jueves, abril 26, 2012

Modo friki on

Soy un friki atípico. Friki, desde luego, porque entre mis cuantiosas aficiones está el cómic, el cine, la fantasía... Da igual que venga en formato de película, de libro o de cómic Esas cosas que les gustan a los frikis, vaya. Pero soy un friki atípico porque, por ejemplo, yo no iría a ver Los Vengadores como fueron estos muchachos de la foto. Tampoco soy de los que está deseando que llegue el día del estreno para ir a la típica sesión abarrotada del viernes por la noche. Sí por ver la película cuanto antes (¿en serio queda tanto para que se estrene el próximo Batman de Christopher Nolan?), pero es que en el cine lo que me gusta es ver la película con tranquilidad, sin que nadie me moleste. Estaréis conmigo en que, cuanta más gente haya en una sala, más probabilidades hay de que alguien se dedique a fastidiar la película, sea con un móvil sonando, sea levantándose todo el rato, sea molestándote desde el asiento de delante (¿tan difícil es percatarse de si molestas al de atrás?) o desde el de atrás (¿por qué hay gente empeñada en dar patadas continuamente al asiento?).

El pase de Los Vengadores en el que tuve la suerte de estar, hace ya dos semanas, tenía toda la pinta de ser justo lo que no me entusiasma. Un par de cientos de tipos que iban a comentar cada momento de la película, una sala llena, un patio de butacas antiguo y, por tanto, que no tenía esa disposición de graderío que tantas molestias nos a ahorrado a los cinéfilos en los últimos años. Y, sí, ese pase de Los Vengadores fue justo eso. La chica que estaba sentada en la butada de delante no dejó de gesticular en toda la película y de comentarla con su amiga de la izquierda. Todo el público, todo sin excepción, no paró de aplaudir cada vez que pasaba algo que lo merecía, desde la primera aparición de Iron Man hasta el mejor de los chistes que tiene la película, pasando por el cameo de Stan Lee o la memorable irrupción de Hulk en la batalla final (porque, ¿sabéis...? Hulk aplasta...). Hubo gente que no paró de salir de la sala por motivos que no soy capaz de comprender, incluyendo una mujer que se levantó hasta en tres ocasiones durante los 141 minutos que dura la película. ¿Pero sabéis qué? Creo que nunca había disfrutado tanto de una visita al cine como de ésta. Modo friki on y todo solucionado.

Y es que yo era uno de esos que no paró de aplaudir, de gritar, de vitorear cada momento inolvidable de una película que, aún a riesgo de que haya gente que piense que me he vuelto loco, considero irrepetible. Llevaba tiempo soñando con que fuera "la frikada padre". Lo entrecomillo porque esa es la expresión que he usado desde hace ya unos cuantos meses. Tenía fe en Los Vengadores, pero la comunión que se formó entre lo que pasaba en la pantalla y en el patio de butacas elevó la experiencia a niveles que no me podía ni imaginar. Durante toda la película. Y el momento brutal en el que todos descubrimos el epílogo fue memorable. En unas horas se estrena oficialmente la película en España. Y volveré a verla, claro. Es lo que tiene ser friki. Que cuando llega a los cines una de Star Wars, de El Señor de los Anillos, de Batman o, como ahora, de los grandes de Marvel, no sólo no te importa volver a verla, sino que lo estás deseando. Y estoy deseando el foro de debate posterior. Y después estaré desando volver a verla. No tendré el modo friki tan claramente on, pero, qué le voy a hacer. Soy friki. Creo que eso ya lo había dicho, ¿verdad?

Crítica de Los Vengadores en Suite 101, aquí. En La Sala de Cine, aquí. Y el resto de las fotos de los tipos que fueron a ver la película disfrazados, en A través del Objetivo, aquí. ¿La película? Donde vosotros queráis, pero creo que queda claro que yo la recomiendo a todo friki que ande suelto por el mundo, al friki de la condición que sea y a todo aquel que quiera disfrutar con algo más de dos horas de puro escapismo cinematográfico.

viernes, abril 20, 2012

Unos pocos euros al mes


Dice el presidente del Gobierno que la subida de las tasas universitarias o el incremento del pago en los medicamentos es un esfuerzo necesario de "unos pocos euros al mes". Unos pocos euros al mes. Mucho se mofaron los sectores que todos sabemos del anterior presidente del Gobierno cuando no atinó con el precio de un simple café. Aquello fue un asunto de trascendencia mundial, una evidencia de que no estaba capacitado para gobernar sobre los españoles, un drama de proporciones épicas que demostraba que los únicos caminos como Dios manda son los de la derecha. El hoy presidente del Gobierno, que por si alguien no lo ha notado no es ya la misma persona que antes, habla de "unos pocos euros. Y, sí, claro, no le falta razón. Lo de las tasas universitarias o los medicamentos son unos pocos euros al mes.

Con eso, ya son dos "unos pocos euros al mes". Pero también son unos pocos euros al mes lo que hay que pagar ahora por la luz. O lo del gas. Lo del transporte son unos pocos euros al mes. Lo del IRPF son también unos pocos euros al mes. ¿Lo del IBI?, unos pocos euros al mes. La tasa de basuras, unos pocos euros al mes. Todo son unos pocos euros al mes. Pero unos cuantos pocos euros, conjugados además con un recorte en todo lo que recibimos por esos pocos euros de más que pagamos junto con los que ya pagábamos, al mes acaban siendo muchos euros al mes. Claro que como Mariano Rajoy, cuando no era presidente del Gobierno, no sabía muy bien cuánto ganaba y sólo se atrevía a decir que era "mucho más" que los 300 euros que le dijo una pensionista que cobraba, ahora que tiene que sumar el sueldo de presidente del Gobierno lo más normal es que haya perdido toda noción de lo significan tantos números.

Igual por eso al ciudadano de a pie le pide tantos esfuerzos de "unos pocos euros al mes" y seguimos con la estrategia de colocación masiva de tipos a los que debemos favores, a pesar de haber prometido lo contrario en la pasada legislatura y en la campaña electoral. Como si eso de las promesas sirviera para algo, vaya... Lo que hay que hacer es lo que ha hecho el alcalde de la localidad madrileña de Tres Cantos. Un crack el tío. Que dice que se sube el sueldo para ganar más que un ministro porque el regidor de Colmenar Viejo gana más que él. Pero nos avisa que, tranquilos todos, no le va a costar ni un euro más al ciudadano. No, claro, simplemente recortamos todos los servicios sociales para que el colega gane más porque él lo vale, cual modelo de anuncio de champú. Y si no os gusta, pues ya sabéis, "unos pocos euros al mes" y con eso lo arreglamos todo. Aquí, hablando de la crisis y resulta que la solución era así de sencilla. ¿Cómo no se nos habrá ocurrido antes...?

sábado, abril 14, 2012

Silencio, se caza

Uno de los aspectos más curiosos de todo el debate, el diálogo y la crítica hacia lo que acontece en torno a la Casa Real es que se tiende a olvidar que el Rey Juan Carlos es el jefe del Estado. Yo no defiendo la pervivencia de la monarquía, como tampoco me desvivo por la reimplantación de la república. Qué le voy a hacer, nunca me ha gustado eso de elegir trinchera. Me considero bastante ajeno a ese debate, porque entiendo que muchas de las razones que se esgrimen para apoyar una u otra tienen otras muchas que auguran un futuro no demasiado maravilloso o diferente del presente. El debate, en todo caso, se aviva cuando pasan cosas como el último viaje del Rey para divertise. Lo que en el fondo me parece intolerable de este episodio en el que el monarca se ha rota la cadera mientras cazaba elefantes en Botsuana es que ni él ni el propio Estado se quieran dar cuenta del papel que juega la corona en el entramado institucional actual.

Ya me había venido a la cabeza una frase del Rey antes de que, muy acertadamene, la recordara el coordinador general de IU, Cayo Lara. Y es que es bastante censurable que el Rey dijera que el paro juvenil le quita el sueño mientras en realidad está planeando gastarse de una forma tan egoísta miles de euros de una asignación que se salva de los recortes de la crisis, recortes que afectan de manera sangrante al españolito de a pie. No, hombre, no, eso no se puede hacer. Aquellas palabras, entonces, no pueden entenderse más que como una muestra de cinismo o como un "yo leo el discurso que me toca, que en el fondo da igual lo que diga". Y tanto que se habla de su influencia en el mundo latinoamericano, igual tendría que haber estado en Argentina preguntando por eso de YPF. Digo yo. Y, ya puestos, el Rey podría haber puesto especial cuidado en la fecha. Mira que se criticó a Zapatero por poner las elecciones un 20-N. Pues anda que alentar así a los republicanos un 14 de abril...

