sábado, enero 10, 2009

Impunidad

Hay pocas cosas que me revienten más que la impunidad. Y la verdad es que vemos a diario que tanto los actos más graves como los más livianos quedan impunes con la misma facilidad. Leo hoy en El País que la ONU denuncia una matanza deliberada de 31 civiles en Gaza. Quedará impune, como tantas otras de las atrocidades que está cometiendo Israel en esta ¿guerra? salvaje y asesina, en este intento desgarrador de matar moscas a cañonazos. Hamás serán terroristas, pero no sé por qué debe quedar impune que se asesine fría y salvajamente a terroristas y, sobre todo, a los civiles que están a su alrededor. Quedará impune. No me queda la menor duda. Y si me quedara, ya está ahí la ONU para demostrarme que eso que se llama legalidad internacional no sirve para nada.

Como no sirvió en Irak, otro caso que, dentro de no demasiados años, figurará en los libros de Historia como un triste hecho que quedó impune. Con impunidad salieron librados quienes mintieron a la opinión pública sobre las armas de destrucción masiva, quienes se hicieron la foto de las Azores, pero sobre todo quienes tuvieron la desfachatez de sentarse ante la Asamblea General de Naciones Unidas y defender la existencia de esa amenaza inventada para justificar un ataque militar que tenía perversas razones detrás. Como impunes quedarán los precursores, defensores y gestores de Guantánamo y sus torturas. Como impunes quedarán otros muchos responsables de salvajadas a lo largo y ancho del planeta. ¿Alguien tiene dos minutos para dirigir su vista a África? No, ya sé que no, que eso no le importa a nadie, por mucho que haya en ese continente multitud de países en los que la atrocidad impune es cotidiana.

Pero es que uno mira a las cosas más pequeñas y encuentra la misma impunidad. No, por supuesto, con los mismos efectos, pero sí con un sentimiento similar de fondo. ¿Sabéis que se debe multar a la persona que no recoja en la calle los excrementos de su perro? Pues en Madrid no se ha llegado a la decena de multas por este tema en los últimos tres años. Ahora, los que vivís en la capital, salid a la calle y decidme cuántos excrementos habéis tenido que esquivar. Los dueños de los perros quedaron impunes y yo estoy obligado a pasear por las calles mirando al suelo. Vamos a algo en apariencia igual de pequeño, pero mucho más peligroso. Los que cogéis el coche, ¿cuántas animaladas habéis visto al volante? ¿Cuántas maniobras que podían haber acabado en un accidente mortal? ¿Cuántas violaciones de la Ley? Muchísimas, seguro. Y muchas, muchísimas, demasiadas, quedan impunes. La responsabilidad va creciendo porque aquí ya hay vidas en juego. Es sólo un escenario más de impunidad. Podríamos seguir aumentando el grado de responsabilidad hasta llegar a lo que hace Israel.

A muchos les parecen permisibles esas impunidades cotidianas. Las consideran inofensivas y, en muchos casos, justas. A mí no, pero que nadie piense que me estoy poniendo como ejemplo de un escrupuloso, riguroso y severo cumplimiento de todas y cada una de las leyes que me atañen. No lo soy, no. Pero sí me siento lo suficientemente tranquilo conmigo mismo como para decir que no me gusta que la Ley se cumpla sólo por miedo a las represalias de la legalidad. Si la Ley no se cumple por principios, siempre habrá gente que se considere por encima de esa misma Ley. Y eso no quiere decir que todas las leyes sean justas y tengamos que estar de acuerdo con ellas, pero sí que hay que respetarlas mientras, si queremos, luchamos por la vía legal para modificarlas. Si pensamos que lo correcto no sirve y hacemos lo que queremos en cualquier circunstancia, nos daremos cuenta de que los crímenes que está cometiendo Israel no sólo quedarán impunes. También estaremos peligrosamente cerca de darles la razón.

3 comentarios:

bebita dijo...

Me parece que estás comparando hechos que no están al mismo nivel. Me niego a pensar que, por ejemplo, pisar el acelerador hasta que la aguja del cuentakilómetros señale 140, se parezca siquiera a acabar, porque sí, con la vida de una persona. Que travesura y tortura lo único que tienen en común es que acaban en "ura"...
Un besazo, Juanito! :)

S. Dedalus dijo...

Yo sí entiendo la comparación. Unos hechos se sitúan en un extremo de la escala y otros en el otro, pero entre esos dos extremos están todos los demás que hacen que acaben estando mucho más cerca de lo que creemos. Como cuando cruzamos el semáforo en rojo. La diferencia entre llegar al otro lado y no hacerlo a veces es sólo de unos pocos segundos.

Juan Rodríguez Millán dijo...

Bebita, culpa mía si no se ha entendido el mensaje. Claro que no están al mismo nivel, lo que pretendía decir es que demasiada gente hace cosas porque sabe que va a salir impune de ellas. Unos sólo pueden saltarse un límite de velocidad, otros pueden lanzar ataques militares a gran escala. Buscaba una explicación al comportamiento humano, no una comparación directa entre unos hechos y otros. Pero ya sabes que agradezco precisiones y comentarios de cada cosas que escribo, y más si vienen de una colega como tú...

S. Dedalus, a eso me refería. La escala es enorme y parece que sólo la tragedia nos llama la atención. Pero nadie empieza lanzando misiles. La responsabilidad de los actos va creciendo según se va afianzando la sensación de impunidad. Esa era la intención de lo que escribí...