jueves, noviembre 15, 2012

Perdimos todos... pero hay que ver lo importante

Ayer hubo huelga general. Sí, ya sé que llego tarde. Es que todavía estoy asimilando lo que pasó. Así, más o menos por orden, la huelga comenzó con los piquetes, las amenazas de siempre a quienes quisieron trabajar, la "normalidad" proclamada por el Gobierno y el "éxito" defendido por la oposición. Siguió con los detalles que unos y otros esgrimen sin piedad para mostrarse con más razón que nadie. Las redes sociales se inundaron de hechos más o menos graves que, se supone, debían demostrar que el otro estaba equivocado. Los más conservadores colgaban fotos y vídeos de gente insultando a comerciantes, de piquetes y huelguistas sobrepasando los límites de lo legal y de lo ético. Los más progresistas buscaban imágenes en las que la Policía se sobrepasara en su actuación, titulares reaccionarios y provocadores de los medios de derechas y falsedades en las cifras oficiales del seguimiento.

¿Y sabéis qué? Yo estoy convencido de que perdimos todos. La perspectiva se ha perdido. Ya no importa lo que se haga, sino quién lo haga. Ya no importan las razones, sino quién las esgrima. Y no vemos lo importante. En primer lugar, no nos damos cuenta de que la huelga ha dejado de ser un derecho. La gente no elige libremente si quiere sumarse. Algunos privilegiados sí, la mayoría no. Por supuesto, algunos piquetes coaccionan y hubo personas que tuvieron que cerrar sus comercios o no entrar en sus lugares de trabajo por miedo. Eso es grave. Pero eso se ve en las imágenes. Lo que no se ve es igualmente importante. No se ve, salvo que un jefe se vanaglorie de ello en las redes sociales, cuando un trabajador está abiertamente coaccionado por sus superiores para no sumarse o que tras tantos recortes no pueda permitirse el lujo de hacer huelga porque necesita cada céntimo que gana. ¿Hizo huelga todo el mundo que quería hacerla? No lo creo. La prueba está en que las manifestaciones, a decir de todo el mundo, fueron un éxito mayor que el paro.
Para mí es importante que quien se pase de la raya pague por ello. Ha habido muchos detenidos (para mí eso no es "normalidad", no sé por qué tiene que serlo), y me imagino que pagarán por ello. Pero también hay mucha impunidad. Y me refiero a quienes se supone que tienen que velar por la seguridad de todos. Parece que cuando hay una manifestación, las normas se olvidan. Es demasiada casualidad que en todas estas últimas concentraciones haya habido heridos de tanta consideración o casos de violencia alevosa e injustificable. Pero lo peor de todo es que, efectivamente, se justifique. Antes de saber que había un vídeo con un mosso golpeando en la cabeza a un crío de trece años, se hablaba de mala suerte. Yo lo que veo en el vídeo es un tipo repartiendo a diestro y siniestro, a la altura de la cabeza, con ganas de conseguir lo que consiguió de la víctima equivocada: sangre. He llegado a leer en redes sociales que el chaval se buscó el golpe por estar donde no debía. Con un par.

Pero es casi peor lo de la chiquilla de 16 años a la que agreden después. Ni les insulta, ni les amenaza, ni supone un riesgo para su integridad. Pero dos agentes, dos, le propinan un empujón y tres golpes con la porra ¿Una adolescente grita a un policía y la respuesta policial es la violencia? ¿Es eso admisible en un Estado de Derecho y en una democracia? ¿Lo es que un responsable policial lo justifique? ¿Significa eso que si pasa un delincuente a mi lado entonces estoy en peligro de recibir una cobarde agresión policial que quedará impune? No voy a generalizar. Yo valoro a la Policía. Muchísimo. Pero precisamente por la responsabilidad que tienen son los primeros que no pueden sobrepasar ciertas líneas. Algunos las están sobrepasando. Y lo que es peor, con la justificación (¿con las órdenes?) de sus superiores y con la comprensión de quienes no comparten las protestas. Eso es una fractura social brutal.
Como la que provocan los políticos. Olvidémonos por un momento de las razones de la protesta. Es decir, no condicionemos nuestra opinión en base al acuerdo o rechazo que sentimos por sus motivos. Todos tendríamos que estar de acuerdo en que la huelga y la protesta en la calle son derechos. Todos tendríamos que velar por su cumplimiento. No tendríamos que tolerar la mofa o el desprecio hacia quienes protestan, sea del signo que sea su protesta. Y sin embargo lo hacemos. Con estas protestas surgen términos como "perroflautas". Pero, aún más, asumimos sin más que se menosprecie su protesta. Indigna que la Delegación del Gobierno hable de 35.000 personas. Es un mal endémico aquello de que el Gobierno de turno falsee las cifras de asistentes a un acto o protesta. Pero en algún momento hay que decir basta. Ojalá hubieran contado con la misma precisión los asistentes a la famosa fiesta de Halloween en el Madrid Arena. Y basta ya de mensajes de "sí, pueden protestar pero voy a hacer lo que me da la gana". Ese era el peligro de la mayoría absoluta. Y eso es importante.
Lo es también el papel de los medios de comunicación. Una manipulación, una falacia, un insulto o un menosprecio a quien ejerce su derecho a la huelga, por el motivo que sea, tendría que tener una condena unánime precisamente porque es un derecho democrático. Portadas como la de La Razón tendría que conllevar una severa reprimenda del colectivo periodístico y, también, de la propia sociedad. Recibirla con forofismo solo conduce a una fractura social inevitable. "Fracasados", dice. Es un titular calculado para ofender a todo aquel que hizo huelga o la defiende, pero circunscrito a los líderes sindicales de la portada para que nadie le pueda decir que insultaba a los manifestantes (lo que recuerda a aquel argumento de Andrea Fabra y su famoso "que se jodan" que fue o no fue para los parados). Explicaba hoy Francisco Marhuenda, director de La Razón, que el titular era impecable, porque quien fracasa es un fracasado. En ese caso, supongo que aceptará que quienes piensen que La Razón es un panfleto que fracasa en su objetivo de informar y hacer periodismo, le llamen fracasado a él como director de dicho periódico.

Y luego está Hermann Tersch, que en una muestra de que el periodismo en España es ya una basura infumable e injustificable, grabó su evaluación sobre la huelga... antes de que la huelga tuviera lugar. Pensadlo fríamente. Un periodista hizo un artículo de opinión sobre un hecho antes de que el hecho sucediera. Le daba igual lo que sucediera porque su opinión vale más que el hecho. ¿Es lícito eso en el periodismo? No tendría que serlo. Pero lo es. La prensa de derechas ha convertido a Tersch en una especie de ídolo por su forma de oponerse a la huelga, cuando en realidad es aplaudido por voceros ideológicos a los que el periodismo no les importa lo más mínimo. Y ahora nos preguntamos porque el periodismo es la profesión con más paro y una de las peor valoradas por los ciudadanos. Por cosas como ésta. Porque la credibilidad es cosa del pasado. Porque Tersch jamás se saldrá de lo que se espera de él. Y puede que eso pase en todos los espectros ideológicos, que ya sabíamos que los sindicatos y su prensa afín venderían la huelga como un éxito, pero hasta que no veamos quienes son los que realmente abusan de estas reprobables prácticas no podremos solucionar el problema.

Ayer hubo huelga. Y la sensación que tengo yo hoy es que vivo en un país cada día más cercano al abismo social. Y me refiero a los motivos por los que se convocó la huelga, sí, pero también al hecho de que ninguno de sus actores, a nivel político, sindical, periodístico, policial y social actuó movido por el bien común. Qué mal vamos. Mal de verdad.

lunes, noviembre 12, 2012

Sunshine Award

La pereza y la falta de tiempo son malos consejeros a la hora de llevar un blog. Al menos no es una pereza por escribir (porque no paro), pero sí de escribir aquí. Esos temas políticos que tanto me gustan cada vez me parecen más deprimentes y sin solución, así que llevo unos días más volcado en mis otros rincones de la blogsfera y del mundo 2.0. Pero como he visto por ahí uno de esos premios que, en realidad, son excusas para hablar de cosas de las que normalmente no hablaría, pues he decidido apropiármelo y contestar a esas preguntas. Digo que me lo apropio porque del blog de donde lo he cogido no salieron nominados. Pero lo hago porque empieza a haber confianza entre la autora de dicho blog y yo, que ya llevamos un tiempo leyéndonos, y además me consta que no le importa que recoja el contenido de esta entrada desde su blog, porque para eso lo ha dicho ella en sus comentarios.

Por lo visto hay cinco normas.
1. Incluir el logo del premio en un post en tu blog.
2. Contestar a 10 preguntas.
3. Nominar otros 10 blogs.
4. Poner un link a tus nominados y comunicarles a través de sus blogs que han ganado.
5. Haz link a quien te haya nominado.

Me voy a saltar lo de nominar a otros diez blogs, que reine la libertad en la propuesta y que lo coja quien quiera. Lo del logo no, porque si no queda una entrada muy sosa con tanto texto. Y lo del link, obviamente, tampoco lo puedo pasar por alto, porque el lugar al que os lleva merece mucho la pena. Lo he cogido de Uno de estos días, de BkindZanks. No me seáis insensatos y pasaos por allí, que la muchacha sabe lo que escribe y a mí me alegra el día cada vez que sube algo a su rincón en Internet. He dicho. Y tras esta introducción, paso a contestar las preguntas de las que se compone este cuestionario:

¿Cuál es tu color preferido o con el que te sientes más favorecido?
Será que le tenía poco miedo a las supersticiones, pero de niño mi color favorito era el amarillo. Con los años me fui haciendo más sensato y provocaba menos a la mala suerte, por lo que me quedé con el azul. Sigo pensado que la culpa la tiene la camiseta de la Real, para qué engañaros. La segunda parte de la pregunta me lleva a pensar que esto, en realidad, no era una elección de color, sino de color de ropa. Y ahí la verdad es que tampoco tengo muchas preferencias. Para casi todo me suelen gustar los colores oscuros, pero no, no soy un gótico que va siempre de negro.

