martes, abril 26, 2011

La imparcialidad de TVE


Qué cosas tiene María Dolores de Cospedal. Hoy se ha plantado en TVE y ha dicho que los informativos de TVE no son imparciales. Lo que para sus enfervorizados seguidores será un rasgo de valentía, para quien quiera ver la realidad será en cambio un gesto de insensatez. Primero, por lo que dice. Dice que TVE no es imparcial como debiera serlo una televisión pública. Curiosa declaración, cuando proviene de la secretaria general del PP, un partido que maneja a su antojo, de forma descarada y despreocupada, las televisiones autonómicas que tiene a su cargo (Telemadrid pone anagramas de ETA en el rostro de Zapatero, Canal 9 no informa de Gurtel) y que, estando en La Moncloa, provocó la única condena por manipulación de la historia para los servicios informativos de TVE (con el nunca bien ponderado Alfredo Urdaci como su director). Eso, aviso a navegantes, no quiere decir que otros no hagan lo mismo. Quiere decir que ellos lo hacen. Segundo, por ante quién lo dice. Ana Pastor lleva años entrevistando por igual a dirigentes de uno y otro partido y garantizando la presencia de colaboradores de uno y otro espectro político, tanto en Los desayunos de TVE como en 59 segundos.

Tercero, porque resulta curioso que una parte acuse de parcialidad. Es un principio muy básico del debate político. ¿Cómo creer a quien usa el mismo argumento que aquellos que cuestionan la parcialidad de las televisiones autonómicas dirigidas por el PP? Muy sencillo: no se puede. En un mitín, dado el estado de decrepitud en que se encuentra la política (y el periodismo) la cosa puede encajar. En un programa de televisión, no. María Dolores de Cospedal, en todo caso, es experta en esto de hacer imposible que se crea algo de lo que dice. Es quien acusó al Gobierno sin pruebas de ningún tipo de un espionaje a sus dirigentes que sólo existe en las mentes de personas con paranoia o manía persecutoria. Es quien exigió al Gobierno que haga ahora con el etarra Troitiño lo que el PP no hizo en el Gobierno con el también etarra Josu Ternera (Mariano Rajoy, que era entonces el ministro portavoz del Ejecutivo, ahora guarda silencio porque sus palabras de antaño son casi idénticas a las pronuncias por Alfredo Pérez Rubalcaba para explicar el problema actual). Es, en definitiva, quien personifica la política del no. No a todo. Aunque yo lo haga en mi ámbito de poder, aunque lo hiciera cuando tenía el poder que ahora tienen otros.

En cualquier caso, su simple presencia en TVE es un síntoma de que esta etapa es la más imparcial de la historia del medio en democracia. Le moleste a quien le moleste, es así, porque hasta hace no mucho tiempo la diferencia de trato entre el partido en el poder y el principal en la oposición era abismal. La historia, si la escribiera alguien ajeno a las partes, escribiría que el ente público ha estado durante años dominado por el Gobierno de turno. Lo sabe José María Aznar tan bien como Felipe González (chapeau para Ana Pastor, que eso es precisamente lo que le recuerda a María Dolores de Cospedal, ansiosa como seguro estaba de añadir una muesca más a la manía persecutoria que explica tan a menudo). Y escribiría que, sin llegar al ideal puro de imparcialidad (¿es eso posible en una televisión pública o un gigante del tamaño de TVE?), ha sido con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero cuando se ha alcanzado ese estado de libertad. Porque libertad es, insisto, le moleste a quien le moleste. Pero, claro, como estamos en este momento histórico en el que Zapatero tiene la culpa de todo lo que sucede, pues achacarle la parcialidad de TVE será el menor de los males para quien todavía es el presidente del Gobierno.

La afirmación de María Dolores de Cospedal llega, por cierto, un día después de que la imparcialidad de esta etapa y la que propugna Ana Pastor con su trabajo (líbreme quien sea de echarle la culpa a ella), le haya salido cara a TVE. Miguel Ángel Rodríguez, portavoz del Gobierno de José María Aznar, aprovechó la plataforma pública para llamar "nazi" en repetidas ocasiones al doctor Luis Montes. Después reincidió en la privada Telecinco. Ahora, ambas cadenas tendrán que pagar 30.000 euros al injuriado, porque el juez entiende que el mencionado Miguel Ángel Rodríguez cometió un delito al expresar lo que, según él, no era un insulto. Sentencias así son las que devuelven la ilusión a quienes creemos en unos medios plurales, informativos, formativos y respetuosos. No todo vale y la Justicia, afortunadamente, piensa lo mismo. En ese mundo ideal con el que sueño de vez en cuando, costaría creer que quien se encargó de la comunicación del Gobierno de España utilice los medios de comunicación, y especialmente la televisión pública, para soltar todo tipo de improperios sin freno alguno. Costaría más creer que su argumentación fuera que había que animar el debate. El debate se anima con argumentos, pero está claro que a algunos les renta más usar insultos en lugar de argumentos.

Si la pluralidad y la imparcialidad de TVE están en entredicho o al menos en peligro es precisamente por culpa de personas como Miguel Ángel Rodríguez y María Dolores de Cospedal, quienes no dudan en anteponer intereses propios a los del medio o, si se me permite la licencia de pura ingenuidad, los del espectador. El primero, visto lo visto, no sale económicamente rentable, porque tenerle en un programa aumenta el riesgo de querellas y de condenas. La segunda, directamente, no es fiable como fuente de información porque en demasiadas ocasiones ha realizado afirmaciones que no se sostienen ni en hechos, ni en pruebas, ni tan siquiera en opiniones (por ejemplo, el espionaje existe o no, sobre eso no hay opinión posible). La condena por el caso del ex portavoz del Gobierno abre muchos debates y todos positivos. Para empezar, espero que lleve a los medios a reflexionar sobre la calaña de los colaboradores a los que les da un sitio en pantalla. Es su responsabilidad, y por eso veo razonable que paguen por ello. Esto prolonga el camino, el que ya se abrió con las condenas a Federico Jiménez Losantos, que tiene que llevar a un periodismo respetuoso y plural. ¿Será tarde para conseguirlo?

viernes, abril 22, 2011

Revanchismos y absurdeces. Fútbol, por favor

Esto de no ser madridista ni culé da una visión curiosa de este múltiple duelo entre Real Madrid y Barcelona. Curiosa y asombrada. Porque, al final, aquí de fútbol no habla nadie. Y si ante un partido de fútbol no se habla de fútbol, mal vamos. El deporte, en todo caso, no deja de ser un ajustado reflejo de la sociedad. ¿Alguien del mundo de la política habla de política? ¿Alguien del mundo del periodismo habla de periodismo? Y así pasa con tantos mundos como conozcáis personalmente. Quien no disfrute con el fútbol podrá pasar olímpicamente de estas líneas y seguir pensando que todos los aficionados a este deporte somos unos seres embrutecidos incapaces de leer un libro o de reflexionar sobre una idea, por simple que ésta pueda ser, podrá seguir ninguneando a quienes lo adoramos de una forma en que yo no podría despreciar a los fervientes religiosos que pueblan las calles estos días, los fanáticos de partido que salen a la calle tras una victoria electoral, los fans que ofrecen saltos, gritos y lágrimas ante la estrella juvenil del momento o los seguidores y detractores de Belén Esteban. Pero como me gusta el fútbol, hoy toca fútbol.

Y digo que toca fútbol porque estoy cansado de los Lama, Carreño, Relaño, Carbonero, Inda y compañía, los que se supone que tendrían que habalr de fútbol, que hablan de todo menos de fútbol. Si hablamos de la final de la Copa del Rey, no es la noticia que un pulpo prediga el resultado. No es la noticia el nivel de decibelios al que se va a poner el himno nacional o la altura del césped de Mestalla regado o no regado. No es la noticia que Shakira quiera que gane el equipo de su novio o que se abrace a él al final del partido. No es la noticia que Iker le dé dos besos a la Reina. Todo eso es el anecdotario que rodea a la final, y como tal debe tratarse en un medio de información deportiva. Pero no. Todo eso es elevado y se convierte en la noticia por encima casi del partido de fútbol. Y yo me aburro. Como me aburro de leer todas las estupideces (que no merecen otro calificativo) de los escribas juntaletras, aficionados radicales de uno y otro equipo, que tienen espacio en los medios de comunicación. Tan lamentables son los revanchistas que ahora desprecian el fútbol del Barça y todo lo que huela a blaugrana, amparados por un triunfo, como los despreciativos seres superiores que ningunean la forma de jugar del Madrid sólo porque ha ganado. El periodismo deportivo ya no existe, no os dejéis engañar.

