoluto en España en estos momentos, que no tiene sentido que siga martirizándome escribiéndolas aquí. Yo cambiaría los silbidos contra el Príncipe o contra el himno nacional por una cacerolada contra la presidenta de la Comunidad de Madrid. Lo veo mucho, pero mucho, más justificado que lo otro. Pero cada cual silba a quien quiere y donde quiere, ¿no?
jueves, noviembre 13, 2008
"Yo creo que Franco era bastante socialista"
Reescribamos los libros de Historia, queridos amigos, que la autoproclamada lideresa del PP, nos ha informado a todos de nuestro error. Franco ni era fascista, ni dictador, ni totalitario, ni caudillo, ni siquiera generalísimo. "Franco era bastante socialista", dijo anoche Esperanza Aguirre en el programa de TVE 59 segundos. Ni más ni menos. Con un par de bemoles. Uno no sabe muy bien a qué atribuir una afirmación como ésta. ¿Es ignorancia? ¿Desfachatez? ¿Ganas de provocar al periodista que le estaba haciendo preguntas en ese momento, José María Calleja (que bastante enfado mostró y con bastante corrección se mostró para lo que demandaba una sentencia así)? ¿Mala fe? Que cada cual se quede con la explicación que más le guste, yo la mía la tengo clara, pero prefiero no decir nada más, porque la indignación podría llevarme a decorar el texto resultante con algunos epítetos quizá poco apropiados para su lectura.
Lo que sí tengo que decir es que empiezo a estar verdaderamente harto de que las acusaciones a la Ley de Memoria Histórica (esa que dice la derecha que reabre heridas, que divide a los españoles y todo eso; supongo que me lo tengo que creer tan firmemente como cuando nos anunciaban la ruptura de España, su balcanización o la rendición de Navarra a ETA, cuando Miguel Sanz era todavía uno de los buenos) vengan de personas así. No siempre de Aguirre, auqnue le guste estar en todos los fregaos, pero sí de alguien parecido a ella en el pensamiento. Quien se atreve a afirmar en una televisión pública que Franco era "bastante socialista" tiene un grave problema. Supone un desconocimiento tan grande, una perversión tan grande de la Historia, que resulta realmente difícil de creer (yo mismo he tenido que ver el vídeo esta mañana para cerciorarme de que ésto es lo que dijo anoche en TVE). Pero sobre todo es una falta de respeto a tantas y tantas personas que sufrieron la represión de 40 años de dictadura franquista. Está fomentando esas dos Españas, está abriendo esas heridas que dice cerradas y está echando sal sobre ellas. Pero luego le echará la culpa a los demás, claro.
Lo triste de todo es que esta rocambolesca afirmación no es un desliz extraordinario en la carrera de Esperanza Aguirre, ya que son muchas las historietas que nos ha ido dejando en el tiempo. No tuve ocasión hace ya algunas fechas de comentar la más reciente, lo que decía el ex director de ABC, José Antonio Zarzalejos, sobre la presidenta de la Comunidad de Madrid. Para echarse a temblar, porque encaja perfectamente (aunque no quisiera entrar a valorarlas ni siquiera para desmentirlas en 59 segundos). Una más, pensé entonces, de una de las personas que más miedo me dan de entre todas las que se dedican a la política y cuya repetida elección en cargos tan importantes como el que desempeña, el de presidenta del Senado o el de ministra me sigue pareciendo un misterio de solución insondable. Metidos sólo en problemas con la prensa, todos los que tenemos la oportunidad de ver los Informativos de Telemadrid sabemos cómo funcionan y recordamos el cese de Germán Yanke en el canal público madrileño (Aguirre negó su influencia en este asunto), a causa de esta pregunta que no gustó a la presidenta.
Muchas han sido las perlas que ha dejado Esperanza Aguirre para la posteridad, cuya leyenda nació ya siendo ministra de Cultura. Muchas han sido sus broncas con Gallardón (la última, liviana eso sí, la provocó anoche al desvelarnos los pensamientos del alcalde de Madrid, en lo que para muchos ha sido el titular de su intervención en 59 segundos), y unas cuantas las que ha tenido con Rajoy por unas críticas en las que siempre se ha caracterizado por lanzar la piedra y esconder la mano (como con su inexistente candidatura alternativa en el último Congreso del PP). Unos cuantos los problemas que ha tenido por su particular visión de la sanidad pública (vídeo aquí, texto aquí) o por su piquete de oposición al Gobierno central por cualquier tema, incluso la ley anti-tabaco (no hay aventura pequeña para estos nobles y desinteresados fines), convirtiéndose en la presidenta de los madrileños del PP antes que de todos los madrileños. Cargo al que, por cierto, accedió en oscuras circunstancias todavía no muy bien aclaradas, un episodio sospechoso del que seguramente nunca sabremos con certeza la verdad.
