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sábado, septiembre 13, 2008

Insultos

Cada día le tengo más desprecio a las figuras públicas que se valen del insulto, de la descalificación, de la amenaza o del desprecio para combatir dialécticamente la crítica o la oposición. Es obvio que quien tiene una mayor relevancia social, más responsabilidad atesora en este asunto. No es lo mismo insultar a alguien en el salón de tu casa que hacerlo a través de la televisión, en un periódico o en un acto público. El hecho en sí mismo es igualmente reprochable, pero las consecuencias no tienen nada que ver. Y es ahí, en las consecuencias, donde la figura pública no se detiene a pensar. A veces no quiere, a veces no puede y a veces no sabe, pero el caso es que no lo hace. Y suelta el insulto con tanta alegría como insensatez, sabedor de que, y eso es lo triste, no pasa nada por hacerlo.

Y es que, a partir de ahí, responsabilidad y consecuencias tienen algo en común: no existen. No existe responsabilidad porque los personajes que se valen continuamente del insulto no la ejercen. Les da igual decir lo que quieran, porque al día siguiente podrán decir lo contario y quedarse tan a gusto. O argumentar que nunca dijeron tal cosa, por muy grabada que esté o por muchos testigos que hubiera. O insultar al contrario del insultado original, que para el caso es lo mismo. Pero tampoco hay consecuencias reales. ¿Quién vela porque estos profesionales del insulto paguen por las barbaridades que dicen? Nadie. En ningún ámbito. Si acaso algún juez de vez en cuando, pero pocos y con penas un tanto ridículas. Y por ello seguimos asistiendo a lamentables explosiones verbales, perfectamente meditadas, que nadie vaya a creer que son arranques ocasionales (y, acaso, perdonables) de furia.

Por eso, cada día desprecio más a quienes emplean el insulto como arma. No me importa que sea un piloto de Fórmula 1 que acusa a un compañero de "no tener huevos", olvidándose de que tienen en las manos el volante de una máquina que puede ir a más de 300 kilómetros por hora, con el peligro real que eso conlleva. No me importa que sea un presidente de estilo barriobajero que ha hecho de la aldanada una forma de hacer política y que usa palabras malsonantes como sustituto de la diplomacia, con el riesgo que eso tiene de enfrentamientos personales e internacionales. No me importa que sea un político con ínfulas de cacique del siglo XIX en su trato con la oposición. Y no me importa que sea un entrenador del fútbol quien alegremente vaya deseando la muerte de un periodista que, con razón o sin ella, le critique. No me importa.

Dicen que hay que respetar a todo el mundo. ¿Pero se puede respetar a quien hace de la falta de respeto una forma de vida? Cada día tengo más claro que la respuesta es no. Esta gente no se merece el respeto de nadie, pues a nadie saben respetar. Ninguno de ellos debuta en estas lides del insulto con el que caso concreto que aquí recojo. Y tampoco será la última vez que usen este arte. Ojalá no tuvieran cabida en los medios estas mediocridades, pero, en el fondo, sirven para saber la calaña que tenemos en puestos de responsabilidad pública. Estos cuatro no son los únicos. Ni siquiera los mejores. Pero sí son los últimos en aparecer. ¿Alguien da más...? Seguro que sí, seguro que abro ahora un periódico y me encuentro un nuevo insulto de una de estas figuras, siempre alabadas y defendidas por algunos. Qué triste.

miércoles, enero 09, 2008

Creer a un terrorista

Cada cierto tiempo, volvemos al dilema de siempre. ¿Se debe creer lo que dice un terrorista? ¿Debemos darle la misma credibilidad que podemos darle a cualquier otra persona de ideales mucho más democráticas? ¿Es aceptable que haya personas de responsabilidad que crean a un asesino con más firmeza que a un agente de la ley o a un responsable de la administración? Y la respuesta... La respuesta es unas veces sí, unas veces no, a un terrorista sí y a otro terrorista no, en un momento dado es posible y en otro ni hablar. Sin duda, toda una victoria para los terroristas que se les crea más que a cualquier otro.

