martes, julio 28, 2009

Como los monos

A veces dan ganas de comportarse como estos monos. No ver, oír, hablar ni, ya que estamos, oler. Porque si a uno le da por ver, oír, hablar y oler lo que le rodea dan ganas de decir demasiadas cosas. Y se acumulan sin que haya forma de ordenarlas en un mundo en el que pensar mal parece mucho más gratificante y productivo que dar a la gente el beneficio de la duda. Así nacen los dobles y triples raseros. Así nace la injusticia en la crítica. Así nace la falta de credibilidad de unos y otros cuando hablan y actúan. ¿Que a qué viene esto? El origen está, como casi siempre, en todo lo que rodea a nuestros queridos políticos, esos a los que he seguido durante tantos años por sincero interés y ocupación profesional, y que cada día que pasa me dejan más perplejo.

El otro día, en una conversación sobre este tema, proclamé que no me identifico con nada ni con nadie. No sé si alguna vez lo he hecho, pero ahora mismo desde luego que no estoy en ese punto. Me negaron el argumento, me dijeron que sí tomo partido. Lógicamente, ahí les di la razón, pero el matiz está en las razones. No tomo partido por afinidad. Tomo partido por rechazo al otro. No soy socialista, aunque vote socialista. Tampoco soy comunista. Ni mucho menos conservador o progresista. Ni soy monárquico ni republicano. No tengo identificación política alguna porque nada ni nadie es capaz de moverme a tener esa identificación plena con unas ideas, un grupo o, siquiera, un personaje de este mundo. Estoy en crisis política.

Y en esto que sale la encuenta del CIS y me doy cuenta, parcialmente, de que no estoy solo. La confianza en los políticos está por los suelos, pero los interesados no van a darle importancia porque ya tienen su silla y el objetivo es mantenerla por el mayor espacio de tiempo. Nada más. Me parece de lo más razonable que el PSOE pierda apoyo electoral. Por muchas razones. Hablan de la crisis económica. Será eso. Me parece de lo más extraño que el PP no lo pierda. Y aquí es donde sí tomo partido porque no doy crédito a lo que pasa. No hay límite para la corrupción política, que a estos no les afecta lo más mínimo en las encuestas. No hay límite para la inacción, y poco importa saltarse lo que se exige a los demás o lo que tienen por escrito para exigir a los suyos. No hay límite para escuchar lecciones morales a los demás pero nunca para uno mismo. Y no lo entiendo. De verdad que no lo entiendo.

Entiendo perfectamente que la ministra peor valorada sea la de Cultura. Solía pensar que ese puesto lo ocupaba normalmente el miembro del Consejo de Ministros menos conocido, pero con ella se rompe la norma, porque la ministra de Cultura se ha dado a conocer precisamente donde mayor difusión encuentran las críticas: Internet. Entiendo que todos los ministros suspendan (bueno, en realidad no; sigo pensando que Rubalcaba es el mejor con diferencia y no hay más que mirar los logros en sus competencias, empezando por la lucha antiterrorista, para ser algo más indulgentes con él). Entiendo que suspendan todos los líderes de los partidos, porque no hay liderazgos de ninguna clase, no hay nombres que vayan a perdurar en los libros de Historia más que por el cargo que ocupan, ni tampoco hay alternativas a lo que hay.

Pero hay algo que no entiendo y que no conseguiré entender nunca. Lo que no entiendo es que los españoles vayan a colocar como presidente del Gobierno a alguien en quien no confían lo más mínimo. Si la crisis económica no se soluciona antes de las elecciones generales previstas para 2012, lo previsible es que haya cambio en La Moncloa. Más vale que nos vayamos haciendo a la idea, por si acaso. Y entonces España tendrá como presidente del Gobierno a alguien en quien no confía nadie, ni siquiera quienes le van a votar ni quienes le han votado en anteriores ocasiones. Eso lo dicen las encuestas, no yo. España tendrá como presidente a un político que para solucionar los problemas de su partido todo lo que ha hecho es esperar a que se calle quien los denunciaba. Huídas hacia adelante. Nada más. Y mucha lección de dignidad y ética a los demás, claro. Pero cuando toca hablar de lo mío, entonces no respondo preguntas. Madera de presidente, desde luego. Eso sí lo digo yo. Lo último con ironía, claro.

¿Esto es todo lo que puede ofrecernos la política? ¿Escándalos de corrupción más o menos publicitados y creídos según quién los protagonice? ¿Líderes en los que no confía nadie? ¿Titulares vacíos de contenido? ¿Nula capacidad de gestión? ¿Oportunismo político para ofrecer reformas sobre casos concretos pero nunca con un modelo serio y sosegado? ¿Doble rasero para todo? ¿Unos medios de comunicación que han desistido de la labor de vigilar al poder para dedicarse a vigilar sólo al contrario... y a veces ni eso? ¿El deseo de mantenerse en la silla por encima de los problemas de los ciudadanos? ¿Aprovecharse de la posición política para conseguir, en el extremo más indigno dinero ilegal y en el más liviano pero igualmente grave (aunque nadie lo diga) viajes a Francia para ver el final del Tour con la excusa más peregrina? Si está viva la política, que hable. Que hable ya o no sé si va a quedar alguien para escuchar...

jueves, julio 23, 2009

"¿Tu sonríes siempre?"

- Debiste reírte. Cuando la broma de las pancartas. Habías estado fenomenal. Sí, todo iba bien, podías haberte hecho con ellos si te hubiera reído.
- No me hizo gracia.
- Esa no es la única razón para reírse. Eres muy puritana.
- No es verdad.
- No tienes sentido del humor.
- Pues mi familia dice que soy graciosísima.
- Porque estás siempre enfadada.
- No lo estoy siempre, lo que pasa es que no le veo la punta a vuestra bromas. Yo nunca he pertenecido a una de esas pandillas o lo que sea, que es donde seguramente inventáis todos vuestros chistes.
- Sí, somos unos brutos.
- ¿Puedo hacerte una pregunta indiscreta?
- Sí.
- ¿Tú sonríes siempre?
(Se pone muy serio) - No. (Se empieza a reír y hace que ella se ría) No... No... No...
- Por algo que empieza (brinda).
- Por algo que termina.
-
Tal como éramos (Robert Redford, 1973)
-
Es una buena pregunta, sí. ¿Tú sonríes siempre? ¿Hay alguien que sonría siempre? Es más, ¿es posible sonreír siempre? Seguramente no. Pero también es más que seguro que basta con el intento. Porque sí, hay gente así, que intenta sonreír siempre. Son pocos, no son fáciles de encontrar y muchas veces chocan contra el muro de la seriedad ajena. A veces no consiguen sonreír siempre, claro, pero lo intentan. Y así comienza siempre una cadena de sonrisas. Porque, como le pasa a la "puritana" Barbra Streisand con Robert Redford, es imposible no sonreír cuando alguien te sonríe.
-
Dicen que la risa tiene múltiples beneficios para la salud. Que potencia la imaginación y la creatividad. Que pone en movimiento hasta 400 músculos de nuestro cuerpo. Que actúa como masaje. Que nos oxigena. Pero sobre todo dicen que inmuniza contra la depresión y la angustia. Que sirve para combatir el dolor y que ayuda a ser felices. Eso es la risa. Entre la risa y la sonrisa, yo casi que prefiero la sonrisa. Es más sutil, más interesante. Suele ser más espontánea, más sincera. Pero las dos son geniales, sí, ya lo creo...

domingo, julio 19, 2009

Eso es lo que yo quería

Leyendo el artículo que Antonio Caño escribe en El País sobre la muerte de Walter Cronkite recuerdo que eso era lo que yo quería, lo que admiraba, lo que me hacía soñar. "Cronkite era al periodismo lo que los Beatles a la música o Clark Gable al cine, el símbolo de una edad dorada, el emblema de aquellos tiempos en los que la televisión unía, descubría y nos colmaba de felicidad, y en los que el periodismo era un asunto serio, que contaba cosas serias a un público inteligente y confiado, en una comunión perfecta en sociedades que parecían progresar sin límite", escribe.

Y continúa: "La receta del éxito para el periodismo, entonces, era muy sencilla. Bastaba con contar lo que ocurría, limpiamente, ordenadamente, rigurosamente. Cronkite condensó esa fórmula en la famosa frase de cierre de su informativo: 'Y así es como han sido las cosas'. Presumía de no haber añadido nunca un comentario personal ni una opinión del más mínimo sesgo. Conocía su influencia, sabía que se le llamaba el hombre más confiable de América y medía sus palabras con la profesionalidad y el tacto de un cirujano".

Eso era lo que yo quería. Eso. Exactamente eso. Cuando ahora releo su frase, su "y así es como han sido las cosas" (que no quería decir en las ocasiones en las que finalizaba su programa con algún comentario de opinión; ¡me quito el sombrero ante esa sensibilidad y esa profesionalidad!), recuerdo otra. Parecida. Seguro que inspirada en aquella. Pero que despertaba en mí un sentimiento contrario. "Así son las cosas, y así se las hemos contado", decía Ernesto Sáenz de Buruaga cuando era director de Informativos de Televisión Española. Y siempre tuve la sensación de que el "así" de la primera parte del enunciado y el "así" del segundo no se referían a lo mismo.

