martes, junio 10, 2008

El tren de Babel

No sabía que esto de viajar en tren era toda una experiencia lingüística... Sábado, 10.00 horas. Cojo en la estación de Chamartín el tren en dirección a Vitoria, el mismo que acaba en Hendaya, un Intercity que no es lo más moderno que tiene Renfe, vaya, pero en el que no se va mal. Tengo la sana costumbre de subir al tren nada más anunciarse la vía en la que está, lo que me evita las siempre presentes disputas por el asiento. Parece fácil mirar el billete y sentarse donde corresponde, pero nada de eso, no... Los ciudadanos comunes saben que es mucho más divertido y apasionante sentarse donde quieran y luego pelearse.

Ya sentado, llega una pareja de unos 60 años hablando en catalán. Sus asientos están ocupados por otras personas. "Es que está todo revuelto, siéntense donde quieran", dice el enterado okupa de turno. Y lo curioso es que le hacen caso (más curioso todavía es que el Tetris sale bien y todo el mundo acaba sentado y acompañado...). Pero se van despotricando en catalán. Bueno, ella despotrica, él se muestra comprensivo. A continuación llegan seis italianos que, para complicar aún más la cosa, van todos separados. Pero dos son más avispados y encuentran un par de asientos libres para ir juntos. Uno de los italianos domina a la perfección el castellano. Los demás parece que no. Y justo llega una señora a reclamar su asiento al que sabe castellano. Eso es suerte y lo demás son tonterías.

Se me sienta al lado un chaval joven, desplazado del otro lado del tren, en el que una pareja de novios le había ocupado su asiento. Coge el móvil. "Egun on", dice a su interlocutor en un perfecto euskera que, eso sí, tenía un claro acento andaluz. Y luego hablaron en castellano, claro. En esas el tren se pone en marcha. Saludo de Renfe en castellano, en euskera y en francés (y ya van cinco lenguas diferentes en 20 minutos de vivencia). Pero tenemos un problema: las tres dulces voces femeninas nos anuncian que estamos en un tren "con destino Madrid Chamartín". Ya la hemos liado, pero es que en este tren de Babel es posible salir desde Madrid y llegar también a Madrid...

Esa sensación queda corroborada cuando, a la media hora de viaje y mientras se producía el paso constante de franceses por los pasillos (creo que buscaban la cafetería, que muy escondida no podía estar en un convoy de sólo tres vagones...), se nos anunciaba la primera parada. "Próxima estación, Donostia-San Sebastián". Ya quisiera yo ponerme allí en media hora, ya... Seguro que el próximo fin de semana, que voy para allá, me ponen un tren que tarde seis horas y media los muy listos de Renfe... Después de anticipar nuestra llegada a Donosti, creo que se dieron cuenta de que habían puesto la grabación del viaje de vuelta a la capital.

Siguiente problema. Comienza la película. Es Sigo como Dios. No me hace, prefiero seguir con la lectura. Pero la chica de una la pareja que están en los asientos de atrás sí quiere verla. Saca sus auriculares, se los pone... y en cuanto ve al revisor le llama. "¿La película va a ser todo el rato en inglés?", le pregunta inocentemente. "Pues no lo sé", le responde el revisor. Tras unos momentos de alarma de la muchacha, que ni siquiera tenía la inestimable ayuda de los subtítulos para enterarse de algo, el revisor le asegura que comprobará lo del idioma. Antes de irse le pregunta si "sigue en inglés". La chica se pone un auricular y comprueba que sí, que el DVD no se ha cambiado solo. Un consuelo que el reproductor no haya cobrado vida. Al menos la muchacha se lo pasó pipa con la película. Sus carcajadas se oían en todo el vagón. ¿Cuenta la risa desmesurada como idioma...?