Todo este lamento viene a raíz de lo que le pasó a Igor Portu, uno de los dos detenidos hace tres días por la Guardia Civil. Está hospitalizado con una costilla rota. Y qué más necesitábamos para despertar el fantasma de las torturas... Cabe recordar que en los numerosos manuales que se han incautado a miembros de ETA viene perfectamente explicada la necesidad de declarar que han sufrido malos tratos en dependencias policiales. Con eso ni niego, ni afirmo (¿quién soy para hacerlo? No tengo datos ni a favor ni en contra...), ni justifico las torturas, aviso. Dicho ésto, me resulta particularmente curioso que el nacionalismo más moderado (hablo de PNV y EA) necesite tan poca excusa para exigir (nunca piden, siempre exigen) explicaciones por parte del Ministerio del Interior.

Por citar uno de los ejemplos más sosegados que se han oído en las últimas horas, la portavoz del Gobierno vasco, Miren Azkarate, ha dicho que "si es verdad que las graves lesiones se produjeron en el momento de la detención", el Ministerio del Interior tendrá que dar "claras" explicaciones porque el caso tiene "la suficiente gravedad como para exigir al Gobierno que los aclare con inmediatez". Me sigue pareciendo curioso que los políticos nacionalistas vascos adopten estas posiciones, sólo para no quedar mal ante una izquierda abertzale que suele criticarles, casi tanto como ETA les desprecia por cierto. Porque cuando sucede al revés, cuando es la Ertzaintza el cuerpo incriminado, salen rápidamente a defenderse esos mismos políticos que ponen en duda a la Guardia Civil y a la Policía.

Y como ejemplo, ahí va lo que ETA decía en uno de sus Zubates (boletín interno de la banda) que salió a la luz en diciembre de 2006, hace ahora dos años (lo he encontrado con una sencilla búsqueda en Google, seguro que hay declaraciones de los terroristas mucho más recientes con el mismo contenido). Decía entonces la dirección etarra que la Ertzaintza es una "amenaza grave contra el derecho de los vascos a vivir en libertad", el "brazo armado del PNV" que ha "golpeado, secuestrado, torturado y matado" durante años a los vascos "en favor de España". Y advertía: "si no se desactiva como cuerpo represivo, no se puede garantizar asegurar una situación de paz".

Y la pregunta que se le debe lanzar al Gobierno vasco y a los políticos nacionalistas en general es sencilla. ¿Debemos creer a ETA cuando dice eso de la Ertzaintza? ¿Sólo cuando lo dice de Policía Nacional y Guardia Civil? ¿Por qué en unos casos sí debemos dar credibilidad a una banda terrorista y en otros no? ¿Por qué en unos casos son necesarias explicaciones inmediatas para zanjar cualquier sombra de duda y en otros casos hay que creer a pies juntillas lo que dice el cuerpo policial? ¿Creen de verdad que la tortura es un fenómeno que sólo puede existir fuera de Euskadi y que los ertzainas son policías más incorruptibles que sus compañeros de otros cuerpos?

Vamos a empezar por la parte práctica, proclamando que estoy en contra de toda tortura en depencias policiales (que no sólo los terroristas lo denuncian, el año pasado vimos un par de casos en comisarías catalanas), no vaya a ser que se me acuse de defenderlas (ya se sabe que en estos días para ponerse a hablar de cualquier cosa es necesario casi hacer una confesión completa de ideales y posicionamientos). Una vez dicho esto, no salgo de mi asombro. Resulta que van dos terroristas armados, se les detiene... y hay que pedir explicaciones a las fuerzas de seguridad por cada rasguño que pueda sufrir uno de esos terroristas en la detención. ¿No parece más creíble, así de primeras, que las contusiones que pueda sufrir el delincuente son producto de la detención y no de una tortura? Estoy convencido de que si fuera un delincuente común en lugar de un terrorista nadie se estaría haciendo esa pregunta, y eso es lo triste.

