jueves, marzo 20, 2008

Karma

Me han prestado (y ya he terminado de ver) la primera temporada de una serie norteamericana titulada Me llamo Earl. La premisa de la serie es bastante sencilla. Un raterillo de poca monta (Earl, en la foto) descubre el concepto del karma, tras perder un billete de lotería por valor de 10.000 dólares tras ser atropellado por un coche. Por ello, elabora una lista con todas las cosas malas que ha hecho a lo largo de su vida y se dedica a arreglarlas. Si haces cosas buenas, te pasan cosas buenas; si haces cosas malas, te pasan cosas malas. Y como respuesta su buena voluntad, el billete de lotería le cae de nuevo en los pues. El karma ha actuado y ya tiene dinero para llevar a cabo su meta vital: su lista.

Earl simplifica hasta el extremo la teoría del karma (según varias religiones orientales, una energía metafísica invisible e inmedible que se deriva de los actos, las palabras y los pensamientos de las personas) pero le funciona a las mil maravillas. Episodio tras episodio va tachando cosas de su lista. Desde romper una parada de autobús o no pagar impuestos hasta fingir su propia muerte para romper con una chica o amañar un partido de fútbol americano para ganar una apuesta. Nada es demasiado grande o demasiado pequeño para la lista de Earl. Y el karma le recompensa siempre.

Hasta que llega un episodio en la que se topa con un tipo que, aparentemente, rompe sus creencias sobre el karma. Es un hombre de éxito. Jefe en su empresa, con dinero, con una mujer espectacular. Lo tiene todo. Y en realidad es un mal tipo. Tiránico con sus empleados, engaña a su esposa con una amante, roba en su puesto de trabajo. No deja de hacer cosas malas. Pero no le suceden cosas malas. Y eso vuelve loco a Earl. No se puede creer que el karma que tan bien le ha funcionado a él no se aplique a esta persona. Todo un reflejo de la vida real. Porque, ¿cuántas malas personas conocemos todos que tienen suerte en esta vida? Y al revés, ¿cuántas personas increíblemente buenas no consiguen lo que de verdad se merecen por mucho que lo intenten?

Sobra decir que al final del episodio, el karma actúa como tiene que hacerlo. Earl sigue viviendo cosas buenas porque hace cosas buenas y este despreciable tipo se enfrenta a su destino, acaba en la cárcel y se queda sin mujer y sin amante. ¿Es así la vida real...? ¿Al final el karma funciona...? Hay tanta gente por ahí suelta que no deja de hacer cosas malas que parece increíble que quien domine el karma no haya mandado ya unos cuantos de sus guardianes para hacer justicia... Suelo creer en la justicia divina, aunque más para los que actúan con maldad que para quienes se merecen todo tipo de buena suerte en su vida. Pero el karma ahora mismo debe estar de vacaciones. No sé si celebrando la Semana Santa (o pagana, a gusto del consumidor...) como la mayoría de esta España que, decían, estaba al bordel del cataclismo económico (¡ja!), pero seguro que de vacaciones sí está...

La serie que ha provocado esta entrada, por cierto, es bastante divertida y recomendable para pasar un rato desenfadado. Me han dicho que la segunda temporada baja algo el nivel, pero a ver si le puedo dar una oportunidad prontito.

10 comentarios:

C.C.Buxter dijo...

He visto algún que otro capítulo de la serie en La Sexta y es francamente divertida.

A mí me gusta creer que, dentro de los límites marcados por el azar (el lugar donde naces, la situación de tu familia, tu aspecto físico), cada uno se labra su futuro. Cuestión distinta es que para conseguir el "éxito", entendido dentro de los cánones de nuestra cultura (sobre todo, el dinero) sea más eficiente la maldad que la virtud.

En cualquier caso, Juan, siempre que nos sintamos pesimistas podemos acudir a Frank Capra.

NATALIA dijo...

Hola Juan,
no he visto ningún capítulo de esa serie ya que no tengo demasiado tiempo para ver la televisión... no obstante el argumento que has relatado parece del todo interesante.
En cuanto a lo del "karma", creo que todos trabajamos por lo que queremos y que sin esfuerzo no hay recompensa pero también me gusta creer que el destino, la suerte o la casualidad juega un importante papel en nuestra existencia.
Como dice Buxter "cada uno se labra su futuro".
En nuestras profesiones (peridistas, filólogos...)sabemos que para poder más o menos posicionarte has de empezar a trabajar duro y a buscarte la vida mucho antes de terminar la carrera... la suerte también hay que buscarla.
Un abrazo

Isa dijo...