Si alguien quier ver el vídeo completo de la entrevista, puede verlo en la web de RTVE. Quien se conforme con escuchar la perla que tanto me indignó anoche, me sigue indignando hoy y me seguirá indignando toda la vida, se puede conformar con el vídeo de abajo, que tiene algunos de los momentos más memorables de la entrevista. Yo seguiré aquí con mi indignación, pensando en la dramática situación de que lo más probable es que en 2011 vuelva a arrasar en las elecciones y la tenga otros cuatro años más de presidenta...
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martes, abril 22, 2008
El (nulo) valor de la palabra
No había escrito todavía ni una sola línea sobre lo que está pasando en el PP tras la derrota en las elecciones generales. Ha sido un mes y medio muy intenso en el primer partido de la oposición. Me hace cierta gracia lo que veo porque creo que en el PP está pasando ahora lo que ya pasó en el PSOE hace una década. Una sucesión dirigida que no gusta a las bases, una severa derrota en las urnas, posibilidades de que surjan candidatos alternativos al oficial, gente ya pidiendo primarias, y, sobre todo, palabras y cuchillos cruzados. En mi casa se generalizó en su día la expresión "guirigai socialista". Comenzó a escucharse con un tono más o menos serio en los tiempos de Almunia y Borrel y se ha seguido utilizando de forma más jocosa por algunos, ya con Zapatero, cada vez que hablaba Bono o Ibarra. Hoy no se habla de "guirigai popular". Como poco, curioso...La lección que se puede sacar de todo este embrollo político es que la nominación digital es muy mala para un partido, sea el que sea. En el PSOE lo descubrieron con el nombramiento a dedo de Almunia por parte de Felipe. En el PP parecen darse cuenta ahora, con el de Rajoy y Aznar. Cuatro años tarde de lo que debiera haberse dado cuenta el ahora líder popular (porque sigo sin entender porque ha tragado todo lo que ha tragado durante los últimos cuatro años; ¿estaba actuando antes o está actuando ahora?). O diez, si se mira el ejemplo socialista.
El caso es que la figura de la que más se habla estos días es la de Esperanza Aguirre. La presidenta de la Comunidad de Madrid estuvo ayer en 59 segundos, para ser magníficamente entrevistada por la subidrectora y presentadora del programa, Ana Pastor, y los seis periodistas que le acompañaban en la mesa (una entrevista excelente, directa al grano, sin esquivar preguntas). Fueron 40 minutos intentos e interesantísimos porque, aunque a simple vista no hubiera grandes novedades, lo cierto es que deja una sentencia clarísima. Y es el valor que se le da en política a la palabra dada. El nulo valor, debiera decir. Aguirre sentenció en numerosas ocasiones que no tenía intención de presentarse como alternativa a Rajoy y que su voto en el Congreso iba a ser para el ahora presidente. Pero sentenció al final que las posturas no eran inamovibles, que las adhesiones no eran inquebrantales. O lo que es lo mismo, que por mucho que ahora diga que no se va a presentar, puede hacerlo. Que por mucho que diga que apoya a Rajoy, puede no hacerlo.
Parece un razonamiento banal, pero es muy interesante. Aguirre no opta por eludir la respuesta o decir que no sabe lo que va a hacer. Dice lo que va a hacer pero ella misma garantiza que puede no suceder lo que está proclamando y cambiar de opinión. ¿Entonces de qué sirve que adopte una posición o la contraria? Si no está segura de apoyar a Rajoy en el Congreso de junio, que no le apoye ahora. Si no está segura de no presentarse en ese cónclave, que no diga con firmeza que no lo va a hacer. Todo lo demás es una tomadura de pelo, que creo que es lo que estuvo haciendo la presidenta de la Comunidad de Madrid durante la entrevista, lo que está haciendo desde el día de las elecciones generales. Escuchar a Aguirre se ha convertido en una auténtica pérdida de tiempo. No hay muchas opciones: o no sabe lo que quiere hacer o está calibrando las posibilidades que tiene de ganar.
