viernes, abril 26, 2013

Gobierno dimisión, ya

Hoy es el día en que, alto y claro, se tiene que exigir ya la dimisión del Gobierno y la convocatoria de elecciones cuanto antes. La rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros de hoy, en la que su presidente, Mariano Rajoy, ha demostrado una vez su cobardía política y personal con su ausencia, ha sido la manifestación de su incapacidad para resolver los problemas y la culminación de todo un programa de mentiras y falsedades que, de seguir adelante, pueden provocar que España se suma en unas catacumbas de las que nunca podrá salir. Ya me da igual Gürtel, Barcenas, lo pintoresco de algunas declaraciones de ministros, sus cortinas de humo o las continuas trolas que han soltado a todos los españoles y que tendrían que sentar todavía peor a quienes le dieron el voto aunque lo impida en demasiados casos el hooliganismo que se ha instalado en la política. Lo que me preocupa es el dato del paro, verdadero indicador de la crisis, el que el PP fijó como su gran prioridad, el que no sólo no sabe cómo atajar sino que agrava día tras día con sus decisiones.

Hoy, en esa rueda de prensa del Consejo de Ministros, el Gobierno ha dado sus previsiones de paro para lo que queda de legislatura. Según prevé, alcanzará el 27,1 de la población activa a finales de este 2013, lo que supone 6,2 millones de personas sin empleo, más o menos lo que ya tenemos ahora. Para 2015, esa previsión es del 25,8 por ciento. En 2015 se acabará la actual legislatura, si es que el actual Gobierno mantiene todavía en pie al país como para agotarla. Y ese Gobierno, que hizo del paro su ficticia bandera para engañar a tantos votantes, habrá fracasado en su principal objetivo, porque cuando llegó al poder el porcentaje de desempleo estaba en el 22,8 por ciento. Dado que todas las previsiones que ha hecho el Ejecutivo desde que las urnas le entregaron La Moncloa y una devastadora mayoría absoluta han ido cayendo una a una, podemos pensar que el escenario en 2015 será todavía peor. A mí no me sorprende lo de ahora, y no me sorprenderá esa nueva mentira en 2015.

Mienten cada vez que se les pregunta por el tema del empleo, mienten en sus previsiones, mienten en los objetivos y logros (¿logros?) de la reforma laboral, y si mienten sólo hay dos opciones para explicarlo. La primera es que intenten ganar tiempo para ver si la solución aparece por sí sola, un poco lo que hizo José Luis Rodríguez Zapatero con tantos aspectos de la crisis económica pero superando todos sus registros de mezquindad y empobreciendo a la sociedad en muchos sentidos con sus "reformas". La segunda es que todo esto les dé absolutamente igual, que estén preocupados por la mejora de los indicadores macroeconómicos que les den algo de aire, que justifiquen esas "reformas" que amenazan el futuro de todos los españoles por corta que sea su edad en estos momentos (y si no, al tiempo), y que el drama humano que se esconde detrás de las cifras de paro no tenga incidencia alguna en el mantenimiento de su sillón. Puede que las dos razones sean verdad al mismo tiempo.

Lo que es obvio y evidente es la mentira con la que esta gente ha contaminado el debate político y social desde hace ya demasiado tiempo. El "esto lo arreglamos en dos años", el "con el PP la economía siempre va bien", el "Zapatero es la prima de riesgo" y demás gilipolleces (sí, gilipolleces, no se me ocurre un calificativo mejor; ¡viva la riqueza del español!) eran una mentira electoral que demasiada gente se creyó y que algunos, a los que se nos decía que éramos parciales, no tragamos en su momento. Siempre se dice aquello de que "todos los políticos son iguales", aquello de que Zapatero hizo una campaña "por el pleno empleo" (se obvia, por cierto, que aquella campaña se sustentó en la tasa de paro más baja de la historia de la democracia española, que fue con él en el Gobierno; sobre un falso crecimiento que no supo anticipar ni detener, por supuesto, pero ahí queda el dato), pero hay que analizar más. Y la culpabilidad de los medios de comunicación que abanderan la derecha y que pidieron el cambio por el cambio, sin pensar en lo que venía o en la capacidad de quienes tendrían que sacarnos de ésta, es igual de alta que la de sus responsables.

El Gobierno no da la cara, pero la prensa tampoco. Y ya está bien. ¿Queréis saber por qué el periodismo está tan mal valorado? ¿Por qué las cabeceras de papel pierden lectores a pasos agigantados? ¿Por qué los políticos campan a sus anchas con sus decisiones corruptas, ilegales e inmorales? Porque la prensa ya no ejerce de cuarto poder. Porque se toleran primeras páginas como éstas que acompañan a mi lamento. Porque ahora el periodista vive de lo cercano que está al poder y no de su control. Porque el trasvase de periodistas políticos a gabinetes de prensa de partidos y ministros, cuando no directamente a escaños, está a la orden del día. Porque tienen que sacar por fuerza algo de su apoyo incondicional y desmedido. Porque salen rumores publicados de que los sobres de Barcenas llegan a sus voceros de la prensa y no pasa nada. Porque se descubre que el PP envía correos electrónicos a sus líderes de opinión mediática dictándoles lo que tienen que decir y parece lo más normal del mundo. Y no puede ser. No podemos seguir así. Hace falta un periodismo nuevo, pero también una política nueva. Un Gobierno nuevo, sin duda. Dimisión ya. Si ellos mismos reconocen que no van a hacer aquello para que lo fueron elegidos, es la única salida digna. La que, por supuesto, no se va a producir.

jueves, abril 25, 2013

La peor profesión del mundo

Dice una consultora de trabajo estadounidense llamada CareerCast.com que el de periodista es la peor profesión de las doscientas, repito, doscientas, que han analizado para saber cuáles son los trabajos más y menos apetecibles en estos momentos. El de periodista ha caído con respecto al mismo informe del año pasado, en el que estaba por encima, atención, del trabajador de una plataforma petrolífera, soldado profesional, granjero y talador de árboles. No me voy a detener en el triste análisis de la comparación con las profesiones mencionadas porque hay más. En su explicación, detallan las razones por las que la de periodista (en realidad hablan de "newspaper reporter" pero imagino que podemos generalizar) es la peor elección que puede hacer alguien que busque una vocación profesional. Y las dividen entre las de siempre y las nuevas.

Entre las primeras están el sueldo ("nunca ha estado terriblemente bien pagado con respecto a otros trabajos"), el estrés ("trabajas con un cierre (...). Sufres el juicio del público") y el horario ("esencialmente, estás de servicio todo el tiempo"). Ahora vienen las segundas razones, las nuevas, las que hacen que sea "un peor trabajo de lo que solía ser". La primera que cita es el menor número de salidas, lo que parece obvio teniendo en cuenta el alto número de medios que se han ido cerrando y los despidos que han vivido los que todavía siguen en pie. La segunda, una mayor demanda de trabajo para cada periodista, porque al artículo en cuestión hay que sumar la visibilidad en las redes sociales, la edición de vídeo o la escritura de un blog añadido. Y la tercera es la incertidumbre, no sólo por el puesto de trabajo de cada uno, sino por el futuro del medio en el que trabajas, si sobrevivirá o cerrará, o si se venderá a un grupo que tenga otros planes.

Así que ya podemos decir oficialmente, con un informe de esos que nos avala, que la del periodista es la peor profesión que hoy en día se puede desempeñar. Y eso que el informe habla sólo de cuestiones que sus autores tachan de objetivas y no se detienen en otras muchas que pueden ser más o menos opinables, como las injerencias políticas y empresariales, los intereses de lobbies y grupos de presión, las insolidarias e imprudentes gestiones de los medios que han realizado muchos de sus mandamases (desde la silla del director o desde la del dueño), el impulso obcecado para convertir el periodismo en la transcripción de declaraciones o en el griterío fanático y tantas otras circunstancias de las que tanto (¿o en realidad tan poco?) sabemos los que hemos pisado una redacción alguna vez.

Y sin embargo, con todos estos problemas, el periodista muchas veces quiere seguir siendo periodista. Ahora nos preguntamos todos por qué y los que todavía sientan ese gusanillo que ayuden como puedan y desde donde puedan a que la profesión siga viva. Viva de verdad.

martes, abril 16, 2013

La Ley de Godwin

En 1989, Mike Godwin dijo lo siguiente: "Se puede deducir que una discusión en USENET caduca cuando uno de los participantes menciona a Hitler y/o a los nazis". Un año después, esa frase le sirvió para formular una ley que toma su nombre: "A medida que una discusión online se alarga, la probabilidad que aparezca una comparación en a que se mencione a Hitler o a los nazis, tiende a uno". Se entiende que cuando alguien menta a la bicha, ha perdido la discusión. Pues bien, esa norma que se puede usar en Internet ha dado el salto a la vida real. Y no precisamente en tertulias de bar, que imagino que ahí se llevará poniendo en práctica desde hace mucho tiempo, sino en la vida política y social. Porque ahora resulta que son los que tendrían que marcar la diferencia los que caen en el barro más sucio.

Me acuerdo de aquellos gritos de "nazi" que Miguel Ángel Rodríguez, nada menos que ex portavoz del Gobierno con rango de secretario de Estado, dedicó en un programa de la televisión pública al doctor Montes (fue condenado después por ello en los tribunales), pero sobre todo veo ahora a María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP, tachando de prácticas nazis las protestas por los desahucios que ya se conocen como escraches. Es moda. Si eres del PP y quieres ser guay, tienes que llamar "nazi" a quien protesta por los desahucios. Seguro que está en los idearios. Pero hay más. Resulta que Toni Cantó, ese diputado que tiene como mérito previo a su carrera política una como actor y que le encanta meterse en berenjenales dialécticos sin ningún motivo, ahora tacha de "nazi" al presidente de la Generalitat catalana, Artur Mas. Y antes había hecho lo mismo contra el mismo destinatario catalán Juan Carlos Rodríguez Ibarra, aquel ex presidente de la Junta de Extremadura que nunca ha tenido como virtud la contención verbal, y que seguramente por eso alguna vez dijo algo interesante.

