miércoles, octubre 12, 2011

El peligroso periodismo que le gusta al PP

Gracias a apasionantes debates, sé que mi creencia de que la derecha domina la información en este país no la comparte todo el mundo (aunque fue desde los medios de derechas desde donde se montó la única conspiración que ha habido en este país, con o sin razón, para sacar a un presidente del Gobierno, a Felipe González). Sin embargo, es algo de lo que sigo convencido. Y más aún. Entiendo que la derecha, reflejado a través del PP, maneja un peligroso modelo de periodismo que me asusta bastante. Sé que todos los que llegan al poder colocan a los suyos en los medios de comunicación. Sé que todos intentan que sus afines les hagan propaganda. Sé que las llamadas se hacen a quien se puede influenciar. Pero, aún así, creo que hay mucho menos pudor en las filas del PP, y hay muchos casos que lo evidencian. El de Ana Pastor es de libro. María Dolores de Cospedal se enfrentó a ella en directo. El portavoz del PP en la Comisión de Control de RTVE, Ramón Moreno, ya insinuó su despido hace unos meses en cuanto ellos llegaran al poder. Y ahora el secretario de Presidencia de las Cortes Valencias, Ángel Minguez, disfruta haciendo chistes a costa de ese mismo despido después de las elecciones del 20-N.

Aquí hay un claro aviso a navegantes. El que no se pliegue a las exigencias del poder, se va a la calle. Por supuesto, nadie lo dirá abiertamente, nadie pondrá rostro a una amenaza así, pero es evidente lo que va a suceder después de las elecciones generales del próximo mes si hay un cambio de Gobierno (como si alguien lo dudara ya a estas alturas...). Y RTVE va a salir perdiendo. Muchísimo. Manipulación hay en todos los medios públicos, pero los ejemplos más sonados, más rastreros y más evidentes se dan con el PP en el poder. No hará falta recordar otra vez (o quizá sí) que la única condena por manipulación a los servicios informativos del Ente Público llegó con José María Aznar en La Moncloa y Alfredo Urdaci como director de Informativos (con aquel vergonzoso "ce, ce, o, o"). En Telemadrid, entre otras cosas, se colocan anagramas de ETA sobre los rostros del presidente del Gobierno y del ministro del Interior. En Canal 9 no se informó nunca del caso Gürtel. Y una de las primeras decisiones de Cospedal cuando se convirtió en presidenta autonómica, decisión en la que no hay crisis ni recorte posible, fue colocar a Ignacio Villa al frente de la Televisión de Castilla-La Mancha.

En mi experiencia profesional, las llamadas que recibí (o que recibieron por encima de mí para que me las hicieran llegar) fueron siempre desde las esferas de poder del PP. No fueron muchas, pero todas y cada una de ellas tenían como origen un responsable de prensa de algún lugar gobernado por los populares. Ya es casualidad. Cuando yo aterricé en la redacción, quienes llevaban allí un tiempo me contaron que fue espectacular el incremento de faxes (sí, amigos, en una época no tan lejana la comunicación de documentos se hacía vía fax) cuando el PP llegó al Gobierno central en 1996, porque no hay mejor propaganda que el bombardeo constante. Cuando cojo el transporte público en Madrid no dejo de ver carteles que me dicen que el Metro vuela o que somos la suma de todos, pero eso sucede (y se paga con dinero público) cuando hay recortes en la enseñanza. La publicidad, la propaganda y la información no decae, pase lo que pase en el mundo. Eso que no falte. Y lo que no caerá son los elevadísimos sueldos de quienes controlan la televisión pública, porque hay que tener contentos a quienes dirigen este cotarro.

Por supuesto, el PP tendría mucho que decir en este asunto. Y lo dirá, no me cabe duda. Lo dirá con hechos en cuanto llegue a La Moncloa. RTVE va a cambiar. Y mucho. Y puede que entonces algunos añoren la época que estamos viviendo, en la que, por mucho que se empeñen desde el PP con continuas denuncias, algunas rocambolescas, la televisión pública estatal vive los momentos de mayor libertad de su historia. Eso va a cambiar. Me produce cierta lástima que la profesión no sea una ante ataques como éstos. Parece que hay que ser de izquierdas para censurar a un dirigente popular que se mofa en público de que su partido va a echar a una periodista de la televisión pública porque no comulga con sus intereses o sus opiniones (¿no dice esa Constitución que tanto defienden que tenemos derecho a "expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones"? ¿Que el ejercicio de ese derecho "no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa"?). Siento una enorme sensación de desamparo, siento que el periodismo está plegado al poder, siento que hay demasiados profesionales que aceptan estas cláusulas como para que protestar sirva de algo. Pero seguiré protestando. Porque creo en lo que digo y en lo que pienso. Y pienso que, cuando tiene el poder, el PP pone en peligro el ejercicio del periodismo libre.

viernes, octubre 07, 2011

Sueldos públicos

Desde mis limitadísimos conocimientos sobre economía, siempre he pensado que el principal problema de España, quizá de todo el mundo pero sobre todo de España, estaba en los sueldos. Siempre me ha parecido insostenible que personas que han dedicado cinco, seis o diez años de su vida a formarse más allá de la educación obligatoria cobren sueldos que no llegan, a veces ni se acercan, a los mil euros. Porque entonces no compensa tanto trabajo. Y eso lo pensaba ya hace años, así que imaginad lo que tengo en mente ahora con la que está cayendo, con el encarecimiento del coste de la vida, la subida anual del en los precios (ah, y el euro, que no se me olvide el redondeo del euro) y los despidos masivos que las grandes empresas están acometiendo para mantener sus beneficios. Pero esto de los sueldos llega a extremos indignantes cuando hablamos de personas que trabajan para entidades públicas. Hemos llegado a un punto en el que hay cierta obsesión, justificada, por conocer cuánto gana y cuánto tiene cada político de este país, y de ahí que en los últimos tiempos se hayan conocido sueldos de diputados, senadores y gobernantes autonómicos.

La cosa se agrava aún más leyendo noticias como ésta, en la que se dan a conocer, aunque no de forma pública y sí mediante una filtración, los sueldos de los dirigentes de una televisión autonómica, Telemadrid en este caso. Esta noticia da una base documental a lo que para mí viene siendo evidente desde hace mucho tiempo, y es que hay gente que gana un dinero que 1) no se merece y 2) no debería permitirse en un Estado de Derecho. No hay derecho a que el director de una televisión autonómica, designado a dedo por un presidente autonómico, gane más dinero que ese presidente autonómico. Simplemente, no hay derecho. Cuando digo que no se lo merece, no pretendo infravalorar la dedicación, el trabajo y la responsabilidad de alguien que dirige una televisión, pero sí entiendo que el sector público está obligado a regirse por unas premisas que en España no se cumplen. Telemadrid es el perfecto ejemplo de actualidad. ¿Que no les gusta? Ahí está el sector privado. Pero el público necesita de otras normas para regirse.

Cuando la sociedad no es capaz de autoregularse, es cuando creo que deben actuar las instituciones. Eso incluye también a la clase política y a quienes depende de ella. Y si la clase política no es capaz de regularse tampoco, es cuando los ciudadanos tenemos que exigir más. Cada vez estoy más convencido de que en España tendría que haber una ley que regulara los sueldos de cargos públicos, incluyendo los de empresas públicas. En la esfera política, no es posible que un presidente autonómico gane más que el presidente del Gobierno, porque nadie tiene más responsabilidad que quien ocupa el puesto de jefe del Ejecutivo. No es posible que un consejero autonómico o un diputado general gane más que un ministro, es cuestión de rango y responsabilidad. Quizá sea el momento de elaborar tablar que coloquen a cada uno en su sitio. Y eso tendría que incluir a quienes trabajan para organismos públicos, como son las televisiones, sea RTVE o las autonómicas, y sobre todo a quienes ocupan un cargo de designación política.

Es evidente que es una utopía, de esa que son realizables pero no en la coyuntura actual. Cuando la regulación de los políticos depende de ellos mismos, la experiencia dice que no se va a cambiar nada que pueda limitar sus beneficios. El único acuerdo unánime que solía haber en el Congreso, al comienzo de cada legislatura, era la aprobación de la subida salarial de los diputados, con lo que menos aún se van a poner los dirigentes autonómicos a recortar los beneficios de quien colocan precisamente para que se hable bien de ellos en sus televisiones. Lo que está claro es que la única forma de conseguir algo es insistir en ello. Y yo, desde luego, tengo claro que hay que seguir insistiendo en que la gente tiene que cobrar un sueldo que le permita vivir (sin necesidad de lujos, pero vivir, porque eso es lo que le permitirá trabajar a pleno rendimiento) y que es denigrante que no haya un mayor control sobre las grandes fortunas (que eso es lo que cobran los altos cargos en comparación con el sueldo medio) que dependen de la designación política. Regulación ya.

martes, octubre 04, 2011

Incultura

Me contaban ayer una anécdota de lo más ilustrativa. Se acerca una persona a un establecimiento que vende de todo, incluyendo películas en DVD. Dicha persona se acerca a una dependienta. Le pregunta si tienen Casablanca, porque, claro, es una película como para tener en una videoteca que se precie. La dependienta la pregunta si se escribe Casablanca junto o separado. Real como la vida misma y una anécdota que explica claramente la incultura que preside nuestras sociedades. No pretendo atacar a quien ignora el título de una de las películas más famosas de la historia del cine, no, porque nadie tiene el conocimiento absoluto, ni siquiera en temas que para otros puedan ser de lo más cotidiano o indispensable. Lo que me preocupa, lo que me inquieta y lo que en último término censuro es la falta de interés, la ausencia de inquietudes, el no tener preocupación por el mundo que nos rodea.

Está claro que no se puede saber de todo en esta vida, pero me asusta el mundo en el que vivo. Me asusta que la gente joven no sea consciente de cuándo fue el golpe de Estado del 23-F, algo que quedó de manifiesto en varios reportajes que se emitieron coincidiendo con su 30º aniversario. Me asusta que la gente no conozca los títulos más famosos de la cultura universal. no digo haberlos visto, escuchado o leído, digo siquiera conocerlos. Me asusta ver concursos en la televisión y que la gente exhiba sin pudor alguno su ignorancia. Pero no, insisto, por la ignorancia en sí, sino por la falta de interés o por pronunciar sentencias equivocadísimas con el convencimiento de estar diciendo lo más normal del mundo. Acabo de ver a un hombre medianamente joven diciendo que le suena que hay una película de King Kong en blanco y negro que debe de ser de los años 50. Seguro que se refiere a la de 1933. Seguro que sí. Son unos 20 años de diferencia, un lapso de tiempo que aplicado a su vida y a tenor de su edad aparente le colocan, como poco, en sus años de instituto. Ya es tiempo como para que importe.