Se lo señalaron muy bien durante la entrevista. Mal debe estar comunicando sus pensamientos e intenciones cuando todo el mundo (la gente, votantes o no del PP, y los medios de comunicación) parece estar convencido de que dará el paso o, al menos, está maniobrando para conocer los apoyos que podría tener en caso de darlo. Y no es que me parezca mal que se presente, todo lo contrario. Me parecería un buen ejercicio de pluralidad en el PP, un ejercicio que todavía no ha sabido hacer desde la Transición (Fraga nombró a dedo a Aznar y Aznar hizo lo propio con Rajoy). Que la gente se pregunte si tiene derecho a presentarse o si es una traición al partido me parece un tanto irrisorio. ¿Desde cuando ejercer la democracia es algo negativo? Y eso que la elección no la harán las bases, sino unos compromisarios (es decir, no son unas elecciones primarias, sino un Congreso para las élites).
Pero todo esto tiene una trampa, que sútilmente dejó entrever Aguirre en 59 segundos. Los estatutos del PP señalan que los congresos deben realizarse cada tres años. Siguiendo ese calendario, eso quiere decir que el próximo cónclave sería en junio de 2011. Es decir, antes de las próximas elecciones generales y después de las próximas europeas, gallegas y vascas. En la práctica, eso quiere decir que Aguirre tiene motivos muy fundados para no ser candidata ahora. ¿Para qué? Mejor que Rajoy se coma el desgaste de tres duras elecciones de muy dudoso éxito para el partido. Las tres anteriores citas de este calibre fueron victorias del PSOE y, si en las otras dos hay dudas sobre el resultado final, es seguro que en las vascas el PP repetirá el mal dato de las últimas convocatorias. Así que Aguirre puede sentarse plácidamente a ver cómo Rajoy sufre tres varapalos electorales más y presentarse en 2011 como la salvadora.
No tengo ni la más remota idea de lo que puede pasar en el Congreso que el PP celebra en junio, pero cada vez tengo una sensación mayor de que se cerrará en falso. Sin debate, sin candidato alternativo, y sin reflexión sobre por qué han logrado movilizar de una forma tan espectacular a tanto votante de izquierdas. Ellos sabrán...
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martes, enero 29, 2008
Juicios precipitados, responsabilidades no asumidas
Admito que nunca entendí del todo los detalles del famoso caso del Hospital Severo Ochoa de Leganés, en Madrid. Muchos datos, muchas acusaciones cruzadas y, sobre todo, un asunto que nunca me ha tocado de forma directa. En el momento en el que estalló el asunto, allá por abril de 2005, no me pude informar debidamente y después me fue complicado recuperar datos. Por eso no tenía una opinión demasiado formada. Pero ahora hemos llegado al fin del camino judicial de ese asunto. Y ya tenemos una conclusión firme: no hubo mala práctica en la sedación de 400 pacientes terminales ni responsabilidad de los médicos en sus muertes. Lo dice el juez y eso debiera ser imporante.En España tenemos la costumbre de hacer juicios paralelos y precipitados. Cuando el entonces consejero madrileño de Sanidad, Manuel Lamela, anunció a bombo y platillo que "las acusaciones recibidas indican que se han producido sedaciones irregulares con resultado de muerte" y cesó a los responsables del Hospital, entró en un camino muy peligroso. Dio por hecho que los médicos acusados eran culpables. Y en el perverso juego político-mediático en el que vive inmerso España, todo el PP y todos sus medios afines, le respaldaron. El Mundo fue especialmente beligerante contra los médicos. En la COPE, gente como Federico Jiménez Losantos, César Vidal o Cristina López Schlichting utilizaron términos como "terminators", "homicidas" o "asesinos", tal y como recuerda hoy El País.
Esos juicios prematuros habrán provocado, sin duda, algunas consecuencias irreversibles. Seguro que ha habido pacientes terminales que, en estos últimos tres años, no han recibido la sedación adecuada, ya que un médico puede dudar al aplicarla si con eso se va a ganar el despido y un juicio por asesinato. Esos pacientes, seguramente es imposible saber cuántos, han muerto con más dolor del normal. Es duro pensarlo que eso haya podido suceder pero, sobre todo, debe de ser muy duro vivirlo. La sanidad pública en general se encontró también bastante en entredicho. Los médicos cuyos nombres y apellidos se relacionaron con este asunto no sólo en entredicho, sino con un futuro profesional arruinado y en el paro.
Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, se ha distinguido en los últimos tiempos por sus polémicas en torno a la sanidad pública. Inaugura hospitales que no pueden funcionar todavía y con aparatos traídos de otros centros sólo para hacer las fotos. Incumplió su promesa electoral de dimitir si hay pacientes que superan los 30 días en las listas de espera, y sabe perfectamente que hay muchísimos, aunque escurre el bulto cada vez que uno de ellos le hace llegar su queja. Y ha hecho una clara apuesta por la sanidad privada, a cuyas manos entrega los hospitales que ha construido con el dinero público (en realidad no me atrevo a decir si esta decisión es positiva o negativa, pero es un indicativo de que a la presidenta no le entusiasma el modelo público actual).
En su día, cuando se conoció el caso, Aguirre se amparó en que los ceses eran reversibles si se demostraba que su consejero de Sanidad, su Gobierno y ella misma se habían equivocado. "Esa equivocación es reversible. En cuanto esto se aclare, se vuelve a reponer a esas personas", dijo entonces. Una hipocresía más. Nunca va a reponer a los cesados en sus cargos. Nunca va a pedir disculpas por el juicio precipitado. Nunca va a dar marcha atrás, como no lo ha hecho en tantos y tantos asuntos. Ayer sólo dijo que se alegraba de que no hubiera habido mala práctica y que no tenía nada personal contra los médicos. Ayer se amparó en que no conocía la sentencia en su totalidad para no responder a la prensa. Hoy se escuda en las declaraciones que ha hecho su consejero de Sanidad y se cabrea ante la insistencia de la prensa. ¿Le parece eso suficiente a la presidenta de la Comunidad de Madrid? Por desgracia para los que vivimos en Madrid parece que sí, que no piensa hacer nada más.
Como todo el PP y su corte mediática se lanzaron rápidamente a defender la acción de Lamela y ahora se aprestan a ocultar en la medida de lo posible la decisión judicial (lo que antes entraba en las páginas de Sociedad o Nacional ahora se queda en las de Local), la responsabilidad tiene que asumirla todo el mundo. Empezando por la dirección nacional del PP. Rajoy dijo lo siguiente en 2005: "El consejero Lamela es uno de los políticos más importantes de nuestro partido. Él no es el prototipo de persona que toma sus decisiones sin saber por qué las toma o sin conocimiento de causa". Hoy ha dicho lo siguiente: "No conozco mucho el caso, hay que estar a lo que digan los jueces, que tienen la ultima palabra. Creo que aquí lo que hubo fue una denuncia, y las denuncias no se tiene por qué ganarlas siempre, a veces, como en la vida, te dan la razón, y a veces no". Si lo de Aguirre no es suficiente, esto tampoco. A menos que quieran tomarnos el pelo. Va a ser eso, claro...
El PP se ha pasado cuatro años escudándose en que las responsabilidades políticas que se le piden son cosa del pasado. Dice que las urnas ya evaluaron el Prestige, el Yak-42, Irak o el 11-M, aunque muchas de las conclusiones finales de algunas de estas cuestiones se han conocido en esta legislatura. Ahora se le presenta un caso en el que el político al que apuntan todas las miradas sigue siendo consejero de la Comunidad de Madrid, eso sí, en otra cartera, la de Transportes. ¿Qué van a hacer? Pues tapar el asunto y agarrarse a la silla. Ya lo ha dicho el actual consejero de Sanidad, Juan José Güemes, que ve "bien tomada" la decisión de cesar al doctor Montes y demás doctores. Y punto en boca para todos aquellos que puedan pensar lo contrario.
Los del otro lado dimiten poco, pero los de este casi nunca. Eso sí, la derecha no debe de pedir dimisiones a mansalva de quien le interesa. No les veo legitimados para exigir tanto, y cada vez menos. No hay nada que esperar ya ni de Rajoy ni de Aguirre. Del primero, con suerte para toda España, nos libraremos después del 9 de marzo. A la segunda todavía hay que soportarla tres años más en Madrid, porque, aunque me siga pareciendo mentira, sacó una impresionante mayoría absoluta en las elecciones del año pasado. ¿Será que a la gente no le llegan estos asuntos? Los sociólogos debieran estudiarlo, de verdad...