Así que nada, vamos a llamarnos nazis los unos a los otros y tan contentos. ¿Que no hay relación alguna? ¡Qué más da! No sé, para mí los nazis eran aquellos que invadían países, forzaban guerras mundiales y enviaban judíos a campos de concentración primero y a cámaras de gas después. Y miro por todas partes, pero en España no acabo yo de ver cosas así, aunque haya algunos que quieran verse como herederos de su estética y su pensamiento que lo que necesitan es viajar un poco y conocer otros mundos para desintoxicar sus cerebros. Igual me equivoco y esos viejos amigos de los que hace tiempo que no sé nada, esos que tenemos todos, han sido víctima de tanto nazi como parece campar a sus anchas por España. O igual es simplemente que usamos el término con una ligereza insultante y pretenciosa, achacable sin duda alguna a la ignorancia tanto de la Historia como de la realidad. Así que aplico la ley de Godwin y la llevo a sus últimas consecuencias. No es que cada vez que uno de estos tipejos llame "nazi" a otro pierda la conversación. Es que pierde automáticamente mi respeto y mi atención. ¿Por qué diablos tendría que perder el tiempo escuchando a ignorantes que no saben lo que dicen? Lástima que estos pensamientos tan poco iluminados sigan teniendo eco en los medios.

sábado, abril 06, 2013

Entradas populares

Si es que no se puede estar en todos los sitios y tengo Un Mundo Peculiar algo abandonado. Mea culpa, indudablemente, aunque hay explicaciones en las que tampoco voy a entrar para no aburrir a nadie. Lo que sí está claro es que no llego a las cosas por las que abrí este blog. La idea era seguir hablando un poco de aquello a lo que me dediqué durante seis años largos (unos más largos que otros), la información política, pero la actualidad me arrolla con facilidad. Desde que tenemos de presidente a don Mariano Rajoy Brey siento la tentación de gritar algo todos los días, pero cuando saco tiempo ya es un tema agotado o superado por la siguiente genialidad que acontece en España, un lugar en el que todo vale, todos mienten y casi nada pasa. Paseos en yates de narcos, infantas procesadas y no procesadas, presidentes que no tienen en mente medidas para favorecer a la Casa Real y de repente llevan dos meses trabajando en ellas, un periodista que dice que ha visto pruebas de sobres de los que nadie quiere hablar, alcaldesas y presidentes que creen que recibir 300 horas de clases de golf gratis es normal... Eso es de hoy. Y así hasta el infinito.

Pero lo de "entradas populares" del título no iba por ahí, porque, como digo, no llego y si llegara estaría todo el día aquí despotricando. Me refiero en realidad a que he añadido ahí, en la columna de la derecha, ese gadget que te destaca las entradas populares de este blog. Y, qué cosas, ninguna de ellas versa sobre política. Igual es una lección que me da este inagotable mundo de Internet o igual es que aquí llega mucha gente por alguna palabra absurda que se cuela entre mis textos y se marcha a la misma velocidad a la que comprueba que no es lo que está buscando. A saber. Pero miras mis diez entradas más populares y encuentras una sobre deporte femenino, otra sobre el Monopoly, otras sobre amores y San Valentín, alguna sobre tenis, otra acerca de Superman, e incluso otra sobre el pequeño oso del parque de Cabarceno que seguro que ya no es tan pequeño ni entrañable. Y vas a las estadísticas del blog y resulta que la más vista, la mencionada del deporte femenino, la han visitado más de 9.100 personas desde octubre de 2010 que la publiqué.

Intentaré de aquí en adelante tener más vivo también este blog, si el tiempo y la informática me lo permiten. Lo malo es que La Sala de Cine y Corazón Txuri Urdin obligan a seguir un ritmo, el de los estrenos y el de la jornada, y mi actividad en Suite 101 no baja, además de otras historietas que tengo en marcha, pero buscaré rincones en mi agenda. Y, ya puestos, intentaré que los temas se acerquen más a eso que parece que le gusta más a la gente que, aunque sea sin querer, cae entre mis líneas. No dudéis en darme vuestra opinión y sugerirme temas o decirme si os aburro con alguna cosa. Porque es verdad, o al menos así lo veo yo, que cuando uno escribe lo hace para satisfacer necesidades propias, pero también lo es que no hay nada más bonito de escribir que abrir así debates, recibir comentarios e historias de otras personas y fomentar relaciones que enriquezcan a quien escribe y a quien lee.

domingo, marzo 17, 2013

Fernando Trueba y la norma del desprecio

Leo unas fascinantes declaraciones de Fernando Trueba en las que arremete contra el cine de acción y contra los superhéroes, los califica de "imbecilidad" y coloca detrás de nombres como los de James Bond o Spiderman el término "gilipollas". Dicho eso, asumo que queda claro que lo de "fascinantes" para referirse a lo que ha soltado Trueba va con una ironía de la que el grueso lenguaje de Trueba no ha hecho gala precisamente. Cualquiera que me conozca un poquito o que haya leído algo de que he escrito aquí o en esos otros sitios que enlazo en la columna de la derecha sabe que, por decirlo de una manera suave, no comparto el punto de vista de Fernando Trueba. Podría recordarle la gran cantidad de autores, creadores y, sí, artistas, que han trabajado con esos personajes que él considera "gilipollas", en el cine y en tantos otros medios de expresión. O podría decirle que el negocio en el que él trabaja se sustenta en parte gracias a la gente que paga entradas por ver lo que él tacha de "imbecilidad".

Pero si seguimos leyendo lo que ha dicho este insigne director español encontramos la más que probable causa de que su mensaje sea tan arisco, agresivo y desagradable para  una notable parte de la industria que le da de comer y otras que dan de comer a otros muchos profesionales, que a priori tendrían que merecerle el mismo respeto que asumo que proclamara ante cualquiera evaluación de su trabajo, y, aún mejor, proporcionan horas de diversión y entretenimiento a millones de personas en todo el mundo. Dice que está escribiendo la secuela (¿eso de hacer secuelas no era de mediocres y gente sin ideas?) de La niña de tus ojos y que todavía no tiene financiación para rodarla. ¡Acabáramos! Si todo era eso, podía haberlo dicho antes. Que como no hay un duro para hacer cine en España (y eso es otro tema del que podríamos hablary mucho), hay que llamar la atención de alguna manera para que el nombre del personaje en cuestión aparezca en los titulares, los aficionados del cine de acción y de superhéroes armen un poco de jaleillo, las élites intelectuales se pongan del lado de Trueba y haya alguien que le dé unos milloncejos para hacer su película.

Genial estrategia. Porque ¿para qué va a poner uno en valor nuestro propio trabajo si podemos insultar y despreciar el de los demás? ¿Por qué vamos a defender los valores del cine propio si podemos arremeter contra el ajeno? No es que me sorprenda, porque viene a ser la forma de vida de mucha gente. De demasiada. No importa qué esté pasando en el mundo, siempre va a haber alguien que lo menosprecia. Twitter es una herramienta fabulosa para entender el odio que encierra la gente en su interior y que deja salir desbocado, por supuesto con el gran amparo del anonimato o la distancia, cuando se topa con algo que no le gusta. Da igual que sea el cónclave para elegir papa, un partido de fútbol, la carrera de Fórmula 1 o el programa de televisión de turno. Por lo visto, no hay que desperdiciar ninguna ocasión para mostrarse intelectual, personal y moralmente superior a los demás, pobres incultos ignorantes que pierden el tiempo con cosas que nosotros sabemos (no creemos, no pensamos, SABEMOS) que son una auténtica basura, para juzgarles con dureza por rebajarse a niveles que consideramos deleznables. Qué bien iría el mundo si respetáramos a los demás. A ellos y a sus gustos.

No sé cuántas películas de acción o de superhéroes habrá visto Fernando Trueba para lanzar semejante juicio de valor (hace poco que me han regalado tres de ellas en blu-ray; ¿en qué me convierte eso a mí a sus ojos?). La verdad es que tampoco me importa, porque su forma de opinar sobre ellas le descalifica sin llegar a entrar en si tiene o no razón. Alguien que se dedica precisamente al mundo del arte y del entretenimiento tendría que saber que hay incontables formas de llegar al éxito, de encontrar un público, de alcanzar el corazón de su audiencia. Y ahí hay dos opciones. O no lo sabe y es, por tanto, mucho más ignorante que las personas a las que ha querido menospreciar con sus palabras, o sí lo sabe y entonces es simplemente un aprovechado al que no le importa pisotear a los demás con tal de conseguir su objetivo. En ambos casos, me parece una persona que se merece todo mi desprecio como espectador y como consumidor de lo que intenta venderme. Súmese a este desprecio el que me produce toda aquella manifestación que insulta a quien simplemente quiere disfrutar con algo, por mucho que a mí no me guste. Porque si no me gusta, no lo veo. Pero, desde luego, no voy a ir por ahí sintiéndome tan endiosadamente superior a los demás.

viernes, marzo 01, 2013

Y a 40 segundos del final, nos vamos

Ayer me invitaron a ver el Real Madrid - Brose Baskets de la Euroliga de baloncesto. No soy seguidor ni de uno ni de otro equipo, pero, además de pasar un espléndido rato en muy buena compañía, no me puedo resistir a ver espectáculos deportivos de todo tipo (y es que en los últimos años he visto en vivo fútbol, baloncesto, balonmano, tenis, hockey sobre hierba, una prueba automovilística y hasta un entrenamiento de voley playa) y probar así mis dudosas habilidades como fotógrafo con las limitaciones además de ejercer como tal desde la grada y no desde zonas acotadas para los profesionales. El Madrid iba primero de su grupo y el equipo alemán, último. Con esos números, parecía un partido fácil, ¿no? Pues no. Resulta que el Brose dio guerra hasta el final y el partido no se resolvió hasta la última jugada, a la que ambos equipos llegaron empatados a 73 puntos y los blancos colocaron un triple sobre la bocina que puso el 76-73 final. Emocionante, ¿verdad? Para mí, la salsa del baloncesto, un deporte que no termina de engancharme pero que con finales así es indiscutiblemente precioso.

Pues hubo gente que se lo perdió porque se marchó del pabellón sin ver los últimos instantes. ¿Por qué hicieron eso? No tengo ni la más remota idea, pero viene a demostrar que hay mucha gente que va a estas cosas a pasar el rato sin importarle lo más mínimo lo que está viendo. En cualquier campo de fútbol, el desfile de cantidades importantes de espectadores antes de que el árbitro señale el final del partido es una costumbre. Yo no la entiendo, pero sí, mucha gente se marcha sin ver el final. Que sí, que luego salir con todo el mundo es una lata porque tardas más tiempo, que si pillas atascos o transportes públicos abarrotados, y que con 3-0 está ya todo resuelto. ¿Pero ir a un partido de fútbol y perderte el final, sobre todo si hay un gol de diferencia o un empate en el marcador? Eso ya me parece absurdo, pero en un choque de baloncesto alcanza la ridiculez. Y más en uno como el de ayer, que se resolvió literalmente en el último instante. Pues había gente marchándose del Palacio de los Deportes... cuando faltaban 40 segundos para el final. En serio. 40 segundos. Prefiero esperar cinco minutos más en el cajero del párking (de hecho, los esperamos) antes que perderme una canasta ganadora sobre la bocina.