Entiendo la actitud del Rey como egoísta, irresponsable y bastante inconsciente, que no hay que olvidar que tiene 74 años de edad y una agenda internacional que se le ha limitado mucho precisamente por su poca facilidad ya para viajar. Pero para ir a Botsuana a cazar elefantes no tiene problemas médicos, por lo visto. Qué cosas Por desgracia, el comportamiento del monarca no es ejemplar cuando si alguien tendría que dar ejemplo es precisamente alguien así. Pero, seamos sinceros, tampoco es demasiado distinto del que adoptarían otras muchas personas, indudablemente la mayoría, de estar en su posición. En posiciones más modestas pero igualmente poderosas hay muchos ejemplos de ello. Y en posiciones incluso miserables, también. Será que el ser humano es así.

Siendo todo esto grave, si hay algo que me molesta de todo este asunto, más allá de todo lo que se ha dicho ya, es la indecente posición de los partidos políticos mayoritarios, de los dos que tienen, han tenido y tendrán la capacidad de hacer algo para evitar escándalos como éste, en especial del que ahora mismo está en el Gobierno precisamente por ese motivo, porque al Poder Ejecutivo se le supone una comunicación con la Casa Real (va una pregunta que nadie ha hecho: ¿sabían en Moncloa dónde estaba el Rey y por qué?). Por ello, es inaceptable que ningún miembro del Ejecutivo valore la repercusión de este viaje privado del jefe del Estado, y que la secretaria general de los populares, María Dolores de Cospedal, se limite a remitirse al comunicado que emitió la Casa Real para explicar lo sucedido. Bienvenidos a la más absoluta de las impunidades.

Pero, claro, si resulta que el marido de una infanta se ha podido estar dedicando a ganar dinero saltándose la ley y a pesar de tener la vida resuelta, si ex presidentes autonómicos dicen que si alguien tan relacionado con la Casa Real te dice algo tú vas y lo haces por muy ruín e ilegal que sea lo que te piden, y si el nieto del Rey puede ir por ahí con armas de caza que no le están permitidas a su edad, ¿qué no hará quien encabeza todo el entramado monárquico? Si la política tiene incontables posibilidades de hacerlo todo mal y contra las normas, con la de controles a los que se le puede someter (empezando por el voto y acabando en los tribunales), ¿qué frena al Rey, ajeno a todo freno y control? Una de las cosas que más lamento de los gobiernos socialistas que ha habido hasta ahora ha sido su falta de valentía con asuntos como la monarquía. De los gobiernos populares no espero nada. Ahora a lo que toca esperar es al siguiente escándalo real.

martes, abril 10, 2012

Como Dios manda


Nada de lo que está sucediendo en España desde que Mariano Rajoy se convirtió en presidente del Gobierno me está sorprendiendo. Absolutamente nada. En la campaña electoral, como en la precampaña y como en toda la legislatura anterior, era más que evidente que no podía aportar ni una sola idea trabajada, seria o inteligente para solventar cualquiera de los problemas que tiene España. Ni una. Y no por cuestiones de ideología, sino porque su único objetivo era derribar al Gobierno que había entonces, culparle de todos los males y esperar la debacle para llevarse el necesario puñado de votos para ganar. Era evidente que, cuando alcanzara el poder, su política sólo se iba a poder basar en una cosa, los recortes. Y líbreme el patrón de los economistas de juzgarlo como acertado o equivocado a estas alturas de la película pues no soy nadie en cuestiones de esa índole. Pero se negó. Y, así, se mintió. Lo que también parecía evidente, aunque nadie se haya parado a explicarlo, es que si todo se recorta es imposible solucionar el problema que los españoles sitúan como el prioritario encuesta del CIS tras encuesta del CIS, es decir, el paro. Pero se prometió luchar contra él. Como Dios manda, supongo.

Igual llega un momento en que no estemos en recesión, no tengamos un problema de déficit, no veamos agujeros en la Tesorería de la Seguridad Social y Europa nos quiera y nos adore. Es más, yo en la campaña electorla pensé que eso sí lo iban a solucionar en algún momento. Pero llegados a ese punto, si es que llegamos algún día, no sé dónde vamos a estar. O, mejor dicho, donde van a estar las personas en ese reuno de los números. Eso ya intuía que iba a pasar. También suponía que íbamos a alcanzar extremos bochornosos en la forma de adoptar las decisiones, algo que era fácil de deducir para cualquier que haya seguido la trayectoria de Rajoy en todos sus puestos de responsabilidad política pero que, para los incrédulos, ya se vio en la psicodélica rueda de prensa en la que Rajoy anunciaba los nombres de sus ministros y la composición de su Gobierno. La mayoría absoluta y el poder casi absoluto en todas las instituciones del país suponen un arma peligrosísima. Pero el hecho de que se la hayamos dado los españoles con nuestros votos es lo que hace que considere incompresibles muchas de las quejas que se oyen ahora. Incluyendo las de la huelga general de hace unos días. Soy el más ingenuo de los ingenuos, pero decir que esto no se veía venir se sale de todas las tablas de la ingenuidad.

Quisiera pensar que el día 9 de abril de 2012 será recordado como el más esperpéntico del Gobierno de Mariano Rajoy, pero también estoy seguro de que lo acabará superando, seguramente a no mucho tardar. Tengo confianza en Rajoy en ese sentido, se la ha ganado a pulso. Pero hay que reconocer que es sencillamente memorable anunciar un recorte de 10.000 millones de euros en la Sanidad y en la Educación apenas una semana después de presentar los Presupuestos Generales del Estado, confirmando que son papel mojado, y hacerlo mediante una nota de prensa (lo repito, ¡¡¡una nota de prensa!!!) de sólo cinco párrafos de la más absoluta de las indefiniciones. Bravo. Un aplauso para el presidente del Gobierno. El Parlamento no sirve para nada en esta legislatura. El Consejo de Ministros tampoco. Sugiero trasladar la rueda de prensa del Palacio de la Moncloa a la residencia habitual de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, porque sin duda sabrá darle mejor uso que quien ocupa la Presidencia del Gobierno, un tipo que por conseguir un voto se fotografía donde haga falta pero que cuando ha conseguido el poder ha decidido esconderse debajo de no sé qué piedra, cual cobarde personaje secundario de una mala película cómica, y no dar la cara para defender las decisiones que está tomando.

Si lo único que sabemos de este Gobierno es que hace las cosas "como Dios manda", ha conseguido darme la mejor explicación de por qué no tengo creencias religiosas.

viernes, abril 06, 2012

Económicamente viable

Siempre he sido un admirador de Un día de furia. De la película pero, sobre todo y en realidad, de su protagonista. Sí, ya sé, está un poco chalado, tiene tendencias un tanto violentas y algunas sus reacciones son poco menos que inaplicables en la vida real. Al menos si quieres seguir pareciendo el bueno de la película. Pero su ambigüedad me intrigó. Me atrajo la idea de un tipo que, por muy mentalmente desequilibrado que se le vea, va por ahí luchando contra las injusticias de la vida cotidiana, esas pequeñas cosas que a todos nos cabrean y con las que tragamos y tragamos sin poner nunca un punto final a nuestro aguante. Y dentro de esa película, no sé si lo suficientemente valorada o recordada tantos años después de su estreno (es de 1993 y, para mí, el mejor trabajo como director de Joel Schumacher), hay una escena que me llamó poderosamente la atención, la del tipo que no era "económicamente viable".



Cuando uno tiene quince años normalmente no se para a pensar en esas cosas. Pocos con esa edad están pensando en el futuro o son verdaderamente consciente de la necesidad de manejar dinero para poder sobrevivir en esta vida. E incido en lo de sobrevivir. No creo que entendiera aquella escena del todo cuando la vi por primera vez. Todo lo que implicaba. El porqué de la desesperación de aquel tipo que pegaba gritos pancarta en mano. Lo que escondía detrás de su reclamación pública. La clase de mundo del que estaba hablando, hace ya veinte años, un mundo en el que las personas nos hemos convertido en números, en balances, en gráficas, en estadísticas. Ya no somos personas. No para demasiada gente que tiene poder de decisión sobre nosotros y nuestras vidas. Ahora entiendo ese "no me olvides" con el que ese hombre se despide el carismático personaje de Michael Douglas.

Y ahora leo, veo y asumo que no sólo no hemos mejorado, sino que hemos empeorado. Si hace veinte años las personas ya eran números, ahora son menos que eso. No me gusta ese mundo. No me gusta este mundo. No lo entiendo. Los números dejaron de gustarme por culpa de una profesora de instituto que estaba más pendiente de los números que de que sus alumnos aprendieran algo. Y así me hice de letras. Sigo siéndolo, claro. Y por eso sólo me quedan las palabras para lamentar que se estén difuminando cada vez más las historias que esconden los números. Las personas que hay detrás de una cifra. Las vidas que se pierden, se malogran o se malgastan detrás de una estadística. Ese "no me olvides" se refería a esto precisamente. A que en el momento en que no le pongamos rostro a una cifra estaremos cayendo en la negrura del olvido. Y estamos en ese camino, ya lo creo que estamos en él. Si no nos detenemos, llegará un momento en el que casi todos dejaremos de ser económicamente viables. ¿Y entonces qué?

jueves, marzo 29, 2012

"Había una vez una huelga general"

"Había una vez una huelga, una huelga, había una vez una huelga general". Creo que la primera vez que escuché ese cántico deje de tomarme en serio esto de las manifestaciones y de las huelgas. No pretendo con esa frase ponerme en contra de quienes legítimamente paran en un día como el de hoy o a favor del Gobierno y sus recortes, en absoluto. Al contrario, comparto en buena medida las razones por las que se convoca este paro, soy de los que considera necesario la protesta social. Lo único que me chirría es que se haga una huelga general a un Gobierno votado hace pocos meses cuando ya sabíamos todos lo que iba a hacer (ahí sí que no entiendo la ingenuidad), por mucho que Mariano Rajoy lo ocultara durante la campaña. Lo que me chocó de aquella primera vez que escuché ese cántico, teniendo yo bastantes años menos que los que tengo ahora, fue ese ambiente excesivamente festivo en un acto que yo visualizaba como algo diferente, que veía como algo importante, trascendente, cargado de responsabilidad. Hoy, pasados los años, no entiendo las huelgas por otros motivos. Sobre todo, la obligatoriedad de tomar partido, la eliminación de los grises entre el blanco y el negro, la creación de trincheras.

