Yo era uno de los entusiastas del Debate sobre el estado de la Nación. Bueno, antes de eso habría que decir que yo soy, creo que sigo siendo, un entusiasta de la política. Creo firmemente que todo es política, que no hay foro en el que no merezca la pena debatir sobre los problemas y las cuestiones que afectan a la gente. Porque la política es justo eso, es localizar qué funciona mal y arreglarlo. Y para eso hay muchas armas. El debate es una de ellas. Pero es el arma que los políticos actuales no quieren utilizar porque están ocupados en sus propias cuestiones, en sus egos, en sus sueldos y en sus sobres, tengan la forma que tengan estos. Por eso, el Debate sobre el estado de la Nación que ha terminado hace unas horas (aunque su segundo día y las últimas horas no haya interesado a nadie... ni siquiera entre esa política que copa los titulares) ha sido el más superfluo e inútil de los últimos años. Quizá de toda la historia de la democracia. ¿Por qué? Fundamentalmente porque el presidente del Gobierno ha acudido para examinarse él solito y para recibir el aplauso de los suyos, y no para hablar de la nación. Y de los nacionales ya ni hablamos.
Ha hablado de una nación, pero no de ésta en la que vivimos los mortales. Ha dibujado un escenario impresionantemente bonito, en el que la crisis, palabra que ya hemos desgastado y cuyo significado se ha rebajado y hasta dulcificado de tanto usarla, es algo del pasado. Y lo es gracias a él, al hombre, al presidente, al líder, al mesías. Todo es inevitable. Tenía que hacerlo porque si no, oh, pobres de nosotros, habríamos ardido en las tinieblas. Y ha recibido el entusiasta aplauso de los suyos. Antes, durante y después de sus intervenciones. Sí, ya sé que desde la otra bancada también han aplaudido a Rubalcaba, ya. Pero eso no importa por dos motivos. En primer lugar porque aborrezco evaluar este Debate como un examen de líderes, no voy a caer en ese juego. Y segundo porque el que gobierna es Rajoy. No lo olvidemos. Hoy es irrelevante lo que diga Rubalcaba... o cualquier otro líder político que no sea el presidente del Gobierno. ¿Por qué (de nuevo esa maldita pregunta)? Sencillo, porque Rajoy gobierna con mayoría absoluta. Esa es la forma de hacer que nada más tenga relevancia, por mucho que se quiera insistir en lo contrario.
Y Rajoy confirmó lo que ya imaginaba yo de él antes de las elecciones que le llevaron al poder. Siempre me mostré convencido de que acabará arreglando el país... pero como él entiende arreglar el país. Porque en eso no estamos de acuerdo. Para él, arreglar el país supone dar unas cuantas cifras de conceptos que no entiendo y sobre los que no voy a intentar averiguar nada porque siempre se pueden ver desde diferentes puntos de vista. Para mí, es algo muy distinto. Y en un país (España, ni Oz ni el de las Maravillas) que tiene seis millones de parados, una pobreza creciente, desahucios, despidos, sueldos cada vez más bajos, una sanidad cada vez más imposible, una educación cada vez más deficiente, huelgas de todos los colectivos, recortes en todas las partidas sociales, emigración de personas preparadas e impuestos en alza, a mí sólo se me ocurre una pregunta. ¿Qué aplaudimos exactamente? Esa es la pregunta que nadie le hará ni a Rajoy ni a los que salen en esa foto, porque ya todos hemos entrado en su juego perverso. Aquel en el que el Debate es un duelo entre dos pistoleros, la elección del delegado de clase, un uno contra uno de un partido de fútbol. Pero ya no es debatir sobre el estado de la Nación y de quienes la habitamos.
