sábado, agosto 29, 2009

Impunidad televisiva

Esta es una de las imágenes de cabecera de la página web de la FORTA (Federación de Organismos o Entidades de Radio y Televisión Autonómicos). Aparte de esa hermosa y previsible corrección política de colocar a una mujer morena junto a otra rubia, reconozco que la risa de ambas mujeres no me produce la sensación de alegría, cercanía y felicidad que seguro tenía en mente quien decidió colocar dicha imagen como bienvenida. A mí la risa me viene a decir algo así como que las televisiones autonómicas son un claro reducto de chanchulleo, enchufismo y aprovechamiento amoral de las posiciones políticas de cada cual sin que el común de los ciudadanos pueda hacer nada. Ja, ja, ja. En tu cara.

Eso es lo que contaba este artículo de El País hace un par de días sobre los consejos de administración de las televisiones autonómicas, pero va más allá y se extiende, con especial incidencia en los servicios informativos, a toda su programación. Si eres afín, tienes trabajo. Si no lo eres, no. Y da importa que tengas conocimientos, profesionalidad o aptitudes imprescindibles para el trabajo. No saber hacer la O con un canuto también sirve a veces como mérito profesional, y más, por lo visto, si la adjudicación de un puesto depende de un político. Lo bueno de todo esto es que sólo tenemos acceso a una cadena autonómica y conseguimos el raro privilegio de librarnos del resto. Pero una basta para sentirse asombrado por el grado rastrero y triste que puede llegar a alcanzar la manipulación.

Hace unas semanas, y por puro aburrimiento, levanté momentáneamente mi veto sobre los informativos de Telemadrid para ver si en verano, y con los primeros espadas de vacaciones, la cosa seguía igual. Casi peor. Será que los suplentes quieren hacerse con un puesto en el equipo titular o que el gran hermano que todo lo vigila no descansa ni en agosto. No duré ni cinco minutos frente al televisor, la curiosidad me hizo lo mismo que algato. Y hay otro caso más con mayor gracia. Ahora resulta que se marcha el mandamás de la televisión valenciana, antiguo jefe de prensa del presidente de dicha comunidad autónoma. En su cadena sólo se dio una noticia del caso Gürtel: la absolución de Camps. Eso se llama manipulación. Pero no se ha ido por eso, no. Se ha ido, dicen, porque recibió trajes de la trama corrupta. De qué me sonará a mí eso...

Ofrezco mi voto y respeto perpétuos para el presidente autonómico que tenga el valor de devolver a la televisión pública la libertad que merece. Sin haber podido lograrlo del todo, porque parece una misión imposible, el único que da pasos positivos en esta materia no es un presidente autonómico, sino el presidente del Gobierno. Mientras no haya libertad y continúe esta impunidad política, social y televisiva, para mí las autonómicas es como si no existieran. Salvo que emitan fútbol, claro. Triste vida esta...

viernes, agosto 14, 2009

Agosto, ese mes perdido

Cada año que pasa tengo más claro que agosto es un mes extrañamente absurdo. Desperdiciado sería la palabra adecuada. En agosto no se puede hacer más que una cosa: irse de vacaciones. Si quieres hacer algo distinto, estás perdido. ¿Que tienes que hacer un trámite con la administración? "Lo siento, la persona que necesita está de vacaciones". ¿Que tienes que comprar algo en esa pequeña tienda a la que vas tan a menudo? "Cerrado por vacaciones". ¿Que este año te toca hacer guardia en el trabajo en agosto? Matemática pura, te va a tocar el marrón, y no vas a poder recurrir a la persona adecuada... porque estará de vacaciones. ¿Que te apetece quedar con ese amigo al que hace tanto tiempo que no ves? Sí, se ha ido de vacaciones. Y se asume como normal. En verano las cosas están paradas, es así y así hay que aceptarlo. Pero particularmente en agosto la situación es salvaje. Me pregunto si este fenómeno es español o sucede igual en el resto del mundo...

martes, agosto 11, 2009

¿Rarezas...?

Jo Grass, a través de su blog Cariño, ¡se te ha pasado el arroz! (que conozco desde hace poco pero que ya me tiene entre sus incondicionales), me ha concedido el Premio Rarezas (original el premio, un girasol con cara y gorra...), porque cree, y cito textualmente, que yo también soy "un exquisito gourmet en asuntos de rarezas". Y puede que sí, Jo, que tengas razón y para algunas cosas sea un bicho raro, sí. Pero ¿rarezas...? ¿Y encima siete? No sé, no me veo yo capaz de sacar siete rarezas sobre mi persona porque, claro, para mí no terminan de ser rarezas. Seguro que quien me conozca bien sí será capaz de elaborar una lista, de siete o seguro que de más comportamientos míos que le parecerán raros. Pero hacerlo yo mismo sobre mi persona lo veo complicado...

Para mí no es raro detestar las legumbres, que no me atraiga absolutamente nada un plato de fabada o lentejas, que de niño hiciera lo imposible por evitar esos platos hasta que por fin de adulto los he desterrado de mi dieta. Para mí no es raro que el árbitro del partido de fútbol del fin de semana se lleve la mayor parte de los gritos que puedo soltar. Para mí no es raro que no me guste comer nada durante un partido de fútbol de mi equipo (por la alta probabilidad de atragantarme si tengo que gritar al árbitro, un gol o lo que sea...) o viendo una película (no me gusta distraerme de la pantalla). Tampoco veo como una rareza ir al cine habitualmente solo y buscando las sesiones en las que menos gente haya. O tener vetado cualquier plan cotidiano a la hora a la que juega la Real, dos horas sagradas de disfrute personal e intrasferible cada fin de semana entre agosto y junio. O sacar fotos de gente sacándose fotos en lugares representativos de una ciudad. Tampoco veo raro acordarme de cómo fue un gol de un partido jugado por la Real en 2001 o 1993. O leer cómics y ver series de dibujos animados como si tuviera todavía once años. ¿Es una rareza no beber alcohol y no fumar? ¿O preferir una cena en casa de un amigo antes que un restaurante?

Ya he dicho más de siete cosas, sí, pero para mí no son rarezas. A no ser que lo normal sea raro. Y eso me ha recordado un fragmento de una conversación que escuché por casualidad un día, mientras paseaba por las calles de Madrid. "Es que cada día es más difícil ser normal", decía un hombre de menos de 40 años. ¿Será eso? ¿Es difícil ser normal? Claro que, para poder entendernos en esa conversación, tendríamos que llegar a un acuerdo sobre lo que es normal y lo que es raro. Mis rarezas para mí son normales, pero supongo que habrá gente que no lo vea así. ¿O no...?

Se supone que las normas del premio obligan a nominar a siete blogeros para que nos cuenten siete rarezas propias. Pero, como siempre, lo dejo en vuestras manos. Que cada cual cuente lo que quiera. O que me diga si lo que he dicho me convierte en raro o en normal...

viernes, agosto 07, 2009

El post en el que lo cuento todo

Después de las declaraciones que ha hecho la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, creo que es hora de contarlo todo. Sí, es cierto que el Gobierno ha empleado el aparato de las fuerzas de seguridad del Estado, en connivencia con varios jueces, para espiar al principal partido de la oposicón. Lo que es grave es contar los motivos. Y aquí van. Tras consultar a mis fuentes y darme estas permiso para contar lo que en los medios periodísticos españoles es conocido desde hace años, creo que es el momento de desvelar toda la verdad. Un periódico, una radio o una televisión jamás se atreverían a publicar la información que voy a revelar aquí porque tienen mucho que perder. En un blog no hay censura de ninguna clase y tengo toda la libertad del mundo para decir todo lo que sea necesario. Y es necesario decir muchas cosas, porque muchas cosas y muy graves son las que hay detrás de esa información.

El origen de las escuchas y espionajes al PP parte de antes de las elecciones de 2004. En aquella época, el Gobierno de José María Aznar, obsesionado con el fin de ETA y ante las informaciones que le llegan de que grupos terroristas de otro índole están planeando atentar en España, se reúne con varios de estos grupos, intentando que la ofensiva de Al Qaeda en Europa quede minimizada. El trato es claro: nada de atentados en España bajo ninguna circunstancia. A cambio, y a pesar de la foto de las Azores (más de consumo nacional que de ayuda efvectiva a la misión de Estados Unidos contra Sadam Hussein), España se compromete a mediar en las diferentes zonas de conflicto: Irak, Irán, Líbano, Afganistan e Israel. Por eso no había medios en el CNI contra el terrorismo de origen islamista. El 11-M coge por sorpresa al Gobierno de Aznar por este motivo. Había un acuerdo y un grupo terrorista islámico se lo saltó. Por eso Acebes expresó con tanta insistencia la teoría de que ETA estaba detrás de la matanza de Madrid, porque para él no había otra posibilidad en las primeras horas. Después no le ha quedado al PP más remedio que mantener la teoría de la conspiración para no desvelar su acuerdo previo.