Pero, claro, una vez descartado que a esa gente le importe ver el desenlace del partido, es que tampoco hay demasiado interés por parte de algunos en seguir su desarrollo. La cantidad de gente que entra en las gradas con el partido ya iniciado. Incluso con la segunda mitad ya iniciada. Y saludando, como si estuviéramos en el calentamiento o comiéndonos el bocadillo en el descanso Habrá quien no pueda ir antes, desde luego, y más en un día laborable como el de ayer, eso es perfectamente comprensible, pero no cuela para muchas otras personas. Sobre todo porque el trasiego más evidente se registra... en los asientos VIP. Esos que no pagan, o que son enchufados, o que van a que se les vea. Qué cantidad de movimiento hay en esas filas, oiga. Sobra decir que yo llegué con tiempo y me quedé hasta el final. Y disfrute del partido completo. En el tenis sólo se puede acceder a la grada en el descanso entre juegos y ahí se ve cuánta gente llega tarde. El día que se cierren las puertas con el comienzo de cualquier espectáculo deportivo, cultural o social, no sé lo que va a pasar. Igual la gente se convierte en puntual.

martes, febrero 26, 2013

El 11-M según González Pons

Oculta por el ruido del Debate sobre el estado de la Nación quedó una perla mediático-política pronunciada por Esteban González Pons el pasado día 20. Tengo debilidad por este hombre, tengo que reconocerlo. Es, a mis ojos, el prototipo de político español moderno. No, tranquilos, eso no es un elogio. Porque el político español moderno es uno que sabe que tiene un mensaje que comunicar y que ni parpadea al pensar que lo que está diciendo es falso, tergiversado u oportunista. Le da igual defender una cosa o la contraria, y sobre el sujeto de estas líneas ejemplos hay de sobra en las hemerotecas (podéis sustituir esa palabra casi en desuso por "Youtube"). No importa cuánto cinismo, resquemor o teatralidad haya que aplicar a su discurso, sabe cómo hacerlo. La política hoy, por desgracia, es tal y como la ejerce Esteban González Pons. Y por eso, a nadie le puede sorprender que los políticos sean el tercer problema más importante para los españoles según las encuestas del CIS, por detrás del paro y los problemas económicos.

Y como en su categoría es un grande (por mucho que se quedara sin el Ministerio por el que tanto luchó desde la oposición y ahora reaparezca quizá pensando que hay una crisis de gobierno más o menos cercana y a ver si le cae algo), me siento en la obligación de saludar con el entusiasmo que se merece su última perla. Lo mejor, sin duda, es que la veáis:


Sí, amigos míos. La prueba irrefutable de que no había terrorista islámico alguno en el 11-M es que no aparece en una película. Por lo tanto, en las Fallas se queman santos como vimos en Misión imposible 2, el plano de Madrid es tal y como se ve en La fría luz del día (la Ciudad Universitaria y el Retiro están juntitos) y los encierros de San Fermín son como se vieron en Noche y día. Espero que en la videoteca de Génova no haya una copia de Superman, filme que se vendió con el eslógan de "creerás que un hombre puede volar", porque igual González Pons culpa al Gobierno de Zapatero de no regular el vuelo sin motor para acciones superheroicas en las ciudades españolas. Ya hablando de películas históricas, también espero que González Pons no le pida a Wert que incluya 300 en los planes de estudios para cuando toque la batalla de las Termópilas. González Pons es, sin duda, quien mejor podría explicarme con qué película me tengo que quedar, si con Cristóbal Colón. El descrubrimiento o con 1492. La conquista del paraíso, el que nos puede decir qué Robin Hood es el más cierto, si el de Kevin Costner o el de Russell Crowe. Y me gustaría saber si considera adecuada la visión sobre el esclavismo que hizo Quentin Tarantino en Django desencadenado.

Ya que estamos, por qué limitar esta conversación, me gustaría saber qué teoría defiende González Pons sobre el asesinato de Kennedy, por saber si me tengo que ceñir a los que explicaba Oliver Stone en JFK. Antes de responder esa pregunta, que alguien le recuerde a González Pons que Stone también dirigió el documental Comandante, sobre Fidel Castro, que seguro que su opinión depende de ese segundo detalle. Y, por venirnos arriba con temas patrios, si Lobo es una explicación realista sobre cómo es la lucha antiterrorista en España o si Salvador cuenta de verdad lo que sucedió en tiempos del franquismo. Ah, no, que de eso no podemos hablar si no lo hacemos desde su punto de vista, porque es "reabrir heridas". González Pons sí puede hablar sobre el 11-M pero los demás no podemos hablar de otras cosas. Se me olvidaba, torpe de mí. Política moderna, vaya. De verdad, me encanta escuchar este hombre. Si no fuera porque detesto lo que representa, de mayor querría ser como él.

jueves, febrero 21, 2013

¿Qué aplaudimos?

Yo era uno de los entusiastas del Debate sobre el estado de la Nación. Bueno, antes de eso habría que decir que yo soy, creo que sigo siendo, un entusiasta de la política. Creo firmemente que todo es política, que no hay foro en el que no merezca la pena debatir sobre los problemas y las cuestiones que afectan a la gente. Porque la política es justo eso, es localizar qué funciona mal y arreglarlo. Y para eso hay muchas armas. El debate es una de ellas. Pero es el arma que los políticos actuales no quieren utilizar porque están ocupados en sus propias cuestiones, en sus egos, en sus sueldos y en sus sobres, tengan la forma que tengan estos. Por eso, el Debate sobre el estado de la Nación que ha terminado hace unas horas (aunque su segundo día y las últimas horas no haya interesado a nadie... ni siquiera entre esa política que copa los titulares) ha sido el más superfluo e inútil de los últimos años. Quizá de toda la historia de la democracia. ¿Por qué? Fundamentalmente porque el presidente del Gobierno ha acudido para examinarse él solito y para recibir el aplauso de los suyos, y no para hablar de la nación. Y de los nacionales ya ni hablamos.

Ha hablado de una nación, pero no de ésta en la que vivimos los mortales. Ha dibujado un escenario impresionantemente bonito, en el que la crisis, palabra que ya hemos desgastado y cuyo significado se ha rebajado y hasta dulcificado de tanto usarla, es algo del pasado. Y lo es gracias a él, al hombre, al presidente, al líder, al mesías. Todo es inevitable. Tenía que hacerlo porque si no, oh, pobres de nosotros, habríamos ardido en las tinieblas. Y ha recibido el entusiasta aplauso de los suyos. Antes, durante y después de sus intervenciones. Sí, ya sé que desde la otra bancada también han aplaudido a Rubalcaba, ya. Pero eso no importa por dos motivos. En primer lugar porque aborrezco evaluar este Debate como un examen de líderes, no voy a caer en ese juego. Y segundo porque el que gobierna es Rajoy. No lo olvidemos. Hoy es irrelevante lo que diga Rubalcaba... o cualquier otro líder político que no sea el presidente del Gobierno. ¿Por qué (de nuevo esa maldita pregunta)? Sencillo, porque Rajoy gobierna con mayoría absoluta. Esa es la forma de hacer que nada más tenga relevancia, por mucho que se quiera insistir en lo contrario.

Y Rajoy confirmó lo que ya imaginaba yo de él antes de las elecciones que le llevaron al poder. Siempre me mostré convencido de que acabará arreglando el país... pero como él entiende arreglar el país. Porque en eso no estamos de acuerdo. Para él, arreglar el país supone dar unas cuantas cifras de conceptos que no entiendo y sobre los que no voy a intentar averiguar nada porque siempre se pueden ver desde diferentes puntos de vista. Para mí, es algo muy distinto. Y en un país (España, ni Oz ni el de las Maravillas) que tiene seis millones de parados, una pobreza creciente, desahucios, despidos, sueldos cada vez más bajos, una sanidad cada vez más imposible, una educación cada vez más deficiente, huelgas de todos los colectivos, recortes en todas las partidas sociales, emigración de personas preparadas e impuestos en alza, a mí sólo se me ocurre una pregunta. ¿Qué aplaudimos exactamente? Esa es la pregunta que nadie le hará ni a Rajoy ni a los que salen en esa foto, porque ya todos hemos entrado en su juego perverso. Aquel en el que el Debate es un duelo entre dos pistoleros, la elección del delegado de clase, un uno contra uno de un partido de fútbol. Pero ya no es debatir sobre el estado de la Nación y de quienes la habitamos.

sábado, febrero 02, 2013

Desmontando a Rajoy (y su discurso)

"Quiero que en este asunto operamos con la máxima transparencia, el máximo rigor y la máxima diligencia. Y lo vamos a hacer".
Claro, por eso el presidente del Gobierno ha tardado dos días en dar la cara para explicar una acusación de cobros fraudulentos y, cuando lo ha hecho, ha sido esquivando las preguntas de los medios de comunicación, cuyos profesionales sólo han podido seguir su discurso a través de una televisión y sin la posibilidad de preguntar. Transparencia y diligencia totales.

"Por vosotros, por nosotros y por el buen nombre de vuestro partido. Pero sobre todo porque quienes han depositado en el Partido Popular su confianza, gracias a la que estamos al frente de ayuntamientos, comunidades y del Gobierno de la nación, merecen que disipemos cualquier sombra sobre nuestro comportamiento. Y, por supuesto, porque todos los españoles -nos hayan votado o no- tienen el derecho a recibir la seguridad de que les gobiernan personas honradas e íntegras".
Rajoy nos vuelve a recordar el orden preciso en el que gobierna el país. Primero, para ellos, después para los suyos y, finalmente, las migajas para los demás.

"No debemos permitir que unas personas, los españoles, a los cuales les estamos pidiendo sacrificios y renuncias puedan tener la impresión de que no estamos a la altura del rigor ético más estricto y de la integridad más escrupulosa".
Esto... A ver cómo te lo digo... La "impresión" ya la tiene la práctica totalidad de la ciudadanía desde hace mucho, mucho tiempo. Ah, vale, que es que no estabas mirando ante las continuas manifestaciones en las que se dice y cortan la calle Génova y la carrera de San Jerónimo tan abajo que no te llega a verlas desde la sede del PP o el Congreso de los Diputados.

"La semana que viene, las declaraciones de la renta y patrimonio estarán a disposición de todos los ciudadanos en la página web de La Moncloa".
No sé si serán los mismos documentos que ya se pueden consultar en la web del Congreso, lo cual invalidaría por completo el único anuncio que ha hecho, pero es que, por definición, el dinero negro no se declara. Si no, no sería dinero negro. Vamos, digo yo.

"El Partido Popular ni tiene ni ha tenido cuentas en un país extranjeros. Y nunca ha dado órdenes de abrir cuentas en un país extranjeros. No tenemos, por tanto, nada que ver".
Cuando se usa ese "por tanto", hay que ligarlo a una explicación concreta y a pruebas empíricas, no a la credibilidad de la palabra de alguien que, precisamente, es quien ha sido puesto en duda. Esto no es la iglesia. Aquí los actos de fe no valen.

"Ahora las infamias se disfrazan de presuntas".
No, ahora no. Las infamias llevan campando libremente a sus anchas mucho, mucho tiempo. Por ejemplo, cuando salió por primera vez este escándalo de Barcenas y el hoy embajador español en Londres, Federico Trillo, ex ministro de Justicia y ex portavoz del PP en ese ramo acusó en declaraciones públicas a la Policía y al Ministerio del Interior de inventarse todo lo turbio que se relacionaba con Bárcenas. O cuando la secretaria general del PP y ahora también presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, dijo sin pruebas que el Ministerio del Interior dirigido por Alfredo Pérez Rubalcaba espiaba, usando a la Policía, a cargos del PP. Si quieres, sigo dándote ejemplos, que haberlos, como las meigas, haylos.

"Por fin aparecen en la prensa unas notas sin que se sepa de dónde salen ni quién las ha puesto en circulación".
Supongo que el caso Faisán no empezó así, claro. O lo de los EREs de Andalucía. O el caso Campeón. O lo de los Fondos Reservados. O lo de los Gal. Entonces, respeto absoluto a la prensa, claro. Ahora ya no. La prensa tiene sus fuentes y las ha tenido siempre. Si mienten, que paguen. Pero... ¿y si no mienten?