Esa sensación no sólo ha ido creciendo con los años, sino que se ha acentuado. Walter Cronkite nunca quiso dedicarse a la política a pesar de que su trabajo era creíble para la gente (argumentaba que, si diera el salto a la política, tendría que mentir). Ni tampoco quiso decir jamás a qué partido votaba, a cuál respaldaba. Él se dedicaba a informar. No creo que sea imprescindible ocultar las filias y las fobias políticas, pero es admirable que alguien lo hiciera de esta forma. Hoy, en cambio, es el pensamiento ideológico propio lo que marca el trabajo como informador. Y eso, lo contrario de lo que hacía Cronkite, es triste.

Walter Cronkite, que estuve 65 años casado con la misma mujer (hasta en eso despierta mi admiración en este mundo tan insensible que tenemos a veces), murió hace dos días. Aquí en España hay muchos medios que no dieron la noticia o que la relegaron a un lugar poco privilegiado de sus escaletas o de sus páginas. Eso lo dice todo sobre el estado del periodismo. Este hombre debiera ser asignatura obligatoria y, por desgracia, demasiada gente ni siquiera sabía quién era. Y lo que él era, lo que él representaba era y es lo que yo quería.

miércoles, julio 15, 2009

Sobre la muerte

Llevo tiempo pensando que una muerte en directo era lo que le faltaba a la televisión moderna, y lo dije hace muy poco. Los festejos de San Fermín de este año me han dado la razón. Por desgracia. Ya hemos visto una muerte en directo. Y repetida. Y a cámara lenta. Y en primer plano. La muerte y la agonía. ¿Será el siguiente paso para la televisión una muerte programada con antelación? No lo entiendo y no lo entenderé nunca. Como no entiendo muchas de las reacciones que suscitan las muertes populares que se producen. No, no estoy hablando del fervor que ha levantado Michael Jackson tras dejar esta vida. Porque eso sí lo entiendo. Entiendo que si una persona, un artista o un lo que sea te aporta algo en tu vida, en su muerte es cuando se han de poner las cosas en la balanza definitiva (ese es también un trabajo que hay que hacer cuando el sujeto pueda saber lo que de verdad piensas de él) y decidir cómo has de agradecer lo que te han dado.

Lo que no entiendo es qué eleva una muerte a noticia. No sé por qué tanto interés en las muertes por gripe A cuando las muertes por gripe normal (o cualquier otra enfermedad, o en cualquier lugar del mundo de esos a los que no les dedicamos ni una triste mirada a pesar de que mueran personas a miles por enfermedades a las que el mundo civilizado ya no da importancia) jamás han tenido ni tendrán el menor interés informativo. No entiendo que sólo una muerte lleve al centro de interés un caso de negligencia médica, porque esa, precisamente esa negligencia será la única que ya no se pueda resolver, y las que se producen en el futuro quedarán en el más absoluto de los silencios y, por tanto, sin que nadie busque soluciones a los problemas. No entiendo la hipocresía mediática y social con la violencia de ficción cuando nadie pone el grito en el cielo al ver una muerte en directo. No entiendo por qué es necesario conocer todos los detalles de la vida de alguien que muere en un encierro y ver el sufrimiento de sus familiares y, en cambio, no conocemos las de otros muertos anónimos como los que mueren en accidentes de tráfico.

O, mejor aún, de aquellos que mueren en accidentes laborales. Hace poco vimos a un hombre que había perdido el brazo trabajando en una panificadora. Eso sí fue noticia, mientras que de los muertos en accidente laboral (muchas veces por la irresponsabilidad y la negligencia de quien puede ganar más dinero ahorrando en medidas de seguridad) sólo tenemos noticia en grupo, con las cifras de cuantos mueren a lo largo de un año. Nunca nombres apellidos, nunca sus vidas, nunca sus huérfanos, no, sólo la fría cifra. ¿Es por el morbo? ¿Si hubiera muerto aquel inmigrante de la panificadora entonces sí habría dado el salto a la primera plana? Seguramente no, es triste decirlo, pero es lo que nos dicta la experiencia. Porque, por ejemplo, tampoco nos acordamos de las misiones en el extranjero del ejército español salvo cuando hay muertes. Antes no hay debate, no hay interés, no hay nada. Pero cuando hay una baja... Cuando hay una baja, entonces y sólo entonces todos queremos saberlo todo sobre esa misión.

A veces parece que hay interés en la muerte. No en poner soluciones para que la muerte sea algo evitable. No en abrir debates serios. No en pensar cómo se pueden evitar muertes que tienen solución. En la propia muerte. ¿Para regodearnos en el morbo? ¿Sólo para eso?

viernes, julio 10, 2009

Reventando películas

No soporto reventar ni que me revienten películas. No creo que saber lo que va a ocurrir en un filme sea algo definitivo para evaluar su calidad (por ejemplo, cada vez que veo El sexto sentido me parece mejor película... aunque ya sepa la sorpresa final), pero si los responsables del producto se han guardado alguna sorpresa para buscar una sensación determinada en el espectador, ¿quién soy yo para reventarle eso a nadie? Y lo que es aún más importante para un servidor: ¿quién es nadie para reventármelo a mí? Pues casi todo el mundo lo hace. Y no, no hablo de esa conversación casual en la que a alguien se le escapa el final de la película de la que estamos hablando justo antes de preguntar "porque todos la hemos visto, ¿verdad?". No, hablo del premeditado arte de revelar datos esenciales de un filme aún a sabiendas de que se está haciendo. Un arte que lo único que consigue es robar momentos especiales para quienes saboreamos cada película, cada pase, cada visita a una sala de cine. ¿Por qué lo hacen? Ni idea.

Todavía recuerdo a un tipo que conocí una vez (y vi, afortunadamente, sólo esa vez) hace ya unos cuantos años. Según pasábamos por delante de un cine en el que proyectaban Seven, el individuo se puso a gritar "lo que hay en la caja es..."... y ahí lo dejo por si alguien todavía no ha visto Seven. Más de uno puso cara de querer reventarle la idem al chaval, y yo miraba para otro lado como si no le conociera. Este tipo estaba muy orgulloso de sí mismo, por haberse convertido en una versión pretendidamente malévola (insisto, ¿por qué?) del Homer Simpson que en un episodio rememoraba su juventud y cómo toda una cola de espectadores ávidos de ver El Imperio contraataca se enfadaba con él al revelar el secreto mejor guardado de la cinta de George Lucas. Sí, hay gente que se enorgullece de ser aún más descerebrado que Homer Simpson, así es el mundo que nos rodea...

A veces, los propios trailers de una película son demasiado reveladores (¡gracias, Spielberg, por no incluir a los dinosaurios en el avance de Parque Jurásico y dejarme la inolvidable sensación de verlos por primera vez en pantalla grande!). Y por descontado, si en televisión hablan de una película es importante revelar su final. No sé cuántas veces me han contado en la caja tonta cómo acaba El planeta de los simios (¡recuerdo hasta un anuncio de telefonía que se basaba en dicho final!), y ahora me viene a la cabeza un reportaje que emitieron en los Informativos de La Sexta en los que nos contaban cuántas veces moría cada actor y en qué película, con lo que creo que destriparon del orden de una docena de películas en apenas un minuto. Memorable y meritorio esfuerzo, sin duda. Recuerdo que muchos decidieron poner la última escena de Paul Newman en la gran pantalla cuando el mítico actor nos dejó. En ese momento, ya no sé si lloraba por la pérdida o por la insensatez de quien decidió reventar el desenlace de su última interpretación.

Y aunque todo esto es, como poco, impresionante, hay un terreno donde se supera todo: los CDs de las bandas sonoras. Si cogéis el disco con la música de la nueva película de Harry Potter, El misterio del príncipe (que para ahondar en la tragedia revientapelículas todavía no se ha estrenado) y llegáis al corte 26, os daréis cuenta de que su título es The killing of -------, y ahí lo dejo para no caer es eso mismo que tanta rabia me da. La palma, en todo caso, se la lleva el CD de Presunto inocente. La película es una intriga sobre un asesinato que se le cuelga al bueno (en realidad no tan bueno en esta película) de Harrison Ford. Él dice que es inocente, pero, como la víctima es su amante, las pruebas apuntan hacia él. Cuando uno escucha el disco, y llega al último corte de la película, excepción hecha de los créditos finales, se da cuenta de que su título es -------'s confession. ¡Nos adelantan nada más y nada menos que la identidad del asesino que confiesa al final, reventando el motivo por el que quieren que estemos dos horas delante de la pantalla!