Ahora sí, fútbol. Por favor. Justo vencedor el Madrid por casi todo, aunque su apuesta futbolística, la de Mourinho, no sea la mía en absoluto y no acabe de entender que un equipo de la talla del Real Madrid acabe usando armas de equipo pequeño y no las que realmente tiene cada vez que el rival es el Barcelona. Me asombra que haya tantas loas al técnico portugués cuando el Madrid ganó precisamente al alejarse de la propuesta inicial y apelando a su virtud histórica, la fe y el corazón. El Madrid salió a presionar como si el diablo se llevara su alma. De esta forma, y durante los primeros 45 minutos de la final, impidió que el Barcelona fuera capaz de pasar del centro del campo con su juego de toque. Las claras ocasiones de gol que tuvo el Real Madrid en el primer acto, tres o cuatro, fueron producto de esta presión a la defensa y los mediocentros culés, por lo que, con un poco de velocidad, el balón estaba ya en las inmediaciones del área de Pinto. Correr, presionar y robar. ¿Fútbol bonito? Para mí no, porque además esos 45 minutos fueron trabados, con muchas faltas, alguna que otra tangana y mucho fútbol subterráneo. Ahí el Madrid fue tan superior al Barcelona como el Barcelona inferior al Madrid. Esa es la lección táctica que se destaca de Mourinho, pero resulta que el resultado de esa pretendida paliza era de 0-0.

En la segunda parte, el Madrid pagó la factura de semejante esfuerzo físico (añadida a los 90 minutos del Bernabéu en Liga de cuatro días antes, con bastantes minutos con diez jugadores además) y el juego de toque del Barça se liberó de su único enemigo, la brutal presión madridista en la salida. Se veía venir y, la verdad, yo no hubiera dado un duro por el Madrid según pasaban los minutos. Así, como sucede siempre en los partidos del equipo de Guardiola, llegaron las ocasiones de gol. Y así sucedieron dos cosas más. La primera, que emergió un jugador que algunos, pocos afortunadamente, no saben valorar en su justa medida: Iker Casillas. A mí me parece el más grande portero de su tiempo, y me lo parece, al margen de sus debilidades (el juego con el pie o las salidas por alto), porque siempre está en los grandes momentos. En la final de la novena Copa de Europa del Madrid, en la final del Mundial, en los penaltis contra Italia y ahora en la final de Copa ante el Barça. Antológica su parada con la punta de los dedos del minuto 81. Ahí ganó el Madrid la Copa. La segunda, que al Barcelona a veces le puede su propia superioridad. Tiene tanta confianza en que el gol acabará llegando... que a veces se acaba el tiempo y no ha llegado.

Ahí se demuestra que las propuestas de Madrid y Barcelona son antagónicas. No tanto en el fútbol de toque o en el de presión, en el ofensivo o en el defensivo. El Barcelona gana porque es mejor. El Madrid gana aunque no sea mejor. Tan válida es una cosa como la otra. La primera despierta aplausos y elogios. La segunda, pura pasión. Evidentemente, la mejor propuesta sería el término medio, pero si hubiera un equipo capaz siempre de tener el 80 por ciento de la posesión, docenas de ocasiones de gol en cada partido, una capacidad de presión ilimitada, un corazón tan grande como un estadio y una ambición sin límites, los demás tendríamos que retirarnos. El caso es que la debilidad del Barcelona fue mayor que la del Madrid y por eso la Copa la ganó quien la ganó. El Madrid sacó fuerzas de donde no las había, pero también me choca que ganó el partido de la forma en la que no pensaba ganarlo. La táctica era balones largos y al centro, bien para que los bajara Adebayor, bien para que los corrieran Cristiano o Di María. Y ganó con una jugada elaborada, de toque y con una pared por la banda, con centro al segundo palo. El gol fue fútbol del bueno. No del presionante. No del físico. Curiosa contradicción. Y gol de Cristiano. Será lo que sea, pero me asombra que todavía algunos duden de su fútbol y de su capacidad de influencia en partidos importantes.

¿El debate sobre los estilos? Estéril porque siempre se hace en base a un resultado. Ahora se dice que la plantilla del Barça es corta, que le falta gol, que no tiene otra forma de jugar... ¿Qué diremos si acaba la temporada ganando la Liga y la Champions? Que es un equipo de leyenda. Marchando el resultadismo periodístico. Si el brazo de Casillas mide medio centíemtro menos, el análisis del mismo partido habría sido otro. El Barça pudo ganar con sus armas y habría sido igualmente digno de aplauso. Algunos hablan ahora de cambio de ciclo sólo por este partido. Repito la pregunta de antes. En abril no hay ganadores ni perdedores de competiciones que acaban en mayo. Por el otro lado, sacan pecho por la Liga. ¿Y la Copa? La ha perdido el Barça. Punto. No hay más. ¿Qué tendrá que ver la Liga para explicar la derrota en la final de Copa? ¿Y si el Madrid elimina al Barça en la Champions? Resultadismo, siempre resultadismo. Y así no se puede hablar de estilos. Lo gracioso es que llevamos tres días de sentencias absolutas cuando en apenas cinco días tenemos otro partido que puede cambiar los análisis. Y una semana después otro. En fin, felicidades a los madridistas, que además son mayoría entre mis amigos y me alegro mucho por ellos.

viernes, abril 15, 2011

Libertad de prensa

Hay formas y formas de entender la libertad de prensa. Para mí, la libertad de prensa supone una independencia de los medios de comunicación con respecto al poder. Exige que un profesional que tenga una noticia contrastada e interesante la pueda publicar sin temor a represalias, ni internas en su empresa ni externas de esos mismos poderes. Permite al periodista profesional exponer opiniones del signo que sea, siempre y cuando no sean irrespetuosas o se basen en mentiras o intereses partidarios. Esa libertad de prensa en la que creo está en peligro de extinción (¿extinta ya?) en los grandes medios de comunicación. Internet vino al rescate y con herramientas como los blogs los periodistas pueden (podemos) seguir diciendo lo que pensamos, contribuyendo a generar debate y a difundir hechos y opiniones que de otra forma no verían la luz. Evidentemente, hecha la ley está hecha la trampa y creado el instrumento de comunicación éste se puede contaminar igualmente con ese virus que cerca a la libertad de prensa, pero al menos tenemos una oportunidad más.

La libertad de prensa, por ejemplo, me permite lamentar la terrible paradoja de estos días. Carlos Iturgaiz es el protagonista de un libro escrito por Chelo Aparicio. A la presentación acuden José María Aznar, Mariano Rajoy y Jaime Mayor Oreja. La presentación tiene lugar en la Asociación de la Prensa de Madrid. Allí, en la supuesta casa de los periodistas, sólo Iturgaiz respondió a las preguntas de esos mismos periodistas. Hay temas sobre la mesa que un candidato a la presidencia del Gobierno, un ex presidente del Gobierno y un ex ministro del Interior y europarlamentario podrían contestar. Pero no las contestan. Sólo hay silencio. Fijaos si hay libertad en este país, que el gremio de periodistas acoge en su casa a gente que habitualmente no responde a sus preguntas. Al menos no a las de todos. Un episodio por desgracia no lo suficientemente recordado de Aznar fue cómo se achantó ante Luis del Olmo cuando éste, en directo, le pidió que le concediera una entrevista a su compañero y rival (por trabajar en otra emisora) Iñaki Gabilondo. Esa entrevista, obviamente, jamás se produjo y no precisamente porque Gabilondo no la pidiera.

Es un mal que aqueja a demasiados políticos, éste de no responder preguntas de la prensa, de limitarse a leer un papelito, hacer una declaración prefabricada o mandar un comunicado de prensa. Pero el PP es especial en esto desde hace demasiado tiempo y en todos sus centros de poder. No creo que todos sean iguales en este sentido, aunque no por eso los demás sean buenos manejando ese al parecer complicado concepto de la libertad de prensa. Sabido es que con Aznar en La Moncloa y Alfredo Urdaci como director de informativos, TVE recibió su primera y única condena por manipulación informativa. Sabido es que Telemadrid ha sido repetidamente denunciada e investigada por manipulación, y que no tiene rubor alguno en colocar el anagrama de ETA sobre el rostro del presidente del Gobierno porque conoce la impunidad absoluta de acciones tan despreciables como esa. Y esta misma semana hemos visto que, aunque ya la han retirado, el PP valenciano presentó una denuncia contra cuatro emisoras de televisión (por descontado, Canal 9 no es una de ellas) porque emitieron una pieza detallando que Francisco Camps se presenta a las elecciones autonómicas con once candidatos implicados en casos de corrupción.

