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viernes, diciembre 17, 2010

El oso

Escenario: la Puerta del Sol de Madrid.

Protagonistas: un grupo de unos veinte chavales, aproximadamente de quince o dieciseis años, saliendo de la boca de Metro principal de Sol.

Situación: uno de ellos levanta el brazo, cual Colón señalando América en su descubrimiento.

- "Andá, el oso del Atleti".

Y no le faltaba razón al muchacho, no. Es el oso del Atleti. Del Atleti y nadie más, claro. Y es que a veces me saombra la fuente de conocimiento y la capacidad asociativa que tienen los jóvenes...

miércoles, marzo 17, 2010

Ministra del Feminismo

Recuerdo mis años universitarios, en buena medida, como una pérdida de tiempo en lo que se refiere a la formación específica que recibí para desempeñar el oficio al que quería dedicar mi vida. Dicho de otra forma, en Periodismo estudié muchas cosas pero no cómo ser un buen periodista. Eso lo aprendí después, cuando di el salto al mundo laboral, o por mi cuenta, como lector. Con este bagaje personal, creo que aplicable a muchos estudiantes de mi carrera, supongo que no será dificil de entender el enfado monumental que tengo tras leer que la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, cree que la igualdad, los estudios de género y la "tradición intelectual" del feminismo tendrían que disponer de "un lugar en la formación troncal" de los universitarios españoles. En otras palabras, que habría que estudiar el feminismo, ya no sé si como asignatura única o como parte de alguna otra.

Podríamos estudiar Feminismo, así, con mayúscula. O podríamos, por ejemplo, estudiar Historia de España y el feminismo, Historia del Arte y feminismo, el feminismo y la física cuántica, o teorías aplicadas del feminismo en la microbiología aplicada. Porque, claro, queda una poderosa duda en el aire. ¿En qué carrera o carreras habría que estudiar el feminismo? ¿En todas? ¿Sólo en las de letras? ¿En las que empiecen por vocal? ¿En las que haya mayoría de estudiantas (si nuestra insigne ministra puede hablar de miembras, digo yo que nadie se meterá conmigo por innovar con este término, ¿no...?)? Confío en que la ministra de Defensa, Carme Chacón, no se sentirá celosa de la úlitma y prodigiosa idea de su compañera de Gabinete, porque de lo contrario la Historia militar podría ser también una asignatura universiaria.

El Ministerio de Igualdad nunca tuvo sentido. La práctica, la ministra, sus frases y sus ideas han demostrado que ha sido un error, y por desgracia un error que no se va a rectificar, pues Zapatero alardea de sus logros. Sin embargo, sus grandes temas los podría haber llevado el Ministerio que los llevara antes de la creación de esta nueva cartera. Y sus pequeños asuntos, incluyendo ocurrencias como ésta, me temo que están provocando el efecto contrario al perseguido. Bibiana Aído está consiguiendo que mucha gente se esté posicionando de ella y del Gobierno en primer lugar, pero también, y por extensión, de todas las ideas surgidas de su Ministerio, sean buenas o malas (predominan las malas, para qué nos vamos a engañar).

Hace no mucho, aseguró que "el mundo funcionaría mejor si hubiera más mujeres mandando". Supongo que esos son los méritos que esta pretendida igualdad busca en las personas. Yo prefiero que los puestos de responsabilidad los ocupen personas preparadas y capacitadas. Sean hombres o mujeres. Igual teníamos que preocuparnos de que todos tuviéramos igualdad de oportunidades, que no de puestos, para desempeñar las funciones que mejor se adaptan a nuestra preparación. Esa es la igualdad en la que creo. No la de cuotas. No la de las imposiciones. No la de las ocurrencias absurdas que no contribuyen a solucionar los problemas, sino a enturbiarlos. A mí no me preocupa que haya menos mujeres que hombres en puestos de responsabilidad. A mí lo que sí me preocupa es que mujeres preparadas no alcancen su potencial por culpa de hombres que no están preparados.