Todo esto está incluído en las grabaciones que jueces y cuerpos policiales hacen, no sólo ya en Génova, sino también en La Moncloa durante los últimos años del PP en el Gobierno. Mediante estas escuchas, las fuerzas de seguridad descubren también numerosas tramas de corrupción. Gürtel es sólo la punta del iceberg y, de hecho, consecuencia de posteriores enfrentamientos en el seno del principal partido de la oposición. En Madrid una maniobra tan poco ética como legal es la que permite que el socialista Simancas no se convierta en presidente madrileño. Con diversos pagos de por medio, incluyendo a los dos diputados tránsfugas del PSOE, se logra la repetición de las elecciones y la victoria de Esperanza Aguirre. En Baleares, bajo el Gobierno de Jaume Matas, se hacen decenas y decenas de operaciones ilegales de las que ya se empieza a conocer algo. La trama en Valencia es mucho más profunda. Con varias operaciones de blanqueo de dinero, tráfico de influencias y cohecho se consigue para la capital del Turia la Ciudad de las Artes y las Ciencias, la concesión de la Copa América de Vela o el Gran Premio de Fórmula 1. Todo de forma irregular.

El nivel de implicación de los altos cargos del partido es total. Mariano Rajoy no sólo conoce sino que además ha impulsado varias de estas operaciones. El apoyo de Camps y los populares valencianos en el último congreso se debe precisamente a favores de esta índole. La animadversión de Aguirre y los populares madrileños, justo a lo contrario: a ese favoritismo que Rajoy concede a la Comunidad Valenciana. La cúpula del PP entiende que en Madrid no puede ya ganar más votos para las elecciones generales y por eso se vuelca en otros territorios. La rebelión en Navarra del UPN de Sanz también obedece a maniobras oscuras. Sanz se siente utilizado en la campaña contra el Gobierno durante la tregua en la ETA porque no ha conseguido beneficios económicos de ningún tipo, ni legales ni ilegales, y por eso rompe con el PP. Zaplana deja la primera línea de la política cuando considera que ya ha conseguido suficiente. Pizarro no llega a entrar porque le habían prometido manejar muchas partidas ministeriales en caso de ganar las elecciones de 2008, pero como es sabido venció el PSOE.

El motivo de que ningún juez haya abierto ninguna investigación conocida es que el comienzo de las escuchas fue ilegal. No existen sumarios, pero hay jueces que conocen estos movimientos, que son los que dan pie a Garzón a abrir el caso Gürtel. Al margen de la vía judicial, las fuerzas de seguridad decidieron saltarse la cadena de mando, ante el grado de corrupción conocido y la gravedad de los delitos cometidos, y acudir directamente a la Zarzuela. El Rey conoce todos los movimientos que ha hecho el PP, y ha sido precisamente él quien ha impedido que se difundiera la información. El monarca entiende que publicitar una trama de corrupción tan extensa, que abarca al principal partido de la oposición y al gobierno de bastantes comunidades autónomas, puede suponer la quiebra de la España actual. Para el Rey Juan Carlos estaría en peligro incluso la monarquía. La Corona cree que, ante unos hechos de tanta gravedad, sería imposible detener una protesta social de una magnitud desconocida en España. Por eso, lo que el Rey intentó hacer fue mediar con Mariano Rajoy no en una sino en muchas reuniones secretas.

Los acuerdos entre la Corona y el PP eran simples: detener la maquinaria de corrupción a cambio de que ningún cargo popular acabara sentado en un tribunal. Y un pacto de silencio por las dos partes. Pero Rajoy fue perdiendo poco a poco el control de los suyos y la corrupción, que antes se inicaba en Génova, ahora tiene numerosas ramificaciones locales. Eso es lo que se está conociendo ahora gracias a Correa, el tesorero Barcenas y los trajes de Camps. Cada vez que un dirigente del PP hacía algunas manifestaciones fuera de tono y ponía en el ojo de la polémica al Gobierno, a los jueces o a la Policía, el Rey llamaba a capítulo a Rajoy. El último atentado de ETA, que resultó con la muerte de dos guardias civiles, pareció que iba a significar el fin de esta pugna entre Génova y Zarzuela. Pero es entonces cuando se producen las declaraciones de Dolores de Cospedal, denunciando públicamente las escuchas ilegales a su partido, exactamente lo que Zarzuela no quería que se conociese. El Rey está tremendamente molesto con Rajoy y con el PP y la Casa Real le ha tenido que parar los pies al monarca, que estaba dispuesto, previo despacho con Zapatero en Mallorca, a contarlo todo, tenga las consecuencias que tenga.

Y un detalle más de toda esta historia. Es MENTIRA, es un relato cien por cien ficticio. Todo esto me lo acabo de inventar sobre la marcha, ni siquiera he partido de un borrador previo. Es sencillísimo decir algo sin pruebas de ningún tipo. Los medios de comunicación se han autoimpuesto la palabra "supuesto" cada vez que hablan de algo, sea lo que sea y aunque tengan la más fiable de las comprobaciones o las fuentes, pero los políticos parecen tener una impunidad que asusta y a la que todavía nadie ha puesto freno, lo que redunda en el desprestigio de la propia política. Yo no tengo ni la más remota idea de si se ha espiado al PP. Quiero creer que no. Pero lo que sí tengo claro es que un demócrata no puede lanzar una acusación como esa gratuitamente, sin pruebas, poniendo en tela de juicio el funcionamiento de todo el Estado de Derecho, desde las fuerzas de seguridad, a varios ministerios, pasando por los servicios de inteligencia y el propio Gobierno. Y eso es lo que ha hecho María Dolores de Cospedal. Exactamente eso.

Creo que el Fiscal General del Estado tiene que actuar. Tiene que levantar el teléfono y llamar a María Dolores de Cospedal para plantearle una alternativa: o presenta pruebas que respalden su información para que se abra una investigación (si hay algo, adelante; caiga quien caiga) o se enfrenta a un proceso penal por calumnias en la que Gobierno, jueces y cuerpos policiales se personen como acusación. Ya está bien de que cargos públicos, que gente que pretende gobernar este país, puedan decir lo que quieran. Ya está bien de ampararse en la libertad de expresión para decir auténticas barbaridades. Ya está bien de esconder casos de corrupción reales e investigaciones necesarias detrás de cortinas de humo en la que todo el mundo conspira contra el PP. Ya está bien. Porque cualquiera puede apuntarse al juego de inventarse historias con tal de ganar unos cuantos votos o subir una décima en las encuestas. ¿Que nos cargamos por el camino el Estado de Derecho? Qué más da...

lunes, agosto 03, 2009

Mentira acreditada, nula consecuencia

Viendo el entusiasmo con el que Mariano Rajoy ha celebrado el archivo de la investigación contra Francisco Camps, a mí me asalta de nuevo esa sensación de que Spain is different. Todo este caso ha provocado una revolución. Sí, sí, una revolución. Porque del Gürtel han nacido nuevas figuras que, dentro de nada, tendrán que ser de estudio obligatorio en manuales de nuestros futuros jueces, fiscales y políticos. El tesorero del PP, Luis Bárcenas, ha creado una nueva figura, la del "dimitido temporal", y Camps hizo lo propio con la del "imputado feliz". Lo que ahora resulta de la sentencia no lo voy a valorar con una denominación tan específica como esas tan oportuna y acertadamente creadas por ellos mismos, no vaya a ser que me caiga a mí una querella por decirlo.

Pero la conclusión es obvia, y lo dice la sentencia que ha traído tanta felicidad a Rajoy. Camps ha mentido en sede parlamentaria y, siempre y cuando mantuviera allí la misma versión que ha sostenido siempre en público, en sede judicial. Los regalos existieron. Existen. Son algo tangible. Los jueces así lo asegura en la sentencia. Si no se prosigue con la investigación es porque dos de los tres magistrados entienden que no se puede inferir que los regalos se producen a causa de que Francisco Camps sea presidente de la Comunidad Valenciana o del PP valenciano ni que las personas que los hicieron consiguieron beneficio directo con sus dádivas. Me pasa como al magistrado que ha emitido un voto particular, no entiendo esa interpretación. Camps no es presidente valenciano ocho horas al día y el resto deja de serlo. Si recibe regalos importantes de gente que anda procesada en casos de corrupción, es factible pensar que alguna relación puede haber.