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jueves, enero 17, 2008
Pensando en ellos mismos
Un aspecto de la crisis del PP en el que casi nadie está incidiendo es el retrato que supone de nuestros políticos. Obviamente, ni sabemos ni sabremos nunca todo lo que sucedió ayer para llegar al desenlace que conocimos, que Ruiz-Gallardón no estará en las listas del PP para las próximas elecciones generales, pero ninguno de los implicados queda en buen lugar a tenor de las informaciones que se han publicado. Sólo hay una conclusión posible. A todos los implicados les importan un bledo España y los españoles. Todos y cada uno de ellos han actuado pensando en ellos mismos, movidos por sus propios intereses personales.Mariano Rajoy, presidente del PP, queda como un muy mal gestor de su propio partido. ¿Tenía ya tomada la decisión de no incluir a Gallardón en las listas? Unos dicen que sí (y que llevó un papel escrito que leyó ante el alcalde de Madrid -¿no era tan buen orador?-) y otros dicen que no (de hecho, que su decisión era incluirle pero que por las presiones de Esperanza Aguirre cambió de posición). Lo único cierto es que, por el bien de su partido, esto tenía que haberlo resuelto hace mucho. ¿Qué sentido tiene dejar que Gallardón alimente esperanzas de ir al Congreso si al final no le va a dejar? ¿Qué sentido tiene montar este circo tan cerca de las elecciones, con el perjuicio que ésto puede acarrear sobre el voto al PP?
"Es la mejor forma de ayudarnos a mí, a nuestro partido y a los ciudadanos de Madrid. He tomado la mejor de las decisiones posibles", ha dicho Rajoy esta mañana. Lo primero que hayu que analizar (o más bien traducir) es que es lo mejor para él mismo. Claro, se ha cargado de las listas a dos de sus posibles sucesores. En ese carrera, ni Aguirre ni Gallardón podrán esgrimir que tienen escaño y, por tanto, podrían ejercer como líder de la oposición en el Congreso. Y es que ya ni siquiera Rajoy se cree lo que dice. Y ese es su principal problema, que lleva demasiado tiempo sin creerse lo que dice, y eso es algo que dicen incluso los votantes del PP. La mejor demostración de esta certeza es que todos estos movimientos sólo tienen un fin: suceder a Mariano Rajoy tras su derrota en las generales.
Se ha publicado que eso es exactamente lo que le dijo Aguirre a Gallardón cuando salían de Génova, que no tenía que encajar tan mal la decisión de Rajoy puesto que ambos están ahora en igualdad de condiciones para esa sucesión. Dicho de otro modo: el motivo por el que tanto la presidenta de la Comunidad de Madrid como el alcalde de la capital siguen en sus actuales cargos es porque les sirve como plataforma para optar al liderazgo del partido. ¿Soy el único al que le parece que eso es una tomadura de pelo a los electores madrileños? ¿Hubiera votado tanta gente al PP hace menos de un año en las municipales y las autonómicas si los candidatos hubieran sido Ignacio González y Ana Botella? Sobre aclarar la respuesta, ¿verdad?
Porque, aunque yo no entienda los motivos (sigo pensando en Aguirre como aquella ministra de Cultura que demostraba incultura a cada paso y en Gallardón como el mayor recaudador y cavador de túneles del Reino), ambos políticos madrileños tienen muchísimo tirón electoral. De hecho, no hay más que mirar todos los análisis de políticos y periodistas y las encuestas en las que participan ciudadanos: todos creen que la ausencia de Gallardón beneficia al PSOE y perjudica al PP. ¿Por qué excluirle entonces de las listas? Pues parece que la respuesta hay que encontrarla en la derechización que está acometiendo el partido.
La legislatura que ahora termina no ha dejado política alguna del PP. El 90 por ciento de su tiempo, de sus declaraciones, de sus planes, de sus promesas y de sus iniciativas parlamentarias han tenido como objeto dos temas, ETA y el Estatuto catalán. Hasta hace muy pocas fechas, no se conocían opiniones de Rajoy o sus dirigentes sobre ningún tema que no estuviera coyunturalmente de actualidad. No han trabajado sobre ningún asunto y, llevados por su afán de negar la legitimidad del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y por su negativa a admitir su derrota en las urnas, su oposición ha sido el No constante.
