sábado, enero 08, 2011

Lección de (in)tolerancia

Fascinado como siempre he estado y estaré por los misterios de la condición humana, descubro aspectos nuevos de la misma gracias a la famosísima ley antitabaco. La verdad es que el experimento tiene su aquel, no me lo negaréis. Sacar de todos los espacios públicos cerrados el mayor vicio nocivo y legal que conocemos y a ver qué pasaba. ¿Y qué ha pasado? Pues en la mayoría de los casos, mal que les pese a los agoreros, absolutamente nada. La gente sigue saliendo a los bares en los que ya no se puede fumar y los que quieren tragar el humo de sus cigarrillos o de los ajenos lo pueden seguir haciendo en los espacios que marca la ley como habilitados. Los casos que se salen de la norma, no obstante, son los que dan el salto a los medios de comunicación y, por tanto, los que generan debate.

A mí, me van a perdonar mis amigos y visitantes fumadores, la ley me parece necesaria. Quizá con algunos matices debatibles, pero terriblemente necesaria. No soy amigo del prohibido prohibir que ondean algunos por bandera y, en cambio, sí soy partidario de que los gobiernos legislen en aquellas parcelas donde la sociedad no es capaz de arreglárselas por sí sola. No siempre hubo normas de tráfico. Ni siquiera hubo siempre normas sobre las peleas incluso con resultado mortal, que en tiempos de Alejandro Dumas lo de los duelos de espada a muerte era una cosa habitual. Cuando para llegar a Europa hacía falta un viaje de muchos meses en barco, las leyes de inmigración eran inútiles. Se lesgisla cuando se necesita. Y aquí es necesario porque algo fallaba.

Desde mi humilde punto de vista, el asunto del tabaco es, claramente, un fracaso social. Los no fumadores no tenían espacios propios o libres de humo. La anterior ley intentó facilitarles esos espacios, pero practicamente nadie se prestó a habilitarlos. Fracaso y, por tanto, nueva ley. Sí que es cierto que lamento que aquellos hosteleros que pagaron obras en sus locales para separar zonas de fumadores y de no fumadores vean ahora, muy poquito tiempo después, que aquel fue un dinero gastado en balde. Ellos son los verdaderos perjudicados de la nueva situación en la que vivimos desde el pasado día 2. Pero no había una convivencia real entre no fumadores y fumadores, sino un sometimiento de los primeros ante los segundos.

Es a partir de ese día 2 de enero de 2011 cuando comienza lo curioso de este asunto, con algunas de las protestas, quejas y reacciones que se han escuchado. Algunos iluminados del mundo de la política y de la cultura, iluminados que parecen alimentarse sólo de las polémicas que generan y no de su trabajo, han llegado a equiparar esta ley con los primeros pasos del nazismo. Para mí es asombroso que no se les caiga la cara de vergüenza al hacer ese símil, que tengan la desfachatez de utilizar uno de los episodios más oscuros, negros y tristes de la historia para compararlo con esto. Mucha, mucha pena es lo que siento por aquellos que quieren ponerse intelectualmente por encima de los demás demostrando tan escaso saber de la historia y de sus consecuencias. Pero allá cada cual con su conciencia y con su conocimiento.

Algunos incluso parecen justificar los actos violentos y las peleas que ha generado la nueva ley. Y me asombra, porque durante años yo (y como yo la inmensa mayoría de quienes detestamos el humo del tabaco), como no fumador, he sido tolerante con la libertad de fumar en cualquier sitio. Si yo no quería respirar el humo de los demás en un bar, me tenía que salir de él. Punto. No había más. Pero resulta que ahora algunos fumadores sienten que ellos no deben ser igual de tolerantes con una ley que defiende mi libertad de no inhalar el humo de su tabaco. Curioso. Curioso, porque en esa situación resulta que el intolerante soy yo.