El caso es que con este auto se acredita así la mentira continuada. No lo digo yo, lo dicen los jueces. Ni Camps pagó los trajes, ni Camps rechazó regalos, ni Camps desconocía a las personas que dijo desconocer. Por el momento, no hay juez que haya dicho que hay ilegalidad alguna en todos estos extraños movimientos. De acuerdo. Pero hay mentiras. Claras, manifiestas y verificables. No es cuestión ya de opiniones, ni de confianza en Camps, ni de afinidad política hacia el sujeto de este asunto. ¿Qué va a pasar ante este panorama? Absolutamente nada. Hemos cruzado hace demasiado tiempo un punto de no retorno en el que nuestros políticos tienen manga ancha para hacer cualquier cosa. Pueden mentir. Pueden decir una cosa y la contraria según les convenga. Pueden valerse de sus mentiras para ganar elecciones. Y ahora han demostrado que pueden saltarse leyes a la torera.

Con esto de los regalos a los cargos públicos pasa algo parecido a lo de las primas a terceros en el mundo del fútbol: son ilegales, todo el mundo las conoce y nadie hace nada, ni por perseguirlas ni por legalizarlas. Un presidente del Gobierno, un ministro, un presidente autonómico, un alcalde, no puede recibir regalos. Punto. Lo dice la ley. Es así de sencillo y no cabe aquí debate moral y ético alguno. Como todos se la saltan, qué graciosa es la ley pero cómo vamos a hacerla cumplir. Y cuando cogen a uno saltándosela, en lugar de utilizar este asunto como inicio de una limpieza total y radical de la política, pasamos de la negación más absoluta o decir que es que todos hacen lo mismo. Y a nadie se le cae la cara de vergüenza por admitir públicamente que se salta la ley. Rita Barberá nos lo demostró, con un rizo de la historia sencillamente portentoso. Primero quiso que se procesara al presidente del Gobierno por recibir regalos y después nos dijo que ella también los recibía como todos. ¿Pedía implícitamente su propio procesamiento? Seguro que no. Pero con su habilidad para hacer declaraciones así, seguro que se ha ganado una nueva mayoría absoluta en las próximas elecciones. Tiempo al tiempo.

Lo de Camps me deja otra preocupación. Muy honda. La misma que me dejó el caso del Yak y el hecho de que el entonces ministro de Defensa, Federico Trillo, se haya ido de rositas. Y es que parece que la política cuenta con un paraguas judicial especial, con una protección extraordinaria por parte de los jueces de la que el ciudadano de a pie jamás gozará. Por más pruebas documentales, testimoniales y periciales que haya, da la impresión de que el político goza de una inmunidad casi total. A menos que haya una conjunción de planetas políticos, judiciales y mediáticos, un responsable público actual o pasado jamás sufrirá el azote de la Ley y de la Justicia. Eso es lo que sucedió con los GAL, los Fondos Reservados, Roldán y demás. Desde entonces, y mira que ha llovido desde entonces, esa conjunción no se ha producido. Algunos, como hoy Rajoy, lo celebran. Para mí, es una puñalada más en el corazón de la credibilidad política y judicial.

martes, julio 28, 2009

Como los monos

A veces dan ganas de comportarse como estos monos. No ver, oír, hablar ni, ya que estamos, oler. Porque si a uno le da por ver, oír, hablar y oler lo que le rodea dan ganas de decir demasiadas cosas. Y se acumulan sin que haya forma de ordenarlas en un mundo en el que pensar mal parece mucho más gratificante y productivo que dar a la gente el beneficio de la duda. Así nacen los dobles y triples raseros. Así nace la injusticia en la crítica. Así nace la falta de credibilidad de unos y otros cuando hablan y actúan. ¿Que a qué viene esto? El origen está, como casi siempre, en todo lo que rodea a nuestros queridos políticos, esos a los que he seguido durante tantos años por sincero interés y ocupación profesional, y que cada día que pasa me dejan más perplejo.

El otro día, en una conversación sobre este tema, proclamé que no me identifico con nada ni con nadie. No sé si alguna vez lo he hecho, pero ahora mismo desde luego que no estoy en ese punto. Me negaron el argumento, me dijeron que sí tomo partido. Lógicamente, ahí les di la razón, pero el matiz está en las razones. No tomo partido por afinidad. Tomo partido por rechazo al otro. No soy socialista, aunque vote socialista. Tampoco soy comunista. Ni mucho menos conservador o progresista. Ni soy monárquico ni republicano. No tengo identificación política alguna porque nada ni nadie es capaz de moverme a tener esa identificación plena con unas ideas, un grupo o, siquiera, un personaje de este mundo. Estoy en crisis política.

Y en esto que sale la encuenta del CIS y me doy cuenta, parcialmente, de que no estoy solo. La confianza en los políticos está por los suelos, pero los interesados no van a darle importancia porque ya tienen su silla y el objetivo es mantenerla por el mayor espacio de tiempo. Nada más. Me parece de lo más razonable que el PSOE pierda apoyo electoral. Por muchas razones. Hablan de la crisis económica. Será eso. Me parece de lo más extraño que el PP no lo pierda. Y aquí es donde sí tomo partido porque no doy crédito a lo que pasa. No hay límite para la corrupción política, que a estos no les afecta lo más mínimo en las encuestas. No hay límite para la inacción, y poco importa saltarse lo que se exige a los demás o lo que tienen por escrito para exigir a los suyos. No hay límite para escuchar lecciones morales a los demás pero nunca para uno mismo. Y no lo entiendo. De verdad que no lo entiendo.

Entiendo perfectamente que la ministra peor valorada sea la de Cultura. Solía pensar que ese puesto lo ocupaba normalmente el miembro del Consejo de Ministros menos conocido, pero con ella se rompe la norma, porque la ministra de Cultura se ha dado a conocer precisamente donde mayor difusión encuentran las críticas: Internet. Entiendo que todos los ministros suspendan (bueno, en realidad no; sigo pensando que Rubalcaba es el mejor con diferencia y no hay más que mirar los logros en sus competencias, empezando por la lucha antiterrorista, para ser algo más indulgentes con él). Entiendo que suspendan todos los líderes de los partidos, porque no hay liderazgos de ninguna clase, no hay nombres que vayan a perdurar en los libros de Historia más que por el cargo que ocupan, ni tampoco hay alternativas a lo que hay.

Pero hay algo que no entiendo y que no conseguiré entender nunca. Lo que no entiendo es que los españoles vayan a colocar como presidente del Gobierno a alguien en quien no confían lo más mínimo. Si la crisis económica no se soluciona antes de las elecciones generales previstas para 2012, lo previsible es que haya cambio en La Moncloa. Más vale que nos vayamos haciendo a la idea, por si acaso. Y entonces España tendrá como presidente del Gobierno a alguien en quien no confía nadie, ni siquiera quienes le van a votar ni quienes le han votado en anteriores ocasiones. Eso lo dicen las encuestas, no yo. España tendrá como presidente a un político que para solucionar los problemas de su partido todo lo que ha hecho es esperar a que se calle quien los denunciaba. Huídas hacia adelante. Nada más. Y mucha lección de dignidad y ética a los demás, claro. Pero cuando toca hablar de lo mío, entonces no respondo preguntas. Madera de presidente, desde luego. Eso sí lo digo yo. Lo último con ironía, claro.

¿Esto es todo lo que puede ofrecernos la política? ¿Escándalos de corrupción más o menos publicitados y creídos según quién los protagonice? ¿Líderes en los que no confía nadie? ¿Titulares vacíos de contenido? ¿Nula capacidad de gestión? ¿Oportunismo político para ofrecer reformas sobre casos concretos pero nunca con un modelo serio y sosegado? ¿Doble rasero para todo? ¿Unos medios de comunicación que han desistido de la labor de vigilar al poder para dedicarse a vigilar sólo al contrario... y a veces ni eso? ¿El deseo de mantenerse en la silla por encima de los problemas de los ciudadanos? ¿Aprovecharse de la posición política para conseguir, en el extremo más indigno dinero ilegal y en el más liviano pero igualmente grave (aunque nadie lo diga) viajes a Francia para ver el final del Tour con la excusa más peregrina? Si está viva la política, que hable. Que hable ya o no sé si va a quedar alguien para escuchar...

jueves, julio 23, 2009

"¿Tu sonríes siempre?"

