lunes, marzo 05, 2007

Salvajes y poco inteligentes


No sé muy bien qué clase de problemas tienen los vándalos con las obras de arte que están al aire libre, a la vista de todos para su disfrute. Hace no muchas semanas, unos borregos de Barcelona encontraron un objeto de diversión en una enorme barra de hierro que utilizaron para destrozar el dragón que preside la entrada del Parque Güell de la Ciudad Condal. Hace un par de días, la famosa Sirenita de Copenhague aparecía de esta guisa tras los enfrentamiento callejeros que se han producido en Dinamarca. Y estos dos hechos me han traido a la memoria aquella vez que unos tipejos que celebraban una victoria de la selección española de fútbol se llevaron un brazo de la Cibeles de Madrid.

Siempre me ha parecido curioso que los distintos monumentos de las ciudades corran el mismo peligro ante fenómenos tan dispares. ¿Que un par de chavales quieren pasarlo bien? Destrozan algo. ¿Que se trata de una multitud reivindicando algo o protestando por algo? Destrozan algo. ¿Que son unos hinchas de un equipo de fútbol celebrando un título? Destrozan algo. Da igual el motivo por el que estén en la calle, el destrozar algo se ha convertido en deporte universal. Parece matemático que rodarán cabezas artísticas ante cualquiera de estos significativos hechos en la vida de estos salvajes, aunque a veces demuestran un comportamiento más civilizado y se conforman con hacer las pintaditas de turno...

¿De dónde vendrá esa manía destructiva? Siempre me lo he preguntado, porque es algo que no entra en mi cabeza. ¿No se puede protestar pacíficamente? ¿No se puede celebrar algo sin necesidad de hacer algo añicos? Y ya puestos a entrar en la mente de estos salvajes sin inteligencia: ¿no se conforman con romper mobiliario urbano sin valor artístico como una papelera o una marquesina? Que ya es duro que tengan que romper algo, pero puestos a romper, amigos salvajes, no rompáis una obra de arte, que digo yo que por lo menos de pequeños os habrán llevado a algún museo y podéis llegar a comprender el valor de, por ejemplo, una escultura... Sin duda, la educación es un grave problema, no sólo ya de este país, sino del mundo entero...