¿Tan difícil es hablar de una película sin tener que revelar algo esencial del argumento...?

miércoles, julio 08, 2009

Hablando de anchoas

Pues sí, aquí estamos. Hablando de anchoas. Yo no sé si es que este país se ha vuelto loco, si lo ha estado siempre o si el loco soy yo, pero me resito a creer que la palabra más repetida en los informativos de hoy y en las declaraciones de nuestros políticos sea esa: "anchoas". Y todo por una ocurrencia que si la hubiera dicho un amiguete en el bar podría ser hasta graciosa, pero que si sale de la boca de un dirigente político lo único que debiera provocar es la constatación de la incapacidad de esa persona para ejercer un cargo público. Porque, señoras y señores, me temo que no es una inocentada, sino que ha sucedido de verdad: la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, ha propuesto públicamente reformar el Código Penal para perseguir al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, por recibir dos botes de anchoas del presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla. Para "poner las cosas claras", dice.

Las cosas claras. Vale, pues pongamos las cosas claras. Hay que decir muy claramente que lo que es perseguible es que un político acepte regalos a cambio de favores. Ya que Rita Barberá menciona las anchoas, espero que cite a continuación los privilegios ilegales de los que gozan Revilla o Cantabria gracias a esos botes de anchoas. Hay que decir muy claramente que esos botes de anchoas los han recibido otras muchas personas, como ha dicho el propio Revilla los ha recibido hasta Francisco Camps. Supongo que eso no moverá a Rita Barberá a reclamar públicamente una ampliación de la investigación al presidente de la Comunidad Valenciana. También hay que decir muy claramente que la investigación a un presidente autonómico no es surrealista, ridículo ni alocado, como he oído decir desde las filas populares con respecto al proceso contra Camps. Es legal y necesario, es una demostración del funcionamiento del Estado de Derecho, porque nadie está por encima de la Ley.

Vamos a seguir diciendo cosas claras. No seré yo quien pida la dimisión de Camps, pero sí hay que decir claramente que el PP está incumpliendo con el presidente valenciano (y, ya que estamos, con su tesorero, Luis Bárcenas) el código ético que aprobó hace unos cuantos años y que habla de suspensiones de militancia para aquellos cargos de su partido perseguidos por la Justicia. También hay que decir claramente que Mariano Rajoy se esconde de la prensa y de los ciudadanos (incluso de sus ciudadanos, aquellos que le dieron su voto y que parece que no le exigen las explicaciones a las que tienen derecho) para no hablar de estos temas, perdiendo la elocuencia que exhibe cada vez que se trata de atizar a un socialista (culpable o inocente, qué más dará). Y con el mismo nivel de claridad hay que decir que la presunción de inocencia es para todo el mundo (no sólo para el PP) y que los tiempos de la política (y la asunción de responsabilidades) no tienen nada que ver con los tiempos de la justicia (y el cumplimiento de penas).

Porque, claro, está muy bien eso de pensar en anchoas, pero parece que no se dicen muchas cosas con la suficiente claridad. Y con la misma claridad que pide Rita Barberá, me limito a recordar que Mariano Fernández Bermejo no cometió delito alguno, pero dimitió (¿conocen ese verbo en la calle Génova; es fácil y regular: yo dimito, tú dimites, él dimite...) como ministro de Justicia. Que todavía no hay condena alguna contra Alberto Saiz, pero presentó su renuncia al cargo de presidente del Centro Nacional de Inteligencia. Y que el juez Garzón, por muchas veces que Rajoy le llame "socialista" pretendiendo restarle valor a su trabajo y por acertado o equivocado que sea éste, no cometió ninguna irregularidad en la dichosa cacería, ni con su viaje a Estados Unidos, ni mucho menos investigando una trama criminal asociada a un partido político. Por mucho que sea el PP. Para ninguno de los tres hubo presunción de inocencia. Las hemerotecas están llenas de ejemplos.

Lo de las anchoas, como buena parte de lo anterior, es lo que provoca que la política sea hoy una actividad tan desprestigiada entre los ciudadanos, lo que lleva a la gente a pensar que los políticos son todos iguales y lo que hace que en los días de elecciones muchos se queden cómodamente en sus casas. No sé si he sido lo suficientemente claro para Rita Barberá.

lunes, julio 06, 2009

Mujer que piensa...

Hace ya bastante tiempo que me topé por mi barrio con esta pintada y captó mi atención de inmediato. La mayoría de las pintadas que veo por mi entorno suelen ser firmas de sus autores más o menos comprensibles por los suyos, y no mensajes. Por eso me intrigó leer un mensaje. Y luego me impactó leer ese mensaje concreto. "Mujer que piensa, mujer violenta". Por más vueltas que le doy, no soy capaz de encontrarle lógica alguna ni consigo ponerme en la piel de la persona que escribió esa frase en una pared. No logro entender qué vivencia, idea o comportamiento ha llevado al autor a proclamar en público (pero de forma anónima) esta sentencia. Es más, es que, y aún cuando el camino fácil es pensar que el autor es un hombre, ni siquiera me atrevería a descartar que no haya precisamente una mujer detrás de ese despiadado juicio hacia las féminas pensantes.

También es posible que aquí esté yo, estrujándome las neuronas, y en realidad no haya nada detrás de la pintada. A lo mejor es sólo una frase que le pareció más o menos graciosa a la persona que la escribió. A lo mejor era uno de entre un grupo de chavales de botellón que culminó así un juego dialéctico que puede que ni ellos mismos entendieran. O a lo mejor es la justificación que un pobre hombre quiso proclamar al mundo para dar apariencia de normalidad precisamente a eso, a la violencia que puede que él mismo ejerza sobre alguien cercana pensando que está obrando correctamente. La única certeza que tengo ahora mismo sobre esa pintada (y es más una sensación de certeza que una certeza en sí misma) es que el autor de esta pintada no estaría dispuesto a sentarse conmigo y debatir acerca de la idea que quiso inmortalizar sobre una pared y que a día de hoy nadie ha querido borrar.

jueves, julio 02, 2009

Vaguería política

Si hay algo que soporte menos que un político haciendo el vago, eso es un político de prestigio haciendo el vago. En el Congreso hay unos cuantos diputados que gozan de ese prestigio (independientemente de lo bien o mal que me caigan a mí) que cobran por acercarse de vez en cuando a pulsar un botón y contribuir así al bloque partidista de forma anónima, sencilla y sin responsabilidad alguna. Desde que se constituyeron las cámaras después de las últimas elecciones generales, hace ya quince meses, hay siete diputados (otros seis que están en la Cámara sólo desde abril de este año se sumarían a esta nefasta lista) que sólo han hecho eso: pulsar un botón.

Ni preguntas, ni iniciativas, ni petición de documentos, ni intervenciones en el pleno o en una comisión. Nada, absolutamente nada. No es que trabajen poco. Es que, aparentemente, no trabajan. Y cobran por ello, ya lo creo que cobran. Entre 4.000 y 6.500 euros, según diversas variables. Cobran por no trabajar. Es una de las vergüenzas de la democracia, y así hay que decirlo. Y decirlo bien alto, porque esta es una de esas noticias que nunca llega al primer plano de la actualidad, una de esas que no llega al ciudadano con la fuerza suficiente. Pensad en el compañero vago que os amarga cada mañana, ese que os lleva a preguntaros como es posible que vuestro jefe le mantenga en su puesto de trabajo aún a sabiendas de que no hace nada. Pues a estos, además, les estamos pagando entre todos y les hemos encomendado con el voto nuestra representación en el poder legislativo.

Más vergonzosa resulta esta práctica porque da la impresión de que en esa posición se colocan tipos con cierto bagaje, gente a la que parece que se le debe algún favor, barato y sencillo de pagar de esta forma. En esa lista están dos ex ministras que pasaron por el Gobierno con su actual presidente: María Antonia Trujillo y Carmen Calvo. El PSOE dice que sus diputados, por lógica, tienen que ser menos activos, puesto que no van a ejercer oposición al Ejecutivo. Así se configura el favor definitivo, puesto que el partido mayoritario siempre tendrá la capacidad de colocar a más personas a las que tenga algo que pagar... a cambio de nada. El sueldo lo paga el Estado, cuando tengan que votar acudirán a su escaño y el resto del tiempo, con una buena nómina bajo el brazo, podrán trabajar en lo que quieran. O en nada, que con 4.000 euros al mes no se vive mal.

Estas dos ex ministras no se encuentran precisamente entre mis políticos favoritos. Mucha más pena me da ver dentro de ese declive político, de ese desperdicio de capital económico y personal (por su presencia o por la ausencia de otra persona con más que aportar) a otras dos socialistas de relevancia: Alfonso Guerra (supongo que todo el mundo, incluso los más jóvenes, conocen a Guerra, pero por si acaso es el del centro en la imagen) y Txiki Benegas (el de la derecha). Es de suponer que el PSOE les está recompensando así por sus años de dedicación. Y así el primero se puede dedicar a sus cosas, a la Presidencia de la Fundación Pablo Iglesias y a sus artículos de opinión, y el segundo a escribir libros, algo que viene haciendo con regularidad desde los años 80. ¿Merece la pena que el Congreso de los Diputados, la institución para la que votamos cada cuatro años, el lugar donde se supone que estamos representados los ciudadanos, se llene de gente que no trabaja? Rotundamente no. Algo tendría que hacerse.