- Debiste reírte. Cuando la broma de las pancartas. Habías estado fenomenal. Sí, todo iba bien, podías haberte hecho con ellos si te hubiera reído.
- No me hizo gracia.
- Esa no es la única razón para reírse. Eres muy puritana.
- No es verdad.
- No tienes sentido del humor.
- Pues mi familia dice que soy graciosísima.
- Porque estás siempre enfadada.
- No lo estoy siempre, lo que pasa es que no le veo la punta a vuestra bromas. Yo nunca he pertenecido a una de esas pandillas o lo que sea, que es donde seguramente inventáis todos vuestros chistes.
- Sí, somos unos brutos.
- ¿Puedo hacerte una pregunta indiscreta?
- Sí.
- ¿Tú sonríes siempre?
(Se pone muy serio) - No. (Se empieza a reír y hace que ella se ría) No... No... No...
- Por algo que empieza (brinda).
- Por algo que termina.
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Tal como éramos (Robert Redford, 1973)
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Es una buena pregunta, sí. ¿Tú sonríes siempre? ¿Hay alguien que sonría siempre? Es más, ¿es posible sonreír siempre? Seguramente no. Pero también es más que seguro que basta con el intento. Porque sí, hay gente así, que intenta sonreír siempre. Son pocos, no son fáciles de encontrar y muchas veces chocan contra el muro de la seriedad ajena. A veces no consiguen sonreír siempre, claro, pero lo intentan. Y así comienza siempre una cadena de sonrisas. Porque, como le pasa a la "puritana" Barbra Streisand con Robert Redford, es imposible no sonreír cuando alguien te sonríe.
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Dicen que la risa tiene múltiples beneficios para la salud. Que potencia la imaginación y la creatividad. Que pone en movimiento hasta 400 músculos de nuestro cuerpo. Que actúa como masaje. Que nos oxigena. Pero sobre todo dicen que inmuniza contra la depresión y la angustia. Que sirve para combatir el dolor y que ayuda a ser felices. Eso es la risa. Entre la risa y la sonrisa, yo casi que prefiero la sonrisa. Es más sutil, más interesante. Suele ser más espontánea, más sincera. Pero las dos son geniales, sí, ya lo creo...

domingo, julio 19, 2009

Eso es lo que yo quería

Leyendo el artículo que Antonio Caño escribe en El País sobre la muerte de Walter Cronkite recuerdo que eso era lo que yo quería, lo que admiraba, lo que me hacía soñar. "Cronkite era al periodismo lo que los Beatles a la música o Clark Gable al cine, el símbolo de una edad dorada, el emblema de aquellos tiempos en los que la televisión unía, descubría y nos colmaba de felicidad, y en los que el periodismo era un asunto serio, que contaba cosas serias a un público inteligente y confiado, en una comunión perfecta en sociedades que parecían progresar sin límite", escribe.

Y continúa: "La receta del éxito para el periodismo, entonces, era muy sencilla. Bastaba con contar lo que ocurría, limpiamente, ordenadamente, rigurosamente. Cronkite condensó esa fórmula en la famosa frase de cierre de su informativo: 'Y así es como han sido las cosas'. Presumía de no haber añadido nunca un comentario personal ni una opinión del más mínimo sesgo. Conocía su influencia, sabía que se le llamaba el hombre más confiable de América y medía sus palabras con la profesionalidad y el tacto de un cirujano".

Eso era lo que yo quería. Eso. Exactamente eso. Cuando ahora releo su frase, su "y así es como han sido las cosas" (que no quería decir en las ocasiones en las que finalizaba su programa con algún comentario de opinión; ¡me quito el sombrero ante esa sensibilidad y esa profesionalidad!), recuerdo otra. Parecida. Seguro que inspirada en aquella. Pero que despertaba en mí un sentimiento contrario. "Así son las cosas, y así se las hemos contado", decía Ernesto Sáenz de Buruaga cuando era director de Informativos de Televisión Española. Y siempre tuve la sensación de que el "así" de la primera parte del enunciado y el "así" del segundo no se referían a lo mismo.

Esa sensación no sólo ha ido creciendo con los años, sino que se ha acentuado. Walter Cronkite nunca quiso dedicarse a la política a pesar de que su trabajo era creíble para la gente (argumentaba que, si diera el salto a la política, tendría que mentir). Ni tampoco quiso decir jamás a qué partido votaba, a cuál respaldaba. Él se dedicaba a informar. No creo que sea imprescindible ocultar las filias y las fobias políticas, pero es admirable que alguien lo hiciera de esta forma. Hoy, en cambio, es el pensamiento ideológico propio lo que marca el trabajo como informador. Y eso, lo contrario de lo que hacía Cronkite, es triste.

Walter Cronkite, que estuve 65 años casado con la misma mujer (hasta en eso despierta mi admiración en este mundo tan insensible que tenemos a veces), murió hace dos días. Aquí en España hay muchos medios que no dieron la noticia o que la relegaron a un lugar poco privilegiado de sus escaletas o de sus páginas. Eso lo dice todo sobre el estado del periodismo. Este hombre debiera ser asignatura obligatoria y, por desgracia, demasiada gente ni siquiera sabía quién era. Y lo que él era, lo que él representaba era y es lo que yo quería.

miércoles, julio 15, 2009

Sobre la muerte

Llevo tiempo pensando que una muerte en directo era lo que le faltaba a la televisión moderna, y lo dije hace muy poco. Los festejos de San Fermín de este año me han dado la razón. Por desgracia. Ya hemos visto una muerte en directo. Y repetida. Y a cámara lenta. Y en primer plano. La muerte y la agonía. ¿Será el siguiente paso para la televisión una muerte programada con antelación? No lo entiendo y no lo entenderé nunca. Como no entiendo muchas de las reacciones que suscitan las muertes populares que se producen. No, no estoy hablando del fervor que ha levantado Michael Jackson tras dejar esta vida. Porque eso sí lo entiendo. Entiendo que si una persona, un artista o un lo que sea te aporta algo en tu vida, en su muerte es cuando se han de poner las cosas en la balanza definitiva (ese es también un trabajo que hay que hacer cuando el sujeto pueda saber lo que de verdad piensas de él) y decidir cómo has de agradecer lo que te han dado.

Lo que no entiendo es qué eleva una muerte a noticia. No sé por qué tanto interés en las muertes por gripe A cuando las muertes por gripe normal (o cualquier otra enfermedad, o en cualquier lugar del mundo de esos a los que no les dedicamos ni una triste mirada a pesar de que mueran personas a miles por enfermedades a las que el mundo civilizado ya no da importancia) jamás han tenido ni tendrán el menor interés informativo. No entiendo que sólo una muerte lleve al centro de interés un caso de negligencia médica, porque esa, precisamente esa negligencia será la única que ya no se pueda resolver, y las que se producen en el futuro quedarán en el más absoluto de los silencios y, por tanto, sin que nadie busque soluciones a los problemas. No entiendo la hipocresía mediática y social con la violencia de ficción cuando nadie pone el grito en el cielo al ver una muerte en directo. No entiendo por qué es necesario conocer todos los detalles de la vida de alguien que muere en un encierro y ver el sufrimiento de sus familiares y, en cambio, no conocemos las de otros muertos anónimos como los que mueren en accidentes de tráfico.

O, mejor aún, de aquellos que mueren en accidentes laborales. Hace poco vimos a un hombre que había perdido el brazo trabajando en una panificadora. Eso sí fue noticia, mientras que de los muertos en accidente laboral (muchas veces por la irresponsabilidad y la negligencia de quien puede ganar más dinero ahorrando en medidas de seguridad) sólo tenemos noticia en grupo, con las cifras de cuantos mueren a lo largo de un año. Nunca nombres apellidos, nunca sus vidas, nunca sus huérfanos, no, sólo la fría cifra. ¿Es por el morbo? ¿Si hubiera muerto aquel inmigrante de la panificadora entonces sí habría dado el salto a la primera plana? Seguramente no, es triste decirlo, pero es lo que nos dicta la experiencia. Porque, por ejemplo, tampoco nos acordamos de las misiones en el extranjero del ejército español salvo cuando hay muertes. Antes no hay debate, no hay interés, no hay nada. Pero cuando hay una baja... Cuando hay una baja, entonces y sólo entonces todos queremos saberlo todo sobre esa misión.

A veces parece que hay interés en la muerte. No en poner soluciones para que la muerte sea algo evitable. No en abrir debates serios. No en pensar cómo se pueden evitar muertes que tienen solución. En la propia muerte. ¿Para regodearnos en el morbo? ¿Sólo para eso?

viernes, julio 10, 2009

Reventando películas

No soporto reventar ni que me revienten películas. No creo que saber lo que va a ocurrir en un filme sea algo definitivo para evaluar su calidad (por ejemplo, cada vez que veo El sexto sentido me parece mejor película... aunque ya sepa la sorpresa final), pero si los responsables del producto se han guardado alguna sorpresa para buscar una sensación determinada en el espectador, ¿quién soy yo para reventarle eso a nadie? Y lo que es aún más importante para un servidor: ¿quién es nadie para reventármelo a mí? Pues casi todo el mundo lo hace. Y no, no hablo de esa conversación casual en la que a alguien se le escapa el final de la película de la que estamos hablando justo antes de preguntar "porque todos la hemos visto, ¿verdad?". No, hablo del premeditado arte de revelar datos esenciales de un filme aún a sabiendas de que se está haciendo. Un arte que lo único que consigue es robar momentos especiales para quienes saboreamos cada película, cada pase, cada visita a una sala de cine. ¿Por qué lo hacen? Ni idea.

