Nunca había visto Operación Triunfo. Bueno, sí, había visto algún programa casi entero de aquella primera edición en la que destacaron Bisbal, Chenoa, Rosa y Bustamante. Pero nunca había visto una edición completa. La de este año la he visto. Sí, la he visto, no me miréis con esa cara, que ya sé que es algo que no me pega. Pero no me avergüenza lo más mínimo decirlo. ¿Por qué tendría que avergonzarme? ¿Porque Telecinco es una cadena infame desde demasiados puntos de vista? Sí, lo es. ¿Porque el programa estuvo muy mal hecho, planificado y emitido? Indudablemente. Pero esta vez tenía una buena razón para verlo. Una razón inmejorable. Y esa razón tiene nombre. Se llama Niccó y tiene la extraña habilidad de conseguir que cualquier cosa que cante se quede en mi cabeza y empiece a sonar en los momentos más insospechados. Siempre con su voz. Ni con la de Beyoncé, ni con la Paulina Rubio, ni con la de Kylie Minogue, ni con la de Ana Torroja. Nada. Con la voz de Niccó. Con la inconfundible voz de Niccó.
Para quienes no siguiérais el programa, os cuento lo que pasó. Telecinco lo hizo tan rematadamente mal que acabó por cancelar Operación Triunfo después de sólo seis galas. En ellas, Niccó cantó Pack Up, Singles Ladies, I Don't Feel Like Dancin', Sonrisa, All The Lovers y Causa y efecto. Su trayectoria la podéis ver aquí. Sobra decir que en todas ellas me encantó. No eran canciones para ella, no pegan con su voz ni con su estilo. Pero las hizo suyas, las defendió admirablemente, y cuando compartió escenario siempre fue mejor que sus compañeros de actuación. Fueron cinco semanas de programa, más una anterior emitiendo los castings, cuando OT tendría que haber durado tres meses. Tenía una audiencia de unos dos millones de personas, pero siempre iba por detrás de la competencia, de La 1 y de Antena 3. Así que cancelaron la emisión del programa, la formación de los cantantes y nombraron un ganador, Nahuel. Y escogieron a seis de ellos para que siguieran compitiendo en Internet, grabando una canción y sometiéndose al voto de la gente a través de la red. El premio es una carrera discográfica. Y para tratar de conseguirla Niccó grabó esta canción, Don't Stop The Music.
¿Que por qué os cuento esto? Porque para decidir cuál de los seis cantantes que escogieron en la gala final grabará un disco se requiere la participación de la gente a través de Internet. Gente como vosotros y gente que accede a Internet como vosotros. Y yo quiero que Niccó tenga un disco. Quiero escuchar todas sus canciones, pero esta vez las suyas. No las de otros. Las suyas. Porque se lo merece, porque tiene mucha música dentro que sacar, porque es una persona excepcional antes que una cantante excepcional. Y porque vale mucho. Muchísimo. Así que, amigos míos, me temo que esta entrada tiene como fin pedir que votéis por ella para que gane este concurso en Internet que da continuidad al Operación Triunfo que emitieron por televisión. ¿Que cómo podéis hacerlo? Muy fácil. En esta página os dan las instrucciones. Pero votad por ella, que no tardáis más que un minuto en daros de alta. Y tendréis mi agradecimiento por cada voto, claro.
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viernes, marzo 11, 2011
miércoles, agosto 25, 2010
El mundo es maravilloso
El lunes murió George David Weiss. ¿Que no sabéis de quién os estoy hablando? No me sorprende. Hasta hace unas horas, jamás había escuchado su nombre. Pero no os preocupéis, yo os lo digo. Escuchad esto, que seguro que reconocéis.
Y ahora esto otro, que también es va a sonar.
George David Weiss es el tipo que escribió la letra de estas canciones, la primera de ellas junto a Bob Thiele y la segundo con Luigi Creatore y Hugo Peretti. Me he enterado de su muerte por pura casualidad, en un breve del informativo de Cuatro. Y me he puesto a pensar lo injusto que es el reconocimiento que le damos a unos y a otros en esta vida. Si no cantas tus propias canciones, el compositor o el letrista pocas veces encuentran un hueco en la historia, igual que un guionista que no dirige pocas veces logra el merecido reconocimiento por una película que crea leyenda en el cine. Pasa en la cultura, pasa en la vida. En este caso, sin George David Weiss, jamás habríamos escuchado estas canciones. Son sus palabras, sus sensaciones. Y podemos tener en la cabeza a Louis Armstrong cantando la primera o a Elvis Presley interpretando la segunda, pero la idea nació antes de que ellos entraran en el proceso.