Me pregunto por qué tenemos tan poco apego a la cultura, no ya para admirarla sino siquiera para conocerla y respetarla. No es cuestión de saberlo todo. Es cuestión de interés. Y de eso no andamos sobrados, ya lo creo que no. Y me asusta.

jueves, septiembre 29, 2011

La nómina de Esperanza Aguirre y todo lo que va mal

Tengo que darle las gracias a Esperanza Aguirre y a su nómina. Sí, como lo leéis. A Esperanza Aguirre y a su nómina. Sí, soy yo, el mismo que desde siempre se ha mostrado tan crítico con la presidenta de la Comunidad de Madrid por tantas cuestiones. Pero al César lo que es del César, a la lideresa lo que es de la lideresa, y es que Esperanza Aguirre y su nómina, así como quien no quiere la cosa, me acaban de demostrar todo lo que no funciona en la política y en el periodismo de este excelso país que es España. Pero todo. Qué anécdota tan completa para reflexionar sobre el país en el que vivimos. Veréis. La cosa empieza hace un año, cuando Aguirre anuncia que se va a bajar el sueldo. A ella misma y a todos sus consejeros. Estamos en crisis y hay que ahorrar, dice. Esto, por supuesto, lo anuncia a bombo y platillo, como está mandado. Pasa el tiempo, y diputados y senadores hacen público su patrimonio, incluyendo sus salarios, como medida de transparencia, en unos días en que la política y los políticos se ven asediados por acusaciones precisamente de falta de transparencia. La noticia es quien gana más, quién tiene más dinero. Lo de siempre.

Pero alguien piensa que puede tener una noticia de verdad, no un chascarrillo de corto recorrido. Como hay senadores que son diputados autonómicos al mismo tiempo, El País contrasta el sueldo que declara Francisco Granados y no coincide con lo que anunció Esperanza Aguirre. Según los datos por el lado del Senado gana más que por las cifras de la Comunidad de Madrid. Se investiga y se encuentra otra partida de la que cobran los dirigentes madrileños. No está en su nómina. Pero es legal. Al día siguiente de publicarse esta información, sale Esperanza Aguirre y muestra en público su nómina como respuesta a esa noticia. El País mantiene su versión pese a la escenografía de la presidenta de la Comunidad de Madrid, la mayoría de los medios asume como cierta sin más preámbulos la explicación de la dirigente política. Y así llegamos al día de hoy, en este momento de la noche, y después de haber leído unas cuantas noticias sobre el tema. ¿Conclusión? No me he enterado de nada. Así de triste. No sé si Esperanza Aguirre gana ahora más o menos que antes de bajarse el sueldo. No sé si me ha tomado el pelo en público o si dice la verdad. No lo sé. No tengo ni idea. Sólo sé que me queda plenamente demostrado todo lo que va mal en este país.

Va mal que un político presuma en una rueda de prensa de algo que el ciudadano no sabe si es verdad, salvo que realice una ingente labor de investigación. Va mal que los propios políticos articulen formas truculentas para sacar tajada y que lo hagan de forma legal, por muy poco ético que sí sea. Va mal que los periodistas hayamos quedado como simples grabadoras, que repitamos como loros lo que dicen los políticos, olvidando las imprescindibles tareas de contrastar y de valorar la importancia de lo que dicen. Va mal que un político pueda tener la desfachatez de engañar a la gente en público. Va mal que, incluso aportando datos, un lector medio tenga que hacer un máster para entender lo que dice una información periodística. Va mal que en las ruedas de prensa no haya periodistas que repliquen a un político cuando tienen el absoluto convencimiento de que está diciendo una mentira. Va mal que un medio de comunicación omita una verdad por el hecho de que la haya publicado otro medio de comunicación. Va mal que las noticias tengan la misma y escasa importancia que las anécdotas. Va mal los medios busquen las noticias en función del daño que pueden hacer a su protagonista únicamente en función de las siglas políticas que representa. Va mal que, habiendo o sin haber noticias sobre este asunto, los ciudadanos no puedan saber cuánto cobran sus representantes electos. La política va mal. El periodismo va mal.

Todo eso lo he comprobado con Esperanza Aguirre y su nómina. Qué cosas.

martes, septiembre 27, 2011

Escándalo en RTVE. ¿Y por qué tanto escándalo...?

Días convulsos en torno a RTVE. El escándalo que se ha montado en torno a la pretensión de los miembros del Consejo de Administración del Ente Público de garantizarse la posibilidad del acceso y control previo de la información está más que justificado. Nunca se aclarará este asunto del todo, de eso estoy convencido, porque nadie se ha hecho responsable. Ni los consejeros, que se retractaron, dejando el asunto en una polémica de las que pronto se olvidan. Ni el PP, que negó todo conocimiento del hecho a pesar del voto todos a uno de sus designados en favor de la iniciativa que presentaron. Ni el resto de los partidos y sindicatos cuyos miembros decidieron abstenerse en la primera votación de este asunto. Nadie sabe nada, nadie dice nada. Casi nadie dimite, porque sí hay un consejero que ha decidido marcharse, el designado por parte de CC OO (qué fina ironía tiene la historia reciente de la la manipulación informativa en RTVE; estoy seguro de que Alfredo Urdaci estaría de acuerdo conmigo viendo que esta sigla es la única de la que se ha hablado tras el escándalo).

El caso es que hay alguna cuestión que no se ha tocado demasiado con respecto a este asunto. Sí ha habido muchas respuestas dignas. Todo el mundo, desde la política y desde el periodismo, se ha posicionado en contra de la censura. Todo el mundo ha pedido cerrar la puerta que se abría con esta decisión afortunadamente no consumada por la marcha atrás de sus autores. ¿Pero entonces por qué votaron a favor de la iniciativa los consejeros del PP (los que la presentaron) y el de CiU? ¿Por qué se abstuvieron los de PSOE, ERC y CC OO? No puede ser considerado sólo como un error y aquí paz y después gloria. La idea tenía una razón de ser ¿Cuál? Que la digan. Porque no me termino de creer que tuviera un buen fin y que, ingenuamente, no tuvieran en cuenta la posibilidad de que se desatara semejante escándalo. Y ya que estamos. ¿Por qué no se destaca como merece y ya parece haberse olvidado de dónde salió la propuesta? De los consejeros del PP. Con el PP en el Gobierno, los Informativos de TVE, los de Alfredo Urdaci (¿veis lo que decía de la ironía?) recibieron su primera y única condena por manipulación. Unamos cabos. Que igual es verdad eso que dicen de que las coincidencias no existen.

Pero dicho esto, tengo que reconocer que me ha causado cierto estupor el escándalo que se ha montado. Vale que RTVE es el único medio que hoy en día se puede considerar medianamente neutro (a pesar de lo que diga, oh, sorpresa, precisamente el PP), ¿pero acaso no estamos acostumbrados a burdos y probados ejemplos de manipulación informativa? ¿No hemos visto ejemplos sobrados de censura política previa como la que podría haberse producido en RTVE con esta puerta abierta? Telemadrid ha montado vídeos de actos públicos de Esperanza Aguirre para hacer como que las protestas y abucheos no existieran. Canal 9 jamás informó del caso Gürtel. Son sólo dos ejemplos de los muchísimos que se producen día tras día, especialmente en los medios públicos, concretamente en los autonómicos. Es lo mismo que podría suceder en RTVE de haberse aprobado esta medida. Exactamente lo mismo. Y todo lo anterior se pasa por alto. Bueno, no es que se pase por alto, es que nos rasgamos las vestiduras de vez en cuando durante cinto minutos y luego continuamos hasta la siguiente polémica. Y es aburrido estar así, la verdad.

Si hablamos de libertad e independencia, RTVE ha sufrido una inmensa mejora desde que el PSOE llegó al poder en 2004. Creo que eso es bastante innegable, y no tiene nada que ver con una visión política del asunto. Aunque el que se hace hoy en día en todas partes, también en RTVE, no sea el tipo de periodismo en el que creo, ahora los tiempos están repartidos con más justicia. No existe el ataque gratuito al contrario que había antes. Temo por lo que pueda quedar de todo esto a partir de las elecciones del 20-N, porque una mayoría absoluta, un nombramiento imposible de contestar desde la minoría parlamentaria, y el regreso de actitudes que nunca desaparecerán, sólo cambiarán de ámbito de poder, podría llevarse por delante el trabajo de años. Habrá que estar atentos a los bailes de nombres que, no me cabe la menor duda, vamos a ver ya desde el tramo final de este 2011. Muy atentos.

miércoles, septiembre 21, 2011

Política y merchandising

Olvidémonos por un momento de las siglas electorales, de las marcas publicitarias y de las ideologías de cada uno. Olvidémonos de todas esas cosas porque, de lo contrario, la pregunta que me ronda la cabeza perderá todo sentido y encontrará respuestas tan apasionadas como inservibles. ¿Olvidado? Perfecto. Pues allá va la duda que me corroe: ¿cómo es posible que un tipo que está a punto de ser presidente del Gobierno presente un libro con sus memorias? La respuesta es sencilla, ya lo sé. El libro es propaganda electoral, un producto de merchandising. Y bien por Mariano Rajoy y por Planeta, que ganarán dinero por lo que seguro que se aproxima más a un programa electoral contado con chascarillos y anécdotas de la vida de un candidato que a un libro de memorias con lo más importante de una vida. Y no estoy minusvalorando la figura de Rajoy, no (recordad, nos hemos olvidado de muchas cosas antes de empezar esta conversación). Ni siquiera su experiencia en diferentes cargos gubernamentales. Simplemente es que Rajoy, como persona pública, jamás va a ocupar un puesto más importante que el de presidente del Gobierno. Y eso no forma parte del libro porque hasta el 20-N no va a poder presumir de ello.

