lunes, agosto 25, 2008

Entre las lágrimas y los aplausos

Esta imagen de Juan Carlos Navarro tras el apoteósico partido que puso final al torneo de baloncesto es el mejor resumen de los Juegos Olímpicos. Lágrimas y aplausos. A partes iguales. Una metáfora espléndida de 16 días de emociones, tensiones, alegrías y decepciones, de retos deportivos y de imágenes inolvidables. De reconocimientos que hacer y críticas que lanzar. Eso son unos Juegos Olímpicos, el mayor espectáculo del mundo, le pese a quien le pese. Porque los Juegos tiene una magia única, irrepetible, especial. Hace cuatro años los viví con la misma intensidad. Dentro de cuatro años los viviré con la misma intensidad. En los últimos 16 días los he vivido con ese misma intensidad. La que merecen los Juegos.

Las 18 medallas que se han traído los deportistas españoles obligan a calificar de notable el resultado. Hay quien ve un fracaso estrepitoso, porque no se ha conseguido superar el resultado histórico de Barcelona 92 (22 medallas) o el de Atenas 2004 (19 metales). Yo, desde luego, no veo ese fracaso por ningún lado. Ese análisis puede resistir la tertulia de bar, sometida a la dictadura del frío recuento de metales, pero no la crítica tan seria como necesaria. Pekín deja muchísimos elementos de satisfacción, bastantes para la reflexión y algunos para la crítica abierta. ¿Pero fracaso? Ni por asomo. Sí es cierto que el momento de gloria que vive el deporte español hacía tener esperanzas de un importante salto cualitativo en estos Juegos, un salto que no se ha dado pero del que se ha estado cerca. Más cerca de lo que parece. Eso sí, hay que echar un ojo al descenso en el número de finalista, 54 por los 72 de Atenas (cuenta el descenso de participantes, de 321 a 282).

El resultado de los equipos ha sido lo mejor, de sobresaliente. Los chicos de baloncesto han hecho toda la historia que se les ha dejado hacer. Un arbitraje vergonzoso y parcial impidió que se luchara de verdad por la victoria. Pero estar metidos en el partido con la selección estadounidense a un minuto del final es algo inolvidable. ¡Si hubiera entrado el triple de Jiménez a falta de minuto y medio...! El hockey (con la decepción, eso sí, de las chicas) nos dejó un gran torneo y una remontada gloriosa en semifinales. El balonmano confirma que, pese a sus dificultades, pasa por un estado de gracia. Tres bronces en los últimos cuatro Juegos para coronar la despedida del gran capitán Barrufet. El equipo nacional de waterpolo casi siempre lucha por las medallas. Esta vez no se consiguió, pero no siempre se puede ganar. Sólo faltaron fútbol y voleibol, que en descuidos poco comprensibles no acudiron a esta cita siendo campeones de Europa como son.

Deportes como el ciclismo (a pesar del vergonzante positivo de Maribel Moreno y del fracaso en mountain bike, es necesario destacar la figura de Llaneras, a quien TVE no nos quiso mostrar con la bandera en la ceremonia de clausura con un corte publicitario en el momento de su entrada en el estadio), el piragüismo (entusiasmado me tiene Cal con su ambición; dos platas y parecía que se iba de vacío; chapeau para él...), la natación sincronizada (sencillamente histórico su concurso), el tenis (con el grandísimo Nadal y ese memorable último punto con Djokovic en la semifinal) o la vela (a pesar del atraco más espectacular de la historia de los Juegos, luego vuelvo sobre eso) han cosechado rotundos éxitos. Se han superado los oros de las dos últimas citas olímpicas y los nuestros se han colgado medalla en diez disciplinas. No está mal.