Porque al final veo árboles verdes, rosas rojas, cielos azules, días brillantes, niños que aprendarán más de lo que yo sé, los colores del arco iris, amigos que me preguntan qué tal estoy, alguien que toma mi mano y también mi vida, algunas cosas están predestinadas. Porque no puedo evitar enamorarme de ti y porque el mundo es maravilloso. Eso dicen las letras de estas dos canciones, de dos de los pedazos que dejó George David Weiss en este mundo. No hace falta ser un melómano empedernido para saber que ambas forman parte de la vida de millones de personas que han crecido, se han enamorado y se han emocionado con ellas. Y mientras se escuchan canciones como éstas, sí, el mundo es maravilloso. Incluso cuando no lo es.
Y ahora esto otro, que también es va a sonar.
George David Weiss es el tipo que escribió la letra de estas canciones, la primera de ellas junto a Bob Thiele y la segundo con Luigi Creatore y Hugo Peretti. Me he enterado de su muerte por pura casualidad, en un breve del informativo de Cuatro. Y me he puesto a pensar lo injusto que es el reconocimiento que le damos a unos y a otros en esta vida. Si no cantas tus propias canciones, el compositor o el letrista pocas veces encuentran un hueco en la historia, igual que un guionista que no dirige pocas veces logra el merecido reconocimiento por una película que crea leyenda en el cine. Pasa en la cultura, pasa en la vida. En este caso, sin George David Weiss, jamás habríamos escuchado estas canciones. Son sus palabras, sus sensaciones. Y podemos tener en la cabeza a Louis Armstrong cantando la primera o a Elvis Presley interpretando la segunda, pero la idea nació antes de que ellos entraran en el proceso.
Porque al final veo árboles verdes, rosas rojas, cielos azules, días brillantes, niños que aprendarán más de lo que yo sé, los colores del arco iris, amigos que me preguntan qué tal estoy, alguien que toma mi mano y también mi vida, algunas cosas están predestinadas. Porque no puedo evitar enamorarme de ti y porque el mundo es maravilloso. Eso dicen las letras de estas dos canciones, de dos de los pedazos que dejó George David Weiss en este mundo. No hace falta ser un melómano empedernido para saber que ambas forman parte de la vida de millones de personas que han crecido, se han enamorado y se han emocionado con ellas. Y mientras se escuchan canciones como éstas, sí, el mundo es maravilloso. Incluso cuando no lo es.
lunes, marzo 22, 2010
Star Wars in Concert
Pienso en los sueños que tenía de niño. Los sueños de niño, quiero decir, no los del adulto en que se convertiría ese niño. Cuando no existía Internet, cuando el DVD era pura ciencia ficción, cuando vivíamos con el VHS y el cassette, cuando los sueños imposibles parecían de verdad imposibles. Y me acuerdo de uno de esos sueños: ver a una orquesta tocar los temas de Star Wars, la prodigiosa e inolvidable música de John Williams. Un sueño hecho realidad el sábado por la noche. El espectáculo Star Wars in Concert llegó a Madrid para un único día de función. Y un gran amigo se acordó de este sueño. Quizá no sabía que era, en realidad, un sueño tan anhelado. Pero sabía que era un sueño, sabía lo mucho que iba a disfrutarlo. Cuando consiguió las entradas, hace ya meses, me dijo que no hiciera planes para el sábado pasado. No me dijo por qué. No hacía falta. Un sueño hecho realidad, sí.
Dirk Brossé dirigó a la Royal Philarmonic Concert Orchestra a lo largo de casi dos horas, separadas por un descanso de veinte minutos. No sé si se puede llegar a disfrutar en un espectáculo de cualquier tipo tanto como yo lo hice el sábado con éste. Y aún así, el fanático que llevo dentro, hecho de menos dos cosas. La primera, escuchar a un gran coro entonar alguna de las melodías como el Duel of the fates del Episodio I, La amenza fantasma. La segunda, que no apareciera el que, para mí, es el corte musical más hermoso de toda la saga, el que acompaña al duelo de sables de luz entre Luke y Darth Vader en el Episodio VI, El retorno del Jedi. Bueno, y faltó también la presencia del inigualable John Williams, un genio absoluto al que me hubiera encantado poder aplaudir en vivo. ¿Pero qué son estos pequeños inconvenientes al lado de dos horas de pura felicidad?