Si pudieras aparecer como por arte de magia en otro país, ¿en cuál sería?

El país en el que está el lugar en el que querría aparecer es demasiado grande, así que no empiezo diciéndolo, no vaya a ser que de verdad exista la magia suficiente como para mandarme para allá y, en realidad, aparezca a centenares de kilómetros de donde quisiera estar. Nueva York. Quiero ir a Nueva York. Sueño con ir a Nueva York. Y estoy seguro de que la palabra "magia" tiene otro significado desde allí. ¿Veis por qué no podía decir Estados Unidos? Mira que si me mandan... qué sé yo... a un pueblo perdido de Texas...

¿Cuál es tu película/serie preferida?

Soy y seré siempre un adorador de Star Wars. Es una parte inmensa de mi vida como espectador cinéfilo, un título que me hizo soñar, reír, llorar, emocionarme, disfrutar y tantas otras cosas positivas que si tengo que decir una película siempre diré esa. Y eso que siempre he dicho que para mí la película más perfecta que existe, se ría quien se quiera reír de mí, es E.T. El extraterrestre. En cuanto a series, tengo que decir Friends. Digo tantas veces que "todo está en Friends" (todo lo que te sucede en la vida entre los veintitantos y los treintaytantos) que no podría decir otra. Pero de nuevo me hago trampas jugando al solitario y menciono dos más, la serie que más me impactó de niño y la que más lo hizo de adulto. La primera es Canción triste de Hill Street (ya he pasado por la sensación de sentirme muy, muy, muy mayor al decirle ese título en una conversación a una amiga de 21 años) y la segunda es Battlestar Galactica. La moderna. Que el encanto de los 70 era grande, pero no tanto...

¿Con qué diseñador de moda o firma te encantaría trabajar?

Creo que esta pregunta no es adecuada para un tipo como yo y evidencia que el cuestionario estaba pensado para otro tipo de público... Pero si la entrevista es interesante y cuenta como "trabajar con", me apunto a lo que sea, que en el fondo sigo siendo periodista.

¿Tonos flúor o pastel?
Esta pregunta me recuerda estas maravillosas conversaciones en las que tengo que admitir que mi vida se rige a través de los colores primarios... Que no se me ofendan los expertos en moda ni los apasionados de los tonos flúor o pastel, por favor...

¿Prefieres el campo o la playa?
Soy urbanita, me temo, pero entre estas dos opciones tengo claro que el campo. Da más libertad, se pueden hacer más cosas, los paisajes son más variados... La playa siempre, siempre, siempre me ha cansado. Me refiero al concepto tradicional de playa, ese de pasar todo el día al sol, en la arena o bajo una sombrilla. La playa la adoro para pasear. Descalzo si el tiempo lo permite, aunque luego me esté acordando de cada uno de los granos de arena que no he conseguido quitarme de los pies. Pero es que me fascina eso de recorrer una hermosa plata paseando, sin mirar a ningún sitio en particular y escuchando el ruido de las olas.

Algo que te encantaría hacer pero por el momento no has podido:
¿Solo una cosa? Imposible. Hay tantas cosas que quiero hacer en la vida... La mayoría de ellas me las callaría por un motivo muy sencillo: son mías, personales e intransferibles, y de ser escuchadas tendría que ser por oídos muy, muy selectos. Esto es como los deseos cuando se soplan las velas de la tarta de cumpleaños o cuando pasa una estrella fugaz (por cierto, la del verano pasado en Torrevieja no me ha cumplido todavía el deseo que pedí...), se estropea si se cuenta. El hecho de firmar con nombre y apellidos también hace que la prudencia me impida contestar a esta pregunta. Que no se sabe quién puede estar leyendo...

Algún personaje histórico que te encante...

Hace algún tiempo me cayó otro meme en el que había que escoger al personaje histórico al que más se admirase. Y ya entonces no supe qué contestar, porque me falta información. Puedo admirar la imagen, las acciones o la trascendencia de un personaje, pero al personaje en sí mismo no lo creo. Me falta mucha información y todos tenemos cadáveres en el armario. Y creo que de estudiante me enseñaron tan mal la historia que no he sido capaz de encapricharme de nadie. Aunque, puestos a decir uno, me quedo con el Cid. Y es que impone eso de ganar batallas después de muerto...

¿Chocolate o fresa?
¿Hace falta responder a esa pregunta? Chocolate. Sin duda. Casi de cualquier manera, negro, blanco, con leche...pero le tengo cierta manía al chocolate con fruta (y mira que a la gente le encanta ese chocolate con naranja, oye...) y al chocolate con licor (abstemio que es uno, qué le vamos a hacer...). Y me gustan las fresas, que conste. Hace años las tomaba siempre con nata, pero no nata montada, sino nata helada, que siempre me ha gustado mucho más, pero ahora me he acostumbrado a tomarlas solas.

Alguien en quien inspirarte...

Creo que esta es la pregunta más difícil de todas... No creo que ahora mismo haya una sola persona en mi vida que se pueda llevar todo el crédito de mis inspiraciones. Cojo un poco de cada una de las personas que me han demostrado que son importantes y que me dedican unos minutos de su vida para que lo pueda entender.

Y esto es todo. Quien lo quiera coger, que se sienta libre de hacerlo...

miércoles, octubre 31, 2012

En una galaxia muy lejana...

Ayer me dio un subidón de adrenalina de estos que me producen las noticias sobre los temas que me apasionan cuando leí que Disney compraba Lucasfilm y, de paso, anunciaba una nueva película de Star Wars para el año 2015. ¡¡¡Una nueva película de Star Wars!!! Aquellos que me conocen, saben lo que es Star Wars para mí. Para aquellos que no, simplemente les diré que allá por el mes de mayo de 2005 estaba yo sentado en un cine viendo el pase de prensa del Episodio III, La venganza de los Sith, y, muy cerca del final, en un instante que no voy a desvelar por si acaso, no pude evitar que se me escapara una lágrima porque estaba viendo el final, para siempre y definitivo, de una saga que ha estado conmigo literalmente todo mi vida, y es que nací después de que se estrenara la primera de las seis películas y desde siempre hubo muñequitos de Star Wars en mi casa. Sí, volviendo un par de frases más atrás, derramé una lágrima hacia el final. Qué le voy a hacer. Soy un sentimental, y además un sentimental friki.

Y el caso es que después del subidón de adrenalina, me entró la duda de no saber qué pensar. Por un lado, es Star Wars. ¡Y si es Star Wars no hay discusión posible! Pero por otro lado, me siento un poco estafado, como cada vez que George Lucas sacaba una nueva edición que había que comprar porque tenía 35 segundos nuevos, porque yo soy de los que se creyó el discurso que Lucas mantuvo durante años que la saga cinematográfica era la historia de Darth Vader, y que estaba más que cerrada con esas seis películas. Pero, claro, las posibilidades de un universo tan amplio como éste... ¡son ilimitadas!, y se pueden hacer tantas películas como se quiera con montones de tramas y personajes diferentes. Eso sí, habría que hacerlas siguiendo los códigos de la saga. Pero muchos piensan, y, aviso, yo no estoy entre ellos, que Lucas se los cargó con la segunda trilogía. Y, claro, me entra el pánico de que le den esto a gente como Michael Bay. ¡¡¡Pero como se lo den a Joss Whedon y monte una como Los Vengadores, a J. J. Abrams y haga algo más grande que su Star Trek, o a Spielberg... y que haga lo que quiera, me vuelvo loco!!!

Vale, vale, ya paro, que el friki que hay en mí se desboca. Pero es que es Star Wars. Sé que ahora está de moda darle palos a esta saga (como en su día, por lo menos en España, se solventaba la universal contraposición entre los seguidores de Star Wars y Star Trek con palos a Spock y los suyos); que la crítica disfruta despedazando cada una de las películas de la segunda trilogía, que el favor que tenía este título en nuestra niñez y adolescencia, casualmente cuando dejaron de hacer estas películas, ha ido pasando a otros títulos y sagas (contra las que, por cierto, parece que eres un sacrílego si sueltas alguna mínima crítica). Y yo no, yo sigo siendo fiel. Para mí Star Wars es lo más grande cuando hablamos de cine. Sí, Jar Jar es un petardo para niños. Sí, no hay dios que se crea el repentino enamoramiento de la reina Amidala. Totalmente de acuerdo, hay escenas que parecen pensadas para lucir efectos especiales y poco más. Por supuesto, me parece una tontería que haya androides de combate que hablen de una forma tan poco carismática. Y el Boba Fett niño es insoportable. Ah, y los midiclorianos. Sí, eso también es una estupidez.