Veo esta primera página y, podéis pensar de nuevo que soy un ingenuo, me asalta la tristeza. Desde el punto de vista periodístico, esto es justo lo que tendrían que enseñar en las universidades a los estudiantes de periodismo para que aprendieran. Pero no como modelo. Esto es justo lo que no hay que hacer. No es relevante para un trabajo periodístico digno que un medio de comunicación tenga una línea editorial o una ideología. Eso no hace daño a nadie. Lo que sí hace daño es tergiversar, manipular, orientar de una forma tan desacarada el pensamiento de los lectores (de los que se dejen, por supuesto) con informaciones sesgadas intencionadamente, con manipulaciones emocionales de cualquier tipo, con la cuidada selección de datos y fotografía siempre para respaldar un pensamiento único y, por tanto, irreal. Tristemente, es lógico y razonable que la del periodista sea una de las profesiones menos valoradas entre los ciudadanos. Es la consecuencia lógica de primeras páginas como ésta, final de un larguísimo proceso que nadie ha querido detener o denunciar en serio. Es el efecto de haber convertido el periodismo en altavoz de los nuestros. Y, sí, eso es triste. Y como la prensa no cumple su papel, convocantes y afectados pueden dar las cifras de seguimiento que quieran. Yo no me creo ninguna.
Ha dicho Mariano Rajoy, presidente del Gobierno para más señas, que hay absoluta normalidad. Lo ha dicho a su llegada al Congreso de los Diputados esta mañana. Más tarde que cuando en la anterior huelga general que sufrió un Gobierno del PP fue Pío Cabanillas lo de la normalidad. Supongo que en el paro convocado con el PSOE en el poder alguien saldría a decir lo mismo. No entiendo por qué hay que decir semejante estupidez sólo por estar en el Gobierno. Un día de huelga general no es un día de normalidad. Será un paro más o menos seguido, pero normalidad no hay cuando un número importante de personas, sea mucho o sea poco, insisto, decide ausentarse de su trabajo para protestar. Y protestan con razón o al menos con sus razones, pues el propio Rajoy ya dijo que sus medidas provocarían esta huelga general y su Gobierno ha anunciado que esas medidas no crean empleo por sí solas (para mí es justo lo contrario, crearán desempleo) y que en 2012 el paro va a aumentar. Un poco de respeto a las decisiones de los ciudadanos tampoco estaría de más. Vale, sí, de nuevo podéis llamarme ingenuo.
Como decía antes lo de los frentismos, cada vez que hay una huelga me pasa lo mismo. Ya se han anunciado 58 detenciones. Supongo que de gente que intentaba evitar que otros vayan a trabajar, es lo típico de una jornada como la de hoy. Y no me entra en la cabeza. Tanto derecho tienen los que quieren hacer huelga como los que quieren trabajar. Y los que intentan evitar lo segundo por medios ilegales, con ser pocos, una minoría, hacen tanto ruido que contaminan los mensajes que hay en la huelga. Me parece absurdo, tanto en el plano personal, no sé qué pretende conseguir alguien agrediendo (verbal o físicamente) a otras personas y haciéndose detener por ello, como en el general, manchando la imagen de la propia huelga. Los manifestantes se quejan de la amplia presencia policial hoy en todas partes, pero luego hay unos cuantos incontrolados que se dedican a hacer la vida imposible a quien quiere trabajar. Un equilibrio imposible. Desde luego, una jornada de huelga nunca es una jornada de respeto, se mire desde el prisma que se mire. Abro la prensa, veo los informativos y lo único que hay son enfrentamientos. Y luego veo a estudiantes gritando en la playa "¡viva la huelga general!" y no me queda más remedio que reír. ¿Eso es una huelga? Sí, a día de hoy, sí.

miércoles, marzo 21, 2012

Si Roma no paga a traidores, ¿cómo pagarán los traidores a Roma?

Cuando mi capacidad de sorpresa con la política parecía agotada, va y me sorprende. Jaume Matas, ex ministro y ex presidente balear, ha sido condenado a seis años de prisión en el primer juicio al que va a hacer frente. Eso no es lo que me sorprende, no. Visto lo visto, era una condena esperable, como también espero que haya alguna más. Lo sorprendente no ha sido que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, no haya considerado el asuntillo de que un ex presidente autonómico por su partido haya sido condenado por corrupción como algo digno de su reaparición entre los vivos, porque es más que evidente que el ahora jefe del Ejecutivo sólo abre la boca cuando sabe que puede decir algo que le conviene y deja los demás para los subalternos. Lo sorprendente es lo que ha dicho el subalterno al que le han encalomado el marrón de hablar de la condena a Matas.
El encargado de valorar la sentencia ha sido el portavoz parlamentario del PP, Alfonso Alonso. De sus palabras se destaca una memorable explicación: que Matas ya no forma parte del partido. "No es militante del PP ni participa en la vida del partido", dijo. Vamos, que condenan a una pena que podría dar con los huesos de Matas en la cárcel por sus actos cuando era presidente de Baleares (digo yo que encabezando la lista del PP)... y lo mejor que se puede decir es que ya no es miembro del partido. Chapeau, señor Alonso, chapeau, señores estrategas de Génova. Tengo que reconocer que uno de los vicios que creía sobradamente establecidos en esto de la política es que quienes caen en desgracia encuentran posterior acomodo lejos de los focos. Un ejemplo bastante claro es el de Federico Trillo, un ex ministro al que el caso del Yak-42 tendría que inhabilitar para desempeñar un cargo a dedo pero que ya acumula dos de gran relevancia desde que dejó el Gobierno, primero portavoz de Justicia de su partido en el Congreso y ahora embajador en Londres.
En este caso, Roma no paga a traidores. Pero yo no dejo de hacerme la pregunta que tendría que ser consecuencia de esta afirmación: ¿cómo pagarán los traidores a Roma? O, en otras palabras, ¿qué podría decir Matas sobre quienes le defendieron tanto en su momento y ahora le dejan a los pies de los caballos? Muchos se está recordando ahora una frase que Rajoy pronunció el 27 de noviembre de 2004. "Vamos a intentar hacer en España lo que Jaume y todos vosotros hicisteis en Baleares", dijo el ahora presidente del Gobierno cuando ya había perdido las elecciones generales por primera vez. Y se está contando la historia de esa caída en desgracia de Matas, compañero incluso de veraneo hace años de Rajoy y apestado desde hace ya algún tiempo. "Tiene personalidad, coraje, determinación y valentía", dijo el líder del PP de Matas en 2003, cuando comenzaba su segunda etapa al frente del Gobierno balear, en la que cometió los delitos por los que ha sido condenado.
Siguiendo el símil de la conocida expresión, sería una sorpresa mayúscula que el traidor pagara a Roma con la misma moneda. O con una de más valor. Y como no lo va a hacer, la política seguirá siendo un oscuro pozo de intereses y corruptelas, en el que si te portas bien puedes incluso expiar tus pecados y si te portas mal serás abandonado a tu suerte sin remedio.

jueves, marzo 15, 2012

Las deudas de los poderosos

Salen estos días las cifras del dinero que el mundo del fútbol adeuda a Hacienda (752 millones entre 14 equipos de Primera, no se sabe cuántos de Segunda y de divisiones inferiores) y a la Seguridad Social (10,6 millones más), demostrando el incremento que se ha producido en los últimos cuatro años (el fútbol debía 150 millones menos al comienzo de la pasada legislatura). No pretendo caer en ejercicios de demagogia ni en lanzar argumentos a favor o en contra del fútbol, como deporte, como espectáculo de masas o como pan y circo de distracción para el ciudadano. Pero sí me parece evidente que el fútbol, visto desde este prisma económico, es el ejemplo de todo lo que funciona mal en esta sociedad que hemos construido durante tanto tiempo, en la que los irresponsables campan a sus anchas y son precisamente los más beneficiados del sistema.

