lunes, agosto 22, 2011

Charlot y la visión de Charlot

Una de las leyendas urbanas más interesantes que he leído en mi vida es aquella que habla de que Charles Chaplin se presentó una vez, de forma anónima, a un concurso de imitadores de Charlot, el entrañable vagabundo que creó para el cine. Buscaban al mejor Charlot posible, el que más se acercara a las señas de identidad del personaje. Cuentan que Chaplin, a pesar de su directo conocimiento del personaje a imitar, pues fue él mismo quien le dio vida y el único que sabía lo que pensaba cuando lo creó, no ganó ese concurso. Unos dicen que quedó en segunda posición. Otros que fue tercero. Algunos más que ni siquiera llegó a la final de este particular evento. No sé si esto llegó a suceder en realidad o si simplemente es una bonita historia que nunca llegará a confirmarse del todo. Supongo que nunca se tendrá la certeza absoluta. El caso es que la leyenda tiene implicaciones interesantes.

Imaginad las caras de aquellos que actuaron como jurados de aquel concurso al saber que no supieron reconocer al auténtico Charlot, que pensaron que un imitador era mejor Charlot que el propio Chaplin. Todo el mundo conocía a Charlot porque le habían visto en sus películas, seguro que todos los que presenciaron hubieran jurado que sí, que sabrían identificar sus rasgos a la perfección. Pero a la hora de ver lo que hacía de Charlot lo que era, estas personas no acertaron. Le conocían, pero no supieron reconocer a Charlot. Vieron sus características en otra persona que nada tenía que ver con Charlot. La imagen que tenían de él no era la que se correspondía con la realidad, aunque ellos creían que sí y nadie podría haberles sacado de su error. Su Charlot, el que habitaba en sus mentes, no era el Charlot real. O, al menos, no era el Charlot de Chaplin. Era una versión, idealizada o tergiversada, del personaje.

Pero, por muy intensamente que pensaran lo contrario, ese que tenían en sus mentes no era Charlot. Es curioso cómo, sin quererlo, tenemos esa capacidad de modificar la realidad. Y lo más probable es que mucha gente no se dé cuenta de que su visión no es real ni aunque tengan la prueba delante de sus propios ojos. Y es que no basta con mirar, hay que ver. Igual que no basta con oír, hay que escuchar. Porque, de lo contrario, corremos el riesgo de pensar que Charlot es como nosotros nos lo hemos imaginado y no como es en realidad.

jueves, agosto 18, 2011

Buscando grises

Busco espacios grises. Necesito lugares en los que no me etiqueten necesariamente como miembro de un bando u otro. Deseo encontrar lugares en los que se pueda hablar de todo sin necesidad de que los de cada bando me demonice. Y no los encuentro. Los busco. Todos los días. Pero no los encuentro, cada vez me resulta más difícil encontrarlos. No sé si hace falta decirlo, pero me parece un problema grave. Grave porque estamos limitando de una forma insospechado la libertad de expresión. Y la de pensamiento. Grave porque miramos mal a quien no piensa necesariamente como nosotros. Grave porque eso, no puede ser de otra forma, acaba en enfrentamiento. Lo peor es que es una sensación tan extendida que alcanza ya a todos los terrenos posibles. Y si en esa refriega acaban la política (no voy incidir más en el 15-M, porque ya traté ese tema días atrás en dos ocasiones), la religión y el fútbol, el extremismo está más que asegurado.

Por cuestión de moral, de creencia y de pensmiento, estoy en las antípodas de lo que pretenden las Jornadas Mundiales de la Juventud que se celebran en Madrid. No tengo puntos de encuentro con una Iglesia que vive ajena a la sociedad actual, no entiendo la reiteración de mensajes hacia quienes no sentimos como ellos o el juicio moral continuo hacia nosotros. Pero es que, además, no entiendo, no comparto y jamás apoyaré los privilegios de los que está gozando el peregrino que ha venido hasta Madrid a ver al Papa. Privilegios que yo no tengo cuando acometo cualquier aventrua o experiencia en otra ciudad o país, ni mucho menos en mi vida cotidiana. Privilegios que van desde la apertura de edificios públicos para que sean utilizados como albergues, un abono transporte a precio ínfimo que en Madrid no disfrutan por citar dos ejemplos ni parados ni jóvenes, o incluso que no se les cobre por la asistencia sanitaria (aunque cuando se trate de linchar al rival político este sea un tema muy demandado).

Con este planteamiento, sería fácil caer en la tentación de ponerme en el otro extremo, pero me es imposible. Imposible porque el objeto de mis iras no puede ser nunca el creyente. Si alguien quiere creer, está en su derecho, por mucho que a mí no me guste. Las proclamas que he escuchado, aunque los convocantes de las iniciativas intenten que sean críticas a la subvención pública de estos eventos, van contra la Iglesia por ser Iglesia y contra sus fieles por lo que sienten y piensan. Usan argumentos demagógicos y simplistas, en los que en realidad no creerán pero que quedan muy bonitos en eslóganes. Y buscan el enfrentamiento, con lo que, al igual que me sucede con el 15-M, el primer mensaje que me llega es el de la confrontación, el del follón, el de la falta de respeto, y no el de las ideas, el de los proyectos, el de las iniciativas constructivas. Unos y otros querrían en su bando a cuantas más personas mejor pero sin escuchar lo que tienen que decir. Y así yo no quiero entrar en ninguno de los dos.

Busco también grises en este duelo inagotable entre el Barcelona y el Real Madrid, pero no los encuentro. Quisiera hablar de fútbol, porque sobre el césped despliegan a algunos de los mejores jugadores del momento, pero no quieren que hable de fútbol, que disfrute con la forma de jugar, tan divergente como entretenida, de cada uno de los dos equipos. No me dejan. Veo malos ganadores y veo malos perdedores. Veo un espectáculo poco edificante al que, a diferencia de lo que he sentido siempre, no me gustaría que se acercaran los niños. Veo a dos bandos culpables, cada uno con su elevadísima cuota de responsabilidad, pero que no son capaces de darse cuenta de los errores que estamos cometiendo y de la parte que tienen en el follón desatado y ya sin control en que se han convertido sus partidos.

Lo fácil es tirar contra Mourinho. Fácil y justo, por cierto. El portugués no es santo de mi devoción. Nunca lo ha sido. Su actitud es nefasta gane o pierda y estoy seguro de que está detrás de muchas de las cosas que han sucedido. Como de las acciones violentas de Marcelo o Pepe, que rozan la provocación y la tarjeta roja en cada entrada que hacen. Pero miro al otro lado y tampoco me gusta lo que veo. Detesto ver a Piqué con su mano levantada con los cinco dedos, burlándose de su rival. O a Xavi dando lecciones después del partido. O a Busquets tirándose. O a Messi desplazando el balón. O al banquillo del Barça saltando como loco buscando esa confrontación que tanto debiéramos evitar. Y al final, me da igual quien gane. Me da igual cómo jueguen. El fútbol pierde todo su valor porque sólo veo dos uniformes de guerra y una cruenta batalla en la que lo importante es destrozar al rival. Antes, durante y después de los partidos. Así, tampoco puedo entrar.

Busco grises. Desesperadamente. El blanco y el negro cada vez me son más insoportables. ¿Se viene alguien en mi búsqueda? Me iré solo si es preciso, pero me gustaría encontrar compañeros de viaje que valoren el respeto por encima de todas las cosas. Que admitan que los caminos del contrario son tan libres como el nuestro, aunque no lo compartamos. Que sepan expresar sus quejas sin necesidad de apabullar al otro. Que quieran entender que el mundo no puede moverse en una única dirección y que es posible trazar líneas paralelas y también que se crucen. Que no hace falta ir siempre en contra de todo lo demás. Que podemos dejar vivir al resto, crean o no lo mismo que nosotros. Los grises, vaya. Esos lugares en los que no existen verdades absolutas que haya que imponer a toda la humanidad.

martes, agosto 16, 2011

10.000 euros, un toro y un muerto

Cuando digo que no termino de creerme muchas cosas de esta crisis es por casos como éste. Por muchas más cosas, vaya, pero esto me reafirma en mis ideas. El pasado domingo, un toro llamado Ratón mató a una persona en Xàtiva. El toro en cuestión le costó al Ayuntamiento la friolera de 10.000 euros. No tenemos dinero para medicamentos, para sanidad, para educación y para no sé cuántos servicios básicos más, pero los toros que no falten. Y que no falten, además, pagando por encima del precio de mercado, porque dicen en muchas informaciones que ronda los 2.000 euros el coste normal de un toro para estos festejos veraniegos en los que se sumerge España entera con o sin crisis. Ojo, que no es cosa sólo de las administraciones, que también he leído que las entradas por ver a este toro son más caras que las de otros eventos sin él. ¿Y por qué pagar más por Ratón? Dicen que por su larguísimo historial de cogidas y por contabilizar ya dos muertos.

Es decir, que se trae a este toro a las fiestas patronales porque va a generar situaciones de riesgo. Embestidas. Cogidas. Cornadas. ¿Por qué no muertes? Si en el fondo es el morbo lo que nos mueve, ¿por qué una muerte tendría que echarnos para atrás? Más bien al contrario. Esa parece ser la grotesca filosofía, y así lo deja claro que al ganadero propietario de Ratón le ofrezcan cantidades ingentes de dinero o lo que dice la publicidad de dichos festejos, en las que se incide en el carácter sanguinario del animal para atraer a la gente (ya que estamos, si a un perro se le sacrifica cuando protagoniza un episodio violento, ¿por qué a un toro no?). Y funciona, claro que funciona. Por supuesto, cuando una muerte se produce todo el mundo parece llevarse las manos a la cabeza. Que si cómo se paga esto con dinero público. Que si por qué se trae a un animal así. Que si quién ha permitido que alguien con más alcohol de la cuenta se enfrente al toro. Todo esto llega tarde y se apagará pronto. Dentro de nada dejaremos de hablar de este tema... hasta la siguiente muerte.