Pero me da igual. Star Wars es Star Wars. Y yo soy un friki. Así que ya estoy pensando dónde estaré allá por el año 2015 cuando la pantalla se quede un mágico segundo en silencio después de leer aquello de "hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana" (¡maldita sea, acabo de darme cuenta de que ya no sonará la melodía de la 20th Century Fox! Ya me han hundido en la miseria poniendo el castillo de Disney en ese momento memorable...), estalle en la pantalla el logotipo amarillo de Star Wars sobre el estrellado fondo negro y resuene otra vez en todo su esplendor la mejor fanfarria jamás escrita para el cine. ¿Se viene alguien a compartir ese momento... y todo lo que venga después?

jueves, octubre 25, 2012

El discurso del Rey

Suelo prestar atención al Rey en su mensaje navideño. Sí, sí, ya sé, soy uno de los pocos que lo hace junto con algunos dirigentes de partidos nacionalistas, deseosos de reaccionar a cámara al día siguiente. Suelo prestarle atención porque es el jefe del Estado y en algo tendría que contar esa condición. Pero cuando el jefe del Estado pierde la perspectiva de la situación del Estado en el que ejerce la jefatura se está ganando que nadie le haga caso. Entre su justificación tras saberse de su accidente de caza, los disgustos que le está dando la familia y su creciente adhesión a las políticas del Gobierno actual, algo que no forma parte de sus atribuciones constitucionales y obligaciones sociales con su pueblo, está sumando muchos puntos para que las ideas republicanas cuajen con fuerza en España. Y lo digo sin tener demasiado apego ni desafecto por la monarquía constitucional o por la instauración de una nueva república. Veo pros y contras en todos los sistemas políticos y no soy entusiasta de ninguno. Raro que es uno en este mundo frentista.

El caso es que hoy el Rey ha dicho en Bombay que "las serias medidas de política económica" ya han "comenzado a dar sus frutos". Vale. Como respuesta a esa afirmación, no voy a entrar siquiera en la contestación social que hay a esas medidas ni voy a juzgar si es o no mayoritaria. Simplemente voy a abrir un par de periódicos digitales de hoy en busca de esos primeros frutos de los que habla. El mejor ejemplo de que las palabras del Rey, por muy obligadas que sean para que fuera se crean el mensaje y traigan inversiones a España, no están muy cerca de la realidad lo da el suceso más triste del día. Un hombre se ha suicidado pocos minutos antes de que le embargaran su casa en Granada. A eso es a lo que nos está abocando la forma de responder a esta crisis. A estas soluciones deshumanizadas en las que el banco gana y la persona pierde. Lo pierde todo.Y al mismo tiempo no pasa nada. Todo parece normal. A este hombre no le importan ya las medidas económicas, por muy serias que sean o muchos frutos que estén dando.

Y mientras los jueces denuncian los evidentes abusos legales en este terreno, pero eso no parece urgente de reformar, porque importan más los bancos que las personas, los números que la dignidad de las vidas. Lo que sí es importante regular, como han dicho varios cargos políticos en las últimas semanas, es el derecho de manifestación. No para atender lo que dice Amnistía Internacional sobre el uso excesivo de la fuerza en algunos casos o la impunidad absoluta de quienes se exceden en el uso de la porra con un uniforme y un casco, no. Para proteger a esos que confunden la Ley con la represión. Que serán uno o dos, porque yo no voy a hacer un alegato contra la Policía, pero que, por muy policías que sean, tendrán que responder ante la Justicia como cualquier otro. Porque si hay que protestar contra la financiación ilegal de un partido político o contra la privatización encubierta de la sanidad, tantas veces denunciada como desmentida, para favorecer a amiguetes con dinero público, se hace. Sería mejor que las administraciones paguen los servicios esenciales, porque en Cataluña las farmacias están de huelga por eso. Para otros gastos hay dinero, para medicinas no.

España ofrece mucho más en un día en el que su Rey ve frutos en las medidas económicas, un día como el de hoy, sí. Hasta las cosas más absurdas, vistas desde luego desde el prisma colocado en las alturas. Si no tienes dinero para pagar el uniforme, te pueden expulsar del colegio. Esas cosas suceden, sí. Lo importante no es que un niño esté escolarizado, que ya ha habido noticias de sobra sobre este tema en días anteriores como para que hoy también estén entre los titulares, sino el dinero que tiene. Ojalá fuera eso todo lo grave que sucede en la educación, pero estamos contentos, que para eso Wert dijo con informes de 2010 (gobernaba él entonces, claro) que es mentira que se haya recortado en Educación. Lo de la educación digo yo que alguna importancia tendrá, cada vez menos, eso sí, pero leo que hay un millón de personas sin estudios está en paro, cuando en 2007 eran 400.000. Supongo que ellos tampoco están viendo los resultados de las medidas económicas.

Y resultados tiene, ya lo creo. Los que se veían venir y que todos los meses se concretan en las estadísticas de paro. Así, concretamente y en el día de hoy hemos sabido que desde que se aprobó la reforma laboral, una de esas "serias medidas" de las que habla el Rey, se han disparado los ERE llevados a cabo en España. Gente sin trabajo. En la calle. Sin dinero. Puede que sin futuro. Y sin nada de eso, podemos volver al tema de las hipotecas o de la educación. O a lo de los impuestos, que ya hay propuestas en las que se habla de retirar toda ayuda a la compra de vivienda, incluso con carácter retroactivo o incluir muchos más productos en el IVA normal (el que ahora está en el 21 por ciento), porque si no, y eso se da casi como un hecho que hay que asumir, habrá que congelar las pensiones.

Ya me contará donde están los frutos. Porque yo leo el periódico y hoy no los veo. Si cogiera titulares de ayer creo que tampoco los vería. Y estoy seguro de que con los de mañana seguiré sin verlos. Quizá convendría que el Jefe del Estado abandonara sus discursos escritos por no sé qué asesor, mirara a los ojos a cualquier de los afectados por estas noticias y les dijera que todo lo que acabo de citar no tiene importancia, que es verdad que hay ya unos primeros frutos. Y si no puede o no quiere sacarnos de nuestra ignorancia, porque supongo que seguirá viviendo a cuerpo de rey (¿quién inventaría esa expresión y por qué...?), no creo que sea el único que le agradecería que no pronunciara frases más apropiadas para uno de esos políticos de medio pelo que han provocado la desafección de tantos ciudadanos hacia la política. Porque si eso lo hubiera dicho el portavoz adjunto de no sé qué partido que gobierne en cualquier lugar habría conseguido el titular de prensa que buscaba. Pero creo que el jefe del Estado está para otras cosas. Voy a mirar la Constitución que tengo aquí al lado, en mi estantería, para ver qué dice sobre esto.

martes, octubre 16, 2012

Batasunizados

"En el País Vasco estamos padeciendo las consecuencias de grupos como Nunca Máis. Lo que estamos padeciendo es la batasunización de la sociedad por parte de ETA. Su estrategia siempre ha sido crear estructuras sociales que, sin llamarse ETA, estaban al servicio de ETA". La frases de Jaime Mayor Oreja y la pronunció el 12 de febrero de 2003.
"Yo cuando iba al instituto, las huelgas las organizaban los de Batasuna. En Vitoria, había muchas huelgas, las huelgas los organizaban los de Batasuna, nunca las organizaban los padres y yo por eso creo que por eso los representantes de la CEAPA tienen que pensar si realmente están representando en este caso o no a los padres". La frase es de Alfonso Alonso y la pronunció hoy.

Todos los que no estamos de acuerdo con ellos estamos batasunizados. Somos todos unos radicales. Unos indeseables. Por supuesto, no tenemos razón. Es más, estamos en contra de la razón. Da igual que protestemos por los recortes, por las ayudas a los bancos, por la precariedad de la educación, por la muerte lenta de la sanidad pública y universal, por la insostenible situación de la justicia, por tener que pagar más medicamentos que nunca, por el trato a los inmigrantes, porque los culpables de la crisis no sean juzgados o por el mayor desastre medioambiental de la historia en forma de hilitos de plastinina. Y, sí, estamos batasunizados. Somos como la izquierda abertzale más violenta. Quizá incluso peores. Al menos no somos terroristas. No somos etarras. Todavía. Démosles tiempo, que con sus imbecilidades oratorias se lo merecen. Semejantes estupideces solo pueden mejorar cuando se está tan convencido de que la gente es idiota y no se da cuenta de que nos gobiernan con esta mentalidad retrógrada y tan poco democrática.

miércoles, octubre 10, 2012

Los abusones y lo diferente

¿Puede una mujer de 37 años con sobrepeso presentar un informativo en televisión? Obviamente, no le veo el problema. Un espectador del informativo matinal de la norteamericana WBKT considera que sí. Entiende que Jennifer Livingston, que así se llama la mujer protagonista de este caso, es un mal ejemplo para la comunidad, en especial para las chicas jóvenes, porque, a su juicio, lo que muestra apareciendo en pantalla es "una de las peores elecciones que una persona puede adoptar y uno de los hábitos más peligrosos que mantener", la obesidad. Jennifer Livingston decidió responder en directo al e-mail que recibió de este espectador cabreado, el vídeo ha cogido una fama creciente, nombres destacados del mundo del entretenimiento norteamericano han salido en su defensa y el vídeo ha recibido tropecientas mil visitas en Youtube. Vamos a contribuir con alguna más, aquí tenéis el mencionado vídeo, siento decir que en inglés y sin subtítulos, aunque después adjunto traducción de buena parte del mismo.



"No sabes nada de mí y soy mucho más que un número en una escala. (...) Las palabras de ese hombre no significan nada para mí. Pero lo que realmente me enfada sobre esto es que hay niños a los que sí, que reciben e-mails tan críticos como el que yo he recibido y en muchos casos incluso peores día tras día. Internet se ha convertido en un arma, nuestros colegios en un campo de batalla, y este comportamiento se imita, pasa de gente como la que me ha escrito este e-mail. Si estás en casa y hablas de la "mujer gorda de las noticias", adivina, tus niños probablemente van a ir al colegio y llamar "gordo" a alguien. Necesitamos enseñar a nuestros niños a ser agradables, no críticos, y es necesario hacerlo con el ejemplo. (...) Y me marcho con este mensaje. A todos los niños que os sentís perdidos ahí afuera, que batalláis con vuestro peso, con el color de vuestra piel, con vuestras preferencias sexuales o con vuestras discapacidades, incluso con el acné en vuestra piel, no dejéis que los abusones desafíen lo que valéis. Aprended de mi experiencia que las palabras crueles de uno no son nada en comparación con los gritos de muchos".