Los meses de la campaña de exaltación nacionalista española no tenían otro objetivo que cazar el voto de extrema derecha, caladero que ya tienen ganado, por supuesto. No es que fueran santos de mi devoción, pero en los últimos tiempos han salido del PP dirigentes que muchos veían como los más moderados, como es el caso de Jaume Matas o Josep Piqué, y ahora Gallardón (todavía me acuerdo de aquellos que decían que si Bono hubiera sido el candidato del PSOE a la Alcaldía de Madrid hubiera sido más sensato y lógico cambiarlo con el candidato del PP) podría seguir su camino. ¿Será casualidad que haya sido Aznar quien haya gestionado el fichaje de Pizarro para las filas populares y que sea su mujer, Ana Botella, la mejor colocada para recoger la Alcaldía de Madrid de manos de Gallardón?
Y más preguntas sin respuesta. Si decían que Acebes y Zaplana estaban ya desterrados para dar un perfil más centrista al partido antes de las elecciones, ¿por qué el primero estuvo presente en la reunión en la que se comunicó a Gallardón su exclusión de las listas? ¿Significa eso que Rajoy no manda en el PP? ¿Significa que Aznar sigue teniendo más poder del que confiesa sonre el partido? Y la pregunta más intrigante de todas. ¿Qué supone todo esto de cara a la sucesión de Mariano Rajoy, un candidato a presidente que ni siquiera su partido espera que sea presidente...? Esta puede que sea una de las pocas preguntas formuladas que vaya a tener respuesta, aunque eso será después del 9 de marzo...
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miércoles, octubre 24, 2007
Vaya semanita, doña Esperanza...
Vaya semanita, doña Esperanza, vaya semanita, como para partirse de risa, sí... Vamos a empezar por el final. Escucho hoy a la insigne presidenta de la Comunidad de Madrid en la cadena SER hablando de la ya famosa agresión en un tren de Barcelona a una chica ecuatoriana: "A mi también me ha avergonzado ver la pasividad del otro pasajero. Así empezó el nazismo, cuando no se levantaba nadie ante los crímenes impunes de esta gente".Y, sencillamente, alucino. Ahora resulta que son los políticos los que se creen con derecho a juzgar a los ciudadanos... ¿No tendría que ser al revés? ¿Pero quién se ha creído usted que es, señora presidenta, para juzgar las acciones de una persona, por cierto también inmigrante, que por miedo no se atrevió a levantar la voz? Si resulta que el agresor, un chaval del que se puede decir como poco que está loco y que debe pagar por lo que ha hecho, tiene una navaja, ¿va a ir usted al funeral de este ciudadano? Insisto, este hombre era también inmigrante y, por lo tanto, podía haber sido él la víctima. El payaso protagonista de este embrollo prefirió agredir a una chica porque lo vio más fácil, pero pudo ser él.
El miedo es libre, y no creo que haya nadie que pueda asegurar que en esa situación se habría levantado, habría recriminado al agresor o incluso se hubiera mostrado dispuesto a pelear por salvar la situación si ese agresor mantiene su actitud. Yo no sé lo que habría hecho, y al ver las imágenes puedo asegurar que me dan asco y que me hacen pensar en lo que merece ese chaval que encima se permite el lujo de amenazar a un cámara el día siguiente. En vez de poner todas nuestras fuerzas en criticar y marginar socialmente al agresor, buscamos otros culpables, para Aguirre este ciudadano y la fiscal de guardia. A mí no me cabe la menor duda de que muchos ciudadanos levantarán la voz en casos similares cuando se sientan respaldados por sus instituciones.
En esta misma entrevista, y seguimos en el día de hoy, Aguirre califica de "bromita" y de declaraciones "en tono jocoso" la ya famosísima preocupación de Rajoy por el cambio climático. Dijo esto porque el día anterior, el martes, había dicho que comparte absolutamente todas las opiniones de Rajoy, y mucho más ésta. La presidenta de la Comunidad de Madrid explicó que eso respaldo incondicional a Rajoy se debió a que sabía que los periodistas buscaban un titular que denotara enfrentamiento entre Aguirre y el presidente de su partido. Si ella se lo cree, estupendo. Si prefiere seguir actuando en base al trabajo de los periodistas, allá ella. Pero lo que dijo es cierto. Defiende a Rajoy en todo, por muy equivocado que esté porque en realidad no es la presidenta de la Comunidad de Madrid. Es la presidenta de los votantes del PP que viven en la Comunidad de Madrid.
