lunes, mayo 11, 2009

Muertes en directo

El otro día debatíamos sobre el futuro de la televisión a través de los realisties que inundan las parrillas. Visto que el objetivo parece ser humillar al personal que desfila por los programas o generar audiencia a través del morbo, me mostré convencido de que el siguiente paso a dar es una muerte en directo. Ahora veo el vídeo en el que Josué Estébanez de las Heras apuñala a Carlos Palomino. Es el vídeo que grabaron las cámaras del Metro de Madrid de un asesinato cometido el 11 de noviembre de 2007. El vídeo es esencial para el proceso judicial. ¿También para el resto de los mortales? Es difícil pronunciarse. Yo me habría conformado con ver el inicio y el final, sin llegar a reproducir nunca el momento de la puñalada mortal. A mí no me aporta nada, salvo constatar la sangre fría que se puede llegar a tener para sesgar una vida. Algo terrorífico, por cierto.

Como espectador me desagrada ver algo así, aunque estoy convencido de que habrá gente que tenga cierta necesidad de ver esas imágenes para tener la certeza de que los hechos ocurrieron así. Como periodista no llego a encontrarle sentido, aunque es obvio decir que todos los medios lo han reproducido y no han visto nada que deban omitir. Y la parte que más me preocupa es la de quienes conocen tanto al imputado por este asesinato como a la víctima. En este caso, ha hablado la madre del chaval que perdió la vida aquel día y aunque cree que es necesario que el vídeo tenga difusión, dice dos cosas muy a tener en cuenta. Primero, que ella no lo quiere ver. Y segundo, que los amigos del asesinado lo están pasando fatal tras salir a la luz pública. Muchas veces parece que eso no llega al debate interno de los medios de comunicación cuando se enfrentan a la decisión de publicar material tan sensible como éste. Yo, insisto, no lo hubiera publicado íntegro.

Tanto la conversación entre amigos como este caso me han recordado otro. En enero de 2001, un testigo murió durante el juicio por el asesinato de Lasa y Zabala, uno de los crímenes de los GAL. Aquel día, no hubo tiempo ni para el debate. Las imágenes se emitieron sin pudor alguno. Se vio la secuencia íntegra, cómo al comisario Jesús García García se le iba escapando la vida entre los dedos, con la mirada perdida, con el rostro desencajado, con mucho sufrimiento. Todos los informativos emitieron el vídeo a mediodía. Algunos tuvieron el pudor de difuminar el rostro del fallecido ya por la noche. Y al día siguiente más de un periódico decidió publicar una secuencia de fotos que dejaba bien a las claras lo que había sucedido. No se mostró respeto alguno por la víctima o por sus familiares y amigos. Porque, insisto, si ya me parece desagradable ver algo así sin conocer al sujeto en cuestión, no quiero ni imaginarme que fuera mi padre, mi hermano, mi hijo o mi amigo.

A diferncia de lo que ha sucedido ahora con el vídeo de la muerte de Carlos Palomino, que se ha acogido sin polémica, sin debate y sin crítica alguna a los medios de comunicación, en aquella ocasión sí se montó revuelo en torno a la difusión de las imágenes de Jesús García. ¿Tanto nos hemos acostumbrado a ver imágenes así que ya las aceptamos sin reservas y sin debate? ¿Tanto ha cambiado la sensibilidad del espectador en apenas ocho años? ¿Estamos dispuestos a ver en la televisión todo lo que nos echen a la cara? Si uno se acuerda del reciente caso de Jade Goody, las respuestas a estas preguntas parecen más que claras. Lo dicho, cada día que pasa estoy más convencido de que el siguiente paso es ver una muerte en directo, con una impecable puesta en escena y con muchas cámaras grabando desde diferentes ángulos. Incluso con una cámara superlenta. Todo sea por no perder detalle.

4 comentarios:

carlos esteve dijo...

En la nueva sociedad de la información y del espectáculo por desgracia las nuevas generaciones nos hemos acostumbrado a la violencia en directo y a la extrema violencia en diferido con la que disfrutamos en el cine. Probablemente sea una degadación de la sensibilidad humana, probablemente se pueda educar desde pequeños.

Reverendo Pohr dijo...

Ya puestos tendría que salir un programa como "Perseguido" (the Running Man), aquella película protagonizada por Schwarzenegger en la que se veía prime-time cómo
una serie de carniceros (favoritos del público) intentaban matar a convictos voluntarios que quisiesen conmutar su pena (si sobrevivían, claro). Todo sea por ver más sangre!!! (la de otros, evidentemente). Parece que nuestra sociedad comienza a aburrirse y necesita nuevos "incentivos".

Todo vale?

bebita dijo...

Un director de periódico de cuyo nombre no quiero acordarme ha dicho esta mañana a propósito del descarrilamiento del metro, al que ha enviado rápidamente a un fotógrafo: "Y no ha habido heridos? Vaya birria de accidente!". Literalmente. Así que parece que sí, que no sé con qué fin ni de qué manera, la muerte, la sangre y la destrucción es importante.
Qué penita...
Besos!

Juan Rodríguez Millán dijo...

Carlos, siempre me ha gustado trazar una línea entre ficción y realidad. A mí no me preocupa la violencia en el cine, siempre y cuando tenga una justificación artística o narrativa. En la realidad, me parece mucho más grave. Y sin embargo, parece que hay muchas más protestas ante la violencia ficticia en el cine que ante la violencia real en la televisión. Eso es lo que me preocupa.

Reverendo, tenía que haber recordado esa película, sí señor. El "todo vale" parece que cuenta en demasiados ámbitos de esta vida (lo utilizo como verás en la entrada sobre el Debate de ayer entre Zapatero y Rajoy), y ya está bien...

Bebita, una pena inmensa, sin duda... El caso es que según te leía me acordaba de algún comentario parecido que he escuchado yo también en otra redacción de la que no sé si quiero acordarme, pero no me viene a la memoria sobre qué hecho concreto...