El caso es que me muevo entre dos aguas, porque soy un ferviente defensor del deporte profesional. Creo que es un motor de la economía (turismo, hostelería, transportes, ropa deportiva, entradas...), que es uno de los mejores y más accesibles espectáculos a los que uno puede asistir hoy en día (a pesar de los desorbitados precios que adquieren las entradas en algunos casos), que fomenta valores que ni siquiera los cafres que se infiltran entre los aficionados (o la actuación de la prensa más perniciosa, que se empeña en generar enfrentamientos y polémica donde no las hay y somete al ostracismo a todos menos a dos equipos que todos saben ya cuáles son) pueden socavar. Y, sí, soy un apasionado aficionado que disfruta con el fútbol como uno de esos entrenenimientos que le ayuda a llevar el día a día.

Pero, al mismo tiempo, eso no me cierra los ojos y veo con claridad que el funcionamiento del fútbol es lamentable y cuenta con unos beneficios que no le corresponden. Durante años, muchos clubes se han movido entre el perdón de sus deudas y el injustificable sustento, sobre todo por exagerado, de las administraciones públicas. No hay más que mirar fotografías de temporadas anteriores para ver en las camisetas el exagerado patrocinio institucional que tenían muchos equipos de Primera. El dinero público llega de forma incontrolada a algunos clubes, en primer lugar generando unas desigualdades que adulteran la competición y lo que en cualquier otro sector llamarían libre mercado. El único freno a esta situación ha venido por la ruina económica de las administraciones. No por un improbable ejercicio de responsabilidad, no por la madurez empresarial de los clubes, no. Simplemente porque no se les puede dar más dinero.

Y ahí entran las deudas. Va un ejemplo. Según un informe publicado por El Confidencial, de los 752 millones que debe el mundo del fútbol a Hacienda, de los 490 millones que adeudan los 14 clubes de Primera División que tienen que pagar dinero a esa entidad que dicen que somos todos, 120 corresponden a un solo equipo, el Atlético de Madrid. Que no se me molesten los colchoneros, que nada tiene que ver mi argumento con lo que piense o deje de pensar de su equipo, pero ¿es razonable que a un equipo que debe 120 millones de euros se le consienta afrontar un fichaje (Falcao) por 40 millones de euros? No caeré en la trampa (acertada, pero demagógica) de decir que a un ciudadano normal se le embargarían de inmediato las cuentas si tuviera una cantidad pendiente de pago a Hacienda, pero sí es pertinente decir que el propio fútbol tendría que tomar medidas. Si no hay dinero, no puede haber fichajes.

Ahí entraría la Federación Española de Fútbol o la Liga de Fútbol Profesional. Bueno, entrar no entran, porque si entraran tendríamos un fútbol diferente desde hace muchos años, pero creo que eso es discusión ya para acometer entre aficionados a este deporte. Ya que no lo hace el fútbol, tendría que hacerlo la administración, pero tampoco lo hace, y me temo que el motivo está en la mala prensa que eso le provocaría entre los aficionados (no hay que olvidar las masivas manifestaciones de hace casi dos décadas cuando se decretó el descenso administrativo de Sevilla y Celta; ¿quién protestó contra aquellos dirigentes deportivos que no hicieron bien su trabajo y provocaron que sus equipos perdieran la categoría que después recuperaron por decisión política?).

Y el caso es que no creo que el mundo del fútbol sea una excepción, en todo caso uno de los picos más pronunciados de una situación que afecta a demasiados sectores. Ejemplo de que no hay nada mejor que tener algo de poder para que nadie te pueda toser. Si eres un don nadie, no habrá banco, institución o acreedor que te perdone el pago de un solo euro durante un día. Si tienes nombre, herencia o mando, puedes abusar de forma ilimitada del dinero de todos. Demagogias al margen, ¿a nadie más le parece eso terrible?

jueves, marzo 08, 2012

Oda al informático

Llegados a este punto, tengo que confesar que mi dependencia con respecto al ordenador es absoluta. Te das cuenta de eso, por supuesto, cuando no tienes ordenador. Cuando este aparatejo del demonio decide morir, siquiera momentáneamente, atacado por una oleada irrefrenable de virus, es cuando efectivamente compruebas la enorme cantidad de horas que pasas delante de la pantalla, las necesidades que te crea y, por supuesto, los apuros de los que te saca. Por no hablar del gozo más grande del que me priva su ausencia, que no es otro que el de escribir. Y eso que, en el fondo, no creo haber llegado a un punto en el que el síndrome de abstinencia era realmente visible. Me conformaba con tirar del increíblemente lento ordenador de la biblioteca pública que tengo cerquita de mi casa para ver el correo y mantenerme ligeramente conectado a este mundo virtual sin el que ya no se puede vivir.

Pero no quería distraerme yo del asunto principal de estas líneas, que no es otro que hacer una oda al informático. Porque hay que tener un amigo informático en esta vida, no lo dudéis. Y, queridos amigos, tengo que confesar mi más absoluta admiración por el informático, por este informático en concreto. Porque, veréis, no es ya sólo que hable un lenguaje que a mí me suena a klingon (que es la lengua de los principales malos de Star Trek), no. Es que sabe cómo, dónde y por qué tiene que hablarlo, ante la perplejidad más absoluta en la que me encuentro cuando le escucho. Porque tú no sabes lo que está diciendo, pero él sí. Tú le dices que tu ordenador se ha quedado sin sonido después del preceptivo formateo que le ha hecho y es capaz de dirigirte entre una nube de pestañas ocultas, a las que uno jamás sería capaz de llegar por sí mismo, hasta dar con la solución.

Es aún más que todo eso. No es que sepa de informática, es que esos conocimientos le convierten en todo un líder de pensamiento. Cuando tú has perdido toda la esperanza de recuperar el ordenador y desarías con todas tus fuerzas poder hacer algo parecido a lo que se ve en la foto que acompaña estas líneas, el informático, este informático, encuentra un camino para la esperanza. Te hace creer. Es como el profeta, el mesías, el presidente del Real Madrid y el presidente del Gobierno todo en uno. Todo eso, pero en bueno y consiguiendo resultados al final. ¿Y sabéis lo mejor? Que donde uno no encuentra más que motivos para la desesperación, él encima disfruta. Se lo pasa bien el tío, sí. Disfruta encontrando esas soluciones, afrontando los retos que le plantea el ordenador en su cabezonería de seguir muerto. O a lo mejor esa es la excusa que yo mismo me pongo para no sentirme culpable de abusar de él por amigo y por informático.

Sea como sea, y creo que todos los que no tenemos ni pajolera idea de informática más allá de limpiar los temporales de Internet podremos estar de acuerdo, es el momento de hacer una oda al informático. Yo al mío desde luego que le hago la oda, la ola, una reverencia y lo que sea preciso. Y me voy a arruinar pagándole cañas de agradecimiento además, pero con todo el placer del mundo. Que si él me devuelve la posibilidad de disfutar escribiendo estas y otras muchas líneas, digo yo que se habrá ganado el derecho a disfrutar de un pago más que merecido. ¡Tres hurras por el informático!

lunes, febrero 27, 2012

Iñaki Urdangarín: el daño de la codicia y la creación de ídolos de barro

Todo lo que hay ahora mismo alrededor de la figura de Iñaki Urdangarían me chirría. Absolutamente todo. No seré yo quien afirme con rotunidad a estas alturas del proceso que es culpable de ningún delito, pero todas las informaciones periodísticas aparecidas hasta ahora, además de su maratoniana declaración ante el juez, no le ponen en una situación esperanzadora. Si realmente ha aprovechado su posición para llevarse dinero en cantidades sonrojantes, es como para pensar mucho en qué efectos tiene la codicia en algunas personas. Un tipo que tiene la vida resuelta, y una buena vida, pone en peligro su libertad, su imagen, su fortuna, la relación con su esposa, familia y amigos, e incluso el prestigio de la institución que ampara al Jefe del Estado... ¿por dinero? Si ya lo tenía. Triste existencia la de aquellos irresponsables que, no por tener algo sino por tener más, son capaces de llevar al abismo más negro de la vida a aquellas personas a las que quieren o a aquellas que han confiado en uno.

Supongo que no es más que el reflejo de la irresponsabilidad manifiesta que hay en tantos estratos de la sociedad (¿en todos?). Y esto también me lleva a pensar que hablamos de las personas que aparecen en la televisión o en las revistas con demasiada facilidad y con un desconocimiento mucho mayor del que nos gusta reconocer. Es posible que ahí esté la razón de que no crea demasiado en aquello de tener ídolos. La admiración se profesa hacia personas de las que lo sabes casi todo. Y creemos que de las personas que hay en la esfera pública tenemos ese conocimiento, pero es una ilusión falsa. A la espera, insisto, de que esté certificada su culpabilidad (porque, ingenuo de mí, uno sigue creyendo en la presunción de inocencia y en la injusticia de los juicios paralelos y populistas), Iñaki Urdangarín pasó durante años por el yerno ideal. Se le contrapuso al entonces marido de la otra infanta, Jaime de Marichalar, y a Urdagarín le tocaron todos los parabienes. La gente hablaba de Iñaki Urdangarin como si fuera parte de su propia familia. Qué majo, qué guapo, qué educado. Y ahora resulta que no es así. O no queremos que sea así.

