viernes, abril 24, 2009

Crisis humana

Cada día que pasa tengo más claro que lo que vivimos no es una crisis económica, sino una crisis humana. Cada día estoy más convencido de que lo que está pasando no es culpa del sistema económico, sino del comportamiento de las personas. Cada día veo más urgente cambiar nuestra forma de ser que nuestra forma de gastar. Cuatro millones de parados. ¿Y a quién le importa? ¿Quién hace algo de verdad para detener esa sangría de puestos de trabajo? ¿Los gobiernos (y, sí, digo los gobiernos, que algo tendrán que decir las instituciones de este alabadísimo estado de las autonomías que tenemos)? ¿Las empresas? ¿Los bancos? ¿A quién le importa? Que alguien me diga quién mueve un dedo para que no se pierda un puesto de trabajo y no para el enriquecimiento personal.

A las compañías telefónicas no les importa cortarte el móvil sin avisar por el retraso en el pago de una letra, sin importarles el perjuicio que te causen. Las eléctricas están dispuestas a liquidar el suministro a los abonados que no puedan pagar un mes por mucho que uno o su empresa necesiten imperiosamente la electricidad para salir de la crisis. Los bancos te machacan a comisiones, algunas de ellas ridículas, sin importar que seas un cliente fiable de muchos años que nunca se había retrasado en un pago. El crédito no llega a las pequeñas empresas, y a nadie le importa que eso suponga el cierre de estas empresas o el despido de la mayoría de sus trabajdores. Los gobiernos anuncian planes, inyecciones económicas, proyectos de salvamento y miles de ideas maravillosas que no parecen tener efecto alguno en la vida real. Los particulares se machacan entre sí por miserías y nadie tiende la mano al prójimo para tratar de ayudar. Nadie hace nada. A nadie le importa.

¿Crisis económica? No soy nadie para negar que exista, desde luego. Ya he dicho muchas veces que yo de economía no sé mucho, y lo poco que sé indica que sí hay crisis, claro. Pero me sigo riendo de la crisis económica cuando veo los beneficios multimillonarios de algunos. Cuando veo que algunos hablan de catástrofe por un descenso del beneficio en un seis por ciento o por perder dinero por primera vez en décadas (¿qué han hecho con todo lo que ganaron?). Cuando veo a algunos sectores ganando más dinero que nunca (porque los hay aunque no salgan en los medios). Cuando veo que pisotear a los demás por el miserable beneficio propio sigue formando parte del paisaje social. No nos engañemos. A nadie le importa que haya cuatro millones de parados, siempre y cuando uno mismo no sea uno de ellos. Mientras uno pueda mantener su ritmo de vida, ¿qué le importa lo que le pase a los demás?

Catástrofe es no tener dinero para pagar la hipoteca, para poder comer o para criar a tus hijos. Quienes sufren esto son quienes tienen derecho a hablar de la crisis. A mí cada día que pasa me da más asco la sociedad en la que vivimos y me aterra pensar que no hay alternativa, que estamos en una espiral destructiva de la que no vamos a salir nunca. En España hay cuatro millones de crisis. Un millón de hogares, sin salario alguno, en crisis. Ellos sí pueden hablar de crisis, ellos sí pueden contar historias, ellos sí pueden dejar claro que esto es, por encima de todo, una crisis humana y social. Pero a nadie le importa. Son sólo una cifra. No quieren que haya personas detrás de esas cifras, como tampoco quieren que haya personas detrás de las actitudes carentes de toda humanidad que han provocado esta crisis. Nos rodea la miseria humana. Y por eso es la misma esencia del ser humano lo que está en crisis.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Bienvenidos al capitalismo. O es que alguien pensaba que cuando estallara la burbuja no se iba a llevar toda la construcción por delante. O que los Bonus que ganan los banqueros salen de la nada. Llevamos múchísmo tiempo viviendo de un sistema que se nutre del crédito y de los beneficios futuros. ¿Creeis que duraría para siempre?. El egoismo, la avaricia, la desidia, la envidia, todo estas cosas han llevado a la sociedad al punto donde está. Crisis econoómica, climática, social, humanitaria.
Somos una generación que no ha sufrido desastres ni guerras, ahora toca empezar a sufrir.

¿Y como solucionarlo? pués volviendo al principio, haciendo mucha autocrítica, organizando el trabajo, los beneficios y empezar construir un nuevo sistema.

carlos esteve dijo...