"Es falso".
...y faltaba por añadir, "porque lo digo yo". Volvemos a los actos de fe. Y, lo siento, pero no.

"Nunca, repito, nunca he recibido ni he repartido dinero negro ni en este partido ni en ninguna parte. Nunca. Lo diré otra vez. Es falso. Todo lo que se ha dicho y todo lo que se pueda insinuar es falso".
En un tribunal, un procesado tiene derecho a no declarar en su contra. Nada más que añadir.
"Yo ganaba más dinero en mi profesión que como político".
¿En serio un registrador de la propiedad gana más que los 72.600,36 euros que ha ganado Rajoy como presidente del Gobierno en 2012? Creo que acabamos de descubrir una profesión con futuro... Sobre todo si tenemos en cuenta que tendría que pedir la excedencia para iniciar su carrera como diputado autonómico gallego en 1981. Es decir, ¿ganaba ese dinero un registrador de la propiedad hace casi treinta años?

"Cualquier deducción de irregularidad alguna en nuestro comportamiento a partir de los papeles apócrifos que motivan esta situación no responden a la verdad, es total y radicalmente falsa".
Eso no se demuestra pidiendo, de nuevo, actos de fe. Hay, si no me equivoco, tres personas que ya han dicho que las anotaciones de los cuadernos de Barcenas que se han publicado coinciden con un pago real. Si están en las cuentas del partido, basta con enseñarlas. Con factura y todo. ¿Las tiene el PP? Que las enseñe. Por cierto, "apócrifo" puede significar, según la RAE, "fabuloso, supuesto o fingido" y, en una segunda acepción, "dicho de un libro atribuido a un autor sagrada: que no está, sin embargo, incluido en el canon de la Biblia". Me pregunto cuál de las dos quería usar Rajoy.

"Quiero recordaros también que cuando este partido ha detectado alguna irregularidad, ha actuado, y lo ha hecho con un alto nivel de exigencia que nadie ha igualado".
¿Ah, sí? Baltar, Camps, Fabra y tantos otros por los que se ha puesto la mano en el fuego desde altas instancias del PP, incluso desde su misma Presidencia, igual pueden demostrar lo contrario.

"Tengo que lamentar muy sinceramente, en este sentido, el comportamiento del jefe de la oposición, que ha prestado el crédito que no merecen a las insinuaciones más dañinas, sin calibrar en modo alguno el efecto que tales insinuaciones pueden tener para nuestro país".
Sabía yo que el PSOE tenía que tener la culpa de algo de esto... Inevitable, por supuesto. Ahora es cuando buscamos en Youtube vídeos o en las hemerotecas información sobre dirigentes populares lanzando las más duras acusaciones, desde luego no con la tibieza que por el momento se escucha en este caso desde las filas socialistas, durante la pasada legislatura. Esas, por lo visto, no debían tener ningún efecto en "nuestro país" (¿os acordáis cuando se puso a caldo a Zapatero por usar esa expresión y cómo se dijo que era porque le producía una especie de repelús pronunciar el nombre de España? Pues eso, que ellos pueden, los demás no).

"Yo creo en la Justicia".
Salvo que la imparta Garzón. O uno que no diga lo que nosotros queremos que diga.

"Y seguiré trabajando para vivir en un país en el que sean necesarias pruebas y tribunales para juzgar, sentenciar y condenar".
Como, por ejemplo, ha predicado con el ejemplo su partido con las informaciones de las cuentas en Suiza de la familia de Jordi Puyol.

"La sombra de la sombra de un indicio manipulado no puede servir para que un español pierda la presunción de inocencia".
Considerar todo lo publicado como "la sombra de la sombra de un indicio manipulado" demuestra el escasísimo respeto que tiene el ahora presidente del Gobierno por un pilar cada vez más necesario del Estado de Derecho: el periodismo, el tradicionalmente conocido como cuarto poder. Es obvio que sólo le interesa cuando sirve a sus objetivos. Si no respeta a la prensa, ¿cómo va a respetar todo lo demás? Bienvenidos a su España.

"Muchas gracias y a su disposición".
¿A la de quién? Ni a la de los ciudadanos, ni a la de la prensa. Ni siquiera, que ya sería escasísimo, a la de sus votantes. ¿A la de quién entonces? ¿A la de sus palmeros? Lo que decía al principio, vamos, transparencia absoluta...

jueves, enero 24, 2013

Dar la cara es vital

Hace no mucho leí que el Gobierno pedía ideas para regenerar la labor del político y que ésta fuera mejor recibida entre la ciudadanía. ¿Queréis una? Dad la cara. Es vital. Y lo de hoy, la mayor de la cobardías democráticas. El mismo día en el que la Encuesta de Población Activa bate un récord histórico, negativo, por supuesto, y coloca a España al borde de los seis millones de parados (cifra que no se ha alcanzado por la cantidad de gente que, desesperada, ha dejado de buscar trabajo o se ha ido al extranjeros en busca de una vida que España no le puede dar), sólo ha comparecido un miembro del Gobierno. Ha sido, y una emisora de radio, la Cadena SER, el ministro de Agricultura y no sé qué más porque en el fondo me da igual la nominación, Miguel Arias Cañete. ¿Y sabéis lo que ha dicho? Que la reforma laboral ya está dando sus primeros frutos, que se está deteniendo la destrucción de empleo.

Mariano Rajoy es el presidente del Gobierno que no dudó en buscar votos para serlo fotografiándose en una oficina del INEM con cara compungida. El mismo que dijo, en grandes titulares a cinco columnas, que cuando él gobernara el paro bajaría. No es que importan ya las promesas del Gobierno que más ha incumplido en toda la historia de la democracia, y eso que sólo lleva un año. Pero, al menos, hay que exigir que dé la cara. No lo ha hecho nunca, y hay ejemplos señalados, pero igual ya va siendo tiempo de que lo haga, que para eso consideró el problema del paro como la prioridad de su mandato cuando le sirvió para que muchos creyeran que el "cambio" era imprescindible para que el empleo creciera. Como soy poco exigente, me habría conformado con que apareciera la ministra de Trabajo, Fátima Báñez, esa desaparecida mujer que no está para valorar los datos de desempleo ni tampoco para ir a las cumbres sobre la materia que se celebran en Bruselas. Me pregunto entonces para que está, pero recordando su récord publicado en Twitter en un juego de bolitas igual ya tengo la respuesta.

El hecho de que el ministro de Agricultura sea la única voz del Consejo de Ministros en respuesta inmediata a estos datos es una tomadura de pelo que se explica por sí sola. "Conscientes de que es una cifra preocupante, que habíamos anticipado, hemos hecho las reformas para que 2013 sea un año mejor pese a todos los augurios", dijo Cañete. Bla, bla, bla de argumentario tóxico que se rebate en dos pinceladas. La primera: Federico Jiménez Latorre, secretario de Estado de Empleo y encargado del marrón de valorar los datos de hoy a falta de un presidente, vicepresidenta o ministro que se gane el jugoso sueldo que cobra, aseguró que "hasta finales de este año o principios de 2014 (...) no es esperable que aumente el empleo", lo que dificulta que, como dice Cañete, 2013 sea un año mejor. La segunda: "Espero que no", dijo la ministra de Empleo, Fátima Báñez, cuando al aprobar la ya mencionada reforma laboral le preguntaron si sería la ministra de los seis millones de parados, eso que Cañete dice que su Gobienro ya anticipaba.

Rajoy y sus ministros no es ya que no arreglen un problema que, espero que ya nos hayamos dado cuenta todos, no saben cómo arreglar sin la ayuda de la divina providencia. Pero es que ni dan la cara en este asuntillo de nada que es el paro en España. Bienvenidos a otro de los inmensos beneficios de la mayoría absoluta, que empiezo a pensar que tendría que estar prohibida por Ley.

miércoles, enero 16, 2013

Entrevistas comerciales, Tarantino desencadenado

Voy a caer en una de las miles de trampas que parece poner el mundo del espectáculo para que hablemos de sus productos. Quentin Tarantino está a punto de estrenar en España su última película, Django desencadenado. Y como parte de la promoción para ésta, la distribuidora organiza entrevistas con su director y sus actores. Bienvenidos al show. No me detendré ahora en el escaso valor que tienen estas entrevistas en las que siempre se vende la mejor película de la historia (un consejo: para saber lo que piensan de verdad los protagonistas de la producción de un filme, comprad el DVD, Blu-Ray o lo que venga después con la edición conmemorativa del décimo o vigésimo aniversario, porque ahí, cuando ya sean todos multimillonarios, suelen contar la verdad), sino en la actitud con la que se encaran. Y para ello, Quentin Tarantino desencadenado (lo siento, en inglés y sin subtítulos).

Sólo con ver el vídeo, incluso sin haber entendido nada, veréis que es obvio que el viejo Quentin está muy mosqueado. Os resumo la secuencia. El entrevistador le pregunta por la violencia en sus películas y la relación con la vida real. Y Tarantino se pone muy nervioso y le dice que no quiere hablar de eso, que no va a contestar a preguntas de ese tipo sencillamente porque no quiere, porque "no soy tu mono y no puedes obligarme". "Estoy aquí para vender mi película. Esto es una (entrevista) comercial para la película, no te equivoques", le dice. Vale. Prescindamos de la posibilidad de que la entrevista esté preparada de alguna forma para que acabe así, sea con la aquiescencia de una o de las dos partes, sea para que se hable de la película y se vendan más entradas o para que la audiencia del programa televisivo en que se emita tenga una audiencia superior. Vamos al "no te equivoques".

Me apasiona la entrevista, ese género en el que un periodista charla con alguien que tiene ideas, argumentos, pensamientos valiosos que transmitir. Pero detesto las entrevistas dirigidas. No me gustan pantomimas como la que se orquestó con el Rey y Jesús Hermida como protagonistas, porque no dicen absolutamente nada, son notas de prensa interesadas, son pactos de "yo te pregunto esto y tú me respondes aquello". No hay preguntas, no hay diálogo. Hay mensajes programados. Pero tampoco me gusta que el entrevistado crea que el entrevistador es sólo un medio de sacar algo en su propio beneficio, que es lo que le dice Tarantino. Le dice que él está ahí para vender su película y nada de lo que le pregunte el periodista que no le ayuda en ese propósito será atendido o respondido. No me interesan esas entrevistas y no me interesan esos personajes. Estamos demasiado acostumbrados a que las entrevistas sean dirigidas de esa forma y es un grave error.

Lo malo es que es una rueda viciosa. A mí me encantaría hablar de asuntos serios con Tarantino, pero Tarantino seguramente no me daría una entrevista si no está promocionando una película, y a mí no me interesa hacerle preguntas fáciles y previsibles que le interesen para que me cuente lo bonito que ha sido rodar la película en cuestión y venda lo gran director que es. Quiero hablar de su trabajo, de la industria, de la vida, pero no entiendo por qué tengo que hacerlo en sus términos. El periodista soy yo y yo decido cómo hago las preguntas. Es mi trabajo. Lo demás es prepotencia y soberbia. Lo gracioso es que estoy de acuerdo con Tarantino en que no veo ninguna asociación entre la violencia en el cine y la violencia en el mundo real, defiendo que lo que hay en una pantalla es ficción y que si un tipo está perturbado no necesita la excusa de una película para provocar una tragedia. Pero su forma de defender esa posición me parece lamentable y triste, y su despreción al trabajo de la persona que tiene enfrente es deleznable. Y muy habitual, por desgracia.