Esa es la libertad, y no sólo de prensa, que se estila en la Comunidad Valenciana. La que llevó el pasado mes a ese mismo partido a pedir, afortunadamente sin éxito, la suspensión de una manifestación en contra de la corrupción. La que hace un año motivó que la Diputación Valenciana censurara la parte dedicada al caso Gürtel que integraba una exposición de fotografía en el Museu Valencià de la Il-lustració i la Modernitat (se retiraron diez fotografías un día después de que la exposición abriera sus puertas). La que hace de Francisco Camps un presidente que jamás se presta a una rueda de prensa abierta en la que los profesionales de la comunicación puedan cuestionarle sobre cualquier asunto que consideren de interés. Tenemos políticos que sólo hablan de lo que ellos quieren, cuando ellos quieren y con quien ellos quieren. Y, paradojas de la vida, la Asociación de la Prensa de Madrid les abre sus puertas para ello. Será cuestión de asumir que la libertad de prensa se puede entender de muchas maneras y que la exigencia de atender a un periodista no la tienen tan clara como yo, ingenuo de mí, personajes que ostentan o han ostentado cargos públicos.

viernes, abril 08, 2011

Medidas recaudatorias... o no

Cuando el Gobierno aprobó la reducción de la velocidad máxima en carretera a 110 kilómetros por hora, todo el mundo se apresuró a dar su opinión. Ya sabéis que no eres nadie en este mundo si no tienes una opinión clara, contundente y aleccionadora de todos los temas posibles (y mucho menos podrás ser alguien si no te posicionas claramente en un bando... o contra el otro, que para el caso es lo mismo). No fue el único argumento que se utilizó, pero creo que el que quedó más claramente establecido entre los detractores de esta medida es que el Gobierno tenía un único y exclusivo afán recaudatorio, que se iban a poner multas con mucha más facilidad, que era una de esas muchísimas leyes que están aprobando todos los gobiernos (pero más que ninguno los municipales) para sacar dinero de debajo de las piedras en esta época de crisis. Resulta que ahora salen los datos del primer mes de funcionamiento de la norma. Y resulta que la recaudación por multas de tráfico no sólo no ha aumentado, sino que ha descendido ¡¡¡un 47 por ciento!!! El argumento queda invalidado de un plumazo.

Por supuesto, esto es España, así que nadie de entre quienes se significaron tanto criticando el afán recaudatorio de la medida ha salido a pedir perdón y admitir que estaba profundamente equivocado en sus predicciones. Duele demasiado, por lo visto, eso de asumir un error, Viene a ser algo parecido a lo que ya sucedió con la ley antitabaco. Decían los agoreros que podía costar hasta 100.000 puestos de trabajo y una pérdida de la facturación de un 20 por ciento en el sector hostelero. Esas predicciones (no sé si esa es en realidad la palabra más adecuada para referirme a ellas) se han revelado aún más falsas, pues en los dos primeros meses del año ha crecido muy levemente el empleo en el sector, y eso a pesar de que el paro sigue disparado. El caso es que los pronósticos más agoreros encuentran siempre un eco desmedido en los medios de comunicación contrarios a quienes aprueban las normas. Nada nuevo ahí por descubrir. La prensa ya no actúa como cuarto poder, sino como oposición al poder que no nos gusta. ¿Pero se cree la gente todo lo que lee de aquellos que al parecen son de los suyos? Parece que sí. Preocupante.

El caso es que aquí funcionan mal demasiadas cosas. No es posible presentar informes de predicciones que se equivocan con tantísimo margen y que no pase nada, que nadie deje su cargo por pura incompetencia o que no haya desmentidos tan claros como el informe equivocado anterior. No puede ser que los medios de comunicación sigan insistiendo en publicar grandes titulares apocalípticos con la opinión de alguien sin contrastarla, sin matizarla, sin contextualizarla, sin investigarla. Y, desde luego, ya va siendo hora de que recuperemos el espíritu crítico con los mensajes que vienen incluso de fuentes que valoramos. Porque nadie tiene la verdad absoluta ni hay que estar totalmente de acuerdo con lo que dicen los nuestros. Es lícito criticar el nuevo límite de velocidad por muchas razones, por supuesto. Por el afán recaudatorio no. Como tampoco la ley antitabaco por la pérdida del empleo que iba a generar al parecer. Pero el debate de ambas cuestiones fue hace meses y la crítica hacia el Gobierno ya ha quedado marcada y establecida, por mucho que los datos desmientan después a tanta gente. ¿Cómo se arregla eso? Leyendo y pensado. Siempre leyendo y pensando.

viernes, abril 01, 2011

ETA, gobiernos y mentiras

Vamos a empezar por una cuestión de base, pero espero que leáis hasta el final porque todo tiene su importancia. Creer a ETA me parece despreciable. Utilizar como argumento en la contienda política o periodística lo que diga un etarra me parece deleznable. Son asesinos, terroristas, mafiosos. Harían cualquiera cosa para conseguir sus objetivos y disfrutarían viendo a los demócratas enfrentados por algo que ellos digan o hagan. Sólo creen en su causa, en su "problema político", en su lucha armada y en su ideología cerrada y anquilosada en el pasado. No quieren hablar, dialogar, pactar o razonar. Son terroristas. No me importa quién use un argumento de ETA para defender sus posiciones, pues quien lo haga, sea quien sea, contara desde ese instante con mi antipatía en ese debate. Diría que incluso queda moralmente descalificado para hablar sobre esa cuestión.

ETA puede decir la verdad, claro. Pero si hay un demócrata o un gobierno que dice lo contrario, yo creeré siempre al demócrata. Por eso creí sin dedicarle un segundo de reflexión a Ángel Acebes, el 11 de marzo de 2004, cuando dijo que los atentados de aquel día los había cometido ETA "sin ninguna duda". Prefiero el sonrojo posterior por la actitud de un demócrata, sobre el que ya recaerá mi juicio y el de los ciudadanos, que creer a una banda terrorista. Me parece la única actitud probable y defendible en estos casos, gobierne quien gobierne y diga lo que diga un terrorista.

Esta reflexión surge por una frase: "ETA mata pero no miente". Si la buscáis en Google, veréis que ahora son muchas las páginas en Internet que se la achacan al ahora ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba para desacreditar su desmentido a las actas de ETA sobre la negociación con el Gobierno socialista de hace unos años. No hay en ninguna de esos informaciones más entrecomillado que ese. Algunas dudan de la fecha en que se dijo la frase, otras la reproducen con vaguedad. Quienes más precisan dicen que esa frase surgió en la comparecencia de Rubalcaba del 13 de marzo de 2004, dos días después de los atentados del 11-M y apenas unas horas antes de que se abrieran los colegios electorales para votar en las elecciones en las que José Luis Rodríguez Zapatero se convirtió en presidente del Gobierno.

Lamento decir que no tengo el tiempo ni los medios para comprobar por completo si Rubalcaba ha pronunciado esa frase a lo largo de su vida, pero sí puedo deciros que no lo hizo aquel día. Tengo en la pantalla el teletipo que dio Europa Press con toda la intervención de Rubalcaba. He revisado en Internet las hemerotecas de ABC y El País. Nadie destaca esa frase. Y convendréis conmigo es que, si la hubiera dicho, era un titular espectacular. Pero ni Europa Press, ni El País, ni ABC la menciona. Rubalcaba dijo que "los españoles se merecen un gobierno que no mienta". Eso sí. Pero esa frase sobre ETA, no.

Pero la frase es real. Yo la recordaba con indignación. No de aquellos días, en los que trabajé intensamente (porque entonces escribía información política) y en los que me tuve que leer todo teletipo relacionado con el 11-M que se publicó para construir mis propias informaciones. No tenía recuerdo alguno de que Rubalcaba lo dijera, y la hemeroteca me da la razón. Pero alguien sí ha dicho esa frase. Alguien que fue ministro del Interior. Su autor fue Jaime Mayor Oreja, el mismo años antes proclamó que "estaría dispuesto a sentarme con ETA" (Diario de Sevilla, 30 de enero de 2000). La dijo en una entrevista concedida a Telemadrid el 10 de julio de 2006. Creo recordarla de antes y en algún siito se menciona que la frase no la acuñó aquel día, pero no he conseguido ubicar esto en el tiempo y por ello me limitaré a lo que pueda probaros, en contra de la actual práctica periodística de nuestro país.

Mayor Oreja dijo esa frase como respuesta a una información del diario Gara según la cual el Gobierno (ya de Zapatero) y la banda terrorista llegaron a un acuerdo con garantías en febrero de 2006. "El criminal no necesita mentir porque el crimen es la mentira más cruel de todas las posibles. Y yo me lo creo porque está en la lógica del proceso". Aquel día, Mayor Oreja aseguró tajantemente que la legalización de ETA y la anexión de Navarra se iban a producir antes de las elecciones municipales de 2007 y la concesión a los vascos del derecho a decidir antes de las generales de 2008. Hechos probados, ya veis.

"ETA mata pero no miente" es una de las frases más graves que yo le he escuchado pronunciar a un demócrata. Razonarla me parece incluso peor. Lapidar a otro, de opuesto signo político, por decir esa frase cuando nadie reaccionó al pronunciarla uno de los suyos, tendría que ser perseguible en un juzgado. Pero encima montar toda esta trama para derribar a Rubalcaba basándose en una afirmación que nunca llegó a pronunciar, y que haya gente que se lo creo, es directamente es signo de extrema pobreza democrática.