Espletamete de acuerdo. El todo vale con tar de ser competitivo y traer beneficios a final de mes es absurdo. Ni en esta vida ni en ninguna empresa lo más importante son los beneficios, sino el valor que aportas a tus ciudadanos y a tus empleados, por encima de lo que cobren. Se necesitan valores como el esfuerzo el sacrificio, la generosidad, etc Un saludo

bebita dijo...

Me niego a pensar en miseria humana, precisamente, porque soy humana. Aquéllos que no son capaces de mirar a sus semejantes podrán haber ganado el primer asalto, pero no ganarán la batalla. Claro que para eso hay que moverse y nos hemos vuelto infinitamente vagos, pero se nos va a pasar. Porque, como diría un rey guapísimo, "hoy no es ese día!".
Feliz finde! Besitos!

Javier Solera dijo...

Excelente artículo. Reflejas bien la lamentable situación que vivimos. Efectivamente, a todos los que se llenan la boca diciendo que el paro actual es una hecatombe les importa una mierda los parados.

Si a alguien de todos ellos les importase quién está parado, ¿habrían consentido la forma de desarrollo alienante y cancerígena que nos ha corrompido durante años? No lo creo.

Y del pueblo, ¿qué decir? La gente se ha acostumbrado a tener sus tres coches (papá, mamá y su hijito) además de una tele en cada cuarto, siete móviles por cabeza, etc etc. Si tuvieran que vender a su madre por mantener toda esa basura lo harían.

Lo que estamos es en un proceso irreversible de degradación. Una cultura decadente, proceso al que se han enfrentado tantas otras antes de la nuestra. No creo que haya más alternativas que la destrucción más absoluta y volver a empezar por enésima vez, para repetir los mismos errores.

Un saludo.

Arual dijo...

Se puede decir más alto pero no más claro Juan. Realmente has definido la realidad de forma perfecta: crisis humana. Cuando miro a los ojos a mi hijo y pienso en el momento en el que ha llegado al mundo me sobrecojo. Afortunadamente ni mi marido y yo de momento hemos perdido el trabajo pero quien sabe qué va a pasar. Hay que cambiar el chip y mucho. Venimos de una época de vacas muy gordas y ahora no bastará con apretarse el cinturón ahora hay que reinventarse de nuevo. Tarea difícil la que tenemos por delante sin duda. Pero que no nos fallen las fuerzas!!

INÉS dijo...

Hay que replantearse muchas cosas aunque no sé si hay muchos dispuestos a hacerlo.
Lo primero mirar cómo vivimos y ver si realmente es necesario gastar de la manera que se ha hecho.
Después revisar la lista de prioridades personal y colocar cada cosa en su sitio.
Y por último los que tenemos trabajo tomárnoslo en serio y los que no protestar y hacerse ver para que a los que se encargan de buscar soluciones se muevan lo más rapidamente posible.

Anónimo dijo...

Vivimos entre lobos disfrazados de corderos.

Juan Rodríguez Millán dijo...

Anónimo, está claro que el sistema tiene buena parte de culpa y para llegar a una solución habría que empezar desde cero (aunque no se vaya a hacer, claro). Pero me resisto a culpar al capitalismo tal cual. Como todos los sistemas, tiene ventajas y desventajas. Por eso incido tanto en que la culpa es de personas con nombres y apellidos.

Carlos Esteve, lo malo es que esos valores no reciben hoy premio alguno. Más bien parecen penalizar. Y eso es lo que me parece verdaderamente grave.

Bebita, ojalá el discurso fuera tan inspirador en la vida real como lo es en la película, ¿verdad...? Tenbgo la sensación de que vamos perdiendo la batalla. Y por mucho... Pero con espíritu como el tuyo, la cosa puede cambiar...

Javier Solera, muchas gracias por tus elogios y bienvenido a estos lares (prometo devolver visita). Todavía me resisto a pensar que sea un proceso irreversible, pero desde luego lo será si no se pone freno a muchas cosas.

Arual, te digo lo mismo que a Bebita, ese es el espíritu. Lo malo es que de momento, por mucho espíritu que le pongamos unos pocos parece difícil marcar diferencias desde nuestra posición. Pero hay que seguir, claro. Y tú además tienes en casa un par de razones espléndidas para hacerlo...

Inés, creo que ese es uno de los problemas: hay que replantearse muchas cosas pero no sabes si estamos dispuestos. Yo creo que muchos no lo están. Y casi no hablo tanto de gastos como de actitudes, de ver qué propiciamos con nuestras acciones, que es algo que poca gente parece estar mirando hoy en día...

Anónimo, a veces me da la sensación de que a algunos no les hace falta el disfraz...