En el caso del PP, uno de los dos diputados que no ha hecho nada en lo que llevamos de legislatura ofrece una lectura diametralmente opuesta. Se trata de Carlos Aragonés (en la imagen, a la izquierda), el principal asesor de José María Aznar durante casi toda su carrera política. Una de las primeras cosas que hizo Mariano Rajoy cuando sucedió a Aznar fue cargarse el puesto que tenía Aragonés en la Ejecutiva del partido. En la crisis de liderazgo que vivió el principal partido de la oposición el año pasado, en vísperas del Congreso en el que finalmente se reelegió a Rajoy, Aragonés fue uno de los más críticos con su líder. Incluso llegó a decir que de su proyecto para el PP sólo se sabía "que Rajoy quiere ser presidente". Pero es diputado, aunque no haga nada, y cobra por ello. ¿Es un pago a su silencio? ¿Se utilizan escaños para comprar complicidades? ¿Es esa realmente la democracia que tenemos? Tiemblo sólo de pensarlo.

He abogado muchas veces por una reforma de la Ley Electoral, imprescindible para revitalizar una política que en España vive momentos complejos, que se enfrenta a una pérdida brutal de ilusión en la ciudadanía, por mucho que los partidos quieran cerrar los ojos ante las muchas evidencias. Si algún valiente se decidiera a hacer esa reforma, éste es uno de los problemas que debiera incluir en la lista de cambios. Basta ya de que el Congreso sea un cementerio de elefantes, un lugar de compra-venta de favores o un sitio donde la gente no vaya a trabajar, sino simplemente a cobrar dinero público que no se gana ni se merece.

domingo, junio 28, 2009

Vida, muerte y recuerdos

La vida de Michael Jackson no fue, probablemente, ejemplar. Su muerte es de esas que sacará lo peor del ser humano durante un tiempo. Los recuerdos... Los recuerdos son otra cosa. Porque cuando oí la noticia de la muerte de Michael Jackson, me vinieron a la cabeza muchos recuerdos. Los tiempos en que cada uno de sus vídeos musicales eran noticia. Me acordé de Billie Jean. Del vídeo de Bad que le dirigió Martin Scorsese. Del corto en 3-D para los parques Disney que realizó Francis Ford Coppola, Capitán Eo. De Dirty Diana. De sus canciones solidarias, Man in the mirror o Heal the World. De Moonwalker y de su moonwalk. De Smooth Criminal. De Beat It y la presencia de Michael Jackson en el Café de los 80 de Regreso al futuro II. De Black or White y sus impresionantes efectos especiales. Y, sobre todo, de Thriller, una obra maestra, un pedazo imprescindible de la Historia de la música, del videoclip y de la cultura mundial del último cuarto del siglo XX. Todo eso me vino a la cabeza.

Con la muerte de Michael Jackson, parece que el mundo se ha dividido en dos. Por un lado están los que adoraban su música, los que han salido a la calle a llorar su pérdida, los que no han podido evitar una lágrima o un texto de recuerdo, los que se habrán puesto uno o varios de sus discos para demostrarse a sí mismos que no le van a olvidar, los que no quieren que se les recuerde que Michael Jackson era también humano y también tuvo vivencias como poco discutibles. Por el otro lado están quienes olvidan la faceta más brillante de Michael Jackson, los que le tachan de pederasta, los que se recrean en los escándalos o en la inmoralidad de la riqueza multimillonaria que llegó a amasar, los que incluso niegan la importancia de su talento musical porque tiene que pesar mucho más su comportamiento humano, los que recuerdan por encima de todo la imagen de Michael Jackson sosteniendo de forma imprudente con una mano a su hijo fuera de un balcón.

Supongo que Michael Jackson no era ni la persona que defienden sus fans ni la que censuran sus detractores, porque suele ser imposible estar a la altura (por elevada o baja que sea) de la imagen que la gente se hace de una celebridad universal como Michael Jackson. Supongo que había un poco de ambas personas en quien murió esta semana a los 50 años. Pero también supongo que todos tenemos ángeles y demonios en nuestro imaginario popular y eso es lo que nos lleva a trazar una u otra imagen. No es una cuestión de elegir una cosa u otra, pero supongo que tiene que contar para algo que Michael Jackson proporcionara a tanta gente tantos momentos de diversión, de alegría, de sensaciones, de ilusiones. Yo no dejo de pensar en Thriller. Creo que es lo primero que me bajé de Internet en cuanto contraté la conexión en casa. Y eso, con su recuerdo y con la cantidad de veces que he visto y veré ese vídeo, cuenta para algo. Ya lo creo que cuenta.

lunes, junio 22, 2009

El blog y la escritura

Me gusta lo que ha dicho José Saramago sobre los blogs. Bueno, partiendo desde el principio, me gusta que José Saramago utilice una herramienta como el blog. Es fantástico que un escritor de reconocido prestigio, con la cantidad de seguidores que tiene y con el uso del lenguaje que atesora, reconozca la importancia de esta nueva forma de escribir y de las nuevas tecnologías. Estoy de acuerdo con él en que el blog está ayudando a que mucha gente escriba, gente que nunca se había detenido a poner por escrito sus reflexiones, pensamientos e ideas, y eso es algo enriquecedor en muchos sentidos. Pero, por desgracia, también estoy de acuerdo en que el blog está contribuyendo al empobrecimiento del lenguaje. No sólo los blogs, por supuesto, pero no reconocerlo sería esconder un problema más serio de lo que muchos creen.

El blog ofrece libertad a quien lo escribe, pero también prescinde de muchos de los controles necesarios para que el texto sea todo lo correcto que debiera ser. Seguro que entre quienes escriben blogs hay personas que no repasan nunca lo que han escrito o que en alguna ocasión, por la razón que sea, han pensado que no tenían tiempo para revisar su propia escritura. No revelo ningún misterio si digo que, cuando eso sucede, el peligro de que el texto contenga erratas y errores se multiplica. No quiero condenar por ello a quienes escriben un blog ni desanimar a quienes piensen que su lenguaje no es del todo correcto a la hora de escrbir. Ni mucho menos, más bien al contrario. La escritura, como todo, se perfecciona con el uso. En mis blogs es seguro que habrá erratas y errores, así que soy el primero en pensar que mi trabajo es mejorable. Pero es bueno escribir y aprender de lo que no hacemos correctamente.

¿Cuál es el secreto? Lo dice Saramago. "Cuido tanto del texto de un blog como de una página de novela". Y es que así debería ser, pero no es en demasiadas ocasiones. Hay ámbitos de la vida en los que parece que está bien considerado no utilizar el lenguaje de forma correcta, y creo que ahí radica el peligro inicial. Los mensajes de móvil, los apuntes de clase, los e-mails o los blogs son lugares en los que "no pasa nada" por escribir de forma incorrecta, por utilizar abreviaturas que no existen opor no utilizar correctamente los signos de puntuación. Y, por ese pensamiento, el camino equivocado acaba invadiendo los ámbitos en los que sí se supone que hay que escribir bien. Incluso en los medios de comunicación se puede ver este mal, debido al empobrecimiento del lenguaje y a la falta de controles sobre lo que se escribe y publica.

Todos podemos poner un poco de nuestra parte para que el lenguaje mejore o empeore. Intentemos que mejore. En realidad no cuesta tanto.

sábado, junio 20, 2009

Respeto a las víctimas

Hace unas semanas, tras el accidente de avión que viajaba de Brasil a Francia en el que murieron más de 200 personas, encontré un detalle sobre el que no reparó demasiada gente. Ante la línea de cámaras ávidas de morbo que se colocaron en el aeropuerto para ver pasar a los compungidos familiares, hubo una persona que desfiló ante los periodistas repitiendo sin cesar la misma frase: "sois unos sensacionalistas". No mediaron insultos, no hubo intento alguno de agresión. Simplemente les dijo lo que pensaba con una sinceridad abrumadora. Que son unos sensacionalistas. El colmo de la desfachatez es ver esas mismas imágenes emitidas por un medio de comunicación, pero el caso es que las vi en un informativo de televisión. Rápidamente se creó un lazo de empatía entre aquel familiar en duelo y yo. Estoy con él y admiro profundamente su sangre fría y saber estar en unos momentos tan difíciles para dejar claro a quienes buscaban la imagen del dolor anónimo que eso no es periodismo, sino sensacionalismo. Eso no aporta nada a la noticia, eso vende morbo puro y duro.

