sábado, junio 04, 2011

Du, du-du, dum

Du, du-du, dum, du, du-du-du-du-du-du. Con eso basta. Suenan esas pequeñas notas, mal garabateadas aquí por mi parte siendo alguien que de música sólo sabe lo que le emociona y lo que no, y salto como un resorte. Si cualquier canal está poniendo Cantando bajo la lluvia, lo sé. Siempre, no me preguntéis cómo, aparece la famosa escena que da título a la película en mi televisión aunque yo esté haciendo cualquier otra cosa. Aparece la escena y yo me coloco delante del televisor Matemático. Con una sonrisa en la boca. Por mucho mal humor que arrastre. No sé cuántas veces habré visto ya esa escena, cuántas habrá tarareado la canción, toscamente que las musicales no forman parte de mis habilidades naturales. El otro día fue la última... por ahora. Y ya he perdido la cuenta la de veces que me ha puesto esa sonrisa en la boca. Como toda la película, pero con esa escena basta. Suena y salgo a verla. No falla. ¿Qué tendrá? No lo sé. Supongo que es la magia del cine.

Digo que con esa escena basta, pero no es verdad. Una vez he visto esa escena, tengo que ver otra. Tengo que ver el final. Pero no por el final. No. No por reírme de la humillación del personaje de Jean Hagen. Ni siquiera por seguir riéndome con Donald O'Connor y sus inagotables momentos cómicos. Qué va. Lo que necesito ver es esta cara de Debbie Reynolds. En el cine nunca he visto a una mujer más adorable que ella. En el cine. Las he visto más hermosas, más seductoras, más elegantes, más altas, más rubias. Más lo que queráis. Más adorables, ninguna. Y mira que busco, pero no hay manera de superar esa lágrima que derrama, esa sonrisa que brota a continuación. Será que soy un romántico. O será, otra vez, la magia del cine. En cualquier caso, es algo superior a mí. Me llaman esas notas esas notas para cantar con Gene Kelly (bailar desde luego que no, porque nadie, absolutamente nadie, ha bailado como Gene Kelly) y me conmueven una lágrima, una mirada y una sonrisa. Hasta el punto de que yo también querría cantar bajo la lluvia. Maldita sea que no me gusten los paraguas...

martes, mayo 31, 2011

Uno es peligroso, el otro un genio

Francisco Franco. Alfredo Pérez Rubalcaba. Uno es un hombre peligrosísimo, asociado a incontables acciones criminales, a corruptelas sin fin, un hombre capaz por sí solo de arruinar la imagen de España, su economía y su política. El otro es un genio militar, capaz de ver lo que ni las mayores superpotencias imaginan, que logró una unidad indisoluble en torno a su figura, un hombre valeroso que si se asoció a malas compañías fue sólo porque le obligaron sus enemigos. Por lo visto, para hilar nombre y descripción hay que cambiar el orden. La primera descripción es la que están dando de Alfredo Pérez Rubalcaba un gran conjunto de periodistas de ideas, digamos, conservadoras, después de que se haya confirmado que será el candidato del PSOE a las próximas elecciones generales. La segunda descripción es la que da de Francisco Franco el nuevo Diccionario biográfico español coordinado por la Real Academia de la Historia. Sabía que el actual ejercicio del periodismo estaba podrido. Desconocía que el de la historia también, pero han venido a confirmármelo unos señores que, en teoría, son los que tienen que velar por que la historia no se cuente desde un bando.

No me voy a escandalizar por el hecho de que todavía hoy haya gente que siga escribiendo panegíricos de Franco. Tampoco me voy a asombrar de que procedan de instituciones de supuesto prestigio. Ni mucho menos me voy a rasgar las vestiduras por el hecho de que se paguen obras así con ingentes cantidades de dinero público (aprobadas con José María Aznar de presidente del Gobierno... y Esperanza Aguirre como ministra de Cultura). A todo esto estoy acostumbrado. No hay novedad. Lo que me asombra es que la Real Academia de la Historia pueda trabajar sin que nadie de los órganos oficiales que aportan dinero sepa en qué está trabajando con detalle. Me deja abrumado que se permita que el Rey lea un discurso para presentar esta obra (elogiándola, por supuesto) sin que la Casa Real conozca el contenido. Y, por encima de todo esto, me fascina ese fenómeno tan español de que nada, absolutamente nada, provoque consecuencias. Si después de más de treinta años de democracia, el hecho de que se publique un diccionario biográfico en el que se ensalza la figura del un dictador no provoca la dimisión del más alto cargo de la institución que publica esa obra, es que ya podemos perder toda esperanza. El periodismo estaba muerto. La historia está un poco más cerca de estarlo también.

Tampoco hay sorpresa en la más que virulenta reacción al nombramiento de Rubalcaba como candidato socialista a La Moncloa. Es lo esperado en una serie de personas que dicen ejercer el periodismo pero que en realidad apuestan por el proselitismo más rancio y carente de toda crítica. No estoy defendiendo a Rubalcaba, no, no me soltéis todavía los perros aquellos que compartís el pensamiento de quienes le ven como el hombre más peligroso sobre la faz de la tierra. Lo que sí estoy haciendo es pensar en los motivos de esa virulencia. Yo no creo que Rubalcaba tenga opciones reales de ganar las elecciones de 2012, y menos después de ver los resultados de los pasados comicios municipales y autonómicos. Pero la derecha mediática, esa que parece tener un poder absoluto para contaminar con su rencor y sus ideas tergiversadas, demuestra que le tiene miedo. ¿Por qué, si no, tanto insulto, tanta descalificación, tanto improperio y tanta rabia desatada? Curioso. Y si esto es lo que dicen ahora a Rubalcaba, imagináos lo que se escribirá de él en la futura edición de este Diccionario biográfico español que se publique dentro de, pongamos, 50 años. Rubalcaba, alecciona a tus herederos, que se pueden forrar con una querella...

lunes, mayo 23, 2011

Perdemos casi todos

La verdad es que pocas elecciones que haya vivido me han dejado un regusto más amargo que estas autonómicas y municipales que acabamos de ver. No por el hecho de que haya ganado el PP, tampoco por la derrota del PSOE. No hablo de cuestiones partidistas, no. El motivo está en el escenario resultante de lo que ha elegido el electorado y las conclusiones a las que llego. Y es que creo que, con este resultado electoral, perdemos casi todos. El "casi todos" excluye, por supuesto al PP, partido que ha arrasado y que ahora comienza a disfrutar de un poder que no ha tenido jamás, y que culminará cuando dentro de menos de un año (¿antes?) el candidato de los populares a la Presidencia del Gobierno se siente muy a gusto en su despacho del Palacio de la Moncloa. Sabiendo cuál es mi ideología política, una que nunca he escondido y que no me impide ser crítico, algunos pensarán que esto no es más que una pataleta de mal perdedor, pero nada más lejos de la realidad. Lo digo porque es lo que pienso, y lo pienso después de haberle dado muchas vueltas.

Para empezar a explicar por qué digo que perdemos casi todos, es obligado recordar uno de los motivos de queja del movimiento del 15-M. No queríamos un bipartidismo político. En eso estoy de acuerdo. Me encantaría que hubiera alternativas, más allá de PP y PSOE. Pues bien, el escenario que ofrece el 22-M no es ya un bipartidismo, sino un monopartidismo. El PP lo gobierna todo. Casi todo, en realidad, porque siguen quedando las excepciones nacionalistas (el tema de Bildu da para mucho más que estas líneas), el único pacto posible entre PSOE e IU en Extremadura y la anomalía de Álvarez-Cascos en Asturias, anomalía que al fin y al cabo deja ese gobierno autonómico en las mismas manos. Si ya es difícil conseguir que los dos grandes partidos se pongan de acuerdo para las grandes reformas de Estado, no es difícil imaginar lo imposible que será que sólo uno de ellos, con el aval incuestionable de las urnas y muchas mayorías absolutas en su poder, decida por sí mismo que tiene que cambiar el sistema que le ha otorgado semejante poder. Quien siga pidiendo una reforma de la Ley Electoral, una de las más necesarias de nuestra democracia y por la que llevo años abogando, me temo que va a clamar en vano.

Es cierto que han entrado muchas fuerzas políticas en las instituciones locales, y también es incuestionable el ascenso de Unión, Progreso y Democracia, así como una sensible recuperación de Izquierda Unida. Pero también es cierto que, de nuevo salvo la anomalía del partido de Álvarez-Cascos, no tienen la suficiente representación como para hablar de un fenómeno de interés general. Les interesa a estos partidos, desde luego, porque cada concejal y cada alcalde es una cantidad de dinero importante para sus arcas, pero el poder queda concentrado en unas pocas manos, casi todas del mismo partido. Extrapolado ésto a unas elecciones generales, el PP se queda al borde de la mayoría absoluta y tiene varias posibilidades de pacto para gobernar, con partidos pequeños o con partidos nacionalistas. Es decir, lo mismo que se le reprochó a Zapatero con tanto ahínco en su primera legislatura. Si no hay mayoría absoluta en las generales (yo me temo que sí la habrá), dentro de un año veremos, y de eso no tengo ninguna duda, que la crítica al PP no será tan intensa como la que sufrió el PSOE. En esto y en otros muchos temas. Tiempo al tiempo.

Es imposible meterse en la cabeza de todos y cada uno de los españoles que ha ejercido su derecho al voto, pero la conclusión mayoritaria a la que está llegando todo el mundo es que la debacle del PSOE se debe a la crisis económica (en la mirada más bondadosa para con los socialistas) y a la actuación de José Luis Rodríguez Zapatero en ese terreno (en la que, creo, es la más aceptada versión). Eso demuestra varias cosas. En primer lugar, que por regla general no sabemos lo que son las comunidades autónomas y los ayuntamientos. Si hay un voto de castigo a Zapatero, no hemos votado en unas elecciones autonómicas y municipales, sino que esto ha sido una primera vuelta de unas generales. Siendo ésta la percepción general de los españoles, que prefiere votar a un partido antes que a un programa (y a un partido por su líder o por su ideología, y no por su delegado local), quizá va siendo hora de replantearse de verdad el modelo autonómico. Quizá no sean necesarios tantos concejales y diputados. Quizá nos sobren instituciones. Quizá esa sea la gran revolución que tiene pendiente la democracia española.

