martes, junio 18, 2013

El photocall, la pesadilla del fotógrafo

Me encanta la fotografía. No soy ni aspiro a ser un genio en este campo, pero me gusta buscar luces, ángulos e imágenes bonitas. Mi cámara va siempre en la mochila, porque nunca sabes cuándo y dónde vas a encontrar una foto que merezca la pena. Incluso tengo mi blog de fotografía, A través del objetivo, donde voy colgando cosillas de vez en cuando. Más eventos que imágenes artísticas, aviso. Y, a pesar de eso, como fotógrafo tengo una pesadilla: los photocalls. Me gusta el evento como tal, me da la oportunidad de acercarme a profesionales (del cine, más que de otros campos) que de otra manera serían mucho más inalcanzables. Pero es un momento terrible para conseguir buenas fotos y salir satisfecho. Mi admiración hacia los profesionales que hacen allí su trabajo y lo disfrutan. Yo cada vez soy más incapaz, porque salgo cabreado en demasiadas ocasiones. Pero sigo yendo. Masoquismo puro.

No es que yo sea demasiado exigente, no (eso se puede ver, insisto, en mi blog: no soy un genio de la fotografía, aunque cada día intento defenderme un poquito mejor), aunque a veces lamento las condiciones de luz que nos ofrecen para sacar las mejores imágenes en apenas unos segundos. Es, simplemente, que me asombra lo que puede llegar a suceder en un photocall. Para el que no conozca estos eventos, su funcionamiento es tal que así: uno se acredita ante el organizador, que pone una hora para la celebración del evento y otra (suele ser una hora antes) para poder acceder al recinto. Es decir, que hay que guardar una cola antes de entrar y una vez dentro buscar el mejor lugar posible para colocarse, sin ningún orden establecido ni separación de ninguna clase más allá de la distancia entre la jauría de fotógrafos y el protagonista del evento. Guardar cola para conseguir un mejor sitio está muy bien, pero se va al garete cuando te das cuenta de que siempre hay un grupo cerrado que se guarda sitios cuando el colega llega tarde. ¿Para qué entonces la cola? Pues eso. Pero como no somos (no soy) nadie en este mundo, veo y callo.

Como callo cuando, una vez colocado en mi sitio, resulta que al que le han guardado el sitio que hay delante de donde yo me he situado saca su taburete plegable y se sube en él. A su metro ochenta (siempre, siempre, siempre será el más alto de todos los acreditados) suma con el dichoso taburete una barrera insalvable para que yo, desde atrás, pueda tomar fotografía alguna. Él podría tomar buenas fotos sin taburete. Yo, gracias a eso, en absoluto. Gracias por avisar, hombre, no te preocupes, ya me busco otro sitio. Peor, claro, porque la gente ya ha cogido los mejores lugares. Tampoco en eso soy nada exigente. Soy alto y consciente de que hay gente detrás. No veo por qué eso me da derecho a arruinarle el trabajo a nadie, y por eso suelo buscar las filas de atrás e incluso, tonto de mí, me aseguro de no molestar a nadie. Eso, lo de arruinar posibilidades queriendo o sin querer, pasa mucho y, por desgracia, no suele importar demasiado que detrás de uno haya alguien trabajando. Para qué servirá eso del compañerismo.

Y ya no en la colocación inicial, que todavía ahí te puedes buscar otro sitio. Durante el mismo photocall, que apenas dura unos segundos, hay gente que levanta la mano para llamar la atención de nuestro objetivo, aunque así te arruine la mejor foto. Para conseguir ellos la suya, lo que sea. Y cuando la tienen, en lugar de dejarte hueco, algunos se mueven, se giran, se te cuelan en el plano. Lo mismo les da. Por difícil de comprender que sea, también puede suceder que tu presencia por detrás pase totalmente inadvertida. Esa es, indudablemente, la causa de los movimientos del fotógrafo que se coloca delante de ti. A izquierda y derecha. Subiendo y bajando. Y a ti no te queda más remedio que ejercitar la cintura de un extremo regateador y buscar el hueco por donde colar el objetivo. Ojo entonces con no ser golpeado. Y si eres golpeado, mejor que sea por un fotógrafo y no por un cámara de televisión, porque esos tienen un enorme ángulo muerto en el que si hay algo a su lado mejor que se aparte por su propia seguridad. Como si fueran conductores de autobús, que el que se tiene que apartar es siempre el coche pequeño.