La respuesta me parece brillante y creo que pone el foco en lo verdaderamente importante de este asunto. En esta sociedad nos sentimos demasiado libres y con derecho para censurar el aspecto, el comportamiento o los problemas de los que nos rodean con una facilidad que da pavor. Y lo hacemos sin pensar en las consecuencias, en cómo pueden afectar nuestras palabras o nuestras burlas a la autoestima de los demás. Es tan fácil dar un empujón para derribar como para impulsar, y optar por uno o por otro define cómo somos. No parece sencillo que una mujer casada y con tres hijos como Jennifer Livingston haga de lo que piensan sus espectadores sobre su aspecto un pilar fundamental de su felicidad, pero podría haber sido el caso. Y, como explica ella, el abusón, acosador o simple gracioso de turno podría haber escogido una víctima que no tenga su entereza, una madurez que le haga ver que se trata de un ataque gratuito o un entorno que le ayude a sobrellevar unas críticas banales como las de este tipo que escribió el mail que desencadena la historia.

El mensaje de Jennifer Livingstone me parece inspirador. Supongo que será verdad eso de que la televisión puede ser algo más que una herramienta de manipulación. Supongo también que tendría que ser normal que una mujer con el aspecto físico que tiene ella puede presentar un informativo, aunque en España la tendencia es obviamente la contraria (y en caso de que se rompiera, sin duda sería una excepción, algo llamativo, una cuota, no el reconocimiento del talento de esa persona en cuestión). Y supongo que también tendría que ser normal que ante un impresentable que manda un mensaje ofensivo nadie se haya preguntando cuál es la línea editorial de la WBKT, si es un medio demócrata o republicano, si es conversador o progresista, a la hora de salir en defensa de la persona agredida. Igual es que todavía tenemos mucho que aprender.

jueves, octubre 04, 2012

La democracia tendría que estar triste

Llevo días pensando cómo escribir algo sobre las protestas cerca del Congreso, las cargas policiales, los delitos que se quería imputar a los detenidos y las reacciones de dirigentes del PP a todo este asunto. Creo que no lo he hecho hasta ahora por tristeza. Tristeza es lo que sentí mientras veía a través de la web de El País y en streaming las carreras de los antidisturbios y de los manifestantes, pero mucha más tristeza es la que me invade con lo que ha venido después. Si me pongo ahora a escribir es porque se ha cerrado el círculo vicioso de la ignominia y la desfachatez y tiene que haber algún momento en el que todo el mundo se plantee decir algo. El mío ha llegado hoy escuchando a ese gran estadista que ha demostrado ser Rafael Hernando, portavoz adjunto del PP en el Congreso de los Diputados.
Vamos por partes. Hay manifestaciones porque hay un evidente descontento entre la población. No me importa que sean diez, cien, mil, diez mil o un millón de personas. Hay malestar. Eso parece evidente. Aunque se supone que se le paga para solucionar los problemas de los ciudadanos, para el presidente del Gobierno no hay problema, porque él cree que está viviendo una situación "fascinante". Eso lo dijo en una entrevista concedida a un medio extranjero y, supongo que siguiendo su costumbre, después de tomarse su whisky en el avión ante de irse, esta vez a Naciones Unidas a hablar sobre Gibraltar ante un auditorio abarrotado. Nótese que lo de "abarrotado" es una ironía, gracias. Sí, es el mismo presidente del Gobierno que solventó la manifestación independentista de media Cataluña con un ahora no toca porque hay que hablar de temas serios. Es decir, Gibraltar. Porque allí de la economía del español no habló.

El caso es que teníamos unas protestas en marcha. La idea era rodear el Congreso de los Diputados. Es evidente que estoy bastante de acuerdo con las quejas por la situación actual de España, pero no acabo de tener claro por qué se rodeó el Congreso. ¡Si allí no había ni un solo ministro del Gobierno en el momento de la protesta! No es que eso sea noticia, porque ahora el presidente se va a pasar un mes sin pisarlo, esa es la consideración que tiene por el Parlamento. Casi mejor, porque da más explicaciones cuando se marcha al extranjero que cuando está aquí. Nótese de nuevo la ironía. Supongo que la idea de rodear el Congreso pasa por esa extendida idea, no muy desencaminada pero a la que hay que hacer algunos matices importantes, de que todos los políticos son iguales. Y no, no lo son. En esto no.

¿Por qué? Pues por todo lo que ha sucedido a continuación que, moleste a quien moleste, no pasa cuando gobiernan las otras siglas y no las que ahora ostentan el poder. Lo primero es el despliegue policial para blindar el Congreso. Solo eso ya tendría que producir una tristeza inmensa a cualquier demócrata. No por quien protesta, sino por el hecho de que haya que recurrir a eso ante una protesta. Es el centro de la soberanía popular y el pueblo no lo siento como suyo. Algo estarán haciendo mal quienes se sientan allí, pero "autocrítica" es una de las dos palabras desconocidas para los políticos españoles (la otra es "dimitir"). Supongo que, por coherencia, este año no habrá jornadas de puertas abiertas. Digo yo. Palabras de tristeza sí se han escuchado de miembros de algunos partidos. Del que está en el poder no. Es más, se escucharon términos muy gruesos para definir la protesta. Los motivos de la protesta, obviamente, no les interesaban.
Con o sin razón, con o sin motivos, carga la Policía. La actuación acaba con decenas de heridos y con unos cuantos detenidos. Si eso, independientemente de las razones de unos y otros, no le produce tristeza a cualquier persona que lo vea, es que algo estamos haciendo mal. Rematadamente mal. Llegar a eso evidencia un fracaso social y democrático importante. ¿Qué hace el Gobierno? Felicitar efusivamente y condecorar a los responsables policiales que han coordinado la operación. Sí señor, con un par. Eso dará sin duda a la Policía Nacional el respaldo de los ciudadanos. Sobre todo de aquellos que recibieron palos sin hacer nada o los que vivieron lo que para mí son unas escenas terroríficas, las de los antidisturbios entrando en la estación de Atotcha. A mí me parecieron imágenes de otros tiempo con otro color en el uniforme de las fuerzas de seguridad.
La reacción del PP no acaba ahí. En primer lugar, se pueden encontrar noticias que explican en una llamadita de Moncloa que la protesta se cayera de la programación en directo del canal de información 24 Horas, de RTVE (con nuevos dirigentes desde que que los populares llegaron al Gobierno). Después sale Jaime Mayor Oreja, que fue nada menos que ministro del Interior y algo sabrá por ello de todos estos temas, y justifica que no se den por televisión porque no son imágenes edificantes. Lo de la libertad de prensa y el derecho a la información como que parece que no entra en los cálculos del ahora eurodiputado. Pero luego sale la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, y lo supera, planteando la necesidad de legislar sobre el derecho de manifestación. Cifuentes no tenía inconveniente en manifestarse cuando gobernaban los otros, pero, ¡ah!, cuando gobiernan ellos las manifestaciones es que no son tan divertidas. La calle es suya. O de Fraga, no lo tengo claro.

Resulta que a los detenidos se les quiere imputar un delito contra las instituciones del Estado. Nada menos. Habría que saber a qué clase de gente se le ha imputado eso desde que España es democrática. Me gustaría saberlo. Quizá así entendamos que la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, relacionara estas protestas con el Golpe de Estado del 23-F. Pero llega el juez Pedraz, que por encima de todo es eso, juez, y evidentemente archiva la causa porque no hay por donde coger el asunto. Si el Congreso ha celebrado su sesión sin interferencias, si al Congreso no han llegado los ecos de la protesta porque se ha impedido que los ciudadanos se acerquen, ¿qué delito contra las instituciones del Estado se puede perseguir? Ni idea. Pero, claro, no soy jurista. Y entonces sale el ya mencionado Hernando y dice que Pedraz es un "pijo ácrata" al que responsabiliza, porque él lo vale, de todo acto de agresión o coacción que sufra un político a partir de ahora. De la presunción de inocencia de los detenidos o del respeto a la justicia ese del que se habla cuando los procesados son del PP, nada de nada.
Todo esto evidencia qué hemos perdido de una legislatura a otra. Porque aunque Rajoy diga que estamos mejor que hace un año (¿en qué? ¿se lo pregunta alguien por mí?), no creo que hayamos progresado mucho en economía, educación, sanidad, justicia y otros terrenos básicos para la vida del ciudadano. En la pasada legislatura estaríamos mal, tendríamos unos gobernantes lamentables. Pero en esta estamos retrocediendo a otras épocas que a este paso nunca terminarán de olvidarse en España. Hemos perdido en democracia. Hemos perdido en derechos. Hemos perdido en libertades. Y, qué cosas, eso solo pasa cuando gobiernan unos. Cuando gobiernan los otros, hay manifestaciones que no acaban a golpes, se ponen por televisión y se respetan desde las instituciones, y a los jueces no se les lanzan insultos de patio de colegio cuando no gustan sus sentencias. La democracia tendría que estar triste, pero luego llega la hora de votar y las urnas no evidencian esa tristeza. A lo mejor que no hay tanta gente triste por todo esto.

lunes, septiembre 24, 2012

Extra de whisky y viva el vino

En el fondo es divertido. En España hablamos, debatimos, discutimos y jamás nos pondremos de acuerdo en nada que afecte a la política. Habrá quien se queje por los recortes mientras alguna relacione maliciosamente una protesta ciudadana, salga como salga, con un intento de golpe de Estado de hace treinta años. Habrá quien defienda como inevitables las reformas decretadas por el Gobierno de la mayoría absoluta como imprescindibles. Habrá quien crea que esto es una herencia de un presidente del Gobierno nefasto y quien vea al actual como alguien más nefasto todavía. Habrá quien defienda la necesidad de votar como parte del funcionamiento del sistema democrático y habrá quien piense que no vale para nada. Habrá quien considere imprescindible salir a la calle cuando algo no funciona y quien creo que eso, en realidad, no tiene efecto alguno. Habrá quien vote PP y habrá quien vote PSOE. Y habrá, aunque los medios hagan poco caso a esos, quien vote a alguien que no sea ni PP ni PSOE. De todo eso habrá y en nada de eso nos pondremos nunca de acuerdo.

