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lunes, mayo 02, 2011

Una sensación extraña

No sé qué habría hecho hoy de haber tenido un motivo personal para odiar a Bin Laden. No sé si, como han hecho miles de personas, habría salido a la calle para celebrar su muerte a manos del ejército norteamericano. Quizá yo también habría sido una de esas personas que se sintió en la necesidad de expresar su júbilo en el corazón de Nueva York, Times Square. O en la Zona Cero que hasta hace diez años dominaban dos Torres Gemelas, dos magníficos colosos de cristal, acero y hormigón. Igual, de haber estado en Washington, me habría acercado hasta la verja de la Casa Blanca, en un gesto casi de agradecimiento a quien dio la orden final de abatir al tipo responsable de tantas miles de muertes y de tanto odio expandido por todo el mundo. No me siento con fuerzas para criticar a la gente que evidenció así todo su dolor. Ni siquiera para soltarles un sermón sobre que una muerte no puede provocar tanta alegría, sobre las consecuencias que ésta en concreto puede tener sobre el mundo o la Historia. No sabría qué decirles. Quizá incluso viéndoles me contagiara de su alegría.

Pero, estando tan lejos, lo que tengo es una sensación extraña. Muy extraña. Hoy es un día histórico porque Bin Laden es un personaje del que se hablará en los libros de historia, y los días históricos marcan. En esos libros se hablará de su terrorismo. Se hablará del 11-S. Se hablará de su muerte. Y, sin embargo, enterarme de que alguien le ha metido una bala en la cabeza no me ha provocado ninguna reacción especial. Era algo tan esperable como aparcado. Van a cumplirse diez años del 11-S. Y diez años es mucho tiempo. Bin Laden ya no era parte del día a día. Ya ni siquiera se le consideraba parte esencial de los dramas bélicos y terroristas que dominan la actualidad. Sí, ahí seguía en la lista de los más buscados. Pero ya no era el enemigo a batir, ya no se escuchaban cada poco tiempo esos mensajes grabados en los que sólo teníamos constancia de su voz. Yo, al menos, no lo sentía presente. Pero, claro, como digo yo no tengo razones personales que encuentren consuelo en su muerte. Ni siquiera le veo, desde ese prisma personal, detrás del 11-M.

Lo extraño es que veo las imágenes de júbilo y tengo la sensación de que la gente está celebrando un triunfo deportivo o algo por el estilo. No veo detrás de esos rostros la muerte de un terrorista internacional, un cambio en la historia o la llegada de un periodo de paz. La alegría de los americanos y la muerte de Bin Laden me llegan como fenómenos disociados, aunque sé que no lo son. Pero veo imágenes que no encajan y sin embargo van de la mano. Tanto como, por lo visto, la necesidad de matar a Bin Laden. El ojo por ojo, la vieja ley del talión. La sentencia de muerte sin juicio previo. Son cosas en las que no creo, pero miro a toda esa gente feliz y como poco me entran dudas. Pero no dudas de lo que habría que haber hecho o sobre la conveniencia de esa cruel forma de actuar, de esa interminable espiral de violencia y odio. Sí tengo dudas sobre lo que la gente espera que sus dirigentes hagan. Dudas sobre dónde están los límites que se pueden y no se pueden cruzar. No tengo dudas sobre mis principios, tengo dudas sobre los principios del mundo en el que vivo. Y eso es una sensación extraña.

lunes, septiembre 14, 2009

"No te quedes cerca de un edificio alto contra el que se haya chocado un avión"

No sabía que en el 11-S había muerto un periodista. Ahora, con los anuales recuerdos de aquella tragedia, he llegado hasta la historia de Bill Biggart. Esta imagen que encabeza la entrada es una de las fotos que tomó en aquella mañana de septiembre de 2001, antes de que se desplomara la primera de las dos torres y antes de que la caída de la segunda se le llevara por delante. Supongo que su vida sería como la de las más de tres mil personas que murieron entonces. Supongo que cualquiera de los que allí perdieron la vida podría contarme lo más bonito de su existencia, su profesión, su familia o sus pasiones. Pero el caso de Bill (hasta me tomo la licencia de llamarle Bill) me ha emocionado. Quizá sea porque el 11-S me llegó bastante, porque Nueva York es MI ciudad de siempre o por una especie de corporativismo periodístico que me hace sentirme cerca de quienes adoran esta profesión hasta el extremo de jugarse la vida. No lo sé.

