Hace pocas fechas, leía en el diario Marca una entrevista que Olga Viza le hizo a Amaya Valdemoro, la mejor jugadora de la selección española de baloncesto que acababa de conseguir la medalla de bronce en el Mundial. Y entre todas las cosas que decía, se me quedó grabado lo siguiente, una reflexión sobre qué hacer para atraer medios de comunicación y público al deporte femenino: "No sé lo que le pasa a la gente. Se está luchando por la igualdad, pero por mucho que digan no la hay. (...) En un partido nuestro se pueden ver más detalles técnicos que en uno de hombres, donde cada vez gana más terrerno el físico. (...) Se buscan soluciones, pero lo primero que dicen es que tal vez debiéramos cambiar las equipaciones. ¿Qué pasa, que tenemos que ir enseñando cacha para que vengan a ver el baloncesto femenino? ¡Pues no! Estoy harta de tonterías de esas. Yo voy a jugar al baloncesto".Cuánta razón tiene Amaya Valdemoro. Y, por desgracia, qué forma de clamar en el desierto. El deporte femenino es, hoy en día, un espacio más de la vida donde las mujeres esculturales se han abierto un hueco más amplio que el de las grandes profesionales. ¿Méritos deportivos? ¿Para qué? Y así nos va. ¿Culpables? Todos, supongo. Federaciones, espectadores y medios de comunicación. Según leía a Amaya Valdemoro, me acordaba de una competición de la que escuché hablar hace ya un tiempo, que se celebra en Estados Unidos, la Lingeire Bowl, una suerte de liga femenina de fútbol americano en la que las jugadores lucen estos, por llamarlos de alguna forma, uniformes.
Lo más curioso del caso es que he leído comentarios de gente que ve partidos de esta liga y existe un acuerdo casi unánime en que no juegan nada mal. ¿Por qué entonces parece necesario que vayan casi desnudas? Podríamos pensar que esta competición es una rareza, una excentricidad, un capricho de un grupo de empresarios (hombres) salidos que lo único que quieren es ver carne (de mujer) sobre la cancha. Pero no es verdad. Nada tan exagerado, claro, pero el mundo del deporte tiene ejemplos a patadas. La tenista Caroline Wozniacki lució hace poco un vestido, que no uniforme, de lo más peculiar para jugar al tenis, diseñado por Stella McCartney. "Yo creo que es bonito. Además, así gano muchos aficionados masculinos", dijo. No sé si con esa frase se responde al pensamiento de Amaya Valdemoro. El vestido es este.
No ha sido la única, no. Los modelos de Venus Williams, por ejemplo, también son muy comentados. De hecho, jugó el Open de Australia con uno que producía un curioso efecto óptico y daba la impresión de que no llevaba ropa interior. Y eso sin comentar los motivos reales de los ascensos (mediáticos) de tenistas como en su día Anna Kournikova o en la actualidad Anna Ivanovic o Maria Sharapova. Sean buenas tenistas o no, que a poca gente le importa demasiado eso. No hay que pensar demasiado por qué ha sido noticia en la prensa deportiva, hace muy poquito, el anuncio de boda de Sharapova.-
Además, los modelos femeninos suelen ser bastante discriminatorios con respecto a los masculinos. El tenis es un ejemplo bastante obvio, pero el paradigma de este debate ha sido, es y seguirá siendo por mucho tiempo el volley playa. Así juegan los hombres.
La diferencia salta a la vista, ¿verdad? Empieza a ser un poco desesperante que la única idea que tengan los responsables del deporte mundial para que el deporte femenino alcance repercusión mediática y despierte el interés del público sea desnudar a las jugadoras. Es el debate de siempre para casi todo. ¿Es ésto lo que demanda el espectador o es lo único que se le ofrece? Yo me decanto por lo segundo. En cualquier caso, una respuesta a esta pregunta la daba Laura del Río, la primera futbolista española en jugar en la Liga profesional de Estados Unidos, en una entrevista publicada por 20 minutos. "El deporte femenino español está discriminado respecto al masculino, algo que no pasa en Estados Unidos. El reconocimiento institucional y en prensa para hombres y mujeres es el mismo", decía. Será por eso que en Estados Unidos las mujeres pueden jugar al fútbol vestidas como auténticas deportistas y lograr una liga profesional seguida con interés.
La diferencia salta a la vista, ¿verdad? Empieza a ser un poco desesperante que la única idea que tengan los responsables del deporte mundial para que el deporte femenino alcance repercusión mediática y despierte el interés del público sea desnudar a las jugadoras. Es el debate de siempre para casi todo. ¿Es ésto lo que demanda el espectador o es lo único que se le ofrece? Yo me decanto por lo segundo. En cualquier caso, una respuesta a esta pregunta la daba Laura del Río, la primera futbolista española en jugar en la Liga profesional de Estados Unidos, en una entrevista publicada por 20 minutos. "El deporte femenino español está discriminado respecto al masculino, algo que no pasa en Estados Unidos. El reconocimiento institucional y en prensa para hombres y mujeres es el mismo", decía. Será por eso que en Estados Unidos las mujeres pueden jugar al fútbol vestidas como auténticas deportistas y lograr una liga profesional seguida con interés.



































