sábado, octubre 06, 2007

Ya no creo en los milagros, pero sí en los campeones de verdad

Qué día tan triste para el deporte y para las ilusiones de los imbéciles que lo seguimos con tanta ilusión como derrochamos en otras facetas de nuestras vidas que, desde luego, debieran influir mucho más en nuestra felicidad. Hoy leo que Marion Jones ha admitido que se dopó. La reina de los Juegos Olímpicos de Sydney no era tal. Era una plebeya que usó artimañanas ilegales para ascender al Olimpo. Eso deja en nada la enésima rueda de prensa plagada de inexactitudes, falsedades e incongruencias del seleccionador español de fútbol, Luis Aragonés, al que habría que haber dejado en paz cuando dijo que no iba a hablar a los medios. Ya que no su nefasta gestión en una selección que no tiene pinta de ganar nada otra vez, nos habríamos ahorrado la verborrea falaz que desprende cada vez que abre la boca.

Estos temas darían para mucho, pero quiero detenerme en lo de la Fórmula 1, la pantomima esta que monta la FIA y que cada vez es más desilusionante. Hace una semana me levante a las seis y media de la mañana de un domingo para ver la carrera. Sí, lo reconozco, sigo siendo capaz de ver las carreras, incluso de madrugar para hacerlo, a pesar del tuño de amaño que desprende cada actuación de los mandamases de este circo. Durante la retransmisión, me cabreé con las maniobras de Hamilton con el primer safety car. Lo del segundo safety car me intrigó, puesto que la retransmisión nos escamoteó (sospechosamente) las imágenes del accidente entre Vettel y Webber. Cuando vi el vídeo del aficionado japonés que recoje las imágenes, me estuve acordando de la familia de Hamilton más incluso que cuando veo durante las retransmisiones a su insoportable padre (¿quién es ese señor para tener los privilegios que tiene?).

Y aunque, como Alonso, estaba seguro de que no lo iban a sancionar, cuando oí que la FIA había decidido solventar la cuestión sin esa sanción, me volví a cabrear. Estos días he leído muchas frases que resumen el estado de ánimo en el que me encuentro, pero la que más me ha llamado la atención ha sido la de Felipe Massa, un tipo que no es precisamente sospechoso de ser amigo de Fernando Alonso. "A lo largo del año muchos pilotos han sido sancionado por pequeñas cosas, pero hay uno al que nunca le ha pasado nada. Parece que alguien quisiera que el Mundial lo ganara Hamilton", ha dicho el brasileño. Alonso también ha sido claro: "Esto es de risa. Se inventan un reglamento cada día". Y todo esto después de que otros pilotos fliparan con lo que hizo Hamilton hace una semana (me encantó lo del "trabajo de mierda" que dijo Webber) y la FIA después.

Porque, ojo, la decisión de la FIA admite que la conducción de Hamilton es sancionable. Pero añade que no le sanciona por las condiciones climatológicas adversas. Lo gracioso es que ese eximinente para el inglés no lo tuvieron en contra para valorar la actuación de los demás. A Kubica le sancionaron con una pasada por el pit lane durante la carrera por dar un toque a otro coche en esa misma carrera. Claro, que el toque fue a ese Hamilton al que parece que hay que proteger a toda costa... ¿Porqué a Vetel no le hicieron lo mismo por el toque que se dio con Alonso? Si es que Alonso tiene razón, el reglamento no vale para todos y las sanciones son ad hoc, según convengan para el resultado que quieren los poderosos en este Mundial.

La reacción más normal sería la de mandar al carajo todo este invento de la Fórmula 1, dedicarme a mi Real Sociedad, que bastantes disgustos y quebraderos de cabeza me da ya, pero como soy así de cabezón, mañana me volveré a levantar (creo que la carrera es a las ocho de la mañana) para ver la carrera en la que Hamilton se puede proclamar campeón del mundo. Alonso dijo hace unos días que él creía en los milagros. Yo ya no. Yo creo en los campeones de verdad, en los que se dejan la vida por ganar, en los que no necesitan perjudicar a sus rivales para hacerlo, en los que son capaces de destronar a leyendas vivientes en la pista y no en los despachos, en los que engrandecen el deporte con su forma de competir.

Para mí Fernando Alonso va a seguir siendo un campeón. Podría haber puesto una foto con McLaren, pero no. Alonso es ese de la imagen, el campeón del mundo de Fórmula 1. Porque el verdadero milagro no es ganar este Mundial (que ya ganó uno luchando contra casi todos y ante una leyenda, Michael Schumacher). El milagro es estar hoy todavía con opciones de ser campeón del mundo después de superar un año un equipo hostil (cuyos responsables ni siquiera tienen el valor de llamar a uno de sus pilotos para preguntarle cómo está después de un accidente), dos Ferraris en condiciones de ganar carreras, una sanción injusta e inverosímil de la FIA, un perdón inexplicable para el rival cuando realiza acciones ilegales, una grua sospechosamente dispuesta para devolver a Hamilton y sólo a Hamilton a la pista, que tu compañero de equipo se aproveche de tu trabajo mientras juega a la Playstation y, por qué no decirlo, un más que probable beneficio a ese compañero (no voy a hablar de sabotaje, ¿para qué?) cuando el Mundial empezaba a estar verdaderamente en juego.

El año pasado el campeón fue Alonso aunque los poderosos querían que lo fuera Michael Schumacher. Este año lo será, casi con total seguridad, un inglés que va a ganar por decreto. Hamilton jamás será para mí un campeón por mucho que le den una copa. Mi campeón seguirá siendo Alonso. Y si este año no se puede, el año que viene será otra historia. ¡Ánimo, Fernando!

3 comentarios:

imagina dijo...

En mi caso ya hace años que me aplico el cuento y cuando juega el Barça si gana o juega bien me quedo y disfruto y si pierde o juega mal, busco en el mando a distancia la peli o el culebrón que sea. Al poco vuelvo para ver si ha mejorado y así hasta el final. La mayoría de veces se me olvida que juegan y me entero del resultado en las noticias.

El deporte como el gran negocio que es, atrae a los carroñeros más desdeñables del mercado (salvando las honorables excepciones que seguro que las hay) y lo han convertido en un gran mercado donde todo se vende, incluso la dignidad.

Por lo que creo que mañana debemos ver la carrera y si gana Alonso, disfrutarla y si no gana a otra cosa, ya que como él mismo dijo no hace mucho (y no puede ser de otra forma) “gane o pierda yo seguiré cobrando mi sueldo” y seguramente que habrá en el futuro muchas más carreras donde nos hará vibrar.

Saludos

Noelia Jiménez dijo...

Da pena ver cómo el mundo en el que se supone -así nos lo dijeron de pequeños- que el esfuerzo es lo que cuenta lo que pone a cada uno en su sitio resulta ser tan corrupto o más que el resto de los mundos.

C.C.Buxter dijo...

Mira que a mí la Fórmula 1 no me convence mucho, pero ¡el subidón que he tenido hoy cuando he escuchado en la radio que Hamilton se salía!

En el próximo G.P. a Alonso le van a hacer ir en bicicleta, ya verás...