Los medios de comunicación y los periodistas (esos que no queremos ser conscientes de la degradación de nuestro trabajo a todos los niveles; un recuerdo para los compañeros del diario Público tras el cierre de su edición en papel) tenemos parte de culpa. No existe el análisis, no hay investigación real, asumimos demasiadas censuras o autocensuras. Y cuando los asuntos estallan, obligamos a elegir bandos. Nos obligamos a nosotros mismos y obligamos al resto de la sociedad. Con Iñaki Urdangarín, todo estaba pintado de rosa. Ahora está en negro. Antes era un tipo ejemplar. Ahora es un ser despreciable. Tenemos más interés en saber si va a entrar en los juzgados a pie o en coche y en saber dónde se va a sentar y durante cuánto tiempo va a declarar en lugar de hacernos preguntas más profundas (que, afortunadamente, en este caso parece que sí se están haciendo desde algunos ámbitos). Nos importa más la foto del momento que el momento de la foto. Y creo que nos equivocamos tanto en la forma de encarar estas cosas que al final equivocamos también a todo el que nos ve o lee.

¿Aprenderemos? No, seguro que no. Seguiremos creando ídolos de barro y figuras ideales que en realidad desconocemos, de la nada y sin preguntarnos qué hay detrás.

sábado, febrero 18, 2012

El profundo error de Rodrigo Rato

Hace unos días, Rodrigo Rato realizó unas declaraciones que calificaría, siendo benévolo, de pintorescas, y que quizá merecían una mayor repercusión que las que obtuvieron. Dijo que "en este país las remuneraciones de los responsables políticos no se corresponden con sus responsabilidades ni son homologables con el resto de Europa". Que "esto no es bueno para la atracción de talento ni de personas comprometidas" con la política. Y que "la función publica no es lucrativa". Curiosas manifestaciones para un tipo que fue diputado entre 1982 y 2004, que fue ministro de Economía y vicepresidente segundo del Gobierno entre 1996 y 2004, que fue director gerente del Fondo Monetario Internacional entre 2004 y 2007 y que es presidente de Bankia desde 2010.

Curiosas porque abren un debate de fondo en el que casi nadie quiere entrar. Lo primero que habría que decir es que parte de una falacia absoluta. No sé si lo que cobra un político está a la altura de sus responsabilidades, ríos de tinta podrían correr sobre ese aspecto, pero si no lo estuviera sólo se podría considerar como normal. ¿Por qué? Porque "en este país" (¿os acordáis de que a Zapatero se le llegó a criticar desde el entonces principal partido de la oposición que usara esta expresión, decían, para no verse obligado a decir "España"?) los sueldos son bajos en general. E injustos. Y no acordes a la formación, los conocimientos, las horas dedicadas o la responsabilidad que tienen muchos trabajadores. Eso sí, la mayoría de los que se ganan un sueldo a fin de mes no tienen los privilegios que sí tiene la clase política.

Rato parte de un profundo error de valoración, primero por segregar a la clase política del resto de ciudadanos como si fueran los políticos los únicos mal pagados y después por obviar las ventajas que tiene trabajar para las instituciones públicas, no sólo ya en forma de salario sino, entre otras, de pensión. Si como dice no es tan atractivo, ¿por qué ha estado él cobrando de España durante 22 años? ¿Cuáles eran sus razones? ¿Altruismo de Estado? En realidad estas declaraciones tienen un por qué y un contexto. Las hizo al ser preguntado por la medida adoptada por el Gobierno (medida que, por cierto, aplaudo porque llevaba años solicitándola) de limitar el sueldo de los directivos de entidades bancarias a 300.000 euros anuales si dicha entidad ha sido rescatada y a 600.000 si recibe subvención del Estado. Que ya es dinero, por cierto. Y Rato, que cobra 2,34 millones de euros en Bankia, es, claro, uno de los afectados.

Así que, rechazando una valoración directa de la medida, vendría a confesar de aquella manera que él está en la banca para lucrarse, no como en sus tiempos de político. O, si se quiere ser malpensado, que el ministro de Economía, Luis de Guindos, no tendría el "talento" que requiere la política para comprometerse con ella o el negocio privado para lucrarse. No sé si una de estas dos interpretaciones subyace realmente en las palabras de Rato, pero me aterra el modelo de sociedad que describe con tan pocas palabras. No soltaré aquí un discurso buenrollista sobre la satisfacción de servir a tu país ni nada de eso, porque son los propios políticos los que lo están haciendo cada vez más imposible de creer con sus palabras y con sus actos. Pero sí que lamento que el único baremo que tengamos en la vida para medir el éxito sea el dinero. Es triste. Muy triste.

Obviamente, hay que vivir de lo que uno hace, pero a mí me parece despreciable que sólo los que tienen dinero cuenten para algo. Que el dinero sea el único motivo a tener en cuenta para moverse, para hacer algo, para contribuir al desarrollo de personas, entidades o incluso sociedades. Como decía, creo que Rato parte de un profundo error de valoración. Pero aún más profundo me parece el error de fondo. No comparo que el talento tenga que estar al servicio del dinero, que el poder económico determinesi una persona vale o no para desempañar una función en un engranaje social que, francamente, creo que necesita otras recompensas y otros valores. Igual si el pensamiento de Rato no estuviera tan extendido, la crisis no estaría hoy entre nosotros. Aunque ya sé que hablo de utopías sociales, esta forma de vivir no dominará jamás mi vida. Y si algún día lo hace, tenéis mi bendición para despreciarme con todas vuestras fuerzas.

viernes, febrero 10, 2012

Un país peculiar

Ya incluso antes de bautizar este blog pensaba que el mundo era peculiar. Pero España es aún más peculiar que el resto del mundo. Tiene que serlo por fuerza. No tengo muchas experiencias de primera mano, pero me resulta inverosímil pensar que haya otro país en el que intenten convencerme de que haciendo que el despido sea más fácil y barato se pueda generar empleo. O que se puede generar tanto empleo que compense el paro que se puede generar con tanta facilidad que se da a los empresarios (y pienso en los grandes, no en los pequeños y medianos, que esos sí creo que sufren por lo suyo y por lo de los suyos).

Tampoco creo que sea muy habitual que el presidente del Gobierno se esconda y mande a subalternos a explicarnos reformas que desde su propio Ejecutivo se consideran históricas, por mucho que dicho presidente sea la persona menos propensa a dar la cara. O, ya puestos, es como poco peculiar que ese mismo presidente del Gobierno reciba antes en La Moncloa a una figura del deporte élite, Rafa Nadal el martes, para hablar de que los franceses dicen que nos dopamos, que al líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba el miércoles, imagino que para hablar de cosillas sin importancia como el 25 por ciento de paro del país.

No sé si habrá otro lugar en el mundo en el que el juez que investiga a unos criminales es condenado antes que esos criminales, que de una trama de corrupción inmensa el primer culpable sea quien la investiga. O que un juez, ese mismo que ha sido condenado, diga que la suya era una condena dictada de antemano (¿de verdad soy el único escandalizado por el hecho de que un juez diga algo así, presuponiendo todo el conocimiento que sin duda debe de tener del funcionamiento de la Justicia y del que es obvio que los demás carecemos?). O que el órgano de gobierno de los jueces, a través de su portavoz, Gabriela Bravo, admita claramente que hay un trato diferente hacia el Duque de Palma, Iñaki Urdangarín, o hacia cualquier otro ciudadano.

Es un país extraño éste en el que pende de un hilo la constitucionalidad del matrimonio entre dos personas del mismo sexo, cuando el Gobierno y el partido que lo han elevado al más alto tribunal propone matrimonios ante notario. Es extraño y peculiar que el ex presidente de la Generalitat Valenciana Francisco Camps saque una matricula de honor cum laude con su tesis, que versa sobre la reforma del sistema electoral que su partido, junto con el otro mayoritario, se niega siquiera a tratar cuando y donde hay que hacerlo. Extraño por la personalidad y extraño por la materia de la tesis.

España. Un país peculiar. Y así seguimos.

miércoles, febrero 08, 2012

Gallardón y la inconstitucionalidad

En una de esas tan apasionantes como apasionadas conversaciones políticas que mantengo de vez en cuando con mis amigos, sostuve hace unos días que sospecho que unos cuantos ministros del Gobierno de Mariano Rajoy tienen en su mano la posibilidad de no hacer gran cosa durante la legislatura, pues los focos van a estar puestos sobre las carteras que tienen influencia en la situación económica y sobre el propio presidente. Uno de los ejemplos que saqué durante la conversación fue el de Alberto Ruiz-Gallardón. No espero de él que arregle el atasco en los juzgados ni tampoco que configure una Justicia ni mucho ni poco más independiente del poder político. Me respondían que no, que Gallardón es un tipo que le gusta hacerse notar. Y eso es indudablemente cierto, pero yo iba más por cuestiones de verdadero calado y no polémicas estériles o tácticas de borrado de lo hecho por el anterior Gobierno, cuestiones ambas que forman parte irremediable del ámbito de actuación de cualquier ministro que se precie del color político que sea.

