lunes, febrero 05, 2007

De banderas y sentimientos


Soy vasco y soy español. Asumo que esta declaración es inusual en los tiempos que corren, en los que ambos nacionalismos, el vasco y el español, tratan de imponerse al otro en lugar de convivir. Pero es que me estoy cansando de ser vasco y de ser español precisamente por las connotaciones que está empezando a adquirir el uso de cualquiera de los dos términos. La reciente polémica por el uso del himno nacional (de España, para que nadie me malinterprete, que ya sólo me faltaba...) en la manifestación que el Foro de Ermua celebró el sábado pasado en Madrid es la gota que colma el vaso en este asunto. El himno nacional sólo se puede utilizar en actos oficiales. Así se reguló en un decreto que aprobó, con acierto, el Gobierno de José María Aznar. Así se evita que nadie se intente apropiar de ese himno. ¿Pues sabéis qué? José María Aznar estuvo, junto con la actual cúpula del PP, en esa manifestación, un acto lejano de ser oficial, en el que sonó el himno. A mí, sin ser lo que algunos consideran un patriota, me molestó oírlo. Parece que nos están intentando decir que quienes les apoyan, quienes estuvieron en la manifestación, quienes están de acuerdo con ellos, son los auténticos españoles, y los demás no.
Veo las fotografías de esa manifestación, en las que hay decenas, puede que cientos de banderas españolas y tengo que confesar que no me siento cómodo viéndolas. Soy español, insisto y, por ejemplo, en eventos deportivos me emociono con mi selección o con mis deportistas por el simple hecho de ser españoles. Incluso me encanta observar la enorme bandera española que ondea en la madrileña plaza de Colón. Pero hay gente que está empezando a conseguir que me sienta incómodo en presencia de esa bandera. Malditas connotaciones.
Pasa lo mismo con la ikurriña. Soy vasco. No tengo ascendencia, ni RH negativo, ni cinco apellidos euskaldunes, pero nací en San Sebastián y adoró esa ciudad, esa provincia, todo Euskadi. Soy de la Real, y en los campos por los que sigo a mi equipo veo montones de ikurriñas animando a mi equipo. Y el caso es que ante una concentración de ikurriñas tengo ahora mismo una sensación idéntica a la que siento cuando veo tantas banderas españolas. Veo manipulación, veo un mensaje de "yo soy vasco y si no estás conmigo tú no lo eres". Y lo que es peor, esa manipulación (las dos, la del nacionalismo español y la del nacionalismo vasco) viene de los poderes públicos, de los partidos políticos, de los gobernantes, de quienes tendrían que velar precisamente por que las banderas y los himnos no fueran elementos de confrontación. Pues mal camino llevamos si incluso las banderas nos enfrentan. Algún día, quizá, se darán cuenta del daño que hacen con esas posiciones.

2 comentarios:

Margot dijo...

La explicación es bien simple. Toda la vida, la derecha española, ha determinado, por decreto ley suyo, que la bandera y cualquier símbolo patrio son de su propiedad. Ellos son 'La Patria y el Honor'. Ellos son los creyentes en Cristo. Ellos son los buenos. Los demás, que somos muchos, para ellos, somos la escoria.

Cuando la sociedad empiece a darse cuenta de este 'pequeño detalle' y los medios de comunicación lo aborden sin tapujos y no diciendo que hay crispación, porque no la hay, entonces empezaremos a madurar.

De momento, lo que hay es un afan de derrocar a este Gobierno sin límite alguno de decencia, de pudor y de sentido de Estado.

Desde luego yo no sé para qué están las instituciones del Estado. Creo que además de mirar con lupa lo que hace la izquierda abertxale, cosa que me parece muy bien, deberían analizar lo que se está haciéndo desde otros colectivos.

sprocket dijo...

Cada día voy sintiéndome más lejos de himnos y banderas. Y no por lo que representan, sino por el uso, y sobretodo abuso, que se hace de ellas.
Como vasco y donostiarra fuí feliz aquella noche de San Sebastián (19 de Enero) en la que se legalizó la "ikurriña". Pero hoy, cuando la veo convertida en capa o pareo de forofos del fútbol, me pregunto si fue para eso que se peleó en aquellos años. Menos aprecio he tenido hacia la rojigualda, quizás debido a alguna connotación represiva que tiene para mi. Pero cuando la veo como soporte del toro alcohólico, o conservando el "buitre franquista" quiero suponer no era esa la función a la que estaba destinada.
Al final creo, que los que dicen defenderlas con más ardor son los que más quieren apropiarse de ellas, sin tener en cuenta que deben ser de todos o si no no sirven.
Lo siento, pero he llegado a desconfiar del que se acerca a mi ondeando una bandera. Temo que si me descuido, intentará darle con el asta...