Por contra, el atletismo pasa por un momento delicadísimo. Nadie habría dicho nada si se hubieran conseguido el par de medallas de rigor, de las que por cierto se estuvo muy cerca, pero el análisis es obligado. Leo el que ha hecho en El Mundo el ex atleta José Luis González y lo comparto plenamente, tanto que prefiero no añadir más y remitiros a ese texto. Y creo que afecta a otras muchas disciplinas, en especial la natación, que salió de estos Juegos con una enorme pelea entre nadadores y federativos. Hay demasiadas disciplinas en las que tenemos o hemos tenido grandes campeones pero que no tienen relevo. El pasado fin de semana leía en El País una entrevista a Maurits Hendricks, el seleccionador de hockey, en la que explicaba que hace cuatro años dos de los mejores jugadores de la selección española le dijeron que iban a abandonar el equipo... porque tenían que trabajar. Se les encontró una salida y un puesto que podían compaginar con su vida deportiva. Ese es el esfuerzo que merece la pena. Por campeones que se dejan la piel de verdad y que tienen la calidad para competir por los éxitos.

Por contra, parece que hay demasiados deportistas que compiten en función del dinero. En absoluto es una crítica al deportista, que de algo tiene que vivir y no puede hacerlo de un deporte que no está profesionalizado, pero sí al modelo que tenemos. Tenemos campeones europeos o del mundo que no apuestan por los Juegos porque no les da el dinero que sí les puede dar una victoria en otra competición con patrocinadores más generosos. Tenemos atletas que se conforman con ser finalistas porque les supone la misma beca que una victoria. Así se forman olímpicos, pero no campeones. Se puede fomentar el deporte, pero no la competición. El deporte base necesita un impulso, y quizá la solución no sea la de siempre, meter más dinero, sino pensar de una vez en qué se debe gastar para sacarle el mejor rendimiento posible en la cita olímpica.

Cuando no se logra medalla, se corre el riesgo de meter a todos los deportistas en el mismo saco. Y hay unos cuantos que, sin metal, merecen un sonoro aplauso, el reconocimiento de todo el mundo. Lo merece María Vasco, que lesionada y en unas condiciones climatológicas infernales, fue quinta y batió el récord de España. O García Bragado, que a sus 38 años y con la cadera fastidiada fue cuarto. O Marta Domínguez, un ejemplo en todos los sentidos, que debió ganar medalla y se quedó sin ella por un tropiezo en una valla. O Juan Antonio Ramos, que debió ser la habitual medalla en taekwondo, que compitió con una mano rota y una rodilla debilitada y que, aún así, pudo ganar el bronce. No es mucho porque se vienen sin medalla, pero mi aplauso va para ellos.

En general, los Juegos han sido de un nivel altísimo. Dos nombres propios destacan y, sí, son los que tiene todo el mundo en la cabeza. Lo de Michael Phelps es absolutamente prodigioso. Toda la vida con Mark Spitz en la cabeza y ahora viene este animal (en el mejor de los sentidos) yt establece un memorable registro de ¡ocho oros y siete récords del mundo! Brutal. Como brutal ha sido lo de Usain Bolt. Tres oros, tres récords del mundo. 100, 200 (el más prodigioso de todos, el momento de estos Juegos sin duda) y 4x100. Si se convierte en un atleta ambicioso y da el salto a los 400, en los próximos Juegos podría lograr la hazaña de cinco oros. Que podrían ser seis si, como hizo Carl Lewis en su día, también acepta el reto de la longitud. Huele a Historia pura este jamaicano. Decían que en atletismo no iban a caer muchos récords y algunos han sido brutales. Como el de Isinbayeva en pértiga. La rusa lo ha batido ya 24 veces. Su grito de alegría era el del mundo entero.

Pekín y China han cumplido. Mucho se ha hablado de la conveniencia de darle estos Juegos, de represión y de censura, pero muy poco de la organización. Ha tenido luces y sombras. Entre las luces, las maravillosas instalaciones (con sus peros, como el imposible campo de regatas). Entre las sombras, los imprevistos. Por ejemplo, la lluvia en una jornada estuvo a punto de aguar el calendario del torneo de tenis. Pero en general la organización ha cumplido. Magnífica la ceremonia de apertura y muy notable la de clausura. Las retransmisiones, eso sí, no han estado a la altura. No han sabido crubir varios deportes, nos han escamoteado repeticiones necesarias en tenis y no han ofrecido datos y estadísticas para seguir las competiciones con todo lujo de detalles (ciclismo o baloncesto). Los chinos se empeñaron en hacer esta cobertura pese a no tener verdadera experiencia. Y lo han pagado.