Insisto en que no puedo decir que Rubalcaba no haya dicho nunca la dichosa frase. No voy a revisar todas las declaraciones públicas del ahora vicepresidente porque ni tengo el tiempo ni los medios. Pero aquel día no lo dijo. Tengo los dos teletipos completos que he mencionado aquí. Si alguien los quiere, se los puedo mandar. Porque no me importa a quién votéis. No me importa la opinión que tengáis de Rubalcaba, de Aznar (cuyo caso me parece más sangrante, porque cree a ETA antes que a un Gobierno habíendo sido jefe del Ejecutivo), de Mayor Oreja o incluso de ETA. No me importa que estéis convencidos de que hay que condenar al ministro del Interior por el caso Faisán o de todo lo contrario. No me importa en absoluto. Pero no dejéis que os mientan de una forma tan descarada. Esto es mentira. Rubalcaba no dijo la frase. Mayor Oreja sí.

domingo, marzo 27, 2011

La visión del aeropuerto de Castellón

En la temporada 2004-2005, el Villarreal Club de Fútbol comenzó a lucir en sus camisetas una nueva publicidad, que sustituía, qué cosas, a la de Terra Mítica ("un ejemplo de libro de cómo se utilizaron las cajas de ahorro en la Comunidad Valenciana, fundamentalmente durante la época de Eduardo Zaplana al frente de la Generalitat, para que financiara determinados proyectos ideados desde el Gobierno autonómico", según publicó Cinco Días el 30 de junio de 2010). La nueva decía "Aeroport Castelló". Ingenuo que era uno hace siete años (a ojos de muchos lo sigo siendo, y probablemente no les falte razón), uno se preguntó si había aeropuerto en Castellón, pues no le sonaba que lo hubiera. No lo había, no. Estaba en construcción. Hace tres días, siete años después de que comenzara a publicitarse en las camisetas de un equipo de fútbol, el aeropuerto tuvo su fiesta de inauguración, que no su inauguración. Parece lo mismo, pero no lo es. A una fiesta de una inauguración, uno va de fiesta. A una inauguración, uno va a inaugurar. Fiesta hubo, inauguración no.

Dejando de lado la interesantísima y colateral cuestión a debatir sobre el nulo efecto de hacer publicidad de algo de lo que no se puede sacar beneficio y de quién y por qué la está pagando, que podría dar para líneas y líneas, me voy a quedar en ese matiz que decía antes de la inauguración. Y es que resulta que el Aeroport de Castelló, que ha costado nada menos que 150 millones de euros, no es todavía un aeropuerto como cualquier persona normal podría entenderlo. De nuevo dentro de mi ingenuidad, yo tenía claro que un aeropuerto era un lugar en el que despegaban y aterrizaban aviones que llevaran en su interior personas o cargo, un centro de comunicación que facilitara la vida a la gente y permitiera el comercio entre puntos lejanos. Esos son los aeropuertos que yo he utilizado en mi vida y los que salen en las películas también. Pero no. Resulta que ahora un aeropuerto no necesita esos pequeños detalles para ser un aeropuerto. En el de Castellón no hay aviones ni, por tanto, pasajeros. ¿Sabéis por qué? Porque no tiene permiso de navegación. Pero se inaugura, porque no hace falta ya que algo entre en funcionamiento para que sea inaugurado. Detallito sin importancia, claro.

¿Por qué se inaugura entonces? Sencillo. En la placa que ya presidirá este aeropuerto para siempre (siempre me ha encantado el contradictorio dilema de saber cuánto dura un "para siempre" y confío en que algún día alguien le ponga fecha de caducidad a este "para siempre" concreto) aparece el nombre de Carlos Fabra, presidente de la Diputación de Castellón, un tipo que abandona la política con las próximas elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo de este mismo año. Qué cosas. Se acerca un llamamiento a las urnas y se dispara la inauguritis política a un ritmo desenfrenado que estos días alcanza su cúspide en tierras valencianas y madrileñas, dos de las tres piezas de aquel eje del bienestar en el que se autoproclamaron reyes los dirigentes del PP (cuya tercera pieza era Baleares). Y bienestar hay, ya lo creo que sí. Pero en este aeropuerto no para los pasajeros. Veréis, si este Aeropuerto de Castellón por el que no pasan aviones registra pérdidas en los próximos ocho años, las pagará el Gobierno valenciano. O, lo que es lo mismo, las pagarán los valencianos y los españoles. Los de a pie. Los que tienen nómina. Los que pagan impuestos. ¿Por qué? Eso ya sí que no lo puedo explicar.

El caso es que a la fiesta de inauguración acudieron unas 1.500 personas, llevadas hasta el lugar de la fiesta en decenas de autocares (¿quién los pagó?). 1.500 personas que, según presumo por las imágenes y declaraciones que se vieron en televisión, serán enfervorizados seguidores y votantes de los maestros de ceremonias, el propio Fabra y el presidente valenciano, Francisco Camps. Ellos mejor que nadie describieron la situación. Fabra aseguró que la inauguración de las instalaciones en estos términos se hacía para que "cualquiera ciudadano que lo desee pueda visitarlas y pasear por ellas, cosa que no podría hacer si fueran a despegar aviones". De perogrullo. "Eres un visionario", le dijo Camps a Fabra. Cuánta razón. ¿Quién, si no un visionario, podría construir un aeropuerto de 150 millones de euros, sin permisos de navegación, sin aviones y con pérdidas sumadas a las cuentas públicas durante casi una década? "Dicen que la semana que viene hay un avión", decía una de las mujeres que asistió a la fiesta. Si lo dicen, será verdad. Y si no, la culpa será sin duda de Zapatero.

domingo, marzo 20, 2011

¿Hacia dónde vamos?

Estamos en unos tiempos en los que la pregunta más lícita que cabe hacerse es hacia dónde vamos. No importa ya, o al menos no tanto como hace no mucho tiempo, tener razón o estar en el bando correcto, porque ya ni la razón es una ni los bandos están tan bien definidos entre buenos y malos. En esa situación, a mí lo que me importa es hacia dónde vamos. Leer un periódico, ver un informativo en televisión, escucharlo en la radio o buscar páginas de información en Internet se está convirtiendo en un ejercicio de desesperación sin precedentes. Nos rodean guerras, catástrofes, accidentes, explosiones, asesinatos, dictadores, violencia, crisis... Ya no recuerdo cuándo fue la última vez que me llegó una última noticia positiva de verdad, con trascendencia humana o social. Y lo que me pregunto es si la dirección que llevamos se puede enderezar o si estamos engordando para morir.

Ya no sé si podemos evitar que un loco se ponga al frente de un país y amenace con borrar a no sé cuánta gente de la faz de la tierra. Ya no tengo claro si hemos llegado a un punto en el que no hay posibilidad de nutrirnos con una energía que no supongo un peligro en cuanto un operario se queda dormido. Ya ni siquiera soy capaz de decidir si estoy poniendo en riesgo mi integridad física por decirle al patán que se sienta a mi lado en el teatro que no es de buena educación hablar por el móvil mientras uno intenta contemplar un espectáculo. Y si no lo sé, además de por la muiltiplicación de comportamientos sospechosos, es precisamente por la ignorancia que nos rodea, precisamente en el momento de la Historia en que la información es más accesible y barata que nunca. Datos y hechos que dicen una cosa y la contraria (¿es posible la existencia simultánea de dos hechos contradictorios?) hacen imposible tener nada claro. Yo, al menos, estoy empezando a creerme aquella sentencia clásica de Sócrates, su "sólo sé que no sé nada".

Y como nada sé, lo que me pregunto es hacia dónde estamos yendo sin darnos cuenta (¿o sí nos damos cuenta?). Las debacles mundiales se acumulan sin solución de continuidad. Y no veo a nadie capaz de detener esta deriva en la que se ha metido el ser humano. Superman no existe y las profecías apocalípticas se multiplican, mientras cada individuo parece únicamente interesado en ganar tiempo y dinero para sí mismo. El egoísmo se lleva por delante hasta las decisiones correctas y uno ya no sabe si atacar a un dictador es lo correcto o lo que conviene a algún dirigente político de algún lugar de este mundo que habitamos. Pero no hace falta ponerse en plan apocalíptico o trascendental. Uno desciende a la tierra y no deja de ver comportamientos absurdos, deleznables, egocéntricos y egoístas. El de al lado ya no importa, sólo uno mismo. Y así, a gran escala, tenemos lo que tenemos.

¿Hacia dónde vamos? No tengo ni idea. Pero no me gusta el camino.

viernes, marzo 11, 2011

Niccó

Nunca había visto Operación Triunfo. Bueno, sí, había visto algún programa casi entero de aquella primera edición en la que destacaron Bisbal, Chenoa, Rosa y Bustamante. Pero nunca había visto una edición completa. La de este año la he visto. Sí, la he visto, no me miréis con esa cara, que ya sé que es algo que no me pega. Pero no me avergüenza lo más mínimo decirlo. ¿Por qué tendría que avergonzarme? ¿Porque Telecinco es una cadena infame desde demasiados puntos de vista? Sí, lo es. ¿Porque el programa estuvo muy mal hecho, planificado y emitido? Indudablemente. Pero esta vez tenía una buena razón para verlo. Una razón inmejorable. Y esa razón tiene nombre. Se llama Niccó y tiene la extraña habilidad de conseguir que cualquier cosa que cante se quede en mi cabeza y empiece a sonar en los momentos más insospechados. Siempre con su voz. Ni con la de Beyoncé, ni con la Paulina Rubio, ni con la de Kylie Minogue, ni con la de Ana Torroja. Nada. Con la voz de Niccó. Con la inconfundible voz de Niccó.