Mientras tanto, seguiremos celebrando fiestas. Pagando dinero público. Y si no pasa nada más, si no hay más muertes en estas asombrosas luchas contra los toros, es porque la suerte o la providencia no quieren. A nadie parece importarle que, año tras año, centenares de pueblos celebren encierros con unas medidas de seguridad lamentables, y nadie pide cuentas a los políticos por ello... a menos que pase algo. A nadie le preocupa que el morbo y la posibilidad de ver un incidente serio y grave sean los motivos que arrastran a la gente a ver estos espectáculos... lo que nos convierte en protagonistas mucho más rastreros que un toro que, en el fondo, lo que hace es defenderse. A nadie le importa el dinero público que se gasta y malgasta en estos eventos... cuando no faltan críticas a gastos en otras partidas, de cualquier tipo. Lo importante es la fiesta. Siempre la fiesta. El precio es lo de menos, parece que incluso cuando se paga en forma de una vida.

Nunca me han gustado los toros. Nada en absoluto. Pero si alguien quiere jugarse la vida delante de un animal como ése por el dinero que le pagan, está en su derecho. Es un trabajo como cualquier otro, me guste a mí o no. Cuando saltan a la arena, saben el riesgo que corren y cobran por él. ¿Los encierros y entretenimientos similares? Eso sí que escapa por completo a mi comprensión. No sé qué puede motivar a una persona a jugarse la vida de esa forma. Me dirán que es por la emoción, por la adrenalina, por la experiencia sin igual. Me dirán cualquier cosa, pero yo no la entenderé. Y tampoco entiendo el morbo que mueve al espectador. Jamás se me ocurriría ir a ver un espectáculo en el que sé que gente normal puede morir. Igual tenía razón un hombre que entrevistaron a raíz de este suceso. Igual merece la pena sacar leones en lugar de toros, que así la cosa tendría más gracia. ¿Cuánto cuesta un león? Que igual el sangriento espectáculo nos sale así más barato.

martes, agosto 09, 2011

Revolución

Es fascinante comprobar qué tácticas utiliza la gente para desacreditar la opinión ajena y discrepante. A mí, al menos, me parece fascinante. Y si me lo parece es porque me encanta el debate. Disfruto confrontando mis ideas con las de otras personas, ofreciendo mi punto de vista y mi conocimiento, a veces escaso y a veces extenso, sobre temas que están de actualidad. Al hablar de esas cuestiones en este blog, me expongo doblemente (y lo hago con gusto). Por un lado, soy el primero en hablar y dejo constancia escrita de lo que pienso, lo que da a mi interlocutor (cualquiera que lea esto, quiera o no dedicar unos minutos de su tiempo a contestarme) a meditar sobre mis puntos de vista y contrastarlos con los suyos. Por otro, firmo con mi nombre. Me uno irremediablemente a mi opinión. Y eso, aunque parezca una tontería, me parece un elemento esencial del debate. Ni digo lo que me dicen, ni lo que he leído, ni lo que me parece que puede quedar bien. Digo lo pienso, expreso lo que siento. Nadie tiene por qué estar de acuerdo. Bienvenidos a la grandeza de la libertad de pensamiento y de expresión.

Es evidente que mi opinión sobre algunos aspectos del movimiento del 15-M no son populares, o al menos quienes no la comparten parecen hacer más ruido. Unas pocas personas, la mayoría escondiendo no sólo su identidad (algo extendido en Internet mediante la creación de nicks, algo muy lícito) sino también su procedencia (lo que impide la respuesta en su terreno), han decidido que la mejor forma de defender lo que piensan es denostar lo que yo digo, lanzar insultos, acusaciones sin fundamento (y que creen fundadas en un conocimiento que, por mucho que piensen lo contrario, no tienen sobre mí ahora ni seguramente lo han tenido ni lo tendrán jamás). A nadie le gusta recibir insultos, pero ya sabéis lo que dicen: insulta quien puede, no quien quiere. Y aquellos que han optado por esa vía, la verdad, no pueden. Conmigo no, desde luego, porque el menosprecio salvaje, la nula argumentación y la falta de respeto a la opinión de los demás hace que cualquier interlocutor que tenga en un debate o en una conversación se haya arrastrado él solo por el fango. Ya ha perdido, antes incluso de empezar a hablar, aunque usar palabras grandilocuentes y sin capacidad de respuesta directa le haga sentirse vencedor.

A mí no me preocupa que alguien gaste su tiempo en cuestionar mi forma de vida, mis gustos de ocio, mi pensamiento social o mis ideas políticas. No me preocupa que alguien se invente, sin base alguna, que a mí me gusta algo que no defiendo, que estoy vendido a no sé muy bien quién o qué, que estoy adoctrinado, que soy un facha, que doy asco, que soy lamentable o que no tengo sentido crítico. La verdad, me da igual. No escribo para probar nada a nadie, y mucho menos a la gente que se cree en condiciones de juzgarme con severidad por lo que cree entender de lo que digo. Lo que me preocupa es ese pensamiento único que, al parecer, quieren imponer quienes así se expresan. Se creen libres de toda crítica, piensan que su justa vía es la única admisible y que quien no la comparta es el enemigo a batir, a destrozar, a humillar. Yo escribo con la tranquilidad de respetar todas las ideas que no atenten contra nadie. Es obvio que unos cuantos de los que me han dejado comentarios en mi anterior entrada no comparten ese talante. Allá ellos, yo no voy a cambiar mi forma de escribir o de pensar por cuatro insultos y/o menosprecios, por mucho que cuando exprese una opinión me quieran colocar siempre etiquetas.

Todo tiene que ser blanco o negro, por lo visto. Los grises no se aceptan. Los matices no existen. Estás con nosotros o contra nosotros. Lo siento, ese no es mi mundo ni tampoco el camino que considero adecuado, sea para una acometer una revolución o para mantener contra viento y marea el status quo. Me vais a perdonar, pero no comparto la vía del 15-M, y lo dije desde el primer momento, a pesar de los puntos positivos que sin duda ha tenido. Creo que es un movimiento que ha canalizado el hartazgo que hay en la sociedad española (hartazgo al que no es que me sume, es que lo vengo demostrando desde hace más tiempo del que ya puedo acordarme con acciones y con palabras) y del que sin duda podrán salir propuestas positivas. Pero no le veo con capacidad real de cambiar lo que pretende cambiar. El sistema ni es un problema de España ni se va a solucionar sólo en España. Vivimos en un mundo globalizado en el que muchos problemas son heredados o traspasados. Y vivimos en un país con una larguísima historia, que ha ido dejando también en herencia estructuras que no se pueden cambiar de la noche a la mañana.

Lo que yo pretendía expresar con la anterior entrada, es que no veo en qué ayuda a los llamamientos revolucionarios o de cambio el protagonizar un juego absurdo con la Policía durante tres días, saltarse trámites burocráticos a los que uno se ha comprometido o cercenar los derechos de otros para defender los propios. Creo que hay muchas vías para canalizar la protesta y creo que se están escogiendo unas que no digo ya que sean acertadas o desacertadas, sino que no ayudan al objetivo que se quiere conseguir. Me asombra, sí, me asombra, que estemos ante un movimiento sin rostros y sin voces que canalicen las opiniones, en el que cualquier puede erigirse como portavoz. Sin ellos, no sé si sus responsables tienen la formación y los conocimientos necesarios para emprender la revolución que desean. No sé si se merecen mi respaldo porque no les conozco. Y eso, siento decirlo, me genera desconfianza. Veo una disparidad amplísima de objetivos, quejas y reivindicaciones, pero no siento que se le estén expresando a quien corresponde. No veo a los banqueros preocupados con las protestas. No veo a los políticos inquietos porque nadie les haga caso. Os recuerdo el amplísimo porcentaje de voto que hubo en las últimas elecciones, así que por ahí seguro que no se protestó.

¿Y por qué ahora despreciamos tantas vías que pueden ser válidas? ¿Tanto molestan los cauces legales? ¿Qué diferencia a una manifestación legal de una ilegal? Yo os lo digo. En la legal se habla de los temas por lo que se protesta; en la ilegal de esa ilegalidad de la protesta. ¿Por qué pensamos que el voto no es un medio para cambiar las cosas? UCD tuvo en las elecciones generales de 1979 más de seis millones de votos. En las de 1982 no llegó al millón y medio. Fijáos si se puede castigar al político que no cumpla. ¿Que todos los partidos son iguales? ¿Y qué hay de malo en formar un partido y explorar esa vía, aunque no sea el único camino posible? ¿No está obteniendo resultados crecientes UPyD con esta forma de trabajar? ¿Y qué tiene de malo la palabra escrita que tanto molesta? ¿Por qué tiene que ser más valioso el grito en la calle? ¿Sólo porque sea más alto o porque lo emplee más gente? ¿Por qué quienes se permiten el lujo de criticar a todos los demás no son capaces de aceptar críticas de los demás? Para el movimiento del 15-M no hay nada bueno en políticos, banqueros, periodistas o policías. Y, sin embargo, parece que no me dan su permiso para criticarles nada porque eso supone abrazar lo que ellos critican.

Sigo convencido de que tratar de una forma tan grotesca al discrepante hará que cualquier movimiento, de la índole que sea, se convierta en algo muy parecido a aquello contra lo que dice luchar. Sigo absolutamente convencido de ello. Y decir esto no implica en absoluto que defienda el sistema. Que no proteste. Que acepte todo lo que me impone el modelo actual. Que no me indigne, por utilizar el verbo de moda. Estamos revolucionados, de eso no tengo la más mínima duda. Lo que no veo claro es que estemos recorriendo un camino de revolución. Lo dije el primer día que hablé aquí del 15-M. Ojalá me equivoque. Ojala se consigan cambiar tantas cosas que rezuman injusticia. Pero que eso no sirva para eludir la responsabilidad que todos y cada uno de nosotros también tenemos en muchas de las cosas que suceden a nuestro alrededor. La autocrítica no sólo es sana, sino imprescindible para crecer. Y eso sirve tanto para las sociedades como las personas y sus movimientos. ¿Hay autocrítica en el 15-M? No es ésta una mala pregunta para iniciar una revolución.

domingo, agosto 07, 2011

Asombrado

Indignados. La palabra de moda. Para ser alguien hoy en día, tienes que trabajar para Paolo Vasile, tener relación con el Real Madrid o el Barcelona, ser político o confesarte indignado. Pues yo no soy nada de eso. Será entonces que no soy nadie. Y como nadie que soy, me voy a crear una nueva etiqueta. Soy un asombrado. Así que, asombrados del mundo, este es un mensaje para todos vosotros, por si acaso estáis aburridos y tenéis ganas de sumaros a esta corriente de opinión que acabo de fundar de buena mañana de domingo, estáis todos invitados. Soy un asombrado, sí. ¿Y cuál es el último y más reciente motivo de mi asombro? Pues los indignados. Lo bueno que tiene esto de los "-ados" es que da el suficiente juego como para que unos hablemos de los otros y viceversa. Igual ahora me convierto en un proscrito para los indignados.