Todavía recuerdo a un tipo que conocí una vez (y vi, afortunadamente, sólo esa vez) hace ya unos cuantos años. Según pasábamos por delante de un cine en el que proyectaban Seven, el individuo se puso a gritar "lo que hay en la caja es..."... y ahí lo dejo por si alguien todavía no ha visto Seven. Más de uno puso cara de querer reventarle la idem al chaval, y yo miraba para otro lado como si no le conociera. Este tipo estaba muy orgulloso de sí mismo, por haberse convertido en una versión pretendidamente malévola (insisto, ¿por qué?) del Homer Simpson que en un episodio rememoraba su juventud y cómo toda una cola de espectadores ávidos de ver El Imperio contraataca se enfadaba con él al revelar el secreto mejor guardado de la cinta de George Lucas. Sí, hay gente que se enorgullece de ser aún más descerebrado que Homer Simpson, así es el mundo que nos rodea...

A veces, los propios trailers de una película son demasiado reveladores (¡gracias, Spielberg, por no incluir a los dinosaurios en el avance de Parque Jurásico y dejarme la inolvidable sensación de verlos por primera vez en pantalla grande!). Y por descontado, si en televisión hablan de una película es importante revelar su final. No sé cuántas veces me han contado en la caja tonta cómo acaba El planeta de los simios (¡recuerdo hasta un anuncio de telefonía que se basaba en dicho final!), y ahora me viene a la cabeza un reportaje que emitieron en los Informativos de La Sexta en los que nos contaban cuántas veces moría cada actor y en qué película, con lo que creo que destriparon del orden de una docena de películas en apenas un minuto. Memorable y meritorio esfuerzo, sin duda. Recuerdo que muchos decidieron poner la última escena de Paul Newman en la gran pantalla cuando el mítico actor nos dejó. En ese momento, ya no sé si lloraba por la pérdida o por la insensatez de quien decidió reventar el desenlace de su última interpretación.

Y aunque todo esto es, como poco, impresionante, hay un terreno donde se supera todo: los CDs de las bandas sonoras. Si cogéis el disco con la música de la nueva película de Harry Potter, El misterio del príncipe (que para ahondar en la tragedia revientapelículas todavía no se ha estrenado) y llegáis al corte 26, os daréis cuenta de que su título es The killing of -------, y ahí lo dejo para no caer es eso mismo que tanta rabia me da. La palma, en todo caso, se la lleva el CD de Presunto inocente. La película es una intriga sobre un asesinato que se le cuelga al bueno (en realidad no tan bueno en esta película) de Harrison Ford. Él dice que es inocente, pero, como la víctima es su amante, las pruebas apuntan hacia él. Cuando uno escucha el disco, y llega al último corte de la película, excepción hecha de los créditos finales, se da cuenta de que su título es -------'s confession. ¡Nos adelantan nada más y nada menos que la identidad del asesino que confiesa al final, reventando el motivo por el que quieren que estemos dos horas delante de la pantalla!

¿Tan difícil es hablar de una película sin tener que revelar algo esencial del argumento...?

miércoles, julio 08, 2009

Hablando de anchoas

Pues sí, aquí estamos. Hablando de anchoas. Yo no sé si es que este país se ha vuelto loco, si lo ha estado siempre o si el loco soy yo, pero me resito a creer que la palabra más repetida en los informativos de hoy y en las declaraciones de nuestros políticos sea esa: "anchoas". Y todo por una ocurrencia que si la hubiera dicho un amiguete en el bar podría ser hasta graciosa, pero que si sale de la boca de un dirigente político lo único que debiera provocar es la constatación de la incapacidad de esa persona para ejercer un cargo público. Porque, señoras y señores, me temo que no es una inocentada, sino que ha sucedido de verdad: la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, ha propuesto públicamente reformar el Código Penal para perseguir al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, por recibir dos botes de anchoas del presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla. Para "poner las cosas claras", dice.

Las cosas claras. Vale, pues pongamos las cosas claras. Hay que decir muy claramente que lo que es perseguible es que un político acepte regalos a cambio de favores. Ya que Rita Barberá menciona las anchoas, espero que cite a continuación los privilegios ilegales de los que gozan Revilla o Cantabria gracias a esos botes de anchoas. Hay que decir muy claramente que esos botes de anchoas los han recibido otras muchas personas, como ha dicho el propio Revilla los ha recibido hasta Francisco Camps. Supongo que eso no moverá a Rita Barberá a reclamar públicamente una ampliación de la investigación al presidente de la Comunidad Valenciana. También hay que decir muy claramente que la investigación a un presidente autonómico no es surrealista, ridículo ni alocado, como he oído decir desde las filas populares con respecto al proceso contra Camps. Es legal y necesario, es una demostración del funcionamiento del Estado de Derecho, porque nadie está por encima de la Ley.

Vamos a seguir diciendo cosas claras. No seré yo quien pida la dimisión de Camps, pero sí hay que decir claramente que el PP está incumpliendo con el presidente valenciano (y, ya que estamos, con su tesorero, Luis Bárcenas) el código ético que aprobó hace unos cuantos años y que habla de suspensiones de militancia para aquellos cargos de su partido perseguidos por la Justicia. También hay que decir claramente que Mariano Rajoy se esconde de la prensa y de los ciudadanos (incluso de sus ciudadanos, aquellos que le dieron su voto y que parece que no le exigen las explicaciones a las que tienen derecho) para no hablar de estos temas, perdiendo la elocuencia que exhibe cada vez que se trata de atizar a un socialista (culpable o inocente, qué más dará). Y con el mismo nivel de claridad hay que decir que la presunción de inocencia es para todo el mundo (no sólo para el PP) y que los tiempos de la política (y la asunción de responsabilidades) no tienen nada que ver con los tiempos de la justicia (y el cumplimiento de penas).

Porque, claro, está muy bien eso de pensar en anchoas, pero parece que no se dicen muchas cosas con la suficiente claridad. Y con la misma claridad que pide Rita Barberá, me limito a recordar que Mariano Fernández Bermejo no cometió delito alguno, pero dimitió (¿conocen ese verbo en la calle Génova; es fácil y regular: yo dimito, tú dimites, él dimite...) como ministro de Justicia. Que todavía no hay condena alguna contra Alberto Saiz, pero presentó su renuncia al cargo de presidente del Centro Nacional de Inteligencia. Y que el juez Garzón, por muchas veces que Rajoy le llame "socialista" pretendiendo restarle valor a su trabajo y por acertado o equivocado que sea éste, no cometió ninguna irregularidad en la dichosa cacería, ni con su viaje a Estados Unidos, ni mucho menos investigando una trama criminal asociada a un partido político. Por mucho que sea el PP. Para ninguno de los tres hubo presunción de inocencia. Las hemerotecas están llenas de ejemplos.

Lo de las anchoas, como buena parte de lo anterior, es lo que provoca que la política sea hoy una actividad tan desprestigiada entre los ciudadanos, lo que lleva a la gente a pensar que los políticos son todos iguales y lo que hace que en los días de elecciones muchos se queden cómodamente en sus casas. No sé si he sido lo suficientemente claro para Rita Barberá.

lunes, julio 06, 2009

Mujer que piensa...

Hace ya bastante tiempo que me topé por mi barrio con esta pintada y captó mi atención de inmediato. La mayoría de las pintadas que veo por mi entorno suelen ser firmas de sus autores más o menos comprensibles por los suyos, y no mensajes. Por eso me intrigó leer un mensaje. Y luego me impactó leer ese mensaje concreto. "Mujer que piensa, mujer violenta". Por más vueltas que le doy, no soy capaz de encontrarle lógica alguna ni consigo ponerme en la piel de la persona que escribió esa frase en una pared. No logro entender qué vivencia, idea o comportamiento ha llevado al autor a proclamar en público (pero de forma anónima) esta sentencia. Es más, es que, y aún cuando el camino fácil es pensar que el autor es un hombre, ni siquiera me atrevería a descartar que no haya precisamente una mujer detrás de ese despiadado juicio hacia las féminas pensantes.

También es posible que aquí esté yo, estrujándome las neuronas, y en realidad no haya nada detrás de la pintada. A lo mejor es sólo una frase que le pareció más o menos graciosa a la persona que la escribió. A lo mejor era uno de entre un grupo de chavales de botellón que culminó así un juego dialéctico que puede que ni ellos mismos entendieran. O a lo mejor es la justificación que un pobre hombre quiso proclamar al mundo para dar apariencia de normalidad precisamente a eso, a la violencia que puede que él mismo ejerza sobre alguien cercana pensando que está obrando correctamente. La única certeza que tengo ahora mismo sobre esa pintada (y es más una sensación de certeza que una certeza en sí misma) es que el autor de esta pintada no estaría dispuesto a sentarse conmigo y debatir acerca de la idea que quiso inmortalizar sobre una pared y que a día de hoy nadie ha querido borrar.

jueves, julio 02, 2009

Vaguería política

Si hay algo que soporte menos que un político haciendo el vago, eso es un político de prestigio haciendo el vago. En el Congreso hay unos cuantos diputados que gozan de ese prestigio (independientemente de lo bien o mal que me caigan a mí) que cobran por acercarse de vez en cuando a pulsar un botón y contribuir así al bloque partidista de forma anónima, sencilla y sin responsabilidad alguna. Desde que se constituyeron las cámaras después de las últimas elecciones generales, hace ya quince meses, hay siete diputados (otros seis que están en la Cámara sólo desde abril de este año se sumarían a esta nefasta lista) que sólo han hecho eso: pulsar un botón.

