lunes, agosto 22, 2011

Charlot y la visión de Charlot

Una de las leyendas urbanas más interesantes que he leído en mi vida es aquella que habla de que Charles Chaplin se presentó una vez, de forma anónima, a un concurso de imitadores de Charlot, el entrañable vagabundo que creó para el cine. Buscaban al mejor Charlot posible, el que más se acercara a las señas de identidad del personaje. Cuentan que Chaplin, a pesar de su directo conocimiento del personaje a imitar, pues fue él mismo quien le dio vida y el único que sabía lo que pensaba cuando lo creó, no ganó ese concurso. Unos dicen que quedó en segunda posición. Otros que fue tercero. Algunos más que ni siquiera llegó a la final de este particular evento. No sé si esto llegó a suceder en realidad o si simplemente es una bonita historia que nunca llegará a confirmarse del todo. Supongo que nunca se tendrá la certeza absoluta. El caso es que la leyenda tiene implicaciones interesantes.

Imaginad las caras de aquellos que actuaron como jurados de aquel concurso al saber que no supieron reconocer al auténtico Charlot, que pensaron que un imitador era mejor Charlot que el propio Chaplin. Todo el mundo conocía a Charlot porque le habían visto en sus películas, seguro que todos los que presenciaron hubieran jurado que sí, que sabrían identificar sus rasgos a la perfección. Pero a la hora de ver lo que hacía de Charlot lo que era, estas personas no acertaron. Le conocían, pero no supieron reconocer a Charlot. Vieron sus características en otra persona que nada tenía que ver con Charlot. La imagen que tenían de él no era la que se correspondía con la realidad, aunque ellos creían que sí y nadie podría haberles sacado de su error. Su Charlot, el que habitaba en sus mentes, no era el Charlot real. O, al menos, no era el Charlot de Chaplin. Era una versión, idealizada o tergiversada, del personaje.

Pero, por muy intensamente que pensaran lo contrario, ese que tenían en sus mentes no era Charlot. Es curioso cómo, sin quererlo, tenemos esa capacidad de modificar la realidad. Y lo más probable es que mucha gente no se dé cuenta de que su visión no es real ni aunque tengan la prueba delante de sus propios ojos. Y es que no basta con mirar, hay que ver. Igual que no basta con oír, hay que escuchar. Porque, de lo contrario, corremos el riesgo de pensar que Charlot es como nosotros nos lo hemos imaginado y no como es en realidad.

6 comentarios:

El Impenitente dijo...

Bueno, primero habría que definir qué es la realidad. El hombre es un ser absolutamente limitado que percibe a través de cinco sentidos en tres dimensiones, es decir, que tiene una percepción de la realidad.

Y a mí no me parece mal que cada cual convierta al personaje en lo que él quiera (siempre que no lo utilice para justificaciones abyectas, claro). Esa es la grandeza del personaje, cuando supera al autor, cuando se convierte en algo independiente de él. Que el personaje sea más parte del espectador que del autor me resulta bonito.

La Perfida Canalla dijo...

La percepción interna de cada uno es un mundo...

Por cierto soy Pérfida
Un saludo coleguita

Jose Vte. dijo...

Interesante metáfora basada en un genial personaje.
Con la cantidad de medios e información con que nos abruma, cada vez más, esta sociedad de la comunicación. Cada vez nos estamos convirtiendo en seres más, previsibles, manipulables y superficiales. Y lo malo es que muchos se vanaglorian de ello.
Y todo es porque, como bien dices, vemos pero no miramos, oimos pero no escuchamos y sabemos pero no entendemos.

Un abrazo

Lola dijo...

¡Hola Juan! Hace mucho tiempo que sé que nadie conoce a nadie. Es bonita la anécdota que cuentas y que define una parte del ser humano. Ni escuchamos ni nos fijamos, solamente vemos en el prójimo una parte pequeña de lo que es en realidad. Y así nos va.
La sensación es que no nos necesitamos unos a otros y la verdad es que solos no valemos nada.
Me ha gustado tu post. Un beso.

Juan Rodríguez Millán dijo...

Impenitente, gran pregunta... A mí tampoco me parece mal y me parece bonito, como dices, que el personaje supere a su creador. ¿Pero no corremos así el riesgo de convertirlo en algo totalmente diferente? Lo cual llevaría a tu primera pregunta y, seguramente, a un bucle infinito...

Pérfida Canalla, un placer verte por aquí, ya tengo también fichado tu rincón y me verás por allí seguro. Cierto, todo un mundo... Y la percepción que tienen los demás de uno, otro totalmente diferente a veces...

José Vicente, por eso me gusta mirar y escuchar, porque muchas veces los demás tienen cosas muy interesantes que mostrar y decir. Yo te aseguro que, de ser Chaplin, y en una época en la que no tenían los medios de la actual, me habría quedado estupefacto al ver el resultado del concurso.

Lola, yo ya estoy seguro de si es que no conocemos a nadie o si es que casi todo el mundo está más a gusto con que no se le conozca. Yo intento ser muy transparente, pero te aseguro que, en algunos casos, ni siquiera me funciona. Cosas de la vida.

Cris* dijo...

Yo pienso que el cine, como otra forma de arte más, tiene la capacidad de transmitir cosas que tal vez el guionista/directo no se ha propuesto transmitir.
Pensando en un cuadro, o en una canción, nos resulta mucho más sencillo de entender. Pintores y cantantes crean arte, y ese arte es importante para los espectadores por lo que es capaz de transmitirnos. Sí, es cierto que nos podemos preguntar en qué fue lo que estaban pensado ellos al crearlo, pero también es muy importante la emoción que inyecta en nosotros.
Por lo tanto, el Charlotte de Chaplin es un personaje grande, interesante, algo que él quiso crear, pero eso no resta importancia al Charlotte que el jurado o la gente en general ve. Tal vez ese Charlotte también sea especial, tal vez pueda enseñarle algo a Chapplin que su Charlotte desconocía.