Pero, además de todo, eso, siempre habrá quien esté volando en un Airbus o en un Falcon del Ejército tomando una merienda con jamón ibérico de 190 euros el kilo. Habrá quien se gaste unos 1.000 por vuelo en licores y vino. Habrá quien se gaste otros 1.000 euros, nunca los mismos porque lo que se gasta no se puede recortar, en una cena en uno de esos aviones para él mismo y otros cinco colaboradores consistente en solomillo, rodaballo, siete botellas de vino y diez cervezas (no me salen los cálculos por comensal...; ¿cuenta como delito la borrachera de Estado?) después de venir del fútbol, que no en este caso de una cumbre europea aunque también se hará, por supuesto. Habrá quien haya dado la orden de que haya "extra de whisky" cuando esa persona suba a un avión militar. ¿Y sabéis quien es esa persona? El presidente del Gobierno, don Mariano Rajoy. Le pongo el don delante porque alguien que es capaz de dejar que sea un ministro de Economía anuncie un rescate a la banca por nosécuántosmil millones de euros mientras él se planifica un viaje a Polonia para ver un partido de la selección española en la Eurocopa de fútbol, con semejante menú y una copita de whisky en la mano para...
...cantar gol de esta manera, porque sin duda es un golazo, por supuesto que se tiene merecido que le pongan el don delante de su nombre. Faltaría más que no tuviéramos esa consideración. Los datos los publica Interviú esta semana. Yo no digo más, porque para qué. Si esto mañana está más que olvidado y ningún periodista de este país que tenga acceso al presidente del Gobierno (NINGUNO) se va a atrever a preguntarle si no considera una sublime desfachatez ordenar recortes económicos y sociales que empeoran la calidad de vida de los ciudadanos, que amenazan su salud y que destrozan su modelo de vida y su futuro, mientras sabe que en su próximo vuelo va a tener garantizado, y pagado con fondos públicos de esos que no se pueden recortar o cuyo debate no procede, su jamón de 190 euros el kilo con su copita de whisky "porque no le gusta mucho ir en avión" y así se le pasa mejor el viaje. Y dicho eso, sólo puedo sumarme al debate con el único grito posible que se sostiene con esta situación:

lunes, septiembre 17, 2012

Madrid, esa anomalía democrática

En 2003, Esperanza Aguirre se convirtió en presidenta de la Comunidad de Madrid después de uno de los escándalos más grandes que ha habido en la política española en las últimas décadas. Y ha habido unos cuantos. Pero ninguno como el tamayazo. Eso de que desaparezcan dos diputados socialistas imprescindibles para la investidura de un presidente es algo que no sucedió antes y seguramente no sucederá más. Eso de que todavía no sepamos por qué esos dos diputados decidieron arruinar la posibilidad, ganada en las urnas (con otra anomalía, eso sí, la de que pueda gobernar alguien que no es el más votado), de que Rafael Simancas se convirtiera en presidente madrileño con los votos de PSOE e IU es algo que me tiene todavía perplejo. Hubo una comisión de investigación que Aguirre y su partido, ya en el Gobierno regional después de la repetición de las elecciones, dejó en nada para vergüenza de la democracia aunque a casi nadie le importara aquello.

Sé que habrá gente que lo pensará, pero para mí no era cuestión de partidos. No debieron repetirse esas elecciones. Si de verdad fue una pelea interna, Aguirre y el PP tendrían que haber mostrado grandeza y garantizar la investidura del único candidato absteniéndose en la votación, y lo hubiera dicho igual en caso inverso. Así se habría respetado lo que votó el pueblo. Pero no. Además, llamadme malpensado, pero tengo grabadas en la memoria aquellas declaraciones que ahora, con esta dimisión y el repaso a su carrera política, recuerdan algunos medios de comunicación, aquellas que hizo días antes de la investidura (en la que, y eso sí lo digo de memoria y sin total seguridad, ella no se presentó como candidata alternativa) en las que afirmaba que aún no daba por perdida la presidencia de la Comunidad de Madrid.

Desde entonces, y por una cuestión de creencias e ideales, ni mucho menos por una de color político, tengo un desapego absoluto por la política madrileña. Y ese desapego ha ido creciendo según se producían acontecimientos que lo aconsejaban por higiene mental y democrática. Comenzó Aguirre con aquella promesa de dimitir si había algún enfermo en la lista de espera para ser operado durante más de 30 días. Simplemente, cambió los criterios para entrar en esas listas para que no pudiera darse ese caso, y a correr. Como ahora ha cambiado del "más IVA no" y recoger firmas contra el Gobierno central del PSOE a callar cuando lo ha subido el del PP más aún. Luego llegó Gurtel, otro turbio asunto del que en realidad parece que sabemos mucho menos de lo que hay por detrás de las imágenes de la boda de la hija de José María Aznar y Ana Botella.

Y luego, para completar el cuadro de la anomalía democrática en la que se ha convertido Madrid, precisamente Ana Botella se convirtió en alcaldesa de Madrid sin que el pueblo la haya votado. Eso, evidentemente, no es una anomalía del sistema democrático madrileño, sino nacional, porque en toda España votamos listas cerradas y no candidatos a la Presidencia de las instituciones o siquiera por listas abiertas para cada escaño. Pero con esta situación de doble elección por parte de un poder político sin pasar por las urnas del pueblo, Madrid, la capital del Estado, es paradigma de lo mal hecho que está el modelo en algunas cosas. Ni su primer edil ni su presidente autonómico encabezaron ninguna lista en las recientes elecciones. No estuvieron en los carteles. No se votó pensando en ellos. El ciudadano en Madrid ya no pinta nada, votan ellos y punto.

Ahora Esperanza Aguirre dimite y deja la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Como sus explicaciones no han sido todo lo claras que creo que tendrían que haber sido para disipar las dudas, y teniendo en cuenta su historial de declaraciones, se abre la puerta de la especulación de par en par y sin posibilidad de ser cerrada con motivo. Yo no voy a entrar en ese juego, pues nada sé. Si son cuestiones médicas y personales las que le llevan a abandonar el cargo político para el que fue elegida hace año y medio, no tengo nada que decir. Solo mostrar mi más absoluto respeto y desearle que sea feliz con su vida, que ya pasa al terreno de la indiferencia pues sus decisiones no afectarán ya más a la mía. Pero veo muchos agujeros en las explicaciones y en el calendario. Y las dudas no aclaradas son las que alientan siempre los peores pensamientos sobre las razones que hay detrás de una dimisión de semejante relevancia política y mediática.

Y es que no me parece ni medio normal que tres días después del debate sobre el estado de la región, protagonizado obviamente por la presidenta, ésta presente una dimisión que, dice, lleva meditando mucho tiempo. Porque entonces, ¿para qué sirve ese debate? ¿Y para qué sirve la Asamblea de Madrid? En realidad tampoco me parece normal que dimita año y medio después de las elecciones, porque soy un firme convencido de que el mandato de las urnas tendría que ser sagrado salvo causa de fuerza mayor, pero las dudas sobre si achacar su marcha plenamente a su estado de salud hacen que ese argumento quede en suspenso. Lo que no me parece de recibo en ese caso es que no se convoquen elecciones. Porque, de haberse anunciado hace unas semanas, se podrían haber convocado junto a las vascas y a las gallegas. Pero Madrid, como Spain, debe ser different.

Todas estas dudas vienen dadas porque no se retira de la vida pública, sino de la primera línea política. Dice que va a pedir su reintegro al puesto como técnica de Información y Turismo. Es decir, quiere seguir trabajando. ¿Luego hay razones políticas y/o económicas para dejar su cargo que no se quieran hacer públicas? ¿Tienen algo que ver la precipitada convocatoria de la rueda de prensa en la que anuncio su dimisión (dos horas antes) con el contenido de la reunión previa con Rajoy en la que le comunicó su marcha? Porque, hasta hoy, Esperanza Aguirre había hablado de muchas cosas y la mayoría para oponerse al Gobierno. El caso Bolinaga o la ley antitabaco (por lo de Eurovegas) han sido los dos últimos ejemplos de una larga lista, pero evidentemente la situación económica y la realidad económica de la Comunidad de Madrid se ponen directamente sobre la mesa. Porque sigo sin ver a alguien que hace poco tiempo amagó con ser alternativa a Rajoy en el liderazgo de su partido o que siempre haya dicho que quería ser alcaldesa de Madrid anunciando una dimisión y una retirada así como así.