Como curioso es que algunos poquitos hosteleros, esos a los que la prensa ha dado su minuto de gloria, hayan proclamado que se declaran en rebeldía. Nuevamente vuelve esa costumbre tan española de incumplir la ley que nos da la gana simplemente porque nos da la gana. Para mí la solución es sencilla. ¿Rebeldía ante una ley? Aplíquese la sanción prevista en dicha ley. Sin aspavientos, sin altercados, sin polémicas. Igual cuando se le aplique dicha sanción por segunda o por tercera vez, el bolsillo se le resiente tanto como para decidirse a cumplir la ley. Curioso también me pareció el caso de ese hostelero madrileño que el día 3 de enero decidió despedir a uno de sus camareros porque había bajado el negocio a causa de la ley antitbaco. Impresionante trabajo de análisis con un día de experiencia, sí señor.

Menos mal que todas estas peregrinas argumentaciones y respuestas tienen sus días contados. En cuanto dejemos de hablar de la ley antitabaco, simplemente se acabará cumpliendo como cualquier otra ley en un elevadísimo porcentaje de casos. No sé si sabéis que por ley el dueño de un perro está obligado a recoger los excrementos que su mascota deja en la calle. ¿Lo hace todo el mundo? No. ¿Sale eso en los informativos? Desde luego que no. Con el tabaco acabará pasando lo mismo. Yo, por el momento, estoy encantado con la ley. Y aunque no lo estuviera, la acataría, porque hay formas de declarar mi oposición mucho más sensatas y efectivas que convertirme en un cafre de opinión o de acción.

15 comentarios:

Trilce dijo...

A mí me da pena el asunto de los que se molestaron en adaptar sus negocios a los dos tipos de clientes y me llama la atención que no se les haya ofrecido una subvención (no sé, te gastaste X en acondicionar un local porque te lo decíamos en una ley, pues te devolvemos un 60%), pero aunque al princiipio era reticente a la ley antitabaco cada vez la veo con mejores ojos.

¿Que la educación sería una solución mucho mejor? Pues sí, pero tienes razón al decir que cuando la sociedad no sabe arreglárselas por sí sola el Estado tiene que intervenir.

Doctora dijo...

Iba a comentar lo mismo que Trilce respecto a la gente que reformó sus locales hace años para que ahora no sirva de nada.
Yo no fumo,pero aunque no me molesta el humo comprendo a los que sí y me parece una ley lógica,pero un tanto hipócrita.
El tabaco es una droga terriblemente nociva,pero como el gobierno se lleva una pasta en beneficios en vez de ilegalizarlo se pone a putear a los que lo consumen en plan "el tabaco es que es muy malo".
Por otro lado también me parece acojonante los fumadores que le echan la culpa al gobierno de su adicción,como si alguien les hubiese puesto una pistola en la cabeza para empezar a fumar.
Un tema delicado.

Lola dijo...

Yo, en contra de varios de mi familia, estoy a favor de la ley y no tanto por mí misma que me trago el humo de los demás en mi casa, sino por las enfermedades que se pueden evitar con esas prohibiciones. Dicho esto sigo pensando como Doctora: una hipocresía de cabo a rabo. Tu crees que el estado podría prescindir del dinero que genera el tabaco?
Un abrazo y muy oportuno tu post. Lola

Anónimo dijo...

8 de enero de 2011, un país X en el que, el mismo día, el señalado, las autoridades permiten una marcha de apoyo a asesinos y al tiempo pide la documentación y multa a fumadores...ese país está muerto, es mierda pura, y se merece todo lo que pase de aquí en adelante.

Y ver a izquierdistas convertidos en "gente de orden", resignada a lo que le caiga encima si le afecta, y aplaudidora de las represiones, mordazas, censuras y prohibiciones que les caigan a otros, como especímenes de casino provinciano, con una triste expresión que ya, por no ser, ni es tristeza, sólo vacío, en la oquedad de sus cabezas, sería carne de chiste si no fuera porque, con vuestra resignación, o complicidad en su caso, nuestras libertades individuales tienen los días contados, como mucho las que las autoridades, graciosamente, nos permitan.

