viernes, diciembre 07, 2007

Política con mayúsculas

No me suelen gustar los discursos de los actos conmemorativos. Normalmente son una colección de frases muy medidas para no ofender a nadie que no conducen a nada, que no aportan soluciones, que ni siquiera abren debates. Suelen ser lugares comunes, pronunciamientos muy sencillos de hacer y que en realidad no comprometen en nada a su autor. Pero ayer, aniversario de la Constitución, hubo un discurso distinto. El presidente del Congreso, Manuel Marín, dejó unas cuantas frases que son lecciones, consejos y advertencias para el futuro. Quizá haya influido en el contenido la libertad que da el hecho de que Marín ya haya anunciado que deja la política al final de la presente legislatura, que éste haya sido su último discurso en un acto como el de ayer.

"Lo que nos piden los ciudadanos es volver a la política con mayúsculas", dijo Marín, convencido de que "la sociedad española no tolerará otra legislatura tan dura y tan ruda". Ojalá tenga razón. Ya he dicho muchas veces que se escuchan barbaridades por encima de lo soportable. Hay que acabar con eso, hay que recuperar la medida de las declaraciones y de las acciones políticas, porque haberla perdido ha desembocado en un evidente enfrentamiento social. En que en las concentraciones contra ETA se insulte a demócratas. En que el odio se multiplique en Madrid hacia lo vasco y lo catalán y en Euskadi y Cataluña a lo español. En que los inmigrantes decentes y trabajadores estén en el punto de mira de los energúmenos. Y en otras muchas cosas que todos conocemos.

No es demasiado relevante discutir sobre a quién se refería el todavía presidente del Congreso, pero sí creo que hay un claro llamamiento a la oposición del PP, por mucho que Rajoy no quisiera darse por aludido. Marín afirmó que "es lícito apretar al adversario, pero no ahogarlo, y hay que saber en qué momento es necesario soltar la mano y tenderla para el acuerdo". Y tiene toda la razón. Eso es lo que se llama sentido de Estado, algo que ya muy pocos políticos tienen en España, y que en algunas materias (como la lucha antiterrorista) es absolutamente imprescindible, gobierne quien gobierne.

La verdad es que no tengo muchas esperanzas en que las palabras de Marín se conviertan en realidad. Creo que la distancia entre unos y otros es hoy demasiado abismal como para que las heridas se cierren sin más. Hay mucho odio y mucho rencor, y ya no importa si es un papel, si es fingido, o si es real. Pero Marín ha dado con la clave: España necesita hoy política con mayúsculas. Y políticos que la sepan practicar. Ya no quedan muchos, y la marcha de Marín nos deja uno menos de los que había.

Si algo bueno ha dejado esta tormentosa legislatura en la política española ha sido Manuel Marín. Ha sido un gran presidente del Congreso de los Diputados, ha hecho un enorme esfuerzo por dar a la política el valor que tiene, a pesar de que ha contado con un rechazo absurdo por parte del PP, que le ha planteado reclamaciones insólitas y ha tratado de mermar su figura. A pesar de todo, su larga trayectoria ha culminado con éxito, aunque no fuera en el puesto de ministro de Asuntos Exteriores en el que algunos le colocaron tras la victoria electoral de Zapatero. Le voy a echar de menos, señor Marín, le voy a echar de menos...

4 comentarios:

Petrarca dijo...

Yo también le echaré de menos... Sobre todo si su sustituto es el ente televisivo llamado José Bono.

En mi opinión la política española jamás recuperará su mayúscula mientras la polis española no supere (en mucho) esos 461 puntos del informe PISA. Mientras: más telebasura.

alejops dijo...

Uno menos de los buenos.
Yo creo que la sociedad española en general lo tolerará todo o casi todo mientras la economía vaya bien. Qué pena.

Silvia dijo...

Es verdad que se le va a echar de menos. Y más teniendo en cuenta quien va a ser su sustituto, un claro ejemplo de político populista donde los haya.

Bss.

Sprocket dijo...

Con interés pero sin fanatismos, he seguido la carrera de este Político (con mayúsculas) desde su participación en la negociación para la entrada de España en la Comunidad Europea. Desde entonces lo he considerado un hombre cabal, de los que ya quedan pocos en la política (con minúscula) de este país. Como Presidente del Congreso, me ha admirado su contención y su estilo de aplicación del reglamento (sin los "manda huevos" de alguno de sus predecesores). Espero no echarlo de menos en Política porque no creo que su retiro sea definitivo, y creo que, como se ha comentado, el puesto de Ministro de Exteriores le está esperando en un plazo más o menos corto...