Ni preguntas, ni iniciativas, ni petición de documentos, ni intervenciones en el pleno o en una comisión. Nada, absolutamente nada. No es que trabajen poco. Es que, aparentemente, no trabajan. Y cobran por ello, ya lo creo que cobran. Entre 4.000 y 6.500 euros, según diversas variables. Cobran por no trabajar. Es una de las vergüenzas de la democracia, y así hay que decirlo. Y decirlo bien alto, porque esta es una de esas noticias que nunca llega al primer plano de la actualidad, una de esas que no llega al ciudadano con la fuerza suficiente. Pensad en el compañero vago que os amarga cada mañana, ese que os lleva a preguntaros como es posible que vuestro jefe le mantenga en su puesto de trabajo aún a sabiendas de que no hace nada. Pues a estos, además, les estamos pagando entre todos y les hemos encomendado con el voto nuestra representación en el poder legislativo.

Más vergonzosa resulta esta práctica porque da la impresión de que en esa posición se colocan tipos con cierto bagaje, gente a la que parece que se le debe algún favor, barato y sencillo de pagar de esta forma. En esa lista están dos ex ministras que pasaron por el Gobierno con su actual presidente: María Antonia Trujillo y Carmen Calvo. El PSOE dice que sus diputados, por lógica, tienen que ser menos activos, puesto que no van a ejercer oposición al Ejecutivo. Así se configura el favor definitivo, puesto que el partido mayoritario siempre tendrá la capacidad de colocar a más personas a las que tenga algo que pagar... a cambio de nada. El sueldo lo paga el Estado, cuando tengan que votar acudirán a su escaño y el resto del tiempo, con una buena nómina bajo el brazo, podrán trabajar en lo que quieran. O en nada, que con 4.000 euros al mes no se vive mal.

Estas dos ex ministras no se encuentran precisamente entre mis políticos favoritos. Mucha más pena me da ver dentro de ese declive político, de ese desperdicio de capital económico y personal (por su presencia o por la ausencia de otra persona con más que aportar) a otras dos socialistas de relevancia: Alfonso Guerra (supongo que todo el mundo, incluso los más jóvenes, conocen a Guerra, pero por si acaso es el del centro en la imagen) y Txiki Benegas (el de la derecha). Es de suponer que el PSOE les está recompensando así por sus años de dedicación. Y así el primero se puede dedicar a sus cosas, a la Presidencia de la Fundación Pablo Iglesias y a sus artículos de opinión, y el segundo a escribir libros, algo que viene haciendo con regularidad desde los años 80. ¿Merece la pena que el Congreso de los Diputados, la institución para la que votamos cada cuatro años, el lugar donde se supone que estamos representados los ciudadanos, se llene de gente que no trabaja? Rotundamente no. Algo tendría que hacerse.

En el caso del PP, uno de los dos diputados que no ha hecho nada en lo que llevamos de legislatura ofrece una lectura diametralmente opuesta. Se trata de Carlos Aragonés (en la imagen, a la izquierda), el principal asesor de José María Aznar durante casi toda su carrera política. Una de las primeras cosas que hizo Mariano Rajoy cuando sucedió a Aznar fue cargarse el puesto que tenía Aragonés en la Ejecutiva del partido. En la crisis de liderazgo que vivió el principal partido de la oposición el año pasado, en vísperas del Congreso en el que finalmente se reelegió a Rajoy, Aragonés fue uno de los más críticos con su líder. Incluso llegó a decir que de su proyecto para el PP sólo se sabía "que Rajoy quiere ser presidente". Pero es diputado, aunque no haga nada, y cobra por ello. ¿Es un pago a su silencio? ¿Se utilizan escaños para comprar complicidades? ¿Es esa realmente la democracia que tenemos? Tiemblo sólo de pensarlo.

He abogado muchas veces por una reforma de la Ley Electoral, imprescindible para revitalizar una política que en España vive momentos complejos, que se enfrenta a una pérdida brutal de ilusión en la ciudadanía, por mucho que los partidos quieran cerrar los ojos ante las muchas evidencias. Si algún valiente se decidiera a hacer esa reforma, éste es uno de los problemas que debiera incluir en la lista de cambios. Basta ya de que el Congreso sea un cementerio de elefantes, un lugar de compra-venta de favores o un sitio donde la gente no vaya a trabajar, sino simplemente a cobrar dinero público que no se gana ni se merece.

domingo, junio 28, 2009

Vida, muerte y recuerdos

La vida de Michael Jackson no fue, probablemente, ejemplar. Su muerte es de esas que sacará lo peor del ser humano durante un tiempo. Los recuerdos... Los recuerdos son otra cosa. Porque cuando oí la noticia de la muerte de Michael Jackson, me vinieron a la cabeza muchos recuerdos. Los tiempos en que cada uno de sus vídeos musicales eran noticia. Me acordé de Billie Jean. Del vídeo de Bad que le dirigió Martin Scorsese. Del corto en 3-D para los parques Disney que realizó Francis Ford Coppola, Capitán Eo. De Dirty Diana. De sus canciones solidarias, Man in the mirror o Heal the World. De Moonwalker y de su moonwalk. De Smooth Criminal. De Beat It y la presencia de Michael Jackson en el Café de los 80 de Regreso al futuro II. De Black or White y sus impresionantes efectos especiales. Y, sobre todo, de Thriller, una obra maestra, un pedazo imprescindible de la Historia de la música, del videoclip y de la cultura mundial del último cuarto del siglo XX. Todo eso me vino a la cabeza.

Con la muerte de Michael Jackson, parece que el mundo se ha dividido en dos. Por un lado están los que adoraban su música, los que han salido a la calle a llorar su pérdida, los que no han podido evitar una lágrima o un texto de recuerdo, los que se habrán puesto uno o varios de sus discos para demostrarse a sí mismos que no le van a olvidar, los que no quieren que se les recuerde que Michael Jackson era también humano y también tuvo vivencias como poco discutibles. Por el otro lado están quienes olvidan la faceta más brillante de Michael Jackson, los que le tachan de pederasta, los que se recrean en los escándalos o en la inmoralidad de la riqueza multimillonaria que llegó a amasar, los que incluso niegan la importancia de su talento musical porque tiene que pesar mucho más su comportamiento humano, los que recuerdan por encima de todo la imagen de Michael Jackson sosteniendo de forma imprudente con una mano a su hijo fuera de un balcón.

Supongo que Michael Jackson no era ni la persona que defienden sus fans ni la que censuran sus detractores, porque suele ser imposible estar a la altura (por elevada o baja que sea) de la imagen que la gente se hace de una celebridad universal como Michael Jackson. Supongo que había un poco de ambas personas en quien murió esta semana a los 50 años. Pero también supongo que todos tenemos ángeles y demonios en nuestro imaginario popular y eso es lo que nos lleva a trazar una u otra imagen. No es una cuestión de elegir una cosa u otra, pero supongo que tiene que contar para algo que Michael Jackson proporcionara a tanta gente tantos momentos de diversión, de alegría, de sensaciones, de ilusiones. Yo no dejo de pensar en Thriller. Creo que es lo primero que me bajé de Internet en cuanto contraté la conexión en casa. Y eso, con su recuerdo y con la cantidad de veces que he visto y veré ese vídeo, cuenta para algo. Ya lo creo que cuenta.

lunes, junio 22, 2009

El blog y la escritura

Me gusta lo que ha dicho José Saramago sobre los blogs. Bueno, partiendo desde el principio, me gusta que José Saramago utilice una herramienta como el blog. Es fantástico que un escritor de reconocido prestigio, con la cantidad de seguidores que tiene y con el uso del lenguaje que atesora, reconozca la importancia de esta nueva forma de escribir y de las nuevas tecnologías. Estoy de acuerdo con él en que el blog está ayudando a que mucha gente escriba, gente que nunca se había detenido a poner por escrito sus reflexiones, pensamientos e ideas, y eso es algo enriquecedor en muchos sentidos. Pero, por desgracia, también estoy de acuerdo en que el blog está contribuyendo al empobrecimiento del lenguaje. No sólo los blogs, por supuesto, pero no reconocerlo sería esconder un problema más serio de lo que muchos creen.