Tengo la sensación de que hay muchas cosas que no se han contado y una sensación aún más clara de que, por desgracia, nunca las vamos a conocer a ciencia cierta. Como con el tamayazo. Y como entonces, sólo podremos especular con lo que vaya sucediendo a partir de ahora. Pero al menos sí se puede decir abiertamente, con tanta rotundidad como pesar, que Madrid es una anomalía democrática por tener un presidente, en breve, y una alcaldesa que no se presentaron a unas elecciones como cabezas de lista. Cuánta falta hace la reforma de la ley electoral y qué poco interés parecen tener en reformarla los únicos que tienen la capacidad para hacerlo.

domingo, septiembre 09, 2012

El vicio de la hemeroteca

No creo que, en su día, fuera un estudiante típico de Periodismo. No me refiero a las notas o a los exámenes, no. Hablo de que mis ratos de ocio en torno a la carrera no los pasaba, como el común de los aspirantes a periodista, en la cafetería. Ese era, indudablemente, el centro neurálgico de la Facultad. El sitio donde sucedían todas las cosas. El lugar al que había que ir si no estabas, insensato de ti, en clase. Creo que en todos mis años de carrera pisé la cafetería en tres ocasiones. Tres contadas. No traté de ligarme allí a ninguna compañera. No me saltaba la primera clase del día para tomarme allí un café. No pasé en ese lugar incontables horas jugando al mus, deporte universitario por excelencia al parecer y del que mi conocimiento es prácticamente nulo. Y mira que por la puerta pasaba mucho, porque reprografia estaba justo al lado. Pero no. Yo gastaba mi tiempo en la Facultad en la hemeroteca.

Mi fascinación siempre ha sido la prensa escrita, mucho más que la televisión o la radio, adoro la sensación de coger un pesado volumen que incluya todos los ejemplares editados por una cabecera a lo largo de un mes cualquiera de un año de hace muchos. Me encanta abrirlo y percibir el olor añejo del papel de periódico antiguo. Tocarlo. Pasar las páginas. La satisfacción de encontrar lo que estoy buscando, pero al mismo tiempo ir descubriendo lo que sucedió de forma simultánea a lo que centraba mi interés. Saber qué se publicaba. Cómo. De qué manera. La forma en que se escribía o se titulaba. Eso no te lo enseñan en una clase de ninguna facultad. Eso hay que verlo en el papel. En la hemeroteca. Por eso me fascinaba tanto, porque era un conocimiento que no formaba parte de los planes de estudio. Y por eso me asombraba tanto que la gente apenas se pasara por allí. Algunos había buscando los periódicos más recientes. Prácticamente nadie buceando entre los microfilmes de décadas atrás.
Hace algunos meses estaba yo en una de esas maravillosas hemerotecas buscando información y datos sobre cosas que sucedieron hace 25 años. Y coincidí con un grupo de chavales de instituto acompañados por su profesor. Curioso lugar para una excursión, una hemeroteca. Al parecer, les había propuesto un ejercicio de campo. Los chicos, supongo que de unos 16 o 17 años, tenían que encontrar un periódico del día en que nacieron, de la cabecera que más les gustara, y ver de qué se hablaba en la época, qué había cambiado en esos años, también comprobar cómo habían evolucionado los medios de comunicación y comparar lo que veían con la prensa de hoy en día. Sonreí. Me hizo ilusión ver algo así porque a veces parece que la hemeroteca es un lugar en el que pasa el rato gente que no tiene nada que hacer. Nos olvidamos de que todo lo que se publica hoy, podrá ser consultado dentro de diez, veinte o treinta años. O cien. O doscientos. Y que no hay nada más fácil de recolectar y conservar que lo que se publica en papel.

Hago ese mismo ejercicio y, aprovechando que las hemerotecas tienen ya parte de sus fondos digitalizados y online, busco un periódico concreto de ese día en el que nací. Y justo detrás de su primera plana (qué dos palabras tan bonitas y tan en desuso, gracias Billy Wilder por dejarlas plasmadas en el título de una película, y además en el de una tan formidable), me encuentro esto:
Sí, yo tenía que ser periodista. Si ese se publicó el mismo día en el que yo nací, es que yo tenía que probar el gusanillo del periodismo y ahora, tantos años después, pelearme precisamente contra la degradación de la prensa que no dejo de ver día tras día. No deja de ser curioso que muchos de los males que se denuncian en esas líneas sigan plenamente vigentes. Si el periodismo (que no la comunicación, eso existirá siempre y la pueda hacer cualquiera) tiene que morir, espero que no pero en esto cada día que pasa soy más pesimista, su muerte va a ser lenta, eso está claro. Pero, insisto, si de verdad el periodismo tiene que morir, al menos siempre nos quedarán las hemerotecas. Siempre y cuando haya locos como yo que disfruten tanto buceando entre volúmenes de periódicos y, ahora, entre archivos en PDF.

sábado, septiembre 01, 2012

Cine + IVA

Siempre les he tenido cariño, pero los cines que están cerca de mi casa no son muy allá. Son pequeños, nunca han sido los más cuidados de la ciudad, y en algunas de sus salas se podían oír las explosiones de la película de la sala de al lado sin demasiado problema. Pero son los que están cerca de casa, así que he ido a ellos en incontables ocasiones. Les tengo cariño, sí. Es donde me acostumbré a ir solo al cine ya desde adolescente, porque nadie quería aprovechar las sesiones de precio reducido que siempre tuvo (era mejor salir a muerte y emborracharse, cosas de la edad del pavo que yo pasé de otra manera) o porque así veía películas que nadie quería compartir conmigo. Tengo muchas anécdotas en esos cines. Desde el día que me repitieron la escena de la estampida de El rey león hasta descubrir por un fallo de sonido que recordábamos los dos que estuve en la misma sesión del Drácula de Bram Stoker que un amigo que conocí años después, pasando por un preestreno de Independence Day, la reunión de los compañeros de trabajo para ver el final de la saga de Star Wars, la última vez que me invitaron al cine para ver Intocable o incluso un plantón para ver Los puentes de Madison. El cine para mí es eso, recuerdos, sensaciones, momentos que se quedan en mi memoria. Y cultura.

Ahora el cine ya no es cultura. Lo dicen los que mandan. Es entretenimiento. Como tantas otras cosas. El teatro, la lectura, la educación... Todo eso es entretenimiento. Por eso he empezado describiendo anécdotas. Podría haberos dicho cuánto me han enseñado el cine, sobre la historia, sobre la vida o sobre la realidad. Pero os he contado anécdotas. Entretenimiento. Todo sea por mostrarme acorde con los tiempos en los que vivimos. El entretenimiento pasa a ser un bien de lujo con la subida del IVA que rige desde hoy, sábado 1 de septiembre, una medida que va a arruinar a mucha gente, que va a frenar el consumo y que va a generar despidos y el cierre de empresas y locales. Estoy tan seguro de eso como lo estaba de que quienes se dedicaron a recoger firmas en contra de la anterior subida del IVA no tendrían pudor alguno en defender ésta. La anterior fue un error, ésta una completa calamidad, porque viene a sumarse al castigo de la anterior (y a otros tantos castigos que han decretado los que mandan) y porque es imposible argumentar algunas de las decisiones que se han tomado al respecto. Los que firmaban eran éstos, por cierto.
En esos mismos cines de los que os hablaba, hace menos de nueve años yo pagaba por una entrada 4,30 euros. Estos eran los precios que tenía ayer, día 31 de agosto. Un simple cálculo puede demostrar que el cine no ha subido precisamente lo mismo que el IPC anual o que los sueldos que se cobraban allá por 2003.
Pero siempre hay motivos para añadir indignación a la sociedad en la que vivimos. Estos son los precios que tienen esos mismos cines desde hoy.
Hoy es más cara la entrada con la tarifa reducida que la normal de ayer. La subida es de 1,30 euros en la entrada normal y de 1,10 en la reducida, de 7 euros en el bono de diez sesiones (que supongo que seguirá sin poder utilizarse en fines de semana, ya ni lo miro porque soltar 32,50 euros así de golpe es un lujo impensable para algo que no sea la lista de comida a comprar en el supermercado). A un desempleado se le cobra 7,60 euros por una entrada de cine. Si el desempleado quiere ver una película, mejor que no tenga pareja ni hijos y viva su miseria en soledad.

Damas y caballeros, hoy, día 1 de septiembre de 2012, es el día del inicio de la defunción definitiva del cine como espectáculo de masas. Gran medida contra la piratería la subida del IVA, sí señor. Ahora España va bien. Como solía.

miércoles, agosto 29, 2012

Seven things about me

Hace unos días, BkindZanks tuvo a bien concederme uno de esos premios que circulan entre blogs desde su más que recomendable bitácora (siempre que escribo esta palabra, no sé por qué, me acuerdo de Star Trek...), Uno de estos días... La verdad es que llevo poco tiempo pasándome por su rincón 2.0, pero ya se ha convertido en uno de esos sitios en los que me cuelo a diario para ver si hay algo nuevo, así que me encanta el hecho de que se acuerde de mí en una ocasión como ésta. El premio en cuestión me obliga a contar siete cosas sobre mí. El caso es que hace tiempo, en las profundidades de este blog, ya  hay una entrada de características similares, una en la que había que decir nada menos que diez cosas sobre uno mismo. No, no voy a hacer trampa y no voy a repetir ninguna de las cosas que puse entonces. Vaya forma sería esa de cumplir con el encargo. El "copy-paste" no es lo mío. Prefiero remover mis neuronas y pensar en detalles nuevos que contar. Allá vamos...

1. Mi agenda personal gira en torno al partido de la Real. Si juega la Real, no estoy disponible a menos que estemos en un sitio en el que haya una televisión y que la gente que me acompañe esté dispuesta a aceptar que mi atención estará algo más distraída de lo normal durante los 90 minutos de juego. Esta norma sólo se rompe a causa de acontecimientos excepcionales. No dejo de asistir, por ejemplo, a la boda de un amigo por el hecho de que haya un partido. Aunque me lleve una radio para saber cómo va...

2. Cuando voy al cine, sobre todo cuando voy a ver una película que espero con ansia o alguna frikada, hay un segundo maravilloso que creo que sólo yo disfruto. Un segundo, justo antes de que empiece la película, en el que la pantalla se queda en negro, sabes que la película está a punto de empezar y te invade una emoción incomparable. La culpa de esto la tienen Alfred Newman, George Lucas y John Williams. Ahora llevad esos tres nombres al arranque de cualquier película de Star Wars, con la fanfarria de la Fox, el "hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana" y la pedazo de música de apertura del filme y quizá entendáis la magia que veo en ese instante. Quizá. O quizá soy demasiado friki.