El espectáculo lo condujo Anthony Daniels, un actor que, dentro de la carcasa de C-3PO, ha aparecido en las seis películas de la saga. Sólo por él ya hubiera merecido la pena estar allí. Muy de agradecer ese pequeño detalle de ofrecer el saludo y la despedida en un forzado castellano. Muy divertidos los momentos en los que se metía de lleno en la piel del androide de protocolo más famoso de la galaxia (y que hicieron reír a todo el auditorio). Yo no paraba de pensar la suerte que tiene este hombre, la que tuvo cuando allá por los años 70 George Lucas decidió escogerle para dar vida a este personaje. Ahora es un emblema de lo que significa Star Wars. Y cómo se lo debe de pasar el tío en espectáculos como el del sábado, con el aplauso y el cariño de la gente.
Durante la primera mitad del espectáculo, me entró cierto miedo. Temía que la nueva trilogía ganara en minutos a la clásica. La música de las tres primeras películas es legendaria, maravillosa. Es Historia pura del cine, porque, además de su gran calidad, cambió la concepción de la música cinematográfica para siempre. Son temas que muchos llevamos en la cabeza y en el corazón desde hace décadas. La nueva trilogía tiene muy buena música, a ratos excepcional, pero en esto no hay color. Mi temor, en todo caso, era infundado. Fue una fusión magnífica de los temas de ambas trilogías, de los personajes de todas las películas, de las imágenes de toda una vida. Y todo contado en orden cronológico, pero de la cronología de la galaxia. Anakin primero fue un niño esclavo, después aprendiz y caballero Jedi y, finalmente y antes de su redención, Lord Sith. Y así nos lo fueron enseñando en el espectáculo.
Darth Vader es, para mí, el más grande villano de la ficción cinematográfica. Su tema musical, la Marcha Imperial, una gozada difícil de igualar. Estos cuatro minutos de este espectáculo forman ya parte de mis recuerdos más hermosos. Cuatro minutos con los que acabó la primera parte del espectáculo, un subidón de adrenalina, de recuerdos, de imágenes y de sonidos. Una maravilla. Cuando acabó, el pensamiento era lógico: con esto tiene que acabar el concierto. Y con eso acabó. La Marcha Imperial fue la respuesta de la maravillosa orquesta a una salva de aplausos de un público puesto en pie. Anthony Daniels nos pidió un momento de silencio y, con marcadísimo acento británico, nos preguntó. "¿otro?". Y otro nos dieron. Otra Marcha Imperial. Otro momento de gloria, aderezado además por el momento más divertido de la noche: un primer plano en la pantalla gigante de la artista que tocaba el triángulo. Un preciso y precioso toque, sólo uno. Qué maravilla.
Al maravilloso sonido del Palacio de los Deportes (tan maravilloso como absurdo el comportamiento de su departamento de prensa, que, al parecer, si no llegas de parte de un gran medio de comunicación, ni siquiera se digna a contestar a tus correos pidiendo información; y eso no sólo lo digo por no haber recibido respuesta a dos correos sobre este espectáculo, sino a otras experiencias que ya me han contado), hubo que añadir un buen espectáculo visual. La selección de las imágenes, muy buena, como no podía ser de otro modo. El tono de luz para cada pieza, magnígfico. Los haces de luz con los que comenzó la segunda mitad del concierto casi parecían sables de luz. Daban ganas de alargar la mano para cogerlos y seguir disfrutando de una experiencia única.
Al final, estuvo todo lo que tenía que estar. Los grandes temas de la trilogía original (Yoda, la Fuerza, Luke y Leia, la Marcha Imperial, el campo de asteroides de El Imperio contraataca, Leia, la cantina...). Todo, absolutamente todo. Incluso momentos de disfrute muy personal, como el prodigioso final de la música de la batalla de Endor, unos segundos que adoro. El aplauso fue genuino por parte de un público muy diverso. Había gente joven, había gente no tan joven ya, había adultos. Nuevos y viejos aficionados. Esa es la magia de Star Wars, que apela a gente de todas las edades y condiciones. Siempre he pensado que la mayor fuerza de esta saga es su poder para generar sueños, ilusiones y entretenimiento. Lo del sábado no fue más que una confirmación más de eso. Bueno, fue mucho más que eso. Fue un sueño hecho realidad, y hecho realidad en muy buena compañía. La Fuerza sigue siendo poderosa. Ya lo creo que sí.