Ayer ETA volvió a matar, dejando ese regusto de tristeza, rabia e indignación que arrastro desde que soy consciente de lo que supone cada atentado, cada vida segada por no se sabe muy bien qué razones. Y más desde que durante seis años y medio he tenido que escribir sobre ellos, caminando por la frágil frontera entre el periodismo y el sensacionalismo. La mujer del policía asesinado fue una de las primeras personas en llegar al lugar de la explosión que acabó con la vida de su marido. Después se la tuvieron que llevar al hospital por un ataque de ansiedad. Salió de allí destrozada, junto a otras dos mujeres, supongo que amigas o familiares, que no querían dejarla sola en un momento así. Una de ellas no dejaba de gritar la misma frase a alguien que no se veía en el plano: "no saques fotos". Nuevamente, el colmo de la desfachatez es emitir esas imágenes en televisión. Y comprobar que hoy la foto de la viuda compungida está en todos los periódicos. Luego nos llenaremos la boca con el respeto a las víctimas del terrorismo o de cualquier otra tragedia. Yo en este entrada no voy a poner foto alguna, aunque seguro que algún librepensador creerá que estoy censurando la realidad. Yo no quiero contribuir al sensacionalismo, ni mucho menos colgar aquí una fotografía de alguien que no quería ser noticia.

Lo dije hace un par de días, lo digo hoy de nuevo. El periodismo ha muerto, viva el periodismo. Y no hay que decirlo, pero lo digo también: ETA NO.

jueves, junio 18, 2009

Obama y las noticias

Un informativo de televisión, entre la publicidad, los sumarios, el tiempo y los deportes, queda reducido a veinte minutos, quizá algo más dependiendo de cada cadena. La lógica indica que en ese tiempo hay que tener la habilidad de comprimir todas las noticias esenciales para que el espectador se sienta completamente informado, para que tenga una noción realista y auténtica de todo lo que está sucediendo en el mundo y en su entorno. La clave para lograr ese objetivo está, desde mi humilde punto de vista, en un aspecto crucial: la selección. El informativo que sepa elegir con mayor acierto sus temas, aquellos en los que se detendrá por unos instantes con el fin de informar al espectador, es el que triunfará. Es el que permitirá que en las charlas con amigos no salgan temas trascendentes de los que no tengamos noción alguna. Los responsables de ese informativo y de ese acierto podrán irse a sus casas al finalizar el día con la sensación del trabajo bien hecho.

Desde hace algo más de un año, uno de los protagonistas indiscutibles de todos los informativos, no sólo de España sino de todo el mundo, es Barack Obama, mucho más en los últimos seis meses, desde que juró su cargo de presidente de Estados Unidos. En ese tiempo, he visto en informativos televisivos a Obama apareciendo en un cómic, comprando (y pagando de su bolsillo) hamburguesas, de vacaciones en la playa, presentando en sociedad a su perro, dándole un justificante a una niña que fue a uno de sus actos en lugar de al colegio... y la última gran noticia sobre Obama, admito que me encanta, es que durante una entrevista ha matado una mosca con sus propias manos. Todo eso, repito, son NOTICIAS vistas en un informativo televisivo de apenas 20 minutos de duración. Es lo que los mayores responsables periodísticos españoles consideran esencial para la información de los ciudadanos de este país, aquello sin lo que no podemos sentirnos informados.

El periodismo ha muerto, viva el periodismo.

lunes, junio 15, 2009

El dinero de Cristiano

No pretendo convencer a nadie. Quien piense que es una obscenidad inmoral el dinero que se ha gastado Florentino Pérez para que Cristiano Ronaldo juegue en el Real Madrid y lo que cobrará el jugador portugués, lo va a seguir pensando después de leer lo que este humilde servidor pueda decir. Quien entienda que ese dinero se ha tirado a la basura, lo seguirá viendo igual. Pero escucho, leo y veo, y no puedo dejar de darle vueltas a este asunto porque las posturas parecen en demasiados casos poco coherentes con otros aspectos de la vida y poco consecuentes con lo que se aplica a este caso en concreto y no a otros que, de alguna manera, podrían considerarse análogos. Ya sé que noventaytantos millones es un dineral. Pero también sé que se los gasta una entidad privada que puede hacer con su dinero lo que le venga en gana mientras no quebrante ley alguna. Y eso parece que se nos olvida.

Lo primero es dejar las cosas claras, sin cortinas de humo que nublen la visión. Los más de 90 millones de euros que se va a gastar el Real Madrid en fichar a Cristiano no se han sacado de fondo alguno para combatir la pobreza en el mundo. Es más, creo que no me arriesgo mucho si digo que la alternativa no era fichar al ex jugador del Manchester o destinar ese dinero a causas humanitarias o zanjar la crisis económica mundial (siquiera la de España). ¿A que me lleva esto? A decir con claridad que me parece algo hipócrita y muy demagógico vincular el fichaje de un jugador de fútbol con la situación de cuatro millones de parados. Nada tienen que ver de forma directa. Nada.

Apurando la ecuación económica hasta el final, resulta que el fichaje que ha acometido Florentino Pérez es justo lo contrario de lo que se le acusa. Sería bueno que algún economista serio o algún medio de comunicación riguroso (vale, estos ya no existen, que sea un economista...) explicara los beneficios que tiene un fichaje como el de Cristiano para la economía en general y diferentes mercados en particular. En primer lugar, inyecta dinero en un sector como es el deportivo que pasa por horas bajas. Este verano nadie iba a hacer grandes fichajes porque no hay dinero y sí muchas deudas (reconocidas y ocultas). Ahora, con más de 90 millones de euros en circulación, muchos equipos van a recibir tajada. Y un caso muy concreto para explicar mi razonamiento. De esos millones, puede que alguno caiga en la Real Sociedad, un equipo que está en proceso concursal y que tiene previsto acometer un ERE en septiembre. A lo mejor ese dinero salva algún puesto de trabajo.

No acaban ahí los beneficios económicos de esta operación, puesto que ese dinero llegará al mundo audiovisual (más dinero por las retransmisión televisivas), a la prensa escrita (más periódicos vendidos; incluso en Barcelona), a la industria textil (más camisetas con el nombre del jugador)... y si queremos frivolizar, hasta al sector del ocio, gracias a las noches de juerga más caras que va a tener Cristiano Ronaldo en Madrid. Los bares ganarán más porque la gente se irá a ver los partidos allí, las pizzerías venderán más pizzas para quienes prefieran quedarse en su casa. Va a moverse mucho dinero gracias a este fichaje. ¿No decían que uno de los problemas de la crisis era la caída del consumo? Pues este fichaje va a dinamizar lo suyo el movimiento de capitales.

De vez en cuando siempre sale alguien que dice que los jugadores de fútbol ganan mucho. Y me rebelo ante ese argumento por dos motivos. En primer lugar, porque creo que el futbolista, por mucho que trabaje una hora al día, dos cuando tiene partido, se lo gana. No hay muchos espectáculos capaces de congregar 100.000 personas en un estadio y doce millones (de españoles) delante del televisor, y el fútbol es uno de ellos. Si son los futbolistas quienes generan esos ingresos (seamos serios, la gente no paga una entrada de fútbol para ver a los árbitros), ¿por qué no van a tener derecho a su parte? Los jugadores no están robando, están cumpliendo un contrato laboral como cualquier otra persona y es el mercado el que dicta la cuantía de lo que deben ganar. El problema no está en los que ganan mucho, sino en los que ganan poco, pero nadie se solivianta al leer que un periodista con título universitario y seis años de experiencia cobra 850 euros mensuales. Eso sí es obsceno.

En segundo lugar, rechazo eso de que ganen mucho porque la gente no suele preguntarse lo mismo cuando hablamos de otros profesionales. ¿A alguien le preocupa cuánto cobra una modelo? ¿Un jugador de golf? ¿Un presentador de televisión? ¿Un actor de cine? ¿Alguien deja de ver un programa televisivo o una película porque le parezca obsceno lo que cobra su protagonista? ¿Alguien recibe con recelo o animadversión el anuncio de cosméticos de la top model de turno? Si es la cantidad de dinero lo obsceno, o aplicamos ese baremo a todos o a ninguno. Pero da la sensación de que lo obsceno para muchos es el propio fútbol. Y eso no me parece mal, hay libertad de opinión y de pensamiento, así que allá cada cual. ¿No le gusta el fútbol a quien hace estas críticas? Me parece tan estupendo como que sí les guste el fútbol, es lo bueno de que cada cual pueda elegir con qué se entretiene y con qué no. Pero eso no tiene porqué degenerar en argumentos demagógicos.

Vertiente política, que parece que en todos los fregados se tiene que meter algún político, y además está relacionada con lo anterior. ICV (la Izquierda Unida catalana, vaya) ha llevado este asunto al Congreso de los Diputados. Nada menos. Porque será que el Congreso de los Diputados no tiene nada mejor en lo que emplear el tiempo, claro. El caso es que esta formación catalana (cuánto malpensado hay por el mundo que ya ha relacionado eso con el Barça... ¿o no?) quiere que el Gobierno limite el salario de los deportistas de élite. Vale. ¿Están los miembros de este partido político dispuestos a que los ciudadanos soliciten un limite para el sueldo de los políticos? Porque es posible que, si salimos a preguntar a la calle, encontremos más gente que piensa que son los políticos y no los futbolistas los que no se ganan el sueldo que perciben (salvo que sus equipos pierdan, que eso es otro cantar...).