Ah, se me olvidaba. No soporto a Quentin Tarantino como director. Ya lo he dicho.

lunes, enero 07, 2013

Cosas que echo de menos del fútbol de antes

Dicen que cualquier tiempo pasado siempre fue mejor. No me lo creo en casi ningún aspecto de la vida, pero últimamente me he dado cuenta de que no paro de decirlo cuando hablo sobre fútbol. Cuando la gente no cesa de maravillarse con los récords de Messi y Cristiano y con la desesperante omnipresencia de Barcelona y Real Madrid, que parece que el fútbol se inventó ayer y con estos únicos protagonistas, el caso es que a mí este deporte me aburre cada vez más (lo cual, siento ser tan incongruente con cuestiones ya arraigadas en el corazón, no implica que vea menos o siga menos a los míos). Pero, veréis, es que hay aspectos que echo de menos del fútbol de antes. Cosas que han cambiado, se supone que para mejorar el espectáculo o simplemente por comodidad y que a mí me aburren. No las quiero así. Quiero recuperar esto del fútbol de antes. 
Y lo primero que reclamo, llamadme quisquilloso si queréis, es que la foto del equipo se haga como está mandado, con los jugadores de abajo de cuclillas. ¿Qué demonios es eso de agacharse solo un poquito? De cuclillas, así es como hay que ponerse y no hay más discusión que valga. Porque así es como nos hemos puesto todos alguna vez en el colegio. Como nos hemos colocado en fotos de grupo de cualquier evento social pensando que, efectivamente, éramos el delantero centro de nuestro equipo. Qué chorrada, ¿verdad? Pues no, no lo es. Veo la forma en la que el equipo posa ahora para la foto y veo más desgana que otra cosa. Y si hay una foto que siempre me ha gustado tener de un partido de fútbol es la de su alineación. Así que si transmite desgana, mal vamos...
Otra cosa. Está muy bien esto del respeto y que se saluden todos antes de empezar, jugadores, árbitros y público y todo eso. ¿Pero qué tiene de malo que la gente pueda aplaudir a los suyos cuando saltan al terreno de juego y silbar al contrario? ¿Por qué nos han privado de esa posibilidad haciendo que todos salten a la vez y cumpliendo este absurdo ritual de darse la mano antes de empezar? ¿Qué le voy a desear al rival antes del partido? ¿Suerte? ¡Si lo que quiero es ganarle y, si puedo, macharcarle! Vamos a ver, los jugadores que se conocen y los que se llevan bien, se saludan antes de salir al campo. Los que quieran, se puede saludar después y cambiarse la camiseta si quieren. E incluso si hay razones para ello, que salgan juntos los que quieran. Pero yo echo de menos esos momentos en los que teníamos la capacidad de apabullar al rival desde el inicio con la ovación a los nuestros. O con una pitada monumental al rival si era uno que se la mereciese. Detesto la corrección política que nos han impuesto a todos.
Sigo. Las celebraciones absurdas. Vale, sí, hay algunas que pueden tener cierta gracia y que son marca de un jugador en concreto (¡ah, el bailecito del camerunés Roger Milla en el Mundial de 1990 sí que fue grande!). ¿Pero en serio se puede celebrar un gol tumbándose boca arriba y haciendo como que eres una cucachara dada la vuelta? ¿O emulando a un perro que orina sobre la línea de fondo? ¿O con los bailecitos de moda? ¿En serio? Si yo entiendo que cuando un jugador marca está deseando celebrarlo con los suyos, ¿pero no cansa ya un poco tanto beso al anillo, tanto corazoncito con las manos y tanto balón debajo de la camiseta para las mujeres/novias/parejas embarazadas? Cuando uno marca un gol, se vuelve loco. Corre, grita, salta, levanta el puño, se abraza a sus compañeros, pega una voltereta si sabe hacerla. Pero estos gestitos cada vez me parecen más artificiales y despegados del aficionado, que al final es quien de verdad celebra el gol en su corazón. Luego que hagan lo que quieran, pero primero hay que gritar, correr y saltar. Como se ha hecho toda la vida.
Y lo que más detesto de todo. El gilicorner. Cualquier entrenador me desmentirá, pero para mí hay cuatro formas de sacar un córner: al primer palo, al segundo, al centro del área o directamente a puerta, eso que se conoce como córner olímpico. Y punto. ¿Quién diantres inventó el gilicórner? ¿Quién pensó que es efectivo sacar un córner en corto a un jugador que está a medio metro? ¿Es que acaso no se dan cuenta de que el lanzamiento de un córner como está mandado es una de las acciones más plásticas y hermosas del fútbol? Tú junto al banderín, el resto de tus compañeros dentro del área, todo el equipo contrario defendiendo y toque de corneta en cuanto el balón vuela en dirección al lío. Que sí, que alguna vez se marca algún gol de gilicórner. ¿Pero cuántos se marcan cuando se pone un córner como se debe hacer? Docenas. Y qué golazos. Un buen cabezazo entrando desde atrás. Imparable. Y precioso.

Que sí, que luego hay muchas cosas bonitas en el fútbol moderno, mejoras que han funcionado y detalles que nunca podrán dejar de ser tan hermosos como lo eran cuando el fútbol nos alcanzó de lleno siendo niños. Pero, en serio, el fútbol que tenía estas cosas, el de los años 80 por ejemplo, era genial. Y estoy seguro de que el de antes también.

miércoles, diciembre 26, 2012

Liebster Award

Vale, confieso que soy presa fácil. Cuando veo un cuestionario de estos que abundan por Internet, caigo con sencillez. Y BkindZanks ya ha conseguido que haga de forma consecutiva dos que ha publicado en su blog... sin necesidad siquiera de nominarme. Aquí el enlace a su blog, Uno de estos días, y aquí a esa entrada en concreto por si quiere leerla alguien que no frecuente su más que recomendable espacio, que desde hace ya algún tiempo es para mí cita imprescindible.

Estas con las normas del premio en cuestión. Las pongo para que consten, pero, claro, como casi siempre me salto la mitad. No voy a nominar, que lo coja quien quiera contarnos algo de su vida.
1. Cada persona debe escribir once cosas sobre sí misma.
2. Debe responder a las once preguntas que le ha enviado quien le nomina.
3. Ha de crear once preguntas nuevas que le enviará a quienes nomine.
4. Tiene que elegir a once bloggers con menos de 200 seguidores para premiarlos.
5. Esos bloggers deberán contestar a las preguntas.
6. No se puede enviar una nominación de vuelta.

Ahí van, pues, esas once cosas sobre mí. Intentaré ser original y no repetir cosas que ya he dicho o casi todo el mundo que me conoce sabe...

1. Mi frikismo coleccionista no es tendente, por ahora, a artículos caros. Soy gastoso pero no derrochador. A mí alma friki le satisface con la misma intensidad tener la colección de latas de Pepsi que se vendieron coincidiendo con el Episodio I de Star Wars que una estatua de Darth Vader de 800 euros. Recordad que he dicho por ahora. Algún día haré un dispendio.

2. Ando mucho. Y lo hago por tres razones. En primer lugar, porque tengo tiempo para hacerlo sin necesidad de ir corriendo a todas partes. En segundo lugar, porque es un ejercicio sanísimo que no requiere grandes esfuerzos ni equipamiento adicional. Y en tercer lugar porque estoy harto de que el Gobierno de la Comunidad de Madrid me time con subidas abusivas de los precios combinadas con una alarmante reducción de la calidad y frecuencia del servicio.

3. Cada día que pasa, detesto más el tabaco. Y a muchos fumadores. No os deis por aludidos los fumadores que sois conscientes de que los demás no tienen por qué respirar el humo de vuestro tabaco. Los demás, sí, daros por aludidos porque me arruináis el día cada vez que no puedo evitar tragármelo. Lo siento, pero es así. Alabado sea el político (y sé quien es, pero no lo digo, que está mal visto...) que impulsó la Ley anti tabaco. Sobra decir que en mi vida ha dado una calada a un cigarrillo o similar.

4. No me importa que esté mal visto, que la gente me mire mal o que en algunos sitios nocturnos no me dejen pasar, mi calzado predilecto es un buen par de zapatillas deportivas. Obviamente, para las ocasiones que lo requieren, los zapatos caen, pero nunca estoy a gusto con ellos. Ni con una corbata. ¿Quién inventaría ese inútil trozo de tela y su endemoniado nudo...?

5. Me arrepiento enormemente de no haber guardado una redacción que hice con diez años en el colegio. Todos los lunes escribíamos un texto libre y la profesora escogía uno cada semana que después pasaba a un periódico que hacíamos sacando copias con gelatina o algo parecido. No sé si aquella la escogió, probablemente no, pero la recuerdo como si fuera ayer. Escribí sobre un partido de la Real en el Bernabéu que ganamos 0-4. Y recuerdo que el dibujo que acompañaba a aquel texto era el del cuarto gol, una maravilla de Bakero tirándose en plancha. Como si fuera ayer...

6. Cuando hago una entrevista o cubro una rueda de prensa, dependo en exceso de la tecnología. Me fío absolutamente de mi grabadora y apenas tomo notas. Mal hecho por mi parte, porque los accidentes suceden (solo recuerdo que me haya pasado una vez, y fue fácilmente subsanable), pero me sostengo en la grabación para poder prestar atención a quien habla, a lo que dice y a cómo lo dice. Me parece que eso también forma parte de sus palabras y es importante verlo.

7. Me pone de mal humor cuando alguien con quien estoy debatiendo tergiversa adrede mis palabras o mis argumentos. Ese es el momento en el que ya sé que la conversación está acabada, aunque sigamos hablando mucho tiempo después de eso. Para mí, hay pocas cosas peores en un debate que no querer entender lo que alguien quiere decir.

8. Tengo prohibido en las conversaciones con personas que valen la pena que ellas mismas se autoinsulten, infravaloren o se echen la culpa de lo que les sucede por circunstancias de la vida. Si vales la pena y sabes que lo pienso, no lo hagas. Porque no te dejaré.

9. No tengo ningún recuerdo memorable de profesor alguno más allá de quinto de la desaparecida EGB. En ese año y los dos anteriores tuve una maravillosa, pero a partir de ahí los he tenido mejores y peores, como personas y como profesores, pero nada que se haya quedado en mi memoria con especial reconocimiento de sus méritos. Ni en el colegio, ni en el instituto. El clásico maestro no forma parte de mi memoria.

10. Sigo disfrutando a día de hoy con cosas que me entretenían de niño. Releo los cómics que leí entonces, vuelvo a ver las series de dibujos animados que echaban entonces por televisión. Y me parecen hoy, como hace tantos años, entretenimientos tan dignos como los que he ido descubriendo según cumplía años. En su contexto, porque el contexto es importante.