Uno de los puntos negros del deporte sigue siendo la justicia y los Juegos no son una excepción. Se sigue mirando para otro lado, pero tiene más importancia de la que muchos le dedican. La delegación española lo ha vivido en sus carnes. El robo a mano armada del merecido oro de Xabi e Iker en vela es injustificable, inaudito e inverosímil. Ese oro se ha ganado violando claramente el reglamento y a nadie le ha importado demasiado. Juan Antonio Ramos acabó su segundo asalto por el bronce clamando al cielo por los puntos que los árbitros no le concedieron. Un luchador cubano no tuvo el mismo temple que el español ante la injusticia y acabó pateando la cara de un árbitro (inadmisible, desde luego... pero nadie analiza las causas de esa reacción). La permisividad a Estados Unidos en baloncesto ha sido flagrante y exagerada, hasta el punto de adulterar claramente la competición. A Llaneras y Tauler casi les privan de su medalla de plata en madison. Hay muchos casos más, los que conocemos porque afectan a españoles y los que no trascienden tanto.

Y, en este sentido, destaca sobremanera lo de China... Casi la mitad de sus 51 oros se han conseguido en saltos de trampolín o gimnasia, deportes en los que los jueces dictan demasiada injusticia. Circulan por Internet vídeos absolutamente impresionantes, como uno de trampolín en que dos chinos entran en el agua totalmente desacompasados y ganaron igualmente el oro. Es cierto que un organizador siempre sufre un aumento tremendo de sus medallas por el simple hecho de serlo. Primero, porque participa en todas las disciplinas mientras que los demás se lo tienen que ganar; segundo, por la acción de los jueces. Mirad los deportes de equipo. China, participando en todos, no ha olido una sola medalla. Por algo será. Pero el COI siempre mira a otro lado en estas cuestiones. Mucho dinero en juego, supongo...

Es imposible hablar de los Juegos y no evaluar la cobertura de Televisión Española. Y no pasa el corte, la verdad. Es prácticamente imposible para el aficionado seguir la competición al detalle. No había información sobre las horas a las que competían los españoles (el baloncesto es fácil de encontrar, pero ¿a qué hora es una semifinal de judo?). La publicidad se comió instantes decisivos como cuando Llaneras-Tauler sumaron la vuelta que les dio la plata en ciclismo en pista. Y en esa misma disciplina, no se vio en directo el bronce de Olaberria. La primera serie de David Cal se vio cinco minutos en diferido por culpa de una entrevista a Samaranch que podía haberse emitido en cualquier otro momento. Y así muchas, aunque hubo grandes profesionales que se dejaron la piel por explicar los detalles de los deportes más minoritarios. Ciclismo en pista, hockey, piragüismo o natación sincronizada son algunos de los que se siguen con placer en TVE. Pero, en general, faltó mucha información para que el espectador tuviera un seguimiento correcto.

Parece mentira, pero ya comienza la cuenta atrás. Dentro de cuatro años, nos espera Londres. ¿Madrid dentro de ocho...?

4 comentarios:

Pilix Forever dijo...

Grandísimo análisis, Juan. Ahora... toca comentar. Por partes:

Gracias por el enlace al artículo sobre nuestro atletismo, lo he leído y estoy de acuerdo. Creo que no sabemos competir y no es por falta de medios porque la federación de atletismo tiene muchos más recursos que otras federaciones (como la de hockey, natación, esgrima, etc) que han conseguido medallas... y creo que es porque esas federaciones piensan en sus rivales fuera de nuestras fronteras (la Mengual y compañía se ponían como objetivo a las rusas y para ello se han tirado más de ocho horas metidas en la piscina)... Lo mismo digo del ciclismo (se nota que salimos fuera, a las grandes vueltas y conocemos bien nuestros rivales y nos quitamos los complejos)... En cambio el atletismo, como dices, se encierra en sí mismo, se acomoda y se achanta cada vez que sale fuera y ve el nivel que hay. Las becas ADO son un arma de doble filo, hay quien las aprovecha pero hay muchos que llevan viviendo de rentas unos cuantos años (me viene ahora a la cabeza Manolo Martínez, el eterno retirado que nunca se va y que siempre defrauda en los grandes mítines). Ahora ha vuelto a decir que lo deja... veremos a ver. Yo, de esta campaña, salvaría a Marta Domínguez (pintaba bien la cosa cuando se cayó), me supo realmente mal porque estaba ahí teniendo en cuenta que era la tercera vez que competía en esa categoría. Todavía no entiendo lo de Paquillo o lo del triatlón, o lo del 1500...