Si queremos hacer algo así, hagámoslo en serio. ¿Pero quién pone el límite salarial? ¿En base a qué? ¿En qué actividades se debe colocar un tope salarial y en cuáles no? ¿Y por qué parece que no tenemos el mismo derecho a formular nuestras dudas quienes pensamos que es una barbaridad que un eurodiputado pueda ganar 90.000 euros anuales que quienes piensan lo mismo de que un jugador del Real Madrid gane cien veces más? Lo que hay que hacer es vigilar las deudas de los clubes, el dinero negro que puedan mover, y eso no se hace, porque no les deben interesar. ¡Si hasta la Iglesia critica lo de Cristiano Ronaldo! ¿Con razón? Yo creo que no, pero las opiniones son libres.

martes, junio 09, 2009

"¿Quiénes son ustedes?"

“De ahora en adelante, las películas se dividen para mí en dos categorías: las que tienen cárceles y las que no. Sólo quiero ver las de la segunda categoría. Con sólo 34 días, quedé podrido de cárceles. Agoté el tema, como quien dice. Eso sí, para que ustedes [¿quiénes son ustedes?] no se hagan ilusiones pensando que soy un joven revolucionario, o un rebelde con causa, o cualquiera de esas categorías insignes, quiero aclarar que yo no caí por razones políticas sino por boludo”.

Mario Benedetti, La vecina orilla (Con y son nostalgia)

Todavía le ando dando vueltas a esa sorprendente y maravillosa apelación al lector en la mitad de este párrafo, perteneciente a un pequeño relato de Benedetti. "¿Quiénes son ustedes?", dice. El protagonista y narrador de la historia es un joven que ha pasado por la cárcel y que ahora intenta sobrevivir en Buenos Aires. Y se pregunta quién está leyendo lo que él está escribiendo a modo de diario. "¿Quiénes son ustedes?". Esa pregunta, aparentemente perdida en el relato, dice mucho. Implica que no sabe quién va a leer lo que está escribiendo, y eso obliga a realizar un importante ejercicio de imaginación para saber si ese desconocimiento le permite abrirse y ser más sincero o, por el contrario, encerrarse y pretender dar una apariencia más amable.

Supongo que todo el que escribe se pregunta quién puede leer las palabras que salen de su cabeza. Supongo que le pasará a los escritores de fama mundial y también a quienes, como yo, empleamos parte de nuestro tiempo en colgar nuestros pensamientos, de forma mucho más modesta, en algún rinconcito de Internet como éste. Escribir de forma pública tiene ese componente de misterio, porque lo que uno escribe, una vez se aleja del autor, puede acabar en manos (o ante miradas) muy diversas. Algunas de ellas las conoces, pero otras muchas no. Y ese desconocimiento puede conllevar sorpresas, porque al otro lado puede haber gente que jamás imaginarías que dedica su tiempo en leer las palabras que uno junta para que sean leídas por quien quiera hacerlo.

Reconozco que más de una vez le he dado vueltas a este tema. Y si Bendetti camufla su inquietud en el parlamento de uno de sus personajes, yo me pregunto abiertamente quiénes sois vosotros. Y no sólo eso. También me pregunto qué motivos os llevan a deteneros en este rincón o ante cualquier cosa que haya escrito alguna vez en mi vida. En algunos casos, supongo que una minoría de ellos, conozco la respuesta a mis preguntas. O la imagino, que muchas veces la realidad cambia por completo lo que creemos saber. Pero en otros muchos no tengo idea de quiénes sois y qué puedo ofreceros. Quizá eso sea parte del encanto de escribir.

domingo, junio 07, 2009

Y pese a todo, he votado

Sí, he votado. Como he hecho en todas y cada una de las elecciones desde que cumplí los 18 años y, por tanto, adquirí ese derecho. ¿Por qué voto? Por eso, por ejercer un derecho que durante tanto tiempo no fue tal. Porque es una conquista política y social de primera magnitud que ahora parece que la gente no aprecia tanto como en los primeros años de la Transición. Porque, en el fondo, me gusta eso de acercarme al colegio electoral un domingo por la mañana y respirar el ambiente de unas elecciones. Porque disfruto viendo como padres y abuelos llevan consigo a los más pequeños para enseñarles, ya desde el principio, lo que supone vivir en democracia. Porque creo que es necesario.

Sí, he votado, pero también tengo que reconocer que ha sido la vez que más me ha costado defender ante mí mismo la obligatoriedad de ir a votar que tengo autoimpuesta. Porque estoy cansado de la política y los políticos que tenemos. Porque cada vez que alguno abre la boca el primer pensamiento que me viene a la cabeza es "a ver qué chorrada dice éste ahora". Porque sus campañas electorales (quizá habría que cambiar el nombre por campañas difamatorias) suponen un despilfarro de dinero, absurdo en los tiempos que corren, al servicio de una carencia absoluta de contenido. Porque me importan un bledo el Falcon, los guardaespaldas de Aznar y los vídeos que unos y otros han publicitado en estas dos semanas. Porque, me digan lo que me digan, hoy no he ido a votar ni a Zapatero ni a Rajoy, tampoco a Camps, no estoy decidiendo un adelanto electoral ni el cambio de líder en el PP, porque no son unas elecciones generales.

Me aburren. Cada día más. Pero voto. El ciudadano político que soy cada día está más confuso. Y mucho me temo que esa confusión va a ir en aumento. Ya se encargarán ellos de que así sea...

viernes, mayo 29, 2009

Ellos sí, el resto no


Para que la política sea política, hay que desterrar muchas costumbres asumidas dentro de la normalidad del día a día. Habría que acabar con la hipocresía, con la crítica oportunista, con las campañas electorales vergonzosas y vergonzantes, con todo aquello que distrae del debate de ideas, propuestas y soluciones. Pregono una utopía, lo sé, sueño con absolutos imposibles y con una política que jamás voy a vivir. Así que sólo me queda el recurso al pataleo, porque si hay algo que no soporto, y más en la actuación de un político, es la hipocresía. Eso, por encima de todas las cosas, es lo que más me duele de quien se supone que representa a los ciudadanos antes las instituciones. Me parece ruín eso de que ellos puedan hacer lo que quieran pero el resto no, que critiquen a los demás lo que ellos mismos hacen o hicieron, que el mundo se vea siempre de un color diferente en función de quién sea el beneficiado o el perjudicado, que un doble rasero presida todas y cada una de las declaraciones de los políticos que ponen sus nombres en las papeletas y que ellos y sólo ellos siempre sean los buenos y los demás los malos.

En los últimos días hemos tenido todo un festival de declaraciones y actos que evidencian que en los estatutos del PP habría que mencionar en algún momento eso del doble rasero. Más que nada para dar traza de legalidad a los hechos consumados que nos sirven en bandeja Mariano Rajoy y los suyos. Empecemos. Soraya Sáenz de Santamaría, portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, dijo lo siguiente al conocer que el Tribunal Supremo ha abierto una investigación al juez Garzón por un delito de prevaricación: "Ese auto refuerza la confianza de los ciudadanos en el Estado de Derecho, yo lo valoro positivamente, pone de manifiesto que no hay ningún ciudadano, incluido el juez Baltasar Garzón, que esté por encima de la ley". Estoy totalmente de acuerdo. Sí, sí, en serio, estoy totalmente de acuerdo con estas palabras de Sáenz de Santamaría. Al cien por cien. No hay ningún ciudadano por encima de la ley. Ni siquiera... el presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps. Entra tanto en la normalidad democrática que el Supremo investigue a Garzón como que Garzón investigue a Camps.

Pero resulta que para ellos no es así. Para ellos sólo es normal que investiguen a los demás, y especialmente a quien ha osado investigarles a ellos, claro. Entre todos los dirigentes populares que han dicho absolutamente de todo a quien ha investigado (sea juez o periodista), publicado o siquiera refrendado un apunte de corrupción relacionado con algún miembro del PP (por insignificante que sea), hay que quedarse con lo que dijo el jueves Mariano Rajoy. En un mitin de esta absurda campaña electoral en la que estamos inmersos, mitin que se celebró en Santa Cruz de Tenerife, el líder de la llamada oposición dijo que quien no se ha disculpado por asumir una postura crítica acerca de los casos de corrupción vinculada a los populares mantiene un "carácter antidemocrático, fascista y antiliberal". Lo dicho, que ningún ciudadano está por encima de la ley, pero si a alguno se os ocurre decir que alguien del PP se ha podido saltar la ley, ya sabéis, sois unos fascistas. Ellos pueden, los demás no.