Esto es una conclusión lógica si tenemos en cuenta que los líderes autonómicos del PSOE han pagado por los errores del Gobierno central y no por los propios, o no se han visto beneficiados por los aciertos que hayan podido tener en su gestión. Que se lo digan a Barreda, porque pocos socialistas han sido más críticos con el presidente del Gobierno, y sin embargo se ha llevado una derrota tan ajustada como emblemática e histórica. A poca gente parece que le haya importado la gestión local de la crisis, pues el castigo se lo han llevado los dirigientes socialistas y no los populares. Es decir, que, si la causa principal del voto está en la crisis, para los españoles los presidentes autonómicos y los alcaldes no tienen responsabilidad alguna en la situación económica ni medios para luchar contra ella. Si tuvieran esa influencia, lo lógico es que también hubiera habido voto de castigo para aquellos dirigentes que no son del PSOE y que llevan cuatro años mandando en sus respectivas instituciones. No ha sido así. ¿Por qué? Cada votante sabrá. El caso es que me hace gracia que hoy el alcalde de Madrid hable de trabajar para generar empleo. ¿Eso no es problema sólo de Zapatero?

Otro asunto preocupantes es que tampoco ha habido voto de castigo a la corrupción. He escuchado una interpretación que dice que eso es porque el votante no tiene conciencia de que esa corrupción sea un daño para su bolsillo. Pues vale. El caso es que la eliminación de los corruptos de las listas era otra de esas utópicas reivindicaciones del movimiento que ha eclosionado en la Puerta del Sol. Estas elecciones han evidenciado la imposibilidad de que esa demanda se haga realidad. Los corruptos han triunfado más o menos con la misma rotundidad que hace cuatro años. Las acusaciones, las pruebas y los juicios no han importado en el ánimo de los votantes. Y se habla de un récord en el voto blanco y en el voto nulo, pero éste sigue registrando niveles casi marginales, que se mueven en torno al cuatro por ciento. Desgraciadamente, eso no basta para la revolución con la que se sueña en la Puerta del Sol y otras tantas plazas españolas. Vale, y perdonandme la resignación, para crear un hastag en Twitter, para rellenar páginas de periódico y minutos de informativo, pero no para mover a quienes hoy tienen más poder a ceder parte en beneficio de la democracia.

El mito de que en España sólo la izquierda ejerce el voto de castigo con los suyos y que el electorado de la derecha se mantiene fiel pase lo que pase, queda para mí confirmado hasta la próxima vez que acudamos a las urnas (cuando, me temo, quedará de nuevo revalidado). Si no hay juicio crítico con todos, no hay nada que hacer. Y algunos me dirán que ya hubo castigo al PP por su gestión del 11-M, por Irak o por el Prestige, pero nunca lo he visto así. El PP no perdió las elecciones de 2004 porque perdiera demasiados votos. Su apoyo entre el electorado es fijo, de ocho millones de papeletas para arriba. Son los votos de los demás los que fluctúan. Y es que el PP no ha ganado más poder en estas elecciones porque votantes decepcionados del PSOE le hayan dado sus votos, sino porque esos votantes han diseminado sus votos entre otros partidos, sobres vacíos y papeletas nulas. El PP, a día de hoy, todavía no ha sido castigado por sus electores. Nunca. Y sin ese espíritu crítico, la democracia pierde siempre. Hoy hay mucha gente feliz por la debacle del PSOE. Y no seré yo quien diga que no se han buscado este resultado desde las propias filas socialistas. Pero hoy veo una democracia más débil, y por eso creo que perdemos casi todos.

sábado, mayo 21, 2011

Jornada de reflexión

Tengo puntos de vista contradictorios sobre el movimiento que acapara los titulares desde hace unos días. Veo partes buenas y partes malas, luces y sombras. Pero, qué queréis que os diga, soy muy escéptico. Sinceramente, no creo que se consiga nada más de lo que ya se ha conseguido, que por desgracia no es más que un movimiento mediático que no culminará en que sus deseos, protestas o iniciativas provoquen algún cambio concreto. Por descontado (y aunque nunca he entendido del todo el carácter festivo que encubre las protestas masivas en esta país, motivo que me ha alejado desde hace años de las grandes manifestaciones), no estoy en contra de este movimiento. Ni mucho menos. Llevo tiempo pensando que España (¿el mundo?) está adormecida, y al menos la masiva presencia de gente en la Puerta del Sol de Madrid y en otros muchos lugares de España (y del mundo) evidencia que no es así, que hay vida más allá del letargo generalizado. Y disfruto viendo como la calle vuelve a sus legítimos dueños: a la gente. La calle es de la gente. Me encanta como suena esa frase. Pero me gusta más lo que significa. Y eso es lo que estamos viendo estos días.

Pero reflexionando aún más, encuentro cosas que no me terminan de agradar, que no encienden la llama de mi esperanza. La masa es peligrosa en más de un sentido y temo que haya mucha gente en esas fotografías que no tiene ni idea de por qué están allí. Temo que no sea más que una concentración festiva. Temo que sea un fuego que se apague en cuanto se anuncie el resultado de estas elecciones. Puede que se apague de golpe o poco a poco, pero tengo la impresión de que este movimiento no va a provocar reacción alguna en la clase política o en la económica. No va a cambiar la Ley Electoral. Si acaso, conseguirán alguna promesa de los partidos políticos de afrontar ese debate que, como tantas otras veces que se ha planteado en el pasado, acabará en nada cuando ya no haya nadie en Sol. ¿Eliminar a los corruptos de las listas electorales? Echad un vistazo a los resultados de mañana, a ver quién gana en la Comunidad Valenciana o en Madrid y por qué margen. ¿Controlar a los bancos? No nos engañemos, el dinero controla el mundo y el dinero lo tienen los bancos. Es al revés. La política está hoy mediatizada por el control bancario y económico. Los políticos hacen lo que dice el dinero. Y salvo que la revolución sea mundial, no creo que haya nada que hacer.

Al menos, este movimiento sirve para que quede expresado un descontento con el funcionamiento del sistema. Porque eso, y no otra cosa, es lo que yo entiendo como el eje de estas protestas. La gente está harta de que todo funcione tan mal, de que el poder perpetúe sus privilegios, de que la justicia no sea justa, de que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, de que un voto no valga lo mismo según sea su destinatario o su lugar de emisión, de que haya clases privilegiadas cuando la Constitución dice que todos somos iguales, de que haya un despilfarro obsceno de dinero en esto que llaman campaña electoral y que no sirve para nada más que para malgastar el dinero de todos (porque todos subvencionamos a los partidos políticos; ¿quieren mítines? Que los paguen los afiliados). Hay cansancio y el 15-M lo ha demostrado. Pero no sé si se puede hacer algo porque se está permitiendo, y estoy convencido de que el resultado electoral lo va a demostrar, que hasta este hartazgo se politice de forma partidista. La derecha lo ha interpretado como una censura al Gobierno socialista. Y se equivoca. Si ese fuera el caso, basta con no votar al PSOE y optar por el PP o por algún otro partido minoritario. Pero no es eso. Es una rebelión contra el sistema, no contra quien o dirige.

Todos sabemos que el poder cambia de manos con facilidad, y que de no mediar cambios radicales en el funcionamiento de la política española siempre pasará de manos populares a manos socialistas y viceversa. Sólo hay algunas anomalías regionales y nacionalistas que se escapan a este bipartidismo de facto. Si la queja es contra un bando, con unirse al contrario está todo hecho. Pero la gente no está protestando contra un bando. Al menos no sólo está haciendo eso. Está protestando contra el sistema que forman ambos bandos. Si el bando que va a salir ganador de estas elecciones ya ha dejado claro que ve la protesta social como un espaldarazo a sus pretensiones de poder y como un ataque directo a su rival político, ¿cómo cambiar algo? Soy escéptico, sí. Muy escéptico. Creo que la única forma de cambiar algo es que en las elecciones de mañana no vote nadie. O, como mucho, un 10 por ciento del electorado. Eso sí sería un mensaje claro. Y eso me deja una conclusión final: que tengo que seguir reflexionando, porque yo soy de los que siempre ha animado a todo el mundo a votar y ahora sólo veo una salida en la abstención absoluta. Y eso no se va a producir.

lunes, mayo 09, 2011

Adiós, Seve

Contaba el otro día Miguel Ángel Revilla, presidente de Cantabria, una anécdota que me pareció tan hermosa como triste. Explicaba en TVE la última vez que había visto a Severiano Ballesteros. Fue en el aeropuerto de Barajas y ambos venían a Madrid. En el pasillo del aeropuerto, decenas de personas detenían a Revilla para hacerse fotos con él. El fotógrafo, ese al que le damos la cámara en un momento así simplemente porque está cerca, era Ballesteros. "¿Pero sabéis quién es éste?", preguntaba el propio Revilla a esas personas que preferían inmortalizarse con él antes que con el legendario jugador de golf. Está claro que no sabían quién era Severiano Ballesteros. En realidad, lo más probable es que ni siquiera sepan quién es Miguel Ángel Revilla y sólo piensen que es ese tío gracioso que sale por televisión. La anécdota me parece tan triste como hermosa.

Hermosa porque demuestra que Seve (me dejas que te llame Seve, ¿verdad?) era un buen tipo, que aguantó con elegancia la escena, seguro que incluso con una sonrisa. No me cabe la menor duda. No le conocí. Ojalá lo hubiera hecho. Pero era un buen tipo. Se le ve en la cara, en los ojos, en la sonrisa. Se ve en él y en lo que de él han dicho quienes le conocían. No son buenas palabras ante un muerto producto de la corrección o la hipocresía. Son elogios sinceros hacia la persona que hay detrás de la leyenda. Y es ahí donde me entra la tristeza. En que la leyenda era, para demasiada gente, sólo un nombre conocido. No creo que haya demasiada gente que entienda lo que supuso Severiano Ballesteros para mucha gente, para muchos lugares, para todo un deporte. Seguramente yo tampoco lo entiendo, pero creo que tengo una idea bastante precisa porque mirar la vida desde su propio tiempo y lugar es una tarea que me fascina.