En la web, hay una frase de Wendy Doremus, viuda de Bill. "Estoy segura de que si Bill hubiera vuelto a casa al final de aquel día, nos hubiera contado muchas historias, como siempre hacía. Y si le hubiéramos preguntado como había sido realmente aquello, nos habría dicho 'Sigue mi consejo, no te quede cerca de un edificio alto contra el que se haya chocado un avión'". Y leyendo esa frase se me ha puesto la piel de gallina. Igual que mientras iba avanzando por la galería de las fotos que tomó aquella mañana (que se pudieron rescatar de la memoria de su cámara digital), viendo como pasaban los segundos, esperando llegar a su última foto. Vas viendo cómo se iba acercando a las Torres, cómo se metió en el centro de la noticia. Y cuando llegas al final y regresas al principio te vuelve a impresionar su cámara, cómo quedó el aparato que rescataron junto a su cuerpo sin vida. Destrozada. Como su vida y la de los suyos.

martes, septiembre 11, 2007

La foto que nunca podré sacar

Me encanta sacar fotos como ésta. Los picados me fascinan. Si encuentro un edificio alto, esa es la foto que saco. Y me gusta mucho el detalle de ver un pájaro destacando en la silueta de estos dos edificios. Sí, la verdad es que esta foto me encanta y estoy seguro de que yo podría haber sido su autor. En otras circunstancias yo ya tendría, ahora o en el futuro, una foto de mi propia cosecha muy parecida a esta.
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Pero no la tengo. Ni la tendré nunca, al menos no una foto hecha por mí. Primero y fundamental, porque nunca he estado en Nueva York. Sigue siendo mi sueño, ir a la Ciudad con mayúsculas, a la capital del mundo, a Wall Street, a la Quinta Avenida, a Liberty Island... A tantos y tantos sitios con los que he soñado una y otra vez. Algún día, seguro que más pronto que tarde, visitaré esta ciudad.
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Pero si por algo no podré sacar nunca esta foto es porque hace seis años el fanatismo estalló en una de las jornadas más tristes que recuerdo. Esto fue lo que sucedió.
Y entonces, como ahora, me quedé sin palabras. No hay nada que yo pueda decir para expresar el torrente de sensaciones que viví cuando vi en directo al segundo avión estrellarse contra las Torres. Cuando vi caer la primera como si fuera un castillo de naipes. Cuando no me podía creer que la segunda también se derrumbara y me aferré durante un segundo a que fuera una imagen grabada de la primera. Cuando iba subiendo el número de muertos y desaparecidos. Cuando no era capaz de apagar la televisión e irme a dormir porque necesitaba seguir teniendo una pequeña ventana abierta con Nueva York.
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Aquel día, la solidaridad fue mayor que la ira, en todo el mundo, a todos los niveles. En los seis años que han pasado, aquella lección no sirvió para nada. Hoy la ira es mayor que la solidaridad y el entendimiento. A quienes perpetraron aquella monstruosidad habría que preguntarles si hoy están mejor que hace seis años. A quienes ofrecieron una respuesta bélica a esta masacre, habría que preguntarles lo mismo. Y la respuesta es sencilla: NO.
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Ni la violencia ni la guerra sirven para nada. Fácil de decir, me imagino, pero las consecuencias están aquí. El terrorismo golpeó después Madrid y Londres, y lo sigue intentando en muchos otros sitios, el último Alemania. La guerra sigue devastando países y no hay un Irak más seguro, el que nos prometieron desde el poder en el mayor error de cálculo militar de la historia moderna, como espero que lo reflejen los libros de historia. Nada de todo esto ha servido absolutamente para nada. Aunque bien pensando, sí ha servido. Ha servido para que mueran tantos miles de personas que ya nadie se molesta en llevar la cuenta.

jueves, febrero 08, 2007

Otra macabra coincidencia


Hace unas semanas, os mostré en este blog una macabra coincidencia. Un episodio de la serie de Los 4 Fantásticos de 1994, se veía como las Torres Gemelas caían derribadas tras sendos impactos. Aquella serie se produjo y emitió de forma conjunta con la de otro superhéroe de Marvel Cómics, Iron Man. Y cual ha sido mi sorpresa cuando he visto que en esa segunda serie hay otro claro anticipo del 11-S, el que véis en la imagen.
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En el episodio The Grim Reaper Wears a Teflon Coat, emitido el 22 de octubre de 1994, el Mandarín (que es el villano principal de la serie) roba un avión militar... con el propósito de estrellarlo contra el Pentágono. Pero es que, además, durante el episodio, y al ver cómo Iron Man frustra sus planes, decide cambiar de objetivo y lanzarlo contra la Casa Blanca, según muchas informaciones el objetivo del cuarto avión del 11-S, el que se estrelló en Pensilvania (aprovecho para recomendar esa gran película que es United 93, y que trata precisamente de lo que sucedió en ese cuarto avión).
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Desde luego, alguien en Marvel Animation debería replantearse los objetivos apocalípticos de sus villanos, porque tiene capacidades casi proféticas...

viernes, diciembre 29, 2006

Una macabra coincidencia

No será la primera, ni la única, ni tampoco la última coincidencia que se halla sobre el 11-S, pero como me acabo de topar con ella, la comparto con vosotros. La imagen que tenéis arriba la componen cuatro fotogramas de un episodio de la serie de dibujos animados que se hizo en 1994 de Los 4 Fantásticos. El episodio Incursion of the Skrulls , que se emitió por primera vez el 15 de octubre de aquel año, comienza con el plano general de Manhattan, seguido de la vista de las Torres Gemelas. Acto seguido, un rayo hace impacto en ellas y se derrumban... En el episodio son imágenes de un videojuego al que está jugando uno de los miembros de los 4 Fantásticos, la Cosa, pero la similitud con la realidad no deja de estremecer.