11. No soy capaz de entender que la gente escriba mal a propósito. Ni falta de espacio en Twitter o SMSs, ni rapidez a la hora de escribir en Whatsapp. No me sirve como excusa. ¿Qué tiene la gente en contra del signo de interrogación o admiración de apertura? ¿Por qué nadie parece saber para qué sirve cada preposición y las usan indistintamente? ¿Tan difícil es saber qué se escribe con b y qué con v? Y ya cuando la "gente" es el "periodista", la hemos liado pero bien... Ver una falta de ortografía en un medio de comunicación es algo que tendría que ser intolerable. Pero, claro, sé por experiencia que los filtros no funcionan como deberían, así que...

Estas son las preguntas que incluyó BkindZanks para los insensatos, como yo, que decidiéramos recoger el guante, con sus correspondientes respuestas:

1. ¿Qué harías si te quedases una noche dentro de un centro comercial cerrado?
Al cine. De cabeza. ¿Quién no ha tenido ganas de trastear con un proyector? Vale, ya sé que eso es antiguo y que ahora va todo en formato digital. Pero mirar la sala desde una cabina de proyección es un pequeño sueño que algún día habría que cumplir... Como el de tener una sala entera para mí solito... Y de noche en un centro comercial me da tiempo a ver cuatro películas por lo menos...

2. ¿Si tuvieras que elegir tener un poder sobrenatural, en plan superhéroe, cuál sería?
Teniendo en cuenta que una de mis pasiones son precisamente los superhéroes y por tanto he leído historias de centenares de ellos con poderes completamente diferentes entre sí, es una pregunta realmente difícil... Y la verdad es que no creo que haya mejores secuencias en las historias de un superhéroe que cuando vuela por primera vez. Eso tiene que ser realmente impresionante.

3. ¿Qué canción pondrías ahora mismo?
Ahora mismo creo que me pondría cualquiera de los cuatro o cinco temas memorables que hay en la banda sonora de Conan el bárbaro, de Basil Poledouris. Siendo un compositor que no tiene tantas obras grandes, esta es sencillamente perfecta. Pero perfecta de verdad.

4. ¿Cuál es la mentira que no volverías a decir?
No soy una persona que diga mentiras, aunque algunos no quisieran creerme cuando lo proclamaba. Se me nota tanto, que me parece absurdo hacerlo. Puedo evitar una respuesta, pero no dar una falsa. Así que no se me ocurre ninguna mentira que no repetiría... Simplemente, es que no mentiría.

5. Descuelgas el teléfono, te ha sucedido algo, ¿a quién llamas?
Lo más normal es que fuera a mis padres. A menos que ese algo que me suceda lo pueda solucionar otra persona. Suelo ser pragmático para esas cosas.

6. Caminando por la calle, ves venir de frente a una persona de tu pasado, ¿quién te gustaría que fuese y en qué situación te gustaría que te encontrase?
Esta es buena... Hace no mucho se me pasó por la cabeza una compañera del instituto que me caía muy bien aunque tampoco tuvimos una relación muy estrecha, que no volví a ver desde que salimos de allí y de la que me gustaría saber algo... Sin pensar en situaciones especiales, simplemente por saber de ella. Y no, no he conseguido dar con ella a través de las redes sociales.

7. ¿Te han detenido alguna vez o similares?
¿A quién? ¿A mí? Con lo bueno que soy... Creo que el castigo más grande que he sufrido fue cuando tenía seis o siete años y me pusieron en el colegio contra la pared... Y creo que la causa era que estaba hablando en clase. Y, claro, ya se sabe que con esa edad los niños tienen que estar callados para escuchar las clases magistrales de sus profesores, imprescindibles a esas alturas para sacarse el doctorado...

8. ¿Cuál crees que es la solución para salir de la situación económica que angustia a este país?
Una solución doble. En primer lugar, un batallón de inspectores que acabara con todos los fraudes y gastos innecesarios. Eso sí sería ahorrar y permitiría no tocar las líneas rojas de lo que tiene que afrontar un Estado, además de que desenmascararía esos recortes "imprescindibles" que nos cuentan ahora mismo nuestros adorables gobernantes. En segundo lugar, equiparar de una maldita vez lo que ganan los ciudadanos y lo que le cuesta vivir en este país. Porque con el desfase actual me parece imposible salir de ninguna crisis.

9. Si pudieras corregir uno de tus defectos asumidos, ¿cuál sería?
Debida a mi resistencia a decir "no" cuando no tengo otra tarea apuntada en la agenda, mi excesiva disponibilidad para todo el mundo, y eso incluye a gente que no lo merece. Pero ya lo estoy corrigiendo. Poco a poco. Aunque sigo pensando que si puedo ayudar a alguien, ¿por qué no lo voy a hacer...?

10. ¿En qué película te gustaría vivir durante una semana?
Esta pregunta podría tener una respuesta diferente cada vez que alguien me la hiciera. Pero pensando en que hablamos de una semana, y dado que muchas de las películas que me venían ahora a la cabeza no abarcan tanto tiempo en su historia, me voy a quedar con siete días a bordo del Suprise, bajo el mando del capitán Jack Aubrey y con el doctor Stephen Maturin. La película, Master and Commander.

11. ¿Cuál es esa pregunta que siempre te hacen y nunca contestas?
No tengo una pregunta recurrente que no conteste por sistema. Y tampoco suelo evitar tipos de preguntas. No sé, probadme, preguntad y lo descubrís...

Y estas son las once preguntas que dejo por si alguien las quiere contestar, en los comentarios o en sus propios blogs...
1. Un personaje de ficción (película, libro, cómic, serie...) te ha enamorado para siempre, sin remedio y por encima de todos los demás. ¿Quién es?
2. ¿A quién y por qué has mandado a freír espárragos (o cualquier expresión análoga, reproducible o no) con mayor contundencia en toda tu vida?
3. ¿Qué no has hecho nunca que te gustaría probar en algún momento más o menos cercano?
4. Dejando al margen felicitaciones navideñas o de cumpleaños, ¿cuándo fue la última vez que enviaste una carta personal por correo físico y no por e-mail?
5. ¿Engañas mucho al escribir o dejas ver la persona que realmente eres?
6. ¿Cuál ha sido el mejor momento de tu vida que tenga que ver con el deporte?
7. Una manía que no hayas sido capaz de corregir a pesar de que todo el mundo te dice que tienes que hacerlo.
8. ¿Cuál es la última película que dejaste de ver y por qué?
9. Te toca un millón de euros en cualquier lotería. ¿Cuál es el primer gasto que haces con ese dinero?
10. ¿Crees en las casualidades?
11. ¿Cuál crees que es la principal razón por la que ahora mismo estás como estás en tu vida, sea bien o sea mal?

viernes, diciembre 21, 2012

Felices fiestas

Pues así como quien no quiere la cosa, resulta que nos hemos vuelto a plantar en los diez últimos días de diciembre y, obviamente, del año. 2012 se va y entramos en el peligroso terreno en el que, se celebren o no, todo el mundo se dedica a felicitar al prójimo por estas fiestas. Bueno, no, vale, no todo el mundo, que uno no tiene más que cruzarse con algunos de sus vecinos para comprobar que ni las Navidades les impide ser tan siesos. En el fondo da un poco igual. Los motivos por los que hay gente que adora la Navidad son tan comprensibles como los que tienen los que la detestan, aunque con estos últimos soy más comprensivo porque viven en un mundo sobrecargado de luces, felicitaciones y mensajes consumistas que no quieren.. Ni en uno ni en otro extremo, yo simplemente uso la Navidad como excusa para mandar buenos deseos a todo el mundo. Eso, desde luego, no hace daño, se sea creyente o no, se sea consumista o no, se sea feliz en estas fechas o no.

Esta que encabeza la entrada, con una de las miles de luces que adorna Madrid en estas fechas, es la felicitación que he mandado por correo electrónico a, creo, todo el mundo que tenía que recibirla. Igual se me ha pasado alguien porque ahora mismo el orden que hay en la libreta de direcciones de mi e-mail es, por decirte de forma eufemística, un auténtico desastre. Algunos de los que pueden pasar por aquí la tendrán ya en su bandeja de entrada, pero, como se trata de mandar buenos deseos para el próximo año que comienza en apenas diez días, la reiteración nunca está de más. Que paséis todos unos días muy felices y que 2013 os traiga todo lo que soñáis que puede suceder en los próximos doce meses. ¿Veis? Se puede decir sin siquiera pronunciar la palabra "Navidad". Y quien quiera me puede responder con un "paparruchas" que, aún siendo una palabra preciosa, la rebatiré lo mejor que pueda.

sábado, diciembre 15, 2012

Incontinencia viral

Otra vez, los medios de comunicación se han equivocado a lo bestia. Carme Chaparro lo cuenta en su blog mucho mejor de lo que yo lo haría, así que no voy a insistir en el relato de cómo durante unos interminables minutos se culpó de la horrible matanza del colegio de Conneticut a un hombre inocente, cuyo mayor delito era ser hermano del verdadero autor. Pero sí tengo claro que esa es una muestra del fracaso de los medios en esta era de Internet en la que la inmediatez se ha convertido en el único argumento a seguir, sin pernsar en las consecuencias. Se ha acabado, ya para siempre, aquello de la comprobación de la información, de la verificación de las fuentes, de asegurar que algo es cierto antes de difundirlo. Ahora lo que importa es llegar el primero y generar impacto. ¿Que no es verdad lo que se dice? Ya se desmentirá y, como mucho, se pedirán las oportunas disculpas.

Pasa en lo más anecdótico (me acuerdo ahora de Manu Carreño anunciando el pasado verano que el Málaga iba a descender a Segunda División B por deudas, cuando todos los organismos oficiales que tenían que ver con esa decisión estaban desmintiéndolo; por supuesto, Manu Carreño sigue en su puesto de trabajo, asumiendo cero responsabilidades por una metedura de pata así), y con casos como este es obvio que también pasa en lo más trascendente. Periodistas, comunicadores y responsables de medios de comunicación no se quieren dar cuenta del daño que pueden hacer. A Ryan Lanza, ese hombre acusado desde los medios primeros y desde las redes sociales después, no le pasó nada, pero imaginad que en un momento dado se llega a cruzar por la calle con el padre de un niño que va a esa escuela norteamericana. ¿Qué habría podido hacer ese hombre? ¿Qué hubiéramos hecho cualquiera de nosotros si tenemos la certeza absoluta (si lo dice la tele, será verdad) de que tenemos ante nosotros a un asesino?

Quizá el resultado podría haber sido similar al de la enfermera de la ya famosa broma de una radio australiana. Será muy divertido eso de ir gastando bromas radiofónicas, pero ¿alguien se para a pensar en las posibles consecuencias de dichas bromas? Obviamente, este caso es extremo. Poca gente se suicidará después de ser objeto de una broma, del calado que sea. Pero hay consecuencias de otra índole que podrían haber sucedido. Supongamos que esta enfermera no se quita la vida. Entonces no se habría producido revuelo mediático. Pero supongamos que la enfermera tiene un jefe severo que decide despedirla por revelar información confidencial. Supongamos que esa enfermera necesita imperiosamente ese trabajo para salir adelante, que tiene una hipoteca brutal, o familiares enfermos a su cargo, o niños pequeños que cuidar. Por unos minutos de despreocupado divertimento radiofónico, acabamos de cambiar por completo y de la forma más estúpida la vida de una persona. Por supuesto que no han cometido ningún delito. Pero olvidamos con frecuencia que muchas acciones reprobables no tienen por qué tener sanción en un código penal.