Hace algunos años, en 2002, leí con muchísimo interés una colección de cuatro libros que editó El Mundo para celebrar el 25 aniversario de la democracia, con el relato y las entrevistas que Victoria Prego hizo a los cuatro presidentes del Gobierno que, hasta entonces, habían pasado por La Moncloa. Olvidado todo lo que decía al principio, los cuatro libros tenían un gran interés, porque eran un repaso de la historia más reciente de España. Había consideraciones generales, había ideas políticas, había argumentos a favor de las decisiones tomadas ejerciendo el poder que da ser el jefe del Ejecutivo. Incluso el de Aznar tenía interés en ese sentido, porque acumulaba ya más de una legislatura completa como presidente, aunque con el final que tuvo el libro quede incompleto. Si saliera ahora un libro sobre Zapatero, tendría ese mismo atractivo. ¿Pero qué interés intelectual o político se puede tener en leer unas memorias de alguien que en breve va a ejercer la posición más influyente, poderosa e importante de su vida? Es como leer la biografía de un cantante de 20 años. De un futbolista de 18. De un actor de 32. Productos de merchandising. ¿Eso es la política ya para nosotros? ¿Simple merchandising? Preguntas retóricas de muy fácil contestación. Y luego nos asombramos del desapego a la política y a los políticos.

viernes, septiembre 16, 2011

Policías

Anonymous ha publicado en Internet datos de 30 agentes de policías adscritos al servicio de escolta de Presidencia del Gobierno, con el evidente riesgo que supone para su vida y para su profesión que se pueda conocer su identidad. Los enfrentamientos en que acabaron algunas manifestaciones del 15-M provocaron numerosas y contundentes críticas hacia la Policía. Se hablaba de brutalidad policial y de actuaciones desmedidas, se evocaba a los grises (me vais a disculpar la interrupción asombrada, pero ¡como si la actual situación política tuviera que ver con aquella!) e incluso, en las opiniones más extremistas, a regímenes totalitarios y fascistas. Hace unas cuantas fechas recuerdo que en el barrio madrileño de Lavapiés también hubo enfrentamientos con la Policía, en los que llegaron a pedir (en serio) que se marcharan del barrio. Seguro que me estoy dejando muchos ejemplos, pero creo que estos son suficientes para dejar clara la animadversión creciente que mucha gente tiene hacia la Policía. Y es algo que no sólo me llama la atención, sino que también me preocupa.

No seré yo quien niegue las acusaciones concretas que puedan hacerse. Pero sí me voy a atrever a negar la mayor y a rechazar el tópico. Da la sensación de que mucha gente se queda la mar de contenta apostando por la generalización, presumiendo de que cuando ve un policía cruza de acera por si acaso, difundiendo que la culpa de todo enfrentamiento con las fuerzas de seguridad es sólo por su culpa, entendiendo los comportamientos negligentes de uno, dos o cuantos policías sean a todo un cuerpo, a toda una profesión. Me llama la atención, sí. ¿Sabéis por qué? Porque los policías son personas. Como yo. Como tú que estás leyendo estas líneas. Y los hay que son unos auténticos cafres y los hay que derrochan profesionalidad y buena educación. Como en mi profesión. Como en la tuya. Funcionarios, periodistas, médicos, informáticos, telefonistas, barrenderos, mecánicos... En todas partes hay grandes trabajadores y grandes impresentables. Es evidente que un policía tiene un poder que no tienen otros profesionales. ¿Pero no se puede pensar eso de los médicos? ¿O de los jueces? ¿O de cualquier otra profesión que tenga nuestras vidas o nuestros derechos sobre la mesa?

¿Por qué parece que a algunos colectivos les interesa tanto difundir una imagen tan negativa de la Policía? O, quizá, habría que decir en algunos momentos. Quiero decir que todos nos alegramos de que la Policía esté de nuestro lado cuando nos toca vivir una tragedia en nuestras vidas con un delito de fondo. Ante un asesinato, un robo, una violación o lo que sea. Ahí sí nos quejamos de que no hay suficiente policía. También les felicitamos ante cualquier operación antiterrorista o cuando nos enteramos de que los delitos bajaron un 6 por ciento en 2010. Pero qué bien parece venir un policía cuando hay que buscar un malo, un chivo expiatorio, un argumento con el que reforzar nuestras posiciones, sean las que sean. Habrá un policía concreto que sea un cabrón. Ese que da palos en las manifestaciones sin justificación alguna y que lo disfruta. Uno. Dos. Los que sean. Pero no son todos. Habrá un mando policial que sea un cafre y dé ordenes abusivas. O dos. O los que queráis. ¿Todos? Lo dudo. Pero parece que generalizar no importa cuando uno le viene bien esa generalización.

¿Cómo os sentaría a vosotros que se generalizara de forma despectiva e insultante hacia todos los que formáis parte de una profesión? A mí no me gustan las generalizaciones. Nunca me han gustado. En el caso de la Policía, reconozco que me parece una generalización preocupante. Igual vuelvo a ser un facha por decirlo. Pero es que los policías son también personas. Conozco a algunos. Y, qué queréis que os diga, son gente fabulosa. No son de los que irían por ahí dando porrazos a chavales inocentes sólo porque les apetezca. De hecho, me han contado cosas muy diferentes a las que más difusión han obtenido por la red. Cosas que contradicen esa visión fascista y violenta de lo que siguen siendo los cuerpos de seguridad del Estado. Me viene a la cabeza una imagen, de esas que alumbran esperanza aunque luego no sean para tanto. Cuando Miguel Ángel Blanco estaba secuestrado, recuerdo a agentes de la Ertzaintza quitándose los casos, las máscaras y los pasamontañas. Recuerdo que la gente les abrazaba. Recuerdo que me pareció una de las cosas más bonitas e inspiradoras de aquellos días.

Y ahora la Policía vuelve a ser el malo de la película. Para mí, no. Un policía, vale. La Policía, no. Y me parece preocupante que las masas vean admisibles todo tipo de ataques, algunos delictivos como el de Anonymous, contra quienes se supone que tienen que velar por nuestra seguridad. Preocupante y peligroso.

domingo, septiembre 11, 2011

Me gusta pensar que siguen ahí

No importa cuántos años pasen, y ya van diez. A mí me sigue gustando pensar que están ahí. Que siguen ahí. Que las Torres Gemelas no se cayeron nunca. Las he visto miles de veces en películas y en fotografías. Y siguen ahí. No se han ido. No creo que se vayan nunca de mi cabeza. Me recuerdo viendo cómo caían. No me lo creía, no lo asimilaba, pero lo vi. Han pasado diez años de aquello. Diez. Toda una vida. Muchas vidas. Las que se fueron y las que cambiaron. Pero yo sigo pensando a menudo que están todavía ahí. ¿Cómo puede existir Nueva York sin las Torres Gemelas? ¿Cómo pueden haber dejado las Torres Gemelas Nueva York? No, no pueden. El King Kong de los 70 sigue saltando entre ambos colosos de hierro. Superman sigue sobrevolando esas dos altas cumbres. El Nueva York de Woody Allen o el de Paul Auster está incompleto.

Me gusta, me gusta pensar que siguen ahí. Como esas cosas que a veces salen del camino de una vida, que dejan un rastro de melancolía, las que uno siempre desearía que estuvieran ahí pero que no estarán más. ¿Cómo no van a estar ahí? Miradlas en la foto. Majestuosas. Por encima de las nubes. Como cuando uno sueña con lo inalcanzable.

viernes, septiembre 09, 2011

Principios

En uno de esos arranques de genialidad que llenan páginas y páginas de frases célebres, Groucho Marx dijo en una ocasión: "Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros". Parece una frase cómica, una pincelada del humor irónico y algo cínico del que siempre hacía gala Groucho, el único hermano Marx que de verdad me hacía reír siempre. Pero en realidad no es un chiste. Ojalá lo fuera, pero no lo es. Es una realidad. Una triste realidad. Vivimos en un mundo en el que los principios son de quita y pon. Valen unos y los contrarios. No importa lo alto que se grite una proclama, la vehemencia con la que se acorrale a quien piensa lo contrario, los límites que uno está dispuesto a traspasar en defensa del lema de una pancarta, que el comportamiento de ese mismo sujeto tan aparentemente convencido de lo que hace seguramente irá en contradicción con sus ardientes palabras. Y me da pena. Me da mucha pena. Siempre he creído en los principios, siempre he creído en la palabra. Y siempre defenderé a quien actúa por lo que cree, aunque mi pensamiento sea el contrario. Pero cada vez tienen menos valor porque vivimos en una sociedad que se empeña en despreciar los principios.

No importa con cuanta fuerza pidas que se no se vote a los políticos de turno, que en las siguientes elecciones se batirá el récord de participación. Si proclamas a gritos que hay que cuidar el medio ambiente, lo más probable es que tengas en el garaje de tu casa dos coches y que recicle el vecino porque es un coñazo tener tres cubos de basura en casa. Cuando exiges a alguien que haga su trabajo para no complicarte la vida, seguro que te estás olvidando de todas las veces que tú mismo no has cumplido tu cometido con la eficacia que le exiges a los demás. Es injusto que haya tanto joven sin poder acceder a una casa, pero mi segunda residencia que no me la quite nadie. Racista no soy, pero los moros esos de la calle de al lado podían irse a su país. Soy de derechas, pero me lo callo. Soy de izquierdas, pero reniego de ello. ¿Los bancos? Unos ladrones contra los que está moralmente permitida cualquier acción, pero por supuesto que me presten unos cuantos kilos para comprar mi chalecito. Tomemos el espacio público, pero que se callen a partir de las doce de la noche que tengo que dormir. ¡Hay que acabar con los empresarios explotadores! Pero firmo un contrato que no contempla las horas extras por el que percibo poco más de 800 euros a final de mes.

Al final, la conclusión es que no sirve de nada tener principios. La sociedad lo penaliza, los individuos lo castigan. Lo que funciona es no ser competente en el trabajo. No tener ideales que sean acordes con el comportamiento. Decir una cosa pensando en el qué dirán, en la imagen, en lo políticamente correcto y después hacer lo que uno realmente quiera. Mis principios, que queden claros desde el principio. Pero si no gustan, siempre habrá otros con los que uno quede mejor ante otras personas. Qué pena.

jueves, septiembre 01, 2011

Expertos constitucionales

El artículo 135 de la Constitución tiene dos puntos. El primero dice que "el Gobierno habrá de estar autorizado por ley para emitir Deuda Pública o contraer crédito". El segundo añade que "los créditos para satisfacer el pago de intereses y capital de la Deuda Pública del Estado se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de los presupuestos y no podrán ser objeto de enmienda o modificación, mientras se ajusten a las condiciones de la ley de emisión". Que levante la mano quien se haya leído esta artículo antes de que se hablara por primera vez, hace unos días, de la reforma de la Constitución española. Qué demonios, que levante la mano quien se haya leído, completa, la Constitución española. La respuesta parece evidente, y sin embargo hoy todos parecemos expertos constitucionales, hoy todos sabemos qué es lo que se debe y lo que no se debe reformar de la Carta Magna. Hoy todos nos sentimos dueños de esta Constitución a la que normalmente no hacemos ni caso.

