miércoles, febrero 11, 2009

"Prohibido hablar de política"

"Cuando se abotonaba el cuello, el señor Carmichael vio el aviso clavado en la pared del fondo: Prohibido hablar de política. Se sacudió las briznas de cabello en los hombros, se colgó el paraguas en el brazo y preguntó señalando el aviso:
- ¿Por qué no lo quita?
- No es con usted -dijo el peluquero-. Ya estamos de acuerdo en que usted es un hombre imparcial."

(...)

"El alcalde no frecuentaba la peluquería. Alguna vez no había visto el letrero clavado en la pared: Prohibido hablar de política, pero le había parecido natural. Aquella vez, sin embargo, le llamó la atención.
- Guardiola -llamó.
El peluquero limpió la navaja en el pantalón y permaneció en suspenso.
- ¿Qué pasa, teniente?
- ¿Quién te autorizó a poner eso? -preguntó el alcalde, señalando el aviso.
- La experiencia -dijo el peluquero.
El alcalde rodó un taburete hasta el fondo del salón y se subió en él para desclavar el aviso.
- Aquí el único que tiene derecho a prohibir algo es el Gobierno -dijo-. Estamos en una democracia".

La mala hora
Gabriel García Márquez

Más o menos esa es la sensación que tengo con todo lo que está sacudiendo la política en estos días. Desde hace ya demasiado tiempo, nuestros políticos sólo quieren hablar de lo que les conviene y permitir lo que les interesa. El primer diálogo me sugiere lo que ya he comprobado, en persona y alguna vez (pocas, afortunadamente, en este blog). El común de los mortales sólo quiere escuchar afirmaciones que reafirmen sus propias creencias. Estoy como el peluquero de García Márquez. La experiencia me dicta que hablar de política puede no ser saludable o recomendable en ciertas situaciones. Pero me gusta hablar de política, qué le vamos a hacer... Y tratar siempre de ser respetuoso con unos y con otros, con afines y contrarios, es lo que me va a permitir hacerlo durante mucho tiempo y, además, con total libertad para decir lo que pienso.

La facilidad con la que el alcalde decide quitar el cartel me ha recordado la situación actual que vive el PP en estos momentos, situaciones que nació en la Comunidad de Madrid y que ya salpica al partido en toda su extensión. Hay una trama de espionaje todavía no aclarada (y que si sólo dependiera del poder político, me temo que no se aclararía jamás) y ahora nos explota otra de corrupción. Pues a escoger, la segunda parece más grave, pero en ambas puede haber delitos. "Aquí el único que tiene derecho a prohibir algo es el Gobierno", dice el alcalde de García Márquez. Pero en la realidad vemos que no. Que aparecen hombrecillos sin cargo ni parte en los asuntos públicos que tienen el poder de hacer y deshacer, de ordenar y de prohibir.

Llegamos así al punto más perverso de la práctica política. Quienes se supone que deben ser los mejores ciudadanos, son quienes más se aprovechan de las debilidades del sistema. Y lo hacen con la condescendencia de sus superiores. Escuchar a Rajoy diciendo que sabían que había gente que buscaba dudosos negocietes diciendo que tenía el respaldo de la dirección nacional de su partido y que no le pareció relevante, es de chiste. Pero ya no me asombro. Cuando hace unos cuantos años se destapó judicialmente lo de Marbella, me mostré convencido de que no era un paraíso delictivo aislado, sino que había otros muchos lugares similares. La Comunidad de Madrid lo acaba de demostrar. Me decían ayer que una persona que conoce el funcionamiento de muchos de los pueblos afectados por la investigación afirma que si Garzón sabe tirar del hilo va a descubrir muchísimas cosas más.

Pero lo más gracioso de todo esto es que siempre se quiere matar al mensajero o a cualquiera que pase por allí. Un juez destapa una trama de corrupción, y en lugar de censurar y castigar a los corruptos determinados dirigentes del partido popular se dedican a atacar al juez que lleva la investigación (¡viva el tan cacareado respeto a las decisiones judiciales!), al partido del Gobierno central, al que se acusa de azuzar a jueces y fiscales en su contra (¡viva el respeto a la separación de poderes!), y a la prensa por montar una campaña en su contra (¡viva el respeto a la libertad de prensa!). Hay que asumir dos cuestiones cuanto antes si queremos sobrevivir. La primera, que la corrupción puede atacar a todos los partidos (y no sólo al PSOE, como con tanto eslogan barato se nos ha querido convencer). La segunda, que el enemigo es siempre el corrupto, sea del partido que sea.