A ver si no nos lo han dicho y resulta que Bibiana Aído no es ministra de Igualdad, sino del Feminismo. Y la pregunta es: ¿eso para qué sirve...?

miércoles, octubre 14, 2009

Terror

Terror. Eso es lo que siento cada vez que veo en la televisión algún programa que decide hacer el experimento de evaluar los conocimientos históricos, culturales y sociales de chavales de instituto. No porque no sepan alguna cosa, algo que no tiene la mayor importancia porque todos tenemos lagunas, olvidos o materias que no dominamos. En realidad, el terror viene de la más absoluta carencia de las nociones más básicas de la realidad en la que viven. De la más absoluta falta de interés por conocer el mundo que les rodea. De la nula curiosidad que tienen por las cosas. Y, sí, ya sé que no se puede etiquear de incultos bárbaros a todos los jóvenes, pero me sigue pareciendo un drama que chicos supuestamente formados e inteligentes desprecian de esta forma el conocimiento.

En el primero de los programas que vi, preguntaron a una serie de jóvenes sobre el Día de la Hispanidad. Nadie sabía que lo que se celebraba era el descubrimiento de América. Uno razonaba, espero que en un tono de broma que yo no capté, que en lugar de celebrar el viaje al nuevo continente de un italiano podríamos colocar esa festividad en el día que España ganó la Eurocopa de fútbol (y digo yo, ¿sabrá el chaval en cuestión que en 1964 ganamos otra...?). Lo más dramático de este primer programa fue cuando le preguntaron a una chica cuándo se descubrió América y empezó a decir "mil... novecientos... cuarenta y dos... No, mil ochocientos cuarenta y dos". Creo que ahí tuve que apagar la televisión. Mi ingenuidad no estaba preparada para escuchar lo que podía seguir a semejante barbaridad.

En el segundo programa, les planteaban diez preguntas sobre diversas materias a un grupo de chavales, de uno en uno y por separado. Cuestionados sobre quién escribió el Quijote, casi nadie lo supo. "Sé que empieza por 'V'", dijo una chica, mientras que otro recurría al consabido "lo tengo en la punta de la lengua" que casi todos hemos utilizado alguna vez para disimular la más absoluta de las ignorancias. Les preguntaron por el nombre del ministro del Interior. Las respuestas fueron de lo más variado: Rajoy (al menos lo fue en su día, pero me da que no estaba esa etapa en la mente de quien respondió su nombre), Camps (¡¿?!), Esperanza Aguirre (¡¡¿¿??!!) y "Zapatero, ¿no...?". Se les pidió que dijeran quienes (sí, quiénes) fueron Ortega y Gasset. Sólo uno pilló la trampa.

Creo que nunca he llegado a estudiar la Guerra Civil, siempre se acababan los cursos antes de que llegáramos a una parte tan avanzada de los programas. Y he comprobado que, hoy en día, es posible que le suceda lo mismo a otros chavales. Sólo así se puede explicar que tengan su capacidad de asimilación de la Historia tan distorsionada como para decir que aquel conflicto bélico empezó en 1975 o que una chica tenga la osadía de responder al entrevistador pidiéndole que le aclare "cuál de las dos" guerras civiles es el objeto de su pregunta.

Una de televisión. ¿Quién es Jaime Cantizano? Como la del equipo en el que corre Fernando Alonso, esa casi todos la acertaron. Pero justo esa pregunta es la que más terror me produjo. Una chica dijo, entre numerosas pausas dubitativas, que era "el representante de la Casa Real en televisión". Si me leen en Zarzuela, ruego me digan dónde puedo mandar el currículum para desempeñar ese cargo. Lo dicho, terror. Porque creo que el terror que me produce ver a alguien pensar que Valladolid está en el terreno ocupado por Tarragona o Córdoba, o que les dé igual decir que Chávez es el presidente de Cuba o Argentina ("es el que le dijo al Rey lo de por qué no te callas", dijo otra, tergiversando la realidad mejor que una televisión autonómica...) es algo que tengo más o menos superado.