Los británicos, esos que tanto adoran el golf, le hicieron un homenaje en 2009. Multitudinario. Precioso. Inolvidable. Se nota viendo la emoción contenida en el rostro de Seve. Lo veo ahora y se me pone la piel de gallina. Aquí eso no fue noticia para casi nadie. Algo se dijo en algún sitio porque fue Txema Olazabal, el segundo gran golfista español, el que le entregó el premio. Pero no se puede transmitir el fervor y la idolatría que tanta gente demostró en aquel momento para con Seve. Para mí, Seve fue siempre parte de mi vida. Me encanta el deporte y el nombre de Seve siempre estuvo ahí. Quizá como para las nuevas generaciones estará el de Miguel Induraín. Quizá como para las próximas esté el de Rafa Nadal. pero estaba. No soy, ni mucho menos, un experto en golf, aunque algo he visto, pero sabía quién era aunque no recuerde estar delante de la pantalla en sus grandes momentos.

Y ahora parece que todo el mundo sabe de golf, que todos esos que día tras día demuestran su ignorancia incluso hablando de fútbol ahora tienen palabras para explicar lo que significó Seve. No lo saben, no. Todos los homanajes que se le hagan serán insuficientes. Eso lo dijo Olazabal, el mismo que, con sus lágrimas del pasado viernes, cuando se conoció la noticia del empeoramiento de Seve, ya me dejó claro que era cuestión de horas que conociéramos su muerte. Al menos, Seve pudo disfrutar en vida, en una vida demasiado corta, del cariño de la gente y de los reconocimientos y premios que a otros sólo les llegan cuando mueren. Pero aquí, que tan patrióticos somos para lo que queremos, no hemos sido capaces de entender lo que representaba. Lo que representa.

Adiós, Seve. Ojalá tengas más suerte en tu próximo torneo. Ya llevas una tarjeta impresionante.

lunes, mayo 02, 2011

Una sensación extraña

No sé qué habría hecho hoy de haber tenido un motivo personal para odiar a Bin Laden. No sé si, como han hecho miles de personas, habría salido a la calle para celebrar su muerte a manos del ejército norteamericano. Quizá yo también habría sido una de esas personas que se sintió en la necesidad de expresar su júbilo en el corazón de Nueva York, Times Square. O en la Zona Cero que hasta hace diez años dominaban dos Torres Gemelas, dos magníficos colosos de cristal, acero y hormigón. Igual, de haber estado en Washington, me habría acercado hasta la verja de la Casa Blanca, en un gesto casi de agradecimiento a quien dio la orden final de abatir al tipo responsable de tantas miles de muertes y de tanto odio expandido por todo el mundo. No me siento con fuerzas para criticar a la gente que evidenció así todo su dolor. Ni siquiera para soltarles un sermón sobre que una muerte no puede provocar tanta alegría, sobre las consecuencias que ésta en concreto puede tener sobre el mundo o la Historia. No sabría qué decirles. Quizá incluso viéndoles me contagiara de su alegría.

Pero, estando tan lejos, lo que tengo es una sensación extraña. Muy extraña. Hoy es un día histórico porque Bin Laden es un personaje del que se hablará en los libros de historia, y los días históricos marcan. En esos libros se hablará de su terrorismo. Se hablará del 11-S. Se hablará de su muerte. Y, sin embargo, enterarme de que alguien le ha metido una bala en la cabeza no me ha provocado ninguna reacción especial. Era algo tan esperable como aparcado. Van a cumplirse diez años del 11-S. Y diez años es mucho tiempo. Bin Laden ya no era parte del día a día. Ya ni siquiera se le consideraba parte esencial de los dramas bélicos y terroristas que dominan la actualidad. Sí, ahí seguía en la lista de los más buscados. Pero ya no era el enemigo a batir, ya no se escuchaban cada poco tiempo esos mensajes grabados en los que sólo teníamos constancia de su voz. Yo, al menos, no lo sentía presente. Pero, claro, como digo yo no tengo razones personales que encuentren consuelo en su muerte. Ni siquiera le veo, desde ese prisma personal, detrás del 11-M.

Lo extraño es que veo las imágenes de júbilo y tengo la sensación de que la gente está celebrando un triunfo deportivo o algo por el estilo. No veo detrás de esos rostros la muerte de un terrorista internacional, un cambio en la historia o la llegada de un periodo de paz. La alegría de los americanos y la muerte de Bin Laden me llegan como fenómenos disociados, aunque sé que no lo son. Pero veo imágenes que no encajan y sin embargo van de la mano. Tanto como, por lo visto, la necesidad de matar a Bin Laden. El ojo por ojo, la vieja ley del talión. La sentencia de muerte sin juicio previo. Son cosas en las que no creo, pero miro a toda esa gente feliz y como poco me entran dudas. Pero no dudas de lo que habría que haber hecho o sobre la conveniencia de esa cruel forma de actuar, de esa interminable espiral de violencia y odio. Sí tengo dudas sobre lo que la gente espera que sus dirigentes hagan. Dudas sobre dónde están los límites que se pueden y no se pueden cruzar. No tengo dudas sobre mis principios, tengo dudas sobre los principios del mundo en el que vivo. Y eso es una sensación extraña.

martes, abril 26, 2011

La imparcialidad de TVE


Qué cosas tiene María Dolores de Cospedal. Hoy se ha plantado en TVE y ha dicho que los informativos de TVE no son imparciales. Lo que para sus enfervorizados seguidores será un rasgo de valentía, para quien quiera ver la realidad será en cambio un gesto de insensatez. Primero, por lo que dice. Dice que TVE no es imparcial como debiera serlo una televisión pública. Curiosa declaración, cuando proviene de la secretaria general del PP, un partido que maneja a su antojo, de forma descarada y despreocupada, las televisiones autonómicas que tiene a su cargo (Telemadrid pone anagramas de ETA en el rostro de Zapatero, Canal 9 no informa de Gurtel) y que, estando en La Moncloa, provocó la única condena por manipulación de la historia para los servicios informativos de TVE (con el nunca bien ponderado Alfredo Urdaci como su director). Eso, aviso a navegantes, no quiere decir que otros no hagan lo mismo. Quiere decir que ellos lo hacen. Segundo, por ante quién lo dice. Ana Pastor lleva años entrevistando por igual a dirigentes de uno y otro partido y garantizando la presencia de colaboradores de uno y otro espectro político, tanto en Los desayunos de TVE como en 59 segundos.

Tercero, porque resulta curioso que una parte acuse de parcialidad. Es un principio muy básico del debate político. ¿Cómo creer a quien usa el mismo argumento que aquellos que cuestionan la parcialidad de las televisiones autonómicas dirigidas por el PP? Muy sencillo: no se puede. En un mitín, dado el estado de decrepitud en que se encuentra la política (y el periodismo) la cosa puede encajar. En un programa de televisión, no. María Dolores de Cospedal, en todo caso, es experta en esto de hacer imposible que se crea algo de lo que dice. Es quien acusó al Gobierno sin pruebas de ningún tipo de un espionaje a sus dirigentes que sólo existe en las mentes de personas con paranoia o manía persecutoria. Es quien exigió al Gobierno que haga ahora con el etarra Troitiño lo que el PP no hizo en el Gobierno con el también etarra Josu Ternera (Mariano Rajoy, que era entonces el ministro portavoz del Ejecutivo, ahora guarda silencio porque sus palabras de antaño son casi idénticas a las pronuncias por Alfredo Pérez Rubalcaba para explicar el problema actual). Es, en definitiva, quien personifica la política del no. No a todo. Aunque yo lo haga en mi ámbito de poder, aunque lo hiciera cuando tenía el poder que ahora tienen otros.

En cualquier caso, su simple presencia en TVE es un síntoma de que esta etapa es la más imparcial de la historia del medio en democracia. Le moleste a quien le moleste, es así, porque hasta hace no mucho tiempo la diferencia de trato entre el partido en el poder y el principal en la oposición era abismal. La historia, si la escribiera alguien ajeno a las partes, escribiría que el ente público ha estado durante años dominado por el Gobierno de turno. Lo sabe José María Aznar tan bien como Felipe González (chapeau para Ana Pastor, que eso es precisamente lo que le recuerda a María Dolores de Cospedal, ansiosa como seguro estaba de añadir una muesca más a la manía persecutoria que explica tan a menudo). Y escribiría que, sin llegar al ideal puro de imparcialidad (¿es eso posible en una televisión pública o un gigante del tamaño de TVE?), ha sido con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero cuando se ha alcanzado ese estado de libertad. Porque libertad es, insisto, le moleste a quien le moleste. Pero, claro, como estamos en este momento histórico en el que Zapatero tiene la culpa de todo lo que sucede, pues achacarle la parcialidad de TVE será el menor de los males para quien todavía es el presidente del Gobierno.

La afirmación de María Dolores de Cospedal llega, por cierto, un día después de que la imparcialidad de esta etapa y la que propugna Ana Pastor con su trabajo (líbreme quien sea de echarle la culpa a ella), le haya salido cara a TVE. Miguel Ángel Rodríguez, portavoz del Gobierno de José María Aznar, aprovechó la plataforma pública para llamar "nazi" en repetidas ocasiones al doctor Luis Montes. Después reincidió en la privada Telecinco. Ahora, ambas cadenas tendrán que pagar 30.000 euros al injuriado, porque el juez entiende que el mencionado Miguel Ángel Rodríguez cometió un delito al expresar lo que, según él, no era un insulto. Sentencias así son las que devuelven la ilusión a quienes creemos en unos medios plurales, informativos, formativos y respetuosos. No todo vale y la Justicia, afortunadamente, piensa lo mismo. En ese mundo ideal con el que sueño de vez en cuando, costaría creer que quien se encargó de la comunicación del Gobierno de España utilice los medios de comunicación, y especialmente la televisión pública, para soltar todo tipo de improperios sin freno alguno. Costaría más creer que su argumentación fuera que había que animar el debate. El debate se anima con argumentos, pero está claro que a algunos les renta más usar insultos en lugar de argumentos.