Eso sin contar con la presunción de inocencia, uno de esos derechos que todos sabemos que no existen ya en esta era de las nuevas tecnologías de la información. Carme Chaparro cita un caso espeluznante que todavía recuerdo. Muere una niña de tres años y rápidamente se informa, se confirma y se insiste en que el asesino es el padrastro de la cría. Se le detiene como sospechoso (que no como culpable). Se dice que la pequeña ha sido violada antes de ser asesinada. Y después se confirma que la muerte se debió a una caída desde un columpio, en la que la chiquilla se golpeó la cabeza. ¿Alguien puede ponerse en la piel de ese hombre? No sé si será una buena o una mala persona. Ni siquiera sé si quería a esa niña o a su madre. Pero además de perder esa vida que tenía antes del accidente porque nada es lo mismo tras una tragedia así, quedó marcado para siempre como un asesino. Lo dice la portada de un periódico. Lo dijeron en la televisión. ¿Eso cómo se repara? ¿No sería necesario tener paciencia y no llegar a conclusiones desde el comienzo?

Durante los seis años y medio que trabajé en una gran redacción, vi bastantes desmentidos de muertes. Hay un atentado de ETA y hay una víctima mortal. No, espera, no se ha muerto. A pesar del error periodístico, grave y en teoría imperdonable (obviamente, la verificación no ha sido correcta porque el hecho no se ha producido), el beneficio de la realidad es evidente. No hay muerto, todos felices. Eso pasa mucho, y los medios digitales se han sumado a esa tendencia de matar antes de tiempo a mucha gente, sean famosos ingresados por motivos de salud o anónimos en accidentes o atentados. ¿Pero qué pasa en casos como este? Vamos a otro caso. ¿Es capaz de imaginarse alguien que acabe probándose la inocencia del padre de Ruth y José, los dos niños de Córdoba que tantos minutos de televisión y tantas páginas de prensa han acaparado por su terrible desaparición? Digo probar su inocencia, no que se pueda demostrar su culpabilidad, que esa posibilidad es diferente. A ese hombre ya le hemos juzgado y condenado social y moralmente antes de que se siente en el banquillo de un tribunal. Y, sí, tiene toda la pinta de ser culpable. ¿Pero estamos dispuestos a asumir las consecuencias de haberle señalado tan claramente si es inocente?

Los medios de comunicación no entienden ahora mismo la situación que viven. Están anclados en el pasado, sin comprender las consecuencias de trabajar en un mundo con semejante inmediatez y, en ese camino, han perdido muchos de sus valores. Por eso es tan difícil ser periodista hoy. Porque al periodista se le empuja a ser el primero en dar una información, nunca a comprobarla y tener la absoluta certeza de su veracidad antes de lanzarla hacia un número incontable de destinatarios, que se multiplicarán en un tweet o un enlace que difícilmente se borrará completamente en caso de error. Tampoco se miden las consecuencias de la publicación de una información, y estoy convencido de que eso es algo que tiene que formar parte del trabajo de un medio de comunicación. Es una conducta irresponsable que, por desgracia, no creo que se vaya a detener. Y provocará episodios truculentos de esos que nos entretendrán durante unos días, unas semanas a lo sumo, y después caerán en el olvido. Hasta que se produzca el siguiente y la incontinencia viral, instigada en primer lugar desde los medios de comunicación, siga haciendo estragos.

lunes, diciembre 10, 2012

De Kevin Bacon y otros recuerdos laborales

Ha sido leer este post de Aliena y que me asalten de la manera más tonta unos cuantos recuerdos laborales. Veréis, cuando trabajaba donde trabajaba había que encontrar las formas más absurdas de convertir todo lo negativo que tenía aquel trabajo, tantas cosas que casi se merecen un libro, en algo bonito de vivir. No era fácil, no. Pero lo hacíamos, durante mucho tiempo logramos ese objetivo, porque de lo contrarios habríamos sido carne de psiquiátrico. Eramos un poblado irreductible de galos ante el asedio de esos locos romanos que nos rodeaban. Porque si nos parábamos a pensar en el raquítico sueldo que en otros ámbitos sería considerado bono basura, en la suciedad del lugar que amenazaba con devorarnos, en el escasísimo aprecio que tenía el resto de la redacción y las altas esferas hacia nuestro trabajo (porque no lo conocían) o en las nulas posibilidades de progresar en trabajo o salario, la cosa habría sido como para cortarse las venas. Y entonces, entre otras muchas cosas que nos buscábamos para entretenernos, se nos apareció Kevin Bacon. No literalmente, no, pero ahí estaba el actor en todo caso.

Encontramos una página web con una casilla en blanco en la que, introduciendo el nombre de cualquier actor que apareciera en el ingente y exhaustivo listado de IMDB (por si no lo sabéis a estas alturas de la película, toda una biblia de consulta sobre cine), te lo relacionaba con Kevin Bacon en seis pasos o menos. Es decir, tú escribías, por ejemplo el nombre de Chiquito de la Calzada y esta página en cuestión te contaba, así, para dejarte boquiabierto, que Chiquito ha trabajado con Leslie Nielsen en Spanish Movie, que a su vez ha trabajado con David Alan Grier en An American Carol, que a su vez ha trabajado en El leñador... con Kevin Bacon. Tres pasos entre Chiquito y Kevin Bacon. Impresionante. Después habrá hecho muchas películas, pero nuestra pesadilla era Mi perro Skip. Todo el mundo parecía haber trabajado en esa película o con alguien que haya salido en ella. Y sí, vale, venga, aquí tenéis el enlace para que jugueteéis con las relaciones de Kevin Bacon. Ya podéis divertiros poniendo los nombres más absurdos de actores. Y si llegáis a cinco pasos, por favor, decidme con quién lo habéis hecho.

Y ya que me he acordado de esto de Kevin Bacon, me he acordado también de la quiniela que echábamos todas las semanas y que pagaba el que menos acertara. Me he acordado de nuestro Desafío total particular, nuestra lucha por el aire (acondicionado) contra nuestros particulares Cohagen y Ironside. Me he acordado de esas brutales comidas en el desaparecido Actor's (que nunca tuvo a Robert De Niro en su decoración por mucho que lo pidiéramos). Me he acordado de los profiteroles, de la lasaña, de las hamburguesas y del helado de chocolate de las comidas. Me he acordado de los consejos de ministros, del cegepejota (qué forma tan bonita de abreviar Consejo General del Poder Judicial), de aquel narco que nos traía (sobre todo a mi mejor compañero de estos años) por la calle de la amargura... Me he acordado de las cenas de Navidad que al día siguiente tenían su particular crónica, escrita por un servidor como si fuera una de nuestras informaciones periodísticas. Me he acordado de las batallas de bolas de papel que organizábamos de vez en cuando entre crónica y crónica. No sé, me ha han venido tantos recuerdos laborales... De lo poco que sirvieron algunos y de lo mucho que sirvieron otros...

martes, diciembre 04, 2012

'Danza de Dragones', de George R. R. Martin

Price Minister ha organizado una interesante iniciativa para escoger el mejor libro de 2012 de entre una preselección de doce títulos confeccionada por tres blogs literarios. El que yo he escogido es Danza de dragones, la quinta entrega de Canción de Hielo y Fuego, la novela río de George R. R. Martin.
Entre los aficionados a la fantasía, en cualquier manifestación cultural, había pocos títulos tan esperados en 2012 como el de Danza de dragones. Canción de hielo y fuego vive su momento más álgido de admiración gracias a la serie de televisión, Juego de tronos, que mantiene el título de la primera novela y que ya ha tenido su segunda temporada. Además del éxito de la serie de la HBO, la saga ha dado el salto al cómic y triunfan los libros derivadas del original literario. Y, sin embargo, Danza de dragones no se acerca a lo mejor de la historia, que estuvo en el segundo libro, Choque de reyes, y sobre todo en el tercero, el impresionante y épico Tormenta de espadas. El cuarto, Festín de cuervos, y buena parte de este quinto libro transcurren de forma simultánea, y quizá ahí esté el primero de los problemas de este libro.

Martin ha ido configurando una expansión exponencial de su universo. Lo que en el primer libro parecía un duelo entre los Stark y los Lannister ha desembocado en una inagotable presentación de personajes, linajes y culturas diferentes. Lo que por un lado denota un descomunal trabajo de documentación y un brillante ejercicio de prosa como los ya vistos en los tomos anteriores, por otro arriesga la atención de un lector que pasa decenas, prácticamente centenares de páginas sin saber de los personajes que le han enganchado a la historia desde el principio. La minuciosidad de las descripciones es exquisita, pero se lleva por delante el ritmo de la novela. Y no es un problema de extensión, pues es ligeramente más corta que Tormenta de espadas, sino de intensidad.

Durante buena parte de la novela, y este es el problema fundamental de Danza de dragones, se pierde la salvaje capacidad de sorpresa que Martin había convertido en seña de identidad de la saga. Se echan en falta esos finales de capítulo que dejaban al espectador con la boca abierta, esos giros argumentales tan salvajes como extraordinariamente bien justificados, esos cliffhangers que impulsaban a devorar capítulos enteros hasta recuperar ese momento que había dejado sin habla ni aliento. Sí, se echan en falta... hasta el desenlace de este quinto libro. Porque Danza de dragones tiene un final espléndido y ahí radica su punto fuerte. La última media docena de capítulos recupera el pulso narrativo, la contundencia en los eventos narrados y lo más carismático de su ya extensísimo reparto de protagonistas. Ese final, al contrario de buena parte del desarrollo de la novela, sí hace desear por la pronta publicación de la sexta entrega, Vientos de invierno.

Y más aún. Ese final tranquiliza al seguidor más fiel de la saga. Porque las tres primeras cuartas partes de Danza de dragones hacían temer que lo mejor de la saga había pasado ya, que el futuro podía ser un lento languidecer hasta el final de la historia. Pero el último cuarto del libro hace renacer la esperanza con una fuerza impresionante. Es evidente que este quinto capítulo de la historia de George R. R. Martin es una lectura imprescindible para quienes sigan la saga, es una transición obligatoria para encarar la recta final de una de las narraciones más espectaculares de los últimos años, y su autor cuenta con ello. Esa es la razón de que se zambulla sin reparos en terrenos que no le habrían permitido construir la narración desde cero. Eso no oculta que haya mucho material prescindible en las más de 1.200 páginas de Danza de dragones, pero su desenlace, tan abierto como siempre en Canción de hielo y fuego, es esperanzador. Porque puede que lo mejor esté todavía por llegar.

domingo, diciembre 02, 2012

Expocómic 2012: ¡Qué grande es ser friki!

