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miércoles, enero 19, 2011

Sacrificios

Aumiendo la crisis como un factor ya inevitable de nuestra vida cotidiana (aunque yo me sigo resistiendo ante las muchas señales de que no somos todos los que estamos en crisis), tengo que reconocer que mi opinión sobre ciertos temas, sobre algunas de las medidas adoptadas para paliar los efectos de esta crisis, es impopular. Por ejemplo, cuando se anunció la bajada de sueldo a los funcionarios, y siempre bajo la condición de que era inevitable (¿lo era?), yo estaba de acuerdo. ¿Por qué? Porque entiendo que quienes más tienen, aunque sólo sea seguridad, son los que tienen que ayudar a los que menos tienen. En este caso se supone, siempre en ese mundo ideal que sólo existe en mi imaginación, que ahorrar dinero en los salarios que pagan las administraciones redundará en la protección de quienes tienen poco o nada y se aumentarán las coberturas sociales. En un mundo ideal, ya digo, pero la medida me parece correcta. ¿Dónde está el problema? En que el sacrificio lo hacen unos pocos. Los de siempre. Los más pobres. O, dicho de otra manera, no lo hacen unos pocos. Los de siempre. Es decir, los políticos. No son los más ricos, pero como si lo fueran.

Sangrante, muy sangrante, es el caso de los dos ex presidentes del Gobierno más recientes. El pasado mes de diciembre se anunció que Felipe González fichaba por Gas Natural y que cobraría 126.500 euros anuales por desempeñar una labor de consejero independiente. Un mes después, el anuncio cambiaba el nombre del ex jefe del Ejecutivo y el de la empresa. José María Aznar fichaba por Endesa cobrando aún más, 200.000 euros anuales. Sin entrar en el debate de fondo (el de qué puede o qué debe hacer un ex presidente cuando deja su cargo), lo asombroso de este asunto es que cada uno de ellos cobra, al mismo tiempo que éste y otros salarios, 80.000 euros brutos anuales que salen directamente de los Presupuestos Generales del Estado. Vamos, que se los pagamos entre todos. Es una pensión vitalicia que supera en unos 2.000 euros mensuales el sueldo que percibe el actual presidente del Gobierno. Y estoy totalmente de acuerdo (sé que muchos no lo estarán, de ahí que ya dijera un poco más arriba que puedo tener opiniones impopulares sobre estos asuntos) en que el Estado garantice la jubilación de un ex presidente del Gobierno, creo que se lo gana (o tendría que ganárselo, vaya) con su dedicación a la función pública durante esos años.

Pero, si a unos se les exigen sacrificios, ¿por qué otros no los hacen? 80.000 euros al año no solventan una crisis económica mundial, ni siquiera nacional, pero me parece inmoral, indigno y absurdo que estemos entregando un dinero público a personas que no lo necesitan. ¿Que el día de mañana nadie quiere a González o Aznar como asesores, conferenciantes, escritores de libros o simples floreros? Ahí está el Estado y esa pensión vitalicia. Pero si tienen tan descomunales ingresos, es como poco una tomadura de pelo que se lucren de un dinero que no llega para atender a todos los que lo necesitan. Estas pensiones las regula una ley de 1983 que el Gobierno no quiere cambiar. Ya lo ha dicho. Algunos grupos minoritarios ya han pedido esa reforma. Pero no basta. Como en toda reforma política de calado que afecte al funcionamiento de los órganos de poder y representación, es necesario el acuerdo entre PSOE y PP. Podéis quitaros de la cabeza esa posiblidad porque no va a suceder. La inmoralidad continuará porque siempre beneficiará a quien ha ostentado el poder, quien lo ostenta y quien lo ostentará en estos dos grandes partidos. Zapatero no lo cambiará porque es el próximo. Rajoy, si acaba ganando las elecciones, tampoco. Y así hasta el infinito.

No es el único caso sangrante, claro, porque cada político parece cargar con un pecado diferente. Esta semana, el Senado ha inaugurado su sistema de traducción a las lenguas cooficiales. Esto quiere decir que cualquier senador podrá hablar en catalán, euskera, gallego o valenciano y todos sus compañeros de hemiciclo podrán escuchar una traducción simultánea. Soy un firme defensor de los idiomas. Creo que enriquecen mucho. Me encanta escuchar a la gente hablar en el idioma que le sea propio. Pero los 400 aparatos de traducción con auriculares que ha comprado el Senado costaron 4.500 euros. Mantenerlo en funcionamiento, costará 350.000 euros anuales. Cada pleno sale a unos 12.000 euros. Todo eso soluciona un problema creado artificialmente porque todos tenemos una lengua común en la que podemos entendernos. Los partidos regionalistas y nacionalistas, los mismos que censuran la pensión vitalicia de González y Aznar, y según una frase aparecida en algunos medios de comunicación, entienden que eso no tiene importancia porque "los derechos no tienen precio". Ojalá fueron los derechos de todos los que no tuvieran precio.