El blog ofrece libertad a quien lo escribe, pero también prescinde de muchos de los controles necesarios para que el texto sea todo lo correcto que debiera ser. Seguro que entre quienes escriben blogs hay personas que no repasan nunca lo que han escrito o que en alguna ocasión, por la razón que sea, han pensado que no tenían tiempo para revisar su propia escritura. No revelo ningún misterio si digo que, cuando eso sucede, el peligro de que el texto contenga erratas y errores se multiplica. No quiero condenar por ello a quienes escriben un blog ni desanimar a quienes piensen que su lenguaje no es del todo correcto a la hora de escrbir. Ni mucho menos, más bien al contrario. La escritura, como todo, se perfecciona con el uso. En mis blogs es seguro que habrá erratas y errores, así que soy el primero en pensar que mi trabajo es mejorable. Pero es bueno escribir y aprender de lo que no hacemos correctamente.

¿Cuál es el secreto? Lo dice Saramago. "Cuido tanto del texto de un blog como de una página de novela". Y es que así debería ser, pero no es en demasiadas ocasiones. Hay ámbitos de la vida en los que parece que está bien considerado no utilizar el lenguaje de forma correcta, y creo que ahí radica el peligro inicial. Los mensajes de móvil, los apuntes de clase, los e-mails o los blogs son lugares en los que "no pasa nada" por escribir de forma incorrecta, por utilizar abreviaturas que no existen opor no utilizar correctamente los signos de puntuación. Y, por ese pensamiento, el camino equivocado acaba invadiendo los ámbitos en los que sí se supone que hay que escribir bien. Incluso en los medios de comunicación se puede ver este mal, debido al empobrecimiento del lenguaje y a la falta de controles sobre lo que se escribe y publica.

Todos podemos poner un poco de nuestra parte para que el lenguaje mejore o empeore. Intentemos que mejore. En realidad no cuesta tanto.

sábado, junio 20, 2009

Respeto a las víctimas

Hace unas semanas, tras el accidente de avión que viajaba de Brasil a Francia en el que murieron más de 200 personas, encontré un detalle sobre el que no reparó demasiada gente. Ante la línea de cámaras ávidas de morbo que se colocaron en el aeropuerto para ver pasar a los compungidos familiares, hubo una persona que desfiló ante los periodistas repitiendo sin cesar la misma frase: "sois unos sensacionalistas". No mediaron insultos, no hubo intento alguno de agresión. Simplemente les dijo lo que pensaba con una sinceridad abrumadora. Que son unos sensacionalistas. El colmo de la desfachatez es ver esas mismas imágenes emitidas por un medio de comunicación, pero el caso es que las vi en un informativo de televisión. Rápidamente se creó un lazo de empatía entre aquel familiar en duelo y yo. Estoy con él y admiro profundamente su sangre fría y saber estar en unos momentos tan difíciles para dejar claro a quienes buscaban la imagen del dolor anónimo que eso no es periodismo, sino sensacionalismo. Eso no aporta nada a la noticia, eso vende morbo puro y duro.

Ayer ETA volvió a matar, dejando ese regusto de tristeza, rabia e indignación que arrastro desde que soy consciente de lo que supone cada atentado, cada vida segada por no se sabe muy bien qué razones. Y más desde que durante seis años y medio he tenido que escribir sobre ellos, caminando por la frágil frontera entre el periodismo y el sensacionalismo. La mujer del policía asesinado fue una de las primeras personas en llegar al lugar de la explosión que acabó con la vida de su marido. Después se la tuvieron que llevar al hospital por un ataque de ansiedad. Salió de allí destrozada, junto a otras dos mujeres, supongo que amigas o familiares, que no querían dejarla sola en un momento así. Una de ellas no dejaba de gritar la misma frase a alguien que no se veía en el plano: "no saques fotos". Nuevamente, el colmo de la desfachatez es emitir esas imágenes en televisión. Y comprobar que hoy la foto de la viuda compungida está en todos los periódicos. Luego nos llenaremos la boca con el respeto a las víctimas del terrorismo o de cualquier otra tragedia. Yo en este entrada no voy a poner foto alguna, aunque seguro que algún librepensador creerá que estoy censurando la realidad. Yo no quiero contribuir al sensacionalismo, ni mucho menos colgar aquí una fotografía de alguien que no quería ser noticia.

Lo dije hace un par de días, lo digo hoy de nuevo. El periodismo ha muerto, viva el periodismo. Y no hay que decirlo, pero lo digo también: ETA NO.

jueves, junio 18, 2009

Obama y las noticias

Un informativo de televisión, entre la publicidad, los sumarios, el tiempo y los deportes, queda reducido a veinte minutos, quizá algo más dependiendo de cada cadena. La lógica indica que en ese tiempo hay que tener la habilidad de comprimir todas las noticias esenciales para que el espectador se sienta completamente informado, para que tenga una noción realista y auténtica de todo lo que está sucediendo en el mundo y en su entorno. La clave para lograr ese objetivo está, desde mi humilde punto de vista, en un aspecto crucial: la selección. El informativo que sepa elegir con mayor acierto sus temas, aquellos en los que se detendrá por unos instantes con el fin de informar al espectador, es el que triunfará. Es el que permitirá que en las charlas con amigos no salgan temas trascendentes de los que no tengamos noción alguna. Los responsables de ese informativo y de ese acierto podrán irse a sus casas al finalizar el día con la sensación del trabajo bien hecho.

Desde hace algo más de un año, uno de los protagonistas indiscutibles de todos los informativos, no sólo de España sino de todo el mundo, es Barack Obama, mucho más en los últimos seis meses, desde que juró su cargo de presidente de Estados Unidos. En ese tiempo, he visto en informativos televisivos a Obama apareciendo en un cómic, comprando (y pagando de su bolsillo) hamburguesas, de vacaciones en la playa, presentando en sociedad a su perro, dándole un justificante a una niña que fue a uno de sus actos en lugar de al colegio... y la última gran noticia sobre Obama, admito que me encanta, es que durante una entrevista ha matado una mosca con sus propias manos. Todo eso, repito, son NOTICIAS vistas en un informativo televisivo de apenas 20 minutos de duración. Es lo que los mayores responsables periodísticos españoles consideran esencial para la información de los ciudadanos de este país, aquello sin lo que no podemos sentirnos informados.

El periodismo ha muerto, viva el periodismo.

lunes, junio 15, 2009

El dinero de Cristiano

No pretendo convencer a nadie. Quien piense que es una obscenidad inmoral el dinero que se ha gastado Florentino Pérez para que Cristiano Ronaldo juegue en el Real Madrid y lo que cobrará el jugador portugués, lo va a seguir pensando después de leer lo que este humilde servidor pueda decir. Quien entienda que ese dinero se ha tirado a la basura, lo seguirá viendo igual. Pero escucho, leo y veo, y no puedo dejar de darle vueltas a este asunto porque las posturas parecen en demasiados casos poco coherentes con otros aspectos de la vida y poco consecuentes con lo que se aplica a este caso en concreto y no a otros que, de alguna manera, podrían considerarse análogos. Ya sé que noventaytantos millones es un dineral. Pero también sé que se los gasta una entidad privada que puede hacer con su dinero lo que le venga en gana mientras no quebrante ley alguna. Y eso parece que se nos olvida.

Lo primero es dejar las cosas claras, sin cortinas de humo que nublen la visión. Los más de 90 millones de euros que se va a gastar el Real Madrid en fichar a Cristiano no se han sacado de fondo alguno para combatir la pobreza en el mundo. Es más, creo que no me arriesgo mucho si digo que la alternativa no era fichar al ex jugador del Manchester o destinar ese dinero a causas humanitarias o zanjar la crisis económica mundial (siquiera la de España). ¿A que me lleva esto? A decir con claridad que me parece algo hipócrita y muy demagógico vincular el fichaje de un jugador de fútbol con la situación de cuatro millones de parados. Nada tienen que ver de forma directa. Nada.

Apurando la ecuación económica hasta el final, resulta que el fichaje que ha acometido Florentino Pérez es justo lo contrario de lo que se le acusa. Sería bueno que algún economista serio o algún medio de comunicación riguroso (vale, estos ya no existen, que sea un economista...) explicara los beneficios que tiene un fichaje como el de Cristiano para la economía en general y diferentes mercados en particular. En primer lugar, inyecta dinero en un sector como es el deportivo que pasa por horas bajas. Este verano nadie iba a hacer grandes fichajes porque no hay dinero y sí muchas deudas (reconocidas y ocultas). Ahora, con más de 90 millones de euros en circulación, muchos equipos van a recibir tajada. Y un caso muy concreto para explicar mi razonamiento. De esos millones, puede que alguno caiga en la Real Sociedad, un equipo que está en proceso concursal y que tiene previsto acometer un ERE en septiembre. A lo mejor ese dinero salva algún puesto de trabajo.