Y llegamos al lunes, que es el día en el que estalló su polémica defensa de Federico Jiménez Losantos ante el Rey. Al monarca le pidió "un trato humano" hacia el ¿periodista? y don Juan Carlos se enfadó, puesto que lo más suave que le ha dedicado Jiménez Losantos en los dos últimos años son peticiones de abdicación. Sí, este asunto me parece una soberanía tontería, pero el caso es que ha creado polémica. Lo único que a mí me preocupa de este tema es que la presidenta de la Comunidad de Madrid prefiera defender a un locutor que ha insultado y sigue insultando a todo el que le apetece con total impunidad antes que al jefe del Estado que tanto dice querer, amar y respetar. Otra demostración de que Aguirre sólo defiende a los suyos, en este caso al medio de comunicación que está a su lado.
Lo voy a dejar en esta semana y no me voy a remontar más, porque veo que acabo llegando a sus tiempos de ministra de Cultura y tendría que hablar de aquella famosa entrevista radiofónica que dejó claro su nivel cultural...
martes, mayo 15, 2007
Vera y Tamayo: la necesaria reescritura del pasado
Hace unos días escribí aquí que la maquinaria política, mediática y propagandística de la derecha es mucho más poderosa que la de la izquierda. Y la actualidad me ha brindado estos días dos ejemplos fabulosos para corroborar esa afirmación y que hacen necesario reescribir un pasado que muchos daban por cierto tal y como lo vendieron por su propio interés personal.El primer asunto es la resolución que ha dictado el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, pidiendo la repetición del juicio por el secuestro de Segundo Marey, uno de los crímenes de los famosos GAL, archiutilizados en su política de confrontación a cualquier precio por el PP, ese partido que considera ya pasada la guerra de Irak pero no este negro episodio de la historia de España. Por este asunto fueron condenados a penas de prisión el ex ministro del Interior José Barrionuevo y el ex secretario de Estado de Seguridad Rafael Vera (en la foto).
Fue Vera quien presentó el recurso a esta instancia judicial, después del fallo en su contra tanto del Tribunal Supremo como del Constitucional. Y ahora el Tribunal de Estrasburgo ha pedido la repetición de aquel juicio, ojo a los motivos, por "la infracción del derecho de presunción de inocencia" y "la falta de imparcialidad del juez instructor". Aquel juez era Baltasar Garzón, en plena cruzada contra el Gobierno socialista de aquellos años después de que Felipe González no satisfaciera la ambición del magistrado de convertirse en ministro. Como dice Vera, a estas alturas da un poco igual ya esta resolución y además es triste que la dicte un tribunal internacional y no uno de nuestro país. Y como lo califca el propio ex secretario de Estado, todo esto ha sido un "tsunami político-mediático-judicial" que ha durado nada menos que doce años.
El otro asunto que me sirve para confirmar mi teoría es el famoso Tamayazo, aquella maniobra de dos diputados socialistas que privó a Rafael Simancas de ser el presidente legítimo de la Comunidad de Madrid y otorgó al PP la posibilidad de recuperar esa plaza en unas elecciones repetidas. Se constituyó entonces una comisión de investigación en la Asamblea de Madrid para investigar por qué Eduardo Tamayo y Teresa Sáez impidieron que PSOE e IU gobernaran en coalición después de que Esperanza Aguirre no lograra la mayoría absoluta. Una comisión, por cierto, en la que el PP vetó que se incorporara documento alguno (los populares no hablaron entonces de un "cierre en falso" como con la del 11-M, no...).El caso no llegó a los tribunales. ¿Por qué? Pues muy fácil. El actual ministro de Justicia, fiscal jefe de Madrid cuando se produjeron aquellos hechos, Mariano Fernández Bermejo, ha afirmado que fue porque el entonces fiscal general del Estado, Jesús Cardenal (el mismo que no permitió que se investigara al ministro Piqué, por ejemplo), prohibió toda investigación de este asunto tanto a Fernández Bermejo como a quien era fiscal anticorrupción, Carlos Jiménez Villarejo. "Por primera vez en la historia de la democracia se prohibió a los fiscales investigar lo que había pasado. Se nos prohibió, no hubo manera. Pero ¿por qué? ¿Qué había que ocultar? ¿Es que había algo que temer por una investigación?", se ha preguntado el hoy ministro.