En cuanto a TVE, no ha estado a la altura, como dices, porque no sabías cuándo era en diferido y cuándo en directo; cortes a saco y cambios de un canal a otro. Como dices, no se ha informado bien de la parrilla y el zapeo ha sido lo único que nos ha salvado a quienes como tú o yo disfrutamos con un evento así.

Y luego está el baloncesto de ayer, un partido memorable que siempre nos dejará un gusto agridulce. No quiero excusas pero creo que todo el mundo no NBA coincide en que, o se unifican criterios de arbitraje o se aplican uno u otro, pero no puede aplicarse un criterio a un equipo y otro al otro porque, además de injusto, contradice la filosofía del deporte. Hubiera bastado con que hubiera pitado pasos la mitad de veces que los americanos lo cometían para ganar ese partido. Los americanos no lo reconocen pero saben que, a igualdad de condiciones, y aún con peor físico, estamos a su altura (y no digo solo España, sino muchos europeos y Argentina). De hecho el propio Lebron James ha reconocido que ha sido el partido más intenso de su vida... El resultado final fue injusto porque la ventaja de 11 puntos final reflejó una realidad que no se vio en la pista (las dos técnicas finales fueron el remate a un arbitraje indigno de unos juegos).

En fin, hace un mes nuestras portadas hablaban de la edad de oro del deporte español pero, como dice Gasol en su anuncio, sería bueno dejar de admirarnos a nosotros mismos y conseguir admirar a los demás. En ese sentido, tenemos muchísimo por hacer en montones de disciplinas (aparte de los deportes con pelotas, el tenis o el ciclismo, todo lo demás es tirando a mediocre). Yo lo veo así...

Siento la extensión pero es que tu artículo lo merece.

C.C.Buxter dijo...

Mucho que comentar...

Antes de nada, y para que no se me pase, quiero decir que una cosa son las críticas oportunistas y fáciles que se le han hecho a China (como lo de la niña fea, las imágenes en diferido o el "espontáneo" fervor tibetano de algunos) y otra la crítica de fondo a una de las más terribles dictaduras que existen. Los chinos han tenido un éxito organizativo innegable y los Juegos han sido maravillosos, pero yo creo que no había que darles este escaparate publicitario. Eso sí, una vez que les conceden los JJ.OO., ver a los miembros del COI o a altos mandatarios internacionales rasgarse las vestiduras porque (¡oh sorpresa!) en China no se respetan las libertades y hay censura... En todo esto ha prevalecido el interés por esos jugosos mil millones de consumidores.

Por lo que se refiere al deporte, España lo ha hecho de notable, como dices. Hoy he visto en un programa deportivo que titulaban "¡Aspirábamos a más!" y en el que decían que habían estado "de aprobado"; ya sabes, uno de esos programas de los que no van a volver a hablar de otra cosa que no sea fútbol hasta Londres 2012... Parece que nadie recuerda que antes de Barcelona nos llevábamos tres o cuatro medallas como mucho.

Los grandes fiascos han sido el atletismo (aunque aquí ha habido las excepciones que comentabas) y sobre todo, la natación, donde creo que sólo hemos tenido un finalista. No entiendo cómo no se hacen mejor las cosas precisamente en los dos deportes que más medallas reportan en unas Olimpiadas.