Según he ido escribiendo esta entrada, mi terror ha ido creciendo...

jueves, diciembre 27, 2007

Cuestión de educación

No, no voy a disertar sobre el famoso informe PISA y sobre lo negro que está el panorama educativo en España, no. No voy a ofrecer soluciones porque no las tengo y porque no me parece que sea un asunto sobre el que se pueda frivolizar o hablar a la ligera. Cuando alguien competente quiera detenerse de verdad en los problemas del sistema educativo, entonces podremos evaluarlos y tratar de solucionarlos. Pero como nadie parece tener un verdadero interés, seguirá siendo un tema estancado sobre cuyo debate de fondo no creo que pueda aportar nada serio ni útil.

Pero leyendo El Semanal, suplemente dominical del Grupo Correo, leo un interesante artículo, escrito por Carlos Manuel Sánchez, sobre la educación en Finlandia, modélica según ese mismo informe PISA y encuentro multitud de puntos de contraste entre aquel país y el nuestro. Pequeñas cuestiones que me parecen tan chocantes como imposibles de establecer en España. Cuestiones que me provocan envidia, sí, porque no tienen nada que ver con lo que yo viví.

Leo que "en Finlandia, si una escuela hace puente (los centros tiene autonomía para tomar esas decisiones), antes obliga a sus alumnos a salir algo más tarde cada día hasta completar las clases que se hubieran perdido". En España hay un ansia inaudita por coger días de fiesta, puentes, Semana Santa, semana blanca, festivos y días de pellas, claro... Por eso nunca llegué a pasar de la Guerra Civil cuando estudiaba, porque era imposible acabar un programa.

Leo que "en la entrada (de la escuela) no se ve a decenas de estudiantes apurando el primer pitillo de la mañana, como en los institutos españoles". A mí siempre me asombró que mis compañeros de clase fueran ya fumadores habituales a los 15 años (por no hablar del alcohol, claro). Entrar en los baños era salir oliendo a tabaco, pero parece que a todo el mundo que podía hacer algo le daba igual.

Leo que "no hay garabatos en los pupitres ni en los aseos. Todo parece recién estrenado". Igualito que en España, donde una mesa limpia es casi un aliciente para ensuciarla con cualquier signo, dibujo o mensaje sin ningún tipo de relevancia vital o social. En la universidad recuerdo que llegué a encontrar parte de la respuesta a una pregunta de un examen escrita en la mesa. Mi agradecimiento a aquel estudiante anónimo...

Leo que "el 97 por ciento de los centros finlandeses es público, a diferencia de España, donde el 35 por ciento son privados. Por supuesto, es gratuita. Pero el equipamiento es el de un colegio caro en nuestro país". Yo no olí un ordenador más que en un par de clases en la universidad. ¡Y lo compartimos cinco personas! En mis tiempos de instituto, acceder al aula de audiovisuales y ver una película o un documental, era un lujo impagable.

Leo que "los universitarios sólo han de pagar los libros y la comida (2,50 euros en la cafetería de la facultad", y recuerdo que mi bienvenida al mundo universitario fue ¡comprar! el famoso sobre con los papeles de la matrícula. En el ya lejanísimo año 1996, ese sobre costaba mil pesetas. Hoy no quiero ni pensar cuánto se cobra por él...

Leo que "en Finlandia, por ley, no puede haber más de 24 estudiantes por aula". Y alucino, claro, porque creo que sólo en COU encontré ese número, y fue porque acabé en la clase de letras puras. Ya sabéis, donde acaban todos los que no quieren seguir estudiando pero por uno u otro motivo no pueden dejarlo y algunos que sí queríamos seguir estudiando.