3. No sé mentir y no sé aparentar. Si estoy a disgusto, se me nota. Si hay un problema en el ambiente, me es imposible no tenerlo en cuenta a la hora de hablar o de comportarme. Si hay un evento en el que sólo se me requiere por compromiso, y después de haber aprendido que no hay que ir donde a uno no le quieren de verdad, está llegando ya a la consideración de absoluto imposible el que yo asista. Y si no quiero ir a un sitio, no me voy a inventar una excusa, que es un eufemismo para ocultar que se trata de una mentira de esas que no sé contar.

4. Hay un viaje que deseo hacer desde hace años por encima de cualquier otra cosa. Nueva York es la ciudad de mis sueños, gracias a haberla visto en centenares de ocasiones en el cine y los cómics. Pero hasta hoy no se han reunido las condiciones necesarias de dinero, tiempo y compañía como para ir allí. Se resiste, pero nuestros caminos acabarán cruzándose. Y cuando esté allí seré feliz, aunque me rompa el corazón no poder subir ya a las Torres Gemelas.

5. Tengo buena memoria. Eso me sirve para recordar cómo quedó el Real Madrid - Real Sociedad de la temporada 1967-1968 (sí, nos ganaron 9-1 para darnos la bienvenida a Primera tras el ascenso de Puertollano), para poder decir en una conversación friki el nombre de la actriz que aparecía en Planeta prohibido (¡oh, la encantadora Anne Francis!), para intervenir en alguna conversación política con alguna frase memorable de José María Aznar (como el "estamos trabajando en ello" con acento chicano) o para acordarme de cómo se porta la gente conmigo. Me acuerdo de las cosas, sí. Qué le vamos a hacer. Por eso creo que, sin memoria, es muy difícil juzgar.

6. Llevo años peleándome con la concepción de que los dibujos animados o los cómics son sólo para niños. Incluso fue el tema que escogí para una disertación de quince minutos en un examen de inglés que hice allá por el año 1994. No me importa que la gente me mire raro, me considere friki o incluso que no me tome en serio. Poco a poco, iremos conquistando terreno. Y si quieres que te lo demuestre, pregúntame qué leer o qué ver y ya me dirás si te gustan mis recomendaciones.

7. Me encantan las hamburguesas. De vez en cuando, y sobre todo con una amiga y antigua compañera de trabajo, sucumbo a la tentación de un Burger King por mi culpa o un McDonald's por la suya (¡las patatas del Burger son mucho mejores!), pero hablo de una hamburguesa de las de verdad, con carne de primera y condimentos a la altura. Nada de comida basura, sino de comida en condiciones. Si alguien me invita, que soy pobre, conozco dos hamburgueserías sencillamente extraordinarias a las que hace ya mucho que no voy...

Espero haber cumplido con las expectativas... Toca ahora escoger a los que me gustaría que siguieran esa cadena. No son todos los que leo (y en algún caso la propia BkindZanks me ha pisado un nombre más que asegurado, el de Key...), igual no tiene cabida una entrada como ésta en el tono de los blogs que llevan sus autores, sólo se lo anunciaré aquí por si no quieren hacerlo y ya les digo desde aquí que no hace falta que me hagan caso si no quieren o no les apetece, pero ahí van los nombres:
· C., de Caos de sentimientos.
· El Impenitente, de Los Cariacontecidos.
· El Quinto Punto Cardinal, de Hemos perdido el norte.
· Raquel, de Raquel busca su sitio.
· Sonix, de Sonia Unleashed.
En todo caso, sirva su mención para recomendaros que os paséis por allí, porque todos ellos saben lo que escriben, lo hacen de maravilla y son sitios para mí imprescindibles por un motivo o por otro.

viernes, agosto 24, 2012

Recortes y recortes

Situación 1. Hay unos 60 diputados que tiene declarada la posesión de una vivienda en la Comunidad de Madrid que cobran un complemento de 1.838 euros como indemnización por sus gastos de alojamiento en la capital. En el escenario de crisis económica en el que vivimos y con la constante guillotina de los recortes y las subidas de precios para el ciudadano común, esto no se ha recortado. Situación 2. La Generalitat de Cataluña ha decidido retirar a una mujer de más de 70 años la pensión de 104 euros que le pagaba mensualmente aduciendo que esta mujer se encuentra en el hospital recuperándose de un ictus, recibiendo así atenciones y comida pagadas con dinero público, y, por tanto, no precisa de ese dinero para sobrevivir. Ahí sí se recorta. A lo bestia y sin pudor, encima, porque la Generalitat le pide además que devuelva las dos últimas mensualidades que cobró, 208 euros, porque ese es el tiempo que lleva hospitalizada.

Le deshumanización, crueldad, estupidez y sinsentido que desprende la coexistencia de estas dos situaciones es fácil de ver. Lo que encima suena a farsa, a burla y a insulto es que te la quieran explicar. Un señor llamado Francisco Márquez, diputado del PP por Ceuta para más señas, ha decidido explicárnoslo. La parte que le toca, por supuesto, porque la que no le toca ya la ha explicado la Generalitat, un ente sin rostro y sin corazón al que apelar, aduciendo que sólo cumple con una ley de 2006. Que ellos no querían y que nos les queda más remedio que hacer cumplir la citada ley. Que la ley sea una bazofia que no tiene en cuenta las vidas de las personas es un pequeño detalle sin importancia. Pero no nos despistemos, volvamos a las explicaciones del señor Márquez. Dice que es "absurdo" considerar que diputados que tienen vivienda en Madrid no tengan derecho a percibir esos más de 1.800 euros.

"La indemnización no está condicionada a que su importe vaya destinada a un hotel, a un apartahotel o a un alquiler porque está pensada para contribuir a los gastos de quien, elegido por una circunscripción que no es la de Madrid, tiene para el desempeño de sus funciones", explica, convencido de que tienen "el mismo derecho" a cobrar ese dinero los diputados que no tienen vivienda en Madrid como los que, "aportando parte del capital que han ganado con el desarrollo legítimo de sus actividades profesionales", se han comprado esa casa. Y sentencia: "Esta polémica aporta muy poco al debate político actual". He ahí, en esa última frase, el quid de la cuestión, en que hablar de eso no aporta nada al debate. No quieren debatir las alternativas a los brutales recortes que sufrimos por si acaso les toca. Eso es. No hay más.

Resulta que ya no hay líneas rojas por cruzar, que se puede recortar de absolutamente todas las partidas presupuestarias de las administraciones públicas (quedan las pensiones, aunque por lo que se cuenta en los medios de comunicación será lo siguiente en recortar), pero los complementos de los políticos no se pueden tocar. Tienen derecho a ellos, dice. En primer lugar, es una salvajada que ese complemento sea de 1.800 euros, porque se puede residir en Madrid, y muy aceptablemente, por mucho menos de ese dinero, que además está libre de impuestos (¿Hacienda somos todos?). En segundo lugar, si se tiene que recortar, se recorta como en todo. ¿No dice la Constitución que todos somos iguales? Pues a sufrirlo. ¿Acaso un político electo en una circunscripción ajena a Madrid necesita más esos 1.800 euros que la mujer protagonista de la otra historia sus 104 euros? ¿No nos estaremos equivocando al decidir qué cantidad recortar o suprimir?

Sigo diciendo que esto de la crisis económica encierra demasiados bulos, engaños y embustes. Que somos presos de un sistema tan bueno como cualquier otro pero viciado por personas como el señor Francisco Márquez. Lástima que la mujer afectada por el primer caso que describía no viva en Ceuta, porque me pregunto qué le habría contado este diputado elegido en su circunscripción en el caso de que le explicara lo que le sucede. ¿Tendría la desfachatez de decirle que él sí tiene derecho a percibir 1.838 euros y que ella no lo tiene para cobrar 104? Presumo que no, pero también que no le temblaría la mano al firmar un decreto que lo garantizara. No puedo sentir aprecio por un mundo en el que la arrogancia clasista es capaz de justificar pagos públicos superfluos y, al mismo tiempo, se escuda en la Ley para dejar morir de hambre a personas, con vidas, con sentimientos,con ilusiones y con problemas, que necesitan un dinero que les quita puede que legalmente pero desde luego con una inmoralidad que traspasa las líneas de lo vomitivo.

martes, agosto 21, 2012

Se hace camino al andar

Me gusta caminar. Viviendo en una gran ciudad, capital del reino que dirían algunos, lo de caminar es algo que casi parece raro, bizarro y rocambolesco, pero me gusta. Si el trayecto es de hasta una hora a pie y dispongo del tiempo necesario para hacerlo, me calzo mis deportivas y ando, sin pensármelo dos veces. Siempre he creído que andar es muy saludable. Constituye, de hecho, un elevadísimo porcentaje (nótese el sutil eufemismo) del ejercicio que hago cada semana. Y lo hago con gusto, me sienta bien.

A la hora de andar, suelo toparme con un problema, y es que cada vez resulta más difícil encontrar gente dispuesta a ir a los sitios andando. Sacarse el carnet de conducir y disponer de coche tiene un efecto maquiavélico que todo conductor niega vehementemente a priori y que después cumple a rajatabla muy a su pesar: si tienes coche, ya no andas. Incluso los trayectos cortos los hacen con el volante entre las manos y los pies en los pedales. Andar es, para ellos, una pérdida de tiempo, porque con el coche en cinco minutos se llega a cualquier sitio.