El caso es que estaba yo tranquilamente leyendo la prensa en Internet cuando me encuentro con este artículo en El País. Ya en el quinto párrafo de la noticia tengo motivos de sobra para asombrarme, pero es al llegar al duocédimo cuando el asombro estalla en todo su esplendor. Dice lo siguiente una persona que fue secretario del comité de Legal de la acampada de la Puerta del Sol: "Con la ley en la mano las concentraciones pueden ser ilegales, pero nos basamos en el derecho a la libertad de expresión y a la libre circulación. (...) Si hay que elegir entre ley y justicia, nos quedamos con la justicia". Lo dicho, asombro. Llamadme raro, pero no termino de fiarme de gente que se salta la ley a la torera, que sabe que lo está haciendo y que dice que lo hace por lo que considera justo. ¿Justo para quien? ¿Eso cómo se decide? ¿En base a qué baremos? ¿Y quién lo decide? ¿Vosotros? ¿Existe, de hecho, un vosotros? Porque yo miro las fotografías de las protestas del 15-M y leo en las pancartas reivindicaciones de lo más diferente y, en ocasiones, contradictorio. Por no hablar del ingente número de portavoces que va, viene, desaparece y se nombra otro nuevo.

Cada día que pasa, tengo una sensación más firme con respecto a este colectivo, y no es nada positiva. Creo que el movimiento del 15-M está acercándose peligrosamente a aquello contra lo que dice luchar. Que ya, en unas pocas semanas, se ha viciado de aquello contra lo que dice luchar. En esa misma información de El País se dice que se les dio permiso para mantener el punto de información de la Puerta del Sol a cambio de que iniciaran los trámites para legalizarlo, y no lo hicieron. Es decir, se pasaron por donde quisieron su promesa, supongo que también porque consideraban "justo" que existiera ese punto de información sin necesidad de cumplir con las leyes que sí nos obligan a los demás. ¿Piensan los responsables de este movimiento que todos podemos hacer lo mismo? ¿Me puedo ir yo a poner un punto de información junto al portal de dónde viva alguno de los incontables portavoces de este movimiento para difundir mis ideas? ¿Me lo permitirían? ¿O entonces me dirían que mi puesto de información es ilegal y que les molesta?

La idea de que vivimos en un país en el que cualquiera se siente con el derecho de saltarse la ley que quiera me viene provocando pavor desde hace tiempo, porque está demasiado extendida. Y yo lo criticaré lo manifieste quien lo manifieste, sea un ex presidente del Gobierno preguntándose quién le va a decir a él cuántas copas de vino se tiene que tomar antes de ponerse a conducir o sea un grupo de indignados que dice defender lo justo pisoteando las leyes que quiera y los derechos de otras personas. La justicia es un concepto maravilloso, pero me temo que muy ambiguo. Para algunos puede ser justo echaros a patadas, ya que no atendísteis a razones, de un espacio público que habéis ocupado sin permiso, pero intuyo que eso no os lo habéis planteado. Y ante la ambigüedad de la justicia, tenemos la legalidad. Bienvenidos al Estado de Derecho. Imperfecto, sí, pero Estado de Derecho. Y ahí nos tenemos que plegar todos, porque luchar contra una ley que consideramos injusta no implica quebrantarla tantas veces como queramos. Hay mecanismos de lucha perfectamente legales.

Lo que el 15-M está haciendo es aprovecharse de la manga ancha que se ha tenido con ellos. Se les dejó hacer, y eso les llevó a saltarse más leyes y normas todavía. Es decir, está cultivando su propio nivel de corrupción. Porque la corrupción no es más que eso. Aprovecharse de una situación de poder, "la utilización de las funciones y medios de las organizaciones en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores" como dice la RAE. Lo hacen porque pueden. Porque son una masa. Porque dicen tener la razón. Porque aseguran actuar en nombre de una justicia que ellos mismos han definido y han considerado universal. Y a mí, lo siento, pero ya no me convence. Me alegró que hubiera capacidad de protesta en este país, por difícil que viera su articulación en propuestas o medidas concretas. Pero creo que esto ya no es más que una pantomina. Protestáis, sí. ¿Pero ante quién? Para mí esto ya no es más que un desafío a la autoridad por el desafío a la autoridad. ¿Que os cierran Sol? Habláis de "reconquista". Para mí, ese no es el camino.

miércoles, agosto 03, 2011

Monopoly

Nunca he tenido un Monopoly, pero sí tuve El Palé. Es prácticamente el mismo juego, pero este segundo con los nombres de las calles de Madrid y comercializado desde siempre en España. Dice Wikipedia que este juego se vendió aquí entre los años 30 y 60, pero espero que fuera durante algunos años más porque si no es imposible que cayera en mis manos cuando yo era niño. No, no soy tan viejo como Wikipedia me quiere hacer creer. El caso es que como el que conoce todo el mundo es el Monopoly, hablaremos de Monopoly. Porque, no sé si seré el único, pero cuando escucho noticias económicas de un tiempo a esta parte, de un largo tiempo a esta parte, tengo la sensación de que estamos jugando a un gran Monopoly. Incido en lo de "jugando". Bueno, yo no juego. Yo, como mucho, sería una ficha. Algo es algo, tampoco podría quejarme. Pero es que en realidad tengo una sensación diferente y mucho más inquietante al leer informaciones sobre la Bolsa, la prima de riesgo, los bonos basura, los rescates financieros y demás palabrajes macro y micro económicas. Entonces me siento como el dado. Doy vueltas y vueltas para caer en una posición absolutamente aleatoria y que nadie puede prever.

Y que yo me sienta así no debiera ser tan grave. Al fin y al cabo, mi ignorancia económica tendría que colocarme en el vagón de los que nos dejamos llevar en la confianza de que tiene que haber gente que sepa mucho más que uno sobre este tema. Tiene que haberla. Tiene que haberla. Me lo repito constantemente en un ejercicio de fe. Como el de Dorothy de apretar los talones de sus zapatos de charol rojo para regresar de Oz a Kansas. ¿Pero qué pasa cuando la gente que se supone que sabe, y por muchas palabras rimbombantes que utilice, da la sensación de que tiene al menos la misma idea que yo? Pues que más nos vale tener una de esas tarjetas del Monopoly que nos libraba de la cárcel. O confiar en la suerte de los dobles al tirar los dos dados, que así también dejaba uno atrás la prisión en el tablero. Igual también es que hay clases entre los jugadores del Monopoly y hemos tenido la mala suerte de que a nosotros nos haya tocado el que de jugar sólo conoce las reglas. Esas que dicen cuándo hay que tirar los datos, lo que pasa en cada casilla en la que caes y las posibilidades que tienes de comprar, vender o hipotecar antes de que te pase el turno.

¿Lo malo de todo esto? Que eso de las normas está muy bien, pero la gente no les suele hacer ni caso. Sobre todo los malos. A la norma de cómo evitar la cárcel sí, esa la tienen todos muy bien aprendida, pero los malos, esos que por definición se oponen a los buenos pero que uno ya no sabe dónde localizar, se las saben todas, no sólo esa. Porque si esta crisis económica que dicen que vivimos, con la cuota de culpa en sus efectos que tienen los jueguecitos de algunos y la irresponsabilidad de otros, no ha supuesto ya el encarcelamiento de un buen puñado de tipos con traje y corbata, no sé qué puede dar con sus huesos en prisión. Especuladores, usureros y mangantes varios campan por este Monopoly en el que se ha convertido el mundo real como si estuvieran realmente jugando a Los Sims. Y yo a veces fantaseo con lo que daría porque todos esos tipejos estuvieran en realidad en World of Warcarft, donde al primer atisbo de que eres el enemigo ya tienes a docenas de bichos, guerreros y magos lanzádose a tu yugular para acabar contigo. No, si está claro que no hay nada que no arregle una buena jugada virtual... Lástima que en este otro Monopoly no se apliquen las mismas normas.

jueves, julio 28, 2011

Móviles

Empieza a ser ya una certeza incontestable, que ni siquiera un científico podría demostrar tan sólidamente. Cuando uno se sienta en un cine a ver una película, siempre habrá un teléfono móvil que suene. Incontestable, oiga. No falla. La modalidad de la sintonía es la más compartida en las experiencias cinematográficas, es decir, simplemente que el móvil suene. La vergüenza (o el improperio de otro espectador) suele llevar al dueño del aparatito a colgar inmediatemente. Pero ahí no acaba la cosa, no. También hay ocasiones en las que alguien se pasa toda la película mirando la pantalla de su móvil. ¿Por qué demonios pagar una cantidad bastante respetable de euros si lo que te apetece es chatear con la novia o consultar el correo electrónico? Intrigante cuestión, desde luego, que se escapa a mi comprensión. Algún día, si me encuentro de humor, igual hago una encuesta.

Pero, dentro de estas experiencias, para mí el ser despreciable por excelencia es aquel que entra al cine, que no apaga su teléfono, ni siquiera lo pone en silencio, recibe una llamada, lo coge y le empieza a contar a su interlocutor que está en el cine y que por ese motivo no puede hablar, que luego le llama y hablan tranquilamente. Para mí es irremediable pensar, dígamoslo eufemísticamente, de forma negativa de semejante vecino de butaca. Pero es que si además el momento llamada se produce no una sino dos veces, y en ambas ocasiones escucho la misma conversación, ya me falta poco para el improperio público. Hoy estaba dispuesto a armar un pollo si el teléfono sonaba una tercera vez y el individuo que estaba sentado en la fila de atrás lo cogía por tercera vez para protagoniza esa conversación. Y una de dos, o ha habido suerte (para él y para mí) o las vibraciones negativas dejan a los móviles sin cobertura. De esto no tengo una certeza científica absoluta, no sé decir qué es lo que ha sucedido.