Para quienes no siguiérais el programa, os cuento lo que pasó. Telecinco lo hizo tan rematadamente mal que acabó por cancelar Operación Triunfo después de sólo seis galas. En ellas, Niccó cantó Pack Up, Singles Ladies, I Don't Feel Like Dancin', Sonrisa, All The Lovers y Causa y efecto. Su trayectoria la podéis ver aquí. Sobra decir que en todas ellas me encantó. No eran canciones para ella, no pegan con su voz ni con su estilo. Pero las hizo suyas, las defendió admirablemente, y cuando compartió escenario siempre fue mejor que sus compañeros de actuación. Fueron cinco semanas de programa, más una anterior emitiendo los castings, cuando OT tendría que haber durado tres meses. Tenía una audiencia de unos dos millones de personas, pero siempre iba por detrás de la competencia, de La 1 y de Antena 3. Así que cancelaron la emisión del programa, la formación de los cantantes y nombraron un ganador, Nahuel. Y escogieron a seis de ellos para que siguieran compitiendo en Internet, grabando una canción y sometiéndose al voto de la gente a través de la red. El premio es una carrera discográfica. Y para tratar de conseguirla Niccó grabó esta canción, Don't Stop The Music.



¿Que por qué os cuento esto? Porque para decidir cuál de los seis cantantes que escogieron en la gala final grabará un disco se requiere la participación de la gente a través de Internet. Gente como vosotros y gente que accede a Internet como vosotros. Y yo quiero que Niccó tenga un disco. Quiero escuchar todas sus canciones, pero esta vez las suyas. No las de otros. Las suyas. Porque se lo merece, porque tiene mucha música dentro que sacar, porque es una persona excepcional antes que una cantante excepcional. Y porque vale mucho. Muchísimo. Así que, amigos míos, me temo que esta entrada tiene como fin pedir que votéis por ella para que gane este concurso en Internet que da continuidad al Operación Triunfo que emitieron por televisión. ¿Que cómo podéis hacerlo? Muy fácil. En esta página os dan las instrucciones. Pero votad por ella, que no tardáis más que un minuto en daros de alta. Y tendréis mi agradecimiento por cada voto, claro.

domingo, marzo 06, 2011

Exposyfy en Madrid

La Real Fábrica de Tapices de Madrid acoge hasta el próximo domingo día 13 de marzo una pequeña, muy pequeña, exposición de objetos relacionados con el cine fantástico. La muestra, denomina Exposyfy, se puede visitar de forma gratuita de lunes a sábado de 11.00 a 21.30 horas y el domingo de 11.00 a 13.30. Aunque insisto en que es una colección bastante reducida, será del gusto de cualquier aficionado a este tipo de cine, porque se pueden ver reproducciones de Iron Man, varias cabezas, el brazo y el exoesqueleto de Terminator, un casco de Darth Vader recubierto de cristales, el osito de A.I. Inteligencia artificial, el bastón de Yoda en El Imperio contraataca, el de Biff Tannen en Regreso al futuro, bocetos de películas de Tim Burton como Eduardo Manostijeras y Batman vuelve, la cabeza de Tom Cruise en Entrevista con el vampiro, algunos diseños de X-Men o Depredador, la matriz de Transformers, uno de los trajes de Damien en La profecía y algún objeto interesante más. Las sombras en las fotos no son culpa mía, las hice todas sin flash, pero la iluminación del lugar no estaba pensaba para el lucimiento fotográfico. A pesar de la modestia de la colección, sin duda merece la pena.

miércoles, marzo 02, 2011

"La noticia que todo periodista hubiera querido dar"

Ana Rosa Quintana siempre ha sido especial. Desde el famoso asunto de su libro (nótese la cursiva en el posesivo), tengo que reconocer que me quito el sombrero día tras día al ver que, cuando un asunto así habría enterrado al 99 por ciento de los profesionales de este país, sigue apareciendo en televisión. Bueno, no es que lo vea personalmente, pero en la parrilla de televisión sigue apareciendo su programa y que lo cancelaran supongo que se merecería cierto espacio en la prensa como para que me hubiera enterado. Ahora vuelve a estar de actualidad por haber conseguido "la noticia que todo periodista hubiera querido dar". Así calificó ella misma la confesión en directo, en su programa, que hizo Isabel García, esposa del todavía presunto asesino de la pequeña Mari Luz, Santiago del Valle. Y sí, claro que es la noticia que a cualquier le hubiera gustado dar. Pero dicho así a mí me parece un ajo y agua de lo más vulgar, un "os aguantáis que la he dado yo en mi programa y no vosotros en los vuestros". Es lo que hay, es la prepotencia del que se siente ganador, de quien considera que toda crítica que se le pueda hacer se debe a que tenemos envidia de sus logros.

Mucho se ha hablado en estos días de ese vídeo que colgó El Mundo en su página web en la que se ve sólo una pequeña parte de esos tres años de trabajo de los que presumía Ana Rosa. Una parte oscura y denigrante (del "no más cámaras" hasta que se apaga la que graba este vídeo pasa un minuto y medio). Poco más puedo añadir a lo ya dicho por tanta gente. Sólo un pequeño detalle. Un recuerdo cinematográfico. El dilema. Frost contra Nixon. Cuando vi esa película, un escalofrío me recorrió la espalda cuando vi la larga escena de la entrevista... y cuando llega el momento de la confesión de un ex presidente de los Estados Unidos. Cuando la vi, pensé que eso es hacer periodismo. Y me muero de envidia sabiendo que hay gente que vio eso mismo en el mundo real. Porque Frost es real. Porque Nixon es real. Porque aquella entrevista fue real. La confesión fue real. Y está en ese lugar donde todo parece estar, Youtube. Si a alguien le interesa, puede buscarla completa, porque engancha. Porque eso es periodismo. Eso es conseguir una confesión de igual a igual, sin necesidad de aprovecharse de la ingenuidad, la estupidez o la defienciencia mental de una persona. Eso fue conseguir la noticia que todo periodista quería dar. Pero hay manera y maneras de conseguirlo. ¿Que Ana Rosa está orgullosa de la suya? Mejor para ella.

Yo no lo estaría. Yo no creo que haya que aprovecharse de las personas para dar noticias. Yo no creo que merezca la pena mentir descaradamente a nadie para publicar una exclusiva. Yo no creo que el periodismo pueda ejercerse sin límites humanos. Yo no creo que esto sea una noticia de la que enorgullecerse por la forma en que se ha conseguido. Yo no creo que esto sea periodismo. Yo creo que hay que afear públicamente la conducta de quienes actúan así, aún a riesgo de que me califiquen de envidioso por no tener un triunfo que nunca querría. Y me da igual si el responsable es Telecinco, la productora Cuarzo, Ana Rosa Quinta, la redactora que aparece en el vídeo o cualquier otro que nos saquemos de la manga. Yo no sería capaz de dormir a gusto sabiendo que me he aprovechado de una persona para sacar una noticia. Pero lo que me duele de verdad es que, aunque ahora muchos se rasguen las vestiduras, mucha gente no está de acuerdo conmigo. No lo están muchos de los que ahora se han sumado al carro de las políticamente correctas críticas a este asunto. No lo están, no. Cada cierto tiempo sale una polemiquilla de éstas. Y los pasos son los mismos. El autor se enorgullece, los contrarios se escandalizan, hablamos del tema un par de días y después llega el olvido. Hasta la siguiente.

Me cansa. Me cansa mucho que el periodismo siga funcionando así sin que nadie haga algo.

miércoles, febrero 23, 2011

Imposibles e improbables

Soy un firme convencido de que los imposibles existen. No creáis que eso me convierte en alguien pesimista, ni mucho menos. Es decir, que no me planteo que todo sea imposible y, desde luego, no me amparo en esa excusa para justificar un fracaso o no haber conseguido un objetivo. No, no es eso. Simplemente creo que hay cosas que no pueden suceder jamás, bajo ninguna circunstancia. No se dan las condiciones para ello, nada más. Cierto es que a veces el término se usa con cierta ligereza y se utiliza (lo utilizo) para situaciones que no son realmente imposibles. Son difíciles o improbables, pero no imposibles, por mucho que se escape esa peligrosa exclamación proclamando que "¡eso es imposible!". Aún así, sigo creyendo que los imposibles existen. Es más, creo que es absurdo negar su existencia. Queda muy bien en el lema para una marca de prendas deportivas, pero no en la vida real. Porque en la vida real hay imposibles. Seguro que todos tenéis alguno en mente.