Menos mal que nuestros concienciados gobiernos no dejan de pensar en nosotros y trabajar para mejorar nuestros hábitos. ¿Que usamos mucho el coche? Pues subimos la gasolina y listo. Les decimos a los consumidores que ha subido el petróleo, que, total, nadie se fija en esas cosas, y la cosa cuela. Cuando baja el petróleo, la gasolina no lo hace, pero qué más da, si alguien lo preguntara les soltamos alguna cortina de humo y listo. Para que no usen tanto el coche luego les decimos que utilicen el transporte público. Que si está muy bien, que si contaminamos menos, que si es barato...

Una vez que ya tenemos convencido al personal de que el transporte público es bueno, bonito y barato, una vez que presumimos de tener la mejor red de comunicaciones del mundo, entonces subimos el precio. Así, a pelo y sin anestesia. Habrá quien se pregunte por qué, si cada vez lo utilizaba más gente y, por tanto, tendría que ser más rentable, pero no es cuestión de ser quisquillosos. Se sube para mantener la calidad del servicio. Sí, siempre hay algún alborotador, sobre todo algún socialista de esos, pero en general la gente traga porque la decisión la toma gente muy, muy, muy capaz y preparada.

El siguiente paso es evidente. Recortar prestaciones. Que si menor frecuencia de paso de los autobuses, que si cierra antes el Metro, que si las escaleras mecánicas dejan de funcionar sospechosamente... Es decir, que ahora pagamos más recibiendo un peor servicio. ¿Que nos queda después de eso? Volver a subir el precio, por supuesto. ¿Y cuál es la jugada maestra? Esconder la subida en la decisión de otro responsable político. Que el Gobierno central sube el IVA, pues yo me apunto el carro y lo subo todo. Incluyendo el transporte que acabo de subir ya por mi cuenta.

Si no fuera por el inmenso desprecio que siento hacia su trabajo político allá por donde haya pasado, casi podría pensar que la excelsa presidenta de la Comunidad de Madrid es mucho más inteligente que lo que su guiñol y Caiga quien caiga nos hicieron pensar durante años... Porque ahí está, ahí está viendo pasar el tiempo y no es precisamente la Puerta de Alcalá... Yo le tengo que agradecer que me anime en mi propósito de hacer camino al andar. Porque cada vez voy a andar más y a pagar menos abonos, menos metrobuses y menos billetes de transporte. Cada vez menos. Hasta que me acabe yendo andando a Alcobendas o a Getafe. Tiempo al tiempo...

domingo, agosto 12, 2012

Londres 2012, algunas reflexiones

Londres 2012 está a punto de ser historia. Han sido unos Juegos Olímpicos grandiosos, unas semanas de deporte de altísimo nivel, de pulsaciones disparadas, de emociones a flor de piel, de competición noble y apasionante. No hay nada como unos Juegos Olímpicos. Nada. Y éstos, los terceros de Londres, han dejado un puñado de momentos memorables a nivel deportivo. Phelps convirtiéndose en el atleta con más medallas de la historia, Bolt siendo el primero en conseguir el oro en 100 y 200 en dos Juegos consecutivos, el interminable Federer - Del Potro, la final de baloncesto y el nuevo casi de España ante Estados Unidos... Instantes inolvidables, éxitos y fracasos, deporte en estado puro. Y una gozada incomparable para los que disfrutamos con el atletismo, el tenis, la gimnasia artística, el waterpolo, el hockey hierba o el piragüismo. Dentro de cuatro años, Río. Y, al menos delante del televisor, ahí estaremos para disfrutar con un nuevo episodio de la leyenda olímpica.
Quedan esas imágenes memorables y otras muchas más, pero también detalles un tanto incomprensibles que deslucen, siquiera en el detalle que pasará desapercibido para la mayoría y sin ocupar las líneas que estos Juegos tendrán en los libros de historia, la importancia de la más grande cita deportiva. Quizá son cuestiones menores en unos Juegos que han estado a una altura brillante en cuanto a su organización, y que han contado con el respaldo masivo del aficionado británico y del internacional, con una villa olímpica abarrotada y unos recintos deportivos siempre llenos de público. Pero para el deporte yo soy un clásico, un romántico. Y por eso creo Londres ha fallado en el simbolismo. Falló en no escoger a un deportista para que fuera el último relevista de la llama olímpica. Falló con un pebetero que no se podía ver desde fuera del estadio para iluminar el espíritu olímpico del mundo y que desde dentro tampoco impresionaba. Falló al arrebatar a marchadores y maratonianos la gloria de entrar en el estadio olímpico y recibir el aplauso de sus miles de espectadores como premio a su descomunal esfuerzo. Falló en todo eso y no entiendo muy bien por qué, porque parecen cuestiones muy básicas.
España ha fallado también en algo muy simbólico. En estos Juegos de las mujeres por muchos motivos, ha perdido una ocasión de oro para nombrar abanderada en la clausura a una mujer. Craviotto se merece la bandera, eso es indudable, pero habría sido otra imagen para el recuerdo. Londres también ha fallado en algo de lo que no se quiere hablar en el entorno del deporte y sigo sin entender por qué. Siguiendo sólo con atención la actuación de los deportistas españoles, y no creo que haya una conspiración internacional contra nuestro país, ha habido muchas decisiones arbitrales incomprensibles. No por equivocadas, ojo, sino por premeditadas, inexplicables o irresponsables. A mí no me inquieta que un gol de España ante Croacia en Waterpolo haya entrado o no, sino que el juez de línea dé gol y el principal, peor colocado pero con más poder, diga que no ha sido. No me preocupa que un árbitro de hockey hierba no pite penalti corner en dos ocasiones a favor de España en el último minuto de partido, pero sí que ese mismo árbitro se retracte cuando le protestan en masa los jugadores de la selección anfitriona. No me genera malestar que Estados Unidos derrote a España en la final de baloncesto, pero sí que lo haga con una continua injusticia en la señalización de personales a uno y otro equipo y perdonando continuamente los pasos de los americanos.
Dicen algunos que hablar de los árbitros o los jueces es de mal perdedor (eso sólo te lo dicen cuando pierdes, pero no cuando haces notar la catástrofe arbitral, auténtica lacra del deporte moderno, cuando ganas y se dice igualmente), pero yo no lo veo así en absoluto. Los árbitros forman parte del deporte. Su actuación puede ser tan decisiva en ocasiones como la de los deportistas que compiten y como tal hay que juzgarla. Expulsar de los Juegos al árbitro de aquel partido de waterpolo cuenta, pero no es suficiente porque el daño queda hecho. La mayoría de la gente, dirigentes, analistas, espectadores y aficionados prefieren mirar a otro lado, cabrearse cuando les perjudica y callarse cuando les beneficia esta perpetua anomalía deportiva. A mí me ilusiona el taekwondo, que ha introducido sensores en los petos para acabar con la conocida y denunciada arbitrariedad de los jueces a la hora de marcar los puntos. Si tenemos los medios para acabar con las injusticias y garantizar que los mejores ganan en sus deportes, ¿por qué no se emplean? Y si todos vemos que hay arbitrariedad o injusticia en algunos jueces, ¿por qué se toleran estas mafias en las que siempre salen beneficiados los mismos? Me encantaría acabar con la sensación de que España es un país perjudicado en waterpolo o balonmano, pero estos Juegos la ha ratificado.
La prensa tiene parte de culpa en este asunto, precisamente por eso de que sólo alza la voz cuando ve perjudicados los intereses de los suyos. Pasa en el fútbol, en este binomio insufrible Madrid-Barça en el que nos quieren atrapar a todos los demás y hay una extrapolación a todos los deportes. El forofismo se ha instalado en el debate y en la información, y eso no puede ser bueno. No lo es, de hecho, y estos Juegos lo han demostrado. En la primera semana de Londres 2012, muchos sentenciaron que España estaba haciendo un ridículo sin precedentes. El único motivo para esa afirmación era que no se había sumado ninguna medalla (y, probablemente, el efecto contagio del, éste sí, fracaso del fútbol). No se tuvo en cuenta el calendario, las opciones de medalla que quedaban por entrar en liza o deportes que han culminado estos Juegos con éxitos rotundos (pleno de medallas en el taekwondo y natación sincronizada, y de finalistas en el piragüismo, dos oros en vela o, por citar algo más modesto, un espléndido y muy meritorio cuarto lugar en gimnasia rítmica). En la primera semana de Juegos no fracasa nadie, pero el desconocimiento y la necesidad de que todo el mundo opine sobre todo, a pesar de la ignorancia, lleva a juicios equivocados.
Obviamente, yo no soy un especialista en todos los deportes. Por eso agradezco el trabajo de periodistas profesionales como Paco Grande o Valentín Requena, que han sabido transmitir reglamentos, sensaciones y posibilidades de deportes minoritarios (que es como habría que llamar en España a todos menos al fútbol) o de comentaristas como las a veces tan criticadas Gemma Mengual o Almudena Cid (que serán todo lo coloquiales que se quiera pero aportan muchas cosas a las retransmisiones) o Miriam Blasco (lo que puede aprender de judo un espectador escuchando lo que decía durante los combates). Y por eso rechazo las crónicas que se hacen con lugares comunes, citando la garra, la ilusión, el corazón, en las que se prescinden de comentarios técnicos y explicaciones auténticamente deportivas. O en esas entrevistas que no cuentan en absoluto el desarrollo de las pruebas, el porqué de los triunfos y las derrotas y preguntan a qué sabe la medalla o se basan en felicitar a los atletas. De eso ha habido bastante en estos Juegos. Nos quieren futbolizar (a un futbolero como yo le duele tener que usar esa expresión, pero creo que es terriblemente adecuada) y no hay que permitirlo. No lo van a conseguir porque los Juegos son los Juegos. Y eso es algo tan grande que sólo se puede vivir cada cuatro años.