Pocos temas son tan espinosos ahora mismo como la situación del etarra Iñaki De Juana Chaos. Y no por la polémica mediática o política que lo rodean, que es artificial, buscada e interesada. No, me refiero al fondo del caso, que al final es lo único que queda y lo único que me interesa. A lo mejor mi valoración no le gusta a todo el mundo, e incluso puede que sea políticamente incorrecta, pero la voy a dar igualmente. No me gusta esconder mi opinión, y menos en casos tan trascendentes.
La Fiscalía pidió en la primera estación del caso nada menos que 96 años de cárcel. Hubo rectificación del Ministerio Fiscal, que redujo su petición a 13 años de cárcel, una decisión muy criticada por la derecha política y mediática porque lo evaluaron como una concesión a ETA en el marco de la ya rota tregua. El juez le condenó a 12 años, y De Juana inició la famosa huelga de hambre. Y ahora el Tribunal Supremo lo ha dejado en tres años. Con el tiempo que lleva ya cumplido con la prisión preventiva, De Juana Chaos podría salir a la calle en un periodo que va desde ahora mismo hasta un año y medio, que sería, según las estimaciones más duras con el preso, cuando terminaría de cumplir la condena.
Evaluar el caso no es posible si no se conocen los precedentes. Y, qué queréis que os diga, yo no los conocía hasta que ayer lunes el diario
El País publicó casos anteriores de etarras condenados por amenazas. La pena más elevada hasta el caso de De Juana Chaos había sido de seis años de prisión. Fue dictada contra la cúpula de ETA detenida en Bidart en 1992,
Pakito,
Txelis y
Fitti. El motivo de que fueran seis años fue que la amenaza fue efectiva en el caso de cinco empresarios que cedieron a las amenazas y pagaron a la banda terrorista el llamado impuesto revolucionario.
Otro precedente a analizar es el de Iñaki Bilbao. Muchos le recordarán por aquellas imágenes en pleno tribunal cuando le dijo al juez, golepando el cristal de protección que le separa de la sala, que le iba a meter "siete tiros" y que le iba a "arrancar la piel a tiras". Por ese delito de amenazas todavía no ha sido juzgado, pero su presencia en la sala aquel día fue, precisamente, por amenazar a otro juez, en ese caso a Baltasar Garzón, cuando le tomó declaración en su despacho. Por aquellas amenazas, directas y personales, fue condenado a dos años de prisión.
A tenor de todo esto, y sin ser jurista ni experto en Derecho, la condena de doce años a De Juana Chaos me parece excesiva. Yo sí veo una amenaza cuando De Juana escribe en los famosos artículos en
Gara que jueces y funcionarios de prisiones deben "sacar vuestras sucias manos de Euskadi" porque de lo contrario el futuro demostrará "que os quedásteis sin ellas". Veo amenazas porque en aquellos artículos De Juana Chaos escribe algunos nombres y apellidos, como los de la directora de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, o el del presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, Javier Gómez Bermúdez. Y sobre todo, porque hay que tener muy presente que las palabras las escribe una persona que ya ha matado a 25 personas, lo que da total verosimilitud a la amenaza.
El único problema de la resolución del Supremo es que precisamente elimina eso de la sentencia. Según el Tribunal, no hay amenaza terrorista ni tampoco reincidencia. Eso no lo termino de ver claro. Si a De Juana le hemos quitado estos detallitos, ¿cómo es posible que a De Juana le caigan tres años y a Iñaki Bilbao sólo dos? Insisto, no soy jurista, y si alguno lee esto y es capaz de explicármelo, se lo agradecería enormemente. Tampoco conozco todos los detalles de ambas sentencias y a lo mejor estoy comparando un poco a la ligera, pero al final eso es lo que llega a la gente y lo que provoca reacciones tan encontradas entre los distintos sectores sociales, políticos y mediáticos.
Y ahora queda el problema de qué hacer con esa sentencia en la mano. El Gobierno tiene ahora la posibilidad de excarcelar a De Juana Chaos por el tiempo que ya lleva cumplido como prisión preventiva. Si lo hace, el PP lanzará un ataque sin precedentes (y ya es decir), que, de hecho, ya ha comenzado ante la simple posibilidad de que eso se produzca. Si no lo hace, el ataque será desde el nacionalismo vasco, tanto desde el democrático como desde el radical. Yo lo tengo claro: yo no excarcelaría a De Juana Chaos. Pero no porque sea precisamente De Juana Chaos, sino porque en el caso de que salga a la calle sin cumplir la condena daría una sensación de que la Justicia es a la carta según sean los condenados. Para despejar dudas, diré que pienso lo mismo del caso de Farruquito (que ya he comentado alguna vez). Por mí, su salida de la cárcel no se adelantaría ni un solo día.
A ver qué pasa con De Juana Chaos, pero no pongo en duda que se va a armar. Pase lo que pase. Porque, en el fondo, este caso no es más que una excusa para que unos, otros y los de más allá hagan lo imposible por sacar beneficios partidistas.