domingo, noviembre 26, 2006

Temores justificados


Mis temores estaban justificados. Mi paso anual por el Estadio Vicente Calderón para ver a mi equipo, la Real Sociedad, fue tan complejo y desagradable como me temía. Que nadie piense que esto es una criminalización de la afición del Atlético de Madrid. Tengo amigos colchoneros, por si alguien lo duda. Pero mis temores estaban justificados. Tengo ya demasiados precedentes como para no afirmar que el Calderón es el estadio en el que peor lo he pasado en mi vida. Y aunque este último Atlético - Real Sociedad no ha sido de lo peor que he vivido, sí que quiero compartir algunas de las cosas que sucedieron, cosas que los medios de comunicación se callan (no ocurre lo mismo cuando hay que alabar a la casi unánimemente proclamada "mejor afición de España") y a las que la mayoría resta importancia.
El primer ejemplo es el de la foto. La salida de la Real Sociedad al campo es habitualmente acompañada por la presencia de decenas de banderas españolas (algunas de ellas preconstitucionales, pero a nadie parece importarle). En la alineación de la Real, por cierto, había un chileno, dos sevillanos y un cordobés a los que bien poco les afectará ver banderas españolas. No creo que a los vascos les afecte tampoco demasiado, pero bueno... En la segunda parte, hubo cargas policiales en ese fondo sin que ningún medio de comunicación concrete el motivo más allá de "indicentes" que "no pasaron a mayores". Uno no puede olvidarse que de aquella zona se lanzó al campo en una ocasión una botella de vidrio en un partido del año pasado. Parece que sólo reaccionamos con las tragedias y que se nos olvidan a una velocidad que asusta. La grada fue desalojada en esa zona sin que hayan trascendido las razones. Antes, habían tenido tiempo de empezar a desplegar pancartas alusivas al proceso de diálogo del Gobierno con ETA (que, por cierto, contenían faltas de ortografía) y a insultar al presidente del Gobierno. Zapatero, por cierto, no es de la Real, sino del Barcelona, y le gusta más el baloncesto que el fútbol.
Más grave es lo que se escucha, porque eso sí afecta a quienes lo escuchamos. Como todos los años desde 1998, hubo cánticos ofensivos contra Aitor Zabaleta, el hincha de la Real que murió a las puertas del Calderón sólo por eso, por venir a animar a la Real. Envalentonados por los cánticos del Frente Atlético, muy cerca de donde me senté había un grupito de chavales, apenas adolescentes, que se sumaron a muchos de esos cánticos e incluso improvisaron otros. "¿Dónde está Zabaleta, Zabaleta dónde está?" fue uno de ellos.
Uno de esos quinceañeros se convirtió en mi pequeña pesadilla durante el partido. Cuando se adelantó la Real, se me escapó un pequeño gesto de alegría que secundaron otras cuatro o cinco personas en mi sector (había gente de la Real, pero ni una sola camiseta). A esta reacción respondió este chaval: "¡Qué hijos de puta. Luego voy yo a su puto país y no puedo cantar un gol!". Preferí no mirarle para que no se sintiera provocado y se desencadenaran más problemas. Más adelante, se le oyó decir: "Si el caudillo levantara la cabeza...". Necesita un par de lecciones de historia este muchacho, pero, claro, seguro que no le interesan. Y cuando Jesuli, uno de los sevillanos de la Real, sacó un corner justo en el sitio donde estaban sentados, se acercó junto con otra docena de personas (y la mayoría no eran precisamente críos) a lanzarle todo tipo de insultos con una ira inusitada. "Asesino" fue uno de esos insultos.
Uno de estos tipejos colocó una bandera preconstitucional, igual que otro hombre que estaba sentado más cerca del banquillo del Atlético, un tipo que descargó toda la ira que llevaba dentro llamando "terrorista" a Bravo, el portero chileno que no creo que sea sospechoso de apoyar a ETA. Y lo que me pareció más triste de todo. Vi a un crío, de apenas siete u ocho años, llevando una bandera con los colores de España. ¿Qué le habrá contado su padre para que piense que así es como tiene que animar a su equipo? ¿Esa es la afición por el fútbol y por el deporte que algunos padren inculcan a sus hijos? Me asusta pensarlo.
No creo que el Calderón sea el único campo en el que suceden estas cosas (aunque yo no las he visto más graves en ningún otro sitio, pero mi experiencia es limitada, como la de toda persona individual), ni estoy diciendo que Anoeta sea un campo en el que todo el mundo pueda cantar los goles de su equipo, que nadie se equivoque. Quiero denunciar que estas cosas sigan pasando en los campos españoles sin que a nadie parezca importarle, y éste es el mejor ejemplo que tengo. Basta ya. Quiero que todos los aficionados podamos ir a cualquier campo y alegrarnos si nuestro equipo marca un gol, quiero poder felicitar a un aficionado rival sin jugarme la vida (o por lo menos unos puntos de sutura) por ello. Quiero que los críos puedan ir al fútbol sin tener que soportar la ira que sienten algunos descerebrados. Quiero que el fútbol vuelva a ser un deporte. Quiero que se acabe la violencia en los estadios y que los clubes se responsabilicen de ello y expulsen de sus gradas a los nazis, a los fascistas, a los violentos. Quiero que los medios de comunicación sean valientes y denuncien estos hechos cuando se produzcan, aunque sean aficionados de su propio equipo. Quiero tantas cosas, que me he resignado a que no son posibles. El año que viene volveré al Calderón y me encontraré, estoy seguro, el mismo panorama que este sábado. Empiezo a pensar que el fútbol, que este país, no tiene remedio.