Si la pluralidad y la imparcialidad de TVE están en entredicho o al menos en peligro es precisamente por culpa de personas como Miguel Ángel Rodríguez y María Dolores de Cospedal, quienes no dudan en anteponer intereses propios a los del medio o, si se me permite la licencia de pura ingenuidad, los del espectador. El primero, visto lo visto, no sale económicamente rentable, porque tenerle en un programa aumenta el riesgo de querellas y de condenas. La segunda, directamente, no es fiable como fuente de información porque en demasiadas ocasiones ha realizado afirmaciones que no se sostienen ni en hechos, ni en pruebas, ni tan siquiera en opiniones (por ejemplo, el espionaje existe o no, sobre eso no hay opinión posible). La condena por el caso del ex portavoz del Gobierno abre muchos debates y todos positivos. Para empezar, espero que lleve a los medios a reflexionar sobre la calaña de los colaboradores a los que les da un sitio en pantalla. Es su responsabilidad, y por eso veo razonable que paguen por ello. Esto prolonga el camino, el que ya se abrió con las condenas a Federico Jiménez Losantos, que tiene que llevar a un periodismo respetuoso y plural. ¿Será tarde para conseguirlo?

viernes, abril 22, 2011

Revanchismos y absurdeces. Fútbol, por favor

Esto de no ser madridista ni culé da una visión curiosa de este múltiple duelo entre Real Madrid y Barcelona. Curiosa y asombrada. Porque, al final, aquí de fútbol no habla nadie. Y si ante un partido de fútbol no se habla de fútbol, mal vamos. El deporte, en todo caso, no deja de ser un ajustado reflejo de la sociedad. ¿Alguien del mundo de la política habla de política? ¿Alguien del mundo del periodismo habla de periodismo? Y así pasa con tantos mundos como conozcáis personalmente. Quien no disfrute con el fútbol podrá pasar olímpicamente de estas líneas y seguir pensando que todos los aficionados a este deporte somos unos seres embrutecidos incapaces de leer un libro o de reflexionar sobre una idea, por simple que ésta pueda ser, podrá seguir ninguneando a quienes lo adoramos de una forma en que yo no podría despreciar a los fervientes religiosos que pueblan las calles estos días, los fanáticos de partido que salen a la calle tras una victoria electoral, los fans que ofrecen saltos, gritos y lágrimas ante la estrella juvenil del momento o los seguidores y detractores de Belén Esteban. Pero como me gusta el fútbol, hoy toca fútbol.

Y digo que toca fútbol porque estoy cansado de los Lama, Carreño, Relaño, Carbonero, Inda y compañía, los que se supone que tendrían que habalr de fútbol, que hablan de todo menos de fútbol. Si hablamos de la final de la Copa del Rey, no es la noticia que un pulpo prediga el resultado. No es la noticia el nivel de decibelios al que se va a poner el himno nacional o la altura del césped de Mestalla regado o no regado. No es la noticia que Shakira quiera que gane el equipo de su novio o que se abrace a él al final del partido. No es la noticia que Iker le dé dos besos a la Reina. Todo eso es el anecdotario que rodea a la final, y como tal debe tratarse en un medio de información deportiva. Pero no. Todo eso es elevado y se convierte en la noticia por encima casi del partido de fútbol. Y yo me aburro. Como me aburro de leer todas las estupideces (que no merecen otro calificativo) de los escribas juntaletras, aficionados radicales de uno y otro equipo, que tienen espacio en los medios de comunicación. Tan lamentables son los revanchistas que ahora desprecian el fútbol del Barça y todo lo que huela a blaugrana, amparados por un triunfo, como los despreciativos seres superiores que ningunean la forma de jugar del Madrid sólo porque ha ganado. El periodismo deportivo ya no existe, no os dejéis engañar.

Ahora sí, fútbol. Por favor. Justo vencedor el Madrid por casi todo, aunque su apuesta futbolística, la de Mourinho, no sea la mía en absoluto y no acabe de entender que un equipo de la talla del Real Madrid acabe usando armas de equipo pequeño y no las que realmente tiene cada vez que el rival es el Barcelona. Me asombra que haya tantas loas al técnico portugués cuando el Madrid ganó precisamente al alejarse de la propuesta inicial y apelando a su virtud histórica, la fe y el corazón. El Madrid salió a presionar como si el diablo se llevara su alma. De esta forma, y durante los primeros 45 minutos de la final, impidió que el Barcelona fuera capaz de pasar del centro del campo con su juego de toque. Las claras ocasiones de gol que tuvo el Real Madrid en el primer acto, tres o cuatro, fueron producto de esta presión a la defensa y los mediocentros culés, por lo que, con un poco de velocidad, el balón estaba ya en las inmediaciones del área de Pinto. Correr, presionar y robar. ¿Fútbol bonito? Para mí no, porque además esos 45 minutos fueron trabados, con muchas faltas, alguna que otra tangana y mucho fútbol subterráneo. Ahí el Madrid fue tan superior al Barcelona como el Barcelona inferior al Madrid. Esa es la lección táctica que se destaca de Mourinho, pero resulta que el resultado de esa pretendida paliza era de 0-0.

En la segunda parte, el Madrid pagó la factura de semejante esfuerzo físico (añadida a los 90 minutos del Bernabéu en Liga de cuatro días antes, con bastantes minutos con diez jugadores además) y el juego de toque del Barça se liberó de su único enemigo, la brutal presión madridista en la salida. Se veía venir y, la verdad, yo no hubiera dado un duro por el Madrid según pasaban los minutos. Así, como sucede siempre en los partidos del equipo de Guardiola, llegaron las ocasiones de gol. Y así sucedieron dos cosas más. La primera, que emergió un jugador que algunos, pocos afortunadamente, no saben valorar en su justa medida: Iker Casillas. A mí me parece el más grande portero de su tiempo, y me lo parece, al margen de sus debilidades (el juego con el pie o las salidas por alto), porque siempre está en los grandes momentos. En la final de la novena Copa de Europa del Madrid, en la final del Mundial, en los penaltis contra Italia y ahora en la final de Copa ante el Barça. Antológica su parada con la punta de los dedos del minuto 81. Ahí ganó el Madrid la Copa. La segunda, que al Barcelona a veces le puede su propia superioridad. Tiene tanta confianza en que el gol acabará llegando... que a veces se acaba el tiempo y no ha llegado.

Ahí se demuestra que las propuestas de Madrid y Barcelona son antagónicas. No tanto en el fútbol de toque o en el de presión, en el ofensivo o en el defensivo. El Barcelona gana porque es mejor. El Madrid gana aunque no sea mejor. Tan válida es una cosa como la otra. La primera despierta aplausos y elogios. La segunda, pura pasión. Evidentemente, la mejor propuesta sería el término medio, pero si hubiera un equipo capaz siempre de tener el 80 por ciento de la posesión, docenas de ocasiones de gol en cada partido, una capacidad de presión ilimitada, un corazón tan grande como un estadio y una ambición sin límites, los demás tendríamos que retirarnos. El caso es que la debilidad del Barcelona fue mayor que la del Madrid y por eso la Copa la ganó quien la ganó. El Madrid sacó fuerzas de donde no las había, pero también me choca que ganó el partido de la forma en la que no pensaba ganarlo. La táctica era balones largos y al centro, bien para que los bajara Adebayor, bien para que los corrieran Cristiano o Di María. Y ganó con una jugada elaborada, de toque y con una pared por la banda, con centro al segundo palo. El gol fue fútbol del bueno. No del presionante. No del físico. Curiosa contradicción. Y gol de Cristiano. Será lo que sea, pero me asombra que todavía algunos duden de su fútbol y de su capacidad de influencia en partidos importantes.

¿El debate sobre los estilos? Estéril porque siempre se hace en base a un resultado. Ahora se dice que la plantilla del Barça es corta, que le falta gol, que no tiene otra forma de jugar... ¿Qué diremos si acaba la temporada ganando la Liga y la Champions? Que es un equipo de leyenda. Marchando el resultadismo periodístico. Si el brazo de Casillas mide medio centíemtro menos, el análisis del mismo partido habría sido otro. El Barça pudo ganar con sus armas y habría sido igualmente digno de aplauso. Algunos hablan ahora de cambio de ciclo sólo por este partido. Repito la pregunta de antes. En abril no hay ganadores ni perdedores de competiciones que acaban en mayo. Por el otro lado, sacan pecho por la Liga. ¿Y la Copa? La ha perdido el Barça. Punto. No hay más. ¿Qué tendrá que ver la Liga para explicar la derrota en la final de Copa? ¿Y si el Madrid elimina al Barça en la Champions? Resultadismo, siempre resultadismo. Y así no se puede hablar de estilos. Lo gracioso es que llevamos tres días de sentencias absolutas cuando en apenas cinco días tenemos otro partido que puede cambiar los análisis. Y una semana después otro. En fin, felicidades a los madridistas, que además son mayoría entre mis amigos y me alegro mucho por ellos.

viernes, abril 15, 2011

Libertad de prensa

Hay formas y formas de entender la libertad de prensa. Para mí, la libertad de prensa supone una independencia de los medios de comunicación con respecto al poder. Exige que un profesional que tenga una noticia contrastada e interesante la pueda publicar sin temor a represalias, ni internas en su empresa ni externas de esos mismos poderes. Permite al periodista profesional exponer opiniones del signo que sea, siempre y cuando no sean irrespetuosas o se basen en mentiras o intereses partidarios. Esa libertad de prensa en la que creo está en peligro de extinción (¿extinta ya?) en los grandes medios de comunicación. Internet vino al rescate y con herramientas como los blogs los periodistas pueden (podemos) seguir diciendo lo que pensamos, contribuyendo a generar debate y a difundir hechos y opiniones que de otra forma no verían la luz. Evidentemente, hecha la ley está hecha la trampa y creado el instrumento de comunicación éste se puede contaminar igualmente con ese virus que cerca a la libertad de prensa, pero al menos tenemos una oportunidad más.

La libertad de prensa, por ejemplo, me permite lamentar la terrible paradoja de estos días. Carlos Iturgaiz es el protagonista de un libro escrito por Chelo Aparicio. A la presentación acuden José María Aznar, Mariano Rajoy y Jaime Mayor Oreja. La presentación tiene lugar en la Asociación de la Prensa de Madrid. Allí, en la supuesta casa de los periodistas, sólo Iturgaiz respondió a las preguntas de esos mismos periodistas. Hay temas sobre la mesa que un candidato a la presidencia del Gobierno, un ex presidente del Gobierno y un ex ministro del Interior y europarlamentario podrían contestar. Pero no las contestan. Sólo hay silencio. Fijaos si hay libertad en este país, que el gremio de periodistas acoge en su casa a gente que habitualmente no responde a sus preguntas. Al menos no a las de todos. Un episodio por desgracia no lo suficientemente recordado de Aznar fue cómo se achantó ante Luis del Olmo cuando éste, en directo, le pidió que le concediera una entrevista a su compañero y rival (por trabajar en otra emisora) Iñaki Gabilondo. Esa entrevista, obviamente, jamás se produjo y no precisamente porque Gabilondo no la pidiera.