Lo mismo pasa con la más reciente acusación a Zapatero: el uso de un avión militar para ir a un mitin del partido. Partamos de la base de que me parece absurdo disponer de un transporte oficial por razón de un cargo público (sea un coche oficial, sea un avión del ejército, sea un teletransporte interestelar) y no usarlo. Vamos, que yo no veo polémica por ningún lado. Me parece igual de lícito y justificable que Zapatero vaya en avión militar a un mitin, porque no deja de ser presidente del Gobierno en ningún momento del día, como que miembros del gobierno valenciano usen el coche oficial para ir a misa. Pero, claro, el PP ataca a Zapatero. "Que lo pague, que lo pague, claro, claro", coreó Javier Arenas en otro mitin de su partido el otro día. En alusión a Zapatero, por si alguien se ha perdido. Y resulta que ahora se ha publicado que Rajoy, cuando era vicepresidente del Gobierno, usaba el mismo avión con fines similares a los que le achacan a Zapatero. O Federico Trillo como ministro de Defensa, que parece que tenía una parada de Falcon en la base militar más cercana a su pueblo natal. Ellos pueden, los demás no.

Porque con Zapatero o los socialistas que le siguen no hay presunción de inocencia, ya lo sabemos. Que se lo pregunten al ex ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, quien presentó su dimisión después de uno de esos pseudoescandilillos que se montan en la prensa de vez en cuando. ¿Se la ha juzgado por algo? ¿Se le ha condenado por algún delito inconfesable? Ya sabéis la respuesta: no. Pero su dimisión, para el PP, era absolutamente imprescindible para el buen funcionamiento de eso que llaman el Estado de Derecho y que no sé si todo el mundo sabría explicar lo que es. Eso sí, que a nadie se le ocurra pedir la dimisión de Federico Trillo (antes como ministro, ahora como diputado y como, ironías de la vida, portavoz de Justicia del PP en el Congreso) por el escándalo del Yak-42, uno de los grandes borrones de la democracia española que se saldó con cero dimisiones políticas. Si se pilla a un socialista, es un escándalo que no dimita. Si se pilla a un popular, lo escandaloso es que se le pida que dimita sin una condena firma. Y así sigue Fabra donde sigue. Ellos pueden, los demás no.

El de Garzón no es el único desliz que ha tenido recientemente Sáenz de Santamaría al hablar de resoluciones judiciales. Cuando una resolución judicial permitió a Iniciativa Internacionalista (la candidatura relacionada con el mundo abertzale) concurrir a estas elecciones europeas, la portavoz popular criticó la sentencia y añadió que la acataba. Lo que me preocupó fue el matiz. "Porque no me queda más remedio", dijo. Claro, porque si tuviera más remedio ya se buscaría un medio para saltarse el impedimento, supongo. Las sentencias hay que acatarlas por convencimiento, porque forman parte del aparato que se encarga de velar por la correcta sanción de aquellos que se saltan la ley. Si empezamos a pensar que hay resoluciones judiciales o leyes (¿quién me va a decir a mí el vino que me puedo tomar antes de coger el coche?), el convencimiento es nulo. Cuando conviene, es que el Estado de Derecho es fuerte. Cuando no conviene, de la que os habéis librado porque no podemos hacer nada. Y ojito con sumarte a una investigación judicial a alguien del PP, que entonces se te considera fascista. Ellos pueden, los demás no.

La guinda del pastel, no podía ser de otro modo, viene de la Iglesia, una guinda rematada desde Génova. Nos cuenta el cardenal Antonio Cañizares que el aborto que propugna, dice, este Gobierno perverso y demoníaco que encabeza Zapatero (ya os lo dije una vez, lo repito ahora: ¡se va a comer a vuestros niños!) es infinitamente peor que los abusos sexuales sobre niños (y añade una autorizada voz religiosa que, vista la política de este Gobierno, lo que habría que hacer es despenalizar la violación). En primer lugar, no sabía que había rangos en los diez mandamientos(confío en que la próxima aclaración que me hagan desde la Iglesia sea si es más grave incumplir aquello de "no robarás" o lo de "no consentirás pensamientos ni deseos impuros". Y en segundo lugar, me gustaría que me explicara el cardenal Cañizares si los abortos practicados con el PP en el Gobierno eran igual de graves que los practicados en los años de Zapatero en La Moncloa, que de eso no suele comentar nada y la Ley del Aborto tienen ya unos cuantos años de vigencia.

En estas llegó Jaime Mayor Oreja, cabeza de lista del PP en esas elecciones al Parlamento Europeo que dicen que se celebran el próximo 7 de junio, y este político popular que tanto alabó a un antepasado suyo por prohibir el euskera en su casa (ellos pueden, los demás no; ¿o hay que recordar el follón lingüístico que ha montado este partido en Cataluña por lo contrario...? A mí es que no me va eso de prohibir o marginar lenguas, sean las que sean, qué le vamos a hacer...), dice que lo que ha hecho es normal, simplemente es "una ordenación" que entiende como lógica, pues "lo raro es que hiciese lo contrario". Es decir, lo raro sería que desde la Iglesia se considerara peor la violación que un aborto. Dice Mayor Oreja que no entiende el escándalo con estas declaraciones. Pues se lo explico yo. Sería bueno que tanto la Iglesia como el propio Mayor Oreja supieran diferenciar lo que es legal de lo que no lo es. El aborto, en los supuestos que dicta la Ley, es legal. Violar niños me da a mí que no. Esa es la polémica, que un destacado líder de quien se supone organiza la fe de la mayoría de los españoles vea mucho más condenable el ejercicio de un derecho que un delito penal. Pero ya sabéis, ellos pueden y el resto no.

jueves, mayo 28, 2009

Enorme

Lo que ha hecho el Barça este año es enorme. No soy del Barça, pero adoro el fútbol. Y cuando se juega de verdad al fútbol, además de engancharme a la televisión por poco que me pueda importar el partido en cuestión, el deporte suele premiar a los valientes. No tiene perdón que un equipo grande no salga a jugar al fútbol de verdad, pero pocos lo hacen. Este Barcelona lo ha hecho. Y el premio que le ha devuelto al fútbol ha sido tan inmenso como merecido: el triplete. Pep Guardiola ha roto tantos mitos equivocados que lo único que puedo hacer es, además de admitir y aceptar que estamos ante el mejor del equipo del mundo en esta temporada, darle las gracias por devolver la ilusión a este deporte. Sé que los madridistas no lo estarán disfrutando, claro, pero esto es cosa de ciclos. Este del Barça es apasionante. Que alguien se atreva a retarle es lo que hará el fútbol todavía más grande la próxima temporada.

Yo ayer quería que ganara el Manchester United, porque es mi equipo de la Premier. Los culés tuvieron suerte de marcar el gol cuando lo hicieron (qué tópico tan cierto ese de la suerte de los campeones), en su primera llegada al área, en su primera jugada hilvanada y después de nueve minutos en los que sufrieron. Pero ahí comenzó un aplastamiento puro y duro. Hay quien piensa que los Diablos Rojos hicieron un mal partido, yo creo que no les dejaron hacerlo mejor. Para cuando Messi marcó el segundo, yo ya me había quitado el sombrero, había asumido que el destino de la Copa era Barcelona y había admitido la clara superioridad de un equipo sobre el otro. Sobre todos los demás. Qué temporada. ¿Que ha tenido suerte? Claro, no se pueden ganar títulos sin ella. ¿Que le han ayudado los árbitros? Sin duda, pero es lo que tiene ser grande y tener el poder federativo. ¿Que todo eso es lo trascendente? En absoluto. Lo trascendente, siempre, es el fútbol. Y el Barça lo ha bordado. Enhorabuena.

miércoles, mayo 27, 2009

Batman, 70 años

Batman cumple 70 años este mes de mayo. Fuera del círculo de aficionados, pocos se han hecho eco de este aniversario, como tampoco difundieron con demasiado entusiasmo la del mismo cumpleaños de Superman, que se produjo el año pasado (yo sí hablé de ello, claro), y es una pena que el mundo del cómic sigue siendo algo tan ignorado por los medios de comunicación. Es una falta de visión y, por qué no decirlo, de cultura (porque la cultura es mucho más que lo que sale en los medios de comunicación, influenciados casi siempre por buenas campañas de marketing de quienes ganan dinero con su distribución), una ausencia de reconocimiento a iconos de la cultura popular del siglo XX (y ya del XXI), no sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. ¿Quién no ha oído hablar de Batman? ¿Quién no sabría decirnos algunos detalles básicos de su historia o cómo viste? ¿Quién no ha leído un cómic, visto una película o un capítulo de alguna de las series que se han hecho sobre el personaje? Es lo que tienen los iconos, que son reconocibles. E inolvidables.