El viaje de vuelta no fue tan ajetreado, pero aún así hubo tiempo para escuchar a una pareja de alemanes (una pena desconocer esa lengua, ya que estoy seguro de que hicieron constantes comentarios en voz alto de algunos de sus compañeros de vagón...; siempre he pensado lo divertido que sería poder contestar a alguien que habla de mí pensando que no le entiendo...), que viajaba con una amiga angloparlante que estaba en otro vagón. No podría precisar si era americana, británica o de qué otra zona del mundo, pero, eso sí, puedo asegurar que tenía unos ojos azules espectaculares...

Toda una aventura lingüística, sí señor. Renfe debiera pensarse hacer alguna campaña que hiciera alusión a Babel. Aunque ahora sea más fácil entenderse que cuando construyeron la famosa torre, claro.

7 comentarios:

Arual dijo...

Lo que se aprende viajando eh!!! El año pasado me lo pasé teta en el Eurostar entre París y Londres escuchando la conversación en inglés de un yuppie iraquí con residencia en París que viajaba por negocios a la capital británica echandole los trastos a una jovencita brasileña que vivía en Londres y que era agente de viajes. Tan insistente y persuasivo fue el hombre que acabaron quedando para tomar café aquella misma tarde. Una esposa cornuda más me temo que hubo aquel día en París. Y mientras mi marido mirándome con ojos asesinos por mi cotilleo todo el rato, el lenguaje corporal créeme que sí que es universal, jeje!!!

ALMA dijo...

Juan, hijo, que por circunstancias, hacia tiempo que no me pasaba por aquí y no veas como me alegro de haberte vuelto a leer.

Es que ya lo dicen, de todos los sitios se puede aprender... los viajes en tren son tremendos. Recuerdo uno que hice yo de Madrid a Barcelona en el tren nocturno... inolvidable!!!!!!!!
Yo iba con tres amigas y ademas:
Un muchacho no se de donde al que apodamos "Mogly" porque iba descalzo y llevaba un gato. Unos asientos más allá iba una señora con un perro... imaginate!!! Dos italianos. Una pareja española enfrente mía. El chico no dejaba de mirarme mientras yo contaba una historia. La novia se mosqueó, acabaron discutiendo y se cambiaron de sitio para no verme!! jejejejejee.

Cada viaje en tren es un mundo, jejejeeejeje

Un besazo Juan

Críptica dijo...

Ui Uiiiii las alemanitas¡¡¡¡ jejej viajar siempre es interesante, desde que te dicen o dices ¡vámonos! Leí tu mensaje, me alegra saber que lo pasaste bien. Un besazo Juan.

Leyre dijo...

¡¡¡Juan!! siempre que entro en el blog me asusta el himno del madrid!! cualquier día muero de un infarto!

jajja!

El tren el tren, plagado de historias...
tristeza a la vuelta no? en fin. Un besote!

Juan Rodríguez Millán dijo...

Aru, ese me falto, el lenguaje corporal, je, je... No me considero cotilla, pero creo que me hubiera costado no hacer caso a esa conversación, je, je...

Alma, me alegro de que vuelvas por aquí, de verdad... Si es que los celos son muy malos, je, je...

Críptica, deja a las alemanas, que a mí la que me gustó era la que no era alemana (diría que inglesa por el acento, pero no podría asegurarlo), je, je... Me lo pasé bien en todo... salvo en lo que realmente me llevó a Vitoria, el partido de la Real.

Sí, Leyre, muchísima tristeza, pero eso lo cambiamos el domingo en Anoeta, ya lo verás... ¿El himno del Madrid...? ¿Y cómo demonios te sale el himno del Madrid...?

Leyre dijo...

¡Pues no lo sé, pero me tiene contenta!
¿Ya podría salir el Txuri Urdin no?En fin, qué cosas.

Besote!

C.C.Buxter dijo...

Si de verdad quieres sumergirte en un laberinto lingüístico, te aconsejo venir al metro de Barcelona, sobre todo ahora en verano. Además de los consabidos castellano y catalán, y de los "comerciales" inglés, francés, italiano... tienes un variado menú para elegir entre mandarín, árabe, lenguas subsaharianas, bengalí... Sólo nos falta algún maorí que nos amenice el viaje con sus cánticos.