Lo confieso. Mi fantasía violenta irrealizable, aunque sólo sea por el respeto al prójimo que uno tiene (un sentido que ya sé que le falta al egoísta común de los mortales), es coger el teléfono móvil de ese imbécil que no sólo decide no apagarlo sino que además se permite el lujo de cogerlo y mantener una conversación, tirarlo al suelo y pisotearlo con todas mis ganas. Y si su dueño protesta, coger los restos... y mejor paro, que esto va a parecer una película de Tarantino y no es plan. Que Tarantino me gusta tan poco como los impresentables que van al cine creyéndose que están en el salón de su casa. Claro que en su casa no se permiten el lujo de comportarse como cerdos y poner el suelo hecho un asco de restos de palomitas, refrescos, nachos con queso y demás enseres por los que, pásmense, pagan antes de sentarse en su butaca cantidades tanto o más elevadas que las que desembolsan por la entrada para ver la película. Y luego dicen que hay crisis...

jueves, julio 21, 2011

Cambio un Camps por una Moncloa

Como si fuera el intercambio de cromos de los niños en el colegio. Así actúan los dirigentes del PP. Cambio un Camps ahora por una Moncloa cuando sea. Y el caso es que se puede decir sin que nadie se asombre. A mí me asombró que un presidente autonómico dimitiera ayer alegando que lo hace para no entorpecer el camino del presidente de su partido hacia La Moncloa. No dimite porque esté procesado. No dimite porque se le acuse de un delito o por su relación con una trama mafiosa y criminal. Dimite para que el juicio no le coja como presidente autonómico, no vaya a ser que por eso perjudique a su superior y le prive del chiringuito que intenta asaltar por tercera vez. Para mí, esto es una perversión democrática que hace un daño incalculable a los que todavía pensamos que la política tiene algo bueno que decir en esta desencantada sociedad en la que vivimos.

El caso es que Camps ya no es presidente de la Comunidad Valenciana. Menos mal. No entiendo cómo no se ha regulado ya en España, aunque sea por los propios partidos políticos (regulado de verdad, no las tonterías esas de códigos éticos que incumplen sistemáticamente), que situaciones como la vivida con Camps y el caso Gürtel no puedan darse. No me parece lógico que un presidente en ejercicio de sus funciones y con tanto tiempo como ha tenido para tomar decisiones (dos años, nada menos) haya estado tan cerca de sentarse en el banquillo como tal. Y, por lo que dicen, parecía dispuesto a hacerlo, a ésto o a aceptar su culpabilidad siendo el principal representante de todos los valencianos. Ambas cosas me parecen aberrantes. La buena noticia de la dimisión es que no vamos a ver ninguna de esas dos imágenes, ni la de un presidente enjuiciado, ni la de uno delincuente y condenado (si así lo estiman los jueces). Es un alivio.

No lo es que este presidente autonómico haya estado una semana desaparecido por este tema, que es problema personal suyo y no de los valencianos. No lo es que haya sido un presidente que ha despreciado a la prensa que no le era afín con una desfachatez que debiera ser intolerable en democracia (y que ha tenido su último episodio en su declaración final, que no se pudo ver en directo). No lo es que un presidente autonómico dimita menos de un mes después de tomar posesión como tal por un asunto que se conoce desde hace dos años. No lo es que tenga la desfachatez de acometer una campaña electoral pensando en este horizonte de marcharse o deshonrar la institución que presidía. No lo es que la separación de poderes sea un juguete en manos de los políticos para administrar sus tiempos como mejor convenga a sus intereses partidistas.

Y no lo es que Mariano Rajoy haya actuado como lo ha hecho. Ya ni siquiera pienso en la pasividad absoluta que ha mostrado sobre este asunto. Como en otros muchos, ha dado la sensación de que prefería no intervenir a ver si con suerte bien se olvidaba o bien se solucionaba solo. Lo que me preocupa, y aquí le tengo que dar toda la razón al nuevo portavoz del Gobierno, José Blanco, es que el presidente del PP zanje la dimisión de un presidente autonómico acusado de cohecho y perteneciente a un partido con un simple comunicado. Un papelito. Sin dar la cara. Por supuesto, sin contestar las preguntas de la prensa. Después de días y días de silencio, ese silencio que tanto le gusta a Rajoy. Silencio que no podrá tener (¿o sí?)como presidente del Gobierno, si es que sucede como creo la desventura de que llegue a La Moncloa. Silencio que, me temo, mantendrá siendo jefe del Ejecutivo cuando no vea algo inteligente que decir.

Ahora salen dirigentes del PP y exigen (no sugieren, no piden, no creen que sea lo mejor; simplemente exigen, aunque para ellos no hay exigencias que valgan) que Rubalcaba siga el mismo camino que Camps por el caso faisán. Curioso, porque Rubalcaba no está imputado en nada. Curioso, porque la presunción de inocencia que exigen (de nuevo exigen) para uno de los suyos no es ni siquiera imaginable para los otros. Será que ahora que hemos visto a un destacado dirigente popular presentar la dimisión (algo que, creo, no veíamos desde que el ministro Pimentel dimitió... ¡¡¡en marzo de 2003!!! y fue por desavenencias personales con José María Aznar, no por un escándalo), le han cogido el gusto en Génova a esta práctica tan saludable y democrática de dejar un cargo cuando no se está en condiciones de asumirlo. O será que eso de la autocrítica o de perdir perdón no va con ellos. Nunca ha ido con ellos.

Y como tengo mucha imaginación, me imagino un escenario interesante... Pongamos que se adelantan las elecciones generales. Pongamos que las gana el PP. Pongamos que pocos días después de que Mariano Rajoy sea investido como presidente del Gobierno, Camps es juzgado. Pongamos que el ex presidente valenciano es condenado. Y ahora ya no sé qué poner. ¿Hablará Mariano Rajoy entonces de este asunto? ¿O tendremos que decir y lamentar que el presidente del Gobierno no quiere hablar de la corrupción que afectó a un presidente autonómico de su partido? Como ya tendremos el cromo de La Moncloa en nuestro fajo, tanto nos dará...

domingo, julio 17, 2011

Los sueños, sueños son

- Cariño, tú crees que te llamarán del Today Show para ficharte desde los ocho años, y eso no va a pasar.


- Eso sí, eso ya lo sé, tienes razón.


- En parte la culpa es mía. Dejé que tu padre te diera esperanzas. Él no era una persona feliz, esa es la verdad. Cuando vio que apuntabas tan alto empezó a sentirse mejor, así que no le dije nada.


- ¿Qué insinúas?


- Tenías un sueño, ¿no? ¡Genial! Cuando tenías ocho años era encantador. A los 18 era inspirador. A los 28 es realmente vergonzoso. Y quiero que pares antes de que lleguemos a desgarrador.


Morning Glory (Roger Michell, 2010)




Detesto a la gente que piensa así. Cada día que pasa detesto más a quien fija una determinada edad o un momento concreto de la vida como el indicado para dejar de soñar. Y detesto aún más a quienes se creen con derecho de decir a los demás qué, cuándo y cómo pueden soñar. Los sueños son libres, y no importa que tengas 18 o 33 años, que seas hombre o mujer, que tu sueño parezca inalcanzable o que esté al alcance de la mano, que dependa de ti o de otras personas, que sea algo trivial o que por el contrario sea algo trascendente en tu vida. Todos los sueños valen precisamente porque son sueños. ¿Y sabéis qué? A veces los sueños se cumplen. Y a veces no, pero no por ello hay que dejar de soñar mil sueños que se puedan convertir en realidades. Y los sueños, sueños son. Sí, detesto a quienes no quieren que soñemos, a quienes creen que soñar es algo negativo.

jueves, julio 14, 2011

La mujer y el fútbol

Estas dos informaciones aparecen hoy en El Mundo. ¿Cuál es la mejor foto que hemos encontrado para ilustrar la última jornada de la primera fase de la Copa América? La de un grupo de jóvenes y guapas aficionadas brasileñas. En la información, por supuesto, hablamos de fútbol. ¿Cuál es la mejor noticia que hemos encontrado para hablar del Mundial de fútbol femenino que se está disputando en Alemania y que ya ha alcanzado la final? Un ránking de las futbolistas más sexys que disputan esa competición. Sin foto en la portada del periódico digital, aunque pinchando en el enlace tenemos una completa galería de imágenes. Imágenes que al menos muestran a las jugadores vestidas como futbolistas, algo es algo.

El Mundo (ojalá fuera sólo El Mundo) limita así el papel de la mujer en el fútbol a ser una atractiva animación en la grada o un sexy objeto en el campo. Cada día me parece más triste que esta imagen sea la única que los medios de comunicación saben transmitir, y es que, por desgracia, no se limita sólo al fútbol, sino que abarca otros muchísimos aspectos de la vida y de la sociedad. Seguro que, entre las personas que lean esto, hay alguien que piensa que quién soy yo para censurar que salga una cara bonita en un periódico. Que quién soy yo para decir qué tipo de imagen habría de ilustrar una noticia deportiva. Solo sé, y vosotros también lo sabéis, que al revés este fenómeno no se produce.

Sí, también hay ránkings de los hombres más sexys que juegan al fútbol, sí, pero esa nunca sería la noticia tras unas semifinales de un Mundial de fútbol masculino. Lo sería el partido. En el caso del Mundial femenino, no. Y nunca veréis una foto de cuatro aficionados masculinos animando a una selección femenina para ilustrar una información sobre una competición de mujeres. Veríamos a las propias mujeres. Del Mundial femenino lo que más se ha destacado son ránkings de las más sexys y el vídeo de una jugadora que tras un partido se quitaba la camiseta para intercambiarla con un aficionado. Eso es lo que están mostrando los grandes medios de comunicación. Y eso, justo eso, me parece denigrante. Luego cuando alguna federación insta u obliga a llevar uniformes ajustados a alguna deportista para explotar así su imagen y atraer aficionados, todos nos llevamos las manos a la cabeza. Porque, eh, machistas no somos.

viernes, julio 08, 2011

La verdad de los tiempos y de las hemerotecas

Alfredo Pérez Rubalcaba ha anunciado hoy, día 8 de julio de 2011, que deja el Gobierno para concentrarse en su labor como candidato del PSOE a la Presidencia del Ejecutivo en las próximas elecciones generales. Mañana sábado día 9 de julio será designado oficialmente candidato. Quedan más de ocho meses para las elecciones generales. Al parecer, hoy ya es demasiado tarde porque llevamos meses escuchando a los dirigentes del PP (y a mucha gente que no es dirigente del PP) censurando la actitud de Rubalcaba por seguir siendo vicepresidente y ministro. Al parecer, hoy es importante que Rubalcaba sea designado candidato del PSOE siendo todavía oficialmente vicepresidente y ministro (algo que dejará de ser la próxima semana, dicen que el lunes).