No es que me parezcan mal las protestas de estos días, al contrario. No me gusta que la Constitución se reforma a espaldas de la gente. Pero también entiendo que someterla ahora a referéndum nos metería en un callejón sin salida de proporciones épicas, puesto que estoy convencido de que una votación depararía resultados más catastróficos que los que vivió en su momento el referéndum sobre la Constitución Europea (que en España no fueron malos del todo, pero que en otros países acabaron por arruinar el invento). Es decir, que presumo que, o bien habría más votos en contra que a favor, o bien la participación sería bajísima. O incluso las dos cosas a la vez. No creo que el procedimiento de urgencia que han pactado PSOE y PP tenga otro objetivo que no sea el de evitar este resultado, cuyas consecuencias serían absolutamente imprevisibles. Desconozco si la reforma tendrá efectos positivos, pues, como tantas veces he dicho, la economía no es mi punto fuerte. Sí tengo claro que no me gusta que los partidos políticos jueguen sin dejar que la gente se pronuncie (al fin y al cabo, eso es uno de los motivos por los que nació la protesta del 15-M), pero entiendo que ahora se muevan como lo están haciendo.

En realidad, comparto la reivindicación de fondo que se escucha en la calle, pero no creo que sea el momento. Es decir, la Constitución necesita una revisión más a fondo que la modificación de su artículo 135. La Carta Magna se escribió hace más de 30 años, en una España que poco tenía que ver con la actual, en el marco social y en el panorama político. Yo apostaría por una reforma mucho más amplia de la Constitución, una que saliera de un proceso de estudio y reflexión largo y profundo. Sin crispaciones ni partidismos, con sosiego y calma. No me importaría que llevara toda una legislatura decidir, con las aportaciones de todos los sectores sociales, qué merece la pena reformar. Pero con los pies en el suelo. No me gustaría ver que ese debate se llenara de preciosas ideas utópicas que, en el mejor de los casos, retrasaran o aligeraran la trascendencia de ese debate. Si la reforma completa fuera la intención final, a mí no me molestaría lo más mínimo este cambio actual sin acudir al referéndum. Pero el problema es que no será así. Y es así donde me surgen las dudas. No sé si este cambio es bueno o malo. Y quiero votar mi Constitución. Pero completa. No sólo esto.

Quizá ese debate, si se produjera, nos convirtiera a todos en expertos constitucionales. Y eso, seguro, convertiría muchas de las protestas actuales en interés sincero y legítimo por el modelo de Estado que tenemos. Quizá así podríamos separar las ideas políticas de las ensoñaciones irrealizables. Quizá así seríamos capaces de ver si hay políticos con sentido de estado en este país. Quizá.

lunes, agosto 22, 2011

Charlot y la visión de Charlot

Una de las leyendas urbanas más interesantes que he leído en mi vida es aquella que habla de que Charles Chaplin se presentó una vez, de forma anónima, a un concurso de imitadores de Charlot, el entrañable vagabundo que creó para el cine. Buscaban al mejor Charlot posible, el que más se acercara a las señas de identidad del personaje. Cuentan que Chaplin, a pesar de su directo conocimiento del personaje a imitar, pues fue él mismo quien le dio vida y el único que sabía lo que pensaba cuando lo creó, no ganó ese concurso. Unos dicen que quedó en segunda posición. Otros que fue tercero. Algunos más que ni siquiera llegó a la final de este particular evento. No sé si esto llegó a suceder en realidad o si simplemente es una bonita historia que nunca llegará a confirmarse del todo. Supongo que nunca se tendrá la certeza absoluta. El caso es que la leyenda tiene implicaciones interesantes.

Imaginad las caras de aquellos que actuaron como jurados de aquel concurso al saber que no supieron reconocer al auténtico Charlot, que pensaron que un imitador era mejor Charlot que el propio Chaplin. Todo el mundo conocía a Charlot porque le habían visto en sus películas, seguro que todos los que presenciaron hubieran jurado que sí, que sabrían identificar sus rasgos a la perfección. Pero a la hora de ver lo que hacía de Charlot lo que era, estas personas no acertaron. Le conocían, pero no supieron reconocer a Charlot. Vieron sus características en otra persona que nada tenía que ver con Charlot. La imagen que tenían de él no era la que se correspondía con la realidad, aunque ellos creían que sí y nadie podría haberles sacado de su error. Su Charlot, el que habitaba en sus mentes, no era el Charlot real. O, al menos, no era el Charlot de Chaplin. Era una versión, idealizada o tergiversada, del personaje.

Pero, por muy intensamente que pensaran lo contrario, ese que tenían en sus mentes no era Charlot. Es curioso cómo, sin quererlo, tenemos esa capacidad de modificar la realidad. Y lo más probable es que mucha gente no se dé cuenta de que su visión no es real ni aunque tengan la prueba delante de sus propios ojos. Y es que no basta con mirar, hay que ver. Igual que no basta con oír, hay que escuchar. Porque, de lo contrario, corremos el riesgo de pensar que Charlot es como nosotros nos lo hemos imaginado y no como es en realidad.

jueves, agosto 18, 2011

Buscando grises

Busco espacios grises. Necesito lugares en los que no me etiqueten necesariamente como miembro de un bando u otro. Deseo encontrar lugares en los que se pueda hablar de todo sin necesidad de que los de cada bando me demonice. Y no los encuentro. Los busco. Todos los días. Pero no los encuentro, cada vez me resulta más difícil encontrarlos. No sé si hace falta decirlo, pero me parece un problema grave. Grave porque estamos limitando de una forma insospechado la libertad de expresión. Y la de pensamiento. Grave porque miramos mal a quien no piensa necesariamente como nosotros. Grave porque eso, no puede ser de otra forma, acaba en enfrentamiento. Lo peor es que es una sensación tan extendida que alcanza ya a todos los terrenos posibles. Y si en esa refriega acaban la política (no voy incidir más en el 15-M, porque ya traté ese tema días atrás en dos ocasiones), la religión y el fútbol, el extremismo está más que asegurado.

Por cuestión de moral, de creencia y de pensmiento, estoy en las antípodas de lo que pretenden las Jornadas Mundiales de la Juventud que se celebran en Madrid. No tengo puntos de encuentro con una Iglesia que vive ajena a la sociedad actual, no entiendo la reiteración de mensajes hacia quienes no sentimos como ellos o el juicio moral continuo hacia nosotros. Pero es que, además, no entiendo, no comparto y jamás apoyaré los privilegios de los que está gozando el peregrino que ha venido hasta Madrid a ver al Papa. Privilegios que yo no tengo cuando acometo cualquier aventrua o experiencia en otra ciudad o país, ni mucho menos en mi vida cotidiana. Privilegios que van desde la apertura de edificios públicos para que sean utilizados como albergues, un abono transporte a precio ínfimo que en Madrid no disfrutan por citar dos ejemplos ni parados ni jóvenes, o incluso que no se les cobre por la asistencia sanitaria (aunque cuando se trate de linchar al rival político este sea un tema muy demandado).

Con este planteamiento, sería fácil caer en la tentación de ponerme en el otro extremo, pero me es imposible. Imposible porque el objeto de mis iras no puede ser nunca el creyente. Si alguien quiere creer, está en su derecho, por mucho que a mí no me guste. Las proclamas que he escuchado, aunque los convocantes de las iniciativas intenten que sean críticas a la subvención pública de estos eventos, van contra la Iglesia por ser Iglesia y contra sus fieles por lo que sienten y piensan. Usan argumentos demagógicos y simplistas, en los que en realidad no creerán pero que quedan muy bonitos en eslóganes. Y buscan el enfrentamiento, con lo que, al igual que me sucede con el 15-M, el primer mensaje que me llega es el de la confrontación, el del follón, el de la falta de respeto, y no el de las ideas, el de los proyectos, el de las iniciativas constructivas. Unos y otros querrían en su bando a cuantas más personas mejor pero sin escuchar lo que tienen que decir. Y así yo no quiero entrar en ninguno de los dos.

Busco también grises en este duelo inagotable entre el Barcelona y el Real Madrid, pero no los encuentro. Quisiera hablar de fútbol, porque sobre el césped despliegan a algunos de los mejores jugadores del momento, pero no quieren que hable de fútbol, que disfrute con la forma de jugar, tan divergente como entretenida, de cada uno de los dos equipos. No me dejan. Veo malos ganadores y veo malos perdedores. Veo un espectáculo poco edificante al que, a diferencia de lo que he sentido siempre, no me gustaría que se acercaran los niños. Veo a dos bandos culpables, cada uno con su elevadísima cuota de responsabilidad, pero que no son capaces de darse cuenta de los errores que estamos cometiendo y de la parte que tienen en el follón desatado y ya sin control en que se han convertido sus partidos.

Lo fácil es tirar contra Mourinho. Fácil y justo, por cierto. El portugués no es santo de mi devoción. Nunca lo ha sido. Su actitud es nefasta gane o pierda y estoy seguro de que está detrás de muchas de las cosas que han sucedido. Como de las acciones violentas de Marcelo o Pepe, que rozan la provocación y la tarjeta roja en cada entrada que hacen. Pero miro al otro lado y tampoco me gusta lo que veo. Detesto ver a Piqué con su mano levantada con los cinco dedos, burlándose de su rival. O a Xavi dando lecciones después del partido. O a Busquets tirándose. O a Messi desplazando el balón. O al banquillo del Barça saltando como loco buscando esa confrontación que tanto debiéramos evitar. Y al final, me da igual quien gane. Me da igual cómo jueguen. El fútbol pierde todo su valor porque sólo veo dos uniformes de guerra y una cruenta batalla en la que lo importante es destrozar al rival. Antes, durante y después de los partidos. Así, tampoco puedo entrar.