Damos asco, como sociedad y como ciudadanos damos verdadero asco. ¡Vamos, dáis asco, porque yo sólo me resignaré en el momento de mi muerte, y ni así!

Y sí, soy fumadora, pero no aficionada a las corridas de toros, de hecho me repelen, y por eso no me resigno a que la televisión pública haya renunciado a incluírlas en su programación. Esto me da tanto asco como lo de la ley anti-tabaco. Si todas las televisiones decidieran emitir, diariamente, 24 horas de corridas de toros ME LA ENVAINARÍA, porque si lo hicieran así sería señal de que les resulta rentable, una decisión empresarial, no una orden gubernamental, que permitiría seguir dando de comer, además, a muchas familias, así que, sólo por eso, ME AGUANTARÍA. Es por ello que, si todos los propietarios de bares y restaurantes de España decidieran que lo más rentable para sus negocios sería permitir que se fumara en ellos, vuestra obligación sería JODEROS, del mismo modo que me jodería yo como me he tenido que joder ya, de hecho, por la decisión libre de un hostelero en concreto, y en momentos muy difíciles para mí, no precisamente en ratitos de juerga.

Vamos camino de ser un país tan represor como cualquier islámico que se precie y tan aburrido, triste y soso como el más aburrido, triste y soso del norte de Europa.

Los psocialistas se han propuesto cambiarnos a golpe de Decreto y lo van a lograr, con vuestra ayuda.

Yo, como pueda, me piro, ya he perdido toda esperanza.

(Y no me afeéis las palabrotas tal que como ursulinas, os pido ese póstumo favor, no rematéis la caricatura, Ejército de Salvación)

La Tilde Perdida dijo...

La ley debería haber sido así desde el principio, porque como dices hubo muchos hosteleros que tuvieron que invertir en crear dos espacios en sus locales. Las cosas o se hacen de una vez o no, no valen las medias tintas. Así es en muchos países de Europa y no pasa absolutamente nada, pero los españoles parecemos unos neandertales. Todo el mundo habla de que los negocios van a verse afectados porque los fumadores consuman menos. ¿Y no se planteaban antes que muchos no fumadores, después de un tiempo en un bar nos teníamos que largar con los ojos para reventar del humo?

Jose Vte. dijo...

Que una persona se dedique a matarme poco a poco con el humo que deja o ha dejado en un lugar cerrado al que yo estoy o he entrado. ahora es el no va mas de la tolerancia y la libertad, y ejemplo de un estado represor.
Ellos, los fumadores, tienen libertad para matarse solitos, pero que no me maten a mi, que cada uno se compre su propia urna tabaquera y fume dentro, pero que a mi no me la hagan respirar.
Porque ahora va a resultar que los no fumadores somos unos represores y unos fascistas por apoyar una ley que no queremos que nos mate.
Genial el argumento, y dicen que los tolerantes y superdemocráticos son ellos. Viva la ley del embudo...

Yo he sido fumador durante mas de 35 años, y me costó lo mio dejarlo hace 10, así que a mi no me vengan con tonterías de lo imposible que es dejarlo, como tampoco de libertades absurdas y nazismos, nazis eran los que gaseaban, no los que simplemente pasean por la calle o quieren tomarse una cervecita.

La ley anterior fue un cachondeo, nadie la cumplia, y en practicamente todos los bares y restaurantes se podía fumar, fueron muy pocos los que hicieron reformas, lo mas era alguna pequeña sala separada, y esto en restaurante, en los bares nada de nada.

Saludos

El Impenitente dijo...

Pues yo no lo tengo tan claro.

Personalmente no soy ni he sido fumador, así que mejor ahora que antes.

Pero, puestos a prohibir, puestos a fomentar la delación, puestos a velar por la salud y la higiene nacional, puestos a regular donde no hay acuerdos, ¿por qué no prohiben la producción, la venta y el consumo del tabaco? Servirían los mismos argumentos que se están utilizando. ¿O es que acaso se reducirían los ingresos estatales, se perderían puestos de trabajo y tal y cual? Entonces, ¿en qué estamos? ¿O seguimos con la doble moral? Vale que es algo socialmente muy extendido, pero también lo son las drogas y la prostitución y ambas dos son ilegales. Si el tabaco y el alcohol son legales, ¿por qué no se legalizan las drogas y la prostitución?