Hace algunos años, mantuve una conversación sobre este asunto. Mis interlocutores no compartieron mi punto de vista e incluso acabaron bromeando sobre mí (¿conmigo?) hasta el punto de poner en mi boca un "yo nunca" al referirse a cualquier cosa que no me entusiasma hacer. Por ejemplo, en su momento de auge (y caída de la independencia del ser humano) no me gustó la idea de tener que hacerme con un teléfono móvil y eso se convirtió en "yo nunca voy a tener un teléfono móvil". Que sea imposible que yo me emborrache, porque no me gusta el alcohol, se convirtió en "yo nunca voy a probar el alcohol". Y varios ejemplos más con los que no os voy a aburrir. Pero esas frases hechas con las que me etiquetaban no eran imposibles, no. Eran improbables. O simples recursos de pataleo ante la evidencia de un futuro que no tardaría en venir (sigo sosteniendo que la gente con móvil ya no sabe vivir con la gente sin móvil y en las bodas no me dejan brindar sin alcohol).

El caso es que sigo viendo imposibles en la vida que me rodea. Pero algunos improbables ya no son tan firmes. Y es que no hay nada como encontrar la motivación necesaria para hacer cosas en las que uno no se ve. Más de un improbable me he tenido que comer en las últimas semanas. ¿Y sabéis qué? Lo he disfrutado porque la gente que se ha beneficiado de mi flexibilidad de planteamientos se lo merece. Mucho. Así sienta de maravilla darse cuenta de que algunos improbables pueden ser dulces. Y creo que todavía me quedan unos cuantos improbables por tachar de la lista...

lunes, febrero 14, 2011

A quien corresponda...

... feliz día de San Valentín.


(Las fotos son mías, los mensajes de otros).

viernes, febrero 11, 2011

Dictaduras y otras ligerezas del lenguaje común


"Esos judíos... Siempre sacan más dinero. (...)Trabajé muy duro para ese ascenso y se lo dan a un judío cualquiera. ¡Maldita sea, qué más quieren, si son los dueños de todo! (...) ¿Arabes? ¿Qué diablos es eso? Un negro envuelto en una sábana? (...) Voy a deciros una cosa. No se lo que pasa en este país, pero cada vez es más difícil ganarse la vida. ¿Y sabéis por qué? Os diré por qué. Por culpa de los judíos, por los negros, por los orientales...".

En los límites de la realidad (1983, segmento de John Landis).

Este primer relato de la película que Steven Spielberg produjo basada en la clásica serie de televisión The Twilight Zone se hizo famoso por un accidente durante el rodaje que le costó la vida a tres personajes, incluyendo al actor Vic Morrow, y eso limitó el alcance de lo que realmente contaba. Es la historia de un americano racista y de mal humor porque le han dado un ascenso que esperaba a un judío. Como en el bar en el que se encuentra con dos amigos empieza a demostrar que sufre de incontinencia verbal para expresar sus ideas a los cuatro vientos y esas incluyen ofensas hacia todo el que no es como él, un negro se levanta y le dice que si no se calla habrá problemas. Cuando el tipo sale del bar, ha cruzado los límites de la realidad y se encuentra en medio de la Alemania nazi. Y él es el perseguido por los soldados alemanes. Él es entonces el judio.

Siempre me acuerdo de esta película cuando escucho a alguien que habla con mucha ligereza de dictaduras, nazis, fascistas y terroristas. Cuando me topo con gente que habla con una total despreocupación de cosas que no sabe lo que significan o lo que representan. Soy de una generación que ha vivido siempre en libertad, que no ha padecido guerras o regímenes totalitarios. Que los ha visto sólo en películas o libros de historias. Ese, por desgracia, parece ser un rasgo de quienes idolatran a dictadores caídos o muertos o de quienes utilizan estos términos para referirse a personas que nada tienen que ver con aquello con lo que se les quiere equiparar. Eso se ha visto en algún que otro politiquillo actual, que cree que llamando nazi o terrorista a otro dirigente político está ganando votos. Y a lo mejor es verdad, pero al mismo tiempo está demostrando su estupidez. Por si alguien de verdad no lo sabe, desde 1975 no hay ningún régimen dictatorial en España. Los terroristas son los que matan, coaccionan o extorsionan en nombre de unas pretendidas ideas políticas. Los demás no somos ni defensores de una cosa ni practicantes de la otra. Por mucho que haya gente que se llene la boca con grandes palabras.

Y entonces escucho a un tipo que se llama José Eugenio Arias-Camisón. Es dueño de un restaurante en Marbella. Y el 2 de enero decidió que quería saltarse a la torera la nueva ley anti-tabaco que entraba en vigor ese día. En poco más de un mes, se lo ha pasado bomba dando declaraciones a todos los medios de comunicación que han querido darle cancha y su caso ha saltado a la fama porque había colocado unos carteles en los que anunciaba que, en contra de lo que dicta la ley, en su restaurante sí se puede fumar. Sí, José Eugenio Arias-Camisón es uno de esos tipos que hacen que me acuerde de ese segmento de En los límites de la realidad. Por supuesto, tras más de un mes de incumplimiento reiterado de la ley le han clausurado el local y pesa sobre él una amenaza de multa de 145.000 euros. Parte de su respuesta es ésta: "Esto es un atropello, una dictadura asquerosa que no había ni en los tiempos de Franco. (El Gobierno es) dictatorial, rojo, marxista y terrorista. No pueden hacer lo que quieren, son unos ladrones. Tienen dos caminos, o me matan o me meten en la cárcel".

Veamos. Estamos ante un señor que se salta la ley, pero eso le parece bien. Dice que el Gobierno es "ladrón", "terrorista" y "dictatorial", y decir eso le parece igualmente bien. Compara esos términos con "rojo" y "marxista", y ya no sé si es que eso le parece bien o es simplemente una evidencia de incultura e ignorancia. Y nos ofrece dos alternativas que sí son propias del régimen en el que se cree vivir, eso sí. Lo malo es que, para su decepción, no son las alternativas que le ofrece la vida real. Porque, afortunadamente, la Ley sirve para evitar que tipos con esas ideas nos digan lo que tenemos que hacer. Si uno se salta un texto legal, sea el que sea, hay previstas unas sanciones. Y eso, nada más y nada menos que eso, es lo que le va a pasar a este buen señor. Es curioso que una de las respuestas que anuncia este señor es que, si le obligan, cerrará su local y despedirá a las 16 personas que emplea en estos momentos. Y yo que pensaba que los hosteleros rebeldes estaban preocupados precisamente por sus empleados cuando decían que la ley anti-tabaco iba a menguar su volumen de negocio. Va a ser que no.

A partir de ahí, yo creo que ya va siendo hora de que los medios de comunicación hagan examen de conciencia y dejen de dar voz a gente que lo único que sabe es descalificar, gratuita e injustificadamente, a todo el que no piensa como él. Démosle voz si lo que quiere es defender sus ideas, pero no cuando lo único que sale de su boca es el insulto permanente. Hay muchísimas formas de luchar contra una ley que creemos injusta, y negarse a su cumplimiento con premeditación y publicidad no es una de ellas. Un tipo que se permite el lujo de insultar a todos los que no le respaldan (somos, dice, unos cobardes) o a un gobierno que, le guste o no, ha sido elegido democráticamente, un tipo que viola simplemente porque no le gusta una decisión adoptada por los representantes de la sobernía popular, pierde el derecho a ser escuchado. Y, ya que estamos, podríamos dejar de utilizar términos como "rebelde" para definir a este señor. No es rebelde quien no paga impuestos, quien roba un banco, quien se salta los límites de velocidad o quien le parte la cara al primer tipo que pasa por la calle. Tampoco quien se salta esta ley. ¿O es que hay leyes vinculantes y leyes no vinculantes?

Yo creo que ha llegado el momento de dejar de hablar de este asunto, porque al final da la impresión de que se glorifica a quien busca sus cinco minutos de gloria. Es un hecho que la ley anti-tabaco la cumple la mayoría de la gente. Creo, porque nadie ha informado de lo contrario y todos los sectores profesionales son muy dados a quejarse cuando las cosas les van mal y no cuando se están enriqueciendo, que los miedos de que la hostelería se iba a resentir eran falsos (yo, desde luego, no he visto menos gente en locales en los que hace sólo un par de meses me ahogaba con el humo). Creo que la amplísima mayoría de los fumadores ha entendido la nueva situación y, como hacemos todos en cada ocasión, ha buscado fórmulas para hacer de forma legal lo que realmente quiere hacer, porque el que quiere fumar puede seguir haciéndolo. Y creo que el día que dejemos de hablar de estas cosas con la singularidad que le estamos dando ahora, tipos como José Eugenio Arias-Camisón dejarán de salir en los medios.

miércoles, febrero 02, 2011

Periodistas publicitarios



Otro anuncio más de Sara Carbonero. En esta ocasión es el rostro que da a conocer las bondades del nuevo Ford Focus. Cada vez que veo un anuncio con la cara, el cuerpo, la voz y el nombre de un periodista me asalta el mismo debate. ¿Debe un periodista venderse a una marca comercial? ¿Es lícito que un informador profesional lance mensajes publicitarios y no periodísticos? Sinceramente, creo que no. Quien cobra de una empresa por anunciar un producto o servicio desempeñando al mismo tiempo la profesión de periodista suele negarlo, pero la credibilidad se resiente. Para mí el argumento es simple. Si estás dispuesto a pregonar el mensaje de una marca a cambio de una cantidad de dinero, cruzas una frontera que choca directamente con la información que ofreces a un espectador, a un oyente o a un espectador. En el caso concreto de Sara Carbonero, podría decirse que ni Ford ni Pantene (por citar otro de sus anuncios) entran en su campo profesional (que hoy es la información deportiva), y ahí encontramos una interesante barrera a mi argumento. Sin embargo, ella misma ha dicho en más de una ocasión que sueña con presentar un informativo. ¿Cómo daría entonces una noticia negativa sobre Ford?