No acaban ahí los beneficios económicos de esta operación, puesto que ese dinero llegará al mundo audiovisual (más dinero por las retransmisión televisivas), a la prensa escrita (más periódicos vendidos; incluso en Barcelona), a la industria textil (más camisetas con el nombre del jugador)... y si queremos frivolizar, hasta al sector del ocio, gracias a las noches de juerga más caras que va a tener Cristiano Ronaldo en Madrid. Los bares ganarán más porque la gente se irá a ver los partidos allí, las pizzerías venderán más pizzas para quienes prefieran quedarse en su casa. Va a moverse mucho dinero gracias a este fichaje. ¿No decían que uno de los problemas de la crisis era la caída del consumo? Pues este fichaje va a dinamizar lo suyo el movimiento de capitales.

De vez en cuando siempre sale alguien que dice que los jugadores de fútbol ganan mucho. Y me rebelo ante ese argumento por dos motivos. En primer lugar, porque creo que el futbolista, por mucho que trabaje una hora al día, dos cuando tiene partido, se lo gana. No hay muchos espectáculos capaces de congregar 100.000 personas en un estadio y doce millones (de españoles) delante del televisor, y el fútbol es uno de ellos. Si son los futbolistas quienes generan esos ingresos (seamos serios, la gente no paga una entrada de fútbol para ver a los árbitros), ¿por qué no van a tener derecho a su parte? Los jugadores no están robando, están cumpliendo un contrato laboral como cualquier otra persona y es el mercado el que dicta la cuantía de lo que deben ganar. El problema no está en los que ganan mucho, sino en los que ganan poco, pero nadie se solivianta al leer que un periodista con título universitario y seis años de experiencia cobra 850 euros mensuales. Eso sí es obsceno.

En segundo lugar, rechazo eso de que ganen mucho porque la gente no suele preguntarse lo mismo cuando hablamos de otros profesionales. ¿A alguien le preocupa cuánto cobra una modelo? ¿Un jugador de golf? ¿Un presentador de televisión? ¿Un actor de cine? ¿Alguien deja de ver un programa televisivo o una película porque le parezca obsceno lo que cobra su protagonista? ¿Alguien recibe con recelo o animadversión el anuncio de cosméticos de la top model de turno? Si es la cantidad de dinero lo obsceno, o aplicamos ese baremo a todos o a ninguno. Pero da la sensación de que lo obsceno para muchos es el propio fútbol. Y eso no me parece mal, hay libertad de opinión y de pensamiento, así que allá cada cual. ¿No le gusta el fútbol a quien hace estas críticas? Me parece tan estupendo como que sí les guste el fútbol, es lo bueno de que cada cual pueda elegir con qué se entretiene y con qué no. Pero eso no tiene porqué degenerar en argumentos demagógicos.

Vertiente política, que parece que en todos los fregados se tiene que meter algún político, y además está relacionada con lo anterior. ICV (la Izquierda Unida catalana, vaya) ha llevado este asunto al Congreso de los Diputados. Nada menos. Porque será que el Congreso de los Diputados no tiene nada mejor en lo que emplear el tiempo, claro. El caso es que esta formación catalana (cuánto malpensado hay por el mundo que ya ha relacionado eso con el Barça... ¿o no?) quiere que el Gobierno limite el salario de los deportistas de élite. Vale. ¿Están los miembros de este partido político dispuestos a que los ciudadanos soliciten un limite para el sueldo de los políticos? Porque es posible que, si salimos a preguntar a la calle, encontremos más gente que piensa que son los políticos y no los futbolistas los que no se ganan el sueldo que perciben (salvo que sus equipos pierdan, que eso es otro cantar...).

Si queremos hacer algo así, hagámoslo en serio. ¿Pero quién pone el límite salarial? ¿En base a qué? ¿En qué actividades se debe colocar un tope salarial y en cuáles no? ¿Y por qué parece que no tenemos el mismo derecho a formular nuestras dudas quienes pensamos que es una barbaridad que un eurodiputado pueda ganar 90.000 euros anuales que quienes piensan lo mismo de que un jugador del Real Madrid gane cien veces más? Lo que hay que hacer es vigilar las deudas de los clubes, el dinero negro que puedan mover, y eso no se hace, porque no les deben interesar. ¡Si hasta la Iglesia critica lo de Cristiano Ronaldo! ¿Con razón? Yo creo que no, pero las opiniones son libres.

martes, junio 09, 2009

"¿Quiénes son ustedes?"

“De ahora en adelante, las películas se dividen para mí en dos categorías: las que tienen cárceles y las que no. Sólo quiero ver las de la segunda categoría. Con sólo 34 días, quedé podrido de cárceles. Agoté el tema, como quien dice. Eso sí, para que ustedes [¿quiénes son ustedes?] no se hagan ilusiones pensando que soy un joven revolucionario, o un rebelde con causa, o cualquiera de esas categorías insignes, quiero aclarar que yo no caí por razones políticas sino por boludo”.

Mario Benedetti, La vecina orilla (Con y son nostalgia)

Todavía le ando dando vueltas a esa sorprendente y maravillosa apelación al lector en la mitad de este párrafo, perteneciente a un pequeño relato de Benedetti. "¿Quiénes son ustedes?", dice. El protagonista y narrador de la historia es un joven que ha pasado por la cárcel y que ahora intenta sobrevivir en Buenos Aires. Y se pregunta quién está leyendo lo que él está escribiendo a modo de diario. "¿Quiénes son ustedes?". Esa pregunta, aparentemente perdida en el relato, dice mucho. Implica que no sabe quién va a leer lo que está escribiendo, y eso obliga a realizar un importante ejercicio de imaginación para saber si ese desconocimiento le permite abrirse y ser más sincero o, por el contrario, encerrarse y pretender dar una apariencia más amable.

Supongo que todo el que escribe se pregunta quién puede leer las palabras que salen de su cabeza. Supongo que le pasará a los escritores de fama mundial y también a quienes, como yo, empleamos parte de nuestro tiempo en colgar nuestros pensamientos, de forma mucho más modesta, en algún rinconcito de Internet como éste. Escribir de forma pública tiene ese componente de misterio, porque lo que uno escribe, una vez se aleja del autor, puede acabar en manos (o ante miradas) muy diversas. Algunas de ellas las conoces, pero otras muchas no. Y ese desconocimiento puede conllevar sorpresas, porque al otro lado puede haber gente que jamás imaginarías que dedica su tiempo en leer las palabras que uno junta para que sean leídas por quien quiera hacerlo.

Reconozco que más de una vez le he dado vueltas a este tema. Y si Bendetti camufla su inquietud en el parlamento de uno de sus personajes, yo me pregunto abiertamente quiénes sois vosotros. Y no sólo eso. También me pregunto qué motivos os llevan a deteneros en este rincón o ante cualquier cosa que haya escrito alguna vez en mi vida. En algunos casos, supongo que una minoría de ellos, conozco la respuesta a mis preguntas. O la imagino, que muchas veces la realidad cambia por completo lo que creemos saber. Pero en otros muchos no tengo idea de quiénes sois y qué puedo ofreceros. Quizá eso sea parte del encanto de escribir.

domingo, junio 07, 2009

Y pese a todo, he votado

Sí, he votado. Como he hecho en todas y cada una de las elecciones desde que cumplí los 18 años y, por tanto, adquirí ese derecho. ¿Por qué voto? Por eso, por ejercer un derecho que durante tanto tiempo no fue tal. Porque es una conquista política y social de primera magnitud que ahora parece que la gente no aprecia tanto como en los primeros años de la Transición. Porque, en el fondo, me gusta eso de acercarme al colegio electoral un domingo por la mañana y respirar el ambiente de unas elecciones. Porque disfruto viendo como padres y abuelos llevan consigo a los más pequeños para enseñarles, ya desde el principio, lo que supone vivir en democracia. Porque creo que es necesario.

Sí, he votado, pero también tengo que reconocer que ha sido la vez que más me ha costado defender ante mí mismo la obligatoriedad de ir a votar que tengo autoimpuesta. Porque estoy cansado de la política y los políticos que tenemos. Porque cada vez que alguno abre la boca el primer pensamiento que me viene a la cabeza es "a ver qué chorrada dice éste ahora". Porque sus campañas electorales (quizá habría que cambiar el nombre por campañas difamatorias) suponen un despilfarro de dinero, absurdo en los tiempos que corren, al servicio de una carencia absoluta de contenido. Porque me importan un bledo el Falcon, los guardaespaldas de Aznar y los vídeos que unos y otros han publicitado en estas dos semanas. Porque, me digan lo que me digan, hoy no he ido a votar ni a Zapatero ni a Rajoy, tampoco a Camps, no estoy decidiendo un adelanto electoral ni el cambio de líder en el PP, porque no son unas elecciones generales.

Me aburren. Cada día más. Pero voto. El ciudadano político que soy cada día está más confuso. Y mucho me temo que esa confusión va a ir en aumento. Ya se encargarán ellos de que así sea...