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jueves, febrero 21, 2013
domingo, julio 03, 2011
Victoria pírrica
Andan muy satisfechos por la calle Génova por la victoria de Mariano Rajoy en el Debate sobre el estado de la Nación. No es para menos, es la primera vez que vence oficialmente. Extraoficialmente gana siempre para los suyos, por supuesto, y es que la política se ha dejado vencer por el hooliganismo, pero ahora lo dice también la encuesta del CIS. Bueno, lo dice la encuesta del CIS cuando se pregunta directamente por el ganador del Debate. Ahí sí gana. Claro que esto de los datos tiene su gracia. Y empezamos por esa misma pregunta: "¿Quién cree que ha ganado el debate?". Resulta que el 50,5 por ciento de los encuestados no dice a nadie. Desde el PP se puso en cuestión el resultado del referéndum que se hizo en Cataluña en 2006 para validar su nuevo Estatuto de Autonomía... porque tuvo una participación del 49,42 por ciento de los censados. Cifras casi clavadas a las de esta encuesta. Obviamente, una encuesta no es un referéndum, pero si lo que se trata es de dar valor a un resultado habría que tener claro cuándo se puede y cuándo no. Pero con cifras, no con intereses particulares, por favor.Luego uno profundiza en lo que dice la encuesta del CIS y aparecen cosas muy curiosas que, en lo que a la valoración de Rajoy se refiere, no invitan precisamente al optimismo. Por ejemplo, que aunque el líder del PP ganara según esa pregunta principal, la que todo el mundo ha llevado a los titulares de la información, resulta que no es, ni de lejos, el que mejor valoración recibe de los ciudadanos. "¿Cómo le parecieron...?" se le pregunta a los españoles y resulta que dicen "Muy bien" más personas que cuando se le menciona a Rajoy cuando son cuestionados (por orden de mejor a peor) por Duran i Lleida, Rosa Díez, Zapatero y Llamazares. Pero es que además dicen "Bien" más encuestados en los cuatro mismos políticos (y aquí el que más porcentaje logra es Zapatero) que en la valoración a Rajoy. ¿Pero sabéis qué? Que ahí no acaba la cosa. No hay político que consiga más apoyos que Rajoy en las valoraciones de "Muy mal" (una décima por encima de Zapatero), "Bastante mal" (supera al presidente del Gobierno por un 4,6 por ciento ) e incluso en "Regular".
Ganar, ganó, pero es que aún hay más. No hay nadie que le supere en el apartado en el que se pregunta a la gente que señale al líder político con el que está de acuerdo "con nada o casi nada de lo que dijo" (32,3 por ciento por el 30,5 del tan contestado y criticado presidente del Gobierno, y no estoy entrando en si justa o injustamente) y no es, para su desgracia, el político que logra el mejor porcentaje cuando se pregunta a los encuestados con quién estuvieron de acuerdo "con la mayoría de las cosas que dijo" (ahí vence Duran i Lleida). Y aunque en las opciones de la siguiente pregunta sí vence con holgura a Zapatero (al parecer única vara de medir de todas las cosas en este momento de nuestras vidas), lo cierto es que el 70,4 cree que tiene pocas o ninguna propuesta real frente a la política del Gobierno, el 70,2 que es poco o nada capaz de hacer una oposición constructiva, el 68,4 le ve poco o nada capaz de infundir confianza a la sociedad española y el 59,7 le considera poco o nada preparado para asumir el Gobierno del país.
Según la encuesta, Zapatero es más moderado que Rajoy (70,9 opta por el presidente del Gobierno por el 48,5 que elige al líder de la oposición; ¿se podría invertir esta pregunta y preguntar quién es más radical?), tiene más sensibilidad hacia los problemas de los españoles (53,3 por 51,4), tiene más capacidad de comunicarse con los ciudadanos (48,1 por 37,1) y tiene más capacidad de encajar las críticas que le hacen (63,6 por 44,9). Y para completar el cuadro, el 53,8 por ciento mantiene la misma opinión sobre Rajoy y el 25,4 incluso tiene peor opinión sobre él. En todo esto, Rajoy pierde con bastante claridad. Son muchas valoraciones negativas. Y a veces son muy negativas. Indudablemente, Rajoy ha ganado el Debate para los españoles, lo dice el CIS, y sigo bastante convencido de que, salvo hecatombe, será el próximo presidente del Gobierno. Pero vistos los altos niveles de desconfianza y de crítica que revela la encuesta, si esto no es una pírrica victoria, no sé qué puede serlo. Salvo que importe la imagen más que los ciudadanos, claro.