En fin, que prefiero no pensar porque no llego a ninguna conclusión. Ahora sólo falta que multen a los que tiren colillas al suelo. Eso sí que estaría bien.

Anónimo dijo...

Esta ley es un buen comienzo, que además tiene la ventaja de quitar la careta a los abusones de toda la vida con sus peregrinas argumentaciones. Si lo único que tienen que hacer es ir a fumar a la calle por respeto a la gente que hay en los locales. Así funciona en Euopa y nadie se ha muerto....todo lo contrario.
Si lo agradecen los propios fumadores, y eso que dicen que pierden negocio los bares.... Pués yo ahora veo familias, abuelos, niños y gente que sencillamente no bajaba al bar por no tragar con el humo ajeno.

Arual dijo...

Yo como no fumadora estoy contenta porque al menos podré ir a cualquier espacio público sin tener que tragar humo nocivo ajeno. Pero reconozco que la ley hace que por ejemplo en un pueblo pequeño como el mío no se pueda fumar prácticamente en la calle, porque todo está a menos de 200 metros del colegío, del centro de salud o de algún parque infantil. Vamos que salir con un cigarro en la boca por allí sin incumplir la ley es misión imposible. Por no decir lo contenta que tengo a una amiga que vive encima de un bar de copas ya que antes no dormía muy bien los fines de semana porque oía de lejos el retrueno de la música y el entrar y salir de gente pero es que ahora la fiesta la tiene debajo del balcón mismo. Con toda la gente fumando y charlando.

Anónimo dijo...

Estoy completamente de acuerdo con el texto. Muy bueno el título.
A los críticos apasionados: La ley NO PROHIBE FUMAR. Hacen trampa cuando argumentan de tal manera. La ley se propone proteger a los no fumadores que no quieren aspira el humo del tabaco (EL TABACO MATA) en lugares públicos. Un fumador puede seguir fumando si quiere, nadie se lo impide. Pero no allí donde los no fumadores quieren respirar aire sin nicotina. La libertad es para todos. La comparación con el nazismo, es delirante, por usar una palabra suave. Y, naturalmente, como dices, este asunto dejará de tener importancia dentro de poco.

Incomprendida dijo...

Pero lo mejor es que gracias al tema del tabaco... Nadie habla de muchos otros asuntos más importantes en tema de derechos sociales, laborales... economía.
¡Buen post!

Jo Grass dijo...

A mí también me dan pena los que adaptaron sus bares y se gastaron una pasta y ahora se quedan a dos velas. Está muy bien que la gente no tenga que soportar el humo ajeno, pero como siempre han errado en la campaña para venderlo, porque lo de las prohibiciones suena muy mal. Es como cuando te cabreas con el niño porque es un cafre, o hace una maldad o termina las vacaciones y la noche antes no ha hecho los deberes y le montas una bronca del 15 a gritos y le quitas la Play de la mano. Lo único que consigues es que se rebote más. Mucho más práctico y eficaz ofrecerle tu sabiduría con calma y buenos modales para que entienda que lo está haciendo mal y las repercusiones le pasarán factura. Pues lo mismo con el asunto del tabaco! A nadie le gustan las imposiciones a la fuerza, pero vendiendo la moto de otra forma todos se darían cuenta que estamos mejor sin humo.

Noelia Jiménez dijo...

A mí me agrada salir de los bares sin olor a humo. Lamento que no prohíban los fritos y las cocinas sucias, porque también me encantaría dejar de oler a fritanga. Pero, mientras tanto, seguiré aferrándome a mi suavizante. Dicen que no es sano, pero hay vicios que aún permiten. No sé hasta cuándo.

Juan Rodríguez Millán dijo...