Para que el debate no se centre en Sara Carbonero, que demasiado se ha hablado ya sobre ella (y por desgracia se seguirá hablando, con o sin motivo), recordemos que son ya unos cuantos los periodistas que han sucumbido a la magia (y al dinero) de la publicidad. Por ejemplo, Matías Pratas fue la imagen de ING Direct durante muchos años (no es éste el mejor anuncio de los que hizo, pero sí uno para ver qué clase de personaje público sí está llamado a protagonizar campañas publicitarias) y ahora mismo todavía se emite un anuncio de Jazztel con David Cantero como protagonista.





La pregunta que se me ocurre para estos dos casos es la misma. ¿Cómo darían estos periodistas una noticia que afectara a estas empresas? No estoy, por supuesto, acusando de nada a Prats y Cantero, porque desconozco si se han visto en la tesitura de tener que informar sobre ING o Jazztel. Pero sí digo que es una situación compleja. Para ellos y para el espectador. Y todo viene motivado porque no terminamos de entender la responsabilidad que debe de tener el periodista. Hay terrenos en los que no tengo muy claro que sea ético entrar, y creo que el de la publicidad es uno de ellos porque puede provocar conflictos de interés. Evidentemente, es lícito que hagan los anuncios que quieran, que ganen dinero como les venga en gana y que aprovechen su imagen como consideren oportuno. Pero yo no termino de verlo claro. Como tampoco veo con buenos ojos el salto del periodismo a la política y vuelta a empezar de gente como Luis Herrero, porque muchos lo verán (¿con razón?) como un pago al hostigamiento al enemigo político. Creo que hay que saber cuál es el sitio del periodista, no aprovechar la responsabilidad social inherente a la profesión para encontrar acomodo en lugares a los que de otro modo no habría llegado.

Insisto, es totalmente lícito lo que hacen los periodistas que protagonizan anuncios publicitarios. Pero para mí tiene unas inevitables consecuencias que hay que saber asumir, a título personal y también como gremio.

miércoles, enero 26, 2011

El fin del mundo

Amigos míos, el fin del mundo ha llegado.

No, no penséis que el Apocalipsis bíblico se cierne sobre nosotros.

Tampoco, perdonadme el leve apunte de egocentrismo es que este blog vaya a cerrar, no.

Pero el mundo se acaba. O se ha acabado ya o está a punto de hacerlo.

No puede haber otra explicación.

De otro modo, es imposible entender que ésto haya salido hoy en en informativo de Cuatro.



Porque esto sólo puede ser una noticia si el mundo se ha acabado ya, ¿no?

No puede haber otra explicación lógica ni racional.

Pero por si me quedaba alguna duda de que el mundo se ha acabado, después Hilario Pino ha dado paso a este otro vídeo.



Si es noticia que un tipo se ponga unos cuantos ladrillos en la cabeza o que un gato cruce las piernas, reconocedlo, la única explicación posible es que el fin del mundo ha llegado. O va a llegar. Y a veces pienso que nos lo merecemos...

miércoles, enero 19, 2011

Sacrificios

Aumiendo la crisis como un factor ya inevitable de nuestra vida cotidiana (aunque yo me sigo resistiendo ante las muchas señales de que no somos todos los que estamos en crisis), tengo que reconocer que mi opinión sobre ciertos temas, sobre algunas de las medidas adoptadas para paliar los efectos de esta crisis, es impopular. Por ejemplo, cuando se anunció la bajada de sueldo a los funcionarios, y siempre bajo la condición de que era inevitable (¿lo era?), yo estaba de acuerdo. ¿Por qué? Porque entiendo que quienes más tienen, aunque sólo sea seguridad, son los que tienen que ayudar a los que menos tienen. En este caso se supone, siempre en ese mundo ideal que sólo existe en mi imaginación, que ahorrar dinero en los salarios que pagan las administraciones redundará en la protección de quienes tienen poco o nada y se aumentarán las coberturas sociales. En un mundo ideal, ya digo, pero la medida me parece correcta. ¿Dónde está el problema? En que el sacrificio lo hacen unos pocos. Los de siempre. Los más pobres. O, dicho de otra manera, no lo hacen unos pocos. Los de siempre. Es decir, los políticos. No son los más ricos, pero como si lo fueran.

Sangrante, muy sangrante, es el caso de los dos ex presidentes del Gobierno más recientes. El pasado mes de diciembre se anunció que Felipe González fichaba por Gas Natural y que cobraría 126.500 euros anuales por desempeñar una labor de consejero independiente. Un mes después, el anuncio cambiaba el nombre del ex jefe del Ejecutivo y el de la empresa. José María Aznar fichaba por Endesa cobrando aún más, 200.000 euros anuales. Sin entrar en el debate de fondo (el de qué puede o qué debe hacer un ex presidente cuando deja su cargo), lo asombroso de este asunto es que cada uno de ellos cobra, al mismo tiempo que éste y otros salarios, 80.000 euros brutos anuales que salen directamente de los Presupuestos Generales del Estado. Vamos, que se los pagamos entre todos. Es una pensión vitalicia que supera en unos 2.000 euros mensuales el sueldo que percibe el actual presidente del Gobierno. Y estoy totalmente de acuerdo (sé que muchos no lo estarán, de ahí que ya dijera un poco más arriba que puedo tener opiniones impopulares sobre estos asuntos) en que el Estado garantice la jubilación de un ex presidente del Gobierno, creo que se lo gana (o tendría que ganárselo, vaya) con su dedicación a la función pública durante esos años.

Pero, si a unos se les exigen sacrificios, ¿por qué otros no los hacen? 80.000 euros al año no solventan una crisis económica mundial, ni siquiera nacional, pero me parece inmoral, indigno y absurdo que estemos entregando un dinero público a personas que no lo necesitan. ¿Que el día de mañana nadie quiere a González o Aznar como asesores, conferenciantes, escritores de libros o simples floreros? Ahí está el Estado y esa pensión vitalicia. Pero si tienen tan descomunales ingresos, es como poco una tomadura de pelo que se lucren de un dinero que no llega para atender a todos los que lo necesitan. Estas pensiones las regula una ley de 1983 que el Gobierno no quiere cambiar. Ya lo ha dicho. Algunos grupos minoritarios ya han pedido esa reforma. Pero no basta. Como en toda reforma política de calado que afecte al funcionamiento de los órganos de poder y representación, es necesario el acuerdo entre PSOE y PP. Podéis quitaros de la cabeza esa posiblidad porque no va a suceder. La inmoralidad continuará porque siempre beneficiará a quien ha ostentado el poder, quien lo ostenta y quien lo ostentará en estos dos grandes partidos. Zapatero no lo cambiará porque es el próximo. Rajoy, si acaba ganando las elecciones, tampoco. Y así hasta el infinito.

No es el único caso sangrante, claro, porque cada político parece cargar con un pecado diferente. Esta semana, el Senado ha inaugurado su sistema de traducción a las lenguas cooficiales. Esto quiere decir que cualquier senador podrá hablar en catalán, euskera, gallego o valenciano y todos sus compañeros de hemiciclo podrán escuchar una traducción simultánea. Soy un firme defensor de los idiomas. Creo que enriquecen mucho. Me encanta escuchar a la gente hablar en el idioma que le sea propio. Pero los 400 aparatos de traducción con auriculares que ha comprado el Senado costaron 4.500 euros. Mantenerlo en funcionamiento, costará 350.000 euros anuales. Cada pleno sale a unos 12.000 euros. Todo eso soluciona un problema creado artificialmente porque todos tenemos una lengua común en la que podemos entendernos. Los partidos regionalistas y nacionalistas, los mismos que censuran la pensión vitalicia de González y Aznar, y según una frase aparecida en algunos medios de comunicación, entienden que eso no tiene importancia porque "los derechos no tienen precio". Ojalá fueron los derechos de todos los que no tuvieran precio.