El debut del héroe fue en el lejanísimo mes de mayo de 1939. Batman apareció por primera vez en el número 27 de una colección llamada Detective Comics que, poco tiempo después, ya estaba dedicada en exclusiva al héroe de Gotham City. No voy a aburriros contándoos la larga y apasionante historia de Batman (ya la he escrito aquí, centrándome sólo en sus aventuras y desventuras en las viñetas, excluyendo sus apariciones en cine y televisión), pero sí tengo que aprovechar ese aniversario para dejar constancia de mi profunda admiración hacia Bob Kane, creador del mito junto a un puñado de guionistas y dibujantes como Bill Finger o Jerry Robinson. Hacia Neal Adams, el hombre que mejor ha sabido dibujar a Batman. Hacia Denny O'Neil, guionista y editor, quizá el profesional que mejor comprendió lo que significa este héroe. Hacia Frank Miller, por reinventar el personaje en las dos historias más imprescindibles, Año Uno y El regreso del Señor de la Noche. O hacia Bruce Timm y Paul Dini, los genios que crearon en forma de dibujos animados la versión más apasionante del héroe.

Batman significa muchas cosas. Para empezar, es el primer superhéroe humano, el primero que construye su identidad heroíca en base a una misión y no por contar con superpoderes que le dan ventaja con respecto a los malos. Siendo un crío, Bruce Wayne vio cómo un criminal asesinaba a sus padres, y esa tragedia le llevó a jurar que convertiría su vida en una lucha contra la injusticia, con el ingenuo y utópico objetivo de que nunca más se produjera un suceso así. Si Superman era la luz, Batman era la oscuridad. Las sombras de una ciudad imaginaria, Gotham City, su mejor aliado. La batseñal en el cielo recordaría a los criminales que alguien les está vigilando. El miedo de los villanos, cobardes y supersticiosos, la mejor arma de Batman. Ya sé que es el argumento que utilizan todos los defensores de Batman, pero es cierto: bajo determinadas circunstancias, todos podríamos ser Batman. Jamás llegaremos del planeta Krypton o seremos mordidos por una araña radioactiva, pero sí podremos llegar al límite nuestro cuerpo y nuestra mente para luchar contra los malos.

Han sido muchos años de historias. Y todas son Batman. No dejéis que nadie os engañe, pero sí que os explique el contexto en que nace cada una de las versiones. Renegad de quien os diga que el Batman de la serie de televisión de los años 60 (el de las onomatopeyas en pantalla) no es Batman. Claro que lo es. Es una versión muy particular, pero es Batman. Como el de Tim Burton o el de Christopher Nolan. Como el de la maravillosa e inigualable serie de animación de los años 90. Como el del cómic de los años 50 que se enfrentaba a alienígenas y seres de otras dimensiones. O como el Batman oscuro y detectivesco que creó Bob Kane, que se recuperó en los 70 y que se convirtió el leyenda en los 80 gracias a Frank Miller. Como todos. Porque todos usan un universo especial, una Gotham fantástica, una galería de villanos inigualable en todo el mundo de ficción (Joker, Catwoman, Ra's Al Ghul, Pingüino, Espantapájaros Enigma, Bane...), unos aliados humanos y admirables (Robin, Batgirl, el comisario Gordon, Alfred el mayordomo...) y un mundo mítico que es una leyenda en la ficción del siglo XX. Porque esa es la riqueza de un personaje inmortal.

lunes, mayo 25, 2009

Fechas para recordar

De vez en cuando le echo un vistazo al calendario de la agenda, no vaya a ser que se me pase alguna fecha señalada. Y alguna se me pasa de todos modos, claro, porque nadie es infalible y yo menos que nadie. Supongo que por eso no me enfada que alguien se olvide de mi cumpleaños, de mi número de telefóno, de mi mail o de mi existencia. Cada uno llega hasta donde puede o quiere, y eso es lo importante. Me acuerde o no de los días especiales de todo el mundo, me gusta el juego de las fechas, el de recordar que hace uno, tres, seis o catorce años se produjo algo especial. Y me gusta felicitar a quien de verdad celebra esos aniversarios cuando sé que hace ilusión recordarlos. La mirada en el presente y en el futuro, sí, pero con el pasado siempre como referencia. Tantas cosas hay ya en el pasado, tanto podemos recordar, de tanto podemos alegrarnos... Y en ese juego de las fechas, me gustan las relaciones que hay entre unas y otras, como una fecha señalada para un amigo conduce a otra que lo es para otro amigo diferente.

Hoy es uno de esos días que no se me pasa, que no quiero que se me pase, el aniversario de boda de una amiga. Cada año bromeo con ella recordándole que, en realidad, el aniversario importante de hoy es el de Star Wars, que se estrenó hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana, el 25 de mayo de 1977. O el de Alien, que llegó a los cines el mismo día pero dos años después. Y por eso debe de ser que decretaron que hoy tenía que ser el Día del Orgullo Friki. Pero como a mí esos días ni me van ni me vienen, no es eso lo que celebro, no. Hoy, de hecho, no se lo he querido recordar. Hoy le he dicho algo que ya le había dicho en otras ocasiones: que de mayor quiero ser como ellos. Si les conociérais, sabríais el porqué. Lo que hoy recuerdo es una boda que se produjo hace siete años y que por primera vez me llevó a hacer un regalo especial, que he intentado repetir con más o menos acierto en el resto de las bodas de amigos a las que he acudido: un periódico sobre esa boda. Me lo pidió ella. Y lo hice con el corazón. ¿Cómo le iba a decir que no si en el fondo soy periodista de corazón?

El 25 de mayo me lleva al 22 de mayo. ¿Por qué? Porque en ese día del año que viene se va a producir otra boda, de otro amigo. Los dos estuvimos presentes en aquella del 25 de mayo, los tres compartimos redacción y recuerdos durante años, y, además, el escenario del enlace venidero va a ser el mismo que el del pasado. Y no puedo dejar de sonreír cuando pienso en el juego de las fechas. El 22 de mayo, ironías del destino y del complejo mundo de la organización de una boda, es también el cumpleaños de la futura novia. Qué curioso poder decirle por teléfono, aprovechando la felicitación, que dentro de un año estará casada. Y qué curiosa será la felicitación del año que viene. Su vida, la de ambos, será diferente a la de ahora. Y feliz, espero. Más feliz todavía, porque eso de la felicidad, sea cual sea la situación de uno, acaba por ser contagioso. Y lo contaré con el mismo regalo especial, que celebrará entonces su octavo aniversario. No sé si existirá el +1 con el que ahora me cuentan, pero lo narraré con alegría en ese periódico que ya va calentando motores.

martes, mayo 19, 2009

La muerte, la respuesta y el canon

Al enterarme de la muerte de Mario Benedetti, lo primero que pensé es que tenía que escribir algo aquí. Pero me di cuenta de que, en realidad, no sé mucho sobre él o sobre su obra, no tenía mucho que aportar a lo que ha dicho gente que sí la conoce. Pensé entonces en hablar sobre cómo afrontamos la muerte de alguien que ha entretenido y hecho feliz a tanta gente durante tantos años. Y así fui entrando en blogs, en vuestros blogs. Vi que todos los que habéis hablado del tema, sin excepción, habéis transcrito una poesía del escritor. Una distinta en cada caso. A veces con algún texto vuestro, a veces con un agradecimiento tan sencillo en apariencia como sentido en el corazón. Y entonces me di cuenta de que, en realidad, he leído más a Benedetti en los dos últimos días que en toda mi vida. Una falta imperdonable, lo sé, pero una falta que tiene una solución sencilla. Así, me fui a la biblioteca a coger un libro de Mario Benedetti. El que fuera, el que me llamara la atención. No debí ser el único en pensarlo, ya que de los 38 volúmenes que hay en mi biblioteca, sólo tenían dos disponibles. Un artículario y un libro de relatos cortos, Con y sin nostalgia. Ese título llama. Y me lo llevo.

Por alguna extraña asociación de ideas, me viene a la cabeza el famoso canon que pagamos por todo lo que se acerque a la cultura. Pienso, no sin cierta malicia, si algún avispado defensor de los derechos intelectuales habrá pensado en cobrar a los blogeros cada vez que quieran rendir un sincero homenaje a un poeta como Benedetti. Y después me dio por pensar si estoy pagando por el volumen viejo, usado y manoseado (¡bendito volumen que por tantas manos ha pasado!) que tengo debajo del brazo. Investigo un poco en Internet y descubro que sí, que las bibliotecas pagan un canon por cada libro que prestan. Después de leer esto, me reafirmo en que el canon es el auténtico cáncer de la cultura, en absoluto una medida para preservar la supervivencia de quienes nos iluminan el rostro, la mente y los sueños, sino una forma ruín de ganar dinero por todas partes. Nos mienten. Y por eso me sumo a este manifiesto. Lo que hay que promover es que la gente tenga motivos para sonreír, para aprender, para descubrir el mundo que le rodea. Que la gente lea. Y en España tenemos un serio problema en este sentido.

Ayer me decía alguien que la triste noticia de la muerte del poeta convertía el día en una ocasión perfecta para reivindicar la alegría. Eso es Mario Benedetti. Eso es la ilusión por la lectura. Eso es la vida. Y eso es algo por lo que merece la pena luchar, sonreír y compartir.