Trilce, de acuerdo en ambas cosas. Ojalá se educara mejor, ojalá tuviéramos más posibilidades, ojalá no se hubiera perjudicado a quienes se gastaron aquel dinero... pero con todo veo la ley necesaria.

Doctora, efectivamente, estoy también totalmente de acuerdo contigo. Es una de las muchas hipocresías sociales que nos rodea. Pero si sólo prohibiendo fumar en lugares cerrados se ha generado una respuesta así, imagínate si se llega a prohibir el tabaco... Revuelta social asegurada...

Lola, no, claro que no. Ahora mismo no puede prescindir del dinero de esos impuestos. Pero también me quedo con la otra parte: la respuesta de los fumadores, que sería aún más grave.

Anónimo, supongo que el título del post encuentra toda lógica en tu comentario. Pero vamos, siéntete libre de ir diciendo a quien tiene una opinión contraria a la tuya que da asco... A mí lo que me da (perdón, daba) asco era entrar a un bar lleno de humo. Y lo que todavía no habéis entendido quienes trazáis paralelismos como los tuyos es que yo, como no fumador, no tenía elección. Y, por cierto, hay división de poderes. Con sus fallos, con su corrupción, con sus connivencias, pero hay separación de poderes.

Tilde, ya sabes que lo primordial en España es quejarse primero. Luego ya veremos si las cosas tienen consecuencias positivas.

José Vte., me molesta tanto como a ti esta interpretación que se hace de la norma. Vamos, me parece increíble. Pero ya ves, hay gente para todo...

Impenitente, yo tengo claro que el paso definitivo tendría que ser la prohibición de una sustancia dañina para todos. No me importa decirlo. Pero dentro de esa inegunidad y de ese mundo ideal que me gusta defender, sé que es algo utópico e imposible hoy en día. Yo no lo veré, pero seguro que ese día llega.

Anónimo (2), justo eso es lo que está pasando, sí. Pero ya sabes, lo positivo a adie le importa...

Arual, la aplicación de la ley es lo que tendrá que ir puliendo los defectos, está claro.

Anónimo (3), me encanta esa frase que usa, la de que la libertad es para todos, porque aquí nunca se ha tenido en cuenta la libertad del no fumador. Y ahora que se limita, que no cuestiona, la del fumador, somos todos unos nazis. Vaya...

Incomprendida, pues tendría que ser un debate paralelo, pero es que en España somos así... O se habla de lo nuestro o no nos importa nada...

Jo, estoy totalmente de acuerdo contigo en que la comunicación falla y en que es mejor otra postura. Pero también es verdad que esa postura lleva fallando años.

Noelia, si me molesta el olor a fritanga de un garito, puedo ir al de enfrente, y eso es algo que no podía hacer con el tabaco porque nunca nos dieron la alternativa para escoger. Y no se ha prohibido ningún vicio. Sólo que se haga en ciertos lugares donde los demás también tenemos derechos.

SK dijo...

Estupendo análisis desde la tolerancia!. Absolutamente de acuerdo contigo y con La Tilde Perdida. Siempre he sido una luchadora anti-tabaco. Conseguí que mi padre dejara de fumar con tan solo 10 años y con mi novio (hoy mi marido) me costó sólo 5 meses y de eso hace ya más de 15 años...
Dicho esto, siempre he sido muy educada y he aguantado el humo donde estaba permitido, pero NUNCA he entrado a tomar un café por la mañana a un bar porque no soporto el humo del tabaco por la mañana. Es superior a mi, no me deja respirar.
Es increíble que haya gente en contra de una Ley que equipara a los fumadores y no fumadores. El derecho de un fumador termina donde empieza el de un no fumador. Me parece increíble ver cómo en países menos desarrollados que España existe esta Ley desde hace muchísimos años y todo el mundo la acepta y la cumple (hablo de países caribeños).
He de admitir que la Ley necesitaría matices y permitir fumar en ciertos lugares como los pubs y discotecas, pero en un restaurante, fumar es antihigiénico e intolerable.
Besos!