Pero siempre es más fácil disparar en dirección opuesta. ¿Algo mal? ¿Yo? No puede ser, la culpa tiene que ser irremediablemente de otro. Claro, por eso se me saltan las lágrimas al escuchar a Obama decir que metió la pata en varios de sus nombramientos. Autocrítica y disculpas. Impresionante. La piel de gallina. Los pelos de punta. Pero al otro lado del océano. Porque, claro, ¿qué sabemos nosotros, en este humilde país que es España, de presentar disculpas o hacer autocrítica? Primero hay que dejar claro el consabido "yo no he sido". Si demuestran que sí he sido, hay que echarle la culpa a otro. Y si resulta que el otro es de mi mismo partido, entonces es que hay una persecución contra mí. Y con esos vamos ganando tiempo y pasando elecciones, que es, al final, lo que permite que los corruptos sigan ocupando sus puestos y llenándose sus bolsillos, algo todavía más repugnante en esta época de crisis que nos ha tocado vivir.

Ojalá esta forma de actuar fuera exclusiva de la política, pero me temo que está demasiado extendida. El ya famosísimo caso de Wyoming y su becaria lo demuestra. No me entusiama la creación de hechos falsos que puedan confundir a los periodistas (me acordaba de la memez que hizo el Follonero de La Sexta de colocar a una actriz el día de la lotería de Navidad diciendo que había metido en la lavadora un décimo premiado), pero para mí lo peor está en la forma de actuar de Intereconomía. Publica una noticia sin contrastar, sin preocuparse de saber si es cierta o no. Sólo para hacer daño a un enemigo. Para colgarse la medalla de "yo me cargué a ese tipejo". ¿Que no era un tipejo? Da igual. Yo me lo cargo (y aquí me acuerdo de la magistral escena del sermón sobre las plumas en ese peliculón que es La duda). ¿Imparcialidad? ¿Para qué? Mejor mentir y ganar que decir la verdad y vivir honradamente.

El todo vale está instalado en nuestras vidas. Ojalá sólo el Gobierno tuviera la capacidad de prohibir algo. Ojalá. Porque estamos rodeados de pequeños caciques que se creen los amos del universo.

5 comentarios:

Pitita Pescuezo dijo...

Estás a un pasín de fanatizar a tu leetorio, Chatín.

Un besín, chiquitín. Sin crispación, no te quejarás...

Anónimo dijo...

No entiendo la adtitud de los dirigentes políticos del PP en vez de colaborar con la justicia, sobre todo cuando ellos mismos han reconocido las relaciones con los implicados e incluso conociendo los delitos, que ellos mismos tambien conocían de antemano. Prefieren poner trabas, poner el grito en el cielo y "romper relaciones".
¿No sería mejor colaborar al 100 %con la justicia y "sacar las manzanas podridas del barril" la mejor manera de limpiar la imágen del PP? Sencillamente bochornoso y da una idea de lo que puede haber detrás de todo esto.

C.C.Buxter dijo...

Yo estoy de acuerdo con Rajoy, estamos ante una trama dirigida contra el PP. El espionaje contra algunos dirigente del PP madrileño se llevó a cabo por el Ministerio del Interior y el CNI, digan lo que digan. Los imputados por Garzón, aunque sean afiliados y gente del entorno del PP son, en realidad, infiltrados socialistas que han hecho los chanchullos para perjudicar al PP, como el alcalde de Boadilla. Es más, los invitados a la boda de la hija de Aznar son también, en realidad, agentes al servicio de Zapatero. He llegado a pensar que el propio Alejandro Agag es un rojo de cuidado. Al tiempo.

Como cortina de humo, esto de las conspiraciones puede estar bien para unos días (de hecho, ahora no se habla de los casos de corrupción, sino de la famosa cacería), pero llegará un momento en el que tendrán que hacer frente a la situación, como le pasó al PSOE. Rajoy tenía una buena oportunidad para no verse salpicado, ya que quien ha destapado el asunto ha sido gente de su partido, pero claro... el escándalo salpica a gente demasiado importante.

Y ya que dices que lo de Marbella no era un caso único... ¿recuerdas que Maragall, cuando era presidente, acusó a CiU de cobrar comisiones del 3%? A los cinco minutos ya se había arrepentido de decirlo, y desde entonces aquí nadie ha dicho esta boca es mía...

Princesa dijo...

La cuestión aquí hay que echarse la culpa de unos a otros y hacer las acusaciones más fuertes que el otro... es el poder mostrar quien puede más, pisotearse los unos a los otros... Es triste pero es así!

Juan Rodríguez Millán dijo...

Pitita, no acabo de entender dónde ves que intento fanatizar a nadie...

Anónimo, estoy de acuerdo contigo. Creo que, además, les daría muchos más puntos de cara a los votantes. Ser inflexible con los corruptos y colaborar con la Justicia, pero...

C.C.Buxter, benita ironía que nos sirve para estos casos, je, je... Te aseguro que pensé en el famoso 3% y estuve a punto de ponerlo en la entrada, pero pensé que me iba a quedar demasiado larga...

Princesa, tú lo has dicho, es tristísimo. Así es difícil que la gente se interese por la política y respete a quienes se dedican a ella...