Es un mal que aqueja a demasiados políticos, éste de no responder preguntas de la prensa, de limitarse a leer un papelito, hacer una declaración prefabricada o mandar un comunicado de prensa. Pero el PP es especial en esto desde hace demasiado tiempo y en todos sus centros de poder. No creo que todos sean iguales en este sentido, aunque no por eso los demás sean buenos manejando ese al parecer complicado concepto de la libertad de prensa. Sabido es que con Aznar en La Moncloa y Alfredo Urdaci como director de informativos, TVE recibió su primera y única condena por manipulación informativa. Sabido es que Telemadrid ha sido repetidamente denunciada e investigada por manipulación, y que no tiene rubor alguno en colocar el anagrama de ETA sobre el rostro del presidente del Gobierno porque conoce la impunidad absoluta de acciones tan despreciables como esa. Y esta misma semana hemos visto que, aunque ya la han retirado, el PP valenciano presentó una denuncia contra cuatro emisoras de televisión (por descontado, Canal 9 no es una de ellas) porque emitieron una pieza detallando que Francisco Camps se presenta a las elecciones autonómicas con once candidatos implicados en casos de corrupción.

Esa es la libertad, y no sólo de prensa, que se estila en la Comunidad Valenciana. La que llevó el pasado mes a ese mismo partido a pedir, afortunadamente sin éxito, la suspensión de una manifestación en contra de la corrupción. La que hace un año motivó que la Diputación Valenciana censurara la parte dedicada al caso Gürtel que integraba una exposición de fotografía en el Museu Valencià de la Il-lustració i la Modernitat (se retiraron diez fotografías un día después de que la exposición abriera sus puertas). La que hace de Francisco Camps un presidente que jamás se presta a una rueda de prensa abierta en la que los profesionales de la comunicación puedan cuestionarle sobre cualquier asunto que consideren de interés. Tenemos políticos que sólo hablan de lo que ellos quieren, cuando ellos quieren y con quien ellos quieren. Y, paradojas de la vida, la Asociación de la Prensa de Madrid les abre sus puertas para ello. Será cuestión de asumir que la libertad de prensa se puede entender de muchas maneras y que la exigencia de atender a un periodista no la tienen tan clara como yo, ingenuo de mí, personajes que ostentan o han ostentado cargos públicos.

viernes, abril 08, 2011

Medidas recaudatorias... o no

Cuando el Gobierno aprobó la reducción de la velocidad máxima en carretera a 110 kilómetros por hora, todo el mundo se apresuró a dar su opinión. Ya sabéis que no eres nadie en este mundo si no tienes una opinión clara, contundente y aleccionadora de todos los temas posibles (y mucho menos podrás ser alguien si no te posicionas claramente en un bando... o contra el otro, que para el caso es lo mismo). No fue el único argumento que se utilizó, pero creo que el que quedó más claramente establecido entre los detractores de esta medida es que el Gobierno tenía un único y exclusivo afán recaudatorio, que se iban a poner multas con mucha más facilidad, que era una de esas muchísimas leyes que están aprobando todos los gobiernos (pero más que ninguno los municipales) para sacar dinero de debajo de las piedras en esta época de crisis. Resulta que ahora salen los datos del primer mes de funcionamiento de la norma. Y resulta que la recaudación por multas de tráfico no sólo no ha aumentado, sino que ha descendido ¡¡¡un 47 por ciento!!! El argumento queda invalidado de un plumazo.

Por supuesto, esto es España, así que nadie de entre quienes se significaron tanto criticando el afán recaudatorio de la medida ha salido a pedir perdón y admitir que estaba profundamente equivocado en sus predicciones. Duele demasiado, por lo visto, eso de asumir un error, Viene a ser algo parecido a lo que ya sucedió con la ley antitabaco. Decían los agoreros que podía costar hasta 100.000 puestos de trabajo y una pérdida de la facturación de un 20 por ciento en el sector hostelero. Esas predicciones (no sé si esa es en realidad la palabra más adecuada para referirme a ellas) se han revelado aún más falsas, pues en los dos primeros meses del año ha crecido muy levemente el empleo en el sector, y eso a pesar de que el paro sigue disparado. El caso es que los pronósticos más agoreros encuentran siempre un eco desmedido en los medios de comunicación contrarios a quienes aprueban las normas. Nada nuevo ahí por descubrir. La prensa ya no actúa como cuarto poder, sino como oposición al poder que no nos gusta. ¿Pero se cree la gente todo lo que lee de aquellos que al parecen son de los suyos? Parece que sí. Preocupante.

El caso es que aquí funcionan mal demasiadas cosas. No es posible presentar informes de predicciones que se equivocan con tantísimo margen y que no pase nada, que nadie deje su cargo por pura incompetencia o que no haya desmentidos tan claros como el informe equivocado anterior. No puede ser que los medios de comunicación sigan insistiendo en publicar grandes titulares apocalípticos con la opinión de alguien sin contrastarla, sin matizarla, sin contextualizarla, sin investigarla. Y, desde luego, ya va siendo hora de que recuperemos el espíritu crítico con los mensajes que vienen incluso de fuentes que valoramos. Porque nadie tiene la verdad absoluta ni hay que estar totalmente de acuerdo con lo que dicen los nuestros. Es lícito criticar el nuevo límite de velocidad por muchas razones, por supuesto. Por el afán recaudatorio no. Como tampoco la ley antitabaco por la pérdida del empleo que iba a generar al parecer. Pero el debate de ambas cuestiones fue hace meses y la crítica hacia el Gobierno ya ha quedado marcada y establecida, por mucho que los datos desmientan después a tanta gente. ¿Cómo se arregla eso? Leyendo y pensado. Siempre leyendo y pensando.

viernes, abril 01, 2011

ETA, gobiernos y mentiras

Vamos a empezar por una cuestión de base, pero espero que leáis hasta el final porque todo tiene su importancia. Creer a ETA me parece despreciable. Utilizar como argumento en la contienda política o periodística lo que diga un etarra me parece deleznable. Son asesinos, terroristas, mafiosos. Harían cualquiera cosa para conseguir sus objetivos y disfrutarían viendo a los demócratas enfrentados por algo que ellos digan o hagan. Sólo creen en su causa, en su "problema político", en su lucha armada y en su ideología cerrada y anquilosada en el pasado. No quieren hablar, dialogar, pactar o razonar. Son terroristas. No me importa quién use un argumento de ETA para defender sus posiciones, pues quien lo haga, sea quien sea, contara desde ese instante con mi antipatía en ese debate. Diría que incluso queda moralmente descalificado para hablar sobre esa cuestión.

ETA puede decir la verdad, claro. Pero si hay un demócrata o un gobierno que dice lo contrario, yo creeré siempre al demócrata. Por eso creí sin dedicarle un segundo de reflexión a Ángel Acebes, el 11 de marzo de 2004, cuando dijo que los atentados de aquel día los había cometido ETA "sin ninguna duda". Prefiero el sonrojo posterior por la actitud de un demócrata, sobre el que ya recaerá mi juicio y el de los ciudadanos, que creer a una banda terrorista. Me parece la única actitud probable y defendible en estos casos, gobierne quien gobierne y diga lo que diga un terrorista.

Esta reflexión surge por una frase: "ETA mata pero no miente". Si la buscáis en Google, veréis que ahora son muchas las páginas en Internet que se la achacan al ahora ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba para desacreditar su desmentido a las actas de ETA sobre la negociación con el Gobierno socialista de hace unos años. No hay en ninguna de esos informaciones más entrecomillado que ese. Algunas dudan de la fecha en que se dijo la frase, otras la reproducen con vaguedad. Quienes más precisan dicen que esa frase surgió en la comparecencia de Rubalcaba del 13 de marzo de 2004, dos días después de los atentados del 11-M y apenas unas horas antes de que se abrieran los colegios electorales para votar en las elecciones en las que José Luis Rodríguez Zapatero se convirtió en presidente del Gobierno.

Lamento decir que no tengo el tiempo ni los medios para comprobar por completo si Rubalcaba ha pronunciado esa frase a lo largo de su vida, pero sí puedo deciros que no lo hizo aquel día. Tengo en la pantalla el teletipo que dio Europa Press con toda la intervención de Rubalcaba. He revisado en Internet las hemerotecas de ABC y El País. Nadie destaca esa frase. Y convendréis conmigo es que, si la hubiera dicho, era un titular espectacular. Pero ni Europa Press, ni El País, ni ABC la menciona. Rubalcaba dijo que "los españoles se merecen un gobierno que no mienta". Eso sí. Pero esa frase sobre ETA, no.

Pero la frase es real. Yo la recordaba con indignación. No de aquellos días, en los que trabajé intensamente (porque entonces escribía información política) y en los que me tuve que leer todo teletipo relacionado con el 11-M que se publicó para construir mis propias informaciones. No tenía recuerdo alguno de que Rubalcaba lo dijera, y la hemeroteca me da la razón. Pero alguien sí ha dicho esa frase. Alguien que fue ministro del Interior. Su autor fue Jaime Mayor Oreja, el mismo años antes proclamó que "estaría dispuesto a sentarme con ETA" (Diario de Sevilla, 30 de enero de 2000). La dijo en una entrevista concedida a Telemadrid el 10 de julio de 2006. Creo recordarla de antes y en algún siito se menciona que la frase no la acuñó aquel día, pero no he conseguido ubicar esto en el tiempo y por ello me limitaré a lo que pueda probaros, en contra de la actual práctica periodística de nuestro país.

Mayor Oreja dijo esa frase como respuesta a una información del diario Gara según la cual el Gobierno (ya de Zapatero) y la banda terrorista llegaron a un acuerdo con garantías en febrero de 2006. "El criminal no necesita mentir porque el crimen es la mentira más cruel de todas las posibles. Y yo me lo creo porque está en la lógica del proceso". Aquel día, Mayor Oreja aseguró tajantemente que la legalización de ETA y la anexión de Navarra se iban a producir antes de las elecciones municipales de 2007 y la concesión a los vascos del derecho a decidir antes de las generales de 2008. Hechos probados, ya veis.