No he visto esta serie.
Pero leyéndote, hablas de algo parecido a lo que acabo de escribir. Qué bien.
Un abrazo.

Críptica dijo...

jejeej Un torrente estilo "sueño americano". No he visto la serie, debe estar bien.
Juan, debo estar conectada de alguna forma extraña porque iba a escribir algo sobre el destino en mi blog. ¿Debe ser el Karma?
Claro que cada uno se crea su propio destino... pero no abarcamos todo y hay cosas, detalles y acontecimientos que se nos escapan de las manos, que no podemos controlar y, sin saber cómo, cambian la historia entera. Hay es dónde pienso que yo no creo en las brujas, pero haberlas, haylas. El azar también existe. Si no, ¿cómo llegaste a mi blog, o yo al tuyo? Aparte de mirar un perfil, estoy segura que detrás de cada acción se esconde una razón que ni sabemos. Uff que comida de tarro Juan, jajaja...

Hasta pronto¡ besos.

Críptica dijo...

uffff que falta de ortografía¡¡¡¡¡¡ me dí cuenta cuando se estaba publicando¡¡¡

*Ahí, demostrativo.

ayayayayyy...

Kazilar dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Juan Rodríguez Millán dijo...

C.C.Buxter, qué grande es Frank Capra, y qué optimismo es capaz de transmitir su cine, sí...

Natalia, muy cierto: la suerte hay que buscarla. Pero ¿qué pasa si la buscas, la buscas, la buscas... y nunca llega?

Isa, sí que ha habido coincidencia, sí, je, je...

Críptica, pues será el karma, je, je... El día que entendamos el azar, se perderá un poco de magia en esta vida... Y falta de ortografía perdonada... Pero porque te has dado cuenta a tiempo, je, je...

Saludos a todos.

Argan dijo...

Juan, pues aquí otro gran fan del bigotudo Earl. Me encanta esta serie. Y para mi la segunda temporada, al menos en sus primeros 10 episodios, llega a subir el listón de la primera. Y mira que ya era buena. En EEUU unidos van por la tercera, la cual ya no es tan fresca pero sigue teniendo capitulos sorprendentes (3x05 creo recordar, algo de escritura creativa). Iba a reseñarla algun día en mi blog, pero con esta entrada aquí, ya no hace falta!

Un saludo!

david dijo...

¡Qué bien, queda libre aún para mí el puesto de cenizo del post!

Pues a mí la serie no me gusta. La idea es buena, los primeros capítulos me mataron de la risa, pero al fin termina siendo una serie un tanto repetitiva, el concepto es siempre el mismo, la trama básica idéntica en cada capítulo, y si te pierdes media docena de ellos no pasa nada. De un tiempo a esta parte yo no paro de ver series yanquis, que tienen un nivel altísimo, un nivel que deja por los suelos a la mayoría de lo que hay en las salas de cine, pero esta serie, precisamente, me parece un tanto ligera para lo que hay por ahí, digamos Californication, digamos Weeds, digamos How I Met Your Mother.

Y respecto a lo del Karma, en la serie la idea funciona por surrealista, porque no es cierta, y es divertido ver qué pasa si sí que fuese cierta. Pero todo eso del esfuerzo y tal... creo que a poco que cualquiera haga memoria puede recordar bastantes personajes como los de ese capítulo, solo que sin final de justicia poética (yo no tengo de dónde tirar para apelar a la justicia divina) para equilibrar la balanza.

Arual dijo...

"Me llamo Earl" es muy divertida, no la he visto de tirón pero sí bastantes episodios sueltos y la verdad es que me gustaba. La idea de la que parte es genial, luego mantener el nivel durante varias temporadas en base a una idea inicial por muy buena que sea cuesta, aunque yo no digo nada, los guionistas yankees hacen birguerias con los guiones y a veces cuando decae la cosa, dan un giro espectacular y mejoran la serie un 200%, son la bomba. De hecho una cinéfila como yo se ha hecho teleadicta compulsiva por su culpa.