Tengo puntos de vista contradictorios sobre el movimiento que acapara los titulares desde hace unos días. Veo partes buenas y partes malas, luces y sombras. Pero, qué queréis que os diga, soy muy escéptico. Sinceramente, no creo que se consiga nada más de lo que ya se ha conseguido, que por desgracia no es más que un movimiento mediático que no culminará en que sus deseos, protestas o iniciativas provoquen algún cambio concreto. Por descontado (y aunque nunca he entendido del todo el carácter festivo que encubre las protestas masivas en esta país, motivo que me ha alejado desde hace años de las grandes manifestaciones), no estoy en contra de este movimiento. Ni mucho menos. Llevo tiempo pensando que España (¿el mundo?) está adormecida, y al menos la masiva presencia de gente en la Puerta del Sol de Madrid y en otros muchos lugares de España (y del mundo) evidencia que no es así, que hay vida más allá del letargo generalizado. Y disfruto viendo como la calle vuelve a sus legítimos dueños: a la gente. La calle es de la gente. Me encanta como suena esa frase. Pero me gusta más lo que significa. Y eso es lo que estamos viendo estos días.Pero reflexionando aún más, encuentro cosas que no me terminan de agradar, que no encienden la llama de mi esperanza. La masa es peligrosa en más de un sentido y temo que haya mucha gente en esas fotografías que no tiene ni idea de por qué están allí. Temo que no sea más que una concentración festiva. Temo que sea un fuego que se apague en cuanto se anuncie el resultado de estas elecciones. Puede que se apague de golpe o poco a poco, pero tengo la impresión de que este movimiento no va a provocar reacción alguna en la clase política o en la económica. No va a cambiar la Ley Electoral. Si acaso, conseguirán alguna promesa de los partidos políticos de afrontar ese debate que, como tantas otras veces que se ha planteado en el pasado, acabará en nada cuando ya no haya nadie en Sol. ¿Eliminar a los corruptos de las listas electorales? Echad un vistazo a los resultados de mañana, a ver quién gana en la Comunidad Valenciana o en Madrid y por qué margen. ¿Controlar a los bancos? No nos engañemos, el dinero controla el mundo y el dinero lo tienen los bancos. Es al revés. La política está hoy mediatizada por el control bancario y económico. Los políticos hacen lo que dice el dinero. Y salvo que la revolución sea mundial, no creo que haya nada que hacer.
Al menos, este movimiento sirve para que quede expresado un descontento con el funcionamiento del sistema. Porque eso, y no otra cosa, es lo que yo entiendo como el eje de estas protestas. La gente está harta de que todo funcione tan mal, de que el poder perpetúe sus privilegios, de que la justicia no sea justa, de que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, de que un voto no valga lo mismo según sea su destinatario o su lugar de emisión, de que haya clases privilegiadas cuando la Constitución dice que todos somos iguales, de que haya un despilfarro obsceno de dinero en esto que llaman campaña electoral y que no sirve para nada más que para malgastar el dinero de todos (porque todos subvencionamos a los partidos políticos; ¿quieren mítines? Que los paguen los afiliados). Hay cansancio y el 15-M lo ha demostrado. Pero no sé si se puede hacer algo porque se está permitiendo, y estoy convencido de que el resultado electoral lo va a demostrar, que hasta este hartazgo se politice de forma partidista. La derecha lo ha interpretado como una censura al Gobierno socialista. Y se equivoca. Si ese fuera el caso, basta con no votar al PSOE y optar por el PP o por algún otro partido minoritario. Pero no es eso. Es una rebelión contra el sistema, no contra quien o dirige.
Todos sabemos que el poder cambia de manos con facilidad, y que de no mediar cambios radicales en el funcionamiento de la política española siempre pasará de manos populares a manos socialistas y viceversa. Sólo hay algunas anomalías regionales y nacionalistas que se escapan a este bipartidismo de facto. Si la queja es contra un bando, con unirse al contrario está todo hecho. Pero la gente no está protestando contra un bando. Al menos no sólo está haciendo eso. Está protestando contra el sistema que forman ambos bandos. Si el bando que va a salir ganador de estas elecciones ya ha dejado claro que ve la protesta social como un espaldarazo a sus pretensiones de poder y como un ataque directo a su rival político, ¿cómo cambiar algo? Soy escéptico, sí. Muy escéptico. Creo que la única forma de cambiar algo es que en las elecciones de mañana no vote nadie. O, como mucho, un 10 por ciento del electorado. Eso sí sería un mensaje claro. Y eso me deja una conclusión final: que tengo que seguir reflexionando, porque yo soy de los que siempre ha animado a todo el mundo a votar y ahora sólo veo una salida en la abstención absoluta. Y eso no se va a producir.






