Lo que no esperaba yo es que en poco más de un mes Gallardón exhibiera tantos síntomas de lo mal que funciona la política en España. En aquellos tiempos no tan lejanos en los que el PP militaba en la oposición, si alguien los recuerda, se cocieron en Génova dos recursos de inconstitucionalidad contra dos reformas legales realizadas por el Ejecutivo socialista. Uno, contra la ley que permitía el matrimonio entre dos personas del mismo sexo, que se presentó en octubre de 2005. El otro, contra la reforma de la ley del aborto, lleva en los archivos del Alto Tribunal desde mayo de 2010. Nótese esa pequeña diferencia, la que supone que el PP presentó ambos recursos estando en la oposición. Porque, ahora, ya en el Gobierno, es Gallardón, insisto, ministro de Justicia nada menos, quien parece que no termina de ver claro lo que suponen estos recursos.

Empecemos, cronológicamente, por el recurso a la ley del matrimonio homosexual. Gallardón dice que no aprecia inconstitucionalidad alguna en la norma. Insisto de nuevo en un par de puntos antes de proseguir: el PP sí la considera inconstitucional porque para eso la ha recurrido, Gallardón forma parte del PP y es, al mismo tiempo y nombrado por el presidente del PP y del Gobierno, ministro de Justicia. Quizá parezca una cuestión baladí, pero ¿puede el ministro de Justicia considerar constitucional una norma y al mismo tiempo defender un recurso presentado por su partido ante el Tribunal Constitucional contra esa misma norma? Olvidaos del sentido común y ya tenéis la respuesta. Gallardón ya ha matizado, tras la polémica levantada, que esperará a lo que diga el Constitucional antes de proponer cambios a la ley, lo que ya había dicho antes Rajoy. Pero ya ha dejado clara su postura, como también el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, que ya ha sentenciado que sí es inconstitucional. Grande absurdo el del funcionamiento de la política.

Sigamos con la ley del aborto. Con ésta, a pesar de que también está recurrida al mismo Tribunal, no hay tantos miramientos a la hora de pensar en su modificación. En su primera comparecencia en el Congreso de los Diputados como ministro de Justicia, el pasado 25 de enero, Gallardón ya anunció la reforma de esta ley. Es decir, que hay un criterio para cada caso en función... ¿de qué? En este segundo, al margen de que la norma en vigor sea más o menos aceptada por la ciudadanía o justa para defender a los afectados, que no tiene nada que ver con lo que estamos hablando, aceptamos el criterio de borrar lo hecho por el Gobierno anterior, que prima mucho más que esperar a lo que diga el Constitucional. Por eso, lo que sí creo que es importante destacar es que hay una grave incoherencia en las palabras y comportamientos del ministro que no es más que el reflejo de cómo funciona la política: a conveniencia.

Y también creo que ninguna de estas medidas va a desatascar los juzgados o modernizar la administración de Justicia que es, sinceramente, lo que tendría que ocupar al ministro del ramo, tarea que por el momento sólo ha llevado a Gallardón a proponer que haya bodas y divorcios ante notario. Y eso, además de sonarme a privatización encubierta de estos procedimientos, es un absurdo porque la ley ya ha descargado de esa labor a los juzgados y a él como ministro le corresponde aplicar esta reforma aprobada el año pasado (no recuerdo yo ahora quién gobernaba entonces, la verdad...). Pero qué bonito suena hablar todos los días y decir muchas cosas. Así parece que haces cosas.

miércoles, febrero 01, 2012

¿Una huelga general?



Me tiene fascinado todo lo que acontece en torno a nuestro nuevo presidente del Gobierno. Lo último es esto de que le hayan pillado hablando de que su reforma laboral le va a costar una huelga general. ¿Pillado? No, en realidad no lo creo. Estoy convencido de que la aparición de estas imágenes estaba más que calculada. ¿Por qué o para qué? Él y sus asesores sabrán, a mí me parece ahondar en la herida de la desconfianza que generan los políticos. El caso es que mientras lo dice, se ríe, su ministra de Trabajo dice que no, que todos vamos a estar encantados con la reforma, su vocero que se quedó con ganas de ser ministro nos cuenta que lo dice coloquialmente, los sindicatos casi le dan la razón en lo de convocar la huelga, el PSOE le pone a parir y así de repente pasan unas elecciones en Andalucía y otras anticipadas en Asturias. Casi nada.

No tengo ni idea de cómo va a ser la reforma laboral que planteará este Gobierno y, por tanto, valorarla ahora sería superfluo. Veo necesario cambiar el modelo, desde luego, pero estoy convencido de que no se va a producir ese cambio en la dirección que me gustaría. Al final, indudablemente, las empresas van a tener más poder del que ya tienen, más facilidad para deshacerse de trabajadores, para planetar EREs, para seguir ganando dinero mientras sumamos números en el paro. Nada de lo que he leído y escuchado hasta ahora me invita a pensar que vamos a ir reduciendo el número de parados en España. Al contrario. Se producen noticias (no hay más que pensar en 2.000 parados más gracias a Spanair y la Generalitat de Cataluña), se adelantan planes, se comentan reformas y todo me hace pensar en más despidos. Absolutamente todo. Y el paro es el gran problema.

A mí no me vale de nada, y supongo que a unos cuantos millones de españoles tampoco, que se reconduzca la situación de las grandes cifras del país si dejamos de lado a sus habitantes. Y eso no es que pueda pasar. Eso es que está pasando, de momento por obra y gracia de ayuntamientos y comunidades autónomas (¿quién gobierna ahí?) más que del gobierno central, éste o el anterior. Pero no tiene visos de que vaya a suceder lo contrario. ¿Me equivoco? Ya veremos. Y ya que estamos... ¿Qué demonios arreglaría una hielga general? Si los españoles les han dado todo el poder del país, ¿de qué sirve ahora protestar en la calle? Y otra cosa más... ¿Cómo es posible que un partido que apenas lleva dos meses en el poder tema una huelga general? ¿Es eso normal? ¿O es que acaso está ya gobernando sin tener en cuenta lo que puso en ese papelito que llamaron programa electoral? ¿O sin atender a lo que decían cuando aún eran oposición? Malo si la política sólo despierta pregunta y no soluciones...

miércoles, enero 25, 2012

(Casi) 20 años no son nada


Esta es Kate Beckinsale cuando tenía 20 años, junto a Emma Thompson, con quien participó en Mucho ruido y pocas nueces, una de las muchas adaptaciones de textos de Shakespeare que hizo Kenneth Branagh en los comienzos de su carrera como director. No creo que sea una grandísima actriz, pero sí pienso que tiene una simpatía especial. Me lo pareció entonces, hace ya casi 20 años, cuando vi esa película. Por aquel entonces Hollywood no debía de estar de acuerdo conmigo, porque esa chiquilla de veintipocos años apenas consiguió papeles importantes hasta que ya tenía veintimuchos, que es precisamente cuando el cine americano ya empieza a devorar actrices en busca de caras (y cuerpos) mucho más jóvenes. Cosas de Hollywood que nunca entenderé. Ni de la sociedad en general, que no ve más belleza que la juventud.

Esta es Kate Beckinsale hoy. Ha estado en Madrid, promocionando su última película. No sé si esos casi 20 años que han pasado entre esta foto y las que he tomado hoy no son nada o sí son mucho, pero creo que las fotos hablan por sí solas. Kate Beckinsale tiene hoy 37 años, rozando esa edad en la que Hollywood tira actrices a la basura. Leyendo algo sobre ella, descubro que con quince años tuvo un episodio de anorexia que achacó a la temprana muerte de su padre. Aplaudo su valentía para hacerle frente. Leo también que está en contra de la cirugía estética. Bien por ella y por las que no se dejan seducir por la red de engaño quirúrgico que nutre de bellezas eternamente jóvenes al mundo del espectáculo Y yo, además de eso, tengo que decir que me parece infinitamente más hermosa que muchas de esas jovencitas que hoy deslumbran al mundo.

lunes, enero 16, 2012

Fraga

No son muchos los personajes de la vida pública española capaces de desatar tal cantidad de reacciones, recuerdos y adjetivos en el momento de su muerte. Manuel Fraga era, indudablemente, uno de ellos. Hoy todo el mundo tiene algo que decir de Fraga. Yo también tendría si me pusiera a ello, claro. Pero no lo voy a hacer. Hoy me he encontrado con tantas cosas que no me han gustado, que no me quiero sumar a este espectáculo. Por un lado están quienes escriben elogios infinitos, no ya por aquello de seguir el tópico de que no hay muerto del que se pueda hablar mal, sino por el convencimiento interesado de que Fraga era un hombre de Estado sin tacha. Respondiendo a éstos están quienes replican con lo que entienden como verdades silenciadas, partes del mosaico que quedan ocultos por el fervor de los suyos. Y, por otro lado, están quienes hacen burla de la muerte de Fraga o directamente la celebran.