"ETA mata pero no miente" es una de las frases más graves que yo le he escuchado pronunciar a un demócrata. Razonarla me parece incluso peor. Lapidar a otro, de opuesto signo político, por decir esa frase cuando nadie reaccionó al pronunciarla uno de los suyos, tendría que ser perseguible en un juzgado. Pero encima montar toda esta trama para derribar a Rubalcaba basándose en una afirmación que nunca llegó a pronunciar, y que haya gente que se lo creo, es directamente es signo de extrema pobreza democrática.

Insisto en que no puedo decir que Rubalcaba no haya dicho nunca la dichosa frase. No voy a revisar todas las declaraciones públicas del ahora vicepresidente porque ni tengo el tiempo ni los medios. Pero aquel día no lo dijo. Tengo los dos teletipos completos que he mencionado aquí. Si alguien los quiere, se los puedo mandar. Porque no me importa a quién votéis. No me importa la opinión que tengáis de Rubalcaba, de Aznar (cuyo caso me parece más sangrante, porque cree a ETA antes que a un Gobierno habíendo sido jefe del Ejecutivo), de Mayor Oreja o incluso de ETA. No me importa que estéis convencidos de que hay que condenar al ministro del Interior por el caso Faisán o de todo lo contrario. No me importa en absoluto. Pero no dejéis que os mientan de una forma tan descarada. Esto es mentira. Rubalcaba no dijo la frase. Mayor Oreja sí.

domingo, marzo 27, 2011

La visión del aeropuerto de Castellón

En la temporada 2004-2005, el Villarreal Club de Fútbol comenzó a lucir en sus camisetas una nueva publicidad, que sustituía, qué cosas, a la de Terra Mítica ("un ejemplo de libro de cómo se utilizaron las cajas de ahorro en la Comunidad Valenciana, fundamentalmente durante la época de Eduardo Zaplana al frente de la Generalitat, para que financiara determinados proyectos ideados desde el Gobierno autonómico", según publicó Cinco Días el 30 de junio de 2010). La nueva decía "Aeroport Castelló". Ingenuo que era uno hace siete años (a ojos de muchos lo sigo siendo, y probablemente no les falte razón), uno se preguntó si había aeropuerto en Castellón, pues no le sonaba que lo hubiera. No lo había, no. Estaba en construcción. Hace tres días, siete años después de que comenzara a publicitarse en las camisetas de un equipo de fútbol, el aeropuerto tuvo su fiesta de inauguración, que no su inauguración. Parece lo mismo, pero no lo es. A una fiesta de una inauguración, uno va de fiesta. A una inauguración, uno va a inaugurar. Fiesta hubo, inauguración no.

Dejando de lado la interesantísima y colateral cuestión a debatir sobre el nulo efecto de hacer publicidad de algo de lo que no se puede sacar beneficio y de quién y por qué la está pagando, que podría dar para líneas y líneas, me voy a quedar en ese matiz que decía antes de la inauguración. Y es que resulta que el Aeroport de Castelló, que ha costado nada menos que 150 millones de euros, no es todavía un aeropuerto como cualquier persona normal podría entenderlo. De nuevo dentro de mi ingenuidad, yo tenía claro que un aeropuerto era un lugar en el que despegaban y aterrizaban aviones que llevaran en su interior personas o cargo, un centro de comunicación que facilitara la vida a la gente y permitiera el comercio entre puntos lejanos. Esos son los aeropuertos que yo he utilizado en mi vida y los que salen en las películas también. Pero no. Resulta que ahora un aeropuerto no necesita esos pequeños detalles para ser un aeropuerto. En el de Castellón no hay aviones ni, por tanto, pasajeros. ¿Sabéis por qué? Porque no tiene permiso de navegación. Pero se inaugura, porque no hace falta ya que algo entre en funcionamiento para que sea inaugurado. Detallito sin importancia, claro.

¿Por qué se inaugura entonces? Sencillo. En la placa que ya presidirá este aeropuerto para siempre (siempre me ha encantado el contradictorio dilema de saber cuánto dura un "para siempre" y confío en que algún día alguien le ponga fecha de caducidad a este "para siempre" concreto) aparece el nombre de Carlos Fabra, presidente de la Diputación de Castellón, un tipo que abandona la política con las próximas elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo de este mismo año. Qué cosas. Se acerca un llamamiento a las urnas y se dispara la inauguritis política a un ritmo desenfrenado que estos días alcanza su cúspide en tierras valencianas y madrileñas, dos de las tres piezas de aquel eje del bienestar en el que se autoproclamaron reyes los dirigentes del PP (cuya tercera pieza era Baleares). Y bienestar hay, ya lo creo que sí. Pero en este aeropuerto no para los pasajeros. Veréis, si este Aeropuerto de Castellón por el que no pasan aviones registra pérdidas en los próximos ocho años, las pagará el Gobierno valenciano. O, lo que es lo mismo, las pagarán los valencianos y los españoles. Los de a pie. Los que tienen nómina. Los que pagan impuestos. ¿Por qué? Eso ya sí que no lo puedo explicar.

El caso es que a la fiesta de inauguración acudieron unas 1.500 personas, llevadas hasta el lugar de la fiesta en decenas de autocares (¿quién los pagó?). 1.500 personas que, según presumo por las imágenes y declaraciones que se vieron en televisión, serán enfervorizados seguidores y votantes de los maestros de ceremonias, el propio Fabra y el presidente valenciano, Francisco Camps. Ellos mejor que nadie describieron la situación. Fabra aseguró que la inauguración de las instalaciones en estos términos se hacía para que "cualquiera ciudadano que lo desee pueda visitarlas y pasear por ellas, cosa que no podría hacer si fueran a despegar aviones". De perogrullo. "Eres un visionario", le dijo Camps a Fabra. Cuánta razón. ¿Quién, si no un visionario, podría construir un aeropuerto de 150 millones de euros, sin permisos de navegación, sin aviones y con pérdidas sumadas a las cuentas públicas durante casi una década? "Dicen que la semana que viene hay un avión", decía una de las mujeres que asistió a la fiesta. Si lo dicen, será verdad. Y si no, la culpa será sin duda de Zapatero.

domingo, marzo 20, 2011

¿Hacia dónde vamos?

Estamos en unos tiempos en los que la pregunta más lícita que cabe hacerse es hacia dónde vamos. No importa ya, o al menos no tanto como hace no mucho tiempo, tener razón o estar en el bando correcto, porque ya ni la razón es una ni los bandos están tan bien definidos entre buenos y malos. En esa situación, a mí lo que me importa es hacia dónde vamos. Leer un periódico, ver un informativo en televisión, escucharlo en la radio o buscar páginas de información en Internet se está convirtiendo en un ejercicio de desesperación sin precedentes. Nos rodean guerras, catástrofes, accidentes, explosiones, asesinatos, dictadores, violencia, crisis... Ya no recuerdo cuándo fue la última vez que me llegó una última noticia positiva de verdad, con trascendencia humana o social. Y lo que me pregunto es si la dirección que llevamos se puede enderezar o si estamos engordando para morir.

Ya no sé si podemos evitar que un loco se ponga al frente de un país y amenace con borrar a no sé cuánta gente de la faz de la tierra. Ya no tengo claro si hemos llegado a un punto en el que no hay posibilidad de nutrirnos con una energía que no supongo un peligro en cuanto un operario se queda dormido. Ya ni siquiera soy capaz de decidir si estoy poniendo en riesgo mi integridad física por decirle al patán que se sienta a mi lado en el teatro que no es de buena educación hablar por el móvil mientras uno intenta contemplar un espectáculo. Y si no lo sé, además de por la muiltiplicación de comportamientos sospechosos, es precisamente por la ignorancia que nos rodea, precisamente en el momento de la Historia en que la información es más accesible y barata que nunca. Datos y hechos que dicen una cosa y la contraria (¿es posible la existencia simultánea de dos hechos contradictorios?) hacen imposible tener nada claro. Yo, al menos, estoy empezando a creerme aquella sentencia clásica de Sócrates, su "sólo sé que no sé nada".

Y como nada sé, lo que me pregunto es hacia dónde estamos yendo sin darnos cuenta (¿o sí nos damos cuenta?). Las debacles mundiales se acumulan sin solución de continuidad. Y no veo a nadie capaz de detener esta deriva en la que se ha metido el ser humano. Superman no existe y las profecías apocalípticas se multiplican, mientras cada individuo parece únicamente interesado en ganar tiempo y dinero para sí mismo. El egoísmo se lleva por delante hasta las decisiones correctas y uno ya no sabe si atacar a un dictador es lo correcto o lo que conviene a algún dirigente político de algún lugar de este mundo que habitamos. Pero no hace falta ponerse en plan apocalíptico o trascendental. Uno desciende a la tierra y no deja de ver comportamientos absurdos, deleznables, egocéntricos y egoístas. El de al lado ya no importa, sólo uno mismo. Y así, a gran escala, tenemos lo que tenemos.

¿Hacia dónde vamos? No tengo ni idea. Pero no me gusta el camino.

viernes, marzo 11, 2011

Niccó

Nunca había visto Operación Triunfo. Bueno, sí, había visto algún programa casi entero de aquella primera edición en la que destacaron Bisbal, Chenoa, Rosa y Bustamante. Pero nunca había visto una edición completa. La de este año la he visto. Sí, la he visto, no me miréis con esa cara, que ya sé que es algo que no me pega. Pero no me avergüenza lo más mínimo decirlo. ¿Por qué tendría que avergonzarme? ¿Porque Telecinco es una cadena infame desde demasiados puntos de vista? Sí, lo es. ¿Porque el programa estuvo muy mal hecho, planificado y emitido? Indudablemente. Pero esta vez tenía una buena razón para verlo. Una razón inmejorable. Y esa razón tiene nombre. Se llama Niccó y tiene la extraña habilidad de conseguir que cualquier cosa que cante se quede en mi cabeza y empiece a sonar en los momentos más insospechados. Siempre con su voz. Ni con la de Beyoncé, ni con la Paulina Rubio, ni con la de Kylie Minogue, ni con la de Ana Torroja. Nada. Con la voz de Niccó. Con la inconfundible voz de Niccó.