Lo que dicen tanto Vera como Fernández Bermejo no es nuevo. Son las mismas posiciones que mantuvieron cuando se produjeron estos hechos, los primeros hace doce años y los segundos hace solo cuatro. El primer caso era el que utilizó la maquinaria de la derecha para derribar al Gobierno de Felipe González durante años y para provocar la caída del PSOE tras la retirada de Felipe de la primera línea política. El segundo sirvió para que Esperanza Aguirre, la misma que inaugura hospitales que no están acabados, la misma que propicia la salida de Telemadrid de directores de informativos que le hacen preguntas incómodas, no perdiera el poder en la Comunidad de Madrid. Reescribamos la historia porque hay personas que tienen derecho a ello.
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martes, mayo 08, 2007
Mi escasa confianza en Esperanza Aguirre
Si hay un personaje del mundo de la política del que nunca me he fiado, don Ángel Acebes al margen, es de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Le he visto tantos detalles extraños, de esos que le llevan a uno a plantearse si sabe lo que está haciendo o diciendo, que si hay algo que no le puedo dar es confianza, precisamente lo que pide la candidata del PP a la reelección para dirigir los destinos de los madrileños en su eslogan de campaña. -
Ya desde su etapa de ministra de Cultura me hizo dudar. Sobre todo a raíz de aquella imposible entrevista radiofónica en la que no "ponía cara" a Santiago Segura (que ya era entonces el director de la película española más taquillera de la historia, Torrente) o le preguntaron por la última película española que había visto ("esa con el título muy bonito", dijo pensando en La buena estrella; "¿Airbag?", le preguntaron, y respondió: "No, no, española"...).
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Mítica también es su confusión, relatada por testigos presentes en el acto, durante la inauguración el año pasado del colegio Dulce Chacón de Fuenlabrada. La escritora murió en 2003 y al acto acudieron tanto su hermana gemela como su madre. Aguirre le preguntó a ésta: "¿Dónde está Dulce, en Cuba? ¿Por eso no ha venido?". Las fuentes que relataron la anécdota trataban de encontrar una lógica a este comentario: "Quizá Aguirre ha mezclado a Dulce Chacón con la escritora cubana Dulce María Loynaz". Pero lo cierto es que incluso esta otra escritora falleció mucho antes de la inauguración del colegio, en 1997.
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En octubre del año pasado, acudió al informativo nocturno de Telemadrid, entonces dirigido por Germán Yanke, y ante las preguntas de este periodista, le respondió: "No me gusta que usted compre el discurso de nuestros adversarios". A los pocos días, Yanke ya no era el presentador del informativo nocturno de una cadena que es, para muchos, paradigma de la manipulación informativa. De hecho, ya se está investigando su función en las instituciones europeas, y todo ello en medio de protestas de los sindicatos, denuncias de redacciones divididas e incluso despidos de algunos periodistas.
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Y de su gestión política en Madrid, hay dos detalles que siempre me han admirado. El primero, su eterno gusto por las preinauguraciones. Casi todos los días tiene un acto para inaugurar algo que todavía no puede ser utilizado, preferentemente hospitales. El segundo aspecto tiene que ver con la sanidad. Prometió dimitir si un madrileño esperaba en una lista más de 30 días antes de ser operado. No lo ha cumplido, pero se ha agarrado a subterfugios para esquivar la cuestión (participó hace poco en la web de El Mundo en una charla con los lectores y uno de ellos le expuso un caso que demostraba este incumplimiento; se limitó a decir que estaba sorprendida).
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¿Qué decir de esa biografía publicada el año pasado en la que la presidenta de la Comunidad de Madrid aseguraba abiertamente que le cuesta llegar a fin de mes con un sueldo mensual de 8.400 euros?. "No tener pagas extra me tiene mártir, las he tenido toda mi vida y las echo de menos en Navidad y en verano. No es que haga números a final de mes, ¡es que muchas veces no llego!", explicaba nuestra regidora en este libro de la periodista Virginia Drake. Aguirre primero desmintió que ella dijera algo parecido. Luego se conformó con matizarlo. Finalmente dejó que semejante afirmación cayera en el olvido.
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Las dos últimas de esta mujer han sido interesantes. Primero, el olvido de invitar al candidato del PSOE a la Alcaldía de Madrid, Miguel Sebastián, a la fiesta del 2 de mayo, día de la Comunidad de Madrid. Segundo, la omisión de una estación de Metro en el nuevo plano editado y ya retirado. La estación desaparecida era, curiosamente, Simancas, apellido del candidato socialista a la Comunidad de Madrid. ¿Coincidencias? Ya, seguro...
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