Al parecer, ahora hay preocupación por que los sucesores en esos cargos los pueda nombrar el propio Rubalcaba y no el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Al parecer, ahora molesta que Rubalcaba presente ideas propias que no ha puesto en práctica Zapatero porque, dicen, tendría que haberlas propuesto antes. Al parecer, ahora es reprocharble que el candidato del PSOE no hable de cuestiones del partido en La Moncloa. Al parecer, ahora se puede cuestionar que el anuncio de quién será el candidato del PSOE para las elecciones generales se comunique desde Ferraz y no desde La Moncloa, por mucho que el PSOE anuncie sus temas y el Gobierno los suyos y aunque lo haga la misma persona.

José María Aznar anunció el 30 de agosto de 2003 que Mariano Rajoy sería el candidato del PP a las elecciones generales de 2004. Fue designado como tal el miércoles 3 de septiembre. Dejó de ser vicepresidente primero y ministro de la Presidencia el 4 de septiembre. Quedaban siete meses para las elecciones generales. Entonces, a diferencia de ahora, no hubo esta campaña de descrédito y reproche diciendo que fuera demasiado tarde para nombrar al candidato y exigiendo que éste saliera del Gobierno. Entonces, a diferencia de ahora, parece que no era problema que Rajoy fuera desginado candidato del PP siendo todavía oficialmente vicepresidente y ministro.

Entonces, a diferencia de ahora, se consideró normal que Aznar y Rajoy estudiaran conjuntamente los cambios en el PP y seguramente en el Gobierno. Entonces, a diferencia de ahora, se consideró como una muestra de gran dirigente político que el sucesor anunciara que iba a hacer lo mismo que el sucedido sin presentar ideas propias. Entonces, a diferencia de ahora, Rajoy como portavoz del Gobierno sí hablaba de la sucesión del PP desde La Moncloa en las ruedas de prensa posteriores a los Consejos de Ministros. Entonces, a diferencia de ahora, no se montó escándalo alguno por el hecho de que el anuncio del candidato del PP se filtrara desde la estructura de Moncloa y de que el aparato del partido estuviera tan fusionado con el del Gobierno.

No puede ser que a unos se les consienta lo que a otros no. No puede ser que tanta hipocresía pase desapercibida. No puede ser, cuando las hemerotecas están ahí, las puede consultar cualquiera y comprobar lo que era verdad entonces y lo que es verdad ahora. Y no puede ser, no, que la gente siga creyendo que PP y PSOE se portan igual en estos al parecer nimios detalles democráticos. No puede ser que esté escuchando a Rajoy y a los suyos criticar algo de Rubalcaba que el mismo dirigente popular hizo peor en su día. En aquella época, Génova y Moncloa estaban fusionados y no podíamos criticarlo con la misma libertad con la que ahora se censura, con o sin razón, cualquier otra cosa del Gobierno. Ahora, lo del PSOE se ha anunciado en Ferraz, lo del Gobierno se ha hecho en Moncloa. No voy a dejar de aplaudirlo por mucho que en estos días la gente te mire con recelo por aplaudir algo que huela a socialista.

domingo, julio 03, 2011

Victoria pírrica

Andan muy satisfechos por la calle Génova por la victoria de Mariano Rajoy en el Debate sobre el estado de la Nación. No es para menos, es la primera vez que vence oficialmente. Extraoficialmente gana siempre para los suyos, por supuesto, y es que la política se ha dejado vencer por el hooliganismo, pero ahora lo dice también la encuesta del CIS. Bueno, lo dice la encuesta del CIS cuando se pregunta directamente por el ganador del Debate. Ahí sí gana. Claro que esto de los datos tiene su gracia. Y empezamos por esa misma pregunta: "¿Quién cree que ha ganado el debate?". Resulta que el 50,5 por ciento de los encuestados no dice a nadie. Desde el PP se puso en cuestión el resultado del referéndum que se hizo en Cataluña en 2006 para validar su nuevo Estatuto de Autonomía... porque tuvo una participación del 49,42 por ciento de los censados. Cifras casi clavadas a las de esta encuesta. Obviamente, una encuesta no es un referéndum, pero si lo que se trata es de dar valor a un resultado habría que tener claro cuándo se puede y cuándo no. Pero con cifras, no con intereses particulares, por favor.

Luego uno profundiza en lo que dice la encuesta del CIS y aparecen cosas muy curiosas que, en lo que a la valoración de Rajoy se refiere, no invitan precisamente al optimismo. Por ejemplo, que aunque el líder del PP ganara según esa pregunta principal, la que todo el mundo ha llevado a los titulares de la información, resulta que no es, ni de lejos, el que mejor valoración recibe de los ciudadanos. "¿Cómo le parecieron...?" se le pregunta a los españoles y resulta que dicen "Muy bien" más personas que cuando se le menciona a Rajoy cuando son cuestionados (por orden de mejor a peor) por Duran i Lleida, Rosa Díez, Zapatero y Llamazares. Pero es que además dicen "Bien" más encuestados en los cuatro mismos políticos (y aquí el que más porcentaje logra es Zapatero) que en la valoración a Rajoy. ¿Pero sabéis qué? Que ahí no acaba la cosa. No hay político que consiga más apoyos que Rajoy en las valoraciones de "Muy mal" (una décima por encima de Zapatero), "Bastante mal" (supera al presidente del Gobierno por un 4,6 por ciento ) e incluso en "Regular".

Ganar, ganó, pero es que aún hay más. No hay nadie que le supere en el apartado en el que se pregunta a la gente que señale al líder político con el que está de acuerdo "con nada o casi nada de lo que dijo" (32,3 por ciento por el 30,5 del tan contestado y criticado presidente del Gobierno, y no estoy entrando en si justa o injustamente) y no es, para su desgracia, el político que logra el mejor porcentaje cuando se pregunta a los encuestados con quién estuvieron de acuerdo "con la mayoría de las cosas que dijo" (ahí vence Duran i Lleida). Y aunque en las opciones de la siguiente pregunta sí vence con holgura a Zapatero (al parecer única vara de medir de todas las cosas en este momento de nuestras vidas), lo cierto es que el 70,4 cree que tiene pocas o ninguna propuesta real frente a la política del Gobierno, el 70,2 que es poco o nada capaz de hacer una oposición constructiva, el 68,4 le ve poco o nada capaz de infundir confianza a la sociedad española y el 59,7 le considera poco o nada preparado para asumir el Gobierno del país.

Según la encuesta, Zapatero es más moderado que Rajoy (70,9 opta por el presidente del Gobierno por el 48,5 que elige al líder de la oposición; ¿se podría invertir esta pregunta y preguntar quién es más radical?), tiene más sensibilidad hacia los problemas de los españoles (53,3 por 51,4), tiene más capacidad de comunicarse con los ciudadanos (48,1 por 37,1) y tiene más capacidad de encajar las críticas que le hacen (63,6 por 44,9). Y para completar el cuadro, el 53,8 por ciento mantiene la misma opinión sobre Rajoy y el 25,4 incluso tiene peor opinión sobre él. En todo esto, Rajoy pierde con bastante claridad. Son muchas valoraciones negativas. Y a veces son muy negativas. Indudablemente, Rajoy ha ganado el Debate para los españoles, lo dice el CIS, y sigo bastante convencido de que, salvo hecatombe, será el próximo presidente del Gobierno. Pero vistos los altos niveles de desconfianza y de crítica que revela la encuesta, si esto no es una pírrica victoria, no sé qué puede serlo. Salvo que importe la imagen más que los ciudadanos, claro.

domingo, junio 26, 2011

Presunto

"Se dice de aquel de aquel a quien se considera posible autor de un delito antes de ser juzgado". Eso es lo que significa "presunto" según el Diccionario de la Real Academia. ¿Y sabéis qué? Detesto la palabra presunto. La detesto. Cada día más. Así como hace pocas fechas, para celebrar el Día del Español, se escogió "Querétaro" como la palabra más bonita de este riquísimo idioma que compartimos tantos millones de españoles, habría que nombrar otra como la más detestable. Sería lo justo, ¿no? Yo tengo claro que votaría por "presunto". Y la culpa no es suya, pobrecita palabra, a la que no quiero ofender (¿tendría que haber dicho que me parece una palabra presuntamente detestable...?). La culpa es de que tanta gente, tanto profesional de la información y de la comunicación la use en tantas frases de forma equivocada, reiterativa o absurda. Y es que la Policía no te detiene por un presunto delito, sino que lo hace por un delito que digo yo que ya decidirá el juez si has cometido o no. No hay obligación de meter presunto en toda frase en la que se hable de delitos. Se puede usar un condicional, se puede aludir a la versión de otro implicado. Hay miles de formas de eludir el uso de "presunto". Pero no. Es imposible.

Llegará un momento en el que a nadie extrañará que se diga que han detenido al presunto autor de un presunto delito, que presuntamente será acusado de homicidio, algo que tendrá que decidir un presunto juez si, presuntamente, el juicio se celebra cuando corresponde. Presunto, presunto, presunto, presunto. Suena mal. Es que suena mal. ¿Será capaz algún presunto periodista de este presunto país en realizar la presunta información de un presunto suceso sin llegar a utilizar la palabra "presunto"? Porque, presuntamente, se puede hacer. Que, de verdad, os lo garantizo, el español es así de rico. ¿O será un idioma sólo presuntamente rico? Es que ya no lo sé, vaya... Parecemos niños pequeños que ponen "presunto" en la frase para que nadie nos pueda acusar de nada. Si he dicho "presunto", por lo visto todo vale. Dado el nivel intelectual de la televisión española, estoy deseando que alguien en directo acuse a otro de ser "un presunto gilipollas". Porque siendo presunto, está todo solucionado y no hay demanda posible... A mí me da que tanta presunción va a acabar hasta con mis convicciones. Presuntamente, no vaya a ser que alguien me acuse de decir algo que ya no sé si he dicho o no.

domingo, junio 19, 2011

Telemadrid y "el fondo" de la información

El periodismo da cada día más asco. Y lo digo como periodista, que duele más. Ya no hya medio que no manipule, engañarnos con utopías de imparcialidad ya no sirve ni siquiera cuando estás empezando en este mundo. Pero sigo sintiendo que hay clases hasta en esto de la manipulación. La de Telemadrid está en boca de muchos desde hace más tiempo del que me gusta recordar. Y lo que tiene la cadena en manos de Esperanza Aguirre es que siempre ofrece nuevos motivos de queja a aquellos que todavía clamamos por un periodismo digno y veraz, en el que se puedan ofrecer diferentes puntos de vista sin necesidad de engañar a la gente. Y Telemadrid hace daño en su manera de dar información y, lo que es aún peor porque ahonda la brecha manipulativa, en las explicaciones que da sobre sus meteduras de pata. Ha tenido mucha difusión ese curioso desliz que le sirvió al programa El Círculo para desacreditar al movimiento 15-M. ¿Que cómo fue ese desliz? Pues muy sencillo. Querían decir que son violentos a pesar de que en su ideario dicen que son pacifistas. Y como no había fotos de los integrantes de este movimiento con la suficiente violencia explícita, Telemadrid decidió ilustrar su opinión (que no su información) con fotografías tomadas de los disturbios en Grecia. Por supuesto, sin advertirlo. Con un par.