Leo que en aquel país "ser maestro es una profesión de prestigio a la que sólo aspiran los mejores. Y no basta con ser muy bueno en tu materia. Debes destacar también a la hora de saber transmitir tus conocimientos". Aquí sí que alucino. Cuánto profesor hay por aquí que o bien no sabe de lo que habla o bien no sabe cómo dar clase. Pero da igual. El puesto lo tiene asegurado sin importar cuántos alumnos se queden por el camino (como me pasó a mí en el mundo de las matemáticas o de la física por sendas profesoras que se cruzaron en mi camino en el instituto).

Leo que "los deberes son sagrados. Y está muy mal visto que alguien copie, incluso por los propios alumnos. Que alguien saque una chuleta es impensable". ¿De verdad es necesario hacer algún comentario sobre este punto...? Lo haré de todos modos para confesar que yo jamás copié hasta que llegué a la universidad. Por muy triste que parezca, algunos profesores me demostraron que era la única forma en la que querían que se aprobara su asignatura.

Leo que, además de las materias clásicas y de dar mucha importancia a los idiomas, "hay clases distendidas, como baile de salón, teatro, arte digital, peluquería, artes marciales, hockey sobre hielo, esquí de travesía, ¡cocina!". Lo más distendido que encontré en mi paso por el Instituto fue Educación Física, que me provocó el segundo día de clase una luxación en la rodilla que me tuvo mes y medio escayolado y otro tanto de rehabilitación. Ah, y una asignatura optativa de Periodismo que sólo pude dar el primer año porque el segundo se suprimió. Nos habíamos apuntado dos alumnos.

Y, sobre todo, leo que "se estimula el razonamiento crítico antes que la memorización (...). Se estimula el pensamiento crítico, se invita a debatir". Igualito que en España, sí... Hago memoria y en la inmensa mayoría de las asignaturas que he cursado en mi vida sólo valía una cosa: saberse de memoria lo que ponía el libro o los apuntes. No importaba que no lo entendieras, que no supieras defenderlo, que se te olvidara a los cinco minutos. Si estaba en la hoja del examen, eras un buen estudiante.

Dramático, sencillamente dramático.

jueves, diciembre 21, 2006

La mala educación

Hoy he ido al cine. Cada vez que voy, me arrepiento. Y no, no tiene nada que ver con la película escogida, que en esta ocasión me ha hecho pasar un muy buen rato. Me refiero al enfado que me provocan siempre los maleducados que pueblan esta país. Primero está la gente que llega tarde a la sesión que me hace preguntarme para qué demonios se gastan cinco euros (no está mal la broma y eso que era precio reducido, que hoy era el día del espectador en el cine al que he ido). Y cuando entran no penséis que se agachan para no molestar a los demás, no... Más bien al contrario, ellos llegan tranquilamente, se piensan si han encontrado su butaca, se quitan con toda la tranquilidad necesaria su ropa de abrigo y después, sólo después de hacer todo eso, se sientan... ¿Por qué los cines no cierran sus puertas una vez comenzada la sesión como se hace en los teatros?
Luego están los chavales sin ningún ápice de educación ni respeto que se han pasado la película hablando, gritando y tirando no sé muy bien qué por los pasillos haciendo muchísimo ruido (y no una vez, sino dos...). Esos mismos chavales han abandonado la sala pisando todos los asientos que han podido. Tendrá gracia, pero yo no se la he pillado... En el fondo me siento un privilegiado, porque no ha sonado ningún móvil en la sala durante la película...
Llevo mucho tiempo convencido de que se la educación se ha perdido por completo, y se ve de una forma mucho más acusada en los chavales, en la gente joven, que hace cosas que a mí ni se me hubieran pasado por la cabeza con su edad. No quiero ni pensar en cómo me habrían abroncado y castigado si a mí se me ocurre pisar un asiento en un cine para pasar por encima... Ya he perdido la esperanza de que la gente sea civilizada en el cine, que entre en una sala sólo (con todo lo maravilloso que eso es) para ver una película. Y cada vez que voy al cine, me arrepiento. Pero es que me gusta tanto, que cuando salgo ya estoy pensando en la próxima vez que voy a ir. Seré masoquista...