La política ya nos tiene demasiado acostumbrados a ver que ellos, los políticos, siempre tienen más derechos que los demás. Y luego dirán que por qué la gente se desengaña de la política, por qué no vota, por qué les insulta... Las cosas no siempre tienen una justificación, pero lo que siempre tienen es una causa. Lo malo es cuando no se quiere buscar esa causa, ahí es donde están los problemas...

sábado, enero 08, 2011

Lección de (in)tolerancia

Fascinado como siempre he estado y estaré por los misterios de la condición humana, descubro aspectos nuevos de la misma gracias a la famosísima ley antitabaco. La verdad es que el experimento tiene su aquel, no me lo negaréis. Sacar de todos los espacios públicos cerrados el mayor vicio nocivo y legal que conocemos y a ver qué pasaba. ¿Y qué ha pasado? Pues en la mayoría de los casos, mal que les pese a los agoreros, absolutamente nada. La gente sigue saliendo a los bares en los que ya no se puede fumar y los que quieren tragar el humo de sus cigarrillos o de los ajenos lo pueden seguir haciendo en los espacios que marca la ley como habilitados. Los casos que se salen de la norma, no obstante, son los que dan el salto a los medios de comunicación y, por tanto, los que generan debate.

A mí, me van a perdonar mis amigos y visitantes fumadores, la ley me parece necesaria. Quizá con algunos matices debatibles, pero terriblemente necesaria. No soy amigo del prohibido prohibir que ondean algunos por bandera y, en cambio, sí soy partidario de que los gobiernos legislen en aquellas parcelas donde la sociedad no es capaz de arreglárselas por sí sola. No siempre hubo normas de tráfico. Ni siquiera hubo siempre normas sobre las peleas incluso con resultado mortal, que en tiempos de Alejandro Dumas lo de los duelos de espada a muerte era una cosa habitual. Cuando para llegar a Europa hacía falta un viaje de muchos meses en barco, las leyes de inmigración eran inútiles. Se lesgisla cuando se necesita. Y aquí es necesario porque algo fallaba.

Desde mi humilde punto de vista, el asunto del tabaco es, claramente, un fracaso social. Los no fumadores no tenían espacios propios o libres de humo. La anterior ley intentó facilitarles esos espacios, pero practicamente nadie se prestó a habilitarlos. Fracaso y, por tanto, nueva ley. Sí que es cierto que lamento que aquellos hosteleros que pagaron obras en sus locales para separar zonas de fumadores y de no fumadores vean ahora, muy poquito tiempo después, que aquel fue un dinero gastado en balde. Ellos son los verdaderos perjudicados de la nueva situación en la que vivimos desde el pasado día 2. Pero no había una convivencia real entre no fumadores y fumadores, sino un sometimiento de los primeros ante los segundos.

Es a partir de ese día 2 de enero de 2011 cuando comienza lo curioso de este asunto, con algunas de las protestas, quejas y reacciones que se han escuchado. Algunos iluminados del mundo de la política y de la cultura, iluminados que parecen alimentarse sólo de las polémicas que generan y no de su trabajo, han llegado a equiparar esta ley con los primeros pasos del nazismo. Para mí es asombroso que no se les caiga la cara de vergüenza al hacer ese símil, que tengan la desfachatez de utilizar uno de los episodios más oscuros, negros y tristes de la historia para compararlo con esto. Mucha, mucha pena es lo que siento por aquellos que quieren ponerse intelectualmente por encima de los demás demostrando tan escaso saber de la historia y de sus consecuencias. Pero allá cada cual con su conciencia y con su conocimiento.

Algunos incluso parecen justificar los actos violentos y las peleas que ha generado la nueva ley. Y me asombra, porque durante años yo (y como yo la inmensa mayoría de quienes detestamos el humo del tabaco), como no fumador, he sido tolerante con la libertad de fumar en cualquier sitio. Si yo no quería respirar el humo de los demás en un bar, me tenía que salir de él. Punto. No había más. Pero resulta que ahora algunos fumadores sienten que ellos no deben ser igual de tolerantes con una ley que defiende mi libertad de no inhalar el humo de su tabaco. Curioso. Curioso, porque en esa situación resulta que el intolerante soy yo.

Como curioso es que algunos poquitos hosteleros, esos a los que la prensa ha dado su minuto de gloria, hayan proclamado que se declaran en rebeldía. Nuevamente vuelve esa costumbre tan española de incumplir la ley que nos da la gana simplemente porque nos da la gana. Para mí la solución es sencilla. ¿Rebeldía ante una ley? Aplíquese la sanción prevista en dicha ley. Sin aspavientos, sin altercados, sin polémicas. Igual cuando se le aplique dicha sanción por segunda o por tercera vez, el bolsillo se le resiente tanto como para decidirse a cumplir la ley. Curioso también me pareció el caso de ese hostelero madrileño que el día 3 de enero decidió despedir a uno de sus camareros porque había bajado el negocio a causa de la ley antitbaco. Impresionante trabajo de análisis con un día de experiencia, sí señor.

Menos mal que todas estas peregrinas argumentaciones y respuestas tienen sus días contados. En cuanto dejemos de hablar de la ley antitabaco, simplemente se acabará cumpliendo como cualquier otra ley en un elevadísimo porcentaje de casos. No sé si sabéis que por ley el dueño de un perro está obligado a recoger los excrementos que su mascota deja en la calle. ¿Lo hace todo el mundo? No. ¿Sale eso en los informativos? Desde luego que no. Con el tabaco acabará pasando lo mismo. Yo, por el momento, estoy encantado con la ley. Y aunque no lo estuviera, la acataría, porque hay formas de declarar mi oposición mucho más sensatas y efectivas que convertirme en un cafre de opinión o de acción.

lunes, diciembre 27, 2010

Modelos de periodistas

En unos pocos días, Larry King se ha jubilado e Iñaki Gabilondo ha dicho adiós a CNN+, canal al que apenas le quedan unos días de vida. Las tres noticias me han dejado un poso de melancolía, de una etapa que se cierra, de un periodismo que ya no volverá. A Larry King se le conoce poco por aquí (de eso que se ha librado...), más allá de su característico aspecto. A Gabilondo le conocemos mucho, sobre todo desde que se convirtió en emblema de la Cadena SER, antes de su regreso a la televisión en Cuatro. Por eso, por ese conocimiento del periodista y del entorno que le rodea, no me sorprenden los furibundos arrebatos de felicidad que han sentido algunos sectores conservadores con su marcha de la primera (¿primera?) línea y con el cierre de CNN+. Eso demuestra que el periodismo español, sobre todo el periodismo televisivo, está herido de muerte y que el respeto que tienen los españoles hacia sus medios sólo depende, mayoritariamente, de la afiliación política. Es decir, los de derechas, sea ya lo que sea eso, se han alegrado de que CNN+ muera y Gabilondo desaparezca del panorama audiovisual.

Para mí, CNN+ supone un torrente de buenos recuerdos. De horas pegado al televisor para estar al tanto de los últimos acontecimientos. De ruedas de prensa, manifestaciones, sesiones parlamentarios y otras tantas cosas seguidas a través de una pantalla para poder trasladárselas yo a quien quisiera leer lo que escribía. Por eso, siempre voy a sentir gratitud hacia el trabajo de tantos profesionales que han pasado por esa casa (sí, hasta Letizia Ortiz, sí...). Y supone la desaparición paulatina de una forma de hacer periodismo (olvidáos ya de la ideología quienes queráis entender que estoy defendiendo a un medio de izquierdas) que es la que más respeto: la de primar la información sobre el entretenimiento, el dato sobre el chascarrillo, el periodista sobre el showman. Que Telecinco, con su nuevo poder en Prisa, haya decidido utilizar la frecuencia de CNN+ para un canal 24 horas de Gran Hermano lo dice todo. Sobre la profesión y sobre este país. El periodismo se muere y nadie quiere verlo. Nadie, al menos, con poder suficiente como para cambiar las cosas. O al menos para luchar por una profesión tan noble como la del periodista.

Noble tendría que ser. Pero si estos son modelos de hacer periodismo...









...yo realmente no sé si quiero ser periodista.

jueves, diciembre 23, 2010

Feliz Navidad

Se me ocurren pocas cosas más navideñas que la nieve. Y como todavía no ha nevado, tiro de archivo fotográfico para encontrar algo de ese material blanco tan bonito. Ya sabéis, portáis bien, comed lo que os apetezca, bebed con moderación y tened cuidadito con el coche, que esta nieve tan bonita es también traicionera.

Feliz Navidad para todos.

viernes, diciembre 17, 2010

El oso

Escenario: la Puerta del Sol de Madrid.

Protagonistas: un grupo de unos veinte chavales, aproximadamente de quince o dieciseis años, saliendo de la boca de Metro principal de Sol.

Situación: uno de ellos levanta el brazo, cual Colón señalando América en su descubrimiento.

- "Andá, el oso del Atleti".

Y no le faltaba razón al muchacho, no. Es el oso del Atleti. Del Atleti y nadie más, claro. Y es que a veces me saombra la fuente de conocimiento y la capacidad asociativa que tienen los jóvenes...