La política ya nos tiene demasiado acostumbrados a ver que ellos, los políticos, siempre tienen más derechos que los demás. Y luego dirán que por qué la gente se desengaña de la política, por qué no vota, por qué les insulta... Las cosas no siempre tienen una justificación, pero lo que siempre tienen es una causa. Lo malo es cuando no se quiere buscar esa causa, ahí es donde están los problemas...

martes, noviembre 09, 2010

Dos presidentes, una hipocresía

A veces la casualidad nos brinda debates que nadie quiere acometer. Felipe González, con sus confesiones en El País del pasado domingo, y George W. Bush, con su libro de memorias y las entrevistas que ha concedido para promocionarlo, nos han brindado uno apasionante. ¿Hay alguna frontera en la lucha contra el terrorismo? Ese y no otro es el debate. No, no es así. Tendría que ser ese el debate, pero nos gusta más la anécdota y la estéril trifulca política. Ese debate, el de fondo, no lo quiere afrontar nadie en este mundo de buenos y malos en el que a todos nos quieren obligar a tomar partido por uno de los bandos, incluso cuando ambos bandos son de los buenos. Por eso, el debate que hay es una pura hipocresía. Tres días lleva el PP removiendo el tema de los GAL. El 11-M es un pasado juzgado por las urnas y no se puede hablar de él, según nos dicen habitualmente los jerarcas de Génova. Lo mismo pasa con el Prestige, el Yak-42, Gescartera y cualquier otra cosa que les afecte. Gurtel no es pasado, es simplemente una invención socialista. Irak también es pasado, por lo visto. Y de eso tampoco se puede hablar.

"Tuve una sola oportunidad en mi vida de dar una orden para liquidar a toda la cúpula de ETA. (...) Nuestra gente había detectado, no digo quiénes, el lugar y el día de una reunión de la cúpula de ETA en el sur de Francia. (...) La posibilidad que teníamos de deternerles era cero, estaban fuera denuestro territorio. Y la posibilidad de que la operación la hiciera Francia en aquel momento era muy escasa. (...) En aquel momento sólo cabía la posibilidad de volarlos a todos juntos en la casa en la que se iban a reunir. (...) La decisión es sí o no. Lo simplifico, dije: no. Y añado a esto: todavía no sé si hice lo correcto. (...) Una de las cosas que me torturó durante las 24 horas siguientes fue cuántos asesinatos de personas inocentes podría haber ahorrado en los próximos cuatro o cinco años. Esa es la literatura. El resultado es que dije no". Esto es lo que dijo Felipe González.

"Tres personas fueron sometidas al suplicio de la bañera y creo que esa decisión salvó vidas". "Sus interrogatorios ayudaron a frustrar complots para atacar instalaciones diplomáticas estadounidenses en el extranjero, el aeropuerto de Heathrow y Canary Wharf y múltiples objetivos en Estados Unidos". "La asfixia inducida salva vidas". "No hay duda de que el procedimiento era duro, pero expertos médicos aseguraron a la CIA que no producía daños permanentes". "Sabía que un programa de interrogación así de sensible y controverdito algún día se haría público. Cuando así fue, fuimos receptivos sobre las críticas de que América había comprometido sus valores morales. Hubiese preferido obtener la información de otra manera. Pero la elección entre seguridad y valores era real". "(Atacar Irak) no fue un error". Eso es lo que dice George W. Bush, en su libro y en varias entrevistas e intervenciones públicas.