Mucho más divertido es cuando delante tienes a un aficionado, que quiere las fotos para su álbum personal. Sí, eso pasa en photocalls, aunque uno asuma que tiene que haber un filtro (y aunque eso a mí me afecte en ocasiones por no trabajar para El País, EFE o Telecinco, trator de representar con toda la dignidad del mundo y a mucha honra a pequeños espacios en Internet, aunque haya gente que me mire por ello por encima del hombro). E incluso puede ser un aficionado con una cámara compacta, cosa que no deja de asombrarme. Qué más da. Y el muchacho, que ha ido allí como fan, incluso con recuerdo en ristre para que le firme el famoso de turno, le dice que el cambia el sitio a un compañero con cámara de televisión que se pone delante y, por supuesto, te cercena toda posibilidad de conseguir una foto decente con comodidad. Y te callas porque, en el fondo, sabes que no estás jugando en las grandes ligas, que dirían los americanos.

Y es que al final esas actitudes cainitas y egoístas son el pan nuestro de cada día en el maravilloso mundo del photocall. Ya sabéis, generalizar es malo y no pretendo hacerlo, porque hay absolutos artistas en el gremio. Y hasta buenas personas. Pero esto es como las meigas, que haberlas haylas. Ahora imaginaos a un tipo grande. No tanto de altura como de cintura. Lo tenéis, ¿no? Ahora imaginadlo con una mochila a la espalda, como en el Metro, pero a lo bestia. Y ahora imaginaos que hay que moverse en el lugar dispuesto para el photocall porque los protagonistas asoman por nuestra espalda. ¿Creéis que este tipo se quita la mochila para no golpear a los demás? Por supuesto que no. Si le comentas que tenga cuidado después de haber estado a punto de caer como consecuencia de su inconsciente movimiento, ¿creéis que pedirá disculpas? Por supuesto que no. Y cuando sucede lo inevitable, y es que golpea a alguien en la cabeza con la cámara, ¿qué creéis que sucede? Pues que encima se pone borde, dice que está haciendo su trabajo y que el agredido tendría que entenderlo. Por supuesto.

Qué bonitos son los photocalls. Y el caso es que seguiré yendo. Lo que decía. Masoquismo puro.

9 comentarios:

Montse dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Celia dijo...

Caray me imaginaba algo de descontrol en esa situación pero no tantísimo! que mal organizado y de que mala leche me pondría tanto egoísmo y tanta mala educación.

Doctora dijo...

A mí me repatea estar en un sitio rodeada de gente, como el rastro, o el metro, como para encima estar en una situación así peleando con los demás y con prisas.
Qué va.

El Impenitente dijo...

Si el photocall, en vez de segundos durase minutos, ¿se solucionaría el problema? ¿La educación de los artistas también es la que es o ellos sólo hacen lo que les dicen?

Edi calvo dijo...

En primer lugar agradecer el compartir tu esperiencia, pero no la comparto. He estado en muchos como fotografo acreditado de alguna revista y es cierto que hay un poco de descontrol, pero en mi primer photocall, fui pronto y solo había tres personas delante de mi yme puse en primera fila, hablando con los compañeros y estableciendo un orden de disparo para no estar todos gritando a la vez, me encantó y por eso repetí. Por supuesto que siempre te encuentras con gente "poco amable" pero eso es en todos lados. Yo cuando he ido, los compañeros que se ponen delante nunca sacan taburete, los taburetes son para los de detras. y sueles hablar con los de al lado para no estorbar con el flash o con el codo. Incluso al final, comentarios de, oye si te falta una foto de este o de este otro, pidemela.