Para quienes no siguiérais el programa, os cuento lo que pasó. Telecinco lo hizo tan rematadamente mal que acabó por cancelar Operación Triunfo después de sólo seis galas. En ellas, Niccó cantó Pack Up, Singles Ladies, I Don't Feel Like Dancin', Sonrisa, All The Lovers y Causa y efecto. Su trayectoria la podéis ver aquí. Sobra decir que en todas ellas me encantó. No eran canciones para ella, no pegan con su voz ni con su estilo. Pero las hizo suyas, las defendió admirablemente, y cuando compartió escenario siempre fue mejor que sus compañeros de actuación. Fueron cinco semanas de programa, más una anterior emitiendo los castings, cuando OT tendría que haber durado tres meses. Tenía una audiencia de unos dos millones de personas, pero siempre iba por detrás de la competencia, de La 1 y de Antena 3. Así que cancelaron la emisión del programa, la formación de los cantantes y nombraron un ganador, Nahuel. Y escogieron a seis de ellos para que siguieran compitiendo en Internet, grabando una canción y sometiéndose al voto de la gente a través de la red. El premio es una carrera discográfica. Y para tratar de conseguirla Niccó grabó esta canción, Don't Stop The Music.



¿Que por qué os cuento esto? Porque para decidir cuál de los seis cantantes que escogieron en la gala final grabará un disco se requiere la participación de la gente a través de Internet. Gente como vosotros y gente que accede a Internet como vosotros. Y yo quiero que Niccó tenga un disco. Quiero escuchar todas sus canciones, pero esta vez las suyas. No las de otros. Las suyas. Porque se lo merece, porque tiene mucha música dentro que sacar, porque es una persona excepcional antes que una cantante excepcional. Y porque vale mucho. Muchísimo. Así que, amigos míos, me temo que esta entrada tiene como fin pedir que votéis por ella para que gane este concurso en Internet que da continuidad al Operación Triunfo que emitieron por televisión. ¿Que cómo podéis hacerlo? Muy fácil. En esta página os dan las instrucciones. Pero votad por ella, que no tardáis más que un minuto en daros de alta. Y tendréis mi agradecimiento por cada voto, claro.

domingo, marzo 06, 2011

Exposyfy en Madrid

La Real Fábrica de Tapices de Madrid acoge hasta el próximo domingo día 13 de marzo una pequeña, muy pequeña, exposición de objetos relacionados con el cine fantástico. La muestra, denomina Exposyfy, se puede visitar de forma gratuita de lunes a sábado de 11.00 a 21.30 horas y el domingo de 11.00 a 13.30. Aunque insisto en que es una colección bastante reducida, será del gusto de cualquier aficionado a este tipo de cine, porque se pueden ver reproducciones de Iron Man, varias cabezas, el brazo y el exoesqueleto de Terminator, un casco de Darth Vader recubierto de cristales, el osito de A.I. Inteligencia artificial, el bastón de Yoda en El Imperio contraataca, el de Biff Tannen en Regreso al futuro, bocetos de películas de Tim Burton como Eduardo Manostijeras y Batman vuelve, la cabeza de Tom Cruise en Entrevista con el vampiro, algunos diseños de X-Men o Depredador, la matriz de Transformers, uno de los trajes de Damien en La profecía y algún objeto interesante más. Las sombras en las fotos no son culpa mía, las hice todas sin flash, pero la iluminación del lugar no estaba pensaba para el lucimiento fotográfico. A pesar de la modestia de la colección, sin duda merece la pena.

miércoles, marzo 02, 2011

"La noticia que todo periodista hubiera querido dar"

Ana Rosa Quintana siempre ha sido especial. Desde el famoso asunto de su libro (nótese la cursiva en el posesivo), tengo que reconocer que me quito el sombrero día tras día al ver que, cuando un asunto así habría enterrado al 99 por ciento de los profesionales de este país, sigue apareciendo en televisión. Bueno, no es que lo vea personalmente, pero en la parrilla de televisión sigue apareciendo su programa y que lo cancelaran supongo que se merecería cierto espacio en la prensa como para que me hubiera enterado. Ahora vuelve a estar de actualidad por haber conseguido "la noticia que todo periodista hubiera querido dar". Así calificó ella misma la confesión en directo, en su programa, que hizo Isabel García, esposa del todavía presunto asesino de la pequeña Mari Luz, Santiago del Valle. Y sí, claro que es la noticia que a cualquier le hubiera gustado dar. Pero dicho así a mí me parece un ajo y agua de lo más vulgar, un "os aguantáis que la he dado yo en mi programa y no vosotros en los vuestros". Es lo que hay, es la prepotencia del que se siente ganador, de quien considera que toda crítica que se le pueda hacer se debe a que tenemos envidia de sus logros.

Mucho se ha hablado en estos días de ese vídeo que colgó El Mundo en su página web en la que se ve sólo una pequeña parte de esos tres años de trabajo de los que presumía Ana Rosa. Una parte oscura y denigrante (del "no más cámaras" hasta que se apaga la que graba este vídeo pasa un minuto y medio). Poco más puedo añadir a lo ya dicho por tanta gente. Sólo un pequeño detalle. Un recuerdo cinematográfico. El dilema. Frost contra Nixon. Cuando vi esa película, un escalofrío me recorrió la espalda cuando vi la larga escena de la entrevista... y cuando llega el momento de la confesión de un ex presidente de los Estados Unidos. Cuando la vi, pensé que eso es hacer periodismo. Y me muero de envidia sabiendo que hay gente que vio eso mismo en el mundo real. Porque Frost es real. Porque Nixon es real. Porque aquella entrevista fue real. La confesión fue real. Y está en ese lugar donde todo parece estar, Youtube. Si a alguien le interesa, puede buscarla completa, porque engancha. Porque eso es periodismo. Eso es conseguir una confesión de igual a igual, sin necesidad de aprovecharse de la ingenuidad, la estupidez o la defienciencia mental de una persona. Eso fue conseguir la noticia que todo periodista quería dar. Pero hay manera y maneras de conseguirlo. ¿Que Ana Rosa está orgullosa de la suya? Mejor para ella.

Yo no lo estaría. Yo no creo que haya que aprovecharse de las personas para dar noticias. Yo no creo que merezca la pena mentir descaradamente a nadie para publicar una exclusiva. Yo no creo que el periodismo pueda ejercerse sin límites humanos. Yo no creo que esto sea una noticia de la que enorgullecerse por la forma en que se ha conseguido. Yo no creo que esto sea periodismo. Yo creo que hay que afear públicamente la conducta de quienes actúan así, aún a riesgo de que me califiquen de envidioso por no tener un triunfo que nunca querría. Y me da igual si el responsable es Telecinco, la productora Cuarzo, Ana Rosa Quinta, la redactora que aparece en el vídeo o cualquier otro que nos saquemos de la manga. Yo no sería capaz de dormir a gusto sabiendo que me he aprovechado de una persona para sacar una noticia. Pero lo que me duele de verdad es que, aunque ahora muchos se rasguen las vestiduras, mucha gente no está de acuerdo conmigo. No lo están muchos de los que ahora se han sumado al carro de las políticamente correctas críticas a este asunto. No lo están, no. Cada cierto tiempo sale una polemiquilla de éstas. Y los pasos son los mismos. El autor se enorgullece, los contrarios se escandalizan, hablamos del tema un par de días y después llega el olvido. Hasta la siguiente.

Me cansa. Me cansa mucho que el periodismo siga funcionando así sin que nadie haga algo.

miércoles, febrero 23, 2011

Imposibles e improbables

Soy un firme convencido de que los imposibles existen. No creáis que eso me convierte en alguien pesimista, ni mucho menos. Es decir, que no me planteo que todo sea imposible y, desde luego, no me amparo en esa excusa para justificar un fracaso o no haber conseguido un objetivo. No, no es eso. Simplemente creo que hay cosas que no pueden suceder jamás, bajo ninguna circunstancia. No se dan las condiciones para ello, nada más. Cierto es que a veces el término se usa con cierta ligereza y se utiliza (lo utilizo) para situaciones que no son realmente imposibles. Son difíciles o improbables, pero no imposibles, por mucho que se escape esa peligrosa exclamación proclamando que "¡eso es imposible!". Aún así, sigo creyendo que los imposibles existen. Es más, creo que es absurdo negar su existencia. Queda muy bien en el lema para una marca de prendas deportivas, pero no en la vida real. Porque en la vida real hay imposibles. Seguro que todos tenéis alguno en mente.

Hace algunos años, mantuve una conversación sobre este asunto. Mis interlocutores no compartieron mi punto de vista e incluso acabaron bromeando sobre mí (¿conmigo?) hasta el punto de poner en mi boca un "yo nunca" al referirse a cualquier cosa que no me entusiasma hacer. Por ejemplo, en su momento de auge (y caída de la independencia del ser humano) no me gustó la idea de tener que hacerme con un teléfono móvil y eso se convirtió en "yo nunca voy a tener un teléfono móvil". Que sea imposible que yo me emborrache, porque no me gusta el alcohol, se convirtió en "yo nunca voy a probar el alcohol". Y varios ejemplos más con los que no os voy a aburrir. Pero esas frases hechas con las que me etiquetaban no eran imposibles, no. Eran improbables. O simples recursos de pataleo ante la evidencia de un futuro que no tardaría en venir (sigo sosteniendo que la gente con móvil ya no sabe vivir con la gente sin móvil y en las bodas no me dejan brindar sin alcohol).

El caso es que sigo viendo imposibles en la vida que me rodea. Pero algunos improbables ya no son tan firmes. Y es que no hay nada como encontrar la motivación necesaria para hacer cosas en las que uno no se ve. Más de un improbable me he tenido que comer en las últimas semanas. ¿Y sabéis qué? Lo he disfrutado porque la gente que se ha beneficiado de mi flexibilidad de planteamientos se lo merece. Mucho. Así sienta de maravilla darse cuenta de que algunos improbables pueden ser dulces. Y creo que todavía me quedan unos cuantos improbables por tachar de la lista...

lunes, febrero 14, 2011

A quien corresponda...