"Pues vean algunas de las instantáneas que podemos ver hoy en el diario El Mundo. Están armados con palos y como ven muy pacifistas, muy pacifistas... Sin palabras, juzguen ustedes mismos", dijo la periodista María López en ese espacio de Telemadrid. El proceso, según se puede asumir desde fuera, es simple.

1. El 15-M dice que es pacifista. Que lo sea o no, es irrelevante en este punto informativo.

2. Telemadrid quiere decir que no lo es. De nuevo, que lo sea o no sigue siendo irrelevante, tanto como los motivos de Telemadrid para expresar esa opinión.

3. Habiendo violencia en algunas de las protestas de este movimiento (o análogos), no hay fotografías que den esa idea con la suficiente claridad. Entra en juego ese glorioso lema de "no dejes que la realidad arruine un buen titular".

4. ¿Solución de Telemadrid? Pues pongo las imágenes de cualquier otro acontecimiento donde si haya una violencia clara e irrefutable y "juzguen ustedes mismos" cuando ya les he dicho yo el signo de ese juicio.

Que sea un simple error parece difícil de asumir cuando Telemadrid es una cadena que hace poco nos deleitaba con esta lindeza que adjunto a continuación, una lindeza que pretendía equiparar al presidente del Gobierno, un señor que por muy despreciable que sea ahora para muchos tiene los votos de once millones de personas y el respaldo de eso que algunos llaman democracia. Entonces lo calificaron como un "recurso perfectamente legítimo" para diferencias las opiniones de unos y otros en aquella pieza.


Pero demos a la gente de Telemadrid que participó en este asunto el beneficio de la duda. Asumamos que fue un error. Aún así, la cosa no mejora mucho. En primer lugar, es un error grave. De esos por los que en condiciones normales tendrían que rodar cabezas. ¿Por qué? Muy sencillo. Lo que diga un periodista en un medio de comunicación tiene que ser algo constrastado. No puede ser que cualquier redactor (o becario) asuma la responsabilidad de que lo que se emite o se publica. No puede ser. Hay gente que sí está ganando mucho dinero con el periodismo y es gente que ocupa cargos directivos. Y en el sueldo les va la responsabilidad, esa que no puede jamás recaer de una forma tan absoluta en personas que no son ni mileuristas. Porque eso es lo que gana un redactor de cualquier medio de comunicación. ¿Ha dimitido alguien por esto? No. ¿Ha cesado la dirección de Telemadrid a alguien por esto? Tampoco. ¿Han dado alguna explicación? Sí, mira, eso sí. Y es ahí donde Telemadrid desmuestra sin ningún género de dudas lo que pretende en estos casos.


Dice la cadena pública madrileña, a través de un portavoz cuyo nombre queda en el anonimato (ni siquiera tenemos a algún dirigente de la cadena que dé la cara públicamente), que se ha producido un "error". Hasta ahí bien. La explicación es escasa, aunque algo es algo. Aunque sean migajas. Pero resulta que ese mismo portavoz dice que las críticas a Telemadrid son "gratuitas" porque "el fondo de lo que se estaba contando se mantiene". Anda, qué cosas. O sea que yo puedo acusar a alguien de lo que quiera, poner fotografías de otro asunto que no tiene nada que ver, engañar a los espectadores diciéndoles o dándoles a entender que esas imágenes corresponden a aquellos a los que quiero desprestigiar y aquí paz y después gloria. Y si les critico por ello, el manipulador soy yo. Evidente. Insisto, con un par. No es sólo el "error", es que encima están convencidos de que el "error", aún reconocido, no les quita en absoluto la razón. Interesante forma de entender el periodismo. Y luego querremos que la gente crea lo que escucha en un informativo o lee en un periódico.

Y un detalle más para acabar. Cuando esto pasa en un medio controlado por la derecha o por el PP, siempre se le quita hierro al asunto. Siempre. Forma parte de la maquinaria de propaganda. Esto no es más que una anecdotilla y ya está. Lo olvidamos pronto. Cuando sucede en un medio de izquierdas o del PSOE, el escándalo está asegurado durante días, semanas o incluso como parte del poso del saber comúnmente aceptado. Así sucedió cuando en TVE se insertó un plano de Rajoy al final de una información sobre las torturas en Abu Ghraib. Así sucedió con el mapa de Euskal Herria que apareció en 59 segundos. Así sucedió con aquel enfrentamiento entre María Dolores de Cospedal y Ana Pastor en Los Desayunos de TVE. Así sucede cada vez que El País publica alguna información que vincula a dirigentes del PP de la Comunidad de Madrid o la Valenciana a los casos Gurtel o Brugal. Así sucede siempre. El PP se lanza a proferir desaforadas y grandilocuentes acusaciones de manipulación en el ente público, se niega a dar entrevistas a quienes no le son afines (Aznar siempre se negó a ser entrevistado por Iñali Gabilondo, Rajoy rechazó dar una entrevista a La Sexta en 2008, víspera de las elecciones generales, cuando sí pasó por el resto de las televisiones). Sigo convencido y no veo indicios de la contrario: la maquinaria de propaganda de la derecha tiene mucha más fuerza. Mucha más.

miércoles, junio 15, 2011

Los límites de la protesta, el fondo de las reivindicaciones

Debo de ser de las pocas personas que le da tanta importancia a la forma como al fondo. Es decir, creo en las ideas, en los proyectos, en las reivindicaciones, en la lucha contra las injusticias. Pero también creo, y es ahí donde me da la sensación de que me muevo en fronteras que para muchos están obsoletas, que deben hacerse de una forma noble y justa. Si la respuesta es tan nefasta como aquello a lo que se responde, la reivindicación no sólo pierde sentido sino que además se gana enemigos. Hoy parece que todos tenemos algo que reivindicar, por utópico o irrealizable que sea, y son muchos los que han decidido hacer sus reivindicaciones en la esfera pública, en la calle y ante los que consideran responsables de esas situaciones de las que se quejan. Hasta ahí todo perfecto. Más o menos. Pero cuando la cosa pasa de ahí, es cuando se generan los problemas. Y comienzan las antipatías. La mía la tienen quienes sólo tienen como modo de reivindicar el insulto y la amenaza. Porque generan miedo. Y no sólo a quienes son objetivos de sus protestas. Con eso, pierden la razón. Su reivindicación se muere en esa espiral de violencia gratuita y descontrolada que uno no sabe bien cómo va a acabar.

Desprecio a quienes hostigan al alcalde de Madrid por las calles en nombre, dicen, de mantener las fietsas del Orgullo Gay tal y como han sido en los últimos años, y les desprecio tanto como a los seguidores de Bildu que silban, insultan y amenazan a concejales del PP o del PSE por las calles de los pueblos vascos. O a quienes toman espacios públicos para sus protestas sin importarles el perjuicio que causen a otros. O a quienes insultan sin medida y amenazan a veces con más armas que la mirada por vestir una camiseta de otro equipo de fútbol. O los que perjudican a millones de viajeros por una huelga sindical. Me dirán algunos que nada tienen que ver estas cuestiones entre sí. Puede que sea verdad. Puede que esté exagerando en mi juicio de valor. Pero para mí forman parte de un todo. Entre todos, entre los que disfrutan con esas tácticas, los que las han permitido y los que las defienden, hemos conseguido que en los más variados aspectos de la vida cualquier excusa sirva para levantar la mano, para lanzar un improperio, para proferir una amenaza (¿que están dispuestos a cumplir?). Hemos llegado al todo vale, porque nos vale cuando el hostigado es el contrario.

No sé por qué, pero me viene a la cabeza el famoso zapatazo que quiso darle un periodista iraquí a George W. Bush. Dada la antipatía que generaba el ya ex presidente norteamericano en todo el mundo, muy pocos criticaron el gesto del agresor. La conclusión es que como Bush es un cabrón se tiene merecido lo que le pase. Y no. Lo siento, pero no. Entonces me sentí de los pocos que censuró aquella acción violenta y ahora me empiezo a sentir un poco igual. Porque este mismo planteamiento es el que aplico a los ahora injuriados y/o agredidos (porque, sí, una agresión no es sólo que te den un puñetazo). No me gusta Gallardón. No comulgo con sus decisiones. Tampoco con su ideología. Pero la forma de colocarme frente a él no es insultarle junto a su casa, y a la vista de su hijo, cuando sale a pasear al perro con su mujer. Menos aún creo que las vías políticas que dice proclamar Bildu pasen por señalar por la calle a un concejal del PP. No creo que pedir una reforma de la Ley Electoral exija la toma por la fuerza y perjudicando a tanta gente de un espacio público tan grande y emblemático como la Puerta del Sol. Y tampoco veo provecho en animar a mi equipo insultando al rival o apedreando a los seguidores que vienen de otras ciudades para ver a sus jugadores.