No puedo terminar esta entrada sin referirme a este hombre, que rápidamente se convirtió en el ídolo de cuantos le rodeábamos. En la entrada para el evento aparece la siguiente advertencia: "Queda prohibido cualquier filmación, grabación o reproducción en el interior del recinto salvo autorización expresa del Organizador. Al efecto, se prohíbe la entrada de cámaras de fotos, vídeo y/o aparatos de grabación de cualquier tipo". Yo quería hacer fotos. Y llevé mi cámara pese a la advertencia. Metí el cuerpo de dicha cámara en el bolsillo de mi chaqueta y el objetivo en el bolsillo interior. Al entrar, una guardia de seguridad me preguntó qué llevaba en el bolsillo. "Una cámara", le contesté. "¿Qué tipo de cámara?". Ahí no supe qué decir y me dispuse a mostrársela para que saliera de dudas. Antes incluso de que asomara más que un lateral de la cámara, ya me dejó pasar. Me quedé con la duda de saber qué tipo de cámara no se podía pasar.-
En el interior, todo el mundo estaba haciendo fotos. Pero es que fue llegar al patio de butacas y conocimos a este hombre. Llegó solo, mochila al hombro y se sentó en nuestra fila de delante. Abrió su mochila. Sacó su cámara de vídeo. Sacó después un trípode. Colocó el trípode. Después la cámara sobre el trípode. Y una vez completó la operación, pulsó el botón "REC" y grabó la totalidad del concierto. Como decía, mi ídolo. Hasta tuvo tiempo de hacer alguna que otra fotografía con otra cámara mientras trabajaba su cámara de vídeo. Estuve tentado de pedirle una forma de contacto para que me pasara una copia. Pero no, en realidad no hace falta...
domingo, junio 28, 2009
Vida, muerte y recuerdos
La vida de Michael Jackson no fue, probablemente, ejemplar. Su muerte es de esas que sacará lo peor del ser humano durante un tiempo. Los recuerdos... Los recuerdos son otra cosa. Porque cuando oí la noticia de la muerte de Michael Jackson, me vinieron a la cabeza muchos recuerdos. Los tiempos en que cada uno de sus vídeos musicales eran noticia. Me acordé de Billie Jean. Del vídeo de Bad que le dirigió Martin Scorsese. Del corto en 3-D para los parques Disney que realizó Francis Ford Coppola, Capitán Eo. De Dirty Diana. De sus canciones solidarias, Man in the mirror o Heal the World. De Moonwalker y de su moonwalk. De Smooth Criminal. De Beat It y la presencia de Michael Jackson en el Café de los 80 de Regreso al futuro II. De Black or White y sus impresionantes efectos especiales. Y, sobre todo, de Thriller, una obra maestra, un pedazo imprescindible de la Historia de la música, del videoclip y de la cultura mundial del último cuarto del siglo XX. Todo eso me vino a la cabeza.Con la muerte de Michael Jackson, parece que el mundo se ha dividido en dos. Por un lado están los que adoraban su música, los que han salido a la calle a llorar su pérdida, los que no han podido evitar una lágrima o un texto de recuerdo, los que se habrán puesto uno o varios de sus discos para demostrarse a sí mismos que no le van a olvidar, los que no quieren que se les recuerde que Michael Jackson era también humano y también tuvo vivencias como poco discutibles. Por el otro lado están quienes olvidan la faceta más brillante de Michael Jackson, los que le tachan de pederasta, los que se recrean en los escándalos o en la inmoralidad de la riqueza multimillonaria que llegó a amasar, los que incluso niegan la importancia de su talento musical porque tiene que pesar mucho más su comportamiento humano, los que recuerdan por encima de todo la imagen de Michael Jackson sosteniendo de forma imprudente con una mano a su hijo fuera de un balcón.
Supongo que Michael Jackson no era ni la persona que defienden sus fans ni la que censuran sus detractores, porque suele ser imposible estar a la altura (por elevada o baja que sea) de la imagen que la gente se hace de una celebridad universal como Michael Jackson. Supongo que había un poco de ambas personas en quien murió esta semana a los 50 años. Pero también supongo que todos tenemos ángeles y demonios en nuestro imaginario popular y eso es lo que nos lleva a trazar una u otra imagen. No es una cuestión de elegir una cosa u otra, pero supongo que tiene que contar para algo que Michael Jackson proporcionara a tanta gente tantos momentos de diversión, de alegría, de sensaciones, de ilusiones. Yo no dejo de pensar en Thriller. Creo que es lo primero que me bajé de Internet en cuanto contraté la conexión en casa. Y eso, con su recuerdo y con la cantidad de veces que he visto y veré ese vídeo, cuenta para algo. Ya lo creo que cuenta.
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