Expocómic 2012 ha cerrado ya sus puertas después de cuatro días frenéticos de firmas, charlas, visitas de autores, puestos de cómics y exposiciones. Pero me van a perdonar los profesionales, tengo que empezar hablando de los aficionados. En primer lugar, da gusto que cuando el salón madrileño del cómic tuvo que cambiar de ubicación por el cierre de los espacios municipales tras la tragedia del Madrid Arena (evitable, vergonzosa y muestra de cómo es este país... y una parte muy concreta de su clase política, pero eso es otra historia), la respuesta ha sido extraordinaria. La ingente cantidad de aficionados al noveno arte que abarrotaron el pabellón de Matadero Madrid que ocupó Expocómic ha sido una espléndida noticia. Sobre todo el sábado, la marea humana y las colas para entrar al recinto fueron considerable. Gentes de todas las edades y con gustos muy dispares, unidas por la afición a las viñetas y la defensa de un ámbito cultural que todavía sigue sin tener el mismo respeto que otras. Magnífico.
Si la presencia de gente da vida a un evento como este, que los aficionados acudan disfrazados (el famoso cosplay) es algo fascinante. Ellos se merecen un aplauso porque aportan colorido, cariño y entusiasmo a una cita que no solo va de vender cómics, sino de expresar el amor que algunos sentimos por ellos, por sus historias y por sus personajes. Es un lujo dar con gente tan abierta y simpática, charlar con una chica que llevó un disfraz diferente en cada día de Expocómic, y todos logradísimos; con otra que, vestida de Locura (de los Eternos del gran Sandman de Neil Gaiman, resignada por el hecho de que Muerte, su compañera de cosplay, sea más conocida pero no por ello menos encantadora que su compañera), me regaló un pez de papel (es la Locura, no lo olvidéis) porque fui uno de los seis primeros en reconocerla. O simplemente ver el entusiasmo que le pone la gente para hacer sus propios disfraces, independientemente de los fallos que tengan en su factura o de que no se acerquen sus dueños al imposible físico de los personajes del mundo del cómic, el cine o el videojuego. Grandes todos ellos. En este enlace podéis ver una galería de casi medio centenar de fotos de los cosplayers que han amenizado esta edición de Expocómic.

La organización, a cargo de la Asociación Española de Amigos del Cómic, se merece un gran aplauso. Cuando a tan poco tiempo del arranque se quedaron sin sede, que hasta ahora venía siendo el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo, se temió que el salón tuviera que cancelarse o, al menos, retrasarse. Nada de eso. Y se han levantado de tan duro golpe en tiempo récord. Es verdad que ha habido imprecisiones, actividades que no han terminado de funcionar y detalles de los que siempre se queja el aficionado (la temperatura, la iluminación, el espacio...), que para eso paga religiosamente por su entrada, pero los organizadores se han ganado una mirada amable y un merecido aplauso. Sobre todo, además, por la enorme amabilidad y gran disposición de todo el staff que poblaba los pasillos del recinto para ayudar a profesionales y aficionados. Han estado de diez. Quizá lo más criticable haya estado en el siempre espinoso asunto de las firmas, muy difícil de manejar pero todavía a la espera de una fórmula que satisfaga a todos y evite problemas.

Y vamos con los autores, que es lo que da un toque personal a Expocómic para cada visitante. Junto a la convivencia entre aficionados (da gusto encontrar compañeros que se centran en difundir las bondades de Superman, tipos que quieren hacer cortos o simplemente lectores de cómic que, sin conocerse de nada, se ayudan o inician conversaciones sobre maravilloso y amplísimo mundo), los autores vienen a ser la salsa de este tipo de reuniones. Y ha habido de todo. La verdad es que no me voy a detener mucho en lo que no me ha gustado, pero procede lamentar la actitud de Simon Bisley, al menos el último día de firmas. Con síntomas evidentes de no haber llegado al domingo por la mañana en la mejor de las formas, decidió solventar con displicencia su sesión de firmas anunciando que no haría dibujos y que se limitaría a estampar un garabato en volúmenes realizados por él. Peor para él. Es muy bueno, pero no puede actuar así y no denunciarlo sería injusto. Tampoco me gustó mucho que Luis y Rómulo Royo pusieran pegas a dibujar en láminas y no solo en libros, porque la decisión la adoptaron a mitad de la sesión después de hacer algunas láminas, y que se marcharan los primeros y antes de que acabara el horario fijado para esta sesión. De nuevo, allá ellos. Así pierden seguidores, por muy buenos que sean.
En el otro lado de la balanza se situó el otro gran artista internacional, junto a Herb Trimpe (con el que no tuve la suerte de coincidir, y cuyo vuelo se retrasó, imposibilitando su presencia en la sesión de firmas del día inaugural del salón), que estuvo en el Expocómic, Tom Lyle (en la foto que encabeza este párrafo). Cierto que no muchos aficionados pudieron marcharse del salón con su dibujo por su dedicación, probablemente excesiva, a cada uno de los originales que hizo. En su primera sesión, apenas dibujó seis. Pero a todos los dio un trabajo de calidad, honesto y muy conseguido. Y les ofreció su charla y sus conocimientos, no solo a los que tuvieron la suerte de llevarse un original, sino también a los que solo pudo darles su firma en un cómic. Para mí siempre será el autor de las dos primeras miniseries de Tim Drake como Robin y fue una gozada compartir impresiones con él, por breves que fueran, sobre aquella aventura profesional. Se divirtió con los demás autores y con los aficionados. Hacía fotos de sus dibujos y se dejaba fotografiar por todos. Tom Lyle estuvo de diez y se ganó el cariño de todos.
En los stands de editoriales y tiendas también hubo muchas sesiones de firmas. El jueves y el viernes fueron días mucho más accesible que el sábado, e incluso en muchas casos el domingo, en los que la asistencia fue muy superior, pero hubo muchas y muy diversas opciones en este Expocómic. Se cayeron autores como Santiago Valenzuela o Florent Maudoux, pero a cambio aparecieron otros. Entre los más activos por días y por diferentes stands en que se le pudo ver estuvo José Miguel Fonollosa (en la foto anterior, a la izquierda). Y fue, de largo, el más puntual en acudir a todas sus citas. Tantas veces se falta al respeto al aficionado y su tiempo, que a veces se nos olvida agradecer esa disponibilidad. A Sergio Bleda (a la derecha de la misma foto) hay que agradecerle el detalle de los originales que dibujó, de entre los mejores acabados de todo este Expocómic. Y siempre dispuesto a conversar, como Víctor Santos, que mantuvo amenas tertulias con los aficionados sobre sus cómics y sobre series.
Para mí, los nombres de este Expocómic, lejos del listado de autores con los que se atrajo al aficionado con sus firmas en el escenario, fueron El Torres (en la foto superior firmando junto a uno de los brutales dibujos que me hizo su ilustrador) y Gabriel Hernández. No solo soy un entusiasta apasionado de su obra conjunta (El velo, El bosque de los suicidas; obras que recomendé a otros lectores en las esperas para las firmas), sino también de la de Torres con otros dibujantes (Tambores, Nancy in Hell). A Hernández, que me dio un original con acuarela hecho con un mimo exquisito, aún no le he visto nada sin El Torres. Pero caerá. Con ellos tuve la conversación más amena, sincera y agradable de los cuatro días de Expocómic y El Torres le puso el broche de oro con un detalle de los que hacen afición. Como también es de agradecer que Mortimer se comportara como un auténtico profesional, respetuoso con el aficionado con cuidadas ilustraciones de regalo y dándole algo que solo se le puede dar al lector en un salón del cómic. Llegó con su propio papel para dibujar y entregó a los fans chapas, pegatinas y un vistazo a bocetos de sus próximos trabajos. Así es, insisto, como se hace afición. A mí, desde luego, ya me tiene a la espera de nuevos trabajos gracias a su accesibilidad.
Con Uli Oesterle tuvo una muy agradable conversación sobre los  toques autobiográficos que esconde la psicodélica Hector Umbra. El alemán, que se comunicaba en un inglés muy fluido, pidió no una sino dos cervezas para pasar la hora de firmas y no dudó en pedirme que le hiciera llegar las fotografías que hice de los momentos en los que me estaba ilustrando el original que me llevé conmigo. En breve, en cuanto estén retocadas, las tendrá. Es grande la comunicación entre el autor y el lector. No puede faltar en un Expocómic el paso de un clásico como Azpiri, que siempre está dispuesto a hablar de proyectos futuros. Fue también una delicia tener unos minutos para ver trabajar a José Villarrubia o Daniel Sampere, dos dibujantes españoles ya consolidados en la industria norteamericana. Del segundo, por cierto, hay que decir que llegó tarde a sus últimas firmas, las del domingo por la mañana, pero retrasó también su hora de comer hasta que todos los aficionados que habían esperado su llegada se marcharan con su original. Y por apresurados que fueran, o incluso dibujando con una mano mientras hablaba por el móvil con la otra, su Joker, su Superman, su Batgirl o su Supergirl fueron sublimes.
No quiero olvidarme de dos autores más. En primer lugar, Rubén del Rincón (arriba). El autor de la magnífica Entretelas llegó tarde al horario de su firma en el stand de la tienda Comic Hunter. Uno de sus encargados (mil gracias por el trato, porque no todo el mundo se porta así) me ofreció amablemente que le dejara los volúmenes para que me los firmara, pues tenía hora en el escenario con otro autor. Cuando volví, ambos ejemplares estaban firmados y dedicados, y aunque estaba ya cercano el final de su hora de firma, Del Rincón se detuvo a hacer varios dibujos más que, encima, nada tenían que ver con su obra. A mí me regaló un Batman sin que yo le indicara nada. Telepatía, es sin duda mi superhéroe favorito. Y detrás cayeron un Joker y un Superman. Nos dijo que si veíamos por los pasillos al editor de DC le enseñáramos los dibujos. Sin duda, yo apuesto por un Batman de Rubén del Rincón, amigos de DC. El segundo autor en el que me quería detener es Jorge de Juan. Ha publicado hace no mucho Otra puta novela gráfica, que aún no he podido leer. Para mí es el dibujante de su primer trabajo, Moscas y dragones. Le hizo una ilusión tremenda ver el libro. Y más que le dijera que, honestamente, me había encantado aquel trabajo que hizo con Juan Luis Iglesias sobre el maltrato. Me encantó su cercanía y su honestidad. No paró de dar las gracias por mis palabras cuando somos los lectores los que tendríamos que dárselas a quienes nos entretienen con su buen trabajo.

Expocómic es uno de esos sitios que merecen la pena y al que lamento no haberme acercado antes. Tiene por supuesto sus fallos, pero es una cita que tiene que convertirse en imprescindible. En algún stand escuché que este salón es como los Goya y que el de Barcelona es como los Oscars. Por lo que dicen, y a la espera de que algún año me pasa por la Ciudad Condal para verlo, la comparación parece acertadísima. Así que nos toca trabajar desde la capital para que Expocómic sea cada día más grande, para que las editoriales quieran estar ahí y para que los aficionados tengan cada vez más un lugar de encuentro más bonito. Que por difusión no sea. Y, sí, ¡qué grande es ser friki!