Hemos llegado a un punto en que a veces conviene callar para no sufrir daño y eso, como firme defensor que soy y siempre seré de la palabra y del debate, me genera una tristeza infinita. Voy por la calle con mi cámara y tengo cuidado de qué puedo fotografíar, no vaya a molestar a alguien que decida responder agresivamente. Voy a un partido de fútbol, y me guardo mucho de vestir la camiseta del equipo de mis amores. Voy a una protesta social, y ya no siento que tenga la posibilidad de elevar una voz discrepante. Si miro a una mujer por la calle, aunque sea por casualidad, tengo la sensación de que su novio/marido/pareja/amante tiene todo el derecho del mundo de partirme la cara en respuesta. Y si escribo en un blog que algo no me gusta, ya me ha granjeado enemigos. Hemos sobrepasado los límites. Ya no respetamos nada. Lo que se nos induce a pensar es que no tiene valor ninguna idea, persona o propuesta que no sea de los nuestros. Y, en consecuencia, al no ser de los nuestros, tenemos todo el derecho del mundo de hostigarle, insultarle, vilipendiarle, perjudicarle. Todo vale. La protesta ya no tiene límites, nos los hemos cargado, lo hemos hecho entre todos. Y, con ese movimiento, el fondo de las reivindicaciones queda en nada mal que nos pese.

sábado, junio 11, 2011

El desafío de Sonia Castedo

Artículo 9.1 de la Constitución: "Los ciudadanos y poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico".

Sonia Castedo, nueva alcaldesa de Alicante: "Lo que las urnas han dicho, no puede modificarse en otros lugares".

El nombre de Sonia Castedo se ha escrito y pronunciado en muchas informaciones relacionadas con el caso Brugal. Con esa frase viene a decirnos que ya es alcaldesa y que los jueces no van a decidir lo contrario, haya o no delitos de por medio. Interesante apreciación de la política la de esta mujer. No acabo de entender cómo es posible que un cargo electo pueda lanzar semejante desafío y que nadie salga para desautorizar esta sentencia. Bueno, sí lo entiendo. Sonia Castedo era la cabeza de lista del PP. A mí no deja de hacerme gracia que la democracia sólo le vale al PP cuando le beneficia. ¿Separación de poderes? Si un juez les investiga a ellos, no. ¿Respeto a los resultados electorales? Si ellos no ganan, no. ¿Acusaciones sin pruebas? En los demás es síntoma de que son mala gente, en ellos de que son defensores de la democracia. ¿Manifestaciones? Sólo las de ellos, que las de los demás son de gente que no es normal, de perroflautas, de rojos peligrosos.

Me asustan frases así. Pero me asusta más que dé igual. Con o sin concentraciones de indignados.

sábado, junio 04, 2011

Du, du-du, dum

Du, du-du, dum, du, du-du-du-du-du-du. Con eso basta. Suenan esas pequeñas notas, mal garabateadas aquí por mi parte siendo alguien que de música sólo sabe lo que le emociona y lo que no, y salto como un resorte. Si cualquier canal está poniendo Cantando bajo la lluvia, lo sé. Siempre, no me preguntéis cómo, aparece la famosa escena que da título a la película en mi televisión aunque yo esté haciendo cualquier otra cosa. Aparece la escena y yo me coloco delante del televisor Matemático. Con una sonrisa en la boca. Por mucho mal humor que arrastre. No sé cuántas veces habré visto ya esa escena, cuántas habrá tarareado la canción, toscamente que las musicales no forman parte de mis habilidades naturales. El otro día fue la última... por ahora. Y ya he perdido la cuenta la de veces que me ha puesto esa sonrisa en la boca. Como toda la película, pero con esa escena basta. Suena y salgo a verla. No falla. ¿Qué tendrá? No lo sé. Supongo que es la magia del cine.

Digo que con esa escena basta, pero no es verdad. Una vez he visto esa escena, tengo que ver otra. Tengo que ver el final. Pero no por el final. No. No por reírme de la humillación del personaje de Jean Hagen. Ni siquiera por seguir riéndome con Donald O'Connor y sus inagotables momentos cómicos. Qué va. Lo que necesito ver es esta cara de Debbie Reynolds. En el cine nunca he visto a una mujer más adorable que ella. En el cine. Las he visto más hermosas, más seductoras, más elegantes, más altas, más rubias. Más lo que queráis. Más adorables, ninguna. Y mira que busco, pero no hay manera de superar esa lágrima que derrama, esa sonrisa que brota a continuación. Será que soy un romántico. O será, otra vez, la magia del cine. En cualquier caso, es algo superior a mí. Me llaman esas notas esas notas para cantar con Gene Kelly (bailar desde luego que no, porque nadie, absolutamente nadie, ha bailado como Gene Kelly) y me conmueven una lágrima, una mirada y una sonrisa. Hasta el punto de que yo también querría cantar bajo la lluvia. Maldita sea que no me gusten los paraguas...

martes, mayo 31, 2011

Uno es peligroso, el otro un genio

Francisco Franco. Alfredo Pérez Rubalcaba. Uno es un hombre peligrosísimo, asociado a incontables acciones criminales, a corruptelas sin fin, un hombre capaz por sí solo de arruinar la imagen de España, su economía y su política. El otro es un genio militar, capaz de ver lo que ni las mayores superpotencias imaginan, que logró una unidad indisoluble en torno a su figura, un hombre valeroso que si se asoció a malas compañías fue sólo porque le obligaron sus enemigos. Por lo visto, para hilar nombre y descripción hay que cambiar el orden. La primera descripción es la que están dando de Alfredo Pérez Rubalcaba un gran conjunto de periodistas de ideas, digamos, conservadoras, después de que se haya confirmado que será el candidato del PSOE a las próximas elecciones generales. La segunda descripción es la que da de Francisco Franco el nuevo Diccionario biográfico español coordinado por la Real Academia de la Historia. Sabía que el actual ejercicio del periodismo estaba podrido. Desconocía que el de la historia también, pero han venido a confirmármelo unos señores que, en teoría, son los que tienen que velar por que la historia no se cuente desde un bando.

No me voy a escandalizar por el hecho de que todavía hoy haya gente que siga escribiendo panegíricos de Franco. Tampoco me voy a asombrar de que procedan de instituciones de supuesto prestigio. Ni mucho menos me voy a rasgar las vestiduras por el hecho de que se paguen obras así con ingentes cantidades de dinero público (aprobadas con José María Aznar de presidente del Gobierno... y Esperanza Aguirre como ministra de Cultura). A todo esto estoy acostumbrado. No hay novedad. Lo que me asombra es que la Real Academia de la Historia pueda trabajar sin que nadie de los órganos oficiales que aportan dinero sepa en qué está trabajando con detalle. Me deja abrumado que se permita que el Rey lea un discurso para presentar esta obra (elogiándola, por supuesto) sin que la Casa Real conozca el contenido. Y, por encima de todo esto, me fascina ese fenómeno tan español de que nada, absolutamente nada, provoque consecuencias. Si después de más de treinta años de democracia, el hecho de que se publique un diccionario biográfico en el que se ensalza la figura del un dictador no provoca la dimisión del más alto cargo de la institución que publica esa obra, es que ya podemos perder toda esperanza. El periodismo estaba muerto. La historia está un poco más cerca de estarlo también.

Tampoco hay sorpresa en la más que virulenta reacción al nombramiento de Rubalcaba como candidato socialista a La Moncloa. Es lo esperado en una serie de personas que dicen ejercer el periodismo pero que en realidad apuestan por el proselitismo más rancio y carente de toda crítica. No estoy defendiendo a Rubalcaba, no, no me soltéis todavía los perros aquellos que compartís el pensamiento de quienes le ven como el hombre más peligroso sobre la faz de la tierra. Lo que sí estoy haciendo es pensar en los motivos de esa virulencia. Yo no creo que Rubalcaba tenga opciones reales de ganar las elecciones de 2012, y menos después de ver los resultados de los pasados comicios municipales y autonómicos. Pero la derecha mediática, esa que parece tener un poder absoluto para contaminar con su rencor y sus ideas tergiversadas, demuestra que le tiene miedo. ¿Por qué, si no, tanto insulto, tanta descalificación, tanto improperio y tanta rabia desatada? Curioso. Y si esto es lo que dicen ahora a Rubalcaba, imagináos lo que se escribirá de él en la futura edición de este Diccionario biográfico español que se publique dentro de, pongamos, 50 años. Rubalcaba, alecciona a tus herederos, que se pueden forrar con una querella...

lunes, mayo 23, 2011

Perdemos casi todos

La verdad es que pocas elecciones que haya vivido me han dejado un regusto más amargo que estas autonómicas y municipales que acabamos de ver. No por el hecho de que haya ganado el PP, tampoco por la derrota del PSOE. No hablo de cuestiones partidistas, no. El motivo está en el escenario resultante de lo que ha elegido el electorado y las conclusiones a las que llego. Y es que creo que, con este resultado electoral, perdemos casi todos. El "casi todos" excluye, por supuesto al PP, partido que ha arrasado y que ahora comienza a disfrutar de un poder que no ha tenido jamás, y que culminará cuando dentro de menos de un año (¿antes?) el candidato de los populares a la Presidencia del Gobierno se siente muy a gusto en su despacho del Palacio de la Moncloa. Sabiendo cuál es mi ideología política, una que nunca he escondido y que no me impide ser crítico, algunos pensarán que esto no es más que una pataleta de mal perdedor, pero nada más lejos de la realidad. Lo digo porque es lo que pienso, y lo pienso después de haberle dado muchas vueltas.

Para empezar a explicar por qué digo que perdemos casi todos, es obligado recordar uno de los motivos de queja del movimiento del 15-M. No queríamos un bipartidismo político. En eso estoy de acuerdo. Me encantaría que hubiera alternativas, más allá de PP y PSOE. Pues bien, el escenario que ofrece el 22-M no es ya un bipartidismo, sino un monopartidismo. El PP lo gobierna todo. Casi todo, en realidad, porque siguen quedando las excepciones nacionalistas (el tema de Bildu da para mucho más que estas líneas), el único pacto posible entre PSOE e IU en Extremadura y la anomalía de Álvarez-Cascos en Asturias, anomalía que al fin y al cabo deja ese gobierno autonómico en las mismas manos. Si ya es difícil conseguir que los dos grandes partidos se pongan de acuerdo para las grandes reformas de Estado, no es difícil imaginar lo imposible que será que sólo uno de ellos, con el aval incuestionable de las urnas y muchas mayorías absolutas en su poder, decida por sí mismo que tiene que cambiar el sistema que le ha otorgado semejante poder. Quien siga pidiendo una reforma de la Ley Electoral, una de las más necesarias de nuestra democracia y por la que llevo años abogando, me temo que va a clamar en vano.