martes, marzo 04, 2008
Negando la realidad... y sin propuestas para cambiarla
Yo empecé a tener pensamientos más o menos claros y preocupados sobre la política cuando el presidente del Gobierno era, desde hacía poco tiempo, José María Aznar. Eran los peores momentos del socialismo desde que Felipe González ganara sus primeras elecciones en la democracia. La famosa bicefalia Almunia-Borrell comenzaba a gobernar (es un decir) en el PSOE y la debacle electoral no estaba demasiado lejana. Eran días en que el PSOE tenía una estrategia que, en cierto modo aunque desde muy lejos, era muy similar a la que hoy emplea el PP. Decían entonces los socialistas, como hoy los populares, que todo se hacía mal, que el Gobierno mostraba una incompetencia supina en todos los asuntos de la vida pública, que todas las propuestas eran nefastas para el futuro del país.En mi inocencia adolescente, yo no salía de mi asombro. Me parecía absolutamente imposible que todo, todo, todo lo que hiciera un políticom un partido o un gobierno estuviera mal por definición. Y eso que Aznar nunca fue santo de mi devoción. Pero pensaba que, aunque fuera por casualidad, algo tenía que hacer bien. Nunca he entendido la política del NO a todo. Ayer Mariano Rajoy culminó una nefasta estrategia de oposición, la que ha llevado a cabo durante los últimos cuatro años, con un mal debate. Para él, todo está mal. Y de todo tiene la culpa el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Todo, absolutamente todo, es nefasto. Rajoy no admite ni siquiera la casualidad de un mínimo acierto. Ninguna inercia positiva de años anteriores (salvo la económica). La noble disciplina de la estadística no cuenta en estas valoraciones.
"La situación de las familias es peor que hace cuatro años"; "la inmigración no está controlada"; "crece la delincuencia"; "el precio de la vivienda ha subido un 43 por ciento"; "somos el quinto país de la Unión Europea que menos crece en renta per cápita"; "la inflación en febrero fue del 4,4 por ciento y la cogieron con el 2,1 por ciento"; "el vencedor de la elecciones se tiene que pasar cuatro años poniendo orden en el estropicio de España"; "la diferencia entre los más ricos y los más pobres es mayor en España"; "hizo usted muchas negociaciones políticas (con ETA)". Y así todo lo que dijo Rajoy. Ni un dato positivo. Ni un elemento esperanzador. Ni un punto de optimismo más que si gana su partido. Pintó un panorama de España absolutamente desolador, el de un país que, como poco, debe estar al borde de la quiebra en todos los aspectos. Por supuesto que hay problemas, sólo faltaba, pero defender ese catastrofismo es negar muchas realidades.
Pero, como dije hace una semana, vamos a darle a Rajoy el beneplácito de la duda. Supongamos, y ya es mucho suponer, que ha sido capaz de convencer a los españoles de que viven en un país sumido en la desgracia, en la miseria, en la ruina y rodeados de problemas provocados por Zapatero. ¿Qué va a hacer Mariano Rajoy para solucionar esa situación? Propuestas concretas lanzó muy poquitas. Sólo habló de rebajar los impuestos (esa propuesta fiscal que todavía no ha detallado en su campaña) y de llamar a ese PSOE que tanto ha destrozado España para firmar no sé cuántos pactos. ¿Qué motivos dio para votar al PP más allá de "firmeza" y "mérito"? Más bien pocos. No ha conseguido explicar que el PP tenga un proyecto más allá de un par de promesas difusas. Ni en el debate, ni en la campaña, ni en cuatro años de oposición.
La visión catastrofista no basta. No puede bastar. No creo que vaya a bastar. Creo que Rajoy ha cavado su propia fosa política y creo que a partir del próximo lunes el PP va a tener que pensar en un nuevo líder. Y esta conclusión me parece obvia sin entrar a valorar momentos absolutamente delirantes del debate, como cuando Rajoy acusó a Zapatero de ¡¡¡apoyar la guerra de Irak!!! Nada menos... Sencillamente dramático y, por encima de todo, otro síntoma de la realidad alternativa en que ha vivido el PP y su candidato durante esta legislatura. Porque ese, y no otro, es el mal que les hizo perder las elecciones de 2004 y el mal que, confío, les hará perder las de 2008.