Busco grises. Desesperadamente. El blanco y el negro cada vez me son más insoportables. ¿Se viene alguien en mi búsqueda? Me iré solo si es preciso, pero me gustaría encontrar compañeros de viaje que valoren el respeto por encima de todas las cosas. Que admitan que los caminos del contrario son tan libres como el nuestro, aunque no lo compartamos. Que sepan expresar sus quejas sin necesidad de apabullar al otro. Que quieran entender que el mundo no puede moverse en una única dirección y que es posible trazar líneas paralelas y también que se crucen. Que no hace falta ir siempre en contra de todo lo demás. Que podemos dejar vivir al resto, crean o no lo mismo que nosotros. Los grises, vaya. Esos lugares en los que no existen verdades absolutas que haya que imponer a toda la humanidad.

martes, agosto 16, 2011

10.000 euros, un toro y un muerto

Cuando digo que no termino de creerme muchas cosas de esta crisis es por casos como éste. Por muchas más cosas, vaya, pero esto me reafirma en mis ideas. El pasado domingo, un toro llamado Ratón mató a una persona en Xàtiva. El toro en cuestión le costó al Ayuntamiento la friolera de 10.000 euros. No tenemos dinero para medicamentos, para sanidad, para educación y para no sé cuántos servicios básicos más, pero los toros que no falten. Y que no falten, además, pagando por encima del precio de mercado, porque dicen en muchas informaciones que ronda los 2.000 euros el coste normal de un toro para estos festejos veraniegos en los que se sumerge España entera con o sin crisis. Ojo, que no es cosa sólo de las administraciones, que también he leído que las entradas por ver a este toro son más caras que las de otros eventos sin él. ¿Y por qué pagar más por Ratón? Dicen que por su larguísimo historial de cogidas y por contabilizar ya dos muertos.

Es decir, que se trae a este toro a las fiestas patronales porque va a generar situaciones de riesgo. Embestidas. Cogidas. Cornadas. ¿Por qué no muertes? Si en el fondo es el morbo lo que nos mueve, ¿por qué una muerte tendría que echarnos para atrás? Más bien al contrario. Esa parece ser la grotesca filosofía, y así lo deja claro que al ganadero propietario de Ratón le ofrezcan cantidades ingentes de dinero o lo que dice la publicidad de dichos festejos, en las que se incide en el carácter sanguinario del animal para atraer a la gente (ya que estamos, si a un perro se le sacrifica cuando protagoniza un episodio violento, ¿por qué a un toro no?). Y funciona, claro que funciona. Por supuesto, cuando una muerte se produce todo el mundo parece llevarse las manos a la cabeza. Que si cómo se paga esto con dinero público. Que si por qué se trae a un animal así. Que si quién ha permitido que alguien con más alcohol de la cuenta se enfrente al toro. Todo esto llega tarde y se apagará pronto. Dentro de nada dejaremos de hablar de este tema... hasta la siguiente muerte.

Mientras tanto, seguiremos celebrando fiestas. Pagando dinero público. Y si no pasa nada más, si no hay más muertes en estas asombrosas luchas contra los toros, es porque la suerte o la providencia no quieren. A nadie parece importarle que, año tras año, centenares de pueblos celebren encierros con unas medidas de seguridad lamentables, y nadie pide cuentas a los políticos por ello... a menos que pase algo. A nadie le preocupa que el morbo y la posibilidad de ver un incidente serio y grave sean los motivos que arrastran a la gente a ver estos espectáculos... lo que nos convierte en protagonistas mucho más rastreros que un toro que, en el fondo, lo que hace es defenderse. A nadie le importa el dinero público que se gasta y malgasta en estos eventos... cuando no faltan críticas a gastos en otras partidas, de cualquier tipo. Lo importante es la fiesta. Siempre la fiesta. El precio es lo de menos, parece que incluso cuando se paga en forma de una vida.

Nunca me han gustado los toros. Nada en absoluto. Pero si alguien quiere jugarse la vida delante de un animal como ése por el dinero que le pagan, está en su derecho. Es un trabajo como cualquier otro, me guste a mí o no. Cuando saltan a la arena, saben el riesgo que corren y cobran por él. ¿Los encierros y entretenimientos similares? Eso sí que escapa por completo a mi comprensión. No sé qué puede motivar a una persona a jugarse la vida de esa forma. Me dirán que es por la emoción, por la adrenalina, por la experiencia sin igual. Me dirán cualquier cosa, pero yo no la entenderé. Y tampoco entiendo el morbo que mueve al espectador. Jamás se me ocurriría ir a ver un espectáculo en el que sé que gente normal puede morir. Igual tenía razón un hombre que entrevistaron a raíz de este suceso. Igual merece la pena sacar leones en lugar de toros, que así la cosa tendría más gracia. ¿Cuánto cuesta un león? Que igual el sangriento espectáculo nos sale así más barato.

martes, agosto 09, 2011

Revolución

Es fascinante comprobar qué tácticas utiliza la gente para desacreditar la opinión ajena y discrepante. A mí, al menos, me parece fascinante. Y si me lo parece es porque me encanta el debate. Disfruto confrontando mis ideas con las de otras personas, ofreciendo mi punto de vista y mi conocimiento, a veces escaso y a veces extenso, sobre temas que están de actualidad. Al hablar de esas cuestiones en este blog, me expongo doblemente (y lo hago con gusto). Por un lado, soy el primero en hablar y dejo constancia escrita de lo que pienso, lo que da a mi interlocutor (cualquiera que lea esto, quiera o no dedicar unos minutos de su tiempo a contestarme) a meditar sobre mis puntos de vista y contrastarlos con los suyos. Por otro, firmo con mi nombre. Me uno irremediablemente a mi opinión. Y eso, aunque parezca una tontería, me parece un elemento esencial del debate. Ni digo lo que me dicen, ni lo que he leído, ni lo que me parece que puede quedar bien. Digo lo pienso, expreso lo que siento. Nadie tiene por qué estar de acuerdo. Bienvenidos a la grandeza de la libertad de pensamiento y de expresión.

Es evidente que mi opinión sobre algunos aspectos del movimiento del 15-M no son populares, o al menos quienes no la comparten parecen hacer más ruido. Unas pocas personas, la mayoría escondiendo no sólo su identidad (algo extendido en Internet mediante la creación de nicks, algo muy lícito) sino también su procedencia (lo que impide la respuesta en su terreno), han decidido que la mejor forma de defender lo que piensan es denostar lo que yo digo, lanzar insultos, acusaciones sin fundamento (y que creen fundadas en un conocimiento que, por mucho que piensen lo contrario, no tienen sobre mí ahora ni seguramente lo han tenido ni lo tendrán jamás). A nadie le gusta recibir insultos, pero ya sabéis lo que dicen: insulta quien puede, no quien quiere. Y aquellos que han optado por esa vía, la verdad, no pueden. Conmigo no, desde luego, porque el menosprecio salvaje, la nula argumentación y la falta de respeto a la opinión de los demás hace que cualquier interlocutor que tenga en un debate o en una conversación se haya arrastrado él solo por el fango. Ya ha perdido, antes incluso de empezar a hablar, aunque usar palabras grandilocuentes y sin capacidad de respuesta directa le haga sentirse vencedor.

A mí no me preocupa que alguien gaste su tiempo en cuestionar mi forma de vida, mis gustos de ocio, mi pensamiento social o mis ideas políticas. No me preocupa que alguien se invente, sin base alguna, que a mí me gusta algo que no defiendo, que estoy vendido a no sé muy bien quién o qué, que estoy adoctrinado, que soy un facha, que doy asco, que soy lamentable o que no tengo sentido crítico. La verdad, me da igual. No escribo para probar nada a nadie, y mucho menos a la gente que se cree en condiciones de juzgarme con severidad por lo que cree entender de lo que digo. Lo que me preocupa es ese pensamiento único que, al parecer, quieren imponer quienes así se expresan. Se creen libres de toda crítica, piensan que su justa vía es la única admisible y que quien no la comparta es el enemigo a batir, a destrozar, a humillar. Yo escribo con la tranquilidad de respetar todas las ideas que no atenten contra nadie. Es obvio que unos cuantos de los que me han dejado comentarios en mi anterior entrada no comparten ese talante. Allá ellos, yo no voy a cambiar mi forma de escribir o de pensar por cuatro insultos y/o menosprecios, por mucho que cuando exprese una opinión me quieran colocar siempre etiquetas.

Todo tiene que ser blanco o negro, por lo visto. Los grises no se aceptan. Los matices no existen. Estás con nosotros o contra nosotros. Lo siento, ese no es mi mundo ni tampoco el camino que considero adecuado, sea para una acometer una revolución o para mantener contra viento y marea el status quo. Me vais a perdonar, pero no comparto la vía del 15-M, y lo dije desde el primer momento, a pesar de los puntos positivos que sin duda ha tenido. Creo que es un movimiento que ha canalizado el hartazgo que hay en la sociedad española (hartazgo al que no es que me sume, es que lo vengo demostrando desde hace más tiempo del que ya puedo acordarme con acciones y con palabras) y del que sin duda podrán salir propuestas positivas. Pero no le veo con capacidad real de cambiar lo que pretende cambiar. El sistema ni es un problema de España ni se va a solucionar sólo en España. Vivimos en un mundo globalizado en el que muchos problemas son heredados o traspasados. Y vivimos en un país con una larguísima historia, que ha ido dejando también en herencia estructuras que no se pueden cambiar de la noche a la mañana.

Lo que yo pretendía expresar con la anterior entrada, es que no veo en qué ayuda a los llamamientos revolucionarios o de cambio el protagonizar un juego absurdo con la Policía durante tres días, saltarse trámites burocráticos a los que uno se ha comprometido o cercenar los derechos de otros para defender los propios. Creo que hay muchas vías para canalizar la protesta y creo que se están escogiendo unas que no digo ya que sean acertadas o desacertadas, sino que no ayudan al objetivo que se quiere conseguir. Me asombra, sí, me asombra, que estemos ante un movimiento sin rostros y sin voces que canalicen las opiniones, en el que cualquier puede erigirse como portavoz. Sin ellos, no sé si sus responsables tienen la formación y los conocimientos necesarios para emprender la revolución que desean. No sé si se merecen mi respaldo porque no les conozco. Y eso, siento decirlo, me genera desconfianza. Veo una disparidad amplísima de objetivos, quejas y reivindicaciones, pero no siento que se le estén expresando a quien corresponde. No veo a los banqueros preocupados con las protestas. No veo a los políticos inquietos porque nadie les haga caso. Os recuerdo el amplísimo porcentaje de voto que hubo en las últimas elecciones, así que por ahí seguro que no se protestó.