5 comentarios:

Roi Piñeiro dijo...

Pues sí... yo también viví toda esta decadencia... es la peor cara del fútbol desde que lo conozco, y aparece de una u otra forma, con mayor o menor intensidad, en TODOS los campos de primera, segunda y tercera división. De Argentina o Colombia mejor ni hablamos... No creo que tenga solución salvo dejar caer alguna que otra bomba atómica de forma azarosa cada domingo, aunque nos llevemos de forma injusta a familias que van a disfrutar de un deporte que era noble. La verdad es que cada vez que voy, aún pasándomelo bien, se me quitan más las ganas de volver. Opio, violencia, millones, machos, cerveza... ¿cuándo volverá el fútbol? Que me avisen, que mientras tanto seguiré prefiriendo la F1, que aunque masificado, aún no tiran nada al circuito ni se acuerdan del pasado nazi del país natal de Schumacher (ojo con Alonso que es un rojo asturiano peligroso... y del negro neonazi de Hamilton no te digo nada...)

Reverendo Pohr dijo...

En que tipo de dictadura moral vivimos para tener que soportar eso? Lo que ocurre en los campos de fútbol es más que un simple desahogo de gente frustrada. No me sorprenden todas esas "subnormaladas" que describes, ya que es algo que se vive cuando vas a un campo de futbol.

Todavía me queda en el recuerdo, hace unos años, que tuvimos la ocasión de recibir a la selección española en Barcelona (Montjuich) para un amistoso España-Italia. Nunca antes imaginé que pasaría miedo. Habían pasado 5 minutos desde el inicio y ya estaba deseando que acabara el partido. Se respiraba mucha tensión. La exhibición de banderas preconstitucionales vino acompañadas de canticos nazis y constantes "Sieg Heil" de ciertos energúmenos. No solo dentro del estadi Olímpic, sinó también en alrededores. Después de ver como dos skins comenzaban a intimidar a un chaval por llevar un piercing (lo cual era motivo para calificarlo de "guarro"), decidí centrarme en el partido y no en el entorno. En algún momento lo conseguí... cuando sujetos de "nuestra" afición no nos escupían desde arriba (y en mi sector no había ni un solo italiano) ni te amenazaban cuando no hacías circular una megabandera española. Daba la sensación de que, por cualquier tontería, te podían pegar (y como uno comience, los demás se apuntan). Si a eso le sumamos que a un jugador del Barça le llamaron "polaco" y se escucharon vitores en contra de Catalunya (si no lo había dejado claro, vuelvo a precisar que estábamos en Barcelona. Sí, sí, esa ciudad mediterranea que es la capital administrativa catalana), a uno se le quitan las ganas de volver a ver a la "roja". Como así ha ocurrido hasta hoy.

No obstante, esto no solo afecta a la selección española. Cuando el Barça ganó la pasada Champions, acudí a Canaletes. Es un momento bonito, que disfrutas con otros aficionados y, sin embargo, también tiene unos enormes "pero". No es lo más extendido, pero siempre te topas con auténtica purria mezclada entre la gente. Te pones hasta violento. Lamentable.

¿Hasta cuando habrá que soportar esta tiranía de "subnormales" en el fútbol? Imagino que lo mejor es dejarse una pasta en localidades tranquilas o en "pay-per-view"...

Juan Rodríguez Millán dijo...

Yo sigo pensando que sólo los dirigentes de los clubes pueden poner fin a esto, de acuerdo con las autoridades políticas. Permisividad cero con la violencia en los campos y fuera. Y se acabo. Que el fútbol deje de ser una excusas para todos estos mamarrachos. Lo que cuentas es espeluznante, reverendo... No entiendo por qué estos descerebrados buscan en el deporte la salida a todos sus odios, cuando el deporte es precisamente lo contrario.
Yo sigo acudiendo al Calderón por pura cabezonería, porque no quiero quedarme en casa pensando que lo hago por culpa de estos energúmenos, pero algún día se acabará la paciencia...

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Juan Rodríguez Millán dijo...

He borrado el comentario anterior que ha dejado un anónimo por su evidente falta de respeto y de inteligencia.

Si vuelves a aparecer por aquí, amigo anónimo, lee bien lo que se escribe aquí antes de escribir tonterías. Siempre me avergonzaré de que alguien ondee la bandera de una dictadura.