Yo es que, a pesar de esta desagradable tendencia moderno de esta obligado a elegir bando en todo, no me veo en ninguno de los tres grupos. Fraga no era, sobra decirlo, un personaje que me cayera simpático. Ni mucho menos. Pero he tenido la suerte de poder valorarle en vida y por sus actos, aunque sea durante una ínfima parte de su tracyetoria. Su muerte no me hace sentir ganas de revanchismo, que lo hay en algunas de las reacciones que ahora se están escuchando sobre él. Pero sí me llama la atención porque evidencia que no estamos demasiado a gusto con demasiadas cosas de nuestra historia reciente. Ni unos, ni otros. Mucho se ha acusado a Zapatero de reabrir heridas con la Ley de Memoria Histórica. Yo nunca pensé que tuviera la culpa de nada parecido. Al contrario, tenía claro que todo eran sentimientos latentes que muchos estaban deseando que salieran a la superficie. La Ley fue la excusa para airear sus propios fantasmas. Los unos para acusar a los otros y los otros para afear a los unos por esas acusaciones. Y vuelta a empezar. Las reacciones a la muerte de Fraga evidencian que aquello sólo fue una excusa para que todos siguieran tirándose los trastos a la cabeza. Al menos fueron sólo los trastos, ya no se dispara en España por eso.

Lo gracioso es que quienes con más virulencia acusaron a Zapatero poco menos que de provocar sin motivo a la mitad de los españoles son quienes ahora borran lo que no quieren contar de la historia de Fraga para hacerle quedar como lo que seguramente no es. Pero ellos, claro, no son provocadores, no pueden ser los malos de la película si tienen un Zapatero presente. De todos modos, ese juicio a la figura de Fraga es trabajo para los historiadores. Los libros contarán, de hecha ya cuentan, quién era Fraga y qué hizo en su dilatadísima vida política. Diría que confío en ese juicio, pero no es cierto. Porque los libros los escriben personas y las personas que tienen relevancia en este terreno, como ya demostró la no tan lejana polémica por aquel diccionario de la Real Academia de la Historia, no tienen pudor en demasiadas ocasiones a la hora de generar enfrentamientos y rechazo. Ahora bien, ni la vida de Fraga, ni los muchos puntos de desacuerdo que tenía con él y con su forma de hacer las cosas, ni tan siquiera sus ideas franquistas me hacían desear su muerte. Por lo visto a muchos sí. El odio es libre, no voy a juzgar tampoco eso. Pero tanto odio no puede ser bueno.

Este espectáculo me genera cierta tristeza porque no termino de entender las posiciones de nadie. Si acaso, las de aquellos que están intentando responder a las biografías oficiales con hechos que completan el cuadro, que lo hacen más auténtico y realista, que exceden lo que se cuenta para engrandecer a una figura y crear un mito. No a las de todos, por supuesto, porque, insisto, hay mucho revanchismo que ha dejado de estar latente. Pero eso sí lo entiendo. Yo mismo soy de los que se indigna cuando escucha historias interesadamente incompletas y se ofrece a completar los cuadros que sí conoce. Con el resto de este espectáculo no comulgo.

jueves, enero 05, 2012

¿Por qué han votado los españoles a Mariano Rajoy?

Las primeras medidas del Gobierno y la encuesta del CIS cuyos resultados se han conocido hoy me llevan a preguntarme por qué han votado los españoles a Mariano Rajoy para que sea presidente del Gobierno. No pretendo con esa pregunta, ni con las respuestas descartables que añadiré a continuación, juzgar la acción de Rajoy en La Moncloa, líbrenme los poderes superiores de lanzar sentencias definitivas sobre un trabajo de apenas quince días, que son los que lleva sentado en la silla del poder. Sé que en esta polarizada sociedad, en la que parece que casi todos tenemos una capacidad innata de ofendernos por todo, habrá quien interprete esto como un ataque injustificado y muy tempranero. Pero es que en ese breve espacio de tiempo se me han generado tantas dudas que me hace preguntarme por qué está efectivamente sentado en el Palacio de la Moncloa. Veamos.

Quiero suponer que los españoles no le han elegido por "llamar al pan, pan y al vino, vino", como dijo en la investidura, porque tiene un registro bastante poco esperanzador en el tiempo de hacer lo contrario de lo que dice y promete. No iba a subir impuestos porque sería contraproducente para la economía española en una situación como la actual. Lo dijo como jefe de la oposición a lo largo de toda la legislatura pasada. Lo dijo en la campaña electoral. Lo dijo incluso en el debate de investidura. Nada menos. ¿Y qué es lo que aprueba en su primer Consejo de Ministros? Una subida de impuestos. No valoro si era necesaria o no, seguramente lo sea, pero sí valoro el temerario compromiso. También se comprometió a actualizar las pensiones y a que los pensionistas no perdieran poder adquisitivo. Lo primero lo ha hecho, sí, pero un millón de ellos perderá poder adquisitivo con la subida de impuestos. Hecha la ley, hecha la trampa. Yo escuché a bastantes votantes y periodistas que no votarían a Rubalcaba por mentiroso. ¿Por qué votaron a Rajoy? ¿O qué piensan ahora de esa razón de su voto?

Tampoco creo probable que haya muchos españoles que hayan votado a Rajoy por su facilidad para calmar a la gente con sus explicaciones. Más que nada porque esas explicaciones no se producen. Soraya Sáenz de Santamaría insiste una y otra vez en que estamos ante una situación extraordinaria, de excepción, dificilísima. ¿Y dónde está el presidente del Gobierno? Me lo preguntaba cuando era electo, y no apareció. Me lo pregunto aún más cuando ya está nombrado. Situaciones excepcionales requieren explicaciones excepcionales. Y si el presidente del Gobierno no aparece, malo. Con la prensa no ha hablado más que para leer la lista de sus ministros e ignorar una pregunta sobre el tema. En el Parlamento no hablará hasta finales de enero, 40 días después de tomar posesión del cargo. En La Moncloa todavía no lo ha hecho pese a la importancia de sus medidas y ha delegado en su vicepresidenta, que ni siquiera sabe si Rajoy va a hablar algún día y así lo ha dicho. Es obvio que Rajoy no ha recibido votos por lo bien que explica sus decisiones.

A tenor de lo que dice el CIS, parece evidente que se votó a Rajoy para echar al PSOE. Eso se deja ver con que el 88,1 por ciento cree que la crisis influyó mucho o bastante en el resultado (aunque luego la gente se esconde y el 34,2 por ciento dice que no influyó para nada en su propio voto; ya sabéis, son los demás, siempre son los demás...) y en que sobre 10 den un 7,82 al grado de responsabilidad que tiene el Gobierno en la situación actual (aunque, vaya, qué curioso, le da menos responsabilidad que a los bancos, a la situación económica internacional e incluso que al Banco de España). Pero tampoco parece que haya mucha confianza en que Rajoy vaya a solucionar desde el Gobierno la crisis, porque un 70,4 por ciento cree que va a empeorar más. ¿No le han votado entonces para que solucione esto?

Pasan los días, se suceden los acontecimientos. Y yo me mantengo en mis dudas. No profundizaré en las que me generan las medidas económicas adoptadas, porque no puedo argumentar con firmeza ni conocimientos el temor a que no generen empleo, que es lo que más preocupa a los españoles, según confirma una vez más el CIS. Pero sí que se puede decir que todavía no soy capaz de entender por qué han votado los españoles a Rajoy más allá del cambio por el cambio, y sin negar que fuera necesario porque eso es otra discusión. Rajoy, desde luego, se está afanando en incrementar mis dudas a este respecto. Y sólo lleva quince días como presidente.

miércoles, diciembre 28, 2011

Diez años de inocentada continua

Diez años ya de euro, diez años de inocentada continua. No consigo verlo de otra forma por mucho que economistas de renombre me intenten explicar las bondades de la moneda única. Visto desde el punto de vista del ciudadano corriente, y sin meterme en grandes cifras que no entiendo ni sé explicar, el euro es la representación práctica de una tomadura de pelo. Con este aniversario proliferan las noticias que hablan de la brecha que se ha abierto entre el dinero que ganamos y el que nos cuesta emplearlo en bienes y servicios de lo más cotidiano. Los salarios han subido en esos diez años un 13,9 por ciento y todo lo demás entre tres y diez veces más.

Dicen estudios, análisis e informes que la vivienda ha subido en estos diez años un 66 por ciento. Los alimentos, un 31. La enseñanza, un 44. El transporte, un 46. Una Coca-Cola vale más del doble de lo que nos costaba hace una década. Entrar en el Museo del Prado, cuatro veces más. Pago un 72 por ciento más por un billete sencillo de autobús o metro. El metro cuadrado de vivienda en Madrid cuesta hoy un 78 por ciento más que entonces. Se mire por donde se mire, la cosa es insostenible. ¿Cómo pagar esos porcentajes de más con una subida de sueldo tan exigua? Es ahí donde hay que buscar los auténticos males de la sociedad, en esa brecha cada vez más enorme que hay entre lo que gana un individuo y lo que nos cobran por los bienes y servicios, sean empresarios, comerciantes o gobiernos e instituciones públicas.