Y aún digo más. Estoy totalmente convencido de que si los políticos nacionalistas vascos no se metieran en estos charcos, tendrían muchas más simpatías en el resto de España, o al menos no tantas antipatías como generan cuando lanzan sus discursos independentistas (por otra parte, totalmente legítimos y válidos, tanto como las demás ideas políticas que no se defiendan con bombas y metralletas). Dicen que estos terroristas pensaban poner una bomba de gran potencia en un aparcamiento del centro de Madrid. Eso quiere decir que yo mismo podría ser una víctima de este atentado, puesto que resido en Madrid. ¿Por qué eso parece precouparle menos a un político nacionalista que las heridas que sufre un terrorista?

Yo lo tengo claro. Entre terrorista y demócrata, creo al demócrata. Entre delincuente y policía, me pongo junto al policía. Entre asesino y víctima, defiendo a la víctima. Y en eso no caben ideologías. Ese debate no debiera existir. Del político hablamos cuando quieran y como quieran.

sábado, diciembre 29, 2007

Carbón para ellos

Es obvio que no todo el mundo se merece recibir regalos en Navidad, pero no está mal recordar de vez en cuando los nombres de quienes han hecho méritos negativos. Para todos estos individuos, destacados por la prensa en los últimos días (como tuviera que hacer un repaso de todo el año, este post sería tremendamente largo...), mi más sincero deseo: ojalá Papá Noel y los Reyes Magos sólo os traigan carbón.
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Carbón para el obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, por decir que hay menores que provocan que se abuse sexualmente de ellos, por afirmar que la homosexualidad es poco más o menos que una enfermedad patológica y una lacra social. En realidad, yo no le relegalaría carbón, sino una querella criminal. ¿Para qué existen la Fiscalía General del Estado y el Defensor del Pueblo? ¿Sólo para hablar de ETA? ¿Por qué hay que andar con tanta cautela (véase la reacción del presidente del Gobierno cuando se le preguntó por este asunto, para mí acertada para no echar más leña al fuego, pero indicadora de cómo están las cosas) cuando se habla de cualquier religión y sus administradores?
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Carbón para los imbéciles que aprovechan una huelga para provocar destrozos y hacer daño a las personas. Esto va, obviamente, por el paro de los servicios de limpieza de Metro de Madrid, lugar que por fortuna he conseguido evitar, hasta ahora, desde que comenzó la huelga hace ya dos semanas. El derecho a la huelga es legítimo, pero hay descerebrados que se creen que eso les da derecho a vaciar extintores en las estaciones, a volcar bolsas de basura en los andenes o incluso rociar con aceita los tornos para que la gente se resbale y se caiga. Qué graciosos son estos tipejos. No es que sea esta la única huelga en que se hayan vivido estos casos, por desgracia en España nos creemos con demasiada frecuencia que una reivindicación legítima da derecho a todo, incluso a jorobar a la gente que no tiene culpa.
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Carbón para los políticos que incumplen sus promesas electorales. Me vienen a la cabeza ahora mismo el alcalde de Salamanca, que ha decidido subidas brutales de impuestos (entre otras cosas, el abono transporte casi subirá un 100 por 100) medio año después de ser reelegido como alcalde o los responsables del Gobierno central que se permiten el lujo de hablar de la buena situación económica (Zapatero el primero, que el tirón de orejas también va para él) pero después aprueba subidas del agua, la luz y los transportes por encima de lo que ha subido el IPC. No es el camino, no.
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Carbón para los artistas que sólo aben sobrevivir por medio de la subvención y el canon, y no por su esfuerzo y su dedicación a la profesión. Me niego a ser criminalizado por copiar un DVD o bajarme un disco de Internet. ¿Por qué nadie se escandaliza de que una película de 1987, amortizada ya en todos los mercados y editada sin ningún extra que le dé un valor añadido, cueste 27 euros en estos nuevos formatos llamados HD DVD y Blu-Ray? Me sale más barato regalar carbón, eso seguro... Es un escándalo que me cobren un canon por un DVD que vaya a utilizar para guardar, por ejemplo, estos textos que escribo en mi blog. El Defensor del Pueblo tampoco sirve para esto. En lugar de defender al pueblo, prefiere defender a los artistas y ya lo ha dicho públicamente.
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Mejor no sigo, porque lo mismo me doy cuenta de que hay demasiada gente que sólo merecería carbón, a veces ni siquiera eso, y hay que mantener algo de espíritu navideño, ¿no...?