¿Y por qué ahora despreciamos tantas vías que pueden ser válidas? ¿Tanto molestan los cauces legales? ¿Qué diferencia a una manifestación legal de una ilegal? Yo os lo digo. En la legal se habla de los temas por lo que se protesta; en la ilegal de esa ilegalidad de la protesta. ¿Por qué pensamos que el voto no es un medio para cambiar las cosas? UCD tuvo en las elecciones generales de 1979 más de seis millones de votos. En las de 1982 no llegó al millón y medio. Fijáos si se puede castigar al político que no cumpla. ¿Que todos los partidos son iguales? ¿Y qué hay de malo en formar un partido y explorar esa vía, aunque no sea el único camino posible? ¿No está obteniendo resultados crecientes UPyD con esta forma de trabajar? ¿Y qué tiene de malo la palabra escrita que tanto molesta? ¿Por qué tiene que ser más valioso el grito en la calle? ¿Sólo porque sea más alto o porque lo emplee más gente? ¿Por qué quienes se permiten el lujo de criticar a todos los demás no son capaces de aceptar críticas de los demás? Para el movimiento del 15-M no hay nada bueno en políticos, banqueros, periodistas o policías. Y, sin embargo, parece que no me dan su permiso para criticarles nada porque eso supone abrazar lo que ellos critican.

Sigo convencido de que tratar de una forma tan grotesca al discrepante hará que cualquier movimiento, de la índole que sea, se convierta en algo muy parecido a aquello contra lo que dice luchar. Sigo absolutamente convencido de ello. Y decir esto no implica en absoluto que defienda el sistema. Que no proteste. Que acepte todo lo que me impone el modelo actual. Que no me indigne, por utilizar el verbo de moda. Estamos revolucionados, de eso no tengo la más mínima duda. Lo que no veo claro es que estemos recorriendo un camino de revolución. Lo dije el primer día que hablé aquí del 15-M. Ojalá me equivoque. Ojala se consigan cambiar tantas cosas que rezuman injusticia. Pero que eso no sirva para eludir la responsabilidad que todos y cada uno de nosotros también tenemos en muchas de las cosas que suceden a nuestro alrededor. La autocrítica no sólo es sana, sino imprescindible para crecer. Y eso sirve tanto para las sociedades como las personas y sus movimientos. ¿Hay autocrítica en el 15-M? No es ésta una mala pregunta para iniciar una revolución.

domingo, agosto 07, 2011

Asombrado

Indignados. La palabra de moda. Para ser alguien hoy en día, tienes que trabajar para Paolo Vasile, tener relación con el Real Madrid o el Barcelona, ser político o confesarte indignado. Pues yo no soy nada de eso. Será entonces que no soy nadie. Y como nadie que soy, me voy a crear una nueva etiqueta. Soy un asombrado. Así que, asombrados del mundo, este es un mensaje para todos vosotros, por si acaso estáis aburridos y tenéis ganas de sumaros a esta corriente de opinión que acabo de fundar de buena mañana de domingo, estáis todos invitados. Soy un asombrado, sí. ¿Y cuál es el último y más reciente motivo de mi asombro? Pues los indignados. Lo bueno que tiene esto de los "-ados" es que da el suficiente juego como para que unos hablemos de los otros y viceversa. Igual ahora me convierto en un proscrito para los indignados.

El caso es que estaba yo tranquilamente leyendo la prensa en Internet cuando me encuentro con este artículo en El País. Ya en el quinto párrafo de la noticia tengo motivos de sobra para asombrarme, pero es al llegar al duocédimo cuando el asombro estalla en todo su esplendor. Dice lo siguiente una persona que fue secretario del comité de Legal de la acampada de la Puerta del Sol: "Con la ley en la mano las concentraciones pueden ser ilegales, pero nos basamos en el derecho a la libertad de expresión y a la libre circulación. (...) Si hay que elegir entre ley y justicia, nos quedamos con la justicia". Lo dicho, asombro. Llamadme raro, pero no termino de fiarme de gente que se salta la ley a la torera, que sabe que lo está haciendo y que dice que lo hace por lo que considera justo. ¿Justo para quien? ¿Eso cómo se decide? ¿En base a qué baremos? ¿Y quién lo decide? ¿Vosotros? ¿Existe, de hecho, un vosotros? Porque yo miro las fotografías de las protestas del 15-M y leo en las pancartas reivindicaciones de lo más diferente y, en ocasiones, contradictorio. Por no hablar del ingente número de portavoces que va, viene, desaparece y se nombra otro nuevo.

Cada día que pasa, tengo una sensación más firme con respecto a este colectivo, y no es nada positiva. Creo que el movimiento del 15-M está acercándose peligrosamente a aquello contra lo que dice luchar. Que ya, en unas pocas semanas, se ha viciado de aquello contra lo que dice luchar. En esa misma información de El País se dice que se les dio permiso para mantener el punto de información de la Puerta del Sol a cambio de que iniciaran los trámites para legalizarlo, y no lo hicieron. Es decir, se pasaron por donde quisieron su promesa, supongo que también porque consideraban "justo" que existiera ese punto de información sin necesidad de cumplir con las leyes que sí nos obligan a los demás. ¿Piensan los responsables de este movimiento que todos podemos hacer lo mismo? ¿Me puedo ir yo a poner un punto de información junto al portal de dónde viva alguno de los incontables portavoces de este movimiento para difundir mis ideas? ¿Me lo permitirían? ¿O entonces me dirían que mi puesto de información es ilegal y que les molesta?

La idea de que vivimos en un país en el que cualquiera se siente con el derecho de saltarse la ley que quiera me viene provocando pavor desde hace tiempo, porque está demasiado extendida. Y yo lo criticaré lo manifieste quien lo manifieste, sea un ex presidente del Gobierno preguntándose quién le va a decir a él cuántas copas de vino se tiene que tomar antes de ponerse a conducir o sea un grupo de indignados que dice defender lo justo pisoteando las leyes que quiera y los derechos de otras personas. La justicia es un concepto maravilloso, pero me temo que muy ambiguo. Para algunos puede ser justo echaros a patadas, ya que no atendísteis a razones, de un espacio público que habéis ocupado sin permiso, pero intuyo que eso no os lo habéis planteado. Y ante la ambigüedad de la justicia, tenemos la legalidad. Bienvenidos al Estado de Derecho. Imperfecto, sí, pero Estado de Derecho. Y ahí nos tenemos que plegar todos, porque luchar contra una ley que consideramos injusta no implica quebrantarla tantas veces como queramos. Hay mecanismos de lucha perfectamente legales.

Lo que el 15-M está haciendo es aprovecharse de la manga ancha que se ha tenido con ellos. Se les dejó hacer, y eso les llevó a saltarse más leyes y normas todavía. Es decir, está cultivando su propio nivel de corrupción. Porque la corrupción no es más que eso. Aprovecharse de una situación de poder, "la utilización de las funciones y medios de las organizaciones en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores" como dice la RAE. Lo hacen porque pueden. Porque son una masa. Porque dicen tener la razón. Porque aseguran actuar en nombre de una justicia que ellos mismos han definido y han considerado universal. Y a mí, lo siento, pero ya no me convence. Me alegró que hubiera capacidad de protesta en este país, por difícil que viera su articulación en propuestas o medidas concretas. Pero creo que esto ya no es más que una pantomina. Protestáis, sí. ¿Pero ante quién? Para mí esto ya no es más que un desafío a la autoridad por el desafío a la autoridad. ¿Que os cierran Sol? Habláis de "reconquista". Para mí, ese no es el camino.

miércoles, agosto 03, 2011

Monopoly

Nunca he tenido un Monopoly, pero sí tuve El Palé. Es prácticamente el mismo juego, pero este segundo con los nombres de las calles de Madrid y comercializado desde siempre en España. Dice Wikipedia que este juego se vendió aquí entre los años 30 y 60, pero espero que fuera durante algunos años más porque si no es imposible que cayera en mis manos cuando yo era niño. No, no soy tan viejo como Wikipedia me quiere hacer creer. El caso es que como el que conoce todo el mundo es el Monopoly, hablaremos de Monopoly. Porque, no sé si seré el único, pero cuando escucho noticias económicas de un tiempo a esta parte, de un largo tiempo a esta parte, tengo la sensación de que estamos jugando a un gran Monopoly. Incido en lo de "jugando". Bueno, yo no juego. Yo, como mucho, sería una ficha. Algo es algo, tampoco podría quejarme. Pero es que en realidad tengo una sensación diferente y mucho más inquietante al leer informaciones sobre la Bolsa, la prima de riesgo, los bonos basura, los rescates financieros y demás palabrajes macro y micro económicas. Entonces me siento como el dado. Doy vueltas y vueltas para caer en una posición absolutamente aleatoria y que nadie puede prever.

Y que yo me sienta así no debiera ser tan grave. Al fin y al cabo, mi ignorancia económica tendría que colocarme en el vagón de los que nos dejamos llevar en la confianza de que tiene que haber gente que sepa mucho más que uno sobre este tema. Tiene que haberla. Tiene que haberla. Me lo repito constantemente en un ejercicio de fe. Como el de Dorothy de apretar los talones de sus zapatos de charol rojo para regresar de Oz a Kansas. ¿Pero qué pasa cuando la gente que se supone que sabe, y por muchas palabras rimbombantes que utilice, da la sensación de que tiene al menos la misma idea que yo? Pues que más nos vale tener una de esas tarjetas del Monopoly que nos libraba de la cárcel. O confiar en la suerte de los dobles al tirar los dos dados, que así también dejaba uno atrás la prisión en el tablero. Igual también es que hay clases entre los jugadores del Monopoly y hemos tenido la mala suerte de que a nosotros nos haya tocado el que de jugar sólo conoce las reglas. Esas que dicen cuándo hay que tirar los datos, lo que pasa en cada casilla en la que caes y las posibilidades que tienes de comprar, vender o hipotecar antes de que te pase el turno.