No tengo ni la más remota idea de si la culpa es del euro, no puedo dar explicaciones técnicas que no tengo, más allá de aquella evidencia de que muchos lo único que hicieron fue poner una coma a sus precios en precios para convertirlos al euro. Entonces no hubo control alguno y lo que se hizo fue cambiar la metodología de cálculo de la inflación en los informes del Instituto Nacional de Estadística. Eso permitió camuflar lo que era un secreto a voces. Que la vida era más cara con el cambio de moneda, mientras que los sueldos se calcularon al céntimo. La que está liando Zapatero. Ah, no, que no era Zapatero. Es que los muñequitos de plastilina con los que nos querían convencer de lo imposible parecen tan de izquierdas. Tanto da. Como si lo fueran. Si el caso es quejarse.

Perdonad que mi broma del día no tenga ninguna gracia. En cualquier caso, feliz día de los inocentes.

jueves, diciembre 22, 2011

El presidente del Gobierno Mariano Rajoy y su desprecio a la prensa

Estaba convencido de que el cambio en el Gobierno iba a resultar muy perjudicial para la labor periodística e informativa y el presidente Mariano Rajoy no ha tardado más que un día en confirmármelo. Mi yo periodista está muy molesto por el desprecio del jefe del Ejecutivo a esta labor profesional, que solía ser hermosa y honorable y que ahora pende de un hilo que todos quieren cortar. No me gusta que alguien que es o que aspiraba a ser presidente del Gobierno vea a la prensa como un estorbo. Mucho menos que encima haga ostentación de ello. Eso, y no otra cosa, es lo que hizo con su "comparecencia" para anunciar la composición de su Ejecutivo.

Lo que pasó es bien sencillo de relatar y evaluar. En primer lugar, cita a los medios de comunicación a las 19.30 horas. Menos mal que uno de los objetivos que citó en su discurso de investidura era la conciliación laboral y familiar. Será que los periodistas no tenemos derecho a ella. Ya sé que algunos lo verán como una anecdotilla sin más trascendencia, así que sigamos. En segundo lugar, reduce su comparecencia a poco más de un minuto, a la lectura de los nombres de sus ministros y las carteras que van a ocupar. Entonces, ¿qué valor tenía estar allí presente? Otras de las cosas que dijo en la investidura es que quería potenciar el teletrabajo. Qué oportunidad tan hermosa de comenzar a predicar con el ejemplo. Porque eso y nada para una comparecencia pública de esta índole es lo mismo. Pero lo peor fue el colofón.

Hubo algún profesional valiente que, antes de que saliera corriendo, intentó hacer una pregunta a Rajoy, llamando la atención del nuevo presidente del Gobierno desde su derecha (no, no voy a hacer el chiste fácil porque, como decía, estoy muy cabreado). Rajoy pregunta si será una cuestión técnica. Le responden que sí. La cuestión era qué criterios técnicos había aplicado el jefe del Ejecutivo para designar a los ministros del área económica. Rajoy se ríe, dice "muchas gracias por la pregunta" y se marcha sin contestar. Con un par. Con desprecio, y una sonrisa que lo hace más hiriente todavía. Los periodistas no somos nada más que instrumentos para el nuevo presidente del Gobierno, instrumentos a los que no importa menospreciar en público y cuyo trabajo puede ser despreciado de esta forma desde el primer día.

Cuando José Luis Rodríguez Zapatero llegó a la Presidencia del Gobierno, uno de los compromisos que adoptó fue someterse a una rueda de prensa abierta en cada periodo de sesiones, es decir, cada seis meses. Entonces pensé era una buena noticia, pero que la profesión se contentaba con muy poquito. Creo firmemente que, sin tener que estar atendiendo a la prensa a cada instante, un presidente del Gobierno tiene que estar a disposición de los medios, como intermediarios que somos, o tendríamos que ser, de la opinión pública y de los ciudadanos. Sin echar mano de la hemeroteca y comprobar que haya cumplido a rajatabla aquel compromiso, sí considero que Zapatero ha cumplido con esta parte de su trabajo, creo que periódicos, radios, televisiones y agencias han podido preguntarle con cierta frecuencia.

Rajoy no contestaba a las preguntas ni siendo jefe de la oposición. Sus periodos sin someterse a ruedas de prensa abiertas eran mucho más amplios que los del jefe del Ejecutivo. Eso, además de incomprensible, es gravísimo, pero a nadie ha parecido importarle demasiado hasta el día de hoy. Ni supongo que le importará de ahora en adelante. Yo lamento que haya habido tantos medios de comunicación que le hayan seguido el juego. Medios de su tendencia ideológica y de la contraria. No hay asociación de la prensa que se haya rebelado, no hay periódico, televisión, radio o agencia que haya puesto el grito en el cielo ante los numerosos desplantes a la prensa que hizo Rajoy cuando no ostentaba ningún cargo público más allá del de diputado.

Ahora es peor. Ahora Mariano Rajoy es el presidente del Gobierno. Y el presidente del Gobierno, no ya Rajoy, decidió ayer, tras escuchar una pregunta, que no quería contestarla. Punto. No hay más. No le dio la gana dar una contestación lisa y llanamente porque no le gustó la pregunta. Y tengo la certeza absoluta de que esa cuestión que se llevó el viento será la primera de las muchas que no responderá el nuevo inquilino de La Moncloa. Para denunciar y lamentar esto no importan las tendencias ideológicas de quien escribe, la cortesía de dar cien días de gracia a un cargo recién elegido o la evaluación de su acción de gobierno. El presidente del Gobierno despreció a la prensa. Y yo, como periodista, estoy molesto. Y, aunque no me sienta apenas secundado por la profesión, pataleo porque no puedo hacer otra cosa. Al menos ese derecho no me lo pueden quitar ni siquiera desde el Ejecutivo.

domingo, diciembre 18, 2011

"Los que me critican no saben nada"

"Esto es para callar la boca a los que me critican. (...) Los que me critican es porque no entienden nada de fútbol". Cristiano Ronaldo dixit. Dixit, por supuesto, después de meter tres goles y de ganar un partido contra el Sevilla por 2-6, porque las críticas a las que se refiere le llegaron cuando perdió 1-3 contra el Barcelona. Fanáticos de Cristiano Ronaldo o del Real Madrid, absténgase de sentirse ofendidos por lo que voy a escribir ahora, del mismo modo que no es ésto una diatriba que los anti-Cristiano vayan a poder aprovechar, porque no voy a abrir aquí un debate futbolero sobre la persona del portugués más universal de este deporte, con permiso de aquel que le entrena ahora mismo en su equipo. Cristiano me sirve sólo como gancho para lamentar que todo en la vida parezca ya regirse por los principios que enuncia el futbolista. Y es ahí donde encaja mi pesar.

En esta vida sólo parece haber hueco para los vencedores y para los ventajistas. Es decir, que si ganas, si triunfas, eres una especie de dios en la tierra al que hay que alabar e imitar por encima de todas las cosas. ¡Cómo no hacerlo, si triunfa! Si uno gana, no hay más caminos posibles que la asunción de los métodos de ese uno, sobre todo si los demás caminos posibles no te llevan al triunfo de una forma inmediata. Si pierdes, si no consigues lo que socialmente se considera imprescindible, eres ya de repente un apestado. No importa que trabajes dejando todo tu esfuerzo en la tarea, ni que tengas buena fe en lo que haces o en lo que decides. No ganas, no eres nadie. Punto. Y cuando no eres nadie, desatas el ventajismo de casi todos los demás. El "ya te lo decía yo", el "haz como yo", el "no tienes ni idea", el "eres un perdedor". Y eso, casi inevitablemente y porque la vida siempre da muchas vueltas, provoca tu propio revanchismo cuando ganas otra vez. "Los que me critican no saben nada", "esto es para callar la boca a los que me critican".

Me aburre hasta la nausea esa mala baba que parece tener demasiada gente en esta vida. Me aburre porque hace que ya no se pueda hablar de casi nada en esta vida. Si criticas a Rajoy, tienes que hacerlo también a Zapatero o al que venga detrás de él. Si no te gusta algo que haga el Barcelona, por qué no dices lo mismo del Madrid. Si das un consejo a alguien, por qué no te metes en tus propios asuntos. Si el otro rompe las normas, por qué no las voy a romper yo. Me aburre. Pero no tanto como para dejarme llevar por esta vorágine. Una crítica motivada, una ecuánime o una sincera es lo mejor que puede recibir alguien en su trabajo. Imagino que Cristiano Ronaldo se refiere a las otras, a las dañinas y las ventajistas. Pero estamos pisando ya desde hace mucho tiempo terrenos demasiado peligrosos en los que prácticamente todo el mundo se siente con el derecho de menospreciar lo que hace, dice o piensa cualquier persona, esté o no referido a los asuntos de uno mismo, y en el que no se puede hablar de nada, por afable que sea el tono, sin despertar las iras de alguien. ¿No os aburre también a vosotros que tanta gente sea ya así? Porque a mí sí.