En este país nos encanta tergiversarlo todo. Sólo así se puede explicar que lo algunos dirigentes del PP hayan interpretado de las palabras de Felipe González que él mismo se ha colocado en la X de los GAL. Es curiosísimo, porque él dice justo lo contrario. Lo que él dice es que no ordenó atentar contra la cúpula de ETA, y además en un periodo de tiempo alejado de los crímenes de los GAL. Pero qué más da. Algunos ahí quieren leer que sí lo ordenó. Curiosísimo. Yo no sé si Felipe González estuvo detrás de los GAL. Ni idea. De verdad. Algunos lo dan por supuesto, pero nunca han podido demostrarlo. Es, una vez más, lo que tiene este país. Y como ha dicho Bono, es curioso que ahora intenten reprochar a Felipe el debate ético que se plantea con sus palabras, cuando esos mismos saben que, si en los años 80 se les hubiera planteado la hipotética posibilidad que ahora el ex presidente del Gobierno ha desvelado que tuvo, lo podrían haber apoyado. O al menos no hubieran hecho sobre esto una de las habituales polémicas entre el Gobierno y la oposición. Lo saben. Pero también saben que les va mejor el camino de la inquina y de la hipocresía.

Porque es hipocresía hablar de esto y no hablar de Irak. O, si se habla, eludir la responsabilidad que se desprende de las decisiones y actuaciones de cada uno. Bush no tiene reparos en reconocer, éste sí, que torturar a prisioneros ayudó a salvar vidas. En el mismo debate moral que planteaba Felipe González, aquí ganó la violencia e ignorar el respeto a las normas más elementales de conducta. Pero de ésto se habla poco, y las frases que yo he destacado a veces se pierden en el cuarto o quinto párrafo de las informaciones. Y no hay periodistas que vayan a las sedes de los partidos políticos a exigirles una reacción a las mismas. Irak es algo sobre lo que en España muchos han querido correr un muy tupido velo. Y lo de Irak produjo una práctica sistemática de torturas a prisioneros de distintos niveles. Ni siquiera estamos hablando ya de aquella mentira que algunos todavía hoy defienden (o no corrigen) de las armas de destrucción masiva. Estamos hablando de que unos señores con corbata y enormes despachos decidieron conscientemente saltarse las leyes de forma sistemática para conseguir información. Sí, ya sé que hablamos de torturas y no de asesinatos. Pero si no hay límites morales claros para luchar contra los malos, ¿quién se va a atrever a chistar a los poderosos y decirles dónde deben deternerse?

¿Y yo qué puedo decir? Que desprecio los GAL como desprecié la guerra de Irak y lo que ésta supuso. Me da igual que detrás de estos asuntos hubiera alguien de derecha o de izquierda. Me da igual que sea una tortura o un asesinato. La violencia no es el camino, y es por ello que tampoco creo en la pena de muerte. Una respuesta violenta podría llegar a serlo como último recurso, bajo circunstancias muy especiales (del tipo matando a uno salvo a doscientos millones) y siempre que no haya otra posibilidad. Ahí sí me podría plantear el debate ético, aunque, como dice Felipe González, lo más probable es que ni siquiera entonces podamos estar seguros de haber acertado. Si no es así, nunca aceptaría algo así. No estaría de más que a esos que esta semana se han llenado la boca con reproches y críticas a Felipe González les preguntaran cómo se sienten al haber apoyado a George W. Bush con los pies encima de la mesa. Que les preguntarán qué les parece inaceptable de un caso que sí les parece aceptable en el otro. Por aclarar hipocresías, vaya.

domingo, octubre 28, 2007

Un día histórico

Los periodistas solemos abusar de la calificación de "histórico". Es raro escuchar un informativo en televisión en el que no se utilice ese término por lo menos una vez. El 28 de octubre de hace 25 años fue histórico, verdaderamente histórico. Tras 40 años de dictadura, el PSOE ganaba las elecciones generales. Era el paso definitivo para confirmar que la Transición era algo serio. No había entonces en España una conciencia absoluta de democracia y había un alto porcentaje de personas que añoraba el régimen franquista o que no tenía claro que el futuro del país pasara por el nuevo sistema democrático.

La victoria socialista confirmó que todo era posible y fue tan necesaria para la sociedad española, aunque la de hace 25 años en mucha mayor medida, como la victoria del PP en 1996. Esos dos resultados reforzaron la idea de que todas las ideologías políticas democráticas tenían cabida en la monarquía parlamentaria que consagró la Constitución y partidos de muy distinto esprectro podían aspirar a gobernar en España y en sus comunidades autónomas. Eso es lo que demostró por primera vez aquel 28 de octubre, y en un ambiente no demasiado favorable, ya que la intentona golpista que esta prevista para aquellas fechas impregnaba el ambiente político y limió mucho las celebraciones de la izquierda.