Phelps es el gran triunfador, aunque personalmente yo me quedo con Bolt, una auténtica bestia (aunque me dio pena que batiese el récord de Michael Johnson, que recordaba de Atlanta 96). Por lo que se refiere a los españoles, Rafa Nadal es el nuevo icono del deporte español, junto con Gasol. Es una lástima que la selección de baloncesto tenga buena acogida mediática y que, sin embargo, de la ACB no se den en los telediarios ni los resultados de cada jornada.

Por último, nada me haría más feliz que ver los juegos en Madrid dentro de ocho años; sin embargo, lo veo muy difícil. No tanto porque Madrid no tenga capacidad para celebrarlos (porque la tiene) sino porque dos JJ.OO. consecutivos en Europa va a ser difícil de verlos. Quizá en 2020 (¡qué lejos!) sería más factible.

Juan Rodríguez Millán dijo...

Pilix, encantado por tu extenso análisis, de verdad... Da gusto encontrar respuestas así, con mucho contenido y cosas que decir. Siempre se piensa que los resultados olímpicos pueden ser el acicate para mejorar, pero no siempre es así. Veremos en los próximos años...

C.C.Buxter, creo que todos podemos estar de acuerdo en que hay mucha, mucha, mucha hipocresía en todo este tema de China y los Juegos, sin duda... Sí, ya se ha olvidado la gente de que España 'nació' deportivamente en los Juegos de Barcelona...

Reverendo Pohr dijo...

dios, Juan, has dejado algo por analizar?

Para mí estos juegos no han sido un fracaso para el equipo español. Al contrario, he disfrutado con su competitividad aunque luego no se obtuvieran medalla. Me entristeció ver a Esther San Miguel o Juan Antonio Ramos casi llorando (bueno, Isabel Fernández y Ana Carrascosa no pudieron evitarlo) por no obtener presea, cuando me había tragado y disfrutado casi todos sus combates (el bronce de San Miguel, lamentablemente en diferido). El caso del taekowista fue de libro pero alguien decidió que Afganistan post-taliban debía ganar su primera medalla olímpica (el afgano castigó impunemente la muñeca lesionada del barcelonés. No me extraña que el cubano, si bien más que reprochable, perdiera los nervios, pero la gran cantidad de semifinales y finales robadas a los deportistas cubanos, sobretodo en Judo y boxeo ha sido de juzgado de guardia).

Me levanté a las 3 de la mañana para ver a Gómez Noya y a Raña fallar al final del Triatlon, al igual que a Paquillo en marcha. Pero me pareció igualmente muy emocionante. También vi la cara de sufrimiento de Rafa Martínez en las anillas o la decepción de Pina en cuartos de final de Sable cuando había eliminado a dos de los favoritos. Pero como aficionado, como diría Calamaro, "sufrí y también fue feliz". Luego se concede más valor cuando ves a Llaneras (y Tauler) y su espectácular final de carrera de puntuación o a Nadal venciendo agónicamente a Djokovic. Para un vacacional fan (que no fanático, aunque haya gente que lo pueda creer así), es diversión. Como el simultaneo de semifinales de basket (España-Lituania) y balonmano (España-Islandia), con resultados dispares.

La retrasmisión de todo esto ha sido floja y mejorable, pero ha superado a Atenas y, sobretodo, a Sidney (aquello fue horroroso, sobre todo por el bombardeo publicitario constante). Espero que algún día el responsable de la cadena emisora de unos JJOO sea realmente un amante del deporte.

De cara al futuro, ya he leido dos artículos (uno de Perarnau y otro del mismo Lisavetsky (que dudo que lo haya escrito él en persona)), que plantean un retraso de cara a Londres 2012. La política de cantera es floja, se hacen apaños con fichajes extranjeros (que no tiene nada de malo pero no es la solución única) y como dice Wildeboer (único finalista en Natación): "me entreno entre gente mayor y niños". A vecer falta nivel, bien por falta de inversión o déficits en la planificación. Sin embargo, esperamos lo máximo. Demasiado pedir, tal vez, en un país excesivamente orientado, económica y mediáticamente, al fútbol.

En conclusión, después de esta chapa: yo también me lo he pasado bien con estas dos semanas de deporte ininterrumpido. Lo demás se tratará cuando uno crea, no cuando se lo digan.

Greetings