Es cierto que han entrado muchas fuerzas políticas en las instituciones locales, y también es incuestionable el ascenso de Unión, Progreso y Democracia, así como una sensible recuperación de Izquierda Unida. Pero también es cierto que, de nuevo salvo la anomalía del partido de Álvarez-Cascos, no tienen la suficiente representación como para hablar de un fenómeno de interés general. Les interesa a estos partidos, desde luego, porque cada concejal y cada alcalde es una cantidad de dinero importante para sus arcas, pero el poder queda concentrado en unas pocas manos, casi todas del mismo partido. Extrapolado ésto a unas elecciones generales, el PP se queda al borde de la mayoría absoluta y tiene varias posibilidades de pacto para gobernar, con partidos pequeños o con partidos nacionalistas. Es decir, lo mismo que se le reprochó a Zapatero con tanto ahínco en su primera legislatura. Si no hay mayoría absoluta en las generales (yo me temo que sí la habrá), dentro de un año veremos, y de eso no tengo ninguna duda, que la crítica al PP no será tan intensa como la que sufrió el PSOE. En esto y en otros muchos temas. Tiempo al tiempo.

Es imposible meterse en la cabeza de todos y cada uno de los españoles que ha ejercido su derecho al voto, pero la conclusión mayoritaria a la que está llegando todo el mundo es que la debacle del PSOE se debe a la crisis económica (en la mirada más bondadosa para con los socialistas) y a la actuación de José Luis Rodríguez Zapatero en ese terreno (en la que, creo, es la más aceptada versión). Eso demuestra varias cosas. En primer lugar, que por regla general no sabemos lo que son las comunidades autónomas y los ayuntamientos. Si hay un voto de castigo a Zapatero, no hemos votado en unas elecciones autonómicas y municipales, sino que esto ha sido una primera vuelta de unas generales. Siendo ésta la percepción general de los españoles, que prefiere votar a un partido antes que a un programa (y a un partido por su líder o por su ideología, y no por su delegado local), quizá va siendo hora de replantearse de verdad el modelo autonómico. Quizá no sean necesarios tantos concejales y diputados. Quizá nos sobren instituciones. Quizá esa sea la gran revolución que tiene pendiente la democracia española.

Esto es una conclusión lógica si tenemos en cuenta que los líderes autonómicos del PSOE han pagado por los errores del Gobierno central y no por los propios, o no se han visto beneficiados por los aciertos que hayan podido tener en su gestión. Que se lo digan a Barreda, porque pocos socialistas han sido más críticos con el presidente del Gobierno, y sin embargo se ha llevado una derrota tan ajustada como emblemática e histórica. A poca gente parece que le haya importado la gestión local de la crisis, pues el castigo se lo han llevado los dirigientes socialistas y no los populares. Es decir, que, si la causa principal del voto está en la crisis, para los españoles los presidentes autonómicos y los alcaldes no tienen responsabilidad alguna en la situación económica ni medios para luchar contra ella. Si tuvieran esa influencia, lo lógico es que también hubiera habido voto de castigo para aquellos dirigentes que no son del PSOE y que llevan cuatro años mandando en sus respectivas instituciones. No ha sido así. ¿Por qué? Cada votante sabrá. El caso es que me hace gracia que hoy el alcalde de Madrid hable de trabajar para generar empleo. ¿Eso no es problema sólo de Zapatero?

Otro asunto preocupantes es que tampoco ha habido voto de castigo a la corrupción. He escuchado una interpretación que dice que eso es porque el votante no tiene conciencia de que esa corrupción sea un daño para su bolsillo. Pues vale. El caso es que la eliminación de los corruptos de las listas era otra de esas utópicas reivindicaciones del movimiento que ha eclosionado en la Puerta del Sol. Estas elecciones han evidenciado la imposibilidad de que esa demanda se haga realidad. Los corruptos han triunfado más o menos con la misma rotundidad que hace cuatro años. Las acusaciones, las pruebas y los juicios no han importado en el ánimo de los votantes. Y se habla de un récord en el voto blanco y en el voto nulo, pero éste sigue registrando niveles casi marginales, que se mueven en torno al cuatro por ciento. Desgraciadamente, eso no basta para la revolución con la que se sueña en la Puerta del Sol y otras tantas plazas españolas. Vale, y perdonandme la resignación, para crear un hastag en Twitter, para rellenar páginas de periódico y minutos de informativo, pero no para mover a quienes hoy tienen más poder a ceder parte en beneficio de la democracia.

El mito de que en España sólo la izquierda ejerce el voto de castigo con los suyos y que el electorado de la derecha se mantiene fiel pase lo que pase, queda para mí confirmado hasta la próxima vez que acudamos a las urnas (cuando, me temo, quedará de nuevo revalidado). Si no hay juicio crítico con todos, no hay nada que hacer. Y algunos me dirán que ya hubo castigo al PP por su gestión del 11-M, por Irak o por el Prestige, pero nunca lo he visto así. El PP no perdió las elecciones de 2004 porque perdiera demasiados votos. Su apoyo entre el electorado es fijo, de ocho millones de papeletas para arriba. Son los votos de los demás los que fluctúan. Y es que el PP no ha ganado más poder en estas elecciones porque votantes decepcionados del PSOE le hayan dado sus votos, sino porque esos votantes han diseminado sus votos entre otros partidos, sobres vacíos y papeletas nulas. El PP, a día de hoy, todavía no ha sido castigado por sus electores. Nunca. Y sin ese espíritu crítico, la democracia pierde siempre. Hoy hay mucha gente feliz por la debacle del PSOE. Y no seré yo quien diga que no se han buscado este resultado desde las propias filas socialistas. Pero hoy veo una democracia más débil, y por eso creo que perdemos casi todos.

sábado, mayo 21, 2011

Jornada de reflexión

Tengo puntos de vista contradictorios sobre el movimiento que acapara los titulares desde hace unos días. Veo partes buenas y partes malas, luces y sombras. Pero, qué queréis que os diga, soy muy escéptico. Sinceramente, no creo que se consiga nada más de lo que ya se ha conseguido, que por desgracia no es más que un movimiento mediático que no culminará en que sus deseos, protestas o iniciativas provoquen algún cambio concreto. Por descontado (y aunque nunca he entendido del todo el carácter festivo que encubre las protestas masivas en esta país, motivo que me ha alejado desde hace años de las grandes manifestaciones), no estoy en contra de este movimiento. Ni mucho menos. Llevo tiempo pensando que España (¿el mundo?) está adormecida, y al menos la masiva presencia de gente en la Puerta del Sol de Madrid y en otros muchos lugares de España (y del mundo) evidencia que no es así, que hay vida más allá del letargo generalizado. Y disfruto viendo como la calle vuelve a sus legítimos dueños: a la gente. La calle es de la gente. Me encanta como suena esa frase. Pero me gusta más lo que significa. Y eso es lo que estamos viendo estos días.

Pero reflexionando aún más, encuentro cosas que no me terminan de agradar, que no encienden la llama de mi esperanza. La masa es peligrosa en más de un sentido y temo que haya mucha gente en esas fotografías que no tiene ni idea de por qué están allí. Temo que no sea más que una concentración festiva. Temo que sea un fuego que se apague en cuanto se anuncie el resultado de estas elecciones. Puede que se apague de golpe o poco a poco, pero tengo la impresión de que este movimiento no va a provocar reacción alguna en la clase política o en la económica. No va a cambiar la Ley Electoral. Si acaso, conseguirán alguna promesa de los partidos políticos de afrontar ese debate que, como tantas otras veces que se ha planteado en el pasado, acabará en nada cuando ya no haya nadie en Sol. ¿Eliminar a los corruptos de las listas electorales? Echad un vistazo a los resultados de mañana, a ver quién gana en la Comunidad Valenciana o en Madrid y por qué margen. ¿Controlar a los bancos? No nos engañemos, el dinero controla el mundo y el dinero lo tienen los bancos. Es al revés. La política está hoy mediatizada por el control bancario y económico. Los políticos hacen lo que dice el dinero. Y salvo que la revolución sea mundial, no creo que haya nada que hacer.

Al menos, este movimiento sirve para que quede expresado un descontento con el funcionamiento del sistema. Porque eso, y no otra cosa, es lo que yo entiendo como el eje de estas protestas. La gente está harta de que todo funcione tan mal, de que el poder perpetúe sus privilegios, de que la justicia no sea justa, de que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, de que un voto no valga lo mismo según sea su destinatario o su lugar de emisión, de que haya clases privilegiadas cuando la Constitución dice que todos somos iguales, de que haya un despilfarro obsceno de dinero en esto que llaman campaña electoral y que no sirve para nada más que para malgastar el dinero de todos (porque todos subvencionamos a los partidos políticos; ¿quieren mítines? Que los paguen los afiliados). Hay cansancio y el 15-M lo ha demostrado. Pero no sé si se puede hacer algo porque se está permitiendo, y estoy convencido de que el resultado electoral lo va a demostrar, que hasta este hartazgo se politice de forma partidista. La derecha lo ha interpretado como una censura al Gobierno socialista. Y se equivoca. Si ese fuera el caso, basta con no votar al PSOE y optar por el PP o por algún otro partido minoritario. Pero no es eso. Es una rebelión contra el sistema, no contra quien o dirige.

Todos sabemos que el poder cambia de manos con facilidad, y que de no mediar cambios radicales en el funcionamiento de la política española siempre pasará de manos populares a manos socialistas y viceversa. Sólo hay algunas anomalías regionales y nacionalistas que se escapan a este bipartidismo de facto. Si la queja es contra un bando, con unirse al contrario está todo hecho. Pero la gente no está protestando contra un bando. Al menos no sólo está haciendo eso. Está protestando contra el sistema que forman ambos bandos. Si el bando que va a salir ganador de estas elecciones ya ha dejado claro que ve la protesta social como un espaldarazo a sus pretensiones de poder y como un ataque directo a su rival político, ¿cómo cambiar algo? Soy escéptico, sí. Muy escéptico. Creo que la única forma de cambiar algo es que en las elecciones de mañana no vote nadie. O, como mucho, un 10 por ciento del electorado. Eso sí sería un mensaje claro. Y eso me deja una conclusión final: que tengo que seguir reflexionando, porque yo soy de los que siempre ha animado a todo el mundo a votar y ahora sólo veo una salida en la abstención absoluta. Y eso no se va a producir.