La memoria es ingrata y el recuerdo que parece haber quedado en demasiada gente de aquel gobierno socialista de Felipe González es aquella España de la corrupción. Hay periodistas que siguen empeñados en valorar estos 13 años de gobierno sólo por los GAL, por Filesa, por Luis Roldán o por Juan Guerra. Un error muy propio de periodistas (y lo digo siendo uno de ellos) es la falta de perspectiva. Queremos hacer juicios aquí y ahora, pero juicios que sean absolutos y definitivos. Eso nos suele llevar a equivocarnos gravemente a la hora de enjuiciar acontecimientos históricos. Y enjuiciar estos gobiernos de Felipe González o la trascendencia histórica que supuso esta victoria de 1982 por estas cuestiones, por graves que fueran (que lo fueron), sería un error. No hay que olvidarlas, pero no es todo lo que sucedió en los años de gobierno socialista.

El Gobierno de Felipe González significó la modernización de España en muchos sentidos, en infraestructuras y en derechos sociales. Fue con Felipe González con quien España entró en la entonces Comunidad Económica Europea, fue con Felipe González con quien este país comenzó a tener relaciones normalizadas con la mayoría de los países de su entorno geográfico y económico. Quizá sea hora de empezar a volver la vista atrás y reconocer todo lo positivo que tuvo su largo mandato, todo lo que se consiguió en esos años. Quizá sea hora de abandonar algo del odio y del rencor con el que vivimos y recordamos, y abramos el horizonte más allá de esa España del "paro, despilfarro y corrupción" que durante tanto tiempo se ha querido asociar a Felipe González.

Me atrevo a decir que Felipe González, por todo lo que supuso, es hasta el momento el presidente del Gobierno más importante de la moderna democracia española. Lo que es indiscutible es que, en la mediocre política actual, no hay nadie que tenga el nivel de Felipe.

viernes, junio 15, 2007

Muy mal gesto de Aznar y González

Se cumplen 30 años de las primeras elecciones democráticas, después de la dictadura franquista. Yo nací ya en democracia y de la dictadura sé lo que me han contado quienes la vivieron y lo que he leído. Sin embargo, a pesar de esa falta de experiencia directa, valoro y mucho cada convocatoria electoral que tenemos. Ahora bien, parece que no todo el mundo lo hace.

Duele especialmente que haber sido presidente del Gobierno de este país no haya servido para que las personas que ocupado ese cargo se den cuenta de todo lo que eso supone. Tanto Felipe González como José María Aznar no acudieron a la celebración en el Congreso de esta emblemática fecha. Y lo peor es que ni siquiera sabemos por qué. Hace cinco años, en el25º aniversario, estuvieron todos los ex presidentes de la democracia. Entonces Aznar era presidente. Ayer sólo se vio a Leopoldo Calvo Sotelo.

Por descontado, la ausencia de Adolfo Suárez está justificada por motivos de salud (aunque me hayan contado que hay un impresentable, viejo compañero de trabajo, que tenga la desfachatez de decir que le podían haber llevado y sentarle allí un ratito; lo mismo le parece gracioso...) Por lo visto, Aznar ya tenía comprometido un viaje al Reino Unido, según informaron desde la FAES, esa fundación del PP que preside. González no parece tener excusa clara. "No fui, sencillamente", es lo que ha dicho el ex presidente socialista.

Horas antes de la celebración se quejaba Manuel Marín, presidente del Congreso, de que en este país los invitados más importantes no suelen acudir a los actos oficiales. Y tiene razón. En el caso de Aznar, lo entiendo como una muestra más de su manifiesta irresponsabilidad desde que salió de La Moncloa. En el caso de González, como un escalón más en su pasotismo más absoluto desde que dejó la Presidencia del Gobierno. Ambos casos me parecen muy criticables. Los motivos que expongo no son con ánimo de exculpar a nadie, por si alguien lo ha entendido así.

La única duda que le puede quedar a uno es que las invitaciones del Congreso llegaran tarde, pero González ha dicho que no tiene ninguna queja en ese sentido. Entonces, ¿por qué un ex presidente del Gobierno fija agenda para una fecha como ésta sabiendo que se va a hacer un acto en el Congreso, como ya se hizo hace cinco años? De Aznar me lo esperaba. Seguro que está tan feliz de haber hecho un nuevo desplante, interpretará él, al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. De González, pese a todo, no me lo esperaba. Tenía que haber estado. Pero ser ex presidente ya no es un valor en este país. A casi todos ellos les falta un sentido de Estado necesario y exigible.