respecto a los comentarios, el tiempo es indistinto, se vaya donde vaya maleducados habrá en todas parttes y siempre te econtraras con alguno (pero la mayoría de las veces hay buen rollo entre compañeros) y aunque diesen dos horas esa persona con la que te cruzas no aprenderá educación. Referente a los artistas caqda uno tiene su personalidad (o su papel) en el photocall hay gente amable, cercana, que te posa y se entretiene incluso charlan con los periodistas y otros (los menos) que pasan rapido y les da igual si conseguiste tu foto o no.

multisanti dijo...

Os hemos enlazado en el Galaxia Xataka Foto de ayer ;-)

http://www.xatakafoto.com/xataka-foto/la-luna-mas-grande-del-ano-y-teleobjetivos-que-no-enfocan-bien-galaxia-xataka-foto

multisanti dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Sigfredo Haro dijo...

Muy interesante el articulo Juan, comparto ciertas cosas, sobretodo lo de la luz!!! Pero, a goros modo, estoy con Edi.

El 80% de los Photocall son en teatros pequeños y salas pequeñas y no están cubiertos por muchos fotógrafos, con lo que se trabaja muy a gusto. Otra cosa son los photocall de Gran Vía o Kinepolis.

Yo hace tiempo que no hago photocall, por suerte (o desgracia) en Suiza, lugar donde ahora resudi, no es una cosa muy común Uno de los últimos que hice en España fue Kinepolis, para una peli de Aguila Roja, así que había la mundial allí! Y muuuuy buen rollo entre los compañeros. Si, siempre hay el típico que llega tarde y que le han guardado el sitio, si, siempre hay el típico codo, pero seguido de un disculpa después.
Y también hay el compañero que te dice, presta atención con este personaje, este otro es un soso no te preocupes, aprovecha con este que se para un montón de tiempo, etc.

Si es verdad que si llevas poco en el mundillo hay que ir con cuidado y respecto con los que llevan más tiempo, pero no te puedes dejar pisar, también ellos te tienen que respetar.

Juan Rodríguez Millán dijo...

Celia, bueno, esta es la parte más tremendista de la experiencia. Hay photocalls que van bien, pero en general suelo salir poco satisfecho. Los casos de mala educación y poca profesionalidad son muy tristes, sí...

Doctora, a mí tampoco me entusiasman las aglomeraciones. Supongo que es otro punto en contra.

Impenitente, cada artista es como es, pero en general de los que he tenido la oportunidad de ver no tengo muchas quejas. En realidad el tiempo no es problema, pero sobre todo para los que no somos unos hachas de la cámara cualquier variación de las que he citado altera las pruebas que has hecho antes y la rapidez del posado juega en contra.

Edi, por supuesto, lo que he expuesto aquí no tiene por qué ser lo habitual ni pretendo demonizar a la profesión. Ni mucho menos, espero que no se haya entendido así. Pero esos casos son todos reales y en primera persona. No hay exageraciones ni invenciones. Efectivamente, gente poco amable hay en todos lados. Y al revés. De hecho, he conocido a grandes compañeros y a algunos amigos en photocalls.

Multisanti, muchas gracias, lo he visto. Me alegro de que os haya parecido interesante.

Sigfredo, muchas gracias también por tus palabras. Te repito lo mismo que a Edi, no pretendía generalizar. Evidentemente, el photocall de premiere es la quintaesencia de la locura que describía... y el detonante de que escribiera esta entrada. Llevo poco y no vivo de esto, por lo que también me mantengo en un segundo plano porque no quiero molestar de ninguna manera a quien sí lucha por salir adelante con este trabajo en momentos tan complejos. Agradezco mucho los consejos. Y por supuesto que también hay un hueco amplio para el buen rollo (¡menos mal, porque eso es lo que más se agradece, aquí y en cualquier campo!), insisto en que esto es una relación de malos casos más que una explicación detallada de cómo es siempre este trabajo.