¿Lo malo de todo esto? Que eso de las normas está muy bien, pero la gente no les suele hacer ni caso. Sobre todo los malos. A la norma de cómo evitar la cárcel sí, esa la tienen todos muy bien aprendida, pero los malos, esos que por definición se oponen a los buenos pero que uno ya no sabe dónde localizar, se las saben todas, no sólo esa. Porque si esta crisis económica que dicen que vivimos, con la cuota de culpa en sus efectos que tienen los jueguecitos de algunos y la irresponsabilidad de otros, no ha supuesto ya el encarcelamiento de un buen puñado de tipos con traje y corbata, no sé qué puede dar con sus huesos en prisión. Especuladores, usureros y mangantes varios campan por este Monopoly en el que se ha convertido el mundo real como si estuvieran realmente jugando a Los Sims. Y yo a veces fantaseo con lo que daría porque todos esos tipejos estuvieran en realidad en World of Warcarft, donde al primer atisbo de que eres el enemigo ya tienes a docenas de bichos, guerreros y magos lanzádose a tu yugular para acabar contigo. No, si está claro que no hay nada que no arregle una buena jugada virtual... Lástima que en este otro Monopoly no se apliquen las mismas normas.

jueves, julio 28, 2011

Móviles

Empieza a ser ya una certeza incontestable, que ni siquiera un científico podría demostrar tan sólidamente. Cuando uno se sienta en un cine a ver una película, siempre habrá un teléfono móvil que suene. Incontestable, oiga. No falla. La modalidad de la sintonía es la más compartida en las experiencias cinematográficas, es decir, simplemente que el móvil suene. La vergüenza (o el improperio de otro espectador) suele llevar al dueño del aparatito a colgar inmediatemente. Pero ahí no acaba la cosa, no. También hay ocasiones en las que alguien se pasa toda la película mirando la pantalla de su móvil. ¿Por qué demonios pagar una cantidad bastante respetable de euros si lo que te apetece es chatear con la novia o consultar el correo electrónico? Intrigante cuestión, desde luego, que se escapa a mi comprensión. Algún día, si me encuentro de humor, igual hago una encuesta.

Pero, dentro de estas experiencias, para mí el ser despreciable por excelencia es aquel que entra al cine, que no apaga su teléfono, ni siquiera lo pone en silencio, recibe una llamada, lo coge y le empieza a contar a su interlocutor que está en el cine y que por ese motivo no puede hablar, que luego le llama y hablan tranquilamente. Para mí es irremediable pensar, dígamoslo eufemísticamente, de forma negativa de semejante vecino de butaca. Pero es que si además el momento llamada se produce no una sino dos veces, y en ambas ocasiones escucho la misma conversación, ya me falta poco para el improperio público. Hoy estaba dispuesto a armar un pollo si el teléfono sonaba una tercera vez y el individuo que estaba sentado en la fila de atrás lo cogía por tercera vez para protagoniza esa conversación. Y una de dos, o ha habido suerte (para él y para mí) o las vibraciones negativas dejan a los móviles sin cobertura. De esto no tengo una certeza científica absoluta, no sé decir qué es lo que ha sucedido.

Lo confieso. Mi fantasía violenta irrealizable, aunque sólo sea por el respeto al prójimo que uno tiene (un sentido que ya sé que le falta al egoísta común de los mortales), es coger el teléfono móvil de ese imbécil que no sólo decide no apagarlo sino que además se permite el lujo de cogerlo y mantener una conversación, tirarlo al suelo y pisotearlo con todas mis ganas. Y si su dueño protesta, coger los restos... y mejor paro, que esto va a parecer una película de Tarantino y no es plan. Que Tarantino me gusta tan poco como los impresentables que van al cine creyéndose que están en el salón de su casa. Claro que en su casa no se permiten el lujo de comportarse como cerdos y poner el suelo hecho un asco de restos de palomitas, refrescos, nachos con queso y demás enseres por los que, pásmense, pagan antes de sentarse en su butaca cantidades tanto o más elevadas que las que desembolsan por la entrada para ver la película. Y luego dicen que hay crisis...

jueves, julio 21, 2011

Cambio un Camps por una Moncloa

Como si fuera el intercambio de cromos de los niños en el colegio. Así actúan los dirigentes del PP. Cambio un Camps ahora por una Moncloa cuando sea. Y el caso es que se puede decir sin que nadie se asombre. A mí me asombró que un presidente autonómico dimitiera ayer alegando que lo hace para no entorpecer el camino del presidente de su partido hacia La Moncloa. No dimite porque esté procesado. No dimite porque se le acuse de un delito o por su relación con una trama mafiosa y criminal. Dimite para que el juicio no le coja como presidente autonómico, no vaya a ser que por eso perjudique a su superior y le prive del chiringuito que intenta asaltar por tercera vez. Para mí, esto es una perversión democrática que hace un daño incalculable a los que todavía pensamos que la política tiene algo bueno que decir en esta desencantada sociedad en la que vivimos.

El caso es que Camps ya no es presidente de la Comunidad Valenciana. Menos mal. No entiendo cómo no se ha regulado ya en España, aunque sea por los propios partidos políticos (regulado de verdad, no las tonterías esas de códigos éticos que incumplen sistemáticamente), que situaciones como la vivida con Camps y el caso Gürtel no puedan darse. No me parece lógico que un presidente en ejercicio de sus funciones y con tanto tiempo como ha tenido para tomar decisiones (dos años, nada menos) haya estado tan cerca de sentarse en el banquillo como tal. Y, por lo que dicen, parecía dispuesto a hacerlo, a ésto o a aceptar su culpabilidad siendo el principal representante de todos los valencianos. Ambas cosas me parecen aberrantes. La buena noticia de la dimisión es que no vamos a ver ninguna de esas dos imágenes, ni la de un presidente enjuiciado, ni la de uno delincuente y condenado (si así lo estiman los jueces). Es un alivio.

No lo es que este presidente autonómico haya estado una semana desaparecido por este tema, que es problema personal suyo y no de los valencianos. No lo es que haya sido un presidente que ha despreciado a la prensa que no le era afín con una desfachatez que debiera ser intolerable en democracia (y que ha tenido su último episodio en su declaración final, que no se pudo ver en directo). No lo es que un presidente autonómico dimita menos de un mes después de tomar posesión como tal por un asunto que se conoce desde hace dos años. No lo es que tenga la desfachatez de acometer una campaña electoral pensando en este horizonte de marcharse o deshonrar la institución que presidía. No lo es que la separación de poderes sea un juguete en manos de los políticos para administrar sus tiempos como mejor convenga a sus intereses partidistas.

Y no lo es que Mariano Rajoy haya actuado como lo ha hecho. Ya ni siquiera pienso en la pasividad absoluta que ha mostrado sobre este asunto. Como en otros muchos, ha dado la sensación de que prefería no intervenir a ver si con suerte bien se olvidaba o bien se solucionaba solo. Lo que me preocupa, y aquí le tengo que dar toda la razón al nuevo portavoz del Gobierno, José Blanco, es que el presidente del PP zanje la dimisión de un presidente autonómico acusado de cohecho y perteneciente a un partido con un simple comunicado. Un papelito. Sin dar la cara. Por supuesto, sin contestar las preguntas de la prensa. Después de días y días de silencio, ese silencio que tanto le gusta a Rajoy. Silencio que no podrá tener (¿o sí?)como presidente del Gobierno, si es que sucede como creo la desventura de que llegue a La Moncloa. Silencio que, me temo, mantendrá siendo jefe del Ejecutivo cuando no vea algo inteligente que decir.

Ahora salen dirigentes del PP y exigen (no sugieren, no piden, no creen que sea lo mejor; simplemente exigen, aunque para ellos no hay exigencias que valgan) que Rubalcaba siga el mismo camino que Camps por el caso faisán. Curioso, porque Rubalcaba no está imputado en nada. Curioso, porque la presunción de inocencia que exigen (de nuevo exigen) para uno de los suyos no es ni siquiera imaginable para los otros. Será que ahora que hemos visto a un destacado dirigente popular presentar la dimisión (algo que, creo, no veíamos desde que el ministro Pimentel dimitió... ¡¡¡en marzo de 2003!!! y fue por desavenencias personales con José María Aznar, no por un escándalo), le han cogido el gusto en Génova a esta práctica tan saludable y democrática de dejar un cargo cuando no se está en condiciones de asumirlo. O será que eso de la autocrítica o de perdir perdón no va con ellos. Nunca ha ido con ellos.

Y como tengo mucha imaginación, me imagino un escenario interesante... Pongamos que se adelantan las elecciones generales. Pongamos que las gana el PP. Pongamos que pocos días después de que Mariano Rajoy sea investido como presidente del Gobierno, Camps es juzgado. Pongamos que el ex presidente valenciano es condenado. Y ahora ya no sé qué poner. ¿Hablará Mariano Rajoy entonces de este asunto? ¿O tendremos que decir y lamentar que el presidente del Gobierno no quiere hablar de la corrupción que afectó a un presidente autonómico de su partido? Como ya tendremos el cromo de La Moncloa en nuestro fajo, tanto nos dará...

domingo, julio 17, 2011

Los sueños, sueños son

- Cariño, tú crees que te llamarán del Today Show para ficharte desde los ocho años, y eso no va a pasar.


- Eso sí, eso ya lo sé, tienes razón.


- En parte la culpa es mía. Dejé que tu padre te diera esperanzas. Él no era una persona feliz, esa es la verdad. Cuando vio que apuntabas tan alto empezó a sentirse mejor, así que no le dije nada.


- ¿Qué insinúas?


- Tenías un sueño, ¿no? ¡Genial! Cuando tenías ocho años era encantador. A los 18 era inspirador. A los 28 es realmente vergonzoso. Y quiero que pares antes de que lleguemos a desgarrador.


Morning Glory (Roger Michell, 2010)




Detesto a la gente que piensa así. Cada día que pasa detesto más a quien fija una determinada edad o un momento concreto de la vida como el indicado para dejar de soñar. Y detesto aún más a quienes se creen con derecho de decir a los demás qué, cuándo y cómo pueden soñar. Los sueños son libres, y no importa que tengas 18 o 33 años, que seas hombre o mujer, que tu sueño parezca inalcanzable o que esté al alcance de la mano, que dependa de ti o de otras personas, que sea algo trivial o que por el contrario sea algo trascendente en tu vida. Todos los sueños valen precisamente porque son sueños. ¿Y sabéis qué? A veces los sueños se cumplen. Y a veces no, pero no por ello hay que dejar de soñar mil sueños que se puedan convertir en realidades. Y los sueños, sueños son. Sí, detesto a quienes no quieren que soñemos, a quienes creen que soñar es algo negativo.

jueves, julio 14, 2011

La mujer y el fútbol

Estas dos informaciones aparecen hoy en El Mundo. ¿Cuál es la mejor foto que hemos encontrado para ilustrar la última jornada de la primera fase de la Copa América? La de un grupo de jóvenes y guapas aficionadas brasileñas. En la información, por supuesto, hablamos de fútbol. ¿Cuál es la mejor noticia que hemos encontrado para hablar del Mundial de fútbol femenino que se está disputando en Alemania y que ya ha alcanzado la final? Un ránking de las futbolistas más sexys que disputan esa competición. Sin foto en la portada del periódico digital, aunque pinchando en el enlace tenemos una completa galería de imágenes. Imágenes que al menos muestran a las jugadores vestidas como futbolistas, algo es algo.

