martes, abril 10, 2012

Como Dios manda


Nada de lo que está sucediendo en España desde que Mariano Rajoy se convirtió en presidente del Gobierno me está sorprendiendo. Absolutamente nada. En la campaña electoral, como en la precampaña y como en toda la legislatura anterior, era más que evidente que no podía aportar ni una sola idea trabajada, seria o inteligente para solventar cualquiera de los problemas que tiene España. Ni una. Y no por cuestiones de ideología, sino porque su único objetivo era derribar al Gobierno que había entonces, culparle de todos los males y esperar la debacle para llevarse el necesario puñado de votos para ganar. Era evidente que, cuando alcanzara el poder, su política sólo se iba a poder basar en una cosa, los recortes. Y líbreme el patrón de los economistas de juzgarlo como acertado o equivocado a estas alturas de la película pues no soy nadie en cuestiones de esa índole. Pero se negó. Y, así, se mintió. Lo que también parecía evidente, aunque nadie se haya parado a explicarlo, es que si todo se recorta es imposible solucionar el problema que los españoles sitúan como el prioritario encuesta del CIS tras encuesta del CIS, es decir, el paro. Pero se prometió luchar contra él. Como Dios manda, supongo.

Igual llega un momento en que no estemos en recesión, no tengamos un problema de déficit, no veamos agujeros en la Tesorería de la Seguridad Social y Europa nos quiera y nos adore. Es más, yo en la campaña electorla pensé que eso sí lo iban a solucionar en algún momento. Pero llegados a ese punto, si es que llegamos algún día, no sé dónde vamos a estar. O, mejor dicho, donde van a estar las personas en ese reuno de los números. Eso ya intuía que iba a pasar. También suponía que íbamos a alcanzar extremos bochornosos en la forma de adoptar las decisiones, algo que era fácil de deducir para cualquier que haya seguido la trayectoria de Rajoy en todos sus puestos de responsabilidad política pero que, para los incrédulos, ya se vio en la psicodélica rueda de prensa en la que Rajoy anunciaba los nombres de sus ministros y la composición de su Gobierno. La mayoría absoluta y el poder casi absoluto en todas las instituciones del país suponen un arma peligrosísima. Pero el hecho de que se la hayamos dado los españoles con nuestros votos es lo que hace que considere incompresibles muchas de las quejas que se oyen ahora. Incluyendo las de la huelga general de hace unos días. Soy el más ingenuo de los ingenuos, pero decir que esto no se veía venir se sale de todas las tablas de la ingenuidad.

Quisiera pensar que el día 9 de abril de 2012 será recordado como el más esperpéntico del Gobierno de Mariano Rajoy, pero también estoy seguro de que lo acabará superando, seguramente a no mucho tardar. Tengo confianza en Rajoy en ese sentido, se la ha ganado a pulso. Pero hay que reconocer que es sencillamente memorable anunciar un recorte de 10.000 millones de euros en la Sanidad y en la Educación apenas una semana después de presentar los Presupuestos Generales del Estado, confirmando que son papel mojado, y hacerlo mediante una nota de prensa (lo repito, ¡¡¡una nota de prensa!!!) de sólo cinco párrafos de la más absoluta de las indefiniciones. Bravo. Un aplauso para el presidente del Gobierno. El Parlamento no sirve para nada en esta legislatura. El Consejo de Ministros tampoco. Sugiero trasladar la rueda de prensa del Palacio de la Moncloa a la residencia habitual de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, porque sin duda sabrá darle mejor uso que quien ocupa la Presidencia del Gobierno, un tipo que por conseguir un voto se fotografía donde haga falta pero que cuando ha conseguido el poder ha decidido esconderse debajo de no sé qué piedra, cual cobarde personaje secundario de una mala película cómica, y no dar la cara para defender las decisiones que está tomando.

Si lo único que sabemos de este Gobierno es que hace las cosas "como Dios manda", ha conseguido darme la mejor explicación de por qué no tengo creencias religiosas.

5 comentarios:

Arual dijo...

Yo la nota de prensa de ayer la tomé como lo que es una medida desesperada ante una situación desesperada y un gobierno desesperado... que Dios nos pille confesados...

El Impenitente dijo...

Rajoy no manda nada. Mandan los acreedores. Y el gobierno lo único que puede hacer es buscar dinero para pagar. Desesperados están desde luego, sin patrón y sin criterio. Y sigo pensando, con mentalidad de empresa privada, no de maximizar beneficios sino de optimizar los recursos de los que se dispone, que se puede ahorrar muchísimo dinero sin menoscabar atenciones. Pero, al final, los políticos ni se atreven con las autonomías, ni con las televisiones públicas, ni con las diputaciones, ni con los miles de funcionarios sobrantes y sólo se les ocurre gravar más las gasolinas, el alcohol, el tabaco y subir el IVA. Pinta mal todo. Pinta muy mal. He de confesar que confiaba en Rajoy, no por convicción sino por desesperación. Casi es mejor que nos intervengan. Así podremos echar la culpa a los de fuera, que será la única manera de estar unidos.

José Vte. dijo...

Yo, por respeto a ti y a tu blog, me voy a reservar los adjetivos de lo que me parece este gobierno y el presidente Rajoy. Creo sinceramente que no se puede llegar con más celeridad a tal grado de desfachatez y desverguenza.

Muchos lo veíamos venir, pero otros muchos ahora andan lamentándolo. Hay cuatro años por delante para darse las gracias a si mismos. Claro que siempre estará ZP, que, como el Cid, aun despues de muerto, seguirá siendo el causante de todos los males.

¡Esto da mucho miedito!

C. dijo...

Yo lo que no entiendo es que hubiera gente que no lo veía venir. Mucho iluso en el mundo este.

Juan Rodríguez Millán dijo...

Arual, ¿y qué hacemos los que no somos religiosos...?

Impenitente, salvo en lo de la confianza en Rajoy (que me he tragado muchas comparecencias suyas por motivos laborales y ya veía todo esto), estoy totalmente de acuerdo contigo.

José Vicente, me puedo imaginar lo que te pasa por la cabeza, sí... Y lo entiendo, evidentemente. ¿Cuatro años? ¿Tú crees? Yo no lo tengo tan claro...

C., ojalá fueran ilusos, ojalá... Pero me da que la mayoría tenía otros motivos mucho menos ingenuos...