domingo, febrero 25, 2007

La esencia del deporte

Creo que pocas veces en mi vida me ha emocionado tanto un anuncio como éste. Nunca he sido un gran aficionado al baloncesto, pero Michael Jordan es Michael Jordan. A las leyendas hay que conocerlas, respetarlas, quererlas y difundirlas, especialmente entre quienes no han tenido la enrome suerte de verlas en acción. Sin ser un gran aficionado al baloncesto, reconozco muchas de las imágenes de la carrera profesional de Jordan que recrean en este anuncio chavales, jugadores no profesionales, chicos de la calle.

Esa es la esencia del deporte. Ver a un chaval que intenta jugar como Jordan, aunque sea imposible porque nunca habrá otro Jordan, es la escencia del deporte. Ellos son los mejores y nos enseñan cómo seguir sus pasos. Disfrutamos con ellos, les admiramos. Intenamos ser como ellos en un terreno de juego, del deporte que sea.

No sabéis lo que yo habría dado por ser como Arconada... Y me tuve que conformar con jugar unos cuantos partidos medio en serio como portero de fútbol sala. Tuve mis momentos, como aquel día que ganamos un partido gracias a que paré un doble penalti con el tiempo ya acabado. Me acuerdo de un compañero de aquel equipo que vino a abrazarme como si hubiéramos ganado la Copa de Europa...

Pensaréis que es una tontería que este anuncio me emocione, pero en un día en que el deporte me tiene entristecido, porque mi Real se va irremediablemente a Segunda División, ha sido para mí el mejor modo de recuperar la ilusión por el deporte. Seguro que también pensáis que es una tontería estar triste por ese motivo, pero qué le vamos a hacer. Cada uno es como es.

4 comentarios:

C.C.Buxter dijo...

Gran anuncio, sí señor. Lástima que los jugadores a veces no actúen teniendo en cuenta cuánto significan para los niños que los admiran. El propio Jordan vino hace unos meses a promocionar su marca y, según contaron, fue decepcionante. ¿Cuándo olvidan los jugadores cómo se sentían ellos cuando eran pequeños al ver a sus ídolos? ¿Tanto les cuesta hacerse una foto o dar un autógrafo?

Tu comentario me ha hecho recordar cuando jugaba de pequeño a futbol en el colegio, esperando todo el día a que llegase la hora del patio. A veces incluso jugábamos con botes de zumo porque no dejaban llevar balón. Entonces quería chutar las faltas como Pantic, ser inexpugnable en defensa como Hierro, celebrar los goles como Amavisca. Hasta apuntábamos los resultados y hacíamos una lista de los pichichis; hubo un tiempo en el que hacíamos portadas del "Marca" después del partido.

En mi blog transcribí una vez una crónica futbolística que encontré en una libreta vieja, y que creo que reflejaba bien esa pasión e ingenuidad por el deporte que uno tiene de pequeño:

http://laciudaddorada.blogspot.com/2006/11/recuerdos-encontrados.html

Por cierto, no creo que sea una tontería estar triste por lo que tú dices, como tampoco lo es alegrarse cuando el equipo de uno gana. ¿No nos entristecemos cuando una película -pura ficción- acaba mal? Lo triste sería no tener nada con lo que emocionarse.

Anónimo dijo...

Me parece que exagerais, Michael Jordan es el ejemplo perfecto ya que aunque fuera un extraordinario deportista no aporta nada, al final solo es una marca como Beckam o tantos otros, monos de feria que saben manejar bien un balón son bellos delante de la cámara y dan imagen de éxito por lo que todo el mundo quiere estar cerca o parecerse.

Lo verdaderamente admirable son las ideas, la convicción y la fuerza con la que las defiende. En los deportes se pueden tener detalles de maravarista como Zidane o Maradona pero poco más.....

Sprocket dijo...

Ni si, ni no, sino todo lo contrario.

Nada mejor, ni más maravilloso que un ídolo cuando eres jóven y empiezas a fijarte en lo que te rodea (Yo era más de Karim Abdul Jabbar, pero he de reconocer que Jordan era Jordan). Alguien a quien imitar, un modelo inalcanzable que nos proporcione ese afán de superación que necesitamos encontrar.

Lo malo es cuando descubres que los ídolos, sobre todo los del deporte, tienen los pies de barro. Cuando descubres que más que superhéroes son humanos con habilidades. Pero claro, para entonces, tú has crecido, has madurado, y te quedas con los recuerdos que te proporcionaron. Pocos ídolos deportivos resisten la desmitificación del paso del tiempo, pero no por ello debemos despreciar aquellas alegrías que nos dieron, cuando acaben ocupando su verdadero sitio en la vida.

Juan Rodríguez Millán dijo...

C.C.Buxter, yo he llegado a jugar con botellas de batidos, de plástico, e incluso con aquellas pelotas que hacíamos con el papel de plata del bocadillo... Cualquiera cosa valía con tal de dar cuatro patadas... Muy entrañable tu crónica, recuerdo haberla leído en su día.
Amigo anónimo (yo te agradecería un nombre, que me encanta poder dirigirme de forma más personal a la gente con la que debato; gracias por pasarte por aquí y espero volver a verte), dices que no aportan nada, pero a mí mis ídolos (en este caso los del deporte, pero valen de cualquier otro mundo) me aportan felicidad. Me aportan momentos que voy a recordar toda mi vida. Y cosas que poder contar a quienes no hayan vivido las mismas cosas que yo.
Sprocket, coincido en que descubrir los pies de barro de un ídolo puede desilusionar, y tengo una amiga periodista que se niega a entrevistar a sus ídolos precisamente para no llevarse esa desilusión. Pero también me quedo con otra de las ideas que aportas, nunca se deben despreciar las alegrías que estos ídolos nos han dado.