Otro ejemplo más de esa negación de la realidad en la que vive instalado el PP. Todas las encuestas proclamaron ganador del primer debate a Zapatero. Da igual. El PP celebró la victoria de Rajoy. Si no hubo victoria según los ciudadanos, pensarán los más inocentes, ¿cómo pudieron celebrarla? Negación de la realidad por encima de todo, que lo mismo alguien se lo cree. Y ahora todas las encuestas dan a Zapatero como triunfador del segundo debate, aun por más ventaja que en la primera cita. ¡Qué más da! Se recibe a Rajoy en Génova con un nuevo akelarre político tan propio de estos días de campaña y sale Ángel Acebes (recuperado junto con Aznar para dar un tono más duro a la última semana de campaña) con una sonrisa de oreja a oreja diciendo que han ganado. La realidad dice una cosa, el PP otra. Lo mismo que con Irak, lo mismo que con el Prestige, lo mismo que con el 11-M... Negar la realidad.
Zapatero estuvo correcto, a ratos bien, a ratos regular. Bien, en definitiva. No es tan mal presidente del Gobierno como se pinta desde la derecha, pero tampoco es el mejor presidente del Gobierno que hemos tenido como quiere pintar la izquierda. Maneja bien las cifras y el discurso, aunque se le nota mucho cuando no controla demasiado un tema. Nunca he visto en él al demonio que retrata el PP, para qué nos vamos a engañar, pero la superioridad formal y de fondo con respecto a Rajoy me parece difícil de negar, incluso entre quienes puedan darr su voto al candidato popular. Zapatero ganó el debate porque fue mejor, pero también porque el rival fue flojito, flojito, sin duda la mayor decepción política de la legislatura.
En las elecciones no bastará con esa superioridad porque la bolsa de votantes del PP seguirá ahí por mal que lo haga Rajoy (igual que la bolsa socialista, por mal que lo haga Zapatero). La victoria en dos debates no basta para ganar unas elecciones. Eso lo decidimos los ciudadanos con nuestro voto, aunque Rajoy siga menospreciándolo y entienda que la victoria de Zapatero fue por el 11-M y por Irak. Otra negación más de la realidad. Zapatero es presidente del Gobierno porque fuimos más los españoles que le votamos que los que decidieron votar a Rajoy. Cuando en su análisis posterior Miguel Ángel Rodríguez, ex portavoz del Gobierno con Aznar, dijo que la victoria del PSOE dependía de que "dos millones de radicales" votaran a los socialistas, dejó muy claro lo que piensan algunos populares de la democracia. Los votantes se dividen para algunos del PP entre personas normales (los que apoyan a Rajoy) y personas radicales (los que apoyan a Zapatero). Para mí, todos los votos son igual de válidos y respetables. Y para Zapatero también.
Y por si a alguien le interesa a estas alturas, en este enlace (http://www.elmundo.es/papel/2004/05/13/espana/1635988.html) está la crónica que hizo El Mundo de la primera sesión de control al Gobierno que vivió Zapatero en el Congreso. No veo yo la temática económica de la pregunta de Rajoy por ningún lado, pero en fin...
martes, julio 03, 2007
El día que Zapatero se hartó (o el día en que Rajoy demostró que no puede ser alternativa)
El último Debate sobre el estado de la Nación de la presente legislatura ha dejado, seguramente, el más duro enfrentamiento que han tenido Zapatero y Rajoy en el Congreso de los Diputados. Con todos los matices del mundo, creo que este Debate marca el día en el que el presidente del Gobierno se ha cansado de las mentiras, las insidias, las acusaciones sin fundamento y ha pasado al ataque. Y también marca el día en que el líder de la oposición ha dejado claro que no es una alternativa fiable. Si el PP quiere volver al poder, lo más probable, y desde luego lo mejor para España, es que lo haga con otro líder.Me explico. Zapatero ha comenzado con un discurso como el de cualquier presidente del Gobierno en un Debate sobre el estado de la Nación. Triunfalista por encima de todo, y admito que eso me gusta cada vez menos. Aquello del "España va bien" que acuñó Aznar pero ahora ajustado a los intereses del líder socialista. Mucho dato macroeconómico, mucha gran cifra de crecimiento, pero poco sobre la economía doméstica, los problemas del españolito de a pie. Hasta el final, que es cuando ha bajado a la tierra y ha prometido los 2.500 euros por cada nacimiento. Con eso, y algún detalle más en esta línea, de esos que luego no salen en los informativos de televisión, engatusados con la lucha en el barro por encima de todo, ha mejorado al final su intervención.