El Mundo (ojalá fuera sólo El Mundo) limita así el papel de la mujer en el fútbol a ser una atractiva animación en la grada o un sexy objeto en el campo. Cada día me parece más triste que esta imagen sea la única que los medios de comunicación saben transmitir, y es que, por desgracia, no se limita sólo al fútbol, sino que abarca otros muchísimos aspectos de la vida y de la sociedad. Seguro que, entre las personas que lean esto, hay alguien que piensa que quién soy yo para censurar que salga una cara bonita en un periódico. Que quién soy yo para decir qué tipo de imagen habría de ilustrar una noticia deportiva. Solo sé, y vosotros también lo sabéis, que al revés este fenómeno no se produce.

Sí, también hay ránkings de los hombres más sexys que juegan al fútbol, sí, pero esa nunca sería la noticia tras unas semifinales de un Mundial de fútbol masculino. Lo sería el partido. En el caso del Mundial femenino, no. Y nunca veréis una foto de cuatro aficionados masculinos animando a una selección femenina para ilustrar una información sobre una competición de mujeres. Veríamos a las propias mujeres. Del Mundial femenino lo que más se ha destacado son ránkings de las más sexys y el vídeo de una jugadora que tras un partido se quitaba la camiseta para intercambiarla con un aficionado. Eso es lo que están mostrando los grandes medios de comunicación. Y eso, justo eso, me parece denigrante. Luego cuando alguna federación insta u obliga a llevar uniformes ajustados a alguna deportista para explotar así su imagen y atraer aficionados, todos nos llevamos las manos a la cabeza. Porque, eh, machistas no somos.

viernes, julio 08, 2011

La verdad de los tiempos y de las hemerotecas

Alfredo Pérez Rubalcaba ha anunciado hoy, día 8 de julio de 2011, que deja el Gobierno para concentrarse en su labor como candidato del PSOE a la Presidencia del Ejecutivo en las próximas elecciones generales. Mañana sábado día 9 de julio será designado oficialmente candidato. Quedan más de ocho meses para las elecciones generales. Al parecer, hoy ya es demasiado tarde porque llevamos meses escuchando a los dirigentes del PP (y a mucha gente que no es dirigente del PP) censurando la actitud de Rubalcaba por seguir siendo vicepresidente y ministro. Al parecer, hoy es importante que Rubalcaba sea designado candidato del PSOE siendo todavía oficialmente vicepresidente y ministro (algo que dejará de ser la próxima semana, dicen que el lunes).

Al parecer, ahora hay preocupación por que los sucesores en esos cargos los pueda nombrar el propio Rubalcaba y no el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Al parecer, ahora molesta que Rubalcaba presente ideas propias que no ha puesto en práctica Zapatero porque, dicen, tendría que haberlas propuesto antes. Al parecer, ahora es reprocharble que el candidato del PSOE no hable de cuestiones del partido en La Moncloa. Al parecer, ahora se puede cuestionar que el anuncio de quién será el candidato del PSOE para las elecciones generales se comunique desde Ferraz y no desde La Moncloa, por mucho que el PSOE anuncie sus temas y el Gobierno los suyos y aunque lo haga la misma persona.

José María Aznar anunció el 30 de agosto de 2003 que Mariano Rajoy sería el candidato del PP a las elecciones generales de 2004. Fue designado como tal el miércoles 3 de septiembre. Dejó de ser vicepresidente primero y ministro de la Presidencia el 4 de septiembre. Quedaban siete meses para las elecciones generales. Entonces, a diferencia de ahora, no hubo esta campaña de descrédito y reproche diciendo que fuera demasiado tarde para nombrar al candidato y exigiendo que éste saliera del Gobierno. Entonces, a diferencia de ahora, parece que no era problema que Rajoy fuera desginado candidato del PP siendo todavía oficialmente vicepresidente y ministro.

Entonces, a diferencia de ahora, se consideró normal que Aznar y Rajoy estudiaran conjuntamente los cambios en el PP y seguramente en el Gobierno. Entonces, a diferencia de ahora, se consideró como una muestra de gran dirigente político que el sucesor anunciara que iba a hacer lo mismo que el sucedido sin presentar ideas propias. Entonces, a diferencia de ahora, Rajoy como portavoz del Gobierno sí hablaba de la sucesión del PP desde La Moncloa en las ruedas de prensa posteriores a los Consejos de Ministros. Entonces, a diferencia de ahora, no se montó escándalo alguno por el hecho de que el anuncio del candidato del PP se filtrara desde la estructura de Moncloa y de que el aparato del partido estuviera tan fusionado con el del Gobierno.

No puede ser que a unos se les consienta lo que a otros no. No puede ser que tanta hipocresía pase desapercibida. No puede ser, cuando las hemerotecas están ahí, las puede consultar cualquiera y comprobar lo que era verdad entonces y lo que es verdad ahora. Y no puede ser, no, que la gente siga creyendo que PP y PSOE se portan igual en estos al parecer nimios detalles democráticos. No puede ser que esté escuchando a Rajoy y a los suyos criticar algo de Rubalcaba que el mismo dirigente popular hizo peor en su día. En aquella época, Génova y Moncloa estaban fusionados y no podíamos criticarlo con la misma libertad con la que ahora se censura, con o sin razón, cualquier otra cosa del Gobierno. Ahora, lo del PSOE se ha anunciado en Ferraz, lo del Gobierno se ha hecho en Moncloa. No voy a dejar de aplaudirlo por mucho que en estos días la gente te mire con recelo por aplaudir algo que huela a socialista.

domingo, julio 03, 2011

Victoria pírrica

Andan muy satisfechos por la calle Génova por la victoria de Mariano Rajoy en el Debate sobre el estado de la Nación. No es para menos, es la primera vez que vence oficialmente. Extraoficialmente gana siempre para los suyos, por supuesto, y es que la política se ha dejado vencer por el hooliganismo, pero ahora lo dice también la encuesta del CIS. Bueno, lo dice la encuesta del CIS cuando se pregunta directamente por el ganador del Debate. Ahí sí gana. Claro que esto de los datos tiene su gracia. Y empezamos por esa misma pregunta: "¿Quién cree que ha ganado el debate?". Resulta que el 50,5 por ciento de los encuestados no dice a nadie. Desde el PP se puso en cuestión el resultado del referéndum que se hizo en Cataluña en 2006 para validar su nuevo Estatuto de Autonomía... porque tuvo una participación del 49,42 por ciento de los censados. Cifras casi clavadas a las de esta encuesta. Obviamente, una encuesta no es un referéndum, pero si lo que se trata es de dar valor a un resultado habría que tener claro cuándo se puede y cuándo no. Pero con cifras, no con intereses particulares, por favor.

Luego uno profundiza en lo que dice la encuesta del CIS y aparecen cosas muy curiosas que, en lo que a la valoración de Rajoy se refiere, no invitan precisamente al optimismo. Por ejemplo, que aunque el líder del PP ganara según esa pregunta principal, la que todo el mundo ha llevado a los titulares de la información, resulta que no es, ni de lejos, el que mejor valoración recibe de los ciudadanos. "¿Cómo le parecieron...?" se le pregunta a los españoles y resulta que dicen "Muy bien" más personas que cuando se le menciona a Rajoy cuando son cuestionados (por orden de mejor a peor) por Duran i Lleida, Rosa Díez, Zapatero y Llamazares. Pero es que además dicen "Bien" más encuestados en los cuatro mismos políticos (y aquí el que más porcentaje logra es Zapatero) que en la valoración a Rajoy. ¿Pero sabéis qué? Que ahí no acaba la cosa. No hay político que consiga más apoyos que Rajoy en las valoraciones de "Muy mal" (una décima por encima de Zapatero), "Bastante mal" (supera al presidente del Gobierno por un 4,6 por ciento ) e incluso en "Regular".

Ganar, ganó, pero es que aún hay más. No hay nadie que le supere en el apartado en el que se pregunta a la gente que señale al líder político con el que está de acuerdo "con nada o casi nada de lo que dijo" (32,3 por ciento por el 30,5 del tan contestado y criticado presidente del Gobierno, y no estoy entrando en si justa o injustamente) y no es, para su desgracia, el político que logra el mejor porcentaje cuando se pregunta a los encuestados con quién estuvieron de acuerdo "con la mayoría de las cosas que dijo" (ahí vence Duran i Lleida). Y aunque en las opciones de la siguiente pregunta sí vence con holgura a Zapatero (al parecer única vara de medir de todas las cosas en este momento de nuestras vidas), lo cierto es que el 70,4 cree que tiene pocas o ninguna propuesta real frente a la política del Gobierno, el 70,2 que es poco o nada capaz de hacer una oposición constructiva, el 68,4 le ve poco o nada capaz de infundir confianza a la sociedad española y el 59,7 le considera poco o nada preparado para asumir el Gobierno del país.

Según la encuesta, Zapatero es más moderado que Rajoy (70,9 opta por el presidente del Gobierno por el 48,5 que elige al líder de la oposición; ¿se podría invertir esta pregunta y preguntar quién es más radical?), tiene más sensibilidad hacia los problemas de los españoles (53,3 por 51,4), tiene más capacidad de comunicarse con los ciudadanos (48,1 por 37,1) y tiene más capacidad de encajar las críticas que le hacen (63,6 por 44,9). Y para completar el cuadro, el 53,8 por ciento mantiene la misma opinión sobre Rajoy y el 25,4 incluso tiene peor opinión sobre él. En todo esto, Rajoy pierde con bastante claridad. Son muchas valoraciones negativas. Y a veces son muy negativas. Indudablemente, Rajoy ha ganado el Debate para los españoles, lo dice el CIS, y sigo bastante convencido de que, salvo hecatombe, será el próximo presidente del Gobierno. Pero vistos los altos niveles de desconfianza y de crítica que revela la encuesta, si esto no es una pírrica victoria, no sé qué puede serlo. Salvo que importe la imagen más que los ciudadanos, claro.