... feliz día de San Valentín.


(Las fotos son mías, los mensajes de otros).

viernes, febrero 11, 2011

Dictaduras y otras ligerezas del lenguaje común


"Esos judíos... Siempre sacan más dinero. (...)Trabajé muy duro para ese ascenso y se lo dan a un judío cualquiera. ¡Maldita sea, qué más quieren, si son los dueños de todo! (...) ¿Arabes? ¿Qué diablos es eso? Un negro envuelto en una sábana? (...) Voy a deciros una cosa. No se lo que pasa en este país, pero cada vez es más difícil ganarse la vida. ¿Y sabéis por qué? Os diré por qué. Por culpa de los judíos, por los negros, por los orientales...".

En los límites de la realidad (1983, segmento de John Landis).

Este primer relato de la película que Steven Spielberg produjo basada en la clásica serie de televisión The Twilight Zone se hizo famoso por un accidente durante el rodaje que le costó la vida a tres personajes, incluyendo al actor Vic Morrow, y eso limitó el alcance de lo que realmente contaba. Es la historia de un americano racista y de mal humor porque le han dado un ascenso que esperaba a un judío. Como en el bar en el que se encuentra con dos amigos empieza a demostrar que sufre de incontinencia verbal para expresar sus ideas a los cuatro vientos y esas incluyen ofensas hacia todo el que no es como él, un negro se levanta y le dice que si no se calla habrá problemas. Cuando el tipo sale del bar, ha cruzado los límites de la realidad y se encuentra en medio de la Alemania nazi. Y él es el perseguido por los soldados alemanes. Él es entonces el judio.

Siempre me acuerdo de esta película cuando escucho a alguien que habla con mucha ligereza de dictaduras, nazis, fascistas y terroristas. Cuando me topo con gente que habla con una total despreocupación de cosas que no sabe lo que significan o lo que representan. Soy de una generación que ha vivido siempre en libertad, que no ha padecido guerras o regímenes totalitarios. Que los ha visto sólo en películas o libros de historias. Ese, por desgracia, parece ser un rasgo de quienes idolatran a dictadores caídos o muertos o de quienes utilizan estos términos para referirse a personas que nada tienen que ver con aquello con lo que se les quiere equiparar. Eso se ha visto en algún que otro politiquillo actual, que cree que llamando nazi o terrorista a otro dirigente político está ganando votos. Y a lo mejor es verdad, pero al mismo tiempo está demostrando su estupidez. Por si alguien de verdad no lo sabe, desde 1975 no hay ningún régimen dictatorial en España. Los terroristas son los que matan, coaccionan o extorsionan en nombre de unas pretendidas ideas políticas. Los demás no somos ni defensores de una cosa ni practicantes de la otra. Por mucho que haya gente que se llene la boca con grandes palabras.

Y entonces escucho a un tipo que se llama José Eugenio Arias-Camisón. Es dueño de un restaurante en Marbella. Y el 2 de enero decidió que quería saltarse a la torera la nueva ley anti-tabaco que entraba en vigor ese día. En poco más de un mes, se lo ha pasado bomba dando declaraciones a todos los medios de comunicación que han querido darle cancha y su caso ha saltado a la fama porque había colocado unos carteles en los que anunciaba que, en contra de lo que dicta la ley, en su restaurante sí se puede fumar. Sí, José Eugenio Arias-Camisón es uno de esos tipos que hacen que me acuerde de ese segmento de En los límites de la realidad. Por supuesto, tras más de un mes de incumplimiento reiterado de la ley le han clausurado el local y pesa sobre él una amenaza de multa de 145.000 euros. Parte de su respuesta es ésta: "Esto es un atropello, una dictadura asquerosa que no había ni en los tiempos de Franco. (El Gobierno es) dictatorial, rojo, marxista y terrorista. No pueden hacer lo que quieren, son unos ladrones. Tienen dos caminos, o me matan o me meten en la cárcel".

Veamos. Estamos ante un señor que se salta la ley, pero eso le parece bien. Dice que el Gobierno es "ladrón", "terrorista" y "dictatorial", y decir eso le parece igualmente bien. Compara esos términos con "rojo" y "marxista", y ya no sé si es que eso le parece bien o es simplemente una evidencia de incultura e ignorancia. Y nos ofrece dos alternativas que sí son propias del régimen en el que se cree vivir, eso sí. Lo malo es que, para su decepción, no son las alternativas que le ofrece la vida real. Porque, afortunadamente, la Ley sirve para evitar que tipos con esas ideas nos digan lo que tenemos que hacer. Si uno se salta un texto legal, sea el que sea, hay previstas unas sanciones. Y eso, nada más y nada menos que eso, es lo que le va a pasar a este buen señor. Es curioso que una de las respuestas que anuncia este señor es que, si le obligan, cerrará su local y despedirá a las 16 personas que emplea en estos momentos. Y yo que pensaba que los hosteleros rebeldes estaban preocupados precisamente por sus empleados cuando decían que la ley anti-tabaco iba a menguar su volumen de negocio. Va a ser que no.

A partir de ahí, yo creo que ya va siendo hora de que los medios de comunicación hagan examen de conciencia y dejen de dar voz a gente que lo único que sabe es descalificar, gratuita e injustificadamente, a todo el que no piensa como él. Démosle voz si lo que quiere es defender sus ideas, pero no cuando lo único que sale de su boca es el insulto permanente. Hay muchísimas formas de luchar contra una ley que creemos injusta, y negarse a su cumplimiento con premeditación y publicidad no es una de ellas. Un tipo que se permite el lujo de insultar a todos los que no le respaldan (somos, dice, unos cobardes) o a un gobierno que, le guste o no, ha sido elegido democráticamente, un tipo que viola simplemente porque no le gusta una decisión adoptada por los representantes de la sobernía popular, pierde el derecho a ser escuchado. Y, ya que estamos, podríamos dejar de utilizar términos como "rebelde" para definir a este señor. No es rebelde quien no paga impuestos, quien roba un banco, quien se salta los límites de velocidad o quien le parte la cara al primer tipo que pasa por la calle. Tampoco quien se salta esta ley. ¿O es que hay leyes vinculantes y leyes no vinculantes?

Yo creo que ha llegado el momento de dejar de hablar de este asunto, porque al final da la impresión de que se glorifica a quien busca sus cinco minutos de gloria. Es un hecho que la ley anti-tabaco la cumple la mayoría de la gente. Creo, porque nadie ha informado de lo contrario y todos los sectores profesionales son muy dados a quejarse cuando las cosas les van mal y no cuando se están enriqueciendo, que los miedos de que la hostelería se iba a resentir eran falsos (yo, desde luego, no he visto menos gente en locales en los que hace sólo un par de meses me ahogaba con el humo). Creo que la amplísima mayoría de los fumadores ha entendido la nueva situación y, como hacemos todos en cada ocasión, ha buscado fórmulas para hacer de forma legal lo que realmente quiere hacer, porque el que quiere fumar puede seguir haciéndolo. Y creo que el día que dejemos de hablar de estas cosas con la singularidad que le estamos dando ahora, tipos como José Eugenio Arias-Camisón dejarán de salir en los medios.

miércoles, febrero 02, 2011

Periodistas publicitarios



Otro anuncio más de Sara Carbonero. En esta ocasión es el rostro que da a conocer las bondades del nuevo Ford Focus. Cada vez que veo un anuncio con la cara, el cuerpo, la voz y el nombre de un periodista me asalta el mismo debate. ¿Debe un periodista venderse a una marca comercial? ¿Es lícito que un informador profesional lance mensajes publicitarios y no periodísticos? Sinceramente, creo que no. Quien cobra de una empresa por anunciar un producto o servicio desempeñando al mismo tiempo la profesión de periodista suele negarlo, pero la credibilidad se resiente. Para mí el argumento es simple. Si estás dispuesto a pregonar el mensaje de una marca a cambio de una cantidad de dinero, cruzas una frontera que choca directamente con la información que ofreces a un espectador, a un oyente o a un espectador. En el caso concreto de Sara Carbonero, podría decirse que ni Ford ni Pantene (por citar otro de sus anuncios) entran en su campo profesional (que hoy es la información deportiva), y ahí encontramos una interesante barrera a mi argumento. Sin embargo, ella misma ha dicho en más de una ocasión que sueña con presentar un informativo. ¿Cómo daría entonces una noticia negativa sobre Ford?

Para que el debate no se centre en Sara Carbonero, que demasiado se ha hablado ya sobre ella (y por desgracia se seguirá hablando, con o sin motivo), recordemos que son ya unos cuantos los periodistas que han sucumbido a la magia (y al dinero) de la publicidad. Por ejemplo, Matías Pratas fue la imagen de ING Direct durante muchos años (no es éste el mejor anuncio de los que hizo, pero sí uno para ver qué clase de personaje público sí está llamado a protagonizar campañas publicitarias) y ahora mismo todavía se emite un anuncio de Jazztel con David Cantero como protagonista.





La pregunta que se me ocurre para estos dos casos es la misma. ¿Cómo darían estos periodistas una noticia que afectara a estas empresas? No estoy, por supuesto, acusando de nada a Prats y Cantero, porque desconozco si se han visto en la tesitura de tener que informar sobre ING o Jazztel. Pero sí digo que es una situación compleja. Para ellos y para el espectador. Y todo viene motivado porque no terminamos de entender la responsabilidad que debe de tener el periodista. Hay terrenos en los que no tengo muy claro que sea ético entrar, y creo que el de la publicidad es uno de ellos porque puede provocar conflictos de interés. Evidentemente, es lícito que hagan los anuncios que quieran, que ganen dinero como les venga en gana y que aprovechen su imagen como consideren oportuno. Pero yo no termino de verlo claro. Como tampoco veo con buenos ojos el salto del periodismo a la política y vuelta a empezar de gente como Luis Herrero, porque muchos lo verán (¿con razón?) como un pago al hostigamiento al enemigo político. Creo que hay que saber cuál es el sitio del periodista, no aprovechar la responsabilidad social inherente a la profesión para encontrar acomodo en lugares a los que de otro modo no habría llegado.

Insisto, es totalmente lícito lo que hacen los periodistas que protagonizan anuncios publicitarios. Pero para mí tiene unas inevitables consecuencias que hay que saber asumir, a título personal y también como gremio.