La intervención de Rajoy ha estado, una vez más, marcada por dos aspectos. Ha sido catastrofista en materia económica (cuando en el mejor de los casos para el líder de la oposición, insisto, en el mejor, se le puede achacar a este Gobierno lo mismo que se le podía achacar al anterior: grandes cifras y escasa atención a la economía doméstica) y se ha centrado casi exclusivamente en ETA. Las acusaciones de siempre han tomado un tono incluso más duro que en ocasiones precedentes, lo que ha provocado que Zapatero se haya mostrado más harto de que de costumbre en sus respuestas. Y me parece normal, comprensible, aunque lo peor sin duda de esta legislatura es que todos nos hayamos dejado arrastrar por esa corriente demagógica del líder del PP. Sin tanta tontería, sin tanta polémica artificial, sin tanto discurso hueco, se podrían haber hecho más cosas. Eso queda en el debe tanto del Gobierno como del PP.
Hace mucho tiempo que bastantes votantes del PSOE pedían a Zapatero respuestas duras y contundentes a tanta insida del PP. Yo no, porque siempre he pensado que la política debe ser algo más que un reproche continuo entre Gobierno y oposición. Ese papel es de analistas y periodistas, aunque no siempre lo hagan bien. Pero ya está bien de dejar que Rajoy hable de las medidas de seguridad de los militares como "una vergüenza" cuando su Gobierno mandó a Irak a soldados españoles con menor protección. Ya está bien de exigir un pacto UPN-PSN en Navarra como muestra del constitucionalismo de los socialistas cuando el PP lleva años vilipendiando a esos mismos con los que ahora quiere pactar. Ya está bien de escuchar sobre los pactos que cerró el Gobierno con ETA utilizando los mismos argumentos de una banda terrorista. Ya está de discursos semánticos sobre "paz" o "guerra" cuando el PP utilizaba esos términos en el Gobierno con el sentido contrario al que lo hace ahora. Basta ya de hablar de una ETA debilitada cuando el PP gobernaba y de insinuar que está detrás del 11-M, porque ambas cosas no pueden ser. Basta ya.
Y es que los argumentos de Rajoy se diluian como azucarillos (Zapatero sacó mucho partido de no tener sus intervenciones limitadas por el reloj de Manuel Marín), y por eso en sus réplicas el líder popular sólo sabía hablar de ETA. Desde luego resulta sintomático que a estas alturas Rajoy tratara de explicar aquella gloriosa expresión de "hilillos de plastilina" que utilizó en su dia para hablar del fuel que salía del Prestige. Por si alguien no lo ha escuchado, ha culpado a un técnico. Tela marinera. Ni una propuesta, ni una idea seria. Los datos económicos con los que subió a la tribuna de oradores en su primera intervención se quedaron allí, toda vez que Zapatero los replicó con contundencia. Sólo populismo. Sólo ETA. Ese es todo el ideario que es capaz de ofrecer Rajoy.
Cuando Aznar nombró a Rajoy como su sucesor al frente del PP muchos pensamos sinceramente que esta legislatura iba a ser diferente. Hoy Zapatero se lo ha dicho a Rajoy. Y creo que tiene razón. Todo viene por un rencor mal entendido que se ha enquistado en el PP por perder las últimas elecciones generales. Mal entendido y todavía muy presente. Como es el último debate de esta naturaleza en la legislatura y aunque ésta (mal que le pese a Rajoy y compañía) no ha terminado todavía, me apunto a lo de hacer balance. Mantengo el aprobado para Zapatero. Le doy un rotundo suspenso al PP, cuyo líder ha tirado la legislatura confiando demasiados en los errores que podría haber cometido el Gobierno. Por el bien de los populares y de los españoles en general, ojalá Rato vuelva a España con ganas de volver a la política.
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