miércoles, febrero 13, 2008

Violencia verbal (y no verbal)

La escalada de violencia verbal a la que se han acostumbrado nuestros políticos y nuestros comunicadores pasa factura. Muchos no lo quieren ver, creen que no pasa nada por llamar "traidor" y "terrorista" a Zapatero o "fascista" y "franquista" a Rajoy. Creen que se puede decir cualquier barbaridad en un mitin político o delante de un micrófono. Como la justicia no suele actuar contra estas barbaridades, contra los políticos por sus privilegios parlamentarios, contra los comunicadores por usos y costumbres (aunque sigo pendiente de la acción judicial de Alberto Ruiz-Gallardón contra Federico Jiménez Losantos; ojalá marque el camino futuro), parecen que esas frases tan llenas de odio y rencor (o simplemente una pose partidista, quién sabe) se las lleva el viento. Pero no.
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¿Ya no nos acordamos de todo lo que sucedió en la jornada de reflexión previa a las últimas elecciones generales? ¿Ya hemos olvidado que Rato tuvo que salir escoltado de la manifestación en Barcelona tras el 11-M? ¿Ya hemos enterrado aquel intento de agresión que sufrió Bono en una manifestación de la AVT que se suponía era para honrar a las víctimas del terrorismo? ¿Tan pronto hemos dejado de pensar en que a María San Gil casi la agreden en Santiago de Compostela ayer (como se puede ver en la foto) o que a Zapatero unas crías le recibieron en Toledo, riéndose como si la cosa tuviera gracia, con pancartas de "terrorista"? Todo esto es agua pasada. Hasta que suceda algo más y lo volvamos a tratar con la misma frivolidad.
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Me asombra la poca preocupación que muestra la gente en general, y los políticos y los medios de comunicación en particular, por hechos como éstos. Son noticias de consumo rápido y no dejan huella, se olvidan. Sus protagonistas no suelen ser más que una o dos docenas de indocumentados, y eso tiende a reducir su importancia social y mediática a menos que le convenga al político o comunicador de turno agitar un poco el hecho puntual. Sólo para sacar votos o conseguir oyentes. Pero las protestas violentas (verbales y físicas) se están produciendo con demasiada frecuencia, en sitios distintos y con protagonistas muy dispares. Y cuando pasa tantas veces es que algo se está haciendo mal. Algún día nos vamos a arrepentir de todo esto, cuando suceda algo verdaderamente grave a lo que no podamos poner remedio.
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Además de la generalización de estas algaradas violentas, me preocupa el uso despreocupado de las palabras. Aquí cualquiera se puede permitir el lujo de llamar "nazi", "fascista" o "terrorista" a cualquiera. Y me preocupa más teniendo en cuenta que son los más jóvenes los que con más ligereza usan esos términos. Nacieron (nacimos) en libertad y nunca supieron (supimos) lo que era una guerra o una dictadura. Pero aún así creen (creemos) que lo saben (sabemos) todo. Y por eso se escuchan estos términos con tanta ligereza, sin pensar en lo que verdaderamente significan o representan. Ojalá todos aquellos que se creen con derecho a utilizar estas palabras supieran de lo que están hablando, leyeran libros de los que sacar lecciones para la vida o tuvieran conocimientos serios de historia. Pero no es así. Y así nos va.
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La reflexión es tan obligada, a todos los niveles, como imposible que se produzca. Nadie quiere ver un problema de fondo. Sólo se ve un conflicto localizado y puntual, una foto, que se puede aprovechar para arañar votos. ¿Que uno del PP es insultado? La culpa es la de la izquierda radical, que son un intolerantes y no merecen ser votados. ¿Que uno del PSOE es insultado? La culpa es de la extrema derecha, que son unos intolerantes y no merecen ser votados. Soluciones estándar para un problema estándar. Pero reflexionar sobre el fondo del problema... ¿para qué? Lo mismo lo solucionábamos...

4 comentarios:

maty dijo...

Reconozco que soy de las primeras en escuchar o leer cosas como estas y pensar: ¡Dios mio, la gente está fatal!. Me llama la atención y me asusta en su momento y al día siguiente se me olvida o lo recuerdo como una anécdota, restándole importancia.
Nunca deberían perderse las formas, pero a veces es complicado. Hasta las perdió el Rey con Chávez... jajaj
¿Solución? buff lo veo complicado. Es lo que tu dices, se buscará cuándo pase algo realmente grave.

Silvia dijo...

La verdad es que es una situación un poco preocupante, pero confío en que no sea una situación generalizada. Gente mal de la cabeza siempre la va a haber.

Los políticos deberían reflexionar bien que las cosas que dicen pueden ser utilizadas por gente extremista, y todo se acaba conviertiendo en un espectáculo nada edificante.

Bss.

Silvia dijo...

Acabo de oir a María San Gil por la radio dicendo, que claro, quien siembra vientos recoge tempestades, y que como el psoe se ha pasado cuatro años malmetiendo... y bla, bla, bla.

Es que ni después del susto que supongo se habrá llevado, intenta arreglar un poco las cosas, al revés, aprovecha para meter la cuñita...

Bss.

C.C.Buxter dijo...

Me parece muy acertado lo que dices; se trata de un problema de fondo. Puede que sean unas minorías quienen van a increpar e intentar agredir a los políticos que no piensan como ellos, pero ¿quién no ha escuchado nunca decir a alguien perfectamente normal y pacífico que los del PP son fascistas o los del PSOE unos rojos de mierda? No sé si freudianamente puede considerarse como una supervivencia de la guerra civil... El título de tu entrada me ha recordado una conversación que tuve hace un tiempo con un amigo, cuando Acebes fue casi agredido en una localidad catalana. Él nunca haría algo así (al menos, eso espero...), pero sin embargo lo justificaba diciendo que "Acebes agrede verbalmente" y que "que te tiren un huevo tampoco hace tanto daño".